SINTOíSMO

 

 

También llamado sintoísmo, es el nombre de la religión original, nativa de Japón. Incluye la adoración de los kami o espíritus de la naturaleza. Algunos kami son locales y son conocidos como espíritus o genios de un lugar en particular, pero otros representan objetos naturales mayores y procesos, por ejemplo, Amaterasu, la diosa del Sol.

 

 

Las religiones originarias de varios países asiáticos conservan patrones similares, como en China, Japón y Corea con respecto a los elementos de culto a los antepasados. Esto se debe a que sus conceptos parten de que el alma o esencia también permanece ligada al cuerpo después de la muerte o puede permanecer cerca de él, y tal vez pueda volver como demonio o fantasma para hacer daño a los humanos si no se le presentan ofrendas y una cierta veneración.
   

El sintoísmo afirma la existencia de divinidades o seres espirituales (kami) que pueden encontrarse en la naturaleza o en niveles superiores de existencia. Este término, que constituye el concepto central del culto, llegó a aplicarse a cualquier fuerza sobrenatural o dios, como los dioses de la naturaleza, hombres sobresalientes, antepasados deificados o hasta "deidades que representan ciertos ideales o simbolizan un poder abstracto". Aunque el término Yaoyorozu-nokami significa literalmente "ocho millones de dioses", se utiliza para referirse a "muchos dioses", pues la cantidad de deidades de la religión sintoísta aumenta constantemente. Los japoneses, como hijos de los espírtitus o kami, tienen ante todo una naturaleza divina. Por consiguiente, de lo que se trata es de vivir en armonía con los kami, y así uno podrá disfrutar de su protección y aprobación. Es importante también señalar la existencia de fantasmas japoneses y otros seres mitológicos en su panteón, denominados Tenghu o Tengu.
   

La Muerte en el Sintoísmo 
Como muchas religiones antiguas, el Sintoísmo busca la máxima proximidad entre los difuntos y los vivos. Prueba de ello son sus cementerios: siempre ajardinados, son cercanos a las zonas habitadas. Los vivos, en busca de protección, visitan a sus difuntos regularmente para rendirles tributo con rezos y ofrendas, especialmente ante un viaje o cualquier gran acontecimiento.
   

Los ritos funerarios tienen una gran importancia para los sintoístas. Una vez colocado el cadáver en el ataúd, que ha de ser preferentemente de madera blanca, los allegados colocan en él los objetos que el difunto usaba en vida: un abanico, un sable, un espejo… Y frente a la caja una copa con ofrendas, agua, arroz y sal.

 

 

Para conducir el alma del difunto, o Mitama, al Tamashiro, un sacerdote sintoísta recita una plegaria frente al Mitayama. Sus puertas deben abrirse para que el alma del difunto pueda entrar y ocupar su puesto en el templo en miniatura y así comunicar parte de su presencia al Tamashiro.

Llegado este punto, el alma es agasajada con ofrendas de arroz, flores, licor de arroz, ramas de pino atadas con cintas blancas, frutos y lamparillas de aceite.Así el Mitama se une en el Mitayama a la tablilla o Tamashiro de los antepasados y ya puede ser adorado por sus descendientes: se ha convertido en un Kami.

 

 

 

 

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