Acercamiento Interpretativo a Los Siete Pecados Capitales Ballet de Kurt Weill y Bertolt Brecht

Curso-Taller dirigido a Estudiantes de Danza Contemporánea, Bailarines y Coreógrafos Introducción Si abordamos al fenómeno de la danza contemporánea como una suerte de virtuosismo o proeza física sustentada exclusivamente en el entrenamiento de los ejecutantes en determinada técnica, de inmediato surge el gran problema de fondo: ¿qué lugar merece el aspecto interpretativo dentro del espectro completo del fenómeno dancístico? No existe una respuesta contundente y definitiva para tal cuestionamiento, el tema ha permanecido como objeto de constante discusión a lo largo de mucho tiempo y aún continuará constelándose en el horizonte panorámico de esta disciplina estética durante mucho tiempo. Y es que la danza como tal no puede (o debe) concebirse sólo como el simple ejercicio de la expresividad corporal porque entonces se le podría fácilmente equiparar a cualquier praxis deportiva y si bien la danza suele guardar una respetuosa analogía con este otro conjunto de actividad humana, la danza es más, mucho más… Inútil tratar de ejemplificar porque si se le ubica como manifestación artística, por ende es manifestación del espíritu, en esa dimensión humanista que genera en el hombre algo más que un espécimen biológico y lo manifiesta en una diferencia cualitativa con todo el resto de los seres vivientes, y sin embargo, carentes de alma. Si lo que desea realmente expresar el bailarín es aquello que anima el movimiento físico, aquello que le da sentido a este movimiento, justificación y que, a final de cuentas termina por emocionar a su espectador, es obvio que la técnica dancística no se lo puede proveer. De tal manera hemos podido atestiguar en los últimos años nuevas generaciones de jóvenes bailarines, mejor dotadas técnicamente y con un desarrollo envidiable que raya en el virtuosismo más excelso, pero que se encuentran definitivamente castradas en lo emocional, incapacitadas para proyectar la emoción, saturadas de cliché que no solo obstruye la fluidez orgánica del movimiento, sino que lo acartona. El interés desmedido por toda esa gama de lenguajes exóticos dancísticos no puede justificarse de otra manera más que como una ciega incapacidad para llegar a la esencia misma del movimiento vital del ser humano que nutre a la acción escénica y por lo tanto a la expresión dancística, y que se llama sentimiento. Si pretendiéramos dibujar en el panorama de los teóricos del teatro y la pedagogía interpretativa la imagen de aquella personalidad famosa por negar en el intérprete la expresión emocional, éste sería Bertolt Brecht. Sin embargo, la fama que antecede a Brecht como un frío promotor del teatro de propaganda y agitación, del panfleto y el esquematismo, desaparece apenas conocemos en profundidad, sus propuestas dramatúrgicas y su poesía, sin embargo, es en su propuesta de técnica actoral donde encontramos elementos y recursos dignos de ser aprovechados y desarrollados en toda la gama y amplitud.

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