La canción de Eboé

Antonio Martín Morales

La historia de Eboé y Faldo se cuenta desde tiempos inmemoriales y varía según la escuches en Vestigia, Nuralia, Plúbea o Meristalia; en Avidón se la conoce como la historia de Ivo y Mol y, para conjugar la palabra «amor» en el dialecto antiguo de los avidonianos, hay que casar las dos palabras…: Ivmol. Eboé nació níbula por la gracia de los dioses, y fue de las de Miose. Era de entre las níbulas aprendices la más inquieta, la más desordenada y una candidata, según su mentora, a quedarse sin la responsabilidad de nadar. Sin embargo era tan bella, tan armoniosa su melena, tan limpia su mirada que, en el agua, cuando sus ojos se abrían y flotaba suspendida su gracilidad, componía su natación como si fuera música y, cuando caminaba por los campos, reverdecía las plantas y colmaba a las criaturas de goce en su contemplación. —Nadar es el objetivo de toda níbula, para eso nacisteis de la luz y la oscuridad. Para eso vinisteis a una vida consciente. Las níbulas que nadan y los humanos estamos unidos por un río, el río al que van a beber los inmortales,

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llegarás al gran bosque del ocaso. no te verán. pero no comprenderán tu presencia. nada con todas tus fuerzas. Debes guiarlos hacia el río. El sueño del humano llegará al lago de los pensamientos si lo arrojáis a 3 . nada río abajo hacia las cataratas. Son criaturas débiles y desconfiadas. —Cuando vayas corriente arriba. Aunque sabía que Miose. de eso se jactaba Miose junto a las semidiosas que habitaban aquella región. lugar donde nació. quedará flotando y pensará. allí era donde una níbula de las de Miose debe nadar. en ese momento ellos pertenecen más a otro mundo que al nuestro. ¿Eres de las que cantan o de las que nadan? Hacéos esa pregunta a partir de ahora… Nadar es una gran responsabilidad. Las de Miose eran de las que nadan. en él aparecen los humanos. tierra de los inmortales. sabía que se esperaba eso de ella y no renunciaba a su destino. una de las regiones de Aralea. Agarra fuerte su brazo hasta meterlos en el agua.el que inspira las canciones de los dioses y allí es donde las níbulas se bañan y nadan. no se refería precisamente a ese tipo de actividad natatoria… El río de los sueños. Eboé sabía nadar. nada con su pensamiento bien agarrado. ¡Ese es el momento de la níbula! Entonces nada. Están confusos y ciegos. lo había hecho en el lago de Serenia. No te preocupes por sus tropiezos. Nadar es la responsabilidad más grande para la que todavía… no estáis preparadas. su mentora. —Cuando el humano esté en el río. Eboé nació para nadar.

las cataratas. en la otra margen del río. enormes…. —Mirad con atención allá. Miose dirigía sus miradas hacia las níbulas expertas. ¿Sois de las que cantan? ¿O sois las de Miose. que no…. Los había de todos los tamaños. Eboé sonrió cuando Miose le colocó la diadema por la que ya era nadadora del río de los sueños. Acudió junto a sus compañeras al bosque. Es la más rápida. Observad bien cómo se mueve. no parecía extraño. muy de lejos. Vio por primera vez a los humanos. era observar aquello para lo que uno nace. desde la otra orilla. Era muy complicado verlo desde tan lejos. flacos. gordos. un cúmulo de quejidos y una multitud de humanos asustadizos que. mujeres y hombres. para observar la labor de las mayores. pero ninguno parecía representar un problema para las níbulas 4 . niños y ancianas. Se sorprendió de la fuerza que llevaba el agua. Escucharon un enjambre. Urine saludó desde la otra orilla precisamente en el momento en que comenzaron a aparecer hermanas portando humanos. En las riberas del gran lago de los pensamientos las níbulas cantan. La ajustó a su cabellera y allí se acabó fundiendo con su melena. sin saber que las níbulas los arrastraban hacia las orillas del río. Eboé adelantó a sus hermanas y a poco estuvo de caer al río. las que nadan como un relámpago? No parecía difícil. ¿reconocéis a Urine? Ella es maestra en este arte. chicos. con los ojos cerrados negaban con la cabeza y suplicaban que no….

—¿Qué sucede si nos ven? —Pequeña Eboé…. Así que debéis agarrar los pensamientos y salir rápido. En ese instante la mente del humano descargaba sus pensamientos y se hundían. en un misterio que nadie había alcanzado a explicarle a Eboé. Con el pensamiento en forma de destello azulado. Entonces las níbulas saltaban por encima de sus cabezas y sucedía lo que se llamaba el atrapasueños…. al introducirlos en el agua. o rojizo. Mucho. Urine parecía un destello que brilla y desaparece. la corriente no les afectaba.que los arrastraban hasta el río. Abrirá los ojos. —El momento justo en que el humano entrega sus pensamientos y se hunde en el río. Eso no importaba… Era el momento de las nadadoras. Sois seres de una naturaleza diferente y ellos no tienen la capacidad para comprender 5 . el vínculo. para un humano la visión de una níbula es algo terrible. —¿Habéis visto cómo se hace? —¿Cuál es el momento peligroso? —preguntó Eboé que estaba ansiosa por conducir los pensamientos de un humano. Era tan vertiginoso su avance que costaba trabajo seguirlas. quedaban flotando como si fuesen plumas sujetas a un arbusto. Sucedía algo curioso y era que. Durante una pequeña porción de tiempo esos ojos pueden vernos. pesados. nadaban río abajo con fuerza. en el río hasta que desaparecían mezclándose con las arenas y los musgos. ayudadas por la corriente.

—¿Os gusta ese canto? Es bonito. incapaces de soñar. como de hilo que se corta en el viento. nada despreciable. comprendía que cantar era algo hermoso y bueno. Eboé notó su carne arrebatarse. Hasta ese momento siempre había pensado que nadar era la mejor tarea para una níbula de la región del gran río. —Ya empiezan a cantar. —Son los pensamientos que se fugan. pero ahora. incapaces de regresar al río. Les harías desgraciados para toda su vida. como de alba. Sonrió porque era muy hermoso. Esas níbulas nacen perfectas y pueden cantar desde niñas. como de ocaso. escuchando a sus hermanas.vuestra esencia. las que cantan lo hacen porque su don es ese. 6 . como de flor que se abre. Comenzó a escucharse un sonido extraño. no pueden mejorar y no sienten el reto que sí tenéis vosotras en cada jornada. parecía que el párpado del universo acabara de abrirse. Miose condujo por atajos a las níbulas hacia la catarata de los pensamientos. El sonido parecía irradiar una sensación como de calma iluminada. no necesitan aprenderlo ni se esfuerzan. Esas níbulas han llegado tarde a la catarata. los humanos que no soñarán. como rozada por un velo invisible mientras el coro crecía. Tu hermosura podría volverlos locos. el cantar bello. —¿Qué son esas luces que salen del río antes de la catarata? —preguntó una níbula de piel oscura y ojos zafiro.

Pero Eboé sintió una pena honda viendo las luces que emergían cerca de la cascada y acababan evaporándose contra el cielo luminoso. Hermanas. El sonido de las aguas cayendo amortiguaba el canto de sus hermanas. acostadas o de pie. Burbujas de colores se creaban por doquier… y se creaban formas de armonía. tenéis las piernas. formando corales de hermosura sin par.Eso no debe preocuparos al principio. —¿Sois de las que cantan? —preguntó como siempre. Pero en su mayoría las níbulas cantaban tonos sin palabras. imágenes de criaturas o sencillos enrejados armoniosos con los que se iluminaba el 7 . como el nacimiento de las estrellas o la luz. Es vuestra responsabilidad. así que Miose decidió bajar al gran lago para que sus pupilas escuchasen el canto. en posiciones de relajación. los brazos. En la ribera del lago. Nadar y nadar para ver los pensamientos descender y no evaporarse. Algunas níbulas. Lo que sorprendió a Eboé fue lo que sucedía en las aguas. cientos de níbulas cantaban a coro. sentadas. los latidos de las flores o el riego del placer. pero el cometido de las nadadoras es reducir al máximo los viajes en balde. Su canto era tan uniforme que costaba descubrir las voces de unas y otras. las elegidas. ofrecían letanías en las que se podía adivinar alguna historia. la piel más fina… Atravesar el agua es para vosotras más fácil que pensar. La mayoría de las níbulas conseguían su objetivo y descendían en caída libre hacia el lago de los pensamientos.

nosotras debemos salir inmediatamente del agua después de descargar los pensamientos en la cascada. Eboé se asombraba de la belleza de la diosa nadando en las aguas colmadas de colores burbujeantes. los sueños de los humanos. Eboé intrigada por todo lo que acababa de contemplar. que acompañaban a un ser superior.agua y cuyo reflejo acariciaba a las propias níbulas en sus cuerpos y en los planos de las rocas de los acantilados. —¿Qué son? —Querida. que no comprenden nuestro mundo y ni tan siquiera pueden contemplarnos? —No te dejes engañar. Los dioses se bañan en los sueños de los humanos. —Solo los dioses pueden hacer eso…. son los sueños. Construyen. los reconforta. Apartaron a un grupo de níbulas y le dejaron un hueco en la concurrida playa. preguntó: —¿Cómo tienen el don de soñar unas criaturas tan ciegas. tan débiles. para servir a los dioses… Ellos son los elegidos por los dioses. pues en ese preciso instante acudió al lago un séquito especial. Eboé… Tú existes para ellos. los inspira… Creo que es una de las razones por las que los crearon… Es hora de regresar. dan vida y mueren… Los humanos agitan 8 . semidioses. Senitra era la primera diosa que Eboé veía en su corta vida… Dejó sus ropas y se introdujo en las aguas. Tuvieron suerte las de Miose. —Es muy hermoso.

la creatividad. Recordad esto mañana…. con deformidades tan horrendas que te costará recuperar la cordura. que tanto pregunta… —Entonces Eboé se ruborizó muchísimo—. se empequeñece frente a los humanos. Su existencia está delimitada por el crecimiento y la muerte. es un don de los dioses que no podrás comprender. dedicad vuestro empeño solo a nadar. no creas ni por un momento en aquellas cosas que veis. Mañana será vuestro primer baño… ¿Sois de las que nadan? —¡Somos de las que nadan. Podría decir que está prohibido mirar en esos pensamientos. ese es su don. Y creedme que os digo que son más proclives a la destrucción. En eso quisieron los dioses que se les pareciesen. en las ilusiones humanas… pero es tu condición de níbula nadadora. 9 . El canto de tus hermanas hace que las almas de los humanos proyecten cosas buenas o cosas horribles. mi consejo es que si los ves. En el pensamiento de un humano pueden suceder cosas increíbles. esa misma curiosidad es la que te hará mirar… Chicas como nuestra Eboé. Su naturaleza los invita a ello para contener su propia capacidad reproductora. Os haré una última advertencia: cuando estéis nadando podréis ver los pensamientos de los humanos… Mi consejo es que no miréis.el universo. Cualquier pensamiento vuestro sobre oscuridad y mal. con paraísos… pero también con atrocidades. Un humano puede soñar con otras vidas. las de Miose!—gritaron ellas divertidas. la curiosidad que te agita las piernas para nadar.

nadaré como mis hermanas. La habían educado así. —Eboé…. La corriente la sorprendió.Emprendieron regreso y Miose quedó de las últimas y llamó aparte a Eboé. —Soy de las que nadan —dijo Eboé. Eboé se concentraba para el día venidero. Sería como sentir que volaba. Por fin llegó el gran momento. para quien pensar en sentarse como sus hermanas y cantar en el lago le parecía poco menos que una simpleza. —Es fácil. Eboé sonrió ante la idea de saltar por la gran cascada. Eboé y las primerizas entraron en las aguas del gran río que cruza los abismos de las tierras de los inmortales hacia los cielos de la consciencia humana. pero que hacer el camino inverso por el contrario era bien fácil. Apretó las piernas y comenzó a nadar en serio. la gran níbula maestra de nadadoras…. Nadaba comedidamente corriente arriba y no conseguía avanzar. Tienes la capacidad para ser la mejor… o un error irreparable. Miose. 10 . con todas mis fuerzas río abajo hasta el gran salto donde cantan las que cantan… Estando sola en sus aposentos. espero no equivocarme contigo… Recuerda bien tu cometido. Pensó que ir contracorriente sería complicado. aunque recordar el canto le produjera fantasías en los ojos y recordase la sensación de armonía y resonancia capaz de penetrarle dentro del cuerpo.

Eboé se fue en carrera a por él para que ninguna de sus hermanas se lo quitase. aunque tratase de resistirse.venciendo la corriente río arriba.Eboé logró llegar al río sin esfuerzo. Un tipo gordo calamitoso en su avance. el humano se tumbó agradablemente en las aguas. pues miles de níbulas comenzaban su tarea. Una níbula hábil podía hacer muchos trayectos y ella quería sorprender a su maestra. No le pesaba y. sin mirar al humano. Lo agarró uniéndolo a su diadema y. Había mucho jaleo y confusión. tratando de realizar el salto lo mejor posible. Lo metió en el agua y. Había tantas que temía quedarse sin humanos. no paraba de chocar contra los árboles. tras sus hermanas. Se reconoció mucho más fuerte que los humanos al instante. Miose debía estar en la otra orilla siguiéndolas con sus ojos expertos para comprobar que cumplían como se esperaba. Allí se acercaron a la orilla. Eboé saltó por encima de él. Por fin. Gemía y se lamentaba. como si fuese un pajarillo. Lo agarró de la muñeca. ella lo conseguía arrastrar. Sabía que la jornada sería dura. nadando con fiereza llegaron a la altura del gran Bosque del Ocaso. pero quedó complacida cuando divisó azul la luz del pensamiento. que podría nadar más fuerte. Ahora venía la parte delicada. Era el momento importante. Pero le llegó la suerte después de un buen rato de búsqueda. El hombre tenía los ojos cerrados y se quejaba como si llorase. Sintió que podía hacerlo mejor. como si estuviese hipnotizado. Pensó que podía mejorar aquel salto. 11 . Avanzaba con fuerza.

no llegaría a tiempo. Miose la esperaba en la orilla dando saltos gritando su nombre. o un error irreparable. Eboé comprendió que. Fue realmente un error atroz… 12 . —¡Eboé es de las que nadan. Eboé estaba llamada a ser la mejor. su maestra y no se equivocó. teniendo en cuenta además que había salido del torrente propulsada por la velocidad de su nado. Eboé y la luz que llevaba prendida de su diadema… estaban volando sobre las aguas del gran lago. Recordó cómo nadaba la diosa Senitra. Antes de poder preguntarse dónde quedaría la cascada. pues poco más o menos que se dejaba llevar por el torrente musculoso del río. sí. Al principio le sorprendió tanto la facilidad de nadar a favor de la corriente que no se percató de que sus hermanas nadaban más rápido que ella. de las que mejor nadan! —Eboé… es de las de Miose…—respondió ella nada más salir del agua. Ella sabía que no debía entretenerse. Descubrió que estaba deseando subir otra vez al río para sentir nuevamente esa sensación de volar con el pensamiento del humano. majestuosa. yo lo sabía. Era una sensación incomparable la de volar. Cayó al fin en las aguas del gran lago y fue nadando a la orilla.se hundió en las aguas veloz. Había conseguido cumplir su cometido sin un solo error. ese había sido el vaticinio de Miose. Entonces nadó… Fue tan rápido que adelantó a muchas de sus hermanas que la habían aventajado. si no nadaba fuerte.

Dos ojos castaños. Ellos sabían de la existencia de las níbulas. ¿cómo era eso posible? Se detuvo. pero los había hermosos y no le despertaban nada especial a Eboé… ¿Qué fue lo que sorprendió tanto a Eboé? ¿Fue su caminar? Jamás había visto a ninguno de los humanos caminar así. vamos…. —¿Quién eres tú? Eboé se giró y lo vio mirarla directamente. Tenía una misión. Varios gritos de otros humanos en las cercanías de donde ellos tenían ese extraño encuentro la alarmaron. Aquel humano no cumplía ni uno solo de los criterios con los que ella siempre había 13 . sí. No lo estaba mirando a la cara. en el Bosque del Ocaso vio aparecer a un joven. Era hermoso. estás aquí para esto. pero escuchó su voz. —Soy Eboé… —respondió sin saber qué le estaba sucediendo. tranquilo. —¿Es este un sueño y tú una níbula? Eboé quedó fascinada por las palabras del humano. sinceros. Cuando consiguió tomar su mano sintió que el humano abría los ojos.Cuando la joven níbula ejercía su nueva labor en su tercera noche humana…. encontraron su pequeña alma de nadadora. desarmada en todas las hipótesis que siempre había reverenciado. —Espera. como hacían los dioses en los jardines frondosos de sus palacios. erguido. Tiró por la fuerza del humano. ¿por qué tiras de mí? —Debes confiar en mí.

Faldo accedió y la níbula. —Señor… —Puedes llamarme Faldo. aterrada por si sus hermanas se daban cuenta de lo que sucedía. Tenía miedo de volver a subir y que otro humano la viese como Faldo. Ni estaba ciego. —Señor…. era su propio rostro… ¡Faldo estaba soñando con Eboé! Cuando llegó al agua del lago tuvo miedo. ni era fácil de arrastrar. no deberías estar despierto. adelantando a todas sus hermanas. logró convencer a Faldo para que se bañara. Tenía fuerza. ni con miedo. Nadaba más rápido que nunca. Tenía miedo de que sus hermanas hubiesen hablado con Miose y la fueran a reprender por lo sucedido. debéis acompañarme hasta el río. Vio una cara conocida. una sombra que tocaba sus mejillas. sintió que era algo complementario a lo que veía en sus ojos y que su cuerpo femenino era consecuencia del cuerpo masculino de Fesión. Ella de repente sintió algo extraño. Faldo miraba a su alrededor maravillado. Antes de saltar por la cascada pudo mirar en muy breve espacio de tiempo los pensamientos de Faldo. —Señor. Eboé lo dejó hundiéndose con los ojos muy abiertos en las aguas del río mientras nadaba con todas sus fuerzas. Por fin Faldo se tumbó en las aguas y ella saltó sobre sus pensamientos. pero sobre todo miraba a Eboé como a un milagro.sido aleccionada. Sin embargo ascendió por las tierras junto a la catarata y volvió río 14 . un calor que la recorría.

Sentía la estúpida necesidad de ser ella quien lo acompañase hasta el río y no otra de sus hermanas… Eboé esperó. Era Miose. comoquiera que habían pasado ya dos jornadas de trabajo y Miose no se había acercado a reprenderla. la misteriosa consciencia la de aquel ser. deseo hablar contigo. se internaba en lo profundo 15 . el que ella esperaba. —Eboé. La aterraba por ejemplo que Faldo estuviese «soñando» de la mano de otra níbula. el suyo. Sí. Sentía que no podía realizar bien su tarea pensando constantemente en ese humano y. Ella iba al bosque y despreciaba a los humanos. pensó que igual nadie había sido testigo del incidente. Sentía algo extraño ahora. no aparecía. cada vez que visitaba el bosque. buscando al suyo. No comprendía por qué. Faldo no aparecía en el bosque y ella pasaba largas esperas. Varias compañeras la habían advertido sobre el comportamiento de Eboé. Eboé no era consciente de lo que había sucedido.arriba hasta el Bosque del Ocaso sin que ninguna de sus hermanas abandonase las risas y los comentarios habituales sobre piruetas natatorias o acrobacias en el salto final. marrones como las frutas maduras. no podía evitar buscar a Faldo. rechazando a muchos soñadores. Lo buscaba para volver a mirar sus ojos castaños. si ella contemplaba otros humanos que repetían aquella rutina. Tenía la esperanza de que el humano regresara.

hemos decidido sacarte del río. Pero Eboé no comprendía lo que era la muerte. No podía evitar buscar a Faldo entre las criaturas humanas. —¿Sacarme del río? —preguntó a su maestra con un destrozo que era fácilmente visible en su rostro. —Me temo que Faldo ha muerto. una vez resignada al final de la jornada. Eboé mantenía su búsqueda infructuosa en el Bosque del Ocaso cada vez que tenía oportunidad. Eboé sintió la desesperación y la angustia que había sentido durante todo el tiempo de espera que llevaba soportando sin Faldo. Lo llamaba a gritos y esto asustaba a sus hermanas nadadoras. Sé lo que sucedió con ese…. No podía evitar tampoco mirar los sueños de los humanos que. accedía a llevar al río por insistencia de sus hermanas. Repasaba sus sueños porque tenía la corazonada de que tal vez Faldo apareciese en 16 . Pensaron que saber que Faldo no regresaría al río aliviaría la existencia de Eboé y que con esto lograrían que volviera a comportarse como una de las que nadan…. —Eboé. Miose lo dijo sin vacilar.para buscar a Faldo. —Te saltaste la norma sagrada de toda níbula. No lo podía entender y pidió explicaciones una y otra vez a Miose. —¿Dónde está? ¿Por qué ya no viene a soñar a mi río? —preguntó Eboé. ese Faldo. pero estaban equivocados. Eboé tuvo que asimilar aquella noticia. Al pronunciar su nombre.

Pero ni un solo día en que estuvo sentada junto a las que cantan dejó de mirar las aguas de las cataratas con cierta nostalgia 17 . —Cuando sea tu turno. canta esa nota… Es fácil. que no había nacido para cantar. Eboé podía haberse adaptado a esa nueva forma de vida. Eboé escuchaba el canto de sus hermanas mientras pasaba el tiempo y el discurrir del río de los sueños. Cuando le llegaba su turno. —Cuídate. cantaba su nota y después guardaba silencio. Miose se desentendió de ella. Una sola nota era fácil de entonar incluso para ella. Regresaba a las cuevas donde habitaban las que cantan y allí descansaba y tenía una vida buena.ellos. Pero no le importó. que carecía de orgullo desde que su existencia se había encadenado a la mirada de aquel humano. Nada importaba si no podía volver a verlo. La apartaban del río. no tienes que hacer más. hija… Eboé sintió pánico. guardián celestial del gran lago. Le asignaron un coro y una nota musical. podía haberle ido bien esa tarea de canto. Se contaminó de pesadillas y malos pensamientos. a Miose se le escapó una lágrima. vino a buscarla. de la vileza de la condición humana mirando aquellas fábulas soñadas. Cuando Aerión. Pensó que la castigarían severamente por su comportamiento pero en lugar de eso la llevaron al lago. A ella.

ella era de las que cantan… y siempre lo había sido. comprendió que. intentaron copiar su tono. pero ninguna había sido entrenada en el sufrimiento. un destrozo tan visceral y lacerante. una voz tallada de sentimientos profundos. Sentía una pena tan honda. sensaciones nuevas que no podían las demás comprender. Las níbulas cantoras. Cuando Eboé alzó más la voz. Al principio no comprendieron qué sucedía… —Ella es de las que nadan… —susurró una níbula antes de sentirse presa de la melancolía del tono de Eboé. cuando decidió que tenía que cantar hasta dejar de existir. Su garganta sostenía el tono y era tan diferente y especial que las demás que la rodeaban apagaron su propio canto para escucharla. Siempre lo había sentido. muy en contra de lo que Miose había calculado. sentimientos que sus hermanas jamás habían experimentado. Salió de su garganta una tonada limpia de canto. tan bello para producir la melancolía más atroz. tan hermoso para destrozar la belleza.de su etapa de nadadora. Y un buen día… abandonó su tarea de emitir una sola nota musical y Eboé comenzó a cantar. Ni un solo momento dejó en el olvido a su querido Faldo. que su canto no pudo por menos que ser hermoso. Sus ojos llorosos desnudaron lágrimas que pasearon por su rostro mientras elevaba una voz que ella misma desconocía poseer. No pudieron reprimirse. ninguna comprendía realmente el significado del amor humano y la pérdida de la muerte… 18 .

Acudió alarmada. una de las mejores cantantes. —No se le permite cantar a las que nadan… ¿Por qué la trajeron aquí? Eso dijo antes de escucharla. en la tibia sensación de vacío. Solo la voz de Eboé quebraba el silencio y acompañaba la caída de las aguas gélidas. Hasta que comprendieron que solo podrían hacerle coro y así. detuvo su canto y avisó a la semidiosa Beli. La canción de Eboé creció como la noche.Las hizo llorar. Dicen que durante tres noches todos los humanos vivos que pudieron recordar sus sueños escucharon esta canción y a muchos los hizo enloquecer. En seguida. La canción de Eboé se propagó por los bosques. de no haber comprendido nunca lo que realmente era cantar. Sileida. Su voz remontó la cascada y se elevó hasta los bosques. cuando trataban de seguirla se detenían agarrándose la garganta y lloraban amargamente. muy quedo. Así el lago de los pensamientos detuvo su canto. robó la afinación a las que debían cantar y el lago de los pensamientos. su voz hizo llorar a sus hermanas que debían nadar. fue escuchada por los dioses… y en ese momento ese tono triste y melancólico cantó la más hermosa canción de los tiempos antiguos. Porque. 19 . cuando llegó a donde Eboé cantaba se sumió en la tristeza. Dicen que se clavó de rodillas y lloró como las demás. acompañaron la voz de su hermana en un coro que se propagó por toda la región del gran río. en el desamparo de su canto.

ni tampoco podrás regresar al lago. —Entonces no podrás volver al río. perdió su color. ¿qué sucedió cuando Faldo te miró? —No puedo expresarlo sin cantar mi canción. —Sí. —Eboé. mientras las níbulas lloraban y se retorcían de dolor. las aguas comenzaron a teñirse de negro cuando Eboé. La diosa escuchó su canto y se conmovió. llorando. continuó su canto incesante de amor perdido. —¿Seguirás buscando a Faldo aunque yo te lo prohíba? —Sí. Pero Okarín se había conmovido por su canto y no dejó que nada malo le sucediera. qué sucede con ese corazón que canta con tanta potencia? No parecía tener arreglo aquella pena nefasta que ya convocaba tormentas sobre los bosques hasta que la misma diosa Okarín fue a ver a Eboé. Lamento no poder reprimir lo que me desborda. lo seguiría buscando aunque prometiera otra cosa. —¿Te gustaría volver a nadar? Sopesó la pregunta de la diosa. Un dolor incomprensible. Senitra y Fundus ya habían construido un infierno para ella. un lugar donde pensaban encerrarla. ¿Cantar? ¿Nadar? ¿Qué es eso que siente Eboé que yo no he sentido? ¿Cómo puede sentir ese dolor. 20 . La canción las vaciaba por dentro. Repitió la canción una y otra vez. Les robaba las aspiraciones de su sentido vital.la enorme laguna de los sueños. custodiada por demonios.

Okarín la acercó a la gran playa de las almas pasajeras. —¿Qué sueño es este? —preguntó Faldo que parecía mirar con extrañeza el paisaje—. mi señora… —Mi querido amor humano… mi precioso viajero del Bosque del Ocaso. Cuando estuvo delante de él. En el lago encontró a Faldo y pareció girarse dentro de ella una cerradura de angustia y nacerle un sol dentro de su ser. sintió aterrada que Faldo era incapaz de reconocerla. —¿Dónde está el lugar donde los humanos mueren? ¿Dónde puedo encontrar a Faldo? Daría silencio a mi canción si al menos pudiera volver a verlo una vez más. incapaz de verla acaso. Allí Eboé volvió a ver a Faldo. Sus pies apenas sentían el suelo porque su alma perseguía un presentimiento. Un sueño del que no quiero despertar. —Habla. 21 . Eboé fue entonces a mirar a Okarín y cómo sería la pena y la desdicha que tuvo que sentir la diosa que todo se nubló y muchas almas se evaporaron en una gran tempestad. Allí sucedió el reencuentro. Eboé despertó en un bosque. Se fundieron en un abrazo y juntos aprendieron a vivir en el jardín que se les había entregado. Caminaba desnuda en lo frondoso hasta que llegó a un lago. Pero os suplico una sola cosa.—Aceptaré lo que la diosa Okarín decida.

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