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D.T.G. Pág. 181

Lección, Sábado 16 de Marzo del 2013

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Y de JESUCRISTO EL TESTIGO FIEL, el primogénito de los muertos, y el soberano de los reyes de la tierra. Al que nos amó, y nos lavó de nuestros pecados con su sangre. Y escribe al ángel de la iglesia en Laodicea: He aquí el Amén, el testigo fiel y verdadero, el principio de la creación de Dios. Juan escribe: ‘Gracia sea con vosotros, y paz del que es y que era y que ha de venir, y de los siete Espíritus que están delante de su trono; y de JESUCRISTO, EL TESTIGO FIEL, el primogénito de los muertos, y príncipe de los reyes de la tierra.

Apocalipsis 1:5 y 3:14; Testimonios para los Ministros, pág. 111

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El Testigo fiel dice de una iglesia fría, sin vida y sin Cristo: Yo conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueses frío o caliente!. Pero por cuanto ERES TIBIO, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca. Porque tú dices: Yo soy rico, y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad; y no sabes que tú eres un desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo. El mensaje para la iglesia laodicense es aplicable para todos los que han tenido gran luz y muchas oportunidades, y sin embargo no las han apreciado. Aquí se representa a aquellos que se enorgullecen de sí mismos por su posesión de conocimiento y ventajas espirituales. Pero no han respondido a las bendiciones inmerecidas que Dios les ha conferido.

Apocalipsis 3:15, 17; CBA, tomo 7, pág. 972; MS, tomo 1, pág. 418

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Oíd el consejo del Testigo fiel: Por tanto, yo te aconsejo que de mí compres oro refinado en fuego, para que seas rico, y vestiduras blancas para vestirte, y que no se descubra la vergüenza de tu desnudez; y unge tus ojos con colirio, para que veas. Haced algún esfuerzo. Estos tesoros preciosos no descenderán sobre nosotros sin esfuerzo alguno de nuestra parte. Debemos comprar, ser celosos y arrepentirnos de nuestro estado de tibieza. Debemos despertarnos para ver nuestros males, buscar nuestros pecados y arrepentirnos celosamente de ellos. Hagamos caso del consejo del Testigo fiel. Ninguno de nosotros esté lleno de prejuicios como estuvieron los judíos.

Apocalipsis 3:18.; JT, tomo 1, pág. 42; MS, tomo 1, págs. 419, 420

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Porque el Padre a nadie juzga, sino que todo el juicio dio al Hijo. Porque como el Padre tiene vida en sí mismo, así también ha dado al Hijo el tener vida en sí mismo; y también le dio autoridad de hacer juicio, por cuanto es el Hijo del Hombre. No puedo yo hacer nada por mí mismo; según oigo, así juzgo; y mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió, la del Padre. Y Dios ‘le ha dado potestad de ejecutar juicio, por cuanto Él es Hijo del hombre.’ Porque gustó las mismas heces de la aflicción y tentación humanas, y comprende las debilidades y los pecados de los hombres; porque en nuestro favor resistió victoriosamente las tentaciones de Satanás y tratará justa y tiernamente con las almas. Y Cristo ha sido hecho nuestro Juez. No es el Padre el Juez.

Juan 5:22, 26, 27, 30; DTG, pág. 181; JT, Tomo 3, pág. 383

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Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él. El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado. Al que oye mis palabras, y no las guarda, yo no le juzgo; porque no he venido a juzgar al mundo, sino a salvar al mundo. La misión de Cristo no era juzgar, sino salvar. ‘No envió Dios a su Hijo al mundo para que condene al mundo, mas para que el mundo sea salvo por Él.’ Y delante del Sanedrín, Jesús declaró: ‘El que oye mi palabra, y cree al que me ha enviado, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas pasó de muerte a vida. Dijo Jesús, habéis de ver al Hijo del hombre sentado a la diestra de la potencia de Dios. Él, el Señor de la vida y la gloria, estaría sentado a la diestra de Dios. Sería el juez de toda la tierra.

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Juan 3:17, 18; 12:47; DTG, págs. 181, 40, 654

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Si alguno hubiere pecado, ABOGADO tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo. ¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aun, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros. Satanás está a nuestra diestra para acusarnos, y nuestro Abogado está a la diestra de Dios para rogar por nosotros. Él nunca ha perdido un caso que le ha sido entregado. Podemos confiar en nuestro Abogado porque presenta sus propios méritos en favor de nosotros. En todos nuestros actos de verdadera devoción fijamos los ojos de nuestra fe en nuestro Abogado, que intercede entre el hombre y el trono eterno, y quien espera para tomar nota de todo esfuerzo nuestro y para ayudarnos por su Espíritu a lograr un conocimiento más perfecto de Dios.

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1 Juan 2:1; Romanos 8:34; CBA, tomo 7, pág. 960; TM, pág. 121

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Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro. Habéis de venir a Dios como un pecador arrepentido, mediante el nombre de Jesús, el divino Abogado, a un Padre misericordioso y perdonador, creyendo que cumplirá lo que ha prometido. Todos los que deseen la bendición de Dios, llamen al trono de la misericordia y esperen con firme seguridad diciendo: ‘Tú, oh Señor, has dicho: Todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá. Sólo mediante Jesús, a quien el Padre dio por la vida del mundo, puede encontrar acceso a Dios el pecador. Sólo Jesús es nuestro Redentor, nuestro Abogado y Mediador. Cristo es la fragancia, el incienso santo (se acepta la petición).

Hebreos 4:16; Mensajes Selectos, tomo 1, págs. 386, 391