Verbos desde el exterior

Por Irene Recavarren

En junio del año pasado recibí un mensaje de correo electrónico firmado por la Universidad Complutense de Madrid y por el Grupo Santillana. Me pedían una carta que explicara por qué deseaba estudiar el Máster en Edición, programa dirigido por ambas entidades. Mi carta se resumía en tres palabras: escuchar, observar y expresar; verbos que aprendí a practicar mientras estudiaba Comunicación y Periodismo en la UPC. Trabajaba entonces en la Unidad de Negocio de Servicios Editoriales de El Comercio, área donde me dedicaba a gestionar proyectos para terceros y donde aprendí a manejar el proceso de edición de libros, desde su concepción, hasta la impresión. Sin duda, para mí, era el trabajo ideal, pero sentía la necesidad de escuchar ideas nuevas, observar espacios distintos y expresarme en contextos ajenos al mío. Desde mi llegada a España no he dejado de aprender: profundizo en la estructura y en el desarrollo del mercado editorial internacional; saco partido de la enérgica transformación de un paradigma que hoy me lleva, por ejemplo, a leer en un e-reader; y, sobre todo, compruebo que los quiebres — económicos, culturales o sociales— desafían la pasividad de cualquier individuo o sociedad que se pretenda invariable. Lo mejor de estudiar en el extranjero es que se presentan oportunidades insospechadas. En este escenario, el no saber qué vendrá después se ha convertido en una cualidad que amplifica mis ganas de poner en práctica aquellos tres verbos que el periodismo me inculcó.