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El discurso filosófico de Foucault y Habermas. Juan Cano de Pablo.

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Juan Cano de Pablo

El discurso filosófico de Foucault y Habermas

Este artículo tiene la intención de dar una visión general del tema principal
desarrollado en la asignatura: "Crítica del poder: Foucault y Habermas". Para ello
partiremos de los interrogantes básicos que nos surgen cuando echamos un
vistazo a nuestra realidad cotidiana. Una vez visto esto nos asomaremos al
discurso filosófico de Foucault y de Habermas con objeto de vislumbrar las
soluciones que plantean. Pero antes de nada veamos algunas cuestiones previas.

Sociedad y sistema.

Todo ser humano tiene que vivir en sociedad. Hay muchos tipos de sociedades,
pero básicamente pueden distinguirse dos en base a su sistema económico: De
subsistencia y excedentarias.

Definamos la ética como costumbre, ya que viene del griego ethika, de ethos,
"comportamiento", "costumbre", principios o pautas de la conducta humana, a
menudo y de forma impropia llamada moral (del latín mores, "costumbre"). La
ética o la moral, como se prefiera, proporciona un contenido normativo que viene
dado de manera "natural" por así decir.

Definamos ahora axiología (del griego axios, "lo que es valioso o estimable", y
logos, "ciencia"), teoría del valor o de lo que se considera valioso. La axiología no
sólo trata de los valores positivos, sino también de los valores negativos,
analizando los principios que permiten considerar que algo es o no valioso, y
considerando los fundamentos de tal juicio.

Los filósofos han intentado determinar la bondad en la conducta de acuerdo con


dos principios fundamentales y han considerado algunos tipos de conducta
buenos en sí mismos o buenos porque se adaptan a un modelo moral concreto.
El primero implica un valor final o summum bonum, deseable en sí mismo. El
segundo propone el medio para alcanzar un fin. El primero es la ética
propiamente dicha, ya que lo que trata de garantizar es la vida de los miembros
de una sociedad. El segundo es la axiología desde en momento en el que el fin
que quiere alcanzar ya no sea el mismo de la moral (en cuyo caso sería una
"ética axiológica"), sino el beneficio de unos pocos.

La moral proporciona el contenido normativo a una sociedad. La axiología


proporciona el contenido normativo a un sistema. Sociedad y sistema son
inseparables, es decir, toda sociedad tiene un sistema. Pero es la sociedad la que
soporta el sistema y no al contrario.

En las sociedades con una economía subsitencial, ética y axiología coinciden, ya


que su sistema económico no permite una pluralidad de sistemas normativos. Sin
embargo, las sociedades con economías excedentarias recurrentes permiten la
existencia de diferentes sistemas económicos y por consiguiente de distintas
axiologías.

Centrémonos en este último tipo de sociedades. En ellas se puede elegir un


sistema u otro, pero al menos un sistema tiene que dirigirla. Tenemos, pues, que
sociedad y sistema tienen un contenido normativo que no tiene porque ser el
mismo, que dependiendo de los casos podrá ser contradictorio, igual o
equivalente.
Ambos contenidos normativos tienen detrás el poder. La diferencia estriba en que
si bien la moral pretende repartirlo, la axiología intenta concentrarlo. También
sucede que debido a la "insociable sociabilidad del ser humano", tanto las
sociedades como los sistemas son un mal necesario ya que pueden pasarse de
represivas.

Hay casos en los que un mismo sistema domina varias sociedades, bien sea por
imposición, por conveniencia o por necesidad. Esto ocurrió con la religión en los
sistemas preindustriales. En los sistemas industriales ocurre con el capitalismo,
cuya axiología viene diseñada por las ciencias. Cuando esto sucede y la axiología
del sistema imperante supera a la ética de las sociedades se produce lo que unos
llaman reclusión y otros sociedad de bienestar.

Contra el sistema.

¿Qué significa ir contra el sistema? Todo el mundo parece echar pestes contra él.
Está claro que el sistema sólo proporciona libertad, igualdad y fraternidad para
unos pocos. Está claro que el sistema no es equitativo, pero ¿hasta qué punto es
prescindible? ¿hasta qué punto puede hacerse algo sin disciplina? ¿hasta qué
punto estamos dispuestos a renunciar a lo que tenemos?
Hace unos años le preguntaban a Alfonso Guerra cómo estaba la puerta de
Europa, él contestó que estaba "entorná". No puede ser de otra manera. La tarta
de Europa se reparte y si los comensales son muchos, cada vez se toca a menos.
¿Estamos dispuestos a renunciar al nivel de vida que tenemos?. Y no habrá quien
diga ¡sí!, ¡yo sí!, mientras aparta el móvil de su oreja. Naturalmente, la
concentración de poder sólo beneficia a unos pocos, la capacidad corruptora del
poder alcanza incluso a los dioses, como dijo Tolkien. El sistema es necesario, sin
embargo es el germen del totalitarismo, aunque este sea un totalitarismo
soterrado desde que las ciencias se hicieron con el poder.
El anarquismo resulta inviable, el comunismo fracasó, parece que lo único que
funciona es el capitalismo. El capitalismo, que al mismo tiempo que sacia el
hambre esclaviza a las personas, que es capaz de reabsorber cualquier intento
de crítica porque en sí mismo es perfecto. Es el sistema que permite exponer a
Foucault su indignación y a Habermas su propuesta para alcanzar el consenso,
pero solamente porque le son inofensivas e incluso beneficiosas. Y sin embargo
¿qué mejor que conocer el engaño? ¿acaso hay otra manera de ser "libres"?
¿Es posible criticar el poder? ¿a qué tipo de poder nos estamos refiriendo? ¿sirve
de algo la acción comunicativa habermasiana? ¿es posible el diálogo? ¿qué valor
tiene el consenso? ¿es lícito crear por consenso, por ejemplo, la facultad de
ciencias de los agujeros de botijo? Y si no lo hay, ¿qué hay en su lugar? ¿todos a
golpes? ¿todos sometidos?. Esta es la aporía que urge dilucidar. ¿Nos ayudará la
filosofía? Y si no ¿para qué malgastar el tiempo en ella?

Crítica del poder: Foucault y Habermas.

Arrojar luz sobre estas cuestiones es lo que se propone el profesor López Molina
en la asignatura: "Crítica del poder: Foucault y Habermas". El hilo conductor es el
debate que se establece entre Habermas y Foucault acerca del poder, en el cual
se clarifican ambas propuestas como las dos caras de una misma moneda.
Tratemos de ver sucintamente el núcleo de dichas posturas.

Existe una visión de la historia de las ciencias humanas que admira cómo se han
ido constituyendo éstas en los siglos XVIII y XIX. La propuesta Foucaultiana es la
de ver las cesuras y los problemas de la constitución de esas ciencias tanto en su
parte beneficiosa como en su parte más soterrada, porque si bien es cierto que
han surgido de muchos modos, no es menos cierto que han progresado como un
intento de servir al poder. Han surgido con el propósito de crear un estado, un
sistema social planificado y controlado "científicamente". De esta manera la visión
que se comienza a tener de los saberes es borrosa ya que no es tan interesante
como en un principio parece, sino que estos saberes han estado desde un
principio al servicio de un poder supremo ejerciendo unas prácticas cuando
menos oscuras.
En este sentido Foucault piensa que la psicología clínica, la pedagogía, la
sociología, la politología, y la antropología cultural proporcionan tecnología del
poder, terapias, técnicas sociales para apoderarse del individuo, para recluirlo y
así impedir cualquier posibilidad que no sea la racionalidad instrumental.

Para llevar a cabo este análisis Foucault propone la construcción de una


arqueología de las ciencias humanas, su método es el método arqueológico y el
método genealógico. Con este método se propone realizar una investigación
sobre las ciencias humanas en la cual se analice el discurso filosófico, científico,
literario, las prácticas sociales y las prácticas que posibilitan esas ciencias al
mismo tiempo; de tal modo que se produzca una interacción especial entre lo que
es la liberación y la esclavitud. La arqueología de las ciencias humanas propone
ver las cesuras y los problemas que están en el origen de las ciencias humanas,
es decir, la aparición de la ciencia como propuesta de ilustración y como práctica
de esclavitud. Pone de manifiesto el doble sentido de toda aparición del discurso
científico. Es en este sentido en el que la arqueología se une con la genealogía
para analizar los orígenes de todas esas prácticas científicas. La propuesta
foucaultiana va expresamente en contra de la hermenéutica en cualquiera de sus
formas. Lo que en la arqueología nos importa delimitar es el margen, lo negativo,
lo que el historiador no ha utilizado. A la hora de valorar un texto, tanta
importancia tiene lo que se dice, como lo que se excluye. De este modo tenemos
que en la arqueología es clave la exclusión de elementos que son importantes en
el discurso.

Las prácticas que conlleva ese discurso (sobre todo el discurso científico) van
unidas al concepto de disciplina, al concepto de fuerzas socializadoras, a la
voluntad de sistema. La arqueología y la genealogía quieren poner en claro qué
discurso hay excluyente en ese mensaje, puesto que lo que no se dice en el
mensaje es que la voluntad de sistema (que es la voluntad de verdad) tiene
detrás la voluntad de poder. De esta manera resulta que al mismo nivel de la
aparición de diversas ciencias, lo que llevaría un proceso de liberación de la
sociedad en sí mismo, lleva al mismo tiempo a un proceso de esclavitud y
condenación de múltiples individuos. Con esto sucede un paralelismo entre lo que
llamaríamos las ciencias mismas y la disciplina, convirtiéndose la disciplina en
fuerzas socializadoras.

Pasos a seguir.

Para Foucault toda conciencia histórica intenta lanzar un puente entre el pasado y
el futuro, siendo ese puente el presente. De este modo la conciencia histórica
establece unos vínculos hacia el futuro, pero desde el presente. Foucault aniquila
el privilegio del presente y pone en su lugar la genealogía, lo que llama los inicios
contingentes de las poblaciones humanas. Nos encontramos ante elementos
sociales que son sistematizados por el historiador. El historiador pretende
construir la identidad del acontecimiento histórico desde su propia identidad.

Tenemos por tanto que lo que hay que hacer es:


• Suprimir el privilegio del presente.
• Potenciar los elementos contingentes del comienzo.
• Romper la identidad del historiador, o lo que es lo mismo, romper la voluntad de
sistema.

El método arqueológico-genealógico de Foucault recupera lo excluido adrede y


ese recuperar lo olvidado adrede es la clave interpretativa desde la cual podemos
entender nuestra propia historia. Expresar la historia de la humanidad en las
ciencias humanas como crítica a la razón, se hace ahora desde la categoría del
poder. Mediante ese método Foucault pretende neutralizar las llamadas ciencias
humanas y proponer que se ponga en su lugar su propia arqueología o
genealogía del saber.

La destrucción de las ciencias humanas.

Para destruir las ciencias humanas mediante la arqueología, Foucault se remonta


a las condiciones de posibilidad del discurso que está presente en esas ciencias
humanas. Esa vuelta genealógica sigue la clave de la exclusión de múltiples
discursos. Tras hacer todo esto se llega al concepto de poder como clave teórica
desde la cual se establecen todos los discursos de las ciencias humanas.
Habermas afirma que Foucault llegó al concepto de poder desde dos ángulos
distintos, el intuitivo y el trascendental. La experiencia fundamental de Foucault es
descubrir que detrás de todos los discursos de la reconstrucción hermenéutica de
las ciencias humanas, lo que hay es la exclusión de la categoría trascendental,
que es la que hace posible todos los demás discursos y que es el concepto de
poder. Se trata pues, de recuperar el concepto de poder como categoría
trascendental de un nuevo discurso sobre las ciencias humanas construido según
el método arqueológico-genealógico.

La contestación de Habermas.

Foucault piensa que tanto las ciencias de la naturaleza, como las ciencias del
espíritu tienen un mismo origen (las tecnologías del poder) pero una doble
diversificación. Las ciencias de la naturaleza ofrecen objetividad y verdad
mientras que las ciencias humanas pretenden, en último término, la aniquilación
del sujeto.
En el punto de vista de Habermas la pregunta es: ¿Cómo sostener esta
distinción? ¿qué es lo que permite a Foucault mantener esta afirmación? ¿en qué
sentido las ciencias humanas no son liberadoras? Habermas dice que lo que
habría que hacer es una pragmática trascendental en términos de una teoría del
conocimiento (como él hace en Conocimiento e interés) para demostrar que las
ciencias humanas son contra-ilustradas.

Tenemos que en último término la intención de Foucault es la construcción de una


historia genealógica de la humanidad que sea una anticiencia (que no sea una
ciencia de los valores ni una ciencia participada por relaciones axiológicas) que
supere las aporías de las ciencias humanas interpretadas como producto de la
filosofía del sujeto. Foucault pretende construir las ciencias humanas intentando
evitar las aporías y las dificultades en las que caen las ciencias humanas
tradicionales.

En este sentido Habermas denuncia que este concepto de poder cae en las
mismas aporías de las que Foucault acusa a las ciencias humanas. Habermas
aplica a la teoría foucaultiana del poder la misma "medicina" que Foucault aplica
a la teoría de la constitución trascendental kantiana, o a la misma teoría de la
filosofía de la conciencia, o del sujeto trascendental kantiano. Para Habermas la
historiografía genealógica de Foucault cae en tres aporías. Estas tres aporías son
el presentismo, el relativismo y el criptonormativismo. Así pues, las
investigaciones que Foucault lleva a cabo, en sí mismas no tienen validez
universal, tienen un valor puramente relativo. Puesto que Foucault convierte la
pretensión de validez en una verdad puramente ilusoria y empírica, eso mismo se
puede achacar a sus propias investigaciones. El concepto de validez no iría más
allá de sus propias investigaciones.

Foucault pretende tener una actitud meramente descriptiva. Quiere poner entre
paréntesis todo concepto de pretensión de validez y a partir de ahí describir lo
que se ve, lo que Max Weber llama neutralidad valorativa. Para Habermas la
pretensión foucaultiana se queda en un vulgar intento. El discurso foucaultiano
sólo puede ser aceptado en su parte negativa, es decir, para desenmascarar las
exclusiones que la sociedad del bienestar lleva consigo. Sin embargo, según
Habermas no acierta en que no da cuenta de lo positivo de la sociedad del
bienestar. Esto sucede porque su discurso elimina toda posibilidad de acción
comunicativa. La filosofía de Foucault sigue anclada en la filosofía de la
conciencia y en el ámbito de la filosofía del sujeto. La teoría foucaultiana fracasa
en querer escapar a la filosofía del sujeto.
Para Habermas el método de Foucault está muy bien construido, pero no es el
método que Foucault sigue en sus propios discursos. En este punto es donde
podemos encontrar lo que Habermas llama las exclusiones de Foucault, es decir,
las incapacidades de la filosofía de Foucault para explicar múltiples aspectos de
la realidad. Habermas se plantea la manera de explicar con los elementos de la
filosofía de Foucault dos temas muy importantes: 1) El orden social, esto es, el
estado actual que causa la sociedad de bienestar de la que se siente
políticamente comprometido y de la que es parte Foucault. 2) La relaciones entre
individuo y sociedad.

Habermas piensa que si todo es biopoder (el poder que está inserto en todos los
ámbitos, que no vemos, pero que padecemos) como dice Foucault, la filosofía
foucaultiana presenta un déficit bastante grave. Esto es así porque, por una parte,
desde ese concepto de biopoder es imposible explicar el progreso social en
términos de moralidad. Y en segundo lugar resulta imposible explicar las
formaciones de la identidad personal ya que no hay categorías suficientes para
explicar estos dos aspectos. Habermas piensa que el modelo foucaultiano de
subsunción bajo las formas de poder, como única forma de explicación tanto del
orden social como de las relaciones entre individuo y sociedad, produce un déficit
categorial tan alto, que la teoría foucaultiana se siente incapaz de explicar lo que
pretende explicar.

Las categorías que utiliza Foucault para explicar estos dos problemas serían: el
modelo de procesos de avasallamiento por el poder y el modelo de acción
estratégica o de acción instrumental. Frente a eso, el modelo habermasiano de la
acción comunicativa supone la puesta en marcha de un ámbito de estudio en el
que las categorías fundamentales serían los procesos orientados al
entendimiento, procesos que están regidos por normas y valores. En último
término el valor más importante de esos procesos es la búsqueda de la
emancipación.
Así pues vemos que tanto Habermas como Foucault centran sus análisis en la
búsqueda del valor que da sentido a todos los demás, es decir, la libertad.
Madrid, 12 de marzo del 2000.
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