La muerte en la Edad Media: motivos y consecuencias

Estela Aymerich Miracle

“Yo soy la muerte cierta a todas las criaturas que son y serán en el mundo durante. Demando y digo:¡oh, hombre!¿ Por qué cuidar de vida tan breve en momento pasante? Pues no hay tan fuerte ni recio gigantequeque de este mi arco se puedaamparar, conviene que nueras cuando lo dispare, con esta mi flecha cruel traspasante.” (Danza general de la muerte, s.XIV)

En la Edad Media la muerte era considerada como un acto social de primera categoría, marcaba el tránsito de una vida a otra, tanto mejor como peor pero sí eterna. En ello tenían mucho cuidado, intentaban darle al muerto el mejor reposo posible con ceremonias y rituales para prepararlo para el más allá. Las muertes más corrientes en la Edad Media eran básicamente por muerte natural, epidemias, guerras y ajusticiamientos. La mediana de edad de un individuo en la edad media era de 45 años, aunque muchos llegaban a la edad de 60 años o más, que ya era considerado un anciano, y su imagen pasaba a ser consideradas un ser negativo porque sus facultades ya están muy debilitadas. Un texto del siglo XIII, “El gran propietario de todas las cosas” nos dice: “Los viejos chochean, tosen con frecuencia y están llenos de gargajos y de inmundicias”. La mujeres ancianas también eran despreciadas, los personajes que más nos hablan de ellas son los trovadores que escribían historias sobre ellas para ridiculizarlas haciendo que el personaje protagonista de sus historias, siempre que era engañado era porque había quedado con una bella dama en su alcoba y en su lugar, por la mañana se encontraba que había estado con una anciana y para nuestro galante protagonista suponía una gran humillación y castigo. Por muerte natural no sólo se dan los casos en la vejez, los casos de muerte infantil y sobretodo de recién nacidos también era muy común. En Barcelona encontramos en “Els llibres d'Obits” del siglo XIV que nos indican la gran mortalidad que había infantil, sobretodo en los meses de verano que muchos niños mueren a causas del calor, exactamente entre el mes de junio y julio del año 1375 encontramos hasta 23 entierros seguidos de niños recién nacidos que han sucumbido al calor o de 75 entre el mes de julio y octubre del 1376. Las revueltas urbanas fueron muy numerosas durante toda la Edad Media, la consecuencia de ellas, los culpables era castigados con la vida. En el caso de Barcelona, bajo el reinado de Alfonso el Benigno (1327-1336) se conoce el caso de diez detenidos que fueron juzgados por delito de robo sin un juicio limpio, solo con la sentencia. En numerosas normas reales y municipales hay crímenes que se tienen que pagar con la vida: el robo y el incendio de alguna casa deliberado era castigado con la horca, la herejía con la hoguera, la falsificación de monedas comportaba ser arrojado a un caldero con agua hirviendo y si se atentaba contra algún político o contra el rey la pena era el descuartizamiento.

La herejía era la causa más común de las revueltas urbanas, generadas por aquellas sociedades que estaban descontentas por su suerte y necesitaban una explicación a su desgracia, dándole la culpa a los colectivos que no actuaban conforme lo dictaba la Iglesia, como extranjeros con otras creencias religiosas, hechiceros, ociosos, vagabundos... Una de las comunidades que se vio más afectada por las revueltas sociales y urbanas fue la comunidad judía, que fueron involucrados en una gran matanza por toda Europa en el siglo XIV, en el caso de Barcelona había unas 200 familias judías que fueron afectadas de estas revueltas. Pero sin duda la mayor causa de muertes era provocada por las epidemias y enfermedades infecciosas que, sobre todo en sitios urbanizados y en ciudades por su gran número de habitantes, se propagaban muy rápidamente. Las epidemias más comunes y que llevaron más muertes fueron la lepra, el ergotismo y la peste. De la lepra conocemos bien los síntomas ya que aun hoy en día tenemos casos de ella en algunas zonas del tercer mundo. La figura del leproso estaba muy presente en la edad Media, ya se hablaba de él en la Biblia, como a un ser que se le tiene que tener lástima y rezar por él, acompañado siempre de una campanita para saber su presencia. En la leyenda de San Francisco de Asís es muy conocido el capítulo en que se acerca al leproso y le da un beso en la mejilla como símbolo de humildad.

Francisco cuida como una madre a los leprosos (imagen izquierda) y lava sus heridas (imagen derecha). Tabla Bardi, siglo XIII. Iglesia franciscana de la santa Cruz, Florencia

Las leproserías, siempre halladas “a un tiro de piedra de la ciudad” eran abundantes. El leproso era un ser despreciado por la sociedad, en la historia de Tristán y Isolda, cuando el rey Marc se entera de que su esposa Isolda le ha sido infiel con el joven caballero Tristán la castiga entregándola a un grupo de leprosos para que se encarguen de ella: “ Yvain, el más repugnante de los enfermos llamó al rey con voz aguda: (…) ¿quieres que tu esposa muestre un castigo peor, de tal forma que pueda seguir viviendo, pero con gran deshonor, y siempre deseando la muerte? (…) pues dala a los leprosos. Jamás señora habrá tenido peor fin: Mira, nuestros harapos estás pegados a nuestras llagas que rezuman, cuando se acueste con nosotros ¡entonces Isolda la bella reconocerá sus pecados y se lamentará por no poder morir en ese hermoso fuego de espinos!”.

Pero, ¿como puede reconocer a simple vista un arqueólogo un muerto de lepra en el caso que se encontraran sus huesos? Ya que la lepra es una de las enfermedades con efectos más deformadores de los huesos, deberíamos buscar deformaciones pronunciadas en el paladar (muchos casos con perdidas de dientes), puede haber desaparecido la espina nasal dejando abiertos los orificios nasales de manera que el sujeto parecía que le había caído la nariz, deformaciones en las manos reduciendo el tamaño de los dedos, la tibia y el peroné pueden tener surcos muy pronunciados de manera que provocaba que las piernas fueran inestables y los dedos de los pies pueden encontrarse con síntomas artríticos de manera que los huesos de las falanges están fusionados y eso dificultaba que se pudieran doblar y a consecuencia de ello poco se podía andar. La lepra se dice que provenía de oriente, se conocen textos de época antigua chinos y indúes que hablan de los síntomas pero del Ergotismo no se tenia tan claro su procedencia. También llamado “mal de los ardientes” o “fuego de San Antonio”, era una enfermedad por envenenamiento, sobretodo por el consumo de centeno, que provocaba a la víctima una fiebre muy alta y se le gangrenaba las extremidades del cuerpo y eso llevaba a la mutilación de los miembros, otros, no tenían tanta suerte y morían de las altas fiebres y del calor intenso que padecían. Sigiberto de Gembloux nos cuenta en sus "Chronicon sive Chronographia"1 que el 1090: “ Fue un año de epidemia, sobretodo en la Lorena occidental, en el que muchos se pudrían bajo el efecto del fuego sagrado que consumía el interior de sus cuerpos, mientras sus miembros quemados ennegrecían como el carbón, o bien morían miserablemente, o bien, amputados sus pies y sus manos atacados por la putrefacción, se salvaban para vivir más miserablemente...” Otro síntoma importante eran las alucinaciones, eso provocó una gran practica de exorcismos. Se le llamaba vulgarmente “fuego de San Antonio” porque era el santo que curaba esta enfermedad, se llegaron a crear hospitales donde los monjes de la orden de San Antonio eran los encargados de cuidar estos enfermos y de procurarles las exorciones y el consuelo cristiano.

El Retablo de Isenheim, creado por Matthias Grünnewald a principios del siglo XVI para el hospital y monasterio antoniano de Isenheim. La obra contiene un gran número de referencias a San Antón y al Fuego de San Antón. El artista ha querido representar a cristo con las heridas provocadas por la enfermedad y eso hace que sea una de las imágenes más duras que tenemos de la pintura del gótico tardío. 1 Sigiberto de Gembloux (1035-1112) historiador benedictino.

Pero, no obstante, la enfermedad que propagó más muertes en Europa en el siglo XIV fue la peste. La peste era una enfermedad que parecía caída del cielo, los humanos ignoraban sus causas, aunque buscaron explicaciones culpando a los enfermos y a los judíos de su contagio. Los síntomas eran muy claros, empezaba con fuertes fiebres, náuseas, sed y cansancio, entonces empezaban los dolores agudos y la inflamación de los ganglios de ingles y del cuello dándoles un color negro (de aquí llamada la peste negra). Las primeras tierras hispánicas infectadas fueron las Baleares, concretamente en Mallorca. Tenemos hasta el nombre del primer muerto afectado de peste bubónica, un tal Guillem Brassa, muerto en marzo del 1348 en Alcudia (Mallorca). De allí se extendió por el Mediterráneo entrando por la costas catalanas durante el mes de mayo de ese mismo año arrasando la ciudad de Barcelona. Se cree que los estragos de la enfermedad se dieron más en las zonas litorales que en las centrales, sobretodo en las zonas urbanas como las grandes ciudades. Según un estudio demográfico realizado en Vic, los habitantes pasaron de 16500 a solo unos 5500 después de la epidemia en toda la plana de Vic. Otro aspecto demográfico fue la gran migración de la gente del campo hacia las grandes ciudades. Nada importaba que los núcleos urbanos las posibilidades de contagio fueran mayores, la desesperación por encontrar un trabajo mejor hacia que la población rural quisiera correr estos riesgos para no morir de hambre. Eso provocó una gran disminución de producción agraria. En el terreno social las epidemias también fueros las causantes del miedo colectivo, los judíos fueros perseguidos acusados de propagar esta enfermedad acusados de envenenar los pozos de agua. De ahí que en el mes de mayo de 1348, apenas unos días de la aparición de la peste en la ciudad de Bareclona, el Call de Barcelona fuera asaltado. A partir del siglo IV y XV, la muerte deja de ser un “final tormentoso” sufre un giro importante en lo que respeta a la propia concepción de la muerte. Como la muerte se hace habitual (el efecto de la peste tiene que ver mucho con ello), nace una exaltación del sentimiento de lo macabro que se va a trasladar en las pinturas, las esculturas, en la iconografía y en la literatura. Uno de los temas favoritos en representaciones plásticas y iconográficas será las imágenes sacadas de los textos literarios de la llamada Danza de la muerte, una imagen que a finales del siglo XIV y principios del XV resulta muy habitual ya que la gente está a acostumbrada a encontrarse cadáveres en descomposición por la calle. En este género, la muerte está representada como un esqueleto danzarín o de cadáver descompuesto llama a una danza inexcusable a todos los estados, empezando por las más altas dignidades: Rey, Papa, Emperador..., y terminando por artesanos labradores y ministriles. A todos obliga la Muerte a danzar en su corro y por igual rechaza, arrogante y sarcástica, sus intentos de eludir el baile macabro y permanecer en el mundo de los vivos.

La danza macabra. La muerte con el monje y el soldado. 1496.

Esta imagen no solo la encontraremos en los textos literarios que hablan de ella, también estará representado en las paredes de las iglesias, cementerios... en todos aquellos lugares donde debe de ser visto para advertir que se tiene que estar preparado.

Bibliografía: VALDERÓN BARUQUE, Julio “El ritmo del individuo: en las puertas de la pobreza, de la enfermedad, de la vejez, de la muerte”. Conferencia universidad de Valadolid, 1997. VALDERÓN BARUQUE, Julio “La peste negra, la muerte negra en la península ibérica” Revista Historia 16, nº56 pp. 60-66, 1980. CLARAMUNT, Salvador, “La muerte en la Edad Media, el mundo urbano”. SEBASTIAN, Santiago “Mensaje simbólico del arte medieval: Arquitectura, litúrgico Iconografia” Volumen 382de ensayos. de. Encuetro, 2009, Madrid. GONZALEZ MONTAÑÉS, Julio. “Drama e iconografía en el arte medieval peninsular (s. XIXV)”, 2001, Madrid. BROTHWELL, D.R. “Desenterrando huesos”, de. Cse. 1987. México D.F.

Sign up to vote on this title
UsefulNot useful