16 EN FAMILIA

domingo 24 de marzo del 2013 EL COMERCIO

ESTRECHAR LAZOS PARA SENTIRSE AMADOS

Un tiempo para la familia
Muchos chicos esperan con ansias el fin de semana para pasar un tiempo con papá y mamá. Pero, a veces, los adultos necesitan hacer trámites, arreglos en casa y otras cosas. ¿Qué hacer en estos casos? ¿Cómo ganar más tiempo con los chicos? ¿Cómo aprovechar al máximo el tiempo que se tiene? NECESITAMOS ENCONTRAR MOMENTOS PARA COMPARTIR PLENAMENTE CON LOS HIJOS Y NO SOLO ACOMPAÑARLOS MIENTRAS VEN TELEVISIÓN O JUEGAN EN LA COMPUTADORA. HAY QUE DARSE UN ESPACIO PARA JUGAR Y CONVERSAR, Y APROVECHAR LAS ACTIVIDADES COTIDIANAS COMO HACER COMPRAS O ARREGLAR ALGO EN CASA PARA COMUNICARSE.
AP

Tenga en cuenta

RELACIONES Para la directora del nido Litlle Villa, Altica Martínez del Solar, “debemos fomentar las actividades que favorezcan las relaciones interpersonales y los lazos afectivos. No basta estar juntos, se requiere compartir tiempo en conversación, en diálogo, en escucha”. Es decir, si cree que compartir tiempo es ir al cine, ver un video en casa o acompañar a su pequeño al cumpleaños de un amiguito, se equivoca. Compartir en familia es hacer algo juntos: conversar, jugar, practicar ejercicios, comentar algo que sucedió, etc. No simplemente acompañarse. Maryta Calderón, directora del Centro Comportamiento, Educación y Salud

JUNTOS. Una salida especial puede ser planificada por todos. Ese tiempo dedicado a la organización también es valioso.

Muchas veces podemos tomar medidas como cocinar algo rápido el fin de semana o encargar las compras a otra persona. Pero a veces los niños deben entender que sus padres necesitan cumplir ciertas responsabilidades solos. Altica Martínez del Solar aconseja anticipar a los niños una necesidad como esta y no tomarlos por sorpresa. “Ellos deben aprender a esperar y entender que no estamos siempre disponibles. No nos creemos culpas innecesarias y no tengamos miedo a decir no. No es malo sentirse frustrado, la vida está llena de situaciones difíciles, debemos ayudarlos a superarlas.

Integral (Cesin), destaca la importancia de compartir en las actividades más sencillas y cotidianas, sin necesidad de gastar dinero, de programar una salida especial o de hacerse un tiempo aunque estemos ocupados.

“A veces, en busca de lo sofisticado, se pierde de vista lo simple y sencillo de la vida. En las cosas más sencillas los padres pueden estar con sus hijos: ir al mercado y enseñarles a comprar; viajar en el auto

mientras se comparte música del gusto de todos y hasta se canta; hacer planes en los que participen todos, no que unos miren y otros jueguen”, aconseja Calderón. Incluso las actividades cotidianas como bañar a los

más pequeños, comer juntos, ir de la casa al colegio, deben ser aprovechadas para conversar y a veces jugar. Cuando los padres comparten con sus hijos, ellos se sienten importantes, se estrechan los lazos fraternos,

se crea un compromiso mutuo, se cultiva el amor. No olvidemos que dentro de la familia se aprenden los valores y estilos de comportamiento. Si no se comparte en familia, se aprenderá todo fuera de casa.

SUSANA PAREJA COMUNICADORA supareja@gmail.com

Hinchas de paz
Poco antes del partido Perú-Chile por las eliminatorias al Mundial 2014, se empezó a transmitir en televisión un spot protagonizado por Ollanta Humala que promueve la no violencia en el fútbol. Desde el punto de vista creativo, el anuncio no tiene nada oriQUIERO PENSAR QUE TODOS LOS FANÁTICOS DEL FÚTBOL PERUANO SON BUENA GENTE. SI LOS HINCHAS NO CREEN EN ESTA IMAGEN, SONAMOS.

ginal. No es particularmente emotivo, la narrativa no engancha, no utiliza el humor, no tiene factor sorpresa, no se deslinda de actuar como un aviso publicitario (tendencia contemporánea en la creatividad del rubro), como sí hicieron antes los premiados documentales “Perú, Nebraska” y “Loreto, Italia” de la marca Perú. Está bien filmado, eso sí; con una inocua musiquita andina de fondo, un texto correcto y fácilmente comprensible que aparece en banderolas, escenas de niños jugando fútbol con medias gastadas, luego

con uniformes de colegio, y finalmente, el presidente en la cancha con un pantalón cortito muy ochentero, gambeteando y cerrando el comercial con un gesto bastante simpático, donde mece sus brazos y sonríe a la cámara. Eso es, quizá, lo más llamativo de la pieza; la cercanía de Ollanta, el don de gentes que saca a la luz, mientras juega su pichanguita. Da la impresión de que ese es realmente él, y no el tenso y poco elocuente jefe de Estado con ternos azules y corbatas de seda. El mensaje que comunica en el aviso es “soy hincha de

paz, ¿y tú?”. Y como lo dice ese Ollanta cálido, juguetón y cercano, yo le creo. Porque, además, quiero creerle. Quiero pensar que él y todos los fanáticos peruanos son así de buena gente; que la muerte de Walter Oyarce fue un hecho aislado, espantoso, pero irrepetible, y que las barras bravas van a concentrarse en alentar a sus equipos sin hacerle daño a nadie. Que los peruanos no son unos trogloditas agresivos y que, contrario a ese pelotón chileno que fue filmado arengando “argentinos mataré, bolivianos fusilaré, peruanos de-

gollaré” durante un trote de entrenamiento en Viña del Mar, aquí los fanáticos del fútbol son pacíficos y tratarán a los chilenos con decoro en el Estadio Nacional. ¿Para qué es la publicidad, sino para vendernos ilusiones?, encontrar nuestros deseos, hurgar en nuestras emociones y hacernos comprar productos, servicios y fantasías. Se lo digo yo, que he sido publicista durante casi toda mi carrera, y además vivo en esta Lima descarnada. Si los hinchas no se creen el cuento de que son buenos, sonamos.

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