ESCRITURAS

Poesía Con este poema didáctico, Lucrecio inspiró a pensadores y científicos de todas las épocas

Miércoles, 20 febrero 2013

Final feliz para un libro total
Los reclamos de los antiguos teatros de feria incitaban al público con un “Pasen y vean”. Hoy, aquí, hemos de convenir otra llamada más reposada: “Entren y lean y lean y no paren de leer”, porque De rerum natura es un libro que pide toda una vida para adentrarse en él. La intención de Lucrecio en el año 50 a.C. era explicárnoslo todo. Se hizo preguntas complejas: “La vista está en el ojo o en el alma?”; escribió afirmaciones audaces: “El mundo no es obra de un Dios”; anunció planteamientos avanzados: “¿Qué velocidad ha sido dada a los átomos?”, y lanzó cuestiones insólitas: “¿Cuál es la velocidad de los olores?”. Es por eso que no hay una sola forma de saborear estas páginas: podemos hacerlo como si nos dirigiéramos a un texto poético y evocador; podemos leerlas como si fueran un referente inaudito de la historia de la ciencia (no en vano fue un texto fundamental para Galileo); o incluso podemos entenderlas como una reflexión filosófica con planteamientos ontológicos de primer orden. Para utilizar un término a las antípodas del lenguaje científico, podemos convenir que lo más milagroso es que este trabajo haya llegado desde la Roma clásica hasta nuestros días y lo haya hecho ensalzado como una de las grandes obras de la antigüedad. Como remarca Stephen Greenblatt en el prefacio, las afirmaciones de Lucrecio eran escandalosas para sus contemporáneos. Nombres como Ovidio, Cicerón y Virgilio lo defendieron, pero seguro que la crítica a la violencia que se desprende de este magno poema no fue bien recibida en un contexto donde los leones eran aplaudidos en sanguinaria bacanal y los héroes de guerra, laureados como dioses. El texto, además, continuó siendo escandaloso para el cristianismo. ¿Como se le ocurría a Lucrecio negar un Dios que ordenara el universo? –“Todos somos oriundos de una semilla celeste, el cielo es nuestro padre común: cuando la tierra nutricia, Nuestra Madre, ha recibido las gotas por él destiladas, queda fecundada y da a luz las esplendorosas mieses, los árboles lozanos y el género humano–. Los pobres Maquiavelo y Giordano Bruno se quedaron helados al dar con este texto. El primero –más maquiavélico– tuvo la prudencia de no citarlo; el segundo, acabó en la hoguera. Pero las ideas de Lucrecio eran tan potentes que, como si se tratara del happy end de un cuento universal, referentes de diferentes ámbitos como Newton, Einstein, Darwin, Freud y Marx le cogieron el relevo. Con estos avales, ¿quién se puede resistir a entrar y leer y leer y no parar de leer este clásico? |
ADA CASTELLS

Cultura|s La Vanguardia

Lucrecio De rerum natura. De la naturaleza Traducción de Eduardo Valentí Fiol
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Testimonio El periodista barcelonés, experto en la historia de la antigua colonia española, aborda el tema de la esclavitud en su nuevo libro

Dalmases y el Sáhara Occidental
Pablo-Ignacio Dalmases La esclavitud en el Sáhara occidental
EDICIONES CARENA 194 PÁGINAS 12 EUROS

Podemos entender el poema como un texto poético y evocador, como referente inaudito de la historia de la ciencia o como una reflexión filosófica
KEN WELSH / GETTY

Pablo-Ignacio Dalmases fotografiado en el Ateneu de Barcelona
ÀLEX GARCIA

Pablo-Ignacio de Dalmases, periodista de larga trayectoria, es uno de los mayores expertos en el Sáhara Occidental. Allí llegó a los 29 años, después de unas primeras aproximaciones como turista, para dirigir Radio Sáhara. España se había comprometido en organizar un referéndum de autodeterminación. El Gobierno le encarga, entonces, crear un diario bilingüe. La Realidad se edita en medio de la Marcha Verde y Dalmases, que publica en primera página unas declaraciones del hermano de Hassan II en las que asegura que finalmente la colonia pasará a formar parte de Marruecos, es arrestado por los militares. Como explica en su biografía Huracán en el Sáhara (Base, 2010), es acusado de traidor, pasa la noche entre rejas, y así termina su aventura. Durante su experiencia profesional allí, entre 1974 y 1976, Dalmases conoce a Marrashima, la niña negra a la que dedica su nuevo li-

ALBERT LLADÓ

bro. Es su primer contacto con “esa lacra” que supone la esclavitud. “No me gustaría morirme sin saber qué ha sido de ella”, nos dice. Hoy, embarcado en una tesis doctoral sobre el análisis del discurso colonial, ha ido recogiendo bibliografía –muy sorprendido por el “silencio español”, repite– para armar un auténtico monográfico. El

La administración española conocía las prácticas esclavistas y optó por la absoluta pasividad
periodista defiende que, para acercarse al tema con rigor, son esenciales tres autores: Sophie Caratini, Alberto López Bargados y Julio Caro Baroja. El volumen, que está prologado por Larosi Haidar, intenta responder, desde la investigación y el matiz, a la polémica que surgió des-