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Disclaimer: Ni Jared Padalecki ni Jensen Ackles me pertenecen, si fuese así no estaría aquí, escribiendo cosas sobre ellos... ¿O sí?

El prompt en el que me he basado pertenece a herebutnotremembered y su maravilloso video del que he tomado el título. La autora conoce estos hechos y está de acuerdo con ellos. Esta historia es RPF y RPS. Nada de cuanto se narra es real. Título: Someome Like Me Pairing: Jared Padalecki & Jensen Ackles Rating: NC-17. (MA) Palabras: ~26.753~ Resumen: Jared Padalecki ha dejado atrás una vida que pretende olvidar. Jensen Ackles es el encargado de encontrarle. Cuando se conozcan, deberán aprender a confiar el uno en el otro para que los secretos de su pasado no destruyan su futuro. Notas y Advertencias: En este fanfic se trata de forma explícita la relación entre dos hombres, si no es de tu interés, por favor no sigas. Todos los datos aportados acerca de los tratamientos y terapias de las que se hablan en la historia por desgracia son ciertas, así como Saint Hills está inspirada en un caso real. Beta: Hermione Drake

Someone like me I've been roaming around, I was looking down at all, I see painted faces fill the places I can't reach You know that I could use somebody .... I hope it´s going to make you notice someone like me

Al principio iba a ser un trabajo más, en su empleo buscar a un niño pijo que se ha fugado de casa era casi una rutina. Según les reveló el hermano mayor del chaval, un tal Jeff, uno de los amigos del desaparecido —un chico llamado Chad— había confesado que Jared siempre había querido conocer la Gran Manzana. Así que Jeff se había impuesto la tarea de contratar a los mejores detectives de la ciudad para evitar que la noticia llegase a la prensa de San Antonio. Fue entonces cuando un allegado de la familia le recomendó la agencia J&M. Rápidos, eficientes y, sobre todo, muy reservados. Aquel punto parecía ser importante para los Padalecki; sí, querían al benjamín de vuelta, pero sin hacer el más mínimo revuelo. En política, cualquier escándalo podía costarte los votos tan arduamente trabajados y por lo visto el patriarca no estaba por la labor de que se supiese que aquella última Navidad el menor de sus hijos varones se había esfumado sin dejar ni una nota de despedida. El resto fue tan sencillo como sumar dos más dos: firmar los documentos legales que les permitirían rastrearle, recibir una carpeta por correo certificado con el historial del desaparecido y ponerse a buscar en las bases de datos más habituales. Nada que no hubiesen hecho antes, desde luego, pura rutina. A veces una persona va dejando huellas sin pretenderlo ni darse cuenta y, aunque llegaban miles de personas cada día a la ciudad, también era cierto que J&M poseían un nombre por algo. Eran los mejores. —El rastro de la tarjeta se pierde en el aeropuerto Logan, desde ahí lo más seguro es que tomase el tren y por suerte eso implica cámaras de seguridad a lo largo del recorrido, si se bajó o subió acabaremos por pillarle. —Misha garabateó algo y contempló a Jensen, que leía el legajo con expresión indescifrable—. ¿Has encontrado drogas? Sería lo más normal, sobre todo entre gente con tanta pasta y demasiado tiempo libre. —Poco antes de desaparecer estuvo en un centro privado de rehabilitación psicológica, se perdió el semestre —respondió pensativo. —O lo que es lo mismo, está enganchado a alguna mierda y el padre no quiere que sus votantes y los que le financian la campaña sepan que no son la familia perfecta y cristiana que afirman ser —concluyó el moreno. —Hay algo en el nombre de ese tío... —¿Padalecki? Es congresista, ¿no? —Sí, republicano, tiene un pequeño rebaño en Texas, uno muy poderoso. —Se encogió de hombros, intentando aparentar que recordar de dónde venía le daba lo mismo, a veces hasta se lo creía.

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—¿Le conoces? Tú eres de por allí, ¿no? —indagó Misha mientra tecleaba en su portátil. —Sí, recuerdo haber oído hablar de él y su perfecta familia, ya sabes, todo el rollo religioso y lo que se mueve en torno a eso. Un asco —explicó—. Pero no me refiero a eso, Padalecki es previsible, el típico ricachón empeñado en hacerse un nombre en política, hablo del director de Saint Hills. Richard Prittchard. —Joder, ¿Saint Hills? —preguntó Misha con un bufido de asco—. Eso suena a asilo para locos del siglo pasado o, lo que es peor, a seminario. —Hay algo en ese nombre, Misha —repitió Jensen, absorto en la foto del chico. Era una de estudio, obviamente tomada para la campaña electoral de su padre. Era bastante alto y parecía guapo; claro, era guapo si te iban los niños de dos metros con cara de mala hostia y ojazos tristes. Incómodo, se removió en su asiento. Parece ser que sí, que le iban. Apretó los párpados y pensó en cuando había sido la última vez que había sentido aquel chispazo de atracción ante una simple foto; la respuesta era que nunca, ni de adolescente se había dejado llevar así. Vergonzoso, estar en plan calentorro a esas horas, se reprendió mientras tomaba un bolígrafo y empezaba a apuntar ideas con rapidez. Dos semanas más tarde la madeja comenzó a desenredarse. —Aquí hay algo —Misha rió—. La gente no debería usar las redes sociales con tanta impunidad, ¿sabes? El chico Padalecki tenía dos cuentas de Facebook asociadas a una misma IP, la cual a su vez pertenece a su ordenador personal. Se lo dejó aunque había borrado todo el disco duro y uno de los perfiles días antes de desaparecer. Sin embargo toda la información referente a su identidad, incluyendo la ubicación geográfica, actividades más recurrentes y conversaciones incluso las que han sido borradas, entre otras cosas interesantes, permanece durante un tiempo indeterminado almacenado en los servidores de la empresa. Es el Gran Hermano, tío, si no quieres que te pillen, usa la vía habitual y vete al quiosco de la esquina. —¿De qué hablas? —Se levantó para apoyar las manos en el respaldo de la silla de su amigo y observar la pantalla. Ni siquiera hizo el intento de preguntar cómo había accedido a aquellos datos, no se iba a enterar de todos modos. —Tenemos un motivo más además de drogas, Jen —anunció Misha—. Ese niño juega en tu mismo equipo. Frente a ellos había una lista de los sitios web a los que se había accedido mediante aquella aplicación, la mayoría de ellos eran blogs y páginas con información sobre identidad sexual así como un buen número de enlaces a porno; mierda, algunos hasta los conocía. —Es gay —dijo sin necesidad, ya les había quedado claro al ver el número de entradas a Queer´s.com—. Quizás a papi Padalecki no le hizo demasiada gracia el tema, si es que lo sabe, ¿no te parece? Fijo que no. —Hay más, tengo la transcripción entre un tal Eric K. y el chico, hablan un poco de todo, de arte, de fútbol y de visitar el MOMA juntos y éste si tiene su cuenta activa. Deberíamos investigarle y ver si siguen en contacto. Nueva York era enorme y quizás entre los millones de personas que habitaban la ciudad era fácil desaparecer, pero Jared Padalecki no contaba con que Jensen Ackles fuese

el encargado de dar con su paradero. El resto, después de rastrear sus pasos por la web, fue pan comido. Como decía Misha, si no querías ser encontrado, había que recurrir a lo tradicional; por suerte para ellos, el chico no conocía ese consejo. Aquellos iban a ser los diez mil pavos más fácilmente ganados de su carrera.

De los dos, fue el primero en notar la presencia del otro; bueno, aquello no tenía un mérito especial, al fin y al cabo estaba entrenado para captar los más nimios detalles de su entorno y procesarlos en su provecho. A pesar de su juventud era uno de los mejores en su trabajo y no le importaba reconocerlo. Había trabajado a destajo para llegar a donde estaba, casi sin ayuda y sacrificando mucho en lo personal como para sentirse avergonzado o tímido por sus méritos. Jensen no era especialmente modesto, había llegado a un punto en que se había reconciliado consigo mismo y su manera de vivir la vida. Se tenía por una persona tranquilo, iba a clubes a veces y echaba un polvo rápido, satisfactorio y, lo más importante, sin ataduras. Al fin y al cabo, tenía veinticinco y los apetitos normales de un tío a esa edad, pero tenía claro que en su profesión, y teniendo en cuenta el tipo de gente con la que se relacionaba, ser gay de forma abierta no era lo más cómodo del mundo y no estaba dispuesto a que se pusiese en tela de juicio cada uno de sus pasos sólo por algo que no merecía la pena. ¿A quien le importaba dónde metía él la polla de todos modos? Sí, tenía todo bastante resuelto, así que esa mañana, cuando se encontró con su compañero Misha para ir a tomar el sustancioso desayuno del Hell´s Bell, lugar que ya conocía pues era bastante popular en Brooklyn, se llevó la sorpresa de su vida. Hacía un frío del carajo en Nueva York aquel mes de febrero, las calles estaban heladas y la gente, ya de por si eternamente de mal humor, parecía empeñada en tocarle la moral de mala manera. Sólo la promesa de un café bien cargado y una tanda de huevos con chili le hizo apresurar el paso hasta el animado local. Aunque vivía lo bastante cerca para acercarse caminando, no solía frecuentar el Hell´s. Tras aparcar, recorrió un trecho hasta la cafetería con paso apresurado, pero de todas formas, cuando llegó al establecimiento, estaba helado. El golpe de calor y olores suculentos le sacudieron en la cara como un manotazo, inspiró, estornudando por el cambio de temperatura, y buscó la cabeza morena de Misha, que estaba en un cubículo al fondo, cerca de una anticuada máquina de discos que sin embargo parecía funcionar. Se deshizo de la bufanda y caminó sorteando a la concurrencia, que en su mayoría estaban acostumbrados al río de gente nueva en la hora punta y le ignoraban para seguir inmersos en sus propios asuntos. Si algo le gustaba de la ciudad era eso, el anonimato, bien podría vivir veinte años al lado de una persona con la que compartía cafetería sin tener que fingir el más mínimo interés. Misha le sonrió y le hizo señas para que se acercase al mostrador y pidiese más café, su amigo tenía ese aire medio despistado tan habitual en él y que tanto engañaba cuando les tocaba jugar a lo de poli bueno, poli malo. Alzó el pulgar y se hizo un hueco al final de la barra, ojeando la carta, más que nada por hacer algo, ya que sabía de antemano lo que iba a pedir. Las risitas estridentes de las chicas sentadas a su lado le hicieron mirar de reojo a su alrededor, buscando qué había provocado que dos mujeres de más de veinte años, dos

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neoyorquinas para más señas, se comportasen como un par de crías recién llegadas desde su pueblo. Fue entonces cuando le descubrió. Cabello castaño oscuro bastante despeinado, veteado con algunos mechones color caramelo, una melena que prometía ser suave al tacto, piel morena y una estatura que le hacía parecer fuera de lugar entre las mesas por las que se movía con sorprendente soltura. El tipo era jodidamente enorme, Jensen no se tenía por pequeño, de hecho medía algo más de seis pies, pero el chaval debía sacarle una cabeza con facilidad. También parecía tímido, a pesar de que sonreía a los clientes, mostrando unos hoyuelos encantadores. Como no, hoyuelos, su mente crítica le pateó fuerte en pleno trasero por quedarse mirando fijamente a un tío en mitad de una cafetería cuando un caso le esperaba. Apartó los ojos y se esforzó por prestarle atención a Misha que parecía más impaciente e hiperactivo que nunca, así que le hizo una seña a la camarera más cercana — su placa indicaba que se llamaba Sandy—, para que llenase un par de tazas y, de paso, incluyese un poco de bacon en su plato, comportarse como un imbécil quema calorías, se justificó. —Jenny, llegas tarde. —El saludo de Misha le hizo gruñir mientras dejaba las tazas y se sentaba frente a él. —Yo también te quiero, capullo —replicó alargando el brazo con la intención de golpearle la nuca. Odiaba que le llamasen Jenny, pero el anormal aquel parecía encontrar un placer insano en usar ese nombre, especialmente en público. Los ojos azul marino de su compañero brillaron mientras sorbía con deleite el humeante brebaje. —Tenemos algo sobre lo de Cortés. —Como era habitual, Misha le ignoró y le pasó la tablet sobre la que había estado trabajando. Jensen puso los ojos en blanco, tener como compañero a un loco por la tecnología era lo último que le podía haber pasado a alguien como él, cuyo conocimiento de Internet era el básico imprescindible que se le exigía para realizar los informes y leer su correo, así que suponía que hacían buen equipo. Pasó el dedo por el documento y amplió el zoom mientras escuchaba a Misha reír por lo bajo. —¿Qué? —espetó sin levantar la vista del informe que los chicos de encubierto, que eran quienes controlaban el zulo donde supuestamente estaban almacenando las armas, les habían filtrado. —Deberías ponerte las gafas, guaperas, si de todas formas las vuelves locas —se burló haciéndole ojitos—. ¿A cuántas te has tirado con esa carita de malote perdonavidas, eh? —Cállate, bocazas, sabes perfectamente que... —Me pones celoso aposta, Jen, cariño —rió Misha. —Eres un gilipollas, no sé qué coño has fumado esta mañana pero para con esto de una vez —amenazó, señalándole con el dedo. Alguno de los vecinos de mesa ya les había echado alguna que otra ojeada especulativa, como si pensasen: no tienen pinta de gays, pero hoy en día nunca se sabe... —No sé cómo te soporto —exclamó Misha con un guiño y un aspaviento. —Desde luego, es que eres idiota, déjame leer esto de una vez o te cerraré la bocaza, en serio ¿qué te pasa...?

—Dios. —Sí. de cerca era aún más guapo. chaval —respondió Misha. Antes de quedar se había ofrecido a acercar a su compañero. aunque fuese eso lo que aparentase. hombros anchos y caderas estrechas. santamierda. hoyuelos. así que se dedicó a dar buena cuenta del desayuno. —Es él —replicó Misha. Levantó la cabeza y le observó. que ronroneó con fuerza. la cara de pocos amigos de Jensen pareció persuadirle de no seguir por aquel camino. —Eso parece —replicó arrancando el motor. Disculpa a mi amigo. era el profesional competente que no se detenía ante nada. como el propio Jensen. volviendo en si para fulminar con los ojos a aquel bastardo mientras hacía hueco en la mesa delante de su puesto. ¿no te parece? —farfulló con la boca llena. le miraba con esos ojos brillantes diciéndole sé algo que tú no y eso le estaba poniendo enfermo. límpiate —ordenó. ¿se podía emplear una frase más patética? Jensen opinaba que no. —Eres un cerdo. Maldita fuera su suerte. gracias. pero de todas formas asintió. no es nadie si no se toma la medicación. El camarero parecía un poco indeciso sobre qué hacer con la comanda. todo hoyuelos y mejillas coloradas. En serio. Por suerte. que era tan abundante y grasiento como prometía la fama del local. suave pero profunda. por favor —contestaron a la vez. los huevos son para mí. los dos sabían diferenciar las bromas del trabajo. Abrió la boca y se calló la ácida respuesta que tenía en la punta de la lengua. . —Lo siento. Pateó el hielo antes de abrir la puerta y sentarse en el asiento de cuero un poco ajado por el paso del tiempo. salvándole el culo con una mirada divertida. —Los bagels son míos —intervino Misha. Tembló un poco mientras se abrochaba la chaqueta de cuero y con paso lento se dirigían hasta el coche de Jensen. le hizo levantar la cabeza. tomando los cubiertos. —La voz desconocida. Jensen deseó partir la cara a Misha por estar más pesado que de costumbre. cuyos cielos grises y calles encharcadas se le antojaron más inhóspitos que de costumbre. La crema de queso que ponen aquí es única. pagaron antes de aventurarse en la fría mañana neoyorquina. Manos enormes que sostenían los platos sin esfuerzo. de nuevo.—Desayuno ranchero. —Aquí. el gastado material protestó bajo su peso. enfatizadas por el ceñido delantal negro. —¿Más café? —Llevaba un reloj demasiado caro en la muñeca como para ser un pardillo de pueblo trabajando en una cafetería de Brooklyn. porque a aquel no se le escapaba nada y sabía que le esperaban un buen número de bromitas—. tembló de pavor. cariño? Jensen bufó. De nuevo aquel olor que la primera vez no fue consciente de notar pero que ahora le resultaba perturbadoramente único. así que éste se había desplazado en metro hasta allí. Sustentado con dos tazas más de café y el agradable picorcillo del chile. todo rastro de la anterior jovialidad parecía haberse evaporado de su voz y. esa era otra de las razones porque las que hacían tan buena pareja. ¿verdad. el tío era lo peor. tío. atacando uno de los bollos casi sin esperar a que el tipo depositase el plato sobre la madera—. una antigualla que estaba reformando él mismo y que era su bien más preciado.

Ahora volvamos a Cortés entonces. la verdad. por probar no perdía nada. había aprendido a seguir sus corazonadas sin dudarlo ni un instante. ¿Qué más quieres? —Dame sólo unos días. tengo varias fotos en el móvil que le hice esta mañana. Jared llevaba un par de meses en aquel trabajo y la verdad es que. haber barajado y recibido ofertas de todo tipo. yo creo que le vamos a pillar con las manos en la masa. Eric no le falló. —Le detuvo haciendo un gesto con la mano mientras controlaba el denso tráfico que se movía en dirección al puente. —¿A qué? Es el tipo y lo sabes. al contrario. pero que conste que lo hago porque esas intuiciones tuyas nos han salvado el culo en más de una ocasión —claudicó de mala gana—. Van a ser los diez mil pavos más fáciles de nuestra vida. la necesidad le había hecho arriesgarse y llamar a Eric. al menos mientras 3 . su fe en la familia estaba destrozada. —Está bien. punto.acunándole. tomó el sentido contrario con un giro mientras rezaba para no patinar en el hielo. Misha tenía un bonito piso a varias calles de distancia. ya que no iba a usarla a no ser que fuese cosa de vida o muerte. donde vivía con su mujer. ¿Quién diría que aquel cabrón era todo un padre de familia? Tenía suerte de tener a su lado a una chica tan estupenda y un par de críos adorables. No sabía si su padre le estaría buscando. Jen. Comprendía su urgencia. pero había más casos en los que trabajaban y esperar unos días no iba a suponer una gran diferencia y así se lo dijo. como limpiacoches. después de haber vagado entre puestos de reponedor. situada encima de uno de los numerosos mercadillos de ropa de segunda mano. con eso será bastante por el momento. tenía que ponerle gomas a su nena y la pasta le vendría de miedo. ¿qué más daba intentarlo con un desconocido? De todas formas. sin embargo. aunque por motivos que se le escapaban. algunas verdaderamente alarmantes. —Llamaré entonces. Después de eso tiró la tarjeta y guardó la documentación. en gasolineras. pero imaginaba que sí. Jared había vaciado su cuenta personal al llegar al aeropuerto de Boston. había algo en el caso Padalecki le preocupaba y a aquellas alturas. no tenía claro por qué había creído en su ofrecimiento de ayuda. —Espera. El alquiler era de renta antigua y el sitio lo bastante grande para permitirle pasar alguna noche allí si hacía falta. donde tenían su oficina. nos pidieron una dirección. Habían sido amigos durante meses a través de la web y. A diferencia de los suyos. incluso de matón de discoteca —pese a no tener ni la edad legal para poder entrar a los garitos—. Eran extraños y. fue su salvación. concertaremos una cita con Jeff Padalecki. ¿vale? —Se rascó la barba y volvió para ir hacia los muelles. nada podía hacerle más daño que lo que pasó en San Antonio.

necesitaba trabajar. Cosa que agradecía. Y aunque por el barrio había una cantidad impresionante de tiendas donde se vendía y compraba ropa de segunda mano —algunas ridículamente caras—. Las conocía poco. —¿Estás bien? —De las dos. Estornudó una vez más. destino. aquellas dos eran peor que hermanas siamesas unidas por la cadera y la verdad es que no le estaban quedando dudas. Por primera vez en semanas fue capaz de dormir tranquilo y sin ganas de salir corriendo o de comprarse un bate de béisbol por si tenía que defenderse. Por primera vez en meses. fue como si una burla cósmica —llámalo karma. Fueron ellos dos. vagando por pensiones de mala muerte que apenas eran más que sórdidos agujeros en los que descansar cuando era incapaz de soportar caminar por las calles. fue hasta el mostrador que comunicaba con la cocina y dejó la comanda de las tres mesas junto a la puerta y se dedicó a poner en marcha otra cafetera mientras Sandy parloteaba con Danneel sobre todo y sobre nada. afuera caía una sucia aguanieve que volvía las calles una mortal pista de patinaje pero dentro del Hell´s el agradable calor de la calefacción y la cocina le permitía trabajar en mangas de camisa. —asintió y tomó los platos llenos a rebosar. pero sólo parecían interesadas en cotillear y acabar su turno para irse juntas por ahí. quienes le salvaron la vida. ya ni recordaba. llegando incluso a obligarle a ir a tomar alguna copa después de cerrar cuando ambos coincidían en el turno de tarde. Hasta que le vio. Esa mañana había amanecido como llevaba haciendo desde hacía semanas. encontrar prendas de su talla era todo un problema. Entonces. Sandy era la más receptiva y desde que entró en la plantilla parecía haberse impuesto la tarea de integrarle con el resto del grupo. La pareja no sólo le consiguió un buen puesto en la cafetería que Eric había heredado de su padre y éste de su abuelo.encontrase una explicación plausible para que él dejase de estar presente en su vida. La idea de que pudiesen estar siguiéndolo le revolvía el estómago. un gris oscuro y desangelado que le hacía añorar su casa. porque la poca ropa que tenía no alcanzaba a servir de verdadero resguardo con aquel clima helado. Así que se estaba apañando con un jersey y una vieja chaqueta deportiva que era lo más abrigado que había podido pagar. tan profundo que creía que podría ahogarse en él. sin embargo. así que pasó semanas aterrado. Había perdido peso y tenía el cabello más largo. no iba a negarlo ni minimizar todo lo que les debía. Era miércoles. El aroma picante . Gracias a Eric. hasta que los cientos de dólares que mantenía escondidos contra su cuerpo fueron menguando de forma alarmante. pero aún así cualquiera podría reconocerle. en el fondo era divertido escucharlas hablar de los ligues y las juergas que se corrían. —Sí. Eric era unos diez años mayor que Jared. Hasta que pasó lo del verano pasado y todo explotó. mala suerte o lo que te dé la gana— le abofetease en pleno rostro. gris. ninguno de ellos sabía que Jared aún no tenía veintiún años. Tiró como pudo. Según Eric. Tenía su propio negocio y hasta un novio con el que discutía y se reconciliaba de forma constante. quizás algo más. Eric y Mike. así que se armó de valor y llamó a su amigo. sin embargo. los cielos de interminable añil. no pasa nada. sintió algo parecido a la tranquilidad. eran eficientes y cumplidoras. sino que además le habían proporcionado un techo sobre su cabeza. Él había sido al único al que le había confesado sus dudas.

Algo primitivo. Por el rabillo del ojo observó a las dos chavalas que cuchicheaban en la barra. y aquellas chicas tampoco buscaban más que un sano flirteo. gorro y bufanda abandonados de cualquier manera sobre la silla libre. porque eso fue lo que le salvó de montar un número de circo. sonriendo ante la perspectiva de una buena taza de café y algo sólido con lo que sustentar sus casi dos metros de estatura. orlados de unas pestañas ridículamente rizadas. que con veinte años apenas había sido capaz de besar a un par de personas y ahora lo que de verdad le apetecía era hundir los dedos en aquel pelo mientras devoraba esa boca de labios gruesos. un . Su mente gritaba mientras algo dentro del cuerpo se desperezaba y rugía. Danny se encargará de la sala. al parecer más pendiente de la pantalla del dispositivo en el que leía que de la conversación. Nunca había visto unos iris verdes más bonitos. sodomía. Se contuvo. no era un monstruo o un deformado. Parecían dos tipos más. le habló forzándole a volver a la tierra y dejar de contemplar con cara de imbécil al desconocido. pidiéndole a gritos ser saciado. pero en aquel momento todo tipo de interés viniendo de gente extraña le producía ahogo. De haber sido hetero se hubiese sentido estimulado por la atención. le respondía con frases secas. ropa casual. el moreno que sorbía café gesticulaba bastante mientras el otro. caliente y febril. que. pese a lo que le habían repetido hasta la saciedad. Se forzó a sonreír en su dirección mientras tomaba los platos de la mesa 31. Parecían un viejo matrimonio en lugar de un par de amigos. del mismo tono que el cabello. que en aquel momento levantó los ojos y los fijó en él. cuando sirvas a las mesas que faltan vete atrás y desayuna algo. si era posible que le gustase y si eran una de esas parejas de las que el pastor Andrews tanto había hablado en sus sermones. sonrojándose ante las bromas y pullas que se lanzaban sin recato. pelo brillante y labios de un intenso rojo. no le había quitado la mirada de encima ni un solo segundo. Era un ejemplo en su comunidad. —Sandy era bajita. Díscolos mechones de mil tonos que iban del miel al dorado. después de todo. Carraspeó para llamar su atención. cada uno a su aire. que parecía pedir a gritos un buen cepillado. repitiéndose para sus adentros que no era tan extraño. reptándole bajo la piel. —Cielo. llamándole.de los huevos con chile hizo que el estómago le gruñese. dejándole sin aliento. como personas de su edad. lo que le permitió respirar con calma por primera vez en lo que llevaba de mañana. La hora punta había pasado y el trajín era sensiblemente más lento. Se estremeció ante la mera palabra. ante el recuerdo de los sermones interminables a los que era obligado a acudir cada día. como si necesitase escapar. Se moría de hambre. Se preguntó si eso significaba algo. El otro. recordándole que la noche antes sólo había comido un tazón de cereales con leche. casi burlándose de Jared. Se mordió un labio y miró al chico rubio. Jared asintió. que al parecer se llamaba Misha. no había nada malo en él. por otro lado. pero dentro de su diminuto cuerpo curvilíneo se escondía un pequeño sargento. advirtiendo del estilo de vida disipado y pecador que mantenían las personas que practicaban la sodomía. todo ropa ajustada. Tenía suerte de tener las manos grandes y buen pulso. cabellos de punta.

4 . cuando empezó el turno de cenas. Escuchar suspirar a la mitad de la plantilla cada vez que sonreía tampoco es que ayudase demasiado. Un coro de risas le distrajo mientras seguía obligándose a permanecer atento a lo que tenía entre las manos. puedes prestarme el periódico. lo que de verdad quería era salir corriendo y escapar de sí mismo. sólo quedaba algún grupo de los habituales jugando al billar o los dardos en el salón contiguo y un par de parejas que charlaban mientras disfrutaban de una velada tranquila en las mesas. donde Jensen tomaba unas cervezas con otros dos tíos que no había visto antes. dos completas más. más azúcar por favor. aún así. era preso de una rabia incendiaria y completamente inapropiada en contra de la fémina en cuestión. ni siquiera le dirigía la palabra más que para hacer su pedido y ser educado. Cortó las verduras con pericia. De todas formas. buenos días. Un par de chicas. Dios. Normal. —Sandy le pasó las comandas junto con un gran vaso de té helado. qué frío. patatas. Un fuerte latido se le alojó en el occipital derecho. sólo que esa fría mañana de miércoles la presencia de aquel extraño acababa de confirmarle que eso era algo que estaba muy lejos de conseguir. Nadie diría jamás que esa actitud podía calificarse como acoso. sobre todo porque cada vez que se daba cuenta de que alguna de aquellas mujeres le hacía ojitos a Jensen. dispuesto a cumplir su cometido a la perfección. guapo. No es que se le hubiese acercado o algo. y eso le estaba volviendo loco por completo. Siempre quiso ser normal. pero lo hacía. Cuando Eric descubrió lo bien que se le daba estar entre fogones aprovechó la oportunidad y allí estaba. Así que el resultado era que para el viernes a última hora. del deseo de entablar una conversación y actuar como un chaval más. Se pasó la mano por la frente y masculló una maldición. faldas lo bastante cortas como para no ocultar mucho y escotes generosos remoloneaban cerca de ellos. Se negó a mirar de frente al chico. disfrutando de la oportunidad de hacer algo que de verdad le llenaba y le relajaba. Las jaquecas y el insomnio se habían convertido en dolencias habituales desde hacía meses. piernas largas. presuponer que sólo porque dos hombres estuviesen desayunando juntos ya eran algo más que amigos de pronto le pareció un despropósito por su parte. hizo una ligera mueca y regresó a la mesa con la jarra de café. o esas facciones agraciadas que le urgían a acercarse. Desde aquella mañana había vuelto a ver al chico —ahora sabía que se llamaba Jensen— en más ocasiones. parecía necesitar ver fantasmas allá por donde iba. tantas que era como si él también estuviese trabajando en el Hell´s. Eso no tenía por qué molestarle. amenazando con hacerle vomitar.ejemplo que todos debían seguir. Huir de la voz que le gritaba que era un enfermo y que aquellos sentimientos eran un cáncer que era necesario extirpar para que su vida continuase adelante y diese frutos. con un ojo en la plancha y otro en la barra. aros con salsa tártara y una ensalada césar con el aliño de la casa. pero se sentía observado. no quería volver a ver sus cejas fruncidas en un gesto de interés. —Jay. como toda persona normal desearía. tenía los nervios a flor de piel y estaba más susceptible que de costumbre. como si tras la máscara de normalidad el tipo se dedicase a seguir todos y cada uno de sus pasos. La noche era lo bastante fría como para provocar que hubiese pocos clientes.

y la perfección. de paso. Recordaba el caso de David. Había ido a ellos creyendo de todo. Era una suerte que Steve y Christian se hubiesen apuntado. A Jensen nunca le pareció más apetecible su eterna soltería y desde luego había aprovechado para burlarse a placer de los problemas domésticos de su colega. eso podía afirmarlo de forma rotunda. Se apartó el flequillo de la frente mientras bufaba. el problema vino cuando descubrieron que la buena señora se follaba al jardinero. pendiente del cocinero. . un abogado preocupado por el cambio en el carácter de su esposa. porque ahora se le ocurrían formas muy imaginativas y sanguinarias de usar el afilado acero en aquellos dedos que sobaban a Jensen con más confianza de la cuenta. lo único que le apetecía era conocerle un poco. y Jensen deseó poder acercarse e invitarle a una copa. hemos cruzado toda la puta Nueva York solo para verte —le susurró Chris mientras observaba cómo Steve se hacía cargo de la mesa de billar—. En aquellos años escarbando en los secretos de la gente le había quedado clara una cosa: casi todos mentían. aunque sabía que la bebida le iba a quitar el sueño. desde drogas a un enganche con el juego. Fruncía un poco las cejas. a su entender. Jensen se había dedicado a estudiar a fondo a aquella familia. según él sólo quería ayudarla. si no querías compañía podrías haberlo dicho. El chico vivía para el trabajo. punto. parecía haber mutado en un pulpo. —Jen. Mientras Misha se encargaba del otro caso. hijo. agradecido por la atención de la chica. la verdad es que aparecer de nuevo solo por el Hell´s no le parecía muy inteligente. Deja de mirar al infinito como un capullo y vamos a echar unas partidas. pesados y robustos ondulaban con suavidad bajo la piel dorada. no sabía por qué le había parecido una idea genial cuando Eric le enseñó el bar. La muchacha que le ayudaba esa noche abrió el lavavajillas y el vapor le hizo empezar a sudar de nuevo. Entrecerró los ojos y cogió el cuchillo. nunca le había puesto tanto un delantal. era un espejismo. Maldita fuese aquella rubia. poder ver parte de la barra y. no del todo. pero con cada segundo que pasaba Padalecki se estaba convirtiendo en un enigma que se moría por desentrañar. Esa frase le había costado una buena pelea con Vicky. Las damas nos esperan. según aseguraba Misha.Sorbió con ganas. Mujeres Desesperadas había hecho mucho daño entre las amas de casa. La primera conclusión a la que había llegado era que rozaban la perfección. permitir al cliente observar cómo trabajaban en la cocina era una putada. el tío tenía buenas intenciones. decidió. Nadie era perfecto. diablos. como si estuviese enfadado o fastidiado por algo. El chico parecía concentrado en lo que hacía. Tomó su segundo tequila sin apenas saborearlo. que por aquel entonces tenía la baja por maternidad y estaba sensible con el tema. los músculos de los bíceps. Demostrarse y de paso demostrar a Misha que su corazonada con respecto a Jared Tristan Padalecki era cierta y no era el típico niñato pijo viviendo un momento rebelde.

¿qué coño os pasa a todos? —ladró agitando la cabeza. —Vaya.. venga. —Un encogimiento de hombros y una mirada de soslayo y Jensen acabó desembuchando.. Los dos chupitos le habían sentado bien. así sin más. —Te he explicado que no es por eso —repitió de mal humor—. —En serio.. Por eso estoy asegurándome. ¿vale? Sólo unos días. se giró notando como se le coloreaban las mejillas—. —¿Y qué vas a hacer. ¿Es que llevo un cartel que dice insúltame? Misha se pasa la vida haciendo todo tipo de bromas a mi costa y tú eres directamente un gilipollas. así que. te juro que huele mal. que se había convertido con rapidez en una sesión de magreos y preliminares a tres bandas—. parecemos abuelos. un poco ligero y bastante hambriento—. apenas tomaste la primera copa te quedaste mudo y desde luego esa cara es la misma que tenías con diecisiete cuando veías al quaterback del instituto. yo quiero una cerveza —concluyó—. que estás encoñado por un niño de veinte. pero debe ser una putada no saber donde está un hijo tuyo. siempre vamos al mismo pub. ¿Por qué estamos aquí? —Me apetecía tomar algo —aclaró con sorna—. de todas formas. ignorando las quejas de Jensen como si tal cosa—. al que te han contratado para encontrar por una buena pasta y ahora te estás pensando en hacer tu trabajo o dejar que mande tu polla —resumió Christian—. Jensen. se sentó en la mesa cerca del billar sin intención de participar en el juego. De modo que es ése. estaba siendo tan ridículo con todo aquel asunto. la verdad es que le apetecía comentarlo con alguien. pero se dejó conducir al fondo del local. —Vale. ¿para qué necesito enemigos teniéndoos a vosotros? —Bah. que era un capullo observador que le conocía demasiado bien. —Los ojos de su amigo estaban fijos en algo tras su espalda. . hasta que haya atado unos cuantos cabos. Vamos a pedir algo antes de que cierren la cocina entonces.—Para lo que me interesan —protestó. —Lo sé —afirmó—. Dios. —O sea. simplemente se come bien aquí y está lo bastante cerca de casa como para ir andando. Si hay algo turbio tú eres el mejor para encontrarlo. así de paso pienso un poco en cómo es que hemos vuelto a los quince años y no me he dado cuenta. Pero no me fío de ese médico. Estoy seguro que hay algo en todo esto que el padre no nos ha dicho. si no me lo quieres decir. —Bueno. tío. maldiciendo a su mejor amigo. joder. ¿cuándo había sido tan tímido? —Nah.. venga. ¿Es que necesito un motivo para invitaros? —Llevas ignorándonos toda la puta noche. ¿Estás con alguien? Jensen bufó. ¿Quieres comer algo? Tanta cerveza a secas y el tequila me están dando sueño. déjate de dramas y desembucha —ordenó. tampoco es tan raro. no es eso. imagina que Mackenzie desapareciese. sea lo que sea. —Estás más maricón que de costumbre —gruñó Chris pero agarró la carta mientras acababa su jarra.. habla de una vez. has encontrado algo al menos? —Por ahora no he hallado nada que haga pensar que Saint Hills no es más que lo que afirma ser —concedió—..

—Por favor. yo te lo agradezco pero no sé. Tengo que comprender qué ha pasado. con la vista clavada en la rotunda figura de Jared. Soy de Dallas. para ser un niño con pasta.? —Mierda. se le secó la boca haciendo cálculos sobre las posibilidades que tenía de tropezarse con alguien de Texas en un sitio tan enorme como Nueva York. ¿eh? —Si. Soy Jensen. como si no se decidiesen a salir y enfrentarse a la fría noche de invierno—. no soy mucho mayor que tú.. —¿Dallas. —Por el acento —dijo tomando un trago—. Cargó el cesto de vasos usados.. haciéndole sentir más torpe que nunca. El sonido del cristal sobre el mostrador le hizo levantar los ojos. la muñeca adornada por un reloj deportivo en color negro y una simple pulsera de cuero. —Sí. ¿verdad? —¿Por qué lo dices? —Inseguro. porque la verdad. apenas quedaban clientes. que estaba recogiendo la barra. y no es que se hubiese considerado nunca demasiado manazas. Afuera.. —Vamos. Sus amigos. ya había notado que en esa ciudad el aspecto era algo muy a tener en cuenta y era consciente que no iba vestido con sus mejores galas precisamente. y eso es lo que quiero averiguar. puso el detergente y lo cerró—. pero con él enfrente era como si volviese a tener doce años.. Observó los estilizados dedos... no sé qué habrá pasado en la vida de ese chaval. Verás.. o eso creo —bromeó mientras se encaramaba al banquillo—. Pero es agradable. claro —contestó mientras le tendía una botella—. Échale huevos. —Llevas poco en Nueva York. —Hace tiempo que volé del nido. Jen.. Estaba . sé reconocer a un paisano. parece que ya lo tienes todo controlado ahí atrás. no es que esté nadando en la abundancia. No es que fuese un gran innovador. por Texas. Jen. ya era tener mala suerte. Estaba realmente cansado. —Lo sé. —¿Tenemos tiempo para una cerveza más? La voz ronca de Jensen parecía tocar alguna fibra dentro de su cuerpo. hombre —Le tendió la mano—. a que te mande una invitación? —Chris le palmeó la espalda y se levantó caminando hasta la mesa de billar—. digna de confianza. pero sí —asintió—. —¿Y a qué esperas. ¿puedo invitarte a una copa? —¿Qué. pero habían hecho una caja bastante buena para una noche tan floja y además a la gente parecía haberle gustado sus propuestas en el menú de la cena.? —Miró alrededor. —Bueno. salvo el grupito del billar y algunos rezagados que miraban el partido.—Ajá —acertó a murmurar. Oye. tutéame. pero nadie deja la universidad privada y una vida de lujos para currar en un bareto sin alguna buena razón. Mucho trabajo.. pero todo se andaría.. se miró la ropa. indicando que tenían tiempo para pedir sólo una copa más. una birra. me gusta. Parecía una mano fuerte. bastante —asintió. las luces del local se apagaron.

porque la verdad era que se moría por conocerle. era imposible no hacerlo. le recorrió un agradable escalofrío por el brazo cuando se la estrechó. Era una sensación parecida al terror que le embargaba al asistir a alguna de aquellas terapias a las que le obligaron a ir durante esos interminables días que quería dejar atrás. Para Jared nunca fue así y ahora que disfrutada del anonimato por primera vez en veinte años. —Por Nueva York —repitió. había descubierto que mezclarse con la gente y ser uno más le hacía sentir acompañado y tranquilo. —Jared. Ver aquellos labios húmedos cerrarse en torno al borde hizo que su estómago se encogiese. se agachó para alcanzar una cerveza del refrigerador. Un minuto de pánico y el calor de Jensen a su lado. que estaba a solo un par de manzanas del apartamento donde vivía. Era sorprendente lo poco que echaba de menos sus cosas. la presencia amigable del otro hombre le dio una dimensión nueva a esa incertidumbre. Por un espacio de tiempo que no fue capaz de medir. alzando el cristal para entrechocarlo con el que Jared sostenía. como si estuviese cayendo en el vacío. se dijo paladeando el burbujeante líquido dorado. Vivir desde la cuna bajo un foco de constante atención nunca le resultó tan natural como a sus hermanos.caliente y era suave al tacto. claros y vivos. acompañándole. de pronto no era el miedo lo que hacía que le temblasen las manos o que su corazón batiese como un tambor. dispuesto a ocultarlo cuanto pudiese. Sin embargo. dejó que su necesidad de contacto le guiase mientras seguía disfrutando de la solidez de la palma que sostenía la suya. aquello era infinitamente agradable y descubrió que sonreírle en respuesta era tan sencillo como dejarse llevar por un instinto que se había esforzado en ignorar durante toda su vida. Rompió el saludo cuando notó que las mejillas le ardían por el sonrojo. —Por Texas entonces —propuso. cargaba en el hombro con el bolso de lona con el que había llegado a la ciudad. Salvo por lo jodido que . al resto de su familia que asumían esa parte de su vida cotidiana como un hecho más con el que lidiar. todo era fácil. No fue capaz de evitar responder a la sonrisa que el rubio le dirigió. Se preguntó qué diría Jensen si supiese que ni siquiera era legal que trabajase allí a esas horas o que tomase alcohol. —Sin apellidos. no se sentía identificado con el que le había tocado en suerte y agradeció que Jensen no preguntase nada más. Les quería pero siempre se sintió excluido y diferente a ellos. al descontrol. porque Jared jamás había visto una más hermosa. el joven le escrutaba como si quisiera desnudarle y se encontró deseando hacer precisamente eso. Por un instante permitió que el pavor se adueñase de su cuerpo. 5 Caminó hasta la lavandería. mostrarse tal y como era. los ojos verdes de Jensen parecían enormes. Sí. tensándolo hasta que creyó que no podría moverse y corresponder al gesto amistoso de Jensen. bebiendo directamente de la botella. —Mejor por Nueva York —pidió a su vez.

imaginaba que una de esas veces en las que estaban charlando simplemente se acercaba y se sumergía en Jensen y le descubría. Jensen. Jared tenía tantas ganas de besarle que le dolía. Se ajustó la bufanda y cruzó en el semáforo. Igual un chico hablando solo no era raro en Nueva York. la fuerte columna del cuello. quizás un café. mirando de reojo al tío. que podía contarle cualquier cosa y que le comprendería. de recorrer con mirada febril la línea de la mandíbula. Dios. nada complicado. pero tampoco parecía tener problemas de dinero. Jared entrecerró los párpados y con una media sonrisa observó el trasiego tras el cristal. junto con la camaradería. si cerrase los ojos podía escucharla hablando en castellano con una de las chicas que venía a ayudar con la colada. porque el joven no aparentaba tener horarios fijos. con aquellos ojos verdes y esos labios que daban ganas de morder sólo para comprobar si de verdad eran tan carnosos como parecían. que parecía no prestarle atención. A veces se encontraba fantaseando con la posibilidad de una cita lejos del Hell´s. Sopesar como sería la textura de la piel bajo su lengua. cerca de allí había un Foodtown y un Pathmark así que hizo un rápido cálculo sobre lo que podría comprar para la semana y ya de paso intentar encontrar algo con lo que arreglar la cortina de la ducha. porque eran sentimientos que no se había permitido experimentar en la vida y que de pronto le avasallaban. de ansiedades. blanca y color por separado. Jensen. quizás explicarle porqué estaba solo. porque lo de Eric era diferente. su olor. Jensen. inundándole de sueños. Confesiones y recuerdos. Y luego. su tacto. su sabor. con la esperanza. Sentía que podía pasar horas hablando con él sin cansarse. o su madre. el ama de llaves. no era capaz de apartar los ojos de esa boca suculenta. Si algo había acabado por aceptar era que no . estaba realmente feliz con lo que estaba haciendo. para luego desechar la punzada de malestar e inquietud por haber desaparecido como lo había hecho. que a veces le miraba como si compartiesen algún secreto. A solas. Era miércoles y bastante temprano. adormecido por el zumbido de la máquina. Sacó varias monedas y puso dos lavadoras. Era un poco increíble. Probó a pronunciarlo en voz baja. Jensen. Sonrió apretando el botón de encendido y tras llenar el cajetín se sentó cerca. estaba el deseo. en lo que diría Jeff. también quería besarle. estaban construyendo una amistad un tanto vacilante pero que le estimulada más de lo que jamás hubiese creído posible. ni siquiera extrañaba a sus compañeros de la universidad. bromas y roces. Contarle más cosas de su pasado. de pequeño había pasado muchas horas con Marta. aquel deseo que Jensen había despertado en él con una fuerza que le turbaba. de ganas.era tener que contar cada centavo. pero con Jensen era como beber a grandes sorbos y no saciarse nunca. un guiño. hablar sobre qué hacía Jen para ganarse la vida. una conversación a solas al final del turno. Nunca antes había permitido que otro chico se le acercase tanto. su amistad se había fraguado a lo largo de meses. el local estaba casi vacío salvo por un anciano que esperaba tomando un café en la esquina contraria a donde se encontraba él. Disponer de su tiempo era algo que le era ajeno y a menudo se encontraba pensando en lo que pensaría su padre. Desde esa noche la semana pasada en la que habían tomado un par de copas juntos. El ciclo de secado empezó mientras afuera la mañana seguía adelante y su mente giraba en torno al sin fin de posibilidades que tenía a su disposición. No sabía exactamente qué iba a hacer con toda aquella necesidad.

Sólo minutos antes había barajado la . Jared se dio de bruces con la más obvia de las realidades: aquel sueño estereotipado no era suyo. Estaba casi seguro que el rubio tenía interés en él. Con las mejillas rojas y notando cómo le ardían las orejas. las sábanas y el resto de la colada. diferenciaba perfectamente una mirada cordial de otra que invitaba a algo más. charlaban y de vez en cuando sus manos se rozaban. pero allí tenía que estar impecable. Nadie debería estar tan bueno incluso sudado y con una ropa desastrosa. ¿Significaba eso que vivía cerca de allí? Eso explicaría que anduviese bastante por el Hell´s. Dobló las prendas. El pasillo con los productos de droguería e higiene personal estaba junto a la caja. Quizás no tenía experiencia con chicos. no se podía ser más idiota ni proponiéndoselo. Aturrullado. dejó el envase.podría soportar otros meses como los que del verano anterior. Se cruzó con una pareja. en casa no lo hacía a diario. a lo mejor le había malinterpretado. ahora nada ni nadie le impedía hacerlo. buen puesto y sueldo fijo. para disgusto de su madre. amontonándolo con cuidado para que ocupase el menor espacio posible dentro del amplio bolso. La tienda estaba tranquila. Jensen. recordó que se le había acabado la espuma de afeitar. algo casual. esa voz. Satisfecho. —Oye. no había derecho. se dijo mientras pagaba.. una mirada más larga de lo normal. no para él. alguien con ojos verdes y una pecas que ansiaba contar una a una. eran dos chicos. a quien durante toda su adolescencia le habían inculcado que lo que debía desear era reproducir la estampa de la familia perfecta. sopesando cada precio. Se imaginó junto a otro hombre. Quizás. Quizás ya era hora de armarse de valor. era una de las normas de Eric. ¿me das el periódico del día? —Mierda. Caminando. se agachó para recolocar el estropicio y de paso esconderse.. así que fue colocando lo que quería en la cesta. ni era lo mejor o lo real. bromeando. con esa risa fácil que le hacía parecer un crío. Desde luego. se encaminó al supermercado. Jared. Se le secó la boca por la mera posibilidad. tal y como le había visto la tarde antes. se encontró de pronto recordando a Jensen. así que dejó su carga un momento y rebuscó en el estante. que decía que había que mostrar un buen aspecto a los clientes. Disfrutar de una apacible rutina y realizar el trabajo en el Hell´s le había abierto de nuevo el apetito y se pasaba hambriento la mayor parte del día. porque lo que él quería era otra compañía. con un chándal y aspecto de haber estado haciendo deporte. carrera exitosa. pero tampoco era tonto. cada centavo. Con algo parecido a la timidez sujetó un bote de lubricante. otro tipo de estímulos. charlaba con el empleado que le cobraba. esposa y niños. Casi al final. decidió que tomaría el metro de vuelta si es que le alcanzaba para comprar todo lo que necesitaba. arrancando una de aquellas sonrisas cómplices que Jensen le dirigía a menudo. una caricia casi inadvertida. en los que estuvo a un solo paso de perder la razón y la vida. Sintiéndose como un completo imbécil se asomó entre los artículos que no había tirado. seguramente de su edad o todavía más jóvenes. provocando que la mitad de lo que había en la estrecha superficie rodase por el suelo. ¿Por qué tenía que ser tan guapo? Cristo.

No era lo ideal.posibilidad de pedirle una cita y cuando se le presentaba la ocasión perfecta. mientras colocaba las compras se juró que iba a dejar de comportarse como un estúpido niño de doce años. ese tal Prittchard está jugando a ser Dios. Ahora podía e iba a hacerlo. Se sacó los zapatos y caminó descalzo hasta la diminuta cocina. claro. —¿Estás seguro? —Jensen apartó el auricular y observó la pantalla—. tío. porque si había algo sobre lo que Jensen no tenía dudas era que Alan Ackles jamás iba a aceptar la opción sexual de su hijo mediano. Joder. fue una jodida suerte que sus padres no hubiesen dispuesto del suficiente dinero para intentarlo. nadie que le dijese que lo que ansiaba era una desviación. aseguraba que sus tratamientos eran infalibles. —Jen. lo que en el caso de su hiperactivo colega ya era decir. ser gay era el equivalente a padecer una enfermedad y por un precio. Sus padres podían vivir en la más feliz de las ignorancias y Jensen hacer y deshacer a su antojo. a veces Jen se había sentido lo bastante solo como para sucumbir a la añoranza y hacerles una rápida visita. Dejó las llaves en el destartalado mueble que había junto a la puerta y que hacía las veces de cómoda. que a esas horas estaba lleno de críos de instituto y jubilados. que debía rezar para que Dios le ayudase a superarlo. pero al menos no era tan malo como lo que le estaba contando su socio. una vez más. si no estaba interesado. Estaba harto de pasar las noches fantaseando con lo que podría ser. —Al otro lado del auricular. de que en casa nada había cambiado y que cuantos más kilómetros hubiese entre ellos. que era un monstruo. ahora sabía por qué le sonaba aquel nombre. Mierda. así que se propuso que la próxima vez que le tuviese enfrente. —Críos que están allí contra su voluntad —añadió con el estómago revuelto. bueno. le invitaría a tomar algo. Años atrás se había extendido el rumor de que aquel medicucho de tres al cuarto «curaba» a aquellos que sufrían del mal del siglo XXI según él. Ya no tenía excusas. te lo dije. iba y se comportaba como un inútil. No es como si extrañase las continuas riñas y los silencios llenos de reproches o las lágrimas de su madre. Era una promesa. 6 . él tenía que intentarlo. Para Prittchard. que estaba enfermo. aún así. y lo peor es que sus conejillos de indias son chicos que en la mayoría de los casos son poco más que niños. para ser consciente. Al final hizo el trayecto de regreso a casa en el bus. más felices eran todos. Jen parecía un buen tío. la voz de Misha parecía más agitada que de costumbre. La cerrada oposición paterna había sido la causa principal que había precipitado su marcha de Dallas. Jensen había escuchado hablar de ello como si fuese algo lejano que no podía alcanzarle. En su día. no había nadie que le impidiese intentarlo.

Mire. aún estaba pálido mientras le narraba sus recuerdos. Diez años atrás había estado recluido en la clínica de Prittchard y había sufrido en vivo y en directo las terapias que se imponían a los desgraciados que eran ingresados. —De nada. Por un segundo Jensen se quedó . salvo mi palabra contra la de ellos. —¿Por qué nunca lo denunció? —Jensen estaba obligado a preguntar. una agresiva terapia de aversión que rozaba la tortura física. Era obsceno. Preocupado. como si ponerle el culo a tu novio fuese un cáncer que extirpar —graznó. de un sistema que permitía que ese tipo de hechos se sucediesen impunemente. como si poner sobre el papel sus pesadillas fuese algún tipo de terapia. él había escapado con suerte. Sobresaltado. Acababa de llegar de correr cuando encontró las llamadas perdidas en el móvil.. fue consciente del modo en que le temblaban las manos. sino de los padres del chico y. como mayor de edad no habían podido retenerle de forma legal. inhalando con fuerza—. en la mayoría de los casos sin su consentimiento. Repasó la transcripción que había hecho de lo que Hendrick le había contado. —No tenía pruebas de nada. y en aquel entonces era sólo un chico problemático al que sus padres querían ayudar. el letrado había sido la excepción en un lugar plagado de niños indefensos. Misha estaba fuera de la ciudad mientras ultimaba los detalles de otro de los casos en los que trabajaban. Según le comentó Adam. señor Ackles. buena suerte. rezos constantes. Sin embargo. si he aceptado charlar con usted es porque su amigo me dijo que esto es algo extraoficial.—¿Qué vamos a hacer. digo. hormonas. Adam Hendrick era un abogado de unos treinta. observó el dossier que tenía enfrente. A lo mejor lo era. una forma de exorcizar sus demonios. pero las noches controlando al contable que se dedicaba a hacer un doble juego en la empresa donde trabajaba habían sido lo bastante fructíferas para su amigo. pese al tiempo transcurrido. —Señaló la carpeta que el letrado le ofrecía. pero gracias por su ayuda. a los que las personas que deberían cuidarles les obligaban a acudir. Sesiones de psicoterapia.. sino que además había usado los datos que Jensen le había pasado para llegar hasta el director de Saint Hills. soltero y autosuficiente. espero que su amigo si sea capaz de hacerlo. una constante presión psicológica y. porque no sólo había encontrado información sobre el tipo. porque una vez cumplidas las semanas de internamiento obligatorio. Sólo quiero olvidarlo ¿sabe? —Siento tener que recordarle aquello. Jen? —La pregunta le sacó de sus cavilaciones y con un suspiro de pura frustración se frotó los ojos. denunciarles. aunque suponía los motivos del hombre que. en casos extremos. alguien debería pararles —comentó. Hendrick había sido concienzudo. el prodigio de la multitarea. por último. Aguardó en silencio mientras Adam encendía el quinto o sexto cigarrillo de la tarde. la idea de que a Jared le hubiesen sometido a aquel trato aberrante le estaba provocando una furia ciega en contra no sólo de los trabajadores del centro. El fin de semana había viajado hasta San Francisco para hablar con uno de los pocos afectados que se habían mostrado de acuerdo en entrevistarse con él. dentro encontró toda clase de notas y hasta dibujos.

un secreto demasiado jugoso en un mundo en el que la hipocresía era lo que primaba. aunque en cierto modo. si le decimos a ese tío que dejamos el caso buscará a otros y más pronto que tarde encontrarán al chico. mide casi dos metros y va a cumplir veintiuno en unos meses. —Vale capullo. Ocultar que tu hijo es gay debía ser caro en los tiempos que corrían. joder —le aseguró—. Misha. —Que sí. te he mandado un par de faxes a casa. lo sabes. Lo de estar tonteando con el chaval no es lo más inteligente que has hecho. ¡mierda. además. ni tú tampoco lo harías. era sólo un puto pijo con una pataleta! Esto no me gusta. —Adiós. Ackles. ¡no ha pasado nada! ¿Cuántas veces quieres que te lo diga? —protestó. sin añadir que no es porque no lo desease. lo sé. era verdad. Frunció el entrecejo mientras observaba las donaciones privadas a nombre de la fundación que dirigía aquel tinglado. mírate esos papeles sin falta. Porque si estaba haciendo aquello era por Jared. joder. Oye. —Esa es otra. —Sí. tío. Jenny. el congresista Padalecki jamás iba a volver a acercarse a su hijo. porque si algo tenía claro es que. —No es un chaval. no le extrañó encontrar el apellido Padalecki como una de las más importantes. ¿estás en uno de esos días o qué coño te pasa? —Que te jodan. al menos hasta que tengamos claro cómo vamos a hacer esto. tengo una llamada de la comisaría y después quiero ir al Hell´s un rato. . pero no voy a entregarle como quien lleva ganado al matadero. los políticos no me gustan y éstos paletos que se creen profetas en la tierra todavía menos. —¿Sigues ahí? —Misha aulló en su oído haciéndole gruñir. era peor que el puto Pepito Grillo. sabes que estás jugando con fuego y llevas una lata de gasolina en las manos. imbécil. sino porque en verdad no había querido forzar la situación. si de Jensen dependía. donde rescató varios documentos de aspecto legal. —¡Que no me llames Jenny! —espetó con un bufido—. No quiero que nos salpique nada de toda esa mierda. no chilles más. —Mantén la polla dentro de los pantalones. Misha y su amor por la tecnología. Hablamos después. ¿verdad? —preguntó—. El zumbido de la máquina le hizo acercarse hasta el fax. hasta que recordó la excusa que le había dado al joven para que accediese a hablar con él. no he podido encontrar un escáner en condiciones. Eran una serie de albaranes y hojas de pedido a nombre de una de las sociedades que formaban el entramado que evitaba mezclar al buen doctor con toda la porquería.en blanco. cuídate. Romeo —le gruñó el moreno—. —Lo sé. —Yo tampoco. tengo que colgar. ¿puedes creerlo? —¡No! ¿En qué estarán pensando? —se burló mientras ponía los ojos en blanco.

aquello se estaba volviendo un poco ridículo. había que joderse. en el mejor de los casos. pero se apreciaba que el chico tenía las pupilas dilatadas y miraba sin ver. y no por primera vez. Jesús. Con angustia recordó que antes de intentar nada tendría que hablarle de lo otro. porque de verdad es que el chico le parecía adorable. Cuando sus ojos se encontraron no pudo evitar examinarle de pies a cabeza. Le tocaba hacer un poco de limpieza. elucubró.. En la última de las instantáneas el fotógrafo había captado el momento en que Jared entraba a un coche oficial. joder. susurrándole algo a Jared. Era Jared. Casi podía escuchar a Chris —con su delicadeza habitual— diciéndole lo maricón que era. pensó al pasarse la mano por el cabello. Sandy le dejó una cesta con frutos secos y se alejó canturreando. Alzó la mano y le saludó. malnacidos como ése con los que la gente votaba. bien visto. Hizo copias de todos los documentos. esos hoyuelos. tumbado sobre una camilla que a duras penas contenía su cuerpo. se duchó y con un último vistazo al desorden que reinaba en la sala. se amonestó mientras le devolvía al moreno otra de aquellas miradas incendiarias.Dejó el rotulador con el que estaba marcando los datos más comprometedores cuando escuchó cómo el fax volvía a recibir más datos. una promesa de que algo iba a pasar. última hora de la tarde. tener a mano al cabrón de Padalecki y darle un poco de su propia medicina. conversaciones que le dejaban con ganas de más. pero Jensen recordó que jamás había tenido nada semejante a aquello. Se deshizo del gorro de lana y la bufanda buscando con la mirada a cierto camarero. miradas que le enervaban. puso rumbo al bar que casi se estaba convirtiendo en un segundo hogar. . Cuando era un chaval había vivido con el miedo a ser demasiado obvio en una comunidad donde sentirse atraído por personas del mismo sexo no era.. que agitó la cabeza negando. Deseó. pero de pronto tenía la urgente necesidad de ir hasta el Hell´s y comprobar con sus ojos que Jared estaba bien. esos labios. Se le cortó la respiración al ver las fotos. Cabellos dóciles.. tenía tantas ganas de estar a solas con él. Pidió una cerveza y se acomodó en un banquillo que parecía esperar siempre para él. días rondando el uno alrededor del otro. algo suave con lo que fantasear. Jared se mordisqueó un labio mirándole de nuevo y maldita sea si no se había ruborizado. una sonrisa brillante que devolvió. Las imágenes eran de baja calidad. notando un ligero vahído en la boca del estómago. el sonido de la televisión estaba al mínimo mientras un buen número de la clientela seguía pendiente del futbol. Adorable. de que era necesario hacer algo con los planes que su padre tenía para Jared. Debería estar avergonzado por estar comportándose como un adolescente. acentuando la rotundidad de los hombros en contraste con las caderas delgadas y las piernas interminables. La camisa azul marino se pegaba a los sitios adecuados. y puso las dos carpetas a buen recaudo en la caja fuerte que tenía en su dormitorio. estaba muy jodido. seguramente aquella expresión vacía que le estaba poniendo los pelos de punta era causada porque alguno de aquellos hijos de puta había usado algún tipo de droga con él. esos putos hoyuelos. Cristoputa. joder Jared. Una ráfaga de viento helado. bastante más pálido y desencajado que el joven que él se había acostumbrado a tratar. debería ser más decidido y lanzarse.

El pantalón de loneta oscura moldeaba las largas piernas. Bebió un sorbo de la cerveza más por hacer algo con las manos y la boca que porque en verdad le apeteciese tomar alcohol. a pesar de su aspecto desarreglado nunca le había parecido más apetecible. Le apretó la mano un instante. cuando se hizo independiente. Se había deshecho de la chaqueta de cuero y la camisa de cuadros que llevaba debajo se le ajustaba a la espalda con cada uno de sus movimientos. ni tampoco exigían de su atención a tantos niveles como le pasaba con Jared. sólo que aquellos labios húmedos se curvaron en una sugestiva sonrisa. se dijo. Jensen se entretenía con la diana. Observó de nuevo el modo en que se preparaba para lanzar. conteniendo el aliento. Al fin y al cabo eran desconocidos. tirando los dardos una y otra vez con pulso certero. Recordó el día en que se lo había encontrado en el supermercado. Apagó la luz de la cocina y sacó dos botellas de cerveza helada que deslizó sobre la barra antes de pasar a la sala. con la cantidad justa de esfuerzo. sencillas y satisfactorias pero que no le llenaban. discutir sobre alguna película. humedeciéndose los labios. correspondiéndole. Jensen tenía la imperiosa necesidad de protegerle y enfrentar todo ese alud de sentimientos no le estaba resultando nada fácil y más teniendo en cuenta que la circunstancias en las que se habían conocido no eran las más adecuadas. De nuevo eran los últimos del local y en las calles casi vacías había empezado a caer una gélida aguanieve. la frialdad del vidrio en franco contraste con la calidez de los dedos debajo de los suyos. si su piel dorada sería tan tersa como parecía. hasta aquel preciso momento. si se equivocaba el otro hombre podría ofenderse y reaccionar mal. todo al mismo tiempo. Esa noche su amigo no se había afeitado y las sombras creadas por la deliciosa barba dorada enfatizaban las líneas puras de su quijada y mejillas. Le dolían los 7 . Con él Jensen lo quería todo. hacerle el amor hasta que no pudiesen levantarse de la cama. Por un segundo se dejó llevar por el momento de intimidad. cien por cien Jensen. —De nada —respondió Jared. quería tomarle de la mano. marcándole el trasero y los muslos. dulce y pícara. se preguntó cómo estaría después de tener sexo. dueño de una gracia animal y viril. dormir a su lado. La luz de la máquina de discos cambiaba su iluminación del rojo al azul pasando por el verde y el amarillo. Pero nada de eso pasó. —Gracias. Marca de la casa.Después. —La voz grave parecía más profunda en el local vacío. la suavidad de su expresión. notando la garganta reseca. se había limitado a relaciones esporádicas. quería ser ridículamente romántico y quería sexo salvaje. dándole un aspecto rudo y muy masculino. en silencio le tendió el recipiente. los pies un poco separados. pero por encima de cualquier otra cosa. o casi. haciendo que los iris verdes de Jensen variasen de color de forma intermitente.

que parecían demasiado tiernos en un rostro tan viril. no sólo le apetecía desnudarse físicamente. notando bajo las yemas frías el rápido latido de la sangre en la carótida. que le sostuvo sin esfuerzo. —Jesús. —Siempre tuve dudas. Fue entonces cuando decidí venir aquí y vivir mi vida. trazando caminos con los dedos por una piel que no era la suya. cuanto necesitaba tocarle—. pero tampoco quería mentirme. pensando que a lo mejor hablar de sí mismo daría a Jared la fuerza necesaria para hablarle acerca de todo lo que le había pasado en Saint Hills—. Se confesó con calma. con sosiego. Tenía las yemas algo frías y eso hizo que se le erizase el vello del cuerpo con su toque. porque salvo a Eric no había pensado siquiera en la posibilidad de contarle a nadie nada acerca de su pasado.labios por las ganas de inclinarse y tocarle. Le resultaba extraño tener aquella afinidad con alguien que era virtualmente un extraño. con los ojos transparentes fijos en los suyos. que le miraba en silencio. Pero en aquel momento. recorrer toda esa piel y comprobar cómo era hacer aquello con otro hombre. el vello corto era áspero y punzante y su tacto provocó que una miríada de estremecimientos le licuase las entrañas. sin embargo a Jared su cara le parecía la cosa más preciosa que había visto jamás. —Te envidio —le susurró Jared. ése era Jensen. llena de fundamentalistas religiosos. . escuchándole.. Decirle que no era fácil era el eufemismo del siglo. al fin. no quería ser el motivo de que hubiese problemas en mi familia. Dibujó el surco de las finas cejas. él le comprendía. recorriendo las facciones hasta alcanzar los labios. que subía y bajaba mientras el chico tragaba con fuerza. Jen tenía las pupilas dilatadas mientras se examinaban el uno al otro. era erótico estar allí. pero no lo quise reconocer hasta hace unos pocos meses. A pesar de la inseguridad que le provocaba la aparente pasividad del otro hombre. Ladeó la cabeza y posó la mejilla en la palma cálida y suave. No quería asustarle con la historia de lo que había sido su vida hasta dos meses atrás y que pudiese creer que compartía la torcida visión de la realidad que su familia. demorándose en la suculenta visión de la nuez de Jared. Siguió el camino desde la oreja hasta la barbilla con el pulgar. que tenía que intentarlo. se dijo que era ahora o nunca. en cierto modo se lo agradeció. sino también abrirle su alma. presa de un incipiente deseo. notando que Jensen no se apartaba pero tampoco hacía ningún intento de reaccionar o responder a sus aproximaciones. así que levantó una mano y la apoyó en el cuello del rubio. bueno. —¿Hace mucho que lo sabes? —La pregunta no le pilló desprevenido. sosteniendo la botella entre las manos crispadas. lo bastante como para hacerle respirar más deprisa. armándose de valor. —Cuando lo dije. en casa. pero tenía serias dudas sobre si hablar de todo aquello con Jensen era lo más adecuado en aquel momento. Jensen dejó la cerveza a un lado y. por muy estúpida que sonase la idea. mi padre estuvo un par de meses sin hablar conmigo —reveló Jensen. porque necesitaba hacer aquello a su ritmo y tenía la certeza de que si alguien en el mundo le permitiría avanzar al paso que requería.. no fue fácil —replicó por lo bajo tras un silencio en el que se habían comunicado sin palabras. de verdad. había intentado inculcarle. solo le produjo un tremendo alivio. Se acercó un paso.

pero eso le pareció erótico y atractivo. mostrándole la rotundidad de las formas de Jared. casi de forma sincronizada. de ojos imposibles y una sonrisa tan franca que le rompía el corazón de mil formas diferentes. y mucha experiencia. me obligué a ser lo que ellos querían que fuese. sabiendo que en el momento que empezase no podría parar y que le sabría todavía mejor. no era virgen e inseguro. devorándose con los ojos como si no hubiese nada más en el mundo—. Y luego. subió despacio por el torso. a centímetros por debajo de la boca de Jensen. Tenía veinticinco años. quizás era que. qué te decidió? —Tentativo. Toda urgencia quedó relegada a lo más profundo de su ánimo. Abrió los labios y los posó justo allí. Jensen se sintió reverente. Jared era más alto y más recio. Con destreza. para apoyarle si lo quería. aprendérselo de memoria antes de dar otro paso.reposó la palma abierta sobre el plano estómago que llevaba días tentándole—.. y otro y otro. —Me cansé de mentirme. Era como si necesitase atesorar el instante previo. para que las descubriese y las despertase a la pasión. toda esa piel y esa fuerza bajo sus dedos. Suyas. su voz vibrando en la garganta. qué cambio eso. El cuerpo de Jared era sólido y fuerte debajo de la barata camisa que. así como la gruesa virilidad que latía contra su vientre. intentando hacerle entender que estaba ahí para él y por él. como una placentera promesa más que atesorar. por primera vez. —¿Y qué pasó. sustituida por una extraña calma que nunca antes había conocido. quizás era eso. dejándose llevar con paso firme hasta que chocaron contra un lateral de la pared. El algodón siseó bajo sus expertas caricias. lo que Jensen deseaba era que aquello durase para siempre. Jay.. llegaste tú. sin perfumes ni innecesarios artificios. alargar el momento de embeleso. junto a uno de los lunares que adornaban el estilizado cuello. Apoyó las manos en las caderas cubiertas por los vaqueros que se adaptaban con suavidad a la esbelta anatomía del camarero. me obligué a tener una novia. desabrochó varios botones y reveló un poco más de esa tez acaramelada que se moría por degustar. pero era como volver a tener quince años y estar enamorado por primera vez en la vida. sabía perfectamente qué le gustaba y qué no en sus amantes. y pasó que conocí Nueva York —confesó con la voz ronca. Pero enfrente de aquel gigante con rostro de niño. . Con Jared aspiraba a paladear cada segundo con infinita placidez. Percibía el curso de la sangre arremolinándose en su bajo vientre con una intensidad que le mareó. Yo siempre he estado muerto de miedo. o casi. como si fuese un exquisito manjar. —Yo —replicó. Sumidos en las sombras. en él lucía espléndida. me obligué a ser el hijo perfecto. mientras notaba cómo el pulso se les aceleraba a ambos. Le recorrió el hueco del cuello con la nariz. Le saboreó a conciencia. sin embargo. porque desde luego no le hacían falta. jadearon al unísono mientras le succionaba con ternura el delicado lóbulo. —Tú —repitió Jared. tenía las pupilas fijas en la cara del rubio. exponiendo para su deleite todo aquel músculo. Jensen. inspirando el aroma a jabón y el ligero rastro de sudor. La piel ardía cuando probó a deslizar la lengua desde la clavícula hasta la oreja. No tenía ni puta idea de qué le pasaba con aquel hombre. Ser consciente de lo excitado que estaba y no hacer nada al respecto era como esperar a propósito por un postre. Aquel hombre era perfecto tal y como era y a Jensen le temblaban los dedos por la necesidad de descubrirle y poseerle hasta oírle aullar su nombre. me negaba a reconocer que me gustaban los hombres.

se inclinó para capturarle de nuevo la boca en un tierno beso.. Se frotó despacio contra los muslos del camarero. —¿Estás bien.. porque lo que palpitaba entre ellos... se prometió. pero. recordó el pasado del moreno y. —Estoy seguro. Enamorado de los sonidos rotos y apagados que escapaban de sus gargantas salpicados de jadeos y juramentos. tenía los pómulos sonrojados y la boca húmeda. por loco que sonase.. deleitado por el calor. Asintió. Más. era muy serio—. hasta que no quedase nada de Jared que no hubiese memorizado. entonces recordó. Jay? —Era la última concesión. Se adentró con hambre.enhebrando un sinfín de besos por esas mejillas llenas de hoyuelos que tanto había codiciado durante todas aquellas semanas.. cada una de sus células cantó de dicha por la experiencia. desde tan cerca. hundiendo las uñas en la cintura del pantalón de Jensen para atraerle un poco más cerca. . notando cómo le ardían las mejillas mientras una curiosa debilidad parecía haberse adueñado de su cuerpo. en una suerte de baile lento e invitador. Jensen le sonrió.? Inquieto. apartó la boca para mirarle a los ojos. Dios.. frustrado porque hubiese tantas capas de ropa entre la carne de su amigo y la suya. como resolver un cálculo complicado. asíjustoasí. porque de verdad quería recibir todo el placer que estaba seguro iba a obtener de Jensen. Le parecía bastante curioso que el ardor del deseo no le asustase en lo más mínimo. se mojó la comisura de la boca. bebiéndose sin descanso. mientras notaba cómo las enormes manos de su amante le recorrían la espalda con gentileza. lo que pasa es que no tengo. lo siento. entre las manos decididas y amables de Jensen. porque si le daba carta blanca. No he hecho esto antes. pero también deseaba ofrecerle lo mismo a cambio. quisiera ser más. ¿Estás seguro de que quieres. iba a hundirse en la invitadora humedad y descubrirle por completo y a placer. y pese a la semioscuridad. el miedo de que aquello fuese incorrecto o degradante quedó arrasado por la certeza de que aquel era su lugar. con esa mirada brillante que le dejaba sin aliento. que eran tan suaves como había supuesto aquella lejana mañana de miércoles.. ansiaba tanto entregarse a lo que se le ofrecía. pudo apreciar las pecas que le adornaban la nariz y las mejillas. —tartamudeó. hubiese dado lo que sea por no ser torpe e inexperto. por el rescoldo salado de la saliva que compartieron gustosos. Decidido a dejar atrás las dudas y disfrutar. Había algo en su toque que rayaba la timidez. con una ligera sensación de pérdida. Una promesa de más. le recorrió por completo hasta atraparle y succionarle con apetito. desde el primer toque. agradecido por el tacto tibio y acogedor. sus lenguas resbalando con delicadeza la una en torno a la otra. no con ningún chico. Se restregó con suavidad contra esa entrepierna prometedoramente tensa. lo bastante para que sus vientres se deslizasen el uno sobre el otro—. tan simple y al mismo tiempo tan devastadora. iba a probarle de todas las formas posibles. El primer contacto entre sus labios y los de Jared fue como si regresase a un hogar largamente añorado. Curvó la palma para acunarle la nuca y así poder escudriñar su expresión con infinita seriedad. Alzó una mano y la enredó en los cabellos desordenados.

notaba el bulto caliente y pesado de la otra virilidad frotándose contra uno de sus muslos y no pudo recordar nada más voluptuoso que aquello: el peso del recio cuerpo de Jensen oprimiéndose contra su costado. disfrutando de ese vigor contenido y al mismo tiempo demandante que le instaba a darle la lengua. por bizarro que pudiese ser. sí. Oh. Gruñó. Se mojó los labios. Sonrió. iba a hacerlo. los hombros. La última partícula de cordura que le quedaba le instaba a buscar un sitio adecuado donde concluir lo que habían empezado días atrás. como un sueño mezquino que no valía nada. hundirse en él y luego rogar para que Jensen le tomase. conteniendo la urgencia de seguir con lo que estaban haciendo y olvidarse del lugar o de quienes eran ellos. la excitación mezclándose con los nervios. Estamos al lado. Tengo el coche en el callejón de atrás. pero permitiéndole marcar el tempo del encuentro. joder... tardaremos unos minutos y estaremos a solas tú y yo. rogando por un mínimo de consuelo—.. comprobando complacido que le abarcaba el trasero casi por completo. boqueando. la nuca. —Un mordisco. como si el timbre ronco y necesitado estuviese conectado de alguna forma con la sangre que le hervía en la entrepierna. como si su piel no soportase más el ardor que le forzaba a respirar de forma errática. maravillado de que algo tan sencillo como unos simples roces pudiesen provocar aquel torrente de satisfacción.. intercambiando sus posiciones. los ojos de Jared parecían carecer de fondo. y Jared se la entregó gozoso. porque si algo tenía claro Jensen es que estar así con Jared era un . una y otra y otra vez. abriendo los dedos cuanto pudo. su pelvis pujando sin descanso. subió de nuevo por su cuerpo desde las nalgas. Abrió la boca para repasar de nuevo el cuello rasposo. no quiero hacerlo aquí.. Estaba ruborizado y una fina capa de sudor le cubría la frente. Jesús. desde el mismo instante en que se habían mirado. No tenía palabras para explicar que si había alguien en quien creyese. me fío de ti. Gimió con vehemencia. Jensen le observó un instante. girando para apoyarle contra la pared.. regándole con una lluvia de caricias cada vez más lúbricas y desenfrenadas—... acercándoles hasta lo imposible. Jen. Iba a hacerlo. Jay. porque en verdad lo que ansiaba era devorarle.. —Vamos a mi casa —propuso. con la justa fuerza para que notase qué era exactamente lo que estaban haciéndose el uno al otro—. tanteando los dorsales.Odió tener que respirar y apartarse. De pronto sus temores le parecieron algo lejano y ridículo. como un río espeso y doloroso que pedía un cauce por el que liberarse. clavó los dedos en los espesos cabellos dorados mientras le buscaba la boca de nuevo... ¿Confías en mí? Agitó la cabeza. vamos. no contigo. respondiéndole a cada toque con entusiasmo. el surco de la columna.. —Vale —aceptó. los omóplatos. disfrutando de la docilidad con la que el rubio se dejaba llevar. Así que se limitó a asentir entre besos abrasadores. —Su nombre en la boca de Jensen provocó que el pene le latiese contra los botones de los vaqueros. —Jared. ese era Jensen. Jadeó de placer cuando Jensen alzó una pierna y la enredó en torno a sus caderas. —Sí. como si le faltase el oxígeno. la carne húmeda y juguetona trepidando a su merced. mareado por el apremio que le ahogaba.

contento de no ser el único que estaba temblando como un niño. su lengua encajaba tan bien dentro de esa humedad que era desquiciante. —reconoció en voz baja. Osado. Chupó con fuerza el labio inferior antes de soltarle para alejarse unos centímetros y mirarle con toda la mesura que fue capaz de reunir. De verdad. le latía el corazón con tanta fuerza que le dolía. Abrió la palma hasta acunar con suavidad los genitales. descubriendo la sombra del ombligo. para llegar al punto donde se encontraba ahora. sopesando su peso y tamaño. Rió. Un beso. porque no iba a fallar a la confianza que el moreno había depositado en él. también por la excitación que las palabras de Jensen estaban provocándole. las rápidas vaharadas del aliento del camarero en las mejillas se le antojaron un tormento más. . —Qué. Le buscó los dedos para entrelazarlos con los suyos.. —ordenó impaciente—. No puedo soportar esto más. torturándose y castigándole con el prometedor contacto. Nunca había necesitado antes estar con otra persona con la intensidad que Jared le despertaba. Jared no usaba cinturón y la prenda le caía baja sobre las caderas. vámonos de aquí.. Iba a hacerlo. Jared.. pero no tenía ningún tipo de dudas. por el miedo. Tragó con fuerza al llevar al primer botón de los vaqueros. —Yo tampoco —confesó con una sonrisa vacilante. pero si algo tenía claro es que estaba donde debía estar y con la persona correcta. un poco mareado por la premura. despacio. joder... dejó caer la mano a lo largo del cuello. dejar atrás su identidad y toda su vida. Vamos. yo tampoco puedo esperar. —Se me hace la boca agua. A lo mejor había tenido que cruzar medio país. te lo juro. Nunca habían tenido opción. primero tendrían que hablar. un suspiro compartido en la otra boca. Delineó con insufrible lentitud el bulto duro e incandescente que se apreciaba con perturbadora claridad bajo la mezclilla mientras seguía mirándole a la cara. —Jay. Dios. Levantó la mano y le atrajo para un último beso lleno de lujuria. La yema del pulgar descubrió un pezón ya erizado.. maravillándose una vez más de lo tiernos que eran aquellos labios.. tío. Jay.. No vas a arrepentirte. feliz como nunca antes—.hecho inevitable.. —Dios. estoy haciendo un serio esfuerzo por no abrirte los pantalones y chupártela aquí mismo. Jensen —musitó.. quería follárselo como si no hubiese un mañana. —Lo sé. acercándose para hablarle al oído—. que incitó con un ligero pellizco antes de bajar por el estómago cóncavo. Sin embargo. —Su voz ronca le enervó.

—No conocía la zona —comentó. pero había bastante actividad por la zona a pesar de la hora—. devolviéndole el apretón con una media sonrisa—. —La verdad es que una vez besé a una amiga. —No lo hago —le aseguró mientras giraba. ordenadas hileras de casas de dos plantas con fachadas de ladrillo rojo con puertas y ventanas con marcos de madera blanca. No recordaba cuándo fue la última vez que hizo un amigo por su cuenta. Puso el contacto y examinó el tráfico. El freno de estacionamiento protestó con un crujido—. el trayecto era realmente corto. las relaciones que había establecido estaban propiciadas por los intereses familiares. —Ya casi estamos —anunció. A lo mejor algún día podemos ir hasta el muelle y ver la estatua de frente. Alargó una mano y le estrujó los dedos. Es una suerte que haya bastantes sitios donde aparcar por aquí —comentó—. De fondo sonaba Bob Dylan y su Knockin' On Heaven's Door. Jared notó que le miraba mientras se cruzaba de brazos y sin añadir nada. Siempre creyó que se pondría nervioso o que le asaltarían miles de dudas o fantasmas. el resplandor de Nueva York y de la isla de Manhattan. sacándole de sus elucubraciones. El cemento resbalaba un poco. tanto en el colegio como en la universidad. pero no. ni por curiosidad? —Los ojos rasgados brillaron de genuino interés. se aferró a los dedos calientes de Jensen mientras avanzaban. —Apoyó la cabeza en el asiento y contempló a Jensen mientras conducía. Tener un coche en la ciudad es casi un lujo. —Es un coche precioso —comentó admirando el vehículo. pero últimamente todo está mucho más tranquilo —explicó—. los de Jensen estaban calientes en comparación con los suyos—. —Bueno. —No me trates como a una chica —se quejó juguetón. —¿De veras? ¿Nunca has estado una mujer. lo que de verdad tenía era impaciencia. poco más que algunos robles y un cuadrado de césped. Eric y Jensen eran las dos únicas personas a las que se había permitido acercarse de verdad. ponía en marcha la calefacción. En serio. si lo pensaba bien. pero la verdad es que mientras se subía al automóvil de Jen. —Gracias —respondió con una sonrisa de oreja a oreja. la calle era bastante tranquila. A Jared le gustó la zona. antes era bastante complicado vivir por aquí. ni siquiera por curiosidad —confesó controlando los retrovisores mientras pasaba la mano libre por el muslo de Jared.A veces había pensado en aquel momento. se dio cuenta que había muchas cosas que no sabía de él y que la perspectiva de conocerle le encantaba. ¿Mejor ahora? —Sí gracias. contento 8 . no me he acostado con ninguna. pues desde siempre. en el día en que se atreviese a hacerlo con otro hombre. Si fueses una chica definitivamente no estaría aquí contigo. que gracias a la agradable temperatura del interior había dejado de tiritar—. ¿sabes que es el único sitio de la ciudad desde donde se le puede ver la cara? —No. Algún grupo de árboles acá y allá y al fondo. No estés nervioso. —Se dejó arrastrar por la acera helada hasta una vivienda que lindaba con un diminuto parque. en secundaria. como si de un mar dorado se tratase.

—Se quitó la chaqueta y tomó la de Jared antes de abandonarlas con ademán descuidado sobre el perchero que había en una esquina del pasillo. obtener las mejores notas. aún así. El salón tenía forma de L. —De verdad. —Con un ademán.. no hace falta —recalcó antes de silenciarle. De nuevo.. Descubrir el modo relajado en el que Jensen se movía por su casa le resultaba refrescante. permitían que la luz de las farolas inundase la estancia.. La pulcritud era lo primero. —Claro que sí hace falta. se preguntó en qué trabajaría Jensen. es aquí —señaló mientras hacía tintinear las llaves y le guiaba hasta el primer piso dejando atrás el portal vacío. Tras el abarrotado mueble. sin soltarse las manos. me encantas. El portátil estaba cerrado pero aún le parpadeaba la luz de encendido. Ven. dos amplios ventanales adornados con sendas persianas de madera. como si Jensen creyese que si rompía el contacto iba a arrepentirse. Aquel sí era un hogar. —Está muy bien. Los pocos centímetros que les separaban le ayudaron a armarse de valor. —Jay. el cabello corto y despeinado le cosquilleó en la nariz cuando la hundió. No tenía ni idea. no tienes ni idea. —No hace falta —confesó con una sonrisa. sino que además esas reglas incluían un severo control sobre su entorno. hombre. sus manos parecían tener vida propia mientras se perdían por los botones que todavía estaban en su lugar. Subieron la escalera a oscuras. Había vivido toda su vida bajo las estrictas normas de comportamiento que habían trazado para él. ser educado.. Jensen —afirmó observando a su alrededor. paseó los ojos por las formas que iba descubriendo. Jen. no era demasiado espacioso y estaba bastante desordenado. Admirativo.. Bajo la camisa. Jesús —musitó. que estaban bajadas casi en su totalidad pero. —Pues sí. Jensen levantó la mano y la apoyó en su mejilla. paredes de color claro casi desnudas. Jared llevaba una fina camiseta negra que no evitaba . que parecían estar un poco hinchados después de los besos que se habían dado en el Hell´s. siéntate y ponte cómodo —pidió arrastrándole hasta el borde del sofá. Sonrió al escuchar el leve quejido que escapó de la garganta del rubio cuando sacó la lengua para trazar un sendero desde la mandíbula hasta la boca.de que hubiese propuesto verse en otra ocasión—. pero me resulta cómodo.. le enganchó un dedo en la pretina del pantalón para acercarle hasta que sus piernas se rozaron. —Voy por algo de beber.. —No es gran cosa.. que no sólo incluían directrices sobre cómo debía sentirse en su vida sexual y afectiva. Sujetó la cabeza de Jensen entre sus dedos. Hummm. Jared jamás se había podido dar el lujo de tener un espacio propio y ordenar sus cosas como hubiese deseado un adolescente normal. le indicó que entrase primero mientras cerraba la puerta a su espalda. Quería asegurarle que no iba a pasar. para inspirar el olor del champú. asertivo. jamás alzar la voz o contradecir a sus mayores. que quizás no tenía experiencia y sobre su espalda cargaba con una pesada historia. pero que por nada del mundo iba a renunciar a estar con él. comprobó que había algunas prendas sobre el sofá y un montón de carpetas en la mesa que parecía hacer las veces de escritorio. de la que se adueñó con febril apetito—. sin añadir nada. así que se inclinó con la intención de asaltar de nuevo aquellos labios.

joder. le temblaba hasta el alma por la necesidad de abrazarle y llevarle a la cama y prometerle que nadie iba a volver a dañarle. —Le temblaba la voz. Tragó con fuerza al verle morderse un labio mientras deslizaba los dedos morenos por su pecho.. sacó el . estaba al borde.. pero también quería no estropearlo todo antes de haberlo empezado.. —La palabra sonó como un ruego. si no se detenía. Deslizó las manos desde la nuca hasta los anchos hombros del camarero. Se alejó unos centímetros. que había dejado caer la cabeza hacia atrás. Porque parece que sí. luchando por recuperar un mínimo de cordura. porque él quería a Jared.. —Jensen. Rió. Jared merecía su sinceridad. impaciente y lleno de tosca urgencia—. no es justo. el aliento candente de Jared resbalaba por su rostro como ardientes pavesas. en sus iris tornasolados había un brillo acuoso. satisfecho por el ligero temblor que percibía bajo las palmas. Repasó una vez más el camino desde los labios a la diminuta oreja.. Se alejó. El joven era increíblemente adorable y Jensen se sentía incapaz de resistirse a sus demandas—. con las que atraía la pelvis de su amante contra la suya. degustándole a placer. que no dejaba de recorrerle con manos inexpertas pero que eran satisfactorias a tantos niveles que temió que acabaría corriéndose en los pantalones como si fuese un adolescente. Necesitaba probarle. —Eres precioso. Jared negó. como un niño descontento..que se apreciasen los duros botones de sus pezones. tironeando con torpeza de las ropas que les impedían tocarse y verse del modo en que ambos querían.. le temblaban las manos de ganas de seguir adelante y olvidarse de todo. —Pero. —¿Así? ¿Justo? —El tono juguetón le dejó claro que le seguía la broma. decidido a hacer lo que debía.. los dos la merecían. por un segundo Jensen hubiese jurado que eran grises. Jadeó al notar el firme apretón. Lamió y chupó. sonrió mientras le ungía el cuello desnudo. Rozó ese esquivo hoyuelo. o verdes. escuchar los apasionados lamentos de Jared. No me mires así. que le sostuvieron con tal perfección que se encontró deseando dejarse llevar por la pasión. Chupar la nuez. encantado con la reacción de Jared. hasta asentarse con firmeza sobre su entrepierna. las mejillas calientes por el rubor. en apariencia abandonado a las sensaciones que le estaba despertando con aquella caricia que en otra ocasión podría haber considerado casi casta. la mera visión de las puntas erizadas puso su sangre en ebullición. pero. recorriéndose con frenesí.. le quería tanto que no sabía bien cómo no estaba de rodillas. ¿No quieres? —Había un brillo casi diabólico en aquellos ojazos almendrados.. tozudo. comiéndoselo como el delicioso manjar que era. que le apretó contra su vientre. gimió más alto. hundió los dedos en los antebrazos y asintió para sí mismo. Los húmedos labios entreabiertos le permitieron distinguir un retazo de sonrosada lengua que ansió chupar hasta oírle maullar de gusto. Se dejó arrastrar a aquellos fuertes brazos. un diminuto puchero que le daba un aspecto caprichoso.. o del más puro azul.. casi sollozando por la necesidad. los párpados pesados casi cerrados mientras se observaban. Despeinado. —Voy por algo de beber —anunció. le atrajo para buscar la lengua de Jared con la suya hasta que estuvieron abrazados de nuevo. fascinado por la sedosa textura de la mejilla morena. su pelvis se estrelló con fuerza contra la cadera de Jared. empujarse hasta tener clavada la contundente erección contra su vientre. Gruñó al succionar la carne erguida. pujó.

desde libros de consulta hasta best sellers. Se agachó para recoger el objeto y miró en dirección a la puerta por la que Jensen había desaparecido. Una vez a solas se giró para curiosear un poco más. No eres precisamente una Barbie. —Vuelvo en un segundo —susurró robándole un último beso—. Jeff Padalecki ha vuelto a enviarme un mensaje. —Menos mal. chaval. todo era un embuste. Vuelvo en un par de minutos. ¿Tenías lo que necesitabas. eres terrible —confesó—. antes de agitar la cabeza—. casi dos metros de hombre. Cruzó los brazos sobre el pecho intentando contener los temblores y centrarse. Jay.. Estás en tu casa. se levantó para examinar la colección. ¿Y tú sabes que no soy una Barbie. salvo por aquellos dos chicos y el hombre de la primera vez. Jay. pero eso no quería decir nada porque. quedó truncada. tengo muy presente que. es la quinta vez que te llamo. en el nombre de Dios.. encuadernaciones y temas. —Tío.. Con algo parecido a la desesperación miró a su alrededor: ¿Quién era Jensen? ¿Cómo. ¿Sabes que intento hacer que esto sea lo mejor para los dos. —jadeó—. se está poniendo nervioso con nuestra falta de respuestas. Jensen. ¿A qué te refieres? —Dios. el timbre del teléfono le sobresaltó. responde de una puta vez. Mientras hacía el esfuerzo de leer la carátula de la película. ¿Cerveza? ¿Quieres comer algo? —Lo que quieras —aceptó al fin. en la que había un poco de todo. Curioso. cogió uno de los muchos DVD que había amontonados en una mesita junto al sofá. tendría que escapar de nuevo. verdad? Y que no me lo estás poniendo nada fácil. porque no tenía dudas de que si le localizaban. podía haber sido tan estúpido? La severa voz del congresista Gerald Padalecki diciéndole que todo cuanto hacían —los castigos. Las implicaciones de que su familia supiese donde se encontraba le golpearon con fuerza.. ¿debería responder? ¿Quién sería a esas horas? No reconoció la voz que saludaba al contestador. .. Jensen nunca iba acompañado al Hell´s. —Levantó la mano señalándole. haciendo que dejase caer lo que tenía en la mano. impresionantes y devastadores—. quiso encogerse y desaparecer. todo. —Joder —le miró de nuevo. oye. encontrarían la manera de llevarle de nuevo a aquel lugar. —Ajá —asintió—. el acoso— era por su bien resonó dentro de su cabeza. acentuando su aspecto inocente—. intentando distraerse. pero allí no estaba a salvo. A la derecha había una estantería con una ingente cantidad de libros. Escuchó el sonido del agua en la habitación de al lado e imaginó que Jen estaba en el baño. colocados en un aparente caos de tamaños. no? —Créeme. Porque la verdad es que estoy muy caliente. Se preguntó si debería seguir su ejemplo. Le dolía la garganta.labio inferior un segundo. Jen había girado el interruptor para iluminar con suavidad la habitación. El piloto rojo indicaba que había algunas llamadas esperando a ser escuchadas.. la tenía tan seca por el pánico que era como tener cristales atravesándole la carne. los rezos. no? ¿Cuándo vas a hacerlo entonces? El pitido indicó que la máquina había dado por concluida la llamada y la pregunta de Misha —ahora recordaba que ése era el nombre que había usado Jensen aquella lejana mañana—. Junto al sofá donde se había sentado había una mesita con un anticuado teléfono y un contestador.

te dejas llevar por esos instintos animales que Dios repudia. Estúpido. con el que creía haber conectado.quizás. Jensen no se había movido. le dolía la garganta y le lagrimeaban los ojos por el esfuerzo de no apartarlos de Jensen. odiándole por haberle hecho creer en su sinceridad—. Esto puede ayudarte. «Ya tienes lo que querías». Vaya ironía. Estúpido. Además de lidiar con el terror de saber que su padre había llegado al extremo de contratar a personas para encontrarle.. Nada. —No he llamado a nadie. —Detective. en serio. Eres muy poco profesional. pálido. La voz enlatada de Misha gritó en su cabeza. Agitó la carpeta y la señaló—. ignorando las lagrimas que le enturbiaban la visión—. sin importarle en lo más mínimo . Estúpido. —Se restregó las mejillas. pero no se fiaba para nada de él.. «Ya tienes lo que querías». Estúpido. no realmente. ¿Qué es lo que tenía Jensen? —Escúchame. una carpeta. Jay. ¿Planeabas decirle también a mi padre que sí.. era falso.. ese que hay que salvar de sí mismo aunque sea a base de drogas y palizas. que habías comprobado empíricamente que los miles de dólares que se gastó en esa clínica habían sido como lanzar margaritas a los cerdos? ¿O todo esto era una forma como cualquier otra de traerme hasta aquí? ¿También les contarás cómo me agarrabas la polla. agitó la cabeza en signo de negación.. nublándole la visión por un asfixiante momento. como todo lo que sabía acerca de Jensen. Iba a contártelo. Tenía que escapar. si es que ese es tu nombre. aumentando la sensación de ahogo. Se había quitado la camisa y sólo llevaba una camiseta blanca... —¿Eres policía o algo así? —Otro paso más. sólo se le había acercado porque era lo que tenía que hacer. «Ya tienes lo que querías». —El tono sosegado acicateó su rabia. al engaño. dispuesto a pelear si hacía falta. Jared. luces blancas explotaron tras sus párpados. Jensen. —No les digas nada. como un clamor que se superponía a todo. tenía que largarse. Casi no podía respirar. ir a dar con un detective gay para buscar al maricón de tu hijo. Cuando estuviese a salvo consideraría pensar en cómo se sentía con respecto a eso. ¿cómo había sido tan estúpido? ¿Y si le retenía mientras llegaban Jeff o su padre? Eran dos perfectos desconocidos y el hecho de tener aún su sabor en la lengua no significaba nada. pero eso no le importaba. Esta vez vendería cara su libertad. tenía que procesar que aquel hombre. y aquello.. «Ya tienes lo que querías». levantó los ojos y se topó con la mirada verde de Jensen. ojeando el pasillo que le llevaría hasta la calle. por favor. —Ibas a contármelo. ahora era incapaz de plantearse siquiera que hacía unos momentos estaba decidido a irse a la cama con aquel tipo.. hasta estar un poco más cerca de la salida. Apretó los puños. asqueado de sí mismo. Se preguntó si ese sería su nombre siquiera..¿Antes o después de follarme? —gruñó. porque vete a saber.. Se obligó a tragar aire a grandes bocanadas.. eres un inútil y enfermo. sólo hablemos. de frío. Jared —contestó con aquel tono conciliador.. —Jared. te han pagado para eso? ¿Les contarás que eres otro enfermo como yo? —Rió sin humor. le hablaba como si le doliese. Mancillas su Creación. déjame hablar —pidió otra vez. tenía algo en las manos. —¿Cuánto tardará? —Su voz no parecía su voz mientras caminaba trazando un lento círculo. —Una mueca triste en los labios—..

o Jeff. Trastabilló hasta el lavabo y vació el estómago por tercera vez en lo que iba de noche. a escuchar a cada minuto lo desagradable y retorcido que era su deseo por otros hombres. ¿Cómo había sido tan tonto? Se miró en el espejo que había sobre el lavabo mientras el frío que le atenazaba se volvía tan intenso que creyó que se le había helado la sangre. —¡No! —Respiraba con esfuerzo. Quizás era su padre. los silencios.. —No voy a retenerte si es eso lo que crees. pero no reconocerlo no era un consuelo. padre. tengo una idea. Se alejó del detective hasta que la puerta quedó a su espalda. No quiso escuchar más. Cuando hubiese desaparecido. Jay —susurró. ya nada era seguro. en el engaño. Una cosa detrás de otra. Le costó un par de horas regresar a su apartamento. déjame ir. se apartaban con miedo y asco. las lágrimas. la voz de Misha hablando con Jen.. no quería volver a sentirse sucio por algo que no podía evitar. o aquel médico. Lo sujetó para mirar el número que parpadeaba en la pantalla.. así que se limitó a continuar por el mismo camino que seguían un par de coches que circulaban despacio por la helada calzada... le hemos perdido. Jadeando y al borde de la histeria. Te enseñaré esto y hablaremos. la voz de su padre. por favor. creyó que iba a vomitar de nuevo. la palabra rebotaba en los límites de su consciencia. lo mucho que necesitaba rezar y suplicar a Dios por el perdón de unos pecados que ni siquiera había cometido. sus labios. En olvidarle. déjame acercarme y charlemos. estaba perdido. buscó una parada de autobús. la indiferencia y el temor de su hermana pequeña. A ciegas y sin mirar atrás. por favor. para ayudarte. temblando de frío y de terror. El calor del piso le rodeó como una manta y entonces notó el frío que tenía. se armó de valor y descolgó. ahogándose en sus amargos sollozos. lo primero era ponerse a salvo. Resbaló un par de veces. la mirada consternada de su madre. Jeff. algunas de las personas con las que tropezaba en su empeño por poner distancia entre Jensen y él le miraban con mala cara. ¿cómo había podido equivocarse tanto? De verdad había creído que entre ellos había una conexión. el resto vendría después. eres un perdido. El teléfono sonó. Ni siquiera en Nueva York era común ver a un tío de casi dos metros llorando como un niño pequeño. —Jay. sentía los dedos entumecidos y la cabeza embotada. bajó la escalera. su padre.hacer el ridículo más espantoso—. girar la manivela y salir era en lo único en lo que podía pensar. ¿Y si les había dado su dirección? ¿Y si le drogaban como aquellas otras veces? No quería volver a las terapias. gracias a Dios. por un momento. Se le cayeron las llaves dos veces mientras intentaba atinar en la cerradura. se giró y salió al pasillo. estás enfermo. Por favor. nunca habían hablado . Era de madrugada y. Jen. A ciegas. pensaría en la humillación. Perdido.. algo real. perdido. Jensen. ¿estás bien? —Era la voz de Jensen. Dios. dame unas horas para desaparecer. algunos hasta se atrevieron a gritarle si estaba loco.el brillo de los ojos verdes marchito a causa de algo que parecía pesar—. la primera había sido cuando recordó el modo en que Jensen le había mirado la primera vez en el Hell´s. salió a la calle sin siquiera notar la atmósfera helada que le envolvió. —Jay.. vibrando en el bolsillo trasero del pantalón.. Jen. jadeando mientras su aliento escapaba convertido en vapor. Era una vía de sentido único. sus ojos grandes y verdes fijos en él. perdido. Oye.

pero al menos no tenía que hacer lo que había hecho durante toda su vida. la luz he había apagado y aquella era la única salida del antiguo edificio. No podía creer lo mal que había salido todo. no alcanzaba a imaginarse cómo debía sentirse. Cuando tuvo la certeza de lo que el muchacho había pasado a manos de Prittchard. le chorreaba la nariz y notaba los párpados hinchados. creyendo que un hombre como Jensen se fijaría en alguien como él. haciéndole temblar con violencia. Dios. fue castigado. Se tapó la cara con las manos. Cuando le vio llegar tuvo que echar mano de todo su autocontrol para no bajarse del coche y comprobar que estaba bien. Jared. porque mostrar pena o descontento no era adecuado. si 9 . Al menos. ¿Y si le ocurría algo? Está bien. sin ver. había salido de su piso como un alma en pena. Apretó la mandíbula con fuerza. Jodido cabezota que no le había permitido siquiera una palabra. el Hell´s. No tenía su chaqueta. la rabia y la impotencia. era un tío adulto de casi dos metros. no dejaba de imaginar que algo podría ocurrirle. Patético. las ropas húmedas se le pegaban al cuerpo. Suspiró. Maldita sea. había manejado aquel asunto como un completo inútil. El cabello oscuro húmedo le goteaba sobre las mejillas pálidas. llorar en silencio. Jared. lo bueno de no tener demasiado era que se podía mover con facilidad. siempre. Vagar por un barrio desconocido en plena noche no era lo que se dice una estupenda idea. Después de devolver la llamada a un histérico Misha había salido tras los pasos del muchacho. Colgó sin esperar a oír más. dejando salir los sollozos. pidiendo perdón por no ser lo bastante agradecido con su suerte. se tapó con una manta y miró. podía llorar hasta hartarse. Las lágrimas se le agolparon tras los párpados apretados mientras la palabra idiota le acosaba. Deseó golpearse contra la pared. Llegar a la tranquila calle y comprobar que el camarero no estaba le llenó de un pánico sordo y de una profunda rabia contra sí mismo. iba a ser una putada. Había perdido la cuenta de las veces que había acabado de rodillas. Sin embargo dejar a Eric. Jared. intimidante en el mejor de los casos. era absolutamente patético. Era algo inapropiado y una falta en la que siempre había incurrido. lo quisiera el camarero o no. la televisión.por teléfono pero eso no importaba. el pequeño portátil de segunda mano. El chico ni siquiera se había dado cuenta de que estaba aparcado junto enfrente del bloque de apartamentos. incluso a Sandy. Jensen sintió que el estómago se le anudaba de pena ante su aspecto. ¿por qué no se había limitado a acercarse y ofrecer su ayuda? No. había ido a por Jared dejando que lo que tenía entre las piernas hablase en su lugar. Al fin y al cabo. pensó con pena. dando gracias a Dios por todo lo que tenía. sosteniendo su necesidad de ir hasta Jared y abrazarle. agotado. y por la que siempre. ése era su trabajo. Se arrastró hasta el sofá y se sentó. sus botas. Has sido tan idiota. ¿Cómo había sido tan torpe? Se pasó la mano por la nuca y miró la luz que indicaba que había alguien en el apartamento de Jared. Encogiéndose. pero joder. no le quedaban dudas de que sabía todo lo que había que saber acerca de él.

pero cuando recogió las llaves dispuesto a salir hacia el Hell´s se sentía mucho mejor. Llamó a Eric y salió al portal. Se le secó la boca mientras notaba cómo el pulso se convertía en un errático latido dentro de su cuerpo. Se despertó con el cuerpo dolorido. Miró a su alrededor. martilleando sin piedad. Tenía que verle y esperaría allí todo lo que hiciese falta. una decisión fija en su conciencia: esa vez no iba a escapar. pero había algo más al pensar en la noche anterior. Con una mueca se dijo que estaban algo blandas. De Jensen y su estúpida boca que se moría por volver a besar. hasta hacerle entender que en aquella carpeta tenía el salvoconducto que le permitiría vivir sin temor a que aquel desgraciado intentase algo en su contra. De Dios. Esa vez lo que le animó a cruzar la calle y detenerse a unos pasos de donde el otro estaba parado era la más ardiente de las rabias. como si hubiese bebido demasiado alcohol. el estómago revuelto y un zumbido extraño en la base del cráneo. que lo hiciese. Harto de sus miedos. botas. a pesar de que sabía que debía hacerlo. iba a darle unas horas de descanso. No tuvo fuerzas para afeitarse.Jared intentaba irse. mirándose durante un largo rato. sólo que había estado trabajando hasta tarde y que el despertador era como una aguja clavada en su sien. le vería. Sólo tenía una idea en mente: esa vez no iba a huir. bien. pero esta vez no iba a reaccionar como la noche anterior. no recordó nada. maldito fuese. con los brazos cruzados y una expresión indescifrable en el apuesto rostro. De su padre. cerciorándose de que no había ninguna patrulla por allí. pero se obligó a consumir hasta la última gota junto con un par de galletas. Por un momento. lo que le faltaba era que le detuviesen por merodear. Jensen estaba apoyado en el capó. Fue entonces cuando descubrió el coche. Esperándole. si no lo hacía. y le miraba. rabia. tenía que comer. Dejó el cepillo de dientes y se dispuso a bañarse. Se detuvo un segundo. pero no le importaba. nada de todo aquello era justo. . Caminó hasta el baño y se sostuvo contra el lavabo. era inconfundible. en esa ocasión no era el mismo sentimiento agradable que había acabado por asociar con la presencia del detective. bien. la bufanda y un gorro de lana. arrasó su estómago vacío como si se tratase de ácido. Estaba harto de eso. porque no era justo. titubeando sobre si debería enfrentarle o no. Si Jensen quería ir y cumplir con su trabajo. un par de jerseys hasta que pudiese juntar algo de dinero y comprarse una nueva chaqueta. El sentimiento de derrota era abrumador. El café estaba caliente y amargo. Harto de que abusasen de él. como un niño asustado. pero Jensen no iba a desistir hasta explicarse. Vaqueros. tanto como su dueño.

—¿Qué es esto Jensen? —Quiero que lo leas —pidió. —afirmó—. —Posó la mano sobre el pecho. así que caminó hasta que estuvo tan cerca que pudo apretarle la carpeta contra el pecho. Se odió por estar al borde de las lágrimas. —No seas ridículo. porque no estaba muy seguro si sería capaz de controlar el impulso de tocarle y comprobar que de verdad estaba bien. —Mira. yo lo estaría en tu lugar. intentando aferrarse a la idea de que no todo entre ellos estaba dicho. Debería haberte dicho la verdad antes de permitir que las cosas pasaran a ser algo personal. Al menos no por el momento. Jay. Jay. arrugando todavía más los papeles. hablaba de Jeff. la cagué. anoche. claro. Tenemos que hablar. —No quiero hablar de eso. Pero vamos a arreglarlo. detective Ackles. percibiendo el latido del corazón. se dijo. cualquier tipo de acercamiento por su parte no iba a ser bien recibido precisamente. —¡Escúchame! —atajó—. Comprendo que estés cabreado. y hablaba de mi hermano. —No hay nada que arreglar —insistió. aunque creas que no te entiendo. —¿Para qué? —se burló—. . Te contrataron para encontrarme. haciéndose ilusiones de la nada.Jensen le examinó de pies a cabeza: Jared estaba pálido y tenía ojeras pero parecía encontrarse en perfectas condiciones. pero no voy a dejar que hagas esto. tenemos que hacerlo —insistió. que iba tan acelerado como el suyo—. El camarero ni siquiera hizo el intento de acercarse y cogerlo. Tu secreto está a salvo conmigo. Se metió las manos en los bolsillos. eso es todo. —Frunció el ceño y miró hacia otro lado. sé que he llevado esto bastante mal. Apartó los ojos de Jared y abriendo la puerta del coche. —¿Tienes que estar aquí? —preguntó de mal talante—. Lo escuché. pero —titubeó— confía en mí. rescató lo que quería darle desde la noche anterior. Perdona que lo dude. No tengo que estar aquí. nosotros. ni ahora ni nunca. —Sí. como si necesitase creerle pero no se atreviese. —bufó—. a tu amigo. lo patético. y en el camino te desviaste un pelín. si debía juzgar por la seriedad con que le devolvía la mirada. ¿Ahora te pagan para que te asegures que no desaparezco? —No —replicó—. no tienes que temer que le diga a nadie dónde estás. —No puedo creerte —contestó mientras apretaba los puños... Anoche dejé que te marchases porque sí. lo hiciste. no deseaba que Jensen viese lo impresionable que era. prometo desaparecer y dejarte en paz.. antes de que Misha llamase.. Pero todo tiene una sencilla explicación. respirando con más tranquilidad cuando Jared agarró el objeto. estabas preocupado. Además. lee esto y si luego sigues pensando lo mismo de mí. Está todo claro. —Sí. Creyendo que un hombre como Jensen iba a fijarse en alguien como él. quería estar y comprobar que estabas bien. miedo y algo que lindaba con la desesperación. Había enfado. arrugando en el proceso el cartón de anodino color gris que protegía las copias del informe que tenía en su casa—. —¿Por qué? —El tono le erizó la piel.

. llego tarde al trabajo. a sólo unos centímetros. quizás reservado y demasiado tímido. Iba por la segunda jarra y empezaba a creer que tendría que acercarse y forzar la conversación cuando unas largas piernas se detuvieron junto a su mesa. porque aunque no deseaba darle una mala impresión al jefe de Jared. . Todos esos papeles que me dejaste. Le dolía mucho que le mirase como si fuesen enemigos. cuando leas todo esto me escucharás. estaba contento de que el chico contase con alguien dispuesto a defenderlo. Me voy. —Esta noche iré al Hell´s —anunció a su vez. intuyendo que era mejor dejarle ir. le quedó claro que Jared debía haberle hablado de lo que había pasado y de quien era él en realidad. pasándose una mano por la nuca—. pero Jared le obedeció. le dejó una cerveza y la carta. Sabía que era muy buena gente. —Ocupó la silla enfrente de él y cruzó los dedos—. Algo tonto si se tenía en cuenta que Jensen le sacaba casi diez centímetros y estaba bastante más en forma. La verdad es que creía que era poco para la metedura de pata de la noche anterior. Sorprendió a Eric observándole en un par de ocasiones y.. Levantó la cabeza y observó a Jared que parado de pie. está bien —empezó. Hablemos. que no hizo intento alguno de acercarse.. después. No podía recordar qué. Sandy. —No me dirás lo que tengo que hacer —replicó impávido—. y sí. No había levantado la voz. pero si de algo le habían servido aquellas semanas era para conocer la forma de ser del camarero. ¡vamos! Sabes perfectamente que no es verdad. Estoy harto de obedecer órdenes y nunca más voy a aceptar que me mangoneen. —De acuerdo. si es que aquello era posible. y puedo hacerlo. pero había comprobado que había encajado en el puesto y sus compañeros le apreciaban. a juzgar por su expresión. el alivio circulando por sus venas como si fuese un narcótico—. así que no añadió nada más. Contuvo una sonrisa. había algo en aquello que me sonaba —explicó después de dar un sorbo a la bebida—. Jay. asombrado por la ira que rezumaban las palabras—. pero tenía claro que había algo extraño. Se deshizo de la chaqueta y se sentó en la mesa que se había convertido en su sitio habitual.—Mírame a la cara —ordenó con firmeza. El tipo realmente parecía dispuesto a ir a por él y tener algo más que palabras. ¿Quieres tomar algo? —No. ¿Por qué lo has hecho? —Cuando tu hermano nos contrató y nos hizo llegar una parte de tus datos.. No tenía demasiada hambre pero se obligó a pedir algo. Jay. —Vale. haciendo como si el pequeño estallido de Jared no hubiese tenido lugar. me equivoqué. le parecía todavía más alto. así como el resto de la gente que le conocía. El rumor del bar quedó en segundo plano cuando su mirada se encontró con los claros ojos de Jared. Dime que lo que pasó anoche no significó nada para ti. hablemos —asintió. Era imposible no querer a aquel gigante dulce y lleno de buen humor. Jared. Hablarían esa noche y lo aclararían todo de una vez. cuando te encontramos. Porque quiero ayudarte. ya que odiaba tener las manos vacías mientras esperaba. ¿me has oído? —Se le quebró la voz mientras intentaba no perder la compostura—. La camarera. pero todo lo que pasó entre nosotros fue real y sólo por eso me escucharás.

Jay. —¿De verdad? —Se había puesto más pálido cuando escuchó el nombre de Prittchard—. hundiendo los hombros. —Sí. y a mi nadie me creyó. pero la verdad es que una de mis razones es que me gustas.. Jensen? Yo ya sé quien es ese tipo. desde hace años. ¿Te parece que tres meses allí no es bastante información? ¿Crees que mi padre no lo sabe? —No. No nos conocemos demasiado. Te deseaba mucho y quizás .. y Misha.. recordaba haber escuchado hablar de ese capullo y sus supuestos tratamientos antes. —Exacto. Luego empezamos a buscar. precisamente. —¿Podría. ¿Y por qué me cuentas todo esto. pero con esos documentos podrás demostrar que usan tratamientos que son ilegales. —¿Qué? —Apartó la mano y la escondió entre los muslos—. que no se separó ni siquiera cuando le apretó los dedos con la fuerza suficiente como para dejarle marcas—. Había algo que no cuadraba en ti. Con eso podrás decirle que se vaya a la mierda y que te deje en paz.sólo quiero que me deje en paz y vivir mi vida. —Apretó los dedos en torno al vaso—. no lo haré. que iremos a la prensa. Jay. —Sé que estás asustado. tanto Misha como yo te apoyaremos cuando le llames y le digas que quieres verlo. —Jay. Jensen —confesó. es lo que vamos a decirle. no permitiría que alguien como Prittchard se acercase a un chaval sin pelear.—El día que viniste aquí con Misha por primera vez. —Le apartó el flequillo oscuro para poder mirarle a los ojos—. cuando te invité a ir. no vamos a dejarle... consiguió una orden judicial.. qué cojones. —No sé si podré. Jensen? —Quisiera decirte que me he tomado este trabajo tan en serio porque es lo justo y lo que hay que hacerse —explicó—. No estás solo en esto. Movió la silla y se acercó más a Jared. te prometo que estaré a tu lado. Jensen. Jay. ¿Qué le impediría hacerlo otra vez? —Porque esta vez tenemos pruebas. y a tu jefe no le conozco pero. ¿Qué evitaría que mi padre hiciese de nuevo lo de la otra vez? Dijo que tomaba drogas. ¿Te piensas que somos los únicos que pueden rastrearte? Porque te aseguro que no. —Ni siquiera hizo el intento de ocultar que ese encuentro había sido especial y que lo recordaba a la prefección. —Hubiese deseado no ser tan brutal. Jay. y mucho —confesó con una sonrisa llena de cautela—. No eras el típico niño que se escapa porque su papi no le ha comprado el coche que quiere. yo estaría muerto de miedo. —Se inclinó sobre la mesa hasta que apenas les separaban unos centímetros—. Anoche. y porque él no va a querer un escándalo y eso.. pero no suelo pasearme por ahí llevándome tíos de dos metros a mi apartamento. pero te aseguro que no pasará nada. tu padre no podrá tocarte. No te mentí cuando dije que era de Dallas. Nadie desaparece sin un motivo y yo quería saber el tuyo antes de ir y completar mi trabajo.. No. pero no quería que quedasen dudas sobre sus intenciones. por el modo en que me ha estado vigilando toda la noche. y no me malinterpretes. —¿Por qué haces esto. quería hablarte de esto antes de. de verdad podría? —susurró sin levantar los ojos de la mesa—. sobre Saint Hills y ese medicucho. ese día sólo queríamos comprobar que de verdad eras tú. —¿Vamos? —Esa vez había un ligero tono esperanzado en su voz. Jared. que no estaba en mis cabales. estoy seguro que él también estará ahí.

yo también quiero disculparme por no haberte escuchado —reveló—. pero su postura parecía definitivamente más relajada. él aún no había terminado de trabajar. por primera vez desde que se conocían. algo que te tranquilizase. Eres más fuerte de lo que piensas. tan condenadamente cerca que detener el impulso era imposible... Jared seguía siendo lo mejor que le había pasado.. Nadie merece que le torturen y me alegro mucho que encontrases el valor suficiente para escapar. para colmo. entre otras cosas están acumulando más dinero del que pueden. Suspiró al sentir cómo una increíble corriente de satisfacción le inundaba. ¿sabes? —Pero quería —reiteró—.. Una tímida sonrisa iluminó el rostro de Jared cuando le descubrió en la calle. se inclinó hasta que sus labios se rozaron. pero sé que anoche me comporté como un crío. El otro día me dijiste que extrañas ver las estrellas. Y te lo repito. Jay. Con las mejillas encendidas. Un simple toque.no debí besarte hasta haberte dicho quien era. Caminaron el uno junto al otro por la calle. apoyado en la pared de la salida del personal del Hell´s. —Jensen. con las manos en los bolsillos. además de porque eres tú. así que le atrajo para besarle a fondo. sus labios aún eran igual de tiernos y tocarle conseguía hacerle sentir ebrio de placer.. te admiro mucho. conocer esto y no hacer nada va en contra de mis creencias. animado por ello. —Gracias. Y. pero jamás dudes de que era verdad. No teníais porqué hacerlo. . —Se frotó los ojos y continuó—. —Hola. consciente de que estaban en público y. Además del tema de esos tratamientos. ¿vale? —Jared no respondió. Jared se permitió el lujo de creer que lo que parecía haber surgido entre Jensen y él podía ser real.. alejándose de su lado. Horas antes.. habían quedado en continuar con su conversación una vez el camarero concluyese su jornada laboral. —Hola de nuevo —saludó. y hace dos días que tenemos en nuestro poder esos papeles de la fundación que dirige Saint Hills. Sólo quería disponer de algo concluyente que ofrecerte. —Esos hoyuelos que adoraba tan cerca. intentando no impacientarse. están infringiendo algunas leyes federales sobre impuestos. ni mucho menos. —Vale —asintió. pero no me arrepiento de haberte besado. no debí salir corriendo de tu apartamento del modo en que lo hice. —Estabas en tu derecho. porque sigues siendo un tío increíble. Jay. aún tengo mucho qué pensar acerca de todo esto. ¿Quieres venir a un lugar conmigo? Cuando tengo ganas de recordar mi casa o pensar voy allí. En serio. más un consuelo que algo sexual—. Así que allí estaba. Jared se apoyó en el respaldo de la silla.. —Vamos. ni siquiera tu padre podría contra ello. Lo siento.

Perdió el aliento mientras buscaba esos labios tiernos con la firme intención de saborearlos hasta hartarse. tan cerca que el calor de ese cuerpo enorme le confortaba como si fuese una hoguera en un día frío—. o eso creía Jared. —Jay. Recuerdo cada cosa que me has dicho. las sombras que la luz azulada creaban en el rostro de Jensen. Se llenó los pulmones con el limpio aire y sonrió. —Ajá. Se sentó sobre el capó. contemplando el modo en que la nuez subía y bajaba mientras tragaba el líquido. antes de que entre ellos reinase el silencio. —¿Una birra? —ofreció una voz a su espalda. había bastante claros entre las nubes como para permitirles apreciar alguna que otra estrella en el cielo nocturno. Le encantaba Nueva York pero echaba de menos aquella sensación de espacio y libertad. envalentonado por el calor que percibía en la mirada de Jensen. Le acercó su propia cerveza. y la dejó en el suelo. Reposar las manos en las caderas parecía lo más natural del mundo. .. cerca de donde estaban parados—. tiró de él hasta que estuvo entre sus piernas.. —Sí. —Le quitó la botella. chaval—bromeó mientras le rodeaba los hombros con un brazo. la verdad es que no estaba muy seguro porque mientras charlaban el tiempo había dejado de tener importancia.El camino forestal estaba lo bastante alejado de la ciudad. deshaciéndose del tapón. además de Eric? —Se llama Chad —replicó—. —Te equivocas —rió. pero prometo no aprovecharme de ti. porque ¿sabes? Creo que mi mejor amigo eres tú —le aclaró con gesto ufano. —¿De verdad? —Arqueó una ceja y. por suerte. inclinándose para ajustar su altura y contemplar la suave piel pecosa. Lo único que realmente le interesaba era la presencia calmada del detective. pero no habían tardado demasiado en llegar.. aunque me encanta la ciudad a veces extraño ver el cielo —murmuró alzando los ojos—. Esa era fácil. Sus ojos claros e incoloros. así que se dejó llevar—. a la que sólo le habían dado un par de sorbos. Estaban tan cerca que podía oler la combinación de colonia y cuero que envolvía a Jensen. Los labios estaban mojados y fríos por la bebida cuando los posó sobre su cuello—. Jared hubiese deseado tener el poder para capturar aquel segundo y guardarlo para siempre. Yo aspiro a ser algo más que un amigo. disfrutando del silencio y del aroma de la vegetación húmeda. No creía que recordarías lo que te dije. Las vistas eran tan hermosas como le había prometido y. le conoces desde el colegio y está loco por las rubias. genio —musitó. atrayéndole hasta que le tuvo a milímetros. que conducía con soltura mientras le miraba de reojo de vez en cuando. ¿Y cómo sé si dices la verdad? —Pruébame. —Para nada —protestó. —Sabes que no debería beber —se mofó.. Tan corto como un latido. me hablaste de él la primera vez que tomamos una cerveza juntos. ¿Te gusta el sitio? ¿Qué te parece? —Sí. —¿Cómo se llama mi mejor amigo. la verdad es que esto es precioso. —Creo que podremos arreglarlo —le aseguró con una sonrisa. —Vuelves a fallar.

Jared levantó la mano y subió de nuevo hasta detenerse en la nuca. delineando con la lengua la comisura de los carnosos labios que parecían desprender fuego bajo su toque. mordisqueando y lamiendo.. la sensación hizo que le latiese la entrepierna. Abrió las piernas para dar cobijo al peso del detective. de peticiones susurradas.Su boca conservaba un ligero regusto a cerveza. de labios y lengua. —Quítatelos —ordenó con la garganta ronca por el deseo—. le dominaba por entero. Jensen estaba caliente bajo el algodón. Jadeó en su boca. Porque no había nada dócil en el modo en que las manos de Jensen tiraban de su jersey. Casi. de caricias interminables. se retorcieron luchando por deshacerse de los zapatos y pantalones.. Entre besos. El cuero del asiento era suave y tibio cuando su espalda desnuda se deslizó por el respaldo. —Jen. Apretó con suavidad. sujetando las caderas de Jensen. de miradas llenas de pasión. de abrazos. caliente y satisfactoriamente duro. se abrió para él con desatada complacencia. el cuero chasqueó contra el metal plateado. una y otra vez.. que contrastaban con la piel dorada. pero nada iba a detenerles. liberando también la camiseta interior de los vaqueros. 10 . se levantó a medias. mostrándole el pecho. los dedos delineando las facciones del detective. con una rodilla a cada lado de sus muslos. No fue consciente de que estaban casi desnudos hasta que sus dedos se cerraron en torno a las nalgas de Jensen. Jared sentía que había esperado toda su vida para aquel instante. Gruñendo. Abrió los dedos y trazó un sendero desde la garganta hasta la hebilla del cinturón. Por un segundo ninguno de los dos se movió. acomodándose a la altura de Jensen. Jen.. Quiero verte. que. volviéndole audaz. ansiando que la fricción y el contacto fuesen más intensos. chupando y probando. Estaba dolorosamente erecto contra los botones de la bragueta y la fricción de la entrepierna de Jensen contra su dureza sólo estaba consiguiendo volverle loco de ansiedad. la piel ligeramente rasposa por la barba incipiente le cosquilleaba en la lengua. enzarzadas en algo que era más parecido a una lucha que a una caricia. descubriendo los slips azul oscuro. Gimió cuando sus lenguas colisionaron. Usó el pulgar para acariciar el tenue camino de vello que iba desde el ombligo hasta más debajo de la cinturilla de los vaqueros. observó cómo éste se alzaba para deshacerse de la sudadera. Los dos eran corpulentos y moverse dentro del asiento trasero era una empresa complicada. —gimoteó en su oído. susurrando palabras incoherentes. casi dócil. perdido en las pupilas dilatadas de su amante. que se sostuvo sobre las manos para poder seguir besándole. Levantó el trasero. buscándole la boca. caliente y húmeda. un lío de músculo y piel incandescente. Tuvo que contener el impulso de cerrar los ojos como un colegial. atrayéndole contra su pelvis. que se empujaba contra él—. Aguijonazos de placer serpenteándole en las venas.

Jay. tan caliente que parecía arder. —Sí. rodó las yemas alrededor del músculo fruncido. allí.. Jay. —Seda viva que latía... —Frotó algo esponjoso allí adentro. —Ojos verdes sin fondo. porque las sensaciones eran demasiado. roncos aullidos reverberándole en la garganta. Notó la lengua de Jensen sobre sus dígitos. Podía ver los músculos tensos del antebrazo mientras se preparaba para él. admirando la gruesa perla transparente que brotó para luego resbalar con perezosa lentitud por el falo encarnado. Quiero. recorriendo su mandíbula con la punta de la lengua. Jensen le besó. te gusta? —Sí. —¿Así. saboreándolo. sí. notando cómo el anillo cedía poco a poco a la intrusión. Rezó por no acabar sólo por los sonidos de placer que su amante emitía. cada toque era como recibir una descarga eléctrica que iba directamente a su vientre. sí. Jensen. Sí. —Mételos —pidió—. jadeó al observarle—. no tenía ni idea de si sería capaz de entrar allí. estrecho y sedoso. —Obedecer casi le hizo correrse. Demasiados sonidos. bajando hasta rozar las piernas sedosas para luego subir hasta volver a sostener ese trasero deliciosamente tenso.. dejando escapar pequeños lamentos. pero necesitaba hacerlo. Jensen se quejó. Iba a volverse loco si no le probaba.. le recorrió el interior de las mejillas. —Qué. Observó deleitado cómo Jensen giraba las caderas.. —Dos dedos abriéndose paso en su boca.. Su sabor. mételos y tócame. Jesúsjoder. pero dejó que Jensen condujese su mano por el angosto camino desde el perineo hasta el botón de piel apretada. oh lo haces tan bien. —Sujétame. me encantas. Jay.. notando cómo el pene empezaba a empaparse contra su vientre. —¿Lo sientes? —El tono ronco estaba lleno de urgencia mientras se adentraba más. El detective apartó los dígitos y. Los muslos de Jensen en torno a su cintura mientras se acomodaban. —Jen. Estaban resbalosos por el sudor y la saliva. Una vez más. —Está tan.. Jay. estaban tan juntos que era como si estuviesen sellados. La saliva resbaló por la muñeca de Jensen y su barbilla. succionó el labio inferior. —Quiero montarte —confesó. los llevo hasta su entrada.... Demasiada fricción. —Jensen. paseó la mano desde el cuello hasta los testículos tensos y altos. joder.. —El cabello de Jensen estaba húmedo bajo su tacto. caliente y tenso bajo sus dedos. Su olor. —un quejido roto escapó de esa boca que adoraba. Me encantas. —Ahí. eres increíble. Jay. hundió las yemas siguiendo la curva de la columna de arriba abajo.. más adentro. Así.. estrujándole. Jen. Gruñendo... los dientes.. Quiero chupar. mientras seguía tanteando. Cristo bendito. ábrelos. Dame tu mano. me encantas. allí.—Jay. notando cómo se le anegaba la boca y el miembro le palpitaba en apreciación. desde la . con un suave jadeo. respirando de forma entrecortada—.. Los empapó mientras acunaba las nalgas suaves y lampiñas con las palmas abiertas. liberó la otra mano para acariciar la desatendida erección. Se quejó en voz alta. Jay.. Demasiado calor.

más ardor. tan duro. No puedo.. arañar. La primera sensación fue casi dolorosa. Jay. maravillado por la hermosa visión. más. Hasta que sólo eran ellos de nuevo. admirando el modo en que ondulaba sobre su pelvis. Jay. hasta que no les quedó nada.. Sigue... sin querer dejarse ir. próximo al clímax. estás tan. besándose. Un poco más. más. llorar. amasar. que gimió en respuesta. Cómo me llenas. amar.. los latidos de Jensen le estaban mareando. luchando por ir más rápido. . saliendo al encuentro de Jensen. Su piel ardía mientras un violento calor arrasaba todas y cada una de sus terminaciones nerviosas. cada uno más fuerte que el anterior. morder y agarrar. más profundo. Jay. —Me voy a. dejando un reguero de marcas color sangre. Sollozando porque no quería que terminase. con la frente sobre el pecho de Jensen. ya. estoy. —Jen. imprimiendo urgencia a los movimientos del camarero. urgencia. más. más lengua. Jay. Su carne pulsando por la liberación. —Se mordió un labio mientras le guiaba. no sabes cómo te deseo. el errático latido de su corazón contra la mejilla. un segundo que parecía una eternidad. Una quemadura... nada le había preparado para la sensación de sentir cómo su polla se abría paso con torturadora lentitud. más. susurrándole mandatos. su lengua en otra boca. tener el peso de esa preciosa polla en la boca... Jay —pidió. suplicar. liberándose dentro de aquel cuerpo que convulsionaba. Jay. entrando de una sola vez en aquel pasadizo deliciosamente estrecho. las uñas clavadas en la cintura delgada. sostener.. Estaba sudando y tiritando mientras guiaba el glande hasta la delicada entrada. —gimoteó. más. Sintió cómo el cálido semen de Jensen le empapaba en ráfagas cortas y violentas mientras el orgasmo le arrastraba a su vez. Jay. —Jared. que le besaba con abandono. Más. sudorosos. Le estaba matando. Dios. apretado. Se obligó a respirar. Más.. con las manos en todas partes y en ningún sitio. Cerró la mano en torno al miembro palpitante y frotó. Oh. quería besarle. No voy a romperme. Jared DiosmíoJared. acariciar. girando las caderas—. procurando marcar un ritmo parejo. imposiblemente intenso. La voz ronca en su oído le estaba volviendo loco. Temblaba mientras sostenía los glúteos de Jensen. Te quiero dentro.. —temblaba mientras obedecía. exhaustos. Levantó el trasero. una fuerza insoportablemente caliente le estrangulaba. profundos. pujó. saborear. Calor. doloroso. Jay. Así. Le miró de frente. Sudor. más duro. Así. así. Sin pensarlo siquiera. succionarle hasta que le alimentase con su esencia—. más. dándole el poder. joder.. salvo por la que el condón que habían rescatado del lío de ropas les proporcionaba. Apenas tenían lubricación. abrazándose. su cuerpo dentro de otro cuerpo. —Tócame. sí. JesúsCristoJoder Jay. Nunca había imaginado que hubiese algo como estar dentro de Jen. Unidos.congestionada cabeza hasta la gruesa base coronada de cortos rizos. o el modo en que los músculos latían a su alrededor en un masaje enloquecedor. Le chupó la garganta. Dios. sollozando porque quería acabar. un eco detrás de otro. más más. que abrió para ir todavía más hondo. Una y otra vez. me encantas. Más. Oh. Jay más.. joder. insoportables—. Y luego todo se detuvo. sentir cómo sus testículos golpeaban las nalgas. maravillado por la sensación que le recorrió al estar por completo enterrado en él.

dejando la chaqueta doblada sobre sus rodillas—. que ni siquiera había notado que tenía cerrados. notó cómo su pene reaccionaba. en él. —¿Estás bien? —Dios. le robó el aliento. Jensen se inclinó para rescatar algo de debajo del asiento que le tendió. se apartó para examinarle. Jared? —No lo sé —titubeó. sí. era el hombre más guapo que había visto jamás. ¿Qué me dices? . somnoliento—. antes de apartarle el flequillo. Cuando sus lenguas se rozaron. Sostuvo la base del preservativo mientras notaba la ausencia y el frío. Y.. Vámonos. El suave ronroneo del motor les sumió en un silencio tranquilo. —¿Y ahora? —¿Ahora? —Fingió pensar. verdad? Una ceja dorada se alzó. Tenía sombras bajo sus ojos. Abarcó sin problemas la nuca ligeramente sudada y le buscó la boca. no sabes lo que has dicho. Joder aquel crío le dejaba sin aliento sin siquiera proponérselo. pasándole la sudadera. debajo de él. sentía que no podía alejarse o romper aquel momento de intimidad—. ¿qué harías para compensarme. Pero creo que deberíamos vestirnos. —Lo mismo digo —replicó. Las lunas del coche estaban empañadas y. Ahora vamos a casa. Le atrajo para besarle una vez más. Recordar que había estado sobre él. chaval. —Dime. Padalecki. ¿Lo que quieras? —¡Oh!. —Gracias —respondió. Tenía las mejillas ardiendo. —No quiero que te apartes. que dejó escapar un quejido. —¿No te he hecho daño. se deshizo de la goma para luego anudarla. muy jodido—. Un tibio latigazo recordándole que todavía estaba cobijado dentro del apretado interior de Jensen. Si no fuera por el picor del semen seco sobre su pecho pensaría que aquello había sido un sueño. aquí hace mucho frío y no quiero que pilles la gripe.. su gesto un poco displicente y seguro de sí mismo le resultaba erótico. debajo del cuerpo laxo de Jensen se sentía como si estuviese en el mismo paraíso. danzando la una contra la otra. una de sus manos sobre el volante. sabía que estaba perdido. Alarmado. la otra rozándole la cara. aunque sabía que afuera debía estar helando. mientras la expresión del detective se volvía decididamente traviesa. aunque estoy en la gloria. aún así. Eres jodidamente enorme. que les dejó jadeantes de nuevo—. mitad goce..Abrió los ojos. Notó cómo el estómago le daba un vuelco. —Si te dijese que sí. —Con torpeza. demandando el contacto. consciente del peso de Jen sobre sus muslos y de los leves estremecimientos que volvían torpes sus dedos. estaba muy. —Le encantaba verle conducir. ¿Y tú. no estaba afeitado y su cabello era un lío por completo. Jen.. —Tiró de su cabello para darle un húmedo beso. —Lo sé —susurró. —Anoche la dejaste en mi casa. Jay —le confesó. rescatando la camiseta—.? —Temblando —confesó con una risa nerviosa—. mitad molestia.

Pero ya no estaba solo. a pesar de que llevaban juntos varios meses.. seguían siendo prácticamente extraños el uno para el otro. más viva que nunca. —Jen. esperando. atormentando. esperando su respuesta. Comprenderlo era emocionante y aterrador a la vez. y estás tan cachondo. Humm. te haré todo lo que me pidas. ése era Jensen. Aún les quedaba muchas cosas que hablar y aún más que aclarar. es que se me hace la boca agua. seguía allí. Y ahora sabía que si podía confiar en alguien. por el torso. —Se mordió los labios al notar el suave beso. seguida de un ligero soplo sobre la piel mojada. —Ya lo sabes. haciendo que las caderas de Jared se sacudiesen por la súbita sensación—. enredándose en el vello púbico que circundaba su necesitada erección. caliente y lenta. que le devolvió la mirada. esa que había sentido al verle la primera vez. Jay. A Jared se le enrojecieron las mejillas porque.. Calor pegajoso y húmedo. exponiéndose. que rió con ese punto diabólico que le volvía loco—. jurar 11 .. —Eres tan impaciente —se burló.. esta vez descendente. nene? Al fin y al cabo es tu cumpleaños. en el hombro. las uñas cortas de Jensen paseándose por su bajo vientre. sudando y gimiendo en voz alta. un nuevo lametón. Leves picotazos. —Sólo mírate. Era precioso y mucho se temía que estaba enamorado. frente a ellos tenían la ciudad. como un enorme felino. Gruñó a sentir la suave succión en la garganta.Habían llegado al cruce de caminos por el que habían accedido a la pista forestal. acechándole. finales del tórrido mes de julio en Brooklyn. ¿Qué es lo que quieres. hacerle perder los papeles y escucharle rogar. Le temblaban los muslos mientras los abría cuanto pudo. —Rozó el glande enrojecido con la punta de la lengua. de rodillas. se le puso la carne de gallina mientras se obligaba a permanecer tumbado. Jared se retorció sobre las sábanas arrugadas. Hacer que su timidez desapareciese y sacar a relucir el lado desvergonzado y libidinoso de Jay. hasta ganar el ombligo. por Dios. Contempló a Jensen. Pero Jared supo que su conexión. Le acunó por un instante una mejilla. su resplandor dorado le parecía una promesa. joder. que le dejó con ganas de más. cautivado por completo. Media ciudad había huido del ambiente asfixiante y el resto parecía derretirse poco a poco. guiando sin palabras—.. Por favor. —Elevó el trasero y se frotó contra el muslo ligeramente velludo de su novio. Jen. ¿no es verdad? —Si —silbó— Oh. con los dedos hundidos en el cabello dorado. las rodillas contra el colchón.. a menudo aún le costaba decir en voz alta lo que quería en la cama y a Jensen eso le encantaba. —A casa entonces. Jensen estaba encima suyo. Arqueó el cuello cuando notó la caricia perezosa y húmeda reptando desde los pezones hasta la yugular y aún más arriba. atrás quedaba la noche y el bosque.

tan frenético como siempre que conseguía que las inhibiciones de Jay desapareciesen.. bajando por la longitud pesada y oscura del miembro—.. tenía las mejillas y la frente brillantes de sudor. Oh. —¿Quieres qué. sopló sobre la piel mojada y resbaladiza antes de usar los pulgares para abrirle más los glúteos. besándola de nuevo. Jay? —repitió. Lenta y deliberadamente. degustando las pocas gotas de cristalino preseminal que habían desbordado. Jadeó. lascivo y lleno de ingenio. Se tomó su tiempo. mandándome. vayas más abajo y. luego se llevó uno de los apretados testículos dentro de la boca. Quiero que la lamas y que te la metas en la boca y que luego. Los sonidos que escapaban de la boca de su chico le estaban excitando casi tanto como tener a su disposición toda aquella carne rugosa y húmeda. sin vergüenzas ni tonterías. con un gruñido. pidiendo más. retorciéndose. hasta que cada uno de sus quejidos parecía arder en su interior. joder. succionaba. —Dímelo —rogó. siguiendo el vaivén que las caderas de su amante marcaban con vida propia. quiero que me. cariño. —Eres un blasfemo. dando sin dar. con los puños hundidos en las sábanas revueltas y sudadas—.. ¿qué quieres. Las súplicas rotas de Jared habían ido in crescendo. Escuchar a Jared suplicando. .y provocarle hasta que se convertía en un amante fiero. alternando las estocadas con toques más delicados. quiero comértelo. tiritando mientras se empujaba contra su intrusión. —Humm… —Hundió la nariz en el vientre moreno. suspirando de gusto por el sabor que explotó en sus papilas como si de un elixir se tratase. así. mordiéndose los labios. Jay. su boca creó un obsceno sonido de succión al comenzar de nuevo su tarea—. provocando que los lamentos apagados de Jared cambiasen de tono para volverse cada vez más apasionados. así. más y más rápido. porque sabes que soy tuyo y que te daré lo que quieras. degustándole con suavidad. perversos—. notando sobre las palmas los ligeros temblores que recorrían a Jared de pies a cabeza. le obedeció. más. Los ojos rasgados eran apenas dos rendijas de brillante avellana. chupándolo con delicadeza. Jensen se rió mientras le observaba levantar la pelvis. un zumbido en la sangre. Quiero que me lo digas en voz alta... —Chasqueó la lengua mientras extendía los dedos para aguantar el peso de las nalgas desnudas. vibrando. Jay? —Tu boca —mugió contra esos labios que revoloteaban sobre su miembro... provocativos. No sabes cómo me pones cuando te dejas llevar. —Con un ahogado quejido.. enervándole. Se frotó contra la colcha. creciendo.. con las mejillas arreboladas y el pelo enredado tapándole la cara. más. —Tu lengua.. una nota obsesiva.. sintiendo cómo la saliva le resbalaba por la barbilla. —Extendió los pulgares acariciando los huesos pélvicos. quiero tu lengua en mi polla. —Jesús.. su pene suplicando satisfacción. Levanta el culo. Sumergirse en aquel pequeño universo palpitante era lo mejor que le había pasado jamás. que desembocaban en la suave y casi lampiña ingle. te quiero dentro. mientras rozaba con sus mejillas la carne caliente y erecta del pene que recorrió con la lengua con golosa satisfacción—. delicioso. Frunció los labios en torno a la relajada entrada. Los músculos se apretaron en torno a su lengua mientras... todas esas cosas que te mueres por probar. Siguió el curso de la gruesa vena que surcaba el pene desde la base hasta la punta. le dejó ir. ya —masculló.

con el cuerpo sonrojado por completo. El orgasmo se construyó en su bajo vientre con violenta rapidez. —Jared se irguió. mierda. ¿verdad?. tan jodidamente caliente. voraz e irresistible. Jared sudaba. como si no quisiera dejarle ir—. estrangulándole tanto que era doloroso. —Onduló contra ese dígito que llenaba. las gruesas venas llenas de sangre parecían arder bajo sus yemas. el sudor goteó desde su barbilla hasta unirse al preseminal sobre el vientre de Jared. la piel lubricada se estiró a su alrededor de una forma demencial. Estás tan apretado como la primera vez. Se movieron al unísono. chupándose.. —Hundió un dedo dentro de Jared.. impulsándose . —Jen. enterrado hasta el fondo. mientras le devoraba la boca con la misma violencia con la que sus caderas azotaban la pelvis de Jared. oscuras sierpes húmedas extendidas sobre las sábanas blancas. enorme e impaciente. hambre febril y urgente.. Jen. que enganchó con las largas piernas en torno a su cintura. —Eres precioso. aceptándole dentro. te gusta cómo te follo? —Salió casi por completo. Sonrió bajando el ritmo. manos. sacándolo y metiéndolo con torturadora lentitud—.. el cabello revuelto..Se arrodilló entre los muslos abiertos. Jay. mírate. —Estás tan caliente. oh.. mordiéndose. —¿Así? —¡Sí! —Los músculos internos de Jared se cerraron en torno a su verga. se lamió los labios... Con un gruñido feroz se enterró de nuevo. saliéndole al encuentro. restregándose la cara con el antebrazo para restañar la humedad que la empapaba. tirándole del cabello para acercar sus bocas. te necesito tanto.. —Jensen. Se deslizaron el uno contra el otro. enervándole con el acompasado vaivén. Su lengua se enroscó en la de Jared. —Sí. —Fóllame ya —le urgió. cada plano fibroso resaltado por la dorada luz que les bañaba. Un poco más fuerte. dímelo. aliento entrecortado. usando sus piernas para atraerle. —¿Quieres más? —Se detuvo. hasta que el moreno pudo aferrarse al cabecero y empujarse. rezando por no correrse mientras se arrodillaba de nuevo para juntar las palmas de Jared sobre su cabeza.. Se detuvo.. giró la pelvis. en un baile frenético y desatado. —Jay. —Levantó el trasero. Los gemidos necesitados y el modo en que el cuerpo de su amante empezó a latir en torno a su polla le dijeron que aquel era el ángulo correcto... Te encanta. como si nunca te hubiese follado. empujándose con un quejido—. observando deleitado cómo la entrada dilatada se cerraba en torno a su erección. pendiente del modo en que el detective le observaba. con los dedos en torno a la base del pene de Jared. Jen —lloriqueó. Se empujó más allá del primer anillo de músculo. —Sí. apoyó las palmas en el colchón buscando un punto de apoyo.. sudaba a mares y eso hacía que todo su cuerpo relumbrase. uñas.. maldita sea. tan profundo que dolía. Me muero por enterrarme en ti y ver como te corres. impulsándose hasta que notó cómo sus testículos se frotaban contra las nalgas abiertas. —¿Te gusta así..

salvo ellos dos. llevarle al borde y sentir la leve compulsión que precedía al final. tragándose sus jadeos con ansia. empapado. utilizando una mano para acariciar el grueso falo que chorreaba sobre su estómago. espeso y ardiente. —Toma. sumergiéndose una vez más. pero el chico ya había desaparecido rumbo a la ducha.. enredándose en una ristra de besos salvajes. que estaba mojado con agua templada. hecho de carne. de saliva y esperma. Te quiero a ti cabrón. músculos vigorosos que le estrujaban. Rodaron de nuevo sobre el lecho. ¿qué quieres? —A ti. Le miró a los ojos. le cabalgó con abandonado desenfreno. Rodaron sobre el lecho hasta que intercambiaron posiciones. y otra y otra. abrazados. —¿Quieres más? —Dios. exhaustos y ahítos de placer. Su pecho se deslizó contra el de Jared. Ahora era él quien usaba el cabecero para impulsar su carne dentro del cuerpo de Jared.. Jadearon al unísono. aferrándose a las rodillas de Jared.para recibirle más profundamente. se arqueó contra el colchón. moreno. —Dime. Un hermoso animal. pintándole la piel sudorosa con su esencia. Jen. a horcajadas. que separó para permitir que su polla entrase fuese tan profundamente como fuese posible. ansiando poder dividirse y seguir enterrado en aquel angosto trasero y. a juzgar por el sonido del agua cayendo mansamente que llenó el cuarto unos instante después. Abrió los párpados para admirarle. notando cómo el orgasmo de Jared explotaba. obligándole a suplicar. Abrió un ojo. llevándole al clímax con brutalidad. al mismo tiempo. con una minúscula toalla en torno a la cadera. los húmedos sonidos de succión se entremezclaban con juramentos y frases inacabadas. hasta que no quedó nada. pararse y esperar a que el ardor amainase y empezar otra vez.. que. ansiado follárselo hasta la inconsciencia. con esas mejillas llenas de hoyuelos que siempre conseguían hacerle sentirse un poco ido. chupándose.. los dos estaban empapados en sudor. deseando abrazarle y no dejarle ir y. Cerró los ojos. Jay. lamiendo la magulladura mientras escuchaba las entrecortadas palabras de su amante instándole a ir más rápido. cayó en su regazo pero se limitó a ignorarlo mientras se ponía de pie para caminar hasta estar parado a su lado—. voraz y doloroso. le mordió el hombro. Una vez más. tenerle dentro de su boca. Le sonrió al verle despierto. moviéndose el uno contra el otro por puro instinto. Casi había vuelto a dormirse cuando notó cómo su novio entraba de nuevo en el dormitorio. al mismo tiempo. joder. ¿No prefieres ducharte? .. a hundir las uñas en las nalgas resbaladizas.. hasta el final. intentando exprimir hasta la más mínima sensación del momento. adoraba tenerle así. La realidad volvió a reclamarle cuando notó cómo el peso de Jared abandonaba la cama. —El tejido. —susurró—. huesos y sangre hirviente. mordiéndose.

. porque. si de Jared se trataba. rodeándole la cintura por detrás. Sus miradas se cruzaron en el espejo cuando encontró uno de los pezones que ya estaban duros y sensibles bajo su tacto—. Besó el hombro. se sentó en el borde del colchón.. Sabes jodidamente bien. absorbiendo los últimos restos del agua de la ducha—. Se dejó asaltar... frotando su pene contra las nalgas en una muda promesa.. Ya lo haré después.. y de pronto tengo mucha hambre. ¡pero eres peor que una marmota. arrugando la nariz. alzando las manos en señal de paz—... que dormía con la cabeza bajo la almohada. ondulando contra su pecho—. tirando de la gruesa felpa para deshacer el nudo y abandonarla sobre el suelo. notando cómo se le ponía la carne de gallina allí donde los blancos dientes de Jared maltrataban su piel. —Y a ti eso te encanta —susurró en su oído.. mordisqueando el cuello. con las mejillas encendidas—.? Porque aquí hay algo que parece muy feliz de tenerme cerca. Adoraba esa carita de niño mimado con la que a veces se dejaba convencer.. —Estás pegajoso. en ese caso. Lo juro. Ackles —gruñó juguetón. ¿sabes? —¡Jensen! —protestó.. La oscura erección se meció contra los dedos que la circundaron con una certeza fruto de la práctica—. sintiendo cómo tibias gotas caían desde los mechones de la nuca para luego deslizarse entre los omóplatos. sopesando la posibilidad de otra ronda. —Con un suspiro de falsa resignación. La exclamación ahogada y el salto de su chico. Jared! —Voy a tener que darte tu merecido. su polla dolorida pulsaba. le hicieron reír a carcajadas. seguido de un largo lametón que acabó por hacerle resollar... que le sujetaban sin aparente esfuerzo. —El ronco bufido fue sustituido por un lento ronroneo. rió por lo bajo mientras dejaba la cena en el suelo y se inclinaba para morder uno de aquellos glúteos tersos. —Hummf. pero esa boca deliciosa se curvaba en una mueca que conocía perfectamente. pidiendo . los largos dedos inmovilizando sus muñecas. Adelantó la cadera. —¡Me rindo! —exclamó. Jared se dejó arrastrar otra vez hasta la cama. Eres. eres imposible. Jen —protestó. —Abrió la boca. Es que hace un rato mi novio se ha corrido encima de mí como un animal. En un minuto se encontró aprisionado por casi noventa kilos de puro músculo. Suspirando. intenté despertarte. —Posó una mano sobre el estómago de Jared. como de costumbre fue incapaz de hacerle reaccionar. dejándola rodar arriba y abajo. Pasó la lengua por la zona. su libido nunca parecía tener suficiente. ¿Acaso ahora vas a negarlo.—No —replicó. Se había aseado y. —Lo sé. notando cómo los amplios y poderosos músculos se encogían. —He traído comida —ofreció con una sonrisa de oreja a oreja. para posar una mano en la curva de la espalda de Jay. llevando sólo unos slips. Jay. Jay. —Bueno. que protestaba. Era casi de noche cuando volvió a entrar en el cuarto con una bandeja cargada de comida..

Volvería a vivir todos y cada uno de los minutos a su lado. el camarero le abandonó para rescatar la cena—. —Ya veremos —contestó. sin ser él de verdad. mordiéndome el trasero. un videojuego que los dos adoraban. Jared estuvo mal. —rezongó. Eres un pervertido. Le maldijo cuando.. compartiendo una botella de cerveza helada. ni siquiera renegaba de los más oscuros. que olía a champú—. —Te he ganado. todo parecía haber empezado a mejorar de una vez por todas. —Que te den.. Dieron cuenta de los bocadillos en medio de una cómoda camaradería.. sin más ceremonia. ¡oh. Jay! —Tiró de los largos mechones castaños. para hacerle sonreír de nuevo.atención de nuevo—. Como le prometió el detective. Jared se desperezó mientras le hundía los dedos entre el cabello. Jensen no podía dejar de maravillarse de la confianza que reinaba en su relación. para Jensen aquel aroma había llegado a ser sinónimo del hogar. llenando de migas la cama y las sábanas. Jared había dejado de sentirse mal por cada una de las cosas que cualquier chico de su edad daba por hechas y verle avanzar era como tomar de la mano a un niño y enseñarle a andar.. con Jared sentado en el suelo entre sus muslos abiertos se entretuvieron en discutir por todo y por nada. Jared. en los que pelearon y hasta lloraron. Eres muy facilón. encerrado en sí mismo. a ellos. Anda. en la que no faltaron las amenazas ni los chantajes. bromeando y besándose. vamos a la cama. . Suspiró una vez más y. Jensen necesitó semanas para hacerle hablar. dejando el mando sobre el asiento. era como si se hubiesen conocido desde siempre. Pero estaban juntos y ahora. Era mejor idear una historia plausible. lo que podían aportar sobre su implicación en la financiación y la gestión interna de la Fundación Prittchard sirvió para que las pretensiones del político sobre su hijo mediano cesasen al instante. recolocándose la erección. de la que nadie dudase. que olían a sexo y a sudor. meses más tarde. Después de esa reunión. —Imbécil —replicó con facilidad. se obligó a centrarse en los sándwiches de pavo y pan de centeno que había preparado un rato antes. —Puede que después —sugirió en voz baja. arqueándose contra esa boca diabólica que le estaba poniendo cachondo con una velocidad vergonzosa. —He hecho con él cosas peores que morderlo.. Al final acabaron trasladándose al salón. Desde luego no todo había sido fácil. mierda. La próxima vez apostaremos algo. Se acomodó en el sofá. hubo días en los que discutieron.. tío —dijo Jared. Me estás. Capullo. hubo momentos complicados. porque tenerle en su vida era mejor que nada. sacándole de sus pensamientos—. riéndose mientras miraba el modo en que su ropa interior se había abultado—. como la única vez en la que Jared y Jensen estuvieron en la misma habitación que Gerald Padalecki. que capear con un revuelo que haría que la prensa y la opinión pública mirasen con lupa su carrera. retándose a una partida de Halo.

Quería decirle miles de cosas. Posó la frente sobre la de su novio. A veces le pasaba. percibiendo con claridad todos esos detalles que amaba. era tan bueno sentirse protector y protegido. Con las yemas. a pesar del horror que había vivido. el eco grave al respirar. por una vez. —Jen. se quedó sin palabras—. Jared sabía dulce. venga. pero las palabras se quedaron atascadas en la punta de la lengua al contemplarle. ¡Si sabes que en el fondo te encanta! —Si vuelves a llamarme Jenny… —amenazó. inmensamente mimoso. mirándole con esos ojos a los que era incapaz de resistirse. lanzándole una almohada—. tibios. Se giró dispuesto a hacer una réplica mordaz. te lo juro que dentro de nada empezarás a ovular. Ven aquí. no seas desagradable. pero pesar de todo. había sido capaz de seguir adelante sin perderse en el camino. muy duro. Su Jensen. porque la mayoría de las veces aún seguía creyendo que sentir. Eres peor que una niña remilgada. asombrándole por su incontrolable verborrea. Extendió la mano y se inclinó para abrazar a Jensen. que aún olía a jabón y sexo. lo sabes ¿no? No dejas de ordenar y quejarte porque soy un desastre. pero tenía un ridículo nudo en la garganta que le impedía articular un discurso medianamente coherente. Jay y bésame. fuerte y frágil. Había pasado veinte años reprimiendo cualquier vestigio de humanidad en su vida. seguro que se habría comido un montón de aquellas gominolas a las que parecía haberse vuelto adicto. un poco rudo. Despeinado y feliz. —Vamos —insistió. girándose para atacar su boca con una sonrisa que le robó el aliento por un segundo. seguían avergonzándole. seda. Vale. aquel sabor único. que la mayor parte de las veces era tímido pero con Jensen sacaba a relucir su lado parlanchín. tomándole de las manos. —Está bien —claudicó—. tomar una golosina. Jared. Pillado —reconoció con una sonrisa. Dios. contemplando las facciones que tan bien había . era muy difícil reconocer que le asustaba vivir. recorrió despacio el cuello y los hombros desnudos. —Y. un hombre que. estaban casi a la misma altura. Se tomó su tiempo para degustarle. Su casa. esas explosiones eran normales y no debía contenerlas. tenemos que hacer la cama —gimió. Jenny! —instó—. era duro. De rodillas en medio de sus piernas. porque no había conocido a nadie como Jared. Y estaba aterrado. Bajo la fachada de dulzura. Le dolía recordar el momento en que le contó que aquella simple cosa. atrayéndole hasta que sus pelvis colisionaron. el modo en que le sujetaba. tanto bueno como malo—. —lo que fuese. Por él Jensen sentía que sería capaz de lo que fuese. La verdad es que no hay nadie como tú. se levantaron y fueron a trompicones hasta el cuarto.—Eres un obseso —siseó. era sinónimo de sufrir. llorar en las situaciones más tontas. según el psicólogo al que habían empezado a asistir como pareja. hasta abarcar con las manos la mandíbula y la nuca para acercarle y besarle. Jensen sabía que Jared poseía una fortaleza que rivalizaba con la del acero—. dejando que sus labios se rozasen. siempre le había estado prohibida de pequeño. —¡Bah.

y a veces eso le daba un pánico tremendo. a cada segundo. porque se preguntaba qué hacía un tipo como el detective con alguien como Jared. cada día. la boca. 10 de Marzo de 2013. las mejillas. que dudaba de que hubiese palabras. incluso el borde de las orejas. adorándole en silencio. le hacía sentir tanto.llegado a conocer. Era apabullante. . porque si algo le había quedado claro en todo aquel tiempo a su lado es que no había nadie como Jensen. Nunca como Jensen. Recorrió de forma concienzuda el puente de la nariz. ¿Cómo expresar en voz alta todo lo que significaba Jensen? Le había dado tanto. así que Jared se dedicaba a demostrarle de mil formas diferentes cuanto le amaba. © Aeren. demasiado guapo. Pero si había llegado a amarle tanto era porque lo que tenía dentro era todavía más impresionante que su físico.