Una de las objeciones, o más bien, uno de los pretextos o excusas aparentes que encontramos en el camino de la oración es esto

: el tiempo que necesitamos dedicar a la oración. No acontece ciertamente, yo creo en la mayor parte de ustedes, que por falta de tiempo no hagan su oración. Pero si tengo la seguridad de que habrá ciertamente, algunos que no han entrado todavía por el camino de la oración que digan esto: me falta tiempo para orar, no tengo tiempo para dedicarlo para esto que quisiera hacerlo. Esto se oye frecuentemente en personas que no saben, que no han llegado a valorar el valor de la oración. Si alguno de nosotros, conociendo lo que es la oración y habiendo experimentado ya sus resultados, hiciera esta reflexión: no tengo tiempo para orar, sencillamente la conclusión sería esta, que todavía no ha llegado a conocer ni los rudimentos de la oración, no ha llegado a aquilatar el gran valor que tiene la oración en la vida... No es que no hay tiempo para orar, la verdadera razón es ésta: la mente está completamente agitada y enfocada hacia aquello, a lo cual el corazón está encadenada. El Señor nos dice con toda claridad y con toda exactitud, esto: que de la abundancia del corazón, habla la boca. Y esto quiere decir, en otras palabras, que el corazón pegado a Dios tiene que hablar de Dios; y el corazón pegado a las cosas también del mundo, tiene que hablar, tiene que hablar de las cosas a las cuales está pegado, de las cosas mundanas. Eso es una cosa, una cosa lógica. De manera que cuando alguien dice, bueno: yo no tengo tiempo para orar, no es que le falte tiempo… Y miren, aquí la lógica nos hace concluir que eso de la falta de tiempo es una gran disparate, es un gran error. La persona común y corriente, un obrero, un trabajador, pues, tiene un límite de trabajo material, de trabajo físico; y ese límite está contenido en la legislación, ya es una ley en todos los países. Generalmente, en todos los países del mundo se trabaja 8 horas; de las 24 horas hay obligación de trabajar las 8 horas. Y las demás horas, es decir las 16 horas, entonces nosotros las distribuimos en el sueño, en la comida, etc.; tenemos 16 horas libres. Y por qué entonces nosotros, así como dedicamos al trabajo material las 8 horas; y claro un ejecutivo, un empresario, un dueño de un negocio particular, no solamente trabaja las 8 horas, trabaja 10 horas, trabaja 12 horas, y no debe dedicar más de 12 horas, es decir la mitad del tiempo del día. Y no, no es dable que dedique más de 12 horas al trabajo material, aún cuando sea un trabajo tan urgente y un trabajo propio, un trabajo que le dé tanto dinero. El dinero que consigue, ese dinero pues, no va a saber qué hacerlo; y luego si le adquirió de esa manera, sacrificando las horas para Dios, entonces ésa no va a servir. De manera que, hagan cuentas. Si un obrero tiene que trabajar las 8 horas, y un empresario, bueno, dueño de un negocio y todo, va a trabajar las 12 horas, todavía le sobran las otras 12 horas para decir: bueno, Señor, yo voy a dedicarte de este día, siquiera las 2 horas de este día; voy a dedicarte estas 2 horas, es decir, voy a dedicarte esto, y voy a reservarme todavía, no para el trabajo sino para mi descanso, para mi lectura, etc., voy a dedicar 10 horas; y de esas voy a dormir, bueno 8 horas, o voy a dormir 7 horas. Bueno, no van a dormir 10 horas, yo creo que nadie duerme 10 horas, ¿no? y no necesito 10 horas para dormir, máximo necesitará 8 horas para dormir, ¿no? Pero miren, esta objeción de que yo no tengo tiempo para orar, cae por su peso… El verdadero motivo, la verdadera razón por la que nosotros decimos esto: no tengo tiempo para orar, es la agitación de la mente. Diría yo más bien: el tener la mente encadenada, encadenada, centrada en las cosas de orden meramente material. ¡Ese es el motivo fundamental! ¡Ahí está, ahí está!... La oración es lo más valioso que puede realizar el hombre, lo más valioso realmente. Por eso, cuantas veces nos dedicamos a la oración, entonces no vamos a pensar que ese tiempo está perdido, que ese tiempo está, va en el aire.

Y es, es imposible, yo reputo un imposible que quien dedique a Dios el tiempo que necesita dedicarlo, yo creo es un imposible que no encuentre la respuesta; y una respuesta positiva. Ahí viene lo que nosotros repetimos a cada momento y lo que en otros términos es lema de nuestra Escuela, y este lema de nuestra Escuela es “El buscar primero el Reino de Dios y lo demás vendrá por añadidura”. ¡Esto es lo que debemos vivirlo! ¡Esto debemos sentirlo! ¡Y esto debemos propagarlo! El principio de Nuestro Bendito Señor expresada en esas palabras, es la clave del éxito de la vida del hombre aquí en la tierra. Y si el hombre no tiene realmente el éxito que debe tener, y no ha conseguido el éxito es porque sencillamente está trastocando los valores ¿no?.... Y cuántas personas hay que dicen: ¡ah!, he trabajado durante toda mi vida y al fin me han robado, me han robado. ¿En qué quedó eso? ¿En qué quedó el trabajo? Y un trabajo pues, eso sí un trabajo robado. ¡Esta es la palabra exacta! Esta es la palabra exacta un trabajo robado a nuestra propia conciencia, un trabajo robado a nuestro propio yo. Un trabajo robado a nosotros mismos. Fíjense, NOSOTROS NOS ROBAMOS A NOSOTROS MISMOS CUANDO QUITAMOS DE NUESTRA VIDA ESE TIEMPO QUE LE DEDICAMOS A DIOS; ese es un robo que ejecutamos. Es un perjuicio que ejecutamos. Es un suicidio que realizamos. Aquello que debiendo dedicarlo a Dios no lo dedicamos a Él pues, entonces eso no puede obtener desde luego ninguna, ninguna ganancia; porque sencillamente es producto de el haber malgastado el tiempo que tenemos que dedicarlo a Él. De manera que, esto que dicen muchos, yo no tengo tiempo para la oración, pues, solamente está demostrando esto: la agitación de la mente; si, y el apego más que la agitación, el apego solamente a los objetos de orden meramente material; eso está demostrando. De modo que, yo creo que ustedes si van a tomar conciencia de que lo más importante que tiene la vida de ustedes es esto: LA ORACIÓN. Dedicar el tiempo que necesitan, a la oración. En el libro que tienen “Las llaves de tu Reino” hay un párrafo dedicado a esto, ahí está. Dice bueno: hay necesidad de dedicar un tiempo apropiado a la oración. En el tiempo apropiado, quiere decir el espacio de tiempo ¿no? el espacio de tiempo. Ahora si ustedes me preguntan, ¿cuánto tiempo debo dedicarle a la oración? Bueno, yo creo que un mínimo de tiempo, es decir el mínimo -y sobre eso ya no, no podríamos nosotros bajar- sería una hora diaria, distribuyendo una media hora pero de oración no de preparación, de oración, por la mañana y media hora por la noche, pero una hora; eso como mínimo. Pero el que quiere realmente progresar no en un tiempo largo sino en un tiempo muy corto, tiene que dedicar dos horas de oración diarias a Dios. Y esto completa lo que ustedes ya conocen sobre la oración. Y también a ustedes les recuerdo cómo deben dedicar a nuestro Bendito Señor el tiempo de oración a través de este voto que han hecho muchos de ustedes, es decir, casi la totalidad, diría la totalidad de ustedes, de los estudiantes antiguos de Auto-Realización, que hicieron su voto de oración diaria de meditación. Allí no se determina el tiempo. Allí no se dice: bueno, ustedes se comprometen a orar diariamente ni media hora, ni una hora, ni dos horas, ni nada; sino se les da, se les deja a la libre iniciativa de ustedes. ¿Y para qué se deja esto? Para que ustedes espontáneamente vean y digan: bueno, yo voy a dedicar a la oración este tiempo, esta hora durante el día o parte de la noche. Bueno, esto tiene que ser algo absolutamente sagrado para ustedes, absolutamente. De esto nosotros no podemos prescindir... De modo que ustedes tengan muy en cuenta esto, para que de esta manera pues, puedan ustedes ser perseverantes en la oración. Para que nuestro Dios Bendito les ayude cada día a salir adelante en sus negocios, en sus empresas, en todas sus ocupaciones. Y estas palabras que se oye a la gente común y corriente: el que tiene a Dios tiene todo, ésas son una realidad. Dr. CÉSAR A. DÁVILA G. Guía espiritual y Fundador de la Asociación Escuela de Auto-Realización

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