Revista Del Camino 18

Red del Camino

...hacia una semana

“Santa”
*Semana Santa: celebración de la pasión y resurrección de Cristo, por Amós López Rubio (pág. 3); El camino de Cristo: pasión, perdón y esperanza, por Harold Segura Carmona (pág. 6); Dios mendigo, por Luis Cruz Villalobos (pág. 8); Cuaresma. Vivencias hacia la solidaridad, por Walter Forcatto (pág. 9); El Evangelio de la vergüenza de la cruz, por Carlos Herfst (pág. 11).

hechos concernientes a estos hechos nos revelan la importancia de los mismos. Los ensayos aquí publicados corresponden a amigos y participantes activos en la vida de la Red del Camino. Estamos muy agradecidos por sus aportes y su disposición para compartir con nosotros sus reflexiones en torno a los acontecimientos que recordamos en esta fecha. Como es propio de la Red, los ensayos reflejan experiencias diversas, y en cierta medida también, perspectivas divergentes. No siempre están explicitadas las mismas, pero una mirada atenta podrá advertirlas. Esta diversidad es, precisamente, parte de la riqueza de la Red como un "lugar" de encuentro, de intercambio de vivencias en el Reino y de la voluntad de bendecir y ser bendecidos unos por los otros. En esta fecha tan importante queremos invitarlos a tomarnos un tiempo para estar aún más cerca de Jesús a través de la contemplación de sus hechos, de la guía del Espíritu en la consideración de ser sus seguidores, y en la gratitud de su amor hasta lo último. Que esta semana sea santa. Los animamos a leer y compartir estas reflexiones con el corazón abierto a la fe, el discernimiento atento a la guía del Espíritu, y los pies puestos en el seguimiento del Jesús resucitado. Otra vez, agradecemos a Amós López, Harold Segura, Walter Forcatto, Luis Cruz y Carlos Herfst sus esfuerzos y aportes para esta revista. Compartan la Revista con otros. Imprímanla para compartirla en la iglesia y los estudios de discipulado. Estas mismas están al servicio del Reino. Dios nos bendiga,

Presentación
La Semana Santa es sin duda una de las fechas más importantes de la fe cristiana. En ella recordamos la entrada de Jesús a Jerusalén y los acontecimientos de la última cena entre Jesús y sus discípulos, la traición de Judas a Jesús, la captura de Jesús con la consecuente prisión y la tortura que sufrió. Se recuerda vívidamente detalles del proceso de encarcelamiento, de las tensiones de poder entre quienes querían que lo crucifiquen y quienes no lo veían necesario. Los Evangelios nos cuentan sobre los intereses políticos y religiosos que estaban en juego, las luchas internas entre los seguidores de Jesús, la misma postura de Jesús frente a la muerte, su terrible asesinato tras actos de flagelación que lo llevaron a la cruz ya casi agonizante, su muerte, los días de espera y de no saber qué hacer de los seguidores, pero también, nos hablan de los primeros días de su resurrección y lo que esta significó para volver a mirar todos las vivencias conjuntas con Jesús, sus enseñanzas, y pensar el futuro de sus vidas y del movimiento de Jesús. La resurrección, y no solamente la muerte, va a ser la clave de vida y de la lectura del acontecimiento mesiánico en la persona, enseñanzas y obras de Jesús de Nazaret. No es por nada que la extensión de los relatos concernientes a la última semana o semana y media de la vida de Jesús abarcan una parte tan grande en los Evangelios. Muchos investigadores bíblicos afirman que estos relatos de la pasión, muerte y resurrección de Jesús existieron independientemente al resto de los libros de los que vinieron a formar parte, e inclusive, fueron los que guiaron la conformación del relato de los primeros años de Jesús. Por ilustrar la importancia de estos acontecimientos, cabe señalar un dato: si el ministerio de Jesús duró entre 6 meses y 3 años según la cronología de uno u otro Evangelio, los Evangelios relatarían entre 180 y 1000 días de la vida de Jesús. Pero una tercera parte del libro se concentra solamente en los últimos 7 días. Definitivamente, la misma extensión de los

Juan José Barreda Toscano Coordinador Revista Del Camino

Tomás Yaccino Conector Continental RdC

Semana Santa
Celebración de la pasión y resurrección de Cristo
Por Amós López Rubio
"Y le llamarán Emanuel, que significa "Dios con nosotros" (Mateo 1:23)

En sus inicios, la Pascua cristiana se tornó también el día anual del bautismo cristiano. De esa manera las comunidades cristianas expresaban la teología del bautismo desarrollada por el apóstol Pablo en su carta a los Romanos: "Hemos sido sepultados con Cristo por el bautismo en la muerte, para que, como Cristo fue resucitado, así andemos nosotros en novedad de vida" (Rom 6:3-5). Debido a esa comprensión del bautismo, se organizó la Vigilia Pascual. Ella tenía lugar en la noche anterior al Domingo de Resurrección, comenzando el sábado al anochecer. En la Vigilia Pascual los candidatos al bautismo eran reunidos en un lugar, permanecían en oración con los líderes de la iglesia y recibían algunas orientaciones como preparación para el acontecimiento del bautismo. Con el paso del tiempo, la Vigilia Pascual dejó de ser una celebración cerrada y permitió la participación de toda la comunidad de fe. Más adelante, se fueron desarrollando otras celebraciones alrededor de la pasión y resurrección de Jesús. La iglesia de Jerusalén jugó un importante papel en todas estas tradiciones. Jerusalén fue el escenario de los principales acontecimientos de la última semana de la vida de Jesús así como de su resurrección. La comunidad cristiana local creó ritos litúrgicos alrededor de los lugares santos, ritos de los cuales muchos peregrinos participaban. Esos ritos unían el tiempo y el espacio, celebraban la muerte, sepultura y resurrección de Jesús en los días del año y en los lugares en que se dieron esos acontecimientos, como el Monte de los Olivos (jueves santo), la entrada de la ciudad (Domingo de Ramos), el monte Calvario (viernes santo). Con estas celebraciones no sólo se reconstruían los hechos pasados, sino que también se daban experiencias muy impactantes y renovadoras para la fe y la vocación cristiana de cada persona que participaba.

a Pascua cristiana es el evento más importante para la fe cristiana. Dentro de las celebraciones que tenemos durante el Año Litúrgico, la Semana Santa, y dentro de ella, los días jueves, viernes, sábado y domingo, constituyen los días más significativos para la vida y el testimonio de la iglesia. Sólo basta observar el espacio que los evangelios conceden a las narraciones respectivas a los acontecimientos de semana, lo cual nos indica la centralidad de estos eventos para la naciente iglesia cristiana y su misión en el mundo. La fe cristiana está enraizada en la pasión y resurrección de Cristo. El calendario cristiano destaca con fuerza este tiempo del año ofreciendo un ciclo pascual extenso y muy significativo. Este incluye la Cuaresma (cuarenta días antes de la pasión), seguida de los tres días de Pascua: jueves santo, viernes santo y vigilia de resurrección (en la madrugada del domingo). El domingo fue el primer día que los cristianos y cristianas marcaron como día especial en la semana. Ese fue el día que Jesús resucitó de la muerte. Desde entonces, cada domingo es una pequeña Pascua para la iglesia. Con el paso del tiempo, los cristianos y cristianas introdujeron una fiesta anual de la Pascua. La comunidad cristiana de aquel entonces se inspiró en los festejos de la pascua judía. Con todo, el contenido de las dos fiestas es bien diferente: mientras que los judíos celebran la liberación de la esclavitud en Egipto y el inicio del camino hacia la tierra prometida, los cristianos y cristianas celebran la obra salvadora de Dios a través de la muerte y resurrección de Cristo.

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Las personas (provenientes de muchas partes del mundo) que participaban de estos ritos regresaban a sus lugares de origen y promovían estas celebraciones de pasión y resurrección en sus comunidades de fe. Además de la Vigilia Pascual (única festividad anual hasta finales del siglo III), se cristalizaron otras dos celebraciones: una en el viernes santo, que propone un alto para la reflexión y meditación sobre la crucifixión y muerte de Jesús, y otra en el jueves santo, la cual rememora el último encuentro de Jesús con sus discípulos y discípulas. La celebración del Domingo de Ramos data del siglo IV en Jerusalén. La procesión de entrada a la ciudad daba inicio a los ritos de la Semana Santa, pero no fue hasta los siglos VII y VIII que se le conoció como "Domingo de Ramos".

recíproco. Las lecturas bíblicas utilizadas en este día son: Hebreos 12:1-8 y 11-14 / Salmo 15 / 1 Corintios 11:23-26 / Juan 13:1-15. El Viernes Santo está marcado por la reflexión en la muerte violenta que sufrió el Señor. Es día de meditación, día de luto y de ayuno. Símbolos como la cruz y la corona de espinas incrementan el clima de silencio y súplica por los dolores de nuestro mundo hoy. Este es el día de desentrañar el significado más profundo del sacrificio de Jesús en la cruz. Es un tiempo oportuno para reflexionar sobre realidades pasadas y actuales como las injusticias de todo tipo, el abuso del poder religioso y político, los miedos y la confusión, el abandono de los amigos y de Dios mismo, la negación de Pedro y de todos nosotros, el sufrimiento de los inocentes y las nuevas "cruces" que hoy se siguen levantando para matar y silenciar a quienes luchan por un mundo y una iglesia diferentes. Las lecturas bíblicas utilizadas en este día son: Isaías 52:13-15 y 53:1-12 / Salmo 30 / Hebreos 4:14-16 y 5, 7-9 / Juan 18:1-19. La Vigilia Pascual es el punto alto del triduo. En el amanecer del domingo, el sol es recibido como símbolo de Cristo resucitado, el Sol de Justicia que vence la oscuridad. La Vigilia Pascual valoriza mucho los contrastes como oscuridadluz, muerte-vida, noche-día. En la Vigilia Pascual se leen textos bíblicos que recuerdan los hechos liberadores de Dios en la Biblia (Génesis 1 / Génesis 22:1-18 / Exodo 14:15 al 15:1 / Isaías 54:5-14 / Ezequiel 36:16-28 / Romanos 6:3-11 / Mateo 28:1-10 y sus paralelos). Todos esos relatos bíblicos de "muerte-resurrección" encuentran en la pascua de Jesús su tránsito de muerte a vida, su mayor y fundamental expresión. Las velas encendidas en medio de la oscuridad de la noche recuerdan la presencia del resucitado en medio de su pueblo, simbolizan, junto a los cantos y las expresiones de júbilo, la alegría y la esperanza por el triunfo de la vida sobre la muerte. En la Vigilia se celebran también los bautismos y la Cena del Señor, los cuales adquieren un nuevo y profundo significado por la presencia del resucitado entre sus discípulos. Los acontecimientos de Semana Santa, más que un recordatorio, son un llamado a la iglesia de hoy a reafirmar su compromiso con Cristo y con el mundo al cual servimos. Lo importante de estas celebraciones es desarrollar la capacidad de "hacer presente", de actualizar el evento fundante de la fe cristiana y darle un sentido para nuestra vida hoy. Es vital propiciar celebraciones que rescaten todas las dimensiones del ser humano para que este tiempo sea realmente significativo y relevante.

Así tenemos el conjunto que pasó a ser llamado de Triduo Pascual (triduo: "tres días"). Cada uno de ellos, de acuerdo con la tradición judaica, inicia en la noche del día anterior. Por tanto, la noche del jueves santo da inicio al primer día del triduo; la noche del viernes santo da inicio al segundo día, y la noche del sábado da inicio al tercer y último día que termina con el anochecer del domingo. Estos tres días constituyen "un único y gran día", una sola y gran celebración, un solo culto en el cual se condensa el evento de la muerte y resurrección de Jesús. La celebración del Triduo Pascual ya se encuentra establecida en el siglo IV. El culto del Jueves Santo es más que un recordatorio de la última cena de Jesús con su comunidad de discípulos. En el centro de esa celebración está el mandamiento del amor, el cual fue dicho en palabras, dramatizado en el gesto del lavatorio de pies, y convertido en rito en la institución de la Cena del Señor (comunión, eucaristía). La comunidad cristiana es una comunidad de servicio inspirado en el amor

Estos ritos de Semana Santa recuperan gestos corporales (como procesiones, ramas que se agitan, lavar pies, compartir el pan y el vino, cuerpos que cargan una cruz, brazos abiertos que imploran misericordia, cuerpos que se levantan y se echan a andar por caminos nuevos), acciones y comunicación no verbal, sobretodo aquella que se da por medio de los sentidos, de la sensibilidad. Pues las personas no somos apenas cerebro, más también

corazón, brazos, ojos, manos, olfato, sentimientos, recuerdos, deseos y sueños.

Amós López Rubio Pastor de la Fraternidad Bautista de Cuba

disposición de servir a los demás –a quienes más nos necesitan- y de hacerlo con desinterés y generosidad.

El Camino de Cristo
Por Harold Segura

Para los cristianos, el jueves santo rememora la institución de la cena del Señor o eucaristía, y en ella Cristo mismo nos invita a servir a los demás así como también él lo hizo: "Pues si yo, el Maestro y Señor, les he lavado a ustedes los pies, también ustedes deben lavarse los pies unos a otros.Yo les he dado un ejemplo, para que ustedes hagan lo mismo que yo les he hecho" (Jn 13:14-15).

Camino del Servicio
Jueves Santo
ucedió en la noche del jueves de aquella primera Semana Santa; la última en la vida terrenal de Jesús. Después de que el sol se ocultaba se daba inicio a la celebración de la Pascua, la fiesta más importante para todo el pueblo, aquella en la que se recordaban las acciones liberadoras de Dios cuando fueron esclavos en Egipto. Durante la mañana y la tarde de aquel jueves Jesús se preparó para la cena. Escogió el lugar, e hizo los demás arreglos. La muerte se aproximaba y él lo sabía muy bien. Por eso quiso hacer una cena diferente, donde lo más importante fuera la confraternidad con sus discípulos y donde pudiera expresar sus palabras finales para ellos. Cuando todo estuvo preparado Jesús se quitó el manto que vestía y se puso una toalla a la cintura, luego echó agua en un recipiente y comenzó a lavar los pies de sus discípulos. Pedro fue el primero en sorprenderse, y hasta se opuso. ¿Cómo era posible que el Maestro se vistiera como un esclavo y quisiera lavarles los pies a sus seguidores? ¿Acaso no había declarado ser el Hijo de Dios y estar revestido de todo poder? ¡Cuál no sería la desilusión de los discípulos! Lo que ellos querían era ver a Jesús haciendo demostraciones de poder y de superioridad, sobre todo ahora que la muerte los amenazaba ¡pero no!, ahí estaba él vestido como un esclavo y dispuesto a inclinarse hasta el suelo para lavarles los pies. Avanzada la noche, y antes de servirse la cena, Jesús nos enseñó que la verdadera grandeza se mide por nuestra capacidad de servicio a los demás. Ser grande no es disfrutar del placer arrogante de ser servido por otros, sino tener la

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Camino de Perdón
Viernes Santo
orir en una cruz era un hecho denigrante, tanto, que estaba destinado sólo para los esclavos, los provincianos y los criminales más bajos. No era común, por ejemplo, que se crucificara a un ciudadano romano; ellos tenían derechos que les protegían para no morir así. Pero Jesús, siendo judío, y habiendo atentado con sus enseñanzas contra las más preciadas instituciones religiosas y políticas, tanto romanas como judías, fue condenado al vilipendio de la cruz. ¡Crucifícale!, fue el grito enfurecido de una turba de fanáticos que creían que Jesús debía morir a causa de su irreverencia. Caifás, como sumo sacerdote, convino con la muerte de Jesús por considerarlo un blasfemo. Anás, sacerdote suegro de Caifás, investigó a Jesús y decidió que era oportuno darle muerte porque sus palabras eran una agresión al orden religioso de su tiempo. Herodes Antipas, el

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gobernador, y Poncio Pilato el procurador, se burlaron de él y profirieron la sentencia por conveniencias políticas. Todos por igual, religiosos y políticos, ciudadanos y gobernantes, concertaron la muerte de Jesús y juntos lo condujeron al castigo de la cruz. La verdad es que Jesús sufrió una muerte violenta por ser fiel a la verdad predicada y por hacer el bien. Su vida y sus principios atrajeron la furia de muchos. No soportaron que sanara a un paralítico porque lo había hecho el día equivocado; no admitieron que se acercara a los marginados y excluidos; no aceptaron que hiciera milagros sin el consentimiento de la jerarquía religiosa; no asintieron que el amor, como él decía, fuera la ley suprema de la vida. Fue perseguido por presentar el rostro generoso de Dios y por hacer presente, por medio de sus acciones, la bondad de ese Dios. Todo esto irritó a quienes se arrogaban la supremacía de la fe y creían que el poder político era intocable. Jesús murió en medio de una oscura trama de equívocos humanos. Es cierto. Pero su muerte tenía propósitos que trascendían el límite de esa historia terrenal en cumplimiento de los propósitos establecidos por Dios para la humanidad entera. ¡He ahí el meollo de su muerte sacrificial! En la cena de la noche anterior había dicho: "Esto es mi sangre del pacto, que es derramada por muchos para el perdón de pecados" (Mat 26:28). Jesús vivió en función de los demás y murió en coherencia con ese mismo destino. Se entregó en la cruz y lo hizo para que todos tuviéramos perdón de pecados; esa fue una entrega consecuente con su vida de servicio. Nada de absurdo había en ella; tampoco nada parecido a un inesperado y trágico final. La muerte de Jesús es una expresión del amor de Dios; gracias a ella es posible el perdón del Señor: "El amor consiste en esto: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros y envió a su Hijo, para que, ofreciéndose en sacrificio, nuestros pecados quedaran perdonados" (1 Jn 4:10). Es el perdón de Dios y la reconciliación con él lo que está en el centro de la celebración del Viernes Santo. Podemos, entonces, entablar una nueva relación con Dios; estar en paz con Él, coexistir en relaciones armoniosas con los demás –que cuánta falta nos hace en este momento de guerras

infames-, y vivir una existencia reconciliada con nosotros mismos y con la Creación. Todo eso es posible por medio del crucificado quien se entregó y nos amó para que la entrega y el amor sean posibles entre nosotros. Por lo tanto, un mundo distinto es posible.

Camino de Esperanza
Sábado Santo
Resulta extraño, pero cierto es que ninguno de los discípulos de Jesús esperaba que él, después de su muerte vergonzosa en la cruz, resucitara. La muerte fue temida por ellos y la resurrección descartada. Ellos debían haberla esperado puesto que el Maestro les habló en muchas ocasiones acerca de ella. Oyeron, pero no comprendieron, parece ser lo que ocurrió. La verdad es que después de su muerte todos sus seguidores más cercanos huyeron al perder toda ilusión. Los antiguos pescadores volvieron a la orilla del mar para reanudar sus antiguas labores; todo había sido una experiencia transitoria, llena de sueños, pero con un triste final. Con este sabor a derrota fue que Jesús encontró a dos de los suyos, quienes caminaban rumbo a Emaús, una aldea situada a más de 11 kilómetros al noroeste de Jerusalén. El sentimiento de fracaso acompañaba las conversaciones de estos dos caminantes

quienes, aún sabiendo que unas mujeres no habían encontrado el cuerpo de Jesús y que un

ángel les había anunciado su resurrección, no creían. "Nosotros teníamos la esperanza de que él sería el que había de libertar a la nación de Israel. Pero ya hace tres días que pasó todo eso" (Luc 24:21). Ni siquiera la presencia física de Jesús fue suficiente para que de una vez por todas ellos creyeran: "Y cuando vieron a Jesús, lo adoraron, aunque algunos dudaban" (Mat 28:17). ¿Y qué tal el caso de Tomás, mejor conocido como “el incrédulo”? Fue a él a quien Jesús le dijo: "Mete aquí tu dedo, y mira mis manos; y trae tu mano y métela en mi costado. No seas incrédulo; ¡cree!" (Jn 20:27). Pero algo extraordinario sucedió a aquel grupo de débiles creyentes y es que Jesús, por medio de sus más de diez apariciones demostró haber vuelto a la vida. Fue esa experiencia de encuentro personal con el resucitado la razón de su cambio radical. La resurrección, entonces, pasó a ser la característica más sobresaliente de la predicación de esos primeros cristianos: anunciaron la victoria de la vida sobre la muerte; el triunfo de la esperanza; el comienzo de la vida nueva, y la certeza de nuestra resurrección. Cristo resucitó. El efecto destructivo de la muerte ha sido vencido por el poder de la vida otorgada por Dios. El mal y la muerte no tienen, pues, la última palabra. El reino de Dios ha certificado ser la razón final de la Historia. Jesús se levantó de los muertos. El mismo que murió en la cruz abandonó la tumba y está con nosotros. El amor de Dios y su justicia triunfaron sobre la muerte y la injusticia; también la verdad y la libertad triunfaron. Su reino se ha inaugurado. ¿Qué nos queda a nosotros sino optar por ese reino y comprometernos en favor de sus valores? La solidaridad, el amor y el servicio son los rasgos que identifican una vida resucitada. ¡Vivamos así! "Pues por el bautismo fuimos sepultados con Cristo, y morimos para ser resucitados y vivir una vida nueva, así como Cristo fue resucitado por el glorioso poder del Padre" (Rom 6:4).

Dios mendigo
Este Dios verdadero Absoluta sustancia única (todo lo demás es robusto devenir) Es muy divertido Es un apasionado por la vida y por las sonrisas sencillas Aclaremos que es serio también Pues la vida es dolorosa por etimológica definición En una de esas lúdicas tropelías nuestro Señor del cielo y de la tierra se ha vestido de mendigo eligiéndolo como su traje predilecto Y para colmo de ironía siempre lleva con él un texto de Mark Twain como su Biblia sacrosanta ¡El príncipe y el mendigo! ¡Este es el texto sagrado! Suele gritar por las calles levantando el viejo texto con su mano temblorosa ¡Arrepiéntanse príncipes y princesas De vuestra vida de mendigos! Grita a boca de jarro y la gente lo mira y sonríe pues la esquizofrenia puede ser graciosa cuando no la tiene uno mismo o un familiar que se ama El Dios mendigo deambula sermoneando por las plazas y suele descansar de sus prédicas dándole su pan a las palomas en profundo y litúrgico silencio.
Luis Cruz Villalobos Pastor de la Iglesia Presbiteriana Santiago de Chile, Chile

Harold Segura Teólogo (Visión Mundial) San José, Costa Rica

Cuaresma
Vivencias hacia la solidaridad
Por Walter Forcatto
ste año en la comunidad de cristianos de la cual formo parte reflexionaremos sobre algunos de los temas centrales de Cuaresma, es decir, los cuarenta días "de preparación a los grandes misterios cristianos: la muerte y la resurrección de Jesús" como en alguna oportunidad dijo Gustavo Gutiérrez. Ministrar en medio de jóvenes en situaciones de exclusión y vulnerabilidad en Buenos Aires forma parte de nuestra espiritualidad y vida cotidiana. Benito de Nursia, considerado el iniciador de la vida monástica en Occidente, en su Regla Monástica describe cinco prácticas para guiar la experiencia de Cuaresma que pueden dar nuevas significaciones y abrir nuevas experiencias de fe durante estos días. Estas son: abstenerse del pecado, la oración con lágrimas, lectura sagrada, arrepentimiento y el ayuno. Este tiempo de "preparación a los grandes misterios cristianos" además puede crear un espacio de reflexión para confrontar nuestras actitudes y acciones que no dan buen testimonio a la vida de Jesús y para buscar a Dios y a su Reino. Viene entonces la pregunta, ¿cómo podemos encontrar nuevas significaciones en el tiempo de Cuaresma y buscar a Dios de manera más intensa o con nuevos lentes sin desarrollar una espiritualidad individualista? ¿Qué decisiones tomar para profundizar nuestra fe dentro de una comunidad de fe sin aislarnos de la compleja y triste realidad que vivimos en nuestro continente Latinoamericano y en donde abunda la exclusión, vulnerabilidad, invisibilidad, violencia, soledad y pobreza? Quizá uno de los quehaceres teológicos más relevantes que señalaron algunos teólogos

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latinoamericanos comprometidos con la justicia y la solidaridad con los marginados es hablar de Dios desde el sufrimiento del inocente. En este caso, anticipando la muerte y resurrección de Jesús en el tiempo de Cuaresma, podemos pensar cómo puede ayudarnos a una búsqueda de la justicia la mirada interior y autoconfrontación de nuestros propios pecados. En este tiempo podríamos reflexionar sobre la confrontación de lo falso e injusto en nuestras relaciones, en nuestra sociedad y en las estructuras y acuerdos que causan sufrimiento directa o indirectamente a tantas personas. ¿Cómo podría ayudar la aplicación de una interpretación a estas significaciones y prácticas de Cuaresma que nos lleve a vivir una fe plena y profunda como seguidoras y seguidores de Jesús de Nazaret? Las cinco prácticas de fe durante la Cuaresma que afirma Benito no sólo se pueden interpretar y vivir desde un marco interior, sino que al leerla a través de diferentes "lentes" se abre la posibilidad de reflexionar y vivir estas prácticas como guías que nos pueden conducir a una espiritualidad comprometida en la cotidianeidad de nuestras vidas. Podemos con ellas a ejercitar la solidaridad, la justicia y el amor hacia aquellos y aquellas que sufren exclusiones, discriminaciones, marginaciones y injusticias, todo en el nombre de Jesús de Nazaret. Abstenerse del pecado Benito describe el tiempo de Cuaresma como una oportunidad para combatir las grandes tentaciones que enfrentamos en la vida al igual a las sutiles falencias de nuestras vidas a las cuales damos consentimiento diario y verlas como obstáculos en nuestro caminar con Jesús que deben ser eliminadas de nuestra vida.cedió en la noche del jueves de aquella primera Semana Santa; la última en la vida . El desafío y la oportunidad que presenta esta práctica es de entender al pecado no sólo en una dimensión personal sino a la vez como un mal que afecta a sistemas y estructuras de relaciones de poder de nuestras sociedades. Quizá también podríamos reflexionar y buscar el arrepentimiento sobre las formas que expresamos, implícita o explícitamente, sobre actitudes o acciones que limitan la solidaridad, la compasión, a la comunidad y la esperanza pascual. En la medida que examinemos nuestros motivos y formas de vivir nuestra fe,

oremos y busquemos la ayuda de Dios para dejar esos caminos que nos desvían del seguimiento de aquel Hijo del Hombre que se acercó y tuvo compasión para con los más vulnerables, los excluidos y los olvidados. La oración con lágrimas Dice Benito también que la oración en Cuaresma, como la del publicano en los Evangelios, debe ser hecha con sencillez, humildad, lágrimas y confianza en la ternura y amor de Dios.

dice Benito. Es más, la conversión y el arrepentimiento son procesos de toda la vida, sin embargo, en la Cuaresma se crea un tiempo muy particular y único para esta práctica. Que sea nuestro deseo el arrepentimiento durante la Cuaresma, no sólo de los pecados personales sino también de los sufrimientos causados por los grupos socio-culturales o religiosos del las que formamos parte. Arrepentidos, busquemos vivir el Evangelio como buenas nuevas para los pobres, vista a los ciegos, libertad a los oprimidos, y busquemos activamente la justicia, esperanza y gozo en el Espíritu de Dios, es decir el Reino de Dios. Abstenerse de alimentos (Ayuno) Dijo Benito que Jesucristo practicó el ayuno y animó a sus seguidores y seguidoras que lo practiquen también. Cuando se realiza bajo la guía del Espíritu Santo se transforma en una fuente potente de vida y gracia en nuestras vidas. El ayuno durante la Cuaresma puede convertirse en una vivencia que nos lleve a una vida más plena en Cristo, no lleva a reflexionar puntualmente en Dios como nuestra fuente de vida. Además, el ayuno en este tiempo de Cuaresma lleva consigo la oportunidad de solidarizarnos con tantas personas que "ayunan" involuntariamente por causa de su vulnerabilidad y pobreza extrema. Nuestro ayuno puede transformarse en una práctica de fe compasiva y solidaria, un impulso para explorar cómo desarrollar un estilo de vida sencillo para que otros puedan simplemente vivir. Vistos desde una perspectiva no sólo personal sino también con una postura solidaria y compasiva para con personas que sufren muchas vulnerabilidades, comparto estas cinco prácticas para que nos acompañen a redescubrirnos en el camino de la fe cristiana. Y es justamente en este camino con Jesús donde la Cuaresma nos proporciona un tiempo especial para seguirle y reflexionar sobre sus opciones de vida, enseñanzas, que siempre mostraron a un Dios con una preocupación y un profundo amor hacia los marginados y vulnerables.

Tal vez haya veces que nuestras oraciones necesiten reflejar esta sensibilidad y dejar que nuestras lágrimas abunden al reflexionar sobre nuestra frecuente falta de compasión y de solidaridad hacia la creación de Dios y hacia aquellas y aquellos que sufren diariamente. Creo yo que nuestras lágrimas reflejarían la ternura del buen Dios y a la vez nos comprometería con el dolor que debe sentirse al ver la muerte lenta de tantos de sus hijas e hijos. Lectura sagrada Por medio de las Escrituras el Espíritu de Dios nunca cesa de comunicarse y de enseñarnos, afirma Benito. El tiempo de Cuaresma es especial para escuchar a Dios a través de su palabra. En el transcurso de la Cuaresma nuestra lectura sagrada con la guía del Espíritu podrá tornarse en una práctica refrescante mientras vivamos los desafíos y los gozos de la cotidianeidad de la vida. Que nuestra lectura sagrada nos lleve a contemplar y reflexionar en las Escrituras y el lugar privilegiado que tienen la viuda, el huérfano y los inmigrantes en el corazón del Dios de la vida. Arrepentimiento El arrepentimiento es obra del Espíritu Santo de Dios en los rincones más íntimos de nuestro ser

Walter Forcatto El Verbo hecho carne Buenos Aires, Argentina

El Evangelio de la vergüenza de la cruz
Por Carlos Herfst
erminábamos de desayunar un día domingo y la plática se volvió sobre los desafíos de dar clases en un colegio cristiano privado de clase medio-alta en la ciudad capital de Guatemala. Se notó la preocupación en la voz de la anfitriona: "comparto clases de sexto primaria –nos decía– y todos los niños varones de la clase ya son adictos a la pornografía. Hemos hablado con los padres de familia sobre los riesgos del Internet y los teléfonos celulares que tienen acceso al Internet, sin embargo, todos los patojos andan con su celular… y todos miran pornografía". Recientemente escuché una conferencia compartido por un pastor americano que trabaja con personas de la tercera edad. Él comentó: "uno de los problemas fuertes que estamos enfrentando en el trabajo con ancianos es que hay muchísimas personas –especialmente viudos– que son adictos a la pornografía". El acceso al internet desde la casa o desde el celular ha abierto el mundo a millones de personas para bien y para mal. Sin duda, parte del aumento de casos de violación sexual se debe a la pandemia de la pornografía. Incidencias de abuso sexual, violación sexual son noticias de todos los días. Lamentablemente, el sufrimiento silencioso de muchísimas personas nunca llega a ser noticias. Lo que debemos entender es que las secuelas de abu-sos y violaciones

sexuales son profundísimas y afectan a más personas de las que quisiéramos pensar. No son cifras; son personas con nombre y apellido, personas que viven con pesadillas, depresión y vergüenza. Son personas con una historia que las persigue. En nuestras iglesias hay víctimas y hay abusadores. Hemos vivido la violación sexual muy de cerca como familia y nos sigue impactando. En medio del dolor, de las preguntas, del enojo y de las pesadillas –al fin– brilla un poco de luz. Es que hubo otra víctima del abuso sexual del cual hablamos muy poco: Jesús de Nazaret. Acerquémonos a su historia: La historia de Jesús, no comienza en las afueras de Jerusalén sino en el pueblo de Belén. Es notable que se haya dedicado más atención a la ropa de Cristo en su nacimiento que a la ropa que le fue quitada en la cruz. Lucas nos narra: "Estos les servirá de señal: Encontrarán a un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre" (Lucas 2:12). Era una señal dada por Dios para confirmar la identidad del niño como el Salvador, el Cristo que no era nada menos que "el Señor". Nos cuesta captar el escenario que Lucas nos pinta: Jesús, el Mesías, el Hijo de Dios envuelto en trapos rotos, rodeado por animales en un establo. Seguramente, algo anda mal con el mundo. Es escandaloso pensar que la recepción de nuestro Señor Jesucristo fuera así. Sin embargo, por tan espantoso que sea el establo con su mal olor y pobreza, no es nada en comparación al Gólgota, porque allí cuelga uno proclamado "Rey" que está desnudo. Le quitan su ropa, lo cuelgan desnudo, expuesto a los ojos de todos y todas y los solados echan suertes por su ropa al pie de la cruz. Si la ropa del pesebre era un símbolo, una señal para confirmar la fe de los pastores, el hecho que se le quite la ropa a Cristo y que cuelgue desnudo es aún más una señal dada por Dios mismo: es una parte esencial del Evangelio de la Cruz, es un mensaje de esperanza. Piénsalo si te animas: allí en Jerusalén, en la ciudad "Santa", cerca del lugar donde se adoraba a Dios, allí, frente a sacerdotes, al

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pueblo, a jóvenes y a soldados paganos, desnudaron al Hijo de Dios encarnado e hicieron de él un espectáculo público. Hasta cierto punto, todo lo que le hicieron a Jesús era parte de los procedimientos ordinarios de una crucifixión. Los reglamentos establecidos decían que los que ejecutaban al criminal tenían derecho a las pertinencias de la víctima, así, los cuatro soldados que crucificaron a Jesús tuvieron el derecho legal a quitarle la ropa a Jesús y dividírsela entre ellos. Algunos piensan que el centurión tenía siempre el derecho de tomar lo que quisiera antes que los solados, pero en el caso de Jesús, no lo hizo. De todas maneras, no había mucho para dividirse. En su muerte Jesús era un hombre pobre, sumamente pobre. Lo poco que tenía fue quitado de él con fuerza antes de clavarlo a la cruz. Juan nos da detalles específicos: los soldados repartieron la ropa de Cristo en una manera definida, primeramente partieron su manto en cuatro pedazos, uno para cada uno. Pero al ver que la túnica era de una sola pieza, tejida de arriba abajo, decidieron no dividirla, sino echar suertes para ver quien se la llevaría.

llevó sobre sí nuestros pecados. Para entender esto tenemos que regresar al huerto de Edén con Adán y Eva. Las Escrituras nos dicen que cuando Dios los creó, "el hombre y la mujer estaban desnudos, pero ninguno de los dos sentían vergüenza". (Gén.2.25). No había razón por la cual sentirse avergonzados. Compartían una confianza mutua, un amor puro, una inocencia perfecta y la santidad integral. Pero, al comer del fruto prohibido la primera cosa que sintieron fue vergüenza por su desnudez, se cocieron delantales de hojas para cubrirse. Luego, se escondieron de Dios entre los árboles del huerto al escucharlo caminar en el huerto. En vez de estar delante de Dios, tomaron conciencia de su estado de desnudez, se sintieron culpables, sucios y se escondieron. Pero Dios no los dejó así, sino que tomó la iniciativa y los buscó. –¿Dónde estás? Le preguntó Dios. Y Adán le contestó: –Escuché que andabas por el jardín, y tuve miedo porque estoy desnudo. Por eso me escondí. Su vergüenza por su desnudez fue la consecuencia inmediata de su pecado. Adán se sintió culpable, tuvo miedo del castigo merecido. Ya no puede caminar con Dios santo como solía hacerlo antes. El pecado y la culpa le ha separado de Dios y las consecuencias se ven claramente en su vergüenza por su desnudez. Pero Dios en su misericordia mata a un animal y les hace ropa para cubrirse. Ya inmediatamente después de la caída, Dios provee el sacrificio necesario; cubre su vergüenza con la piel; cubre su pecado con la sangre del animal. Ya pueden tener comunión con Dios otra vez. Y ya desde la caída se ve la necesidad de que alguien muera en lugar de los pecadores. Y eso es lo importante al acercarnos a la cruz. Es allí en el Calvario que Dios desnuda a su Hijo. Claro, los soldados son sus instrumentos. Claro, ellos pensaron que era sencillamente parte de su trabajo, no pueden ver más allá que los reglamentos. Pero en el mismo instante Dios hace algo de suma importancia al Mediador, lo hace el Salvador de su pueblo.

Debe asustarnos: allí en el Calvario, al pie de la cruz donde Dios manifestó su juicio justo al castigar a su Hijo, donde se cumple toda justicia, los soldados romanos echaron suertes, jugaron a la lotería como si fuera un casino. ¡Qué ironía! En su nacimiento unos magos del Oriente llegaron con regalos dignos de un Rey: oro, incienso y mirra. En la hora de su muerte, los romanos echan suertes para llevarse las únicas posesiones que tiene Cristo. La vergüenza de la cruz es parte de la obra de Cristo como nuestro Mediador, como aquel que

podemos esconder nada delante de él. Nos conoce. No podemos cubrirnos con las hojas de higuera de una religión cocida a mano. Estamos desnudos delante de sus ojos penetrantes, condenados sin esperanza. Pero, miremos a la cruz otra vez. Allí cuelga Jesús, maldecido, desnudo, lleno de vergüenza y ¿por qué? Por los pecados míos y suyos. La ofensa de la cruz hubiera sido suficiente tan solo por ser crucificado ¿era realmente necesario que él sufriera tanta vergüenza? Sí, era necesario. Hacía unas horas atrás, Pilato le había quitado la ropa a Jesús, le había puesto un manto escarlata digno de un Rey, le coronó con espinos y puso una caña en su mano como si fuera un cetro y se burlaron de él, arrodillándose, y diciendo: –¡Salve, rey de los judíos! O, como Juan nos dice en Juan 19:5 –¡Aquí tienen al hombre! Sí, Cristo es el hombre, el segundo Adán, el representante de Dios sobre la creación y se burlan de él. Es el Rey llevando las consecuencias de la traición del primer Adán, es el Mediador avergonzado por el adulterio espiritual de su pueblo. No hay hojas de higuera para cubrirse. Sus manos están clavadas en la cruz; no hay manera de taparse. Allí cuelga degradado por los hombres, humillado al extremo, lleno de vergüenza. Esta vez no hay sacrificio, no hay un animal que muere por él para que él tenga piel para cubrirse. En la cruz, no hay nada que ocurre por casualidad. Todo cumple un propósito. Allí, en este lugar lleno de vergüenza, Cristo toma el lugar de quienes han confesado que son pecadores. Los que confiesan su vergüenza por haber pecado, por haber caído en la tentación. En la cruz Dios nos desnuda a nosotros también, saca a la luz nuestros pensamientos pecaminosos, nuestros deseos impuros. Ante los ojos de los hombres, uno podría estar con saco y corbata o con vestido elegante, pero Dios nos conoce hasta lo profundo de nuestro ser. No Pero, hay evangelio en la vergüenza de la cruz. La vergüenza que uno siente por haber pecado ante Dios pueda ser paralizante. Al ser descubiertos "con las manos en la masa" buscamos contener el daño: "por favor, no le digas nada a nadie; ¡me da vergüenza!". Hay cosas que quisiéramos borrar de nuestra vida como se borra un archivo de la computadora con sólo un clic del mouse. Lamentamos haber hecho tal cosa y decimos, "¡ojalá que fuera nada más que una pesadilla, que nunca tuvo lugar!" Ojalá que hubiera alguna manera para revivir estos días otra vez, así no haríamos lo que hicimos. Pero la triste realidad es que no podemos borrar el archivo. Aunque otras personas no lo saben, Dios sí lo sabe y afecta nuestro caminar con él. En la cruz hay vergüenza. Vergüenza por el pecado cometido y no hay donde escondernos. Pero, ya no hay motivo por el cual necesitamos seguir cargando la vergüenza. No hay por qué pretender ser más de que lo que somos: pecadores. Dios mismo desnudó a su Hijo... allí está colgado: desnudo, humillado, culpable, lleno de vergüenza. Y él llevó nuestras culpas y nuestra vergüenza por lo que hemos hecho, por dónde hemos estado, por lo que hemos pensado, por lo que hemos dicho. Hay algo más: Jesús fue víctima de abuso sexual. Llegué a entender esto cuando salió un reportaje de aquel soldado estadounidense quien había vendido secretos militares –los famosos "wikileaks"– Su abogado protestó que muchas veces se le obligaban a dormir desnudo, lo cual él calificó como "abuso sexual". Entendí que por haber sido desnudado por los soldados, Jesús fue víctima de abuso sexual.

Las víctimas de abuso sexual pueden encontrar en Cristo a alguien que las entiende. Lo desnudaron a él también. Jesús no pudo taparse con las manos, éstas estaban clavadas. No hubo manera para cubrirse. Jesús también fue una víctima. Por lo tanto, Jesús entiende la vergüenza de la persona que ha sido sexualmente abusada. Existe una profunda solidaridad con Cristo, el abusado. Pero también –igual como Jesús perdonó a sus abusadores– los y las victimas de hoy pueden perdonar a sus abusadores. ¡Es algo completamente fuera de la lógica humana! En la cruz de Cristo el violado o la abusada y el violador o la abusadora pueden encontrar reconciliación por medio del Mediador abusado. Por supuesto, no veda la necesidad de buscar la justicia legal en casos de abuso. Un perdón que no incluye el reconocimiento del pecado de parte del abusador no es perdón; y la justicia, para que sea bíblica y sanadora, ha de buscar una sentencia justa. Sin embargo, después del trauma del abuso, encontrar solidaridad con Jesús que también fue abusado o encontrar perdón como abusador por medio de un Salvador abusado que supo perdonar podría marcar un paso importantísimo hacia la restauración. Se quita la carga pesada de la vergüenza. La cruz no es el final de la historia. Al morir brutalmente crucificado, antes que terminara el día viernes, lo vistieron a Cristo con ropa de muertos: una sábana, una venda para los difuntos. Pero, la tumba no pudo retenerlo. Muy de mañana en el día de la resurrección, la tumba

se abrió y se le quitaron las ropas de muerte, Jesús se vistió de inmortalidad. Como dice Pablo, toda la creación aguarda el día del regreso de nuestro Rey Jesús, coronado con majestad, vestido con honor divino, cuando ya no habrá más vergüenza, ni gemir, ni dolor, ni pecado, ni muerte, sino que seremos revestidos de vida eterna. Estaremos delante el trono del Cordero con túnicas lavadas y blanqueadas en la sangre del Cordero. Y el Cordero mismo nos pastoreará y nos guiará a fuentes de agua viva y Dios nos enjugará toda lágrima de nuestros ojos, lágrimas derramadas por personas avergonzadas por haber sido abusadas y lágrimas derramadas por personas avergonzadas por haber cometido pecados sexuales. Sin duda, como iglesias tenemos tarea, tanto para trabajar con víctimas del abuso sexual como para trabajar con adictos a la pornografía y violadores. No es un trabajo fácil, pero es parte del ministerio netamente integral de la iglesia. Tal tarea ya es una necesidad urgente. Es una tarea que, por la gracia de Dios, podemos ofrecer porque Cristo llevó nuestra vergüenza, hemos sido perdonados y hemos aprendido a perdonar y a buscar la restauración integral.

Carlos Hefst RdC Guatemala Seminario Evangélico Presbiteriano

encuentros más frecuentes para no perder el interés y seguir estableciendo lazos de amistad y profundizar en la palabra de Dios.

Testimonios en el Camino:
Red del Camino México
Como antecedente, el año pasado en el mes de Septiembre dio a luz la Red del Camino México con la visita de nuestros hermanos Tomás Yaccino, Roy Soto y Alberto Castro, que compartieron lo que es La Red del Camino y su relación con la Misión Integral en el Reino de Dios. Aunque varios ya habían escuchado de

Por lo que el pasado 1 y 2 de Febrero, la joven Red del Camino México nuevamente ofreció un espacio en un lugar fuera de la ciudad de México para reunir a líderes y pastores de Iglesia. El objetivo fue renovar amistades, compartir testimonios prácticos y sumergirnos profundamente en las Escrituras. Vimos a una red joven que se compone de amigos que están abiertos, que quieren aprender el uno del otro en la reciprocidad y como practicantes que escuchan. Cada uno reconoce el trabajo del otro, en sus diferentes ministerios, pero están atentos a asimilar sus experiencias. Esto permite que cada uno muestre su interés en profundizar en la amistad, es algo que surge de manera natural. En esta ocasión nos acompaño nuestro querido amigo Edesio Sánchez Cetina que en su forma única como teólogo y pastor, nos desafió a ver la misión de Dios a través de los ojos del Pentateuco. La conversación fue enriquecedora en el estudio bíblico. Resaltamos que la Misión

ambas expresiones, no sabían exactamente de qué se trataban. Una vez que compartieron sus experiencias prácticas de muchos años y con bases teológicas, clarificaron de una forma sencilla y apasionada su razón de ser y enseguida despertó mucho interés, porque la mayoría de nuestros hermanos tenían muy arraigado la doctrina de la salvación y no entendían bien lo que era la Misión Integral en el reino de Dios. Esto motivó a seguir profundizando en esta forma de vivir el evangelio y en reconocer que Dios nos abre un mundo de posibilidades para participar en su Misión. Vimos la misión como la restauración de todas las cosas, que la Red del Camino es un medio de conexión entre "locos" del Reino que experimentan una vida práctica de acción y que inspiran a otros a trabajar en los que otros dicen que no se puede, intercambiar recursos o experiencias, profundizar en las Escrituras; pero sobre todo ¡construir amistades y comer rico! Como resultado de este primer encuentro nuestros hermanos propusieron tener

de Dios se conoce al escuchar su voz. Vimos que la misión de Dios es una obra maestra de la igualdad. Las mujeres y los hombres están en las mismas condiciones y tienen las mismas oportunidades en el reino, nadie está arriba del otro. Debemos romper los patrones de violencia en todas sus manifestaciones vistos en Caín y Lamec, e intencionalmente elegir el camino del shalom (justicia, bienestar, prosperidad, respeto mutuo, y plenitud), elegir la vida en lugar de la muerte. La Misión Integral no existe si marginamos a nuestros hermanos más vulnerables de nuestra comunidad, de la sociedad y de nuestro país. Si no te ocupas y cuidas de ellos, como el caso de la muerte de

Abel por su hermano Caín, fracturas la relación con Dios y con su misión. En este sentido, Edesio nos invitó a saturarnos en el amor de Dios, día tras día, con cada acción que hagamos en nuestra vida, y a profundizar en nuestra relación con Él e integrando a nuestras familias al estudio de las Escrituras, a enfatizar la importancia de que familias evangelicen a familias, y que la palabra de Dios siempre esté presente en la vida de nuestros hijos. Por último nos recordó que debemos siempre estar atrás de Dios, ser anónimos en su Reino, para darle la gloria que es de Él. En el devocional del día, Jorge Ortega nos compartió acerca de lo gratificante que es saber que el Reino de Dios está cerca, que está disponible para todos. El Reino es como el aire, que no lo vemos pero lo sentimos, no importa en que lugar nos encontremos pero está a nuestro lado. ¡Qué maravilloso es saber eso! Pero también es cierto que Jesús vino a que su Reino fuera visible, pues no solamente predicaba "Arrepiéntanse que el Reino de Dios está cerca", sino que nos enseñó cómo vivirlo: sanando enfermedades, alimentando a los pobres, sintió compasión por los necesitados, etc. Esto nos enseña que si en la predicación no hay acción, de nada sirve llevar las buenas nuevas. Las dinámicas propuestas por nuestro amigo James nos permitieron interactuar y retroalimentar al grupo. Repensamos las enseñanzas recibidas, sacamos de nuestros corazones sentimientos espontáneos de gran valor, así como también, interactuamos con grupos más pequeños que nos ayudaron a conocer mejor a cada unos de nuestros hermanos y amigos. Estas dinámicas fueron de importancia para profundizar en la amistad a partir de conocer más de nuestras vidas, compartir momentos tan tiernos de oración y hermanarnos. Nos bendecimos mutuamente con palabras de fortaleza y afecto, con palabras de gratitud y admiración por las vidas de siervo entre nosotros. No estamos solos, tenemos amigos que buscan amar a Dios con todo lo que son (lo que vimos en la oración antigua del shemá), y estamos aprendiendo lo que es amar al prójimo como a uno mismo. Sin duda algo distintivo de la Red del Camino es compartir la mesa con comida deliciosa y amistades cálidas. Esta vez no fue la excepción, y fue al estilo mexicano: rica cochinita pibil, tamales oaxaqueños hechos en casa y en el cierre de la reunión de la red, la obligatoria carne asada con arrachera de nuestro querido Monterrey, dándole unos matices de risa y compartiendo testimonios. Fueron momentos que valoramos de lo que es la Red del Camino. Creemos que lo único que sabemos a un nivel profundo y verdadero son las cosas que hemos experimentado personalmente, y esto es lo que estamos compartiendo en comunidad. Una comunidad hermosa del Reino de Dios. Al reencontrarnos con nuestros amigos de la red mexicana, nos hizo recordar las palabras de Frank Laubach en su libro, Cartas de un místico moderno: "Me siento simplemente llevado a través de cada hora, haciendo mi parte en un plan que está más allá de mi mismo. Este sentido de cooperación con Dios en las cosas pequeñas es lo que me asombra..." Así que lo que percibimos de esta red joven es que estamos viendo la combinación de confianza tranquila, la certeza de que somos bendecidos, y estamos experimentando la generación de la humildad, sabiendo que es un privilegio no merecido de participar en este gran Reino de los cielos, lo cual está siempre cerca, siempre viva, y siempre disponible a cada ser humano.

James Henderson y Jorge Ortega Coordinadores Red del Camino México

Red del Camino Nicaragua
Nuestros amigos y conectores de la naciente Red del Camino Nicaragua, Douglas Valerio de Jinotepe y Julio Ruiz de Rivas, coordinaron con los hermanos de la RdC Costa Rica, especialmente con Alberto Castro, la realización de una reunión con pastores y otros siervos provenientes de tres comunidades incluyendo el Rosario, Jotepe y Rivas. La reunión se realizó durante el mes de Febrero. El pastor Alberto Castro viajó a Nicaragua con un líder juvenil de su iglesia, Arturo Piedra, y juntos compartieron un tiempo de reflexiones bíblicas sobre la Misión Integral, los roles y las prácticas de la iglesia en la misión redentora de Dios, conjuntamente con siervos de la red emergente nicaragüense. El tiempo compartido fue de mucha bendición. Cerca de doscientas cincuenta personas participaron de esta reunión. Se han generado grandes expectativas referentes a la consolidación de esta red. Estemos orando para que Dios siga guiando los procesos como red.

Red del Camino Perú
La Red del Camino Perú sigue dando sus pasos en el proceso de consolidación como red. En el mes de Febrero pastores y siervos de varias congregaciones evangélicas de Lima nos reunimos en las instalaciones de la Asociación Proyecto Kairós. En esta oportunidad nos estuvo visitando el pastor Juan José Barreda Toscano de la RdC Argentina quien nos trajo una reflexión en torno al tema de “Amor al prójimo o asistencialismo” en la que hablamos de la profundidad e implicancias salvadoras que trae el mandamiento de amar al prójimo, sus implicancias en las relaciones de poder entre las personas y grupos sociales, así como también, la importancia de buscar en la lealtad a Dios el criterio para orientar nuestras vidas. Estas reflexiones estuvieron contrapuestas a las prácticas asistencialistas con las que tanto gobiernos nacionales como las mismas iglesias en sus perspectivas pueden estar contribuyendo negativamente a la solución profunda y real a los grande problemas que sufre la población latinoamericana. de misión integral han desarrollado. La charla fue intensa y en un lindo espíritu de amistad y testimonio. Nuestra próxima reunión será en Mayo. Estén orando por los pasos que vamos dando en el Señor.

Tomás Yaccino Conector Continental

Roberto Flores RdC Perú

Visítanos:
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La Red del Camino

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