MARTES 19 DE MARZO DEL 2013 POR: FERNANDO VIVAS

Apuntes calientes sobre lo que pasó
Lima no ha ganado. Ha perdido tiempo, energía, salud y oportunidades para avanzar a grandes trancos. Susana Villarán perdió solidez. Sus regidores bregaron para salvarla y lo lograron. Pero ella no bregó lo suficiente para salvarlos. Se corrió de debatir –¡¿por qué no retó a Castañeda, caray?! – y no se golpeó el pecho con las ganas y el pragmatismo que la ocasión exigía. Si se confirma que debemos elegir regidores que reemplacen a los suyos, entonces tendrá que replantear el Pacto de Lima que firmó con el PPC: ya no será ella quien les ofrezca sitio en su gobierno, sino ellos que le abran cancha en el próximo concejo. Perdió Fuerza Social, que no podrá competir en las nuevas elecciones porque se canceló su inscripción tras lanzarse sola y aventurera a las presidenciales del 2011. Ahora le toca una etapa de reflexión para evaluar prioridades, retos y alianzas. Perdió Tierra y Libertad, zarandeada en toda la campaña y puesta en evidencia como el lastre de Marisa Glave. Ella, aunque pierde al ser revocada, sí ha sabido proyectar sus virtudes. O se desembaraza del dogmatismo cajamarquino de su partido o este se ‘aggiorna’ y se adapta a su militante estrella. Perdió PPK, que delató una vez más su inconsistencia. Cuando habló de salvar a Susana y revocar a sus regidores de Tierra y Libertad, alentó el voto cruzado, que fue fatal para ambos bandos. Para colmo, no estuvo en Lima el día de la votación; al igual que Toledo, aunque este último ya nos acostumbró a su intermitencia. Bueno, no perdieron Lourdes Flores ni el PPC. Lourdes ha protagonizado su pequeña épica de la decencia como la política que abraza la causa de su rival por razones éticas. Ya consiguió algo que le faltaba: un buen relato para competir con el cuento del lustrabotas que llegó a palacio, el del aprista que corrigió luego de veinte años lo que cometió en los 90 y el de la hija del presidente victimizado. Consiguió algo más: romper definitivamente su alianza con Solidaridad y proyectarse como mujer de frente amplio. Perdió Luis Castañeda. Ah, sí. Su cinismo político ha sido castigado melodramáticamente por electores que se dieron tiempo, a pesar del malhumor y las ganas de garabatear un falo en la cédula, de buscar a su hijo entre los cuarenta casilleros. Castañeda se hizo de una antiépica: el cuento del mal perdedor que empujó una leguleyada sin dar la cara. Perdieron Alan García y el Apra, que apostaron todos estos años al buen pragmatismo, la gobernabilidad y la institucionalidad; y de pronto se pusieron a gruñir como el perro del hortelano. Y todo por el encono mutuo que se tienen con la izquierda. Les toca cerrar este penoso capítulo siendo conciliadores. Perdió Marco Tulio en su sueño loco de ganar fama y prestigio. Ganó tanto de una como perdió del otro. Perdieron, y esto sí me alegra, los partidarios de la revocatoria y, de paso, los del voto obligatorio. Después de estos resultados de marras, que nadie venga a insistir en que la democracia directa y participativa está en que te arríen a las urnas a cada rato y a votar de cualquier forma. No, señores, la democracia de nuestros tiempos debe combinar el voto facultativo con la promoción de la participación del ciudadano informado que fiscaliza, presiona en las redes, asiste a audiencias, sugiere iniciativas de leyes y ordenanzas. Ahí es donde se perfecciona la democracia, no en los plebiscitos a medio tiempo.

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