¿Profesión o Vocación? Miguel A.

Varela Pérez 3 de marzo de 2013

Compartiendo en una esquina de la plaza, hablando y analizando, en forma preocupada sobre los asuntos de la calidad educativa en Puerto Rico y en el mundo se encuentra Sócrates, acompañado de Platón y Aristóteles, John Dewey y Eugenio María de Hostos y no se podía quedar fuera del evento el Maestro Rafael Cordero. Tenía que estar allí, el Tío Sam, representando la Ley Que Ningún Niño Se Quede Atrás, (NCLBA), por sus siglas en inglés. Se le solicita al Tío Sam que si puede presentar la forma en que ellos “colaboran” con la educación. Indica que se invierten millones de dólares para la preparación de maestros en Puerto Rico y los Estados Unidos. Anualmente cientos de maestros se benefician con el pago de matricula para obtener certificaciones, grados de maestrías y hasta doctorados; el presupuesto destina millones de dólares para el desarrollo profesional en escuelas en plan de mejoramiento, pero este dinero, en muchas ocasiones se pierde por que los que han de beneficiarse no “quieren” capacitarse fuera del horario lectivo. Indica el Tío Sam que la gran mayoría de las escuelas están en plan de mejoramiento, no han logrado sus metas académicas, lo que tiene implicaciones nefastas para el sistema educativo. Sócrates toma la palabra y le cuestiona sobre las razones para que eso ocurra, si hay maestros mejores preparados, el aprovechamiento no puede estar por debajo de lo esperado. Interrumpe el Maestro Rafael Cordero y le indica que es preocupante que a pesar de la aportación que han estado realizando por años, la situación continúe deteriorándose, entonces las estrategias identificadas estaban fracasando, lo que conlleva revisar los estilos, enfoques, estrategias y modelos. Indican el Maestro Rafael Cordero y Aristóteles que en una conversación con un maestro este le justificaba el bajo aprovechamiento argumentando que no puede hacer su trabajo por que tiene veinte cinco (25) estudiantes por grupo, de los cuales diez (10) son de educación especial, el no es especialista en educación especial, no tiene los materiales suficientes, la administración escolar no lo deja trabajar, le exige planificación diaria, lo visita continuamente y le cuestiona sobre sus estrategias y el progreso académico de sus estudiantes. Además, argumentaba el mismo maestro, que los padres no están comprometidos, solo van a la escuela cuando necesitan que se les certifique que su hijo está matriculado para gestionar algún servicio. Como punto final, el maestro indica que el estudió esa profesión para que lo respetaran y lo dejaran trabajar. Sócrates trae el argumento de un padre preocupado por que su hijo diariamente salía temprano por que había reuniones, el maestro faltaba, se despachaban por que el comedor no funcionaba, no domina las destrezas, sigue pasando de grado pero cuando escribe cualquier comentario en Facebook lo hace con múltiples errores ortográficos, no sabe analizar un párrafo, no sabe usar adecuadamente las matemáticas, no sabe ubicar geográficamente a Puerto Rico en un mapa, desconoce lo que es el método científico; pero su hijo obtuvo un diploma de cuarto año y quiere ir a la universidad. Dewey interviene presentando el punto del estudiante que se le acercó preocupado por que lo que esta es acumulando información, datos y conocimiento pero no está aprendiendo nada, según el estudiante, no le ve sentido a lo que está estudiando, no le interesa, no hay motivación, es una rutina. Eugenio María de Hostos no puede quedarse callado ante lo que escucha de sus compañeros. De inmediato añade que la educación, incluyendo a todos sus componentes y actores, tiene un valor disciplinario:

desarrollar los poderes del educando, y un valor ideal: perfeccionar al hombre para que sirva a los ideales sociales de justicia y a los universales del bien y de verdad. Debe enfatizarse en el estudio del desarrollo mental y los intereses del educando. El conocimiento de los fenómenos naturales debe ser el enfoque de la educación como fuente de todas las verdades. Es un proceso para perpetuar y desarrollar la sociedad, preparando al individuo para realizar sus fines sociales. Tiene la responsabilidad de crear una nueva conciencia en un hombre nuevo. Organizar el currículo y la metodología de la enseñanza para brindar una educación de excelencia. Guía al educando en la búsqueda de su desarrollo integral, formando ciudadanos capaces de conducir al mundo por el camino del bien, la verdad y la justicia. Algunas quejas están muy bien fundamentadas, otras surgen del espectro de la desesperación y el no conocimiento en cómo funcionan los diferentes modelos y esquemas. Sin embargo, conviene examinarlas por que pueden servir para el desarrollo de nuevos modelos y paradigmas. Es interesante observar como los integrantes de los diferentes microsistemas, ajenos a lo que ya habían postulado algunos de los distinguidos personajes mencionados en este escrito; escuela, familia, iglesia, entre otros, identifican, analizan y hasta someten a investigación no científica diferentes factores o variables que invaden en la problemática existente en la sociedad puertorriqueña. Se observan en las filas de los comercios, en los bancos de las plazas públicas, en las oficinas médicas y de servicios exponiendo sus argumentos de diversas maneras. En una sociedad, como la actual, en la que todos tienen puntos divergentes de ver, opinar y argumentar sobre diferentes asuntos de la vida diaria conviene discutir objetivamente los planteamientos presentados y poder identificar alternativas o soluciones que estén dirigidas a trabajar con la problemática existente. El Maestro Rafael Cordero retoma lo expuesto por el Tío Sam y concluye que aunque se están preparando e invirtiendo en muchos profesionales, pero se está olvidando que esa profesión tiene que estar acompañada de mucha pasión, desprendimiento, darse y hacerse parte de la problemática del alumno, en otras palabras, no se puede tener una profesión si que esté acompañada de mucha vocación. Al final de la conversación todos los reunidos concurren en lo siguiente; es necesario un modelo de vida que refleje un sólido carácter moral en la que parte de su meta sea lograr que el alumno descubre la verdad. Hay que proveer las experiencias necesarias para el desarrollo de esas capacidades germinales. Tiene que plantearse cuestionamientos y problemas, proveer el medio para alcanzar el deseo de hacer lo bueno y perseguir lo justo, enfatizando en la adaptación del niño y propiciando el desarrollo de las inclinaciones naturales del niño; dar, hacer y servir, dirigiéndolo al a la solución de problemas, tomando en consideración las diferencias individuales, guiando sus actividades y logrando que desarrolle interés por la situación del aprendizaje de una manera funcional y práctico. Hay que dirigir la dinámica a que el alumno consiga nuevos cambios, formar nuevos hábitos y poder ejecutar las destrezas que le harán exitoso toda su vida. Hay que provocar que el alumno piense críticamente Al final de la conversación hay solo una pregunta; ¿Qué es lo más importante en este tiempo, la profesión o la vocación? Referencias: Blanco Prieto, S. (1994). Breve Historia de Filosofía Educativa Occidental. Ponce, Universidad Interamericana de Puerto Rico.

López, E. (1991). Filosofía de la Educación y Puerto Rico. Ponce, Universidad Católica de Puerto Rico. Pollack Sadker, M. y Sadker, D. (1997). Teachers, Schools and Society. Fourth Edition. Mc Graw Hill Company. Riestra, M.A. (1986). Fundamentos Filosóficos de la Educación. Río Piedras: Universidad de Puerto Rico.

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