House of APRA Francis Underwood es un miembro clave de la Casa de Representantes de los Estados Unidos.

Apoyó la campaña presidencial demócrata con la intención de ser designado secretario de Estado. Su olfato falló y tuvo que resignarse con mantener el puesto. Desde entonces sus operaciones se concentraron en alcanzar la VicePresidencia del país más poderoso. Estrategias retorcidas y maniobras milimetradas abundan en la serie “House of Cards”. No solo en Norteamérica se tejen ardides políticos. Según el guión de Fernando Rospigliosi, un opositor Alan García maquinó para derrocar al entonces presidente Alejandro Toledo a través de la elección de Flores-Aráoz como titular del Congreso. La emboscada política habría fracasado por la ausencia de movilización social. Diez años después, García estaría detrás de otra interrupción de mandato, siendo el poderoso titiritero de los revocadores de Susana Villarán. Luis Castañeda sería una ficha secundaria. ¿Son Underwood y García encarnaciones del maquiavelismo exacerbado, del calculador fino y del ajedrecista político? Hay una diferencia sustancial entre la política gringa y la nacional: la existencia en la primera de instituciones sólidas y actores consolidados (partidos, sindicatos, lobistas) que hacen más predecible el juego político. En cambio, en un escenario de alta volatilidad electoral, coaliciones inestables y poderes fácticos vacilantes, tener un plan para derrocamientos presidenciales o revocatorias municipales resulta bastante azaroso. Son demasiadas variables inasibles para el control del político más diestro. Por más que García sea el político vigente con más experiencia, se sobreestima su capacidad -al borde de la paranoia. Cuando se trata de la política cotidiana, la destreza del líder no radica en la estratagema a largo plazo, sino en el manejo de la contingencia del ahora mismo. Por ejemplo, se dice que el Apra arriesgó mucho al apoyar al Sí en la revocatoria. Una derrota sería terrible para Alfonso Ugarte, señalan analistas. Era difícil prever el ganador en enero, cuando el Apra ingresó a la campaña; aún hoy lo sigue siendo. La habilidad política aparece al conocerse los resultados: si favorecen al Sí, el Apra habría sintonizado con el pueblo limeño; si favorecen al No, no importa, el Apra sería el principal crítico de una gestión de todos modos cuestionada. El genio radica más en la interpretación “win/win” del final, que en el planeamiento de la victoria. Mientras la micro política es contingente; la macro, no se resume al pragmatismo; requiere también de profundidad y visión. Ahí radica la debilidad de García y los apristas. Un partido detenido en el tiempo previo a las reformas de ajuste, depende mucho de la coyuntura y del mal menor de turno para llegar al siglo con vigencia. En su discurso fraterno, el guía del aprismo subrayó cada mega obra de cemento como mensaje esencial para despertar al apristón detrás del fujimorista o del PPKausa. Pero sin una doctrina dirigida al informal o al “perro del hortelano” (ese anti-

sistema estructural que define las elecciones), la Casa del Pueblo será solo la Casa del APRA. Un museo antes que un partido. Publicado en El Comercio, 26 de febrero del 2013.

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