I'd prefer not to

Korina Ortiz (Fac. Filsofía y Letras, UNAM) Bartleby ,de Herman Melville, es ,como mucho se ha dicho al respecto en otros textos, uno de los personajes más enigmáticos que se ha asomado en las páginas de la literatura universal. Una de las narraciones más singulares en donde el protagonista irrumpe, de manera por demás violenta, en el estructurado mundo de un abogado, a quien la lastimosa y excéntrica personalidad de Bartleby perturba con su extraña forma de decidir. En Bartleby o de la contigencia, Agamben inquiere en escritos de Nikolai Gogol, Flaubert, y Dovstoyevski -por mencionar algunos- la imagen del amanuense en la literatura. Una extraordinaria genealogía de copistas a la que muy probablemente Bartleby pertenece, pero del que sin duda él, Bartleby, sea el espécimen más lúcido de todos. Partiendo de la teoría del acto y la potencia de Aristóteles, Agamben hace un recorrido filosófico con algunos de los problemas planteados por el estagirita y su exégesis a lo largo de la historia. La imagen de la tabula rasa es el precedente, por analogía, en donde Aristóteles nos habla de la existencia de la potencia y su camino al acto, impulsada por la voluntad, por medio del entendimiento. Pero, y como lo explica Agamben, la potencia de ser es inmanente a la potencia de no ser, de no hacer en tanto que puedo ser o hacer. La potencia es, pues, la posibilidad que es actualizada y determinada en el acto y en consecuencia puede ser comprobada o falseada. Pero Bartleby, y su incesante formula “preferiría no hacerlo”, advierte Agamben, parecieran estar a mitad del camino entre el acto y la potencia. No es que Bartleby no quiera acceder a las peticiones del abogado, simplemente preferiría no hacerlo , nunca dice que no, pero tampoco concuerda en ello. Bartleby es potencia porque no se determina, es voluntad porque expresa una preferencia, pero su preferencia no es positiva, en el sentido más etimológico de la palabra, no se pone, no se verifica y sin embargo, es acto porque elige no elegir. Agamben recorre las vertientes del pensamiento filosófico clásico islámico, cabalístico, teológico y contemporáneo para desenmarañar el ingenioso experimento literario en el que Melvillle ha colocado a Bartleby. La cuestión de la potencia que era aplicada a acciones meramente humanas, en un principio, se trasladan al plano divino. Dios es potencia porque tiene , como ser omnipotente, la virtud de poder hacer todo y es acto porque piensa y crea el mundo. ¿Pero si Dios es libre de elegir lo que hace , podrá elegir no hacer? Las ideas en la mente de Dios son necesarias y por tanto sus actos también. En Dios cabe la potencia que se determina, pero no puede haber contingencia en tanto que sus actos deben ser.

la esencia de su oficio. ocurra de nuevo. elegir la vida. y en ella todo puede ser o no posible. aterrador. los escalones de una pirámide nos infieren las posibilidades que bajo la punta y hasta la base se multiplican en nuevas posibilidades trasformándose en una cadena de potencias infinita que se suceden incesantemente. quizá el mensaje de Bartleby haya sido escuchado por algunos. Bartleby. simplemente prefiere no hacerlo. Pero en una sociedad como la nuestra en la que es necesario elegir ¿será posible? Bartleby. Elegir es una condena. en palabras de Sartre. de alguna manera. afirma Agamben. De elegir lo ya elegido por los demás sin una verdadera propuesta creativa. repite lo que ha sido. se lleva a cabo en el plano de la literatura. En un lugar como el nuestro. Pero es en la punta de esta pirámide donde Bartleby se posiciona. posibilidad de hacer pero que decide suspender el acto. se nos presenta . en donde todas las posibilidades co-existen de la mejor manera posible y pueden desarrollarse de igual forma. es principio de creación. Un experimento como el que realiza Melville. ¿a dónde lleva una voluntad que no se determina? Qué destino tendría una voluntad así? Bartleby. también. que no niega. casi como un mantra. el terreno en donde Bartleby se mueve.En Bartleby el acto se vuelve contingencia y por eso es indeterminado.a la que estamos expuestos en nuestra condición de hombres libres. La experiencia onírica de Sexto Tarquinio. el de ser copista. al ser volátil parece. de la que hecha mano Agamben nos ilustra de manera gráfica el lugar dónde Bartleby se encuentra. Pues una tabula rasa es. está destinado a ser como una de esas cartas que se van a la oficina de cartas sin reclamar. En un sentido optimista. en el texto de Agamben. En el sueño. En él la voluntad decide no determinarse. aquella en la que se había ya escrito algo y tuvo que ser borrado para dar paso a una nueva idea en la que lo pasado no quedó registrado. por así decirlo. como un mensajero divino que desconoce el contenido de su mensaje y por lo tanto el anuncio se da en un aparente silencio que no obstante perturba y causa ruido a quienes lo rodean. Pero si Bartleby renuncia a copiar es porque se hace consciente de la inutilidad de que lo que ha ocurrido. Un eco de la humanidad que busca prolongarse en las planas de la vida donde una y otra vez los significados se pierden y dan paso a los símbolos . ese mensaje que no encuentra destinatario. pues la humanidad repite. en donde la posibilidad muere. entre la abulia y la voluntad y se aparta del mundo como un auténtico anacoreta. Pero el miedo a lo irreconocible. elegir una postura. Husserl y su teoría de la epoche es. elegir una manera de pensar nos hace estar en peligro de hacer copias ininterrumpidas de otros. que no son simples mortales . El preferiría no hacerlo de Bartleby pareciera contener en su repetición. Para el autor del artículo. Para Agamben en el copista se reitera la imposibilidad de no ser.

y cuyas manos. las del artista han puesto. 2005. José Luis Pardo. Gilles Deleuze. traducción de José Luis Pardo. Giorgio Agamben. pp 93 a 136. . segunda edición. como las de Melville. Preferiría no hacerlo: Bartleby el escribiente de Herman Melville . España.seguido de tres ensayos sobre Bartleby Editorial Pretextos. las del poeta. aunque sea una huella en la cera que recubre al mundo.

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