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Me gustan las teorías de la relatividad y cuántica

Porque no las entiendo
y hacen que me sienta como si el espacio cambiase de sitio
Igual que un cisne que no puede posarse
Rechazando estarse quieto y ser medido
y como si el átomo fuese una cosa impulsiva
Siempre cambiando de decisión.
D. H. LAWRENCE
Tiempo presente y tiempo pasado
Quizás los dos presentes en el tiempo futuro
y el tiempo futuro contenido en el tiempo pasado.
T. S. ELLIOT
c'Cree usted que las cosas que hacen que la gente se sienta ridícula
son menos reales y verdaderas
que las cosas que hacen que se comporten de modo razonable?
BERNARD SRAW
....
Indice
Prefacio . ..
•• • • • • • • ••• • •• • ••• •• • • ••• • • •• •• • • • •• • • • o" • • •
13
1. Física cuántica ... . oo .oo oo. · • ••••• oo. oo, .oo oo, oo . oo ' ••• 15
2. ¿En qué direcci6n están orientados los fotones? oo' oo •• oo 33
3. ¿Qué puede haber oculto en un par de fotones? . , . ., . .. . 47
4. ¿Es de verdad maravilloso Copenhague? .oo oo. oo. oo. oo ' 73
5. ¿Está todo en la mente? . oo .oo oo' oo ' •••• oo oo •• oo oo' oo' 91
6. Muchos mundos oo ' ." . oo oo , .oo .oo oo' oo ' oo, . oo 105
7. ¿Es todo cuesti6n de tamaño? oo ' oo ' • • • .oo oo ' oo. 117
8. Hacia adelante y hacia atrás .. . oo ' oo' . oo . oo oo. oo ' .oo • • • 129
9. ¿S610 un camino hacia adelante? oo' .oo .oo oo • • oo • • • oo. 141
10. ¿Ilusi6n o realidad? oo . oo oo , ••••• •• , •• , • ••• oo' 151
Lecturas adicionales oo' .oo .. . . oo ." .. . ... ... oo . • oo
161
PREFACIO
La física atómica es la teoría que sirve de base a casi toda nuestra
comprensi6n actual del universo físico. Desde 'su invención, hace unos
sesenta años, el alcance de la teoría cuántica se ha extendido hasta el
punto de que hoy se describe con éxito en términos cuánticos el com-
portamiento de las partículas subat6micas, las propiedades de los nú-
cleos at6micos y la estructura y propiedades de las moléculas y los
s6lidos. A pesar de todo, la teoría cuántica se ha visto perturbada
desde sus mismos comienzos por problemas conceptuales y filosóficos
que la han hecho ardua de entender y difícil de aceptar.
Una de las primeras cosas que me fascinaron de ella cuando toda-
vía era un estudiante de física, hace unos veinticinco años, fue el
gran salto conceptual que nos obligaba a dar lejos de nuestras formas
convencionales de pensar acerca del mundo físico. De estudiantes nos
devanábamos los sesos con esto, animados en cierta medida por nues-
tros profesores que, no obstante, estaban más preocupados por ense-
ñarnos cómo aplicar las ideas cuánticas a la comprensión de los fenó-
menos físicos. Además, en aquella época era complicado encontrar
libros que tratasen los aspectos conceptuales del tema -o al menos
alguno que discutiese los problemas de un modo razonablemente acce-
sible-. Veinte años más tarde, cuando tuve la oportunidad de explicar
la mecánica cuántica a mis alumnos, traté de incluir ciertas referenci s
a esos aspectos conceptuales de la cuestión. Aunque en aquel mom-nro
13
14 Alastair l . M. Rae
había ya una extensa bibliografía, la mayor parte de ella era todavía
n:ás bien técnica y abstrusa para el no especialista. Con el paso del
tiempo he llegado a convencerme de que es posible explicar los
problemas conceptuales de la física cuántica sin necesidad de entender
con detalle amplias áreas de la física a las que se ha aplicado la teoría
o ser muy competente en las técnicas matemáticas que los
profesionales encuentran tan útiles. Este libro es mi intento para
lograr ese fin.
Los cuatro primeros capítulos exponen las ideas fundamentales
¿e la física cuántica y describen los dos problemas .conceptuales más
Importantes, a saber : la no-localidad, que significa que las distintas
partes de un sistema cuántico parecen influir unas en otras incluso
aunque estén separadas a gran distancia y aunque no exista interacción
conocida entre ellas, y el «problema de la medida», que tiene
origen en la idea que los sistemas cuánticos s610 poseen pro-
piedades cuando se miden y ello a pesar de que -por lo visto--- no
hay nada externo a la física cuántica para hacer la medida. Los últimos
capítulos describen las distintas soluciones que se han propuesto para
estos problemas . Cada una de ellas desafía, de alguna manera nuestra
idea convencional del mundo físico y muchas de sus implicaciones
son de gran repercusión y casi increíbles. Todavía no se ha llegado a
un consenso general en este área y el capítulo final resume los dife-
rentes puntos de vista y explica mi posición personal.
Desearía expresar mi agradecimiento a todas aquellas personas
que me ayudaron a escribir este libro. Simon Capelin, Colin Gough
y Chris Isham, en particular, leyeron una versión previa y me brin-
daron muchas críticas útiles y constructivas. Las discusiones que tuve
con el público que asistía a las clases que di bajo los auspicios del
departamento de extensión universitaria de la Universidad de Birmin-
ghan: fueron muy estimulantes y, en concreto, les agradezco sus suge-
rencias acerca de cómo clarificar la discusión del Teorema de Bell del
capítulo tercero. Desearía también expresar mi agradecimiento a Judy
Astle que mecanografió el manuscrito y fue paciente y amable a pesar
d los muchos cambios y revisiones que hice en él.
ALASTAIR 1. M. RAE
Capítulo 1
FíSICA CUÁNTICA
«Dios», decía Albert Einstein , «no juega a los dados». Este famoso
comentario del autor de la teoría de la relatividad no fue propuesto
como una declaración de los hábitos de un ser supremo en su tiempo
libre, sino que expresaba su reacción a las nuevas ideas científicas
desarrolladas en la primera cuarta parte del siglo xx y que se conocen
como física cuántica. Antes de que podamos apreciar del todo las
razones por las cuales uno de los científicos más grandes de nuestro
tiempo llegó a hacer semejante comentario, debemos intentar com-
prender primero el ambiente científico y filosófico de finales del si-
glo XIX y de qué trataba la «nueva física», que presentaba un desafío
tan radical a esa opinión general.
La época científica moderna empezó en el siglo XVI cuando Nico-
lás Copérnico sugirió que el movimiento de las estrellas y de los
planetas en el cielo podía describirse partiendo de la hipótesis de que
es el sol y no la tierra el que está en el centro del sistema solar. La
oposición, por no decir persecución, que encontró esta idea en las
clases dirigentes de aquel tiempo es de sobra conocida, pero ello no
fue capaz de impedir el comienzo de una revolución en el pensamiento
cuya influencia ha permanecido hasta nuestros días. A partir de ese
momento, la prueba final de la verdad científica iba a ser la obser-
vación y el experimento, mejor que el dogma religioso o filosófico.
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16 Alasiair 1. M. Rae Física cuántica: ¿Ilusi6n' o realidad?
17
Las ideas de Cop érnico fueron desarrolladas por Kepler y Galileo
y de un modo notable, a finales del siglo XVII, por I saac Newton.
Newton demostró que las observaciones llevadas a cabo hasta ese
momento eran el resultado directo de dos conjuntos de leyes: las
leyes del movimiento, según las cuales la aceleración de un cuerpo en
movimiento es igual a la fuerza que actúa sobre él dividida por la
masa del cuerpo, y la ley de la gravitación, que afirmaba que cada
miembro de un par de objetos físicos atrae al otro con una fuerza
gravitatoria que es proporcional al producto de sus masas e inversa-
mente proporcional al cuadrado de su distancia. Por primera vez se
expresaban las «leyes de la naturaleza» de forma cuantitativa y se
utilizaban las matemáticas para deducir de esas leyes los detalles del
movimiento de los sistemas físicos. De este modo Newton no sólo fue
capaz de demostrar que los movimientos de la luna y de los planetas
eran consecuencia de sus leyes, sino también de explicar las mareas y
el comportamiento de los cometas.
Este método objetivo y matemático de abordar los fenómenos
naturales se extendió a otros campos científicos y culminó, en el si-
glo XIX, con el trabajo de James Clerk Maxwell al demostrar que
todo lo que se sabía a la sazón de la electricidad y el magnetismo
podía deducirse a partir de cuatro ecuaciones (pronto conocidas como
ecuaciones de Maxwell) y que esas ecuaciones tenían también solucio-
nes en las que las ondas de fuerzas eléctricas y magnéticas acopladas
se propagaban a través del espacio a la velocidad de la luz. Fue en-
tonces un pequeño paso comprender que la luz misma es justo una
onda electromagnética que se diferencia de otras ondas semejantes
(por ejemplo , las de la radio, las infrarrojas, etc.) sólo en que su lon-
gitud de onda es más corta y su frecuencia mayor que las de éstas.
A finales del siglo XIX se creía que los principios básicos fundamen-
tales que gobernaban el comportamiento del universo físico eran
conocidos: todo parecía estar sujeto a la mecánica de Newton y al
electromagnetismo de Maxwell . Las implicaciones filosóficas empeza-
ban también a entenderse y se percibió que si en el universo todo
estaba determinado por leyes físicas estrictas, entonces, el compor-
tamiento futuro de cualquier sistema físico -en principio, incluso el
uni v rso en su conjunto-- quedaría determinado a partir del conoci-
1111 111< ) ele sas leyes y del estado actual del sistema. Por supuesto, los
,,11 , 1\ lOS relativos al comportamiento futuro de sistemas físicos
I 11, Y 11'111 son, imposibles en la práctica (¡considérese, por
ejemplo, lo poco fidedignos que son los pronosticos del tiempo en
Gran Bretaña con unos pocos días de antelación !) pero el principio
determinista, según el cual el comportamiento futuro del universo
está rigurosamente gobernado por leyes físicas, parece ser, sin duda,
una consecuencia directa de la manera de pensar iniciada por Newton.
En palabras del científico y filósofo francés del siglo XIX Pierre Simon
de Laplace, «podemos ver el estado presente del universo como un
efecto de su pasado y como la causa de su futuro».
A finales del siglo XIX, y a pesar de que muchos fenómenos natu-
rales no se entendían con detalle, eran muy pocos los científicos -si
había alguno-- que pensaban que había leyes de la naturaleza más
fundamentales aún por descubrir o que -el universo físico no estaba
gobernado por leyes deterministas. Sin embargo, en los treinta años
siguientes se produjo una importante revolución que destruyó por
completo los fundamentos de esas dos opiniones. Estas nuevas ideas,
conocidas hoy como «teoría cuántica», tuvieron su origen en el estu-
dio de la física atómica, y las modificaciones esenciales que esta teoría
nos exige en nuestro pensamiento conceptual y filosófico fueron las
que desencadenaron el comentario de Albert Einstein y las que serán
el tema de este libro. Como veremos , la física cuántica conduce al
rechazo del determinismo -¡desde luego!, el del tipo sencillo con-
cebido por Laplace-, de modo que tenemos que aprender a aceptar
un universo cuyo estado presente no es simplemente «el efecto de su
pasado» ni «la causa de su futuro». La teoría cuántica nos enseña que
nada puede ser medido u observado sin ser perturbado, así que el papel
del observador es esencial para entender cualquier proceso físico. Tan
crucial que de hecho algunas personas han llegado a creer que la
mente del observador es la única realidad y que todo lo demás, in-
cluido el universo físico en su conjunto, es una mera ilusión. Otros
han sugerido que la física cuántica implica que nuestro universo no
es el único y que si postulamos la existencia de miríadas de universos
con los que tenemos sólo interacciones efímeras, se puede recuperar
una forma de determinismo. Otros, por su parte, piensan que a pesar
de su éxito inconcuso, la física cuántica no es la teoría final y com-
pleta del universo físico y que es necesaria una nueva revolución con-
ceptual. La pretensión de este libro es describir esas y otras ideas y
explorar sus consecuencias. No obstante, antes de que podamos hacer
esto, debemos averiguar primero qué es la física cuántica. En este
capítulo esbozaremos algunas de las razones por las cuales es nece-
tI! Alastair 1. M. Rae
saria la teoría cuántica , describiremos las ideas principales que están
detrás de ella, examinaremos alguno de sus éxitos e introduciremos
los problemas conceptuales.
Ondas luminosas
Física cuántica: ¿Ilusi6n o realidad?
y
19
Parte de la evidencia que hizo necesario un nuevo modo de ver
las cosas provino del estudio de algunas de las propiedades de la luz.
Pero antes de que podamos discutir las nuevas ideas, debemos adqui-
rir primero un conocimiento un poco más detallado de la teoría elec-
tromagnética de Maxwell de la luz a la que nos hemos referido con
anterioridad. Maxwell fue capaz de demostrar que en todos los puntos
de un haz luminoso existen sendas fuerzas, eléctrica y magnética,
perpendiculares una a otra y a la dirección de propagación del haz
luminoso. Esas fuerzas (o campos, según se denominan con más pro-
piedad) oscilan muchos millones de veces por segundo y varían perió-
dicamente a lo largo del haz, tal y como se ilustra en la figura 1.1. La
presencia de los campos eléctricos podría ser detectada, en principio,
midiendo el voltaje eléctrico entre dos puntos a través del haz. En
el caso de la luz, es bastante poco práctico semejante medida directa
porque la frecuencia de la oscilación es muy grande ; pero una medida
similar se lleva a cabo efectivamente en las ondas de radio cada vez
que son recibidas por una antena , un transistor o un aparato de tele-
visión. La evidencia directa de la naturaleza ondulatoria de la luz se
obtiene, además, a partir del fenómeno conocido como interferencia.
En la figura 1.2 se representa un experimento para mostrar la
interferencia. La luz pasa a través de una angosta rendija 0, después
de la cual se encuentra con una pantalla que contiene dos rendijas
A y B, para alcanzar al final una tercera pantalla en la que se la obser-
va. La luz que llega a esta última pantalla puede haber seguido una
de las dos trayectorias posibles: o ha ido a través de A o a través de B.
Ahora bien, las distancias recorridas por las ondas luminosas que han
seguido esos dos caminos son diferentes y las ondas de luz no lle-
garán en general a la pantalla «en fase» unas con arras. Esto se ilus-
tra también en la figura 1.2, en la que vemos que si la diferencia
entre los dos caminos recorridos es un número entero de longitudes
de onda, éstas se refuerzan mutuamente, mientras que si es un nú-
mero impar de medias longitudes de onda, se anulan. El resultado es
z
x
FIG. l.l.-Una onda electromagnética moviéndose a lo largo del eje OX est.i
f o r m ~ d a por campos eléctricos y magnéticos en rápida oscilación y dirigidos según
los ejes OY y OZ respectivamente.
una serie de bandas visibles brillantes y oscuras que se observan de
un lado a otro de la pantalla.
~ a observación de efectos tales como estas «franjas de interfe-
rencia» es lo que ha establecido la naturaleza ondulatoria de la luz.
Además, las medidas realizadas en esas franjas pueden utilizarse de
una manera muy sencilla para determinar la longitud de onda de la
luz utilizada. Así es COmo se ha averiguado que la longitud de onda
de la luz visible varía según pasamos de un color del arco iris a otro
siendo la luz violeta la de menor longitud de onda (aproximadamente'
la 0,4 millonésima parte de un metro) y la luz roja la de mayor (rnés
o menos, la 0,7 millonésima parte de un metro).
Fotones
. ~ n o de lbs primeros experimentos que demostraron que algo no
Iba bien en la física clásica (así se denomina hoy a las ideas de Newton
Alastair 1. M. Rae
Física cuántica: ¿Ilusión o realidad? 21
e
(a)
(b)
FIG. 1.2.-Las ondas luminosas que llegan a un punto de la pantalla e pueden
haber ido por cualquiera de las dos rendijas A y B. En (b) se ve que si los dos
caminos se diferencian en un número entero de longitudes de onda, las ondas se
suman y se refuerzan, pero que si la diferencia-de caminos es un. número impar
de sernilongitudes de onda, las dos ondas se Como en la pan-
talla e de la figura (a) se observan una sene de bandas brillantes y obscuras.

y Maxwell) fue el efecto fotoeléctrico. En él, se hace incidir luz sobre
una pieza metálica situada en el vacío; como consecuencia de ello el
metal expulsa unas partículas subatómicas cargadas, llamadas electro-
nes, que pueden detectarse aplicando una diferencia de potencial entre
éste y la placa colectora. El resultado, sorprendente, de tales inves-
tigaciones es que la energía de los electrones emitidos no depende
de la intensidad de la luz, sino de su frecuencia o su longitud de onda.
Para luz de una determinada longitud de onda, el número de elec-
trones emitidos por segundo aumenta con la intensidad de la luz, pero
la cantidad de energía adquirida por cada electrón individual perma-
nece inalterada. En realidad, la energía dada a cada electrón es igual
a bu, donde v esla frecuencia de la onda luminosa y h es una constante
universal de la física cuántica conocida como constante de P1anck. Es
también importante apuntar que si el experimento se realiza con luz
muy débil, los electrones son emitidos inmediatamente después de
encender la luz y mucho antes de que la onda luminosa pueda pro-
porcionar energía suficiente a cualquier átomo particular.
Estos resultados llevaron a Albert Einstein (el mismo científico
que desarrolló la teoría de la relatividad) a la conclusión de que la
energía de un haz luminoso se transmite en paquetes localizados, cono-
cidos como «cuanta» o «fotones». El trabajo posterior ha confirmado
esta hipótesis y se ha comprobado que los fotones rebotan al chocar
con los electrones y otros objetos conservándose la energía y la cantidad
de movimiento y comportándose, en general, justo como partículas
mejor que como ondas . Tenemos ahora dos modelos para describir
la naturaleza de la luz dependiendo del modo en el cual la observemos:
si realizamos un experimento de interferencia, la luz se comporta
como una onda, pero si examinamos el efecto fotoeléctrico la luz se
comporta como un chorro de partículas. ¿Es posible reconciliar estos
dos modelos?
Una sugerencia para esa posible reconciliación sería decir que fue
un error pensar que la luz era una perturbación ondulatoria: quizá
deberíamos haberla pensado siempre como un flujo de partículas con
unas propiedades bastante insólitas, que dan lugar a las franjas de
interferencia y que nos llevaron a la errónea conclusión de aceptar el
modelo ondulatorio. Esto significaría que los fotones que pasan a tra-
v s de las dos rendijas del aparato que se muestra en la figura 1.2
colisionarian de algún modo uno con otro, o al menos interactuarían
.1 . cierta manera , de forma tal que la mayor parte de los fotones fuesen
22
Alastair 1. M. Rae
Física cuántica: ¿Ilusión o realidad? 23
a incidir sobre las bandas brillantes de las franjas de interferencia y
muy pocos sobre las áreas oscuras . Esta sugerencia, aunque sea rebus-
cada, se puede mantener en el contexto de todos aquellos experimen-
tos de interferencia en los que un gran número de fotones atraviesen
a la vez el aparato. Si, por el contrario, realizásemos un experimento
con luz muy débil, tan débil que en cualquier momento s610 hubiese
un fot6n en la regi6n comprendida entre la primera rendija y la pan-
talla las interacciones entre los fotones serían imposibles y en conse-
cuencia deberíamos esperar que desapareciesen las franjas de inter-
ferencia. Semejante experimento es un poco difícil, pero perfecta-
mente posible. Basta con reemplazar la última pantalla por una placa
fotográfica o una película y con proteger todo
aparato de luz parásita. Si hacemos esto y esperamos el tiempo sufí-
ciente como para que un gran número de fotones hayan pasado, uno
ilustran en la figura 1.3, en la que vemos que la naturaleza corpuscu-
lar de la luz queda confirmada por la aparici6n de puntos individuales
en la película fotográfica. Cuando el tiempo de exposici6n ha sido
muy breve, esos puntos parecen estar distribuidos más o menos al
azar; pero a medida que aumenta el número de fotones, las franjas
de interferencia se van haciendo cada vez más claras. Nos vemos,
pues, forzados a concluir que la interferencia no es el resultado de
interacciones entre fotones. A decir verdad, el hecho de que la figura
de interferencia producida luego de un prolongado tiempo de expo-
sici6n con luz débil sea idéntica a la generada por el mismo número de
fotones que llegan aproximadamente juntos en un haz de luz intenso
implica que los fotones no interaccionan unos con otros de ninguna
manera.
Ya que la interferencia no es el resultado de la interacci6n entre
los fotones, ¿no podría ser que cada fot6n individual se dividiese de
a uno, a través del aparato, nos encontraremos con que la figura de
interferencia registrada en la placa fotográfica ¡es justo misma q.ue
antes! Podemos ir un poco más allá repitiendo el experimento vanas
veces y utilizando distintos tiempos de exposici6n. Los resultados se
50 200 2000
FIG. 1.3.-Los tres paneles muestran la reconstrucción con ordenador de la for-
mación de las franjas de interferencia de las dos rendijas después de que hayan
llegado a la pantalla 50, 200 y 2.000 fotones respectivamente. La. figura de inter-
ferencia aparece con claridad sólo después de que se hayan registrado un gran
número de fotones, incluso aunque pasen a través del aparato de uno en uno.
] 'deteclores
J"'
I obturador
. móvil
(a)
-------=====:==I
(b)
FIG . l.4.-Si situamos sendos detectores de fotones detrás de un aparato de
interferencia de dos rendijas , como en (a), se observa siempre que el fotón ha
pasado a través de una rendija u otra sin que se produzca nunca una detección
imult ánea. Si se coloca un obturador detrás de las rendijas que oscile arriba y
ibajo, como en (b), de forma tal que las dos rendijas no estén abiertas jamás a la
vez, se destruye la figura de interferencia de las dos rendijas.

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24 Alastair 1. M. Rae
un sistema cuántico de una sola vez. Así, podemos elegir o bien medir
los propiedades ondulatorias de la luz -permitiendo que pase a través
de una doble rendija sin determinar por qué rendija pasa el fot6n-,
() bien observar los fotones cuando cruzan las rendijas -sacrificando
toda posibilidad de realizar un experimento de interferencia-; pero
jamás podremos hacer ambas cosas al mismo tiempo. Werner Heisen-
berg, uno de los físicos que más contribuyó al desarrollo inicial de
In física cuántica, comprendió que este tipo de medida y sus limita-
cienes podría ser interpretado de una manera bastante diferente. Se-
ñaló que la determinaci6n de la rendija atravesada por el fotón era
' o esencia una medida de la posici6n del fotón al cruzar la pantalla,
mientras que la observaci6n de la interferencia equivale a una medida
.Ic la cantidad de movimiento. De la dualidad onda-corpúsculo se
desprende que es imposible hacer medidas simultáneas de la posición
y de la cantidad de movimiento de un objeto cuántico, tal como un
fotón.
La aplicación de las ideas de Heisenberg al experimento de las
dos rendijas es, en realidad, bastante complicada, y un ejemplo más
encillo lo proporciona el comportamiento de la luz cuando pasa a
trav és de una sola rendija de amplitud finita. Si se analiza utilizando
(,1 modelo ondulatorio de la luz encontramos, tal y corno se ve en
la figura 1.5, que la rendija dispersa la luz formando una «figura de
.Iifracción» cuya dispersi6n angular es inversamente proporcional a
fu amplitud de la rendija. Si realizamos el experimento con luz muy
débil, tan débil que permita estudiar el comportamiento de los foto-
n s individuales, veremos que -al igual que en el experimento de
In doble rendija- los fotones llegan a la pantalla más o menos al
zar y que la figura de difracción se va construyendo gradualmente
1 medida que se van acumulando un número mayor de fotones. Si
consideramos ahora este dispositivo como una medida de la posición
y de la cantidad de movimiento del fotón, vemos que cuando el fotón
1I raviesa la rendija, su posición, en la dirección vertical indicada en
11 figura 1.5, está determinada por el tamaño de ésta. ¿Qué podemos
ti cir de la componente de la cantidad de movimiento en esa direc-
i6n? Sabemos que cuando el fotón llegue a iaPantalla lo hará en
1 ún lugar de la figura de difracción, pero no sabemos dónde, de
(1) cual se deduce que la incertidumbre en la componente vertical de
lu .antidad de movimiento está relacionada con la dispersión angular
1 la figura . Así, si tratamos de incrementar la exactitud de la medida
il g ún modo en dos al pasar a través de la doble rendija? Podríamos
xarninar esta hipótesis colocando una placa fotográfica o algún tipo
de detector de fotones inmediatamente detrás de las dos rendijas, en
lugar de ponerlos a cierta distancia. De esta forma podemos decir por
qué rendija pasa el fotón o si se divide en dos al atravesarlas (véase
la figura 1.4) . Sin embargo, si hacemos esto, encontraremos siempre
que el fotón ha pasado a través bien sea de una rendija, bien sea de
la otra y jamás hallaremos evidencia alguna de la división del fotón.
La figura 1.4 (b) representa otra prueba distinta de esta misma cues-
i ión: si se coloca un obturador detrás de las dos rendijas y se le hace
oscilar arriba y abajo de manera que sólo una de las dos rendijas esté
abierta en cada momento, no se formarán ya las franjas de interfe-
rencia. Lo mismo sucede cuando el experimento detecta, por muy
sutil que sea, a través de qué rend ija pasa el fotón. Parece ser que la
luz pasa por una rendija o por la otra en la forma de fotones si pre-
paramos un experimento para detectar a través de qué rendija pasa
el fot6n; pero cruza las dos rendijas en la forma de una onda si reali-
zamos un experimento de interferencias.
El hecho de que procesos como el de la interferencia de las dos
rendijas exijan que la luz manifieste propiedades corpusculares y ade-
más ondulatorias se conoce como la dualidad onda-corpúsculo. Ilustra
una propiedad general de la física cuántica que consiste en que la natu-
raleza del modelo que se necesita para describir un sistema depende
de la naturaleza del aparato con el que interacciona: la luz es una
onda cuando atraviesa un par de rendijas, pero es un chorro de foto-
nes cuando incide sobre un detector o una película fotográfica. Esta
dependencia de las propiedades del sistema cuántico de la naturaleza
de la observación que se haga en él está en el origen de todos los
problemas conceptuales y filosóficos que este libro se propone discutir.
Empezaremos esta discusión con más seriedad en el siguiente capítulo
y dedicaremos lo que queda de éste a analizar algunas otras impli-
caciones de la teoría cuántica y a dar una idea general de sus excep-
cionales éxitos al explicar el comportamiento de los sistemas físicos.
El principio de incertidumbre de Heisenberg
Una de las consecuencias de la dualidad onda-corpúsculo es que
pone límites a la cantidad de información que pueda obtenerse de
Física cuántica: ¿Ilusión o realidad? 25
1.5.-13 luz que pasa a través de una sola rendija se difracta y f
f d difracció o orma una
igura e racci n cuya , Intensidad varía en la manera ilustrada en la gráfica
de la derecha. Cuanto mas pequeña sea la rendija más ampli 1 fi d
dif .6 S , . ,aes a igura e
n. egun . se explica en el texto, este resultado pone límites a la posible
de m:dida de la posición y la cantidad de movimiento de los fotones
Iímites que estan de acuerdo con el principio de incertidumbre de Heisenberg.
haciendo la rendija más pequeña, aumentaremos de forma
inevitable la de la figura de difracción, reduciendo de este
modo la precisi ón de la medida de la cantidad de movimiento. Hei-
senb:rg fue c.apaz de demostrar que la teoría cuántica exige que toda
medida semejante a u.nas limitaciones parecidas. Expresó
esto en su famoso prtnctpso de Incertidumbre, en el que la incerti-
en la posición está relacionada con la de la cantidad de
movimiento por la expresión
27
l .os átomos y las ondas de materia
De la misma manera que el modelo ondulatorio de la luz estaba
hi 'n establecido en la física clásica, a comienzos del siglo xx no había
duda alguna de que la materia estaba compuesta por una gran can-
I idud de partículas muy pequeñas. La teoría atómica de Dalton había
logrado un notable éxito al explicar los procesos químicos, y el fenó-
m no del movimiento browníano (en el que se observaba que par-
I r ulas de humo suspendidas en el aire sufrían fluctuaciones irregu-
lnr s) había sido explicado como el resultado del movimiento de mo-
I lilas discretas. El estudio de las propiedades de las descargas eléc-
I ri as en tubos (1os precursores del tubo de rayos catódicos de los
"paratos de televisión) llevó a J. J. Thompson a la conclusión de que
• 1I ndo se calentaba un hilo metálico a alta temperatura en el vacío
Flsica cuántica: ¿Ilusión o realidad?
roda precisión al llegar el fotón a la pantalla. Este razonamiento es
-rróneo porque olvida que la posición del fotón al llegar a la pantalla
oS del todo incierta, dado que ya no está limitada por la rendija. 10
que el principio de incertidumbre restringe es la precisión en la deter-
minación simultánea de la posición y la cantidad de movimiento.
Las implicaciones del principio de incertidumbre en el modo de
roncebir la medida en la ciencia son profundas. Hacía mucho tiempo
yI que habíamos comprendido las limitaciones prácticas a las que está
ujeta la exactitud de cualquier medida, pero antes de la física cuán-
I ica no había en principio ninguna razón por la cual no se pudiese
lograr una mayor exactitud mejorando nuestras técnicas
rules. Sin embargo, la dualidad onda-corpúsculo y el principio de
incertidumbre de Heisenberg ponen un límite fundamental a la pre-
cisi ón de toda medida simultánea de dos cantidades físicas, tales como
la posición y la cantidad de movimiento de un fotón. Después de
proponerse esta idea, hubo una serie de intentos en los que se suge-
rlun experimentos que podían ser capaces de hacer medidas más
precisas que las permitidas por el principio de incertidumbre, pero
11 1\ análisis cuidadoso de cada caso demostró que esto era imposible.
I loy día se sabe que el principio de incertidumbre es justo una de
lus muchas consecuencias extrañas y revolucionarias de la teoría cuán-
tica que han conducido a las ideas físicas y filosóficas que se tratan
en este libro.
intensidad
Alastair 1. M. Rae
-.
donde h es la constante cuántica fundamental (constante de Planck
cfr. pág. 21). Si se analiza con más detalle la figura de difracción que
corresp?nde .a una sola rendija, se puede demostrar que el producto
de las incertidumbres de la posición y de la cantidad de movimiento
son del orden de lf2h, lo que sin duda está de acuerdo con el prin-
cipio de Heisenberg.
. una. equivocación muy frecuente en la aplicación del
p.nnClplo de Incertidumbre cuando se sugiere que se viola -en una
situación como la difracción por una sola rendija- por el hecho de
que la componente x de la cantidad de movimiento se conoce con
26
28
Ah Inir 1. M. Rae
Física cuántica: ¿Ilusión o realidad? 29
emitía partículas eléctricas cargadas (pronto cono idru COIllO elec-
trones). A comienzos del siglo xx, Ernest Rutherford demostr ó que
el átomo poseía un núcleo muy pequeño cargado positiv 1111 .nte, en el
que estaba concentrada la práctica totalidad de la masa ni mica, de
lo que fue fácil deducir que el átomo debía estar formado por un
núcleo rodeado de electrones. Al llegar aquí se planteó ·1 . iguiente
problema: todos los intentos de describir la estructura d -1 áromo
con mayor detalle utilizando la física clásica fracasaban. FI modelo
más evidente consistía en proponer que los electrones girasen en
torno al núcleo de la misma manera que los planetas giran en torno
al sol; pero la teoría electromagnética de Maxwell exig que la carga
que esté girando radie energía en la forma de ondas electromugnéticas,
energía que sólo podría tener su origen en el movimi nto de los
electrones, los cuales irían reduciendo entonces su velocidad hasta
caer en el núcleo. El físico danés Niels Bohr, de qui en hablaremos en
su debido momento, inventó un modelo del átomo de hidrógeno (que
contiene sólo un electrón) en el cual las órbitas de ese electrón se
suponía que eran estables en ciertas condiciones, modelo que tuvo
un éxito considerable. No obstante, fracasó al explicar las propiedades
de los átomos que contenían más de un electrón y carecía de una
razón fundamental en la que apoyar las reglas que determinaban la
estabilidad de las órbitas. Fue entonces cuando el físico francés
Louis de Broglie propuso una hipótesis radical: si las ondas lumi -
nosas se comportan a veces como partículas, ¿no podría ocurrir que
las partículas, tales como los electrones y los núcleos, tuviesen pro-
piedades ondulatorias? Para someter a prueba una idea en apariencia
tan escandalosa podríamos pensar en hacer pasar un haz de electrones
a través de un aparato provisto de una doble rendija del mismo tipo
que el utilizado para demostrar la interferencia entre ondas lumino-
sas (fig, 1.2) . Esto no es posible debido a que la longitud de onda
predicha por De Broglie para tal haz de electrones es tan corta que
las franjas de interferencia estarían demasiado juntas para ser obser-
vadas. Sin embargo, poco después de que De Broglie hiciese su pro-
puesta, se realizó un experimento muy similar en el cual los electro-
nes eran difundidos por un cristal de níquel. En él se observó que
la distribución de la intensidad demostraba que se había producido
una interferencia entre las ondas de los electrones difundidas por los
distintos planos de los átomos que componían el cristal y que en esta
situación el haz de electrones se comportaba realmente como una
onda. Hace poco ha sido posible producir haces de neutrones de
longitud de onda comparable a la de la luz y se han utilizado para
demostrar la interferencia de la doble rendija de una manera muy
parecida al caso óptico, confirmando así, en esta situación, la presen-
cia de «ondas de materia».
La hipótesis de las ondas de materia se confirmó también indi-
rectamente, quizá de modo más espectacular, por su capacidad para
explicar la estructura electrónica de los átomos. La comprensión ade-
cuada de este asunto requiere un análisis matemático que sobrepasa
el alcance de este libro , pero la esencia del argumento es que cuando
las ondas están confinadas dentro de una región del espacio sólo pue-
den tener unas longitudes de onda determinadas. Por ejemplo, la
cuerda de un violín de una longitud y tensión dadas sólo emite unas
notas concretas; y los mismos principios gobiernan el funcionamiento
de la mayor parte de los instrumentos musicales. De manera análoga,
cuando se combina la hipótesis de las ondas de materia con el hecho
de que los electrones negativos son atraídos por el núcleo positivo
según una ley inversamente proporcional al cuadrado de la distancia,
se llega a una ecuación cuyas soluciones determinan las ondas elec-
trónicas en esta situación. Esta ecuación (conocida como ecuación de
. chr ódinger, debido a su inventor Erwin Schrodinger) tiene solucio-
8
!
8
I Ir.. 1.6.-En la izquierda se muestran dos de las posibles configuraciones esta-
hl.. adoptadas por las ondas electrónicas en los átomos. Si el átomo hace una
11 msici ón desde el estado superior (mayor energía) al inferior, se emite un fotón
.1 luz de longitud de onda definida.
30 1 11 I M R e
Física cuántica: ¿Ilusi6n o realidad? 31
nes sólo para unos determinados valores «t , I lit 11 " 1,, .1 1, . 1 r)lía
del electrón. De ello se sigue que un electrón 11 1111 111111111 " " 1' 11 xle
tener una energía menor que la más p lJ1It"1I,1 ,h d." . I'c" mi-
tidos, lo que elude el problema del elcctr 1I1 qll '11 I ( 11 1'1 1 .1 11 sta
acabar en el núcleo. Además, si se «excita» 1111 " 11 1 ndolo
pasar a un estado permitido de energía supc i «11 I 1 , 1, 11 lado
«fundamental» de energía más baja, él VO IVl' 11 I 1" 111 1" fllnda-
mental emitiendo un fotón cuya energía es i ~ l I a l ' 1 11 dl (, l ' 111LI ent re
las energías de los dos estados (fig. 1.6). lb ,' I'"ll ' ' 1II I ll l/I I ' la
energía de un fotón está en íntima relaci ón "11 \.1 11111 1I11l 1 d onda
de la onda luminosa asociada, de donde se despl ' lid '1 111 II luz ' mi-
tida por los átomos tiene sólo unas longitud 'S d.. ll lld 1 d l' nni lindas.
Se sabía desde hacía tiempo que la luz emitida por III iomos (por
ejemplo en los tubos de descarga) tenía est a pl'Opi("1.11 I v un rriunfo
de la mayor importancia de la física cuánti ca lJlI (' I II 1' 11(' .1 I expli-
carse no ya cualitativamente, sino también 0 11 I(,d" detallados
de las longitudes de ondas permitidas, que est án en ·1.ru con-
cordancia con los resultados experimentales.
dades ondulatorias. Pero la moderna física de partículas ha extendido
las ideas cuánticas incluso más allá de este límite. A energías lo bas-
tante altas, un fotón puede convertirse en un electrón de carga nega-
tiva y en otra partícula idéntica de carga positiva, llamada positrón,
y los pares electrón-positrón pueden recombinarse en fotones. Por
otra parte, es posible crear partículas exóticas en procesos de alta
nergía, muchas de las cuales se transforman, después de una pequeña
fracción de segundo, en entidades estables más familiares, como los
lectrones y los quarks. Cabe entender todo este tipo de procesos
mediante la adecuada extensión de las ideas cuánticas en la forma
conocida como teoría cuántica de campos. Un aspecto esencial de
sta teoría es que algunos fenómenos pueden explicarse sólo si tienen
lugar a la vez un número de procesos fundamentales: de la misma
1I1f1 0era que la luz pasa a través de las dos rendijas en un aparato de
uucrferencia, incluso aunque en apariencia esté constituida por foto-
11 aislados, así la unión coherente de un número de procesos fun-
.1 imentales de los campos cuánticos crea el fenómeno observado.
Más allá del átomo
teria condensada
El éxito de la física cuántica no se limita a los fenómenos ató-
111 1, os o subatómicos. Poco después del establecimiento de la hipó-
1 i de las ondas de materia, se hizo patente que también podía uti-
11 /.11 para explicar el enlace químico, Así, en el caso de una molé-
111 formada por dos átomos de hidrógeno, las ondas electrónicas
I .. 1 un a los dos núcleos y los unen con una fuerza que queda equili-
I I ,1 por la mutua repulsión eléctrica de sus cargas positivas, for-
I I 11' In así la molécula de hidrógeno. Es posible desarrollar esas ideas
l' r d ular propiedades moleculares, tales como la separación nu-
1 I n el equilibrio, y ver que coinciden de manera precisa con el
p I im Ola. La aplicación de principios parecidos a la estructura
1 m rt ria condensada, en particular los sólidos, ha tenido el mismo
110 1..1 Ilsica cuántica explica el hecho de que algunos sólidos sean
1'"1 , 'l ile otros sean metales que conducen electricidad y que
11 I 1" 11(l - n concreto el silicio y el germanio-- sean sernicon-
1••\ propi edades especiales del silicio. qu pcrrni t o la cons-
ti I hip con todas Sil 11 Ill'i I r dI h Ji
I 1 i 1 l1l' j 1 d 1 (111 1
El éxito del modelo de las ondas de materia no se d tuvo en el
átomo. Unas ideas muy similares se aplicaron también a la estructura
misma del núcleo que, como se sabe, contiene una colección de par-
tículas de carga positiva, llamadas protones, junto con un número
poco más o menos igual de neutrones sin carga. No se conoce con
exactitud la forma de la fuerza entre esas partículas, aunque sí que
es mucho más compleja que una ley del cuadrado inverso. así que
los cálculos son considerablemente más difíciles que en el caso ató-
mico . Los resultados, sin embargo, son igual de buenos y las pro-
piedades calculadas de los núcleos atómicos están asimismo en una
excelente concordancia con los experimentos.' ,
Hoy en día se sabe que hasta las partículas «fundamentales», como
el protón y el neutrón (pero no el electrón), tienen una estructura
y que están compuestas por objetos aún más fundamentales llamados
«qunrks». Esta estructura ha sido analizada con éxito por la física
' 1( 111 i a d una manera similar a la utilizada en el núcleo y en el
1' lOl ll , y . ha demostrado que los quarks también poseen propie-
las propiedades exóticas de los materiales a muy bajas temperaturas,
temperaturas a las cuales el helio líquido carece de viscosidad y a las
que ciertos metales se hacen superconductores sin r sist ncia eléctrica
alguna , son manifestaciones del comportamiento cuántico.
32
Alast air 1. M. Rae
Capítulo 2
¿EN QUÉ DIRECCIÚN ESTÁN
ORIENTADOS LOS FOTONES?
Las tres últimas secciones de este capítulo sc'i ln In .ncionan una
parte de los éxitos manifiestos que la física curi rni 11 ha logrado en
el último medio siglo. Siempre que ha sido 1)( sihl , realizar el cálculo
cuántico de una magnitud física, éste ha studo vn .x clcntc acuerdo
con los resultados experimentales. Sin embargo, ·1 propósito de est e
libro no es examinar esta hazaña en det all , sino, 111 s hien, explorar
los aspectos fundamentales del enfoque curi nt ico y xplicur sus revo-
lucionarias implicaciones en nuestro entendimiento conceptual y filo-
sófico del mundo físico. Para lograr esto 11 csitnm s una compren-
sión bastante más detallada de las ideas cu:íntiras de la que hemos
conseguido hasta ahora. Empezaremos esta uir a en el capítulo si-
guiente.
En el capítulo anterior se ha examinado parte de la rica variedad
•I f mómenos físicos que cabe entender utilizando las ideas de la física
' " ntica. Al empezar ahora la tarea de investigar con más profun-
,h,llc\ el tema encontraremos muy útil concentrar la atención en ejem-
pi" que son relativamente simples de entender y que, al mismo
1I mpo, ilustran los principios fundamentales destacando los proble-
fll onceptuales básicos. Hace algunos años, la mayor parte de los
I "lÍfi os que discutían tales asuntos habrían recurrido con natura-
, I ti I ejemplo de la «partícula» que pasa a través de un aparato
')11 do rendijas, que pone de manifiesto las propiedades ondulatorias
I la. par tículas en una figura de interferencia (véase la fig. 1.2), Y
I 111 yor parte de la discusión se habría realizado en términos de «la
" , did Id onda-corpúsculo». Hoy día, sin embargo, se ha comprendido
" obtienen ventajas considerables si se concentra la atención en
tuucion s en las que el número de resultados posibles de una medida
Ill UY p queño. Por esta razón describiremos una propiedad adi-
\1 J .lc la luz que quizá no resulte familiar a todos los lectores . Se
polarización. En la próxima sección la discutiremos en el con-
o d In t oría ondulatoria clásica de la luz, dejando el rest o del
(111 , para extender el concepto a situaciones en las qll lo IIIJ
I ' 1 ir tun t e es la nat uraleza corpuscul ar d 1I lu: