You are on page 1of 1

El bautismo encierra dos elementos. El primero, es un paso de fe.

Entendemos que una vez creemos en el Señor Jesús como Salvador personal, testimoniamos tal convicción yendo a las aguas bautismales. El propio Cristo dijo: “El que creyere y fuere bautizado será salvo, más el que no creyere será condenado.”(Marcos 16:16). Coincidimos en un hecho: Dios perdona nuestros pecados y obra Salvación en nosotros cuando reconocemos y aceptamos la redención por la muerte del amado Hijo en la cruz. Ese paso es fundamental. Pero reviste especial significación el que recibamos el bautismo. El bautismo, testimonio de una nueva vida Cuando vamos a las aguas bautismales testimoniamos nuestra muerte al pecado y el inicio de una vida nueva en Jesucristo. El apóstol Pablo lo explicó de manera sencilla cuando escribió a los cristianos de Roma: “¿O no sabéis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su muerte? Porque somos sepultados con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva.”(Romanos 6:3, 4). Desde el siglo primero los seguidores del Señor Jesús optaban por el bautismo. No cuando eran infantes sino cuando habían tomado una decisión racional por la Salvación en Cristo. Cuando usted tenía pocos meses de nacida no era consciente de su situación de pecado y menos, de la necesidad de ser perdonada por Dios. Ahora sí lo es, por eso el paso de fe que damos tiene especial significación. La palabra bautismo significa “sumergir “ o “hundir”, por lo que asumimos que—a menos que alguien se encuentre enfermo—quien lo recibe debe ser sumergido en la pileta o en el río. Una decisión, no una imposición Usted está en libertad de bautizarse o no, pero en sus fuerzas. Si de verdad quiere estar en comunión con el Señor, debe hacerlo. Recuerde que ante todo es una decisión, no una imposición. En cierta ocasión sinnúmero de personas tras escuchar el mensaje de Salvación en Cristo, preguntó al apóstol Pedro ¿qué debían hacer?. “Pedro les dijo: Arrepentios, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados”(Hechos 2:38). Observe que si ellos aspiraban estar en línea con el Evangelio, debían dar ese paso. Pedro no los obligó, por el contrario, les mostró el camino. El apóstol Pablo cuando tuvo la visión con el Señor Jesucristo, camino a Damasco, recibió instrucciones del Maestro: “Ahora, pues, ¿por qué te detienes? Levántate y bautízate, y lava tus pecados invocando su nombre.”(Hechos 22:16. Cf. Hebreos 10:22). Cuando llegamos a conocer la grandeza que reviste el ir a las aguas bautismales, no encontraremos reparo en hacerlo. Es tanto como limpiarnos de todo aquello que arrastramos por años—la mancha del pecado—para quedar limpios e ir en pureza en camino firme y sostenido delante del amado Salvador. Le sugiero que medite en el asunto y se decida por un paso del cual jamás se arrepentirá.