Segunda Temporada El futuro de Lima, pero sobre todo de lo que queda de la gestión Villarán está condicionada por la interpretación

de los resultados de la consulta de la revocatoria. Aunque todavía no contamos con información oficial y detallada a nivel distrital, ya es posible subrayar algunos puntos principales a forma de balance. 1. Una victoria política. Será difícil saber con precisión cuál fue el factor decisivo que explica la remontada del apoyo al NO en la última semana. Aparentemente, se había llegado a un techo entre 4 y 6 puntos porcentuales por debajo al caudal electoral de los revocadores. Las cifras se movieron favorablemente a Villarán cuando se intensificó el protagonismo de Lourdes Flores y del PPC; es decir cuando se hizo presente la parte más política de una campaña hasta entonces excesivamente dependiente del marketing. Por ello, sería un error insistir en las primeras declaraciones post electorales de la alcaldesa, quien catalogó el triunfo del NO como una “victoria moral”. Más ganador fue quien más se parecía a un partido (el PPC), y condiciona el tipo de gobernabilidad al que tendrá que adaptarse la alcaldesa. 2. Una gestión de espaldas a los sectores populares. Mire el mapa electoral. No hay misterios al respecto. Las zonas marginales y periféricas de la ciudad (los menos emergentes de los “conos”), así como los sectores populares tradicionales (Rímac, El Agustino, La Victoria) inclinaron la balanza por el SI. La insatisfacción social se mantiene vigente en esas zonas, y no se ha borrado para nada. Villarán tiene que gobernar sobre todo para los que votaron por revocarla. Sus seguidores estarán de acuerdo con esa decisión. 3. Hacia la derecha. Cuando la campaña giró hacia la derecha en algunos temas claves para la ciudad: orden, seguridad, e inversión, Villarán encontró mayor receptividad entre los indecisos. Al no poder ganar el respaldo “abajo”, en los NSE D y E, el giro moderado hacia la derecha (los más liberales y menos conservadores de ese espectro) sumó el porcentaje necesario para dar la sorpresa. Pero a la vez, esta sección del electorado castigó a los cuadros más “inconsistentes” programáticamente (“radicales” en Cajamarca, proinversión en Lima). La ideología es más importante de lo que los analistas creemos. 4. Ganó el “rational cholo”. El elector limeño resultó más sofisticado de lo esperado. Desde los ochenta, se fue acostumbrando al voto preferencial y al voto cruzado, y el domingo ante una cédula complicada e inédita, dio muestra de su nivel de información. Discernió no solo entre regidores oficialistas y de oposición, sino dentro de cada bancada identificó nombres específicos. No es que todo el electorado se haya comportado de esa manera, pero el porcentaje que lo hizo fue suficiente para dejar el mensaje claro. A manera de hipótesis considero que el limeño popular votó en contra de una gestión insuficiente en obras materiales; el clase mediero buscó un voto prolijo e informado; el de

las clases altas evaluó los costos y beneficios de ir a votar un domingo playero.

Sign up to vote on this title
UsefulNot useful