MUERTE Y CAMBIOS POST-MORTEM

La definición de la muerte presenta algunos inconvenientes debido a las diferentes connotaciones del término dependiendo del punto de vista desde el que se le mire, digamos el filosófico, religioso, legal, o biológico. Biológicamente podríamos definirla como la pérdida irreversible de las estructuras y funciones vitales del organismo humano. Cuando la integridad y funcionamiento corporal han desaparecido se habla de muerte somática. El cese permanente de la actividad encefálica se conoce como muerte cerebral lo que técnica y legalmente equivale a una muerte total y definitiva. Lo arriba expuesto tiene una especial relevancia en relación con la donación de órganos vitales, ya que está prohibido, ética y moralmente, remover tejidos y órganos de un sujeto cualquiera que no haya sido declarado legalmente muerto. Aún después de la interrupción de los comandos cerebrales muchos órganos en el cadáver siguen "vivos" por varios minutos extras. Para el diagnóstico oficial de muerte se utilizan los llamados signos clásicos, entre los que tenemos la pérdida total de la conciencia y de los reflejos, el relajamiento muscular general, la dilatación de las pupilas, la ausencia de pulso y latidos cardíacos, y el paro respiratorio. Tan pronto se produce el deceso de una persona empiezan a desarrollarse una serie de alteraciones en el cuerpo. Existen los cambios tempranos que se ven entre una y seis horas después de la muerte ; los cambios de intervalo medio que aparecen a los días o semanas de la muerte; y los cambios tardíos que vienen a manifestarse después de meses o años del fallecimiento. Los cambios tempranos comprenden la rigidez cadavérica, la hipóstasis o lividez, y la algidez o algor mortis. La rigidez cadavérica se le conoce también como rigor mortis y no es mas que el endurecimiento gradual y simultáneo de toda la musculatura esquelética; empieza a evidenciarse entre una y seis horas en los músculos pequeños de la cara, el cuello y luego las extremidades. Se completa alrededor de las doce horas, fijándose por unas 18 a 36 horas, y desaparece cuando se inicia la putrefacción. El rigor mortis es debido a la acidosis muscular que sigue a la falta de oxigenación tisular lo que da origen a una solidificación de las proteínas del músculo. El frío retarda la reacción en tanto que el calor la acelera. La hipóstasis o lividez se refiere a la acumulación de la sangre en las áreas de declive del cuerpo (ver foto 9 a). Ya a las dos horas de fallecido alguien, se nota la típica coloración rojo púrpura oscura en la espalda si el cadáver ha estado boca arriba, o en la parte anterior del pecho si ha permanecido boca abajo.

Foto 9 a. Hipóstasis o livideces anteriores o ventrales en cara y tórax.

Aproximadamente a las ocho horas de fallecer un individuo esta coloración queda fija, lo que significa que aún cuando al cadáver le fuera cambiada su posición original, el livor mortis mantendrá su patrón inicial. Si se le mueve antes de las 8 horas entonces las livideces pueden cambiar de localización anatómica. Esto es de gran interés medicolegal en los casos en que intencionalmente se ha alterado la posición original del cuerpo de la víctima tratando de simular unas circunstancias diferentes en el lugar donde apareció el occiso. El color de la hipóstasis se torna rojo cereza en el envenenamiento con monóxido de carbono, debido a la formación de carboxi-hemoglobina en la sangre. (Ver foto 9b)

Foto 9b. Víctima de asfixia por intoxicación con monóxido de carbono dentro de carro encendido en el interior de un garaje cerrado. Nótese la intensidad de la coloración de la piel. Abajo se ve a la izquierda la sangre de color oscuro normal, en tanto que los tubos a la derecha muestran la sangre de color brillante por la presencia de la carboxihemoglobina.

La intoxicación con cianuro da lugar a un color rosado-azulado a oscuro. En el envenenamiento por anilina y clorato el color de la piel se torna rojo marrón. La algidez o algor mortis significa el descenso de la temperatura corporal que sigue al cese de las funciones vitales. El ritmo de la caída en grados centígrados varía de acuerdo a la temperatura ambiental, la humedad del aire y la brisa. Cuando queremos tener una idea aproximada de la hora o el día en que un individuo perdió la vida, algunos patólogos sugieren como guía general con cierto margen de error, la siguiente: a) Si el cadáver está caliente y blando, la persona tiene menos de tres horas de fallecida. b) Si el cadáver está tibio y tieso, deben haber transcurrido entre 3 y 8 horas del deceso.

c) Si el cuerpo está tieso y frío, el individuo tiene entre 8 y 36 horas de haber expirado. d) Si el cadáver está flácido y frío, o si presenta signos de putrefacción, entonces han pasado más de 36 horas de la muerte. Recordamos que esto no se trata de una regla estricta sino de unas recomendaciones para tener alguna orientación acerca del momento del fallecimiento. Mientras mayor sea el intervalo entre la hora de la muerte y el hallazgo del cadáver, mayor podrá ser el margen de error en el estimado. Los cambios de intervalo medio se refieren al proceso de la descomposición. Esta incluye la autólisis causada por el efecto de las enzimas orgánicas en los tejidos, y la putrefacción originada por las bacterias. Cuando el cadáver es embalsamado se interrumpe o retarda artificialmente el fenómeno de la descomposición. La putrefacción se evidencia tempranamente por una coloración verdosa del abdomen que se presenta a temperatura ambiental generalmente después de las 24 horas. Luego aparece un tinte verde- negruzco en las venas de la piel. (Ver foto 10).

Foto 10. Joven haitiano estudiante de término de derecho, muerto a balazos y exhumado al cuarto día en estado de putrefacción en fase gaseosa. Nótese el desprendimiento progresivo de la piel.

Le sigue una coloración azul- negruzco de todo el cuerpo que al final se vuelve completamente negro. El cadáver se infla a manera de tubo neumático debido al acumulo de grandes cantidades de gases generados por las bacterias; esto último es evidente entre las 36 y las 48 horas post-mortem. A partir del 4to día la piel empieza a desprenderse como un cutis de culebra. Se forman ampollas que se llenan de un líquido extremadamente maloliente. En esta etapa la piel de las manos y pies logra desprenderse a manera de guante o media. (Ver fotos 11, 12, 13)

Foto 11. Fase gaseosa de la putrefacción con pérdida evidente de los rasgos faciales que impide el reconocimiento por el rostro.

Foto 12. Formación de grandes ampollas que se llenan de líquido maloliente que drena en sentido gravitatorio. Cuarto día postmortem.

Foto 13. Desprendimiento de la piel de la mano en forma de guante durante el proceso de la putrefacción.

Los cambios tardíos corresponden a la esqueletización, adipocere y a la momificación. La reducción a una simple osamenta toma por lo general meses y hasta años; sin embargo, bajo determinadas condiciones climáticas o en la presencia de animales e insectos esto puede acelerarse. El adipocere se refiere a los cambios que se presentan en los cuerpos expuestos a la humedad, asociada a microorganismos que descomponen las grasas. La momificación se da cuando los cadáveres son depositados en lugares secos y cálidos, tales como áreas desérticas. El estudio e interpretación de las alteraciones descritas son de gran valor pericial, pues ayudan a confirmar y a veces a negar ciertos informes ficticios dados por algunos testigos.

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