Autor: P.

Jorge Loring

Las maravillas de la naturaleza
Dios es más maravilloso en lo pequeño que en lo grande.

Las maravillas de la naturaleza

13. Toda la Naturaleza está llena de maravillas: Las golondrinas en sus migraciones recorren al año quince mil kilómetros. Las ocas rebasan el Himalaya a seis mil metros de altura. Las arañas producen al mes tres kilómetros de hilo. La mariposa tiene veinte mil ojos. La abeja reina pone tres mil huevos al día. La malva produce al año veinticinco millones de peces.

Dios es más maravilloso en lo pequeño que en lo grande. En 1989, con ocasión de un trabajo de investigación que estaba haciendo un equipo de ingenieros sobre el Sudario de Oviedo, para confirmar la autenticidad de la Sábana Santa de Turín, estuve en el Laboratorio de Investigación de Hidroeléctrica Española, donde trabajan estos ingenieros. Allí pude contemplar en un microscopio electrónico de barrido (scaner), (que puede llegar hasta los doscientos mil aumentos), la estructura de un grano de polen, un pelo de mosca, maravillosamente contorneado, el alvéolo de un ojo de mosquito, etc. etc. ¡Algo impresionante! No sabe uno que admirar más, si las maravillas grandes o las pequeñas. Si las velocidades de las estrellas, o la rapidez de la mosca moviendo sus alas 480 veces por segundo. Si el tamaño de los astros, o la maravillosa constitución del átomo compuesto de electrones, protones, neutrones y demás partículas subatómicas de existencia efímera 87 , en el que los electrones giran alrededor del núcleo, que representa al resto del átomo lo que una pulga a un estadio de fútbol 88. «El átomo es la porción indivisible de un elemento químico. Si lo dividimos en partículas subatómicas, deja de ser ese elemento químico. (...) Y está prácticamente vacío. Si el núcleo fuera del tamaño de una canica, los electrones estarían a una distancia de un kilómetro» 89. El núcleo del átomo mide una billonésima de centímetro 90. «En el seno de los laboratorios de física, y en las profundidades de enormes aceleradores, comenzaron a descubrirse nuevos elementos y partículas, cada vez más pequeñas, hasta llegar a los «quark», que parecen ser verdaderamente los últimos componentes de la naturaleza» 91. No sabe uno qué admirar más, si la exactitud del movimiento de los astros, o el prodigioso instinto de las abejas para hacer las celditas exagonales de su panal con la perfección con que podría calcularlas el mejor de los ingenieros: la forma exagonal permite la máxima capacidad con el mínimo material, uniendo la resistencia al aprovechamiento del espacio intermedio. Las abejas realizan en sus colmenas un difícil problema de estereometría con más precisión que el célebre matemático König, que al hacer el cálculo se equivocó por una errata en la tabla de logaritmos 92. Los sapientísimos instintos de los animales, y las leyes todas del Universo están diciendo a voces que han sido hechos por una gran inteligencia. Precisamente es muy reciente el nacimiento de una nueva ciencia, la Biónica, que se basa en el estudio de los seres vivos para hacer aplicaciones por los ingenieros 93. El nombre de Biónica es contracción de biología y electrónica. La Naturaleza ha conseguido cosas de técnica superior a la del hombre. El hombre no ha llegado al vuelo en zig-zag como la mosca, ni a la bioluminiscencia de algunos gusanos y peces de las

profundidades abisales que emiten luz de su cuerpo. 14. La evolución misma que hoy se estudia en distintos campos de la ciencia, responde a unas leyes que rigen ese proceso evolutivo, y que armonizan todas las evoluciones del Universo. La razón suficiente de las leyes que rigen esta evolución es la inteligencia de Dios 94. Antes se consideraba la Naturaleza actual como obra directa e inmediata de Dios. Hoy la consideramos más bien como el resultado de unas leyes que Dios ha puesto en la misma Naturaleza, y que han regido la evolución que nos ha llevado a lo que hoy contemplamos. No puede haber leyes si alguien no las hace. La ley supone un legislador inteligente, distinto de ella. Todo el mérito de la ley es de quien la ha puesto. El Dr. Bermudo Meléndez, presidente de la Real Sociedad Española de Historia Natural y Catedrático de Paleontología de la Universidad Complutense de Madrid, dice en la Revista IBÉRICA 95 , en un artículo titulado Estado actual de la teoría de la evolución: «Cuanto más investigamos el mecanismo del proceso de la evolución, tanto más comprendemos la realidad de la existencia de una inteligencia infinita capaz de haberlo programado todo». El Padre Teilhard de Chardin, que es actualmente el jesuita de más fama internacional en el terreno de la evolución, dice que «la evolución, como todos los procesos naturales, es un proceso sujeto a una ley que señala una dirección» 96. Newton, hablando del cosmos dijo: «Hay que reconocer la voluntad y el dominio de un Ser Inteligente y poderoso» 97. Y en otro sitio: «¿De dónde proviene todo ese orden y belleza que vemos en el mundo? ¿Fue el ojo ideado sin ingenio en materia de óptica? ¿No parece claro que existe un Ser Inteligente?» 98. Einstein escribió en The World as I see it: «La ley del cosmos revela una inteligencia de tal superioridad que comparada con ella todo pensar humano es insignificante». El Premio Nobel de Física Alfredo Kastler declaraba en agosto de 1968: «La idea de que el mundo, el Universo material, se ha creado él mismo, me parece absurda. »Yo no concibo el mundo sino con un Creador, por consiguiente, Dios. Para un físico, un solo átomo es tan complicado, supone tal inteligencia, que un Universo materialista carece de sentido». Toda organización supone un organizador. Si en la Naturaleza hay seres organizados, es inevitable reconocer la existencia de una inteligencia organizadora. El gran filósofo inglés David Hume, dice al final de su obra Historia natural de la Religión : «La organización de la naturaleza, en su totalidad, nos habla de un Autor inteligente» 99. 15. Es absurdo pensar que la Naturaleza se ha hecho sin la intervención de una inteligencia. ¿Te parece posible que un mono tecleando en una máquina de escribir componga este libro que tienes en las manos? Pues esto es mucho más probable que suponer que no ha intervenido una inteligencia en la formación del ojo humano (maravillosa máquina fotográfica), la agilidad de una mosca en el aire, o la función clorofílica de una hoja verde, que es un auténtico laboratorio químico. Las plantas son sensibles al aire, al Sol, a la luz, a la oscuridad, a la electricidad, al magnetismo, etc.; sintetizan sustancias y fabrican oxígeno 100: las plantas con la luz del Sol, desprenden oxígeno del agua, y absorben el anhídrido carbónico para sintetizar glucosa. En 1976 un grupo de científicos españoles de la Universidad de Sevilla ha logrado en el laboratorio repetir lo que hacen las plantas. Es decir, que este fenómeno se realiza en las

plantas según unas reacciones de leyes determinadas. Donde hay ley, orden, organización, hay inteligencia. Azar es lo que sucede sin ser dirigido por una inteligencia 101. No es lo mismo «azar» que «falta de información». El que salga «cara» o «cruz» al tirar una moneda al aire, más que azar es falta de información. Si conociéramos todas las variables que intervienen, podríamos saber si iba a salir cara o cruz. Lo mismo habría que decir de la cara que queda arriba al tirar un dado. El que no sepamos predecirlo no significa que no se deba a leyes determinadas. Por eso, muchas cosas que atribuimos al azar es por falta de información. En cambio, el ciego azar es totalmente aleatorio, como sería que un mono, tecleando en una máquina de escribir, sacara el libro que tienes en las manos. Lo casual no se repite varias veces seguidas. Lo que sale por casualidad no es repetible a voluntad todas las veces que se desee, por ejemplo el Premio Gordo de la lotería; en cambio, lo que es fruto de la inteligencia, sí se puede repetir a voluntad. Por eso el hecho científico puede repetirse a discreción, pues siempre se pueden conseguir los mismos efectos al poner las mismas causas. Pero lo que sale por azar no puede repetirse a voluntad. Las letras que forman este libro han necesitado muchas horas de trabajo para que digan lo que dicen. Si yo meto en un cubo todas estas letras y las tiro al suelo, hay una probabilidad contra miles de millones de que las letras salgan en el orden que tienen en mi libro. Y desde luego todo el mundo comprenderá que no saldría cincuenta veces seguidas. Las cincuenta ediciones de mi libro no hubieran salido con meter las letras en un cubo y tirarlas al suelo cincuenta veces. Este libro tiene un millón de letras sin contar puntos y comas. Al tirarlas al suelo, ni siquiera caerían derechas y en línea recta. Para que las letras se ordenen formando palabras, y las palabras se ordenen formando frases, hace falta una inteligencia ordenadora. Evidentemente, el orden que las letras tienen en este libro es uno de los órdenes posibles. Pero la probabilidad de que caigan las letras en este orden es una contra un número que tiene tres millones de cifras. El cálculo se ha hecho con calculadora. El número es tan grande que si lo nombráramos por su nombre propio, pocas personas lo entenderían: el número de permutaciones es de quinientos milillones (500.000 grupos de seis cifras). Para escribirlo con números del tamaño de las letras de este libro necesitaríamos una tira de papel de seis kilómetros de larga. Es decir, la probabilidad de que salga este libro al tirar las letras del cubo al suelo es prácticamente nula. Y menos aún que salga cincuenta veces seguidas. La prueba es que si alguien se apostara un millón de pesetas de que lo conseguiría, cincuenta veces seguidas, como las ediciones de este libro, aceptaríamos encantados la apuesta, seguros de ganarla. Pues si para hacer este libro hace falta una inteligencia ordenadora, ¿se habrán formado sin inteligencia ordenadora las moscas, las flores, los pájaros y el cosmos de precisión matemática? Dice Paul Davies en su libro La mente de Dios : «Cuesta trabajo creer que este intrincado universo exista por casualidad» 102.

El que contemplando el mundo sólo ve materia, es como el que entra en la Biblioteca Nacional de Madrid y sale diciendo que allí sólo hay papeles manchados con tinta de imprenta. Salvador de Madariaga dice: «Creo que la atribución del Universo y de la vida a la copulación del azar con la necesidad es un disparate de tal envergadura, que no hay intelecto humano medianamente ejercitado que lo pueda sostener en serio; y que la prueba de la existencia de un Creador es cosa al alcance de cualquier cabeza sana» 103. «El azar es algo inconsistente y poco creíble» 104. El azar no explica nada. Es tan sólo la razón de nuestra ignorancia. Llamamos azar al suceso que no hemos podido prever 105. El hecho de que al echar los dados no podamos prever qué cara quedará arriba, no significa que eso no se deba a una porción de combinaciones de fuerzas que no conocemos de antemano, pero que existen. Por eso dijo Jules-Henri Poincaré, Profesor de Física Matemática en la Universidad de París: «El azar no es más que la medida de nuestra ignorancia» 106. Y Monod reconoce que su tesis del azar es «una declaración de ignorancia» 107. Dice Wenher von Siemens: «Cuanto más penetro en el reino de las fuerzas de la naturaleza, tanto más sube mi admiración de la Sabiduría que resplandece en la Creación» 108. «El estudio objetivo de la Naturaleza, en su complejidad, no puede contentarse con el azar, estando ausente la inteligencia; sino debe admitirse que la Naturaleza reclama una Mente Superior» 109. Y Kastler, Premio Nobel, afirma: «Querer admitir que el azar haya creado el ser viviente me parece absurdo» 110. 16. Que la Naturaleza se rige según unas leyes es algo indiscutible. Estas leyes de la Naturaleza, son la base de la Ciencia. «El hombre de Ciencia sabe que idénticos efectos en idénticas circunstancias presuponen idénticas causas» 111. Sin tales premisas la Ciencia resultaría imposible. Aunque es verdad que algunas veces intervienen tantos factores que es muy difícil predecir de antemano lo que ocurrirá: como si saldrá cara o cruz al echar una moneda al aire. Entonces se acudirá al «cálculo de probabilidades» y estadísticas. De ahí el «principio de indeterminación» de Heisenberg en la microfísica donde tanto desconocemos; pero esto no niega que el resultado se deba a leyes determinadas 112. Admirar la Naturaleza e ignorar a Dios sería como admirar una máquina automática por la perfección de su funcionamiento e ignorar la inteligencia del ingeniero que ha hecho posible esa máquina. Por eso la Biblia dice que los que no conocen a Dios a través de la Naturaleza son unos necios 113. Afirma la Biblia: «Dijo el necio: No hay Dios» 114. .Y en otro lugar: «Los cielos cantan la gloria de Dios» 115.«Dios se hace visible a través de sus obras, por eso quienes no le glorifican no tienen excusa» 116. El Concilio Vaticano I condena a los que nieguen que la razón humana no pueda demostrar con certeza la existencia de Dios: «La misma Santa Madre Iglesia sostiene y enseña que Dios, principio y fin de todas las cosas, puede ser conocido con certeza por la luz natural de la razón humana partiendo de las cosas creadas». 117. Carlos Rubbia, Premio Nobel de Física, Director del Laboratorio Europeo para la Física de las Partículas, dice: «Hablar del origen del mundo lleva a pensar en la Creación... Para mí está

claro que esto no puede ser consecuencia de la casualidad»

118.

Igualmente, la belleza del plumaje de colores de algunos pájaros me hablan del talento del artista que concibió esa armonía de colores.

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87. MANUEL M.CARREIRA,S.I.: Metafísica de la materia, VII,1.Universidad de Comillas. Madrid.regresar 88. PATRICIO DÍAZ PAZOS: Las supercuerdas en INTERNET, www.civila.com/chile/astrocosmo regresar 89. TOMÁS ALFARO: El Señor del azar, 1ª, I, 1,b. Ed. San Pablo. Madrid. 1997.regresar 90. MANUEL QUIRELL: Tras los pasos de Dios, VII. Ed. Monte Casino. Zamora. 1977.regresar 91. RAFAEL RODRÍGUEZ DELGADO:Del Universo al ser humano,I,2,a. Ed.McGrawHill.Madrid.1997 regresar 92. JESÚS SIMÓN, S.I.: A Dios por la Ciencia,XIV. Ed. Codesal. Sevilla. Este interesantísimo libro, da mucha cultura sobre las maravillas de la Naturaleza, y engrandece la sabiduría de Dios, Autor de ella. regresar 93. MIGUEL RUBIO: La Biónica. Revista IBÉRICA de Actualidad Científica, n.16 (X-63) 400402. regresar 94. ADOLF HAAS: Evolución y Biblia, II. Ed. Herder. Barcelona, 1965 regresar 95. Revista. IBÉRICA de Actualidad Cien tífica, n.138 (X-73)551 regresar 96. FOTHERGILL: Evolución, marxismo y cristianismo en Teilhard de Chardin,II. Ed. Plaza.Barcelona. regresar 97. ANTONIO ROMAÑÁ, S.I.:Estado actual de la cosmología. Epílogo. Publicaciones del Observatorio del Ebro. Tortosa, 1966. regresar 98. ISAAC NEWTON: Optics, 3º edición. London 1721, pg. 344s. regresar 99. GARRIGOU-LAGRANGE: DIOS, su existencia, II, 2. Ed. Palabra. Madrid. 1976.regresar 100. SALVADOR DE MADARIAGA: Dios y los españoles, 2º, V, Ed. Planeta. Barcelona, l975.regresar 101. JOSÉ ANTONIO GALINDO: Dios no ha muerto, IV, 6, 5, a. Ed. San Pablo. Madrid. 1996.regresar 102. PAUL DAVIES: La mente de Dios. Ed. Interamericana de España. Madrid. 1976. regresar 103. SALVADOR DE MADARIAGA: Dios y los españoles, Introducción. Ed. Planeta. Barcelona.regresar 104. MANUEL QUIRELL: Tras los pasos de Dios, VIII. Ed. Monte Casino. Zamora. 1997.regresar 105. JOSÉ M. RIAZA, S.I.: Azar, Ley, Milagro, II, 1. Ed. BAC. Madrid, 1964 regresar 106. JOSÉ M. CIURANA: Pruebas racionales de la existencia de Dios, V.C. Difusora del libro. Madrid. regresar 107. JUAN LUIS RUIZ DE LA PEÑA: Teología de la creación, 2ª, VIII, 3, 3. Ed. Sal Terrae. Santander regresar 108. MANUEL QUIRELL: Tras los pasos de Dios, II. Ed. Monte Casino. Zamora. 1997. regresar 109. JOSÉ M. RIAZA, S.I.: La Iglesia en la Historia de la Ciencia, 2ª, XIII, 3, g. Ed. BAC. Madrid. 1999. regresar 110. A. KASTLER: Revista La Civiltá Cattolica, 136 (1985) 144. regresar 111. JOSÉ M. RIAZA, S.I.: Azar, Ley, Milagro, X, 7. Ed. BAC. Madrid.regresar 112. JOSÉ M. CIURANA: La existencia de Dios ante la razón,3º, II, A, b. Ed. Bosch. Barcelona, 1976.regresar 113. Libro de la Sabiduría, 13:1-10; SAN PABLO: Carta a los romanos, 1:2023.regresar 114. Salmo 14:1.regresar 115. Salmo 19:2.regresar 116. SAN PABLO: Carta a los Romanos, 1:19ss.regresar

117. DENZINGER: El Magisterio de la Iglesia, nº 1785,1806. Ed. Herder Barcelona.regresar 118. Revista ECCLESIA, n.2498 (20-X-1990) pg. 7.regresar

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