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Capítulo I
Primer contacto con la filosofía y paradigmas fundamentales

1.1 Definición y objeto de la filosofía.
Filosofía es una palabra de origen griego, compuesta por los
vocablos uiìoo (Amor) y Eo|io (sabiduría). Filosofía se puede traducir como amor a la
sabiduría.
Hay diferentes formas de entender la filosofía, ya sea como una reflexión sobre
la totalidad del universo, como una divagación exclusiva de la realidad y existencia
humana o como un elucubración netamente axiológica. (González: 2005). No obstante
estas formas de entender la filosofía son fragmentadas y no revelan su verdadera
naturaleza y dimensión.
A lo largo de la historia muchos pensadores trataron de definir la filosofía.
Aristóteles consideró a la filosofía como un saber desinteresado, y por ello la definía
como un conocimiento superior pues no responde a una utilidad específica, era el saber
por el saber, ergo, un saber universal que se enfocaba en los primeros principios y las
primeras causas de todas las cosas (Aristóteles, 2005).
Después de Aristóteles, en el período helenístico, la filosofía se reduce a dos
temas, por un lado eudemonología y por el otro, filosofía del derecho. En estos temas la
principal escuela es la estoica, que promulga una doctrina ética que se convierte en
eudemonología; y que desemboca en una visión sobre el derecho universal.
(Abaggnano, 1988)
En la edad media, la filosofía fue entendida como Acilla Theologiae Los
pensadores medievales que se preocupan sobre discusiones teológicas redujeron el
papel de la filosofía al de una esclarecedora sobre temas teológicos. (Abaggnano,
1988)
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En la modernidad la filosofía se distanció de la teología y algunos filósofos la
vieron como una reflexión exclusiva sobre el conocimiento y la ciencia. En este período
es donde surge como disciplina la epistemología, con los aportes de Locke, Hume y
Kant.
Más tarde, Marx concebiría a la filosofía como un instrumento de liberación, que
debía preocuparse no por la interpretación del mundo, sino por la trasformación del
mismo, así lo explicó en una de sus tesis sobre Feuerbach.
En el siglo XX, surgen dos nuevas visiones sobre la filosofía, la primera la de los
posmodernos, que consiste en hacer de la filosofía un saber menos universal y
reducirla a interpretaciones circunstancialistas sobre los fenómenos.
Por el otro lado, está el empirismo lógico, que promueve el abandono de la
mayoría de los temas de la filosofía, y preocuparse únicamente por los temas relativos
al conocimiento y la creación de un lenguaje inequívoco no ambivalente.
Pero más allá de las definiciones brindadas por escuelas o pensadores de
renombre, podemos tratar de comprender la filosofía como una disciplina doxástica, es
decir un discurso donde imperan las opiniones y en el que el devenir histórico no
muestra acuerdos sino conflictos, que son evidentes en los esfuerzos por brindar una
definición de filosofía. Dicho diálogo histórico entre pensadores y escuelas, nos
conduce a aceptar que la filosofía es un saber complejo y que cada forma peculiar de
ser comprendida precisa de otras para poder ser válida o completa.
Podemos decir, por tanto, que la filosofía no es exclusivamente
una reflexión sobre totalidad, ni sobre el hombre o la moral, sino las
tres cosas a un tiempo. La filosofía ha de reflexionar sobre la actividad
humana, sobre el hombre mismo y sobre el mundo real en el que vive.
En una primera aproximación podemos decir lo siguiente: la filosofía
consiste en una reflexión sobre la actividad de los hombres en el
mundo. (González, 2005, pág. 24)
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Las definiciones clásicas, que deben ser estudiadas como requisito académico,
son a veces insuficientes para explicar la gama de posibilidades contenidas en el
universo de la filosofía, ésta, para ser explicada a cabalidad, demanda ser abordada
desde diversas perspectivas y amalgamar las mismas para formular una definición y
explicación completa del discurso filosófico.
La filosofía como disciplina doxástica posee una peculiaridad, que la convierte
en actividad más que en contemplación abstracta. La filosofía más que ser
especulación es hacer. La reflexión filosófica no es filosofía completamente, la filosofía
sólo es tal, cuando la reflexión conduce a la acción filosófica. La filosofía se consolida
como tal, cuando traspasa los límites de la contemplación abstracta o la simple
pasividad académica y se encamina a forjar una actitud, un camino racional de vida.
La filosofía – así, en singular- no existe. Esta palabra no significa
más que amor al saber. Expresa una actitud, un anhelo, un estado de
ánimo: el deseo de llevar nuestro conocimiento hasta sus últimos
límites. No es, pues, un saber concreto y transmisible sino una actitud
espiritual. (Korn, 1959, pág. 17)
Si bien esta postura es un poco poética, resalta el carácter activo de la filosofía y
su compromiso con la transformación personal. El estudio de la filosofía tiene éxito
cuando el estudiante se ve transformado, motivado a buscar insaciablemente la verdad,
pero no una verdad abstracta, sino en contacto con la praxis humana.
La filosofía no es solamente una reflexión sobre la actividad
humana, sobre su praxis, sino que el mismo filosofar consiste en una
actividad real, aunque teórica, que los hombres llevan a cabo en su
vida social e histórica. (González, 2005, pág. 24)
La reflexión filosófica no puede estar escindida de la acción, ésta debe conducir
a una actividad teórica cuyo énfasis es la actitud crítica, según (González, 2005), está
actividad crítica tiene tres rumbos, la primera es la radicalización, la cual significa
buscar lo más primordial de algo, siempre ir a la raíz de un problema. Es insuficiente
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para la filosofía la explicación que sobre un fenómeno social, religioso etc. Se puede
dar superficialmente desde un ideología, la explicaciones ideológicas son generalmente
fenoménicas, y la filosofía busca lo neuménico o esencial, por eso es que siembre
busca radicalizase, para encontrar la esencia y causa de los fenómenos, busca ir más
allá de la apariencias. La segunda es el desenmascaramiento, que implica encontrar si
los postulados defendidos por una clase, partido político, religión o disciplina social son
verdaderos, el desenmascaramiento necesita de una actitud de sospecha, el poner en
tela de juicio todo lo que se escucha, lee, observa etc. Y finalmente la voluntad
emancipadora que consiste en utilizar las dos características previas, para liberar al ser
humano, no se trata sólo de conocer la verdad sobre un acontecimiento social, sino de
utilizar esa verdad como herramienta de liberación humana.
Un punto importante a tener en cuenta cuando se inicia el estudio de la filosofía
es comprender, que ésta es una disciplina de construcción socio-histórica, que depende
del entorno social en el que habita el filósofo, de las condiciones políticas y económicas
que le rodean, así como, de la historia de la filosofía. El filósofo no puede empezar su
actividad ex nihilo, precisa de un punto de partida, un soporte teórico brindado por los
que le antecedieron. Sólo desde una conformación socio-histórica, la filosofía como
actividad crítica, adquiere valor; si se da la espalda al entorno social o al legado
histórico, la actividad crítica de la filosofía queda menguada.
El auténtico filosofar supone memoria e imaginación creadora.
Como todo saber teorético, tiene pasado, sobre el cual se va
construyendo su porvenir. No existe una filosofía perenne a título de un
repertorio de verdades definitiva. Los filosofemas se superan sin cesar;
se han ido superando al correr de los tiempos. (Larroyo, 2005, pág. 4)
El carácter histórico de la filosofía no es únicamente retrospectivo, más
prospectivo, la filosofía se encarga de mirar al pasado, para poder caminar al futuro,
pero la visión del futuro de la filosofía no es de carácter predictivo, como una profecía o
maldición que ha de cumplirse inexorablemente. La visión de futuro de la filosofía es de
carácter electivo; las decisiones que se toman hoy tendrán una repercusión inevitable
mañana.
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Con el desarrollo de la historia, muchas disciplinas humanísticas se han ido
escindiendo de la filosofía hasta convertirse en formas de saber independientes,
verbigracia, la psicología, la sociología etc. De ahí que comúnmente se le llama a la
filosofía, la madre de las ciencias, no obstante que ella no sea una ciencia.
Es importante aclarar la naturaleza de la filosofía, primero no es ciencia.
Segundo no es religión. Y tercero no es ideología, pero dada las peculiaridades de sus
disciplinas está obligada, por definición, a dialogar con la ciencia, la religión y las
ideologías.
Como todas las disciplinas humanísticas, la filosofía es un discurso estructurado
a partir de juicios doxásticos, lo que significa que en ella no siempre hay acuerdos, es
más, la característica más propia de las disciplinas humanísticas es el desacuerdo, la
confrontación de ideas surgidas de la diversidad de interpretaciones en torno a los
mismos hechos, siendo esa la razón, que en ellas se vuelva constantemente sobre los
mismos temas.
Los objetos de estudio de la filosofía son aquellos que se comprenden en sus
cuatro sub disciplinas y por ello es que en filosofía no hay un método único de
investigación o estudio, como en las ciencias naturales, que sólo tienen un método.
1.2 Utilidad y fin de la filosofía
Toda área del saber tiene un fin, una motivación para ser estudiada. Las
ingenierías tienen aplicaciones directas y evidentes en la actividad humana; la
arquitectura también es de utilidad para el ser humano, de igual forma acaece con otras
formas de saber, como la medicina, la agronomía, la agricultura, la química etc.
Las anteriores son ciencias naturales y por tanto, su utilidad es evidente por sí,
cada ciencia natural, permite dominar una dimensión de la realidad natural y modificarla
para beneficio de la humanidad. A la par de estas ciencias, están las formas del saber
sobre el mundo abstracto, como la lógica y la matemática. La utilidad de estos dos
saberes no resulta tan evidente como los naturales, pero todo ingeniero, físico o
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químico sabe que su área de conocimiento es inconcebible sin las aplicaciones
matemáticas, es decir, sin matemáticas no hay ciencias naturales.
La utilidad de la lógica se hace evidente en la investigación, cada método de
investigación debe fundarse en los principios lógicos básicos. Y por otra parte, la lógica
es la que le da el fundamento a la matemática, ésta tiene validez por obra de la lógica.
En la actualidad las ciencias han proliferado y se han especializado cada vez
más, un buen ejemplo lo brinda la medicina, donde cada vez aparecen más
especialistas en diferentes enfermedades o tratamientos. El médico general siempre
remite al paciente con el especialista, quien tiene el conocimiento adecuado para curar
la dolencia.
En esta situación puede considerarse a la filosofía como una forma de saber
obsoleta, que debe ceder su autoridad a la ciencia y dejar de existir, pues no tiene lugar
en un mundo latamente tecnológico y científico. Ante la avance de la ciencia, surge una
interrogante. ¿Qué utilidad brinda la filosofía? Pues con ella no se domina ni transforma
al mundo natural; con filosofar no se hace producir a la industria, no se mejoran las
cosechas, no se ganan guerras ni se curan enfermedades.
¿Qué es, entonces, lo que el filósofo busca cuando se pone a
filosofar? ¿Sigue siendo necesario el saber filosófico una vez que los
saberes científicos han proliferado y se han asegurado como lo han
hecho en la actualidad? (Ellacuría, 1976, pág. 121)
El cuestionamiento a la utilidad de la praxis filosófica es válido y saludable. La
comparación con la ciencia, respecto a utilidad y beneficios brindados impele a los
filósofos a cuestionar la vigencia de su área de conocimiento y a replantear el sentido y
necesidad de hacer filosofía en una era altamente científica, y sobre todo a definir el
papel del filósofo en la sociedad contemporánea, sus objetivos, funciones y aportes al
colectivo social, tal como lo hacen las ciencias naturales. Esto no significa el deceso de
la actividad filosófica, el avance de la ciencia no es contrario a la existencia de la
filosofía.
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Científicos como Descartes, Leibniz, y Newton vieron todavía la
necesidad de la filosofía, a la cual los dos primeros dedicaron sus
mejores esfuerzos. Una historia de la relación entre ciencia y filosofía
podría borrar muchos prejuicios que, como suele ocurrir con los
prejuicios, son producto de la ignorancia. (Ellacuría, 1976, pág. 120)
Grandes científicos como Descartes, Leibniz, y Russell dedicaron parte de su
intelecto, no a hacer ciencia, sino a filosofar, porque consideraron contra natura
obnubilar la parte humanística de nuestra existencia y comprendieron la necesidad de
filosofar, incluso haciendo ciencia. Por tanto se admite que la filosofía no es una
disciplina inútil o un resabio del medioevo, es una disciplina viva y con gran aplicación a
la existencia humana contemporánea. No obstante, en la actualidad es común
encontrar corrientes de pensamiento que formulan diatribas contra el saber filosófico
mientras pregonan su inutilidad al reducirlo a una simple expresión de erudición o
conocimiento de cultura general sin injerencia en la actividad humana. “La filosofía
como erudición y cultura no es filosofía” (Ellacuría, 1976, pág. 116) el auténtico filosofar
desborda la actitud netamente académica, resonando en la actividad humana en tres
aplicaciones.
La función primera de la filosofía es el autoconocimiento. El ser humano necesita
la filosofía para conocerse a sí mismo, tal como lo pregonó Sócrates (Ellacuría, 1976).
La auto conciencia y el auto conocimiento son fundamentales para fijar rumbo en el
devenir histórico, la humanidad no puede irse desarrollando y conociendo el mundo
natural, sin antes conocerse a sí misma. El sentido, de su desarrollo e historia aparece
por el conocimiento de su esencia, ahí la primera contribución de la filosofía a la
sociedad.
El desarrollo de la sociedad es integral, cuando a la par de los avances
tecnológicos, se tienen avances humanísticos, se profundiza el conocimiento sobre la
naturaleza y esencia del ser humano, sobre su lugar y puesto en el mundo.
Una segunda contribución de la filosofía a la humanidad viene dada por la
interrogante sobre la totalidad de la realidad. Las ciencias no pueden preguntarse por la
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realidad como tal, sino por dimensiones de la realidad. La dimensión formal, cuya
principal disciplina es la matemática; la dimensión natural, en donde intervienen la
física, la química y la biología, entre otras. La dimensión social, con la antropología, la
sociología y demás. Y la dimensión del valor, con el derecho, la ética y la estética.
Todas estas disciplinas, por su naturaleza especializada, sólo pueden hacerse
cargo de una dimensión finita de realidad, no pueden tomar el todo como objeto de sus
estudios e investigaciones. La filosofía por su parte, toma esta empresa como propia y
se ocupa de tratar de definir lo real. La realidad como tal y la interacción del ser humano
con ésta es uno de los ejes centrales del filosofar.
Qué es la realidad y cómo se presenta la realidad en tanto que
realidad. Conocimiento y realidad son dos factores que se miran el uno
al otro, de modo que no se puede decir lo que es realidad sin hacer
referencia a lo que es conocer, ni se puede decir lo que es conocer sin
hacer referencia a la realidad. El hombre como conexión ineludible en
sí mismo del conocer y de la realidad es así la pieza clave del filosofar
y de la filosofía. (Ellacuría, 1976, pág. 122)
Finalmente, la filosofía es útil para aclarar la situación existencial del ser
humano, esto es, responder a las interrogantes sobre el sentido de la vida, la
justificación de la existencia y los objetivos de la misma. Claramente nada puede existir
sin razón, causa y objetivo. Por ello la filosofía es tan vigente ahora, como hace mil
años, porque permite indagar en las razones del ser humano para existir.
Por eso, la pregunta referente al sentido último es una pregunta
por el sentido de la vida humana. ¿Tiene sentido la vida humana?
¿Hacia dónde debe dirigirse la vida humana para que tenga sentido?
¿Se está llevando la propia vida personal con sentido, se está llevando
la vida social e histórica, la vida política, con sentido? (Ellacuría, 1976,
pág. 123)
Estas interrogantes, no deben confundirse con actitudes pesimistas o
manifestaciones de pensamientos depresivos, sino como un esfuerzo ulterior en la
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busca de la verdad, las preguntas propuestas por Ellacuría encierran la actividad crítica
de la filosofía. En las preguntas sobre el sentido de las vidas individual, política y social,
hay radicalización, desenmascaramiento y voluntad emancipadora. Esta inquietud,
sobre el sentido de la vida, es mucho más radical en los existencialistas, en especial en
Camus.
No hay más que un problema filosófico verdaderamente serio: el
suicidio. Juzgar que la vida vale o no vale la pena de que se viva es
responder a la pregunta fundamental de la filosofía. Las demás, si el
mundo tiene tres dimensiones, si el espíritu tiene nueve o doce
categorías vienen a continuación. (Camus, 2005, pág. 15)
Para Camus, responder a la interrogante sobre el sentido de la vida es la primera
y más importante tarea de la filosofía. El argumento de Camus es sencillo y válido. Si la
vida humana carece de sentido, también lo hace, toda su actividad. Por tanto, se debe
comenzar por lo básico, la justificación de la existencia humana. Una vez justificada
ésta, se puede empezar a realizar todo tipo de actividad deseada.
Este argumento contiene algunos elementos interesantes, por ejemplo el
absurdo como categoría existencial primaria y como componente de dominación. La
existencia humana en primeria instancia es un absurdo, de ahí se sigue que, las
relaciones de producción, las normas sociales, las ideologías políticas sean también
absurdas y el ser humano se convierta en una especia de borrego que sigue su vida sin
autonomía ni conciencia. La toma de conciencia deja dos opciones: la rebeldía o el
suicidio. (Camus, 2005).
Fundamentar la existencia humana es vital en la emancipación individual y
colectiva, los seres humanos sólo podemos realizarnos cuando comprendemos el
sentido de nuestra vida, y de esta forma sabemos si las condiciones sociales actuales
corresponden al sentido de nuestro existir, conociendo esto, podemos partir en busca
de nuestra liberación, caso contrario aceptaremos que las condiciones sociales y
económicas no entran en contradicción con el sentido de nuestra existencia y
seguiremos contribuyendo con nuestra propia dominación.
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La contribución que hace la filosofía a la sociedad no es fácil de visualizar, pero
si es cardinal en la realización del ser humano y en proceso para conquistar su
liberación. Si bien las contribuciones hechas desde la filosofía son inmateriales, son tan
importantes como las contribuciones de la química, la física o la medicina, después de
todo, éstas son productos de la actividad humana en contacto con su entorno, con lo
que consideramos realidad. Si no comprendemos la realidad como un todo y no
conocemos nuestro lugar en el mundo o si ignoramos el sentido de nuestra existencia y
el rumbo que debe tener nuestra vida, todos los avances tecnológicos y los adelantos
científicos resultan superfluos, absurdos y vacíos.
Es un error confundir la filosofía con algún tipo de corriente religiosa-
espiritualista inútil y vacua, desvinculada con la realidad y suponer que sus objetos de
estudio se sitúan fuera del plano de inmanencia, pues ha quedado demostrado, que la
filosofía tiene aplicación en el plano real y su utilidad es fundamental para la vida
humana. Si bien, se puede hacer ciencia, arte y política sin hacer filosofía, estos
productos culturales podrían servir a la dominación y no a la liberación, sólo cuando se
hace arte, ciencia y política con una orientación filosófica, es que éstos sirven a la
liberación de la humanidad. En pocas palabras, la utilidad de la filosofía, al conjugar sus
tres contribuciones, es la de combatir las ideologías con sus explicaciones superficiales
y sus manipulaciones.
El estudio y enseñanza de la filosofía es importante para el desarrollo y progreso
de una nación, esto no significa que todos los miembros de una comunidad o sociedad
deban ser filósofos, pero sí que todos podamos hacer preguntas filosóficas o tomar
actitudes filosóficas, principalmente la actitud crítica de la filosofía, y aplicar sus
componentes en cada una de nuestra ramas del saber, porque es la actitud filosófica
quien combate las ideologías y su interés de dominación.
1.3 La filosofía y las otras ramas del saber: Religión, Ciencia y Arte.
Ninguna forma de saber es totalmente independiente de las otras, de una u otra
forma, se ve influida por los ecos que provienen de otras formas del saber, así, la
ciencia influye en la filosofía, ésta lo hace en el arte; la religión inspira manifestaciones
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artísticas, los artistas inspiran a los filósofos y éstos cuestionan a los científicos. Sin
importar donde comience el movimiento, éste siempre desemboca en las otras formas
de saber, por ello, aquí se desarrolla como el diálogo interdisciplinar se puede iniciar
desde la filosofía.
La filosofía es un sector de la cultura: una creación de humana,
como lo es el arte, la moral, el derecho…Como modalidad de la cultura
ostenta innegable afinidad con otros dominios de ésta, pero también
esenciales diferencias. Participa con la religión, de un anhelo de
totalidad; con la ciencia, de una exigencia de saber teorético. (Larroyo,
2005, pág. 230)
La filosofía no puede existir disociada de las otras manifestaciones académicas,
siempre tendrá algo en común con cada una de ellas y a partir de ese algo irá
construyendo un discurso que concierne a ambas disciplinas, tratando de aclarar el
sentido de éstas y su fin en la sociedad.
Filosofía y religión.
Dependiendo de la época y el lugar, así será comprendida la filosofía, en la
Europa medieval, la filosofía se veía como un recurso académico para sustentar
racionalmente el corpus teórico de la teología, así que filosofía y religión estaban en
común acuerdo. En otras épocas y para otras corrientes de pensamiento, la filosofía se
ha tomado como antípoda de la religión, tal como ocurrió con la escuela marxista-
leninista, que aseveró fuertemente que la religión es contraria a la razón y por tanto a la
filosofía y la ciencia. Pero no sólo los marxistas defendieron la idea de una filosofía
contrapuesta a la religión, también filósofos materialistas defendieron la
incompatibilidad entre filosofía y religión. También ha habido en la historia, filósofos que
mezclan misticismo en sus escritos filosóficos, como Schopenhauer y sus referencias a
las religiones orientales.
El dialogo entre filosofía y religión es innegable y para profundizar en él, hay que
hacer claras distinciones entre las competencias teóricas de cada una de ellas, primero
se debe definir y comprender la religión, lo cual es difícil por la cantidad de
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expectativas, emociones, sentimientos e intereses, que junto a ella, naufragan. La
religión se alimenta de mitos y leyendas que son aceptadas como verdaderas, y es esta
fe la que dificulta el estudio empírico del fenómeno religioso, pues, la presencia de
dogmas en ella impide el cuestionamiento y la argumentación. La fe religiosa o es
aceptada o es negada, pero no puede ser debatida, simplemente se cree o se rechaza
y queda siempre marcada por el sentimiento y la emoción y no por la razón, puesto que
no es posible demostrar por medios empíricos, lógicos o científicos, la veracidad de un
postulado religioso, pues, eso implicaría la superación de las limitaciones
epistemológicas propias del entendimiento humano.
El objeto de la religión, la divinidad, está fuera de los parámetros de la razón,
ergo cualquier intento por demostrar racionalmente la existencia de la divinidad está
condenada al fracaso, también, las argumentaciones ateas a favor de la inexistencia de
la divinidad son indemostrables; no se puede demostrar por vía científica la inexistencia
de la divinidad, pues, las demostraciones precisan de pruebas y lo inexistente, por el
hecho de ser inexistente, es incapaz de dejar pruebas, lo que veda el tema a la ciencia
por dos razones, primero, porque la ciencia necesita de pruebas, no es posible hacer
ciencia sin evidencias empíricas; segundo, porque la ciencia se ocupa exclusivamente
de lo existente, no hay ciencia de lo irreal, en cualquier caso, ya sea que exista o no
una entidad divina, ésta no es asequible para la ciencia.
La divinidad no puede ser contenida por la lógica y la evidencia empírica, pero el
fenómeno religioso si puede ser accesible al entendimiento humano por vías lógicas y
empíricas. El fenómeno religioso posee tres dimensiones que le configuran y otorgan su
sentido: La consolación ante el dolor, la justificación de la existencia y la justificación de
un orden político.
El punto crucial es que las discusiones acaecidas entre filosofía y religión son en
su mayor parte banales, porque la filosofía debe concentrarse sobre objetos asequibles
al entendimiento, lo que significa que dichos entes deben habitar el plano de
inmanencia, no el de transcendencia, como los temas de la religión, y por ello, la única
reflexión filosófica con sentido es sobre el fenómeno humano de la religión, no sobre el
objeto de la religión. La divagación filosófica sobre la divinidad no es válida, en términos
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de estricta lógica, pero si puede razonar sobre los hechos que se generan en torno a la
religión, tales como: su fin y su utilidad.
La actitud de sospecha de la filosofía no cabe para un ente divino fuera de lo
inmanente, pero si para formular una crítica sobre la estructura eclesial, los líderes
religiosos y los valores que promueve una religión. La filosofía está en plena autoridad
de preguntar si una religión sirve como instrumento de dominación o no, pero no puede
preguntarse por la voluntad y naturaleza de los seres divinos.
Esta interrogante condujo a muchos pensadores latinoamericanos a racionalizar
sobre los papeles de la filosofía y la religión, dando origen a la filosofía y teología de la
liberación, las cuales se comprometían con la praxis emancipadora de los pueblos
latinoamericanos en la década de los sesenta.
A finales de la década de los sesenta se va configurando una
nueva generación filosófica, que recoge las inquietudes y problemas
que por aquellos años constituían el palpitar de la sociedad
latinoamericana. Es la generación en la que emerge la llamada
«filosofía de la liberación» (o mejor, «las filosofías de la liberación»)
(Beorlegui, 2004, pág. 661)
Filosofía y ciencia.
La era contemporánea es sumamente tecnológica y científica, y algunos
pensadores despotrican contra la filosofía y las humanidades; mientras otros, la
defienden, como una necesidad y complemento al saber científico. (Korn, 1959)
(Ellacuría, 1976) (Gavidia, 1965). La filosofía dialoga con la ciencia por medio de sus su
disciplinas, la lógica, la epistemología y la ética. Todo quehacer científico está sometido
a la confrontación teórica de estas disciplinas filosóficas.
En la antigüedad, esta relación era diferente, puesto que, los primeros filósofos
fueron también los primeros en hacer interrogantes científicas, algunos de ellos,
llegaron a figurar tanto en la filosofía como en las matemáticas, los casos de Tales de
Mileto y Pitágoras; mientras, Aristóteles, llegó a dominar los saberes de su tiempo,
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dejando iniciadas disciplinas específicas, como la botánica y la taxonomía. No obstante,
sus métodos de investigación no corresponden a los de la ciencia contemporánea, sin
importar que trataran de comprender el mundo natural, como ahora lo hace la física, la
bilogía o la química.
El impresionante desarrollo de las ciencias en la era moderna
nos obliga a plantearnos la pregunta por las cosas naturales de un
modo distinto al de Tales de Mileto, Anaximandro, Anaxímenes y todos
aquellos grandes pensadores. Hoy las ciencias naturales son la
principal fuente de conocimientos sobre la naturaleza y el filósofo no
puede decir una palabra sobre el mundo natural sin tener en cuenta la
información que estas ciencias proporcionan. (González, 2005, pág.
20)
La tarea del filósofo y la del científico no coinciden, tampoco sus métodos, sería
una atrocidad querer que la ciencia se someta a la filosofía; como lo sería la misma
proposición en sentido inverso, pero es innegable que entre ambas hay una relación de
complemento. No tanto en cuanto a la forma de obtener resultados, sino en la finalidad
de esos resultados.
La relación entre ciencia y filosofía tiene el mismo matiz que el diálogo entre
filosofía y religión. La ciencia, que por naturaleza y definición, debe estar libre de
dogmas y ser independiente de las ideologías, está en constante riesgo de ser utilizada
para fines propios de una ideología o clase dominante, y no para la liberación de la
humanidad. (Habermas, 1986) Puesto que los aportes científicos tienen un carácter
dual.
Además de los propios valores que cultiva la ciencia, ésta se
traduce en innumerables técnicas que encauzan la vida y conducta de
los hombres. Las invenciones y descubrimientos científicos dan la clave
de tecnologías que transforman muy significativamente la organización
económica en todos los aspectos, y, que, puestas al servicio de la
higiene, elevan la salud y demás bienes vitales del hombre. Las técnica
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empero, también incrementan la guerra. Forjan las armas de la bélica
contienda, que, en nuestro tiempo, son decisivas. (Larroyo, 2005, pág.
335)
La ciencia contribuye a modificar el estilo de vida de la humanidad, ya sea para
mejor o para peor. Esto depende del uso que se le dé a las aplicaciones tecnológicas.
Puede usarse para la paz, para la mejorar la salud de los seres humanos, para facilitar
sus tareas, incrementar la producción etc. O puede utilizarse para la construcción de
armas, para contaminar el medio ambiente etc. Por esta situación, es que el diálogo
interdisciplinar ciencia-filosofía es determinante. En la actualidad no se puede hacer
ciencia sin tener en cuenta lo que la filosofía, a través de la ética y la bioética, tiene que
decir.
La filosofía tiene que interpretar, valorar e incluso criticar lo que
hacen los científicos. Y esto, por una razón muy importante: porque a la
filosofía no le interesa simplemente conocer la naturaleza, archivar y
amontonar datos sobre el universo. Si a la filosofía le interesa la
naturaleza es porque ella está habitada y transformada por el hombre.
Si los datos de la ciencia natural son importantes para el filósofo, lo son
porque estos datos tienen un sentido concreto para la vida humana.
(González, 2005, pág. 21)
El papel de la filosofía es ver la importancia de la ciencia para la existencia
humana, y vigilar que los avances científicos no se conviertan en tecnologías de
destrucción ambiental; armas de destrucción masiva; o en métodos más eficaces de
dominación humana. Pero esto no debe entenderse como una postura anticientífica,
sino como un canal de conversación interdisciplinar que permita encauzar mejor la
producción de pensamiento y conocimiento, para lograr un fin común: la liberación de la
humanidad y el mejoramiento de sus condiciones de vida.

Filosofía y arte.
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El arte es otra manifestación de la actividad humana bajo la forma de cultura, y
por tanto, está circunscrito al diálogo interdisciplinar de las diferentes formas de saber
humano. El arte está sometido a diversas interpretaciones, la interpretación religiosa,
política, sociológica etc. Y por eso, también debe vincularse con la filosofía para definir
y esclarecer ciertos puntos en torno a su fin, vigencia y utilidad.
El papel del arte es un tema muy discutido entre los filósofos, algunos consideran
que su utilidad y finalidad es ulterior. Para Hegel el arte tiene el mismo objeto que la
filosofía y la religión, pero a diferencia de éstas, su modo de aproximación es diferente.
(Hegel, 2003). El arte busca aquello que trasciende, pero lo hace a través del
sentimiento del goce estético. Mientras otra visión, dice que el arte tiene el objeto de
glorificar la vida, de afirmarla tal cual es, (Nietzsche, El nacimiento de la tragedia, 1998)
pues a diferencia de las otras manifestaciones culturales, es la única que recurre a la
exaltación viva del sentimiento terrenal. (Romero, 2001).
Como acaece con la religión y la ciencia, el arte puede ser utilizado por alguna
ideología para sus propios intereses y fines. Ante este peligro, la filosofía se interroga
sobre la independencia y verdadera función del arte; tal como lo hace con la ciencia y la
religión. La tarea de la filosofía para con el arte, es asegurarse que éste sea libre y no
se someta a la agenda de un partido político o a un panfleto religioso, más esto no
significa que hay que encumbrar al arte como una expresión autosuficiente libre de toda
determinación externa a sí.

1.4 El método en Filosofía.
Toda disciplina académica tiene su propio objeto, y para conocerlo y apropiarse
de él epistemológicamente, debe tener un método de estudio e investigación; no se
puede investigar de la misma forma toda área de estudio, ni se puede producir
pensamiento como se sigue una receta en la cocina. Cada objeto de estudio tendrá su
peculiaridad y demandará una forma precisa de investigación para revelar su esencia y
naturaleza.
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El método es el conjunto de pasos seguido para obtener o conseguir algo; en el
caso de la investigación, el método es la totalidad de acciones, y su orden lógico,
realizadas para encontrar una verdad no evidente. Los pasos a seguir, para encontrar
esa verdad no evidente, serán definidos por las características esenciales del objeto
estudiado, si éste es un objeto material o ideal, el método variará.
Es de dominio general, la clasificación de dos grandes métodos: el método
inductivo y el método deductivo. El primero consiste en ir de lo particular a lo general,
siendo la base de los métodos de investigación de las ciencias fácticas; mientras el
segundo lleva el proceso inverso y es propio de las ciencias formales, lógica y
matemática.
Las ciencias naturales precisaron, para mantener un alto nivel de eficacia, en la
obtención de resultados, ir siguiendo los pasos con los que investigadores previos
tuvieron éxito; en la actualidad, los científicos no inventan formas de investigación, se
remiten al comúnmente llamado método científico. (Gutiérrez, 1998). El éxito que tuvo
éste método para las ciencias naturales impelió a los investigadores sociales a tratar de
usarlo en sus propios estudios, como trataron los positivistas (Mora, 1956).
Los investigadores sociales se dieron cuenta que el método de las ciencias
naturales no podía se importado para los estudios sociales y tuvieron que ir buscando
un método que les resultara funcional. En esta búsqueda fueron los filósofos los que les
brindaron muchas respuestas posibles, creando una diversidad de métodos de
investigación como, el método dialéctico, el hermenéutico, fenomenológico etc.
Estos métodos utilizados en los estudios sociales y en la filosofía no son
homogéneos, ni aplicables universalmente, dependen en gran medida de la orientación
teórica del investigador. Por ello es que no se puede hablar de un único método de
investigación, como acaece en las ciencias. No obstante, hay un elemento común en
los métodos de investigación filosófica y es la posibilidad de ser revaluados.
La verdad filosófica requiere del método del desafío: está
expuesta a ser relativizada, cuando no rectificada al encontrarse con
inéditas experiencias, que ya no puede comprender. Continuación, que
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no inauguración. Justo: este desafío intelectual involucra un enfoque
histórico. No hay una filosofía perenne, pero la filosofía como
consecuencia creadora es perenne. (Larroyo, 2005, pág. 4)
Un rasgo esencial de la investigación filosófica, es que sus resultados nunca son
definitivos ni últimos, siempre pueden ser cuestionados y debatidos; pero también,
pueden resurgir del pasado. Planteamientos de filósofos antiguos pueden cobrar
vigencia en la actualidad. A diferencia de las ciencias naturales, en filosofía no se
puede descartar totalmente un planteamiento, pues su naturaleza doxástica le permite
buscar en su propia historia respuestas vigentes, no como las investigaciones
científicas, que una vez superadas son descartadas.
La filosofía en cambio, se mueve en un ámbito diferente: fija,
desde su interior, sus propios modos de pensar, sus objetivos, los
supuestos de estos modos de pensar y estos objetivos. Se trata en
cierto modo de una torsión del pensamiento sobre sí mismo. (Larroyo,
2005, pág. 230)
El filosofar es en cierta medida una revisión del legado histórico de los filósofos
que nos antecedieron, ya sea para refutar sus proposiciones o para reivindicarlas y
actualizarlas. Las verdades filosóficas siempre estarán en tela de juicio y por eso los
métodos de hacer filosofía también estarán cambiando, volviendo sobre sí mismos para
perfeccionarse.
1.5 Diferencia entre Filosofía e ideología.
Al iniciar el estudio de la filosofía, es posible que ésta sea confundida con
ideología, dado que en muchos casos, por desconocimiento de la definición de los
conceptos se toman por sinónimos. Caso similar acaece con la política y la ideología,
quizá por la frecuente asociación de los vocablos ideología y política, no obstante,
ideología no es igual que filosofía o política.
La filosofía, como se definió con antelación, es una disciplina humanística cuyo
carácter y naturaleza es el interrogar, que está compuesta por varias disciplinas, entre
19



ellas la axiología, la cual engloba a la política. Todo discurso político está referido a una
fuente filosófica, pero no todo discurso filosófico es, necesariamente, político.
La política, como se ahondará más adelante, es un estudio sobre las formas de
gobierno, que implica la valoración sobre la primacía entre el individuo y el poder del
Estado. El derecho es una prolongación práctica de la solución emitida a esa disputa.
La política, como disciplina derivada de la filosofía está abierta a la crítica y el diálogo,
no obstante, cuando una postura política toma demasiada fuerza y se enseña
ciegamente corre el riesgo de convertirse en una ideología, o también, cuando una
clase llega a ostentar el poder, promueve una visión política del mundo, con el afán de
convertirla en una ideología.
Ideología significa la aceptación de proposiciones de orden político en un sentido
acrítico, de forma casi dogmática y muy cercana al fenómeno religioso, dónde la
emoción y el sentir desplazan a la razón, en el análisis y estudio de la realidad. El éxito
de una ideología se concretiza, cuando sus seguidores se asemejan, lo más posible, a
los adeptos religiosos, tanto en fervor como en pertenecía.
La ideología es un instrumento de poder y dominación, por ella se consigue la
manipulación de las masas, evitando que los individuos entren en contacto real con los
acontecimientos del orbe social. El fin de la ideología es encubrir o maquillar la realidad
mediante la exacerbación de las emociones y la manipulación de los sentimientos y
esperanzas de las personas. Para lograr su cometido precisa generalizar los
sentimientos y esperanzas individuales, haciendo que las personas se fundan en una
masa, donde cada quien tiene un visión de mundo semejante a la de los demás. El
pensamiento único es la prueba infalible de la existencia de una ideología.
Las ideologías logran insertarse en el sentir de las personas, utilizando una
maquinaria de propaganda que consiste en la infiltración de sus elementos teóricos en
la mayoría de actividades sociales, por ejemplo, reducen al arte a un simple mecanismo
de difusión de principios ideológicos; utilizan a la religión para que promueva una
cosmovisión afín a su proyecto político; al deporte lo ocupan como propaganda de sus
logros, etc.
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La filosofía es contraria a la ideología, pues su naturaleza crítica le motiva a
cuestionar cada una de las proposiciones de una ideología en concreto, ya que la
búsqueda de la filosofía es el mayor esclarecimiento posible de la realidad, por medio
de sus disciplinas trata de develar la realidad, no de encubrirla, como las ideología. La
diferencia teleológica entre ambas es irreconciliable; sus fines son antagónicos, por un
lado, la ideología busca preservar un estado de dominación y subyugación, con la
alteración y encubrimiento de la realidad, y su triunfo es la supresión de la toma de
decisiones de los individuos según la razón; los individuos ideologizados sacrifican su
razón individual y su conciencia en la pira de la conciencia de masas y toda decisión es
en base a un lineamiento previo, cuyo fin es la propagación de la ideología misma y la
consecución o perpetuación en el poder de los líderes que profesan dicha ideología.
Por su parte, la filosofía busca develar, entrar en contacto puro con la realidad,
de ahí, que los griegos definieran a la verdad como una develación de la realidad, un
descubrimiento hecho por la inteligencia, del mundo real.
El logro de la filosofía es la emancipación, tanto política como intelectual y éstas
sólo se logran cuando los individuos que conforman los pueblos, son seres críticos y
pensantes, apegados a la actitud de sospecha.
La actitud de sospecha es una característica del pensamiento filosófico, es un
dudar, inquirir, interrogar cada situación y discurso. A lo largo de la historia, muchos
filósofos propusieron esa actitud. Descartes, con su duda metódica, predicaba que
había que desconfiar de todo y abstenerse de emitir juicios cuando éstos no pueden ser
comprobados.
Sócrates recurrió a la interrogación constante a los grandes pensadores de su
tiempo, y gracias a su método de inquirir prolongado logró demostrar que muchos de
aquellos que se hacían llamar sabios (los sofistas), en realidad nada enseñaban y más
bien confundían con sus discursos. (Abaggnano, 1988)
No se precisa ser filósofo, para poder aplicar la actitud de sospecha de la
filosofía, simplemente es suficiente tener claridad a la hora de formular interrogantes o
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hacer cuestionamientos, y eso se lograr con un estudio serio, aunque no
necesariamente, de la filosofía.
La utilidad de la filosofía está en importar la actitud de sospecha a otras ramas
del saber. El peligro de las ideologías reside en todo lugar y en todo discurso, hasta en
la ciencia, por ejemplo, los astrónomos antes de Galileo se aferraron a la idea que los
planetas eran esferas perfectas, estos astrónomos habían convertido las ideas de
Aristóteles en una “ideología astronómica” y no estaban dispuestos a aceptar que
Aristóteles se había equivocado. De ahí se sigue que incluso la filosofía misma, debe
volver sobre sí con esa actitud de sospecha, para que lo que un día fue sinónimo de
emancipación, no se convierta en instrumento de subyugación. El reto de la filosofía es
combatir a las ideologías y sus intentos por encubrir la realidad, debe por tanto, la
filosofía, esclarecer las diferencias entre educación y adoctrinamiento; debe
preguntarse por los fines del Estado y la relación de éste con el individuo, demanda
confrontar a la ciencia y exigirle que no se separé de la ética; pero también, debe evitar
convertirse, ella misma, en una ideología, después de todo, extrema se tangut. Por eso
es recomendable recodar:
El que lucha con monstruos ha de tener cuidado de no
convertirse también en monstruo. Cuando estés mucho tiempo
mirando hacia un abismo, éste termina mirando también tu interior.
(Nietzsche, Más allá del bien y del mal, 1998, pág. 106)
Sería una pena, que momentos heroicos de liberación, sean el cimiento de un
nuevo sistema ideológico opresor, como se relata en la novela “Animal Farm
1
” donde la
lucha por la liberación terminó imponiendo las condiciones para una nueva forma de
dominio. De la misma forma, la filosofía está bajo la constante amenaza de convertirse
en ideología, cuando se suprime la crítica y la autocrítica o cuando se cree que sus
postulados son inamovibles.


1
Animal Farm es una novela publicada por Gorge Orwell, en la que se narra la rebelión de los animales de
la granja y como un sector de ellos se aprovecha de los otros.
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1.6 Las disciplinas que conforman la filosofía y su mapa histórico.
La filosofía no apareció como un saber terminado y perfecto, como cualquier otra
forma de saber, se ha ido construyendo y modificando a través del tiempo, lo que ahora
se entiende por filosofía no es igual a lo que entendían los antiguos o los medievales.
En un momento se creyó que la filosofía era una forma de saber superior a las demás.
En efecto, una ciencia que es principalmente patrimonio de Dios,
y que trata de las cosas divinas, es divina entre todas las ciencias.
Pues bien, sólo la filosofía tiene este doble carácter. Dios pasa a ser la
causa y el principio de todas las cosas, y Dios solo, o principalmente al
menos, puede poseer una ciencia semejante. Todas la demás ciencias
tienen, es cierto, más relación con nuestras necesidades que la
filosofía, pero ninguna la supera. (Aristóteles, 2005, pág. 41)
Aristóteles defendió la superioridad de la filosofía, pues consideraba que ésta
contenía a todas la demás ciencias, y que si bien, la filosofía no tenía una utilidad
práctica, era ese carácter exclusivamente teórico, lo que la volvía una forma de saber
superior. Esta opinión ha sido contrariada, muchos pensadores sostienen que si una
forma de saber no tiene aplicación práctica, entonces es inútil.
Ahora sabemos que la filosofía no es una forma de saber desvinculada de la
realidad práctica, como se desarrolló anteriormente, la filosofía posee un papel
específico y es de vital importancia para los seres humanos. Pero también, se ha
estudiado como la filosofía interactúa con otras formas de saber, y por tanto, se hace
inaceptable el postulado aristotélico sobre la superioridad de la filosofía en torno a los
otros saberes. La filosofía es importante para el ser humano, al igual que el arte o la
psicología, no podemos hablar de una jerarquía de las formas de saber en este
momento, pero si podemos ir revisando como muchas disciplinas han ido forjándose a
la par de la filosofía, dentro de ella o escindiéndose de la misma, así, La influencia de la
filosofía se ha hecho sentir en las ciencias y en las humanidades a lo largo de la
historia, porque la mayoría de los saberes están relacionados de alguna manera con el
discurso filosófico, ya sea en la metodología, donde participa a través de la lógica; o en
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las implicaciones humanas, donde actúa como ética. Por eso es que en la actualidad,
existen muchas ramas de la filosofía, las cuales se ocupan de relacionarse con formas
de saber muy específicas, por ejemplo: la filosofía de la ciencia, la filosofía de la
historia, la filosofía del lenguaje etc.
Si bien existe una pluralidad muy vasta de ramas de la filosofía, éstas se pueden
ordenar en cuatro grandes disciplinas filosóficas: Ontología, Axiología, Lógica y
Epistemología (Ver ilustración 1). Cada una de estas disciplinas interactúa con otras
formas de saber distintas del saber filosófico y marca su influencia en ellos.

Ilustración 1 Disciplinas filosóficas

Filosofía
Filosofía primera
Metafísica
Ontología
Teoría de la
realidad
Antropología
filosófica
Axiología
Ética
Estética
Filosofía del
derecho
Filosofía de la
religión
Lógica
Lógica Clásica
Lógica
Matemática
Semiótica y
semántica
Filosofía del
lenguaje
Epistemología
Filosofía de la
ciencia
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La ontología es la primera de las disciplinas filosóficas, pues de ella partirá todo
elucubrar filosófico posterior. El objeto de estudio de la ontología es la realidad como
tal, como entidad pura. Etimológicamente significa el estudio del ser y se desarrolla con
Parménides, en la antigüedad clásica.
La axiología es la disciplina filosófica encarda de aclarar el problema de los
valores, se pregunta por los tipos de valores, su utilidad y esencia. Ésta disciplina
también tiene su orígenes en la antigüedad clásica y entre sus más grandes
representantes están Aristóteles, los estoicos y Kant, en la modernidad.
La lógica es una ciencia formal, igual que la matemática, que conforma el corpus
teórico de la filosofía y que sirve de base para la construcción de discurso. La lógica es
sumamente importante para la vida, pues estudia el razonamiento válido, es decir, las
formas eficientes de encadenar ideas. Sin lógica no sería posible, la ciencia, ni la
filosofía.
Finalmente la epistemología es la teoría del conocimiento, o la indagación sobre
el origen, esencia y validez del conocimiento. Como disciplina estricta, surge en la
modernidad, como John Locke, quien es el primero en preguntarse por el origen,
posibilidad y alcance del conocimiento y a partir de ahí ha ido creciendo tanto hasta dar
paso a una filosofía de la ciencia.
Trabajos citados
Abaggnano, N. (1988). Historia del pensamiento (Vol. 1 y 2). Barcelona: Sarpe.
Aristóteles. (2005). Metafísica (20 ed.). Madrid, España: Espasa Calpe S.A.
Camus, A. (2005). El mito de Sísifo (19 ed.). Buenos Aires, Argentina: Losada.
Ellacuría, I. (1976). Filosofía ¿Para qué? Abra, 42-48.
Gavidia, F. (1965). La influencia de la literatura en la carreras profesionales. La
Universidad, 93-106.
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González, A. (2005). Introducción a la prática de la filosofía (12° reimpresión ed.). San
Salvador: UCA editores.
Gutiérrez, C. (1998). Introducción a la metodología experimental (2 ed.). México D.F.,
México: Limusa.
Habermas, J. (1986). Ciencia y técnica como ideología. Madrid: Tecnos.
Hegel, G. W. (2003). Lecciones sobre la estética. Madrid: Mestas ediciones.
Korn, A. (1959). Sistema filosófico (1 ed.). Buenos Aires, Argentina: Nova.
Larroyo, F. (2005). La filosofía iberoamericana. México D. F., México: Porrúa.
Mora, J. F. (1956). Diccionario de filosofía (3 ed.). Buenos Aires: Sudamericana.
Morales, J. H. (2011). Apuntes de filosofía del derecho. San Salvador, El Salvador:
Editorial Universitaria.
Nietzsche, F. (1998). El nacimiento de la tragedia. Madrid, España: EDAF.
Nietzsche, F. (1998). Más allá del bien y del mal. Madrid: Edimat.
Romero, J. M. (2001). El caos y las formas. Experiencia, conocimiento y verdad en F.
Nietzsche. Granada, España: Comares.