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LA DICTADURA DE PRIMO DE RIVERA (1923-1930)
I.1. INESTABILIDAD POLÍTICA I.2 CONFLICTIVIDAD SOCIAL Y ECONÓMICA I.3 EL DESASTRE DE ANNUAL I.4 LOS INTERESES OCULTOS DE ALFONSO XIII Y PRIMO DE RIVERA II.1 EL DIRECTORIO MILITAR II.2 EL DIRECTORIO CIVIL II.3 LA PACIFICACIÓN DE MARRUECOS: ALHUCEMAS II.4LA INSTITUCIO- II.4.1 LA ASAMBLEA NALIZACIÓN DEL NACIONAL CONSULTIVA RÉGIMEN II.4.2 LA UNIÓN PATRIÓTICA III.1. INTERVENCIONISMO ESTATAL III.2 CORPORATIVISMO Y SINDICATOS VERTICALES IV.1 MILITARES: “LA SANJUANADA” IV.2 LOS INTELECTUALES IV.3 LAS FUERZAS POLÍTICAS OPOSITORAS V.1 LA DIMISIÓN DE PRIMO DE RIVERA V.2LA V.2.1 BERENGUER Y AZNAR “DICTABLANDA” Y V.2.2 EL PACTO DE SAN LA SEBASTIÁN REORGANIZACIÓN V.2.3 LAS ELECCIONES DE 12 DE LA OPOSICIÓN DE ABRIL DE 1931

I.LAS CAUSAS DEL GOLPE DE ESTADO

LA DICTADURA DE PRIMO DE RIVERA (1923-1930)

II.GOBIERNOS E INSTITUCIONALIZACIÓN DE LA DICTADURA

III.POLÍTICA ECONÓMICA Y SOCIAL IV.LA OPOSICIÓN A LA DICTADURA

V.LA CAÍDA DE PRIMO DE RIVERA

El 13 de septiembre de 1923, el Capitán general de Cataluña, Miguel Primo de Rivera dio un golpe de estado, declarando el Estado de guerra y se dirigió al rey Alfonso XIII para exigir que el poder pasase a manos de los militares. El rey aceptó y se nombró un Directorio Militar presidido por Primo de Rivera. Con ello se suspendía la legalidad constitucional y se ponía fin al sistema de la Restauración. El golpe de estado recibió el apoyo del propio rey y de una serie de sectores militares, políticos y económicos. Entre las causas que dieron los propios golpistas para justificar el golpe de estado destacan la inestabilidad política del sistema parlamentario, así como su baja representatividad debido al fraude electoral y el caciquismo, el miedo de las clases acomodadas ante la conflictividad obrera y campesina, el aumento de la influencia de los partidos contrarios al sistema, como republicanos y nacionalistas periféricos, y el descontento del ejército tras el desastre de Annual. De esta forma, en su manifiesto inaugural, Primo de Rivera justificó su golpe militar con ideas de regeneración política, intentando ganarse el apoyo popular. Así, criticó el caciquismo y la corrupción política, la violencia e indisciplina social derivados de los problemas económicos, y el peligro de los nacionalismos separatistas. Sin embargo, este discurso ha sido puesto en cuestión por los historiadores actuales. Muy probablemente lo que pretendía Primo de Rivera era precisamente evitar que el régimen de la Restauración terminara por democratizarse. El gobierno de concentración anterior al golpe de estado, presidido por García Prieto iba a realizar toda una serie de reformas que podrían afectar a la Ley Electoral y limitarían los poderes del rey. Con el golpe se impedía esta

acción reformista. Además, el rey dio su visto bueno a la dictadura porque con ello evitaba que continuasen en el Parlamento las investigaciones por corrupción relacionadas con el desastre de Annual (Expediente Picasso), que podían haber implicado a la monarquía. Dentro de la dictadura de Primo de Rivera se distinguen dos etapas: el Directorio Militar y el Directorio Civil. El Directorio Militar (1923-1925) se caracterizó porque todas las carteras ministeriales quedaron en manos de militares del ejército. Durante el Directorio Civil (1925-1930), aunque siguieron predominando los militares, se incluyó también a ministros civiles, como José Calvo Sotelo como ministro de Hacienda y Eduardo Aunós como ministro de trabajo. Las primeras medidas del Directorio Militar mostraron el carácter dictatorial del régimen: suspensión de la Constitución, disolución de las Cortes, prohibición de las actividades de los partidos políticos y los sindicatos, etc. Para luchar contra el caciquismo el dictador aprobó un Estatuto Municipal y otro Provincial, pero lo único que se consiguió fue sustituir unos caciques por otros. En cambio, Primo de Rivera sí tuvo éxito en el conflicto de Marruecos. El líder de los rifeños Abd el-Krim cometió el error de atacar a las tropas francesas. Como consecuencia, españoles y franceses se aliaron y atacaron conjuntamente a los rifeños rebeldes. Los españoles organizaron el desembarco de Alhucemas (1925), que se saldó con gran éxito. Poco después Abd el-Krim se entregó a las tropas francesas y se dio por pacificado y controlado todo el territorio. En los años siguientes la dictadura continuó consolidándose con nuevas instituciones. Algunas de ellas se copiaron del fascismo italiano, como la Asamblea Nacional Consultiva, de carácter corporativo. Sus miembros no eran elegidos en elecciones sino por instituciones públicas. También creó un partido único, la Unión Patriótica, con el objetivo de conseguir apoyo popular para la dictadura y seguir las órdenes del poder. Tuvo escaso seguimiento social. La dictadura de Primo de rivera coincidió con una época de crecimiento económico y empleo, los “felices años veinte”. La política económica de Primo de Rivera se caracterizó por apostar por las inversiones públicas en infraestructuras como ferrocarriles y carreteras, y también por crear grandes empresas públicas con carácter de monopolios como CAMPSA (petróleo), o Telefónica Nacional de España, empresas que perduraron durante muchos años después de la dictadura. También se crearon las Confederaciones Hidrográficas, que permitieron el aumento de los regadíos y de la productividad agraria. Si bien el balance de todas estas medidas económicas fue al principio positivo, con el tiempo contribuyeron a crear una gran deuda extraordinaria. En el terreno social se puso en marcha un modelo que pretendía regular las relaciones laborales por el Estado, eliminando los conflictos y sentando a negociar a patronos y obreros. Para ello se creó la Organización Corporativa Nacional que agrupaba a patronos y obreros en grandes corporaciones y para regular los conflictos, se creaban los Comités Paritarios formados en igual número por patronos y obreros. Todo ello surgía a imitación del modelo de sindicatos verticales del fascismo italiano. Algunos partidos y sindicatos llegaron a colaborar con este sistema, como el PSOE y la UGT, mientras que los partidos de la izquierda más radical, como anarquistas y comunistas, fueron reprimidos.

Desde el punto de vista cultural se organizaron dos exposiciones universales, la Exposición Iberoamericana de Sevilla y la Exposición Internacional de Barcelona, ambas en el año 1929. La oposición a la dictadura existió desde el principio, si bien fue aumentando conforme se comprobaba que el régimen de Primo de Rivera no iba a ser algo transitorio, sino que cada vez perduraba más en el tiempo. Entre esa oposición había desde miembros de los antiguos partidos dinásticos, hasta republicanos, nacionalistas, comunistas, anarquistas y la práctica totalidad de los intelectuales. Incluso hubo algunos militares que se opusieron al régimen. La “sanjuanada” fue una conspiración militar fallida en 1926. Los intelectuales y el mundo universitario se opusieron con fuerza a las faltas de libertades de la dictadura. Especialmente importante fue el enfrentamiento con Unamuno, que fue desterrado a la isla de Fuerteventura, y con Blasco Ibáñez que hubo que exiliarse a Francia. Sin embargo, la mayor oposición a la dictadura provino de los republicanos y los nacionalistas catalanes. Los republicanos constituyeron la Alianza Republicana contra el dictador. Los nacionalistas catalanes se vieron reforzados, ya que algunas medidas de Primo de Rivera, como la prohibición del uso público de la lengua catalana y del baile de la sardana soliviantaron a buena parte de la población. Dentro del catalanismo de izquierdas destacó el grupo Estat Català que intentó una invasión armada de Cataluña desde el sur de Francia en 1926. También los anarquistas se enfrentaron a la dictadura, siendo intensamente perseguidos. En esta época surgió uno de los grupos anarquistas más violentos, la Federación Anarquista Ibérica (FAI). En cuanto al PSOE, que había colaborado con la dictadura en sus primero años, cambió su posición en 1929 y rechazó la continuidad del régimen y se declaró a favor de la República. La caída de Primo de Rivera se produjo cuando el rey Alfonso XIII se convenció de que la continuidad de la dictadura suponía un peligro para la permanencia de la monarquía. De esta forma y con las críticas arreciando contra Primo de Rivera con cada vez más fuerza, el rey le retiró su confianza y este se vio obligado a dimitir en enero de 1930. El rey pretendió volver entonces volver al régimen constitucional y de la Restauración como si no hubiese pasado nada. Para ello confió el poder al general Berenguer que iría cediendo poco a poco libertades y debería convocar elecciones. Esta dictadura de transición se conoció como la dictablanda. Sin embargo Berenguer fue incapaz de convocar estas elecciones y fue sustituido en febrero de 1931 por otro militar, el almirante Aznar, que puso en marcha la consulta a tres niveles, municipales, provinciales y a Cortes legislativas. Sin embargo, ya era demasiado tarde. La oposición, integrando a republicanos, socialistas, nacionalistas catalanes había firmado un pacto en el verano de 1930, el Pacto de San Sebastián, por el que se comprometían a que el fin de la dictadura de Primo de Rivera significase no sólo la salida de este dictador, sino también del propio rey Alfonso XIII. Las fuerzas firmantes del pacto, por tanto, se comprometieron a que España fuese en el futuro republicana. Hubo un intento de anticiparse a ello, la sublevación de los capitanes Galán y García Hernández en Jaca, que se alzaron a favor de la República y fueron cogidos prisioneros y fusilados por el gobierno.

Finalmente, de las tres elecciones puestas en marcha por el almirante Aznar, únicamente se celebraron las municipales del día 12 de abril de 1931. En esta consulta la victoria de las fuerzas republicanas en las capitales de provincia fue tal, que provocó la caída de la monarquía, renunciando Alfonso XIII a la Corona y proclamándose la II República dos días después, el 14 de abril de 1931.