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La ciudadanía democrática: de las virtudes cívicas como infraestructura para una sociedad decente

Prof. Gustavo Medina (UNC) Tandil, noviembre de 2009

Hablar de ciudadanía es preguntarnos por nosotros mismos y nuestras relaciones sociales en una comunidad política particular, una comunidad democrática. Hay aquí una relación de interdependencia muy específica: no hay ciudadanía sin democracia y no hay posibilidad de imaginar una democracia sin ciudadanas y ciudadanos que le den vida y la hagan funcionar. No obstante la relación no está exenta de controversias pues el sentido y significado de lo que podamos entender por democracia es algo disputable en tanto idea y en tanto práctica. Según como concibamos la democracia, la manera que tengamos de practicarla condicionará la forma en que nos interpelemos como ciudadanía. Tenemos al hablar de democracia y de ciudadanía, una tensión entre prácticas e ideales, entre hechos y valores, entre un ser y un deber ser. En tal sentido tanto la democracia como la ciudadanía están transidas de una dinámica abierta a avances pero también a retrocesos. Por definición la democracia empírica se desarrolla en la historia de manera siempre incompleta, imperfecta. Sin embargo, aquí radica una de sus principales virtudes, la democracia real resulta imperfecta pero perfectible: ‘un largo viaje inacabado’; ‘una construcción permanente sin certificado de final de obra’: “las luchas democráticas son a largo plazo y de cara a la noche” La democracia consiste en una serie de diseños institucionales que buscan, aunque no lo garanticen, distribuir poder, dar voz, impedir la dominación, perseguir la libertad. Pero también se trata de una serie de convicciones compartidas, una educación moral cívica. Las instituciones de la democracia serán lo que las mujeres y los hombres que las pueblan, en tanto ciudadanas y ciudadanos quieran que sean. Son las personas de carne y hueso, en tanto actores y las relaciones sociales en las que se involucren, las definen no solo lo que la democracia sea en la realidad concreta sino también lo que ella suponga como horizonte normativo hacia el cual encaminarse. Pensarnos como ciudadanos es reconocernos sujetos de derechos y obligaciones. Amabas dimensiones son ‘dos caras de la misma moneda’ en el sentido de que no hay derechos sin obligaciones (reclamar para sí lo que no se está dispuesto a reconocer en igual medida a los demás es reclamar

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razonables y responsables. nos remiten a comportamientos y actitudes no sancionables legalmente. Pero no querría hablarles de la ciudadanía en tanto estas cosas sino de la construcción de ciudadanía en otro nivel. En otras palabras: en democracia los disensos se resuelven por la vía de la comunicación. exentos de toda dominación y explotación. dueños de nuestras palabras y acciones y como tales ser residencia de ‘agencia’. aunque mas no sea parcial. no obligatorios pero atractivos. las que me gustaría llamar ‘virtudes cívicas’. a salvo de instrumentalización ninguna. entendidos como actividades deseables. Obligaciones sin derechos nos convertiría en súbditos pero nunca en ciudadanos. dañar). Les quiero invitar a pensar en la ciudadanía como conjunto de prácticas deseables. torturar. 2 . Tal convicción aplicada a la interacción social implica la renuncia a la violencia a la hora de saldar nuestras diferencias. Implica entonces un serio compromiso recíproco de ‘re-conocernos’ como sujetos de una dignidad merecedora de un mutuo y similar respeto de cada quien como un fin en sí mismo. igualmente controvertible pero según creo crucial para el logro. Sin embargo. no urgentes ni perentorios pero importantes.no un derecho sino un privilegio). los ‘deberes’. capaces de hacer con los demás (explotar. de aquellas bondadosas disposiciones que nos deberían acompañar en nuestras interacciones cotidianas. Contribuirían de manera fundamental a la cohesión social bajo la forma de unos ‘lazos sociales’ voluntarios: el ‘cemento de la sociedad’. de hecho. del diálogo. Las ‘virtudes cívicas’ serían como activos ‘blandos’ pero efectivos. dominar. Dijimos antes que la democracia consistía tanto en procedimientos como en creencias. Si esto es plausible entonces deberíamos aceptar que no basta con enfrentar las disputas con una actitud pacífica orientada al diálogo. en cualquiera de las maneras en que se la piense y practique. Hay también aquí entonces. es el compromiso con la paz. Un valor fundamental de la democracia. Si las ‘obligaciones’ nos recuerdan aquellas disposiciones respecto de las cuales su inobservancia implicaría una sanción punible por parte del Estado. en valores. ni todo diálogo ha de concluir necesariamente en un entendimiento. Pero la realidad suele ser mucho mas mezquina respecto de estas buenas orientaciones y así se descubre el lado mucho más sombrío de lo que somos. otra relación de de interdependencia que no debemos tener siempre presente. disensos y conflictos. entre derechos y obligaciones. Se hace necesario que tal actitud se acompañe de otras condiciones que fortalezcan la probabilidad de alcanzar alguna clase de consenso por provisional y parcial que pueda resultar. Construir ciudadanía implica constituirnos en actores. Las ‘virtudes’ serían deseables pero exigibles en ningún sentido fuerte del término. ni toda comunicación es democrática. personas con capacidad efectiva de ser ‘autónomas’.

comportamientos. muy difíciles de encontrar en la realidad. En una sociedad ‘abierta’ las diferencias tendrán mas probabilidad de manifestarse y por tanto si el diálogo ha de ser eficaz para solventar los conflictos que inevitablemente surgirán. justificaciones de la propia situación con vista establecer alguna clase de acuerdo que facilite la mutua acomodación comprensiva y con ello la probabilidad de convivir. nos trataremos recíprocamente ‘como si’ fuéramos iguales. valores y concepciones de la vida. de hecho. la tolerancia y la empatía deberían actitudes generalizadas en el encuentro con los otros. El pluralismo invita a sostener la creencia en lo valioso de la diversidad de opiniones. La diversidad sería valiosa por encontrarse en ella las probabilidades del progreso material y moral de nuestras sociedades (dicho esto con la plena conciencia de los problemas morales y políticos que pueden entrañar cuando las diferencias se afirman como exclusivas y/o excluyentes). Se trata de incentivar un recíproco brindar y exigir explicaciones. No se trata de que seamos ingenuos. No se trataría de un juicio de hecho sino de un juicio de valor. Al igual que sucede con el pluralismo aquí se plantean dolorosos problemas de límites: ser tolerante con el intolerante puede ser la mayor prueba de tolerancia pero también el principio de que en un futuro ya no existan las mínimas condiciones para practicar la misma tolerancia.Para que un diálogo democrático resulte eficaz las partes que dialogan deberían encontrarse en ciertas condiciones de igualdad y libertad. intereses. entonces la práctica del pluralismo. Tratar al otro como un igual significa profesarse un ‘respeto recíproco’ en el reconocimiento de que unos y otros son sujetos de una similar dignidad. no se trata de una resignada aceptación de cierta coexistencia pacífica. aunque seamos de hecho desiguales. Tal actitud nos proporcionaría una interesante plataforma desde donde tratar de comprender mejor el punto de vista o situación relativa de la otra parte (me 3 . Exigen de nosotros que orientemos nuestras interrelaciones en un sentido moral. Un diálogo pluralista y tolerante requerirá además de una actitud como la ‘empatía’ o capacidad de ponerse en el lugar del otro. se trata mas bien de que no seamos cínicos. Por su lado la tolerancia debería disponer a la aceptación del otro. En este sentido los ciudadanos deberíamos asumir en consecuencia el principio de la ‘igualdad intrínseca’ por el que. Por supuesto que tales condiciones pueden ser. Lo dicho puede parecer algo ingenuo pero recordemos estamos hablando de ‘virtudes’ y estas solo pueden efectivamente operar si las aprendemos y cultivamos. ideas que nos resulten incomodas y hasta desagradables. Frente a esta dificultad las partes deberían renunciar explícitamente a la práctica del poder como la manipulación y la coerción. Pero dicho esto la tolerancia es mas aún. aún en los casos de que ese otro sostenga valores.

Aquí hay. podría prestar voluntaria lealtad. Por esta entiendo una disposición a brindar al otro. en el registro del deber ser y por ello podría juzgársele de ideal no por ello dejaría de ser importante preguntarse cómo podría conformarse una cultura política democrática sino en relación estrecha con una cultura cívica como la descrita. Si este conjunto de prácticas deseables. procedimientos y estructuras de la política democrática sólo terminen siendo una escenografía vacía de todo significado para las personas interesadas en una sociedad decente y por tal entiendo una sociedad que valga los esfuerzos que reclame para ser vivida. La confianza como la expectativa recíproca de comportamientos beneficiosos socialmente nace y se desarrolla en tanto aquellas expectativas se ven verificadas (confirmadas) a través del tiempo. un ambiente hospitalario y de cuidado.permito recordar aquí a Rousseau y su concepto del ‘amor de sí’ frente al ‘amor propio’: el primero sería la capacidad que habrían tenido los hombres de experimentar la conmiseración o compasión frente al sufrimiento del semejante). Si la cooperación es importante no lo es menos la confianza. La confianza interpersonal lubrica la cooperación y esta a su vez. Si todo lo expuesto puede inscribirse. se propagase en el seno de la comunidad ello ayudaría en no poca medida al desarrollo de la ‘solidaridad’ y un acrecentado sentido de pertenencia al colectivo del que se forma parte. un trato amistoso antes que preventivo. Un ambiente en definitiva que haría las veces de una infraestructura civil. La cooperación es fundamental especialmente cuando está orientada a la producción de bienes públicos.operar con el otro sobre el entorno con vistas a alcanzar fines que de otra manera no se alcanzarían o solo se lo haría parcialmente. en principio. Sobre la misma es que se podría consolidar una ‘cultura cívica’ a la cual. otra fuerte interdependencia. en su expansión y reproducción en el tiempo. bajo ciertas condiciones. Aquí encontramos la virtud de la predisposición a la cooperación. Podría ser el caso que en ausencia de tal ‘cultura cívica’ las reglas. Todos podremos convenir en que en una sociedad compleja como la actual es muy poco probable que los sujetos individualmente puedan alcanzar muchos objetivos que por su naturaleza requieren de la concurrencia de mas personas. acrecienta a la primera. no importando si lo conozco personalmente o no. Co. 4 . una democracia política la ciudadanía. en el caso de que se convenga en que efectivamente son deseables. La probabilidad de que estas virtudes cívicas encarnen en prácticas concretas y cotidianas contribuirá al desarrollo de la ‘amistad cívica’.