C.

\üüRIGHT

MILIS, M. FOUCAULT,

M. POLLAK, H. MARCUSE,J. HABERMAS, N. ELIAS, P. BOURDIEU, E. GOFFMAN, B. BERNSTEIN y R. CASTEL

MATERIALES DE SOCIOLOGIA CRITICA
Edición y Preserttación Fernando Alvarez-Uría y Julia Varela

DEPORTE

Y VIOLENCIA

Norbert Elias

Un gran número de deportes que se practican en la actualidad de un modo casi idéntico en todo el mundo
proceden de Inglaterra. Desde este país se han difundido a ótras naciones principalmente durante la segunda mitad del siglo XIX y la primera mitad del XX: entre ellos están las caireras de caballos, la lucha libre, el boxeo, el tenis, la caza del zorro, el remo, el croquet y el atletismo' Sin embargo, ninguno de estos deportes ha conocido la amplia y rápida difusión que conoció el fútbol, deporte que fue adoptado y asimilado por los distintos Peíses y que ha gozado de una popularidad muy superior al resto de los deportes (el fútbol és conocido en Inglaterra con el nombre de <<Association

abreviada expresión popular de <<soccen>)r. El hecho de que los <<sports>>, es decir, esas formas particulares de pasatiempo inglesas, posean determinados caracteres distintivos comunes que permiten designarlos mediante un término genérico, ha llamado más

football>

o, según la

I No es posible a¡alizar ahora las razones por las cuales el fútbol inglés de tipó usoccero ha sido obfeto de una difusión y de una adaptacón prácticamente mundial, mientras que la difusión del tipo (ruggen ha sido mucho más limitada. Me parece, sin embargo, útil señalar que problemas como éste pueden proporcionar uo gran número de indicaciones y servir de prueba a aspectos concretos de ur¡a teoría sociológica del deporte.
r45

t46

Norbert Elias

Deporte y aiolencia DasatiemDo <<mundano>

r4l

la atención en el exrranjero que en la propia Inglaterra2; el término inglés <<sporr)> ha sido ampliamente adoptado por el resto de los países. Tanto la cronología del proceso de difusión y de adopción como el propio término sport indican de forma significativa el carácter extranjero que adopta en los otros países. Así en Alemania, en 1810, un escritor aristócrata y anglófilo llegó incluso a afirmar que el término <<sporr>> era tan intraducible como el de <<gentleman>> t. En 1844 otro alemán decía del término: <<...no disponemos de una palabra para expresar esa realidad y nos vemos prácticamente obligados a introducir ese anglicismo en nuestro lenguaje> a. La difusión del término inglés en tanto que expresión con sentido para los alemanes se desarrolló lentamente hasta los años 18J0 y aceleró su ritmo al compás de los progresos de la propia actividad deportiva; finalmente en el siglo XX se convierre en un rérmino totalmente alemánt. Como muestran numerosos indicadores6, el tipo de
2 <Es sabido que Inglaterra fue la cuna y la madre espiritual del deporte... Según parece los rérminos técnicos ingleses que se refieren a este campo podrían convertirse en algo común a rodas las naciones lo mismo que sucede con los términos récnicos italianos relativos a la música.> A. B. Srrv¡r.¡, Englandt Einflats auf'den deut¡chen tVortschatz, Marburg, Zeulenroda, 1916, p. 72. t Pnrxce Purcxr.rn-Musxr,u,Izttret d.'un défunt, (Briefe einet Ver¡torbenen, Stuttgart, 1836), carta del 9 de c¡cubre de 18I0. { J. G. Konr-, cirado en F. Kr-ur;r, EtTrnologiscbe¡ lVorterbucb der deut¡cben Sprache, 17 ed., Berlín, de Gruyter, 1917, artículo sobre el deporte. I En F¡ancia, el Larou¡¡e d.el úglo XIX indicaba: <Sport, s. m. (sport palabra inglesa formada del vieio francés desport, placer, divertimeÁto)o. Según este diccionario, semejantes términos (esrropean la lengua, pero no existe una aduana en la frontera para prohibirlos>. (P. Lanoussr,Graz diccionario aniuer¡al del riglo XIX, París, 1875, T. 14, p. 1.031). Fueron

o aristocrático que designaba funiu-.rr,ul-ente el término <<sport>> en la Inglaterra de la Drimera mitad del siglo XD( se extendió a otros Países á" donde fue adoptado por las élites nacionales antes de que práiticas más Populares, como el iú,bol, adquiriesen las características de un <<deporte> y fuisen percibidas como tales en Inglaterra PAr.a i*t.nd.ir. luego al extraniero como Pasatiempos Para la clase obrera Y la clase media. No deja de ser significativo' tanto Para nuestra comprensión éo-o p"t" lá comprensión.de la evolución de las sociedades euroPeas y Parael desarrollo del propio.dePorte, que las carrera; de caballos, el boxeo, la caza del zorro y otros pusatiemPos del mismo tipo hay-an sido los Primeros

<<spor;> que s¿ difundieron y que la difusión de los juegos de pelota y .r, g.tt..ul de los deportes' en la acepción más *oá.r.r" á. .tó término, no haya comenzado más que a partir de la segunda mitad del siglo XtrX' La transforma-

'.iór,

fútbol-de un juego PoPular inglés con múltiples variantes ha estado caracietizada Por una evolución bastante larga tendente a una regulación y a una uniformación cada* vez mayores que desernbocó hacia 1863 en una codificación de carácter más o menos nacionalT' A medida que este iuego se extendía, el término de

.tt

<<footbalb>, asóciado en la mayor parte de los casos-, Pero no siempre, al tipo inglés de fútbol (soccer), se introducía, con
1833. Tanto en Alemania como en Francia se adaptaron términos ingleses ,elatitos a deportes de tipo aristocrático desde el siglo XVIII'

--- 7 El primer .üU ¿. fútboi

alemán que utilizó las reglas inglesas. fue fundado en Hamburgo en 1878. En los Países Baios, el primer club se fu"a¿ .n 1879-1880 ien Italia hacia 1878. En 1892 se juega en París,.baio

-

también importados de Inglaterra en el caso de Francia, tanro los términos como prácticas siguientes: <turf>, <jockeyr, .stteplechaser,
<match>, <sveepstake> y <boxe>. 6 Ya eo la época de Luis XVI las carreras de caballos y las apuestas estaban reglamentadas siguiendo el modelo inglés. Esta moda desaparece durante la Revolución, pero reaparece con la formación de una clase superior más o menos aristocrática. Un jockey-club se funda en París en

ios aurpicios del embaiador inglés Lord D'fferin, el primer.match de un equipó francéi(el Stade Francais) y un equipo.inglés f,¡i¡ol "nrte Park) (es irobable que se disprtase siguiendo las reglas del (nor.lytt orucbyr- en vlz de las del <soccer>), Federaciones de *.unn.-

-o uno de los'ínáicadores del crecimienco de los clubs, se fundaron en en Alemania en 1900, y en Portugal en 1906. En los Países 1893, suiza en
fttffil,
n"¡o',po'ejemplo,entrelg00-lg0l,existenveinticincoclubsdefútbol'
A iur,i, ¿e iSqé, el fútbol figurará regularmente, salvo algunas interrupciones, en los Jueg<.rs OlímPicos.

=--r48 Norbert Elias De\orte

! uiolencia

149

frecuencia tras modificaciones apropiadas, en otras lenguas. En Francia conservó su forma original. En Alemania se transformó sin gran dificultad en <fussball>. En España se convirtió en fútbol con derivados tan significativos como
<<futbolero>>

de los PasatiemPos rencia esta nueva forma de pasatiempo
tradicionales? -^-

y

<futbolista)); en Portugal se convirtió en

inglesa de juego (soccer), cambió de sentido al mismo tiempo que el juego cambiaba de forma; por el influjo de una variante canadiense del fútbol <rugby> o (<rugger)>, rival inglés del <<soccer>, algunas grandes universidades americanas se distanciaron de las reglas de este último. El término de <football> permanecerá asociado a esta diferente manera de jugar que evolucionó progresivamente hasta identificarse con las reglas propias de los Estados Unidos. La variante <Football Association)) es pura y simplemente
conocida con el nombre de <<soccer>> (a la inversa de lo que ocurre en los países de América Latína en donde el uso de <fútbol> y de <fútebol> se mantiehe en lugar de <<soccer>>).

<furebol>; en los Países Bajos en <<voeball>. En los Estados Unidos el término inglés, asociado durante un tiempo

a la forma

Especificidad del deporte moderno
Se podrían proporcionar numerosos ejemplos acerca de esta difusión del deporte y de los términos a él asociados. Como primera aproximación, estas breves indicaciones son suficientes para delimitar el problema: ¿cómo explicar que una forma inglesa de pasatiempo denominada <<sporo haya podido servir de modelo principalmente durante los siglos XIX y XX, al empleo del tiempo libre a escala mundial? Entretenimientos de este tipo responden evidentemente a específicas necesidades de ocio que surgen en numerosos países durante este período. ¿Por qué aparecen en primer

cúmulá de cuestiones sL asientan en una puraa. evidente que las sociedades contemporáneas no son en er ni las primeras ni las únicas qu9 h.1n encontrado Placer otros y en ;;;;¿. ;No se iugaba al <football> en Ingla'-'rra de .uiop.o, durante la Edad Media? ¿Las cortesanas entrese no. y "^?t"t i"ir XIV ,,o te.rían sus campos de tenis sobre todo a ;;;i"" con los iuegos de peloü? Recordemos á" iu ittigtiedad, grandes pioneros del <<atleio,.';;j.g"; "y de otros udépc'rtesu:.¿No organízaban .^.F'un ;i;;", de competición y escala, como nosotros, juegos lócales ¿Ei renacimiento de los Juegos ñ;ñ L"it. Btrudosi no es bti"-pico, no es pruebu súfici"tttt de que el <deporte>. de tipo el si saber para also totalmenre nuevo? sin embargo, Inglaterra en deiarrollaron ;:;;;;;Ápetició" que se <deporñ"t";. tt tryl". xvlll^y XIX y se denominaron renaciel o reciente ;;; ;t ,rn r."n¿-.tto reiutiuamente desapareinexplicablemente ;;;;,; de una vieia práctica si los- juegos de cida, es preciso p..g'utttu"t, a[ .menos' las ."-""ii.i¿. de fa a"ntigüa Grecia poseían realmente deporte' A la consiieramos r'ov lu! juegos de competición de todo q.t. üttbt" deporte, oalabra ^; 'ü mismo qut al término <<industria>>: se il;, .on fr".ue,rci" ¿t u" modo abusivo' en un sentido .-ñf*" "-.'"*" En sentido amplio' amplio y en un t."ii¿o estricto alavez' tanto a las ;;;;;á, "t iguut que el término <<industria>>' eipecíficas de las sociedades tribales pre-esta-

quq 9:t" ¡ pti-era vista se podría muy bien imaginar falsa suposición'

;;;i;il;r-á.lo

o ".iitiá.¿"t u I'us de ias sociedades estatales preindustriale.s ;;i;;;.;;; 'i.t -nt,"¿os término el utiliza Cuando se

lugar en Inglaterra? ¿Cuáles son las características de la estructura y del desarrollo de la sociedad inglesa que permiten explicar el desarrollo de estas actividades de ocio dotadas de propiedades particulares denominadas (sport>>? ¿Cuáles son esas propiedades? ¿En qué se dife-

estricto: " uirrárrr,riu, no se ignora, sin embargo' su sentido los side ;-;;b. que el piot"to de industrialización de gL, iix'y xx És ""evo y que los modos específicos período en este oroducción y de trÁafo q"t

industriales'

:;il;f

'"'desarrollaron presenran estructuras únicas i"-"i"¿ustria>> con una consloue se pueden determinar sociológicamente modos de otros de il;fi.;,-"litio" fáltti"guir clarinente los a también iuegos reenvía rii¿'-i"o oSo't"

rl

;;;;;ió;.

1t0

Norbert Elias

-

Deporte

y

uiolencia

1tl

poránea.

de competición y a ros ejercicios físicos de múrtipres . por una.parre y, por orra, ;i ;,p";;r;;.","i:: juegos de comoetición que';*ñ; con ese nombre en Inglaterra. Sobie esre proceso _-que podría denominarse Ia <sportificacióru> de .los ;u.gor'1"'competición, si no sonase tan rnal_ con rra r .,, ru .nor,lli?l':+:,ü::Tj"il'.: l,::,fff organización de las actividades ¿. á.iá denominu¿ár;;;: porres> rendencias tan específicas como aquellas q;. ;;_ racterizan la estructura y.lZ organizución ¿.] iir¡"il .r-.1 proceso de industrializaciín. Fs fácil interpretar mal este tipo de planteamiento. Si se parte de la concepción jeráriuica áe h, ;;l*i;;;; exisrenres enrre rrabajo y ocio á.ruui_.rrr. dominante (en la que se considera como superior el valor a.l ,r"Uu¡oi,'r. puede llegar fácilmenre a suponer que toda ,r"r,rioráíJii., de las acrividades de.ociq a.i ,., Oe competición que I ;"Éó, han tenido lugar en los dós úlrimJs r?g1", lr"llid;..;#;; de la indust riarizació.n- La búsquJa J.'rá".ion"s causares de este tipo ciega el debate d. qu..*. se abra, mientras "n,., que se podría, oor ejemplo, partir de la hipótesis';; ;;;;; indust¡iatización y ú ,r;iJ;".¡¿, ." ;ó;ü ü.H;: actividades de ocio son evolucio".r-p"..iuf.s e dientes en el inrerior de una ,ru"rror'_".'iiJ:: inrerdeoenIas recientes sociedades .r,",u1.r. Sáo'p".a. esperarse una clarificación de este problema ,i ,. iL¡" de conferir el esraturo de <causas> a ios cambio, o.urridó, ." l"*"_p"ü en las esferas de las actividades qr.-o*p"" una posición dominante en la escala a. urúr.l ¿."ü sociedad
sociedades

f :,.il

religiosas de la Edad Media estaban frecuentemente acompañadas por juegos de pelota bastante violentos entre ciudades o corporaciones rivales. Prefiguran los grandes deportes-espectáculo del siglo XX: fútbol, beisbol, tenis, fútbol americano, etc. Con la revolución industrial de mediados del siglo XVIII y Ia introducción posterior de los deportes entre las actividades regulares fuera de las horas de estudio en las Public Schools por Thomas Arnold (hacia 1830) se produce un impulso que conduce al gran desarrollo del deporte durante la década victoriana en Inglaterra. El restablecimiento de los Juegos Olímpicos en Atenas en 1896 corona el renacimiento atlético del siglo XIX. A comienzos del siglo XX el interés por los deportes cómpetitivos
alcanza una nueva cima, y pese a las dos guerras mundiales y

a orros
ciendo>.

numerosos conflictos, este interés continúa cre-

ilil:Tá:

contem_

. El resumen siguiente, tomado del artículo sobre atle_ tismo de la más reciente edición de la Encictopedia Britá_ nica puede consider

cró,,co.*enil;ü:i';,#i.H:-;i.,-jl:::;[¿.Jtrt:

menros históricos oue irátan ael los de los "tletis*o son Juegos otímpicos (éoo a. _i-rrp;i,"ilr, t por orden del Sjemperador

de Roma

Teodoro en el año i94.'Li-i,¡storia mo resulta muv desvaíd1_e1el período q". u, d.sd.l"

del;;il;:
c^íd-,

.n

a ,igro-r h;;á";iffi'xx.

Las fiestas

Como puede comprobarse, este resumen expone un determinado número de hechos concretos y ocasionalmente hace alusión a una explicación: el fomento del deporte gracias a la iniciativa de Thomas Arnold. Pero no sirve demasiado parc aclanr los numerosos problemas no resueltos que permanecen subyacentes. ¿Cómo explicar, por ejemplo, la <<brutalidad> de los juegos que se celebraban durante las fiestas religiosas de la Edad Media si se considera que los de las fiestas religiosas de la Antigüedad, en Olimpo y otros lugares, eran menos brutales y, en consecuencia más próximos a los de los siglos XIX y XX? ¿Cómo probar que estos últimos eran menos brutales, determinando con un grado de precisión suficiente las variaciones de la <<brutalidad>? ¿Cómo explicar <el gran desarrollo del deporte>, la <<renovación atlética> del siglo XIX? La diferencia entre los juegos de competición en boga antes del siglo XVIII (piénsese en los torneos y en los innumerables juegos populares de la Edad Media que nunca desaparecieron y fue imposible prohibir) y aquellos otros que aparecieron en la época de la <<revolución industrial> ¿consiste solamente en un mayor o menor grado de brutalidad? ¿El movimiento <<deportivo> de los siglos XIX y XX es un <<renacimiento>>, un inexplicable. <<resurgimiento>> de algo que existía en la

152

Norbe¡'t Elias

DePorte Y

aiolencia

I53

Antigüedad que, desaparecido durante la Edad Media, reaparece en nuestra época por razones desconocidas? ¿Los

prohibir que los adversarios se inflinian mutuamente heridas graves para placer del público? O más bien la tendencia a presenrar el movimiento deportivo moderno
como heredero de la Antigüedad ¿no es más que una de esas leyendas ideológicas que sirven para reforzar la unidad de un movimiento lleno de tensiones y de conflictos y realzar así su atractivo y su prestigio? Un estudio específico de las

juegos de competición de la Antigüedad manifiestan, como los actuales, una sensibilidad relativamente elevada, al

condiciones concretas que expliquen la génesis y las transformaciones del movimiento deportivo contemporáneo mostraría, sin duda, que los juegos de competición de carácter deportivo, del mismo modo que los Estados industriales en los que se inscriben, ofrecen determinadas características específicas.

El grado de violencia legítima
Profundizando un poco más, se puede comprobar fácilmente que los juegos de competición de la Antigüedad clásica, que suelen presentarse como el paradigma de los deportes, se diferencian notablemente de nuesrras competiciones deportivas y se han desarrollado en condiciones muy diferentes. Aunque la mayor parte de los textos modernos tienden a minimizar las diferencias y a subrayar las semeianzas, imponiéndonos así una visióri deformada de nuestra sociedad, de la sociedad griega y de lo que las une, el ethos de los participantes, los criterios rnediante los que eran

juzgados, las reglas de las competiciones y los propios resultados son muy diferentes. En la medida en que renemos tendencia a considerar lqs competiciones de la Antigüedad como la encarnación del ideal deportivo contemporáneo y sobre todo en la medida en que esperamos ver confirmada esta hipótesis en los textos antiguos, tendemos a descuidar los datos que la contradicen o a tratarlos sistemáticamente como casos excepcionales. Bastará subrayar un rasgo que

entre ilustra especialmente bien las diferencias de estructura de y los clásica la Antigüedad de los iuegos de competición atléticos i;; ;;;ilxix v xx. Las reglas de lós.encuentros áurñu, tales cbmo el boxeJo la lucha libre' toleraban en la más elevado A;üü;il on ltuao de violencia física mucho y o,r" ?l admitidá por las reglas mucho más detalladas contempoiiferenciadas de Iós correspondientes deportes costumbres ráneos. Y, por otra Parte, éstas últimas. no 'son críticas ri""-t.gf"t^ escritas, sometidas. explícitamente a hecho un razonadas y u aorr...iones' Leios áe.constituir juegos de.la de los física Jrl"á;, áuyo, grado de violeácia "i de organización específicas ;;tgü.á;J ,É.nuj" a las formas ¿. iíto.i"¿ad' griega y, en concreó, al.nivel de desarrollo or,ganízación ;áq;;6 po, lJquá uctuulmente denominados física violencia la de u.i.o*o por la monopolización estltal, -i-m|lú la de control un y. U.u ,not'opoiitución ü comparalos si y estables fuertes .iiolenciu relativamente griegas ;;; .;" los existentes en las Ciudades-Estados la violende control-institucional y el 1""¿. .L monopolio que la podría Se Pensar rudimentarios' ;; Jrti* eran' ior-u.ión del Estado, la formación áe la conciencia moral' el um.bral de ;i ;;. el nivel de violencia física admisible ycon ella son ,apugrr"ttai" para emplearla o enfrentarse los según diferentes y mantienén relaciones específicas sociedades; es Jii"t..,.t Lstadios de desarrollo de las estas sorpr.nd.rrte constatar hasta qué .Punto se cumplen -99t1: lip?i.tit en el caso de la Greciá clásica siguiendo:l la teoría de los procesos de civilización8' por ;;;;;;i.;"do El sentimiento según el cual él valor humano de una que el nivel de sociedad disminuye iuando se admite y que el sentielevado ,i.iá".i" física toierado en ella es los que las en ;i;;,; de repulsión hacia espectáculos que el menor es sí' entre o se mataban ;;;;;"t-;. hÉrían para comPrenobstáculo nuestro, suPone un importante. uno de cuyos il; i;t dife'rencias del iesarrollo histórico' los iuegos de entre la comparación ;t.ñl.t it constituye
E

N.

ELf^s, tJber den Prozess der Ziuilisatiott'

1976 (1.^ ed., Bale,

1939\.

154

Norben Elia.r

Deporte y uiolencia

ltt

constituyen algunos iniicadores de lus ief.rrs;r;; las proteccrones que nos proporciona la inreriorización de esos criterios. No obstante-, en períodos como los

ciones aparenremente irreiolutles como Ia anterior. Al haber sido educados en conformidad con lu organizu,ci!Á social y en el control específico de los i.r.truñ.,.rr,o" á. violencia característicos de los nrruJár-irraurrriul.r-ul,*t.J de autocontrol.., io I-rt:g:.^"3._*ls,particulares ñ ;; rer¡ere a las pulsiones violentas, aplicamo, uuto_áticu_ mente estos criterios para. juzgar las transgresiones, ya se produzcan en nu..trJ sociédaá o ," huy"r, producido en otras situadas en otros estadios de desairolló. Una ,..,ri_ bilidad acenruada respeco a actos de violencia, sentimien_ tos.de repugnancia a especráculos que superan el nivel de violencia rolerada en lá vida cotiáianu, sentimientos de culpabilidad respecro a las propia, ¡nirrccio.r.r, u_"tu .o.rciencia>

competición antiguos y contemporáneos. En el caso de la Lrrecra ctáslca parece difícil poder conciliar el alto valor numano que tradicionalmente se confiere a sus realizacio_ nes en el- campo de la filosofía,las ciencias, t", poesía y la <barbarig>. "r,..1-tu lu9 para nosorros supone su débil repulsión hacia las violencias físicas. Es precisamente la in_ correca comprensión del proceso de civi-lización, la ,.ná..,cia dominante a emplear términos tales como <<civilizado> v lizado>", expresión de juicios de uuloi .r;;;;;;i :r¡o-:llf y detrnitivos, aDsoluros lo que puede conducir a contradic_

desdoblamiento de la moral y una escisión de Ia conciencia contemporánea. Contradicciones de este tipo pueden observarse también en otros estadios del desarrollo de las sociedades; en el estadio tribal el control de la violencia es casi siempre más fuerte en el interior de los grupos sociales que entre los grupos, a diferencia de Io que ocurría en las SociedadesEstados griegas en donde la diferencia entre estos dos niveles era relativamente escasa si la comparamos con hoy. Numerosos indicios sugieren que la disparidad existente entre, por una parte, el nivel de seguridad física, de control social e individual de las pulsiones violentas y de la conciencia adquirida hoy en los Estados I, por otra, el nivel

un

las exigencias a que se ven sometidos dado que no existe una monopolización efectiva y un control de la violencia física en las relaciones entre los diferentes Estados. De aquí se deriva

de seguridad física y de regulación social de los sentimientos

en ros asuntos internacionales esras defensas interiáiizadu, .o.r,iu-i", pulsiones violentas siguen siendo inevitablem..r,. in"riu_ bles y frágiles. Están ónti.ruu-..r,.rometidas pr.riorr., sociales contradictorias: por una parre las que " fuuór.án-u'

los que existe una violenciu

pat-**e

actuales en

segurldact tislca, aunque no psicológica, del que disfruran

l- p., orra, las que .r. .trrrrJl e incluso incitan a Ia violencia en las relacion., .rr,r. Jif.r.n,., Er;;á;;. l,"t pliT.ju: explican el nivel relativamente alto de
favorecen.el debilitamie'to á"
específica,

interior de una nación

alto grado de aurocontról en las'relaciones humanas en el

a*ualmente los ciudádarro,

neos; estas defensas entran constantemente en conflicó con

d.

los"Esiados

;."r;p;;:

dispuesto a pensar que el nivel de seguridad física en tiempos normales es mayor en los Estados industriales que en otras sociedades menos <<desarrolladas>>. En el estadio actual del desarrollo social los conflictos violentos entre Estados siguen siendo incontrolables para los que están implicados en ellos; debido a esto las normas del comportamiento civilizado son relativamente débiles y la interiorización de los tabús sociales relativos a la violencia física, la formación de la consciencia, son momentáneos y poco sólidos. Y si bien los conflictos y las tensiones en el interior de los Estados industriales han llegado a ser, salvo excepciones, menos violentos y en cierto modo más fáciles de controlar esto se debe al resultado de un desarrollo no planificado y no al mérito de las generaciones actuales incluso si éstas tienen tendencia a considerarlo positivo y a juzgar a las generaciones pasadas, cuyo umbral de repulsión hacia la violencia física era más alto (por ejemplo, en las relaciones entre dirigentes y dirigidos), como si el decrecimiento de su propio umbral de repulsión fuese una

actos de violencia entre los Estados es actualmente mayor que nunca. La inseguridad entre los Estados no ha decrecido aunque haya quien esté

por intermitencia- de los

-y

rr6
conquisra personal.

Norbert Elia.r

Deporte y aiolencia

r57

El nivel de violencia física observado en los juegos de competición del pasa.do es con frecuencia juzgadáldil; esros crirerios. Ha.bitualmente no distinluñ.; ;;'l;; transgresiones a las reglas de control d. h ;;i;";;; vrgentes en nuesrra sociedad y los actos en apariencia semejantes que han tenido lugár en otras sociedades con otras norrnr: y nivel de violencia tolerado. Nuestro 9r.r" reflero emocional inmediato nos conduce con frecuencia a tienen .rir.r¿. Jif"renres de control y lyg1::1.^duj¡r,su" oe repulston de la violencia como si sus miembros tuuie,_ sen la posibilidad. de elegir ..,rr, criterios y los nuesrros y se decidiesen por la <<mala>> "*o, solución. i en experimentamos en relación a ellos la misma ¡_o-nsecq;ncia rmpreslon de superioridad moral que sentimo, propia sociedad respecto a criminales cuya "n "uarrru condu*a nos parece <<no civilizado o <bárbara>r. Consiáeramos ,"-"a-f,.: sión a normas sociales que autorizul forrnu, de violencia condenadas en nuestras sociedades como un defecto de carácter, como un signo de su infer-iori¿u¿ hu_un^. fn X"T.il no nos pregunramos, y en consecuencia desconoce_ mos, tos cambros que afectan al nivel de control de ia violencia, las normás sociales qu" tu ,.gutu, o los senti_ mientos asociados a ella, y dlr.orro.J-o, también las razones de dichos cambios.
Los juegos de Olimpia y el
Los

de 1967 la estrangulación o la semiestrangulación y, en determinadas circunstancias, la doble-nelson figuran entre los apresamientos descalificables en la lucha libre; los puñetazos, las patadas y los cabezazos están prohibidos. Los enfrentamientos, que no deben superar los nueve minutos, están divididos en tres períodos de tres minutos cada uno,
con dos pausas de un minuto y son controlados por un árbitro, tres jueces y un cronometrador. Pese a esta reglamenración tan restrictiva la lucha libre es percibida en la actualidad por mucha gente como uno de los deportes menos refinados y más <brutales>>. Lo practican profesionales como deporte-espectáculo y existe una versión ligeramente más ruda, si bien medio trucada que es todavía manifiesramente popular. De todas formas los luchadores casi nunca se producen heridas graves; el público, según todos los indicios no aceptaría ni las fracturas óseas ni los charcos de sangre; pero si en algún momento los luchadores dan la impresión viva de hacerse daño esos simulacros son muy

<<ethos¡>

de la guerra

cuya sede escá en Suiza, está

en estadios diferentes de desárrollo,o., ,óüun ñ;.;;ñ; problema mucho más pongamos y fu"a"*."tal. .amplio como ejemplo la lucha libré tal éo-o ,. practica h"iT ,;l; ::To.r. drngido ¡r3c¡icó en la Antigüedad. En la actuatidaá está oePorte, por una Federación internacional de

niveles habituales de violencia empleados y autori_ zados en los juegos de competi.i¿" .n lo.iedades situadas

aplaudidos por los espectadores e. El pancracio, una especie de combate gimnico, era una de las competiciones más populares de los juegos olímpicos anriguos. El nivel de violencia legítima autorizado en este combate era muy diferente del admitido en la lucha libre contemporánea. Así, Leontiskos de Mesena que conquista por dos veces la corona olímpica en la primera mitad del siglo V (a.C.), obtuvo sus victorias no derribando a sus adversarios, sino rompiéndoles los dedos. Arrachion de Figalia, dos veces vencedor olímpico en el pancracio, fue estrangulado en el año 564 cuando intentaba obtener la corona olímpica por tercera vez; pero como había logrado, antes de morir, romper los dedos de los pies de su adversario que se vio obligado a abandonar a causa del dolor, los jueces coronaron su cadáver; sus compatriotas le erigieron
s Véase G. P. SroNr, <American Sports: Paly and Display> y <Wrestling: The Great American Passion Play>, reeditados en Eric Dul.rNIH<;
(ed.),The Sociology ol Sport, Londres, Frank Cass and Co, l97l donde se aaaliza de forma estimulante y original la lucha moderna profesional como un género de farsa.

reglamentado. Siguiendo

"t

regtum.rto

minucioru-..rr" organizado -.ll''pili

lucha

á;-;;;á

y

lt8

Norbert Eliat

Deporte y aiolencia

combatientes luchaban con los dientes y las uñas, se mordían y se arrancaban los ojos>> ll. reglas del pancracio, tradicionales, no escritas, poco diferenciadas, eran probablemente aplicadas .o, 'po.o rigor; existía un juez, pero no existíJ un cronometrudor ni límite de tiempo: el combate duraba hasta que uno de los contendientes abandonaba. y si bien la tradición prohibía, según parece, morder al adversario o arrancarle los ojos, el daño se producía probablemenre anres de que el
r0
1891.

descripción siguiente: <En el pancracio, los co-ntendientes luchaban con todas las partes dél cuerpo, con las manos, los codos, las rodillas, el cuello y Iacabezá: en Esparta empleaban también los pies. Los luchadorer pu.,.-rucios pódían arrancarse los ojos..., podían también derribar u suslduers.arios, apresarlos por los pies, la nariz o las orejas, dislocarles los dedos y hacerles estrangulaciones. Si'un hombre lograba derribar a su adversariolstaba autorizado para sentarse sobre é1, pegarle en la cabeza, en la cara o en las orejas; podía también darle patadas y pisotearlo. No es necesario decir que los contendientes de este combate brutal recibían a veces heridas terribles y no era raro que muriesen. F,l pancracio de los efebos de Esparta era probablemente el más brutal de todos. Pausanias n.rs cuerrta que los

en tanro que deporte y la lucha como <<agón>> en la

más tarde una esrarua en la plazadel mercado de su ciudad 10. Esta parece haber sido una práctica habitual. Si un hombre resultaba muerto durante una competición de las grandes fiestas era sacralizado como uencedor; el superviviánt. ,ro era castigado salvo con la pérdida de la corona -una pérdida muy imporrante-; pero, por lo que se sabe ninguna marca social infamante recaía sobre é1. El luchador de pancracio contaba entre los riesgos que podía correr, con la Tyerle, heridas graves y en ocasiones quedar lisiado de por vida. Se puede medir la diferencia que Lxiste entre la luiha

juez pudiese separar al transgresor enardecido por el furor

del combate.

y muy probablemente las normas de violencia

que fuesen estas variaciones durante la Antigüedad

Los antiguos Juegos Olímpicos duraron más de mil años sufrieron transformaciones durante ese período. Pero cualesquiera

el y las graves a las heridas respecto a umbral de sensibilidad muertes que tenían lugar durante los combates y, en consecuencia, el ethos de la lucha, eran muy diferentes de los que

se refieren a enfrentamientos que hoy denominamos <<deportes>. Consideremos, por eiemplo, el caso del boxeo. Al igual que ocurría con la lucha del pancracio éste estaba mucho menos reglamentado en la Antigüedad y dependía en consecuencia en mayor medida de la fuerza fisica de los adversarios, de su ardor en el combate y de su resistencia. Como no se distinguían diferentes categorías de boxeadores los adversarios no se enfrentaban en función del peso, sino simplemente en función de la edad, es decir jóvenes o adultos. Los boxeadores no peleaban únicamente con los puños: prácticamente en todas las'formas antiguas de boxeo las piernas jugaban un papel ofensivo; las patadas en las tibias del adversario eran algo habitual 12. Se vendaban las manos y la parte superior de los dedos con tiras de cuero sujetas a la muñeca; de este modo se podía golpear con los puños o estirar los dedos y clavar las uñas en el cuerpo y la cara del adversario. Con el tiempo, las flexibles tiras de cuero dieron paso a tiras más duras fabricadas especialmente con piel de toro curtido y sujetas por cintas de cuero 13. espesas o duras en los nudillos y los.relieves de las manos que no ya probablemente equívoco, El término boxeo resulta
12 FtLos,rn¡to, Su la gltmnattique, primera mitad del siglo III, cap. II (ed. y traducción de C. DrnrunEnc, París, F. Didot, 1818). tj Fnosrn¡to cuenta que las tiras de piel de cerdo estaban prohibidas porque se pensaba que las \heridas hechas con ellas eran demasiado ioloiosas; además, según dice, no se debía golpearcon el dedo. Como vemos, las reglas de costumbre de los juegos de competición antiguos también tenían en cuenta a los participantes, Pero tales reglas, conservadas gracias a la tradición oral, no bastaban para impedir las heridas

H. Fo¡nsr¡x, Die

Sieger in den Olympiscben Spielen, Zwinckau,

tr F. Mezor, Ge¡chichte dT.Olympiyhen Spiele, Munich, 1930,pp. 100-101; cirado en L. Dnras, Olympia: God¡, Aiists ood Athirt"r, Láádres, Pall Mall Press, 1968, p. 83.

graves.

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ethos este tipo de combate es diferente del boxeo como deporte. Esto sucede en general con todos los kagón> griegg!, y así por ejemplo, el etbos del pancracio procedía
más directamente del etbos del combate de una ariitocracia guerrera que de los encuenrros deportivos. Es preciso situar el ethos de las competiciones deportivas en la tradición de un país que, de forma más clara que ningún otro país

solamente en la forma, sino también en la finalidad y en el

los tiempos de los ejércitos hop'litas, pero la relación era mucho más estrecha de la que existe hoy en los Estados industriales entre las técnicas deportivas de combate y las
técnicas de los combates militares. Probablemente Filostrato no estaba muy alejado de la verdad cuando afirmaba que en otros tiempos los juegos de competición eran considerados como una preparación para la guerra, y la guerra como un ejercicio destinado a la competición 1ó. El ethos de los juegos de competición de las grandes fiestas griegas era todavía el reflejo del de los heroicos antepasados rePre-

honor característico de los oficiales de los ejércitos de lierra. . .Al igual que las otras formas de enrrenamiento y de lucha que tenían lugar en las Ciudades-Estado griegas, y a diferencia del boxeo inglés de los siglos XVIIi y ÍtX, el <boxeo> griego era considerado no sólo un juego, sino también un enrrenamiento para la guerra. por elÍo Filostrato señala que la técnica del pancracio proporcionó grandes servicios a los. ciudadanos griegos durante la batalla de Maratón que terminó en una bárahunda generalizada, y lo mismo sucedió con los esparranos que combatieron a puñetazos en las Termópilai cuando ius espadas y sus jabalinas se destrozaron rt. En la época en la que escribe Filostrato, bajo el Imperio romano, lás guerras no l1s hacían ejércitos de ciudadanos sino soldados profesionales de las legiones romanas. La diferencia entre la iecnica militar y las estrategias de guerra se había profundizado en relación a la técnica de lucha tradicional áe los juegos de competición. Es comprensible, pues, que el griegolilos_ trato recuerde. la época clásica con una cierta nóstalgia. Con toda seguridad, las técnicas de guerra y las de los jriegos no estaban tan íntimamente ligadas como él afirma, incl-uso en
t4 Cf. N. Er-fas, <Studies in the Genesis of the Naval profession>, Bitisb loamal of Sociology. I (4), diciembre, 19j0.

europeo, organiza de forma original la guerra marítima, y posee una armada de guerra diferente de los ejércitos de tierra 14. Sus grandes propietarios agrícolas, la aristocracia y la-<gentry> poseen un código de comportamiento qu., á diferencia del que adoptan la mayor parie de las otras ilases altas en Europa, no se inspira directámenre en el código del

1i

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i

sentados en la epopeya homérica. En cierto modo esta imagen se perpetuaba de generación en generación para servir de instrumento a la educación de la juventud. En muchos de sus aspectos coincidía con el erho¡ de ostentación que regulaba las rivalidades de estatuto y de poder entre élites nobles de diversas sociedades. Tanto en el juego como en la guerra la práctica del combate estaba centrada en una ostentosa representación de las virtudes guerreras, lo que qonstituía uno de los medios para recibir los más elevados elogios y honores en el interior del grupo, o para proporcionárselos al propio grupo, a los parientes o a la ciudad. Si vencer constituía un motivo de gloria no lo era menos ser vencido, como Héctor lo fue por AquiJes, con tal de que se hubiese luchado con todas las fuerzas hasta quedar lisiado, herido o muerto, es decir, incapacitado para seguir luchando: victoria o derrota dependían de los dioses. Lo infamante y vergonzoso era abandonar la victoria sin una demostración suficiente de bravura y de resistencia. Prolongando esta línea del ethos guerrero se entiende que un joven o un hombre muerto en uno de esos combates olímpicos de lucha libre o de boxeo haya alcanzado la gloria de la victoria para su clan y para su ciudad y que el ni superviviente -el <homicida>- no fuese ni castigado estigmatizado. Los juegos griegos no obedecían en absoluto al espíritu de la <lealtad>. Conviene asociar la historia del etbos inglés de la lealtad, cuyos orígenes no son militares, con la
tó FrLosrnaro, op. cit.. cap. 43.

r; Fnosrnaro, op. cit., cap. ll.

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transformación específica que sufrieron los placeres y las sensaciones proporcionados por los juegos de competición contemporáneos: el placer demasiado efímero que proporcionan el resultado y el desenlace del combate dlportivb se prolongó e hizo extensivo a las sensaciones que ie pueden extraer de lo que en un principio era el preludio, la participación o la asistencia a las peripecias y tánsiones del propio juego. Esta nueva atención,. centrada en el placer y la
excitación que proporciona el juego en sí mismó no éstá desligada del placer de apostar que, en Inglaterra, jugó un papel considerable en la transformación en deportes de

formas más

<<groseras>>

incapaz de defenderse o reconocía su derrota. Esro podía hacerlo bien levantando el índice, bien extendiendó dos dedos hacia su contrincante.>>17 Las pinturas de las vasijas griegas muesrran con frecuencia a los boxeadores en una postura tradicional: tan próximo uno al otro que cada uno tiene un pie al lado o encima del de su adversario. Había escaso margen para el juego de piernas que permite a los boxeadoreJ modernos
17

la Grecia antigua. En Olimpia no exisría un ring de boxeo, los combates se disputaban en un rerreno abierto en el interior del estadio. El blanco a alcanzar era el rostro o la cabeza (...). El combate duraba hasta que uno de los dos adversarios era

desarrollo de un etbos de la lealtád. Los gentilhombres que asistían a una competición en la que se véían implicados ius hijos, sus servidores o profesi<lñales célebres disfrutaban apostando dinero para añadir una exciración nueva a la propia excitación del juego la cual se veía amortiguada por las imposiciones que conllevaba el proceso de iivllizaci6n. Sin embargo, la perspectiva de ganar la apuesta únicamente podía añadir emoción al eJpectáculo si las posibilidades de ganar eran más o menos equiparables enrre los contendienres, lo que no excluía un mínimo de previsibilidad. Todo esto requiere un grado de organizacón más elevado que el que habían alcanzado las Ciudades-Estado de

de competición, así como en el

desplazarse rápidamente de izquierda a derecha, o de adelante hacia atrás: en el código de los guerreros, recular efa un signo de cobardía, esquivar los golpes del adversario saliéndose de su línea constituía un deshonor. Como los guerreros en el cuerpo a cuerpo los boxeadores debían mantenerse firmes y no ceder terreno. Un buen boxeador poseía una defensa impenetrable y fatígando a su adversario podía ganar sin recibir heridas; pero si el combate duraba mucho tiempo un juez podía pedir a los adversarios que encajasen y devolviesen golpe por golpe sin defenáerse hasta que uno de los dos quedase fuera de combate. Este tipo agonístico de boxeo ponía elacento en el punto culminante, en el momento decisivo, el de la victoria ó la derrota, considerado la parte más importante y más significativa del enfrentamiento, más importante que el propio juego, y que era tanto una prueba de resistencia física y de fuerza muscular como de destreza. Orejas hinchadas, dientes rotos, narices machacadas constituían hechos frecuentes, del mismo modo que heridas graves en los ojos y en la cabeza. Eiemplo de ello es la historia que ha llegado hasta nosotros de esos dos boxeadores que aceptan intercambiar golpe por golpe. El primero le da un golpe en Iacabeza a su adversario sin derribarlo; cuando baja la guardia éste le pega bajo las costillas con la mano abierta, le abre el costado con sus duras uñas, le arranca las entrañas y lo mata rs. <De todos los combates olímpicos el más extraño para nosotros es el boxeo: por mucho esfuerzo que hagamos nos resulta imposible comprender cómo un pueblo tan cultivado con un gusto estético tan refinado podía encontrar placer en este espectáculo bárbaro en el que dos hombres se golpeaban en la cabeza con sus puños fuertemente Protegidos (...) hasta que un<¡ de ellos se declaraba vencido o era retirado para que continuase el combate. Practicado no sólo por los romanos, sino también por los griegos, este tipo de enfrentamiento no tenía nada de deporte, era un asunto mortalmente serio (...). Más de un concursante olímpico
r8 L. DREEs, op. cit., p. 82

L. Dnum, op. cit., p. 82.

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perdió su vida en el estadio. Esta crítica, formulada en l8g2 por Adolf Boettic_her, uno de los primeros especialistas contemporáneos de los juegos olímpicos, sigue siendo válida hoy. Los boxeadores, al igual que sus colegas de lucha libre o del pancracio, estaban decididos a vencer a cualquier precio.>le Si los hechos parecen ciertos, no resulta igual con su inrerpretación. La cita anterior represenra un ejemplo casi paradigmático de la incomprensión a la que se e*pone., loi que utilizan de forma incontrolada e implícita su propio umbial de repugnancia respecto a determiñados tipós dl violencia física, y lo emplean como patrón de todai las sociedades humanas, independientemente de su estructura, de su estadio de desarrollo social y más en concreto del nivel alcanzado en la organización y el control de la violencia física (aspecto del desarrollo s<_¡cial tan importante como la organización y el control de los medios <<económicos>> de producción). Es igualmente una buena ilustración del obstáculo que represenra para la comprensión de las sociedades la predominancia de interpretationes hererónomas en relación a la percepción de las interdependencias funcionales20. La esculrura clásica griega ocupa uña posición elevada en la escala de valores de nuestrc¡ tiempo, al revés de lo que sucede con las formas de violencia físicá presentes en los juegos griegos tales como el pancracio. Dado que se confiere a la primera un valor altamente positivo y a las otras un valor fuertemente negativo, los que aceptan que su comprensión de estos hechos está guiada por juicios devalor preconcebidos se ven enfrentados a un problema insolu..le y dichos hechos les parecen irreconciliables. No existe ninguna raz6n para suponer que, en una sociedad determinada, los rasgos a los que conferimos, en tanto que observadores exteriores, el mismo valor (ya sea positivo o negativo) son los únicos que son interdepen20 Para conocer una explicación de este término, así como para el problema de la objetividad en sociología, véase N. Erf,rs: <problems of Involvement and Detachment>, Biti¡b Joanul of Sociolog, 7 (3), sep-

dientes. En toda sociedad se pueden encontrar relaciones objetivas de interdependencia entre los aspectos a los que un obiervador o los ProPios indígenas confieren valores opuestos. La belleza del arte griego y la relativa brutalidad de los juegos clásicos de competición son un buen ejemplo de ello: leios de ser incompatibles, son dos manilestaciones estrechamente ligadas de un mismo nivel de desarrollo, de una misma estructura social.

La Grecia antigua

y la cultura del cuerpo

tt Li-r"\

op. cit.,

p.

81.

riembre, 1976.

La aparición de la escultura griega en su forma atcaicay el realismo idealista del período clásico son incomprensibles si no se tiene en cuenta el papel jugado en las Ciudades-Estado griegas por la apariencia física en tanto que determinante del prestigio social de los dirigentes. En esta sociedad resultaba prácticamente imposible a un hombre de cuerpo débil o deforme conservar una posición social o un podÉr político importante. La fuelza física, la belleza física, et equilibrio y la resistencia jugaban en la sociedad gtiega un papel mucho mayor en la determinación de la posición social ¡e un hombre que en la actualidad. El que un hombre físicamente disminuido pueda alcanzar una posición de mando o de poder y un rango social elevado es un fenómenc¡ relativamente reciente en el desarrollo de las sociedades (algo de lo que no somos siempre conscientes). Perdemos la clave que nos permite comprender a las otras sociedades y en particular a la gfiega, Porque la imagen <<corporal>>, la apariencia física tienen una imoortancia secuñdaria en relación a otras cualidades como <<la inteligencia> o el <<carácter moral>> siguiendo la escala de valores lue determina, en nuestras sociedades, la clasificación de los Éombres y la imagen que nos hacemos de ellos. Quizá se comprenderá mejor la diferencia si se piensa. qu€ en ,ru.ritut sociedades la apariencia física sigue teniendo un peso muy importante y posiblemente creciente en la áeterminación de la imagen social de las mujeres, mientras que para los hombres la apariencia física, y en concreto la

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un papel tan importante (si bien la televisión puede suriir sus efectos en este ámbito). El hecho de que una de las naciones más poderosas de nuesrro tiempo haya elegido un hombre paralítico para desempeñar la'función ,ípr.*u resulta en este sentido sintomático.
En las Ciudades-Estado griegas las cosas sucedían de otr<r m.do. Los individuos débiles o áeformes eran eliminados en sus primeros años; se dejaba morir a los niñ<¡s enclen_ ques; un adulto incapaz de batirse tenía poco valor. Era muy raro que un hombre enfermizo, achacóso o muy ancianá alcanzase o se manruviese en la dirección de los asunros públicos. Se traduce con frecuencia por <<virrud>> el rérmin<r <arété> que era una de las expresiones del ideal de la Grecia clásica. Pero de hecho este nombre no reenviaba, como el término <<virtud>>, a una característica moral, sino más bien a las actividades del guerrero y del gentilhombre en las que <<la imagen corporal>, las cualidadeidel luchador hábil y fuerte jugaban 1n papeJ preponderante. Este ideal se plasmaba tanto en las esculturas como en los juegos de competición. Numerosos campeones olímpicos ieríun una esratua en Olimpia y en ocasiones, como ya hemos señalado, rambién en su propia ciudad2r. El hecho de que la posición social de los atleras fuera tan diferente.de lo que es en nuestra s<¡ciedad no es más que otro aspecto de este rasgo distintivo de la sociedad griega. El equivalente del deporte, la <<culrura> del .u"rpá, n"., tampoco tan especializada c<lmo es en la actualidad. En "ru las sociedades contemporáneas un boxeador es un especialista; basta con aplicar el término moderno a los ub<lxeadores,
No puedo analizar aquí ras causas de ra ora de securarización que se manifiesta, entre orras coias, ¡xrr el paso del estito arcaico, *ár'bi; solemne y ligadq al remor respeuoso-y quizá más expresivo (un buen ejemplo del mismo lo constituye h Mádüsa del fronón a"t t..pio á. Artemisa en Corcira en el sigio VI a.C.), al realismo idealizante del

f.uerza y la belleza corporal no parecen jugar en esre campo

célebres de la Antigüedad para que nos imaginemos una realidad similar a la que conocemos. De hecho, los hombres que demostraban fuerza física, agilidad, coraje, y resistencia triunfando en las grandes fiestas tenían muchas posibilidades de obtener una elevada posición social y política en su ciudad natal, en el caso de que no la ocupasen ya. Con frecuencia, los participantes de los juegos de competición de Olimpia procedían de <buenas familias>, de élites relativamente adineradas, de propietarios de tierras o de familias campesinas adineradas. La participación en estos juegos implicaba un largo y costoso entrenamiento que únicamente las personas relativamente ricas podían permitirse. Un joven atleta prometedor y pobre podía encon-

trar a un mecenas o a un entrenador profesional que le adelantaba el dinero necesario; si conseguía una victoria en Olimpia proporcionaba a su familia y a su ciudad la celebridad y tenía muchas posibilidades de convertirse en un miembro de la clase dirigente. El luchador más famoso de la Antigüedad clásica probablemente fue Milon de Crotona que consiguió un número considerable de victorias en Olimpia y en otros juegos panhelénicos. Era un hombre de una fuerza prodigiosa que se hizo proverbial en su tiempo, pero fue
también conocido como uno de los mejores discípulos de Pitágoras y como uno de los jefes del ejército de su ciudad en la victoriosa batalla que ésta libró contra los sibaritas que culminó en una terrorífica masacre coleetiva de estos últirnos. A la inversa, personajes célebres para nosotros por sus realizaciones intelectuales eran también famosos en su época por sus actividades guerreras y atléticas. Esquilo, Sócrates y Demóstenes pasaron por la dura escuela de lucha

hoplita; Platón a su vez consiguió varias victorias

en

período clásico que .epresenra los dioses y a los hombre, au.,, gu..r." o viejos, con cuerpos ros bien proporcionados, jóvenes expresiv<r"s, pero con rosrros un ranto vacíos en el caso de que la incrusiación áe ros oj.i y er color todavía se conserven (como ocurie con el auriga de Delfós).'

múltiples juegos atléticos. De este modo, la idealización del guerrero en la escultura griega, la representación de los dioses en consonancia con el ideal de apariencia física del guerrero aristocrático y el eúos guerrero de los juegos de competición no constituían simplemente elementos compatibles, sino que eran manifestaciones estrechamente imbricadas, características de la posición social, del estilo de vida y de los ideales de los propios grupos sociales. Y, lejos

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de aminorar el placer que el arte griego nos proporciona, el conocimiento de estas relaciones objetivas más bien lo
refuerzan.

Sensibilidad a la violencia y civilización
Comparando los niveles de violencia característicos de los juegos de la Grecia clásica o de los rorneos y los juegos populares de la Edad Media con los de los actuales deportes de competición se hace perceprible una dinámica especial

del proceso de civilización. El estudio de un aspecto concreto, en este caso el grado de civilizaciín que se manifiesta en los juegos antiguos, resulra inapropiado e incompleto si no se lo relaciona con orros aspectos de la sociedad; en suma, el nivel de civilización de los juegos de competición y sus variantes resulran incomprensibles si no se los conexiona, al menos al nivel de violencia socialmente tolerada, al nivel y a la organización alcanzada por el control de la violencia y, correlativamente, a la formación de la conciencia en las distintas sociedades consideradas. Pongamos otro ejemplo. En el siglo XX Ia masiva masacre de pueblos derrotados por los nazis provocó una repulsión casi mundial. El recuerdo de estos hechos ha marcado Ia imagen internacional de Alemania. La impresión fue tan importante que muchas personas han vivido con la ilusión de que tales atrocidades ya no volverían a producirse en esre siglo. Al admitir implícitamente que los hombres se habían hecho más <civilizados>>, que estaba inscrito en su naturaleza el hecho de que se hubiesen convertido en sujetos <<moralmenre mejorei>, se legitimaba el orgullo de ser menos salvajes que los antepasados o que otros pueblos sin cuestionarse nunca el problema que planteaba su propio comporramiento relativamente más civilizado: ¿por qué sus comporramientos y sentimientos se habían hecho un poco más civilizados? El episodio nazi ha venido a recordar que las restricciones relativas a Ia violencia no son ni el sigmr de una superioridad natural de las <<naciones civilizadas>, ni una característica eterna de su

constitución racial o étnica, sino un asPecto de un tipo particular de desarrollo social que ha ido acompañado de un control social más refinado y más estable de los instrumentos de la violencia y consecuentemente de una formación de la conciencia. Evidentemente, esta forma de desarrollo social puede invertirse. De lo expuesto hasta aquí no se puede deducir que sea absurdo pensar que los comportamientos y sentimientos humanos resultantes de esta evolución sean <<mejores> que los que corresponden a los estadios anteriores de desarrollo; al contrario, un conocimiento más profundo de estos hechos proporciona una base más sólida, y en realidad la única segura, para establecer juicios de valor de este tipo. Sin este conocimiento no podemos saber, por ejemplo, si nuestro autocontrol de la violencia física no está acompañado de anomalías psicológicas que, por su parte, podrían parecer bárbaras en una época más civilizada. Además, si se considera que una forma más civilizada de comportamientos y sentimientos es <<mejor> que una forma rnenos civilizada, si se estima que la humanidad ha progresado al adoptar nuestros propios criterios de repulsión relativos a las normas de violencia habituales en otro tiempo, no se puede explicar por qué una evolución no planificada culmina en algo que es considerado un progreso. Todos los juicios relativos a las normas de comportamientos civilizados son juicios comparativos. No se puede decir de un modo absoluto: <nosotros somos civilizados, ellos no lo son>, pero sí se puede decir: <<las normas de los comportamientos y de los sentimientos de una sociedad A son más civilizadas, las de una sociedad B lo son menos>), con tal de que se hayan elaborado indicadores claros e instrumentos para medir la transformación. La comparación entre las competiciones agonísticas griegas y las competiciones deportivas contemporáneas nos proporcionan un ejemplo, las normas de repulsión frente a las masacres masivas nos proporcionan otro. La comparación con las actitudes de otros tiempos, el sentimiento casi universal de repugnancia respecto al genocidio que ha tenido lugar no hace mucho indica que las

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de una ciudad vencida y conquistada, y la conversión en esclavos de sus mujeres y niños inspiran piedad, pero no provocan ninguna condena general. Nuestras fuentes muestran que, aunque de forma esporádica, se produjeron con
regularidad muertes masivas durante todo.este período22. masacre integral de los enemigos era, a veces, el resultado del furor de un ejército amenazado o frustrado durante largo tiempo restimonia por ejemplo la -como masacre que los ciudadanos de Crotona hicieron sobre los sibaritas-, y, en ocasiones, el <<genocidio>> era también un acto premeditado que renía como objetivo aniquilar la fuerza militar de un Estado rival; tal fue el caso de Argos, cuyo poder_militar fue aniquilado por orden del generál espártano Cleomenes, que mandó eliminar a todoi los hombres capaces para la guerra. La masacre de la población masculina de Milo ordenada por Ia Asamblea de los ciudadanos de Atenas en el año 4IJ antes de Cristo, descrita por Tucídides con gran expresividad es el resultado de una configuración comparable a la que condujo a la ocupación rusa de Checoslovaquia en 1968. Los atenienses consideraban Milo, que tenía para ellos una importancia estratética especial en su lucha contra Esparta, como una parte de su imperio. Ante la resistencia de sus habitantes, mataron a los hombres, vendieron a las mujeres y a los niños como esclavos y colonizaron la isla con colonos atenienses. Algunos griegos consideraban la guerra como el modo normal de relaciones entre Ciudades-Estados, guerra que podía ser interrumpida mediante tratados de duracón limitada. Los dioses, por boca de sus sacerdotes, y los escritores podían desaprobar esre ripo de masacres; pero el nivel de <<repugnancia moral>> respecro a lo que dénominamos <<genocidio> y, en general, el nivel de prohibiciones

sociedades humanas han sufrido un proceso de civilización tan limitado e inesrable como sus efectos. En la Antigüedad griega y romana, la masacre de toda la población maiculina

La

interiorizadas relativas a la violencia física eran entonces más bajos que los nuestros, del mismo modo que los sentimientos de culpabilidad y de vergüenza asociados a estas prohibiciones eran más débiles que lo son en los Estados industriales relativamente desarrollados del siglo' XX. Los grandes dramaturgos atenienses, sobre todo Eurípides en Las Troyana.r expr€san el sentimiento de compasión por las víctimas con un realismo intenso lo que muestra que este sentimiento no estaba velado por la rePugnancia o la indignación moral. La venta de las mujeres de los vencidos como esclavas, la separación de madres e hiios, la ejecución de los niños y muchos otros temas relacionados con la violencia y la guerra tenían muy probablemente una mayor resonancia para el pueblo ateniense, dado el contexto en que vivía, que para un público contemporáneo. Dicho esto, es preciso añadir que el nivel de inseguridad física en las sociedades antiguas era mucho más elevado que el de los Estados contemporáneos. El hecho de que sus Poetas manifestasen más bien un sentimiento de compasión que de indignación moral es un buen indicador de esta diferencia. Homero se lamentaba ya de que Aquiles, en su dolor y rabia, matase y quemase sobre la hoguera funeraria de Patroclo no sólo corderos sino también vacas, caballos e incluso doce jóvenes troyanos nobles. Sin embargo, el poeta tampoco en este caso lanza un juicio, desde su rectitud y superioridad rnorales, y condena a su héroe por haber cometido la atrocidad de <<un sacrificio humano>. Los reproches que el indignación moral ni echan ninguna sombra sobre lo que podemos llamar el <<carácter> de su héroe, su valor en tanto (ue set humano. En situaciones de dolor y de rabia, la gente cb-.te malas acciones -<<kaka erga>>-. El bardo sacude la cabeza, pero no se dirige a la conciencia de sus auditores:

poeta

le dirige a

Aqúiles no tienen

el tinte de

la

el punto de vista moral, como (<un carácter negativo> ' Hace más bien una llamada a su comPasión, les hace

no les pide que consideren

a

Aquiles como un réprobo desde

22 P. Ducnrv, Le traiternent det prironniert de guene dan¡ la Grece antiqae; Escuela Francesa de Arenas, Trabajos y Memorias, Fasc. XVIII, París, E. de Boccard, 1968.

comprender que la pasión se apodera incluso del meior, incluso del héroe en los momentos de tensión. Su valor humano en tanto que noble y guerrero no se Pone en duda;

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tuvieron lugar en las honras fúnebres de Patroclo. ios juegos olímpicos eran los herederos directos de estas competiciones funerarias ancestrales y, es ésta, una filiación muy diferente de la de las competiciones deportivas
contemporáneas.

<el sacrificio humano>> no tenía para los anriguos griegos la connotación de horror que tiene para las nacioñes <civilizadas>> del siglo XX2l.-Todos los escolares griegos cultos c<¡nocían la cólera de Aquiles, los sacrificios y los juegos que

El nivel normal de pasión y de violencia de los héroes y de los dioses homéricos o, dicho de otro modo, el nivel normal de desarrollo y de interiorización delautocontrol, de la <<conciencia>> no estaba que conocemos- muy -por lo alejado del alcanzado en Atenas duranre su época clásica.
Las ruinas, los templos, las esculruras de los héroes y de los dioses griegos han contribuido a constituir la imagen de los antiguos griegos como un pueblo moderado, equilibrado y armonioso. El término <<clásico> mismo en expresiones tales como <Antigüedad clásica> evoca un ideal de belleza

armoniosa y equilibrada difícilmente alcanzable por las generaciones posteriores. En oposición a esta concepción no podemos mostrar aquí con la precisión deseable el lugar que ocupó la Grecia clásica en el desarrollo de <<la conciencia>>, de los controles interiorizados relativos a la violencia o a otras esferas de la vida; nos contenraremos con decir que

Grecia representa <<el alba de la concie4cia>>, una erapa durante la cual la transformación de una conciencia que asegurase el dominio de uno mismo (simbolizado mediante imágenes colectivas de seres exteriores sobrehumanos, de dioses-demonios imperiosos o amenazantes que indicaban

no hacer, en una voz interior relativamente individualizada e impersonal basada en principios sociales generales tales como justicia e injusticia, bueno y malo), era todavía más una excepción que una regla. La <<daimonioru> de
Sócrates es quizá, en la sociedad griega clásica, lo que más se 2, F. Scnv¡Nr¡, Die Men¡chenopfer bei den Griecben and Ronern, A. Topelmann, 191t.

a los hombres más o menos arbitrariamente lo que debían o

Giessen,

aproxima a nuestro tipo de formación de la conciencia, Pero esta ((voz interior>> tan altamente individualizada como se quiera, conserva de algún modo el carácter de un genio tutelar. En otros términos, el grado de individualización y de interiorización de las normas y de los controles sociales que encontramos en Sócrates (por medio de Platón) era sin duda un fenómeno excepcional en aquel tiempo. Es muy significativo que el griego clásico no Posea un término especializado para decir conciencia; se utilizan en vez de conciencia un cierto núrnero de palabras tales como <<synesis>>, <<euthymia>>, <<eusebia>>, etc., Pero si se mira atentaE¡ente uno se da cuenta pronto que ninguna de ellas es específica y que cada una cubre un espectro mucho más amplio reenviando entre otras a la noción de <piedad, y de <<reverencia hacia los dioses> . El bagaie intelectual de la Grecia antigua no dispone de un concePto único y tan específico como el concepto moderno de <<conciencia>>, que denota una autoridad interior imperiosa, con frecuencia tiránica, a la que no se puede escaPar, que forma parte del individuo y dirige su conducta, que castiga la deiobediencia de las <<ansias>> y los <aguijones> del sentimiento de culpabilidad, que actúa por sí misma sin que se la pueda atribuir una procedencia, sin que reciba su poder y autoridad de una fuerza exterior, humana o sobrehumana, a diferencia del <miedo a los dioses>> o de la <<vergüenza>>.El hecho de que este concepto no haya sido todavía constituido en la sociedad griega puede ser considerado como un índice de que la formación de la conciencia no había alcanzado un estadio de interiorización, de individualización y de autonomía relativa comparable al actualmente existente en nuestras sociedades. Es este uno de los índices que permiten comprender el nivel mayor de violencia que encerraban los juegos de competición antiguos, así como el nivel menor de repulsión respecto a la violencia existentes en la sociedad griega en general. Muestra que en el marco social de la CiudadEstado griega los individuos eran fuertemente dependientes unos de otros, así como de fuerzas y sanciones externas, que no podían, en el grado que nosotros lo hacemos,

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más fácilmente con el núestro- el iarácter -comparado violentamente apasionado de los antiguos griegos cuyos actos eran perfecramente compatibles con la- armonía corporal, el equilibrio,la gracia aristocrárica y la fiereza de movimientos reflejadas en la escultura griega. . Pgr último, puede resultar útil fijarseén otro aspecto de las relaciones exisrentes entre el nivel de violencia inscrito en las formas griegas de los juegos de competición y de la guerra, por una parte, y determinadas características es_ tructurales de la sociedad griega, por otra. Incluso en Atenas la protección de la vida de lós ciudadanos no estaba asegurada como está hoy al convertirse en un asunto exclusivo del Estado. Cuando alguien era eliminado o herido, incluso en_la Epoca Clásica, era éste un motivo para que sus parientes lo vengasen y ajustasen cuenras. El grupo familiar jugaba un papel rnucho más importante que ahbra en la protección del individuo conrra la violencia,lo que significaba que todo hombre normalmenre consrituido deLía de"estar dispuesto a defender a los miembros de su familia o, llegado el caso, a batirse para vengar o contribuir a vengar u ,fu,i., pariente. Incluso en el interior de una Ciudad-Estádo el ñel general de violencia física y de inseguridad era relativamente alto, lo que contribuye a explicar que el nivel de repulsión respecro a los dolores o heridas sufridas, o respecto a su manifesración pública, era más bajo que los sentimientos de culpabilidad relativos a los acios de violencia, los cuales estaban menos profundamenre enraizados en los individuos: en una sociedad así organizada, estos sentimientos constituirían un serio bándicap.

za.ción-que representa la sociedad griega en la época de las Ciudades-Estados independientes, se puede cómprender

utilizar barreras interiorizadas para controlar sus pulsiongs violentas y doblegar sus pasiones. Es preciro ,ro obstante añadir que eran (o al menos lo eran sus élites) mucho más capaces de contenerse a nivel individual que lo fueron sus ancestros del período pre-clásico como aiestiguan la evolución de las representaciones de los dioses griegos, la crítica de su arbitrariedad y de su ferocidad. Si se tiene en cuenra el estadio particular del proceso de civili-

Algunas sentencias de Demócrito, extraídas de la experiencia social común a todas las gentes de la época, pueden quizá ayudar a comprender mejor estas diferencias. Muestran que el <<bien> y el <mal> no pueden significar exactamente la misma cosa en una sociedad en la que todo individuo debe asegurar su propia defensa y la de sus parientes para sobrevivir y, en una sociedad como la nuestra en la que estas categorías se ven legitimadas en nombre de la razón Cuando Demócrito dice que es justo, conforme a las reglas de la costumbre, matar a todo ser viviente que haya causado una herida, y que sería una equivocación no hacerlo, se expresa en términos a la vez humanos y sociales. No se justifica apelando a losdioses, nialarectitud o a la santidad (como sucede en el diálogo de Sócrates con Protágoras que proporciona Platón), ni tampoco a la protección de los tribunales de justicia, de las instituciones del Estado, y de los gobiernos; los hombres de entonces debían estar dispuestos, mucho más que nosotros, a asegurar su simple supervivencia física por sí mismos. (24)
2a El esfuerzo realizado por E. A. Hrvelcrcx para intentar dar sentid<l a estos fragmentos para un lector contemporáneo de lengua inglesa me parece que ha sido un éxito (en el original iirglés estos fragmentos aparecen citados por la traducción de H,tverccx enTbe Liberal Temper in Greek Politict, New Haven y Londres, Yale University Press, 1964, pp. 127-I28\. Muestra también mucho más claramente que otros autores que la importancia que Platón y Aristóteles conceden a la autoridad central del Estado como forma previa para solucionar los problemas ¡nlíticos es generalmente considerada irróneamente como propia de la Grecia antigua en general mientras que, en realidad, esta importancia es característica, todo lo más, de las últimas Ciudades-Estado griegas independientes y quizá de la última fase de su desarrollo. No estoy, sin embargo, de acuerdo con E. A. H,rvrlocx cuando califica de <liberales> las enseñanzas de filósofos como Demócrito: el liberalismo en tanto que filosofía política supone una organización estatal fuertemente desarrollada incluso si inteñta prevenir las interferencias excesivai de los particulares. Por otra parte, la confianza del individuo en sí mismo, defendida por Demócrito, es característica de un estadio del desarrollo en el que el individuo y su parentela no pueden contar con la protección de una organización del Estado suficientemente eficaz e impersonal. La idea de que los hombres tienen el derecho y el deber de vengarse y de matar a sus enemigos personales no es realmente una idea <liberal>.

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Para determinados seres 'vivientes, la regla relativa a matar o no matar se justifica así: si se mata a aquellos que actúan contra la justicia y que quieren acruar contra ella, no se es merecedor de castigo, y hacer esto contribuye más al bienestar que no hacerlo (Fragmento 257 de Demócrito en la edición Diels-Kranz, capítulo 68). Es necesario matar a todo aquel que, contra justicia, cause un daño. Y esto en cualquier caso. Quien actúe di este modo contribuirá a aumenrar el bienestar, el derecho, la fuerza,la propiedad en cualquier organización social (Fragmento 258). La justicia consiste en cumplir aquello que es necesario, la injusticia en no cumplirlo, sino en evitarlo (Fragmen-

to

256).

Es necesario vengar, en la medida de lo posible, las víctimas de una injusticia, y no renunciar a ello. Un acto de este tipo es iusto y bueno, un acto contrario es injusto y malo
(Fragmento 261).

La génesis del Estado y la invención del deporte

desarrollo de las sociedades; dificultad que, de rechazo,
aclara determinados aspectos complejos de este desarrollo.

La herencia de las sociedades estatales de la Antigua Grecia ha tenido un impacto tan profundo en las sociedades estatales europeas constituidas más tarde que resulta difícil, incluso en el siglo XX, hacerse una idea clara de la posición relativa que ocupa en el orden secuencial del

El modelo clásico de desarrollo del pensamiento científico quizá es el que mejor sirve de mediador para comprender la forma específica de esta rransformación de conjunto. El
imagen de un progreso lineal y conrinuo, generalmente asociado actualmente a la idea de desarrollo social. Si se examinan las transformaciones de conjunto del pensamiento científico, desde la Antigüedad hasta los Tiempos Modernos, se observa en Ia Grecia clásica y helenística un empuje breve e intenso de <<desmitologizaciín>, correlativo
esquema de desarrollo, a largo plazo, que explica la historia en este terreno se diferencia de forma significativa de la

a las innovaciones y descubrimientos científicos, así como al desarrollo de un instrumental conceptual. Limitado posiblemente a élites muy reducidas, este fenómeno estuvo seguido en las sociedades posteriores de Roma y de la Antigua Europa por un largo período de <<remitologización> situado a un nuevo nivel y aéompañado de progresos científicos ocasionales y relativamente limitados en relación al nivel alcanzado en la Grecia Antigua. En consecuencia, lo que quedó de la herencia científica de Grecia y de lo que fue redescubierto posteriormente (principalmente los trabajos de Aristóteles), desempeñó la función de modelo autorizado, aureolado con un fuerte prestigio, hastaalcanzar el mismo valor que el resto de las autoridades reconocidas por la lglesia: se podía venerar este patrimonio, pero ya no se podía esperar igualarlo o superarlo. A este período de mitologizacrón sucedió una nueva mutación de desmitologizaciín que, construida en gran parte sirviéndose de la herencia de la Antigüedad, fue concebida fundamentalmente como un nuevo comienzo de la misma, como su <(renacimiento>. En un principio, la ciencia y la filosofía antiguas eran consideradas una autoridad,y la Antigüedad como un modelo (Lehrmeister) 2t venerable e insuperable; únicamente, más tarde, las gentes consiguieron superar el movimiento de desmitologización de la Antigüedad y sobre todo ser conscientes de que ésta había dejado de ser el modelo supremo. En suma, descubrieron que eran independientes y que podían, en el ámbito de los descubrimientos científicos, ir bastante más lejos que los antiguos. De este modo, un débil impulso dirigido hacia la innovación y los descubrimientos seculares en los terrenos del saber y del pensamiento se vieron superados por un largo período de pensamiento esencialmente mágico-mítico, fundado sobre un aprendizaje libresco transmitido en lengua latina bajo la supervisión de una autoridad central bastante eficaz. Este período fue a su vez seguido por un nuevo movimiento aún

2t En alemán en el texto original.

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más pujante de descubrimient<¡s prácticos del que todavía no podem<ls valorar su fuerza y duración. Este conocido esquema planrea un gran número de cuesti<¡nes que no pueden ser resueltas ahora. Sin embargo, conviene por los menos subrayar que la filiación de numerosos aspectos de esras sociedades se derivan de un esquema muy semejanre, aunque no sean siempre idénticos. El proceso de urbanización, el crecimienro de los mercados y la extensión de sus áreas de influencia, así como el desarrollo correlativo de organizaciones estatales urbanas

cia que obligaba a los propietarios agrícolas a recurrir a la

que abarcaban cada vez más extensos territorios

hasta

culminar en la Roma imperial, fueron seguidos; sobre todo en las regiones occidentales del Imperio, por una desintegración del control central del Estado, por una creciente división de la capacidad militar y del poder, por un declive del comercio a larga distancia y por la decadencia de los equipamientos urbanos. Esta tendencia se vio interrumpida y seguida por un movimiento inverso de comercialización, integración, urbanización y reforzamiento del Estado. Este movimiento, relativamente inestable en sus comienzos, limitado y de corta duración, salvo excepciones, afectó más tarde a territorios cada vez más amplios, a poblaciones cada vez más numerosas para culminar en la formación de organizaciones estatales cuyo grado de estabilidad y capacidad de integración superan con mucho al de las organizaciones estatales de la Antigüedad. Los estudiop comparativos de los procesos de formación del Estado se encuentran todavía en un nivel rudimentario. Concretamente, no sabemos resolver un problema que es de una importancia crucial para comprender las diferencias entre las características estructurales de los Estados que alcanzaron estadios diferentes de desarrollo social, ni tampoco los procesos de inculcación de normas de sensibilidad respecto a la violencia física: ¿Por qué la desintegración del Estado romano esclavista de Occidente fue seguida, poco después, por un nuevo movimiento de integración ligado a la aparición de Estados que no se susrentaban en el trabajo de esclavos? Este fenómeno está en relación con el debilitamiento del comercio alarga distan-

oferta de trabajo local26. El cristianismo no impidió a la parte oriental del Imperio romano servirse del trabajo de esclavos hasta que, según parece, también allí se agotó el mercado. Los escrúpulos religiosos no impidieron tampoco a los miembros de las sociedades europeas dedicarse al comercio de esclavos o emplear el trabajo de los esclavos cuando tuvieron ocasión para ello como ocurrió en Brasil y en USA. No hay que olvidar que los Estados que se sirvieron del trabajo de los esclavos se caracterizaron por una necesidad constante de guerras, de piratería y de otras formas abiertas de violencia física en tanto que condiciones normales para la constitución y el mantenimiento de su fuerza de trabajo. Una vez situados en este contexto más amplio, la cues-

tión esencial que nos hemos planteado aparece más clara. Los juegos de competición que surgieron en Inglaterra como deportes y su difusión posterior ¿son simplemente; como sugiere el nuevo término de <<Jueggs Olímpicos> contemporáneos, un renacimiento de los juegos de la Antigüedad? ¿EI desarrollo de los juegos de competición desde la Anti güedad hasta nuestros días no ha seguido, por el contrario, una transformación semejante globalmente a la que encontramos en el desarrollo de otros ámbitos? ¿No se puede descubrir en el desarrollo de los juegos de la Grecia antigua un empuje limitado de civilización seguido de una lenta regresión que alcanzó su punto culminante a comienzos de la Edad Media para seguir de nuevo una lenta evolución tendente a un incremento de la seriéibilidad en relación aIa violencia física, y ello no solamente en círculos restringidos, sino en el conjunto de la sociedad, que se aceleró
Iuego hasta superar ampliamente las normas de la Antigüedad? ¿Las normas de lealtad y de control de la violencia áe los juigos que denorninamos <<deportes> no constituyen
26 La explicación más plausible del desarrollo de una tradición de trabajo tibre en las sociedades euroPeas Post-romanas reenvía, sin duda, a las transformaciones de las condiciones sociales de aparición y de desarrollo de las aglomeraciones urbanas.

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una manifestación de que el grado de sensibilidad pública respecto a la violencia física es superior al de la Grecia Antigua y por supuesto al de los <siglos bárbaros> y la aha
Edad Media? Esta perspectiva de larga duración permite captar mejor el problema de la sociogénesis del deporte. Sería necesario que determinásemos las características específicas del proceso de formación del Estado Inglés y, correlativamente de la formación de la conciencia en relación a los ámbitos ligados a la transformación de los juegos tradicionales de competición. Avanzando un poco más podríamos también preguntarnos cuáles son los aspectos de la configuración general de los Estados y de su desarrollo que explican, especialmente en los siglos XIX y XX, la difusión y la unificación del deporte, o al menos de determinados deportes, en un principio en Europa y en la actualidad en todo el mundo. Del mismo modo que no se puede explicar el desarrollo de los Juegos Olímpicos en la Antigüedad sin comprender la estructura de la <koiné>> y la de las relaciones entre las Ciudades-Estado del mundo griego que entraban en competición mediante juegos tradicionales u otros del mismo tipo,

tipo altamente medida en que nos demos cuenta de que el de los violencia-característico d! control de la .;;ril aiscomprendido ser puede no, ñ5;;;il;-dot ,.a.pot'.s> a tendencia creciente una ladamente. Existe en la actualidád existiese si éste como deporte del la sociología ;;;;;; f" o"* asPectos de la sociedad' Al igual -d;;il;;;;;; ru i"¿*"ia' la iiencia.u otros objaos sociglóüt;.,., tiene ciertamente un relativo deporte Ji.l, ¿. .rioáio, el realidad'.en tanto que manlen pero ltudo de autonomía, festación rePresentativa de las sociedades contemporáneas' relación a otras ,ro por". -á, qo. una autonomía relativa en d" dichas sociedades (pese a esto la socio-

Áulif.r,u.ior,"i

i;;i;'¿ñ.pát*

tiende a ser tratad" como una especialas relaciones lidad absolutamente autónoma)' Pata aclarat sociales del existentes entre la .,ttt""'u y las funciones conveniente es deporte y otros aspectos de la sociedad'

perspectiva de larga duración -la perspectiva adootar una ' como un g.ti"iási." y ieiar de considerar el deporte se ha qué por y cómo hecho natural; es preciso Preguntarse no es artículo de este ;;;;.iá. .r," f"ttó-eno' El objeto plantearlo mostrando !i ptout.-u c"uttto

desarrollo de los Juegos Olímpicos del siglo XX sin comprender la multiplicación de juegos deportivos practicados siguiendo las mismas reglas en casi todos los países del mundo. ¿De qué funciones sociales generales tuvo que desprenderse el deporte para que tipos de deporte tan numerosos hayan podido implantarse en países con estructuras que nos parecen a los contemporáneos totalmente diferentes por no decir incompatibles y opuestas? ¿Han cambiado estas funciones durante los siglos XIX y XX? ¿Se ha debilitado el control de la violencia física, se ha elevado el umbral de sensibilidad respecto a ella o más bien es sólo una ilusión debida a nuestro insuficiente conocimiento de las normas del pasado? He aquí algunos de los problemas que se presentan cuando se analizan los juegos de competición, teniendo en cuenta el nivel de conrrol de la violencia y el correspondiente umbral de sensibilidad. EI interés de este tipo de análisis comparativo se hará cada vez más patente en la

tampoco se puede explicar

el

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(Traducido Por Julia Varela)

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