MOVIMIENTO EN FORMACIÓN - CUADERNO 1

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LA POLÍTICA EN MOVIMIENTO
(o como hacer política en el partido desde y con los movimientos sociales)

COMISIÓN DE MOVIMIENTOS SOCIALES - TIERRA Y LIBERTAD -

PARTIDO

TIERRA Y LIBERTAD

LA POLÍTICA EN MOVIMIENTO
(o como hacer política en el partido desde y con los movimientos sociales)

Los movimientos sociales hoy, el caso peruano. Las últimas décadas, tanto en nuestro país como en toda Latinoamérica cobran relevancia actores sociales movilizados que se diferencian de formas existentes de articulación gremial como los sindicatos y también los partidos políticos. Para intentar comprender las características, potencialidades y efectos de estos actores en los procesos de transformación social se han construido enfoques teóricos pero también explicaciones que colocan el énfasis en su capacidad política. En esta línea pretendemos situar el trabajo de TyL con los “movimientos sociales” definiéndolos operativamente como una forma de organizar la acción colectiva ante una problemática común y en base a una identidad compartida que los identifica y diferencia. Los movimientos articulan también algún nivel de organización y liderazgos que les permite desplegar la protesta, planteando a la vez discursos en los cuales presentan su problemática y expresan su postura sobre el país. En el curso de su accionar los movimientos sociales revelan una importante capacidad para interpelar al Estado y a la sociedad civil generando cambios en leyes y políticas públicas pero también impactando en sentidos comunes, idearios, etc. Casos representativos de esto pueden ubicarse por ejemplo en las luchas del movimiento feminista o el de derechos humanos que además de conseguir marcos normativos y políticas relacionadas a sus demandas, aportan también a que la población avance en asumir perspectivas de equidad de género, respeto a las diferencias, interculturalidad, etc. De otro lado, tomando en cuenta la prolongada crisis de partidos que atraviesan las sociedades latinoamericanas en general y el Perú en particular, los movimientos sociales adquieren una renovada importancia, más aun cuando los partidos de izquierda pierden capacidad de representar efectivamente los intereses de los sectores empobrecidos. Lejos de esperar que las estructuras partidarias recobren la

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vitalidad perdida, organizaciones y movimientos sociales optan por disputar en el terreno de la política institucional, sea participando en elecciones o marcando postura en coyunturas claves. Es el caso de lo ocurrido en Bolivia donde el movimiento indígena y cocalero impulsó el MAS como el “instrumento político” llevando al poder a Evo Morales. Fue también la idea del PT articulando a una serie de organizaciones con el fin de competir electoralmente. Salvando las distancias, también en el Perú podemos identificar los esfuerzos de los movimientos sociales para desenvolverse en el terreno político más allá de la protesta, como puede ser el caso del movimiento indígena amazónico y diversas experiencias de poder local y territorial que tiene en zonas como Amazonas o Loreto. Justamente, al hablar de movimientos sociales en el Perú actual, conviene preguntarse ¿de qué movimientos sociales hablamos y sobre todo cuáles nos interesa articular a la propuesta política de TyL? En tal sentido, podemos distinguir dos grandes grupos, de un lado los movimientos cuya problemática se articula a cuestiones más bien sectoriales (universitarios, docentes, campesinos y mujeres etc.); y de otro lado, las diversas poblaciones que se organizan contra la expansión de la industria extractiva especialmente minera (Conga, Espinar, Islay, etc). Respecto a los primeros, podemos afirmar que varios de ellos atraviesan un importante proceso de politización, movilización y re-estructuración organizativa sosteniendo una plataforma que demanda mejoras redistributivas. Al mismo tiempo, alejados de las promesas reformistas de Humala, pueden poner discusión ejes y referentes ideológicos del modelo neoliberal tales como la primacía del mercado en ámbito educación, laboral, etc. Se hace importante así establecer vínculos con esto espacios y enlazarlos a las líneas de trabajo del partido especialmente en lo que se refiera a movimiento universitario, docentes, organizaciones género y campesinas. Sobre los segundos, los pueblos y comunidades afectadas por la industria extractiva, vale destacar la intensa y masiva capacidad de movilización que han demostrado en las propuestas, aunque esto no tiene un correlato en términos de avanzar en representación política, teniendo poco impacto en el terreno político institucional. En similar sentido, los liderazgos no trascienden lo local, evidenciando serias dificultades para concretar estructuras organizativas nacionales por lo que las movilizaciones se muestran desconectadas entre sí sin llegar a articular una plataforma unificada y acciones conjuntas (por ejemplo Conga y Espinar). No obstante, son uno de los actores sociales más relevantes en la actual coyuntura tanto por el nivel de movilización mencionado como por su potencial para interpelar al modelo económico en sus dimensiones
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productivas e ideológicas pues sus demandas colisionan con sus formas de vida y miradas del desarrollo. El trabajo con estas poblaciones, adquiere relevancia además dada la coincidencia que expresa con la propuesta política de TyL, su crítica al extractivismo y su apuesta por una sociedad con democracia y justicia social en un horizonte socialista. El contexto político en que nos desenvolvemos. Partiendo del reconocimiento de la necesidad y pertinencia de trabajar políticamente con estos movimientos sociales, pasemos a analizar algunos aspectos del contexto político a tener en cuenta para pensar la viabilización de las líneas de acción y tareas a asumir. Un primer aspecto clave a tomar en cuenta es el hecho de que estamos todavía ante una sociedad “post fujimorista” lo cual se expresa a su vez en dos aspectos claves, de un lado, el mantenimiento del andamiaje económico neoliberal impuesto a partir del autogolpe de 1992, de otro lado, las secuelas del conflicto armado interno y la posterior pacificación. En ambos casos, el Fujimorismo se ha mostrado exitoso en cuanto a delinear y consolidar las bases, legislativas, discursivas e ideológicas que, salvo algunas puntuales modificaciones, los diversos gobiernos han continuado, teniendo efectos concretos en la acción de los movimientos sociales. En el terreno económico, el modelo neoliberal sustentado en la re-primarización de la economía y la expansión del capital extractivo ha conseguido mantenerse como un referente casi inamovible, dando a entender a la ciudadanía que es prácticamente imposible otra forma de gestionar el desarrollo del país y presentándolo además como generador del crecimiento por las cifras macro económicas y la expansión del consumo. Tal situación va ligada a un marco legal y normativo abiertamente favorable a la inversión privada que minimiza rol del Estado y limita las posibilidades de reformas claves para la redistribución y la participación ciudadana. Dada la actual composición del Congreso, la poca voluntad de los sectores nacionalistas y la fuerte presencia de lobbys es poco probable que se den algunos cambios relevantes. Junto a esto se viene consolidando un discurso ideológico “neoliberal” atractivo a las mayorías, pues expresa una mirada competitiva y “exitista” que premia el logro individual y centra las posibilidades de ascenso social en las opciones del mercado. Esto en desmedro de apuestas colectivas y referentes discursivos que valoran la solidaridad y la reciprocidad así como la importancia del ser humano y la naturaleza sobre la
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voracidad del mercado. De otro lado, en lo que respecta al post conflicto armado, el legado fujimorista se presenta victorioso y cuasi hegemónico en términos de la memoria difundida sobre las causas de la violencia y los artífices de la pacificación otorgando un lugar preponderante a las fuerzas armadas y policiales. Además, constatamos impactos de diversa índole en la sociedad nacional, principalmente en materia de la impunidad existente, irrespeto a los derechos humanos y la forma de enfrentar la protesta social, criminalizándola y reprimiéndola brutalmente. Particularmente preocupante es también la aparente recomposición de las fuerzas armadas como un poder fáctico tras la crisis y fisuras que trajo el montesinismo; la cerrada defensa del estado en el caso Chavín de Huantar y el reciente fallo de Villa Stein refleja este renovado espíritu de cuerpo entre los militares, dejando atrás “sutilezas” de gallinazos y colinas. Un segundo aspecto clave a tomar en cuenta es el alineamiento del Gobierno de Ollanta Humala con la continuidad frente al modelo económico y la política post fujimorista. Atrás quedaron las promesas de Gana Perú y sus anuncios por “hacer la diferencia” frente a los gobiernos anteriores. La opción por la continuidad y el desprecio por el electorado que confió en las promesas de campaña deslegitima a la democracia y anula al Partido Nacionalista como opción transformadora. El último cambio de gabinete y el discurso de 28 no anunciaron nada sustancial dejando más bien silencios y ausencias preocupantes. En lo que respecta a la acción de los movimientos sociales, resalta la abierta sujeción al modelo económico y la reafirmación de que es la vía para lograr el desarrollo del país, pese a las brechas crecientes de la desigualdad social y económica. En segundo lugar se cuenta la política socio ambiental y energética la cual va a continuar sin mayores reformas con lo cual también van a continuar los conflictos sociales en distintos lugares y con diversas intensidades. La postura de priorizar el dialogo se torna declarativa pues se mantiene el eje central político normativo e institucional abiertamente en contra de las poblaciones y comunidades. Como telón de fondo el gobierno de Ollanta ha sido incapaz de brindar un horizonte claro del proyecto que quiere para el país; más allá del eslogan de la “inclusión” no hay ningún mensaje político sustancial respecto al desarrollo, la modernización y diversos problemas del país. El presentar la inclusión solamente vinculada a los programas sociales, aunque importante, resulta insuficiente, pues se apela a la focalización en desmedro de derechos universales y de reconocimiento político priorizando casi exclusivamente la lucha contra la pobreza, sin combatir viejas y reiteradas inequidades. Sin estructura ni operadores partidarios, sin aliados importantes ni cuadros técnicos, sin referentes ideológicos que contraponer al neoliberalismo, ni principios claros frente a la democracia, en su primer año el gobierno luce bastante desgastado.
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Ambos factores tienen un fuerte impacto en la dinámica de las organizaciones sociales, las mismas que han mantenido plataforma crítica al modelo, destacando una creciente radicalidad de las bases expresada en las acciones de protesta que generalmente sobre pasa la capacidad de representatividad de los líderes. Este estado de ánimo “radicalizado” puede terminar abonando a la presencia de grupos políticos poco democráticos como Movadef o el etnocacerismo. El momento político, interpela a las agrupaciones de izquierda como TyL respecto a cómo construir una proyecto político con los movimientos sociales y en las actuales condiciones políticas, disputando el espacio a estos grupos y posicionando los principios y el programa partidario. Desde la Comisión de Movimientos Sociales, urge consolidar un trabajo que articule, teja vínculos con los movimientos y organizaciones, al tiempo que construye discurso, reflexiona y aporta al debate sobre las formas de hacer política desde y con los sectores movilizados. Justamente, el siguiente punto destaca algunas ideas. La construcción partidaria con los movimientos sociales. Hasta ahora en los partidos de izquierda, ha primado la tendencia de “instrumentalizar” movimiento como plataforma o base social movilizable con poco margen de decisión final en las decisiones relevantes como procesos electorales o estrategias de representación política. Esta postura ha generado desconfianza en las organizaciones sociales hacia las estructuras políticas acentuando la crisis de representación. Al otro extremo, últimamente se cuentan también corrientes “movimentistas” que ponen por delante la acción de los movimientos sociales como principales sujetos de la política en desmedro de la acción de los partidos y de la importancia de actuar también en el terreno electoral. Como Comisión, pensamos que ninguna de estas dos opciones es la acertada para emprender un proceso colectivo que, acorde con la problemática actual del país sea capaz de potenciar la movilización pero a la vez de tejer niveles de representación y articulación política, no como espacios separados sino como dinámicas convergentes.
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Se trata de aportar a que los movimientos sociales identificados como relevantes para el trabajo partidario puedan también avanzar en expresar sus luchas en el terreno de la política institucional y encuentren en TyL espacio para construcción conjunta para ello. En el mismo sentido, se espera articular con ellos una mirada actual del país dando forma a un discurso y un vocabulario político a partir del cual expresar también demandas y propuestas. Desde la organización partidaria se trata de construir con ellos, pero también desde ellos generando vínculos concretos en territorios determinados. En concreto, como comisión podríamos aportar en tres ejes principales que a su vez pueden tener repercusiones en TyL mas allá de la Comisión:

Articulaciones orgánicas; lo cual implica coordinaciones claves a nivel interno del partido y externo con organizaciones sociales y colectivos que consideramos relevantes. En el primer nivel, destaca el trabajo que se puede iniciar con la comisión de formación, el comité universitario o el comité de mujeres. En el segundo el trabajo con organizaciones movilizadas por ejemplo en Cajamarca, la CCP o la CUT y también colectivos con los que se pueda emprender procesos de confluencia. Construcción/difusión de discurso; Iniciando actividades en torno a temas claves, desde lecturas sobre realidad nacional ideario y temas programáticos, hasta propuestas concretas de TyL como la presentada sobre nueva minería. Esto a su vez puede trabajarse territorialmente en regiones que consideramos relevantes y donde podemos empezar el trabajo, por ejemplo Cajamarca, Ayacucho y Cusco. Apoyo a campañas y movilizaciones, apoyando iniciativas concretas de los movimientos como la marcha del agua.

Lima, agosto de 2012.

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Comisión de Movimientos Sociales - Tierra y Libertad 2012

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