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LA BÚSQUEDA DE DIOS | EUROPA EN LA EDAD MEDIA, GEORGES DUBY Fiel a la tradición romana, el arte imperial muestra rostros.

Los que se nos parecen suelen pertenecer a representaciones del infierno, simplemente porque los hombres de iglesia que guían a los artistas, juzgan el infierno como el mundo visible, carnal… el nuestro, pervertido y condenado a terminar. Más allá de Germania, en la Europa Media, la monarquía es ya un mito -una idea de paz y justicia marginada en la exhuberancia del empuje feudal-, pero es posible escapar al infierno por medio de algunos, como los monjes. Por eso el s. XI los venera, y pone toda su esperanza de salvación en colmar de dones a los monasterios, donde se hallan sus mayores focos de innovación artística. Como los castillos, éstos son lugares tutelares, contra el mal y alejados, que extraen la riqueza del contorno. Los campesinos son obligados a trabajar con más dureza para conciliar a las fuerzas oscuras -que lanzan hambre, epidemia, invasión- dando, enriqueciendo cada vez más a los monjes que les toman casi todo, pero sin embargo consiguen alimentar mejor a sus hijos -que mueren menos-, y eso basta para estimular todos los progresos. Les entregan de buen grado lo que tienen, porque temen a la muerte y ellos pueden protegerlos de los peores peligros, los que no se ven. Pero los monjes también se sienten obligados a ofrecer y lo hacen con la obra de arte, en un mensaje de paz. La iglesia es la obra de arte por excelencia, y las intenciones se concentran en que se construya con bellos bloques de roca -contra la que Satán no puede prevalecer-, que sea bellísima -para que el oficio pueda desarrollarse en plena magnificencia y agradar a Dios- y sobre todo en que -por la perfección de sus formas- sea monumento expresivo del orden invisible. Su arquitectura es desvelamiento y revelación, por ejemplo, en la manera en que se implanta en el espacio: siempre con su cabecera al Este -la luz que se levanta cada mañana-, proclamando la victoria del bien sobre el mal, de Dios contra lo diabólico, de la eternidad sobre la muerte. La estructura también enseña: se buscó reemplazar la estructura de madera de la bóveda y utilizar sólo piedra para hablar de homogeneidad, coherencia indisociable. No las construyen los monjes sino obreros asalariados, pero quienes conciben las iglesias y escogen sus ornamentos son sabios, que encuentran el conocimiento perfecto en las matemáticas, la mas alta de las ciencias humanas y la que más acercaba a la naturaleza divina.
*Ej: La Basílica de Cluny está construida sobre un complejo armazón de combinaciones aritméticas asociadas a una significación secreta.

La existencia de los monjes es separación, ruptura, pero al abrigo de la clausura, que guarda de las corrupciones, es también comunidad. Son funcionarios cuyo trabajo consiste en pronunciar la plegaria sin interrupción en nombre del pueblo entero, para salvarlo. Es decir, cantar ocho horas a todo pulmón, ya que se cree a Dios más sensible a la oración en común, proferida en una misma voz, sobre un ritmo musical para poder sincronizar con los serafines del cielo. El canto gregoriano es masculino, violento, un canto de guerra contra el ejército satánico. El sermón monástico discurre sobre el miedo al juicio, y su arte muestra que también los santos han sido presa del mal, pero ya fuera del mundo, viven en la gloria. Así, para el hombre existe un modo de lavar sus faltas y ganar la amistad de Dios. La peregrinación es prueba, penitencia, purificación y preparación para el día del juicio, pero también placer y distracción entre camaradas. Cuando los peregrinos iban a S. de Compostela llevaban armas, esperando la ocasión de empujar al infiel: en esos viajes se formó la idea de la cruzada, la guerra santa.

Entre 980 y 1130 los cristianos de Occidente aún no se revelan ante a un Dios al que se figuran terrible, pero sí salen del selvatismo, producen más, y sacrifican gran parte de esa nueva riqueza consagrándola en obras que vemos todavía y que comprendemos mal. En este corto intervalo nació el más alto y quizá también único arte sagrado de Europa.