You are on page 1of 112

Seres sospechosos
Julio César Pastrán

gob.Venezuela. Archivo General de la Nación. Panteón. Caracas.com ÇáëÉ¥ç ÇÉ ä~ ÅçäÉÅÅáμå Carlos Zerpa Ñçíç éçêí~Ç~ Carlos Herrera ÜÉÅÜç Éä aÉéμëáíç ÇÉ iÉó kø äÑQMOOMMSUMMQOVM fp_k VUMJPVSJPTNJS . qÉäÑKWERUJMONOFRSQOQSV qÉäÉÑ~ñWERUJMONOFRSQNQNN ÅçêêÉçë ÉäÉÅíêμåáÅçëW mcu@ministeriodelacultura. OMMS Av. planta baja.ve elperroylaranaediciones@gmail.© Julio César Pastrán © Fundación Editorial el perro y la rana. Foro Libertador. 1010. Edif.

Antologías es un espacio destinado al encuentro de voces que unidas abren senderos al deleite y la crítica. de historias y sueños. y finalmente la serie Breves concentra textos cuya extensión le permite al lector arroparlos en una sola mirada. es la fotografía de los portales que han permitido al venezolano encontrarse consigo mismo.Å ç ä É Å Å á μ å Páginas Venezolanas La narrativa en Venezuela es el canto que define un universo sincrético de imaginarios. Fundación Editorial elperroy larana . Esta colección celebra –a través de sus cuatro series– las páginas que concentran tinta como savia de nuestra tierra. esa feria de luces que define el camino de un pueblo entero y sus orígenes. Contemporáneos reúne títulos de autores que desde las últimas décadas han girado la pluma para hacer rezumar de sus palabras nuevos conceptos y perspectivas. La serie Clásicos abarca las obras que por su fuerza se han convertido en referentes esenciales de la narrativa venezolana.

.

A veces los divisamos recorriendo las calles. Quizás por eso las cosas. T . preferiría aclarar un detalle que pervive en plena oscuridad: los seres de estas historias me han despojado letra por letra de toda mi memoria. dulcemente el olvido se ha apoderado de mí. de esta manera han conseguido colmar el lugar que antes ocupaban mis recuerdos. lo demás podrán leerlo en este libro. Eso es todo lo que puedo decir de ellos. Mientras tanto me he habituado a la experiencia de sentir cómo surgen y se desvanecen las palabras de mi mente. pero aun si en verdad lo supiera. en tanto existan. Pienso en una idea y al otro instante ha desaparecido. Comprenderán mi desconcierto. En ocasiones me han sorprendido in fraganti al tratar de recuperar alguna palabra que de seguro me había sido robada. He llegado al extremo de tener que mendigar una modesta opinión y recibir la misma limosna día tras día. otras veces nos sorprenden como humildes protagonistas de acontecimientos venerables. Sería indicado pasar a describir cómo irrumpieron tales seres en mi vida. me parecen sospechosas.Prólogo del autor Se trata de historias entrelazadas por seres sugestivos y diversos. desahogándose en bares o aislados en sus propias murmuraciones. Así.

Lo confieso no sólo para obviar mi responsabilidad que. sino para advertir a los lectores a qué atenerse con el presente libro. se encontrarán con las historias de estos seres: son sus historias. JUJ .pÉêÉë ëçëéÉÅÜçëçë Quienes persistan en ojear las páginas que siguen. la he extraviado en alguna esquina. Yo no cuento. al fin y al cabo.

é~êíÉ á .

.

ÇÉ ä~ Åêáéí~ Admitamos que hayas resuelto el enigma de la creación. Pero ¿cuál es tu destino? lã~ê hÜ~ó~ã . Pero ¿cuál es tu destino? Admitamos que hayas vivido feliz cien años y que te esperen otros cien todavía. Pero ¿cuál es tu destino? Admitamos que hayas despojado de todas sus vestes a la Verdad.

.

—Le seré franco. Podemos debatir lo que desees. —Ah. —Puedo despejarte muchas incógnitas —insistió la voz. el joven preparó su computador portátil y ajustó el scanner para tomar retazos digitales de las paredes de la sala mortuoria.El rigor de la ciencia El joven especialista en arqueología egipcia se deslizó por el boquete estrecho que lo conduciría a la cámara mortuoria recién descubierta. si se puede saber? —preguntó impasible el joven científico mientras acoplaba el equipo. —Ah. el equipo técnico que traía en su morral y comenzó a desempacar. por más verídicas que pudieran parecer. —Sé lo que buscas —se oyó de improviso una voz. al tiempo que tomaba un sorbo de agua de su cantimplora—. ¿de qué clase. reseco señor. —Las que requieres. El sepulcro era impresionante y retador para el joven científico. Dicho esto. tienes respuestas. lo que busco son datos comprobables —contestó sereno el joven. NP . En verdad. me apena decir que las fábulas que puede narrar una momia. en un saliente de roca pulida. eres tú —le respondió el joven. Acomodó. el destino que me trajo aquí. Puedo decirte quién he sido. no son consideradas un hecho científico y más que ayudar pudieran confundirme.

Y complementó con frases figurativas: —La ciencia. a pesar del paso de los siglos. las cosas pudieran presentarse como un todo amorfo y enigmático. que entonces se ocuparía de él y que lo estudiaría por partes para obtener la verdad de los misterios que encerraba. Dicho esto. En tanto lo hacía. desposeído de razón científica que. Al finalizar. le explicaba. Una vez seccionada sabremos lo que significa cada pedazo y con ello se hará comprensible el misterio más oscuro. provee las cuchillas que permiten rebanar la realidad. Quiso entonces compartir el modo de cómo encontrar la verdad. empapó los liencillos de su frente: un sentimiento de pavor inundaba la cripta.pÉêÉë ëçëéÉÅÜçëçë quería saber el significado en su totalidad. y salió. le advirtió a la momia que mañana regresaría para continuar su estudio. un pedazo de su corazón se mostró conmovido con aquel ser arcaico. aún conservaba cierta integridad. Las partes nos dirán del todo. JNQJ . de cierta manera. —Al comienzo. el joven científico continuó su labor sin estorbo. La última gota de sudor que el cansado tiempo no había podido exprimir en aquel cuerpo embalsamado.

y salieron. sin pérdida de tiempo. NR . todavía permaneces en este mundo. se apresuraron a cerrarla. Uno de los investigadores tomó nota con apremio. Los dos científicos se miraron a la cara. siguiendo el procedimiento habitual. No abrir”. El olor característico que salía de tales tumbas no se sintió en esta oportunidad. — ¡Entonces cierren la lápida y déjenme continuar! —les ordenó. El más sabio creyó que era su deber contestar a la momia: —No. Luego. Ambos cruzaron la mirada por segunda vez y.En tránsito La laja del sepulcro se abrió y la luz de las linternas permitió distinguir los restos del cuerpo estirado. — ¿Al fin he concluido mi viaje hasta el más allá? —era la voz que salía de los restos del cuerpo. pegaron un cartelón al sepulcro que decía: “En tránsito.

con acumulada experiencia en la conducta de estos cuerpos. mi señor —le dijo el celador con aplomo—. recorría con los mismos pasos de siempre salas y corredores del edificio. por lo que se dirigió hasta el sarcófago donde se sentía el crujir de vestigios óseos y lamentos que evocaban arcaicos mugidos. Miró el reloj y pensó que se ajustaban con exactitud a la hora. Ya no eres sacerdote de ningún templo. golpeó reciamente la caja que servía de residencia al huésped embalsamado. NS . Al llegar a la antecámara central.La última velada Esa noche. el anciano celador del Museo de Arte Antiguo. aseguraba el cierre de las puertas y apagaba o prendía luces según lo dispuesto. Luego. —¡Que alguien me diga si aún soy sacerdote del templo de Amón en Farnak! ¡Ordeno que me lo diga de inmediato! El celador. y un temblor de ansiedad contenida comenzó a percibirse dentro de la caja mortuoria. hasta que terminaron alineándose en la recta posición que les es habitual. todo fue silencio. ahora eres una momia. Un resignado reacomodo de huesos se oyó en el interior del sarcófago. El celador esperó hasta que fueran comprensibles. —No. acudió al llamado de los ruidos que salían del interior de una sala anexa.

cavilando con cierta perversidad sobre lo que debería aprender por cuenta propia el joven que desde mañana lo reemplazaría en su trabajo.La última velada El anciano celador dejó la sala anexa por última vez. JNTJ . Salió despacio.

.

~êãÉê∞~ Otra cosa quiere el puñal gçêÖÉ iìáë _çêÖÉë .

.

Es entonces cuando se devela la auténtica existencia y su ineludible destino. se le juzgará imputándole negligencia. Por consiguiente. Así. Ella se cree insuperable como pisapapel. por tanto. pero las otras se alejan justificando cualquier negocio imprevisto. parecería una pistola sin sentimientos. ON .Otredad Una pistola pacifista puede ser muy incomprendida dentro de la armería. bastaría inmolarse promoviendo un simple disparo asesino. Una pistola pacifista abandonará sus nexos de sangre. su vida persistentemente se debatirá bajo la tentación del suicidio. pero hasta las armas blancas se burlan. Una pistola pacifista puede ser muy incomprendida. Suele recoger casquillos de bala transformándolos en exquisitos collares abstractos. careciendo de alguna virtud. incapaz de producir terror. debajo de algún puente. pero es un arte un tanto extravagante para los bulevares en donde los comercia. le será prohibido enseñar a los niños y terminaría divagando durante las noches en busca de algún oscuro rincón. Alega que es fraternal. si esto ocurre.

Suelen debatirse entre disparos sin recarga y dianas multicolores.Un buen baño de aceite Los sueños de las pistolas no son imaginativos. da igual atinar a una botella vacía que a la cabeza de un hombre acostado en su propia cama. no basta la simple rutina de disparar. tales sueños se verán obligados a arrastrarse inexorablemente hasta caer en el mundo de las pesadillas. No es un espectáculo agradable. No es mi caso. Siempre experimento sueños atinados y seguros. me gusta amanecer temprano. En tal reino. Se sabe de pistolas que sometidas a tal tensión disparan contra los oportunistas con total indiscreción. Así. y en tales circunstancias. Soy una pistola sin pesadillas. pero será una insensatez. Tengo el privilegio de escoltar a OO . Allí las pistolas compartirán un sentimiento de impotencia que recorrerá todo su acero empapándolo de aceite frío. ¿Qué accidente puede ser peor para una pistola que fallar su objetivo? Imagínense la desesperación de un arma que en pleno sueño dispara una y otra vez. Sin embargo. no faltará quien quiera sacar partido y se aventure a despertarla. Una pistola con pesadillas temblará sin control. y las balas parecieran difuminarse en el trayecto sin hacer la menor mella. no acostumbro a tener tales desajustes. Eso sí. no recomiendo presenciarlo. apuntará de un lado a otro. y quien lo haya visto estará de acuerdo conmigo.

Un buen baño de aceite un hombre que. que una primera etapa comenzaría cuando mi compañero se acerca. sus relaciones. Todo acuerdo tiene un cliente. murmuraría mi compañero y lo anotaría en su libreta. No hay prisa. sabría el nombre por la conversación telefónica que oiría de mi compañero. y digo nos porque en realidad somos un equipo. deja la gaveta de noche entreabierta para que me despierte al percibir la luz del amanecer entrando por la rendija. me toma en sus manos y sin dejar de mirarme dice: —Te voy a dar un buen baño de aceite. Se imaginan que habría que escudriñar todo lo que es usual en estos casos. saca todos mis tornillos y deja literalmente sumidas mis partes. y listaríamos los miembros de la familia. Nos hemos acostumbrado así. de modo que en nuestra relación queda pintado un cierto vaticinio.m. para poder explicarme. Allí. llamémoslo Rodolfo Bruzual. les aseguro que estoy alerta para cualquier objetivo que tenga en la mira. Tomaríamos el carro y lo seguiríamos para ir hasta su trabajo. es fácil prever con absoluta convicción cualquiera de los movimientos que regirá nuestro trabajo. y lo haríamos al siguiente día. un objetivo y un precio. Me coloca sobre la mesa. veríamos a Bruzual entrar a su oficina. En pocas palabras. También un comienzo: digamos que algún desliz de la solapa del traje me permite ver desde la sobaquera que estaríamos frente a la casa del objetivo. Tanto que. comience a disparar al boleo. Ambos calzamos con dilatada franqueza el uno en el otro. Aquí nos situamos en la segunda etapa de la operación. Nunca me ha gustado eso de que. concentrándose en sus caprichos. estando soñolienta y sin haber abierto bien los ojos. al igual que el del momento en que doy en el blanco. Al terminar. ¿Que si lo disfruto? Obviamente. Por tanto. mi compañero levantaría un plano externo de la casa. Digamos.”. Volveríamos esa misma tarde para saber a qué hora sale. justo frente a la entrada del edificio. ningún placer es capaz de comparársele. No exagero cuando les digo que. éste habría de ser un abogado. Todo caso tiene un objetivo. Principia por desnudarme. “Son las 8:27 a. conociendo mis gustos. Luego trae un paño y las limpia acariciándolas minuciosamente. cuando nos contratan. me complace prepararme con anticipación de manera que pueda hacer mi trabajo con dignidad y eficiencia. Insistiríamos durante algunas JOPJ . Creo que le gusta detenerse en los lugares donde sabe que más lo necesito. todo se reduce a conocer quién carajo es Bruzual.

—¿Se hallará en su oficina? —Los martes va al Club de Tenis. Para. es decir. barajar fichas. acoplar el silenciador y revisar las balas. hasta que la radio que suele despertar al hombre con JOQJ . Hasta que de pronto una tarde cualquiera. Al fin habría encontrado un sitio y un día. gracias —respondería el hombre con una sonrisa embelesada. para pronto descubrir. en la mañana. acreditándole unos cuantos tragos. No desde su casa. y parecería que esta vez la búsqueda no llevaría a nada seguro. nunca demasiados. la indagación de un detalle le llevaría a llamar por teléfono. Yo. Por mi parte. inconsistencias de medio pelo. dar una vuelta hasta el balcón para reconocer que la hipótesis a la que ha concluido no resiste el más tenue codazo. para repasar cada uno de mis tornillos y estirar mis resortes. que mi compañero estudiaría. apostar a un lugar. Y entonces. entre una cosa y otra. en cambio. Comenzaría de nuevo la indagación. Esa noche aguardaría a que él se fuera sereno a la cama y así volverme sobre mí misma. al final. y así se lo diría al cliente quien además de estar satisfecho preguntaría por los detalles. y así. Luego. minúsculas grietas que lo llevarían a pararse de la mesa. sin quitar las pestañas de los cuadros de rutinas buscaría una botella de güisqui “del bueno”. esperaría por la noche de la víspera. Cambiar fecha. Luego. la sobriedad cubriría de nuevo la casa y se apropiaría de la rutina del tiempo hasta el día fijado. inquiriría nuevos datos. mi compañero tomaría de nuevo la botella de güisqui y esta vez la bebería sin medida. anotando cada salida. repasaría y concluiría con un escenario inicial. como quien acierta el centro de la diana con un disparo apático. Pero antes lo vería lidiar con la botella y buscar otra hasta dormirse en el sofá. todavía con el sabor del alcohol en su boca. tendría una agenda de itinerarios por día que usaría para establecer cuadros de rutina. me sentiría satisfecha porque el próximo paso me pertenecería casi totalmente a mí. Esa información al fin pondría la bala en la recámara. sólo entonces. se movería hasta uno público. de pronto para mí porque él lo calcula todo. lo haría sin pérdida de tiempo. ¿Quiere dejar algún mensaje? —No. no está —le respondería la doméstica.pÉêÉë ëçëéÉÅÜçëçë semanas. mirar el túnel acanalado del cañón y probar mi percutor. —No. Dejando el güisqui a un lado. Convirtiéndose en el día y el sitio. cada entrada y cada movimiento. a unas cuantas cuadras de aquí: —Con el señor Bruzual. pasar la noche en vilo. por favor.

me tocaría con aplomo animar el pulso que me sostiene y enamorar la mira con el blanco hasta hacerlos afines. ¿Quién dijo que las pistolas no tienen sus ráfagas de sentimiento? ¿O peor aún. Así. indisolubles. de modo que donde vaya el blanco allí estarían mis destellos. el más alejado. mi compañero me tomaría con su mano. tendría que dejar el carro en el extremo sur del estacionamiento. que empezó cuando mi compañero me sacó de la gaveta y me dijo que tendría que darme un buen baño de aceite. Llegado el momento. me sentiría firme y sabría que estoy lista. Y que por tanto no quiere correr riesgo con el tal abogado llamado Bruzual. en cómo invertir la suma que recibió de su último cliente por librarlo de una cárcel segura. Bruzual tendría otro: él saldría confiado. Confiaría en mí tanto como yo en él. Este sería mi destino. un bolero de Agustín Lara. con la fatalidad que. más íntima con la mañana. Aparecería solo en el estacionamiento porque acostumbra a salir antes que sus colegas de cancha por temor a llegar tarde a casa. Entonces. Saldríamos del carro al ver a Bruzual caminar hacia el suyo. María bonita por ejemplo. porque ha de venir de su último partido de tenis. Aguardaríamos a que aparezca Bruzual. nos aproximaríamos y mi compañero articularía: —¡Bruzual! JORJ . Vendría. quizás meditando su buena suerte en los negocios. en sumisión rendida a los celos de su esposa y. aunque reconozco que tales melodías bien pudieran encasquillarme o enternecer mis metales en un día como este. una vez llegada la hora. que estas ráfagas no traigan riesgos en momentos como los que vendrán? Volvería desde Acapulco en una larga y relajada zancada. Ese cliente que es el mismo que nos habría contratado porque cree que Bruzual “ya sabe mucho del negocio” y por eso está muy interesado (cosa extraña eso de interesarse). sudoroso de su juego.Un buen baño de aceite las detonaciones propias de una música salsosa me diga que ya amaneció. De esta forma habría sido escogido el día y la hora para cumplir con mi designio. Tendría todo el tiempo para recobrar mi concentración. Esperaríamos fumándonos el hastío del día hasta que temprano en la noche decidiéramos movilizarnos al Club. por llegar al club a la hora más concurrida. Si me preguntaran les diría que me inclino por una música más sosegada. lo haría por la puerta que está a nuestra izquierda. confundirlos el uno con el otro. aunque no haya salido el sol.

sin embargo.pÉêÉë ëçëéÉÅÜçëçë Y Bruzual voltearía dándome un blanco amplísimo. Temerosa pensaría lo peor y trataría de interrogar a sus ojos para saber que mi compañero efectivamente está bien. Con la simulada humildad que da el ver realizado cualquier trabajo. De pronto. pues los dos últimos los reivindico como de mi entera responsabilidad ante unos instantes de parálisis del hombre. mi compañero se dejaría caer con brusquedad en su asiento y me lanzaría sobre el otro. excepto fugaces impresiones alimentadas por el olor a pólvora que. luego otro y otro más estremecerían nuestra marcha. Yo extrañaría su mesura habitual. Acertaríamos quizás tres impactos de los seis que saldrían de mí. y dispararía dos veces: primero al pecho y de seguida. dos disparos. ahora zarandeada. Inexplicables. siempre presente en estos casos. La mano. No dudaría en felicitarme. como comprenderán. casi sin prisa. JOSJ . no cuentan. me toma en sus manos y me dice sin dejar de mirarme: —Te voy a dar un buen baño de aceite. despacio. Giraríamos hacia el lugar donde se originan las balas y repentinamente tendría un nuevo blanco: dos colegas. regresaríamos a nuestro carro. como en los sueños sin pesadillas. no impediría. sin que ningún pensamiento mediara nuestras mentes. a la cabeza. —¿Qué carajo hacen aquí tales individuos? —ronronearía alarmada. va hacia la gaveta que está entreabierta. :::::::::::::::::::::::::::::::::::::: El hombre cuelga el teléfono. Al entrar en el carro. que lo imponderable. tratara de resolverse sin pérdida de tiempo.

Víctima El soldado muerto en batalla desconocía que su rifle era pacifista. OT .

.

`Ü~êäÉë _~ìÇÉä~áêÉ .íÉëí~ãÉåíçë ¿Qué hace Dios ante ese infinito mar de anatemas que todos los días asciende hasta sus queridos Serafines? Como un tirano harto de viandas y de vinos. se duerme al dulce son de nuestras horribles blasfemias.

.

la primera palabra aprendida en todas las nuevas lenguas resultantes fue el persistente vocablo yo. PN . hay una que yo no desprecio: Es la que dice que. En cambio.Egolatría De las variadas propuestas debatidas sobre el egoísmo como causa de la paralización de la Torre de Babel. la primera palabra que se confundió perdiéndose para siempre fue el pronombre tú. de todos los componentes del idioma bíblico primigenio. seguido casi de inmediato del nosotros.

El anuncio José dio crédito al sueño cuando recordó los variados hallazgos de plumas de ángel en su dormitorio. PO .

PP . en una noche lluviosa y fría. Noé se preguntaba. pues al llamado a la especie. sólo apareció una pareja de machos que hacían maromas de apareamiento para confundirlo. Semanas después. si los unicornios no hubieran podido animar el Arca en un momento como este. acurrucado en un rincón de popa.Extinción de una especie Noé no tuvo reparo en dejar fuera del Arca a los unicornios.

mantuvo sus pezuñas escondidas en los charcos más inmundos. la situación se presentó delicada. Algunos de ellos. sabiéndose con linaje para la mesa. No obstante. aquellos dispensados como impuros. de siempre abundante carne. no tuvieron por qué preocuparse. optó por dos: no intentó rumiar (como algunos antepasados. Para el cerdo. Con pocos caminos. PQ . anticiparon su destino y lo aceptaron con decisión. Luego de ser reconocida su impureza. sus intentos arrojan flacos resultados.Flacos resultados Vino el tiempo en el que se había de separar a los animales impuros de los que no lo eran. lo habían intentado) y de seguido. que mal se ubicaba en alguno de los dos bandos (según su entender). otros en cambio. ha buscado repetir las mismas opciones en otros pueblos. según se dice.

le confió en privado al ángel. Finalmente. y así lo mantuvo con firmeza un largo rato sin perder disposición. oyó un grito que le decía: “¡Detente!”.Temor sin temblor Dios quiso comunicar a Abraham que requería el sacrificio de su hijo. el sacrificio se hizo aunque se medió al cordero. y le ordenó cumplir la misión. Abraham oyó con humildad los deseos de Dios y pensó íntimamente: “Haré todo lo que me ordena. “No quiero al hijo. sólo quiero saber hasta dónde llega su compromiso conmigo”. el fuego. y un cordero.. El rito del sacrificio requirió que Abraham levantara el cuchillo con solemnidad. Justo en el momento en que con abatimiento se disponía a desatender el cuchillo. el cuchillo. Después miró alrededor y no vio a ningún ángel. y entonces mandó a un criado por la leña. Así la confianza entre Dios y Abraham quedó ceñida para siempre. PR .. ató a su hijo y lo dispuso en el ara. Y esperó. Llegados al sitio. Pero me fiaré de su bondad”. Sudó.

siguiendo un orden escatológico. “Los milagros ocurren por doquier”.Tempestades Hubo un tiempo en que los milagros irrumpieron en Judea. Entonces se planteaba una consulta familiar para decidir. sea recorriendo una calle del pueblo. que resultaba ser. y el rumor comenzó a inflarse con tal desproporción que no se necesitó de los propios ojos para comprobar la verdad. y muchos terminaron por reclamar uno para sí. en algún lugar. el pueblo quiso ver la mano de Dios. Como es de presumir. como es evidente. Apenas se oyó de la aparición de hechos sobrenaturales. era normal que algunas viudas. tal sosiego en sus corazones que resolvieran enterrarlo en paz. Todo se inició en un santiamén. Uno en particular era implorado con desgarrador apremio por la familia que tenía un miembro grave de salud. al fin. o transitando un camino polvoriento. sintieran. pensaron algunos. y asumieran para sí todo el peso de la decisión. se hacía PS . Sin embargo. la resurrección de los muertos. si se quería pedir el siguiente milagro. Era obvio que el milagro pudiera no realizarse y que en consecuencia el enfermo falleciera. los milagros eran tan confusos y variados como las necesidades humanas. Diría que en realidad no era una regla de hierro que los parientes acordaran solicitar este milagro. La ansiedad espoleaba los corazones de la gente sencilla. al contrario. frente al cuerpo inerte de su esposo.

de los que se beneficiaba el otro grupo. sino también la de los peces. De esta pugna fueron los pescadores. el gremio más perjudicado. oraron con toda la fuerza de la fe. al perder sus clientes naturales. quizá más numeroso. Entraron en disputa y denunciaron ser víctimas de una práctica desleal. así deberían tener vino que beber en las suyas. sin duda. Aquella. y sin melindre ponían como argumento de fe que: tal como había ocurrido en la boda de Canaán. y entonces ocurría que la sombra del difunto arponeaba el pecho de la viuda. hasta los novios reclamaban el milagro de poder contar con suficiente vino noble para sus fiestas de boda. formaron un movimiento opositor a lo largo de las playas y finalmente oraron. En fin. los pescadores del lago Genesaret reclamaban una desmedida abundancia de peces al subir las redes. fue una época en que la arena de las tormentas sociales se introdujo con pasión en el corazón del pueblo. Otra faceta de los milagros era que su diversidad producía una selvática competencia entre ellos. JPTJ . aquellos tiempos maravillosos en Judea no puedo más que recordarlos con nostalgia. tropezaran con el propio Lázaro resucitado. en momento incierto. no les fuera concedido desde ese momento en adelante. pretendía no sólo la multiplicación diaria de los panes. Así. para que el milagro de la multiplicación de los panes y los peces. Y se comprobó que los peces sacados por las redes. resultaban ambos de óptima calidad. Pero también resultaba que ambos grupos se enfrentaban en una inmisericorde competencia. Mientras tanto el otro grupo. sin importar que tal peso pudiera hacer zozobrar la embarcación. y los que fueron multiplicados junto con los panes.Tempestades inevitable que tales mujeres.

erguido en su trono. en tales ocasiones. Entonces ocurrió de pronto. En el transcurso de nuestra misión nos habíamos enterado de que los filósofos habían tenido sorprendentes disertaciones sobre si teníamos sexo o no. Al principio insignificantes. improvisadamente. dirigía la mirada a los sauces llorones del Jardín Celestial. paren ya. Aún conservo el recuerdo de aquella mañana en que Dios. llegó el momento en que tanto roce humano logró confundirnos y despertar la insatisfacción. paren. o mejor dicho. Así comenzó nuestro negocio de intermediación entre Dios y los hombres y mujeres de la tierra. Claro que.Urgencia Nuestra misión fue fruto de un decreto repentino. como la gota que horada el granito. Todos sabíamos que estaba embelezado y que lo que realmente hacía era discurrir ensoberbecido sobre su reciente creación. quienes jugueteábamos a extender nuestras alas con posturas acrobáticas. A partir de allí un gusanillo se había alojado en nuestra angelidad produciendo cambios íntimos. Pero. que apuntó su rostro hacia nosotros. Por tanto. hoy en día PU . las pasiones —me refiero a las nuestras— todavía permanecían desanimadas. y nos dijo: —Ángeles. y acérquense que debo anunciarles algo. pero el roce humano terminó a la postre por fortalecerlos de manera brusca y misteriosa.

más que retomar las teorías medievales sobre el sexo. JPVJ . sumergirnos de una vez por todas en su tibia y seductora experimentación. que la puesta en práctica debe hacerse sin pérdida de tiempo.Urgencia demandamos. si tengo en cuenta el estremecimiento de mis plumas y la sensibilidad de mi piel. Y añadiría.

.

é~êíÉ áá .

.

Üçà~ë ÇÉ ä~ åÉÖê~ Mi espíritu tendía hacia los cielos. cêáÉÇêáÅÜ e∏äÇÉêäáå . mas el amor pronto lo hizo descender y ahora las penas lo doblegan. Así voy recorriendo los caminos de la vida y acabo por volver al punto de partida.

.

Mi abuelo y yo permanecíamos en casa. no hace muchos años. Ver una botella de ese licor nunca me sugirió nada. Fue un domingo. Fue necesario que la probara. durante muchos años desprecié el licor de anís sin que mediara ninguna razón aparente. El caso es que si bien la bebida y yo hemos mantenido una ligazón íntima y abierta.Recuerdo de infancia Llega el momento y el recuerdo aparece. más aún. yo porque estaba recién salido del sarampión y al parecer mis padres suponían que todavía estaba de cuidado. todos habían ido a la misa de diez. Pero entre verdaderos bebedores ninguna botella es sobradamente maldita como para no beberla. La jornada se había ido convirtiendo en sofocante luego de corregir unos exámenes y QR . el sabor de aquella bebida alojado en la mente lo que permitió recordar aquel acontecimiento de mi infancia. ni siquiera su olor. Sin embargo se equivocó. él porque alguien debía cuidarme y me daban al abuelo por el gusto. De manera que conociendo mi disgusto por el anís supuso que nunca la tomaría. Fue también un domingo. creemos que la necesidad bendice cualquier brindis. El colmo fue que la botella que dispuso el destino para ese fin me la había regalado la suegra cuando todavía hacíamos algún esfuerzo por soportarnos. no tenemos verdades absolutas. Fueron los tragos de anís.

No se me ocurrió llamar a los colegas para reunirnos porque de seguro aún no habían regresado de la playa. tendría unos cuatro años. me debatía de lo más seco en mi casa. Lo cierto es que había dado con aquella botella olvidada. y yo estaba dispuesto a vindicarla de cualquier origen o prejuicio. y más aún. ahí o por allá. me cambió de franela. hacer el crucigrama y llamar por teléfono a mis hijos.pÉêÉë ëçëéÉÅÜçëçë pasar las notas a las listas. el tercero fue revelador. Así que revisando por no dejar. sin nada que beber. estaba en el suelo con una botella de licor en la mano aunque me es imposible suponer cuánto licor había tomado hasta ese momento. caminado pegado al piso. como quien no hace nada. la abrí en un santiamén. Luego me sentó en sus piernas. En un momento me senté en la mesa de la cocina mirando la nevera. Mientras tanto. que ahora creo saber que se trataba de Yo no he visto a Linda. entonces JQSJ . dirigiéndose hacia mí para quitarme la botella que para ese momento ya no era de mi interés. Igual deseché las licorerías que no abren los domingos y los supermercados porque la tarde había avanzado suficiente y para la hora seguro ya los habían cerrado. Sin pensarlo mucho. creo que tratando de leer algún recordatorio pegado a su puerta. le había comentado a la Negra. como diría el colega de historia. Mi abuelo había aparecido despacio. No sé por qué pensé en un puro que estaba en la gaveta del comedor hacía años si al fin y al cabo yo ni siquiera fumo. Con un resultado aceptable la aprobé. El primero y el segundo sorbo fueron tímidos y de prueba. después me lavó. pues al instante apareció la memoria de mi abuelo parado delante de mí. La casa giraba como un tiovivo. con el paso de las horas. con toda la noche del domingo por delante y dando vueltas como una fiera en celo en el apartamento que. tendía a achicarse aún más. Recuerdo vívidamente cuando me frotaba la cabeza con perdonable torpeza y a la vez tarareaba una canción. descarté cualquier espera por inútil al recordar que no les gustaba echarse palos los domingos en la tarde por eso de que “mañana es lunes y hay que ir a dar clases”. más como un acto reflejo y con el grito de ¡Delenda Carthago!. luego me llevó al baño justo antes de que le devolviera al mundo toda la bilis que me había dado al nacer. porque al fin y al cabo nunca contestan. acaso no sabe que yo no tomo anís ni me retrato con monos”. releer el periódico. Yo. advertí en el armario de la cocina una botella de anís perdida entre las latas de atún. “Qué bolas tiene tu mamá. Tampoco estaba la Negra para recostarnos en la cama o conversar. yo me sentía sin fuerzas y le miré un instante a la cara sin decir nada.

Recuerdo de infancia

me recosté del pecho sobre una camisa blanca que olía a jabón azul, y en medio de su sonrisa de bigotes recios soltó unas palabras proféticas: —Este muchacho como que me va a salir bebedor —dijo y se carcajeó.

JQTJ

Recuerdo de infancia (2)
Me encontraba lidiando con una botella de anís, licor al que acudo cuando me siento nostálgico del pasado más distante, y de golpe vino el recuerdo. Estaba fuera de casa y cruzaba la calle sin pensar en algo en particular, sólo seguía los pasos de papá que habían salido apresurados unos momentos antes. Debía ser sábado porque mi madre estaba en el mercado y cuando regresó con las bolsas de comida me trajo unos chocolates que guardaban una barajita de colección de animales salvajes numerada al reverso, cifra que yo intentaba predecir al conocer el tipo de animal (por el álbum sabía que los reptiles ocupaban los números entre el 1 y 17, los mamíferos del 32 al 61 y los otros no puedo recordar). Caminaba rumbo a la casa de enfrente y pasé por un pequeño portal de metal, que siempre estaba abierto, entre tanto contaba los pasos para verificar que exactamente hubiera 73. A pesar de mi edad, yo llevaba la cuenta de muchas distancias a pie en mi pequeño territorio: sabía por ejemplo que había 9 pasos de mi cama al baño y 23 hasta la sala. Esa tarde, después de cruzar la calle y llegar a la puerta de la casa de enfrente, viré a la derecha por un estrecho corredor de cemento que bordeaba la fachada hasta llegar a la segunda ventana, entonces me empiné y pude observar, a través de una descuidada luz de la cortina, a mi papá con la mujer morena que vivía en esa casa.
QU

Recuerdo de infancia (2)

Al siguiente sábado ocurrió la misma rutina y yo conté de nuevo 73 pasos, y otros hasta la ventana, para ver repetida la escena que me perturbaba por seductora e irreverente, aun sin entender bien si lo que sentía era vergüenza por mi papá o por mí, pues no tenía una idea clara de qué se trataba. Estaba fisgoneando despreocupado por aquella ventana hasta que de pronto vi la mirada atrapada de mi padre que me observaba desde dentro. Me paralicé porque no acertaba a saber si yo había capturado a mi padre, o era él quien me había pillado. En medio de tal desconcierto, a mi padre lo único que pudo venirle del ingenio fue gruñir que me fuera a casa. Allí me sentí aliviado, aunque todavía miserable a pesar de ser tan pequeño. Comprendo ahora que esas imágenes se hubieran disgregado hasta el punto de desaparecer de mi memoria hasta ahora. Mi padre tampoco hizo nada por recordarlas, ni de inmediato, ni pasado los años. Sin embargo, desde ese acontecimiento, la morena que había visto con mi padre desde la ventana se había vuelto una verdadera obsesión, y la seguía por todo el vecindario con la mirada de perrito faldero hasta que se mudó del barrio. Así, el olvido pronto esfumó el secreto que nos unía a los tres, más que a otra cosa en el mundo. En estos días, me viene a la mente que quizás mi relación con la Negra tenga algo que ver con ese acontecimiento, y que quizás haya encontrado en ella la mujer que, empinado desde la ventana, buscaba sin saberlo. El anís, además de reforzar mi bebida, me ha traído un beneficio accesorio. Me ha ayudado a conocerme. Aunque debo reconocer que las botellas de anís tomadas hasta ahora no han logrado dilucidar de dónde puede venir mi interés por los estudios de matemática pura o las loterías. Lo que sí puedo decir es que algunas personas beben para olvidar, y siento lastima por ellas. Yo tengo la ventaja de que bebo para recordar. El inconveniente es que siempre termino pagando mi deuda de bilis con el mundo, deuda que se renueva, con particular insidia, en cada botella de anís.

JQVJ

Ni pensarlo. había sido muy receloso de que este encuentro tuviera lugar. Así que cuando la veo en esos desplazamientos de inmediato me pongo en guardia. sin planes con sus amigas o preparativos para la canastilla del próximo nieto. pero yo no. y el cual ha logrado constatar que mi esposa se gratifica liberando un no sé qué de fuerza inconsciente reprimida. A ella le encanta el caos. ¡claro! ¿quién más podría ser la víctima que yo mismo. y no es que suponga que usted tenga esa intención. que nadie se equivoque con eso de verla plácida por la casa. Se lo digo con toda la autoridad que me da mi psiquiatra personal. Como le decía. para vengar a un no sé qué padre ancestral y.Referencias personales Lo único que le pido es absoluta confidencialidad (sorbito de agua mineral). cuando eso ocurre hay que comenzar a preocuparse. Siempre existe el riesgo de que alguna palabra pueda escaparse. deslizándose con sigilo entre los jarrones y la cachifa. sería una catástrofe. Hasta cualquiera pudiera confundirse. Da la impresión de que esas vueltas son producto de su hastío y que realmente no está haciendo nada. debo RM . No señor. ya que hemos llegado hasta aquí. ¿Se imagina? Bueno. Pero dado el caso en que un simple atisbo quedara al descubierto y el rumor consiguiera arrastrase hasta el oído de mi esposa. que es el mismo de ella. Sé que lo que hace es marcar un nuevo coto de caza en el que siempre la presa soy yo.

Fue una noche de reyes y diamantes. no sólo la exijo para mí. seguida de tos intensa). Me di cuenta de que con esfuerzo alcanzaba su altura. y esto de ningún modo incluye algún estipendio por haberse convertido en su amante sibilino. le decía (sorbito de agua mineral) que mi primera noche con la Negra fue en verdad como agua en el desierto. Así que en este caso no le daré ninguna pista que le diga cómo se llama. de corazones negros y rojos. Usted debe comprender que hay una dama en medio. Disculpe. los barajó en el aire y me dijo: —¿ Juega usted cartas? —¿Cartas? —respondí extrañado.Referencias personales confesarle también que al psiquiatra le doy un pago adicional por cada consulta que tiene con mi esposa y otro tanto por el tratamiento que la induce a aminorar su venganza (tos sorpresiva). Sobre nuestro primer encuentro le diré que sucedió en un hotel al este de la ciudad. Pero volviendo a la confidencialidad. Al rato llegó la Negra y atravesó la puerta.. Le decía que tengo un acuerdo con el psiquiatra. Bueno. luego para mi sorpresa sacó de la cartera un mazo de naipes. ¿Qué me dice usted? No. se quitó la chaqueta de ejecutiva y los zapatos de tacón alto.. que sin saber que lo he descubierto. diremos simplemente que la mencionaré por el nombre de la Negra y así nadie sabrá de quién estoy hablando. —No sé. perdón. frente a un cuerpo de amazona combatiente y unos ojos misteriosos que me abarcaban. en la oficina JRNJ . qué va. Y pensar que comenzamos jugando cartas. —Vamos a jugar en la cama —me interrumpió. había llegado temprano y aproveché a pedir que me trajeran al cuarto un trago de güisqui para pasar el tiempo.. poniendo las cartas sobre la sábana.. yo creo que perdí todos los partidos. El día no había comenzado fácil. Me dejé llevar por su oferta entregándome en sus manos. hace mucho tiempo que. obviamente no me ha tocado el tema. Tampoco él se puede imaginar lo agradecido que le estoy porque siendo amante de mi mujer me ha aligerado del peso de ciertas obligaciones a las que ella podría creerse con derecho. La Negra de un salto se había tirado en la cama. yo le seguía el juego tratando con un esfuerzo inútil de mantenerme cómodo en una cama que no es para estar sentado. apenas si me miró por encima. cómo no iba a perder con las tetas de la Negra que estaban punto de salírsele de la blusa (risa. —Sí. perdón. póquer.

y recostado en un sillón me quedé dormido por un rato hasta que oí la puerta. Afuera. Era ella. mi esposa me había echado encima una supuesta amante que no veía desde hacía casi un año. ahí sí me buscan para criticarme: “Es que tú sólo piensas en ti. Saqué la botella de güisqui pero no me serví esperando a que ella apareciera para compartirla. nada grave. ¡es un planeta en constante cambio!. y uno no. puesto que ya nadie lo hace por amores desechos. y le dije que necesitaba a alguien especial.pÉêÉë ëçëéÉÅÜçëçë habíamos perdido la cuenta del Ministerio. quise atenderla pero pasó de largo como si conociera la casa. A la Negra —ahora que me lo pregunta— no la veo desde justo los días antes de enfermarme. bien. Por esos días. en la pequeña casa que tengo en una colina con vista a la playa. uno no tiene derecho a tener sus pasiones! Así que antes de suicidarme —que es un decir—. JROJ . había comenzado a llover. una criatura sensible que me acompañara esa noche. asomado a la ventana que da al patio vi las macetas con matas de cacto. me dije pensando en la Negra. Había traído un paquete de tequeños. a mi vieja y recordada amiga de las pasiones. regresa) No... “Qué vaina con esta lluvia”. y un veinte por ciento del negocio se había ido a pique con esa noticia. papá. pan y algo de jamón serrano por si acaso nos daba por comer. y dentro de mi ofuscación. y para desgraciarme la vida todavía más se había confabulado con mis hijas.. Esa misma mañana me llamaron una tras otra en medio de la mala noticia de los negocios. antes de enredarte con cualquiera por ahí ten en cuenta lo sensible que es ella”. Ellas nunca lo hacen. estaba empapada. las hojas mojadas de la mata de mango que se acumulaban en el piso de baldosas y al fondo el viejo tronco de árbol que servía de asiento improvisado. Era sábado. ¡Ah. o bancos quebrados. llamé a un contacto. más abajo estaba el mar y en él un peñero bregando con las olas de regreso al muelle. ¿quién más pudo haberme enviado esa noche de cuerpo presente a la Negra. es sólo que apenas estoy saliendo de una bronquitis de los mil demonios. dispuesta a barajar mi espíritu que estaba por el suelo y levantar desde allá abajo un póquer de ases sólo para alegrarme el final del día? (Tose insistentemente) Discúlpeme un momento (se dirige al baño. de un momento a otro.. estaba esperándola en Catia la Mar. ¿qué iba a pensar yo que en ese preciso instante los ángeles estuvieran diciendo “amén”? Porque. le decía que antes de suicidarme o mandar al carajo a todo el mundo. nuestro mejor cliente. pero cuando está su madre de por medio.

. pero no había necesidad de ir tan lejos porque ella estaba allí mismo. con los animales o se masturbaba? —preguntó con aparente ingenuidad. me junté y como lo ha hecho siempre me recompensó.Referencias personales —Tengo que quitarme esta ropa —dijo. ¿No se fastidiaba con ese diluvio tan largo? —dijo y se sonrió. luego me dijo: —Vamos afuera. acostada en la cama esperándome. y regresó con una lonja enrollada hasta la mitad. Pasado el rato. luego se fue hasta la ventana que da al patio y se inclinó para contemplar el paisaje marino. Y conociéndola insistí—: Negra ya es de noche y afuera lo que está cayendo es un palo de agua.. con un volumen más potente que el que la lluvia podía apagar. ¿Acaso usted se hubiera negado? (sorbito de agua mineral). fue hasta la cocina. Fueron únicamente unos instantes de confusión. me metí en la cama con ella. —Ah. para ver hasta dónde era capaz de llegar. seguramente sin oírme y salió. —Ni que estuviera loco —le contesté. luego siguió con los pantalones y la ropa interior. pues consideraba que ella todavía permanecía allí. entonces te repito. yo la hubiera seguido hasta las puertas del infierno. A medida que lo hacía su cuerpo comenzaba a cobrar vida independiente. yo contemplaba sus nalgas y contenía el aliento sin darme cuenta. surgía de alguna casa JRPJ . ella hablaba de algo y yo la oía como quien oye llover hasta que algo de Noé me despabiló. Un ritmo de tambor. —Vamos —me dijo. Luego caminé hasta el cuarto. estando quietos uno al lado del otro mirábamos al techo. le dije —tenía sexo para distraerse. —¿Qué dices? —Que si Noé no se fastidiaba con ese diluvio tan largo. —Con su esposa —le respondí. —No. buscó en la bandeja de jamón. Sus senos se agitaban con el movimiento. Comenzó por la blusa y la dejó estirada en una de las sillas del comedor. pues yo no lo hice. ¡Qué vaina con esa Negra! (risa seguida de tos leve). pero me había quedado paralizado viendo la ventana. La seguí hasta la puerta que da al patio por pura curiosidad. De repente me dijo que nos fuéramos al cuarto y se metió bajo las sábanas y desde allí me invitó otra vez. —¿Con quién. Así seguimos conversando hasta que de repente se paró de la cama.

las piernas dobladas de jinete y los pechos alineados con el horizonte. Al tiempo que un relámpago iluminó su silueta en el fondo del patio. me estremeció la imagen: la Negra estaba sentada en el tronco como si estuviera montando a un animal. que se hacía impostergable. Allí mismo hicimos el amor y yo me comporté para bien o para mal como un quinceañero. ni cuidarme de los rasguños de los cactos. el frío era tan desagradable que me obligó a levantarme del suelo mojado. sorbito de agua mineral). En la penumbra de la noche apenas podía distinguir su contorno. con los brazos extendidos hacia el cielo. ni siquiera hay que pedirle con fe para que te conceda (tos leve.pÉêÉë ëçëéÉÅÜçëçë vecina y la conminaba a bailar. Al poco rato. JRQJ . Comencé a bailar sin importarme que nunca en la vida había bailado tambor. Entonces lejos de saber qué era lo que hacía. Allí me volví para ver si la Negra me seguía. La Negra empezó a moverse. Mi único interés era el ritmo y la piel mojada de la Negra. pensé: —Esa Negra es mejor que una diosa. Caminé hacia la entrada de la casa empapado de pie a cabeza y ya con escalofríos. Me distraje viéndola hasta que en un instante me tomó de la mano y otra vez me dejé llevar por ella.

îÉåí~å~ë Åçå îáëí~ éêçéá~ Nada me retuvo. a través de una noche iluminada. Hacia placeres que estaban tanto en la realidad como en mi ser. hçåëí~åíáåçë h~î~Ñáë . como sólo los audaces beben placer. Y bebí un vino fuerte. Me liberé y fui.

.

dejé su apartamento y vine a casa de mi madre. y eso a mi mamá siempre la había entusiasmado hasta delirar. No obstante. Talía. Y ya que hago un boceto de su figura. El pelo se mantiene en un bailoteo perseverante. la cual es equívoca y francamente adversa. la corbata y la camisa impecable. Un día tomé mis cosas. y tú el sabor alegre y picante con el que la gente se hartaría a gusto. le dije que no tenía problema.. Estaba cerca de aquí y me preguntó si podía hablar conmigo.Analogía Mi separación fue una decisión repentina. ”. Por eso quedé sorprendida cuando recibí su llamada luego de más de un mes sin vernos ni hablarnos. al igual que lo huidizo de sus ojos. remataría con su sonrisa. Ella pensaba que el linaje debía mejorar con cada retoño y fantaseaba con una nieta que tuviera la música de mi cuerpo y la finura de Raimundo. piénsalo como una cena de lujo. Así que estamos sentados en las sillas poltronas de la sala y él me cuenta sus planes. RT . de acuerdo a una exagerada rutina. Y no te lo digo porque seas mi hija. Pero a decir verdad el tema de un hijo con él nunca lo tratamos. ahora usa un perfume con aroma de madera añeja. pero mantiene. hay que decir que Raimundo es un hombre verdaderamente hermoso. que viniera. donde él pone la presentación de la mesa. reflejo de un espíritu ansioso. “Claro que sí..

con una lata de cerveza en la mano. En tanto que estaba yo todavía sumergida en mi pregunta.. sin siquiera un introito. ni del pasado. ¿Que si lo pensé? Por favor. Allí aparecemos riéndonos despreocupados. ya sé. Ah. “Todo se acabó. algunos se diseminaban hastiados en las discotecas del este de la ciudad. Ni lo diga. Han pasado cuatro años y de pronto ese casual tropezón me traslada a los recuerdos del comienzo.. Pues precisamente su nombre pertenece a la que encarna la belleza. hasta para mí. entre tanto despide el humo del cigarrillo que había retenido. no estamos peleados. mamá. ahora descubro que fue puesta sobre la mesa por mamá con toda su intención. sus palabras. —He decidido comenzar de nuevo —me dice. Y aquel hombrón me había derretido de pies a cabeza. Me pregunto: “¿por qué permití que esta relación durara tanto tiempo?”. Se mantiene de pie. No te preocupes”. Pero tenía fe. nos visitó por un pleito legal que él compartía con mis jefes.” (le hice ver que lo había meditado cuidadosamente. gracia es lo que Usted emana con cada gesto”. pues había un ascensor al éxito y en cambio yo estaba anclada como secretaria de un bufete de abogados. Una mañana conocí a Raimundo. el caso los había ubicado en lados opuestos. data de los primeros días de mi relación con Raimundo. señor Raimundo. Ay gracias. ¡Ah.pÉêÉë ëçëéÉÅÜçëçë Mi mirada se mantiene en la mesa de la sala y sin querer tropieza con un portarretrato.. En la foto aparecemos abrazados. Fe en que para todos había oportunidad. que a este país no lo paraba nadie. En aquellos días la vida fluía a pleno desmadre. qué bello nombre! Gracias. Vuelvo a tropezar con la misma fotografía. la gente gritaba. “No mamá. y agrega: —No volveré al bufete. me refiero a la escultura de las muchachas que está en la plaza de Los Chaguaramos. ¿me dijo que se llama Talía? Ajá. me confundieron por un momento. señor Raimundo. siempre me ha gustado. me vine y ya. ¿Sabía que así se llama una de las Tres Gracias?. no obstante. no de mí. aunque la verdad es que actúo mejor por instintos).. al igual que usted. “Mucho gusto. JRUJ . Todos queríamos un mundo mejor y sólo había que tener dinero para subir. pero Raimundo habla de su trabajo. dichas a secas. mientras que a mí de inmediato me ubicó del suyo. señorita. es inútil que insistas.

. yo me había parado frente a él y él yacía recostado en la cama.Analogía Al mediodía. y de ponerme el vestido salmón de tiras delgadas que iba a estrenar el Día de la Secretaria. subí en ascensor hasta el restaurante del piso 13. allí mismo mirando al techo que debía ser gris aunque lo viera blanco. veía mis tetas desplegadas y yo veía sus ojos puyudos. al contrario. ni tan ansiosa ni tan cándida. Lo decía con fe. o casi totalmente agradecido. JRVJ . ¿y cuántos años tienes. Por supuesto que no había imaginado que lo vestiría en aquel restaurante que hubiera embelesado a cualquier cenicienta en pleno ascenso social. mi corazón despuntaba pleno de agradecimiento. ¡guauu!. y las tiras se desanudaron para que el vestido comenzara a rodar. Raimundo me esperaba jugueteando con las margaritas que salían coquetas de un florero —y con lo que a mí me vuelven loca las margaritas— para almorzar juntos. recién cumpliditos. frente a las constituciones que les quedan grandes”. llenos de ilusión. y yo le dije aquí estoy Ray. refiriéndose. me lo quitaría suavemente frente a Raimundo. como él mismo solía comentar. en esa misma noche. pero que. desde donde se podía ver la ciudad en pleno trajín. Para ese momento. a otras situaciones. una vez. ¿qué digo tres? dos veces.. Esa misma mañana me había despertado con un extraño furor de tomar ventaja del mundo conocido hasta ese entonces. Muchas veces he pensado que ese día fue tan vertiginoso como las 24 horas de Le Mans. Y. pues estaba ganada a la idea de que aquel día. Mejor dicho. y Raymundo se lanzó sobre mí. y en una mesa con mantel de hilo. yo siempre las he relacionado con estos casos. claro está. y me dijo ponte aquí. ¿Me lo juras? Te lo juro”. incluso con mi espíritu aún inflamado. en menos que el gallo hubiera cantado tres veces. “Me puedes llamar Raimundo a secas. con la misma que todos los días había rogado al país que me diera una oportunidad. ¿qué digo dos?. así de fácil. Tampoco habría de suponer que más tarde en un lujoso apartamento —el suyo— que aparentaba más bien un campo de fútbol para un solo jugador. con un simple zuás. hecha una mata de ansiedad. cayó como un pescadito muerto en la alfombra del cuarto. el país me la había concedido. antes que hubiera cantado ya Raimundo suspiraba a mi lado recordando un placer efímero del cual no me había quedado ni el suspiro. Lo cierto es que a pesar de estar completamente turuleta por lo que acontecía. hasta que. con la misma determinación “de los pueblos ingenuos. como los dos patitos? Sí. 22? ¿22. y para que quede claro.

Se dirige a la ventana y allí fuma sin darle tregua al cigarrillo hasta que advierte que lo ha consumido a la mitad y lo lanza al vacío. Una puntada recorre mis intestinos. Aun así tengo el tupé de preguntarme: “¿y es que acaso estará hablando de amor?”. —Sólo tuviste un juicio adverso —le digo esquivando la proposición. he venido a verte para que nos demos una oportunidad. no tengo por qué también perderte a ti. o tal vez me equivoque y no vaya a ser más bien alguna esperanza que desconozco. Prepara el corolario y me dice: —Aunque perdí el pleito. Cómo explicar que él precisamente había sido la más preciosa oportunidad. y me mantenía alerta para que los vasos de güisqui no se vaciaran del todo. —He venido por una reconciliación —me dice a quemarropa. —Creo que te debo una nueva oportunidad —me revela y agrega que mientras permanecía alejado de todo y meditaba sobre el futuro. y luego iba apareciendo el pliegue de brillantez que poseen algunas mentes ennoblecidas. De esa manera pasábamos el tiempo. También conversaba con sus amigos que le consultaban los casos jurídicos más peliagudos.pÉêÉë ëçëéÉÅÜçëçë Ahora dice que no volverá al bufete. sin embargo cede paulatinamente. Me aventuro a descifrar en su mirada una pizca de nostalgia por el destino de la colilla. Pero Raimundo no era como los demás. Solían visitarnos. Raimundo usualmente prefería charlar sobre otros temas. él estaba apegado a la ley. y yo estaba lista para preparar algún pasapalo. recorriendo su mente y distrayendo sus ideas. Cuando lo hacía. No me puedo imaginar. como si fuera un pensamiento errante recorriendo torpemente su mente tan privilegiada. yo que soy tan sedentaria y citadina. —Talía. en realidad esos encuentros degeneraban en visitas sociales. decían ellos y se reían de su propia justicia fronteriza. que debe ser más tupida que el propio Amazonas y tan elevada como el Éverest. e instintivamente llevo la mano al estómago. yo a menudo me entretenía mirando la forma cómo su entrecejo se abultaba. para decirlo de otra manera. temas más elevados: se preguntaba en voz alta la manera de resolver sus casos jurídicos. pero que en algún momento del pasado tal ilusión se había desperdiciado. continuamente aparecía yo. Por eso lo JSMJ . “Este país se ha vuelto un botín”. Permanecemos callados. al comienzo casi de modo imperceptible. Lo interpreto como una señal.

Se cierra el telón. Se abre el telón. entonces mi madre aprovechaba para deprimirse. No esperaba. como si ligando los números cantados se pudiera desatar el destino. Enseguida pedíamos por teléfono la comida. y tan pronto regresaba a casa. usualmente escogía el momento en que tenía alzada mi copa de vino. Una noche me quedé dormida en el sofá de la sala.Analogía admiraba. la cabeza de Raimundo. dispuestos uno tras otro. ni mucho menos. pero qué me importaba a mí si creía que el beso complacía a Raimundo. Se cierra el telón. se iba al estudio a guardar su maletín. entra al baño. que Raimundo continuamente requiere reencontrarse consigo mismo. pues había tomado la costumbre de beberlo en las noches. la serpiente deja de corretearme. Aunque tampoco esperaba recibir la encandilada pasioncita que se cruzaba entre las esposas de sus amigos. y me invitaba a jugar bingo en los centros comerciales. pasa a mi lado. El periplo de Raimundo era generalmente breve. se han convertido en una horrible serpiente gigante que se divierte en perseguirme por toda la casa. Se abre el telón y la serpiente comienza a meterse por la JSNJ . Se cierra el telón. como lo he dicho anteriormente— por lo que Raimundo acababa antes que yo. De súbito hay un cambio —frecuentes en los sueños y en las obras de teatro—. entre una cosa y otra. pero antes me doy cuenta que el libro más voluminoso es. pero se cuidaba de no contaminarme con sus temores. En tanto él aprovechaba el ínterin para bañarse y todavía con el pelo mojado cenábamos. a la vez. A veces él necesitaba estar fuera de casa. luego. y se dirigía a su estudio con la intención de culminar algunos detalles que siempre estaban pendientes. De pronto se abre el telón y aparecen alineados todos los libros de leyes. manuscritos y folios que tiene Raimundo. Se abre el telón y aparece que los libros. Acto seguido se levantaba de la mesa con alguna impecable disculpa. en el sueño aparezco como soy en la actualidad. Sus movimientos en el plato resultaban frecuentemente más rápidos que los míos —circunstancia que se extendía a otros ámbitos de nuestra relación. Entonces me sentaba a su lado y frente a todos lo besaba con la sorpresa de una estrella fugaz en medio de la sala. a que las visitas pidieran un deseo. soñé que estaba en el teatro del colegio de primaria y ensayábamos para un acto cultural. encontrábamos el tiempo justo para besarnos. Mi mirada lo seguía hasta que la puerta del estudio se cerraba. Disimulaba al decirme que los hombres en ocasiones necesitan estar solos.

abrí mis piernas imaginándome que le ponía a su disposición un teclado para que sus dedos probaran a hacer música conmigo. permití que mi falda formara un túnel que se abriera frente a él. me muero por verlo tocar de cerca”. Al llegar nos sentamos en la alfombra. Me despierto. una pareja se acerca al pianista. es de madrugada y al ver la línea de luz debajo de la puerta doy cuenta que Raimundo todavía permanece en el estudio. las notas del piano lograban el hechizo de trasladarnos a sitios encantados y de hacernos querer más vino blanco. “Terminaste el vino. Aquí sólo se interpreta jazz latino”.pÉêÉë ëçëéÉÅÜçëçë poceta. a diferencia. camino al carro. le tomé la mano y me acordé de la mano del negro y me preguntaba si ese pianista tendría una esposa y me imaginaba que ella era muy feliz con él. seguramente por una petición.. Talía. El salón estaba a medio llenar porque era martes y era temprano. Creo que prefería cambiar el estilo de música y optó por Mozart. Su mirada. celebrábamos. y me provocaba abrazar a Raimundo porque esa música me había atiborrado de una ilusión repentina. Yo me detuve en sus palabras. lo primero en introducirse es la cabeza de Raimundo. Pero. Raimundo? Jazz. insinuándole a que lo recorriera a voluntad. ya va…” Y terminamos por salir del lugar. y yo me sentía tan alentada en esos momentos que. traté de ver qué había detrás de ellas. Talía. Una vez decidió ir a un bar de El Rosal. “El último. nos manteníamos callamos hasta que él avanzó con un comentario. ya habíamos oído jazz y lo que quería era atrapar el momento y hacerlo eterno. al fin y al cabo. “¿Y por qué no vamos. Sí. Pronto el pianista cierra su ronda y todos regresan a su asiento. escogió alzarse por JSOJ . Bajo el agua de la poceta y de inmediato el reptil desaparece por completo. para quienes estábamos sentados en las mesas y en la barra. Pero es que este negro toca riquísimo. él sacó un CD. El ambiente se tornó propicio. una simple ocurrencia salida del bufete durante la mañana. pensé en lo mucho que él se deja llevar por su trabajo y entonces alcé mis rodillas. uno frente al otro. con unas manos volátiles que eran más rápidas que la vista. y termina cautiva del piano. sólo para referirse a un detalle. Otra pareja se aproxima. La música emergía de un piano de cola resplandeciente que tocaba un negro retinto. Tomaríamos unos tragos y oiríamos jazz. La gente comenzaba a llenar las mesas y de repente. Le invitaba a hacer el amor con urgencia. ¿Qué es lo que toca. No repliqué porque. pero él no lo notó o fingió que no lo notó.. porque tenemos que irnos a casa. Raimundo?. En otras ocasiones. entre un caso resuelto y otro.

las triquiñuelas administrativas. Al día siguiente me levanté con la cabeza agredida por un grupo de diminutos mineros que taladraban una veta importante en mi cerebro o cerebelo. me encontró desnuda y completamente borracha deambulando por la sala. Era obvio que el teclado que había dispuesto y el túnel que había despejado no llevaban a ningún sitio. y al final de todo perdí el juicio. pienso. con todo listo para el día decisivo. Su rostro se había despejado.. sin duda anticipaba el éxito. No pondré un pie en el anterior. podían ser más importantes que el fallo del tribunal que estaba pronto a ser anunciado y que más tarde perdería. con dos aspirinas para provocar una huelga general JSPJ . porque yo tenía que ganar. “Nada que por ahora no pueda aguantar”. —¿Y qué vas a hacer? —le pregunto. aunque desconocía lo que las había hecho salir con tanta franqueza. Para su último caso legal. Me encaminé hacia la cocina para preparar café (ya Raimundo había salido al bufete). Raimundo había decidido acostarse. por qué lo dices? Porque tú y todos tus libros son unas salchichas de mierda”. pensando en ir a dormir. —No comprendes lo que me afectó este caso. ese que había perdido. De seguido le respondí: “Porque todas tus leyes son unas salchichas de mierda. La noche anterior. Lo tomé sin azúcar. no entiendo. me preparé como ninguno. cuando Raimundo salió del estudio. Empezaré de cero. Pensé en todos los vericuetos jurídicos. invertiré algo de dinero. más que eso. Talía —habla mientras continúa fumando como turco—. pues en algún momento que pasó. repetí. Tengo molestias que van y vienen en mi estómago. buscaré algunos buenos abogados y formaré el mejor equipo del país. se había esmerado sin darle tregua al sudor. sin que pudiera percatarme. también caía en cuenta de lo injusta que había sido con su trabajo al suponer que acciones ramplonas como las que había sugerido con mis piernas. Al final todo se quedó allí mismo. ¿Pero. qué sé yo. tenía los pelos en la cara y parecía venir de muy lejos. porque mi cliente tenía que ganar. —Mi propio bufete. y me preguntó qué era lo que me pasaba y por qué estaba en ese estado.. mientras tanto yo permanecía vagando por la sala o sentada en el balcón por un tiempo más.Analogía encima de mí y llegar hasta el techo donde descansó plácidamente. Raimundo amaba el trabajo. Mis palabras se habían despojando de escrúpulos.

Tomaré unos días para preparar el nuevo bufete y luego pensaremos en lo nuestro —murmura. Raimundo insiste: —Piénsalo. —¿Lo harás? —Sí. Comenzaremos de nuevo. y entonces las relacioné con aquel extraño sueño de la serpiente de libros que había desaparecido por la poceta. lo pensaré —contesto llevándole la corriente. él me sigue pesadamente hasta que al fin sale. Raimundo —le digo reafirmando lo que parece evidente. esas palabras locas y sin sentido que le había dicho a Raimundo la noche anterior. El perfume evoca a madera añeja. lo haré —le digo desesperada. pero esta vez va en serio”. Permanecí sentada con los ojos cerrados. Fue en esa ocasión cuando recordé lo de las salchichas. merodeando libremente por los escondrijos más recientes de mi mente. —Veo optimismo en tus planes. regresa al apartamento. luego de haberme librado de los retorcijones. como si todo lo nuestro no fuera ya un caso perdido en el desaguadero. “Tengo que ir al baño. al tiempo que estruja la colilla en el cenicero y se acerca. Me paro del asiento y me dirijo a la puerta. pienso. —Lo estoy. Me dice: —Talía. Otra vez aparece la molestia que me hace llevar la mano al estómago. Corro al baño y. JSQJ . amor —Sí.pÉêÉë ëçëéÉÅÜçëçë de mineros. Así que bastaron unos cuantos segundos de estupor para que una sonrisa se perfilara en mi rostro. Talía. bajo el agua.

La manzana de Newton Allí estaba. Atacada por impulsos eléctricos que. pero esa noche decidimos refugiar nuestros cuerpos entre sábanas inflamadas y promesas eternas. deslizándome entre fantasías: Era una noche delirante. administrando con cuentagotas el goce que producen. cuando un puñado de golpes a la puerta del cuarto y los gritos de mi madre me obligaron a dar una respuesta rápida: —Dime. sabiendo disfrutar la sensación de las cosas justo en el momento antes de ser completada. Así estaba. SR . Sabíamos que al día siguiente un tren nos partiría en dos. disparados desde aquellas fantasías eróticas. mami —contesté con mi mejor falsete. Está abajo preguntando por ti. Con cada beso rogába-mos al día que nunca se asomara por la ventana. Luces que hay que mirar con cautela. excitada con las imágenes que brindaban aquellos cuerpos en la noche. a punto de cantar aguinaldos. Me encontraba pues. Cada impulso encendía de placer el lugar como si fuera un arbolito de navidad con luces que se encienden y se apagan. en medio de mi propia navidad. —Es Yamilé. penetraban de forma recurrente en los recintos más desguarnecidos de mi cuerpo. y animados por la penumbra del cuarto decidimos aferrarnos con fe a la existencia de una noche eterna.

aquel fisgón se confundiera creyendo que yo pudiera ser el navegante de las tres carabelas descubriendo alguna playa tropical. en realidad no lo hay. Somos lo que se podría decir dos polos opuestos: ella el polo sur y yo el polo norte. “Quedarán pendientes. Yamilé es un imán. Aunque si trato de buscar algo en común. —Dile que suba —agregué resignada. y yo ya ni siquiera voy a misa. De un brinco alcancé el clóset. busqué la blusa que vestiría y la puse encima de la cama. Me moví frente al espejo detrás de mi puerta y. Pero en ese momento desembarcó en mi mente la viñeta de Colón que alguien pegó en la cartelera de historia del Instituto. Rendida ante tal posibilidad. incluyendo a Luis. y se sienta en la cama como si reposara en el lado oscuro de la luna. me prometí. A primera vista nada nos une. pero a pesar de todo pasamos los días juntas. Yamilé jamás me hubiera invitado estudiar. A veces pienso que me aprovecho de su amistad. alguna razón que explique nuestra amistad. y afrontando la realidad apagué las lucecitas intermitentes. Con decir que a mí me gusta Luis y a ella le gustan todos. JSSJ . y yo me tatué en la espalda un arabesco en forma de flecha que apunta hacia la raja. sin que yo le pudiera creer. Sentí el terror que he vivido otras veces de que alguien se hubiera escondido en el interior del espejo con la sola intención de espiar.”. pero me respondo que es simplemente mi amiga. La observo pasar a mi lado con un aire ajeno. —Yamilé. Iba a comenzar con los ejercicios para el examen en este momento… —Entonces hagámoslos juntas —me interrumpió. remé de regreso y me lancé de nuevo a la cama. a pesar de haber tenido destinos diferentes. como ocurre siempre cuando me veo. Ella cree en María Lionza e invoca al Negro Primero.pÉêÉë ëçëéÉÅÜçëçë —Ya voy —respondí por puro automatismo. Descubrí que. compartíamos el mismo peinado. Siempre tiene gente a su alrededor. —¿De qué? —se mostró sorprendida. y que al momento de contemplarme.. son las 11:00 y nos quedamos en ver después de almuerzo —la cuestiono meneando la cabeza—. me horrorizó mi pelo. ni siquiera si fuera necesario.. —¿Y eso? —le pregunté cuando entró al cuarto. Es que siendo tan popular muchos la buscan. Ella tiene una rosa roja que se eleva bajo su ombligo.

a ratos. Unos segundos después el tren comienza a moverse despacio.La manzana de Newton —A ti te pasa algo. me impide ver por entre las ventanillas. tomo el coche tirado por dos caballos que me lleva frente a la vieja estación de tren desde donde él habrá de partir (no recuerdo la película que me está ayudando a imaginarme el lugar donde me encuentro). Déjame buscar unas hojas. —¿Lo podemos fumar? —imploró. Yamilé comenzaba a fumar. disfrutando de cierta intranquilidad hasta consumirlo a todo pulmón. esperé mi turno. pero no fui capaz de cumplir. nos quedamos calladas.. observo a otros que como yo han acudido a decir adiós. Las dos vimos cómo eso. —Ahí mismo lo tienes —contesté señalándole el libro junto a ella. que no había problema. en la cama. Yamilé —la increpé. es que tengan los resultados malos. Las ecuaciones del seno y coseno. saca el libro para comenzar de una vez. Pero luego de instantes en los que simulé haber meditado suficiente le contesté que sí. —Amiga —interrumpió. Yamilé acabó lanzándolo por la ventana. que ya no era nada. Habíamos concertado que él partiría solitario al día siguiente mientras yo permanecería hundida en nuestro propio lecho. lo aspiré despacio. Al voltearme. lo más probable. Luego. —¿Ahora? —le pregunté sorprendida. y una vez que se hizo insostenible en sus dedos. Quise despedirlo a escondidas. Dejamos por el momento pendiente el repaso de trigonometría y le dije: —Sólo déjame ajustar la puerta y abrir la ventana.. Sin temer que se fuera a acabar todo de una vez. —¿Qué? —Traje esto. se despidió de nosotras con un suspiro contagiado por nuestra nostalgia y cayó desde el quinto piso. alejándose. hay unos ejercicios en el problemario que. sin atolondrarme ni por un momento. Sin darle tiempo a opinar agregué: —Te propongo repasar el círculo trigonométrico. Es invierno. sacan sus pañuelos blancos preparándose para la despedida. —¡Ah pues! No me pasa nada. mientras yo indago desesperadamente a través de los vidrios empañados de los vagones de pasajeros. tratando JSTJ . Casi a un mismo tiempo. intercambiándolo generosamente. Me enseñó un paquete en el que había suficiente hierba para una semana. El vapor del tren. Extraña en mi propio cuerpo.

Mi mano sostiene contra el piso una sombrilla de flores discretas. Me había puesto un abrigo que me cubría hasta los tobillos. La otra se acurruca en uno de los bolsillos del abrigo que hace juego con un sombrero de fieltro. me obligan a cerrar los ojos. Me parezco a una de esas mujeres de los cuadros de Renoir.) El tren se alejaba. (Pienso en hacer regresar el tren —es obvio que puedo hacerlo— bastaría con obligar a la imaginación a recrear mi historia. Pese a todo no negaré que me siento romántica —una tímida blonda de seda se asoma por una de las mangas del abrigo—. amarillenta como si fuera una vieja fotografía de papel. y una vez frente a frente le diría que lo esperaré por siempre. Al cruzar el portal de salida del terminal noto que el gris de la estación contrasta con la calle blanca. Nevaba. Hacía frío. ¡Al fin lo veo!. los árboles blancos y los rayos del sol que. siendo todavía más blancos. que no me hace falta —excepto por el frío— porque en este caso mi pelo es negro y tan suave que flota en el aire. sin embargo. y —¿por qué no?— deshojar mi coquetería mientras me muestro al mundo (pero no debo olvidar que la trama que se devela en una despedida es habitualmente triste). los techos blancos. Que estaré pendiente de sus batallas y que también pelearé atrincherada desde la soledad de nuestra casa. no sé qué hacer aparte de quedarme quieta. e ignoraba el viento helado que corría por el andén. Necesito saber cómo es mi figura en aquel pasillo de trenes. Camino desenvuelta buscando la salida y me doy cuenta de que aún no he pensado en cómo será la casa donde vivo. pueda curiosearme a mi antojo.pÉêÉë ëçëéÉÅÜçëçë de encontrar su rostro. me pregunto y a la vez me mortifico. En ese rincón me reconozco totalmente aislada (indiscutiblemente ya todos se han marchado). pues supuse que se lo había dicho la noche anterior. JSUJ . El ruido de la máquina había sido tragado por el silencio. Quisiera salir de la estación y mostrarme a todos tal cual soy. entumecida. no obstante. De manera cruel pienso que pudiera confundirlo con otro soldado. en nuestra despedida. Iré a casa. desde cierta distancia. ciertamente será más grande debido a mi soledad. “¿Y si tengo que decirle algo?”. Súbitamente otra ráfaga inexplicable me obliga a hacer un paréntesis en la historia que estoy fantaseando. Me veo parada allí con una vida y una historia que se desentraña cien años antes. pero ya es tarde. sólo distingo a simples soldados de rasgos tristes. Cualquiera de ellos podía ser él. Vacilo sobre lo que debería decirle si lo encuentro. y el silencio desvestía mi soledad. con la mirada absorta en la dirección por donde se fue el tren. Pero inmediatamente desisto. Me traslado hasta un ángulo adecuado para que. Detengo los acontecimientos porque quiero verme. y no hago nada.

Deliberamos. más daba la impresión de que todos sus esfuerzos no eran más que una tarea inútil. supe que nada de lo que le acontecía tenía que ver con su pelo. pues podía oír cómo el espejo repetía otro tanto a Yamilé. Contenta de tenerla a mi lado me daba gusto de que pudiéramos estudiar juntas. De pronto. Este problema es mejor. No obstante. aunque no me veía. Me sentía feliz. igual no era posible quedarnos en la habitación. Decidimos dejar el repaso con un suspendido hasta nuevo aviso. Ahora sí sentía que estábamos realmente listas para comenzar con la trigonometría. Momentáneamente especulé que el espejo la había afectado. —Aquí hay otro —le dije. Me pregunté si ese espejo poseía el don de responder con franqueza a cualquiera que se atreviera a indagarle sobre su pelo. Pero ahora no era la única víctima. espejito. Fue entonces cuando recordé el estribillo del cuento infantil que decía: Espejito. Me acomodé. Estudiaríamos en la cama. y por escasos segundos se mantuvo mirándome a la cara. pero al pasar delante de mí sin mirarme. que lo mejor era cerrar los libros porque este tipo de problemas no se resuelve con fórmulas trigonométricas. Entonces discurrí que podía tener el defecto de repetir forzosamente lo mismo a todas. Había estado sentada en mi cama y comenzaba a buscar entre las hojas del libro algún problema de trigonometría para resolver. me hice la prueba del tubito de color y estoy embarazada. y aunque tampoco lo íbamos a resolver ahora. —Hagamos este —le dije refiriéndome a uno de los ejercicios que no había podido acertar anteriormente. de improviso me di cuenta que Yamilé no prestaba ni pizca de atención. En mi caso siempre respondía sin titubeo: entre todas las muchachas de este país. Yamilé era mi amiga. como si hubiera concluido una operación complicada se volvió hacía mí. Terminé de vestirme como pude y me recogí el pelo con una cola de caballo sin JSVJ . —Estoy embarazada —dijo volviéndose hacia la ventana—.La manzana de Newton Cuanto más Yamilé abría los ojos frente al espejo y esforzándose estiraba y encogía el pelo. no importa la víctima que se atreviera a sondearlo y ese pensamiento tranquilizó mi cabeza. tiene quebrados y potencias. con la vista fija en la ventana. tú pelo es el más feo. Así que tendríamos que salir. sin decir palabra. Luego sus ojos cayeron de un golpe al piso. era como si hubiera sacado fuerzas de algún sitio desconocido. con la misma indolencia con que me trataba a mí.

bastó con acariciarle la cabeza para que comenzara a recobrar cierta compostura y su color habitual. —Sí amiga. los brazos caídos y la mirada fija en el techo. Pero en esta oportunidad. Estaba a punto de llover por lo que me alegré de haber metido el paraguas. De manera que. y con una fe capaz de mover montañas. empuñaba su collar de caracoles como si estos pudieran conjurar la realidad que le venía del vientre de su hija. —¿Rojo? ¡Qué vaina! —le dije sin tener idea de cómo funcionaban ni el tubito ni los colores. a su lado. Yamilé había encontrado puesto al lado de una mujer vieja. al tiempo que se negaba a respirar. que se había levantado en plena siesta perturbada por la JTMJ . Pronto surgió de su garganta una fuerza impertinente de lloriqueos que se escapaban más allá del apartamento. el sosiego sólo duró instantes. Por la cara de la vieja sentada al lado de Yamilé me imaginé que tampoco ella conocía de esos detalles. ¡qué vaina! —suspiró repitiendo la misma admiración pero por otro motivo. La semana pasada debía visitarme la regla y no apareció. Me contó que estando en casa. procurando algo de privacidad en un autobús en el que ya se dejaba entrever cierto compromiso con el límite de su capacidad. Con esta era la segunda falta. conocido el remedio. Yo permanecía de pie. Continuó contando Yamilé que su madre ya más calmada recurrió a la tía Nena. Estando en camino nos paramos en el kiosco al lado de la parada y compramos unas papitas fritas. Una amenaza ya conocida por Yamilé que su madre nunca se había atrevido cumplir. su madre se tiró en el sofá con las piernas abiertas. tan pronto tuvo el valor de destapar el embrollo en que estaba metida. estaba segura de que esos datos no hacían más que avivar su curiosidad. Te-níamos el examen de trigonometría y todavía me quedaban por repasar algunos ejercicios que eran —según creía— los que me iban a salir en el examen. así que ayer mismo compré la prueba de embarazo en la farmacia y al agregarle el reactivo salió rojo. —¿Cómo lo sabes? —¿Cómo sé qué? —¿Cómo puedes estar segura de estar en estado? —le pregunté inclinándome. Aunque ella no parecía inquietarse de que alguien pudiera enterarse de nuestra conversación. —Hace días lo venía sospechando —me respondió—.pÉêÉë ëçëéÉÅÜçëçë necesidad de acercarme al espejo. Nos íbamos de una vez al Instituto. Miré al cielo. No obstante.

mejor dicho. —Necesito repasar en la biblioteca —le dije abrumada por el examen. —¡Ay. en general. y tan pronto se enteró.. amiga! De eso tenemos que hablar largo. prefirió menospreciar al médium. convencida de que tenía una cabeza mejor dispuesta para manejar las crisis familiares que la de su hermana. en la misma faena. Le di la bolsita de mis papitas. ni nadie más debían saberlo. una a una. Yamilé lo había estado contando sin pausa ni cobardía. —¿Y el padre? —le pregunté en el momento justo en que daba palmadas en la bolsa a fin de que rodara hasta su boca el resto de las papitas más pertinaces. decidió que este percance quedaría únicamente y para siempre entre ellas tres. Lo hicimos apresuradas pero sin apartarnos del ritual de espantar el humo con las manos. Devoró un cachito JTNJ . La acompañé a la cantina (por el frente). y que ni el padre. En el camino me dijo que la acompañara pues necesitaba fumarse otro pitillo con total desesperación.. Al final. Pero la tía. acusó de ahogarse en pleno trance con su propio humo. tal advertencia le había sido modelada por las cenizas negras de un tabaco en las que se reveló una indeleble irrupción masculina en el seno de la familia. Percibí un toque de frustración en la vieja. recordó que semanas atrás. hubo de confesar su equivocación y. al tiempo que ella se paraba del asiento. Mostraba. La acompañé hasta un discreto patio que queda justo detrás de la cantina.La manzana de Newton algarabía que venía de la sala. resistiéndose ante la evidencia. Luego nos dio hambre. la satisfacción que da a la curiosidad el deber cumplido. y de las que se había lucrado. y a pesar de eso sentí lástima por el rollo en que estaba metida. Su tía solucionaría el embrollo con una cita que dejaría a Yamilé tal y como era antes de su desliz. dio las gracias a los caracoles que no había soltado en ningún momento. en una de sus periódicas sesiones espirituales. que además de ser prudente lo compartimos con otras dos compañeras que habíamos encontrado recostadas de la pared. Estaba a punto de llover. ya totalmente aplacada. pues ella se había tragado la suya hacía rato y comenzaba a quitarme de la mía. La vieja nos detalló. Hasta pensé que nos agradecería por las confidencias que Yamilé y yo habíamos compartido. Yamilé se moría por comerse una bala fría. a quien por ser novicio. Ya en la calle nos dirigimos al Instituto. Habíamos llegado. La madre escuchaba con atención y al final.

y las incursiones que aventuro hasta la ventanilla del funcionario son repelidas con un “no hay fondos disponibles”. la incertidumbre siempre deja caminos más seductores que la evidencia —la frase no es mía. tal como prometí.. Los bienes im-prescindibles han empezado a escasear. Veo cómo a medida que se vacía la ciudad. A veces simplemente me recuesto y permito que el tiempo recree mis pensamientos. permanezco esperando. quizás marcial. Nos hemos visto dos veces y ha ayudado a solazar mi aislamiento. Aproveché la coyuntura y cambié el tema para exigirle que teníamos que repasar para el examen. sin embargo. tejiendo el tiempo. Cambió el genio y me recordó que eso no llegaría a ocurrir. sino de una película de detectives que vi ayer en televisión). íntimamente repudio en estas circunstancias. de JTOJ . y nos fuimos a la biblioteca. se inflama mi soledad. Esa frase no le gustó. Los museos apenas abren los fines de semana. ni siquiera sé dónde está. Han pasado varios meses que no recibo carta de mi esposo. Entretanto. no obstante. quien repentinamente apareció a principios de la semana pasada como el oficial asignado para la defensa de la ciudad. tal como había sido acordado antes de partir. La disfruto en un sillón dispuesto en la sala para aprovechar los rayos del sol durante el invierno. Posee una manera quizás demasiado formal. el gobierno ha dejado de pagarme las tres cuartas partes del sueldo de mi esposo. la luz me engaña con una agradable sensación de calidez. En mi caso. que se hacía tarde. que su rosa seguiría siendo un capullo.pÉêÉë ëçëéÉÅÜçëçë y la mitad del mío. Al otro extremo del departamento queda el dormitorio. Me reí de cómo se estiraría la rosa debajo de su ombligo cuando creciera la barriga. Es extraño. La mitad de la población ha huido al campo.. que por suerte poseo. Allí. Mi único contacto con el mundo se reduce a mi cuñado. Vivo de los ahorros que obtuve de la herencia de mi padre y puedo permitirme ciertos lujos que. igual que suficiente carbón en la despensa de la cocina. (Habría podido tramar que recibí una carta donde se me notificaba su muerte. Hablamos de su embarazo. Requiere una estufa para dormir. y contrasta con la sala por la frialdad de sus paredes. o a otras regiones más al sur. Mientras la mayoría de la población tiene que buscar durante el día lo que va a quemar para sobrevivir durante la noche. bromeé. Los mercados abiertos que ofertaban legumbres y frutas en algunas calles cerca de aquí ya no existen. La lectura es mi única amiga. en la ciudad todavía no hemos oído ni un tiro y ya la guerra ha comenzado a contar a cientos de víctimas. Soy privilegiada. “hasta se podrían caer los pétalos”.

La manzana de Newton anunciar su visita: envía un soldado a caballo con un mensaje que indica el día y la hora de su visita y yo a cambio debo darle mi confirmación por escrito. Se mueve por la casa. me habla de sus decepciones amorosas antes de la guerra y puedo notar más soltura en sus palabras. al final no importa cuál sea el comentario. con una copa de ron jamaiquino que yo misma le acerco. más delgado y reservado de carácter. su mirada se desliza aprovechando el descuido travieso de mi chal. Luego el silencio nos pide levantarnos y comentar la tragedia que está sobrellevando la ciudad. Le cuesta decirlo pero realmente desconoce si está prisionero o algo peor. hubiera de pronto cautivado a tantos estudiantes. permanece discreto y evita hablar de la guerra. curiosamente solo en un mesón. Sus ojos escrutan sin tapujos los detalles de la casa y muestran mayor libertad. Cerca de la entrada la bibliotecaria se ocupaba sacando copias. Es menor que mi esposo. y aunque él insiste. No obstante. o cuando esa misma mirada abandonada se posa más tiempo que el debido en mi rostro. Todo varía cuando por algún accidente. No me imaginaba que la sala de lectura. con todo y botella —alguien me dijo que los rones de Jamaica eran los más famosos de la época). el ejército prefiere darle el status de: perdido en acción. mi respuesta invariablemente es sincera:“no requiero nada material”. evito ir más allá de lo imprescindible y lo adecuado. Una nueva JTPJ . De allí surgen algunas escenas familiares junto a sus padres en la propiedad rural que tienen al otro lado del país. y éste muestra en el escote la depresión abrup-ta de mi pecho. parece surgir desde su interior una toma de conciencia que lo hace retornar a la formalidad del primer día. Entonces. Le doy libertad para vernos tomando café. sentado frente a mí o parado junto a la ventana. e ignoró nuestra aparición. Tan pronto ingresamos alzó la vista y se fijó en Yamilé. Me pregunta si requiero algo. Muchos de los presentes eran compañeros de clase en plena preparación para el examen de trigonometría. Ella se dio cuenta. así que caminamos hasta él. En su segunda visita la conversación es más audaz. Su comportamiento es extremadamente cortés y respetuoso (me gusta un personaje circunspecto pero sensible. Por ahora. (Confesaré que esa aparente timidez en un hombre siempre ha tenido el don de cautivarme). habitualmente vacía. A un lado estaba Luis. hasta tanto se pueda confirmar un desenlace definitivo. Sus ojos y los dejos al hablar tienen el aire familiar que en cierta forma restringe mis deseos. éste invariablemente da un traspié y se desliza al tema de mi esposo. Me confirma que no se sabe nada del regimiento donde está mi esposo. o algún instinto incontrolable. Sólo recordamos el pasado. conversando en la sala.

El pelo era erguido y parecía mojado como si acabara de bañarse. a su lado. pensando en la bibliotecaria. La bibliotecaria consideró que era suficiente ese ejercicio de su autoridad y continuó con sus copias. él volvió a los ejercicios del problemario. ya famosos desde que él estudiaba. casi susurrándome. De pronto. Por unos minutos ellos hablaron en voz baja. Todo lo que estaba a mi lado iba desapareciendo: mis compañeros. me desocupa de inmediato la biblioteca —le ordenó a Luis. Lo aguanté. Ahora hablaba estirándose hacia mí. Al verla regresar a la fotocopiadora. fuimos invadidos por una inquieta risita que nos esforzamos en disimular. los estantes de libros y la bibliotecaria se habían esfumado y Luis abarcaba toda mi atención. —Mi hermano me dijo que el problemario estaba por sacar una fe de erratas por los numerosos errores. como siempre. —Es mayor que yo. Lo repasé varias veces pero no atino con el resultado del problemario. —No —me dijo mirándome a los ojos—. quizás inquieto por el examen que empezaría en una hora. —Se llama Francisco —trató inútilmente de interrumpir Yamilé. JTQJ . —comentó Luis..pÉêÉë ëçëéÉÅÜçëçë espinilla brotaba en su frente. mi vista se fue estrechando hasta descansar en un único punto: Luis. —225. —¿Cuánto te da? —le pregunté. A poco. —¿Lo resolviste? —indagué. Se gradúa el viernes de aviador militar —dijo.. —¡Entonces era el problemario que estaba malo! —me dijo dando un golpe a la mesa. Me dejó el frente. Yamilé se acomodó en el mesón. y se fijó por casualidad en uno que yo había trabajado anteriormente. a las copias que estaba sacando para buscar al origen del escándalo. No podía creer lo que estaba sucediendo. Me sentí encumbrada. por un momento. quien en un acto de contrición había alzado su mano para reconocer su imprudencia. sin que hubiera podido dar con la solución. lo que les daba cierta intimidad. joven. que sin embargo no fue lo suficientemente discreto para evitar que la bibliotecaria renunciara. —A mí también me da ese número —dije y le mostré mi sonrisa. —No sabía que tuvieras un hermano —le dije. —Si usted no baja la voz. Creo que era la primera vez que se fijaba en mí.

. Yamilé estaba totalmente extraviada y sin rumbo. ¿No? No es que no. y estos a su vez. no hay olores. De pronto acontece un accidente sideral. Yamilé. con nuestro trabajo. —¿Qué te parece si solucionamos este? —me propuso Luis. Nos ordena que abandonemos la biblioteca. Le digo que sí. ¿es que si quieres que te cuente el cuento del. por eso. abultado en los polos y prieto en el ecuador. Pero nosotros sí nos ubicábamos perfectamente en el ejercicio. con tangentes en los denominadores. entrenados astronautas mandados desde la NASA. Lo hacemos bien. Que tiene quebrados de senos y cosenos. son al mismo tiempo. Al instante. Estaba emocionada. teníamos la misión de explorar ese planeta inhóspito. una lluvia de meteoritos nos arranca de tan honda concentración. nadie grita. ¿Entendiste?. ? Sería en vano. que lo hagamos sin pérdida de tiempo. En el camino advierto un error en un cambio de signo y rápido se corrige la trayectoria. Así que puedo estar segura de que no habrá alguien que pudiera besarme y decirme que me quiere sin dudar que es Luis quien me dice y me besa. viéndonos casi a diario. que era el último ejercicio del problemario de trigonometría. Me provoca jugar con ella el cuento del gallo pelón y explicarle que lo que vamos a intentar resolver es el último de los ejercicios de trigonometría del problemario. Parecía increíble que después de meses asistiendo a la misma clase. que recojamos todo y entreguemos los libros prestados. se va achicando y cada vez se hace más simple y comprensible. Permanece perdida. que no tiene corazón. A cambio.La manzana de Newton —Lo vi el domingo pasado con su uniforme militar —insistió Yamilé tratando de engancharse en la conversación. quebrados con nuevos denominadores. Era la voz fofa e inconfundible de la bibliotecaria que requiere decirnos algo.. Descubrimos que es un planeta incoloro. pero tampoco esta vez ninguno de nosotros le prestó atención. El problema de trigonometría. Yo lo seguí. él me espera cuando me canso en los trayectos más empinados de las montañas. cosenos y tangentes que cuelgan a su alrededor. Me volteo hacia Yamilé. Nos informa JTRJ . abriendo el libro. nos posamos en su árida superficie. La vemos apechugada entre dos profesores. todos adornados con otros senos. uno de ellos es el profesor de matemáticas. nunca hubiéramos tenido un encuentro en el que intercambiáramos más de dos palabras. Luis y yo. En ese momento él tomó el lápiz para comenzar con el ejercicio.

Pero a diferencia de la manzana de Newton —que evidentemente sí cayó—. —. en mi vida todo queda suspendido en el espacio. le he puesto emoción a mi vida con tal de acelerar cualquier desenlace. JTSJ . —El examen lo haremos después —contestó éste dirigiéndose a la puerta —. ¡Estudien para que no les agarre de sorpresa! En algunos. y que por más que trate de jugar con la imaginación terminará frustrado. similar a la de un cinéfilo a quien no se le permite ver el final de la película. La primera ocurrió estando sentados en el salón de clases. quería salir de esta irresolución. con los lápices afilados y bandadas de murciélagos volando en el interior de estómagos cobardes. a pesar de los 17 años ya cumplidos. este anuncio fue como si después de estar perdidos en el espacio exterior. Salimos en cambote y formamos grupos espontáneos al frente del Instituto. además era la segunda vez que lo retrasaban. se sentían frustrados porque el examen se suspendiera otra vez. apareció una botella de güisqui casi vacía. un equipo de rescate les hubiera traído a una estación espacial segura impidiendo una tragedia. en cambio. y tirada en el suelo. Amenazaba con llover. violando cualquier ley.pÉêÉë ëçëéÉÅÜçëçë que la huelga de profesores ha comenzado y repite que debemos salir de inmediato pues cerrarán el Instituto. sin poder ver el the end. incluyendo mi virginidad. Así es el signo de mi vida. Es por eso que mi vida permanece en vilo. no ha tenido todavía el the end esperado. La huelga nos había dado un tiempo extra que ahora podíamos malcriar a nuestro antojo. ésta contestó que en tales circunstancias lo aconsejable era que lo dejaran tranquilo hasta el día siguiente. estos acontecimientos no eran raros. El chisme que corrió fue que encontraron al profesor de matemáticas en la sala de profesores recostado sobre la mesa de su cubículo. Por eso algunos. entre algunas hojas fotocopiadas del famoso teorema complejo de números imaginarios. al contrario. La constante de mi vida ha sido siempre que las cosas se mantengan inconclusas. incluyendo la Ley de Gravitación Universal.¿Y el examen? —gritó Luis apuntando su mirada al profesor de matemáticas. Luis entre esos. sin poder salir por la tangente. Luis. dando vueltas sin saber por dónde está el seno o el coseno. donde todo. El profesor dormía sin retorno con tal perseverancia que al comunicarse con su esposa. sin embargo. Para mí.. No simplemente por falta de deseos.. aun si tengo que esperar a que las cosas maduren para caer.

—Te llamo después —procuró pactar Luis. —Sí. En cambio.. por detrás. Iba adelante. De hecho era el único lugar del mundo que tenía para guarecerme. Yo continuaba flotando. —No. —Tenemos que hablar —le ordenó en tono grave. Por tanto.La manzana de Newton —Vamos al Centro Comercial —sugirió Luis. Una gota de sudor dichoso rodó por mi cara. Luis. pensé que si pudiera saber el valor exacto de uno de los ángulos que formábamos entre nosotros.. vienes con nosotros? —le preguntó él. —¿Por fin. Los tres formábamos un triángulo. Tampoco conocía ninguna fórmula que pudiera cambiar esa tendencia. pero no supe cómo. —¿Qué? —repitió Luis. Pensé en lo estúpido de la trigonometría: en este instante el ángulo entre Luis y yo era de 180º. separado de ella por unos seis metros. no voy a ir —respondió Yamilé de lo más punzante. serpenteando entre el numeroso grupo de estudiantes. Yo estaba dichosamente confundida avanzando en una especie de cielo en la tierra. seguía de cerca mis pasos. hubiera podido determinar la distancia exacta que nos separaba y unía a los tres. el que formaban ellos dos tendía a 0º. Ya había logrado cruzar la calle. —Luis —insistió ella. Tenía que controlarme. y es tuyo. mientras se alejaba de Yamilé y comenzaba a alcanzarme. Por unos instantes. En ese momento me alcé del piso y floté de emoción. Yo la conocía. Nos invitaba a las dos pero me veía a mí. Sentí lástima de ella por segunda vez en el día. —¿Qué? —esta vez reclamó Luis. tratando de ganar espacio. Era obvia la predilección que me procuraba y Yamilé lo notó de inmediato. comprendí que desaparecer no sólo era JTTJ . —Estoy esperando un bebé —le gritó Yamilé mientras caminaba hacia él. de esos que gasto para distraer mi mente. Era lógico. hasta sacarme del grupo. sabía que no estaba acostumbrada a pasar desapercibida. Aunque creo que trataba de quitársela de encima. Pensé en huir. así que me arrastré para regresar a casa. Luis. —¡Luis! —le gritó Yamilé desde atrás. mientras él se había quedado del otro lado. Me tomaba intermitentemente por la cintura y los brazos. —fue lo último que pude escuchar mientras comenzaba a achicarme.

el ruido de las metrallas y los cañones en las afueras de la ciudad. — Señora —me saluda al verme. Esta noche nadie quiere salir a la calle. me hablaría de sacarme por el sur y de unirme a la columna que los habitantes sofocados ya comenzaban a dibujar por los campos más australes. ambos movimientos en una sola acción. así que tan pronto oí el sonido de la puerta supe que era él.pÉêÉë ëçëéÉÅÜçëçë una buena opción sino la única. sí —rezongué. y los periódicos extranjeros destacaron su coraje designándola “La Ciudad Mártir”.. tenía la perrita blanca en el regazo —como de costumbre— y fue precisamente ella la primera en saludarme. hace presumir que la batalla final está cerca. poseía las fuerzas justas para alargarme y encogerme. lo acaban de pasar por televisión. Me había figurado que al día siguiente estaría confundida con la gente. y en un esfuerzo rastrero pude llegar hasta la parada de autobús con la suerte de deslizarme dentro del colectivo que estaba a punto de salir. Quería convencerme de que esa era la única oportunidad de evadir a los bárbaros. En otros momentos me movería a pie. La muerte desconcertaba hasta a los más valientes patriotas. a quien comencé a admirar desde mi primer viaje a Margarita). Hubiera querido conocer el misterio que acompaña a las desapariciones en el Triángulo de las Bermudas. no era necesario convencerme de nada. —Supimos lo de la huelga de maestros —comentó Carmen—. sin que más palabras lograran salir de mi boca. Salida en falso. Durante el sitio. quise alcanzar mi cuarto y romper el récord de cien metros planos. Sin embargo. Me había divisado en una atiborrada carreta de bueyes asistiendo a niños huérfanos. por eso aparecería esta noche.. todos presumían lo que vendría después de los tormentos. Una vez dentro. estaba lista para escapar. Sabía que esta noche llegaría. la del piso de arriba. No obstante. escabulléndome por las veredas. Me imaginaba asumiendo el papel de heroína: desprendida conmigo misma y generosa con los demás (pienso en Juana de Arco y Luisa Cáceres de Arismendi. la ciudad había mostrado un férreo heroís-mo en su defensa. no me amilané. —Ah. ayudando a los más lentos a avanzar. Él también lo sabía. Estaba al tanto de que no tenía otro lugar adónde ir. huyendo de la guerra. había una visita. Entré a mi casa embutida. JTUJ . era Carmen. hablaba de lo más entretenida con mi mamá cuando pasé por la sala. de modo que estaba esperándolo. Pero como ocurre con los mártires.

le sucedió lo mismo que a todas las cosas que hoy me habían sido prometidas. pero sí hambre. —Voy a preparar arepas. ¿tienes hambre? —me gritó mamá al otro lado de la puerta. y luego el segundo. no se vino conmigo —les contesté—. —Todas las vías del tren han sido cortadas. Y me disculpan pero me voy urgente al baño. A decir verdad.. La tomó como si la hubiera esperado toda su vida. Me vino a la mente el acto del prestidigitador que enseñando sus manos dice: “Ahora lo ven. Entendí al instante y en mi propia casa. Vi estupefacta sus miradas que revelaban estar al tanto de lo que le acontecía a Yamilé. —Pero ahora siéntese y le traigo algo de tomar —lo interrumpo. pero si les hubiera preguntado cómo obtuvieron esa información ninguna de las dos hubiera revelado su fuente.. toda la gente está deseosa de abandonar la ciudad.La manzana de Newton —Y Yamilé.. JTVJ . —Tengo todo preparado —le grito desde el armario de los licores—. No le había hecho caso a su indecisión y me aventuré sirviéndole una copa del ron jamaiquino de siempre. como barrido por arte de magia. —Se ve que la guerra está acabando con usted —le digo con cierta preocupación. eso de la velocidad de la información en la era de la globalización. Comenzaba a anochecer y al cielo. Las dejé con el micrófono encendido para la entrevista que habían planificado. —No.. ¿no se vino contigo? —me preguntó mamá antes que lograra escapar. y ahora no lo ven”. Lo que fue un augurio seguro. Desgraciadamente el sitio no resistirá más de dos días. Tiré los libros en la cama. —hablaba para sí mismo— el único escape posible es ir al sur. ahora se mostraba en un cielo claro. Sentí curiosidad. tratar de alcanzar algún puerto y tomar todas las embarcaciones que sirvan para llevarnos a alguna de las provincias que todavía permanecen libres. —Es que la ciudad al final caerá —predice—. que durante gran parte del día había amenazado con desmoronarse en furiosa tempestad. se quedó conversando al frente del Instituto. Fui por otra. Me escabullí con un táctico doble salto continuo: el primero de la sala al baño. Ya no tienen esperanza en la victoria. de allí al cuarto.

—No quiero que te vayas todavía —le repito. a medio desvestir. —Ya voy mamá—contesté. siendo tan intensa. Lo tomo de su solapa y lo acerco a mí. no me permite distinguir los rostros de mis asesinos por más que trato de imaginármelos. me parece reconocer a Luis vestido con uniforme militar en la lista de los posibles involucrados. Me apresuro interponiéndome entre él y la puerta. pienso. “no obstante. Mis ojos encandilados sienten una luz blanca que.pÉêÉë ëçëéÉÅÜçëçë —Está bien. en las montañas. Me siento herida. Disimula estar desorientado. habíamos mudado al dormitorio. aunque confundida por la eternidad del acontecimiento. ya es tarde para esas estrategias”. no obstante recobrar mi imaginación: Tengo que despedirme —me dice levantándose del asiento. Apúrate. pero para entonces una cálida lanza me atraviesa a mitad del cuerpo y me dobla erizada de placer. Recordé a Yamilé y la despedida que no le di a Luis. JUMJ . De pronto. Nosotros también tenemos nuestro propio campo de batalla que. Quise. por un implícito acuerdo entre las partes. un movimiento de vaivén ejecutado desde la caballería o la infantería —qué puede saber uno en esos momentos en medio de la bravura de la batalla— altera sin previo aviso el frágil equilibrio de los cuerpos en lucha. Percibo sus manos alojándose en mi espalda al tiempo que su capa cae al piso (por un momento me recordó las manos de Luis que hace una hora me sujetaban por la cintura). antes de que se enfríen. pero ya me siento suficientemente preparada para solucionar cualquier problema de triángulos. Tan pronto se acerca le digo quedamente: —No quiero que te vayas todavía. el paraguas. el último ejercicio de trigonometría. Por un instante me pasó por la mente el examen suspendido. Lue-go camina lentamente hacia la silla donde había puesto su capa y el revólver. mamá —le contesté. Apela a la memoria de mi esposo. los fogonazos de los obuses y las metrallas. Sin embargo. Por la ventana pueden verse a lo lejos. luego alisa mi pelo y me atrae de nuevo hacia su cuerpo. Me mira y no dice ni una sola palabra. Busco su boca y la en-cuentro tibia. Quiero seguir batallando. —Las arepas están listas —gritó mi mamá—. Aparecen los arbolitos de navidad y un montón de lucecitas que se apagan y prenden. Afuera se oye el sonido de la batalla. Estaba tirada en la cama.

Tengo mis propias reservas. creí haber arribado a la oficina administrativa del hospital.Seres sospechosos Terapia # 1 Si fue la primera terapia es difícil decirlo. En medio de todo. Me preocupé al pensar que era hora de pagar la cuenta. El inconveniente consistía en que detrás de él. porque si bien tenía algo ahorrado en casa. justo UN . se extendió sobre los beneficios que esta actividad traía para el paciente y creo que hizo algún comentario gracioso. el médico del consultorio me sacó del desconcierto. Sin embargo. En principio. Durante un tiempo nada cambió hasta la mañana en que un enfermero me tomó por el brazo y me condujo de un pasillo a otro para finalmente toparnos con una habitación instalada en el segundo piso del edificio. por el momento no disponía de efectivo. Al comienzo estuve confundido. porque de repente me percaté sonriendo con algo que había mencionado. Me explicó que se trataba de una sesión de terapia. me molestaba que no pudiera detallar su rostro (una manía adquirida en el mundo policiaco). mis recuerdos me sitúan echado en la cama durmiendo noche y día. interrumpido a ratos por una vigilia que me hacía regresar a la habitación fatigado como si volviera de un extenuante viaje. una vez dentro. En todo caso le he puesto el número 1 y continuaré contando de aquí en adelante. no lograba concentrarme.

Naturalmente preferí evitar la mirada directa y opté por observar las pinturas de flores de acuarela colgadas en la pared. “Nada de afanes”. mejor sería decir tieso. el doctor escribía en un cuadernillo de notas algo que probablemente tenía que ver conmigo. Terapia # 2 La cita fue a las 3:00 pm y se acordaría que de ahora en adelante las terapias fueran en la tarde. los cuales habían trascurridos sin siquiera tener la menor conciencia de haberlos dormido. y que esta mañana me veía más despejado y lúcido. me había sorprendido con un tirón que me llevó del pasado al presente y me dijo: “Entonces háblame de ella”. la dificultad fue amainando y pude distinguir que el doctor era sin duda un hombre pequeño. aproveché para preguntarle cuánto tiempo llevaba interno en el hospital. de qué sentía por ser hijo único. recalcó. y en una de esas. al gato lamiéndose las patas. Sin embargo. Así que lo interrumpí y le pregunté que cuándo iba a salir de aquí porque había llegado a pensar que mi estancia se limitaría a unos días y ya llevaba dos meses. entretanto yo había quedado enmarañado. había una ventana iluminada por el sol. Así que de la cara del doctor apenas alcanzaba a advertir su silueta. El doctor me dijo que antes de pensar en darme de alta primero debería completar el tratamiento. sobre un pequeño armario.pÉêÉë ëçëéÉÅÜçëçë haciendo frente conmigo. Me había JUOJ . y que el tiempo que éste tomara iba a depender de variados factores. Me prometió que estas sesiones de terapia me habrían de mejorar la salud. Continuó hablando no recuerdo qué cosas del hospital y de mí. vestía una bata blanca y una corbata de lacito totalmente ridícula en nuestros días. Me pidió que le contara de mi niñez y de mi casa. de lo pequeño que era cuando mi padre murió. Fue entonces cuando entendí que tenía un serio problema. al pensar en los sesenta días que llevaba interno en este lugar. y me contestó: “Cuéntame cómo fue que apareció en tu vida”. Mencionó que el más importante era mi disposición a curarme. En tanto. y algo más abajo. así que estuvimos hablando de generalidades acerca de mi madre. pero yo me había olvidado de muchos detalles. casi sin darme cuenta. a medida que mis ojos se adaptaban. todo esto en un frío intercambio de preguntas y respuestas. Y le pregunté sobre qué aspecto quería que le hablara. pues ya vaticinaba a quién se refería. Me respondió que unos sesenta días. Y de buenas a primeras.

pues la pregunta del doctor suponía que debía haber un principio. Ciertamente se podrá comprender que no me hubiera sido sencillo explicarle al doctor que cuando la conocí en realidad ya la había conocido de antes. que había alcanzado a verla cuando alzaba su mano ansiosa. De manera que ante la duda de no ser comprendido. la recogía en las diferentes direcciones que ella me había indicado la jornada previa y luego la trasladaba a un destino diferente de la ciudad. sino acaso un siempre. pero que fue un acto de locura tan breve como las velas encendidas de la torta de bodas. En una ocasión le dije —hablábamos mirándonos a los ojos a través del espejo retrovisor. tal como el primer día. A medida que nos desplazábamos en el taxi. como podía ver. como cuando uno cree haber estado con anterioridad en un sitio que visita por primera vez. Flora había pedido ir a una perfumería al otro lado de la ciudad. y que allí estaba ella. «Qué contrariedad». Me reconoció desde lejos y se montó como si nos hubiéramos tratado toda la vida. no porque me disgustara hablar de ella. Al otro día regresé a la parada de autobús y allí se encontraba. que mañana volvería a estar en la parada a la misma hora. preferí facilitarlo todo simplemente describiendo los hechos. Cerca de su destino le pregunté si podíamos vernos de nuevo y ella me dijo que sí. Pero insistí. pues ella siempre se sentaba en el asiento de atrás— que una vez me había casado. le dije que pasaba por una parada de autobús. Vestía una falda corta y bien ceñida. que con gusto me esperaría. allí donde no se podían ver sus piernas regorditas. que toda mi vida se había reducido a ser policía hasta que una mañana fui acuchillado por la espalda con la noticia de un retiro prematuro que nunca habría solicitado. En pocas palabras: ella había abierto la puerta del taxi y por allí mismo se había colado en mi vida. traté de ajustar el retrovisor del carro. recorría la ciudad como taxista. es decir. Y que ahora. Acompañamos el recorrido con algunas palabras. y en el caso de Flora no se había dado un principio. nuestra conversación se había ido tornando cada vez más desinhibida. me dijo que el día anterior no había podido llegar a tiempo. por tanto. pensé entonces. Al día siguiente no estuvo. que era obvio que estaba solicitando que la llevaran y yo me había adelantado a cualquier otro. JUPJ . La cuestión se planteaba de manera diferente. Durante varios días seguimos citándonos.Seres sospechosos quedado callado por unos instantes. pero se había sentado justo en el sitio muerto.

Yo debería colaborar y él decidiría sobre mis progresos. así que quise puntualizar su interés: “¿Doctor. me causaba curiosidad la pregunta del doctor. con la suerte de una JUQJ . Se suponía que yo contaría mi vida y él la trasladaría a su cuadernillo. que era mi amigo aunque lo había conocido recientemente. me contestó. Tuve que estacionarme a la salida de una autopista y por instantes dudé si dejar que sus dedos continuaran su recorrido salvaje por mi cabeza. y agregué que era un poco áspero y formal en su trato. Esa tarde me preguntó por el Comisario Jefe. Sentí que mi nuca y mi cuerpo se habían deshecho erizándose con un placer inusitado. pero que había corroborado lo eficaz que era a la hora del trabajo. claro. en cambio. También era viable que lo hubiese mencionado anteriormente y no lo recordase. vehemente e irresistible.pÉêÉë ëçëéÉÅÜçëçë Le comenté al doctor que sólo habían bastado unos pocos días para que Flora me flechara. tampoco escamotearlo de la terapia. luego giré a mi derecha y vi los ojos aviesos del gato y pensé que la diferencia entre los interrogatorios policíacos que yo practicaba y los que el doctor me había estado consumando era sólo cuestión de formas refinadas. Una mañana noté que sus manos llegaban a mi cuello como si se hubieran liberado de algún hechizo oculto y de allí trepaban mis cabellos acariciándolos con firmeza. Terapia # 3 Comencé a entender el juego que jugábamos. quiere que le hable de Izquierdo?”. “Sí. ¿acaso Izquierdo no es amigo suyo?”. La idea de que el Jefe estuviese rondando libremente por el hospital y que se hubiera dejado ver rozó mi mente. de batas blancas y de sueños asépticos. que lo haría. Le contesté que sí. Le miré a los ojos a través de sus lentes. en la intimidad que brinda una cerveza en la sala de mi casa. no recordaba que hubiera mencionado a Izquierdo con anterioridad. Le conté que la primera vez que supe de él fue cuando apareció de sopetón en mi casa y me dijo que era un Inspector Jefe de policía. Decidí lo segundo y me respondió que sí. o voltearme y pedirle que se mudara a mi apartamento. Yo acababa de llegar de la calle derrotado por el tráfico. Más tarde habría de recapacitar. Me había tomado por sorpresa. En todo caso no tenía por qué preocuparme. que cuando conversamos a la salida de la autopista había sido la primera vez que hablábamos frente a frente y sin que tuviera que mediar el espejo retrovisor entre nuestras miradas. de presión encubierta.

“¿Dónde se habrá metido esa mujer que no atiende?”. Y me preguntaba si se había metido en la cocina. o andaba por el cuarto. De pronto. pero antes miré por el ojo de la puerta (porque todo policía. y procedió a explicarme que se trataba del caso de la calle Miranda. bien por la presencia de Izquierdo. cuando oía el timbre que sonaba sin tregua. o quien lo ha sido. o mejor por ambas. me había dicho. «Ah. “El mismo policía que me había acompañado cuando ingresé al hospital. a mi amigo. También había recordado al sargento Pestana.Seres sospechosos hormiga negra o roja. la verdad era que de primera impresión me había dado mala espina. que habían bastado pocas palabras para darme cuenta que el individuo conocía todo acerca de mí. Obviamente no parecía un Inspector Jefe. o un comprador de oro de ocasión. y que su voz era la misma de mi padre cuando suele aconsejarme. estaba en casa. El motivo de su visita tampoco tardó en ponerse al descubierto. así lo llamó porque la víctima había sido una mesonera acuchillada en un hotel barato de esa calle. Lo cierto era que ese día no había rendido ni para la gasolina. pero algo en su voz me pareció tan familiar que en un dos por tres estábamos sentados en los sillones de la sala. murmuré desde el sillón. o por la escena de volver a discutir un caso policial después de meses. Hablamos unas palabras a través de la puerta. Recuerdo que para el momento me impresionó la cantidad de pelos que salía de sus orejas y lo flaco que debería ser el tipo debajo del traje grueso que vestía. la verdad. le pregunté JURJ . según él. la policía y el tiempo habían enterrado en el olvido. ¿Usted se recuerda doctor?”. Le comenté al doctor que Izquierdo me había tomado por sorpresa. que por cierto nunca había dado el paso definitivo de la mudaza. descendieron a mi mente las paredes de la comisaría donde había trabajado por años y el desquiciado escritorio lleno de casos por concluir. Al final fui yo mismo quien se aprestó a contestar. Divisé afuera un viejo que más bien parecía un vendedor de Biblia. Flora. como no fuera por la desorbitada mirada de sabueso que le acompañaba. Habíamos pasado a la mesa del comedor —creo que tomábamos una taza de café— y yo trataba inútilmente de recordar aquel asesinato que sin duda tendría que haber ocurrido en mis días de policía pero que al presente había caído en el olvido. Me alegré que hubiera sido yo quien contestara el llamado del timbre y no Flora. no sé cuál de las dos la tiene peor a la hora de ganarse el pan. es un ser perversamente precavido). mi estimado Beltrán». me estaba pidiendo que tomara la investigación de un asesinato que.

él utilizaba ese tiempo para distraerse en otra cosa que nada tuviera que ver con mis palabras. entonces debía enmendar la plana y regresar al hecho inicial por el que se había interesado el doctor. Enfrente estaba una puerta de ala doble que conducía al patio en forma de rectángulo. Hablaba por propio gusto y con una estúpida espontaneidad. o al menos algo de esto. sin saber cuán cierta era cada una de mis vacilaciones sobre su profesionalidad o negligencia. y en ese momento en realidad lo deseaba. en un momento cualquiera. hasta que caí en cuenta de la sospechosa actitud del doctor. pero antes de llegar allí estaban las escaleras por las que subíamos al segundo piso. y ese detalle me hizo recordar que sin querer había cambiado el tema del inspector Izquierdo por el de Pestana. En esta sesión me había JUSJ . Adelante estaba la oficina de suministro y luego la sala de enfermeros donde ellos conversaban y tomaban café. Primero pasábamos por una puerta de rejas con cerradura que separaba el pasillo principal de los dormitorios. me había contestado tanto por ser verdad como por salirse del tema. En todo caso me pregunté si el tiempo que pasaba conmigo en estas sesiones era sólo para llenar sus horas de trabajo en el hospital. y si quería colaborar. “No Beltrán. pero que aún permanecían difusas. Esa tarde le dije al doctor que había estado tratando de evocar imágenes sobre mi niñez.pÉêÉë ëçëéÉÅÜçëçë para introducir el tema de Pestana. y que por consiguiente. sin embargo. dentro de ellas había recordado con todo detalle a mi gato. al hecho de que Izquierdo había aparecido en mi casa aquella noche para hablarme del caso de la calle Miranda y que me había colmado de explicaciones y me había ordenado otro tanto. Tenía la mirada solazada en los apuntes que solía tomar. y tal postura me indujo a preguntarme si realmente todo esto. le había mirado las orejas y entonces le había preguntado más por un impulso que por un reclamo: «¿Y por qué yo. El pasillo principal terminaba en la entrada del edifico (o salida según se quisiera ver). tendría algún valor para él o para mí. o mi vida. Y mientras estaba en plena discusión mental. y si mientras yo hablaba sin parar. el doctor miró el reloj colgado de la pared a mi derecha. donde se advertía un portero celoso de la puerta. que. dos de sus lados restringían la calle. no estuve presente cuando usted llegó”. Inspector?» Terapia # 4 Me fijé en el recorrido hasta el consultorio.

En esta oportunidad lo debí haber tomado por sorpresa. El gato. no estoy seguro de cuándo realmente sucedió. Misu. Precisamente su desaparición me obligaba a salir a la calle a recorrer medio vecindario en su busca. presumo que se figuraba a la caza de algún ratón imaginario. En otras ocasiones. le contaba al doctor con un evidente dejo melancólico. doctor. ¿Eso le dice algo?”. en tanto se encontraba de humor venía con la más astuta parsimonia felina para que yo lo apostara sobre mis piernas. Terapia # 7 De esta consulta todo me parece impreciso. “Había que ver cómo se le cerraban los ojos de puro placer”. Entonces mis manos aprovechaban para acariciarlo a todo lo largo de su pelambre. se alejaba a mi llamado con flemática indiferencia. Hice una pausa. pensándolo con más calma. De manera que me había dado el gustazo de contarle lo que me daba la real gana. Terapias # 5 y 6 Test de dibujos y manchas. creo JUTJ . y al fin me atreví a hacerle una pregunta con el arrojo de un desesperado: “Creo que mi gato se parece a Flora. aparecía con la sorpresa de un fantasma al mediodía. que no es sino un decir. cuando menos lo esperaba. que por cierto ya empezaba a molestarme por no saber qué era lo que allí anotaba ni con qué objeto. echado como un gran holgazán a la sombra del patio trasero de la casa. y cuando me había cansado. y presumí que no tendría nada que escribir. al que yo podía trajinar a medias. Creí por un momento que me iba a interrumpir y preguntarme algo como: “De qué gato está hablando. lamiendo sus patas y quizás soñando sus propias aventuras. ¡Ah! Ahí sí que se entregaba con mansedumbre a mis cuidados.Seres sospechosos propuesto no permitir que el doctor pudiera tomar la iniciativa y comenzara a revisar su cuadernillo de notas. o algo por el estilo. el doctor se había quitado los lentes. y ahora. a cambio. Beltrán”. Le dije que cuando era niño había tenido un gato negro. Un gato rudo y esquivo para el resto de la familia. pero creo que por alguna razón médica o psiquiátrica había juzgado que era mejor permitirme continuar y mantenerse inerte al impulso de tiranizar la consulta. y más altivo que nunca desaparecía de propio gusto. misu lo llamaba y estiraba la mano cariñosa. porque algunas veces me saludaba con su cola entre mis piernas y otras mostraba su indiferencia al ocultarse por días.

Me quedé tan estupefacto que no recuerdo qué le contesté inicialmente. Por supuesto que tal atrevimiento había comenzado a despertar mi ira. como Izquierdo y Flora. he logrado extraer. Y supuse que bien podría ser su cuadernillo de notas. de tomarlo por la corbata y obligarlo a que confesara su mentira. Tampoco puedo dar fe con exactitud de todo lo que conversamos salvo parcialmente. que ellos sólo existían en mi mente. algo que había de ser muy importante. o acaso sus libros de psicoanálisis o hasta su diploma pegado en la pared. y él bien pudiera pensar lo que le diera su real y científica gana. Así que por instantes tuve ganas de gritárselo. que lo más probable era que él no necesitase convencerse de nada porque con seguridad se creía resumir la ciencia médica o psiquiátrica en su propia persona. que se retractara de su estupidez. entre todo lo confuso. Sin embargo. tampoco pude enterarme de cómo podía saber el doctorcito ese que seres de carne y hueso. Es decir. como si de pronto esta sala se hubiera convertido en un salón de clases y él en un maestro de escuela dispuesto a enseñar a los niños. si es que acaso él realmente tenía una: ese testigo sería yo mismo. y me lo había estado mostrado como una simple verdad. Pudiera haber sido que por esos días algún medicamento hubiera enmarañado en parte mis pensamientos. Quién más podía tener la certeza de que Izquierdo y Flora eran tan reales como podía ser el doctorcito. ahora resultaban ser imaginaciones mías y por tanto seres invisibles a los ojos de los demás. todo policía sabe cómo despegarle a cualquier individuo la verdad de sus mentiras. no hice nada. que la terapia número 7 debió haber sido la número 8. Lo peor era que estaba profundamente convencido de lo que decía.pÉêÉë ëçëéÉÅÜçëçë admisible que la entrevista se haya podido realizar después. Es decir. Yo sabía cómo lograrlo. Sin embargo callé. A cambio. y en este caso el único niño era yo. o incluso la 9. yo tenía un testigo presencial que derrumbaría su coartada científica. y viceversa. ¡Qué atrevimiento el del doctorcito! Así que me importaba un comino aquello de lo que pudiera haberse convencido. como diríamos entre policías. si es que había entendido bien. Mas yo continuaba preguntándome qué lo podría haber convencido de tal afirmación. y aún menos la pista que había seguido para resolver el caso. había percibido que la racionalidad del doctor me atacaba como un JUUJ . me refiero a que en esa ocasión el doctor comenzó a aseverar que algunos de mis amigos eran imaginarios. Y me pareció que esa pregunta no tenía sentido. Tampoco había podido entender en qué se basaba para demostrar su versión.

Seres sospechosos perro rabioso y pensé que si me mantenía inmóvil podría salir a salvo por el momento. Ya había entendido que tenía un problema. porque siempre habríamos de terminar. arrancándolos como si no tuvieran fin. Así que al doctorcito le fui franco. “No que tenga noticia”. Le dije que era usual que Flora me pidiera que la desflorara con el aguaje de que sería la primera vez. sino pétalo a pétalo. para bien o para mejor. y desde ese día comencé a idear la salida. “¿Sabe de lo que estamos hablando.. que luego se contornearía y me montaría la pierna. despacito para que no acabara nunca. “Sí”. le susurraría al oído: Florcita de cielo. me había transado. le dije. Pestana había dicho que yo tenía algunas cosas en mi mente que necesitaban curarse aquí. Dije que lo haría y le rogué que cuidara el taxi mientras estuviera en el hospital. Y que no iba a ser de cualquier manera. Beltrán?”. y que le bastaba una respiración. envuelto en la fragancia más ardorosa. En medio del remolino que fue esa sesión. En conclusión. florcita de pan. de forma que decidí inclinarme y darle el punto final al doctorcito: aceptar todo lo que había planteado. o una mirada furtiva para derretirse de puro placer. más por salir del acoso en el que estaba en ese momento que por otra causa.. Que yo por mi parte la habría de complacer. Y entonces ella se reiría y se estremecería su voz y me montaría la pierna y comenzaríamos de nuevo. me dijo. sabría que se delataría comenzando por el estremecimiento que sale de su voz. Era viernes. que aparte del factor científico debía considerar. La conocía. un roce. Pude recordar que camino al manicomio. y le pregunté al doctorcito si me había venido a visitar. JUVJ . Ya adivinaba que iba a ser un cuento breve porque Flora es de esas mujeres que no aguanta un pedido a medias. había recordado la presencia de los enfermeros situados al otro lado de la puerta. «Prométeme que pondrás de tu parte». me pidió. Terapia # 8 Esta vez le conté al doctorcito que un día Flora había desaparecido. llegué a mi apartamento con ganas de pedirle que fuéramos a la cama y nos contásemos el día. Además. un elemento adicional. quise rebelarme pero recapacité a tiempo. recuerdo que introduje el tema de Pestana. me inquirió el doctorcito en un intento de centrarme otra vez en el tema anterior. Y que al terminar.

Fue cuando me percaté de que no sabía nada de su familia. y que por eso había decidido caminar hasta el Escarlata a fin de apagar lo que me quemaba. Traté en vano de olvidarla. una ceguera imprevista. volvía a la vida y a la mesa. al tiempo que bebía cerveza. y así JVMJ . La primera cerveza había logrado empaparme con un mortífero pensamiento: «Y qué tal si Flora había querido zafarse de mí». el dueño. Cierto que a veces se ausentaba por un día o dos. pasadas dos semanas la espera ya había ido a más. En eso sentí que un relámpago estremeció mi interior. un frío en los huesos. pero entre más lo intentaba más crecían sus nalgas en la mente como un capullo a punto de desplegarse. regresaba sin darme explicación alguna. Pronto entendí que lo que había dicho eran sólo palabras. salvo que vendía perfumes para una cadena de productos de belleza. hasta que. Pero nada viene solo. Del corazón hice tripas de acero frío y me prometí que ninguna mujer me sometería con su ausencia. Flora me había sometido. Además no era la primera vez. me repetía para tranquilizarme. Esa noche. entré con la costumbre de saludar a Joao. ni de sus amigos. Todo lo sufría al unísono. y éste a su vez fue acompañado por un pasmo global. Le confesé al doctor que en aquel tiempo sentía un tizón encendido en el pecho. Me levantaba a medianoche y la esperaba despabilado y con los párpados hinchados hasta el amanecer. El Escarlata era un bar que alternaba en mis tiempos de policía. se me ocurrió decir: «regresará» y me empiné un sorbo.pÉêÉë ëçëéÉÅÜçëçë Así que ese viernes llegué a mi casa con ganas de pedirle a Flora que nos metiéramos en la cama. Pero en esta ocasión había desaparecido. Estaba inquieto. de la misma forma como me había ido. una tensión convulsiva. Regresaba como si nunca se hubiera ido. Y como si deshojara una margarita. el que no me importaba. una coagulación de la sangre y una muerte súbita. Luego iba a una mesa y continuaba con las otras cuatro botellas acompañado de una mesonera. pero de seguro volvía. luego dije: «no regresará» y me empiné otro. Sin embargo. así que ya me era conocido. Por esos días llegaba de la comisaría al anochecer a sentarme en la barra para liquidar la primera botella de cerveza con Joao. que yo tampoco se la iba a estar pidiendo. pero advertí que estaba de lo más entretenido con otros dos parroquianos. La bebía en menos de lo que él tardaba en contarme los chistes de la noche. me buscaba y ni siquiera me encontraba dentro de mí mismo. Las primeras noches opté por hacerme el desentendido. así que preferí sentarme solo en una de las mesas. pero no la encontré. con el pecho acalorado.

Beltrán. y como pude lo llevé hasta una ventana. me aconsejó que me dejara de pendejadas y siguió con una perorata que tendía a extenderse. y me empiné lo que quedaba. Lo había capturado cuando se disponía a servirse un café. Y esa noche. le había dicho y le contaba de las veces que había visitado la Comisaría y de la poca colaboración que allá había recibido. ya tú no tienes nada que investigar. «No son pendejadas». exclamó. Claro. concluyó. como antes. Acto seguido. que ya tú no eres policía. sabía que ante cualquier provocación. por cierto. pero me abstuve para evitar el desastre sísmico de lo que aún nuestra amistad mantenía en pie. ya libre. Fue el trago del despecho. se había hecho escurridizo a mis llamadas. No había querido hablarle de las ocasiones en que había tratado de encontrarme con Pestana. pero no me engañaría. así que olvídate de todas esas especulaciones que rondan por tu platabanda mental. «Por fin llegas. un caso como los de antes. Me hubiera gustado el pollito con papas y contar con él para la investigación. y estuve a punto de pedírselo al percibir que se había calmado. Me recomendó que no me metiera en más problemas. ¿Cuál caso Miranda?». Que requería su ayuda. Jefe.Seres sospechosos continué hasta llegar al último trago de la quinta botella de cerveza de tercio de litro. Ideé esperarlo en la máquina de café sabiendo que su vicio lo atraería hasta mí. «Todo el mundo viene a mí contándome que investigas un caso. el destino me hizo decir: «no regresará». poder descansar sobre mi hombro. ni estuviera por ahí resolviendo crímenes imaginarios. Pestana». «¡Cuál Izquierdo?. le dije al verlo. En cambio reviró. Arrojó por la ventana el vasito plástico de café y permitió a su mano. siguiendo la rigurosa alternancia que había impuesto. quien. Todo esto te lo aconsejo por tu propio bien». le interrumpí. lejos de la circulación ocasional. los minutos de quietud de ahora serían como la calma antes del terremoto. Allí le confesé que tenía un caso. Por instantes pasó por mi cabeza que podríamos comer un pollito con papas al mediodía. y hubiera querido explicarle todo sobre el Jefe Izquierdo pero ya no me oía. JVNJ . ¿tiene algo que compartir sobre el caso de la calle Miranda?». mi estimado Beltrán. Pestana insistía que mejor me dedicara al taxi. y yo te digo. Después de eso fue inútil insistir. Más que eso le suplicaba por la amistad que nos unía. Terapia # 9 Una tarde regresó Izquierdo a casa y preguntó: «Ah. se tomó el café frío de un sólo trago.

y que sin duda sus manos temblaban más de la cuenta por esa razón. él se conformaba con probar una soda con limón. Le contaba al doctorcito que. Había reconocido en su propia cara que se me había corrido una teja. Sentí temor. que me había vuelto loco de remate. que me estaba patinando el coco. fuera del ámbito de la terapia. al mismo tiempo. ni se emborrachara de vez en cuando. y en fin. una noche me había citado con Izquierdo en el Escarlata. Luego pensé que a lo mejor sí lo había hecho antes. de manera que para cuando Izquierdo se asomara por la puerta yo estuviese en la mesa más alejada. en realidad ya no lo eran más. En cuestión de un instante. era temprano. la verdad era que mis investigaciones daban con dos pistas importantes: el asesino debía ser un amante de la víctima y un carro marca Corolla estuvo estacionado esa noche frente al hotel. Mientras que eso ocurría de este lado. En el camino pensé que casualmente podría toparme con Flora. pero no tuve suerte. tomé conciencia de que había estado hablado sin parar durante la consulta sin que al doctorcito se le hubiera ocurrido alguna pregunta. Había llegado resignado al bar. Luego pedíamos una cerveza. Precisamente para revisar nuestras investigaciones. Tal hecho no dejaba de intrigarme pues no conocía un policía que no bebiera cerveza. ¡Pero qué fácil era pedirlo. Del automóvil se sabía parcialmente las placas y que posiblemente el dueño y el asesino era la misma persona. que acaso en su juventud había bebido hasta enfermarse. y hasta hubo veces en que la confundí con alguna figura femenina. Pero. mejor dicho yo pedía una cerveza porque Izquierdo no bebía.pÉêÉë ëçëéÉÅÜçëçë Pero volviendo a la pregunta de Izquierdo. y que sólo habían sido un jueguito demencial de mi imaginación. Esa vez pasé despacio por las esquinas y me detuve en las paradas de autobuses. Les había pedido que lo cumplieran al pie de la letra si queríamos salir pronto de aquí. y qué engorroso que ellos lo cumplieran! A veces no me quedaba más remedio que ignorarlos delante de los enfermeros o cuando se acercaban JVOJ . generalmente yo aparecía primero. Para entonces todo había sido trastocado. De cierta manera había comenzado a manipular las peripecias vividas con Izquierdo y Flora. aunque alguna vez me habían parecido auténticas. sabía que de esa forma estaríamos encubiertos. le había pedido que tomara en cuenta que había logrado reconocerlo y por tanto estaba en pleno progreso hacia la sensatez. que ya no podían serlo. había decidido que a Flora y a Izquierdo debía declararles un toque de queda riguroso. en plena intimidad de nuestras relaciones.

el JVPJ . Pero en la intimidad de mi habitación les rogaba que comprendieran que aunque no podría vivir sin ellos. Me volví a buscarla creyéndola detrás de mí y advertí. ubicada en el centro del trasnochado patio andaluz que tenía la casa. «Sólo un poco de tiempo y ganaríamos la salida». según sentí. le cuento lo que soñé”: “Recorría la ciudad. Sentados en un asiento de madera estaban. pero en el sueño yo era frágil de voluntad y me dejé cautivar por una fuente circular de aguas quietas. Llegamos a una plaza solitaria. de pronto apareció Flora en una esquina y se subió al taxi. les había dicho. Regresé la mirada al espejo de agua y entonces noté que. Fuimos a una casa que hacía esquina y entramos por el zaguán hasta dentro. Caminé por unas baldositas gastadas hasta la fuente y miré en su interior y vi el reflejo color pajizo de la luna. como los íconos en donde aparece una carita feliz de esas que se ven por allí. Terapia # 10 “Doctor. entonces percibí que me habían estado esperando. que debía estar en el firmamento aunque no había forma de divisarla por más que rastreaba el cielo. o al menos eso quise. De un momento a otro del sueño. Anduvimos todo el trecho en un silencio sereno. Miré los pasillos con sus matas colgadas entre las columnas. me fijé en los asientos. durante un cierto período tendría que callar ante los ojos escudriñadores de los demás. el doctorcito había visto la hora y se sirvió de una pausa para terminar la sesión. y mi gato se dejaba acariciar por Izquierdo. Ambos mostraban una sonrisa. Y la palabra salida les impactaba tanto como a mí. Me dispuse a levantarme y miré mis manos. la miraba por el retrovisor y ella respondía a mis ojos. la misma expresión que solía mostrarme por el retrovisor.Seres sospechosos confundidos entre los locos del patio. tanto Izquierdo como mi gato. Noté que parecían un ramalazo de nervios. uno al lado del otro. además del rostro de Flora. al asumirla con el talante de una promesa liberalizadora. Era de noche. y tanto unos como otros estaban vacíos. Respondí con un saludo. el reflejo de la luna se convirtió en el rostro de Flora —mantenía. A todas estas. con desconcierto. No me faltó declararles la frialdad que suponía ley del hielo y al tiempo sudar acalorado cuando aparecían con total desfachatez frente al doctorcito. que me había quedado completamente solo en el patio. con seguridad correspondía a la parte colonial de la ciudad.

contesté. «¿Cuál otro? Acaso no te das cuenta que estoy solo». me pregunté. que estaría de regreso en unos minutos.pÉêÉë ëçëéÉÅÜçëçë reflejo de la fuente ahora mostraba al inspector Izquierdo y a mi gato. como si nada. Sin saber si ahora era él el que me mamaba el gallo. Entonces pasé a contarle que estábamos en el bar. Por favor continúe narrando todo tal como lo percibía en ese momento”. interrumpió el doctorcito. doctor. No obstante. además del corazón. le mentí y sonreí. me informó que saldría por unos papeles. de Izquierdo. Grité: «¡Coño. Izquierdo se había levantado de la mesa. Terminé la cerveza y se acercó la mesonera. lo había estado esperando con una cerveza en la mesa. Hice un alto y le recordé al doctorcito que él no bebía. JVQJ . «Lo estaba pero el señor acaba de salir». lo importante es que usted ha estado progresando. preguntó. ni puntos ni nada. doctor”. le robaba su fortuna para dejarla en el bolsillo de un amor ajeno y secreto. Así que lo que le cuento le debe parecer algo cómico”. “Así es”. «¿Y para el otro?». “Quiero decir. el barman!». que para mi sorpresa resultaba ser Joao Da Silva. Beltrán?” “Bueno. Terapia # 11 Una noche apareció Izquierdo en el bar. Los tres tenían una carita feliz”. que mientras tanto vigilara a Joao y luego salió del local. Pedí una soda con limón. Por un instante los ojos del bar se agrupaban en nosotros. que ahora es claro como el día que Izquierdo ni siquiera era de carne y hueso. ahora que se lo cuento. «¿Y por qué coño se ríen?». “¿Qué le parece extraño. Beltrán. pero no haya podido ver mi propia cara”. aclaré. Entonces los que estaban sentados cerca de la mesa también sonrieron. le dije. “Es extraño. me parece raro que al asomarme a la fuente del patio andaluz haya podido ver el rostro de Flora. También había dado con el nombre del dueño. Me contó que ambos habían vivido juntos un tiempo hasta que Joao descubrió que ella. «¡Conque el propio Joao!. quién lo hubiera creído». Izquierdo continuó. “Es interesante el giro que toma el caso”. Más sorprendente era que este individuo también había aparecido muerto en ese tiempo. contesté. Allí mismo dio el número completo de la placa del carro sospechoso. mi verdadera risa hacía fiesta por dentro. y hasta de mi gato. “No. Que Izquierdo era usualmente un hombre directo y esa noche se había presentado sin comas. «Creí que estaba acompañado». le dije que me trajera otra fría. y sin duda obra del mismo asesino tan pronto descubrió la traición. dijo y sonrió.

decidí no levantar ninguna sospecha y sonreí también. «Aquí estoy. En un comienzo casi no podía creer que irrumpiera de manera tan asombrosa como un aparecido a mitad del día. Estimo que nada nos hubiera impedido hacer el amor en aquella incómoda mesa. si me hace el favor». La gente curioseaba con disimulo. Me miró con ojos extraviados. Beltrán». se movía despacio con la falda ajustadita de siempre. que era mi turno de reírme con ganas.) Luego pasé a comentarle que emocionados como estábamos por el reencuentro fuimos a más y nos besamos largamente. En eso emergió Flora por la puerta del bar. pues lejos había quedado el retrovisor de los primeros días. pero sin verdadero ánimo. junto con los parroquianos. “Muy bien. de las otras mesas también lo hacían de reojo.Seres sospechosos “¡Ay doctor. por favor”. pero estaba seguro de que nadie sospechaba nada. Beltrán. me contestó. le dije al doctor. «¿Lo que quiere es una cerveza adicional». Para ese momento Flora se había sentado en mis piernas. chequeó la mesonera de seguro confundida.«Sabía que volverías». y que ha permanecido en mi memoria como en un niño que ve una película infantil una y otra vez sin cansarse o aburrirse ni por un instante. El pensamiento de: «Yo sabía que iba a volver. regresaba con la cerveza. como mi gato negro en pleno patio trasero. por favor». le dije a sus ojos. bien fría. si al abrirlos no hubiera visto parado frente a mí al inspector Izquierdo quien estaba de JVRJ . había tomado mi mano. continúe. le ordené. le dije y esta vez me mantuve serio. Cerré los ojos y deambulé por un mar de caricias. tongoneándose con todo lo que tenía. “Bueno”. «Sí. En un abrir y cerrar de ojos se había derrumbado la desesperanza de no verla nunca más. a ella tampoco podían verla”. creo que contemplaban la entrega de nuestros besos. no quise relatársela al doctorcito. La mesonera. me ahogó de euforia. (Y ese detalle. dije. “Así es Beltrán. qué lejos estaba de poder percatarme de que nadie podía ver a Izquierdo!”. Flora caminaba descomunal entre las mesas. Entretanto. vale decir. y entonces le conté que había buscado a Joao con mis ojos y lo encontré detrás de la barra. o las piernas regorditas de Flora que se mostraban descuidadamente gracias a lo reducido de la falda. Joao nos miraba. “La mesonera no podía ver a Flora”. esa apasionada experiencia de haber sentido el peso palpitante de su cuerpo al momento de apretujarse sobre mis piernas. Era Flora no había duda. me dijo. pero él no se reía. Por tanto. Al llegar le pedí: «Traiga otra. que no me abandonaría». Pensé que ahora me tocaría a mí.

Así que me senté en una silla. «Suelta el arma. aunque por instantes. «Tú eres policía Beltrán. Qué gusto de verte. «Ah carajo contigo. Me llevó a la calle. mi estimado Beltrán». le ordené a Joao que se rindiera a la autoridad. dije y le entregué el arma. Vociferé a los que todavía permanecían en el bar que salieran a la calle. Beltrán». Y en ese preciso instante le vi en sus ojos cobardes la delación de la culpa. Joao había preferido entregarse mansamente aunque gritaba que era inocente. contestó y caminamos fuera del bar. «¿Curarme de qué. que tenía que pagar por el asesinato de la calle Miranda. comencé a contarle todo. Miré alrededor y vi que todos en el interior del bar me observaban sorprendidos. nos metimos en su carro y pasamos junto a mi taxi. Al rato comencé a oír las sirenas y el reflejo de las luces de los carros de policía. Tenía mis dudas. «Ah. Beltrán. Beltrán?». a Joao le ordené que se mantuviera como muerto. ahora no. había oído la voz familiar de Pestana. otros salían apresurados. le supliqué. me había ordenado. «Quiero que conozcas a Flora». «Hay que ponerla en práctica.pÉêÉë ëçëéÉÅÜçëçë regreso. JVSJ . pues entré en razón cuando me dijo: «Aquí traigo la orden de captura para Joao». frente a Joao. «Por fin llegas. Me quité a Flora de encima y me puse de pie. Pestana?». «Estaba en casa y me avisaron: es Beltrán. Siempre me decía: «Ah. en este momento es preferible que te lleve a casa antes que todo se complique. Parece que estamos trabajando juntos como en el pasado». me proporcionó por respuesta. quería presentarle al inspector Izquierdo. Joao estaba tirado en el suelo. Recuerdo que me habló de un lugar donde me curarían —obviamente se refería a este hospital. mi estimado Beltrán» y esta vez había sido la única que realmente me había sacado de quicio. exclamó. que ese era el plan. con las manos en la cabeza. Beltrán». boca abajo. Juan. Yo la tenía en mis manos. pistola en mano. y me la entregó. «No. Ya no decía que era inocente. sólo lloraba quedamente y esperaba su suerte. así que ocúpese de apresarlo en tanto tu amigo Juan Pestana aparece». y les dije a todos que estábamos esperando a Juan Pestana. Tomé la orden de apresamiento con mi mano izquierda. que tenía una orden de captura. Tú sabes cómo son de embarazosas las formalidades judiciales». está en el Escarlata y tiene un arma… así que tuve que venir». Los parroquianos se escondieron debajo de las mesas. «¿De qué asesinato hablas. pregunté. Saqué mi antigua arma de reglamento con la mano derecha y me dirigí a la barra. interrumpió.

pero habíamos fallado. Sin embargo. “No entendí en ese momento su pregunta. Pero las cosas habían de cambiar. me resultaba tan difícil entender las dificultades que el doctorcito blandía para darme de alta del manicomio. aunque interesante. que había dejado a Flora en el Escarlata. me dijo. en cambio. Mi verdadera preocupación era. Durante días medité sobre la facilidad con que algún burócrata estatal había decidido darme de baja de la policía. Pestana me había aconsejado: «Por ahora creo que es mejor que te quedes en tu casa y descanses. y que por ende iba a necesitar un tratamiento más prolongado de lo que había pensado inicialmente. hasta habíamos ideado una salida. No había supuesto que ella ya había salido del bar y se encontraba en el apartamento. Terapia # 12 ¡Qué vaina con el doctorcito! Había quedado tan impresionado con el cuento de la captura de Joao que se llenó la boca de sinceridad y me confesó que mi caso le había resultado una cuesta empinada. “Al menos eso fue lo que creí que había ocurrido. El doctorcito asintió. Ya sabía que estaba en problemas. que por tanto estaba trabajando duro para que no regresaran jamás.Seres sospechosos ¿acaso no sospechas de Izquierdo y de Flora?». le dije al doctorcito. Me lo dijo así de sencillo. JVTJ . Creía que mi estancia en el hospital había dado resultado. Le dije que frente a mi edificio. pues esa parecía la manera de reafirmar mi recuperación. pero ahora está tan claro como un caso resuelto”. Retomé los acontecimientos de aquella noche y continué con mi historia. y ahora en contraste. que mañana te recojo para llevarte al Hospital». Y agregué que Flora e Izquierdo eran en ese momento sólo seres sospechosos que habitaban en mi imaginación. para la ocasión ya teníamos otra en práctica. justo antes de despedirnos. como si me estuviera contando lo que había comido anoche. que cuidara el taxi mientras estuviera hospitalizado y bajé del carro. Le dije que estaba bien. así que cuando entré y la vi corrimos a revolcarnos en la cama. doctor”.

Por otra parte. Vaya paradoja la que resultaba de ser yo quien debía llevarle la corriente al doctorcito si quería salir pronto de este sitio de chiflados. Aun así estábamos dispuestos a ello. pues según el doctorcito. él mismo vigilaría la puerta de salida. Flora había tomado la costumbre de venir por detrás. dar un salto y sentarse en mis piernas para atosigarme de besos tibios a diestra y siniestra. La idea había sido de Izquierdo quien no se cansaba de machacarla. qué mente tan estúpida se me ha dado. Lo haríamos de noche. mi estimado Beltrán”. Me preguntaba (y todavía lo hago) si realmente habría estado cuidando el taxi. No. no deja de divertirme el hecho de que yo soy el único que ve esa figura flaca y parsimoniosa deambulando por los pasillos del Hospital. Estaba claro que otra salida me llevaría a despedirme para siempre de Pestana. ya la suerte estaba echada y ya no tendría que decir: “Claro doctor. aunque para el caso. Lo habíamos decidido: escaparíamos del manicomio. Sin embargo. pero ella no cuenta. excepto Flora. o sea que yo debería permanecer encerrado. al escapar de este edificio ya nunca más podría verlo de nuevo sin correr el riesgo de que tal osadía me trajera de regreso. y pensar que el gato ha debido ser la primera invención de mi pensamiento”. y yo le decía: “Tranquilo Izquierdo. hasta el gato resultaba un ser sospechoso. debo ser sincero en admitir que mi permanencia en este manicomio no había sido del todo asfixiante. Pero ahora trascendía que él necesitaba más tiempo. al igual que ellos. Flora buscaría las llaves. Izquierdo solía decirme: “Ah. ya habrá oportunidad para que comencemos de nuevo” y me preguntaba la razón para no rasurarse los pelos que brotaban de sus orejas. y se supone que el doctorcito de la sensatez es él y el loco de atar soy yo. Sin embargo. buscar otro empleo. qué imaginación tan extravagante. aunque implicara ir a otra ciudad. y paso siguiente me daba alguna instrucción policial. Era el costo que tendría que pagarse si queríamos escapar. Y yo. Era obvio que la estrategia había fallado. pues ya no tendría que decirlo sólo para llevarle la corriente. quería salir. porque es a los locos a quienes se les lleva la corriente. estaba visto que seguir con el juego de llevarle la corriente al doctorcito nos estaba difiriendo a una salida perdida y hasta olvidadiza. Ahora bien. aprovecharían que ambos son invisibles a los ojos de los demás para moverse con libertad y JVUJ . Pensaba que fugarnos sería pan comido.pÉêÉë ëçëéÉÅÜçëçë Terapia # 13 El colmo era que no bastaba sólo con Flora e Izquierdo.

Me pregunté si a partir de mañana el doctorcito no habría de sentir mi ausencia y me sorprendí al pensar que en cambio pudiera ser precisamente a mí a quien en alguna oportunidad le pudieran hacer falta sus oídos. Y de repente me había preguntado si el gato había vuelto a aparecer. el gato ha vuelto a aparecer”. A todas estas. Entonces volvía a la terapia dispuesto a no seguirle la corriente nunca más y le contestaba: “Sí. y llegado el tiempo yo tomaría el gato y pondríamos pies en polvorosa para siempre. JVVJ . Beltrán. doctor.Seres sospechosos decirme el momento en que debía salir. Y yo veía a mi derecha donde estaban las acuarelas de flores y bajaba la miraba y me detenía en el felino que permanecía de lo más holgazán lamiéndose las patas sobre el pequeño armario. que qué me puede decir del gato. había olvidado la sesión de terapia en la que el doctor tomaba notas en su cuadernillo. Era nuestra última sesión y el doctorcito insistía. Y yo me distraía pensando que precisamente sería esta noche la escogida para la salida.

.

NR La última velada . . OT íÉëí~ãÉåíçë Egolatría . . . . . OO Víctima . PR . . T é~êíÉ á ÇÉ ä~ Åêáéí~ El rigor de la ciencia . . . . . . . PQ Temor sin temblor . . . .Índice Prólogo del autor . . . NP En tránsito . . . . . . . PO Extinción de una especie . . . . . . . . . . . . . PP Flacos resultados . . . . . . . . . . . . . NS ~êãÉê∞~ Otredad .ON Un buen baño de aceite . . . PN El anuncio .

. .RT La manzana de Newton . PS Urgencia . . . . . . . .UN . .RM îÉåí~å~ë Åçå îáëí~ éêçéá~ Analogía . . . . . .QR Recuerdo de infancia (2) . . . . . . . .Tempestades . . . .QU Referencias personales . . .SR Seres sospechosos . . . . . . PU é~êíÉ áá Üçà~ë ÇÉ ä~ åÉÖê~ Recuerdo de infancia .

.

Fundación Editorial

elperroy larana

Se terminó de imprimir en ÉåÉêç ÇÉ OMMT en cìåÇ~Åáμå fãéêÉåí~ jáåáëíÉêáç ÇÉ ä~ `ìäíìê~ Caracas. RR gr. Venezuela. La edición consta de NKMMM ejemplares impresos en papel EnsoCreamy. .

.

.

.

.

ISBN 980-396-371-6 9 789803 963712 .