You are on page 1of 2

Se confirmó el hallazgo de 11 aves. Aquí viven 1.898 especies, el mayor número del planeta.

Colombia siempre se ha sentido orgullosa de decir que es el país en el que vive la mayor cantidad de especies de aves en el mundo. Un paraíso para la ciencia a la que no se le agotan fácilmente las fuentes de investigación y el edén para los ornitólogos, que disfrutan recorriendo las selvas para observarlas en vida silvestre. Y esa condición de potencia biodiversa se acaba de afianzar con la identificación, en el último año, de once especies más. Algunas son nuevas. Y otras tienen la característica de que aunque se sabía de su existencia en otros países de la región, como Ecuador o Perú, se constata ahora que también viven en el país. Una más fue redescubierta. Con esto, comenzamos el 2013 con el récord de 1.898 especies contabilizadas. Por detrás de Colombia se ubican, Perú, con 1.834 especies, y Brasil, con 1.785, este último país con un territorio siete veces más grande que el nuestro. Los descubrimientos fueron liderados por los investigadores colombianos Juan Carlos Luna y Alonso Quevedo, director de la fundación Proaves, y los británicos Thomas Donegan, Paul Salaman y Miles McMullan, este último, uno de los dibujantes de aves más importantes del mundo e ilustrador de la primera Guía de Aves de Colombia. McMullan siempre ha dicho que el país es el mejor lugar del planeta para ver aves, porque, explica, no es necesario buscar demasiado. "Muchas se te aparecen mientras estás sentado en un restaurante o mientras recorres cualquier carretera", dice. Según él, la sierra nevada de Santa Marta es tal vez, dentro de Colombia, el lugar ideal para apreciarlas. "Encuentras siempre lo que jamás has visto", agrega. Y precisamente fue allí, en la sierra nevada, donde se logró concretar uno de esos hallazgos que nos están situando en el mundo como el hogar predilecto de las aves, ese tipo de animales que se originó a partir de los dinosaurios carnívoros bípedos del Jurásico, hace más de 200 millones de años. Se trata del cucarachero de Santa Marta, un ave endémica, es decir, que solo vive en el país. Ha sido nombrada científicamente como Troglodytes montícola. De ella se lograron fotografías inéditas, las primeras en su hábitat natural, que significaron su registro o redescubrimiento, ya que no se veía desde hace décadas por estar en peligro crítico de extinción. Esto está ocurriendo por la deforestación que ha sufrido su entorno natural, según registros de la organización Bird Life International. Hoy se tiene menos del 15 por ciento de la cobertura forestal donde habita y de la que depende para reproducirse y alimentarse, y pese a la existencia del Parque Nacional Natural Sierra Nevada de Santa Marta, que resguarda la formación

montañosa litoral más alta del mundo, la colonización humana y la expansión de muchos cultivos, algunos de ellos ilícitos, han deteriorado el lugar. Asimismo, la tala de árboles para leña se ha consolidado como una práctica insostenible a largo plazo. Allí sobrevive este cucarachero, un animal extremadamente raro y que se encontró en una pequeña zona de páramo, a 3.250 metros sobre el nivel del mar. Fueron detectados 17 ejemplares. Otros dos hallazgos sobresalientes de aves fueron los de la pavita roja Haematoderus militaris- y la tángara punteada -Tangara punctata- que se vieron por primera vez en territorio colombiano durante una expedición en la serranía del Naquén (Guainía), dentro del macizo guyanés. Es una región en donde hay elevaciones de no más de 950 metros de altura, bañada por ríos como el Guainía, Aquio, Inírida, Atabapo, Isana y Cuyarí. Con esto se amplía el rango de distribución de las dos aves, que se pensaba estaba restringido a Brasil, Surinam, Guyana, Guayana francesa y Venezuela. Pero tal vez el mejor resultado fue la descripción de dos aves nuevas para la ciencia: un cucarachero paisa identificado como Thryophilus sernai, que habita en Ciudad Bolívar, un municipio situado a tres horas de Medellín y que ha sobrevivido al avance de la urbanización. A él se sumó una mirla bautizada como Turdus sanchezorum, en Leticia (Amazonas) que fue reconocida como nueva especie por grabaciones que se hicieron a su canto y que permitieron saber que era diferente a las ya estudiadas. Por análisis moleculares se pudieron identificar otras especies que antes se confundían con otras: la paloma Geotrygon purpurata, del occidente colombiano entre Nariño y Cauca. Un hojarasquero, Hyloctistes virgatus, que habita en el Chocó Biogeográfico, y tres pájaros hormigueros: (Drymophila klagesi) del Perijá, Norte de Santander; Drymophila striaticeps, de las cordilleras Central y Occidental de Colombia y Drymophila hellmayri, de la sierra nevada de Santa Marta. De esta última región aparece también, para completar los descubrimientos, un atrapamoscas conocido como Zimmerius minimus. Estos hallazgos, más allá de engordar nuestra biodiversidad, permiten definir proyectos de conservación para sitios como los mencionados o en los que generalmente hay pocos proyectos académicos. "Algunas de las expediciones que logramos las hicimos en sitios inéditos, casi inexplorados y que permiten que las investigaciones sean muy provechosas. Esto demuestra que en Colombia hay muchos lugares que nos permitirán encontrar muchos más ejemplares desconocidos", explicó Alexánder Monsalve, director científico de Proaves. "Creo que en poco tiempo llegaremos a las dos mil especies para el país", explicó. Javier Silva Herrera