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eUfOcentrismo y ciencias sociales
Perspectivas latinoamericanas

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Fernando Coronil Enrique Dussel

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E.mail: dacsÚ@c1llcso.eo.lu.ar hllp:llwww.clllcso.edu.ar www,c1l1cso.QIg
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Arturo Escobar Edgardo Lander

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Nu ~c permitc b. lI;pIlJdu¡,;¡,;ión IOllll o pllrda.1 di.:c~le libro, ni su a.1macclIlIllIiclllO en un SiSIClI\lI iufonnáticu, ni .u trllll5l1lhi"su l:l1.cuahjuier fonnll o (>Ur Ulll!quic( mooio d""C:lIouico, 1U""c:~nic:u, fut..x:opill u otro. mélmJ()s. sin t:!p¡;nnis() pn::vil) .leI e.litor.

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Francisco López "Segrera Walter D. Mignolo
Alejam.lro Morcno Aníbal Quijano

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CLACSO Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales SecretArio Ejc('u(i,'o: Dr. Alilio A. Doron Di.!Ocño r compm;tdcln t'icctrúnicll: Joq;c A. Fmga Coordinador Area de Difusión CLAC'SO Corrección: Florencia Enghcl Impresión: Gráficas y Servicios

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Prefacio

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Unidad Rt'fl:ional de Ciencias Sociales y Humanas para América Latina y el Caribe

Presentación

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. Primera edición:
La colollialidad del salJer: e"rocefltrismo)'

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ciencias sociales.

Perspectivas latinoamericanoJ ~ (Buenos Aires: CLACSO, julio de 2000) Arte de tapa e interior: Sur. 501 o11os cabeza abajo. Realizndo por "Proyecto Sur",
República Dominicana. febrero. 1993.

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Fernando Coronil Naturaleza det poscolotliali.mlO:

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El lugar de la naturaleza y la naturaleza rí, lugar: ¿globaJizacíón o postdesarrollo!
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1. Introducción: Lilgar-y CultnraJ J

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n años recientes, el concepto de "lugar" ha sido nuevamente abordado des- , de varios puntos de vista, desde su relación con el entendimiento básico de ser y conocer. hasta su deslino bajo la globalización económica y la medida en la que sigue siendo una ayuda o un impedimento para pensar la cultura. Este cuestionamiento no es. por supuesto, una coincidencia: para algunos, la ausencia d~ lugar -una "condición generalizada de desarraigo", como algunos la denominanse ha convertido en el factor esencial de la condición' moderna, una condición muy aguda y dolorosa en muchos casos, como en el de los exiliados y refugi~dos. Ya sea que se celebre o se denuncie, el sentido de 'atopía parece haberse instalado, Eso parece ser cierto en la lilosofía occidental, en la que el lugar ha sido i;;. norado por la mayoría de los pensadores (Case y 1993); las teorías sobre la gllJkl lización que han producido una marginalización significativa del lugar, o (1...1. .. en üntropología que han lünzado un radical cuesrionamiento del lugar y (k l., creación del lugar. Sin embargo. el hecho es que el lugar -como la experiencia de una localidad específica con algún grado de enraizamienlO, linderos y conexión con la vida diaria, aunque su identidad sea const.ruida y nunca fija- continúa siendo importante en la vida de la mayoría de las personas, quizás para todas, Existe un sentimiento de pertenencia que es más importante de lo que queremos admitir, lo cual. hace que uno considere si la idea de "regresar al lugar" -para usar la expresión de Casey~ o la defensa del lugar como proyecto -en el caso de Dirlikno son cu~stiones tan irrelevantes después de todo.

l. TraducciÓn del original en íng1¿s por Elconora Garcla Larrolld~ 2. Departamento de Anll"opologia, Universidad de Nonh Carolina. 3. El presente Il"llblljO le debe mucho 111 Il"llblljoy al diálogo con Arif Dirlill;. 1I Julie Grnham y al eeólogo mexicano, Enrique Leff. cuyo upoyo e inler¿s aprecio enorrnen~nte, Le debo tambí¿n iI Libia Grueso. Yellen Agui1ar y CarlClS Ro~ro. del PCN (Proceso de Comunidades Negra.>del Plldfico). 11 quienes les lIgrlldczco hayan compartido conmiSO)U )OfiSlicado cOllocimiento y su comprensióll de la eculu¡;ia polftica lid reN, prc:sentada en la ti1tinIJ partt del trabajo. .
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Arlllro Escobar

Por supuesto, la crítica recienle al lugar por parte de la antropología. la geografía, las comunicaciones r los estudios culturales, ha sido tanto esencial como importante y continúa siéndolo. Las nuevas metáforas en términos de movilidad -la desterritorialización, el desplazamiento. la di'áspora. la migmción, los viajes. el cruce de fronteras. la nomadología, etc.- nos han hecho más conscientes del he. cho que la dinámica prin<;ipal de la cultura y la economía han sido alteradas significativamente por procesos globales inéditos. Sin embargo ha existido ulln cierta asimetría en estos debates. Según Arif Dirlik (1997). esta asimetría es más evidente en los discursos sobre la globalización en los que lo global es igualndo al espacio, al capital. a la historia y a su agencia, y lo local, con el lugar, el Imbajo y las tradiciones. El lugar, en otms palabras, ha dcsaparecillo en "el frenesí de la globalización" de los úhimos años y esle desdibujamienlo del lugar tiene consecuencias profundas en nuestra comprensión de la culluT3. el conocimiento, la naturaleza, y la economía. Quizás sea el momento de revertir algunas de estas asi-' metrlas al enfocar de nuevo la constante importancia del lugar y de la creación del lugar, para la cultura. la naturaleza y la economía4 -desde la perspectiva de lugar ofrecida por los críticos mismos. Este es de hecho un sen~ir creciente de aquellos que trabajan en la intersección del ambiente y el desarrQll0, a pesar de que la expericncia de desarrollo ha sign1ficado/para.l~ mayorf~ de las personas un rompimiento dcllugar, más profundo que nunca antes. Los eruditos y activistas de estudios ambienlalistas no sólo están siendo confront~dos por los movimientos sociales que mantienen una fuerte referencia a! lugar -verdaderos movimientos de apego e~ol6gico y cultural a lugares y territorios- sino que también confrontan la creciente comprensión de que cualquier salida alterna debe tomar en cuenta los modelos de la naturaleza ba. sados en el lugar, así como las prácticas y racionalidades culturales, ecológicas y económicas que las acompañan. Los debates sobre el posdesarrotlo. el conocimiento local y los modelos culturales de la natuT3leza han tenido que enfrentar esta prob1emática del lugar. De hecho, y éste es el argumento principal de este trabajo, las teorías del posdesarrollo y la ecología política son espacios esperanzadores para reintroducir una dimensi6n basada en el lugar. en 1:.1S discusiones so4. Abordemos. por ejemplo. ti rol del lugar en ti primer volumen de Tht ln/fmnll'itITl ARt. de M:mutl Cn.~lel1~. (7ñt R/st G/,1lt Ntfwori Socitt)'(1996)I. un libro maghlrnl 'J en mucho~ ~ntido~ e~nci:rl paro la comr!'tn~i6n de la economrl '/ sociedad KtllaI. Para C:utell~. el 5urgimiento del nuevo parodigm:l tecnológico ba.,ndo en la inronn.1ción. las tecnologlll5 electtónicas y biológica" e~t;i produciendo una mciedad de !'tde~ en In que "el e~pacio de lo~ nujO!!" se Impone al"upado del lugar", '/ donde "no ui~te lugar alguno flOrd mi5nlO. dndo que l:r~po~idone~ la~ delinen los flujos .... Ios lugms no desaparecen pero ~u 16gica '/ significndo son o.b~orbldO!lpor la red ... e1 ~ignllicado utruerural desa.parece, subsumido en la lógicn de lo metared", p. 412. En e.~lanueva 5iluaci6n, los lugares pueden ser olvidados. lo que signilica su decadencia y delerioro; la~ gente~ y e1lf:tbajo ~on rrngmentl1do~ en el espncio de los lugan:s, en la medida en que los lugares ron de.~ctlneelDdosentre sI ("las tlites son co~mopoliln.~. las genles son localesw, p. 415. La cultura global se impone a las culturas loctlle~. '/ en el mundo !'tsullllnle existe s610 culturn y nada de naturaleza; lo que significa el verdadero inicio de lo Hbtorin. A pesar de que Ca"eJl~ expreSB dert::llK)litnlgio de logan:s en los que cuenl8Jllas interncciollC5 cnrn a earo. y h\~ acciones locnle.~(como el Belville que lo vio II1lIdurar como joven inlelectual), esUidoro que el nuevo parndigma llegó para quedar~. Esta 1:$una de rmll:tms itutnndas de la asimetrfa en el discurso de globoliznci6n del que Dirlik habla.

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bre la globalización, quizás hasta para articular una defensa del lugar. Reconcebilla de esta forma, la ecologfa y el posdesarrollo facilitarían la incorporación de las prácticas económicas. basadas en el lugar, al proceso de delimitación de los órdenes alternativos. Dicho de otra manera, una reafrrmm;ión del lugar, el no-capitalismo,'y la cultura local (lpuestos al dominio del espacio, el capital y la modernidad, los cuales son centrales al discurso de la globalización, debe resultar en teorías que hagan viables las posibilidades para reconcebir y reconstruir el mun. do desde una perspectiva de prácticas basadas-en.el-Iugar. Esto podrfa ser de interés para la antropología y 1m;estudios culturales que han visto en la década de los noventa una fuerte áílica a las nociones convencionales de la cultura como algo discreto, limitado e integrado. Esta crítica ha venido acompañmla de una serie de investigaciones innovadoras relativas a la relaciún entre'e1 espacio, la cultura e identidad, desde el punlo lIc vista de los procesos trallsnaciona1iza~os de producción cultural y económica. Esta crítica tiene sus raíces en desarrollos anteriores en economía plllftica y en la crític::l de la representacilÍn, en especial durante la década de los ochentél, y ha producido un 1ll0lllcnttlll1 telÍrico importante, confnrmando lo quc sin duda es hoy unfl de las inslancia" rn:'ls fuertes del debate y la innovach'm en la tlllln'pnlol!ía Tomando COIllOpunto de pílrt¡da el carácter problemático de 1:1rel:1ciún enlre lugar y cultura. ("slns lrahajos hacen énfasis en el hecho de que los l11gares son crcflci(lIlcs hi~16ricCl<;. que deben ser explicados, no asumidos. y (1'-,eesla e:v.:plicaciündebe tOlllflren cuenla las maneras en las que la circulación global del capital. el conocimienlO )' lo~ medius configuran la experiencia de la localidad. El foco, por lo tanto, cambi;l hadn los vínculos múltiples entre identidad, lugar y poder -entre la crcaci(JI1 dr.1 Illg:lr y la creación de gente- sin nalllralizar ti construir lug:¡rcs COll\O fuenle de idcntidades auténticas y esencializadas. En la medida en que los camhios ell la economía polftica global se vuelquen hacia concepciones distintas de IlIgar e identidad. la relación lugarIpoder/identidad sc hnce más complicada. ¿Ct'J1110 reconccbir la etnografía más allá de los lugares y culluras limitadas espacialmcnlc? ¿Cómo explicar la producción de diferencias en un mundo de espacios profundamente interconectados?
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Estas son preguntas valiosas y necesnrias. Más aún, siempre estuvo claro para la crílica anlropollÍgica .en contraste con las teorías de globalización brevemen. te mencionadas anteriormente. que los lugares siguen siendo importantes tanto para la producción de cultura como para su elnograHa (Oupta y Ferguson 1992). Sin embargo, ha habido cierto -quizás necesario- exccso en el argumcnto que ha llevado a desenfatizar el tema de las bases, los lindero~, el significat!o, y el npego a los lugares, que también constituye parte de la experiencia oc l<lcre:.u:iún de gentes y lugares. ¿Es posible regresar a alguno de eslos temas luego de la crítica al lugar?
5. No ~e trllla de reptlir:rquf 1:$05debates. Algunos rle los hilo5 rle In littraluro :lnrn'J'OlI!~icll son: H:lnnerz (1989); Ap¡mdurui (1990. 1991); OupID y Fergu~on (1992,. E.,tos dcbnte~ ~e encuenlr:>n t'n (illrln y rer¡,::t1~on. editores (1997), en lO!!que se b-.I~nnlos rornl'ntttrlos de esta sección_ E.~lncoleeción Cl.'n,,;11IY(:. h:>'l:l nhnT:l.In inlervend6n COlectiVllmás importanle en e.~o~lemn.~. El Autor de cada cnpfrulo cnntribuyt' elt'ml'l'1fl'1 i"'rnrtnnle~ r3fll repen!M la cultum. el lugar y el poder. In que I~ edilUlo de~t."\cnnro ~u die~"3 iOlro,lllcci(;n.

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¿Es posible lanzar una defensa' del lugar sin naturalizarlo, feminizarlo o hacerlo esencial, ulla defensa en la que el lugar no se convierte en la fuente lrivial de procesos o fuerzas regresivas? Si UIlO ha de desplazar el tiempo y el espncio del lugar central que han ocupado en las ciencias físicas y sociales modernas -quizás incluso contando con las metáforas de las nuevas ciencias que resaltan las redes, la complejidad, la autopoesis, etc., conceptos éSlos que no vinculan tanto al espacio y al tiempo- ¿es posible hacer eso sin reiticar la ~rnmnencia, la presencia, la utatiura, la corporeidad y similares? ¿Puede uno reinterpretar los lugares como vinculándose pam constiluir redes, espacios desterritorializados, e incluso rizomas? ¿Lugares que permiten los viajes, el cluce de las fronteras, y las identidades parciales sin descartar completamente las nociones de enraizamiento, linderos y pertenencia']'! Un aspecto final de la persistente marginalización del lugar en lu teoría occidental es el de las consecuencias que ha tenido en el pensar de las realidades sometidas históricamente al colonialismo occidental, El dominio del espacio sobre el lugar ha operado como un dispositivo epistemológico profundo del eurocentrismo en la construcción de la teoría social. Al restarle énfasis a la conslrucción cultural del lugar al servicio del proceso abstracto y aparentemente universal de la fonnaci6n del capital y del Estado, casi loda la teoría social convencional ha hecho inyisibles fonnas subahernas de pensar y modalidades locales y regionales de configurar el mundo. Esta negación del lugar liene múltiples consecuencias para la teoría -desde las teorías del imperialismo hasta aquéllas de la resistencia, el desarrollo, etc.- que pudiesen ser exploradas mejor en el ámbito ecológico. En este ámbilo, la desaparición del lugar está claramente vinculnda a lu invisibilidad de los modelos culturalmente específicos de la naturaleza y de la construcción de los ecosistemas. Solnmente en los últimos años es cuando nos hemos dado cuenta de este hecho.

En última instancia, el objetivo del presente trabajo es examinar la medida en la que nuestros marcos de referencia nos permiten o no visualizar maneras pre. sen tes o potenciales de reconcebir y reconstruir el mundo, plasmado en prácticas múltiples. basadas en el lugar. ¿Cuáles nuevas fonnas de lo "global" pueden ser imaginadas desde este punto de vista? ¿Podemos elevar los imaginarios -incluyendo modelos locales de la naturaleza- al lenguaje de la teoría social, y proyectar su potencial a tipos nuevos de globalidad, de manera que se erijan como formas "alternativas" de organizar la vida social? En resumen, ¿en qué medida pademos reinvenlar tanto el pensamiento como el mundo, de acuerdo a la lógica de culturas basadas en el lugar? ¿Es posible lanzar una defensa del lugar con ellugar como un punto de construc.ción de la teoría y la acción política? ¿Quién habla en nombre del lugar? ¿Quién lo defiende? ¿Es posible encontrar en las prácticas basadas en el lugar una crítica del poder y la hegemonía sin ignorar su arraigo en los circuitos del c:.tpital y la mod~rnidad? La primera parte de este trabajo repasa los estudios más recientes relativos al conocimiento local y a los modelos de la naturaleza llevados a cabo en la antropología ecológica y en la antropología del conocimiento; los he releído desde la óptica del lugar. Con esto en mente, la segunda parte introduce un conjunto de estudios recieOles, en especial de geografía postmoderna y feminista y de economía polílica, I\)s cuales articulan, muy expresamente, una defensa del lugar y de las prácticas económicas basadas en el lugar. Se podría discutir que -a pesar de la necesidad de revisar los conceptos y categorías convencionales de lo local- el lugar y el conocimiento basado en el lugar, continúan siendo esenciales para abordar la globalización, el posdesarrollo y la sustentabilidad ecológica, en fonnas social políticamente efectivas. Finalmente, la tercera parte reúne ambas secciones al intentar aportar algunas orientaciones basadas en. el lugar, para una defensa de los ecosistemas locales y modelos bajo el contexto de la globalización y el cambio rápido. El rol de los movimientos sociales y de la ecología política en la articulación de la defensa del lugar se reseña brevemente. La conclusión invita a visualizar nuevas esferas ecológicas públicas en las que las racionalidades alternas puedan ser articuladas y puestas en marcha1,

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En lo que sigue he tratado de articular los rudimentos de una defensa del iu. gar apoyándome, en pane, en los trabajos de la geografía postmoderna y en la economía política, post.estructuralista y feminista que abordan explícitamente la cuestión del lugar. Por otra parte, he reinterpretado desde la perspectiva del lugar las tendencias recientes en la ecología antropológica que descubren los modelos culturales de la naturaleza. Luego silúo estos trabajos en el contexto de los movi. mienlos sociales, del posdesarrollo y de racionalidades ~cológicas alternativas . Se ha omitido mucho de lo que tendría que ser tomado en cuenta para una defensa más consistente del lugar, incluyendo temas centrales como el impacto de la lecnologfa digital (particularmente el internet) en los lugares; lugar. clase y génoro; la vinculación de lugares a redes; y las implicaciones más amplias de la "re. palriación" del lugar por parle de la antropología y la ecología para.Jos conceptos de cultura y naturaleza. Estas cuestiones sólo pueden ser introducidas en el presente trabajo como objeto de desarrollo más adelante.
6. En Olla¡ pulllbnu;, e, posible lIbordar las lugares de~ 111 dirección opuesta: no dc~de elllldo de su Críticll sino desde su llfirmución: no dude el lado de lo globlllsino de lo local. Esto es preciswnenle lo que 1/1 ccologfu nos permite .de hecho- nos oblig/l. ti hllCU.

11.El Lugar de la naturaleza: conocimiento local y modelos de lo natural
La cuestión del "conocimiento local" -en especial, del conocimiento de los sistemas naturales- también ha sido abordada en los últimos años desde varias ópticas (cognitiva, epistemológica, etnobiológica y, de manera más general, antro7. Un esquema refinado del conceplo MIUgllf" estfl fuerll dellllcunce de este trllblljo. Ver. CIUCY (1993, 1997) puro un ensilYo &nllO de IDfilosofill. Yo lo trutO de unu mwlem empfricll y IllllllftiCll., es decir. como una ClUe¡:orill del peu. illI' y como una relllidatl consuuida

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pol6gica) y en conexión con una variedad de lemas. desde las taxonomías primil¡vas y la conservación de la biodiversidad. hasta la política de territorialidad y los movimientos sociales. Se ha conccn(rmlo 13 atención en aspectos tales como: los mecanismos a través de los cuales el conocimiento local opera. incluyendo el aspecto de si "conocimiento local" es, en sí. una etiqueta apropiada para los mecanismos cognitivos y experimentales que están en juego en las relaciones de la gente con los entornos no humanos; la existencia y estructuración de modelos culturales de la naturaleza. en los que el conocimiento local y los sistemas de clasificación estarían inmersos; y la relación entre formas de conocimiento localcs y formas modernas expertas. en ambientes concretos. ecológicos e institucionales, por ejemplo. en el contexto de los programas de desarrollo y conservación, en especial en las áreas de bosques tropicales. Se puede afirmar que la investigación sobre el conocimiento local y los modelos culturales de la nalUraleza, que surgi6 de tendencias anteriores relativas a la etnoboHínica, la etnnciencia y la antropología ecológica. ha llegado a la mayoría de edad. Este resurgimiento ha d.ldo pnso a recuentos cada vez más sofisticados sohre las cOllstnu.:ciollCS de la naturaleza elaboradas por la gente. y qlliz;is nos ha ofrccil.1l11<lposibilidad de deshacernos finalmente de la relación binaria entre la naturale7.a y la cultUn1 que ha sido tan predominante Y perjudicial para la antropología ecol6gica y campos relacionados (Descola y Pálsson, edilores 1996).

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Antropólogos, geógrafos y ecologistas políticos han demostrado con creciente elocuencia que muchas\ comunidades rurales del Tercer Mundo "construyen" la naturaleza de formas impresionantcmente diferentes a las formas modernas dominantes: ellos designan. y por ende utilinm, los ambientes naturales de Im¡neras muy particulares. ESlUdios etnogr:ificos dc los escenarios del Tercer Mundo descubren una cantidad de prácticas .significativamente diferentes. de pensar. rclacionarse,'construir Y experimcntar 10 biológico Y 10 natural. Este proyecto se formuló hace un tiempo y ha alc'nnzado un nivel de sofisticación muy nito en tos líl. timos años. En un artículo clásico sohrc el tema, ~hrilyn Slrathern (1980) sostiene que no podemos interpretar los mapas nativos (no Tmxlcrnos) de lo social y lo biológico en términos de nuestros conceptos de la naturaleza. la cultura y la sociedad. Para empezar. para muchos grupos indígenas y rurales, 'cultura' no provee una cantidad particular de objetos con los cuales se puedn manipulnr 'la naturaleza' ...Ia naturaleza no se 'manipula'" (174,175). La "naturaleza" y la "cultura" deben ser analizadas, por ende, no co~o entes dados y presocialés, sino como constructos culturales, si es que deseamos determinar su funcionamiento cumo dispositivos para la construcción cultural, de la sociedad humana, del género

positivos cognitivos que se encuentran en juego en los modelos culturales del mundo natural y la conmensurabilillad o no de los distintos modelos; los mecanislIlos generales a través de los cuales la naturaleza es aprehendida y construida, ; en-icspecial la existencin o 3usencin úe esquemas genemles para la construcción de la naturaieza. ya sean universales o no; y la naturaleza del conocimiento local, incluyendo si este conocimiento est:i plasmado y desarrollado a tmvés de la práctica o si es explícito y desarroll:l<.lo a través de algún tipo de proceso del pensa. miento. Quizás la noción más arraigada hoy en lIía es que los modelos locales de la naturaleza no dependen de la dicotomía níltuwlclalsociedad. Además. y a diferencia de las construcciones modernas con su estricta separación entre el mundo hiofísico, el ~umal1o y el superJ1atllral. se cntiende cOTlllínmenle que los modelos locales, en muchos contextos no Ot.:,cidenwlcs, son concehidos como sustentados sobre vínculos de continuidad entre las tres esferas. Esta conlinuill:uJ -que podría sin embargo, ser vivida como pl'oblclll;ilica e incicrta- esuí culturalmente arraígada a través <le símholos. rituales y \mkticas. y est:i plasmada en especial en relaciones sl.Jcialcs que tamhién se diferencian del ¡ipo moderno, capitalista. De esta rorlllá, los seres vivos y no vivos, y con frecuencia sl1pcrnalUralcs no son vistos como entes que consl;(uyen dominios disti.ntos y sCJlílrados -definitivamente no son vistos C0l110esferas opuestíls de la natllTalc7.a y b. cultura- y se considera que las relaciones sociales abarC:lll m:is que a los humanos. Ppr ejemplo. Descola sos. tiene que "en tales 'sociedades de la naluralez3'.las plnnlas.los aninmles y otras entidades pertenecen a una comunidaú sociocconómi,-a, sumetidiJ a las mismas reglas que los humanos" (1996: 14)'. Un modelo local lIc la naturaleza puede mostrar T:tsgos como los siguientes que puedcn (J no corrcsponder a los panímclros de la naturille7.fI llIod~rna. o sólo hacerlo parcialmente: c<llcgoriz.aciones del ser humano, entidades sociales y biológicas (por ejemplo. oe lo que es humano y lo ljue no lo es, lo que es sembrado y lo que no lo es, lo doméstico y lo salvílje, lo que es producido por los humanos y lo que es produódo ptlr los hnsques, lo que es innato {}lo que emerge de la acc~ón humana. lo que pertenece a los c-,pírilUs y lo que es de los humanos, etc.); escena. rios de linderos (dircrenciíllldo. por ejemplo. los humanos de los animales. el bos. que del asentamiento, los hombres de las I~ujeres, o entre distint3s partes del bos. que); una clasificación sistemática de los animales, plantas y espíritus: etc, También puede contener mecanismos para mantener el huen orden y balance de los circuitos biofísico. humano y supernatural; o puntos de vista circulares del tiempo y de la vida biológica y social, a la larga validada por la Providencia. los dioses o diosas: o una teoría de cómo todos los seres en el universo SOI1 "criados" o "nutTi. dos" con principios similares, ya que en muchas culturas no moderna~, el univerti 8_Tengo en menle. p;Úticulnrmente, lo~ ~iguitnle~ voh¡mel'le~: MncCormnck y Stmthern tdilOT'C~_ (19801; Gudtman y Riviero (1990); Hohnrt. edilor (1993); Mil101l. editor (I9QJt Rl"~treJX' '! dd V:111c. ed;lore~ (19%1; Mihon (1996): De.~(1'11(1 Y pm~~l'In.edilOre~.(l9%). E~1eul1imo vl'llunl('n e~'~ dedicado C"du~ivmnenle al (llamell de 10'1modelO'!culrur.lle~de 1:1 n<lhlrnlcm y 11 de~¡Il.rc,lilnr!klinilivanlcnle la dicntnmra muurnluNcu1tuT:l,

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y de la economía (MacConnack

y Stralhern, editores 1980).

No existe, por supuesto, una visión unificada acerca de lo que caracteriza precisamente los modelos locnlcs de la naturaleza. aunque gnm parte de los estudios etnográficos comparten algunos puntos en común. incluyendo los siguientes: un interés en las cuestiones epistemológicas, que incluye la naturaleza de los dis1t8

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Arturo Escobar

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El lugar de /a natllralez.a y la naturaleza del lugar: ¿g/Obtlfi'Z(lción o posldesarrollo?

so entero es concebido como un ente viviente en el que no hay una separación estricta entre humanos y naturaleza, individuo y comunidad, comunidad y dioses¥. Aunque las f6nnulas específicas para ordenar todos estos factores varían enormemente entre los diferentes grupos, tienden a tener algunas características en co~ún: revelan una imagen compleja de la vida social que no está necesariamente opuesta a la naturaleza (en otras palabras, una en la que el mundo natural está integrado al mundo social), y que puede ser pensado en términos de una 16gica soci¡¡1 y cultural, como el parentesco, el parentesco extendido, y el género vernáculo o anal6gico. Los modelos locales también evidencian. un arraigo especial a un ten.itorio concebido como una entidad multidimensional que resulta de los muchos tipos de prácticas y relaciones; y también establecen vínculos entre los sistemas simbólico/culturales y las relaciones productivas que pueden. ser altamente complejas. Dos preguntas que emergen de estos estudios son la conmensurabilidad o no de las construcciones locales, y con relación a esto, la existencia o no de mecanismos subyacentes en juego en todas las construcciones, "¿Debemos limitarnos a describir lo mejor que podamos las concepciones específicas de la naturaleza que las diferentes culturas han producido en distintos momentos?" -pregunta Descola (l996: 84).; "o ¿debemos buscar los principios generales de orden que nos permiten comparar la aparentemente infinita, empírica diversidad de los complejos de la naturaleza/cultura?" (ibid.). La pregunta, por supuesto, se remonta a los debates en etnobiología (resumido en Berlin 1992) relativos a la universalidad de las estructuras laxonómicas de "un mapa de la naturaleza" subyacente. Antropólogos ecológicos, orientados hacia lo simbólico, han respondido al acotado interés etnobiológico en las taxonomías populares, desplazando la clasificación de su lugar privilegiado, afirmando que la clasificación es sólo un aspecto del proceso por el que los humanos dotan de significado y propósito las características del entorno natural. En un intento de desplazarla, sin embargo, la mayoría de los antropólogos no están dispuestos a renunciar a la existencia de mecanismos subyacen. tes que organizan las relaciones entre los humanos y su 'ambiente. Pua Descola, por ejemplo, estos mecanismos -o "esquemas de la praxis" (1996: 87)- consisten en procedimientos estructurantes que combinan modos de .identificación, definiendo linderos entre el yo y el otro en las interacciones huma. nas/no-humanas, modos de relación (tales como la reciprocidad, la predación o la protección), y modos de clasificación (la señalización lingüística de éategorías estables, reconocidas socialmente). Estos modos regulan la objetivización de la naturaleza y constituyen un conjunto finito de posibles transformaci.o!1es'o. De la
9. Ella fonnulación particulu estAen el centro del trabajo de un gnJPOperuano, PRATEC (Proyeclo Andino de Tecnologfa Campesina). Ver Grillo (1991); Aprel-Marglin y Valladolid (1995). 10. En casi toda 5U obra, Ducola (1992, 1994, 1996) se aparta significativllrJ'lCnte del e5truclumlismo de l.iviStntus¡, y uo embargo 5Cmantiene ClISadO con ~I en otrOSIISpectos, por ejemplo. en sus nociones de uno lógico de combirtlldóQ y de estnlclunlS 5ubyacc:nte5, aunque tslaS no se ...-ean como estructuras unive~ales di;:la mente.

misma manera, para ElIen (1996), existen tres ejes o dimensiones cognitivo::: 'pi, subyacen a todos los modelos de la naturaleza. los cuales detenninan la COI1:.::., ción de cosas o tipos naturales; la manera en que estas construcciones se JI", •• 1', cabo en el espacio, y la medida en la que la naturaleza es vista como poseedlJl'" de una esencia más allá del control humano. Estos patrones subyacentes o mcl"" nismos deben ser reconstruidos etnográficamente: emergen de procesos parlklJ lares, históricos, lingüísticos y culturales. Para Ellen y Descola, estos P,H¡,,,,, ofrecen una forma de evitar un relativismo que hace que las diferentes cons[[u. ciones sean inconmensurables, a la vez que evitan el universalismo que reducil í¡j las construcciones no occidentales a manifestaciones del mismo mapa de la naturaleza que la etnobiología puede discernir. Se llega a estas construcciones a través de mecanismos cognitivos que aún est¡ln siendo discutidos (Bloch 1996); esto es lo que Ellen comprende como "prehensiones: aquellos procesos que, a tnlvés (le distintos Iílililes cultumks y otros, dan IlIgur a dusiticaciones especiales, designaciones Y representaciones" (1996; l 19)11.

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Esto noS trae de lleno al tema del conocimiento local. Pareciera haber una cierta convergencia en los planteamientos un tropológicos más recientes relacionados con el conocimiento local al tratar el conocimiento como "una actividad práctica, situada, constituida por una historia de prácticas pasadas y cambiantes", es decir, al asumir que el conocimiento local funciona más a través de un conjullto de prácticas que dependiendo de un sistema formal de conocimientos compartidos, libres de contexto (Habar! 1993: 17, 18; Ingold 1996), Esto se podóa llamar una visión del conocimiento local orientada haciª la práctica que tiene su erigen en una variedad de perspectivas teóricas (de Bourdieu a Giddens). Una tendencia similar hace énfasis en los aspectos corporeizados del conocimiento local, en l.:S te caso apelando a las posturas filosóficas delineadas por Heidegger y tam¡'l. " por Marx, Dewey y Merleau-Ponty. Ingold, el más elocuente de estos e:r..l¡' .. 1; res, sostiene que vivimos en un mundo que no está separado de nosotros, y nt.1t:_" tro conocimiento del mundo puede ser descrito como un proceso de adiestramien. to en el contexto del involucrarse con el medio ambiente (l995,1996). Los seres humanos, desde este punto de vista, están arraigados en la naturaleza e inmersos en actos prácticos, localizados. Para el antropólogo Paul Richards, el conocimiento agrícola local debe ser visto como una serie de capacidades de improvisación, específicas de un contexto y de un tiempo, y no como constitutivas de un "sistema indígena del conocimiento" coherente, como fue sugerido en trabajos anterio11. Los lIspeCIOS cognilivos d.: las COlIstruccion.:s lk la mllurlll~Zll 110 son dis~Ulidos lk manero significlltin en ninguno de sus lrabajos revisados en esUl sección, aunque por supueslo se sabe que juegan un rol cenlml en este proceso. Al revisar algunos de los debates sobre el tema -(:n especial el de Airan sobre lit psicologla cognitiva- Bloch (1996) ha seí\lllado treS requisitos parnlas explicaciones de las construcciones 10Clllcsde la naturaleza: MI) llmiles que vienen del mundo como es y como se presenta, como oponunidild para la producción humana, conjunlllffiCnte con 2) la hinoria culturnl especial de grupos o individllos y 3) la nalumleza de la psicologla humana" (p.3). Bloch cree que los investigadures -psicÓlogos, emobiólogos, lIntropólogos- esu!.n lejos de h.abcr aclarodo la cucstión de lo cognitivo del mundo nalurul, il pesar de lo~ uvnnces hacia unllteorfa s.atisfactona. EsIOSdebales no serán abordados mds en eue (tabujo

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res. Desde este punto de vist<i interpretativo del conocimiento. es más correcto hablar de capacidades corporeizadas que están en juego en la ejecución de tareas y que ocurren en contextos sociales, configurad9s por 1<lgicas culturales específicas (1993), Estas tendencias son bienvenidas, pero no resuelven todas las preguntas relacionadas con la naturaleza y los modos de operación del conocimiento local, sin embargo, s( ubican al antropólogo ecológicamente orientado, o al ecólogo poHtico, en una posición de criticar las perspectivas convenciona.;,. les y de vincular las nuevas perspectivas al tema del poder y a la racionalidad alternativa de producción (abajo). Si todo el conocimiento está corporeizado o no; si el conocimiento corporeizado puede ser visto como formal o abstracto de alguna manera;. si opera y está organizado de maneras contrastántes, o se asemeja al discurso científico de alguna manera; o si existe un continuo o un viraje esporádico entre el conocimiento práctico y el conocimiento teórico/formal que emerge de una sintomática rencxi6n sobre la experiencia, todas estas son preguntas abiertas'1. ¿ Y cuál es la relación entre el conocimiento y la construcción de modelos? En un trabajo excepcional, Gudeman y Rivera s4girieron que los campesinos podrían poseer un "modelo local" de la tierra,Ja economía y la producci6n significativamente diferente de los modelos modernos, y que existe principalmente en la práctica. Efectivamente, los modelos locales son "experimentos de vida"; se , "desarrollan a través del uso" en la imbricaci6n de las prácticas locales, con procesos y coñversaciones más amplios (Gudeman y Riv~ra 1990: 14). Sin embargo. esta propuesta sugiere que podemos tratar al conocimiento corporeizado, práctico, como constituyendo -sin embargo- un modelo de alguna manera comprensivo del mundo. Es en este sentido que el término modelo
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las lecciones de la antropologfa del conocimiento, debemos aceptar que el punto de vista común de los dominios diferentes de la naturaleza y la cultura que se pue. u uen conocer y ser manejados separadamente el uno del otro, ya no es sostenible . Se pueden obtener enseñanzas igu<tlmente radicales de la reinterpretación de 10 cognitivo de una tendencia relacion;n!a que aún no ha sido incorporada a estas discusiones, a saber, la hiolngfa fenomenol6gic<t de lIumberto Maturana, Franciscu Yarel.l y colaboradores. I3revclllcn(c, estos biólogos sugieren que la cognición no. es el proceso de construir representaciones de l1l1 munc10 prefigurado. por una mente prefigurada, externa a ese mundo, C0l110lo presenta la ciencia cognitiva convencional; ellos soslie.nell que la cognición siempre es experiencia arraigada que se lleva a cabo en un trasfondo histórico y que siempre se debe teorizar desde el punlo de vista de la "ininterrumpida coincidencia de nuestra existencia. . nuestro hacer y nuestro saber" (M alu rana y 'larela 19R7:25). En 10 que ellos llaman un enfoque enaclil'o, la cognición se convierte r.n In clI;¡cción de una relación entre la mente y un mundo basado en la historia de su interacción. "Las mentes despiertan en un mundo", comienzan afirmando Vareln y sus colahoradores (Yarcla, Thompson y Rosch, 1991 :3) de manera de sugerir nuestra ineluctable doble corporeidad -la del cüerpo como estrllctUr:1 ex.perimental vivida y como contexto de la cognición. un concepto que toman prestado a Mcrleau-Pollty- y señ.alan cI hecho ele que no estamos scparmlos de esc mundo: qlle cml:] actó del conocimiento de hecho, prot!ul::c un m.lIndo. Esta circularidad conslilllli."<l de In existellcin que emerge de la cnrporci(\ml no dcjet <le lenC'r consecuencias pnTa la investigacil)n de los modc1(ls loc:lles de..I~ nalura1c7.n, al punto de que nuestra experiencia -la praxis de nueslnl vivir- est¡Í ílcorlntla a un 11l1ll11111 circundante el cual aparece lleno de regularidades. que son en cada insl;lIlt~, el resultado de nuestms historias biológicas y sociales ... El paquete cnl11pleto de regularidades propias al vínculo de un grupo socinl es su tmdiciún biol6gica y cuItUr:1I... (Nuestro) patrimonio biológico común es la base para el Illundo que nosotros. los seres humanos producimos conjunlnmcnte a través dc distinciones congruentes ... este patrimonio biológico común permite Ulla divergencia de los mundos culturales producidos por la conslitm.'¡6n dc 10 que s~ pUl'dc convertir en tradiciones culturales ampl.iamente dircrentcs. (Matumna y Varela 19K7: 2-11-244)

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Las consecuencias de repensar el conocimiento local y los modelos locales son enoones. A pesar de que existe el peligro de reinscribii el conocimiento locnl de este tipo en formas de conocimiento de constelaciones jerárquicas, rcnfinnando nuevamente la devaluación, estigmatización y subordinación del conocimiento local que ha caracterizado gran parte de la discusión sobre el tema (incluyendo los debates etnobiológicos vinculados a la conservación de la biodiversidad), el desplazamiento producido por este repensar orientado etnográficamente es esperanzador de diferentes maneras. Quizás el más importante de nuestros objetivos es que esta nueva forma de pensar contribuye a desmontar la dicotomfa entre naturaleza y cultura, la cual es fundamental para el dominio del conocimiento ex~ perto en consideraciones epistemológicas y gerenciales. Si tomamos seriamente
. 12. ti diferencia enb"e ronnas de conocimiento oómada.\ y estlldale\ ofredda por Deleutl" y Guattnri (1987), y 1:1 diferenda que seílala Marglin enlre las formM epist~micil.\ y l~cniCII~(1991) ofre~n elemenlO~ para resolver a'gurm~ de esw preguntas. incluyendo la de la apropi:tción de uma pnrte por la otro, un tema propue~lo pot"Gudeman y Ri. vera (1990) en relación 11 los mode'os dominnnle~ de la economf¡1.

Al rechaz.a.r In separnción del COllllcer y el hacer. y éstas de la existencia, es. tos biólogos nos ofrecen un lenguaje con el que se puede cuestionar mdicalmen13. l.E!; n~Ct."~lIrio decir que no 100M 11I~ pr¡\~ticll~ I,ocntes <Ir 1:1natllr:ll':'I\ .~\'" IUllhi,'nlnlml"nle l,,-.n;gnD~.y que no lodn.~Ins reladnne.~ sodllles que las "rlirulltn 11(1 ~1IJ\ 1".\plnlH"lIrils"1.11 O1"I,b en '11q!\{' el ronne;mh'nln y Ins pnk. lir;ls de In n:llurnle7.11lornle.\~on .'sllslenlllhle~'. o no t's un:!.cltts'üin I"ITll"hirll Ouids sea n"hl fluien haYlIre~umi. do mejor este pnnto; MTod:\.,I;,s (:.1"011"\ nc:cesnriromenll"Itlllntil"nrn i"ca\ nrelClI de, ). achinn pnr m":I"\irjnd. ~oble su medio nmh;enle nntulII!. E.\10 no qn;ere decir nere~11;alTll"nteque iK¡llell(,sfllle \.iven comu rrocluc.orl"\ direcl(l\ de. nen unl! gmn comprensión ,i"cn,Micn. nunqlle en genernl. 10\ rrodllclole, '¡'le \,,"<i\ICO lienen no ron"l.'"imienlOdetllll:ldo del runciOO:lmienlo de mllchn~ peqllc"n~ n_~JlI"ctn, de ~u nmhil"lItc hin'ó~icn. (iran rm1e rle e,l~ conocimien . to ha ,ido comproh<ldo JX'f In uJlI",iencia. alguno\ rooocinlienlr" ~no r:n,;nfo< '! runlr"rrt'Xlncc"'t'. y rle algun3 f({r. ma ineom:cto~, ~in emhar¡;o runeionlln lo ~ulicicnlemen1e hien. IDahl. editor' Qf).l "l.

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El lugar de la naturaleza

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te las relaciones binarias y las asimetrías de la naturaleza y la cultura, y la teoría y la práctica; también corroboran las percepciones agudas de aquellos que documeman elnográticumente la continuidad entre la naturaleza y la cultura, y los aspectos corporeizados del conocimiento, como en,las ideas de desarrollo de habilidades y performalividad. La ecología se convierte en el vínculo entre el conocimiento y la experiencia (la ecología como la ciencia de la experiencia lransforw Illutiva, basada en el reconocimiento de la continuidad de la mente, el cuerpo y el mundo), y esto, a la vez, tiene consecuencias en la manera corno establecemos los vínculos entre la naturaleza y la experiencia. Estamos en posici6n de resumir los diferentes enfoques al tema del conocimiento local, antes de introducir nuestra indag¡lci6n en torno al lugar C0l110 su contexto. Hemos repasado hasta ahora diferentes conceptos que se refieren a este tema: la performalividad (Richards), el adiestramiento (lngoldlPálsson), la práctica y los modelos basados en la práctica (Gudeman y Rivera) y la etlacciólI (Varela et aL). De hecho, este conjunto de conceptos no agota el dominio del "co. nacimiento local", y tendrían que ser diferenciados aún más y refinados analíticamente, sin embargo constituyen una base sólida sobre la cual moverse hacia adelante con la antropología del conocimiento, en especial. en el dominio ecológico de la aplicación. También establecen parámetros alternativos para pensar acerca de la variedad de temas, desde la conservación de la biodiversidad hasta la globalización (Escobar 1997a, 1997b). ¿Cómo considerar el lugar y su relación cun los nuevos puntos de vista relacionados con el conocimiento local y los modelos culturales ya descritos? En términos generales, lo que es más importante de estos modelos desde el punto de vista del lugar, es que se podría afirmar que constituyen un conjunto de significados-uso que, aunque existen en contextos de poder que incluyen más y más las fuerzas Iransnacionales, no puede ser reducido a las construcciones modernas. ni ser explicado sin alguna referencia a un enraizamiento, los linderos y la cultura local. Los modelos de cultura y conocimiento se basan en procesos históricos,lingüísticos y culturales, que, aunque nunca están aislados de las historias más am~ plias, sin embargo retienen cierta especificidad de lugar. Muchos de los aspectos del mundo natural se colocan en lugares. Además, muchos de los mecanismos y prácticas en juego en las construcciones de naturaleza -linderos, clarificaciones. representaciones, aprehensiones cognitivas y relaciones espacialesw son significa.tivamenre específicas de lugar. Las nociones de perjomzatividad, adiestramiento, enacción y modelos de práctica también sugieren vínculos importantes al lugar. Pueden ser situados dentro de la antropología de las experiencias, para la cual "el uso. no la lógica, condiciona las creencias" (Jackson, editor] 996: 12). Quizás es tiempo de renovar nuestra conciencia de los vínculos entre lugar, experiencia y la producción de conocimiento.

Finalmente, la misma dicotomía entre la naturaleza y 1a cultura emerge como una de las fuentes de otros dualismos predominantes desde los que están entre la mente y el cuerpo, y la teoría y la práctica, hasta los del lugar y el espacio, el capital y el trabajo, lo local y lo global. Que las prácticas basadas en el lugar sigan siendo socialmente significativas está quizás más claramente afinnado por Gude~ man y Rivera, cuyos modelos de campesinos mantuvieron un carácter basado en el lugar, a pesar del hecho de que son el resultado de "conversaciones" y relaciow nes de larga data con los mercados y las economías globalizantes. En su trabajo, encontramos una visión no globocéntrica de la globalizaci6n, esto es, desde la perspectiva del lugar y de lo local.

111.La Naturaleza del lugar: repensar lo local y lo global
Las mentes se despiertan en un mundo, pero también en lugares concretos, y el conocimiento local es un modo de conciencia basado en el lugar. una manera lugar-específica de alargarle sentido al mundo. Sin embargo, el hecho es que en nuestro interés, con la globa1izaci6n, el lugar ha desaparecido. Un conjunto de trabajos recientes intentan superar esta paradoja al resolver algunas de las trampas epistemológicas que limitan las teorías de la globalización. Al mismo tiempo, ofrecen elementos para pensar más allá del desarrollo, es decir, para una conceptualización del posdesarrollo que es más favorable a la"creación de nuevos tipos de lenguajes, comprensión y acción! •. Debates nuevos sobre la economía y ellugar parecen ser especialmente útiles en este aspecto. En estos trabajos, el1ugar se afiOlla en oposición al dominio del espacio, y el no-capitalismo en op,?sición al dominio del capitalismo como imaginario de la vida social. Comencemos con una crítica esclarecedora del capitalcentrismo" en los recientes discursos de la globalizaci6n. Esta crítica, que nace de ciertas tendencias en la geografía postestructuralista y feminista, nos peOllitirá, creo, liberar el espacio para pensar acerca de la potencialidad de los modelos locales de la naturaleza. Para las geógrafas Julie Graham y Catheri,ne Gibson, la mayoría de las teorías acerca de la globalizaci6n y el postdesarrollo son capitalo céntricas, porque sitúan al capitalismo "en el centro de la narrativa del desarrollo. por ende tienden a devaluar o marginalizar las posibilidades de un desarrollo no capitalista" (Gibw son y Graham 1996: 41). De una manera más general, estas autoras presentan una argumentación poderosa contra la afirmaci6n, compartida tanto por las corrientes dominantes como por los teóricos de izquierda, de acuerdo a la cual el capitalismo es la foOlla actual hegemónica, quizás la única, de la economía. y que segui14. Lo noción de "posdesarrollo" es una ayudo para reaprender a ver y revalullt la realidad de 1115 comunidades en Asia. Aflica y LotinOllllltlica" ¿Es posible: disininuir el dominio de 1115 representaciones del dcslltl"Ol1o cuando abor. damos eslll. realidad? El po5de~1I0 es ulla manera de sc:ftalar eSlll posibilidad. un ¡nlento de dcsp::jur UIlespacio para pensllt Oltos pensamienlos, ver Oltll5cosas. escribir oltOS lenguujc5 (Crush. edilor 1995: Escobar 1995).

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rá siéndolo en el futuro previsible. El capitalismo ha sido investido de tal predominancia Y hegemonía. que se ha hecho imposible pensar la realidad social de otra manera, mucho menoS imaginar la supresión del capitalismo; todas las otras realidades (economías subsistentes. economías biodiversificadas. formas de resistencia de) Tercer Mundo. cooperalivas e iniciativas locales menores) son vis. las como opuestas. subordinadas o complementarias al capitalismo. nunca comO fuentes de una diferencin económica significativa. Al criticar el capitalcentrismo. estas autoras buscan liberar nuestra capacidad de ver sistemas no-capitalistas Y de construir imaginarios económicos alternlls1. .
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Esta reinterpretación pone en tela de juicio la inevitabilidad de la "penetración" capitalista. que se asume en gran parte de la literatura de la globalización: En el guión de b globalizaciún ... solamente el cnpitalismo tiene In capacidad de extenderse Y dc invadir. El cnpitalislllo se presenta como inherentcmente espacial y como naturalmente más fuerte que las otras formas de economía no-capitalista (economíns tradicionales, economías de.1 'Tercer Mundo'. economías socialistas. experiencias comunales) debido a que se presume su capacidad para universalizar el mercado para Jos bienes capitalistas .... La globalización, de acuerdo a este guión, implica la violació" Y eventual ":luerte -de 'otras' formas de econ'omía no-capitalista .... Todas las formas no-capita. listas son dañadas, violadas, caen. se subordinan al capitalismo .... ¿Cómo podemos retar la representación similar de la globalización como capaz de 'tomar' la vida de los sitos no-capitalistas, en especial del 'Tercer Mundo'? (Gibson y Graham 1996: \25.130), No se puede decir que todo 10 que 'emerge de la globalización se adecua al guión capitalista; de hecho, la globaHzación Y el desarrollo podrían propiciar una variedad de vías para el des-arrollo económico, que se podrían teorizar en ténninos del posdesarrollo, de manera que "la naturalidad de la identidad del capitalismo como patrón para toda la identidad ecolU.ll11ica!'£a cuestionada" (Gihson y Graham 1996: 146). Pero, ¿sabemos 10 lJue e!'tá aM "cn el terreno" luego de siglos de capitalismo Ycinco décadas lIe desarrollo? ¡.Sabemos. incluso, c6mo ver la realidad social de forma que puedan pennitirnos detectar elementos diferentes, no reduci. bies a los constructos del capitalismo y la modernidad Yque, aún más, puedan servir como núcleos para la articulación de prácticas sociales y económicas a1ternati. vas? Y finalmente, incluso si pudiéramos comprometernos en este ejercicio de una visión alternativa, ¿có,:"o se podrían promover tales prácticas alternativas?
IS. El argume:nto es mAs complejo que 10 pre~ent.:ldo nqul. e implica una reddinici6n de ch~o;e~obre unll b;¡se ;¡ntiesenciaJista que se apoya sobfe el trobajo de Allhusser y sobre el manismo posteslroclumlista de WoJrT y Re~nick (1987). 9reveme:nle, eslJ en juego la reinterpretaci6n de Ill.'IpmCticil~ cllpitalis~ como sobre determinada~ Y la libe. rnci6n del cnmpo discu~ivo de la econoRÚa resreclo al ClIpiud. como principio ünico de determinaci6n. Unido a I;¡ definici6n trl\IlSformada de clase que enfoca el proceso de producir, apropi:me Y distribuir el trobajo excedente. e~ta rdnterp~tación da paso a una visión de la econoRÚa como constituida por una variedad de procesos de c1il~e. c:'pit:'. li~ta.~ y no-capitalisw. Por ende, hace visible una variedad de pr&ticllS no-capitllli~tllS Ilevada.~ a cabo por mujeres. a~alariados. campesinos, coopemlivM. economlll~ de 5ub~i~lenda, elc.

El rol de la etnografía puede ser especialmente importante en este aspecto Y exislen algunas tendencias que apuntan en esta dirección. En la década de los ochenta, un grupo de etnógrafos se abocó a documentar las resistencias al capita, .Iism~ y a la modernidad en entornos v3riados. De esa manera se comenzÓ la tarea de hacer.visibles las prácticas y los procesos que revelaban que hahía múlti. pIes formas de resistencia acliva al dcsarrollo mism01". La resistencia misma, sin embargo, es sólo una insinuaci6n de lo que eSlaba ocurriendo en muchas comunidadcs, no IIcgando a mostrar cómo la gente siempre crca activamente y reconstruye sus mundos de vida y sus lugares. Tmhajos posteriores, como hemos visto, c:uacterizaron los modelos locales de la economía y el amhiente natuml que han sido mantenidos por los campesinos y las comunidades indígenas, en parle arraigados en el conocimiento y pnícticas locl¡1c!'. La atem:itlll que se le ha otorgado, en especial en Latinoamérica, a la hibridi7.ación cultural, es otro intento de hacer visible el encuentro din:ímico de Ifls pr:ktic:;ls que se origil1nn en muchas matrices culturales y temporales, y la medida en la que los grupos locales, lejos de ser receptores pasivos de cOIúliciollCS transnflcionalcs, configuran activnmente el ll proceso de construir identidades, l'c1m:iones !'oC'Íalcs, y iJréÍl:ticas cconúmicas . La investigación etnográfica de este tipo -que definitivamente continuará por muchos años- ha sido impurtante en esclarecer los discursos de las diferencias culturales, ecológicas y ecomímicas entre las cOIlHlIlidades del Tercer f\lundo en contextos de globalizaci(ín Y desarrollo .

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Si el objetivo de Graham y Gibson fue ofrecer un knguaje alternativo -un nuevo lenguaje de c1ase- para abordar el significado económico de las prácticas locales, y si el objetivo de la litemtura del posdesarrollo cs, de igual manera, hacer visibles las prácticas de las difercncias culturalcs Y eco1l'Jgicas que podrían servir de base para alternativas, se hace necesario reconoccr que estos objetivos están indisolublemente vinculados a concepciones de localidad, lugar y una cooci~ncia. basada en el lugar. El lugar -C0Il10 la cultura local- puede ser considerado 'lió otro" de la globalizncit"ln. manera que una discusión del lugar debería ofrecer una perspectiva illlpNlanlc. para lcpcllsar la globalizncidn Y la cuestidn de las

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Como lo ha seíialal!tl Arf Dirlik (1 l:J97), el lugar y .Ia conciencia bascula en el lugar h.an sido Illílrginali7.adas en los debates de lo local y lo global. Esto es do. blemente lamentable porque, por un Indo, el lugar e!' central al tema del desarro110,la cultura y c1l1ledio mnbienle, y es igualmente esencial. por el otro, para imaginar otros contextos pnra pem;ar ncerca de la con!'trucción de la políticíI, el co.

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16. los má-~ impor1:,ntcs Mln los de TlllI~t¡~ nl/flO}. SCl'rt (11/8 ~\. Onl: (\ ()~.71. Y {":\m;\r<lff y (':Im:'Tl!rT (l 091). Fo~ y Starn. editores (191/1) fllcron m:b ull:í de In fnrnl:l.~ cntidi¡,n;,s ¡le rC';tle'K;a hll~t:l cnll,i,jcr"r i1qne.1h~ rorma.~ de O1ovilización y protesta que se dnn "entre la resislrnci::J y la rt:vnlufÍón "lira nn rep:,!,n tle :,!II:\loo ,le c~tos trahajos.
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ver E.~cobar (1995). c:1plt\l10 4. 17. La liter:llurll sohn: la hil.ridi7:"i(>o y Sil relevanfÍa lo 4.

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nacimiento y la identidad. La desaparición del lugar es un reflejo de la asimetría existente entre lo global y lo local en la mayor parte de la literatura contemporánea sobre la glohaliz.ación, en la que lo global está asociado al espacio, el capital, la historia y la acción humana mientras lo local, por el contrario, es vinculado al lugar, el trabajo y las tradiciones, así como sucede con las mujeres, las minorías. los pobres y uno podría añadir. las culturas locales'l. Algunas geógrafas feministas han intentado corregir esta asimetría afirmando que el lugar también puede conducir hacia articulaciones a través del espacio. por ejemplo, a través de redes de diferentes tipos. En estos trabajos, sin embargo. la relación entre el lugar y la experiencia enraizada, con alguna clase de linderos, aunque porosos e intersectudos con lo global, está insuficientemente conce'ptualizada. Quizás en los análisis de Dirlik son más fundamentales las consecuenci¿ls dd abandono del lugar, por categorías actuales del análisis social tal como clase, género y raza (y deberíamos añadir aquí, el medio ambiente), que hacen que dichas categorías sean susceptibles de convertirse en instrumentos de hegemonía. En la medida en que han sido significativamente escindidas del lugar en "el frenesí de la globalización" delas "identidades desterritorializadas" -yen muchos discursos eso privilegia los viajes. la movilidad, el desplazamiento, y la diásporu. las nociones contemporáneas de la cultura no logran escapar a este aprieto. porque tienden a asumir la existencia de una fuerza global a la cual lo local está necesaria. mente subordinado. Bajo estas condiciones, ¿es posible lanzar una defensa del lu. gar en la que el lugar y lo local no deriven su significado de la yuxtaposición a lo global? ¿Qui¿n hubla por el "lugar"? ¿Quién lo defiende? Como un primer paso en la resistencia a la marginalización del lugar, Dirlik convoca la distinción que hace Lefebvre entre el espacio y el lugar (entre primer y segundo espacio, en el trabajo de Lefebvre), en especial su noción de lugar como una fonna i:Jeespacio vivido y enraizado y cuya reapropiaci6n debe ser parte de cualquier agenda política radical contra el capitalismo y la globalizaci6n sin tiempo y sin espacio. La política, en otras palabras, también está ubicada en el lugar, no sólo en los supra niveles del capital y el espacio. El lugar. se puede añadir, es la ubicación de una multiplicidad de fonnas de política cultural, es decir, de lo cultural convirtiéndose en política, como se ha evidenciado en los movimientos sociales de los bosques tropicales y otros movimientos ecológicosl~.
18. Esu: es ,luamenLe el 'lISO en lnl lIi1CU'W.llmbienLilIi.lI.1S.pur ejemplu. tU: la tUll.Iuvacióo tU: I~ biOllivtn;idllll. en la que lu muic. rt:.1y 10.1indlsenas $On inveslido.l ¡;ull d ¡;unocilllitnlll de '.,l.;Ijvarla naluraleQ". Mas",y (1!I'\l4) ya ha denulll;i'ldo la felllin¡z~dón del Iu&u '1 dl: lo 1""11ell las lC()ffasdel espacio. Para un ejemplo <.Ir: laa.limell1a de la que Dillik ILilbla.ver 11$¡;iw lIcllibw de Casu:U. arrib;l (nOl.ilno. 2). l!'. LlI du.lirn;ión que bll:e L:f,bvrt: !la .l<lo rt:lunl;Wa r«icnlCmtnlC pu, Soja elllTluun.o llJInc:ra dl: ir mi1s .114 dl:ldualismll de mucha lit la !CM. ,I<'lI;ial y ",irn;ukarlc. la polhica ,on>.i<kr,w:iunu ddluSIl". B6lJ.n¡J~ cn cluawjo de Ltrebvrc: ').¡Ie 1"" lCóri'rlS (eminis. p.¡.)' po.¡ll:olon~ Soja sUliere 11 nudón <!tlltrt:u tsp••dn que tn,¡¡;icll<lc ti dualismo dl:l primer c.lpll:iu (npar;io m~ltri~11 <!t l~ ¡;icrn;ia po.¡iúvi.su&(la "'Ol'lln~. la plilllilk:w;iOn. cu:.) '1 el K&UOOO e$pao;w (el espll:ÍDCOIlCcbido.u: I¡ Leona y ti díSl:Ao).u: la lCur1;I.' ;nlCrpn:liúvl$. Elltrr:cr Ci~1O implica WllO lo malCrial ,omo lo 1Ímbólil:o: n lo mts cercano.1 -Q~¡o. vivillu dirttumtnlC. 'On ¡Olla ~u iru.oIubilidllll inllt:Llo .•. tI npado <!t 'tu.biLlonlU' y 'u.warios'.' (1996.67). La M1rUdüfkQ"lk 10$c¡pao;i"" vivillos. pc:r~ibidllS y ¡;ur••.. eb;dn¡ de Soja. puc<lc SCrví.Jll ,omo pruv«dorCl del SWolCnlo póltll un; elcc¡;i6n po!f1ka tWIlt&il:a en okfclWl <!tI npaciu vivi. dD. ¿Sena pu5iblc p:ns.u lI;erca tU: la prirneQ. K~Unda y ICn:C:Q "1Lil1¡¡r;¡lczaok un.o malltr41Ímilar (11 primc:ra naluralcza ¡;umo \lna rearid:ld biofll.iu.la w:gun.Lt tomD la de Iw ICtlriCOiy ItrcnLe¡. y la lC,e"t1l nl¡ur~L:ZI Cumu II qliC U vivida por II ,enll: en Su ¡;"li. tJi~oidad'l
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El lugar de la naturaleza

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¿Puede el lugar ser reconcebido como proyecto? Para que esto suceda, necesitamos un nuevo lenguaje. Regresando a Dirlik, "lo glocal" es una primera aproximación que sugiere una atención pareja para la localización de lo global y P¥Cl la globalización de lo local. Las formas concretas en las que este tráfico en ambos sentidos se lleva a cabo, no se conceptualizan fácilmente. Aúp lo local de los movimientos sociales en contra del capitalismo y las naturalezas modernas, esta de alguna manera globa1izado, por ejemplo, en la medida que los movimientos sociales toman prestados los discursos metropolitanos de identidad y ambiente (Brosius 1997).A la inversa, muchas formas de lo local se ofrecen para el consumo global, desde el parentesco hasta los oficios y el ecoturismo. El punto aquí es distinguir aquellas formas de globalización de lo local que se convierten en fuer,:, zas políticas efectivas en defensa del lugar y las identidades basadas en el lugar, así como aquellas formas de localización de lo global que los locales pueden utilizar para su' beneficio. Construir el lugar como un proyecto, convertir el imaginario basado en ellugar en una crítica radical del poder, y alinear la teoría social con una crítica del poder por el lugar, requiere aventurarse hacia otros terrenos. Esta propuesta resuena con y se mueve un paso más allá de la idea de Jane Jacobs de que "al atender lo local, al t~mar en serio lo local, es posible ver cómo las grandiosas ideas de imperio se convierten en tecnologías de poder inestables, con alcances a través delliempo y el espacio" (1996: 158). Ciertamenle, el "lugar" y "el conocimiento local" no son panaceas que resolverán los problemas del mundo. El conocimiento local no es "puro", ni libre de dominaci~n; los lugares pueden tener sus propias formas de opresión y hasta de terror; son históricos y están conectados al mundo a través de relaciones de poder, y de muchas maneras, están determinados por ellas. La defensa del conocimiento local que se propone aquí es política y epistemológica, y surge del compromiso con un discurso anti-esencialista de lo diferente. En contra de quienes piensan que la defensa del lugar y del conocimiento local es innegablemente "romántica", uno podría decir, como Jacobs (1996: l 61) "que es una forma de nostalgia imperial. un deseo de lo 'nativo intocado', que presume que tales encuentros (entre 'o local y lo global) solamente significan otra forma de imperialismo". Será necesario, sin embargo, extender la investigación hacia el lugar, para considerar cuestiones más amplias, tales como la relación del lugar con economías regionales y transnacionales; el lugar y las relaciones sociales; el lugar y la identidad; el lugar y los linderos y los cruces de fronteras; lo híbrido; y el impacto de la tecnología digital, particulannente Internet, en el lugar. ¿Cuáles son los cambios que se dan en.lugares precisos como resultado de la globalización? Al contrario, ¿cuáles formas nuevas de pensar el mundo emergen de lugares como resultado de tal encuentro? ¿Cómo podemos comprender las relaciones entre.las dimensiones biofísicas, culturales yeconómicas de los lugares?

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IV. La defensa del lugar: algunas implicaciones para la ecología política

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natllrol.", dellllgor: ¿globoli,oclón o postdesorrollo?

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Como ya fue mencionado. la de'fensa del lugar puede ser vinculada a la práctica de un grupo de actores. desde activistas 'de movimientos sociales hasta arqueólogos históricos, antropólogos ecol6gicos, psicólogos ambientalistas, Y ecó. lagos. Un estudio a fondo de estos vínculos está más allá del objetivo de este trabajo; más bien, esta última parte ofrece algunas consideraciones generales. en especial referidas a la investigación futura. Para comenzar con los movimientos so~ ciales, en particular los de los pobladores de los bosques tropicales. invariablemente.enfatizan cuatro derechos fundamentales: a su identidad, su territorio, a una autonomía política, y a su propia visión de desarrollo. La mayoría de estos movimientos son concebidos expHcitamente en ténninos de diferencias cultura. les, y de la diferencia ecológica que ésta significa. Estos no son movimientos para el desarrollo ni para la satisfacción de necesidades. a pesar de que, por supuesto, las mejoras económicas y milteriales son importantes para ellos. Son movimientos originados en un arraigo cultural y ecológico a un territorio. Para ellos, el derecho a existir es una cuestión cultural, política y ecológica. Eslán obligatoriamente abiertos a ciertas formas de bienes, comercio, y las tecnociencias (por ejemplo~ a través de una relal::ión con las eslrategias de conservación de la biodiversidad), a la vez que resisten la completa valorización capitalista y científica de la naturaleza. De esa manera se puede considerar que adc1an.lnn. por medio de su estrategia política, unas tácticas de racionalidad del posdesarrollo y de una alternativa ecológica, en la medida en que eltos expresan con fuerza y defienden discursos y prácticas de las diferencias cultural, ecológica y económica
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transformada hoy por la acometida del desarrollismo que conlleva la pérdida de conocimiento y territorio. además de convertir la naturaleza en una mercancía. La demarcación de los territorios colectivos otorgados a las comunidades negras de hi 'región por la nueva Constitución del país (1991) ha llevado a los activistas a desarrollar -una concepción del territorio que resalta las articulaciones enlre los patrones de asentamiento, miO de los espacios. y prácticas del conjunto del significado-uso de los recursos. Esta cnncepcifln se valida por los estudios antropológicos recientes que documentan los modelos culturales de la naturaleza existentes enlre las comunidades negras de los rfos (Restrepo y del Valle, editores 1996). Los activistas han introducido otras innovaciones conceptuales importantes, algunas de las cuales han aparecido en e1 proceso de las negociaciones con el personal de un proyecto de conservación de la biodiver!;idad del gobierno, con el que han ":Iantenido una relación diffcil y tensa, pero fructífera de muchas maneras. La primera es la definición de: "biodiversid"d" como "territorio más cultura". Estrechamente relacionado a esto está una visión del Pacífico como un "territorio-región" de grupos étnicos, una unidad ecoh>gica y cultural, que es un espacio laboriosamente construido a lmvés de prácticas cotidianas culturales, ecol6gicas y económicas de las comunidades negras e im.lfgenas. Son preci~amel1te estas dinámicas eco-culturales complejas la~ que raramcnte son tomadas en cuenla en los programas del Estado. los c"ale~ dividen el territorio de acuerdo a sus principios -por ejemplo, la cuenca del río, de esa manera pasando por 311(1 la compleja red que articula la actividad de varios ríos- y que fragmenla la espacialidad culturalmente construida de pnisajes particulares, precisamente porque no ven la dinámica socio-cultura PI. S~ podría decir que el territori.o-región es una categoría administrativa de grupos étnicos que. apunta hac¡'a la constOlcción de lIu)oclm alternativos de vida y sociedad. El tel!itorio-regi6n es IIna unidad conceptual y un proyecto poHtico. Ello conlleva un intento de explicrtr la diversidad biológica desde adentro de la lógica cultural del Pacífico.I.a demarcación de los territorios colectivos encaja en este marco, incluso si las disposiciones del gobierno -que dividen la región del Pacífico entre territorios colectivos, panlues naturales, áreas de utilizaci6n y aún en áreas de sacrificio donde serán constOli<!os megaproyectos- de nuevo violan este marco. El terna del terr,itorio lo consideran los aetivislas del PCN como un reto al desarrollo de las economras locales y formas de gobernabi1idad que pueden servir de apoyo a una drremm efectiva. El refuerzo y transfonnaci6n de los sistemas tr3lJiciuIlalcs de produccián y lIe mercmlos y economías l(leales; la nc. cesidad de seguir adelanle con el proceso de olorgamiento de títul(ls de propiedad colectivos y el esfuerzo por lograr un fortalecimiento organizat.:ional y el desarro21. E.~larre~ntnci6n del mnrtO de 1 ••• «('<Inltra polftic:¡ de.~:¡rrol1ad"por el PrOcevl fk Cnmllnhlade:, NeRrM u'eN) -que ha .~idoe1l1oor¡u.lll de una m:lIlt':i m:1~eJllen<:'1 por r~~cnb:lr(IQQ7"l- se ~;¡,a p:illc1pnhntnte en ('onver~iICinn<:' y enl~ ••. i"a.' Cllbnmliva~ con nClh.icl:¡~cbvn tkl reNo en f'l rerl""" enlre 1991.97.::n e.'peci:11Lihin Gllle~o. (nr. loe Ro~ro y Yelen Aguil;lr; -

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En Colombia, los activistas negros del bosque tropical de la región del Pacífico han estado articulando progresivamente conceptos acerca del territorio y la biodiversidad en su interacción con las comunidades locales, el Estado, las ONO y los sectores académicos. Su territorio es considerado como un espacio fundamental y muhidimensional para la creación y recreación de los valores sociales, económicos y culturales de las comunidades. La relación entre los significados y las prácticas _y las relaciones !;;ociales en las que están arraigadas- está siendo
20. Estos comenWios están ba.udo~ principalmente en mi conocimiento del movimiento de 1Mcomunidade~ negrn.~ del PlIdlico colombiano que emergió en 1990. en el etlnte'"to de la reforma tJc la con~liludón naciontll (la cunl proporcion6 derechos colectivos. cullumle~ y lerritoriale~ 11la~ comunidadc~ negm~ e india~ de In regi6n del Padfico). uf romo de la aoeler.teión en las actividade~ del capilal y el E.~lndo.En la confonnnci6n de e~te movimiento, en n. pedal desde 1993, es importante destacar Inlllenci6n nacional e inlernacional hacia In re~i6n. dada 5U rica biodiver. sidad y sus recursos biogenlticos. No es mi intenci6n describir y anaHzllr e~le movimiento en profundidad en Ule ~~ trabajo. S610 quiero indicar 105a.~pecIO!má~ relevnntes del movimiento para fund.1mentar mi nrgumenlo uceren del lugar y los modelos culturales de la nlllumlem. En otro trnoojo. di!'Cuto Ill-~ polltica, cullumles de la biodivenid:td (1997a). enfocnndo la regi6n del Pacifico. FJ de5llfT1)1I0 del movimienlo nt'~ro e5t6 ~gi~Trodo '1 nnalizado en (tnlCso. Rasero y Escobar (1998). La eeolog1n poUtica articulada por el movimiento. micnlJlt'i enrrent:1O lema., eJeconsctvltCi6n de biodiversidad y desarrollo w~lenible. se pre~nta en Esrob:tr (19'J7b). Ver E.~cnhm y Pedr($:J. editores (1996) para. antecedentes del movimiento y In COSlnPacifica en ¡;ent'fld.

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Arturo Escobar


imp0l1antes de

El lugar de la nafllmleza y la naturaleza

del lugar: ¿globalización

o postdesalo'Uo?

110de formas de gobernabilidad territorial, son todos componentes una estrategia tolal centrada en la región.

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Está claro que la ecología polÍlica creada por estos movimientos sociales conlleva una defensa de la identidad, el lugar y la región que no da por sentado

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ni el lugar ni la identidad, aún si está fomlUlada como la defensa de éstos. Una
construcción colectiva de la identidad es, por supuesto, crucial en este aspeclo21• De hecho, se ha llegado a esW política ecológica en el encuentro con las fuerzas y discursos nacionales y lransn¡¡cionales -desde las nuevaS formas del capital miJ1eW,maderero y agroindusfrial que se establece en la región, hasta las estrategias de conservación de la biodiversidad originalmente concebidas por ONG ambiental iSlas del Norle y organizaciones internacionales~ y en el contexto de un "espacio" nacion,,1 que comienza a hacer agua por lodas partes, que provocn l,lIllCnlabies descomposiciones y recomposiciones de identidad y regiunes. Si se vn a considerar al territorio como "el conjunto de proyectos y represenlaciolles en las que una serie de lluevas conductas e inversiones pueden emerger pragmáticamente, en el liempo y en el espncio social. cullural eSlélico y cognilivo" -un espacio exislencial de aUlorreferencia en el que "disidencias subjelivns" pueden emerger (Guattari 1995: 23,24)~ en lances está daro que los movimienlOs sociales del Pncífico eSlán impulsando este proyeclO. La visión de ecología polílica de los movimienlos soci,¡lcs del Pacíficoresuena con las propueslas aCluales de repensar la producción como la ankulaci,íll de produclividaJes especíticas de ¡ugur, ecológicas. y lecnoeconómicas (Letl 1992. 1995a y 1995b). Leff. en panicubr, JefienJe la incorporación de criterios cullurales y h:cnológicos a un paradigma ah~rnalivo de producción que va mucho miÍs allá de la racionalidad económica JOllliname. Leff insiste que si es verdad que::la suslenlabilidad debe basarse en las propiedades estructurales y funcionales de los distintos ecosislemas, cualquier paradigma de producción allernaliva conducen le a ello debe incorporar las aCluales condiciones cultural y tecnológicamente espe. cíticas bajo las cuales aClores locales se apropian de la naturaleza. "El desarrol1o sustentable encuenlra sus raíces en condiciones de diversidad cultural yecológica. ESlos pro~esos singulares y no reducibles dependen de las estructuras funcionales de ecosislemas que sustenlan la producción de recursos bióticos y servicios ambientales; de la eficiencia energética de los procesos tecnológicos; de los procesos simbólicos y forll1a~ione~ ideológicas que subyacen en la valorizac¡~n cul22. Se puede decir que lu con~lrucción de idemidades coleclivas reulizada>: por el movimienlo se Ddecuan ula dU¡lJida,J de identidad que Uall (I990) enCllenlfa en juego en d caso <:aribel1oy el afrn-brilánico: ~ considenl la ¡den. tidad como lllTaigada en prácticas culturales companidlll, una especie de ser colectivo; per.9,lll.mbitn en lémtino~ de las diferencias cread.a1 por la historio, es decir, en tlrminos de convenirse en vcz de SoCr. de posicionamienlo más que de esencia, y de discontinuidad más que continuidad. La defensa de ciertus prácticas cultumles y ecológicas de 10lS comunidades fluviales es un paso estnllégico por parte del cOllocimienlo, Ili C.l.lfemoque ¡on considerados como la p¡:rsoniJi~ación de una re¡istellcilllll cupillili~mo y la modemidad y como fuente de racionalidades ultemativas. Aun. que esta cOllstru¡;ción de id.:nlidad se Ixalia en "rcde¡ sumerGidas" de signilkalloli y pnkticll.~ de las comullidllllcs f1u. villlt:s (Melul:O:i 1989). tiene que ver igualmellle ¡;Ollel encuelllfO ¡;Onla modernidad (los Estados, el capilill. la billdiversidad,.

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tural de los recursos naturales; y de los procesos políticos que detennill<Jll L piación de la naturaleza" (l995b: 61). Dicho de otra manera. la COH:.ll". paradigmas alternalivos de producción, órdenes políticos, y sustental)lIl,,1. aspectos de un mismo proceso, y este proceso es impulsado en parte por l., ,1, lica cultural de los movimientos sociales y de las comunidades en la defen"':l di. sus modos de naluraleza/cultura. Es así como el proyecto de movimielllo .. les constituye una expresión concreta de la búsqueda de órdenes aherll,u!.;, ,¡, producción y ambientales, prevista por los ecólogos políticos.
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Se puede decir que esta noción de terrilOrio que eSlán investigando

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vistas de movimientos y eeólogos políticos representa una relación entre lugdr, cuhura y nalur:l1ez.1. De la misma manera. la detinición de los nctivisl:J.s d~ la bUldiversidad como "Ierrilorio llli\S cuhura" es otro ejemplo de una l:OnCiellL"ia-bas~lda.en-e1~lugar, aún más. de la transformación de lugar y cullura en fuenle::de hechos polílicos. Los modelos locales de la naluraleza pueden igualmenle ser reinterpretados como conslitulivos de una serie de prácticas no-capitalistas. mucha~. si bien no todas. ecológicas. Se puede considerar, para efeclos de este ilmíli~¡:, que los conjunlos de usos-significados eSlán dotados. al menos pOlencialmenlt:. de un significado económico no-capilalisla. Las economías de las comunidadt:~ se bnsan en el lugar (aunque no alados-al-lugar, porque panicipan en mercados Iranslocales), y frecuentemente mantienen un espacio común que consiste de Iierra, recursos materiales, conocimienlo, anceslfOS, 'espíritus, etc. (Gudeman y Ri.

vera 1990; Gudeman 1996),
Las implicaciones de la perspectiva del fugar para la antropología ecológica también son sustanciales. Etnográficamenle, el enfoque estaría en la dOCUl!It:lll.l ción de los significados-uso de lo natural como expresiones concrelas d,- ,( d" miento basado-en~e1-lugar. Desde una multiplicidad de conjuntos de sig'::'" uso. los antropólogos ecológicos pudieran proponer una defensa dellugal 1\'11"11 lada como la posibilidad de redefinir y reconstruir el mundo desde la perspecli'rd de una lógica de lugar múltiple. ESla es una cueslión que los antropólogos ecologistas parecen evadir, pero que debe ser .abordada directamente de manera de ofrecer un discurso de la diferencia ecológica. Los activistas del movimienlO social y los ecólogos políticos, como pudimos ver, ya eSlán comprometidos en esta tarea. Al hacer énfasis en el carácter vivido, disputado, de los paisajes del pasado y el presente, los arqueólogos históricos también han desarrollado una perspectiva de lugar, apoyándose principalmenle en la fenomenología y el marxismo cul!

lural (Bender, edilor 1993; Tilley 1994; Bender 1998), ESIOS son elementos de
gran importancia para la ecología política erigida sobre la noción de racionalidades cullurales, ecológicas y económicas, basadas en-el-lugar. Por úhimo. los psicólogos ambienlalistas han comenzado más claramente a desarrollar un manejo de las herramientas del ecosistema sustenlado en el concepto de lugar. Al ir más allá de la concepción instrumental do,minante de gestión

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Artul'o Escobar

e inventarios, estos estudiosos hacen énfasis en los signilicados culturales a través de los cuales los lugares -y tle hecho. los ecosistemas- se construyen. Al vcr los ecosistemas como lugares socialmente construidos, concluyen que "el centro del manejo de los ecosistemas es el de guiar las decisiones que afectan un lugar usando un conocimiento abundante de su historia natural y cultural" (Williams y Patterson 1996: J8).lgualmente, "las decisiones sobre los recursos tleberían ser guiadas por una comprensión de todos los procesos sociales que definen, estructuran y alteran el significado de los paisajes" (p. 20). Esta posición dista de las opiniones convencionales impulsadas por un paradigma instrumental o mercantil; constituye una filoso na del manejo de los recursos completamente diferente. La perspectiva de lugar también nos pennite dar un contenido etnogr:'ifico a la 110ción del "ecologismo de los pobres" (Guha 1997; Martfncz AI;er 1992), es decir, la resistencia cuhural de facto de muchas comunidades pobres a la valorizaci{lIl capitalista estricta de su ambiente. En el fondo del ecologismo de los pobres est:í el conjunto de usos-significados que se acaban dc discutir. ¿Será posible entonces, ac'eptar quc los lugares sielTlpre est:íll siendo defendidos. y que siempre surgen nuevas econOlnías? ¿Que las prJclicas ecológicas .11temativas no sólo pueden ser documentadas sino que siempre SOI1 ohjeto de pugna eh muchas localidades? Atreverse a considerar seriamente estas preguntas de~ finitivamente supone una polÍlica de lectura distinta, por parle dc nosotros como analistas, con la necesidad concomitantc de contribuir a las políticíls diferentes de la representación de la realidad. También supone que el posdcsnrrol1o ya estiÍ (y siempre ha estado) bajo una constante reconstrucción (Rahnema y Bawtree. editores 1997). Es en el espíritu del posdesarrollo donde podemós repensar la sustentabilidad y la conservnción C01110 aspectos claves de la polftic<I de lugar. Queda un tema fundamental. y es el de las condiciones que hacen posible la defensa y reforzamiento del lugar. A través de redes reales y virtuales de todo tipo; a través de coaliciones de movimientos sociales; y a través de coaliciones heterogéneas de diversos actores como académicos. activist¡ls. ONG. etc. cstá claro que las pugnas basadas-en-el-Iugar com.ienzan a crear efectos y realidades supralugar. ¿Cómo se pueden conceptual izar estas rentidades? ¿Cu:í1es son los efectos reales sobre lo local y lo global? ¿Tienen una verdadera oportunidad de redefinir el poder. y a cuáles niveles? ¿Cuál coalición en especial ofrece más posibilidades? Las últimas páginas de este Irabajo estarán dedicadas a esta pregunta C,Indente .• En el nivel del conocimiento, la cuestión es engañosamente clara: ¿cómo convertir el conocimiento.local en pocier, y este conocimiento-poder en proyectos y programas concretos? ¿Cómo pueden las constelaciones de conocimientopoder construir puentes con fonnas expertas de conocimiento cuando sea necesario o conveniente, y cómo pueden ampliar su espacio social de influencia cuando son confrontadas, como es el caso con frecuencia, en condiciones locales, regio-

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F:lluga, de la "dI"ral,,1 ,,,,,,,'Ole,,, del I"ga" ¿glohalizadó" o poS/de,,",m/fo?

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Ilnles, nacionale5 y transnacionales desfavorables? En una visión antropológica dc 1" glubillizaci6n se predicaba acerca de la necesidad de identificar los discursos socialmente significativos sohre la diferencia (cultural, ecológica, económica, política). y las maneras en las que pueden operar como discursos de articulacitln de alterrmlivas; se examinaron las nHíltiples formas de construir la cultura. la naturaleza y las identidades hoy en día. así como In producción de diferencias íl través de proccsos histórico-espacinles que no son exclusivíllllcllte el producto de fuerzas globales -ya sea capitalislllo, nuevas tecnologías. integración del mercado, o lo que sea- pero tmnbién vinculndos a los lugares y a Sil defensa. Es imporlante hacer visibles las lTlúltiples lógicas locales de producción de culturas e identidades, prácticas ecológicas y económicas que emergen sin cesar de las col1lunidmJes de lodo el mundo. ¿En qué mcdilia éstas formulan retos importantes y quiziís origirmlcs al capitalismo y :\ las ll10dernidades curocentradus? Una vel. visibles. sin emhnrgCl. i.cuiíles serían las condiciones que permitirían pnícticas hasíllJas-en-c1-lugnr para nenr estructuras alternativas que les ofrecieran tilla oportunidlld de sobrevivir, y de t:fcccr y florecer? Este último nspeclo de la '\:ucstitlll de las alternativos" pennancce hastnnlc insoluble. Para Dirlik. la sobrevivencia de las culturas baséldas-en-el-Iugar estaní nsegurada cuando la globalizacilÍn de lo local compense las localizaciones de lo glohal, es decir. cuando la si111t~tría enlre lo local y lo global sea reinlrmJuci<la en términos socil1lcs y conceptuales, y debemos agregar. cuando el no-capitalislllo y las ~lirerenles culturas se conviertan igualmente cil centros de :lI1:í1isis y estralerias para la ílccióll. Tal simetría requiere una pnralc1a entre las <lbstraccioncs modernas y la vida cotidiana. y las consideraciones de conlext(l. historia y cslrUl,:tura. En última instancia, sin cmhargo. la imaginaci(l11 y la realizacilin de órdellC's significativamente diferentes ex.igen "la proyccci¡"1Ilde lugares hada espncios para crear nuevns estructuras de poder. .. dc manera de incorpofjJr los lugares a su propia constitución" (Dirlik 1997: 39). También exige la Iihcracilín de .imaginarios 1I0-cllpilnlistas para que formen parte de, 1:1constiltlcitlll de Cl:onomías y estructuras económicas, y defendcr las culturas locales frellle a la normalizaciilll por cn!lur:ls dominantes p<lTaque puedan convertirsc en fuerzas polflicas y de vida ef('divas. Para que esto suceda, los lugares dchen "proycctílfSC hacia t'spaeio .••que son actualmente del dominio del capit:.ll y la Illodernidad" (l)irlik 1997: 40). Algunos movimicntos sociales es~ tán apuntando ~n ese sentido' con su redefinicitln de la rclaci<ln enlre la naturnleza y la sociedad, lo cultural y lo polflku. Está claro que los lugares están siendo progresivamellle sometidos a las ope. raciones del capital global, más alÍn en 1:1era e1e1ncoliheralisl1lo y la degradación del Estado-nación. Sin embargo. esto sólo le otorgtl más urgencia a la cucslicín de las regiones y las localidades. Redes tales corno las tic Ins ¡nd(genn .••.los arnbicntalistas, las ONG y otros movimientos socinlcs se están haciendo T11~S numerosas y de mayor influencia a niveles locales. nacionales y transnacionales. Muchas de eslas redes puedcn ser vi!'ta~ como prmlllcloras ~e identidades bas<H.I:1s-en-el-lu-

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También se pueden considerar como produca aquéllas del capital, los medios y la cultura tanto locales como globales, pero no son glo(Dirlik 1997). Es ~mportante considerar aqué~ lIas que promulguen una política cultural en defensa del lugar y la naturaleza. Eslas glocalidades podrían propiciar reorganizaciones visibles del lugar desde abajo y la reconquista del espacio desde ti mismo lugar de su arraigo. La creación de mundos regionales -regiones completas, t.des como ecosistemas )lmliculares o localidades inlt:rconc:¡,;tadas- se estn conviniendo en un proceso cada vez nuís sobresaliente y disputado con la crecienle globalización. AClOres emergentes, prácticas e identidades contigurun el proceso de la creación de mundos sociocultllnt~ les y sociona(urales. Y aun4ue las redes de la creación de mundos socioculturales y socionaturales están más y más lltlldas a las redes de la economía y las (ecnaciendas (Castells 1996), los aclores basados-en-el.lugar son cada día más capaces para negociar todo el proceso de la construcción del mundo~J. Se debe hacer énfasis en el hecho que esto no implica de ninguna mllnera reificar los lugares. las culturas locales y las formas de no-capitalismo como entes "intocados" o fuera de la historia. Darle atención al lugar y a las cuhuras locales es desestabilizar "los espacios más seguros de poder y diferencia, demarcados por perspeclivas geopolíticas o de la economía polÍlka" (Jacobs 1996: 15). lacohs añade, "'a dicotomía de lo aUlénticamellle 10c••1 y lo global que IOdo se lo apropia tiene su peculiar nostalgia problemática. En el mejor de los c•• sos, la calegoría residual de lo local ofrece una esperanza de resistencia. En el peor de los casos, lo local es visto como sucumbiendo a lo global, un espacio comprometido de negociaciÓn" (p. 36). Hablar de activar lugares. naturalezas y conocimientos locales en contra de las tendencias imperiales del espacio. el capit ••lismo y la modernidad no es una operación dells ex machil/a, sino una m ••nera de ir más allá del redismo crónico fomentado por modos establecidos del análisis. Sin duda, los lugares y las localidades entran en la política de la mercantilización de bienes y la masificación cultural, pero el conocimiento del lugar y la identidad pueden COIltribuir a producir diferellles significados -de economía, naturaleza y de ellos mismos- dentro de las condiciones del capitalismo y la modernidad que lo rodean. Las esferas ecológicas públicas alternativas pueden abrirse de eSla manera en contra de las ecologías imperialistas de la naturaleza y la identidad de la modernidad capitalista. Finalmente, es en esta intersección de los modelos de la nalurale~!, basadosen-el-lugar y la economía, por un lado, y la teorización de racionalidades productivas. por el aIro. donde podremos encontrar un marco de referencia más amplio en el cual situar los debates sobre la sustentabilidad cultural y ecológica. Este
23. AnuJiw CUI!cieno dl:UlIlc:la polluclI di: IIISredc •• cn e~pecilll uqu~lIi1S fucfliwdu5 por el Inec:rnclen ono lr~b¡¡jll ClIYO foco ~OllI~s rede, de lIIojere~ )' hu rcdc:s ccolÓgicu.s(EscoblU"J 9991,

marco de referencia más amplio necesita maneras nuevas de pensar acerca de las intersecciones globales/locales, tales como aquéllas aportadas por las teorías de lugar; visiones alternativas del conocimiento e innovaciones locales y su relación al conocimiento fonnal, global; una reinterpretación de las afinnaciones políticas de los movimientos sociales en términos de la defensa de los modelos locales de la naturaleza y los territorios biológicos con productividades culturales-biológicas específicas (Varesse 1996; Leff 1995a); y nociones de formas de gobierno de base, suslcnti.ldas-cn-c1.ecosislcma, basadas en etnicidades ecológicas. la protec. ci6n a las comunidades de ciertos aspectos del mercado y una revitalización simultánea de la ecología y la democracia (Parajuli 1997),

V. Conclusión
¿Cuáles redefiniciones de significado y prácticas de la economía, la naturaleza y las relaciones sociales son necesarias para adelantar un proyecto que permita imaginarse las alternativas al desarrollo y a las prácticas ecológicas no sustentables y desiguules? ¿Qué tipo de investignción y cuáles prácticas políticas lIe~ vadas a cabo por intelectuales. movimientos sociales y comunidades se requieren para otorgarle fuerza social a este proyecto? Ln antropóloga de Malasia, Wazir Jahan Karim se expresó sin rodeos en un trabajo inspirado sobre la antropología, el desarrollo y la globalización. La antropología necesita ocuparse de proyectos de transformación social, no sea que nos convirtamos en. como lo afirma ella aprapiadnmente, "disociados simbólicamente de los pr()cesos locales de la reconstrucción y de la invención" (1996: 24). Ahora podemos darnos cuenta que esta disociación está vinculada a la traducción de lugar en espacio, de las economías locales a los lenguajes no reformados de economía política y la globalización. de modelos 10c~les de la naturaleza en dicotomías naturalezalcuitura. Karim ofrece una nlternativa :lo este tipo de traducción semejante a lo que hemos expuesto aquí. Para ella. "el futuro del conocimiento local depende contextualmente de su poten. cial globalizante para generar nuevas fuentes de conocimiento desde adentro" (p. 128), Y los antropólogos tienen un papel que jugar en este proceso que también exige de nosotros "un concepto diferenciado de quién es quién en lo global y lo local" porque "se hace importante la elección de cuáles definiciones uno usa" (p. I3S). De lo contrario. la antropología seguirá siendo una conversación básicamente irrelevanle y provinciana entre académicos en el lenguaje de la teoría so. cial. Afirmar que la elección de las definiciones que uno usa de lo global, el lugar, la naturaleza. la cultura y la economía. es ciertamente crucial, es el argumento principal de este trabajo y de alguna literatura en la que se basa. La crítica del privilegio del espacio sobre el lugar, del capitalismo sobre el no-capitalismo. de las cultlJ.ras globales y las natllf<llezas sobre las locales. es unu críticn de nuestra COI11. 137

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prensión del mundo tanto como de las teorías sociales en las que nos npoy::unos para obtener dicha comprensión. Esta crCtica también es un intento de alinear la leoría social con los puntos de vista del mundo y. de las estrategias políticas de aquéllos que existen del lado d~llugar. el no~capitalismo y el conocimiento local. un esfuerzo en el que los antropólogos y los eeólogos están usualmente comprometidos. Si es cierto que las fonnas del posdesarrollo. del no-capitalismo y de alter-naturaleza están bajo construcción constantemente, existe una esperanza de que podrfan llegar a constituir nuevas bases para la existencia Y rcarticulaciones significativas de subjetividad Y alteridad en sus dimensiones eCOl1()lt1icas.culturales y ecológicas. En muchas partes del mundo. estamos siendo testigos de movimientos históricos inauditos de la vida económica. cultural y biohlgica. Es necesario pensar acerca de las transformaciones económicas que podrían convertir, dicho movimiento en un viraje esperanzador de los hechos en la historia socia.1 de las culturas. las economías y las ecologías. En ü1tip13 instancia -sugerid" ,,1 menos por la imaginaci6n utópica
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El lugar d,ta na",ralezn .n,uraleza

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