TORCERLE EL RABO A LA CONSTITUCIÓN En Venezuela hay un refrán popular que dice: “El que inventó el cacho le inventó la vuelta;

más claro aún: “Hecha la ley, hecha la trampa”. Nos referimos específicamente a como, en el actual momento político que vive Venezuela, se buscó darle la vuelta a la Constitución de la República para lograr, mediante una componenda política, “torcerle el rabo” a esta ley fundamental. En este caso, fue el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) el que abrió la puerta para la consagración del ilícito, al resolver que el Presidente, para ese entonces electo, estaba en condiciones de asumir el Poder Ejecutivo. De hecho, interpretaron que era un ejercicio continuo de la presidencia, por haber sido reelecto, por lo tanto la presidencia ya estaba asumida, y q podía juramentarse cuando cesaran las causas “sobrevenidas”, y así lo manifestara; en la práctica, cuando le viniera en gana. Interpretación muy sui géneris de la letra constitucional, por decir lo menos. Con esto se estaba decidiendo lo que, políticamente, era más conveniente para el partido de gobierno y los planes políticos de sus dirigentes. El hecho de que en tres meses Hugo Chávez Frías ni siquiera apareció en público o pudo dar muestras creíbles de su condición de salud, ni directa ni indirectamente, y el posterior desenlace fatal, son indicios concordantes y prueba más que suficiente de que realmente no estaba en condiciones de asumir la presidencia. Así las cosas, el basamento fundamental del Tribunal Supremo de Justicia para tomar la mencionada decisión se desmorona. Así que, al estar Hugo Chávez Frías supuestamente a cargo de la presidencia y en funciones de su cargo, por la infeliz decisión del TSJ, al ocurrir la ya innegable falta absoluta le corresponde la presidencia de la República al Vicepresidente del país, por haber ocurrido dicha falta dentro de los primeros cuatro años del mandato constitucional. De haberse actuado como en realidad correspondía; es decir, reconocer que la falta absoluta ocurrió antes de la juramentación, quien tenía que encargarse era el Presidente de la Asamblea Nacional Diosdado Cabello. Pero la decisión del TSJ, redondeada con la rápida resolución interpretativa del viernes 8 de marzo, en día decretado como no laborable, de que Nicolás Maduro al pasar a ser de hecho Presidente de la República podrá postularse a las próximas elecciones presidenciales, sin necesidad de renunciar o separarse de su cargo, tuerce el camino para la salida del presente conflicto político por la vía constitucional. Esta trama era fundamental para que se cumpliera con el deseo, con carácter de orden póstuma, de Chávez, al nombrar como su sucesor a Nicolás Maduro, que se aplacara cualquier posible enfrentamiento interno inmediato por el poder en el partido de gobierno, que hubiese más tiempo y condiciones para ubicar a Maduro como candidato, algunos analistas interpretan que ya está en campaña y, en general, darle al gobierno las mejores condiciones posibles para prevalecer en el poder, incluyendo el grosero ventajismo a que ya está acostumbrado.

Se entiende así con más claridad como “legalmente”, torciendo la ley, se está burlando la Constitución; como, con la anuencia de las máximas autoridades del TSJ, se le hizo el mandado al gobierno del PSUVE para obtener ventajas políticas y dominio sobre la situación política actual.
Edmundo F. Felipe V. 08 de marzo de 2013

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