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Un romance de novela — ilz

Un Romance De Novela
(One shot – YunJae)
Jaejoong abrió su navegador de internet y en el campo en blanco del buscador de su página de inicio, tecleó “agencia de citas online”. Más de un centenar de resultados aparecieron ante sus ojos por lo que él los entrecerró para decidirse a cual entrar primero. La mayoría de ellos ofrecían inscripción gratis, pero la realidad era que nadie trabajaba gratuitamente, no al menos en ese tipo de servicios. Sin embargo Jaejoong estaba dispuesto a pagar si la información y material que el sitio mostraba, era lo bastantemente convencible. Finalmente dio clic en el tercer link donde luego de que la pantalla se volviera verde claro, un dibujo de un sonriente niño regordete portando un pañal blanco que daba la impresión de que agitaba sus azuladas alas mientras hacía el amago de flechar a las siluetas de dos personas, apareció junto a un formulario donde se le pedía rellenar sus datos personales para crear su perfil público al que más de cuarenta mil solteros podrían acceder. —Tedioso —murmuró comenzando a escribir su nombre de usuario, el mismo que había utilizado en ¿cuántos sitios? Probablemente más de cincuenta ya. El fastidio de darse de alta en un nuevo portal web se convirtió casi como en una rutina. Jaejoong sabía de memoria sus pasatiempos, intereses, la descripción que daría de sí mismo y las características de un posible prospecto. Sus dedos transcribían las palabras en su mente, que parecían copia al carbón de sus otros tantos perfiles. Al momento de llegar al apartado de foto, revisó en la carpeta de sus imágenes hasta dar con la colección de selcas que utilizaba para esas situaciones. Eligió una donde su expresión denotaba seriedad, esta vez no arriesgándose a poner una que tuviera aunque sea un atisbo de sonrisa. Aún recordaba a su última cita, un friki que no dejaba de hablar de su sonrisa y ojos que según él, se asimilaban a un personaje de anime. —Loco —articuló viendo el porcentaje del avance en la subida de su imagen. —¿Qué haces?
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Jaejoong soltó un ligero gritó que propició que los demás clientes de la cafetería, giraran sus cabezas hacia él. Pasó una mano por su cara e ignoró las miradas. —Me asústate —le dijo a Junsu, a quien ya lo tenía inclinado sobre la mesa fijando la vista por arriba de su hombro. —Jaejoong, ¿otra vez? Jaejoong mordió su labio inferior dudando entre decir la verdad o dar rodeos. —En esta aún no lo he intentado, quizás aquí tengan lo que necesito —confesó con sinceridad. —¿Lo que necesitas? Eso no es una tienda virtual donde puedes comprar productos, y por desgracia todavía no inventan una máquina capaz de crear a un humano de acuerdo a tu tipo ideal. Así que dudo que tengan lo que necesitas. Jaejoong torció la boca mientras habría el correo electrónico para confirmar su inscripción. —Estoy aproximándome a los treinta y yo solo necesito encontrar al hombre correcto, al que he esperado todo este tiempo, tampoco es tanto lo que pido —musitó—. Sé que existe. Junsu suspiró con cansancio tomando asiento en el sofá semicircular de cuero color tinto. —¿Y piensas que será uno de los que están registrados allí? —dijo apuntando hacia la pantalla donde Jaejoong se desplazaba entre los perfiles de los cientos de usuarios—. Encontrarlo ahí sería como buscar una aguja en un pajar. —No te burles de mí, no cuando tú sí tienes a alguien especial —Jaejoong espetó, cerrando todas las ventanas abiertas y bajando la tapa de su mini laptop—. En lugar de criticarme deberías alentarme, darme consejos o ayudarme. —La pregunta es, ¿me harás caso si lo hago? —Junsu sonrió comenzando a desenvolver el sándwich que llevaba en sus manos—. Te has registrado en todas las agencias de emparejamiento respetables de la ciudad, ninguna de ellas consiguió a la persona idónea para ti y no porque los candidatos fueran malos, sino porque tú eres demasiado exigente. A todos les encontrabas un pero, ciertamente dudo que con el rigor que los examinas vayas algún día a dar con el adecuado. —Sí lo haré. —Jae, quizás deberías disminuir tus estándares. Permitirles a ellos que tengan un par de defectos o que no se apaguen estrictamente a tus… expectativas. —Pero yo no espero a alguien literalmente perfecto, claro que lo aceptaré con sus defectos, yo también los tengo. Es solo que quiero que sea de cierto modo ¿Qué hay de malo con eso?

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—Que no existe un maldito príncipe en estos tiempos. Incluso dudo que los que realmente sean de la realeza se comporten conforme a la imagen que los cuentos de hadas pintan de ellos. Y tampoco tú eres una princesa. Jaejoong frunció el ceño cortando con sus dedos la mitad del sándwich —intacto— de Junsu. —¿Y quién dijo que lo era? Tampoco quiero un príncipe, mi ideal está lejos de serlo. Yo lo que quiero que sea es… —Un gallardo tipo rebelde que se enfrenta a la sociedad de acuerdo a sus valores y aspectos benefactores. Inteligente y divertido que ama y vive la vida sin preocupación siempre siendo responsable y cariñoso con los que lo rodean. Un hombre que ante todo es fiel a sus convicciones y está a la espera de su alma gemela a la que amará y protegerá por toda una eternidad. Uno de esos con los que te topas en cada esquina. Jaejoong sintió que el pedazo de pan se atoró en su garganta al escucharlo. La descripción básicamente era idéntica a la que él tenía en mente, solo que la manera en que Junsu la decía era tan fría e irónica. —¿Qué vio Yoochun en ti? él es una gran persona, completamente lo contrario de ti. —Él es un lobo con piel de cordero —Junsu habló mientras masticaba su emparedado de jamón con queso—. Está lejos de ser mi sueño hecho realidad pero es lo único que pude conseguir así que tengo que conformarme. Jaejoong sabía que Junsu mentía. Un año saliendo con Yoochun bastó para que él conociera las más sinceras sonrisas de su amigo. Tal vez sí, no eran la pareja del año — quizás nunca lo serían— pero no había duda de que ambos se adoraban. Con un resoplido por la nariz, dejó escapar su descontento y envidia por la relación de ellos dos y centró su atención en la imagen del fresco durazno impreso en la caja de su jugo a medio tomar. —Bueno pero Yoochun tiene sus ventajas, por ejemplo sus amigos, uno en particular. Te arreglé una cita con él. —¿Con un amigo de Yoochun? ¿Uno de esos a los que siempre has catalogados como vagos libertinos? —Jaejoong cuestionó arqueando las cejas. —A excepción de él, digamos que es la manzana no podrida en el frutero. El esquema para tu hombre es demasiado alto, pero creo que él podría cubrir la mayoría de los requisitos. —¿De verdad? ¿Cómo es que apenas lo mencionas? —Porque hasta hace unas semanas estaba tomado, pero ya no más. Probablemente el destino ideó que ustedes dos se conocieran en este punto de sus vidas. Discretamente Junsu mordió el interior de su mejilla, odiaba meter la palabra ‘destino’ en cualquier conversación que tuviera con Jaejoong, pero sabía que solo así convencería a este sin hacer muchas preguntas.
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—Predestinados —Jaejoong pronunció quitándose el pelo de su frente. —Mañana a las ocho pm, en ese restaurante en el que tuve mi primera cena con Yoochun. Desde esa ocasión él y yo no nos hemos separado, es una buena señal ¿no? —le dijo sorbiendo ruidosamente de su bebida—. De esta manera estoy cediéndote algo de mi buena suerte. —Está bien —Jaejoong aceptó en medio de una sonrisa a la que rápidamente Junsu correspondió. -:♥:--:♥:Yunho recogió el abrigo de su acompañante y le ayudó a ponérselo, alzándole su largo cabello alaciado para luego dejarlo suavemente caer y colocar una mano sobre su espalda. —Gracias —ella le dijo mientras se dejaba guiar hacia la salida. A un metro del cajón donde se encontraba su automóvil estacionado, su celular vibró dentro de su pantalón. Diestramente lo sacó y miró el identificador de llamada. —Un minuto —le dijo a la mujer antes de apartarse a una distancia prudente para conseguir privacidad. —Necesito un favor —De inmediato escuchó por el auricular, sin darle oportunidad de hablar—. Es de vida o muerte. —No regresaré a la oficina, Changmin. Ni aunque lo que se te haya ocurrido sea una idea maestra. —Taemin llamó. Yunho rodó los ojos resoplando, él no tenía ganas de oírlo hablar sobre lo deprimido que estaba por su ex novio, de eso había tenido bastante en los pasados días. —Oye, sé que él es tu razón por la que despiertas cada mañana, blah blah blah, pero tienes que superarlo, tienes que… —No, hombre, voy camino a verlo, él dijo que me extrañaba tanto que dolía, ¿te das cuenta lo que quiere decir eso? Él todavía me ama. El gesto de tedio se extendió a todo el rostro de Yunho, rascándose la nuca volteó hacia la chica que esperaba por él y que también comenzaba a lucir enfadada. —Oh, me alegro entonces. Bueno no te entretengo más, voy a… —Espera, aún no te digo lo que necesito —Changmin se apresuró a decir justo cuando Yunho iba a colgar—. Quiero que acudas a un sitio en mi lugar. —De acuerdo, el lunes me dices. —No, es hoy, de hecho es ya.
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—No puedo, estoy ocupado. —Vamos Yunho, ¿en que estas? ¿pescando a alguien para esta noche? —No, eso ya lo hice, y si no fuera por tu interrupción ahora mismo estaría en asuntos más interesantes. —Ves, es lo que haces diario, si quieres puedes ir, presentarte y luego regresar a donde te quedaste. Nunca te pido nada que no sea de trabajo, soy de tus pocos amigos fiables y aunque sea por eso me debes lealtad. —¿Qué tiene que ver la lealtad en todo esto? Del otro lado de la línea solo hubo silencio por un momento, luego el sonido de una cansada respiración emergió. —Es por la cita que Yoochun acordó para mí, él no contesta su teléfono y no tengo manera de avisarle que no podré ir. —Llama al restaurante y pide que le avisen a la persona que te espera. —No puedo hacer eso, es demasiado grosero. —¿Y qué? Ni siquiera conoces a esa persona, qué más da lo que piense de ti. Debiste decir no a los planes del domador de Yoochun, alias Junsu. —Yunho, yo —Changmin suspiró haciendo una pausa—. No sé qué más decirte para convencerte, no tengo otra opción a la que acudir y si no eres tú, supongo que llamaré a Taemin para explicarle porque no puedo ir a verlo, aún. Yunho pasó una mano por su cabello imaginando la expresión de Changmin del otro lado de la línea. Si eso no era chantaje emocional entonces no sabía cómo más clasificarlo. — Está bien, ¿a dónde tengo que ir? —Te mandaré la dirección en un mensaje de texto —Changmin dijo con distinguible emoción en su tono—. Gracias amigo, sabía que podía contar contigo. —Aja, por ti me iré a dormir temprano hoy. Yunho alcanzó a escuchar una pequeña risa y luego la llamada se cortó. Sus dedos fueron directo a rascar su cabeza y sin saber que decir, se giró hacia la mujer que impaciente lo esperaba. —Lo siento, surgió una emergencia —Yunho observó cómo los rasgos en la cara de ella se distorsionaron para reflejar la molestia que sus palabras le provocaron, y él decidió que el mejor momento para irse era justo ese, si es que no quería presenciar una fea escena contra él—. Te llamaré —le dijo avanzando hasta su auto. Abordó este al tiempo que su celular lo alertó de la llegada de un nuevo mensaje pero optó por leerlo más tarde, cuando una mujer no estuviera buscando algo dentro de su bolso
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mientras le lanzaba constantes miradas. Seguramente se había percatado de que ellos ni siquiera intercambiaron sus números telefónicos y ahora pretendía hacerlo. Yunho la estudió por segunda vez a través del espejo lateral y decidió que la poca iluminación dentro del bar le había favorecido al darle el look enigmático que lo atrajo hacia ella, era una lástima que en ese instante no lo tuviera más. Encendió el motor y comenzó a dar marcha atrás. Él no quería obtener su número, diablos, no le interesaba ni saber su nombre, así que esto debía ser su señal de huida. Pasó a su lado, dio una leve inclinación de su cabeza y aceleró, dejando atrás solo el ruido de las llantas sobre el pavimento y a una mujer pataleando el mismo. -:♥:--:♥:Yunho entró en el restaurante con disgusto en su expresión. El lugar era todo lo que él eludía para sus citas. Tenue luz naranja, largas velas como centros de mesa, mantelería en cursis tonos pastel y música clásica de fondo donde el imprescindible violín sobresalía de los demás instrumentos. Un sitio que hería la susceptibilidad de su anti-romántica personalidad. —Buenas noches, bienvenido —Yunho sonrió acercándose al pódium donde el hostess le mostraba también una cálida sonrisa—. ¿Tiene usted reservación? —Sí, a nombre de Kim Junsu. —Muy bien —el hombre dijo sin perder la sonrisa al revisar la pantalla de su computadora—. Mesa para dos ¿correcto? Yunho asintió viendo al hombre susurrarle a otro para luego volver su atención a él. —Él lo acompañará a su mesa —le dijo este, señalando al empleado a su lado. En el camino, Yunho distinguió que la gran mayoría de los comensales estaban en parejas, y los que no, volteaban constantemente hacia la puerta como si aguardaran por alguien. Entonces como un rayo el nombre del lugar fue captado por su memoria, se trataba del afamado restaurante de la primera cita, como Yoochun lo había bautizado al hacer el estudio de mercado para uno de sus clientes. La leyenda urbana decía que cenar allí —juntos por primera vez— daba buena suerte a los recién emparejados. Yunho se había mofado hasta el cansancio tachando de enternecedor al testimonio de Yoochun cuando contó sobre su propia experiencia con su actual novio. Según él, el éxito en su relación se debía al haber acudido a ese sitio. Y sin miramientos, Yunho se encargó de romper ese ensueño profiriendo: Un lugar no es un talismán, es solo un escenario y punto. El que ustedes sigan juntos es cuestión de tiempo. Alguno de los dos se aburrirá y se buscará a alguien más.

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La cara de desilusión que Yoochun puso estuvo a nada de hacer a Yunho retractarse — aunque su opinión siguiera siendo la misma— pero la reacción de Junsu fue tan violenta como esporádica, que él no pudo más que mantenerse en silencio mientras el hombre despotricaba en su contra. Desde ese día se ganó su total resentimiento. Era una suerte que la amistad con Yoochun no se viera afectada. —Esta es su mesa, señor. Yunho rompió sus pensamientos por las palabras del camarero. —Gracias —respondió tomando la silla que el empleado recorrió hacia atrás para él. Antes de que este se retirara le pidió un café y revisó la hora en su reloj de pulso sin llegar a verla realmente, puesto que al parecer su cita acababa de arribar. -:♥:--:♥:Jaejoong vio la ladeada cabeza ligeramente echada hacia atrás que lo observaba, y de inmediato la palabra atractivo vino a su mente. Rodeó la mesa para sentarse frente al hombre que seguía mirándolo, poniendo una discreta sonrisa. Su boca se abrió para saludar pero lo interrumpieron. —Su café —El mesero dejó una taza encima de un pequeño plato y demás utensilios en la mesa—. ¿Algo más? —preguntó mirando a ambos. —Agua —Jaejoong dijo, empezando a retorcer una de las orillas de la servilleta elegantemente doblada delante de él. Yunho rompió dos de los sobres de azúcar agregando el contenido de estos en su café, descartándolos después en el mismo recipiente de donde los tomó. —¿Kim Jaejoong? Soy Jung Yunho, mucho gusto —Su mano se extendió en busca de la del otro, ciñéndose los dedos de esta en su dorso para darle un suave pero firme apretón. —Kim Jaejoong —habló Jaejoong, oprimiendo su mano en un puño luego de retirarla. Su nombre ya había sido mencionado, ¿tenía él que hacerlo de nuevo? ¡Qué maravillosa manera de dar una grata primera impresión, Jaejoong! Yunho sonrió revolviendo con la cuchara el líquido en su taza, secando con la servilleta las gotas que accidentalmente derramó. —Y, ahm, ¿ya has venido a este restaurante? —No, en realidad este lugar no va de acuerdo a mi estilo —Yunho mencionó con naturalidad—. Es un tanto soso.

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Jaejoong volteó a su alrededor encontrándose no más que complacido con lo que veía. Era el ambiente perfecto para una agradable velada, absolutamente todo creaba el contexto que encajaba en sus ideales, las luces, la música y la compañía. —Supongo que sí es un poco serio, sin embargo creo que tiene una buena vibra. Yunho parpadeó analizando el significado de ‘buena vibra’ asociándolo con su propia percepción, y no estuvo de acuerdo con Jaejoong. Pero no lo dijo. —Bueno, al menos la música de fondo no es bossa nova. —¿No te gusta la bossa nova? —dijo Jaejoong, luciendo contrariado como si fuera imposible que a alguien no le gustara ese género. Yunho se encogió de hombros bebiendo de su café. —Me parece música de supermercado. Jaejoong soltó una corta risa haciendo su cuerpo hacia atrás para no interferir con el camarero que en ese instante le servía agua en su copa. —Nunca lo vi de esa forma, y pensándolo bien, también podría ser de elevador —declaró asintiendo hacia el mesero cuando este les entregó a cada uno la carta con el menú, antes de marcharse. —Sí, también —Yunho concordó, fijándose en el achicamiento de los rasgados ojos de Jaejoong y en los apenas perceptibles hoyuelos que se marcaron en su rostro al sonreír. Él era lindo. —Aun así a mí me encanta, es de mis géneros favoritos. —Oh. —Pero está bien, tener diferentes gustos no es un delito —dijo después de beber agua—, aún —agregó con una sonrisa. Y además era simpático. -:♥:--:♥:—Perdona mi ignorancia pero ¿qué es un prologuista? Jaejoong sonrió apretando sus labios. Manteniendo la vista en la carne que cortaba en su plato, le respondió a Yunho: —Es quien hace los prólogos de los libros. Eso es lo que hago yo generalmente, pero hay ocasiones en las que también soy el asistente de alguno de los editores. Todo depende de cuánto trabajo haya en la editorial. —Suena interesante. —Y es una gran responsabilidad ya que la mayoría de las personas se basan en los prólogos a la hora de escoger lo que leerán —Jaejoong esperaba que Yunho no considerara a su cometario como presuntuoso, puesto que él no trataba de vanagloriarse,
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es solo que amaba y estaba orgulloso de su trabajo—. Siempre trato de resaltar lo mejor de las historias en ellos. El plan original de Yunho había sido llegar al lugar, disculparse por la ausencia de Changmin y tener una rápida cena —solo o acompañado—. No obstante, él estaba comiendo con calma porque asombrosamente no tenía prisa por irse y el nombre de su amigo ni siquiera había sido insinuado una sola vez. Hallaba la conversación que mantenía con Jaejoong lo suficientemente insulsa como para querer terminarla, pero no lo hacía, ni tampoco proponía un nuevo tema porque extrañamente encontraba cautivador el sutil mohín con el que Jaejoong terminaba casi todas sus frases. Y probablemente él no se daba cuenta de que por ello, Yunho se perdía varias de sus palabras. —¿Y tú, a que te dedicas?, Junsu no me dijo mucho de ti A decir verdad, Junsu no había dicho nada, salvo a las suposiciones que tenía de lo bien que congeniarían. Él sencillamente no quería que Jaejoong se hiciera ideas en su cabeza pintando a su cita como el hombre ideal. —Soy publicista —dijo Yunho, agitando en círculos su copa con vino tinto. —Ah, entonces de cierta forma ambos creamos algo con lo que intentamos atrapar la atención de la gente —Jaejoong exclamó risueñamente. Él descubrió un punto en común entre ellos, eso debía significar algo ¿no? —Sí, y ya sabes lo que dicen, la clave está en el sexo. —¿Eh? —Las comisuras de la boca de Jaejoong volvieron a bajar al perder su sonrisa, por un momento él se preguntó si lo escuchó bien. —El sexo vende —La confirmación trajo un dejo de decepción a Jaejoong, quien con un suspiro siguió cortando el resto de su bistec. Quizás se había adelantado al juzgar a Yunho porque al parecer esta acabaría igual que sus pasadas citas, permaneciendo en su memoria como un simple recuerdo. -:♥:--:♥:Yunho revisaba el bosquejo del comercial para el shampoo infantil que mostrarían en dos horas. En realidad no tenía nada de ciencia, consistía en un grupo de niños de entre uno y seis años que se o les lavaban el cabello con el producto y luego la botella de este aparecía en la pantalla en sus diversas presentaciones. La canción que acompañaría al anuncio televisivo estaba lista, rítmica y fácil de seguir tal cual lo quería el cliente. Era sencillo complacer a la empresa puesto que ellos siempre tendían a lo tradicional y funcional. Y era precisamente por esto que no se explicaba por qué llevaba repasando las únicas dos hojas por más de una hora.
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No, él sí lo sabía, era por Jaejoong y su absoluto rechazo hacia él. Y es que seguía sin comprender cuál había sido su falla si al principio ellos parecían entenderse. La plática fue fluida, no con muchos silencios incómodos, él incluso lo había halagado en algún aspecto en más de una ocasión. Sin embargo, Jaejoong se rehusó a continuar la cita después de abandonar el restaurante. Había sido decepcionante el rechazó, pero en nada se comparaba con lo patético que Yunho se sintió al fingir una sonrisa cuando al pedirle su número telefónico, Jaejoong le dijo que el teléfono en su casa estaba descompuesto y que tampoco sabía el de su celular. Él no era idiota para no darse cuenta de que acababa de ser bateado. La posibilidad de dar su propio número era nula, dado que no tenía sentido porque seguramente Jaejoong no lo llamaría o en el peor de los casos, podría hasta negarse a querer saberlo. Hacía mucho tiempo que Yunho no recibía un golpe en su dignidad y la sensación no lo dejaba tranquilo en ningún momento. ¿Qué era tan fascinante en ese hombre para que él no pudiera olvidarlo? Era solo un simple rechazo, y no es como si fuera el único que hubiera conseguido en su vida amorosa. Pero el último había sido tantos años atrás que estaba fuera de costumbre. —Hey pon atención, necesito esas impresiones ¿dónde las dejaste? Yunho frunció el ceño ante el tono de mando de Changmin. A él no le molestaba recibir órdenes de alguien menor, el tipo era un genio en el campo de la publicidad y por sus propios méritos bien merecía ocupar un cargo más alto que él —aunque sus años de experiencia fueran menos que los suyos—. Lo que a él le molestaba era que aún después de hacerle un favor por el que ahora mismo sufría, Changmin no mostrara siquiera gratitud, actuando como si no le hubiera arruinado su fin de semana. —Te estoy hablando —Dos dedos fueron tronados cerca de los ojos de Yunho haciéndolo pestañear—. El tiempo es oro y necesito mandar a sacarles copias, pedir que alisten las carpetas e ir a la… —Ssh, ya te oí y se perfectamente lo que tenemos que hacer antes de irnos a la presentación. No ocupas darme una cantaleta. —¿Entonces qué esperas? —Una disculpa. Los puños de Changmin se cerraron a la altura de su cara en una muestra de desesperación. Yunho se había encargado de darle un sermón sobre su fallida experiencia con el hombre que él debió encontrarse. Le había echado la culpa de su miseria y él por horas le había escuchado, adulado y pedido disculpas ¿y todavía así no tenía suficiente? Aceptaba que su reconciliación con Taemin se llevó a cabo gracias a Yunho, pero no por ello iba besarle los pies o a levantarle un monumento.
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—Esto se está poniendo viejo. El que una persona no esté interesada en ti, no es el fin del mundo, ya habrá más que sí lo estén. Sí, te debo una, y sí, te la pagaré en su momento, pero ya, dale la vuelta al asunto. —Es que el problema es justo eso —Yunho dijo levantándose de su silla ejecutiva provocando que esta diera vueltas por el enérgico moviendo—. No puedo concluir el tema porque la espina se quedó clavada en mí. Mis tácticas no fueron malas y me esforcé duramente porque él picara el anzuelo pero no lo hizo y yo necesito saber por qué. Changmin rascó una de sus cejas contemplado los pasos de Yunho alrededor de la oficina. Escudriñando cada bonche de documentos con el que se topaba. —Sabes, es un poco vulgar el que te refieras a tus conquistas como si se tratara de pesca. Posiblemente por cosas como esta es que te rechazaron. Con apenas un vistazo, descubrió tus verdaderos colores. Yunho detuvo su búsqueda para mirar a Changmin poniendo una expresión de ‘¿estás hablando en serio?’ con la que el otro ni se inmutó. Resoplando continuó la revisión de los papeles apilados encima del archivero. —El punto es que me engañó al pretender que le interesaba, es decir, si él hubiera dejado claro que no lo estaba, yo no habría involucrado mis sentimientos. —¿Sentimientos? ¿En una cita que no era para ti y a la que tampoco querías acudir? Debes estar bromeando. —¡Pero lo hice! —exclamó sacudiendo la carpeta recién encontrada, dejándola caer con un golpe en su escritorio—. Se rompió mi buena racha sin darme oportunidad de asimilarlo. Changmin abrió el folder analizando las impresiones en su interior, asegurándose de que estaban completas las juntó con los demás documentos para la presentación. Checó la hora en el reloj colgado en la pared y fue a sentarse detrás de su propio escritorio. —Debo volver a verlo —Yunho dijo con un suspiro, yendo a recargarse al despachador de agua en el rincón de la habitación. —¿Para qué? ¿No tuviste bastante con su desinterés? —Averiguaré cual fue mi error y lo resarciré. No puede ser difícil el lograrlo. —Wow, este tipo debe ser realmente sensacional para que no puedas simplemente dejarlo pasar —Changmin dijo sonriendo al ver la pantalla de su computadora. Taemin le había enviado un email para desearle éxito ese día en su trabajo. —Es solo que si quiero enterrar esta cuestión, debo hacerlo en su totalidad, sin dejar ninguna duda de por medio.

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Yunho aguardó porque Changmin diera otro comentario pero este nunca llegó. Enarcando una ceja oyó la tonta risita que soltaba, no requería preguntar para saber el motivo de esta. Taemin y él habían regresado, por lo tanto también su fastidiosa rutina de mensajearse todo el día. Con un bufido salió de ahí, tenía cosas más importantes en las que ocuparse que ser testigo de Changmin actuando como un tortolo. Debía concentrase en la exposición que tendría en un rato más, aunque ahora mismo hablar con Yoochun resultaba ser más indispensable. -:♥:--:♥:—No, escucha tú, no le voy hacer ningún favor a él. Yoochun torció la boca haciendo ademanes hacia Yunho quien los observaba desde una distancia prudente, aparentando revisar el pizarrón lleno de cifras correspondientes a la junta de la semana pasada. —Solo tienes que darme su número y… Junsu resopló dejando en la extensa mesa, el empaque con botellas de agua que cargaba. El sonido del impacto del plástico con la madera hizo que Yoochun retrocediera solo por precaución, puesto que su novio no se veía nada contento. —No voy a darte ni su número, ni su dirección ni su nada —Junsu dijo señalando con un dedo a Yunho. Yoochun fue quien pidió la información pero él sabía para quien verdaderamente era—. No sé qué te hizo creer que yo te ayudaría a involucrarte con mi amigo pero sin duda estás muy equivocado. —Solo quiero hablar con él ¿qué hay de malo con eso? No es como si se tratara de un menor de edad al que intento engatusar. Junsu achicó sus ojos clavando un bolígrafo en el plástico para romperlo y liberar los envases de agua. —No confió en ti, tu reputación te precede así que no quiero que te acerques a Jaejoong. Tres líneas se formaron en la frente de Yunho cuando este alzó sus cejas. Dio un rápido vistazo a Yoochun quien subió sus hombros y luego volvió su mirada a Junsu. —¿A qué te refieres con mi reputación? —demandó poniendo sus manos en uno de los respaldos de las sillas delante de la mesa. Junsu hizo un gesto de fastidio mientras colocaba una botella en cada uno de los lugares que serían ocupados en la próxima reunión. —No finjas ignorancia, conozco de sobra tu historial “amoroso” —enfatizó la última palabra doblando sus dedos. —Jun…
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La mano de Junsu se alzó para callar a Yoochun, mirando directamente a Yunho. —Lo único que puedo darte es un consejo, no pierdas tu tiempo, no eres lo que Jae busca — Estrujó con su otra mano el plástico ahora vacío y salió de la oficina sin más. —Te advertí que no sería sencillo convencerlo, desde la mañana está algo resentido conmigo —Yoochun declaró todavía viendo hacia la puerta que Junsu dejó entreabierta. No quería que su novio lo escuchara hablar sobre él, y aunque presentía que en tanto Yunho siguiera ahí, no volvería a entrar, era mejor asegurarse de que así fuera—. Cuando veníamos rumbo a la empresa, Su me dijo que le llamaría a su amigo para preguntarle sobre su cita con Changmin, así que imagínate cual fue su reacción al enterarse de que fuiste tú con quien Jaejoong en realidad se vio. Es una suerte que aún no haya ido a reclamarle a Changmin. —Debería de estar agradecido entonces. Su tan querido amigo pudo quedar plantado si no es por mí —exageró sabiendo que Changmin había estado dispuesto a renunciar a Taemin con tal de que eso no ocurriera. —Es lo mismo que yo le dije pero él piensa que eso habría sido mejor. Y es obvio, no es que él te tenga en una buena estima para que opinara lo contrario. Yunho jaló la silla que todavía sujetaba y se sentó en ella apoyando los codos en sus rodillas y la cara en sus manos. —No sé qué tiene en mi contra —soltó. —Supongo que es por externar tus malos augurios acerca de nuestra relación o tal vez porque al principio te fascinaba proponerme salidas, delante de él. Un corto sonido similar a una carcajada escapó de los labios de Yunho, en silencio admitió que Yoochun estaba en lo correcto. En el pasado, su descaro hacia Junsu no tuvo límites. Propuestas de fiestas e idas a clubes de bailarinas exóticas, eran mencionadas cada vez que los tres se encontraban en un mismo espacio. A sabiendas de que aunque Yoochun no las aceptara, Junsu estaría al tanto de ellas, Yunho siempre hallaba el momento perfecto para decirlas. Pero fue solo durante la época en que su inmadurez le hizo considerar que Junsu apartaría a Yoochun de su lado. Porque él nunca lo aceptaría públicamente, pero había estado celoso y temeroso de que su mejor amigo lo cambiara por su nuevo noviazgo. Ahora era distinto, Yunho finalmente comprendía que el que Yoochun estuviera enamorado no interfería en su amistad. Por lo tanto, desistió de sus intentos por distanciarlos. —Eso era antes. —Pero Junsu no lo ha olvidado.

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Yoochun dijo con el borrador en mano, comenzando a quitar la escritura en el pizarrón remplazándola por el limpio reflejo de Yunho en este. Apoyándose y ayudándose por años, le era difícil negarle algo, más cuando existía la solución en sus manos. —No servirá de nada insistir con Su, no cederá. Pero quizás pueda darte una pista donde probablemente obtengas mejores resultados —Yoochun vaciló un instante, tomando una gran respiración para luego proseguir—: Sé de una cafetería a la que Junsu acude con frecuencia para platicar con cierto amigo suyo. Por lo regular una hora antes de nuestro descanso. La cabeza de Yunho se viró hacia Yoochun quien chasqueó su lengua guiñándole un ojo. Estiró sus brazos y de un salto se levantó de su asiento para ir con él. Su mano rozó la de Yoochun enganchando los pulgares para terminar con un choque de puños en una especie de saludo. Su sonrisa denotaba agradecimiento. —Sin embargo creo que Junsu tiene algo de razón. Por lo que él me cuenta, su amigo Jaejoong tiene cero en común contigo. —Eso lo averiguaré por mí mismo —Yunho dijo palmeándole el hombro mientras ambos se marchaban de la oficina. -:♥:--:♥:Jaejoong mojó su pulgar derecho con un poco de agua de su vaso y llevó este sobre su dedo anular de la mano contraria para borrar la mancha de tinta que tenía a causa del uso de su pluma azul. Sus dedos comenzaban a entumirse por la falta de práctica al escribir a mano pero tenía tantas ideas que prefería soportar el dolor a detenerse. En los casi cuarenta minutos que tenía ahí en la cafetería, había llenado ya tres páginas de su libreta de forma francesa y varias imágenes por describir aún rondaban en su cabeza. Quizás si él se daba prisa, terminaría el borrador del prólogo antes de tener que regresar a la editorial. Si tan solo el hombre con gafas oscuras que ocupaba uno de los bancos en la barra, dejara de distraerlo. Jaejoong podía ver de reojo que el sujeto lo observaba de vez en cuando y eso le ponía los nervios de punta. A tientas atrapó su larga taza con café, llevándola directo a su boca, frustrándose al beber el último sorbo de este. Se quitó una de las dos orejeras de sus audífonos y levantó la mano llamando la atención de la camarera que enseguida se acercó para rellenarle de nuevo su taza, asintiendo antes de retirarse. —¿Kim Jaejoong? —Sintió un toque en su espalda después de escuchar su nombre. Su cabeza se ladeó en dirección a la voz pero se detuvo cuando el propietario de esta se colocó delante de él. Jaejoong bajó el volumen de su reproductor de música y deslizó sus audífonos de diadema apoyándolos en la parte trasera de su cuello. —¿Me recuerdas, cierto? —Sinceramente no
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sabía cómo responder a esa pregunta. Se trataba del mismo hombre sospechoso de la barra y aunque su primer pensamiento fue darle un rotundo no, existía algo familiar en él que le impedía hacerlo. Yunho mordió el interior de su mejilla al ver la perpleja expresión de Jaejoong. Si él volvía a ser rechazado, su autoestima descendería más allá del subsuelo. Su permanencia en el establecimiento se prolongó más de lo deseado —al menos del tiempo sin interacción—. Esperando por la oportunidad idónea para acercarse a Jaejoong, aguardó con impaciencia porque este dejará de parecer tan enajenado en su escritura, pero no lo hizo hasta que su gran jarro se vació. ¡Por fin! Apenas hacía cinco días de que se vieron, y Yunho suponía no ser alguien tan fácil de olvidar, así que tal vez el hombre solo fingía indiferencia. Táctica que él mismo solía utilizar. Sus labios se curvearon en una sonrisa, despojándose de los lentes negros que guardó en la bolsa de su camisa de vestir. Listo para refrescarle la memoria se acomodó en el asiento contrario a Jaejoong. —Oh, Yunho-ssi eres tú. —Hola —Yunho se alegraba de ser reconocido, mas no del formalismo utilizado—. Por un momento temí haberte confundido. Jaejoong sonrió cerrando su cuaderno y tapando su bolígrafo, apartándolos para descansar sus brazos sobre la mesa. —Perdón por mi lenta reacción, fueron tus lentes los que… —dijo haciendo señas con sus manos delante de su cara. —No hay problema —aseveró Yunho, recargándose en el respaldo del asiento y cruzando los brazos en su pecho—. Es una grata coincidencia el encontrarnos hoy. —Sí, lo es. —¿No interrumpí algo importante o sí? Porque si es así… —No, claro que no, yo solo hacia anotaciones —Jaejoong se apresuró a decir, frenando al otro de ponerse de pie—. Nada trascendental. —Yoochun me dijo que hablaste con Junsu, pido disculpas por no decirte que no era yo quien de verdad debía estar contigo. Changmin, tu cita original, se reconcilió con su ex por lo que me pidió que acudiera en su lugar. Jamás pretendí engañarte. —En ese caso es bastante comprensible, tuvo un gran motivo para faltar y fue amable de su parte no dejarme esperando por él. Y de cualquier forma, no tenía idea de a quien conocería así que no fue un engaño del todo.
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Junsu había maldecido por el teléfono en cuanto Jaejoong mencionó el nombre de Yunho. El entusiasmo que mostró cuando lo saludó, se esfumó tan pronto Jaejoong preguntó quién era Changmin. Y aunque le aseguró que el cenar con Yunho había estado bien, Junsu sonaba molesto argumentando que acababa de desperdiciar al restaurante de la primera cita, y que quizás hasta le cayó una maldición al lugar por culpa de ese hombre. Jaejoong rio por la exageración. Y a pesar de que Yunho fue en sí un buen acompañante, con su amena charla y fisonomía deslumbrante, no llenó sus expectativas. Hacía mucho que prefería no sobrevalorar las apariencias para enfocarse en la personalidad. Por ello fue consciente de que Yunho y él no estaban en busca del mismo tipo de relación. Sus múltiples insinuaciones y adulaciones no le convencieron para continuar con lo que sea que ellos pudieran tener. Entonces fue el turno de Junsu para reír, ya que consideró muy sutil pero efectiva su manera de cortarle las alas a Yunho, luego de salir del restaurante. Él no quiso ser grosero, por lo que negarle su número de teléfono fue lo más apropiado que se le ocurrió en ese momento. —Nunca te había visto por aquí. Yunho sustrajo una de las servilletas desechables extendiéndola en la superficie de la mesa, empezándola a doblar por las orillas no siguiendo algún patrón en particular. — Suelen llevarnos comida a las oficinas pero hoy quise probar algo distinto. —Para comer este no es el mejor lugar —susurró Jaejoong, inclinándose hacia él—. Pero el sabor del café es decente. Yunho asintió tratando que el semi rombo formado por la servilleta, girara sobre una de sus puntas. Era raro que su lengua se trabara, pero en ese instante así estaba. Con tantos temas por conversar, ninguno lucía como el adecuado para mencionarlo ahora. Con el triunfo en sus ojos por conseguir que la figura se sostuviera por sí misma, vio con desánimo como se derrumbaba por la vibración en el mueble que el celular de Jaejoong ocasionó. Un alto zumbido de mosquito resonó microsegundos después de que la luz en la pantalla del aparato se mostrara inconstantemente. —Me tengo que ir, es hora de que regrese al trabajo —Jaejoong se excusó recogiendo sus cosas, dejando un billete y monedas junto al azucarero. Con un impulso Yunho se paró caminando a la par de él, adelantando sus pasos para ser quien abriera la puerta abatible de cristal. —Hasta luego —Jaejoong sonrió despidiéndose, dando medio giro rumbo a la editorial. —Espera —Yunho le pidió, atrapándolo por la mano derecha—. ¿Tienes planes para este próximo fin de semana?
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Jaejoong miró los dedos de Yunho reteniendo su mano, no dijo nada pero mantuvo su vista en ellos. —Me gustaría invitarte a algún lado —Yunho agregó, soltándolo al no distinguir algún movimiento en Jaejoong. —No, no tengo. Eso para Yunho no era ni un ‘sí’ ni un ‘no’. Una respuesta ambigua que lo dejó en blanco. —Se me hace tarde —Jaejoong anunció revisando su celular—. Le pediré tu número a Junsu y te llamaré para ponernos de acuerdo. Tardío para reaccionar, Yunho se quedó ahí viendo alejarse a Jaejoong, con una sonrisa amarga porque aparentemente lo habían vuelto a rechazar. -:♥:--:♥:A dos metros de la entrada principal del teatro en que Jaejoong lo citó, Yunho aguardaba porque este llegara, abrochando todos los botones de su vanguardista pero muy delegado saco, y frotando sus brazos, tratando de conseguir un poco de calor. Odió a su sentido de moda por preferir el estilo al beneficio climático. Todavía estaba sorprendido de que Jaejoong lo hubiera llamado. Sinceramente creyó que eso no ocurriría. Apenas entraba a su departamento cuando su celular sonó. El número desconocido en la pantalla no le sugirió nada, debido a que eliminaba constantemente contactos de su agenda, muchas de sus llamadas eran de personas no identificadas. Gente que conocía, trataba y no deseaba conservar en su vida. —¿Jaejoong? —con escepticismo preguntó, aunque acababa de escuchar al otro referirse a sí mismo con ese nombre. —Sí, el amigo de Junsu —Jaejoong especificó con una pequeña risa. —Sí, claro que se quién eres. Es solo que pensé que… nada… olvídalo. Las palabras de Yunho fueron pronunciadas en un tono que Jaejoong calificó como confuso y por un minuto supuso que continuaría hablando pero cuando no fue así, aclaró su garganta para ser él quien lo hiciera. —Sobre la salida de este fin —había dicho con calma, tomando una pausa por si Yunho cambió de parecer al respecto. No captando ningún sonido de que fuera a decir algo, reanudó—: ¿Te molestaría si yo elijo el lugar? —Por supuesto que no.
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Un suspiro resonó a través de la bocina del celular de Yunho, provocándole el sonreír al volver a distinguir la risa de Jaejoong. —Genial porque tengo tantas ganas de ir a este lugar, te va a encantar, es… Yunho se pegó aún más el teléfono a su oreja, dejando su maletín en el sillón y andando hacia su recámara para cambiarse de ropa. La reflexión en el espejo de cuerpo entero de su tocador, le indujo a formar una ‘v’ con sus dedos, por considerándose victorioso. Cinco minutos después —luciendo una innegable expresión triunfante— registraba el número de Jaejoong en la memoria de su celular. Sin embargo habría preferido ir a otro sitio, uno más alegre o con menos formalidad, pero a fin de cuentas eso no era demasiado importante. El teatro podía ser la primera parada, mas no la última. Jaejoong emergió de entre un grupo de gente que avanzaba apresurado al interior del recinto. Los ojos de él lo examinaron de pies a cabeza agitando negativamente esta al palpar la tela de su saco. —Debiste traer algo más abrigador —Jaejoong expuso, ajustándose las mangas de su elegante chaqueta de lana. Evidentemente solo Yunho era quien parecía haber olvidado que ya estaban en otoño—. No soy tan caballeroso como para prestarte el mío y congelarme por ello. —Ni yo tan patán para permitir que eso suceda —Yunho sugirió, encorvándose para quedar a la altura del oído de Jaejoong, poniendo una mano en su hombro para retenerlo—. Sin embargo, estoy seguro de que tus brazos pueden brindar suficiente calor como para mantenerme confortable. Jaejoong dio un paso atrás, zafándose del agarre de Yunho y sacando dos boletos del bolsillo interno de su chaqueta. —¿Entramos ya? No falta mucho para que comience la función. Yunho contestó con un asentimiento de su cabeza yendo detrás de él, ingresando y ocupando sus butacas correspondientes. Unos cuantos minutos después, el telón comenzó a abrirse y una rimbombante música abarrotó la sala, causando exaltación en Jaejoong y un quejido en Yunho. -:♥:--:♥:Yunho jamás consideró que el no interesarse en el tipo de función a la que asistirían fuera a ser tan crucial para su estado de ánimo. Normalmente él podría decir que le agradaban las actividades culturales, llámese exposiciones de arte, conciertos de orquestas sinfónicas, espectáculos de danzas formales, cine y obras teatrales. Pero siempre tomando en cuenta el tema.
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Si le daban a escoger, irrefutablemente una obra romántica no era de sus favoritas para elegir. Aunque tampoco es que le molestara de sobremanera el verlas. Eso solo ocurría con los musicales. Porque detestaba que en cada escena, de la nada, un personaje continuará sus diálogos cantando. Como si para cualquier maldito momento existiera la melodía y coreografía perfecta para acompañarlo. Eso a él simplemente le sacaba de quicio. Lastimosamente Jaejoong opinaba distinto, demostrándolo al escoger de entre la decena de producciones teatrales disponibles, una romántica cuya base era la música. De saberlo, Yunho habría intentado disuadirlo por todos los medios, evitándose pasar los ciento treinta minutos presenciando algo que le aburría. —¿Qué te pareció? —Jaejoong le dijo inmediatamente salieron de la sala. ¿Somnífera? ¿Empalagosa? ¿Horrenda? Cualquier adjetivo que viniera a su mente no parecía el correcto al observar el entusiasmo en el semblante de Jaejoong que no dejaba espacio más que para… mentir. —Estuvo bien. —¡Sí! —Jaejoong exclamó enganchando su brazo en el derecho de Yunho, jalándolo para bajar la escalinata juntos—. En cuanto leí la sinopsis supe que sería fabulosa, las actuaciones fueron muy buenas, naturalmente la selección del reparto fue la apropiada, sus voces fueron simplemente… wow. La escenografía fue un poco lúgubre pero pienso que le dio un toque especial en los puntos críticos de la historia. Y es que tuvo diálogos tan increíbles que por instantes me sentía involucrado en la narración. Yunho permaneció en silencio escuchando la gráfica descripción de Jaejoong. Su opinión discrepaba de la suya, pero solo por la manera en que se expresaba, valía la pena el prestarle atención. Él encontraba terriblemente atrayente los gestos de Jaejoong al hablar de algo que notoriamente le apasionaba. El énfasis con el que connotaba las palabras para mencionar detalles que por encerrarse en sus propios pensamientos, ignoró a que se referían, era una especie de diversión que tendía a lo encantador. El resto de la cita, Jaejoong monopolizó la conversación y a Yunho le importó poco que esto fuera así. Su único propósito era conseguir algo del contacto que ansió tener desde que lo vio fuera del teatro. Ligeros toques y roces de sus brazos o rodillas, fue lo máximo que hasta ese momento había obtenido. Y a unos centímetros de la puerta de la casa de Jaejoong, su esperanza era muy reducida.

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—Gracias por acompañarme, es difícil conseguir quien pueda ir conmigo a ese tipo de funciones. —Fue un placer y absolutamente estoy a tu disposición para este o cualquier tipo de función. Jaejoong sonrió girando la llave en el cerrojo. Alegrándose por no haberse negado a la invitación de Yunho como lo hizo la vez pasada. Quizás lo que actualmente estaba buscando era una relación amorosa y no de amistad, pero un amigo siempre era una buena adición a su vida. —Conduce con cuidado —le dijo ofreciendo su mano para un apretón. Yunho miró esta, el suficiente tiempo para que ambos se sintieran incómodos. Decidiéndose después de lo que pareció una eternidad, a tender su mano, sosteniendo y agitando la de Jaejoong. —¿Nos vemos luego? —Claro. Yunho caminó hacia atrás no dándole la espalda. Sonriendo tal cual lo hacia Jaejoong, hasta que este entró y cerró la puerta. Falló en su objetivo y estaba casi congelado por el frío, pero al menos no resultó ser tan derrotado como en su primer encuentro. Tal vez su estrategia solo requería paciencia para lograr su efectividad. Porque de pronto sentía que el conquistar a Jaejoong se había convertido en un reto personal del que no desistiría hasta triunfar. -:♥:--:♥:—¿Otro mensaje de él? —Junsu inquirió con fastidio mientras sorbía del popote de su malteada de fresa. —Sí, me pregunta si podemos vernos este fin de semana. Él silbó mordiendo la punta de la pajilla. —Para ser quien es, ya le duró mucho su interés por el mismo alguien. Jaejoong alzó sus cejas no dejando de mirar hacia la pantalla de su celular, tecleando la respuesta para Yunho. —Supongo que con mismo alguien te refieres a mí, y por si lo olvidas, tengo un nombre que no es precisamente ese. —Sí, lo siento, es la costumbre de desmerecer todo lo que tenga que ver con ese hombre. Nunca olvidaré que por mi culpa tú llegaste a conocerlo. —No es para tanto, Yunho es una buena persona.
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—Es un manipulador convenenciero —Junsu soltó, cruzando los brazos sobre su pecho y recargándose en el respaldo de su asiento—. Sigo sin creer que Yoochun no tuviera nada que ver en ese encuentro. Casualmente ese fin de semana va a mi casa a proponerme irnos de viaje, dice que no nos llevemos los celulares y nos olvidemos del mundo. Entonces mágicamente Changmin recupera su noviazgo y el casanova entra a tu rescate. Nada fue premeditado, si como no. Jaejoong se encogió de hombros resaltando con un marcatextos naranja, dos líneas del libro que sostenía en una mano. —De cualquier manera las cosas entre nosotros han resultado bien, entre mi trabajo y que tú tienes un novio del que ocuparte, no tengo muchas distracciones. Yunho ha sido un buen amigo con el que salir. —¿Pero por cuánto tiempo? Por lo que sé y he visto, el tipo de salidas que él tiene con sus amigos es el de fiestas salvajes donde se consigue otra clase de amigos, de los cariñosos y solo una noche. A ninguno de ellos los lleva a cenar ni va a esos eventos que te gustan a ti. Sinceramente no es que me importe que haga o no con su vida, pero tú debes estar consiente de con quien estas tratando. —Para no importarte parece que lo conoces muy bien, pero ya te dije, solo somos amigos. Junsu negó con su mano derecha, mirando el reloj en su otro brazo. —Lo sé porque él mismo no tiene tapujos en contar sobre sus conquistas delante de mí, pero retomando el tema, también podría ser que a ti te interese un poco de diversión, y aunque sigo creyendo que él es el peor que pudieras conseguirte, necesidades son necesidades y un poco de picardía, no le cae mal a nadie. Jaejoong juntó sus labios soltando un largo suspiro, colocando el separador de cartón dentro del libro antes de cerrarlo y depositarlo en la mesa. —Yo busco una relación sana y sólida, un compromiso y no solo sexo, porque si fuera así, iría a uno de esos bares en los que encuentras personas dispuestas a esto, yo no necesito solo acostones, necesito la estabilidad en pareja. —Lo mío con Chunnie empezó sin compromisos y terminó con lo que tenemos hoy en día, por lo tanto no hables tan desdeñosamente de ese tipo de relaciones porque demeritas la mía —Junsu se quejó dejando sobresalir su labio inferior antes de continuar—. Pero está bien, tu punto quedó claro, ahora solo falta saber si él está de acuerdo contigo. —¿Por qué no habría de estarlo? —Porque su comportamiento claramente indica otra cosa. -:♥:--:♥:El personal de la agencia de publicidad para la que Yunho trabajaba había estado tan atareado esas dos semanas, que él duramente pudo dedicarle cinco minutos diarios a la tarea que Jaejoong le encomendó.
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Y es que debió sospechar desde la repentina llamada de Jaejoong, que el aceptar no fue una buena idea: —¿Te gusta leer? De la nada surgió la pregunta, tomando a Yunho desprevenido, otorgándole una fracción de segundo para dar su respuesta y que esta no se escuchara arreglada. —Podría decirse que sí. La respiración de Jaejoong fue audible al igual que su típica corta risa que precedió a la propuesta que lo metió en aprietos. —Deberíamos intercambiar libros, nuestros favoritos. —Ok. Su intuición volvió a fallarle. Yunho ni idea tenia de libros, había leído un par de ellos años atrás, ya ni siquiera recordaba sus nombres. Él leía, sí, pero siempre sobre publicidad y aspectos que tuvieran que ver con ella, dudada que ese tema fuera el ideal para Jaejoong. Su recurso fue acudir con Changmin, a quien había visto en más de una ocasión hojear uno que otro libro en su tiempo de ocio-laboral, ya que como jefe, siempre contaba con mayor tiempo libre que él. Changmin rascó su cuello y lo meditó por varios minutos hasta que le sugirió que fuera a una librería y preguntara cuál era el ejemplar más vendido del mes. Su teoría era, si se vende bien es porque le gusta a la gente, lo que significaba que era bueno. Una de las empleadas del local lo guío a la estantería más cercana a la entrada, donde libros de varios autores y géneros, estaban acomodados sin ningún orden en particular, y del que Yunho agarró uno al azar. La portada no especificaba mucho en sí, era la oscura imagen de un pasillo con una puerta semi-abierta al final de este, por la que una delgada línea de luz fluorescente se filtraba. Y blancas letras en la parte inferior enunciaban “El corredor”. Terror o suspenso, él pensó mientras caminaba hacia la caja registradora para pagarlo. Jaejoong había puesto un gesto extraño cuando lo vio, pero no comentó nada sino que con una entusiasta expresión le entregó el libro para él. Un romance llamado “Un refugio bajo el arcoíris” al que con una poco innatural sonrisa, Yunho recibió. Luego de quince días, él tan solo había leído los primeros dos capítulos de los diecisiete que contenía en su totalidad y teniendo el plazo final encima, optó por el camino fácil, leer una reseña de este por internet.

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El problema es que lo que pareció fácil, resultó considerablemente difícil. El libro no era popular y no había mucho material de el por la red. Sentado en la cotidiana cafetería, Yunho mantenía su vista en la pequeña maceta a un lado del sillón, ansioso como si acabara de presentar un examen y esperara por los resultados que Jaejoong le proporcionaría luego de tomarse el café humeante que traía en las dos tazas que sostenía con sus manos. —Dos de azúcar —Jaejoong declaró, dándole una de las tazas después de sentarse en el sofá contrapuesto al de él. —Gracias. —Es el turno de hablar sobre tu libro —Jaejoong soltó, rodeando con sus dedos la porcelana para calentarlos—. No es el género que suelo leer, pero realmente fue interesante y muy entretenido. Sin embargo, confieso que hubo algunas partes espeluznantes que preferí saltarme. No soy afecto a escenas de descuartizamientos y explícita violencia. Yunho lo escuchó en tanto bebía de su café. No estaba seguro del que decir sobre algo que no sabía absolutamente nada, así que mantenerse visiblemente ocupado era la mejor solución. —Pero no tenías por qué darme un ejemplar nuevo. En cuanto terminara de leerlo iba a regresártelo. Ante eso, la garganta de Yunho se entumeció, haciéndole imposible seguir ingiriendo del líquido. —Yo creí que era mejor darte uno propio —explicó sonriendo, cambiándole el semblante al distinguir la incredulidad en Jaejoong—. ¡De acuerdo! Ese libro que te di nunca lo había visto y solo lo compre para dártelo. La verdad es que no suelo leer, solo lo hago cuando me veo obligado. Jaejoong entonces lució confundido. —¿Por qué te sientes obligado? yo no quise forzarte ni imponerte nada. Yunho lo miró fijamente considerando que la razón era evidente. ¿Acaso no era lo suficientemente obvio? ¿Sus intenciones no habían sido bastantes claras? Aparentemente Jaejoong requería de palabras y no solo de hechos. —Porque me gustas —confesó sin evasiones ni rodeos, alabándose a sí mismo por hacerlo a pesar de no estar seguro de lo que Jaejoong diría al respecto. —No creo que seamos compatibles como para ser algo más que amigos. La honestidad en la voz de Jaejoong fue perceptible para Yunho. Preocupado por oír cosas como “tú a mí no me gustas” o “no tengo ningún interés en ti”, no esperó que él dijera algo como eso.
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—¿Por qué no? —Compaginamos más como amigos. Yunho bufó por la desconformidad de su justificación, viniéndosele un culpable a su cabeza, con seriedad le dijo: —¿Es por el concepto que Junsu tiene de mí? porque déjame aclararte que él no me conoce del todo. —No es por eso —Jaejoong lo cortó—. No me dejo influenciar por los pensamientos de los demás, siempre pesa más mi propia opinión sobre la de otros. —¿Entonces? Jaejoong volteó a la ventana y luego hacia el contenido intacto en su taza, la clave de que contestar no estaba para él por ninguna parte, de pronto cualquier motivo que tuviera perdió validez en ese momento. La espontánea risa de Yunho desconcentró su reflexión, impulsándolo a levantar su mirada hacia él, hallándolo con media sonrisa en su cara. —Rogar no es una de mis costumbres, pero contigo es lo único que he estado haciendo —Yunho colocó su taza en el alfeizar del ventanal detrás de él para acomodarse mejor en su asiento—. Jung Yunho rogándole a alguien es inusual, así que olvídalo, estás en lo cierto, no combinamos y yo debo estar pirado de la cabeza para querer estar con alguien que se sobrevalora tanto. Jaejoong frunció el ceño y se cuadró de hombros al ponerse de pie. —Me alegra que hayas dejado al descubierto tu opinión sobre mí antes de que yo cambiara la mía. Imaginó entonces que si para ti soy esa clase de persona no deseas tener nada más que ver conmigo, así que con tu permiso —Tan rápido como terminó de hablar, Jaejoong dio media vuelta y se marchó, disminuyendo su velocidad solamente para dejar en el mostrador, la taza aún en sus manos y a continuación recuperar el paso, saliendo del establecimiento. —Sí, vete, no me importa, que te vayas no me afecta en lo más mínimo —Yunho murmuró cruzándose de piernas, dando otro trago a lo que restaba de su café ya más frío que caliente. -:♥:--:♥:Yunho dio suaves topes de su frente contra la pared de un lujoso restaurante al sur de Seúl. No tenía certeza de cuantas veces había pausado su trabajo ese día, por no mencionar la semana. Aunque sus intenciones de que no sucediera eran fuertes, su subconsciente se encargaba de traer imágenes de Jaejoong a flote, sin parar. Veía similitudes con él por todas partes, incluso en la publicidad del sitio de entretenimiento para adultos. El inocente eslogan de “¿Quieres conocer a nueva gente?” le
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recordó que por comentarios agrios de Junsu, él se había enterado de que Jaejoong solía utilizar ese tipo de recursos para relacionarse con posibles prospectos de citas. Mismas que desencadenarían en algo más y ese algo más era lo que Yunho no podía sacarse de la cabeza. Pero si supuestamente a él no le afectaba que Jaejoong no estuviera con él ¿por qué no podía dejar de pensarlo? La respuesta era simple y se odiaba por ella. Hacía media hora antes que se había rendido, tomó su teléfono y marcó el número de Jaejoong, pero jamás contestaron del otro lado de la línea, no a ninguna de las ocho llamadas que le siguieron a esa. Por lo que, él no podía contactarlo y su mente no dejaba de martirizarlo con conjeturas de que probablemente Jaejoong en ese instante estaba ocupado con su nuevo amigo y que el que fuera así era enteramente por su culpa. Yunho estaba desesperado, por eso era comprensible que aun sabiendo que Junsu no le daría ninguna información, él de todos modos se la hubiera pedido. No se debe juzgar a un hombre angustiado. Abandonó la oficina de Junsu tal como entró, con cero pistas sobre el paradero de Jaejoong. No obstante Yunho tenía un as bajo la manga, Yoochun. Y si alguien podía conseguir la información, ese era él. Así que luego de que Yoochun le advirtiera que pasara lo que pasara, no mencionara su nombre si le exigían revelar a su informante, le entregó la hoja donde una —apenas legible— dirección estaba garabateada. Conduciendo al límite de la velocidad permitida, arribó al lugar antes de que Jaejoong lo hiciera. Y ahora aguardaba afuera a que este apareciera. En cuanto esto ocurrió, toda la valentía dentro de sí se esfumó como por arte de magia. Jaejoong frenó su andar a unos metros de la entrada, pero cuando Yunho no se movió, decidió aproximarse y plantarse delante de él. Yunho hizo el amago de hablar sin embargo en su lugar optó por tomarlo de la mano y halarlo hacia la esquina de la calle donde su auto estaba mal estacionado. —Que sea rápido —Jaejoong espetó, sacudiendo sutilmente su mano hasta liberarla. —¿Eh? —Lo que vayas a decir, que sea rápido, tengo una cita a la que llegar. Yunho apretó duramente sus puños a los costados de su cuerpo. Después de todo, sus sospechas habían sido correctas.
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—Cambie de parecer —le dijo metiendo la mano en el bolsillo de su pantalón, sacando de este las llaves de su coche—. No estoy loco por querer estar con alguien como tú — continúo al tiempo que abría la puerta del copiloto y sustraía del asiento, una caja verde de cartón corrugado—. Lo estoy por no ver más allá de mi ego sin darme cuenta que con ello perdía lo mejor que podría pasarme. Jaejoong mostró un atisbo de sonrisa recibiendo el paquete de manos de Yunho. Desdobló una de las orillas y sacó del interior un sofisticado bolígrafo atado a una —no menos elegante— libreta de pasta dura color azul marino. —Esto significa… —Significa que a partir de hoy, si tú quieres, te probaré que podemos funcionar siendo oficialmente más que amigos. Jaejoong presionó sus labios entre sí mientras acariciaba su barbilla. —Bien, pero que sea desde mañana, esta noche necesito reunirme con uno de los escritores de los que estoy encargado —advirtió sonriendo. —¿Esa es tu cita? —Sí, y trabajo es trabajo así que no puedo posponerlo. —Te entiendo —Yunho dijo asintiendo y cerrando la puerta abierta—. ¿Te llamó más tarde? —Ok —Jaejoong aceptó apartándose unos centímetros para que Yunho rodeara su coche, y solo cuando se disponía a abordar este, lo llamó. —¿Uhm? Recorriendo la distancia entre ellos, Jaejoong lo sostuvo por los brazos para darle un beso en la mejilla. —Gracias por mi regalo. -:♥:--:♥:Jaejoong revisaba su correo electrónico en su aglomerado cubículo, cuando uno de los guardias de la editorial llego hasta él, indicándole que acababan de recibir un paquete a su nombre. Él no sabía si el hombre había hablado muy alto o si sus demás compañeras poseían percepción extrasensorial, puesto que de inmediato, los ojos de ellas estuvieron sobre él y el —ahora— objeto en su poder. —¿Tienes un nuevo admirador? —una de ellas preguntó, arrimándose en su silla semiejecutiva. —¿Esos son chocolates? —otra mujer dijo mientras se acercaba a él. —Bombones —Jaejoong murmuró terminando de romper el envoltorio de la caja, percibiendo la atención de los demás en sí. ¿Por qué no le daban ni un poco de privacidad?
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—Y son de buena marca. Jaejoong bufó, despegando de la tapa la nota doblada por la mitad adherida con cinta masking tape. En silencio la desdobló y comenzó a leer el contenido:

Si el hombre pudiera levantar su amor por el cielo Para saludar la verdad erguida en medio, Más abrasante cuanto más pausado Pudiera derrumbar su cuerpo, Yo sería aquel que con su lengua Ensaliva y escruta la...

Abruptamente Jaejoong empuñó la hoja, arrugándola dentro de su pantalón, prefiriendo seguir leyéndola cuando no tuviera tanta gente observándolo. Él, contrariamente a lo que la mayoría del mundo supondría, no era partidario de los poemas, sin embargo, consideró un tierno detalle que Yunho le mandara uno —incluso si no era de su autoría— ya que se tomó el tiempo para escogerlo, pensado en él. Solo que, se sorprendió que fuera del ámbito sexual. —¿Y bien, es de alguien a quien conoces o no? —Ehm, es personal —Jaejoong especificó volteando la caja con bombones cubiertos de chocolate. Al ver el tipo de relleno que tenían, soltó un largo resoplido que elevó parte del pelo que cubría su frente—. ¿Los quieren? —Por supuesto. Jaejoong no tuvo siquiera que explicar porque los regalaba, cuando la caja fue arrebatada de su mano y un grupo de seis mujeres, se congregó alrededor de la actual dueña de esta. Contemplando como se disputaban los dulces, Jaejoong tomó su celular yendo hacia el pasillo para apartarse del bullicio dentro de la oficina. Moviéndose por su lista de contactos, presionó llamar en el de Yunho. —Hey, ¿recibiste mi regalo? —Sí, no debiste molestarte —contestó parándose frente a la pulcra pared de vidrio que daba vista al exterior.
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—Fue un placer. No sabía qué tipo de chocolates te gustaban así que, ¿esos están bien? —Sí, ahm, vi que tenían almendras y nueces, y en realidad, en realidad, yo soy alérgico a eso, bueno en general a los frutos secos —Jaejoong confesó apresurándose en agregar—: pero obviamente tú no sabías. —Oh. —En verdad lucían muy buenos pero no puedo comerlos, por lo que se los di a mis compañeras ya que hay veces en las que la atracción puede más en mí y termino por probarlos —Ser alérgico le había privado de muchos delicias gastronómicas. Alejarse rápidamente de la tentación siempre era la mejor opción, no obstante lamentaba que se tratara del obsequio de Yunho—. Lo siento. —Hiciste bien, es mejor que alguien los aproveche a desperdiciarlos. —No es que tenga grandes consecuencias si llegó a comerlos, pero me provocan urticaria o hinchazón en la boca, es horrible. —Jaejoong, no te preocupes, fue mi culpa por no preguntar primero. —No, no lo es. Tu intención por sí sola fue un gran gesto de tu parte —Jaejoong aseguró quedamente. —Quería darte algo pero siendo sincero, no tenía idea del que, así que pidiendo sugerencias entre mis conocidos, regalarte eso fue mi elección. Mi jefe suele comprarle flores a su novio —Yunho dijo, riendo justo cuando en el fondo se oyó ‘¡yah!’ fuertemente—. Pero eso está excesivamente fuera de mi rango, ya de por si fue bastante raro escoger un poema para un hombre. Jaejoong sonrió apretando por fuera, la hoja arrugada dentro de su pantalón. —No tienes que copiar los estereotipos de la gente. Solo haz lo que te nazca y con lo que te sientas cómodo. —Puedo hacer eso —Yunho masculló en un tono más bajo—. Pero no esperes eventos ridículos, por ejemplo atiborrarte con papelitos de colores. —¿Eh? —Ya sabes, como la estupidez de forrar tu auto con post-its llenos de mensajes que digan te quiero, eres lo máximo, etcétera, etcétera. Eso es absurdo, lo único que consigues es que la otra persona se vea obligada a ir por las calles de esa forma, porque sería una grosería quitarlos y desperdiciar el esfuerzo de ponerlos. Jaejoong miró al suelo, sintiéndose apenado puesto que él había visto en un par de ocasiones automóviles adornados con ese estilo, y siempre lo consideró como una romántica idea. —Sí —aceptó a pesar de la diferencia de opiniones.
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Hablaron por otros cinco minutos hasta que la notoria diminución del ruido proveniente de su oficina lo incitó a asomarse en esta, hallando a los empleados de vuelta en sus labores y la situación en total normalidad. —Oye, tengo que colgar, si mi superior me descubre fuera de mi sitio, no me libraré de su reprimenda. —Sí, yo también, el mío esta que echa fuego por la nariz —Yunho declaró luego de un largo suspiro. —Entonces, hasta luego. —Hasta luego. Jaejoong colgó teniendo una sonrisa en sus labios. Orgulloso de haber hecho lo correcto al olvidar cuan enojado había estado con Yunho hasta antes de la noche en que lo encontró fuera del restaurante. Y aunque aquella vez no se lo había confesado, a él también le gustaba, cada vez más y más. -:♥:--:♥:A Yunho comenzaban a dolerle las esquinas de su boca, prácticamente llevaba horas sonriendo desde no sabía con certeza hacía cuánto. Lo único de lo que estaba seguro era el motivo, Jaejoong. Mientras lavaba los platos que acababa de utilizar para su cena, recordaba su más reciente salida con él. Caminado sin rumbo fijo, después de comer en un restaurante al azar, un parque había llamado la atención de Jaejoong, más específicamente el puesto donde vendían algodones de azúcar. Yunho odió la idea de pasearse por el lugar, comiendo una de esas coloridas y esponjosas cosas que a su parecer, eran solo para niños. Pero a Jaejoong poco le importó su apreciación cuando compró uno de estos, lo desenvolvió e instó a Yunho a abrir su boca para alimentarlo con un trozo del apelmazado azúcar. La expresión de Yunho se distorsionó en una de amargura, como si hubiera probado algo ácido en vez de dulce. El sabor era sobre todo lo que no le agradaba, lucían mejor de lo que sabían. Pero no tuvo tiempo de protestar porque Jaejoong rio, tomó su mano y lo apresuró para alcanzar el autobús que ya se veía en la esquina. Y arriba del transporte, arrinconó su desagrado cuando — aunque al no haber asientos disponibles, ambos iban de pie sujetándose del tubo superior— con su mano disponible, Jaejoong agarraba con un dedo el palo de madera del algodón para con los otros cuatro, sostener la mano libre de Yunho. A Jaejoong no le molestaban las demostraciones públicas de afecto, y si bien Yunho no era adepto a estas, con él descubrió que no le incomodaban y que incluso le gustaba la espontánea manera en que se suscitaban.
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Dejando limpio el fregadero, avanzó a su recámara, sentándose al borde de su cama después de tomar su teléfono inalámbrico y marcar el número últimamente muy utilizado. Cuando el tercer repique se dio, la voz de Jaejoong emergió por el auricular. —¿Estabas dormido? —preguntó Yunho, acomodando su espalda en las dos almohadas que colocó detrás suyo. —No —Jaejoong contestó seguido de un rechinido y otro ruido más que Yunho no supo distinguir—. Ups. —¿Que fue eso? —Tiré mi libreta. Yunho comenzó a reír cuando una teoría vino a su mente. —¿Te aventaste en la cama? — La falta de palabras de Jaejoong solo incrementó su risa—. ¿Lo hiciste, cierto? ¿Cómo las adolescentes? —Recostarte en tu propia cama para hablar por teléfono no tiene nada que ver con tu género ni edad, es simple confort —Jaejoong protestó, finalmente afirmando la deducción de Yunho, con lo que este último lo imaginó sobre su estómago, con una almohada bajo sus brazos sosteniendo con uno de estos el teléfono y sus piernas cruzadas por los tobillos moviéndose mientras platicaba con él. Yunho deshizo sus pensamientos, esa imagen era demasiado ñoña, él prefería una más vivaz. —Uhm, Jaejoong, ¿qué traes puesto? El silencio fue un grave indicador para él. Probablemente fue mucho atrevimiento tratándose de Jaejoong. A un segundo de disculparse una pequeña risa se escuchó. —Casi caí en tu broma —Jaejoong dijo, devolviendo la tranquilidad en Yunho. —¿Qué te hace pensar que lo es? De nuevo el mutismo se hizo del otro lado de la línea, hasta que con un inseguro tono, Jaejoong inquirió: —¿No lo es? Yunho se debatió entre mentir o tentar su suerte diciendo la verdad, dada la seriedad se decidió por hacer un poco de ambos. —Claro que lo es, pero y si no lo fuera, ¿me seguirías el juego? —Honestamente, no van conmigo esa clase de llamadas… sucias —Jaejoong terminó de hablar en un murmullo. —Lo sospeché, por eso bromeaba —le aseguró consiguiendo de inmediato la risa de Jaejoong. —Ok.
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Yunho suspiró suavemente, cubriéndose los ojos con su antebrazo derecho, descargando su frustración para luego cambiar totalmente de tema. -:♥:--:♥:Conforme los días transcurrieron, Yunho cambió su rutina de soltero yendo en busca de nuevas conquistas, para en su lugar pasar su tiempo con Jaejoong. Hacía semanas que él podía considerarse triunfador, Jaejoong aceptaba cada una de sus invitaciones y habían cubierto todos los niveles a los que físicamente podían llegar. Pero no estaba conforme. Yunho quería seguir reuniéndose con él, porque entra más lo trataba, más se desarrollaba su necesidad por él. Ellos no habían dado un título a lo que tenían, no se trataban como simples amigos y tampoco como una pareja formal, no tenían una relación libre ni aun una conservadora. Si alguien llegaba a preguntarles, simplemente contestaban, es complicado. Jaejoong se afirmaba a sí mismo que darle un nombre a la relación no era estrictamente necesario, que la simple atracción que sentían el uno por el otro bastaba para no dudar de que sus sentimientos eran recíprocos. Cada vez que pensaba en Yunho, tenía sensaciones raras en su estómago y cuando estaba junto a él, se volvía ridículamente nervioso, por todo. Eso por sí solo, lo dejaba suficientemente claro. Pese a esto, Jaejoong ansiaba establecer lo de ellos con el acuerdo hablado y no únicamente con darlo por hecho. Mas no sabía cómo sacar el tema a relucir, que tal si se equivocaba y Yunho no deseaba lo mismo. Si para él era algo pasajero. A Jaejoong de solo imaginarlo se le estrujaba algo dentro de su pecho. —Está nevando —Yunho indicó, señalando al cielo con su dedo luego de que los dos bajaran de su auto estacionado a unos metros de la casa de Jaejoong. Jaejoong echó su cabeza atrás para mirar hacia arriba, regresando de inmediato su vista al suelo en cuanto copos de nieve cayeron en su rostro. —Auch —se quejó tallando con su puño uno de sus ojos. Yunho retuvo su cara con ambas manos, examinándolo y retirando con delicadeza la diminuta partícula blanca de las pestañas de Jaejoong. —Llorón —dijo apretando la punta de su nariz antes de situarse atrás de él, circulando su cintura con los brazos—. Nos compré un regalo. Jaejoong detuvo sus pasos en la solitaria calle por la que transitaban, que como de costumbre, su barrio parecía un lugar abandonado por la noche. Se viró dentro del abrazo de Yunho, sonriéndole antes de decir:

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—No me molesta que me des obsequios, pero oficialmente ya tenemos algo, no es necesario, aunque lo reitero, no me molesta que me compres cosas —Él se alegró de proclamar vagamente lo que había entre ellos. Yunho sonrió, instándolo a que recuperara su anterior posición y continuaran con su camino. —Entonces dejaré de mirar esas prestigiosas tiendas en busca de algo perfecto para darte —Jaejoong intentó girarse de nuevo pero Yunho se lo impidió restringiéndolo en sus brazos—. Dije que es para ambos. Consiguiendo de su bolsillo un delgado brazalete de titanio, Yunho lo colocó en medio de la palma de su mano, situando esta frente a los ojos de Jaejoong, enseñándoselo rápidamente para enseguida capturar su brazo, ajustando el metal alrededor de su muñeca. —Es un accesorio de pareja, es más original que los anillos ¿no?, esos ya están muy trillados. —¿Pareja? —Jaejoong preguntó observando el nuevo objeto en su brazo—. ¿Tú también tienes uno igual? Yunho resopló subiéndose la tela de su gabardina para dejar al descubierto al brazalete que portaba. —Naturalmente, ¿si no por qué crees que les llaman así? Jaejoong juntó su brazo con el de él y comparó los diseños, hallándolos iguales. Felicidad se expandió dentro su cuerpo, ahí estaba la declaración no dicha que estipulaba lo que eran. —Me gustan, tienes razón, es diferente —declaró uniendo sus manos, notando la frialdad en las de Yunho—. Otra vez no elegiste la ropa adecuada, tendré que prestarte una bufanda. —No seas avaro, también un par de guantes. Jaejoong negó con su cabeza mientras abría la puerta de su casa, dejándola abierta para permitirle el paso. Yunho se quitó sus zapatos, apartándolos de la entrada y fue a servirse agua. No en muchas ocasiones había estado allí, pero conocía en que parte de la cocina, Jaejoong guardaba los utensilios indispensables, como lo eran los vasos. Bebiendo todo el contenido, depositó en la mesa el recipiente vacío y fue a reunirse con Jaejoong quien alborotando el interior de su armario, no lograba encontrar el otro guante púrpura que hacía juego con el que ya tenía en su poder. Utilizando como lazo la bufanda que colgaba del cuello de Jaejoong, Yunho lo jaló hacia él, provocando que tropezara y chocara la frente en su mandíbula, por lo inadvertido del movimiento. —¡Yunho! —Jaejoong gritó, empujándolo con los puños.
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La risa de Yunho llenó el cuarto al tiempo que se resistía en liberarlo, adentrando a ambos en una incesante lucha. Los forcejeos poco a poco fueron haciéndolos retroceder hasta que la cama se interpuso en su trayecto. Y de nueva cuenta aprovechando el descuido, Yunho capturó con su boca los labios de Jaejoong mientras caían en el colchón. —¡Yah, me mordiste! Ignorando la queja, Yunho inmovilizó su cuello atrayéndolo hacia sí, conteniendo las sucesivas protestas que Jaejoong no pudo pronunciar con coherencia, porque entre los besos, olvidó el motivo de su descontento. Sus manos se perdieron por debajo de las ropas y poco después se encargaron de deshacerse de las mismas, dejándolos totalmente descubiertos al uno del otro. Explorándose mutuamente con suaves caricias, se acoplaron afianzándose en un ritmo acompasado que lentamente fue construyéndoles un mundo propio llenó de intimidad y pasión, que los desbordó en el éxtasis cerca del amanecer. -:♥:--:♥:Jaejoong hizo la última corrección al manuscrito del prólogo que debía entregar al regresar de su descanso, y guardó el documento para a continuación cerrar su mini laptop. Él lo tenía listo desde el día anterior, pero siendo el perfeccionista que era, prefirió leerlo uno vez más para evitar cualquier error. La omisión de un punto, fue lo único que encontró. Verificando la hora en la pantalla de su celular, comprobó que Yunho estaba retrasado para su cita. Inmerso en su texto, los minutos pasaron volando sin realmente poner atención en ello. Pero por lo tarde que ya era, probablemente ellos tendrían oportunidad de verse por solo unos cuantos segundos. Como si lo invocara, Yunho ingresó en la cafetería, haciendo sonar la campanilla en la parte superior de las puertas abatibles. A esas horas, la mayoría de los clientes que acudían a ese negocio eran los cotidianos oficinistas de las empresas aledañas, por lo que los empleados no se molestaban en mostrarles una mesa disponible puesto que, por lo regular, todos ocupaban los mismos asientos. Yunho se trasladó a paso veloz a donde Jaejoong estaba sentado, sus apenadas facciones mostraban una ligera sonrisa, que desapareció al disculparse. Ocupó el lugar frente a Jaejoong, desabotonándose y quitándose el abrigo para estirarse con facilidad. Jaejoong palmeó el dorso de su mano que extendida, descansaba a la mitad de la mesa. — No importa, pero ya casi debo regresar a la editorial.

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—Changmin me retuvo cuando estaba a punto de salir, una de sus ideas relámpago se presentó y se empeñó en que los que estábamos a su alrededor paráramos nuestras actividades por él. —Tal vez ese es el carácter de los genios —Jaejoong dijo, dándole otra connotación al adjetivo con el que Yunho siempre describía a Changmin, “el geniudo de mi jefe”. —Yo también soy excesivamente hábil en mi profesión, pero no requiero paralizar al mundo para funcionar. Jaejoong sonrió metiendo su netbook en la funda de neopreno, colocándola delante de él. —Junsu nos invitó a cenar hoy en su casa. —¿Junsu mencionó específicamente mi nombre cuando hizo la invitación? Jaejoong mordió su labio inferior, jugando con el pequeño hilo desprendido del estuche de su computadora. —Bueno, técnicamente, él habló acerca de una cena y yo complementé la idea involucrando a Yoochun y a ti. Sería algo así como una doble cita —agregó con entusiasmo. Desde hacía mucho él tenía deseos de experimentar ese tipo de encuentros. —Uhm, no lo sé, él y yo en un mismo espacio por más de media hora, no me suena a un buen plan. No a uno pacifico. Inclusive él podría añadirle algo raro a mi comida. Jaejoong frunció el ceño viéndolo directamente a los ojos. —Iba a decir que le pediría a Junsu que fuera cordial contigo pero veo que la hostilidad no proviene solo de su parte — ¿Era tan difícil que su mejor amigo y novio se llevaran bien? ¿Era eso mucho pedir? Yunho desvió su vista, doblando los brazos para rodearse con sus manos el cuello. La tela de las mangas de su camisa de vestir se recorrió dejando al descubierto sus muñecas, completamente libres de cualquier material. —¿Qué paso con tu brazalete? —¿Eh? —Por impulso, Yunho reajustó el puño de su camisa, tapando la piel expuesta—. Oh, debió atorarse en algo y romperse, apenas ayer por la noche me di cuenta de que no lo traía puesto. Jaejoong abrió su boca para discutir acerca de su falta de cuidado y por la desfachatada manera de decir lo que ocurrió, pero en un último momento decidió callar. —¿No dices nada? —inquirió Yunho, ocultando la mitad de sus brazos debajo de la mesa. —¿Qué debería decir? ¿Serviría de algo? —Estás enojado. —No.
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Yunho resopló apoyando su espalda en el respaldo. —Sí, sí lo estás —aseveró, escudriñando el impasible gesto de Jaejoong—. ¿Por qué te molesta tanto, era solo un estúpido objeto? Los ojos de Jaejoong se ampliaron, decayendo su ánimo conforme la decepción lo embargaba. —Al parecer solo tenía un significado especial para mí —declaró sonriendo a medias. —¿Tanta importancia para ti tiene un frío metal? —No —respondió, desdoblando y extendiendo en su regazo, el suéter que había colocado a un lado suyo—. No era lo material, sino lo que representaba para mí y supuse también para ti. Pero ya veo que estaba equivocado. —¿Solo porque lo perdí? Ni siquiera lo hice a propósito —Yunho expuso, observando como Jaejoong terminaba de ponerse el suéter y ahora pretendía agarrar su laptop. Justo cuando las yemas de los dedos de él tocaron la funda, Yunho la tomó para sí mismo. Jaejoong congeló su mano en el aire al no alcanzar a sujetar su computadora. —Pero por la manera en que sucedió, hace evidente que no simbolizaba nada para ti. De igual forma lo nuestro te resulta insignificante. —¡¿Cuándo he dicho yo eso?! —Yunho profirió, palmeando la superficie de la mesa. El azucarero y el dispensador de servilletas brincaron por el abrupto movimiento. —¡Acabas de hacerlo! Exasperado, Yunho despeinó con sus dedos el cabello a los costados de su cabeza. — ¡Diablos, eres tan aferrado! —Y tú tan… tan… tan indiferente —Jaejoong soltó poniéndose de pie, de reojo percatándose de que los demás clientes los vigilaban con disimulada atención. ¿Por qué siempre él tenía que hacer ese tipo de escenas en la cafetería? Quizás le vendría bien un cambio de ambiente. Yunho rodó los ojos por la ridícula acusación. La conversación se había salido de sus manos y a esas alturas su boca estaba incontrolable. Las palabras salían de él casi por sí solas, sin recapacitarlas ni mucho menos contemplar las consecuencias. —Por más que trato de cumplir todos tus tontos caprichos o intento estar de acuerdo contigo, aunque tenga que morderme la lengua, no basta. Tiene que ser tal y como tú lo quieres, siempre rigiéndome por tus deseos, porque si los llegó a contradecir suceden problemas como este. Jaejoong asintió, metiendo su celular en el bolsillo de su pantalón, depositando como en la discusión pasada, dinero al centro de la mesa. —Como te lo dije antes, no estoy
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obligándote a nada respecto a mí. No sé ni por qué si me consideras así de inflexible, sigues aquí conmigo —replicó, revisando que ninguna otra cosa suya fuera a olvidársele. —Porque soy un idiota —Yunho siseó su respuesta, observando el estirado brazo de Jaejoong —Tengo de irme —declaró, aguardando impacientemente a que le regresara su laptop. Yunho vaciló un instante en decidirse a entregársela o no, pero finalmente lo hizo, él también necesitaba volver a su trabajo. Jaejoong la aferró con sus manos y sin decir más, dio vuelta, marchándose de allí. -:♥:--:♥:—¿Hasta cuándo vas a llamarlo? —¿A quién? —A Santa Claus —Junsu comentó entornando los ojos—. A Yunho por supuesto. Jaejoong con un gesto desafiante, levantó la barbilla soltando un pequeño bufido de desconformo. —¿Y por qué según tú, debería de llamarle? —¿Porque estás en un horrible estado de melancolía desde que rompieron? —No fue una ruptura como tal. —Oh ya veo, todavía estás en la negación —Junsu puntualizó, dándose vuelta sobre su estómago, en la recién tendida cama de Jaejoong, viendo como este reacomodaba su ropa en el armario. —Junsu… —Esperaba que por lo menos estuvieras en la de aceptación, porque entonces no quiero ni pensar como estarás cuando entres en la etapa de depresión, y ni hablar de la superación, a este paso tardarás meses en llegar a esa. —¿De qué hablas? No eres un terapeuta y no estamos en una consulta psicológica. —He leído mucho de esto, sabes, mi experiencia personal es un alto aprendizaje también, sé reconocer los síntomas de cada etapa post-rompimiento amoroso. Aunque admito que tu caso me sorprende, nunca creí que terminar con él fuera afectarte tanto, es más, deberías estar aliviado por la separación. —A pesar de mis conflictos con él, no estoy de acuerdo contigo —Jaejoong musitó, continuando con la limpieza de su closet—. Nunca te has dado el tiempo de conocerlo, tu impresión cambiaria si lo hicieras. Después de todo por algo es amigo de Yoochun.
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—El mayor defecto de Yoochun es su poco criterio para elegir amistades, muchas gracias por recordármelo —refutó agarrando la descartada prenda que Jaejoong acababa de lanzar hacia la cama. —Yunho es una buena elección para tener de amigo. Es una lástima que no nos quedáramos en esa fase. Hizo un gesto de disgusto al constatar que efectivamente, Jaejoong estaba deshaciéndose de ropa meramente vieja y maltratada. A pesar de la oferta de su amigo por conservar cualquier cosa que le agradara, él no podría quedarse con absolutamente nada, afortunadamente no estaba tan desesperado como para vestir harapos. —Sí, bueno, tal parece que al señor calentura no le convenía un amigo más. Pero en fin, de nada sirve lamentarse, quédate con los buenos recuerdos, bríndale su duelo correspondiente, y al que sigue. —No opinarías lo mismo si fuera tu caso. —Quizás no, posiblemente estaría llorando por los rincones, pero el punto aquí es que no se trata de mí, sino de ti, quien muchas veces mencionó que Yunho no era su tipo. La gran respiración que Jaejoong soltó, fue audible incluso para Junsu quien estaba a un poco más de un metro alejado de él. —Y no lo es. Me refiero a que al principio su físico me atrajo pero su personalidad fue tan contraria a mis ideales que lo descarté. Entre más lo conocía, más me daba cuenta de que la mayoría de sus gustos diferían de los míos, en ocasiones muy comunes y en otras demasiado extravagantes. Un día mostraba detalles puramente románticos y al otro enormemente atrevidos. —Como el regalo de la canasta especial —Junsu sugirió. Jaejoong afirmó con su cabeza, recordando cuando recibió la cesta forrada en celofán que Yunho le había enviado hacía tres semanas. Dichosamente la entrega fue en su casa, lo que le ahorró el sonrojo delante de sus compañeros al descubrir el contenido. Un muy completo kit erótico donde lo más inocente eran el aceite para masaje y el incienso con olor a canela. Meses atrás, él se habría gravemente impresionado si alguien le daba un regalo similar, ahora si bien quedó un poco sorprendido, estaba bastante acostumbrado a la forma de ser de Yunho. Sabía que los artículos eran una invitación abierta y nada más, él nunca lo obligaba a nada, porque Yunho siempre proponía pero nunca exigía. Al menos no hasta la reciente discusión. —Ni siquiera su automóvil es como lo imaginé —Jaejoong continuó—. Es uno plateado como los miles que transitan por la ciudad, no es para nada sobresaliente. —Ah sí, ya recuerdo que tú querías a un tipo que condujera o una carcacha o fuera dueño de una limosina. Extremista —criticó Junsu, desperezándose antes de rodar fuera de la cama—. Cuando menos este hombre rompió tus esquemas y los míos.
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—¿Los tuyos? —Creí que durarían a lo mucho dos semanas y ya estamos cercanos a navidad, eso nos da casi tres meses —dijo usando los dedos de su mano derecha para contar—. Chunnie y yo estuvimos a punto de fijar una apuesta sobre la fecha en que se separarían. Fue bueno que no aceptara. —Es increíble que siendo tú mi amigo, hagas escarnio de mi vida personal. —Estoy siendo honesto, además no he dicho que esté feliz con tu actual situación. Me agrade o no Yunho, reconozco que durante el tiempo que estuviste con él te veías pleno. Con ninguno de tus pasados intentos de relaciones, te vi la mitad de contento que con esta. Jaejoong fue a ocupar el lugar que desocupó Junsu, estrujando en su pecho la antigua camiseta deportiva de su ex-equipo favorito de futbol. —¿Crees que exageré en mi reacción? —¿Lo crees tú? —Tal vez. —¿Eso significa que sí lo llamarás? —Aunque crea que sobre reaccioné, sigo pensando que él actuó mal. Junsu rodó los ojos otra vez, husmeando en los entrepaños del armario. —Bien, entonces que él sea quien te busque, pero en mi personal opinión, luce muy testarudo así que puede que te quedes para siempre esperando. —Si eso sucede será porque no estábamos destinados a estar juntos. —¡Al diablo con el destino, construye el tuyo! —Junsu chilló, virándose para enfrentarlo. —Es algo inevitable, no sucesos al azar. —Jae, el amor no es siempre como lo escriben en los libros, existen los chicos buenos y también los sinvergüenzas rompecorazones. Tu corazón es el verdadero libro, solo mira en su interior, porque es una guía ilustrada a color. Jaejoong achicó sus ojos, hallando sospechosamente familiar lo que Junsu mencionó. — ¿Eso es parte de una canción, cierto? —Sí, me quede corto de ideas —Junsu confesó frunciendo la nariz—. Pero siquiera no pongas de pretexto eso del destino, para no luchar por lo que quieres. Jaejoong enrolló la camiseta y la arrojó contra el torso de Junsu. —Yah, de los años que llevó de conocerte, esto es lo más elocuente que me has aconsejado.
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La contagiosa risa de Junsu resonó en la habitación mientras devolvía con la misma intensidad, la prenda hecha bola que rebotó en la rodilla de Jaejoong. —Dale un límite de tiempo, y si para cuando se venza él todavía no te busca, hazlo tú si es que persiste tu interés. Pero de cualquier forma que suceda, no se lo facilites en lo más mínimo, que sufra hasta el final. —A lo mejor estoy aquí esperanzándome con algo que él ya se rindió. —Nah, Yoochun no ha querido contarme nada y eso debe ser porque ese hombre no debe estar pasándola muy bien. -:♥:--:♥:En su oficina de la compañía de publicidad, Yunho reposaba su cabeza encima de sus brazos cruzados en su escritorio. Frente a él, sentados arriba del otro escritorio, Changmin y Taemin lo observaban sin perder detalle de su apático estado. —¿Qué tiene? —Yunho oyó susurrar a Taemin, por lo que con otro murmullo le contestó: —Todos los síntomas. —¿De qué? —Taemin volvió a cuestionar. —Del enamoramiento —esta vez Changmin respondió. —Taquicardia, obsesión por la persona, distracción, falta de hambre, de concentración, de sueño, —enlistó Yunho sin levantar la cabeza—. Estoy frito. Taemin mostró una sonrisa cálida, entrelazando su mano con la que Changmin descansaba en su muslo. —Pero eso es genial, hyung. Por fin sientes algo genuino por alguien. —Pero arruiné todo. —Nefastamente —Changmin complementó. La mente de Yunho se nubló con el recuerdo de Jaejoong. La manera en que su rostro se deformo por la decepción, no dejaba en paz a su conciencia. Yunho en ningún momento pretendió que el problema de su descuido, alcanzara consecuencias tan catastróficas. Sus deseos estuvieron lejos de eso. En cuanto Yunho se percató de que el brazalete no estaba ilesamente enrollado en su brazo, supo que él no saldría intacto después de decírselo a Jaejoong. Por lo que procuró ocultarlo y así ganar tiempo para idear la recompensación que ofrecería. Sin embargo Jaejoong lo descubrió de inmediato y la bizarra solución que su cerebro halló más conveniente fue adoptar una postura defensiva, demeritando su error para que así
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cual fuera la reacción, los resultados no fueran graves. Él se equivocó, logrando empeorar la situación. Por su bienestar se juró que sus sentimientos por Jaejoong pasarían, que si no lo había logrado en aquella primera separación que tuvieron, fue porque aún su ego estaba lastimado y residían en su interior muchos objetivos por cumplir con él, ahora era distinto, ya había conseguido todo de Jaejoong. Pese a esto, no podía mentirse a sí mismo, el cariño que tenía por él, no desaparecería mágicamente. —Oye, puede que él sea tu razón por la cual despiertas cada mañana, pero tienes que superarlo — Changmin declaró torciendo su boca, evidenciando el regocijo que le provocaba el devolverle las palabras que Yunho le había dicho con tanta frialdad. Para su desgracia, era cierto que el que ríe al último ríe mejor. —Cuando se trata de amor, no debes rendirte hasta el final —Taemin insistió, ignorando lo que su novio acaba de decir. —El final ya llegó —Yunho declaró con pesimismo—. Él es el tipo de persona que tiene sus ideales claros y prácticamente con lo que le dije, me auto descarté de ellos. —¿Y qué tal si no? ¿Qué tal si él está dispuesto a darte una segunda oportunidad? —Es que esa ya me la dio. —Una tercera entonces. Pero debes pedírsela. —No querrá escucharme. —Si él no está dispuesto a eso, ¿cuál es el caso de sufrir por él? —Changmin arguyó, endureciendo sus facciones—. Obviamente no le interesas, por lo que debería ser lo mismo él para ti. —Changmin… El aludido cortó la réplica de Taemin, instándolo a que le permitiera hablar. —Cuando Taemin y yo rompimos, creí que esa era la conclusión de nosotros. Me preparé mentalmente para seguir con mi vida ya sin él, sin importar cuanto lo echara de menos. Y aunque por fuera pudiera lucir absolutamente decidido, por dentro todavía guardaba la esperanza de que si nuestros caminos volvían a coincidir, quizás él y yo podríamos arreglar las diferencias. Eso es porque tengo la certeza de que cuando nos involucra a los dos, Taemin siempre escuchará lo que tenga que decir —Su cabeza giró hacia el hombre a su lado y paso dos dedos por el pómulo de este—. No hay ni una sola duda de lo que él siente por mí. Yunho hundió la cara entre sus brazos, resoplando por ser testigo de las muestras de afecto entre la pareja. Fue demasiado para seguir mirando.
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La cursilería de las palabras de Changmin, la ensoñadora forma de reaccionar de Taemin al escucharlas y el descarado adorno de los hechos, como si Yunho no hubiera presenciado su martirio en los días que ellos estuvieron separados. A él le constaba que su jefe había padecido a tal extremo que constantemente mostraba horribles cambios de humor, yendo desde lo más irritable posible al desánimo total. Incluso podía casi jurar que lo vio llorar mientras trabaja en la oficina, solo que con la excusa de un repentino resfriado, Changmin cubrió rápidamente su rostro con un pañuelo. Hasta la fecha Yunho aún no conseguía pruebas de esa inexplicable gripa que apareció y desapareció en menos de cinco minutos. —Pero en verdad hyung, haz el intento. Nada pierdes con ello. —Voy a pensarlo. Necesito formular un plan y obtener de nuevo su número. —¿Borraste su número? —Changmin cuestionó con incredulidad. —Pensé que borrando todo de él, lo olvidaría más fácil. —Diablos, sí que eres inmaduro. Taemin apretó la mano de Changmin, todavía unida a la suya, haciéndolo callar. —No necesariamente tienes que llamarlo, es más, creo que si te presentas delante de él, será más apropiado. Eso le indicará que tu interés es verdadero y que realmente quieres estar con él. —Pero que se supone que haga, ¿pararme frente a su casa y poner una expresión miserable? —Es una buena opción, si a eso le sumas que hablarás con sinceridad y renunciarás a tu actitud orgullosa. Le debes demostrar por qué vale la pena regresar contigo y por qué tú lo prefieres a él que a cualquier otra persona, porque, ¿es así, cierto? Yunho asintió quedamente. Había puesto su mayor empeño para fijarse en alguien más, acudiendo a todos los sitios que sabía de memoria, sin lograr apartar a Jaejoong de su mente. Atractivos hombres y mujeres circulaban a su alrededor pero ninguno de ellos fue capaz de hacerle sentir la mitad de emociones que Jaejoong producía en él. Finalmente se había rendido, aceptando que estaba perdidamente enamorado. —Esta noche iré a verlo —Yunho declaró, enderezándose en su silla. —Hyung, no, que sea ahora mismo, estas cosas se deben hacer cuando tu sensibilidad está a flor de piel. Yunho arqueó una ceja. ¿Sensibilidad a flor de piel? ¿Él sensible? ¿En qué aspecto? ¿Qué clase de concepto Taemin tenía de él? Claramente no lo conocía en absoluto.
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Desechando la idea de contradecirlo, Yunho fue al punto clave: —No puedo ir en este momento, en primera porque estoy en horas de trabajo y en segunda porque él también lo está. —Tu jefe te da permiso de marcharte antes de que termine tu turno, ¿verdad? Changmin gruño su afirmación. Le gustara o no, le era difícil negarle algo a su novio. —Eso no resuelve lo de Jaejoong. Taemin colocó un brazo sobre su pecho y recargó en este el codo del otro, mientras rascaba su barbilla. En cuestión de segundo, su intelecto lo iluminó. —¿Qué tal si hablas con Junsu hyung y le pides que él se encargue de sacarlo? Taemin sabía que Junsu era el mejor amigo del sujeto que Yunho trataba de recuperar, mismo con el que Changmin estuvo a nada de tener una cita tal como este se lo había confesado. Su noviazgo era tan transparente que no existían secretos entre los dos. —Junsu jamás me haría ese favor —Yunho dijo, derrumbarse en el respaldo, como si su cuerpo se hubiera debilitado. Changmin tronó sus dedos y carraspeó, alzando el teléfono y marcando la extensión de la dirección de la empresa. —Habla Shim Changmin, me urge cierta información vital, ¿podrías venir a mi oficina?... No, con tu presencia basta… —colgó el auricular y bajó de su escritorio ajustando los botones de su traje—. Junsu viene para acá. Así que Yunho, con esto estamos a mano. A pesar de la tranquilizadora sonrisa que Taemin le daba, era imposible para Yunho no estar nervioso. Persuadir a Junsu sería complicado, pero tal vez era el inicio para recuperar a Jaejoong, y eso, no tenía precio. -:♥:--:♥:A regañadientes Junsu le había dejado entrever a Changmin, que él podría posiblemente tener los datos de dónde se encontraba Jaejoong. Siendo la editorial descartada en el segundo en que se mencionó sobre la multi-presentación de libros que se llevaría a cabo ese día, tuvieron que someterse a los requisitos impuestos por Junsu. Luego de una hora de explicaciones y obstinaciones, Junsu accedió a decirlo a cambio de acompañar a Yunho. Él se aseguraría de que si Jaejoong no quería oírlo, Yunho desapareciera inmediatamente de su vista. Ausentarse del trabajo nunca había sido problema para Junsu, su jefe rara vez acudía a la oficina por las tardes y si algún contratiempo surgía, siempre le llamaba a su celular, aparato que llevaba consigo a todas partes.

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Yoochun mintió acerca de tener una cita con un posible cliente independiente y también fue libre para acompañarlos, fungiendo como el intermediario entre ambos. El restaurante en donde se organizó el evento tenía un deficiente sistema de seguridad, ya que tan solo mostrando sus carnets de la compañía publicitaria, ellos consiguieron ingresar sin algún impedimento. Los tres inspeccionaron el lugar, decenas de personas se arremolinaban en mesas o en grupos de pie al centro del salón, con esa multitud, sería difícil dar con Jaejoong. —Solo entra al buzón de voz —Junsu declaró, retirando el celular de su oreja. Yunho mantuvo su mirada en su alrededor, sintiéndose con cada segundo más desesperado. Estar ahí era una pérdida de tiempo. —¿Y si le decimos a alguien del personal que lo nombren usando el micrófono? —Yoochun sugirió, apuntando hacia el atril colocado a mitad de la tarima al extremo central del establecimiento. Junsu resopló palmeándole la nuca. —No estamos en un supermercado para que lo voceen como si se tratara de un niño extraviado. Aún con su agobio, Yunho tuvo ánimos de reír por ver el abuso de Junsu en Yoochun. Su amigo era tan dócil en cuanto a su novio, muy diferente a como lo era con los demás. El amor cambiaba el carácter de las personas, él mismo era prueba de ello. —Aunque Yoochun tuvo algo de razón en su idea. A lo mejor usar el micrófono para hablar con Jaejoong sea congruente, si lo dices en público no habrá manera en que él no te escuche o se niegue a hacerlo. Dudo también que tomé medidas extremas como el pedir que te echen de aquí y además nos ahorraríamos la espera, que tal si las presentaciones se prolongan por horas, no habrá manera de que él nos atienda. Yunho dudó de la propuesta de Junsu, existía algo malicioso en su tono aparte de que ¿desde cuándo él le daba un consejo para reunirlo con Jaejoong? —No me parece que el ventilar nuestra situación sea lo más apropiado —lo rechazó educadamente, no quería comenzar una discusión innecesaria. —Solo no menciones nombres y la gente no sabrá a quien te refieres, ¿o es que temes que tu imagen quedé por los suelos? ¿para ti vale más un momento de ridículo que volver con Jaejoong? —Por supuesto que me importa mi imagen, pero más él —Yunho manifestó con rectitud en sus facciones. —Demuéstralo entonces.
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Yunho empuñó las manos a sus lados, moviendo su pie izquierdo para dirigirse hacia la plataforma preparada como escenario. Yoochun lo retuvo por el brazo en un último instante. —¿Lo harás? ¿Realmente hablarás delante de todos? Con un simple asentimiento Yunho consiguió que Yoochun lo soltara para con paso lento, aproximarse al fondo del salón. No estaba plenamente convencido de que eso fuera lo correcto, ni tenía preparadas las palabras que diría, pero si ya había llegado hasta ahí, no podía retractarse por cobardía. —Arruínalo y yo me encargo de que Jaejoong ponga una orden de restricción en tu contra. Oyó a Junsu advertirle mientras continuaba con su impreciso caminar, deteniéndose hasta que subió al pódium que más bien le parecía como el estrado de una sala de juicio, su juicio. Con el corazón latiéndole apresuradamente, acomodó la altura del pedestal, dejando el micrófono a centímetros de su boca. Pocas personas se percataron de sus movimientos, por lo que nadie le impidió que encendiera el artefacto y probara el audio dándole dos golpecitos en la rejilla de este. Lo siguiente fue su voz resonando enteramente por el lugar. —Sí, ahm, disculpen la interrupción. De reojo, Yunho vio con ansiedad como el personal se reunía luciendo extrañados en tanto lo señalaban con sus manos. Él contaba con poco tiempo si es que al menos quería decir algo coherente. —Esto es un anuncio espontáneo que no tiene absolutamente ninguna relación con la presentación del día de hoy. Es una cuestión personal que de no ser de suma importancia para mí, yo no estaría aquí entorpeciendo la tan agradable programación que prepararon para ustedes —dijo sonriendo para los que imaginaba eran los organizadores, intentando conseguir algunos minutos más antes de que lo sacaran de ahí. De pronto los flashes de las cámaras irrumpieron su visión, provocando que diminutas luces amarillas parecieran estar flotando en el aire. Encandilado, tuvo que cerrar los ojos para enfocar nuevamente el panorama. —Mis manos están sudando —reveló, restregando sus palmas a los costados de su pantalón—. Estoy acostumbrado a hablar en público, es solo que estas circunstancias son inusuales, habitualmente no discuto mi vida con desconocidos, así que les ruego que me tengan un poco de paciencia, trataré de ser breve e igualmente entenderé si deciden no prestarme atención para continuar con lo que estaban haciendo. Examinó los rostros de los presentes, cada uno de ellos conservando su atención en él. Yunho no atribuyó esto a que su apariencia fuera un imán, sino a que el morbo sobrepasaba cualquier otro interés.
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Tomando un profundo respiro, reanudó su discurso: —Hace algunos meses conocí a un alguien especial que es enormemente opuesto a mí. Tiene los gustos más curiosos con los que haya yo lidiado en todos mis años. Esa persona es tan ilusa y amable, que arruina hasta la más inocente broma. Tan rigurosa en sus planes y deseos, que elimina tu negativa y te hace querer esforzarte por complacerle. Es tan cristalina y simple que sus emociones al descubierto son una influencia para ti. Conversar con ella es descubrir cuan disparejo puede ser el mundo en la cabeza de cada quien. Ver que no importa como de avanzada este actualmente la tecnología, dado que hay quienes prefieren hacer las cosas a la antigüita. Que todavía hay los que el hacer videollamadas con sus conocidos, resulta vergonzoso. Es comprobar que de verdad existen ese tipo de humanos que uno solo cree que hay en la ficción, hallando cada uno de sus locos pensamientos como algo encantador. La súbita resequedad de su garganta lo hizo detenerse, pasando saliva mientras sus ojos divagaban por el local. El no encontrar a Jaejoong, comenzaba a aludirle que quizás él no estuviera allí. No obstante, la posibilidad no estaba del todo agotada, ya que había rincones en donde la insuficiente iluminación no le permitía distinguir las caras a la perfección. Con la confianza en que Jaejoong ocupaba uno de esos ensombrecidos lugares, se armó de valor obviando el desaprobatorio gesto de Junsu para centrarse en sus propósitos. —A pesar de que con cada día que transcurría yo me sentía más que atraído, algo en mi interior no me permitía reconocerlo, así que una y otra vez le fallé. Y ahora tengo que enfrentar el extrañar además de todas esas cosas que mencioné, el escuchar su risa por el teléfono y mucho más verla directamente en su rostro. El que trate de inducirme hacia el romanticismo en la lectura. Los debates sobre mi incompatibilidad con sus amistades y sus cursis peticiones a las que me resistía aunque no me tomaran más de cinco minutos cumplirlas —Yunho sonrió con melancolía, rememorando sus momentos con Jaejoong, añorando demasiados detalles con ellos—. Todo esto son solo apreciaciones mías y sé que no tienen sentido para ustedes pero, si ese alguien está oyéndome, quiero que sepa que estoy arrepentido por cómo me comporte, que tomaré en serio sus recomendaciones literarias, que trataré de hacer las paces con su mejor amigo, que iré a esas dobles citas que desea y que seré más precavido con nuestros símbolos de compromiso si me da otra vez la oportunidad de estar a su lado. Expresiones de estupefacción y murmuraciones era lo único que Yunho podía discernir a su alrededor. Tranquilamente descendió del escenario, descontento porque el desenlace no fue como esperaba. Nadie apareció para retirarlo, no desconectaron el micrófono, Jaejoong no emergió de entre la multitud y no le aplaudieron ni le abuchearon. Puesto que su vida nunca estuvo cimentada en la fantasía, era de suponerse que lo suyo no fuera como en los finales de las películas. Ser crudamente realista era su desventaja. Cabizbajo avanzó hacia la salida, desde donde Yoochun y Junsu lo observaban brindándole medias sonrisas. Maldijo por lo bajo, eso era lo que le faltaba, la compasión de otros.
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Yunho frenó con brusquedad su caminar cuando creyó atorarse en la artificial planta tropical que adornaba la esquina. Miró sobre su hombro para ver de donde estaba prendida su ropa y con sorpresa descubrió que lo que la retenía era una mano, una que pertenecía a Jaejoong. —¿Es verdad? ¿Eso que acabas de decir, es verdad? —Pensé que no estabas —Yunho expuso, dándose vuelta. —Estábamos ultimando el evento en el despacho del gerente cuando empezaste a hablar, así que mi jefe entró en pánico y bloqueó la puerta porque creyó que eras una especie de psicópata o bibliofóbico a punto de cometer una locura. Entonces tomó su teléfono dispuesto a llamar a la policía y no pude salir hasta que lo convencí de que no eras amenaza para la gente. Yunho agrandó sus ojos al enterarse de la posibilidad de que en ese momento en vez de estar frente a Jaejoong, pudiera estar en la comisaría rindiendo su declaración. ¿Eso significaba que el hombre delante de él, era su héroe? ¿Por tanto, eso lo convertía a él en la doncella? Se pellizcó a sí mismo en la pierna para borrar sus pensamientos porque ni él poseía alguna virtud digna para serlo, ni ellos eran los personajes de una novela. —¿En verdad cumplirás lo que dijiste por el micrófono? —Jaejoong repitió su pregunta. —Si estamos juntos de nuevo lo haré. —¿Ya no te consideras como un idiota por estar conmigo? Yunho se encogió de hombros, apenándose repentinamente. —Lo soy de cualquier forma, pero soy un idiota feliz a tu lado. Jaejoong disimuló su sonrisa mordiendo el interior de su mejilla, e intimidado por la mirada de Yunho, cambió su vista al suelo. —Yo también procuraré ser menos intransigente y caprichoso. —Pero eso es parte fundamental de tus cualidades, bastará con que disminuyas la intensidad de ellos. —De acuerdo —Jaejoong pronunció, apartándose para no estorbar a los camareros que transitaban de un lado a otro con bandejas en sus manos—. Será mejor que nos quitemos de aquí. —Sí, puedo esperarte hasta que termine la presentación. —Ya puedo irme, ya que ninguno de los libros estuvo a mi cargo y dejaste una gran impresión con mis superiores, ellos decidieron que estaba libre.
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Con eso, Yunho tuvo una fatídica idea. —¿Libre como… despedido? —Claro que no, solo por hoy. Dijeron que tu estancia distraería a los medios y les complicaría a ellos disuadirlos de que solo publicaran respecto al tema oficial y no sobre ti. Jaejoong explicó omitiendo la nada agradable descripción que su jefe dio para referirse a Yunho. —Oh, siendo así ¿debería de mandarle un obsequio? Al fin y al cabo con su decisión también me favorece a mí. Jaejoong agitó su cabeza sujetándole la mano e instándolo a caminar. —Uhm, el próximo lunes yo le daré las gracias por ti, eso será suficiente —Él no confiaba en la clase de regalo que Yunho le enviaría. —Bien, se hará como tú digas —dijo sonriendo, girando su cabeza al no encontrar a Yoochun ni a Junsu en donde minutos antes los había visto—. ¿Dónde está ese par? —Probablemente ya se marcharon. —¿Sin despedirse? Jaejoong hizo un extraño ruido de incredulidad y luego rio. —¿Nunca has salido con ellos? —Yunho negó mientras seguían caminando—. Irse sin decir adiós es lo que siempre me hacen, con cualquier descuido mío se escabullen y minutos después Junsu me manda un mensaje avisándome que surgió un imprevisto. —¿En serio? Yoochun nunca me ha hecho algo así. —Es porque Junsu es la mala influencia y tiene a tu amigo comiendo de la palma de su mano. Yunho asintió todavía dejándose dirigir por Jaejoong hacia fuera del restaurante. Emergiendo de este, viraron hacia la dirección opuesta al estacionamiento. —Mi auto está por allá —le indicó disminuyendo la velocidad de sus pies en tanto apuntaba con su brazo libre hacia el otro lado. Lejos de detenerse, Jaejoong apretó el agarre de sus dedos para que siguiera caminando. —Aún no anochece y está nublado, ¿no te parece que son románticos los atardeceres así? —Yunho creyó que eran sombríos, pero como acostumbraba cada vez que lo notaba entusiasmado, se guardó su opinión—. Son propicios para dar un paseo, si damos uno, después dejaré que me lleves a donde tú quieras. A Yunho le agradó más esa opción, por lo que sonriendo le dijo: —¿Eso es una propuesta indecorosa?
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Jaejoong soltó su usual risa nerviosa y liberó su mano, solo para acercarse y entrelazar su brazo con el de él. —Yo lo llamaría más como libertad de elección. Yunho sonrió instintivamente. No dudaba que él también pronto estuviera bajo el control de Jaejoong, o tal vez ya lo estaba, pero eso era lo de menos, él se sentía increíblemente contento de esa forma. Jaejoong por su parte pensó en la razón que tenía Junsu. No todos los amores tienen que ser como de cuento de hadas o novelas, los comunes y corrientes son igual de buenos porque son auténticos y suceden en la vida real.

- FIN -

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