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UNA REFLEXIÓN EN VOZ ALTA ...

Aprovecho la tribuna abierta que me ofrece la Revista de Treball
Social para transmitir, a quien tenga la voluntad de leerlas, unas
reflexiones sobre mi experiencia profesional, relacionando su
trayectoria con los diferentes momentos históricos que hemos
vivido en los últimos cuarenta años.
La jubilación después de mi paso por el Ayuntamiento de Bar-
celona me sitúa en una nueva etapa de la vida -que no deseo ale-
jada del trabajo social- que seguramente será distinta de la pasa-
da, y esto me invita a poner sobre el papel lo que no quisiera
olvidar. Es un homenaje humilde a las personas con las que he com-
partido trabajos, estudios, docencia, ilusiones y obstáculos y que,
con la ayuda de su amistad y confianza, me han ayudado a salir
adelante.
Mirando la labor de todos estos años, observo tres ejes bási-
cos: la formación de los asistentes sociales, con el trabajo realiza-
do principalmente en las escuelas de Barcelona y Manresa; el
trabajo directo en la empresa Material y Construcciones y en el
Patronato Municipal de la Vivienda, en los barrios del Besos y de
la Mina, y, en tercer lugar, el trabajo de la Secretaria Técnica del
Area de Serveis Socials del Ayuntamiento de Barcelona.
Todas estas tareas se han dado a lo largo de momentos muy
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distintos de la realidad social, como intentaré resumir muy bre-
vemente a continuación.
La formación de los asistentes sociales
Hablaré, en primer lugar, de la tarea de formación, ya que mi
primer trabajo fue de carácter pedagógico. Estaba en el Instituto
de Pedagogía Terapéutica, dirigido por el Dr. Jeroni de Moragas
(entidad pionera en la educación de "subnormales"). Allí descu-
brí la responsabilidad de hacer participar a los demás de nuestros
conocimientos y experiencias. Años después, en un coloquio cele-
brado en la Escuela de Manresa, al que asistió el Dr. Moragas, yo
le comentaba que disponíamos de insuficientes medios materiales,
y él reconoció, con una frase que expresa muy bien su línea de tra-
bajo: "Lo que cuenta de las instituciones son las personas".
Inicié la tarea en las escuelas de Asistentes Sociales a finales de
los años cincuenta, en Barcelona. En esta década se había produ-
cido una cierta reactivación económica que provocó el éxodo
masivo del campo a las ciudades y el nacimiento de grandes
núcleos de barracas. Se había superado la larga y dura etapa de
la posguerra, y el deseo de promover el bienestar social hacía
nacer por todas partes del Estado escuelas de asistentes sociales,
consideradas en aquel momento histórico como un instrumento
apto para ayudar a las capas más débiles de la población. Se pue-
den señalar estos hechos significativos:
• La acción por el reconocimiento del titulo, con la ponencia
preparada en Cataluña entre todas las escuelas existentes en
aquel momento. El reconocimiento llegó el 30 de abril
de 1964.
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• La creación de la Escuela Oficial de Asistentes Sociales
en 1967.
• El Libro Blanco de la Enseñanza publicado en 1969 y la nue-
va Ley de Educación promulgada en 1970 ignoraban las
escuelas de asistentes sociales, y esto provocó una reacción
reivindicativa. Se inició una etapa de difícil lucha contra el
silencio administrativo, con puntos álgidos, por ejemplo, la
movilización de los alumnos en 197 5 con la negación de pre-
sentarse a la reválida, o el encierro de alumnos y huelga de
profesionales en el año 1978. La clasificación de las escue-
las no llegó hasta el año 1981, pero se había conseguido la
clasificación de Escuelas Universitarias.
Durante estos años ejercí como profesora en la escuela de
Barcelona y como directora en la escuela de Manresa. Fue una
tarea motivadora que me proporcionó una apertura a las nuevas
corrientes sociales y a las nuevas técnicas del trabajo social.
La crisis de los asistentes sociales en Francia después de mayo
de 1968 y la reconceptualización del trabajo social que se estaba
produciendo en América Latina repercutían en nuestro país,
tanto entre los profesionales como entre los alumnos. En el año
1971 se celebró en Manresa un Seminario sobre el Método Bási-
co, organizado por la FEEISS (Federación de Escuelas de la Igle-
sia de Servicio Social), después cual, con un grupo de alumnos y
con el apoyo de las compañeras profesoras de metodología, hici-
mos la aplicación a las prácticas del esquema trabajado en Man-
resa, y esto permitió que se formulara sobre el papel el conteni-
do del Método Básico de Trabajo Social, publicado en el núm. 55
de la Revista de Treball Social y más tarde en el núm. 7 5, con algu-
nas correcciones.
Las escuelas de asistentes sociales han sido el estímulo necesa-
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rio para esforzarse y ponerse al día y contribuir a la consolidación
del trabajo social. Y las escuelas -según el pensamiento del Dr.
Moragas- son los alumnos, los compañeros, el equipo de pro-
fesores ...
El trabajo directo
Inicié el trabajo directo en una gran empresa metalúrgica,
aunque mi primer contacto con la problemática obrera se había
iniciado con las prácticas de la carrera en una guardería de empre-
sa, en los años difíciles inmediatos al fin de la guerra, cuando las
carencias eran muy grandes y había que trabajar muchas horas.
El trabajo en la empresa en aquella época seguramente es
inconcebible hoy en día: atendíamos a las familias con dificulta-
des; buscábamos escuelas para los niños (el déficit de plazas esco-
lares era muy alto); proporcionábamos atención médica a los
enfermos, etc. La mayoría de las asistentes sociales que trabaja-
ban en las empresas hacían tareas similares. Por parte de los
obreros no había ninguna organización ni ninguna acción reivin-
dicativa, ya que eran los años duros de la dictadura (entre los cua-
renta y los cincuenta).
En r96o asistí a un seminario sobre el trabajo de empresa
que tuvo lugar en Bruselas, organizado por las Naciones Uni-
das. En otros países de Europa, el trabajo de los asistentes socia-
les estaba integrado en el departamento de personal e intervenían
en muchas actividades (selección de personal, jubilaciones, etc.)
y estaban en relación con sindicatos y movimientos obreros. Era
un trabajo integrado en la estructura de la empresa, muy abier-
to y conocido por todos.
A finales de la década de los años cincuenta se inició el "boom"
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económico en España, y en Barcelona, de una manera rápida y des-
ordenada, surgieron los bloques de viviendas sociales promovidos
por la "Obra Sindical del Hogar", Cáritas española, Patronato
Municipal de la Vivienda, etc. En el año r962 entré a trabajar en
el Patronato y me destinaron al barrio del Besos, todavía a medio
construir.
En aquel momento, en la mayoría de los barrios de Barcelo-
na trabajaban asistentes sociales; si unos años antes el trabajo social
se había caracterizado por un marcado carácter vocacional y
voluntarista, el trabajo social en los barrios consolidaba el rol pro-
fesional y abría una de trabajo comunitario. Podemos
considerar una serie de hechos que contribuyeron a la profesio-
nalización de los asistentes sociales.
Entre I959 y r963 se celebraron diferentes cursos y semina-
rios dirigidos por expertas de Naciones Unidas a los que asistie-
ron muchos profesionales. Hay que destacar la visita a España de
Nadir G. Kifouri, que nos descubrió una nueva perspectiva pro-
fesional y científica del trabajo social.
Son los años en que la Asociación de Asistentes Sociales se lega-
liza como asociación civil y deja de ser entidad de la Iglesia. Tam-
bién se reconoce el titulo oficialmente, acontecimiento funda-
mental para la normalización y profesionalización de los estudios.
Hay que hablar también de la visita a España de Marco Mar-
chioni, a partir de r965, quien influyó de manera muy importan-
te en la expansión del trabajo comunitario, dotándolo de un con-
tenido específico. Con su orientación, los asistentes sociales que
trabajaban en los barrios se organizaron formando equipos, se
crearon grupos de trabajo en la Asociación y se despertó un entu-
siasmo general hacia la comunidad.
En el Besos, el equipo se formó con los asistentes sociales de
Cáritas, COBASA, Cooperativa del Sagrado Corazón, Patrona-
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to Municipal de la Vivienda ... Fue un equipo muy integrado que
funcionó más o menos desde 1965 hasta 1971 y que consiguió
acciones de zona muy interesantes. Podemos citar la campaña
"Aprender es un problema", en la que se alternó el estudio serio
del problema de la enseñanza en la zona -que era muy grave-
con la motivación de padres y vecinos, mediante reuniones y
asambleas, para reivindicar escuelas. Y toda esta situación en
medio del estado de excepción.
A principios de 1970 empezó la construcción del barrio de la
Mina. El Patronato Municipal de la Vivienda le destinó tres asis-
tentes sociales, puesto que consideraba que se trataba de un
barrio con una fuerte problemática social. Entre la población
había un 20% de familias gitanas y un buen número de payos de
vida marginal y, por este motivo, el barrio era rechazado por el
entorno.
El trabajo social tuvo un enfoque comunitario, y la participa-
ción de los vecinos fue muy alta. También recibimos mucha cola-
boración de otros profesionales, sobre todo maestros. Eran los últi-
mos años del franquismo, y se respiraba deseos de democracia e
ilusión de cambio por todas partes. Los barrios eran el escenario
de la lucha diaria de los partidos políticos organizados en la clan-
destinidad. Los asistentes sociales pasábamos momentos muy
tensos y otros muy gratificantes: a nuestro lado teníamos vecinos
que eran compañeros firmes a la hora de trabajar.
Todos estos años de trabajo en los barrios me hicieron vivir muy
de cerca los problemas sociales y políticos de la época. Me encon-
tré con personas que los sufrían y con otras que no perdían el espí-
ritu de lucha para superarlos. La profesión de asistente social
fue un camino para llegar al fondo de muchas situaciones conflic-
tivas que ponían a prueba los valores humanos.
El trabajo en equipo, no sólo con las compañeras del Patrona-
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to Municipal de la Vivienda, sino también con todas las de la zona,
fue una experiencia enriquecedora, tanto de cara al trabajo prác-
tico como en la elaboración de teoría extraída de la propia expe-
neneta.
El trabajo en la Secretaría Técnica
El trabajo en la Secretaría Técnica abre una etapa muy distin-
ta de las anteriores. El proceso democrático sitúa el trabajo social
en una nueva perspectiva estructural. La mayoría de los asisten-
tes sociales empezaban a trabajar desde la Administración, en
lugar de hacerlo desde entidades de carácter privado. Fue, pues,
una especie de desafío el hecho de participar en la creación del Area
de Serveis Socials del Ayuntamiento de Barcelona desde su Secre-
taría Técnica.
Por todas partes se percibía la necesidad de estudio, de refle-
xión, de reciclaje de los profesionales. En muchos órganos de la
Administración pública, los asistentes sociales se han dedicado a
la programación y a la gestión de servicios con una responsabi-
lidad muy diferente de la ejercida en épocas anteriores. Todos
hemos tenido que aprender a trabajar bajo unas líneas de un
programa general, y no hay duda de que la nueva situación ha obli-
gado a formular nuevas metodologías y técnicas, a investigar a fon-
do las necesidades sociales, a evaluar presupuestos, etc.
Es un momento expansivo por excelencia al que hay que res-
ponder con avidez intelectual y con una capacidad de iniciativa
para contestar a las expectativas del entorno del trabajo social.
Esta etapa de la vida profesional ha sido también muy enri-
quecedora. Me ha llevado a participar en esta actualización de
las tareas de los asistentes sociales y me ha facilitado el contac-
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to con los profesionales jóvenes que se incorporan al trabajo
social con la ilusión de realizar su trabajo en nuevos centros de
servicios sociales.
En resumen, la profesión de asistente social ha pasado por
distintas etapas, en un camino cada vez más seguro y más abier-
to, hasta llegar a la expansión actual en el sector público.
He intentado detallar cómo estos años, durante los cuales he
trabajado en diferentes aspectos del trabajo social, me han ayu-
dado personalmente a vivir abierta a una realidad viva, siempre
nueva, siempre enriquecedora. Es un testimonio que desea ser, a
la vez, de gratitud y estímulo, de recuerdo histórico y de esperan-
za de futuro.
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