ela Inédita 2008

El vuelo del imprudente
M. Mat.
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2008

El aleteo de la sensibilidad sin opción es eterno.
Michael Zelop.

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Un ruido de más no debía inquietar a un personaje de su edad; pero Octavio Palacios
le tenía desconfianza a las maravillas construidas en lugares prohibidos y dirigió el oído hacia las ventanas y los ojos se le fueron llenando de flores y el alma de suplicios. Eran
las ocho y domingo. Su mujer se puso de rodillas en la cama, corrió la esquina derecha de la cortina y, al ver a los extraños manipulando los aparatos, le preguntó: –¿Buscarán algún tesoro o irán a reconstruir la ruina? Octavio Palacios, saltó a la ventana y, fingiendo calma, dijo: –Están simulando un estudio de suelos. –Debía ser una casa de fábula. –Un amigo de historia dice que era una iglesia y un antropólogo afirma que un templo indígena. –Y ahora no hay sino ratas, ¡cómo dejan desaparecer una reliquia… Gina Teresa interrumpió la exclamación y con el codo le dijo a Octavio, levanta la cabeza, y en los edificios vecinos caras sorprendidas miraban los aparatos en la mitad de la escuadra vacía. Era el único punto sin construir en el sector y nunca se podría hacer, ahí, nada distinto a revivir, en medio de grandes jardines, las ruinas de la casa de una importancia esencial para la memoria de los bogotanos. Como un párpado triste las cortinas se fueron cerrando y, una a una, las caras largas fueron desapareciendo. Sólo quedó un viejo con su pipa en los labios temblorosos. –Ese vacío produce angustia –dijo ella–, ojalá hicieran un Parque. –No creo, estamos a una cuadra del Parque más importante del país. –Pero a nadie le sobra la belleza.

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Dijo Gina Teresa y, mirando la falta de viveza de los lentes de contacto de Octavio, agregó: –Durante el día los ventaneros saldrían a mirar cerca y no gastarían la vista mirando lejos, ¿cierto, Charles?, mi perrito del alma. –Son del Inser o de la Javeriana. A los profesores no nos gusta llevar a los estudiantes a prácticas en lugares apartados. ¡Es peligroso! Octavio Palacios lo dijo como si fuera el maestro de prestigio que Gina Teresa se inventó cuando llegaron a El Prado y descubrió la autoestima de cristal bruñido de los habitantes del sector. Ella le dirigió una mirada de aprobación y divertida se palpó el vientre en vía de ser sometido a tratamiento de embarazo, o de adelgazamiento, si lo consideraba pertinente la Clínica Crear, a decir verdad, clandestina; pero de inmensa reputación. Radiante se movía en el apartamento y en silencio celebraba haberle comprado tres vestidos y una sudadera de profesor. El escudo de la sudadera era portentoso y difícil de leer, y lograba avergonzar a quienes no lo entendían; y, a través de ello, la pareja buscaba obtener el respeto que aseo y vigilancia le prodigaba a la amplia gama de residentes. Llegó la tarde y en la escuadra de terreno el trabajo se intensificó y, siguiendo el ascenso mental de su esposa, Octavio Palacios le dijo, ¿sabes?, van a sacar petróleo. Gina Teresa volteó el cuerpo; pero no quería dañar la noche del domingo y amistosa le comentó: –¿Ya te conté? ¡Ah, no! La semana pasada trasladaron a un gerente alemán a Brasil y encargaron a un colombiano. Puede ser mejor. A los europeos les sobra seriedad y dicen que nuestras bromas siempre ofenden y nunca hacen reír. Octavio se sonrojó y Gina continuó: –Lo comentamos cuando empezamos a cruzarnos en la portería con los extranjeros que viven aquí, ¿no recuerdas?

La tierra la iban empacando en largas bolsas de plástico de dos pulgadas de grosor. Gina le había hecho la observación y él se propuso demostrarle lo contrario. Los pensamientos de Octavio le brotaban encima de las cejas y ella no lograba combinar tres posibilidades de blusa. practicaba y sus bromas le hacían reír. –Van a hacer un parqueadero elevado. pero cuando las decía lejos del espejo le resultaban chistes de mesa sin sal y se ponía a ofrecerle excusas al perro. La esposa continuó alistando la ropa del lunes. Gina tenía razón: El humor era de tradiciones civilizadas. Desempacaron lámparas y linternas y las pusieron a una distancia prudente de un termo grande de tinto. Octavio le pidió disculpas y tartamudo le habló acerca de la alteración de la tranquilidad en pleno domingo. El jefe de los operarios las señalaba con un marcador de tinta roja y las registraba en una libreta electrónica. –¡Y nosotros sin carro.5 Octavio Palacios regresó a los primeros días en El Prado. Colgó a medias el citófono. –¿Qué pasó? –en voz alta le preguntó Gina y se dirigió a la sala. Y aprovechaba la ausencia de ojos humanos a lo largo del día. mirándose en el espejo. cerraba las cortinas y. Octavio Palacios pasó de los dominios de la curiosidad a las alarmas del temor. Los vecinos se acabaron de enervar cuando a las seis de la tarde llegaron cuatro personas a sustituir a las seis que habían trabajado durante el día. Los obreros seguían extrayendo agua y tierra. y la sequedad de la respuesta le señaló al imprudente su posición en el edificio. se sentó a respirar sed y el perro saltó a lamerle la cara. avanzó al comedor. El vigilante le interrumpió la pregunta y le confirmó la ausencia del administrador los fines de semana. tomó uno de los cinco esqueletos negro matador. cómo te parece! . al azar. Los nervios lo impulsaron a tomar el citófono. Las tiró a un cajón y.

aumentarle el estrés y eliminarle las posibilidades de obtener el embarazo. televisión y telefonía celular. y en la altura escarpada emergía un tono negruzco y. la sonrisa injustificada de Octavio Palacios. . a medida que descendía. y anheló que no se tornara cómplice de la maldad. pero en su alma dio los primeros pasos una alimaña adicta a la semilla de los sueños y a la savia de plantas a punto de fallecer. Sintió en la piel deslizarse una caricia de hojas. ceremoniosa. sin embargo. –No podré vivir en ninguna otra parte del mundo. –¿Y nos tapará la vista? Octavio Palacios recordó los temores incubados desde antes de nacer. se deslizaba hacia la garganta. En el oriente la cordillera se semejaba a una larga línea de emes hechas por un niño y en sus dimensiones desiguales titilaba una franja de árboles encorvados y peñascos desnudos. En el rojizo occidente aleteaba una bella tarde y en el norte los aviones se balaceaban como peces aéreos. Octavio Palacios añoraba un verde intenso. reversaba y se impulsaba en el esófago y. Se sintió responsable del asesinato de una persona. Ella ignoraba la importancia de ver el infinito para un hombre que vive más en las ventanas que en sí mismo. Levantó la mano como si la belleza le estuviese diciendo adiós y el miedo recurrente lo habitó de nuevo: una diminuta rata despertaba en su vientre. Elevó la mirada y el cielo estaba quieto e indiferente. le aconsejó hablar: –Si la amenaza es cierta. pues vendemos y nos cambiamos. No vio salir ni la sombra del animalejo y sonrió. iba inundando los ojos con un verde opaco y nada fértil. No vio los edificios de la Javeriana ni las soberbias antenas de radio. La presencia del animalejo le podía causar un espasmo a Gina Teresa. La despedida del sol en los eucaliptos del Parque le multiplicó la melancolía. aún no concebida.6 –Y el propietario es un enigma. y apretó los dientes. escalaba lenta.

Apoyó una mano en la pared y se iba inclinado sobre sus rodillas cansadas. en esta habría podido clasificar en el treinta por ciento que era algo. aún no concebido. ¿por qué no? ¿Acaso una inteligencia sobrenatural había programado al hombre más notable del siglo? Octavio Palacios leía los movimientos desconsolados de Gina e iba perdiendo fuerzas. por parte de ella nadie había instigado el castigo. había podido ser una figura del país. ahora. le dijo–: no por mí. pero de manera especial de cara al pequeño apartamento que ellos habían comprado un año atrás. la del viejo amante. sino la esposa y el hijo. Pensó en los seres que habían precedido la existencia de ella. –El estrato lo bajaron de cinco a tres cuando llegamos –a media voz. No había otra posibilidad. ¡no!. como pensábamos. Alguna de las criaturas que había sido.7 Gina Teresa creía en la transmutación de las culpas y se preguntó por qué su esposo sólo podía pagar la condena de vivir la vejez en El Prado. Gina Teresa Arboleda imaginó el mal genio de los residentes si por segunda vez llegaban a descubrir la responsabilidad de Octavio Palacios. y el destino de Octavio era llevar la mala suerte enredada en los pies e hizo el amague de amputárselos. sino para poder construir el parqueadero elevado. Si en vidas pasadas hubiese sido un buen ciudadano. ¿Pero Octavio? No descollar entre hermanos y amigos ya era vivir pagando los errores cometidos en vidas anteriores. Puso en la balanza su alma. Descifró la verdad oculta . la de la familia. ¡uno de los 44 propietarios del mundo!. Lo miró con ojos de porcelana aburrida. habría padecido la muerte a medias y no intensamente y. pues ya habían pasado cuarenta años sin poder construir nada en esa escuadra vacía. no sólo él expiaba la falta. Su presencia en el sector había influido en el descenso del estrato y la consecuencia era la construcción de un parqueadero de quién sabe cuántos niveles. antes de ser Octavio Palacios. ni siquiera Charles Chan podía haber sido un detestable individuo antes de haber aparecido en la tierra en forma de perro. incrustada en la manzana de los edificios más altos del Parque Nacional.

El destino mío es el desplazamiento permanente. pero como si estuviese hablando solo. sin entender la forma de mover los pies entre autos y multitudes. aún sueño con ratas y saber que en el campo apenas se veían ratoncillos. llegamos a Bogotá sin saber donde quedaba. le dijo: –Nunca he hecho nada distinto a cumplir el papel de vivir como ha querido la intolerancia de los… –Ya lo sé. Despertó levantando el mundo y nosotros éramos chiquillos menores de seis años y gritábamos y mi madre estaba lavando ropas y llegaba tarde. Gina hizo el amague de taparle la boca. se dijo. ¿por qué a mis 61 años vienen a desplazarme otra vez? Si debía algo por haber vivido este siglo. preciso. Empezamos a correr y los ecos del llanto rompían la inmensidad de la sábana y unos operarios de la línea del tren vinieron a ayudarnos. ya lo pagué. Mis padres fueron desterrados. El conocía las creencias de Gina Teresa y. –¡Cómo! –ella exclamó. pero el animal ya había corrido al río de aguas negras. como si debiera ponerle punto final a su delito de alma. allá donde se originan las desilusiones. Mis padres estaban pagando la muerte con la vida y para nosotros el sufrimiento era igual que la niñez. ahora que estábamos acomodando nuestro paraíso para vivir el resto de la vida.8 en las disculpas de Octavio y. no quiero oír tus groserías –Y si mis antepasados debieron algo. –Mi primera hermana no quería volver a hablar y a la tercera una rata le mordió un pie. y el castigo viene. debí pagarlo con el castigo de jamás haber podido desempeñarme como profesor. él continuó: –Cuando aún no pronunciaba las primeras palabras fui expulsado de la parcela donde nací y ahora está integrada a una de las once maravillas de los cuatro guerreros del país. ¡y es lo único que amo! .

Octavio agachó la mirada y. y la mayoría reclama la ruina por aparentar sabiduría. tu ruina por recobrar es la niñez! Esa es la desventaja de ser cultos. ella retomó él hilo: –¿Por qué no me lo habías detallado? –Son experiencias que nadie desea oír. en… –De cualquier manera. –Pero… –Y la llaman presunta para protegerla de la envidia –giró en su propia gordura y continúo–: Ahora son más agradables los garajes que los apartamentos. –Deben saber algo. o no los llamarían doctores. –¿O sea que guardas muchos secretos? –Bueno. se aferrán a nimiedades. –Entonces. tienes la misma nostalgia de los que quieren reconstruir unas ruinas que ni siquiera se ven. de gustos refinados y con dinero y tecnología construirán en un picar de ojos. hábil. La construcción será moderna y puede regresar el sector al estrato original. Los autos son símbolo de poder en el presente y serán un hecho estético en el futuro. a ti ni siquiera la vigilancia te ve. ya estás en plena madurez para ejercer la apariencia con sinceridad. –No veo relación. no te lamentes –le dijo Gina–. –¡Obvio. querido. el parqueadero es Uno–A y casi todos son último… .9 –No importa el pasado –le dijo Gina–. viera cómo se ven los carros de R & R. La gente dedicada a negocios enigmáticos es de clase. aquí vivió la madre de monseñor Trujillo cuando le faltaba poco para morir. –Claro. querida. –Ser invisible sí es una ventaja. nos dijeron en el seminario de este mes.

10 –¿Los de los jefes? –¡Cómo ignoramos a Charles. Don José Farfán está de gerente y nos prohibió tomar tinto y tirar pájaros por la ventana. ¿vas a morir sin aprender a ser serio? Conocerte a ti es la peor desgracia que le puede pasar a una mujer. se expandía en las profundidades y las vibraciones rebotaban en todas las direcciones y. –Pienso en los daños de la construcción –mirando la escuadra violentada. en cambio. Quedó espectacular y la llaman . en todos los casos han resultado múltiples. La palabra lujo removió el vientre de Gina Teresa. Si puede perjudicar la gestación de nuestro hijo. ella era una candidata a padecerlo desde cuando la empresa elevó el lujo a la categoría de castigo. –Perdóname –arrepentida de su altanería. –¡Pero si aún no has comenzado el tratamiento! –Oye. tal vez percibo el porvenir y pierdo el equilibrio. El sudor le cubrió la palidez. mi perrito. sin pasar por el oído. como va a ser el mío. –Sobre todo si son psicológicos. estremecían las fibras intocables de los cuerpos vivientes. incluso a ti si el parqueadero es de un lujo impresionante. ¡nunca vuelvas a mirar mis brasieres. dijo Octavio. Los embarazos no naturales. dijo Gina–. No sé qué me pasa. estoy pensando si llegan a ser gemelos –volteándose hacia él. Y si cometemos un error no le temblará la mano para castigarnos –se golpeó la frente–. Ordenó remodelar una parte del segundo piso. o piensas que no te he visto? –¡Perdóname. Octavio desconocía los rigores del lujo y. dijo Octavio–. –Tonto –lo miró ofendida–. –Ojalá terminen antes que nazca el bebé. querida! –sonrojándose. ven mi bebé! El ruido de los aparatos se hundía en las entrañas de la tierra. dijo Gina–.

Y a esa oficina el señor Farfán envía a los ineptos a padecer el lujo. la nueva familia es la que vive bajo el mismo techo sin importar la especie. Pero el ruido de afuera los regresó a la condición de pareja y los llevó de nuevo a la ventana. Sonrió. –¿En esta época el lujo compendia las siete plagas? –Esa posibilidad me persigue todo el día y salgo desesperada y llegó a explotar aquí –Gina reafirmó la voz–. sin saberlo. la Clínica la apoyaba. como el cuello de una paloma. Se vio nueve meses después y sintió la cintura ágil. Sería una ofensa pública y un goce íntimo. ¿no? Lo decía con mímica e imaginaba las ventajas de no ser madre jamás. Su espíritu era tan poderoso como el de una divinidad en plena juventud. Como si el embarazo psicológico empezara a poblar las regiones inéditas de su imaginación. . Cada semana el feto le disminuiría la obesidad que le venía arruinando la alegría desde el día que conoció a Octavio Palacios y de pasó cumplió 35 años. sintió en sus entrañas los primeros pasos de un misterio. La mente de Gina Teresa Arboleda trazaba estrategias de alto vuelo y.11 la oficina de gente exclusiva. Sería como haber tirado a un hijo. Pues ya casi terminaban de pagar las cuotas e iniciar el tratamiento dependía de un secreto científico de la Clínica Crear. Anteayer pensé tirar a mi bebé por el shut y tú sabes cuánto amo mi perrito.

Pagó el pasaje de novecientos pesos con un billete de 20 mil y se sentó a reflexionar. El chofer era gordo y la miraba por el espejo y encima del billete de Gina iba poniendo los pasajes de los pasajeros. Puso vallenatos a alto volumen y empezó a conducir como si librara una competencia en una rampa de piedras. Cruzó la portería eludiendo la mirada quieta de la vigilancia y dispuesta a desahogarse abrió la puerta y en el 206 encontró la felicidad en plena efervescencia. El perro no se veía y Octavio gritaba: –Mi amor. La puerta se cerró y. Gina Teresa decidió sincerarse y el recorrido de 45 minutos se le fue ensayando dramas y en el Parque Nacional debió bajarse de afán. A lo largo de los sonoros pasillos se desplazaba como huyendo en una catacumba y los pelos le apuntaban a la imagen de jefes y compañeros. Sudando de emoción el perro corría y ladraba y saltaba y aparecía y desaparecía debajo de las sillas y saltaba al comedor y el viejo fingía alcanzarlo y encenderlo a latigazos con la correa . pero la buseta despegó como un cohete y ella entendió que el gordiflón no le había estado admirando el escote a través del espejo.12 La ansiedad de la esclava que debió ser en las vidas pasadas. retrocedían o le cedían el paso. expulsó a Gina Teresa del trabajo. El culpable de los descalabros del día era el pesimismo de Octavio Palacios. Pisaba las aguas detenidas en los andenes y los transeúntes la esquivaban. Suspiró y le pareció justo que algún gobernante le prohibiera reproducirse a las personas alérgicas a la buena suerte. mi vida. y ella sentía a su alrededor la oscuridad y el espanto de épocas prehistóricas. sólo entonces. a las siete. Se alisó la cabellera y aligeró el paso. sé que dentro de diez años cometerás un error y. como estaré volando. ven te castigo de una vez. Gina intentó reclamar las vueltas.

Dios mío. pero para la criatura es una maldición. –Se nos está pasando el tiempo. Se encontraban en la mitad de la sala y perro y viejo se abrazaban y rodaban como niños en ausencia de la mamá. . No entiendo cómo una criatura puede querer a unos padres que desde el nacimiento la castigan sin consideración. –Para el fanatismo.13 que lo sacaba a las tierras onduladas de la parte alta del Parque. La escena suavizó los espíritus antiguos alborotados dentro de Gina Teresa y debió tomar parte en el recreo y sino jamás habría sido advertida. Muriendo de dolor el bebé se agarra a los padres. –Tener un hijo es una bendición. Octavio sujetó a Charles Chan entre los brazos y se puso de pie. la naturaleza del hombre es muy extraña – reflexionó Octavio–. –A los niños les ponen vacunas. los mandan a escuelas de juego. ahogado. a los mismos que los guían hasta ponerlos en caminos tan rectos que ni siquiera se pueden salvar cayendo en un abismo. a los mismos que les enseñan a respirar mal y a ver peor. –¡Y con tantos gastos! –Es algo superior y debemos pensar con sentimiento de humanidad. Las vacunas son espadas en un cuerpo inocente y las enfermeras las clavan como en cemento endurecido. Tener un hijo es el error capital. –Si lo hubiésemos buscado a los veinte sería aceptable –le respondió Octavio–. les hunden cinco centímetros. –De pesimista pasaste a loco. ¿pero buscar un embarazo a nuestra edad? –En esta época es lo natural –le contradijo Gina–. le dijo–: quisiera no ser padre. –Tomó aire–. los vuelven adictos al dulce y a la sal. la iglesia también lo acepta. –¿Sabes? –antes de responderle el buenas noches.

Yo seré incapaz de limpiar la cola del bebé. Y cuando todas las puertas estaban abiertas para el desarrollo de las apariencias. El semblante de Octavio iba a desviar la discusión. dijo Octavio–. –Deberías agradecerles. –Y la lloradera a media noche –dijo ella y. –¿Entonces de qué nos sirve pagar en la Clínica y rezar en la iglesia? –Es un desperdicio espiritual. levantó la voz–. Octavio Palacios se estaba adaptando al mundo inexistente que lo había despedido argumentando la deserción de alumnos.14 –A los religiosos les gusta que nazcan niños para que los ejércitos tengan a quien matar – Octavio levantó la voz. económico y científico cuando dentro y fuera de la misma Clínica venden bebés. pagaremos una muchacha si consigo una cátedra en alguna de las subsidiarias de las universidades extranjeras. Emocionada le envió un beso y olvidó culparle las vergüenzas del día y la perdida de las vueltas del billete de veinte mil. –No te preocupes –optimista. . porque te permiten descansar de no hacer nada. Gina Teresa sintió la felicidad dentro de los oídos. Sucesivas aspiraciones insatisfechas le infundían a Octavio la esperanza de dictar clases algún día. pero ella terció: –La crianza es difícil. es para lanzarlos por la ventana. tirando la pañoleta en el sofá. además. súmale las dificultades para criar con un parqueadero encima. eso era propio de un hombre con capacidades para vivir en armonía con los hábitos de la mayoría. –¿Por qué te volviste así desde que iniciaron la construcción? –Ah –aprovechó Octavio para descargar sus angustias–. –A mí también me aburren los olores a niño.

y en voz baja y desplegando los ojos exclamó. Esta mañana en la entrada me detuvo Nana de Aguirre.15 Charles Chan comenzó a señalar el baño y los dos gritaron: ¡yo. los dos se peleaban la bolsa y lo acompañaban desde la puerta. ¡se gana cuatro loterías al . Nada es fortuito. Ella se imaginó viviendo en las vidas pasadas y le era imposible hacer popó de manera decente. Se tranquilizó de dejar la animalidad y conciliadora dijo: –Con los perritos la sociedad hace lo mismo. le temen a los horrores de la construcción. para! ¿Sabes? –ella le interrumpió–. le dice bebé –cambió el rostro de ternura y agregó–: No sé. el espíritu y la materia están en armonía –mirándola el imprudente reflexionó–. –Dejan el apartamento propio y se van a pagar arriendo. yo! Y mientras el perro descansaba del cuerpo. Mis abuelos habrían sido incapaces de sentarse en una taza de porcelana. Venía de dejar al marido en el bus. en Tokio es un gas del emperador y una onda especulativa en Nueva York y una explosión social en… –¡Ya. Bajamos a la plazoleta y me dijo que el presunto dueño era un hombre de suerte. ¿Cómo así?. –Lo vas a traumatizar –ella agrandó los ojos y gritó–: La estructura del perro no está diseñada para sentarse como un niño. –Voy a enseñarle a sentarse en la taza. –Todo se aprende –replicó Octavio–. pero es la pareja que a media noche se golpea y la vez pasada los gritos de ella rompieron el vidrio. Se miraron condolidos. le dije. –Todos los elementos del tiempo. –Lo recuerdo perfectamente. En cada reencarnación iba mejorando y escuchó su risa victoriosa el día que aprendió sentarse en una taza menos salvaje. un suspiro acá. Ella le inspeccionó la cola y Charles Chan le lamió la cara.

No se podía desperdiciar la vida en chistes y sólo se debían decir cosas importantes y bien moduladas. no trabaja y desde cuando se graduó los vigilantes corren a ayudarla. pero desde que te conocí cada día me engordo más –suspiró–. –¿Ese sería el secreto científico? –Es posible. la consideran embarazada. –A propósito –optimista. –Lo importante es sentirnos bien –dijo ella–. Las buenas relaciones de su esposa le recordaron a Octavio Palacios el lugar donde estaban viviendo. Si tomamos el tratamiento de embarazo y de adelgazamiento a la vez. tendremos que agregarle el costo del adelgazamiento. me puso el dedo aquí y me dijo duro. La Clínica me envió un imeil con una excelente promoción. y evitar el negativismo subliminal de las palabras que contienen la sílaba NO y. La medicina va de la mano con la estética. pronunciar la palabra NO. . Aprovechamos o en unos años las copas de mis brasieres no cabrán en el apartamento. imitando la imagen que todavía no lograba proyectar. –Imagíname al otro día del embarazo. jamás.16 mes! Y cómo si le temiera a alguien. qué afortunada eres tú con ese profesor! –¿Dónde se doctoró? –Imagínate –exclamó–. nos descuentan el 20 por ciento. –No se equivocó la señora –Octavio giró hacia Gina e. le dijo–: Todas las mujeres del sector son delgadas y cualquiera que no lo sea. Nana debió repetir un curso de computadores en el Sena. Siempre he soñado un buen cuerpo. dijo Gina–. –Deja de picar golosinas y cero harinas en la empresa. ¿y cuántos bebés van a ser. –Pero a las cuotas que debemos del embarazo.

se adentraría en la colectividad. y las nuevas obras estaban reduciendo a… El teléfono sonó como una alarma enferma y.17 Octavio la miró. en silencio. –La psicóloga de La Clínica. de lo contrario. además. cada siglo. algún aspirante a santo veía asomar una luz de sangre pidiendo apagarse en la tierra para irse a iluminar el cielo. inocentes como vuelos de moscas infantiles alrededor del popó. Imaginó los poderes ocultos del hombre que se ganaba cuatro loterías al mes y miró el armatoste de madera en que el personal del edificio intruso guardaría las herramientas y los overoles. Se estremeció. –¿Tan rápido evoluciona la ciencia sicológica? –El pasado en la posadera izquierda y el futuro en la derecha. La expansión de muros había exterminado numerosas especies de flora y fauna y era imposible encontrar una comunidad de las poblaciones aborígenes. y las obras majestuosas reflejaban gestas heroicas y escondían verdades inexplicables. El imeil de la Clínica y la alegría de Gina Teresa no le hicieron olvidar a Octavio los malestares de la construcción. El desarrollo degradante de las ciudades privilegiaba la ostentación de la arquitectura sobre las esperanzas humanas. La gente de poder era autora de obras majestuosas. Octavio Palacios dejaría los desastres de Bogotá. pasaría a la familia y terminaría evocando sus aventuras. Y Bogotá no escapaba a ese lío. Los enormes puentes arruinaban manzanas enteras. Enriquecía la ruidosa experiencia del día con lecturas remotas. asegura que la vida entera de un ser se pude leer perfectamente en las posaderas. Su vida estaba hecha de pequeñas mutaciones desde la expulsión . Gina Teresa le agradeció. En los últimos 40 años habían convertido en cloacas 93 quebradas y en la década actual la contaminación de 2 millones de carros le impedía respirar a ocho millones de humanos. Ella le estimulaba la sensibilidad y Octavio iba desenredando la lengua. En el fondo de las murallas gemían almas atrapadas y.

donde habría podido sobrevivir como lo ha acostumbrado el campesino. El vigor. amén de la fiesta que ocurriría en los balances de pensiones y seguros. desde su llegada a Colombia. señor –con la importancia de una secretaria dijo Gina–.18 del primer paraíso. la disciplina y el respeto a la palabra corrían por sus venas. le concedían una aureola tan sublime como seductora. Octavio le decía: –¿Ahora si comprendes por qué todos los inventos marchan en contravía de la tranquilidad? –Un momento. Era el líder Abel Merani y vivía en el quinto piso de San Sebastián desde hacía 37 años y hasta los árboles lo admiraban. El teléfono volvió a sonar y Octavio lo llamó cómplice de los inoportunos y Gina Teresa le festejó su imperial importancia y corrió a contestar. como en sueños. antes del nacimiento del presidente que hoy nos gobierna. La seriedad profesional. a los dos años de edad. los intelectuales de su muerte quedarían sin complejos de culpa. Gina Teresa palideció y Octavio retomó la palabra. ya le paso al profesor Palacios. la justicia la consideraría como un acto de clemencia con un ser detenido en la vejez. la profesión de arquitecto. los saltos de la escuela al colegio y del colegio a la universidad y de la universidad al subempleo. Y la construcción intrusa le otorgó el privilegio de representar a los edificios inconformes. . a decir verdad. cuyas tierras no le han sido arrebatadas. seguiría describiendo la niñez. Ahora se quedaría hablando dormido y a la madrugada ella debería despertarlo de una pesadilla en que el vejete gritaría ¡madre mía! Y. Mientras ella avanzaba hacia el aparatejo. y parte de sus 89 años dedicados a servirse científicamente del I Ichin. El teléfono calló. la suma de sus hazañas ni siquiera alcanzaba la condición de la melancolía. La procedencia chilena. Al asumir el reto le dijo a los Consejos de Administración que si moría defendiendo los derechos de la vecindad. el optimismo y la lucidez lo venían acompañando. y.

el arquitecto Abel Merani le agradeció a los Consejos de Administración la confianza depositada en él. donde ejemplares de la masculinidad podrían sentir dentro de las tangas los billetes que les deslizarían las delicadas manos de mujeres de solvencia moral. se había comprometido a conseguirle una pista del presunto dueño. El 13 tendría un teatro llamado Séptimo Cielo. decente y de aspiraciones. rodeado de jardines en forma de estrella. claro. se llama Park & Diversión! No señalaba sótanos y en el terreno ya estaban haciendo excavaciones y la tierra removida expelía olores prehistóricos. Un funcionario de la Curaduría 12 le había facilitado una copia de los planos y. en secreto les avisaba los primeros descubrimientos. profesor. de manera especial. ricas en capital y avanzadas en ideas. Y el líder. Y el catorce y el quince no aparecían. Los primeros nueve pisos serían garajes. a los edificios les agregaban dos niveles en la terraza y tres en los sótanos y les daban usos insólitos. sonrientes. El tenía 70 años de experiencia en arquitectura y había estudiado línea a línea y curva a curva las genialidades de la nueva ola de diseñadores y. por diez mil pesos. La licencia estaba en estudio y el capcioso diseño debía ser de abogados y expertos en diversión. sin darle crédito a Dios. se acercaron a ofrecerle sus respetos y él les pidió los teléfonos de las víctimas sobresalientes de la obra y. En el décimo funcionaría una gran sala de negocios. el administrador de El Prado le recomendó llamar a Octavio Palacios. normalmente. En el once habría numerosas suites para lunas de miel. ¡Ah. El Piso XII se construiría y no se le daría ningún uso debido a la mentalidad del dueño y su temor a la ideología revoltosa de los 12 apóstoles. gente profesional. y no de arquitectos e ingenieros. pero en Bogotá. ¿profesor te acabó de decir tu secretaria.19 El viernes anterior a las once de la noche. Pero iba a lo esencial. en el siglo XVI construyeron el palacio sobre un templo indígena. Los administradores no pudieron ocultar el alivio y. verdad? . ahora. los infiernos materiales e inmateriales habían venido a incrustarse entre nosotros. al finalizar la asamblea.

él se la transmitía a Octavio Palacios: –Cuidado. claro –Octavio reaccionó positivamente–. en voz baja. . puede ser un inocente testaferro. El arquitecto Merani recordó el motivo de la llamada y continuó: –Será el motel de faranduleros y generales y esos personajes no se sienten realizados sino cometen todo género de violación. es un hombre de suerte. si es cercano a la presidencia. también. Abel Merani pensó hablarle de los primeros avances en contra de Park & Diversión.20 –Sí. Sólo le adelantaba el abrebocas. entonces. nos puede traer suerte! La suerte va donde la fortuna le queda cerca –Abel Merani se aceleró–. la abogada. Y conociendo la ética y la responsabilidad de los profesores expulsados de su cátedra. Antes de haber renunciado a representarlos ante la ley. –Pero son ejemplo. Pero mejor lo haría a través de otra persona. –No creo –le replicó Octavio–. profesor. La abogada había sido vecina y no quería que los insatisfechos con la obra fueran invitados al cielo antes que lo justificara la bronca de Dios. Yo leo el I Ichin de manera científica y abomino la superstición. –Consecuencia del acoso permanente que los medios ejercen sobre el sentido común. les había participado una certeza. –Con justa razón la última encuesta de preferencias masculinas reveló que 90 de cada cien universitarias anhelan una bota en el corazón. digna de tener en cuenta si se deseaba iniciar una reclamación. pero una acción legal está en marcha y ya me reintegrarán. cada mes se gana cuatro loterías. Por eso la prensa me consulta para saber de antemano los fracasos de los presidentes. –¡Qué bueno. El año anterior salí junto al 23 por ciento que permitió la reforma educativa. –¡Lástima que uno lo sepa tan viejo! La referencia a las aspiraciones de las privilegiadas de la sociedad les infundió confianza y.

–Todos los días concéntrate y repite: soy profesor. Partiendo de la voz proyectaban una imagen y. te dirán doctor – describió un círculo en el aire y reflexionó–: En la otra vida nada importa como se vive. Yo le diré a vigilancia y aseo. Octavio se alejó del teléfono y Gina Teresa le estudió el estilo y con entusiasmo él vivía el mundo del magisterio que no había conseguido en 22 intentos. el uno veía avanzar al otro a un encuentro casual. Oportunidades insospechadas vendrían unas tras otras y las víctimas empezarían a hablar . lo importante es como se muere –enfatizó. Los ocho edificios debían buscar un enlace con el afortunado agresor. Y de pie en la realidad. Los servicios añadidos abarcarían desde drogas para olfatos exquisitos hasta la compraventa de hombres y de armas. Ella se sentó a escuchar y Octavio continuó el análisis.21 La despedida fue cálida y los deseos de compartir un café fueron mutuos. pues convertidos los teatros en iglesia se habían mutilado las posibilidades humanas del ser: las iglesias no facilitaban alegría para el alma ni inodoro para el cuerpo. Se puso de pie y cantarina le dijo: –Si sigues así. jamás te vas a delatar. Octavio Palacios recibió de buen modo el cumplido. Cada uno en su apartamento idealizaba la amistad del otro. No se debía desdeñar la fórmula mágica de la aldea universal: aceptar la arbitrariedad externa y negociar sin importar las consecuencias. y si ellos nunca te dicen profesor. pensó en presente. el excelente gesto generaría confianza entre las partes. Octavio sonrió y ella pasó a los consejos. dejó su pasado en remojo y se puso a magnificar el futuro: –Será un acierto si es un sitio de relax. Era preferible un motel. Lo repites un ahora y morirás como profesor. como en espejos enfrentados. A los amantes él les daría un descuento del 50 por ciento para el uso de las suites y en el Séptimo Cielo las mujeres de emociones libres deleitarían el privilegiado corazón.

a escondidas de la nueva esposa. pero el ruido la arrojó de la cama. Estrenó jabones. perece. Ella se quedó analizando la frase con que cerraba la sumatoria de ironías y. Gina Teresa deseó dormirse de nuevo. desodorantes. quiso recordarle la importancia de obrar con seriedad. –¿En vidas pasadas qué errores cometiste? –serena le preguntó. Para amansar la rabia pasó a bañarse. quien no pacta con la corrupción. –Obvio. champús. en persona. lociones. sin enfurecerse. El día en que los medios informaban que era imposible obtener la identidad de presunto dueño. él le aclaró.22 de edificios beneficiados y anhelarían agradecerle. querida –le explicó Octavio–. ¿no lo sabías? Dijo con los labios y con el alma pensaba en la oscuridad que se estaba apoderando de las ventanas. –¿Cómo un desconocido. toallas. perfumes y polvos que. al presunto propietario de Park & Diversión. sin nunca haberle hecho nada nosotros ni nadie del sector viene a castigarnos de manera tan refinada? –Venganza entre los miembros de la sociedad –con tono de profesor. le había enviado de cumpleaños el viejo amante después de haberse enterado que recibiría el lujo como . a las cinco de la maña llegó un nuevo tropel de máquinas e interrumpió la pesadilla de los habitantes del sector. Ella sabía el mensaje oculto en la transparencia de su análisis y le preguntó: –¿Entonces va a ser algo superior a un parqueadero? –Ojalá.

El anciano esperaba ayudarla a adaptarse a tamaña desgracia. Gina cantaba y Octavio Palacios preparaba el té y añoraba los desayunos que habían acostumbrado antes de pasarse a vivir en El Prado. entre sorbo y respiro. ¿cómo liberarlo de la súbita inclinación a la realidad? La falta de condiciones para permanecer en las ventanas. El tono fue otro signo de desconfianza y Gina Teresa le dirigió una mirada de alas piadosas y lamentó haber usado el cupo entero de la tarjeta de crédito para comprarle los tres vestidos y la sudadera. la acabaron de exasperar. lo podían inducir a relacionarse con vecinos desocupados y delatar su verdadera naturaleza.23 castigo. La actitud de Octavio. retrocedió en la memoria y el comportamiento de los últimos días era desolador: El débil de espíritu venía estableciendo tímidos enlaces con personajes de carne y hueso. le vio la triste aureola de un hombre sin ascendencia y la ira le invadió las venas. se refirió a los problemas de la construcción y algunos recursos jurídicos a los que los perjudicados podrían acudir. Octavio le alcanzó la cartera y. . asolapada entre las tardías arrugas. como profesor a punto de pensionarse. Octavio dejó caer una miga fuera del individual y. nervioso. –¿Por qué ignora nuestros propósitos? Lo miró en zigzag y la luz pálida de la barba de 24 horas. analizaban los efectos del ruido y ella le explicaba la importancia de guardar la serenidad. Se sentaron en el pequeño comedor de vidrio ovalado y. Gina proyectó los días venideros y apretó las manos. ahora. estaba en declive. al recibirla. Octavio Palacios la vio radiante y se sonrojó. redimirse de no ser nada y adquirir la apariencia respetuosa de un esposo como lo merecían las aspiraciones de ella. En las oleadas del rubor ella descifró los enigmas del hombre inseguro. definitivamente. El tarao podía volver a ser el miserable de siempre cuando estaba en el mejor ambiente para engañarse con sinceridad y.

sino también sus damas. Los avisos luminosos hacían menos deforme a los pordioseros. ¿y cómo se llama? El domingo hicieron un almuerzo especial en el apartamento y ella soltó el nombre. nacía en el infinito del sur y terminaba en la nada del norte. Octavio pasó del rubor a los nervios y se recargó en la pared de la biblioteca vacía a escuchar los argumentos con que las empresas poderosas tenían la virtud de enseñarle a los mortales qué es la vida. Pero Gina Teresa miró el reloj y. Octavio Palacios intentó acomodarse en la ventana. decidieron comprar el perro. y explicó porqué era un nombre multicultural y lograba abarcar las principales regiones del mundo. le dio a Charles Chan otro beso y a Octavio ni siquiera le hizo el displicente gesto del adiós. La Séptima parecía un puente de estrellas y. Mientras llegaba la mañana del sábado. como lo había hecho desde el día en que ocuparon el 206 y con abrazos. La primera noche salieron a darse una vuelta y la Energía empezaba a recrear figuras navideñas en los árboles del Parque Nacional. para no desentonar.24 –Si en alguna vida hubiese trabajado en una empresa respetable –le dijo– sabrías qué es vivir. mantenido en celoso secreto. si se miraba. ella le buscaba un nombre que despertara admiración cuando alguien les dijera. agregó–: Optimismo y adelante. asustada. A Octavio le pareció bien Charles Chan. Unos estudiantes de institutos y universidades entraban a tabernas y otros se aglutinaban en los buses. . Se emocionaron y. lo declararon su paraíso. Las ventanas daban testimonio de la vida habituada al milagro de la luz artificial. no sólo su carros parecían importados. Y cerrando la puerta. –Para ti soluciones hay –refiriéndose a los problemas de la construcción. Caminaban y el frío de la cordillera se iba tornando en la brisa de un clima tibio y a los edificios entraban hombres de corbata y. besos y saltos. tranquilizaba a la calle y le daba un aspecto inofensivo a las rejas de los bancos. se inclinó hacia el animal y el perro le sonrió con una gracia divina. le dijo.

Pero el estruendo de los motores retorcía el aire y vuelto esquirlas lo tiraba contra millares de oídos. dividido entre la ira insaciable y la serenidad fingida. Afinó el oído y eran armoniosos. tú lo vas a comprobar! Hay que estar a la altura. manera sencilla de decirle a los corazones ávidos de satisfacerse arruinado a los demás: –Construyan sus maravillas de hormigón. yo ya dejé las calamidades que impiden alcanzar la plenitud. Pretendía aislarse del entorno y adentrarse en él hasta convertirse en divinidad de sí mismo. nos decían que el humor era universal y los chistes no. a cambio de niños. Miró la puerta y la superficie plana la convertía en una dimensión carente de gracia para que permitiera la aparición de un milagro. La reiteración avergonzó a Octavio y el trabajo brutal del menjurje de obreros lo humilló. Octavio Palacios entraba en un estado emocional. y lo sacudieron unos golpes. ¡Oye. tuvimos perrito. y aquí viven bastantes extranjeros. y él los escuchaba en sentido opuesto a la real procedencia. Pensativo dejó la ventana y en la sala se puso a practicar ejercicios mentales siguiendo el método de Gina.25 –Perseveramos y perseveramos –dijo Octavio– y gracias a Dios. –Quizá tengan razón –con labios rígidos. Gina Teresa sonrió cortés. argumentó–: en la universidad los profesores. La confianza en su voluntad lo elevaría del lodo humano y podría acceder a un nivel superior de entendimiento. y consideró que la firma constructora debía ser la máxima expresión de la seriedad empresarial. Giró alrededor de la mesa de . pero le dijo que esos fríos gerentes de R & R no entendían los chistes y jamás se les veía una sonrisa fortuita. Charles Chan movía la punta de las narices como antenas de extraterrestres asustados. Podían ser los ecos de las máquinas que extraían tierra y sembraban hierro.

Es muy bueno y nos prometieron que en quince años nos empezarán a disminuir la deuda. quedó sin el corazón y temió perder la cordura en lugar de quedar con la mente en blanco. Siendo sinceros el Banco de Bogotá es el mejor. ni rubia ni morena. Volvió a escuchar los leves golpes e imaginó una mano divina y no pudo moverse. Invitarla a las ventanas a mirar el desmán era un atentado contra su propia integridad. pensaba y miraba a la mujer. Expertos en estafas se presentaban en la recepción con la identidad de un amigo. tampoco podía descifrar si era colombiana o extranjera. Lamentó la falta de mirilla. de una empresa o de una firma de alcance mundial. afirmó Octavio–. ¿Será una transformación del ruido en imagen?. soluciones las había. veía a una mujer de edad indefinida. Vio a Gina encerrándolo en el manicomio. Gina tenía razón. La visitante intentó mirar hacia adentro y Octavio Palacios pasó de la alegría a la reflexión.26 centro y. Era una mujer real y él no debía manifestarle ningún signo de amabilidad. Lo poseyó un sueño instantáneo y la imagen de la desconocida empezó a anidarse bajo sus párpados. Un minuto después los golpes subieron de tono y. ni elegante ni descuidada. –¿Son inquilinos o propietarios? –Estamos amortizando los intereses a nuestro banco –seguro de sí mismo. al no escuchar nada. en todo su esplendor. sin pausa. Una desconocida estaba de pie en el tapete de la entrada. ni alta ni baja. abrió media cuarta. –Eso creemos. La visitante lo vio presa de alegrías innecesarias y. le dijo: –Soy Alejandra Villa y Abel Merani me pidió que hablara con los apartamentos perjudicados y según el administrador el principal es este. y la . tratando de ridiculizar sus propias ilusiones. El asombro no le permitió cerrarla. Cuando pudo abrir los ojos. El administrador había repartido una carta alertando a inquilinos y propietarios.

se cubrió la calvicie con las dos manos y expresó un gemido de horror y el pervertido le pidió un millón de pesos. ¿quién es? El vigilante retiró la bocina y sorprendido con la decencia del recién llegado dijo en voz baja. y le ordenó al vigilante hacer pasar al periodista internacional y. El delito era una evidencia irrefutable y la víctima aceptó vestirse cuando recibiera tres millones de pesos en billetes de 20 mil. así. “A domicilio es un trabajo bastante caro”. Negociaron unos códigos.27 decencia le ordenaba a los residentes recibirlos en sus apartamentos. claro. el médico levantó el citófono e imperativo preguntó. lo había olvidado!. sino les daban dinero o joyas. estaba en sesión de rejuvenecimiento y. ¿de parte de quién? Y como todo un ejecutivo el bribón le dijo que venía de parte de un suscriptor de la revista de Discovery Chanel y el médico sonrió y. y dijo. Y apenas les abrían. los canallas se lanzaban hacia adentro. exclamó. un sumario de contaduría. la doctora Judy Peláez. un diccionario trilingüe y el último programa de windos. Con la mímica de personas cultas hablaban de la importancia del libre mercado en la era de las comunicaciones. El médico del 16-07 había sido un elegido de la red. La administración percibió el griterío y con los precedentes no dudó en llamar a la policía y el prostituto vio la oportunidad y triplicó el precio y bajo las cobijas se consintió como un osito. La presentación impecable y el tono del individuo acabaron de infundir confianza y él médico le ofreció la silla principal. teniéndose el quepis. llegó a observar los vicios de la viva moral de El Prado. El médico soltó el teléfono. La dignidad del anfitrión multiplicó el escándalo y los desempleados del piso aparecieron en el pasillo y. El delincuente mostró parte de la cara. Ocurría con hombres y mujeres. El médico entreabrió la puerta y como un lector adicto a Discovery se sentó en la sala. repetía Judy Peláez y se acariciaba la mascarilla. ¡ah. se desnudaban de un golpe y. amenazaban con salir desnudos escapando de una violación. “y si no apuras cobraré . Ese día fatal en la historia de El Prado. el vigilante corrió al ascensor y marcó el piso 16. pero entró la llamada de una voz y el timador aprovechó la emoción del médico y corrió a la alcoba.

Lograría dos éxitos: evitaría un olor desagradable y las narices indiscretas dirían que acababa de hacer feliz a una mujer. el personal de servicio.28 cinco millones. como nunca usaba lociones ni perfumes. Miró de reojo y Charles Chan estaba sentado. desde entonces. La biblioteca vacía le cuestionó la sabiduría. La sudadera tenía el indescifrable escudo de universidad. no encontraba nada excitante y se untó un desodorante de Gina. Se puso el vestido gris. mi tiempo vale”. ¡sería la gran sorpresa! Tomó uno al azar. acompañaban a la eminencia de la medicina. desde el año en que se conocieron. Quieto miraba los tonos del fluorescente en las paredes del pasillo. los residentes y demás testigos en la graciosa escena de desacuerdo y voluptuosidad. así tuviese que encargarle la elaboración a alguna imprenta clandestina. anhelaba algún día regalarle los 45 que le faltaban. asunto resuelto a su favor por las autoridades. Octavio Palacios no sabía cómo vestirse y el armario nada le aconsejaba. Lo esperaría en la recepción. y se le ocurrió decorarla con las fotografías de las colecciones clásicas que obsequiaban las editoriales españolas en los cócteles de lanzamiento. volvió a abrir y. Gina Teresa no había dejado de regalarle la misma sorpresa de cumpleaños y. Octavio Palacios recordó la vergüenza y la alteración nerviosa que. Vio los diarios en el cajón de abajo. y con las orejas rectas hacia la pantalla del televisor. habría vuelto a creer en las capacidades del vejete y habría lamentado la falta de un premio a la apariencia. como maestro a punto de jubilarse. Si Gina Teresa hubiese visto la postura de Octavio en el espejo. De para atrás. Inclinó la cabeza y añoró oler como el intelectual de la publicidad de un desodorante japonés. pero se vería muy informal. Alejandra se fue alejando hacia la escalera y Octavio Palacios iba a ajustar la puerta y advirtió que estaba en pijama. echó llave. Los contó e iban 15. Alejandra Villa adivinó la encrucijada del propietario del 206 y lo invitó a tomarse un refresco y le sugirió la cafetería del mismo edificio. . sin parpadear.

en casos de fuerza mayor. preciso.29 Peldaño tras peldaño repasaba las advertencias de Gina y quiso anotarlas. Al sentarse Octavio tomó a Alejandra como la ingenua que. decidida. Ella intentó mostrarse desenfadada y el silabeo de Octavio le estancaba la natural fluidez de palabras e ideas. Una Acción de Tutela alegando la violación de los derechos del niño era viable a raíz de la cruzada contra el maltrato infantil. sí. sobre planos. sí. era la responsable del optimismo y el temor. el desconocimiento del sentido común. Pidieron un capuchino y una aromática. Buscando la ayuda de un soplo divino miró el shut y deseó tirarse de cabeza. la de algún hombre de intelectualidad comprobada. Según un test americano a Alejandra Villa le sobraban 10 puntos de inteligencia. Aburrida de la cortesía del imprudente. pidió una botella de agua. Pasó de una puerta a otra y con el estilo de un maestro se dirigió a la mesa y se sentó frente a Alejandra y con amabilidad. pero en voz alta para sobreponerse a las vibraciones de afuera. dos días antes de haber salido del país en condición de refugiada por amenazas de procedencia desconocida. empezó a detallarle la diligencia que había adelantado en compañía del arquitecto Abel Merani. el de piedra. el de la. Su formación atea la había hecho crecer sin temores espirituales. ese será el más perjudicado. propietaria de un apartamento en el Edificio Americano. Ella les había enunciado los recursos jurídicos. Vivía en el piso 17 y. pero una frase de su propia experiencia dañaría las páginas de los pulcros diarios. El último de El Prado . los difuntos padres habían comprado el apartamento y esa altura le permitía ver lo que no podían ver los residentes de los pisos bajos. En la recepción el uniforme de la vigilancia le ayudó a recobrar la calma. y ello la obligaba a elegir la amistad de sí misma y. Alejandra se apoyó en sus capacidades y. pero desde el inicio de la construcción apenas abría la ventana lo justo para dejarle arroz a las palomas e indistintamente entraba a misa o a culto en las iglesias que encontraba a su paso. la especializa en provocar la murmuración de la honorable masa. pero el sector era alérgico a los niños. Una abogada.

Enumeró los malestares que causaría la obra y hacía gala de visualizar una solución gracias a que Abel Merani se dejaría asesorar por ella. pero el nerviosismo de Octavio la ubicó de nuevo en la cafetería y volvió a retomar el tema. Y. delante de las cámaras de los noticieros. claro. –Este bello edificio en cada apartamento guarda miserias y secretos –dijo y se estremeció al ver pasar a la doctora Judy Peláez.30 apagaba la vela de su quinto cumpleaños y había muerto en una disputa de la madre con el amante. y tan eficaz era la justicia y el amor que a los dos días el inculpado de disparar la bala recobró la libertad y ella lo recibió en la puerta de la Fiscalía y. agregó–: Un colega en la universidad la definía como la dictadura de los ciudadanos contra los ciudadanos. –¿Es un caso aislado? –le preguntó Octavio Palacios. –¿Por qué lo dices? –Los de verdad se ganan cuatro loterías al mes y cuando los descubren están volando en naves extraterrestres. pensando en las aspiraciones de Gina. –¿Por qué tanto mal contra personas inocentes como nosotros? –Autofagia social –le respondió Octavio Palacios. Alejandra no podía liberarse de la imagen altanera de Judy Peláez. –¿El del 206 cuál será? Octavio se inclinó en la mesa y recordó el papeleo de la escritura y había tenido ocho dueños y 26 hipotecas. . él le prometió un matrimonio lleno de pasión y con cero hijos. Habría inconvenientes. si él propietario se negaba a revelar la identidad y le impedía a los medios ventilar la existencia de Park & Diversión por motivos de seguridad. –Entonces no sólo es un hombre de suerte –Octavio le interrumpió. El fue expulsado junto a mí.

Los edenes modernos tenían dueño y repelían a los seres de carne y hueso. que cada mes les reducía las cooperativas de empleo.31 Alejandra se concentró en la divinidad que adoraba a partir de la construcción. Ventilaron el peligro de usar el teléfono y acordaron no tratar el tema en la recepción de los edificios. Cómo regresando de un viaje a través de rutas inmateriales volvieron a compartir ideas neutras. Suspiró en silencio y le dolió en los infinitos del alma. y. No era un equívoco que las mujeres de mentalidad avanzada dejara exterminar el apellido. aseo y vigilancia podrían convertirse en oídos cómplices de los asesores del presunto hombre de la suerte. Alejandra comenzaba a no desmentir las leyes de la compensación y otros misterios. ahora. añadió: –Dios no existe. . pero escasa de preparación para vivir de acuerdo a los hábitos subrepticios de la sociedad. Si una criatura lograba superar la niñez sin traumas irreversibles. Ser hijo era un destino ingrato y felicitó a las mujeres que habían renunciado a ser madres. si alguien era víctima de tanta opulencia. Alejandra Villa dejaba sus pasos venideros a merced de los hilos del milagro y a Octavio lo volvió a poseer el sueño instantáneo. le infundían pastores y sacerdotes. alguien llegaba a atormentarle el resto de los días. pero al sentir cuestionada su conciencia. Alejandra podía ser inmune al encono que en el cuerpo va tejiendo la carrera de los años. Alejandra se puso de pie y. se encargará de la justicia que las instituciones le impiden alcanzar a los ciudadanos. y sólo él –enfatizó–. los entes de justicia ni siquiera le permitían expresar un quejido. Se reconoció sobrada de inteligencia. Era hija del escepticismo y dos religiones en abierta competencia. Apoyada en la fortaleza que. pero él. se arrepentía de haber heredado el apartamento. para ajustar el salario mínimo. solemne. ¿cómo no poder disfrutar una herencia? Pero así se había acostumbrado la sociedad y sería mejor esperar las sorpresas venideras sin tratar de eludir la ruta señalada por quienes se empeñaban en negar el espacio ajeno. En silencio le pedía ayuda a la divinidad.

en un momento de lucidez. pero ella es la más respetada en el edificio –aclaró Octavio–. No me contestó el saludo. ella le propuso visitar almacenes de la alta y programaron el sábado. Octavio la escuchó y le sugirió alternativas sensatas. –También debemos mejorar el lenguaje –dijo Gina. tomarse un vaso de agua y salir como si el servicio no fuera de su nivel. la secretaria le dijo. Lo hacen los residentes creativos para no dar mala impresión. Gina se detuvo a mirar los martirios de los ineptos en la oficina de gente exquisita. sin dejar de hablar por teléfono. Las posibilidades se iban agotando y. Ama lo nuevo. Abel Merani la estaba festejando ayer tarde. fue una equivocación y.32 Gina Teresa fue requerida en gerencia y. –Era tan fino el papel –afirmó Gina– y las subía con tanta ceremonia que debían ser cajas vacías. –Es una salida eficaz. en cambio. –Suspiró–. . de regreso. –¿Recuerda la anciana con estilo de sardina que en navidad entraba unos regalos inmensos? –Debían ser muy delicados –le contestó Octavio. empezarían en Santa Bárbara y a las 5 de la tarde estarían saliendo del Andino. a las 9:30. Frente a las personas superiores y los objetos suntuosos no podía obrar como una inexperta. Ir a hoteles de cinco estrellas no los dejarían pasar la puerta y en otros no tendrían el aspecto para sentarse en el comedor. Con los trajes que habían estrenado para el intempestivo matrimonio en la Notaria. a Charles le habló en inglés. Octavio mordió una frase que pensaba decir. El resto del día analizó los motivos de la equivocación y en la noche llegó a domesticar el futuro.

A las de gente exclusiva y a las de los gerentes les pusieron vidrios blindados y los marcos son como de pinturas de oro. Gina endureció el tono. el perro salió de su habitación y se acomodó en medio de los dos. a uno. –Tengo más cansada la lengua que los ojos –dijo. y la furia. Con voz neutra Gina describió los puntos del apartamento donde se podrían instalar y. –La dictadura de lo secundario –le respondió Octavio. ni viéndolo. pasó a los . Pero la edad evoca las experiencias desagradables en oposición a los encantos que prometen las ilusiones y Octavio recordó viejas lecturas e intentó ponerle fin a la charla. olvidando la frase ofensiva de Octavio. agregó–: La fuerza de la fotografía. segura. –Vieras las ventanas de la empresa –dijo Gina modulando el tono–. Imaginaron lámparas como las de Aladino. –Los clientes deben ganar cuatro loterías al mes –dijo Octavio–. –¿Naturaleza light? –dijo Octavio. –Superan la belleza de las originales –buscando censurarle el calificativo. Los artificios de La 53 tenían impresionada a Gina y el Palacio del Icopor la elevó a los mundos fantásticos de la niñez. –Oye –dijo Gina–. uno puede creer que sean de plástico e icopor. Y. Pasaron a la cama y siguieron planificando la defensa contra la inminente embestida del lujo.33 –En los almacenes que visitaremos mañana venden yenes de 5 millones y el más caro por acá vale apenas 300. La caída de un objeto metálico en la construcción salvó a Octavio de una reprimenda.000. o se dedican a negocios de alto riesgo. al otro. les impidió levantarse a prender la luz. despertó a Charles Chan y. en La 53 están las creaciones más impresionantes de la vida y. La vergüenza. asustado.

cómo hablándole a nadie. ¿Sería que en alguna de las vidas pasada fui esposa de alguien importante? –Puede ser –complaciente. La charla se iba tornando compleja y a las dos de la madrugada el optimismo de ella aumentó. menos tensos. liberarlo de la vanidad y volverlo espíritu. Tenemos experiencia desde antes de nacer. –En ese caso nos quedaría fácil recobrar –le respondió él–. –Claro –dijo ella–. Si la familia quería un futuro feliz. siguieron desarrollando el plan. de fortuna los ruidos de la construcción les ayudaba a permanecer activos. En la empresa Gina Teresa había oído: La apariencia es oro y la indiferencia dignidad. . a la vez. de lo contrario. Debían actuar como si hubiesen nacido en la abundancia y los ojos indiscretos los verían naturales. Y llevaba la frase en los bordes de la lengua para repetirla cuando debiera sentar una posición clara ante la vida. De otra manera se desarrollará como un desadaptado. al menos. También debemos enseñarle al perrito a conducirse en la decencia y el confort –continuó–. Ella no podía ser la próxima mártir en la oficina de gente exclusiva simplemente por no saber lucirse en el mundo esquivo a la gente inepta y palurda. seguirían igual de novatos y de poco les serviría haber encontrado la solución al inevitable castigo en R & R. el buen estilo. Gina suspiró y le era injusto no recordarle quién era ella y. preguntó: –¿Por qué será que me gustan tanto las cosas bellas? –Reafirmó la voz–.34 consejos. En el insomnio la intuición favorece a las mujeres y a problemas inesperados les dan soluciones prodigiosas y Octavio se volteó y quedaron cara a cara. le dijo Octavio. –Si fue así –optimista dijo Gina– mi esposo de esa vida debió manejarse mal y en esta se reencarnó en ti y como riqueza y poder sólo te dejó el apellido. debía ajustarse a la máxima y. Para no sufrir posteriores tormentos era necesario vivir noche y día en el lujo y.

pero se ven muy especiales. La vida sana es de laboratorio. –Lo confirma la moda naturalista y la naturaleza ficticia –dijo Octavio. ¿por qué no en lo exterior? Gina saltó de la cama. imagina lo demás. –Si así influye la apariencia en lo interior. Sufren mareos y la dicha les termina en una sala de partos. –¿Será la próxima promoción de la Clínica Crear? –Una mujer se cree embarazada. –Aja. Suspiró desconsolada. –He oído –Octavio reforzó la idea– hablar de hombres embarazados. Apagó la lámpara y compasiva con ella misma se volvió acostar. prendió la luz y fue a la báscula. son de laboratorio –dijo Gina y rozó las uñas en protesta contra los ruidos de la construcción–. va a la sala de partos y ni siquiera le sacan un bicho de luz. pero cura enfermedades. –¿Las prendas de marca les ayuda a perfeccionar los movimientos e irradian seguridad? . –Son tan poderosas como increíbles. –¿En todo? –Los olores y los sabores. –Esta época me sorprende. ahora. No dormir seis horas no le había bajado medio gramo. –El placebo –dijo Gina buscando mantenerlo despierto–. –Si eso ocurre con medicina. –En la sala de espera siempre está esa pareja que tiene nuestra edad.35 –Los avances de la tecnología –dijo Gina– han sido capaces de hacer imitaciones superiores a los originales. Es una píldora mentirosa.

–Por eso te dije.36 –Nunca me han visto con el perro –ignorando el mensaje subliminal de la pregunta. pero ya que estás actuando como un subescalador voy aprovechar la oportunidad. Lo afirman distintas tradiciones y filosofías. –Soy silencio puro. Octavio–. dijo Gina Teresa Arboleda–. –Tal vez sea indecente decirlo. –Deben fingirse dueños de su palacio. –Únicamente me siento bien cuando no está sino la señora del aseo. . dijo ella–. cárcel o manicomio –especuló. La edad mía nos favoreció o sino lo habrían hecho. –Estoy siendo fiel a tus consejos –amable. Nos miraron de reojo. –Entonces te lo voy a decir. pero el inconsciente nos salvó. Ante el silencio de Octavio. Gina desplegó los ojos en la oscuridad y él lo intuyó. Octavio no pudo respirar. agregó: –Se creen dueños de la ciudad. Al decirle Charles Chan nos verían de otro modo. Son dueños de la gente que vigilan o escoltan. –Gracias al lujo el ser humano emergió del lodo –para no sentirse inferior. –Deja de pronunciar ese maldito NO. –Sólo un profesor visionario puede ponerle etiquetas y nombres a lo que no lo tiene. le dijo Octavio. vamos profesor Palacios. –Eso pensé el viernes que nos quisieron requisar los escoltas que le entraban la universitaria de la semana al congresista. –Acordamos que te portarías… –Lo olvidé –dijo Octavio–.

le dijo Octavio. Judy Peláez había renunciado a las misas del Sagrado Corazón y había ido a redimirse a Adonai es Solidaridad. No voy a dejarme humillar. –Soy yo –le explicó Octavio–. Cubiertos. y a los ricos unos modestos pasajeros de la vida afortunada. Encontraron un Ferrari igualito y lo vendían en 20 millones. Cuando cumplí 45 años me hice fotografiar con esa máscara porque celebraban. –La esencia del genio hoy se refleja en la superioridad de la imitación. Porcelanas. –Oí la noticia –sonriendo. Debemos comprar fotos de triunfadores. –Hace unos años en la noche cazaban a los pordioseros y ensayaban en sus cuerpos vivos – dijo Octavio y. tu rejuvenecida anciana se llama Judy Peláez y a los pordioseros los considera unos fanfarrones de la vida eterna. Afiches de tres dimensiones para la biblioteca –se descubrió la cara–. Las máscaras revelan la realidad del alma. La apariencia es definitiva. –En las universidades practican con humanos de plástico. –¡Vas a tener el mismo éxito que tuvo ese fracasado! ¿Esas eran tus aspiraciones? –Retiró los pies de los de Octavio–. –¿Qué vas a comprar para enfrentar el castigo? –él trató de calmarla. pero breve.. continuó–: A propósito. pues disfrutaré.37 –Vamos a San Victorino y compramos lo mejor de las imitaciones. –Coronas –recobrando la compostura. aquí. de importancia incalculable en la formación . En San Victorino se encuentran imitaciones de Rolex y hay diamantes y esmeraldas a precio de icopor –exclamó feliz–. la primera semana de la construcción. vayas quitando ese Cervantes de la biblioteca y yo traigo la del gerente mundial de R & R. quitándose los lentes para poder dormir. Y a causa de los pordioseros. y si me castigan en la empresa. –Me sorprende el efecto tan vivo de lo artificial.. Preciosidades de marca y ensayo. cuya sede quedaba en el antiguo Teatro Trevi. continúo–. Etiquetas de licores finos.

El antiguo pelo rubio se le había vuelto blanco y. las habían pasado a la oficina de gente exclusiva y no habían . luego. –Practican en seres ficticios y. El líder la estaba festejando y no podía dejar de mirarle los zapatos –y para acabar de tranquilizarla justificó la explicación–: Una amiga de Merani se estremece cuando la ve. ahora.38 espiritual de generaciones de bogotanos gracias a que. los mismos doctores le decían doctora. proyectaba las más apreciadas películas de cine rojo. –¿Quiénes? Ella se tapó la cara y. y el saludo de los demás lo tomaba como un ultraje. –Ciencia es soluciones. antes de convertirse en templo de adoración. curan a los enfermos. la cama de madera expresó un sonido agudo y Octavio debió cortar la descripción detallada. Gina cambio de posición de manera brusca. pues el único hombre digno de sus ideales se había dejado morir cuando se sometía al masaje amoroso que ella le había exigido para darle el sí del matrimonio. Ella brillaba en las multitudes. consentida. –Abel Merani me detuvo y ella le habló a Charles en inglés. y a los residentes de clase y a los extranjeros les respondía el saludo. Desde hacía 33 años vivía sola. La calle se alteraba a su paso y. En la imponente empresa tres personas de cargos medios y una de bajo habían cometido faltas similares a pedir permiso. en secreto. el sueño me impide hablar. a ella le satisfacía el halago de las miradas denunciadas por la iglesia y las feministas como agresoras de la dignidad de la mujer. ahora. como una mujer superior a la clásica. dijo: –Aquella mañana se me hacía tarde para contarte y. como te dije. Se movía y se vestía con la elegancia de una joven formal. se lo teñía de negro y lo llevaba abajo de los hombros. –Lo mismo me pasará a mí y evitaré el ridículo que están haciendo los castigados.

y. pero necesitaban su experiencia y. Y el ambicioso estaba esperando la hora de jubilarse y había visto la misma escena. aunque se reducía el espacio. en que las visitantes nocturnas deleitaban a sus anfitriones. . y se propuso resistir el castigo hasta lograr la pensión. –Si llego tarde o pido permiso para ir a la Clínica. El ambicioso iba a morir de remordimiento. semidormida. en otro. el día que le faltaba. a cambio de rendirle los habituales respetos. ella continuó–: Y de nada me servirá la experiencia de diecisiete años porque apenas llevo dos con nombramiento a término indefinido. las atenciones del personal de servicio que ni siquiera le prodigaban al gerente. correré la misma suerte –conmovido él escuchó el infame suplicio y. Y sentía en el alma la humillación el fin de mes cuando. el adicto al trabajo era de sistemas y se había lanzado al vacío. a veces. el de calidad había elegido suicidarse en el baño turco. la angustia le hacía ver el abismo del castigo en expansión permanente. Pasaban las semanas y el hombre se iba adaptando a la injusticia de permanecer en la oficina recibiendo las venias de los superiores. como no lo hacía con él desde cuando lo sometieron a los rigores del lujo y. hojeaba revistas en idiomas indescifrables y saboreaba las golosinas que le dejaban con fin de estimularle la felicidad de satisfacer los apetitos sin necesidad de trabajar un instante. Tenía dos almanaques.39 resistido la prueba. Los enfrentaba y. año tras año. con verde. una tarde el gerente entró tuteando. El de producción había salido para la Clínica de reposo. La esperanza de lograr el propósito lo impulsaba a ser menos tediosos los segundos y. Los meses se alargaban y él odiaba a la familia que lo indujo a pedir el día de vacaciones después de un jueves festivo y antes de un lunes de puente. junto con el salario. en el uno tachaba el día que pasaba. recibía un pergamino de felicitaciones por el inigualable desempeño. e incluso ya no le extrañaba oírse llamar TU Majestad. le ofreció la posibilidad de contratarlo bajo la modalidad de empleo temporal si renunciaba a los derechos que había adquirido trabajando en la empresa durante toda la vida. Con rojo.

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Octavio Palacios analizó los avances en el refinamiento de los castigos e iba a iniciar un juicio en contra del primer hombre. Le parecía un crimen de lesa personalidad haberle temido a la mano de Dios cuando se le ocurrió promover el castigo en el paraíso. La falta de visión y el exceso de obediencia del timorato las consideró crímenes todavía más irresponsables. Bajo las cobijas irradiaba furia y sabiduría; pero Gina Teresa no podía escuchar reflexiones de vejestorios inexpertos en los avances disciplinarios de las multinacionales en los países satélites y, autosuficiente, le dijo: –Mejor durmamos y antes de mediodía vamos a San Victorino.

Llegaron

perros adiestrados en bases subterráneas y los usuarios de las ventanas

entraron en pánico. No se acababan de recuperar y expertos en electricidad, en cada esquina de la escuadra, instalaron un racimo de reflectores. A pocos metros de la entrada apareció un tenderte y tres kioscos de pepsicola, y la especialidad era fiarle a los obreros las 24 horas del día. La respuesta fue obvia. En el curso de la semana los habitantes de los apartamentos bajos pusieron avisos de SE VENDE y la cafetería de El Prado desapareció debido a los ruidos, el polvo y los olores a combustibles quemados. Pasaban los días y la clientela de 40 años seguía añorando en el sector un lugar igual de amable; los empleados diligenciaban hojas de vida y, después de haber sido inaugurada la absurda maravilla, el dueño de la cafetería todavía no encontraba dónde entablar una querella y ningún abogado se arriesgaba a llevarle el caso. Ancianos y estudiantes se quejaban, los rentistas maquinaban una indemnización superior al canon de arrendamiento, y los intelectuales y artistas no podían materializar en cifras la tranquilidad perdida. Los extranjeros, no intelectuales, trazaban las metas de multinacionales, bancos y petróleos, y sus contratistas les alquilaban los palacios decomisados a personalidades

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dedicadas a negocios de alto riesgo. Los asesores de políticos se trasladaron a Chapinero Alto sin terminar el mes de arriendo que, el erario público, les pagaba a los usureros de las inmobiliarias los cinco primeros días de cada mes. Los desgarbados eran músicos y profesores universitarios, y la mayoría venía de los antiguos países de la Cortina de Hierro y esperaban encontrar paz en la noche para preparar clases y adelantar los ensayos. En su admiración los cultos de El Prado consideraban a unos bisnietos de Kafka, a otros descendientes de Beethoven. Y una polaca se proclamó judíoalemana y sobrina en tercera generación de Eisntein, y aún no se sabe si lo hacía buscando elevar la autoestima de exiliada, o ironizaba la ingenuidad de los aduladores de sus pares europeos. Octavio Palacios, al respecto, le dijo a Gina: –¿Será una broma? –Por favor –gritó Gina–. Si ella es alemana, es verdad. Ellos no son de chistesitos de promoción. El arquitecto Abel Merani se movía de oficina en oficina, de edificio en edificio, de citófono en citófono y su vigor centenario le infundía ánimos a la comunidad. La salvación sería una Acción de Tutela. ¡Imagínate!, le decía a los vecinos e, incluso, una mañana se lo dijo a un pordiosero y una tarde lluviosa a aun alcaparro de la plazoleta de El Prado. En uno de los edificios había descubierto a una señora embarazada, a juzgar por el vientre, estaba a punto de dar a luz una manada de mastodontes. Desde su ventana, los días laborables, la veía avanzar a tomar el transporte en La Trece. A los perjudicados les parecía genial esa posibilidad y deseaban el nacimiento de los niños antes que la construcción levantara vuelo. El sector ya sabía el milagro y un lunes en la mañana Octavio Palacios paseaba el perro a lo largo del Río Arzobispo y el líder lo vio, lo llamó a señas y, antes de intercambiar, el saludo le repitió la historia de la señora que mínimo esperaba trillizos.

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–Ella es mi esposa y está iniciando el tratamiento de adelgazamiento para poder llevar el embarazo sin los inconvenientes del sobrepeso y también le interesa la presentación estética. –Perdón, Octavio, nosotros pensábamos que tú vivías solo –se excusó el líder–. ¿Y cómo un lector de profesión puede sostener un hogar? Como personas cultas y de aspiraciones elevaron dos líneas hacia el cielo la cabeza y rieron sobrios. A Octavio le pareció que tendría menos responsabilidad social si lo consideraban lector y no maestro y, en silencio, celebró la certera equivocación del fogoso líder. Al margen de estas nimiedades, día a día, la construcción tomaba impulso y dejaba atrás cualquier posibilidad de sellamiento. El sudor de las espaldas de los obreros diluía la suciedad de los overoles e, irrespetando tan ardua disciplina, los humoristas de un programa de media noche elogiaban la novedad arquitectónica del futuro centro de relax, a una cuadra del Parque Nacional, a 76 metros del Ministerio del Medio Ambiente y las imponentes oficinas de petróleos, decía un imitador de cuerpo grave y una panorámica del sector llenaba la pantalla del televisor, y una joven, disfrazada de anciana, con timbre bogotano agregaba, ¡ala, y encajado en el corazón de altos edificios habitacionales, como te parece, caray!, y desde varios ángulos dejaban deslizar millares de ventanas iluminadas y encuadraban las tomas de tal manera que se veía la agresividad de la obra en plena ebullición y, a la vez, un coro intervenía, y preciso, encima de unos deprimentes escombros considerados por los prehistóricos Patrimonio de la Humanidad; y detenían una fotografía de la mansión cuando estaba de pie y, despectivo, un intelectual de la ola de la globalización intentaba no mirarla y concluía, y la ignorancia del Ministerio de Cultura aprobó una partida para la reconstrucción. Dejaban difuminar el escenario en cámara lenta y, buscando el premio de la carcajada, el director del sainete, amanerado y solemne, anunciaba la caricatura de un tema de interés nacional, y nadie se reía; pero algún asesor del presunto dueño, sufría de insomnio, vio el programa y entendió las pretensiones de

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esos elementos faltos de ética periodística y moral artística, y ni en broma ni en serio, jamás, en los medios se volvió a escuchar una palabra acerca de Park & Diversión. El silencio invulnerable se fijó en los micrófonos y la firma constructora siguió el desmán. No había posibilidades de idear una solución y los mirones de los altos edificios perdían la capacidad de movimiento apenas asomaban las tenebrosas motos y los camperos que protegían a las limosinas. La obra era el infierno en gestación y nuevas cargadoras bajaron de dos tractomulas y en la escuadra empezaron a moverse como esclavas de maleantes extraterrestres. El vaivén de volquetas incrementó el caos, embadurnó jardines, espantó pájaros y engendró moscas; las palomas rara vez aparecían en aleros y terrazas a picotear el arroz que les dejaban los amantes de la ecología y admiradores de la paz. A César, un pordiosero respetable en el sector, lo desplazó a vivir al poste de luz de la esquina en que convergen La 39 con La Octava y la salida de los garajes de El Prado, Plaza 39 y uno de los imponentes edificios de la Empresa de Petróleos. Bajo esa luz pública, se instaló a padecer las inclemencias de la construcción y la falta de escrúpulos de los celadores. “¿Por qué no los mandaran de una vez al infierno? –refiriéndose a los pordioseros, dijo la doctora Judy Peláez–. ¡Qué escoria!” Abel Merani se quejó de la falta de un sueño apacible y, limpiándose los ojos, como un niño ofendido, prendió las alarmas. Si el ritmo inmisericorde de llevarse la tierra excedía la semana, era necesario tener pruebas fotográficas del buen estado de los edificios. A la sombra de las primeras plataformas los inescrupulosos de la construcción podían abrir los sótanos, que no aparecían en los planos. –En las construcciones majestuosas los daños colaterales –recordando su experiencia como arquitecto, explicó–: no sólo ponen una cuota de muertos, sino afecta las estructuras vecinas.

en R & R pertenezco a las personas ineptas para el lujo. No importaba. planteó la inquietud. según la escala de responsabilidades. una parte la usamos para el adelgazamiento. sí claro. pero eran doce metros de ventanas en el costado norte y tres en el occidente. Decidida tomó el citófono. Octavio se excusó y quiso saber la razón de tanta amargura y le preguntó mirándola a los ojos. y la explicación del administrador fue de una contundencia magistral. –¿Por qué no te dicen doctora aquí ni allá? –Deja tus chistecitos de dame uno y lleva tres –tiró a un lado una baratija más bonita que una cadena de oro–. eso se previó cuando el Ministerio de Cultura se comprometió a reconstruir las ruinas de la mansión y el Consejo acordó mantener el edificio sin causarles un solo cambio. Gina Teresa se emocionó e iba de la alcoba a la sala. –Y para quedarnos sin cargos de conciencia –reflexionó–. una noche de intimidades y proyectos. En los próximos meses El Prado podría aspirar a la categoría de patrimonio urbano. señora Gina. La pareja comenzó a buscar cómo no desentonar en el sector.44 El ruido de los motores. Gina Teresa le agradeció la brevedad y volvió a la sala sumando las palabras del administrador a las experiencias en el trabajo. Colocarían doble vidrio. –Aquí es imposible poner en práctica mis ideas –dijo y desconsolada agregó–: Y. Ella le volteó el cuerpo y Octavio le iba hacer un análisis alrededor de la inutilidad del lujo . y de la sala a la cocina y miraba las preciosidades relucientes de San Victorino. Optimista hablaba delicias trascendentales y Octavio Palacios aprobaba y reía e incluso dijo que en estos tiempos al hombre le bastaba acostumbrase a los padecimientos para dejar de verlos. me da rabia oírte. surtió el efecto mermelada en el 206 de El Prado. Gina Teresa podía sacar las cesantías aduciendo una calamidad propiciada por el embarazo.

Le preguntan si de niño se orinaba en la cama. el pesimismo verbal de Octavio llegaba a 1113 veces y a Gina la vida no le alcanzaría para detallarle cuántas veces pronunciaba la silaba NO en cada frase. Fingen estar conectados con mentes de otros mundos. –Debemos estar en nuestro tiempo y olvidar la telenovela de la semana pasada. Digitan y digitan en el computador y si establecen que tuvo carencias y humillaciones en la infancia. –Bueno –Octavio. libreta de anotaciones. –Los sicólogos de la cooperativa ponen a esperar al profesional en una sala aromatizada. insistió–: ¿sabes por qué las empresas contratan al personal en las cooperativas de empleo? –Calla. ascensos. Octavio miró la libreta y estaba llena de rayas y números. hora y día. –Mejor. por favor. si lo dejaban solo. no están en –Pronuncias tanto el maldito NO –angustiada dijo Gina–. Salarios justos. Le estudian el tono. Gina cerró el celular y. calla. derechos. cariñosa le preguntó. Los sicólogos se mueven y le ordenan al aspirante trazar signos.45 en la era de las apariencias y de las desventajas de someterse a los dictados del trabajo de manera ciega. y en efecto. Displicentes le ordenan sentarse frente a un escritorio extravagante. –Cambiemos de tema –ella exclamó–. La has pronunciado 1113 veces desde del día que te hice la recomendación –sacó el celular y digitó. la forma de sentarse y en el fondo suena música preparada. lo contratan. –Te iba a hacer una reflexión partiendo de un mito. A su edad había recorrido los escalones menos difíciles de la existencia y ahora debía resistir la agresión de una . toman agua y miran el reloj. ¿por qué no hablamos de ti? El rostro de 61 años de Octavio Palacios reveló 61 siglos de desolación. al verlo tembloroso.

Ajeno a las pretensiones de Gina Teresa. ¿cómo seguir representando el papel de vivir?. grasas. En las manos de los sabios veía convertirse en polvo los libros de consumo diario. ¡un corto. pero esos mismos motivos se lo impedían. sordo. profesor o simulador. azucares. eliminaba la música clásica. llama a los bomberos! y. carnes rojas.46 potencia de concreto. pero él sólo seleccionaría 88. La suma de ruidos burlaba los audífonos. ¿y ahora cómo sobreviviría sin tener la calma requerida para mantener la ficción impuesta por Gina? ¡Tenaz!. atravesaba la silicona y los tapones y le convertía el mundo en un zumbido húmedo. Y tomar la lectura como túnel de escape era faltarle respeto a los fugitivos y a los libros. La vida es corta y los deseos eternos. golosinas. comodidad y paz. a conformar la biblioteca íntima. ¡Y eran demasiados! En realidad le gustaba cambiarse de profesor a lector. ahora. almidones y licores en la dieta de la pareja permanecían ausentes desde cuando aprovecharon el descuento de la promoción y . en la vejez una construcción abusiva venía a quitarle la posibilidad de fingir. pensó parodiando una máxima de cafetín. Seguramente en el mundo había 777 libros importantes. desde niño lo rodeaba una serie de agresiones externas y. Harinas. pesar de la fatiga del día. lamentaba las bibliotecas incineradas a lo largo de los siglos y la estufa comenzó a expulsar humo y lo regresó al apartamento 206 y Gina gritó. a 500. corrió y levantó el sartén con dos leves presas de pollo. escritura que había aplazado para cuando hubiese tiempo. En su mente desfilaron las bibliotecas del mundo. y las perversiones y las virtudes dignas de cultivar eran menos que las que registraban los sermones de las iglesias y las peroratas universitarias. No iba a poder narrar un día de la vida en los diarios. Llegó a mil. necesitaban una mínima comodidad. Lector. En plena vejez la agresión ajena le concedía motivos de inspiración. Fue reduciendo los vastos universos de la imaginación y comenzó a seleccionar los libros. La lectura era una perversión y una virtud. Pero después de haberlo expulsado del mundo impidiéndole desempeñarse en algo de acuerdo a sus ilusiones.

Gina Teresa servía dos leves presas de pollo en dos platos de la Vajilla Corona que. –En tren llegamos a Bogotá. Acomodaba las presas de una manera estética y cantaba en silencio. le preguntó. y sonrió–. Miró sobre la mesita de centro el celular de mentiras. Una seria advertencia se debía tener en cuenta. sino una niña enteramente terrenal. jamás igualarían a unas imitaciones tan preciosas como las que habían comprado en San Victorino para no obrar como una inexperta. Ella servía y miraba las preciosidades ubicadas en el sitio exacto. parecido a un extraterrestre. –¿Por qué te molestan los ruidos si amas el tren? –sustrayendo la mirada de ese mundo precioso. el viejo amante le había enviado de regalo el día del matrimonio en la Notaría. ¿No recuerdas lo que me dijo el poeta de la diplomacia cuando almorzamos lagsaña en San Marcos? –¿Qué dijo ese acomplejado? –le respondió ella a sabiendas que jamás habían estado en San Marcos y menos con un poeta. –Que yo no podía sentir un poema sobre el tren porque no había hecho el viaje en el tren veloz de Tokio a Okinawa –afirmó e hizo énfasis–. y el objetivo de los especialistas era llevar los dos a feliz término. Las décadas venideras serían duras y la mujer tenía mejor capacidad de adaptación a los tiempos adversos a la vida. Los dos tratamientos se desarrollarían a la vez. no . Claro.47 quedaron debiendo 15 cuotas en vez de tres. Gina Teresa no podría concebir un niño. Si bien las porcelanas de la oficina de gente exclusiva valían millones. La razón era sustantiva y demostraba la responsabilidad de la Clínica Crear. cuando llegué a Bogotá en tren. a escondidas de la esposa. –¡En tren! –Sí –dijo. a pesar de su naturaleza clandestina. era de última generación y superaba en belleza al del gerente y lo habían recibido como obsequio del vendedor de baratijas.

Gina Teresa lo miró satisfecha. Semanas enteras dormimos bajo los aleros de la primera iglesia presbiteriana en los sectores marginales de . Olvídate y dime por qué se vinieron. –En los años de mi infancia también eran enemigos de la patria quienes no militaban en la religión católica y mis padres cometieron la imprudencia de leer La Biblia que apareció promocionando un misionero gringo de apellido Kent. sino los hombres. Su Octavio. en el momento menos oportuno. Pero estar vivos ya era demasiado.48 llegaba a los tres años. –Tu lenguaje de profesor es paradójico y me deja enigmática. ¿Este no iba a ser el paraíso que disfrutaríamos con nuestra descendencia? –¡Ponle un poquito de optimismo a la vida! –Y no nos arrojó Dios. e inducirlos a cambiar de creencia era la justificación. Era un profesor expulsado sin causa justa de una universidad inexistente. podía cometer errores. –¿Quién los recibió aquí? –Nadie –le respondió Octavio–. sino por adorar a Dios. ¿no dicen que el campo es el paraíso? –Todos somos arrojados del paraíso –la miró como si no tuviese lentes de contacto–. Y no por hacer el sexo. pero no lo felicitó porque el optimismo lleva a los intelectuales a perder el sentido común y. Y la treta no le falló. –Déjate de odios con los colegas –con tono de experta en relaciones interpersonales le aconsejó–. Le admiró esa capacidad de adaptación. escupitajos y azadón. El poeta de la diplomacia instigó con recomendaciones y morirá como catedrático en el Inser. ahora. los desterraron a piedra y oraciones. quemaron la casita. ejecutaba tan bien el papel que ya inventaba experiencias y le concedía preponderancia a aversiones e insidias compartidas con personajes imaginarios. mi tren debía ser mágico y no eléctrico ni extranjero como el de él. Dos sacerdotes convocaron a sus pueblos. Lo llevó el testaferro de alguno de los guerreros que deseaba quedarse con su parcela.

Los lentes de contacto de Octavio Palacios la miraron. tienes que verlos –sugirió. pero no fuimos imágenes detestables como la televisión ha convertido a los desplazados que hoy revientan los semáforos. e inconforme aclaró–: Pero autos y transeúntes seguían en línea recta y gastaron millones para satisfacerles los gustos sumisos a las extravagancias de Miami. adultos y niños. como repiten los amantes de la fealdad y críticos de la belleza. ya que era tarde para adivinarle el movimiento de los labios. querida. –El frío de la silla me recordó las advertencias de los especialistas y pensaba en nuestro futuro con base a que desconozco tu pasado. –Los andenes del Parque quedaron de maravilla. en una dimensión ajena a las dimensiones de la humana criatura. giré en la Séptima y me senté a reflexionar en la silla que nos sentamos a fabular el día que llegamos aquí. Método sencillo de ver a millones de ancianos. más no sus ojos. se quitó los audífonos. –Buenos los tratamientos de Crear –nervioso le dijo–. –¿Y nosotros seremos los primeros desplazados urbanos? –¡Ay. tomé La 34. ¿O cero golosinas y menos comida en la empresa? . los tapones e intentó leer los pensamientos de Gina.49 Bogotá. Octavio dirigió hacia ella la cabeza y las orejas se veían como las de una reina gracias a los juguetones reflejos de las bombillas en los aretes. Debíamos irradiar desconfianza y tristeza. Octavio Palacios le bajó a la música clásica. si supieras cómo Bogotá se va elevando de la realidad! –Salí de la sede nueva de la Clínica.

La falta de solidaridad de Gina regresó a Octavio Palacios a los malestares del presente. como subsiona alimentos de mi cuerpo. Los especialistas de Crear son innovadores natos –ella levantó la voz. transformaban al hombre en un puñado de temores frente a lo conocido. le dijo: –Me es imposible creer que nuca me cuentas nada de tus hermanas. –¿Eso qué tiene que ver con nuestro futuro? –¡Que qué! . a estas alturas de la historia. Estaba por encima de sentimientos y aspiraciones y desconocía esa subespecie que no era tenida en cuenta en ninguna de las profesiones. medir y pesar y. ya no existía ese temor de enfrentarse a los misterios del más allá que sufrió la humana criatura en los albores del pensamiento y la moral. Deseó ser lector. Quiso ponerse a gritar. y a esas horas yo estoy en R & R y el embarazo no sufrirá demasiado. Los suplicios de la vejez cada generación se iban refinando y. pero era menos irónico mantener la apariencia de maestro a punto de pensionarse y no hacer el ridículo en un mundo donde los best seller enfermaban la fantasía y la internet reducía a un código las posibilidades de las lenguas. Pero la lengua de ella marchaba en sentido opuesto a las expectativas de Octavio y le contestó: –Afortunadamente en el día son las peores molestias. destruía tradiciones y culturas y. mi cintura bajó cuatro centímetros.50 –El bebé ya se puede ver. Añoró haber vivido en épocas prehistóricas. La construcción de una obra imponente implicaba una catástrofe en la naturaleza. después de maquillar las heridas incurables. me explicó el médico. pero Gina Teresa intuyó la explosión y. suave. hundía a familias enteras en la miseria. El le expresó admiración a la ciencia e imaginó los brasieres que usaría Gina después del embarazo. amorosa.

¿Te imaginas si olvido mi papel de maestro cuando deba salir? ¡Me tratarán como a un vaso de icopor! ¿Y el trabajo con el perro es mamey? ¿Te parece nada buscarle un sitio donde las máquinas no lo atormenten? –Ningún ser humano trabaja tanto. empezó a ladrar como si le estuviese dando un baño de energía eléctrica. A propósito. –¿Cómo tenemos ya quince años de conocidos y cinco de matrimonio y ni siquiera conozco a tus padres? Octavio miró los diarios en los anaqueles de la biblioteca y. quiso enmendar el error: –Hace 20 años mis viejos murieron en un equívoco militar. Te lo habría contado si antes me lo hubiese preguntado. Lo que se ve es mucho masoquista social. pasando a la cocina. no te molestes –avergonzado le dijo él–. yo? –Octavio reaccionó–. . Más bien apura el almuerzo.51 –Perdón. pero cuando cerré las puertas para salvarlo del ruido. –No presentarle la familia a la esposa es una agresión sádica propia de los resentidos – afirmó Gina–. Un maestro serio no puede responder sin que le formulen la pregunta. –Ayer lo acosté en tu armario y se puso contento. mañana es lunes y debo trabajar mientras tú te quedas a disfrutar tu oficio de descansar del descanso de todos los días. –No vas a inventar una comparsa de ellos en los infiernos –le advirtió y de una vez le ordenó–. Lo llevé al Parque y le aumentó el desespero. deja las ventanas y empieza a hacer nada mirando el infinito hacia adentro y no hacia afuera. –¿Sádico. Me lo explicó la sicóloga. mañana es domingo y el lunes es puente! –¿Te parece poco pasar la vejez tratando de mantener la apariencia? –dijo mirando en la biblioteca un afiche de libros en tres dimensiones–. Le lagrimeaban los ojos y le vibraban los músculos. si te molesta la construcción. estoy loca. ¡Perdón. la vida tuya sí que es fácil.

No se escuchó una palabra. En silencio culpó a la fertilización por congelación de óvulos. ¡otra vez con tus pataletas. le preguntó si no le importaban los quejidos del perro en el consultorio. ¿otra vez indagando por mi familia? Las riñas iniciaron un día antes del matrimonio e impidieron un roce cariñoso y los años iban pasando y a Octavio le era imposible resolver los anhelos de quitar un brasier con el lento correr de los labios. las palpitaciones del corazón arrojaron chispas parecidas a las de un corto circuito y. pues a su edad no podían concebir de forma natural y.52 Debí llevarlo de urgencias a Mister Can y la veterinaria le aplicó un sedante con la violencia que les aplican las vacunas a los bebés. conciliador. –Cambiemos de oficio. caminado hacia la alcoba Gina gritaba. Un primero de enero había arrojado el desayuno a la taza del baño. No valía la pena evocarlo. cabizbajo. tomó la olla y a cucharadas fue tirando el almuerzo a la cesta de basura. Octavio buscaba el noticiero y se sentaba a degustar atrocidades e ignoraba compartir los alimentos como dueño y responsable de los modales de una mascota fiel a las clases magistrales de la televisión. . y esa paliza simbólica le había causado a Gina Teresa una herida en el origen del rencor. Se le cruzaron las neuronas. Nada se le ocurría. Quedó suspendida en una espiral luminosa que salía de su ombligo y terminaba en el centro del cielo. Pero en un seminario de R & R las sicólogas le hablaron a las empleadas acerca de la importancia de abandonar la rigidez en casos distintos a cumplir con los deberes del trabajo y Gina se propuso entablar conversación. El motivo de las peleas no importaba y preferían la hora de las comidas. Octavio Palacios le notó la rabia en el tono bajo y. me dañaste el fin de semana!. pero las ventanas de la cocina revelaron un movimiento indolente de hombros. como ellos habían logrado el embarazo dos meses atrás. mientras en silencio él se preguntaba.

pero. Se consolaba. en realidad. Un hijo con el apellido Palacios le ayudaría a someter el futuro de manera fácil y jamás olvidaría la gloria de las vidas pasadas. La fe en la ciencia los enlazaba día a día y se veían felices como si en el mundo nadie más fuera a ser padre. ah. y a la dicha . La dinámica del maltrato les redujo la noción del tiempo y se dieron cuenta cuando la Clínica les ofreció la posibilidad de obtener el embarazo por congelación de óvulos.53 desde antes del noviazgo. ignorando el uno la violencia del otro. Con las ilusiones puestas en la Clínica Crear empezaron a pagar las cuotas por adelantado. los años se habían pasado tan suave como en una noche furtiva se deslizan las sábanas sobre los cuerpos en movimiento. Octavio la veía exaltada y le decía: –Gina. se sentían avanzado en la dirección correcta. reía como la esposa de un emperador y Octavio se contagiaba de optimismo e. Piénsalo –la calmaba y agregaba–: En esta época los hijos no se pueden tener por curiosidad. La suma de tantas fallas en las metas propuestas ya hacia innecesario tener un hijo con ese inútil. A pesar de las peleas. Gina había elegido ese método de locura en el mundo y clandestino en el país. Y esos malditos gastos los animaba a seguir en contra de los mutuos rencores. seguían estirando el hilo de la dicha. bendición. pensaba Gina. pero los gastos habían comenzado cuando las expectativas de Octavio iluminaban el camino de Gina. el altercado de hoy no dejaba recordar el del día anterior ni permitía prever el de mañana. ¡Gina se imaginaba un hijo semejante a un extraterrestre y punto! Le alcanzaron el documento y ella firmó y Octavio iba a leer las cláusulas y la mirada de ella lo regañó y le puso en la mano el esfero. Y en una de las últimas citas los especialistas les prometieron que el embarazo resultaría un éxito y ellos olvidaron el encono creciente en sus almas opuestas y se elevaron en los pliegues de la alegría. y ella volvía a depositar sus esperanzas en el laboratorio.

la apariencia resultaba definitiva. Pasaron del optimismo a un piso alto en la pirámide social. Y el desdén de los residentes les abrió puertas a posibilidades inimaginables en otro estrato. Gina decidió sacarle a plazos la sudadera y los vestidos y él aceptó fingirse un talentoso profesor expulsado de la universidad a causa de las reformas educativa y laboral. les empezaría a disminuir la deuda. Ella los vio pesar en básculas de alto tonelaje. un préstamo en R&R y reunieron la cuota inicial del apartamento 206 y pudieron gestionar un préstamo en el Banco de Bogotá. Sonrieron. ¿Qué hacer? Asustados vendieron los libros de Octavio reunidos en 40 años. cuando estuvieran a punto de morir. en cambio. Cada obstáculo les ofrecía un racimo de soluciones. la herencia de los dos. Nueve de las doce cuotas ya habían sido consignadas y. Los comportamientos cotidianos los repelía y fascinaba. La vista hacia el Parque Nacional les exaltó los sentidos y los hábitos de los nuevos vecinos los sorprendía. Dentro de la impresionante fachada de los edificios no todo era dinero y sabiduría y. A esa suma le adicionaron los vergonzosos ahorros de la vida. inspirada en ellos. y una familia digna debía ostentar unas comodidades superiores a las de amigos y hermanos. Timoratos iban ubicando el trasteo en el reducido espacio y satisfechos miraban la escala de colores opacos en la cordillera. en el alma sentían arder la semilla del nuevo ser. Analizaron y los personajes gastaban lo que no tenían para aparentar lo que no eran e. Y la necesidad de salir y entrar los fue adaptando a la atmósfera ambiente y día a día iban descubriendo la forma de vivir en armonía con la solvencia del sector. Su hijo ya sería un cabal propietario y podría dedicarse a cultivar el prestigio del apellido y a endeudarse por cosas menos vergonzosas que un lugar para vivir. se conmovió y en una prendería de Chapinero vendió los detalles del viejo amante y demás objetos de valor. sin haber empezado el tratamiento. Los intereses Gina Teresa los pagaría mes a mes a través de la nómina y. . Volvieron a revisar las cuentas y se proyectaron en la sociedad.54 imaginaria nada le importa la aburrida objetividad.

Celebraron. En la noche lo discutieron y. Pero este mediodía era el reflejo de oro de su relación de pareja: el infame había vuelto a tirar la comida. sacrificarían el pan en honor a un jabón de aroma menos común. en realidad. si era necesario. Refinaban la apariencia y evitaban la visita de esos personajitos que hacían preguntas indiscretas y. los guardaespaldas la dejaron pasar sin requisarla. Convirtieron los abismos abiertos día a día. un viernes.55 –Pero esas gafas desdibujan tu imagen –ella lo compadeció y le ilustró sus afirmaciones con una noticia mundial–. en la soledad suprema. en una constante. superaron el temor a las murmuraciones y. Según la última encuesta. De fortuna el apellido Palacios no pondría en ridículo el nombre del perro y los dos se veían radiantes y los peldaños de la escalera sentían unos pasos seguros. envidiaba el estilo y el buen vestir de la doctora Judy Peláez. idealizaban acomodarse a las preciosidades compradas en San Victorino. a pesar de la agresividad del presente y los avances en la construcción. como si nada fuese a suceder. el entorno y los demás. Gina le decía adiós a unas extranjeras. en el mundo hay menos intelectuales con ojos negros. erguía el cuello y de reojo miraba a las demás displicencias y. Le contó a Octavio y los dos llegaron a la misma conclusión: ya eran de El Prado. y sólo sufrieron una mutación cuando la Clínica les ofreció el descuento del 20 por ciento si tomaban embarazo y adelgazamiento a la vez. ¿por qué no compras unos lentes de contacto inteligentes? Pusieron a punto la presentación. A partir de entonces se habituaron a vivir abriendo y tapando abismos de igual tamaño. ¿no te parece? Y sin decir una palabra más decidieron aprovechar la promoción. el futuro no podía ser peor. manera práctica de vivir en armonía consigo mismo. Un congresista cada semana llegaba a enseñarle el penthouse a la universitaria que elegía por catálogo y. . El pasado de los dos había sido duro. Gina dijo: –Uno debía ser emprendedor.

Las adversidades quedaban sepultadas bajo un suceso extraordinario. así las ecografías viniesen confirmando la presencia de un feto en crecimiento. El noticiero podía confirmar el avance de la lectura gracias a la publicación de los realitys del año. No se atrevió. querido. o en estaciones extraterrestres camufladas en ciertas Clínicas de las grandes ciudades. Debían afrontar con fe las sorpresas venideras. ¿pero como justificaría su hazaña? Quiso apresurar la reconciliación e iba a decirle: –Perdóname. Tratamientos simultáneos. estoy equivocada. No eran pocos los nacimientos que habían sucedido fuera de la tierra. si alguna noticia del Vaticano cuestionaba los métodos de concepción no naturales. Se desconectó de la espiral luminosa. se dijo y pensó renunciar a la Clínica y embarazarse en la mente. soltó la carcajada. Gina se puso a divagar en la espiral luminosa y. ajá. No habría pelea. Si fuera un embarazo psicológico valdría nada.000 abortos del año. describir el bajo costo de vida y desmentir el alto índice de desempleo. como decía el tacaño. en vez de tres cuotas ahora debían pagar quince puesto que el embarazo era menos costoso que el adelgazamiento. al cabo de minutos. Con esa calma que oculta el deseo de amputarle las extremidades al ser amado. ello le permitiría a ella lamentar la suerte de las mujeres que el estrés les impedía concebir y Octavio le mencionaría los 600. pasaban seis o siete meses y el embarazo desaparecía y ellas quedaban como reinas en plena coronación. Descendió a las actividades intelectuales y eligió la televisión. saltó de la . aumentaba de peso y volumen. Colocó las experiencias maritales en una balanza y. deparaban fabulosas paradojas. sino intercambio de opiniones. La mujer sentía los movimientos del bebé. En la mañana el especialista de Crear le había infundido un nuevo motivo de optimismo. como el de ella.56 Bajo las cobijas Gina Teresa esperaba dormir la siesta del almuerzo que había merecido la basura.

El perro era un insustituible componente de la unidad matrimonial e incluso a Gina Teresa le gustaba buscarle un parecido con los dos. en el consultorio privado de una sicóloga de Colsanitas. cuyos personajes eran caricaturas de animales con formas e ideas humanas. La dicha de Dios se expresaba en las ingeniosidades del perro. y apenas vio la mirada frustrada del suicida les dio la solución. Octavio Palacios quedó como un pedazo de hombre refundido en un río de desechos y. Todas las clases se divertía simulando la caza y la pareja se divertía animándolo a entrar. Y tenía razón. Gina empezó a decir. pero desde cuando empezó la construcción en la noche llego cansada y debo corregir los oficios. Charles Chan no comía. lo alcanzaron a agarrar de la cola en el instante en que saltaba por la ventana. Se puso a chillar como un crío de dos años. el domingo de pascua a la hora sombría de las seis de la tarde. pidieron una cita de pareja. Quería la clase de inglés de Señal Colombia. El siempre se hacía al control y esta vez lo hizo ella. –Vayan pensando en enseñarle a servirse de la internet. la tristeza del alma se le podía medir en el movimiento desértico de la inocente nariz de can. Charles Chan corría y ladraba y trataba de meterse a cazar los animales dentro del aparatejo. los festivos y fines de semana el animal se deprimía y se sentaba a gemir. o todos los días recibía casos similares. Las noticias ya habían pasado y Octavio gritó: –¿Para qué prendes eso? Gina sonreía victoriosa y el perro corrió a no dejar apagar abuelito televisor. Los instintos incorrectos de Charles Chan les removió el piso y. yo trabajo y él se queda en el apartamento. En alguna vida pasada había sido hombre u otro depredador. Ellos le agradecieron y la psicóloga les dijo que también le interesaba saber acerca de la relación de ellos. Pero a partir de la construcción. ahora .57 cama y pasó a la sala. no jugaba. Y en las vacaciones de semana santa. De fortuna. Y la sicóloga era visionaria. de afán.

Y se propuso olvidar la construcción. le pareció poco castigo rendirle homenaje a las dictaduras del buen genio. Hablaban de grandes proyectos y Gina Teresa se movían como una gerente y Octavio respondía como un catedrático. Gina le dio un pisón al zapato de Octavio y levantó la voz. y ello les había permitido disfrutar en la cocina una dimensión profunda de la masculinidad. ¡tengo cuatro jornadas porque estoy embarazada! La sicóloga miró el reloj de la pared y habían pasado 14 minutos y llamó a una pareja con un niño. –Mente positiva –mientras los clientes se cruzaban en la puerta. Gina soltó una lágrima y gritó. debes afrontar el papel con toda dignidad. Aliviados de culpas y prejuicios se dirigieron a la estación a tomar transporte. La sicóloga escuchaba el juicio al tembloroso anciano y. todos debemos tener un lazo de afecto con nuestro entorno. habló de colegas que habían quedado sin empleo. –Si el perro llega a entender bien el inglés –continuando el diálogo. y a la construcción ignórala o el egoísmo te devorará. dijo Gina– en un futuro nos puede ser de gran ayuda. aunque en Semana Santa había acelerado el ritmo . obedeciendo al perdón cristiano en boga durante los días de crucifixión. para ello han cambiado los roles. y algunos usuarios de Transmilenio los veían como gente importante. buscando no avergonzarlo. la sicóloga le gritó a Octavio Palacios–: Un ruido de más no debe perturbar a un paciente de tu edad. ¡tengo triple jornada porque debo escucharle todas las paranoias! El no acertó a desviar el torrente de acusaciones y la psicóloga le sugirió que hiciera un esfuerzo y mejorara en las responsabilidades como amo de hogar y claramente le dijo. En una sesión debía atender mínimo a cuatro pacientes para estar presente en los tres lugares en que trabajaba y la discusión de la pareja de vejetes le había robado cinco minutos. inquieto como un perro salvaje en un bosque de icopor. El se había sentido cuestionado y.58 tengo doble jornada.

adelgazaban el oído y ella continuó–: Con la apertura. ¿no? Continuaron analizando las ventajas de tener un perro adicto a las clases de la televisión. –¿Por qué? –Lo podríamos vender a un políglota –dijo y quienes entendían el término. ahora llegan toneladas de extranjeros y todos dominan el inglés. –Y de los caninos sería el primer autodidacta virtual –sereno. más bien nos vamos para Europa. donde podían tirar materiales y estacionar grandes pipas de concreto. Y después de haber armado el esqueleto del tercer piso. preferiría unas excelentes relaciones con el infierno. no conocemos las futuras inclemencias de los dueños del park y de pronto nos invitan a arreglar maletas e irnos directo a los cielos y. –En una crisis puede ser nuestra salvación. entonces. –Siendo así –en voz muy baja. –Verdad. Esta semana vino un ejecutivo de Alemania y se sentía muy solo. La edificación levantaba hacia el cielo su red de concreto y la licencia de construcción seguía en jurídica de Curaduría. dijo pasando la registradora de salida. además de ganarnos unos euros. Octavio Palacios enfatizó–. Se le había podido prestar el perro y. en un país como este no sobran las relaciones con el extranjero. .59 aprovechando la soledad de los alrededores y el nulo tráfico de La 39. podríamos establecer una amistad.

.60 encontraron fallas en el terreno y debieron iniciar un nuevo estudio de suelos y en la muestra superficial encontraron un pedazo de crucifijo y. Pomponela se comprometió a entregárselas en la puerta de El Prado. Gina Teresa llegó huyendo de las vergüenzas del día en R & R y encontró a Charles Chan corriendo en una fila de sillas que Octavio le había hecho a lo largo de las ventanas de la cocina. polvo y moscas. Veía sonreír las flores con la visita de las palomas. Compró trece matas de distinta familia y. Le habló a Charles Chan y decidió dominar la mala suerte de las vidas pasadas. en la profunda. la angustia del presente y las inclemencias del porvenir. Desconsolada se propuso a recobrar el ánimo mirando las preciosidades de la sala. diagonal a la desértica plaza del Concejo. Admiraba el movimiento de la grúa que llevaba materiales de un lugar a otro. Octavio decidió poner plantas en el alero de las ventanas de 52 centímetros de ancho y 12 metros de largo. una mascarita de oro. Para contrarrestar la agresión de muros y vigas. Las imaginaba relucientes durante el resto de sus días. cuando llegaba a las seis. Las plantas ornamentales convertirían las vibraciones violentas de los motores en música y los olores a aceites quemados en esencias de la cordillera. El largo brazo giraba como el minutero de un reloj siniestro y. Gina Teresa lo vio encantado y recordó cómo la ingratitud de los hijos hacía sufrir a las madres y decidió dejar de mendigarle a la mascota el saludo. el perro lo veía meterse en el apartamento y con ladridos infantiles lo seguía de derecha a izquierda. El marco de la obra era una escuadra e insinuaba la calamidad a que llevaría a los apartamentos bajos de alrededor. Limpió vidrios y paredes. Silbó una canción y se contó chistes verdes frente al espejo. por tratarse de un cliente nuevo. Recordando la niñez en el campo las colocó en el alerón y aspiró el aire de un experto jardinero. Altivo se dirigió a Jardines Pomponela.

Se sintió incapaz de pasar la prueba de resistencia pasiva. La terrible longitud de acero continuó marcando una circunferencia muy cerca de las fronteras de los edificios Americano y Tequenusa. a falta de un sobre. vio en el vidrio su rostro. se quitó el saco y. Las flores y los anhelos de Gina eran insuficientes para elevarse de las miserias en que lo acabaría de hundir la construcción. la serenidad se alejaba. La bella letra debía ser del último programa de computador. decoración cambiaba la estética y. Se la entregó a Octavio. marcada en el respaldo con letra cursiva. recorrió las venas de Octavio Palacios. la conmovieron y se dedicó a celebrarle las niñerías. El impacto no le había permitido a Gina moverse y. Destruido y malgeniado le pidió a ella que fuera a comprarle silicona. como un eco misterioso. llegaban los ejecutivos a saciar los apetitos que estimulaba la ostentación del lugar y el surtido para sibaritas que la distribuidora de una multinacional renovaba cada semana. Como una bala rabiosa se aproximaba una carga en la punta del brazo de la grúa.61 Los suspiros de Gina fueron una dolorosa dosis de melancolía y. a partir de las ocho. las carreras del encanto a lo largo de las ventanas. . La obesa mujer le prometió traerle de los que habían usado unos operarios que con enérgicos taladros habían roto una planta de hormigón y mármol para rediseñar la oficina de gente exclusiva. Gina Teresa regresó apretando en la misma mano la silicona y una hoja de la administración. pues una vez los ineptos para el lujo cumplían el día de castigo allí. aseo desinfectaba. y menos de un día le demostró que las plantas eran sólo plantas. doblada en tres partes y. pues el algodón humedecido tapaba menos ruido que una red de agujeros. pues el administrador no alcanzaba a estudios universitarios. en medio de las vibraciones del susto. Charles Chan ladró emocionado y Gina quedó como queda un ángel gordo frente a la pistola de un demonio hambriento.

¿En Marco Antonio atenderán hasta las diez? ¿Has visto el parqueadero? Hasta en ello Marco Antonio es de gustos –agrandó la boca como una persona adicta a los lujos–. A gritos ella comenzó a hablarle de las cizañas en R & R y él le respondía citando los eternos mitos alrededor del trabajo y ella le gritó qué es un mito y él le contestó. –Obvio. pero las máquinas reanudaron actividades y Octavio se estremeció. Octavio se introdujo la silicona en el oído y. El contrapunteo habría durado la noche. qué humor. ciertas modas le parecían fantásticas y empezó a gritarlas y no pocas eran dignas de la inmortalidad. los homosexuales ilustrados son –Por favor. Lo mandó a hacer en una casa inglesa sin alterarle un solo trazo y en realidad la apariencia es hermosa. . querida –le llevó la idea Octavio–.62 –¡Cómo tengo el pelo! –exclamó–. claro. detuvo el escándalo de las máquinas. le decía moviendo la cabeza. ¿o sea qué alguna vez las traiciones de las pornográficas se convertirán en memoria trascendental? Para Octavio esa posibilidad sería un desastre y fustigó la esperanza de Gina citando un invento ridículo amado por los ojos del mundo y ella gritó. Y se quitó de los oídos la inútil silicona. Nada. Después del presidente aquel. una vengativa coincidencia. El odio a los chistes y la prevención a la empresa la tenían profunda y Gina reflexionó. mirando los brasieres. Octavio le cortó describiendo las excéntricas. un chisme renovado generación tras generación. y en las inauguraciones disparar las alarmas de los autos era una exquisitez en que la alarma más dura y rara se llevaba el trofeo y. causaba envidia en los barrios sórdidos donde la arcaica pólvora le volaba los dedos a los chinches de la guacherna. –¿No percibes nada nuevo? –desconsolado. El sonrió satisfecho de no oír nada y ella levantó la voz. ¡pero sin abuelito televisor Charles ya se habría vuelto loco! Gina se iba desvistiendo y. dijo.

egoísta con la caligrafía. en consecuencia. más cuando Charles Chan le olfateaba el vientre. Observando las plantas también pensó en darle una solución digna al embarazo. donde seguiría durmiendo el perro mientras llegaba la recién concebida. –¿Se caerá la planta. los computadores tenían definidas sus tendencias políticas y el administrador una bella letra. Se sentaron en la sala y Octavio miró el adverso de la página y quedó como una torre de acero. Se aplicó en cada ojo dos gotas para lubricar los lentes de contacto. La vio perderse en la última ventana de la alcoba del fondo. era escrita con la mano izquierda y ningún programa imita la caligrafía de los zurdos y. Según la inclinación de la letra. Sonriente observaba la belleza y recordaba leyendas románticas de jardines aéreos. y el tono solemne pasó a trágico: en el momento de suministrarles la porción de agua. ¿y tu décimo sentido qué? Ella multiplicó la curiosidad y al cabo de minutos se reconoció nada intuitiva para las intrigas y Octavio corrió la cortina de la sala y el semblante de ella jamás había cambiado tanto. señal instintiva que lo invitaba a ponerse de pie en el aburrido camino de la eternidad. Con frases mal puntuadas exponía el riesgo de poner plantas en las ventanas. mi cuerpo o mi verdadero yo? –Octavio se preguntó y pálido se removió en la silla retapizada por segunda vez. estirando el cuello. volteó la hoja y. ladraba y saltaba a . observaba las matas en línea recta y le admiró los botones a punto de florecer. Octavio la vio desconcertada y le dijo. se recostó en el sofá e imitó la pose de un gran administrador. se podía caer al vacío. Los dedos de Gina Teresa se pusieron a recorrer las huellas del brasier y recordó la simbología trágica de las flores y le asaltó una certeza: Octavio Palacios empezaba a distraerse con las actividades del hombre primitivo. El prendió la luz de las alcobas y ella abrió la ventana y.63 Ella se paseó en pijama y nada raro encontraba.

salió a terminar un trabajo de preponderancia mayor. las retroexcavadoras apagaron motores y los ruidos de obreros y herramientas se encargaron de castigar el oído de los vecinos. La noche circulaba lenta. como subsidiaria de una multinacional. Salió a peinarse en el taxi. Como niños sorprendidos ante un milagro quedaron en suspenso. tenía que imponerse sobre las demás. En esos momentos de celos exacerbados Gina lo tomaba entre los brazos y. optimismo y podrás hasta volar. larga y compartida hasta en los mínimos detalles. lo apretaba como a un peluche. Se bañó con el afán de un pájaro fugitivo y. y ello la hacía sentirse responsable de ese trabajo de importancia capital. pero podía verse marginada debido a que la selección mundial de recursos no tiene en cuenta los productos de empresas instaladas en países de nulo avance tecnológico y de fuerza de trabajo sin óptima preparación. sin tomarse un sorbo de té. siempre están en la condición de bebé.m. El descenso del ruido les permitió un grado de paz y el martilleo les evocó experiencias sepultadas bajo el olvido perfeccionado a lo largo de la vida. Pues en la competencia sin fronteras. cantarina–. pero de fortuna a las 5:00 las retroexcavadoras empezaron a golpear las palas y las volquetas a rugir. –En lugar de contarse chistecitos –le aconsejó Gina–. Gina Teresa era de las últimas. La pesadilla fue magnífica. La pareja pasó a la cama y se acomodó espalda contra espalda. Y. La imaginación recorría aventuras abismales y se fundían entre arena y sueños. A las 10 p. . El gerente sólo les había dado la opción de ganar y el estrés de un empleado repicaba en el otro y. buscando herir a Octavio. si la empresa no quería desaparecer. Arrastrando las cobijas Gina Teresa corrió a despertar bajo la ducha.64 morderle la cintura. aunque se mueren de viejas. tenía capacidad y calidad para recibir la calificación de proveedor superior. –Las mascotas sí son adorables –decía. en la cadena.

–La muerte del niño me salvó –levantándose exclamó–. pero la caravana entraba a Park & Diversión y el temblor de las ondas sonoras cortó la comunicación. el responsable de su deceso. Avanzaba a velocidad de tractomula varada y. Una camioneta se detuvo en la mitad de La Trece y la limosina y la brava escolta apenas se movían en dirección al Parque Nacional. Los minutos se alargaban hasta el fin del reloj y la cabeza de la caravana no lograba acomodarse debido al desorden de materiales tirados en el borde de la avenida. en contravía. Dos periodistas se dirigían a la torre blanca de RCN y eran testigos de excepción. por celular. La camioneta y las motos de La Trece llegaron a ocupar el lugar alrededor de la limosina y con los rugidos arrojaron contra el andén al pensionado Abel Merani. el líder sintió una dosis de nueva energía y contó una anécdota que había mantenido en secreto porque sentía vergüenza del alcance de su ingenuidad en las postrimerías de tantas experiencias que había adquirido a lo largo del siglo XX y XXI. En las obras monumentales una vida vale menos que las escorias de los albañiles –concluyó. Mordiendo el pavimento y la hierba del Río Arzobispo. o sino habría sido la primera víctima y ni siquiera habría sido catalogado como daño colateral. Mientras el alma del niño llegaba a los cielos. apareció la policía de tránsito. por la atención de los . La patrulla número 512 llevaba un niño que había quedado en coma gracias al espectacular accidente de una madre englobada y un escolta. cuya moto había saltado como buitre al andén. la patrulla decidió subir a la Séptima para volar al Hospital San Ignacio. los periodistas narraban los detalles insólitos de la discusión entre policías infractores e insobornables. cuando los sorprendidos autos le abrían paso. Consciente de haber sobrevivido para algo grande. Había puesto una queja en jurídica de la Alcaldía Local y.65 La obra seguía el ritmo frenético y a las nueve de la mañana una caravana llamó la atención de las ventanas. En directo. se enteraba que acaba de ser ascendido a jefe de seguridad del enigmático hombre de las cuatro loterías al mes.

66 funcionarios. el falló sería expedito e iba a favorecer a la vecindad. hay dietética! El pensionado Abel Merani no podía ser indiferente a la amabilidad de una institución en plena recuperación de la imagen que había perdido en la anterior administración y volvería a perder en la siguiente. Una anciana se movía de un lado a otro. vivaz. lógico. El pensionado Abel Merani estiró la mano y había perdido dos horas de la heroica vejez. Quien lo atendió le argumentó que había vencido el plazo y que la querella no había sido estudiada porque había adjuntado una fotocopia simple de la cédula y no el documento original. hablaban solos. Las colas se fundían y se volvían a dividir y los usuarios revisaban papeles. Incesante una pantalla electrónica repetía ¡Sonría! Trabajamos por el porvenir de los niños del mañana. El funcionario giró en la silla y. Dijo el mismo funcionario que le había recibido los papeles y. pero la edad le impedía ingerir comidas fuera de casa. Pero después de treinta días lo desesperó el silencio institucional. El calor quitaba chaquetas y aflojaba corbatas y algunas mujeres usaban como abanico los formularios y otras lamentaban la prohibición del celular. infló las mejillas e iba a gritar. alargándose sobre el escritorio. ¿quién diablos trabaja por . ¿prefiere aromática o tinto? Ante el asombro del querellante. Le agradeció las atenciones a la señorita y en nombre de ella a toda la Alcaldía. erguida. le sugirió tomar asiento en la sala de espera y le preguntó si le pedía por celular un vaso de agua importada. autoritario pidió un café para el señor pensionado y la joven de servicios generales apareció. agregó. ¿con azúcar nacional o importada ¡ah. miraban la ventanilla y los fuertes preparaban una nueva embestida. se puso un soberbio vestido y fue a las oficinas a preguntar las causas de la demora en la respuesta y les citó la Constitución. como si tuviera el don de la ubicuidad. –¿Cómo me iba a quedar sin mi cédula? –La equivocación fue del funcionario que lo atendió. y con tono de actriz de dos de la mañana le dijo.

y nadie en el mundo le podía demostrar lo contrario. recobrando el ancestro que recobran lo chilenos en el exilio. dejó a un lado el puritanismo grosero de las buenas maneras. en pedacitos él mismo había tirado la fotocopia autenticada a la taza del baño. no me olvides. volvió a pedir explicaciones acerca de los papeles. ¿Cómo los perjudicados se atreverán a poner una querella en los tribunales? ¿Cómo la Defensoría del Pueblo y la Procuraduría van a intentar una averiguación? ¿Cómo los periodistas se van a ocupar de un desastre arquitectónico tan grave? Pero el comportamiento delincuencial de las instituciones le había infundido un vigor de héroe adolescente y. enfático. Temió quedar registrado en la página de los usuarios desagradecidos. pleno de satisfacción se desabrochó las mancornas y. dio la vuelta. no adjuntó ni siquiera una fotocopia simple de la cédula. se propuso seguir adelante así los magistrados le demostraran que insistir en la justicia era cometer una . –Con este precedente. pues por cien mil pesos. continuó: –El pensionado Abel Merani. soy Ana Angarita. el funcionario hojeó el oficio. ¿y para qué averiguo yo! El funcionario nada escuchó y siguió repitiendo el embuste con una convicción a prueba de detector de mentiras. haciendo gala de una alta deferencia con la vejez. se dirigió a la ventanilla y. pero el fluorescente lo miró con el pudor de los perros de la vigilancia. y como si debiera regresar a otro mundo soltó una carcajadita. me han dicho a lo largo de dos siglos. sin reclamarle por la interrupción. ¿verdad? –dijo observando la pantalla del computador–. dijo: –En realidad. El funcionario incrementó las atenciones y. usted… –Doctor –Abel Merani le aclaró–. nadie sensato se quejará –dijo el pensionado Abel Merani después de contar el chistecito–.67 los niños de anteayer?. Con la lentitud de un aparato de alta fidelidad. Abel Merani envejeció una década y la anciana se ofreció a ayudarlo y el pensionado le agradeció y ella le dijo. sin embargo. y se difuminó en la puerta diciendo.

Octavio. Sin embargo. –Si las buenas relaciones han llegado hasta a un tonto receptor de papeles. Al respecto. por primera vez. ¿no? . –¿La internet? –en son de aclaración –le preguntó Octavio. –No… –Lo escuché en un programa de humor –reafirmó Alejandra–: Hablaban de un ovnipuerto donde habrían masajistas de dentro y fuera de la tierra. Del décimo. Y todo giraba a su favor. miró a Alejandra con los ojos y no con los lentes de contacto y. los postes de luz lo respetaban. la actual ministra del Medio Ambiente. decían. Octavio. Piensa. ella agregó: –Los medios no se van a exponer a perder la publicidad. Sólo un espíritu valeroso se le enfrentaba al amplio espectro de instituciones al servicio de una prepotencia invisible que manifestaba los poderes en una asesina mole de concreto. Y chicas complacientes del décimo planeta.68 injusticia con el victimario. Su lucidez alcanzaba a rozarse con los bordes de la clarividencia. Estaba contreritas y lo haría sin importarle que su rabieta convirtiera un episodio de vecinos en un conflicto internacional. sobretodo. fue directora de Planeación y en su momento felicitó al dueño por emprender tan magna obra. ¿cómo será en las altas esferas? –Alejandra se interrogó–. buscando regresarlo a su habitual naturaleza. Incluso en las oficinas de peor reputación le ofrecían tinto. no gratis cuando los árboles no lo admiraban. una soberbia fuerza de voluntad para representar a una comunidad humillada y sin derecho a enfadarse. reconocía que en casi en cien años aún no se había adaptado a lógica de los funcionarios de Bogotá. ideas profundas y. –No sé. En medio de la tiranía burocrática su aura reflejaba experiencia profesional. Alejandra Villa le aclaró a Octavio Palacios un día que se encontraron en la plazoleta y él venía del centro de comprar unos audífonos y otros cidis de música clásica.

Las hojas de los libros formaban los pétalos de una flor tan extensa como el universo. se paseó como en un salón de clases y lo escuchaban centenares de alumnos. y ese miércoles le correspondió a la biblioteca y. Los reflectores de Park & Diversión podían esconder cámaras de oscura fatalidad y los perros sabían descifrar las palabras que no oían los vigilantes. pero el ruido le impedía imaginarse leyendo una línea de la biblioteca de libros inexistentes. llenas de tierra. saliendo con destino a un humedal en que se levantaría un hipercentro en contra de los críticos de profesión. En los planos no aparecían sótanos y los estaban abriendo gracias a la complicidad que les ofrecía la plataforma de los primeros pisos. Se puso el vestido azul. Judioamericanas. Vio temblar los edificios y se acabó de preocupar. Octavio Palacios ya no escuchaba el ruido con el oído: como inyecciones letales lo sentía recorrer por el centro de los huesos. diseminadas en los sectores decentes de Bogotá. a Octavio Palacios se le reveló una solución tan económica como elevada: La real biblioteca sería el infierno y sus prodigios. . pues perros y vigilantes habían sido entrenados en escuelas subterráneas. en ausencia de Gina. y los vigilantes eran expertos en entender el lenguaje de los perros. Tenso escuchaba la fila de volquetas. el Medio Ambiente y las mentes sensatas. El temor a los castigos había poblado el apartamento 206 de imitaciones suntuosas.69 Acordaron jamás detenerse a mirar las moscas que venían sustituyendo a los pájaros en el aire y a las flores en los árboles.

Buscó desahogarse y. Trabajaban en jornadas de doce horas. bueno. La escritura le exigía tiempo libre y. los consabidos motosos. donde antes comenzaba el paisaje y las distintas rutas hacia el infinito. Surcando la mezcolanza de materiales y obreros brillaba como una virgen voluptuosa en un lupanar de iglesias. resolvió escribir una obra maestra defendiendo los derechos vulnerados a él y a la comunidad. Escribía en la mente y en la sangre sentía los pasos de una alimaña si miraba el desastre arquitectónico. dejó de pensar en el caudal espiritual de los creadores auténticos. Cruzando de ventana en ventana. Nadie conocía festivos y horas de comidas y. le impedían a Octavio leer una página de los libros jamás escritos y los afiches de libros de tres dimensiones. se propuso liberarse de las actividades cotidianas y decidió adelantarlas antes de la hora acostumbrada. No pudo posar los torpes dedos sobre una tecla del vivaz computador. le impedían guardarlos en los anaqueles vacíos de la biblioteca. el título en una carta no importaba. a la siguiente lo hacían de noche. tenía flojos los colmillos y exclamó: . pero proyectó los temas que cinco genios desarrollarían en la vida. y quienes trabajaban en el día una semana. Las púas de la riqueza ajena alrededor de su ser. a causa del estrés.70 El caos de la construcción se sobreponía a las virtudes de sus venerados infiernos y en la tarde lo estimuló a ganarse un susto. como amo de hogar. La asistente de obra era estudiante de la Javeriana y daba órdenes a los maestros. como si la costumbre permitiera denunciar los atropellos. fingía limpiar el polvo de cada hoja de su jardín aéreo y contó ciento once obreros. herido. menos. En la primera sentada ocurrió el milagro: se llamaría. y eligió el estilo epistolar. con una ventaja: la obra de Octavio Palacios no excedería la página ni admitiría nada distinto a los efectos negativos de Park & Diversión. Se sintió prisionero y. Peinó el perro y le lavó la boca y. y los maestros apuraban a los obreros.

a lo largo de la vida. en la puerta de la muerte. no he empezado a sentarlo en la taza! Aseó en cinco minutos el apartamento y le hizo un gesto a los personajes que habían remplazado su amada fotografía. Preparó la comida y alcanzó a comer por Gina. cuyos fracasos. Tecleaba e inventaba antihéroes y los ponía a actuar en espacios opuestos a los recorridos por sus pasos. el comportamiento de una persona . Cada uno sirvió un plato y entre los dos atendieron a Charles Chan.71 –¡Ay. allí. llamó a la línea al cliente de Colsanitas y la sicóloga le dijo que la valentía consistía en sobrellevar los vejámenes sin perder el ánimo. han pateado sus libros y su dignidad. Los deseos de empezar la primera frase lo tenían en la elevada emoción del enfermo. Las reglas de conducta cambiaban según la formación del individuo y no a causa de las características del lugar. Sufrían accidentes dramáticos y ella trataba de minimizarlos con parábolas. Descendió a escenarios menos gaseosos. masticaba sin separar los dientes y estaba atento a las buenas maneras de los amos. encima colocó los audífonos y puso a todo volumen música clásica. Se metió en los oídos la silicona. y ellos saboreaban cada bocado con una velocidad inferior a la de una pareja deudora de una carta inmortal y pendiente de los castigos en la oficina de gente exclusiva. Octavio Palacios no le entendía y la oficina de gente exclusiva fue un buen ejemplo. Gina Teresa también llegó irradiando optimismo. Ella adquirió los nervios de una mosca perseguida y. ¡Estaba perdida! Presionó las teclas del celular a sabiendas de la inactividad por exceso de pago. en busca de un consejo profesional. El perro le daba decoro a la mesa. En breves minutos. Quizá iba a cometer un error. Gerencia le había enviado un imeil enumerándole las sanciones futuras. le revelan el milagro que le permite escribir la obra esperada por los críticos que. Gina Teresa venía siendo objeto de estímulos que afectaban su integridad y le era difícil soportarlos con nada distinto a la alegría.

También se debía obrar despacio y repetir los deberes cotidianos para ganar el tiempo que se pierde haciendo las cosas de afán. por fortuna se reanudó el ruido y sino le habrían lanzando ladrillo a las ventanas. Pasaron a la cama y el uno palpó el cuerpo del otro para comprobar si. El sentado de los dos era de personas de sensibilidad madura y el perro comía sin dejar escapar un hilo de respiración. como una embarazada. corrió al baño tapándose la boca. Octavio seguía concentrado en el encabezamiento de la carta y terminó de confundirse. Se bañaron dos veces la boca y prendieron la lámpara de la mesa de noche y apagaron las demás luces. Los ineptos para el lujo no podían disfrutar los placeres de los aptos. sentir el olor de un postre? –Igual ocurre aquí –le dijo Octavio–. ¿Cómo podría saborear un queso. Se paseó la lengua dentro de la boca. antes de terminarlo. –Miró hacia afuera–. El susto le hizo alcanzar a Octavio las gotas de los lentes de contacto. –Un plato favorito de la realeza enloquece a los gerentes –ella fue concreta–. Octavio Palacios se sobresaltó y miró el vientre de Gina y en San Victorino habían ignorado comprar lo mejor de las imitaciones alimenticias de alcance internacional.72 revelaba las experiencias cultivadas a lo largo de la vida. vuestra merced! –Gina moduló la expresión con el desdén que los empleados se prestaban para atormentar a sus colegas–. catar un vino. pero en la oficina de gente exclusiva estaba padeciendo el castigo uno de producción y le dijeron. ¡por favor. La música clásica alivia mis oídos. se tocaron las orejas y enfadados levantaron la cara. se habían acostado. Y por cortesía él lo recibió y. En casos de apuro el humor era una eficaz medicina y se contaron chistes incoloros y sonrieron con la decencia de gente culta recién conocida. y estos no podían experimentar el suplicio de los primeros. pero hubo una rara inmovilidad en la construcción y los obreros escucharon la grabadora. en realidad. Una fortaleza en la gente de altos cargos era una falencia en la de bajos. La sombra de los tres irradiaba futuro. .

fundición de vigas y columnas. furibundo defensor de la soltería y lo invitó a embriagarse en el Park Way. Buscó redimirse cuestionando el matrimonio y llamó al amigo. y el insomnio la dejó suspendida en los goces que padeció antes de haber iniciado el recorrido del desespero a lado de Octavio Palacios. condiciones obvias para entender las dolencias de los excluidos de las estadísticas de . pero jamás lo habían llamado a entrevista. por qué me uní a este profesorcito! Sonrió con la malicia de aquellos días. eligió la reflexión. licencia e instalación de servicios se hacían de manera simultánea y de afán. pensando llegar a la muerte tranquilo. Estudios de suelos. único. por qué. en cambio. La juventud la dejaba en manos de la obesidad y el amante de 70 años quedaba viudo y. y la reflexión es incompleta sin el insomnio. Gina le admiraba la persistencia y la capacidad de comprenderse así mismo. antes de quedarse dormido. Y la razón era sustantiva: Park & Diversión debía inaugurarse con la asistencia del presidente y los ministros y serviría de despedida al presunto propietario y candidato. El acelere de la obra era igual bajo el sol ocioso o los relámpagos impertinentes. ¡Dios mío. Afuera nada ni nada quedaba a merced del azar. empezó a soñar las palabras con que escribía y volvía a escribir frases de una contundencia superior a las sentencias del apocalipsis. a ocupar un cargo diplomático en Washington Gina Teresa. El aparente caos obedecía a cálculos precisos y se ceñía a un cronograma en que desperdiciar un segundo merecía arrojar al poco colaborador a los caudales fétidos del Río. Gina Teresa proyectó la vida sin amante y el mundo se le convirtió en un desierto tan redondo como una moneda de centavo. cedió a la seducción de una experta que le prometió las ocho herencias de los anteriores esposos.73 Pero bajo las cobijas Octavio retornó a la carta y. En 22 convocatorias la hoja de vida había sido aceptada. Y en el curso de la semana Octavio se iba a disputar una cátedra en el Inser y le pareció regio celebrar de antemano el fracaso.

–¿Por él o por mí? –Por él. ¿Cómo te parece? –Terrible. dañó cinco disquet. El odio a la nueva esposa del viejo amante de Gina Teresa. riendo. a cada sorbo. Pero sonrieron. –Es una propuesta convincente –dijo sin saber que estaba a un beso de convertirse en novia. El noviazgo era una manera elevada de castigar la mala suerte de los dos. mirándose en el espejo. ¡brindo por el rechazo a mi hoja de vida!. bravooo! Cruzó los brazos y puso en cada hombro una palma de las manos excitadas y bailó boleros. el de Octavio le resultó un beso inmaduro y se acabó de entristecer: ser novia la dejaba en un estatus inferior a la de amorcita mía y puta perseguida. levantó la copa e iba decir. pero de fortuna era domingo y sino habría pasado a . obvio –enfatizó Octavio–. Gina Teresa se amó en solitario. a falta de hombre. sino les faciliten el matrimonio. rodó sobre la alfombra y. se bebió dos frascos de enjuague bucal. y. y terminó brindando por el noviazgo de ellos dos. –Se casa –le dijo Gina–. Comparado con los besos del vejete de toda la vida. antes que novio tuviste amante. y Gina alargó la cabeza y lo besó en la boca. pero un desliz intelectual le cruzó razones ideológicas y anhelos inconscientes. Un científico del Inser propone que a los sicarios no los confinen en cárceles. lo lamento.74 empleo y a las amantes abandonadas. puente inevitable hacía el matrimonio. se quedó dormida debajo de la cama. a falta de licor. No se pudo levantar antes de las dos de la tarde. Al amanecer volteó la mesita de la grabadora. Sonrío a batiente viva y le subió el volumen a la grabadora. exclamó. de verdad. Entraron a Luna Subterránea y ocuparon la mesa de un rincón cercano al baño. confundía al defensor de la soltería y. en plena euforia. ¡te felicito Gina. En la habitación. Ella era una mujer respetable y. Gina. vomitó.

En la suerte del uno el otro vio la ausencia de futuro y. Gina Teresa disfrutaba un compañero. en esa época todavía sin remodelar. Pidieron un café negro. ¿Qué más pedirle a la vida? El optimismo era hiriente y en ese mundo sólido. sería un profesor de prestigio y. a ella le quedaría la pensión. un intelectual e iba a pasar la entrevista en el Inser. años tras año. Octavio era el primer novio. ella se preguntó yendo y viniendo en su habitación de soltera. dictadas desde París por docentes de alto nivel y expertos en estudios de casos posthumanos. si moría de tanto saber y enseñar. . como producto de los tratados de libre comercio. Octavio. Octavio Palacios terminó perdiendo la última oportunidad frente a una serie de vídeo–conferencias. Pero cada embestida de la época causaba un cataclismo bajo los pies de los optimistas. estaba llevando al ostracismo la educación universitaria. y Octavio ya ni siquiera podía aspirar a ganarse las clases de una licencia de maternidad. que logra crear la insensata confianza en el porvenir de los demás. ¿en un mundo así para qué la soltería? Tomaron el teléfono y la comunicación fue imposible porque se marcaban al tiempo. Gina aceptó que era menos humillante pedir limosna que lograr una cátedra. Y en la suya Octavio se preguntó. sólo entonces. ¿En un mundo así para qué seguir el noviazgo?. Y el advenimiento de las subsidiarias de universidades americanas.75 pagar el guayabo en la oficina de gente exclusiva. El uno salió a buscar al otro y se encontraron en la mitad del recorrido y se dirigieron a Luna Subterránea a contarse un secreto. y. menos calvo y sonría educando a hijos tan lúcidos como extraterrestres. En el curso de los días ella se arrepintió de la condición de novia y la falta del trabajo ideal redujo a Octavio a la impotencia. para permanecer en plena lucidez. doble. que era menos triste cargar con el matrimonio que buscar satisfacer las costumbres del cuerpo con el amante ido.

ignorando el momento mental del marido. las cárceles le quedaban en pañales al matrimonio. y le impuso una condición: los actos definitivos los resolvería con el viejo amante. Y no la había obtenido porque una atractiva combinación de pensamientos los llevaba a lugares distintos. Octavio Palacios aceptó sonriente. buscando redimirla del fango de la decepción. con las manías verbales de un aspirante a sabio. y olvidó que. En Gina Teresa triunfaba las emociones súbitas sobre las decisiones tomadas en largas jornadas de insomnio. compraron vestidos de marca en un almacén de contrabando y aceleraron la legalización del desmán. desde ese acto deleznable. Gina Teresa era sabia en satisfacer las primitivas curiosidades e. Empezaron a vivir juntos y. pensó en las expectativas insatisfechas. Eligieron la Notaria 11 y cuando el notario les pidió los testigos. salieron a La Séptima y dos transeúntes les cobraron por cada firma veinte mil pesos. Empezaron a aburrirse en sus habitaciones y el uno pensó tener al otro como salvavidas durante en naufragio del país y se llenaron de odio contra el destino. Pero según la lectura mental de Octavio ella estaba ansiosa de definir el estado civil y. si aún estaba vivo. le preguntó si le gustaría experimentar en cuerpo propio las bajezas del amor oficial. la inspiración. Pero esta era una noche única y los ideales de él contribuían a nivelar los abismos abiertos a cada paso. Gina le cedió la palabra. ya habían pasado cinco años de peleas y reconciliaciones.76 Segura de oír en boca de Octavio los pensamientos de ella. Pero esta vez la ruidosa noche producía fatiga y ansiedad y le dijo que una respuesta aplazada le devoraba el alma con la fuerza de un cáncer. le había permitido escribir en Jamaica al romántico Simón Bolívar. El sacrificado maestro pensaba escribir una carta tan memorable como la carta que. Dio una vuelta en la cama y dijo: –¿Tenemos insomnio? Para expresar inquietudes fundamentales ella era sutil e ingeniosa y se alargaba en detalles. y . como instrumento de control. a los discutidos durante la charla.

No resistía un nuevo aplazamiento. Ese señor me regaló de navidad un carrito de plástico verde y rojo y yo jugaba en la arena junto con mis hermanas. Acostados los siete en una cama hecha con pedazos de tabla. logró refugiarse en una página de máximas y. como una palabra precisa. de uno en uno. como leyendo los episodios de una pesadilla. él se sobresaltó y ella le pidió una respuesta sin exageraciones ni rodeos. empezó: –Antes de la mordedura de la rata al pie de mi hermana. . esa noche recordó cómo habíamos llegado a Bogotá. la llevó a una iglesia y una familia Aguilé iba a construir una casa en el primer barrio cerrado de Bogotá. ¿nunca viajaste en él? La familia necesitaba unos celadores y en el fondo del lote los maestros levantaron un rancho dividido en dos piezas. hizo la pregunta y. El escapó de una tortura y. a pocas cuadras del la línea del tren del nordeste. se cambiarían de ropa. pero un día le apareció destruido el color rojo y. ¿Por qué dices que no puedes vivir en otra parte del mundo? Octavio saltó de la página inmortal a la descabellada niñez y. le contestó: –Si nadie hiciera preguntas. Octavio siguió eligiendo la frase para empezar la carta. tal vez. nadie mentiría. Y aunque acababa de arruinar la sobriedad con que se habían acostado. la señora donde mi madre lavaba ropas. en sueños. recuerdo que mi padre culpó a un ayudante proveniente de un pueblo conservador de Cundinamarca. –Te repito –ella le inquirió–. aliviado. Le apretó la nariz.77 la falta de pregunta siempre dejaba la respuesta en veremos. la construcción de la casa duró dos años y siempre mis padres fueron los celadores. En una viviríamos nosotros y en la otra los albañiles guardarían las herramientas y. Para los ojos pobres de mis padres la casa era el premio a una vocación celestial y para nuestros ojos de niño era un juguete inmenso tirado en el piso. relacionaba el daño del carrito y el destierro sufrido por leer la Biblia. incluso después de la inauguración con lechona que los propietarios no miraron porque la religión les impedía. ahora. En esa época el tiempo era un arroyo y no un relámpago.

–Empezaste a invocar los cajones y a recordar las ruinas de la niñez –le dijo Gina–. pero jugábamos a las escondidas en las piezas vacías. En sueños siempre estoy volando y me puedo caer. . Después de la inauguración vivimos dos meses allí. Los señores Aguilé eran elegantes. Nos encantaba mirar en el centro de la inmensidad la antena de la Voz de la Víctor. Quizá en sueños. Los asombrosos de la niñez han comenzado a habitarme y por eso no quiero ni puedo vivir en otro lugar. si me escuchas gritar ¡madre! no me vayas a despertar. los lujos ajenos que se patean en los juegos infantiles permanecen en el inconsciente como gran aspiración. en los garajes. ¿qué piensas en realidad? Octavio la miró y ella continuó: –Intuyo que estás adelantando las clases de la próxima semana. –¿Y qué va a ser la niña sin un bisabuelo de papá? –La gran tragedia del hombre son los padres –afirmó Octavio Palacios–. la primera emisora del país. Y este apartamento me recuerda esa casa. pero terminó cometiendo un error que terminará arruinando la humana civilización. son los sueños reservados para enriquecer los delirios de la vejez. ahora. El santo que se inventó la familia pensaba ponerle orden al desenfreno de los instintos. Las espaldas sacrificaron las palabras y el tintín de las herramientas sonaban como en otra dimensión. –Todo lo has dicho como una máquina alucinada –Gina lo juzgó–. prepara de una vez las del semestre.78 preferíamos maravillarnos con el paso del tren. ¿Has visto cómo están de enfermas las flores? –Sería un alivio más para mí que para ti. las vacas popochas espantando moscas con la cola y los arrogantes pinos que ocultaban los excesos de la mojigatería en las quintas de la sabana. ya no estás viejo sino muerto. Los armarios y los cajones son del mismo color y de la misma madera. claro. No seas cortoplacista. una rata me muerda el pie.

¡chaooo! Marcó el semáforo y la anciana se difuminó pasando la avenida. Le pediría a Gina Teresa que adelantaran el shower y en el coche sacarían a Charles a dormir en el pasillo. Dejaba atrás el delirante recreo de los estudiantes del Champagnat y empezó a oír los ruidos de la construcción. mirando a Charles Chan le dijo. ¿quién será?. ¿el park lo irá a volver escritor?. desde cuando ocuparon el 206. estoy loca! Cruzó las manos en signo de adoración y se le ocurrió una genialidad: La autobiografía. El ansia de progreso volvió a habitar su corazón y cerrando y abriendo los ojos diseñaba nuevas expectativas a la sombra de las esperanzas de él. Octavio la miró llevando la cabeza hacia atrás y ella le dijo: No te sorprendas. qué bello el chiquitín. ¡nono. volvió a visitarla. Las escaleras soplaban como un tifón. Suspiró. El calificativo de Chiquitín a Charles Chan inspiró a Octavio. se preguntaba y sentía el cuerpo suspendido en las nubes de un mundo inédito. Y el sueño arraigado en ella. Pasando la Avenida Caracas analizaba los consejos de la estilista y el veterinario y una anciana dejó de sonreírle a los usuarios de Transmilenio y. Dios le permita a ese ladrón ganarse diez loterías al mes. pero las . soy Ana Angarita.79 –Sólo pienso escribir unas líneas. Los anhelos Gina Teresa volaron como los átomos de una explosión. Un futuro de aplausos logró dejarla dormida. Octavio Palacios salía de Mister Can de embellecer a Charles y le parecía buena la promoción de Nutrience Supreme si le restaba el valor del paquete de bolsas.

¡vete y le cambias el pañal a Steven! La adolescente se dirigió a Tequenusa II y en voz alta decía. escoria y obreros.80 cobijas de bebé estimularían los instintos afectuosos y los inquilinos del piso lo mimarían y Charles Chan podría soñar sin temor a despertarse con los estertores de la maquinaria. invadían el espacio público y Alejandra saltaba de la calle a los diminutos vacíos del andén y el perro dio un giro y corrió latiendo hacia ella y Octavio sufrió un sueño instantáneo. calla mi bebito. ¿será la de las pesadillas? Maquinaria y materiales. se . lo volvía a pellizcar. sacó una bolsa y recogió el popó y levantó a mirar y ningún obrero lo estaba admirando. Alejandra Villa. como ocurría desde cuando decidieron inutilizar el teléfono. giraba de afán hacía La 39 y vio a Octavio Palacios y. y Octavio se preguntó. mi bebito ¿quiere cocacola?. una Pizwor deforme de lo mismo cruel. pero alcanzó a apoyar la mano en el aire. le repetía y. pues los vecinos preferían no delatarse como amigos. esponjada como unas enaguas sin planchar. Charles Chan rapó la correa y corrió a husmear el poste. Regresando del susto. se puso la bolsa de guante. La mami le provocaba arrancarle la lengua a ese chilletas. ¿por qué la inconciencia lleva a Gina a tomar siempre esta ruta?. se inclinó y con maestría envolvió los monumentales bodrios de la mascota. bebé calla. Charles Chan olfateó en distintas direcciones y decidió acuclillarse a la sombra de una acacia. De buen ánimo perro y hombre bordeaban el Río Arzobispo y frente a Park & Diversión una recién aparecida en el sector le decía a la empleada. y Octavio tuvo la oportunidad de manifestar su delicadeza social y le quitó la etiqueta de promoción al paquete. bajo el cobertor. casa y universo de César. Maldiciendo a su hijo. trataban de coger rutas no acostumbradas y en cada transeúnte veían a un detective de Park & Diversión. esperó rehuirlo si le dirigía la mirada. El perro siguió a Alejandra y ella alargaba el paso y los zapatos gemían en la gradilla y el puntillón de un pedazo de madera le enredó el yin y perdió el equilibrio e iba a caer sobre un taxi rabioso. orgullosa.

con un discreto gesto de la mano Alejandra le había expresado el anhelo de verlo en breve. las deudas de su alma venían a pagarlas vecinos inocentes. Profesor. ¿recibía una amenaza por haber contado los obreros? Peldaño a . tomaban el sol. y Octavio parpadeó. entre dormido y despierto. aún trashumantes de la vida e inquilinos de la tierra. pálido y con los ojos cerrados. Con la mirada oculta debajo del quepis. Octavio debía portase como tal y reflexionó y en los estratos bajos la voluminosa mujer no estaba embarazada. Cuatro hombres subían un piano a un lujoso camión de trasteos. le dijo la mujer. en realidad. balanceándose como una paloma. pero una sed redonda le selló la boca. Las presunciones de Gina Teresa se venían cumpliendo y la pianista no se iba por los efectos catastróficos de Park & Diversión. La pianista se sintió asediada y volteó el cuerpo. La voluminosa mujer del tenderte pisó la correa de Charles Chan y. ¿por qué tuve que nacer? La culpa cósmica le irrigaba las orejas y si podía expulsar el aire le era difícil aspirarlo. –Sino soy capaz de volar. Sin saberlo. pero esta vez llevó la mirada hacia el edificio Plaza 39 y Octavio la imitó y en una matera de ladrillo dos gatos. profe!. el vigilante le entregó un sobre de carta y Octavio acabó de hundirse en el remordimiento. ¿Qué hacer? Le gritó. intentó gritar ¡Alejandra. como le ocurría a las criaturas reencarnadas. tan vivaces como tigres de peluche. En la plazoleta Octavio exhibía la bolsa y quedó frío. él había cometido muchos desmanes en vidas pasadas y. La señora lo vio inmóvil. sino por culpa de él. ahora. vio a la regordeta y. se encaminó hacía a Octavio Palacios. como Gina te volviste!. La pianista era de Hungría y no se ofendía si la saludaban. Octavio empezó a escuchar los aleteos de una horda de ratas dentro del pecho y de nada le sirvió mantener en alto la prestante bolsa. ¡profe.81 preguntó si el taxista pertenecía a la red de seguridad del indescifrable hombre de las cuatro loterías al mes. Reanudó la marcha y a cada paso se preguntaba si había soñado o.

No estaba seguro. Esperaba olvidar la actitud de la pianista escribiendo la carta. Una coincidencia era imposible. deseó salir al Parque Nacional a buscar un joven para satisfacerle los apetitos a la encendida muchacha. Octavio avanzó despacio. Podía ser una enviada de Gina Teresa para averiguar si ella era la responsable de la falta de virilidad de él. ¿Será ella? La encontró lanzada y se acabó de congelar. Abrió la carta y Villa Alejandra simplemente quería informarle. Park . sumada a la responsabilidad y la moral de la vida entera. y el perro se recostó junto a abuelito televisor y se puso a remover la comida con el centímetro de cola. no quería repetir la ridiculez en la realidad. En el apartamento se preguntó si el sobre de Alejandra se lo había enviado él mismo. y los vigilantes habían abierto el sobre y habían leído que él había sido despedido de una universidad inexistente. Uno lo había hecho al correr una línea la cortina y el otro se refería a unas argucias de la eminencia de la medicina en contra del mismo Prado. El frío de la sangre bajó a cero grados. se puso rojo. dos días antes. demostrada con el respeto inmutable durante los años de amistad y reiterada a lo largo del matrimonio. le habían impedido iniciarse y. En ella revelaría las infracciones cometidas por un conjuro burócrata y profesional. en persona. Una alumna le había celebrado con una tarde a solas la expulsión de la universidad y. En momento de confusión era necesario el buen humor y. tomó el citófono y portería le confirmó que se lo había dejado la doctora Alejandra. se preguntó. las directivas le habían comunicado la decisión. Un trueno resonó en los vacíos de todo su cuerpo. en el clímax de la impotencia. a través de correo. A. no se lo hubiese enviado él mismo. Satisfecho le sirvió Nutrience Supreme a Charles Chan. ¿Otra vez un sobre?. dos descubrimientos.82 peldaño miraba el sobre y en el remite le pareció ver las iniciales V. prendió el computador y se sentó como la fotografía del pensador de un reality posthumano que ridiculizaba a un filósofo con pretensiones clásicas en el estilo de concentrarse. Semejante preocupación. como si el sobre con membrete de universidad. frente al espejo. se contó un chiste francés que había leído en Mister Can.

Con la mirada quieta en la pantalla imaginaba las enfermedades por venir y sintió el rigor de la carencia del silencio y de la luz y. Ser experto en aparentar un profesor a punto de pensionarse. Sólo le había interesado convertirse en lector profesional cuando el pensionado Abel Merani le dijo lector. pero ante la imposibilidad de escribir una palabra. según la centenaria experiencia de arquitecto. En un arrebato quiso deshacerse de los tres vestidos y la sudadera. Aprovechando el liderazgo de Abel Merani le había pedido asesoría y. imprescindibles para sentir cada día la ventaja de saberse experto en pasar los días sin hacer nada distinto a mantener la apariencia ¡y ahora Gina anhelaba leer su autobiografía! Intentó romper las preciosidades que habían comprado para adaptarse a los rigores del lujo. Ni poniendo la mente en blanco podía hallar la palabra justa para continuar las tres líneas que llevaba después de semanas enteras de inspiración. deseó el cuchitril que le pudiera facilitar estas ultrajadas virtudes de la naturaleza. y no entendía cómo la sociedad producía talentos que sufrían 20 o 30 años aprendiendo a escribir para volverse columnistas de periódico. enfurecido. La biblioteca imaginaria dejó de ser el espacio en que convergían los infiernos dignos de la memoria. y se le convirtió en sitio de vergüenza y confrontación. llegó a admirar a los periodistas. ¿pero cómo leer si ya había empezado la construcción y. le sobraba toda probabilidad matemática y esotérica para asegurarle que jamás recibiría una gota de sol. Admiró a los libretistas y los elevó al nivel de los escritores. mucho menos. un poderoso libretista. formado en la escuela contemporánea de 70 años atrás. De fortuna nunca había tenido el sueño irresponsable de llegar a ser escritor y. Octavio escuchó los argumentos y de una vez comenzó a sentirse en una cárcel donde los infinitos sólo se podían reducir a puñados de oscuridad. no implicaba que pudiera escribir una frase digna de ser leída.83 & Diversión multiplicaba tanto sus espacios que reducía el espacio de los demás hasta negarles la existencia. antes de llegar al . y las palabras le rehuían y lo volvían a provocar. Carecía de destreza para traducir en palabras las ofensas de los ingenieros del desastre.

Los vio. Tal vez buscaba algún detalle en Panamericana y los había encontrado en la modalidad de saldo. dejándole las puertas abiertas a algún libretista de aquellos inspirados que. la escuchó diciéndole: –Querido. palpables. y el correspondiente al cumpleaños 61.84 206. en pocos días. ¡qué sorpresa. ¿cómo eres de irracional. estoy cumpliendo 61 años! Mientras estaba embelleciendo a Charles. y los contó y le faltaba uno. . ¡Dios santo. se detuvo en su infierno de libros imaginarios. Lo levantó y se cayó el sobre de Alejandra. el libro perfecto será el resultado de tu último sabático. ellos habían vendido las toneladas de libros acumulados a lo largo de la vida? La posibilidad de imaginarse leyendo le satisfacía porque quería decir que tendría el privilegio de permanecer ocupado en una sociedad adicta a la degradación de vivir buscando trabajo. Los rozó como a las teclas de un piano y eran sólidos. hoy es 19 de junio. ¡ah bruto. los había mandado a hacer! Releyó la tarjeta y Gina Teresa le admiraba la persistencia y le recordaba lo incapaz que hasta ahora había resultado el ingenio humano para producir el libro sin un solo error. Terco en demostrarse así mismo la ventaja de saberse escaso de talento. Los revisó uno por uno y eran nuevos. lo tengo en la mano! Analizando las propuestas que la querida esposa le tendría preparadas. de antes de haberse conocido. Se sorprendió. Los contó y le faltaba uno. Sonrió. Lo buscó y estaba junto a las llaves para tomarlo como insustituible compañía. Encontró una tarjeta. inventaban intrigas capaces de mantener en vilo a continentes enteros. alcanzó los demás. Gina Teresa había pedido permiso. En los anaqueles los fue colocando en orden. te mandarán a padecer los suplicios del lujo en la oficina de gente exclusiva! Ella le había dejado los 45 diarios. ¿Por qué una le había dejado el sobre y la otra los diarios mientras estaba en Mister Can? La coincidencia le impedía intercalar el diario en el año correspondiente.

a nivel personal. en el día de su cumpleaños.85 Con los diarios la biblioteca se veía menos vil que con los afiches de libros en tres dimensiones y los catálogos de las fotografías de las colecciones que le habían regalado en las subsidiarias de las editoriales extrajeras. En los últimos meses le habría resultado imposible realizar los ensayos. Si lo estuviese. amenazaban con meterlos a la cárcel. La palabra justa para continuar el encabezamiento de la carta vacilaba en la punta del portaminas. impulsaban a los enjambres de empleados a lanzarse a huelga y. no sé doctora. Si hubiese tenido paciencia para rememorar la actitud de ella habría descubierto que nunca habían intercambiado media palabra. ¿es cómplice de Gina o me querrá invitar a almorzar de cumpleaños? . habría bajado el ritmo en el conservatorio de las universidades en que era catedrática y. pero la familia del 206 fue la última en llegar a vivir aquí. Sin duda el esquivo comportamiento de la pianista lo había trastornado. Miraba de arriba abajo los estantes y una energía desconocida lo impulsó a culpar la excesiva modernidad del computador y decidió narrar su vida a lápiz. a nombre del gobierno. preciso. 19 de junio. debió preguntar en portería qué había precedido la edificación y la señora del aseo debió decirle. Sentía la sangre tibia e imperativo continuó escribiendo. y la ausencia de calma le hizo levantar la mano y observó la procedencia y la globalización le había permitido llegar desde Vietnam y. Gina se lo había comprado por 500 pesos. Al azar abrió uno de los diarios y todas las páginas estaban en blanco. Miró el sobre de Alejandra. cuyos tres propietarios le servían a la patria en las altas esferas y. simplemente la mujer le dirigía unos cumplidos al perro y a Octavio le respondía el adiós en un tono más extranjero que el normal en ella. en algún momento de impotencia para suicidarse. en prejuicio del inmortal contrabando. al regreso de Mister Can habría entrado a colocarse los tapones y encima los audífonos con música clásica y no habría visto el detalle. Se le resecaron los lentes de contacto y hasta ese momento advirtió que no estaba bien. en una buseta.

Y una vez firmaba el contrato y recibía las llaves veía el apartamento como nuevo y se animaba y terminaba cambiando todo lo que había visto. había dicho que cuando acabara de recorrerlos todos. si recordamos las motivaciones de su soltería. gimió y soltó el portaminas. Y esta reunión se sentía honrada con su presencia y ella no dejó de intervenir y llegó a . Judy Peláez estaba estrenando un vestido rojo sobrio y después de una severa presentación de la hoja de vida. En la séptima nadie se había referido al tema previsto y unos miraban a los otros e intentaban descubrir algún infiltrado. la reunión de esta vez había sido dinámica. le recordaba al personal brindarle especial atención sino querían ser despedidos a causa de algún memorando escrito por la mano de ella. De los 92 apartamentos de El Prado. Era la octava reunión extraordinaria que citaban a los copropietarios desde cuando empezó el primer estudio de suelos. su plato favorito consistía en deleitarse no viendo un día más a ese menso e incapaz de entregar el recibo de los servicios con estilo. Consideró un honor entrar y salir a la sombra de ella y. Cada 30 de diciembre ella tomaba un nuevo apartamento con fin de cambiar las fantasías que había consentido durante el año. el eterno Consejo de Administración entendió las razones de la exquisitez de la doctora. 41 pequeños. 59 estaban dedicados a la renta. y 18 de 89. afortunadamente sus clientes venían de décadas atrás y en los diciembres ellos sabían agradecer los poderes insondables de esas manitas y no se tornaban tacaños. Las fotografías anteriores a los veinte era lo único viejo en el cofre de los recuerdos.86 –Olvidé la reunión –dirigiéndose a Charles. exhibió el poder con la huella del propietario del apartamento 15–08. incluso. Pero gracias a su ausencia. cada seis meses. pero siempre en El Prado. en chanza. A ella todavía le faltaban 26 por recorrer y un día. no es difícil deducir que ni con la muerte un hombre podía aspirar a pasar el examen con ella. Observando la desconfianza. de 48 metros. vestido y usado. Con el correr del tiempo. mismo Octavio Palacios llegó a considerarse el sospechoso número uno. se moría lamentando lo poco capaz que era la naturaleza para haberle dado un esposo y.

cuya especialidad era importar ropa de segunda. Las veía rozar las escaleras con la espléndida suela de los zapatos. La de la silla siguiente era otra inquilina. dejó entrever la marca europea de la chaqueta. ella si sabía de dinero. patrón. A través de las ventanas polvorientas el animalito veía girar el brazo de las grúas y corría a orinarse debajo de la cama. y lo has visto? ¡Claro. un lector de dónde puede comprar un apartamento si a mí ni siquiera me alcanza para un almuercito decente en el año. las veía suspendidas en el aire teñido de mezcla y esmok. pero en el primer timbre colgó. Escuchaba los resuellos de los grandes perros de la vigilancia y aullaba como si estuviera encerrado en una caja llena de clavos al rojo vivo. remanufacturarla de acuerdo a las medidas inferiores de los colombianos. Todos aplaudieron y ella se sentó. Pero si hubiese recordado la reunión tampoco habría podido asistir porque debía quedarse a animar el perro. De tanto imaginarlas. por la monedita. amiga. podía ser un eslabón de la cadena de servidores del señor de las cuatro loterías al mes de la misma manera que los pordioseros eran los soplones de gracias. ponerle marca de estrellas y venderlas a plazos. en realidad. cajera de un banco español. y. como nadie en El Prado. ahora. Era asidua de una compraventa. tenía en el espaldar de la silla un sobretodo de la Princesa de Montecarlo. Recordando los millones que a diario acariciaba. El líder de 89 años podía alargarse en la charla y contar toda su istoria y la historia del país natal y del país de adopción. en ese momento. Salvo Judy Peláez. y esa mezcla explosiva le podía provocar un infarto y los investigadores descubrirían . ella era la mejor vestida del edificio y.87 insinuar que al viejo del 206 le habían dado la plata para el apartamento y por eso. Y no podía ser de otra manera. se proclamaba la víctima número uno y. furibunda adicta de lo auténticamente nuevo. casi al oído. La confusión le hizo marcar a Abel Merani. le dijo a la doctora Judy. ¡y no tiene nada de raro. las inquilinas estaban esperando el momento propicio para emerger de la nada. Mirando el estilo de una manga del sobretodo. es más atractivo un brasier de icopor! A cada instante Octavio Palacios veía a esas damas.

alma inerte e inútiles de imaginación. ellos habían sido continuistas de la familia . Antes de tomar la decisión definitiva. cuerpo amorfo. la huidiza palabra inscribió a Octavio Palacios en el círculo de sensibilidad porosa. les había tocado cambiarse a un apartamento pequeño. como soy de Octavio. podía mandar sin ser tildado policía. como lo eran los profesores que junto con él habían perdido la cátedra cuando a Gina Teresa se le ocurrió decirle a los vigilantes y a la señora del aseo que su esposo había sido profesor toda la vida y. El profesor podía jamás leer una línea y lo consideraban hombre de conocimiento. Octavio se hundió en sí mismo.88 que el anciano estaba hablando con el teléfono de Octavio Palacios y lo podían responsabilizar de homicidio culposo y de nada le serviría alegar que lo había matado la emoción que le produciría contarle la experiencia centenaria a un profesor de tanto prestigio. a raíz de la expulsión de la universidad. exclamó. la doctora Alejandra había salido cuando dejó el sobre y aún no había regresado. Debían estar analizando las menguadas posibilidades de alcanzar la pensión y no querían interrumpirse. pues en contraposición a él. Según el vigilante. moldeaba las mentes infantiles y lo proclamaban promotor de los derechos del niño. Para el estrato en que habían encontrado el paraíso justo a su medida. revisó la nevera y para celebrar su cumpleaños sólo había lechuga. Octavio Palacios marcó nueve números y en todos dejó el mensaje en el contestador. analizó las distintas profesiones y la de maestro tenía poder como ninguna otra. después de tres horas. por mismo internet. Regresó al computador e intentó pensar y. ¡y ya! La novedosa esperanza lo llevó a telefonearle a algún colega de lectura. estimulaba los vicios en los alumnos y los padres le agradecían el interés por enseñar las virtudes a las niñas y los valores a los muchachos. era un empleado del sistema y no era llamado burócrata. la internet había producido más creadores en una década que en el resto de los siglos. Tomaría un curso. reproducía las costumbres políticas y sociales y se mostraba revolucionario. era de enorme ventaja presentarse como la esposa de un profesor a punto de jubilarse.

ahora les intervendrán los teléfonos por culpa mía. salía en todas las direcciones y en laberintos ruidosos se ramificaba en las ventanas. le congestionó la mente y de almuerzo se bebió cinco vasos de agua. qué hice. En los pliegues de su habitual sueño Gina Teresa seguía diciendo: –¡Qué horrible! . restregándose los ojos. Analizó la descomposición de la mujer y. se preguntó. –¡Qué horrible! –exclamaba Gina Teresa y pequeñas burbujas de su boca dormida humedecían la almohada. Hizo el amague de destejer la oscuridad y apoyándose en la pared avanzó a la sala y una preciosidad le enredó los pies. se fustigó Octavio Palacios. asustados con tamaño método de opresión. el día de su cumpleaños. no se podía decir que estuviesen encartados con algún nieto. Eran adiestrados en bases Judioamericanas y Octavio esperaba disolverse en el aire y no en los colmillos de unos perros tan llenos de odio. se levantó. sin despojarla de las cobijas. El aislamiento universal. “¡Dios mío. cómo pude olvidarlo!”. ¿se referirá a mí o al castigo en la oficina de gente exclusiva? Temió verla vomitar la bebé y. entonces. La ira de los perros de la vigilancia se originaba en los sótanos. rebotaba en el hormigón. preciso.89 tradicional y se habían casado jóvenes. corría por debajo de las plataformas. Octavio Palacios se apoyó en el codo izquierdo y no sabía si soñaba o escuchaba los gritos. pero los hijos habían leído el estudio que afirmaba que el matrimonio podría rehabilitar a los peores monstruos de la sociedad y. habían elegido la soltería como forma de vida y.

revisar notas. El pavor a la servidumbre del presunto y la entrega religiosa a la pantalla lo estaban llevando a un nivel menos gris que el de un profesor sin esperanzas de una real jubilación. agregó–: Sería una palmada a la universidad que desde vidas pasadas te ha arrojado a la calle como a un pedazo de icopor. Giró bajo las sábanas. Sería un ascenso fabuloso. como vengándose de la mala suerte. lo escuchó tomar apuntes. El resplandor de la pantalla le hizo creer en la posibilidad de encontrarse sentada en una estrella y se sintió a salvo en el centro del firmamento. –¿El park te va volver libretista? –le preguntó y. A los cuarentaiséis y embarazada dejaba la esperanza de consumirse en una orgía y empezaba a inclinarse en favor de las actividades de la fantasía y la distracción. Dirigió la mirada a la alcoba y le pareció ver unos destellos de oro en la oscuridad. Gina Teresa despertó y eran las tres y media de la madrugada. –Querida –con voz pasmosa le aclaró Octavio–. tus aspiraciones son un deber para mí. ¡Qué bueno! Se imaginó leyendo los borradores de la historia perfecta. Pero Octavio era incapaz de poner los envejecidos dedos sobre las pretenciosas teclas de nave cósmica del aparatejo. se puso a diseñar las rutas de la aventura. las caricias a un anciano. la . a partir del poste de la esquina. pero esta vez las estás diciendo como en una pesadilla. eliminando. tal como lo exigía el apremio de la escritura comprometida a agentes y realizadores. Intuyó las obsesiones de Octavio y en todo el cuerpo le veía correr ideas tan grandes como elefantes y vivaces como pulgas. Lo soñaba escribiendo. la había colmado de valiosos detalles y. Gina Teresa anhelaba bajo los pies un futuro superior a las pesadumbres de los días y no escuchaba una voz distinta a la de la inconsciencia.90 El encendido del computador cruzó planos oníricos y terrenales y Gina Teresa giró en la cama y. En la juventud. lo sintió acomodarse de rodillas. La posición sagrada le permitiría escribir de corrido nueve horas. en la vejez.

lo escribe él mismo. optimismo. ¡menos mal vendimos toda la biblioteca! –Como no puedes escribir tus libros y los demás son defectuosos. entonces… –No creo –elevando la mano dijo Gina–. –Eso es lógica nada más –Octavio buscaba defenderse–. como sea. no importa que sean historietas. querido.91 negación de ellas a otro. Simular y simular es el paso definitivo para escribir y tú eres un simulador genial. el que quiere leer un libro sin un solo defecto. –No me guardes secretos –le dijo por cortesía–. tantas capacidades no les permite ser tan creativos. Y no era un optimismo fatuo. –¿No? –Bueno. Al fin descubrió el sentido de la frase de Octavio. la llevaban a entenderse con las más altas osadías y la impulsaban a cosechar éxitos donde sólo podían florecer fracasos. ¡adelante! –concluyó. el criterio ambiguo sobre el matrimonio y los celos crecientes del perro por el embarazo. el malestar de la calle y el temor a soñar lo mismo. . pero no sabía cómo reaccionar. queridos televidentes. Todavía ningún parqueadero ha vuelto a un anciano creador. tú no eres televidente profesional. Octavio inclinó el oído y Gina se aceleró: –¡Adelante! En Hora 25 un libretista y escritor y publicista y poeta y orador y padre e hijo y abuelo y traductor y amante y político y ensayista y sociólogo y psicólogo y conductor y bibliófilo y crítico y conferencista y cantante y deportista y analista y bailarín y columnista y viajero y director de revista y organizador de encuentros y teatrero y catedrático y guía espiritual y humorista y plañidero y pensador y frívolo y consejero y asesor y guionista y editor y corredor de bolsa y comerciante y usurero y mecenas y sabio y figura internacional y libretista. El castigo en la oficina de gente exclusiva. la haría famosa. Y escribir es crear. dijo. luego puedes escribir el libreto perfecto y en el futuro será considerado el libro del milenio. –Optimismo.

92 –¡Ay. y a las empleadas el dolor les había infundido poder y el llanto les había resultado una exquisita diversión. ¿y sin poder hacer el oficio de una secretaria. ellos sólo contaban las miserias que generaban enorme éxito. cómo escribir? Y recordando los autores de su biblioteca de libros imaginarios siguió las explicaciones. El escritor primero debe serlo. ¡Cómo no vas a ser capaz de escribir un librito perfecto! –No te enfades. le era imposible ponerse a corregir. Gina. –Tu sumisión a los obstáculos me infunde rabia –elevó la voz–. En la hora de práctica. termina la pesadilla! –exclamó Octavio. luego aparentarlo. en esta época es menos difícil ser profesor –amable. querida. porque carecía del porte para semejarse a un escritor de intrigas. A una mano de sesenta y un años le era difícil teclear un computador. Gina Teresa vio volar en átomos la esperanza de poner el éxito como tapete de sus pies. Dirigió la cabeza hacía la alcoba y reflexionó–: A mi edad aspirar a escribir unas líneas no pertenece a la facultad del optimismo. ingenieros y albañiles y convertirse en un escritor de intrigas. y si el ingenio le . La vocación no se improvisaba y una página se podía salvar si se aprendía a corregir una frase de mil maneras y. Gina seguía citando las virtudes del sufrimiento y a Octavio le pareció pedante callar y sobre la marcha inventaba explicaciones tan sencillas que las podía entender un necio con la racionalidad de un perrillo maleducado. Octavio debía aprovechar el clímax ameno de la construcción. sin poder escribir el encabezamiento de la carta. el tallerista privilegió el sudor y la agresividad. sino al genero de la ironía. El intentó citar las experiencias de los consagrados y descubrió que. Pero si la vida necesitaba completar el álbum de las ironías y le permitía escribir también fracasaría. agradecerle a la amalgama de burócratas. El doloroso ¡ay! le recordó a Gina el seminario del mes en la empresa. Octavio decidió defender su punto de vista–. en las entrevistas. Y Gina extendió la premisa a las demás actividades y el sufrimiento debía estimular el genio de los creadores de vocación tardía.

sino obras imperfectas! Sin embargo. El giró hacia el oriente y lamentó la falta de la luna que durante 40 años había expuesto su vanidad en las ventanas. –Sino puedo cumplir tus aspiraciones –al fin le contradijo–. Le vio la mueca del anciano adicto al sufrimiento y ni siquiera lo imaginó en la publicidad de una funeraria de caridad y no le aceptó el posterior silencio. –Los escritores ya desaparecieron –Gina le contradijo–. me veré en el deber de volar. so tonto –cariñosa. cuyos libretos revivieron la palabra sepultada bajo la arrogancia del estilo y la profundidad. –Vendamos. Los profesores. Estás a un simple vuelo. teólogos y críticos del futuro te recordarán como el autor. te plagiarán quienes ignorarán tu existencia e influenciarás hasta en los dioses venideros. Gina lo vio hundirse como una voluta en el centro de un remolino y. Como ves. debe competir con los que lo aparentan y no lo son –la miró y tomando confianza afirmó–. olvida esas manías y seas libretista. y yo ni siquiera sé aparentar el sentado. Ella continuó los reproches y Octavio ignoró que quitarle a Gina la fe en los caprichos era enfrentarse a la terquedad de un eslabón. pensando en el cinismo con que defendía su incapacidad. lo animaba–. ¡no hay hombres concluidos. pero al otro mundo. inspirando a amantes ingenuos y a artistas frustrados. entonces. es dura la batalla para convertirse en un escritor que seduzca con la misma gracia al disímil público de ferias y paraninfos. los televidentes te aclamarán. le iba a gritar. –Y si… –Y como vas a tener éxito –ella se adelantó– los intelectuales sabrán de ti. –¿Con esa construcción encima? .93 permite aparentarlo. Derechos Humanos decía que a los vejetes no se les debía exigir lo irrealizable y Gina lo levantó de la posición reverencial a la pantalla.

pero la reforma eliminó las extras y el señor Farfán prometió castigarnos en la oficina de gente exclusiva si antes de las diez de la noche la empresa nos necesita y no estamos en nuestro puesto de trabajo. –Gina Teresa se cogió la cara a dos manos y arreció–: Y él es estricto. les había implicado un libro menos. una compañera me pidió una cita en Crear para las ocho de la noche –Gina empezó el recuento–. ¿la incomodaría al levantarme?. La valla de Park & Diversión habla de doce pisos y apenas 207 garajes en los siete primeros y. Furiosa de oírle las amabilidades Gina Teresa se sentó sobre la almohada. enfadada–. cuando a los genios del ayer. Miró el reloj y eran las cuatro y cuarenta. ¡es un ejecutivo de verdad! –Octavio Palacios escuchaba atento y ella continuó–: Antes de los tratados de libre comercio nos respetaban los horarios. –Tus reflexiones son lógicas –variando el tono. –Anoche tuve una aventura horrible –le contó. Don José Farfán es el nuevo gerente de la Región Andina y cumple al pie de la letra los imeils del gerente de Alemania.94 –No te amargues. Y la jefa mía es una odiosa porque el estrés no . El indisciplinado quería dejar la escritura e ir a encapricharse bajo las cobijas. ¿en sueños leería las líneas no escritas de la carta? Pensó en sus culpas como hombre de pene en calma a lo largo de cinco años de matrimonio y quince de amistad. en cambio. dijo Octavio–. le canceló el contrato a uno de producción. hay que admitirlo. En serio deseó volar al otro mundo. en Tequenusa viven 509 familias en 33. el inepto cometió la tontada de dejarse cortar medio dedo el miércoles y un empleado incompleto no sirve ni para castigarlo. Octavio se palpó la enana barba de 24 horas y sintió una capa de sudor. cada visita a la intimidad. –Como estoy temerosa de cometer el error que me enviará a padecer el lujo. Ahora los garajes son menos incómodos que las habitaciones. Ojalá alcancé. ya te lo expliqué –le dijo.

¡ay. Voltearon a las ventanas y el humo anuló la luz de los reflectores y diciendo.95 le permite quedar embarazada. . El proveedor es internacional y nunca habían pedido tantas cosas provocativas para embarazadas. Gina. optimismo”. Eran las cinco de la mañana. –¡Imagínate! –Gina siguió develando las intimidades de la empresa–. Gina Teresa pasó a la ducha. estoy a punto de estallar. Decidió arrojar del cerebro las ocurrencias soñadas y se aplicó el champú de un mes. las aspiraciones y el insomnio hacían estragos irreparables con el tiempo. Las lámparas son mejor que las de Aladino y les basta tomar el control para decorar el fondo como un escondite de amor. pero olvidamos la comida y el sexo. El rugido de Gina calló el encendido de las retroexcavadoras. Surtieron la despensa y a través de los espejos se ven las delicias. Todo conspira contra la vida. “Gina. Esa sala es Uno A. pero ni formas de pedir un día de vacaciones. calma. –Y nosotros –ingenuamente le contestó él–. el estilista de Mister Can me encimó las de un año. –¿Será que apenas nazca la bebé me cancelan el contrato? –Es posible. También hay licores y estimulantes. –Pero soy muy buena esclava. Y mandaron a poner música clásica para castigar a los empleados y música linda para cuando ellos pasen a disfrutar la noche. quién sabe qué ira a pasar con las dos horas de permiso que pedí para tu cumple… –Pero por qué lo hiciste –cariñoso le reclamó Octavio. –Entonces yo llevo a Charles al Parque –gritó Octavio Palacios–. empleada. o como tú dices. las bolsas del popó se acabaron y no he empezado a sentarlo en la taza! Miento. Alternaba el agua caliente y la fría y la sentía rodar como si arrastrara las sobras de una pesadilla. compramos los objetos. optimismo.

¿Te pido una cita en psicología? Te veo obsesionado con los muros y las moscas y dormido le huyes a las ratas. –¿Por qué no terminas de bañarte? –él le reclamó–. y. no siento el oído y un rerre me atormenta la mente. –Y con toda la ira de los pulmones rugió–: ¡quién está gastando mi desodorante! Octavio Palacios sintió un ardor en las axilas y quiso refrescarse observando el amanecer y.96 –Ubícate. –Bueno. no es necesario –rectificó–. señor –ella le dijo de mal genio–. Mientras tanto. ¿y qué? –Y tú vas al médico. y sin empleo no serviremos ni siquiera para alimento de las moscas –afirmó–. hazme el favor y me sacas una cita. yo le comentaré a la sicóloga qué puede hacer una persona para liberarse de un odio obsesivo. trata de no demorarte. te la pasas conectado a la inmunda realidad y ya olvidas hasta las cosas importantes. Como lo tuyo afecta lo mío y lo de los dos a Charles y a la bebé. te pueden cancelar el contrato. –Perdóname –le dijo él–. No. las hilachas del sueño bajaban de la cabeza y se impregnaban en todo su cuerpo. por fuera. a los hombres les falla la memoria. –¿Será loco preguntarle al especialista si podré amamantar al perrito? ¡Es una posibilidad. el polvo y el humo no dejaban notar el vidrio. no entiendes! ¿En qué íbamos? . El ruido de la ducha se suma… –¡Fue un sueño horrible. –No hables duro. no seas amargado! –lo corrigió–. El agua y la luz están a precio de coca en los ángeles. por favor. El té ya está frío y Charles triste de tanto esperarte. Gina Teresa seguía bajo la ducha y entre más se restregaba. si llegas cansada. las ventanas lagrimeaban vapor. por dentro.

¿cómo tratarán a los no profesionales? Y. ese genio ni siquiera será humano. La última vez el mío llegó a las diez de la noche y sin ponerse la bata tomó las ecografías diciendo. son de 170 dimensiones. pero dicta en otras universidades. ¿cómo te parece?. ni siquiera un bosquejo. el único interés de Crear es complacer a los clientes. De tanto restregarse se le partió una uña. puede ser múltiple o psicológico. si es psicológico es tan perfecto que ha equivocado mi experiencias de 30 años y ha confundido computadores e ingenieros. si señora. es un profesional de tiempo completo al servicio de todos. vas tú mismo. hablaba con seguridad. y cómo te podría sacar la cita si no voy a Colsanitas! . cada vez se ve menos una criatura. como si no supiera nada del tema y se hubiese grabado el discurso de otro. No te enfades. hace cirugías en cinco epeses y adora experimentar en la Clínica. mira el orden de las ecografías. afortunadamente tomaste la promoción y si falla el embarazo triunfará el adelgazamiento y tú quedarás satisfecha. marcha en vía contraria a lo habitual. ya tenemos el primer hombre para efectuarle un embarazo. Dejó caer el jabón y la voz ahogada emergió entre los hilos de la ducha como una tempestad: –Sí. entonces. por ejemplo. a los muros. pero continuó. –El médico general es quien remite a psicología –se redimió Octavio–. Yo agrandé los ojos y él explicó. el especialista continuó. Es profesor exclusivo de La Nacional. mirando las reacciones de mi rostro. Se limpió el agua y continuó. tu embarazo es extraordinario. –Crear es tan famosa que los especialistas no cumplen porque deben trabajar hasta 66 horas diarias en universidades e instituciones públicas y privadas. Mejor yo hago mis vueltas.97 El agua bramaba. llegará a ser nada. Gina Teresa abrió una llave para cerrar la otra y. tú pierdes tiempo y el trabajo es lo esencial. claro. siguió hablando y recordó que a la ropa ya le había reducido dos tallas. si sigue así llegará a ser un óvulo y un espermatozoide separados. pero ahora no sé si estás embarazada o no. con la boca llena de agua. ¡Ah.

sentenció–: ¡Sólo sirve para meterte a la cárcel! La voz desgarrada de un hombre en las alturas anunció el principio de algo que Park & diversión debía ocultar. profesor –se dijo Octavio y cerró muy bien las ventanas. desde el primer estudio de suelos. y en el piso barroso dos pedazos desiguales del largo brazo de hierro amarillo no alcanzaban a tapar unos overoles. aclarando el tono Octavio Palacios agregó: –Pues siguiendo la lógica del especialista. Las máquinas callaron y el afán y las órdenes. Octavio aprovechó esa paz inexistente. Se alargó hasta donde pudo y unas botas se veían bastante apartadas de unos cascos. estás enfermo de bobería senil! –dijo. tengamos pe… –¡Dios santo. se oían como el concierto de hadas que escucha un oído atemorizado después de una explosión. Y. en voz baja. El anciano del frente sufrió el segundo preinfarto y quedó con la pipa apretada entre los labios. sin embargo. ojalá. y le buscó la clase a Charles Chan y notó que el .98 –Cómo somos de olvidadizos –dijo Octavio. abriendo la boca como un zapato rabioso. Abel Merani levantó la cortina de su apartamento. en San Sebastián. El alarido iba descendiendo y los ecos de un golpe tenebroso volvió añicos el aire polvoriento y los edificios temblaron de abajo hacia arriba y los usuarios de las ventanas vieron el brazo de la grúa torcerse como una serpiente agredida. Los ruidos de la construcción y los zumbidos de la ducha habían hecho una alianza en contra de los oídos y la pareja estaba sedienta de hablar a gritos. a cambio de la niña. –Prudencia. por qué tuve que conocer a esté tipejo.

soltó la cortina y se tapó la boca. Un relámpago de horror atravesó la mente de Octavio Palacios. y los jefes y maestros. al fin. a los pocos minutos. El consejo de la sicóloga de comprar la clase en cidi había resultado un avance prodigioso en el aprendizaje canino. Ninguna de las nueve posibilidades lo dejó satisfecho y la razón era . Las caras largas rezaban y. ella volvería hablar de mejorarle a Charles la internet y. como si fuera postiza. Advirtió la vulnerabilidad de su apartamento a las ofensas de Park & Diversión y. salieron del espasmo y se dirigieron a operarios y obreros. él podría conseguir material e inspiración para la carta inmortal. La voz de la mujer mermó la dureza y aumentó la agresividad. arena y escoria. manera inteligente de lucir nueve vestidos teniendo tres. Se quitó el vestido de botones cruzados y combinó el pantalón con los demás sacos. El pensionado Abel Merani tenía razón cuando hablaba del presupuesto de muertos que tenían previsto los responsables de las obras monumentales. En la noche el tema con Gina sería reconocerle al perro que sabía el inglés a la perfección y. Una mujer tan agresiva no podía estar a punto de graduarse en la Javeriana. La quietud era tan pura que se alcanzaban a oír las vibraciones de la construcción asustada. Apartando las preciosidades de Gina anduvo en distintas direcciones. –¡Por qué pararon! La asistente de obra endureció la furia y la reacción fue la parálisis total. emocionada. En varios puntos de los hierros retorcidos. el dinamismo loco del trabajo se multiplicó hasta alcanzar la estridencia óptima. En el centro del desastre revoloteaba la asistente y.99 perro le entendía más a los personajes de la televisión que a él. Sudaba y monologaba. El feroz llanto se le transformó en una carcajada. sin darse cuenta. la voluptuosidad le incomodaba y parecía salirse de las ropas. Acorde a las órdenes de la asistente el movimiento se fue reanudando. manos hábiles extendieron plásticos negros y sobre un fluido rojo llovió tierra. El accidente había sucedido dentro de la escuadra y ni siquiera sería clasificado como daño colateral. sin moverse del apartamento. Octavio sonrió.

los olfatos finos supondrían que acaba de hacer feliz a una mujer. terminó encajado entre la pared y séptimo peldaño de la escalera. El perro giró y. ladrando escaleras arriba. volvería a ser víctimas de las inquilinas. El perro insistía en la invitación y. De pensar en esa posibilidad millones de roedores arañaban su vientre. Pasando la portería Charles hizo unos cariños al aire y Octavio Palacios quedó fuera de sus cabales. en ocasiones posteriores. Octavio pudo moverse y. De paso traería desecho de vaca. a cada paso. A pesar de la decadencia se empecinaba en cuidarlas para minimizar el impacto del monstruo de hormigón. sonrió. Siguió caminando y Charles Chan lo seguía como un niño asustado. Salió a tomar aire fresco en las tierras onduladas de la parte alta del Parque. A un metro de las baldosas. Sostuvo la mirada. La puerta de Park & Diversión le había impedido salir a las almas de los obreros y. habían decidido escapar por detrás de la construcción. aprovechando el inconformismo de los vecinos. a través de ellas. Las elegantes se quedaron quietas y. las inquilinas se dirigían hacia él encabezando una procesión de imágenes distribuidas de forma arbitraria. se preguntaba si. como nadie lo secundaba. Careció de valor para pedir auxilios y una rebelión de los lentes de contacto le impidió cerrar los ojos. Octavio vio una transparencia de cara femenina. Las situaciones inexplicables suceden tan rápido que Octavio se tranquilizó. aparecía en cualquier punto de las diez cuadras demarcadas a sus pasos. invitaba a la procesión a visitar su apartamento. jamás se . Había llovido toda la noche del jueves y se puso la sudadera y se aplicó el desodorante de Gina en las axilas y la parte baja de la cintura. Así era. Las miraba y deseaba infundirle ánimo a sus tallos anémicos y llenos de contaminación.100 sustantiva: Gina había ignorado comprarle una pinta deportiva para el viernes cultural. sonrió. Si alguna sensibilidad solidaria las percibía les brindaría ayuda en lugar de correr a delatarlas. de repente. lo mezclaría con desperdicios y fertilizantes para nutrir las plantas. la vio envejecer y creyó reconocer a la Ana Angarita que.

los conductores cerraban los vidrios de sus lanchas. pero como les era imposible manejar con los ojos cerrados. unos binóculos los podría distinguir. Ella había tomado en arriendo el cuarto penthouse del edificio Canciller. sonriente. un poco distante del ruido y la polución. Octavio sería invitado. Y siguió en las escaleras de la plazoleta tratando de descubrir que había debajo de los hierros retorcidos del brazo extensible de la grúa. una de las primeras desplazadas del apartamento de toda la vida. llevó la mirada hacia Park & Diversión. no se podían liberar del espectáculo de los habitantes de la calle y los desplazados que se disputaban el semáforo y. Atravesó la calles repitiendo. . Nana despidió de beso Alejandra e ignoró despedir a Octavio.101 encontraría con las inquilinas de la última reunión. Alejandra vibró y. real e incuestionable la universidad imaginaria que lo había despedido. como si buscase la respuesta en el lugar de los rencores. ahí. Virgen Santa. lógicamente. pero sintió un aleteo en la sangre y deseó ver la cara transparente de Judy Peláez. Pensó en Gina y optimista se puso en camino. qué perfume tan suave. Alejandra demoró la mirada en el escudo de la sudadera y Octavio Palacios recordó los consejos de Gina Teresa y encontró nítida. Pasaba el semáforo de La Séptima y Alejandra Villa bajaba del Parque en compañía de la doctora Nana de Aguirre. –¿Dónde no habrán oídos? –En la Biblioteca del Parque. Alejandra calculó la distancia. Y. ofendidos. le dijo Alejandra. Abel Merani celebraría una reunión extraordinaria y. seguían acelerando. –¿Recibiste la nota que te dejé hace siglos? –aproximándose a Octavio. el movimiento de los transeúntes y. ni siquiera. pero en la misma manzana envilecida con el esqueleto de la maravilla. –Fue feo –le dijo el vigilante. –Coincidió con mi cumpleaños –le respondió Octavio. Las dos calzadas de la séptima parecían relámpagos sucesivos y si debían parar.

los vigilantes activaron sus juguetes de comunicación. –Debo pagar el teléfono. A la cafetería acuden los ejecutivos y los ociosos de solvencia económica y política desde cuando se clausuró la cafetería de El Prado y se enteraron que allí quedaba uno de los apartamentos del Alcalde Mayor. . Alejandra pidió un café y Octavio una botella de agua al clima. en el corazón de los grandes edificios de la empresa de petróleos. Dios mío. –¿Ese fue el estruendo que nos asustó arriba. en sesentaisiete años Octavio jamás había admirado las prendas femeninas y de un golpe retiró la mirada del yin ajustado de Alejandra. pensando en el oído vivaz de la muchacha. de reojo. ¿me acompañas? Octavio Palacios aprobó complacido. Los porteros de los edificios observaban el brillo pobre de sus botas y Octavio los vio mirando.102 –Los chiquillos no dejan oír –dijo Alejandra–. Pagaron y. cuyas posaderas permanecían sin estrenar debido a la falta de un hombre capaz de no fijar la mirada donde acostumbran a demorarla los espíritus obscenos. Alejandra Villa siguió caminado y le insinuó el Banco Cafetero. en el Parque infantil? La empleada dirigió el oído hacia ellos y Alejandra le pidió que. en esa cafetería tampoco se podía hablar de Park & Diversión. –El brazo de una grúa voló en pedazos. Salvo la admiración secreta a los brasieres. le diera otra botella de agua. En la esquina sur de la margen oriental del Ministerio del Medio Ambiente queda el Edificio Lutaima y en el primer piso hay una cafetería y un restaurante. quien cambia de domicilio noche tras día debido a problemas de seguridad. el diario y en su mano. él le abrió la puerta a Alejandra y ella le dijo gracias. a cambio del tinto. Esa gente también usa a los niños como informantes.

Había abierto la ventana para ponerle arroz a las palomas y a unos cinco metros del límite de la escuadra había visto columnas más robustas que las demás. ministros y generales. en persona. Llegaron a la fuente y. Las palabras se cruzaban respetuosas. desde allí. Los vi en posición de alerta. Octavio Palacios empezó a saber los motivos del sobre que el día de su cumpleaños ella le había dejado en el casillero. cada mañana. Si se descontaba el fatídico XII. sonriente. Ese aumento inusitado en peso y altura había sido la razón del tercer estudio de suelos. El Piso XII se haría y jamás se le daría un uso distinto al permitido por la superstición del presunto dueño y la prevención ideológica en contra de las ideas políticas de los 12 guardaespaldas de ese trasgresor llamado El Hijo de Dios. Alejandra quería transmitirle. Le comunicó a Abel Merani y. a la sombra de las altas espigas de agua. Octavio Palacios terminó de un golpe la botella de agua. un funcionario de la firma constructora. Caminaban a hombros y a cada palabra iban olvidando las tácticas de la vigilancia y los mastines. El 13 sería el famoso Séptimo Cielo. alterando en dos niveles hacia abajo y . amanecía un centímetro más lejos de su indescifrable realidad. le había pasado los planos de aquello que no aparecía en los planos originales. la prueba fehaciente de una costumbre arraigada en la Bogotá que. El quince iba a ser un penthouse de 1002 metros para una artista famosa. el día anterior. El 14 tendría una piscina enmarcada con cuartos semejantes a los balcones de las salas de los siglos pasados y. empresarios y actores. Park & Diversión ya no sería de doce niveles sino de dieciséis. expertos en descifrar la mente de los inoportunos que les ha gustado marchar a lo largo de La Séptima sin importarles los traumas que le causan a la ciudad entera.103 –¿Me confundirían con el señor de las cuatro loterías? –le preguntó Octavio–. por cincuenta mil pesos. disfrutarían shows de nadadoras y con el meñique podrían ordenar el ejemplar que los sacaría de la impotencia adquirida en la guerra y la frivolidad.

incluso contradecía los 3. –Buscó un enlace con los asesores del presunto.104 dos hacia arriba lo previsto en los planos que había aprobado la Curaduría después de una llamada de alguien de la casa presidencial. pero. –¿Cuál? . –¿Acaso no es médico? –Nunca ejerció la medicina y. como él lo llama. únicamente la estudió en vidas pasadas. arquitectónicos y de sanidad ambiental soñaba decirle a la contraparte que su parqueadero sería demolido. Quería ser protagonista de un papel doble. También intentó tomarse la presidencia del Consejo de Administración –aseveró Alejandra Villa–. –Con argumentos jurídicos. dirán los espíritus progresistas. ¡no le concedían a los vecinos. el derecho al vacío! –¡Qué inteligentes!. –Un emprendedor emprendedor. siquiera. Y en la realidad violaba la violación tradicional e implicaba una reducción de los espacios libres. él les tenía la solución. y en el pasado le dio una dignidad tan inmensa como la de Judy Peláez. ¿Recuerda la eminencia de la medicina y su periodista internacional consentido como un osito debajo de las cobijas? Octavio sonrió y Alejandra continuó: –Quiso ser un hombre respetable de nuevo y eligió el método del emprendedor –Alejandra ironizó el tono–. sino me equivoco –sonrió–.50 metros estipulados en la valla. –Y el segundo sí es de antología –aseguró Alejandra–. –Ejemplar. claro. requisito mínimo para edificios de hasta cinco pisos.

sin poder pagarlos. –Es un paradigma de nuestro país. –A cambio soñó pedirles 20 garajes. Sigue igual de flaco y ya ni siquiera le da a órdenes a los vigilantes y ese era el soporte con que el doctor legitimaba su autoridad. El dice que toda obra monu… . –Quien no pacta con la corrupción perece.105 –El Prado lideraba los edificios ofendidos y con argucias médicas y amenazas jurídicas él les describiría la imposibilidad de ganarle un pleito a una organización tan poderosa y les contabilizaría los gastos y. Entraron al banco y Octavio le preguntó: –¿Y el Piso XII será para los fantasmas o tendrán otro subterfugio? –¡Cómo! –Lo de la grúa no fue en vano y lo que vendrá después de la inauguración aumentará la población de espectros. lo había advertido. Octavio pasó de la admiración al susto. –O sea. El doble fracaso se le viene sumando al descrédito de la sexualidad. con cinco quedaría satisfecho. Y el temor les impediría oponerse a los argumentos de un presidente de una profesión de tanto realce –Alejandra sonrió agria–: En El Prado su palabra de médico era tan escuchada como obedecida. Cuando salía me encontré con una procesión y. –¿Y lo logró? –Nunca pudo hablar con nadie del presunto y tampoco logró pertenecer al Consejo de Administración –mantuvo la risa–. Le podrían ofrecer cinco. –Merani. se vio bajándose a diez. apenas caí en cuenta. la justicia podría ordenar el embargo de muebles e inmuebles de los copropietarios. Pero si Park & Diversión no cedía. se disolvió en el aire.

fijaban la mirada en la televisión que cautivaba a los usuarios mientras las cámaras secretas continuaban la incesante filmación. Alejandra le mostró el recibo del teléfono y le había llegado sólo el cargo fijo. no les impedía compartir la voz profunda de lo invisible. agregó: –¡Y con el 99 por ciento de las viudas de la guerra buscando empleo! La mayoría respiraba duro y apretaba los puños. Alejandra recibió las vueltas y Octavio siguió intentando no mirarla donde la energía femenina le arrastraba los instintos. –No hice una llamada –dijo orgullosa. con voz de sargento. Los menos hábiles miraban el techo y si alguien les decía. el menso avanzaba y se tropezaba con lo vivos que se acababan de colar. semejantes a los de Park & Diversión. Quería buscar acontecimientos. Durante una hora en la fila no habían intercambiado media palabra y el uno no se había aburrido con los respiros del otro. ¡córrase por favor!. ocurridos durante la semana en el resto del país. Alejandra se dirigió hacía el puesto de revistas de La 34 con Trece. La multitud y el susurro de los zapatos. Una voz amarga resonó: –¿Por qué no contratan cajeras por horas? Y un excombatiente del ejército golpeó una de sus muletas y. . como si no fueran de este mundo. Y me pareció ver a una anciana extraña que aparece y desaparece en los lugares menos pensados. En la puerta una sonrisa compartida les dejó en el corazón una semilla de nombre desconocido todavía. los ultrajes de la desconfianza y el hastío de los semejantes. La fila era una espiral y frente a los cajeros se transformaba en una malacara de nueve cabezas.106 –El monstruo de concreto me lo recuerda cada instante –dijo Octavio–. El aire escaseaba y los dignos pisaban los pies cercanos y. El sudor asomaba en la frente de todos.

Octavio Palacios quería ocultarle a Gina las causas del malestar de Charles Chan. un secreto vergonzoso. incrédulo dijo el vigilante–. Pero los armisticios pactados después de cada refriega tampoco podía estabilizarlos en la inercia de la monotonía. Caminaba optimista y el sol estaba suave. pero después del ameno silencio en la fila. .107 Octavio regresó a El Prado. un simple roce avivaba la herida de la discordia y concentraba en un mismo punto la suma de las falencias compartidas a lo largo de los años. Acababan de ennegrecer los plásticos y el zumbido de sus alas era aterrador. Sobre una de las materas de la plazoleta vio una esquirla de hierro. A su relación le faltaba un picante o. Una corona de moscas intentó posársele en la cabeza y él levantó la mano y los bichos escaparon hacia los destrozos de la construcción. si se quiere. a Octavio le fue fácil mostrarse sereno y de ambiente. pero nada más. Partiendo del yin de Alejandra proyectaba la solidez tersa de sus brasieres. El uno no había corrompido al otro y ello les impedía consolidar el matrimonio y bastaba en la cabeza un pelo menos para que se aborrecieran dos infinitos más. esta vez. Y. Los progresos de la construcción avanzaban a ritmo de vértigo y la pareja trataba de portarse como la psicóloga le había sugerido en la sesión de la quinta visita. La puerta se abrió y Octavio le preguntó al vigilante: –¿Sería grave? –Dicen que un pequeño incidente con el brazo de la grúa –acomodándose el quepis.

Octavio quería contarle la desgraciada verdad. La doctora Judy Peláez movió la cabeza en señal de inconformidad. verdad invulnerable desmentida en la noche por Gina. buenos días doctora. Y el perro le entendió a la doctora porque había aprendido el inglés de actores y su oído era más fino que el de un americano. entre la pared y el séptimo peldaño. pero el ascensor se abrió y un espléndido vestido de dos piezas iluminó la sombría sala de espera. allá en el edificio Lutaima. la doctora Judy Peláez fue humilde y en español ordenó: –Le dicen al anciano que le haga masajes en la mano al pobre animal. y dijo. Quienes subían y bajaban entraron en shok y pedían que mataran a la rata. según el odio de Alejandra Villa. La anciana empezó a gritar y a dar escobazos. Era un problema de fondo y la responsabilidad de Octavio superaba el margen de ventaja concedido a los superdotados con la estupidez. El vigilante giró como una máquina culpable de un acto demencial. Sin embargo. Acelerando la muerte andaba el ánimo del edificio. Judy tenía una pronunciación perfecta porque lo había aprendido mientras les hacía masajes a clientes expertos en la lengua universal. infame. Y. su amo miraba el corazón que formaba el yin en las posaderas de Alejandra.108 La señora del aseo barría las escaleras y. pero partiendo del yin de Alejandra imaginaba sus brasieres y una cabeza regañada no podía pensar dos cosas de importancia a la vez. Había dejado a Charles Chan cuando se encontró con la procesión de espectros. habló en inglés y Charles Chan pasó de los alaridos moribundos a quejidos inteligentes. Ido del mundo miraba la cintura de Gina y el temor a provocarle la perdida del embarazo le . Alzó al perro e iba y venía de alcoba en alcoba y gritaba: –Puto. y la alimaña rodaba escaleras abajo y. lo maltratas sentándolo en la taza. Ella no le contestó y la señora del aseo distinguió el silencio de la doctora y la parálisis le dejó la escoba inmóvil en el aire. algo fofo hizo retroceder la escoba.

Y la científica de la mente no advirtió que la perdida de la cátedra era un invento. –Pura calumnia –Gina lo cortó. pero una sicóloga si dice cosas geniales.109 impedía gemir. –Todos andan locos. Se le da mal ejemplo y se le afecta la autoestima. Ciertos hombres corrigen a las mujeres y los sicólogos y jueces de familia dicen que el esposo promueve la violencia intrafamiliar –le dijo. Ser psicólogo de perros es aceptable. la pareja. ¡Dios santo. señora –le reclamó Octavio–. mira –bajando el tono. el… –Mira. Y como consejera presidencial perdió la cabeza. Se deja engañar y engaña. –Quizá un psicólogo no diga una palabra sensata. Tomó nuestras fantasías como verdad y en pocas sesiones casi me vuelve loco. le dijo él–. la culpa fue de la procesión de espectros! Gina Teresa no resistió arruinar la vida gritando sola y la noche siguiente se adelantó con claridad: –La sicóloga dijo que no debemos ocultarle nuestras peleas a Charles ni ser insidiosos con los vecinos –se volteó furiosa–. ¿pero de gente? –Y entonces por qué ibas al consultorio de la directora de psicología de la uni… –Tú me obligaste. ¿No la has visto en televisión gesticulando proclamas como el peor de los políticos? Me avergüenza haber sido paciente de una… –Pero los verdaderos sicólogos son expertos en arreglar los conflictos de la sociedad. –¿Te parece poco? Instigó para que eliminen del lenguaje jurídico la palabra locura y afines. ¿acaso no sabes que el perro es más intuitivo que los bebés? –Creo más en las mentiras de los veterinarios de Mister Can. por fortuna no pudimos seguirle pagando. en especial los de gente. Desvirtuar o confundir una tradición. sonriente–. ¿no es el género de locura llamado irresponsabilidad? .

Octavio perdía la paciencia. Nítido lo veía golpear a su madre sin motivo alguno y sin humana consideración. La golpeaba como si debiera sancionar los errores que cometería después de muerta. El perdió el equilibrio y la mujer lo dominó gracias al sano juicio. le argumentaba porqué él marchaba delante de los hábitos masculinos. se repetía. . la señora se defendió. corría alrededor de la casucha y el roce de los eslabones y las piedras arrojaba chispas y Octavio y los nueve hermanos se privaban pensando que era el demonio. ¡hoy no me pegó él. remitida a la experiencia de la infancia en los campos de Boyacá y las celadurías de construcción. al fin. aunque estaba embarazada del noveno hijo. En una borrachera el señor Palacios tuvo un ataque de celos e iba a coserle los labios de la vulva con alambre y.110 Octavio Palacios lo decía y recordaba a su padre. Los chiquillos rodeaban a la mujer reducida a una piltrafa en el piso y gritaban y Palacios padre seguía pegando sin interesarle llanto y sangre. “Si”. Gina Teresa le cobraba las injusticias que desde el paraíso el hombre ha cometido contra la mujer. en Bogotá. “las chicas in tienen razón”. Para entender esta vez a Octavio se debía leer el código contrario de sus palabras. pero en cada pelea. Eso los llevaba a largos silencios e incesantes monólogos y cuando. pero ella le declamaba un decálogo de improperios y sentía tanta rabia que callaba para preguntarse si no sería mejor llevar a un hombre de bravas botas en el corazón. Palacios padre nunca más le volvió a pegar. será que me está dejando de querer? El señor Palacios dejó de practicar las escenas infernales cuando Octavio cursaba el último año de bachillerato y le dijo a la madre que en el colegio el profesor de Comportamiento y Salud les había hablado del derecho de las mujeres a defenderse. le permitía promover la igualdad entre los géneros. Si era de noche se envolvía una cadena en la cintura. La señora ya se había adaptado y si algún día no le pegaba le decía a los niños. La amplia cultura.

Suspiró e intentó abrir los felices párpados. Suspendido el uno en las alas del otro durmieron el intenso amor y con el palpitar de los corazones tejieron un arco iris de pasiones que. les preparaba la próxima escapada en sueños. Siguieron el juego de agresiones y a las dos de la mañana llegó el sueño que le sucedía a Gina a partir de ese diciembre en que llegaron a El Prado. era un viudo casado con una devoradora de ancianos e interesante sólo para recibirle regalos. Gina Teresa exhaló un suspiro de obscena felicidad . El antiguo amante. ella le volteó la espalda. Las caderas de Gina repitieron un movimiento erótico y una sonrisa burlona iluminó el rostro de Octavio. Se quedó dormida gritando: –¡Impotente. El abrazó a Gina Teresa convencido que le había entendido la ironía y. pensando que eran las diez. Bajo las cobijas los movimientos de Gina se intensificaron y le impidieron a Octavio beneficiarse de una palabra que jugaba en la punta de sus dedos. cómo puedes dormir en el poste! El escuchó la exclamación. la arropó suave y pasó a escribir de una sentada la carta inmortal. El trabajo de los obreros despertó a Octavio y ella se volteó diciendo. Retrocedió otro escalón. Ella siguió durmiendo y risueña se preguntaba si un escritor podía ser un amante como el de sueño.111 Las máquinas apagaron motores media hora antes y. ahora. la raptó del 206. machista! Los cuerpos dormidos se rozaban y sus espíritus se repelían como si estuviesen despiertos. Le dio un beso en su boca dormida. irremediablemente. pajarito mío. Y sin dejar de amarse repitieron las aventuras que vivieron cuando fueron Psiquis y Eros. Todos podían serlo antes de los treinta. se levantó. Volvió a repetir el sueño y Octavio le entendía frases y las relacionaba con la apatía que los dos le profesaban al futuro centro de diversión. la pareja pasó a la cama sin lavarse los dientes. atravesaron la ventana y en pleno vuelo se amaban con la delicia de las almas recién liberadas del cielo. ¡ay. incluso los libretistas. Ella superaba los 70 y disfrutaba un joven todoterreno. excepción hecha en quince años. detestando los argumentos de Octavio en contra de los sicólogos.

Octavio quedó frío y la catalogó en el círculo de las mujeres comunes. “Un embarazo psicológico del vejete sería lo mejor”. La preocupación del heroico desenfreno de voluptuosidad. El odio a sí mismo caía en el vacío y jamás volvería a ver el motivo de inspiración: las pasiones eróticas de Gina Teresa dormida. sonámbula. Pajarita Blanca buscaba consentirse en los brazos velludos del Gato Bandido. El mejor digitador no le habría llegado a la yema de los dedos. Con una máxima terminaba la obra maestra de la brevedad. El correr del reloj y los ruidos de afuera se difuminaban en la armonía de las teclas. el odio así mismo triunfaba sobre el sufrimiento. En el arte de escribir. se le transformó en una sonrisa. La luz de los reflectores atravesaba las cortinas y los objetos de gran tamaño se alcanzaban a distinguir. pero un tiro procedente de Park & Diversión dejó en paz las ventanas inconformes del sector. pero se fue la luz. en sueños. . pasó al baño y no vio a Octavio Palacios pensativo en la silla ergonómica. El súbito ruido de las plantas de emergencia rebotó en los muros y de una alcoba salió un rosario de groserías. Eran las cinco de la mañana y Octavio continuaba inconsolable como una estatua humillada. se preguntó. –¿Qué sistema manipulador me hizo dejar la soltería? –decepcionado. Al cerrar la puerta Gina sintió un brinco extraño en el vientre e imaginó que la promoción de la Clínica le podía conceder un resultado en contra de un embarazo real y en favor de un cuerpo seductor. ¡Suerte perra! El sobrehumano rapto de lucidez no le había permitido guardar una palabra. La rabia a decisiones tan remotas lo impulsó a escribir la carta.112 y los estremecidos muslos desbordaron las cobijas y ella se consintió como. Gina Teresa. en la imaginación. En la pantalla iluminada se daban cita frases fluidas y argumentos reveladores.

lo he visto. Le agregó las alucinaciones del matrimonio que iniciaban en crímenes de alcoba. Fue justa y le adicionó las frustraciones propias de las parejas insatisfechas. Sentado en la mesa el inmundo señalaba el plato de Gina con la mano que le había herido los escobazos y. mientras se delineaba los ojos–. Le agregó las decepciones de jamás haber sido llamado a una entrevista y. Se despidió y su alma quiso serle fiel a Octavio Palacios y lo imaginó siendo joven. ¿un obrero. Lo vio de treinta. Y las angustias y los años ultrajaban la vida. pero ¿dónde? La felicidad de encontrarlo le impidió saborear la fruta y el pan integral que Octavio improvisó como desayunó. la consecuencia obvia. de ver cada vez más cerca la imposibilidad de convertirse en un profesor de una institución real. . Hizo una estampa semejante a la del sueño y empezó a sumarle años. ¿alguien de la maravilla. –Dios mío. vio la imagen nítida del día en que se conocieron. de cuarenta. decidió bañarse en seco. A pesar de la zalamería de Charles Chan. pero no la afeaban hasta convertirla en un ser repugnante hasta para el caudal de humanos desechos. sería un horrible desatino de la intuición de una mujer dormida! Se burló de la insensata búsqueda en el medio donde vivía. Descendió hacia la plazoleta y un palpitar profundo la hizo trastabillar. Prendió dos velas frente al espejo y abrió un paquete de pañitos húmedos.113 Aquella madrugada el exceso de agua y jabón no había purificado a Gina de la sobras de la pesadilla y. esta vez. pero nunca se ha visto siquiera un ingeniero!. y terminó el historial de la vida del hombre de su destino en el Octavio Palacios de esa mañana. no miró el comedor. ese hombre existe –se decía. el inglés pulcro de la doctora Judy Peláez había salvado al perro de una muerte segura y a la señora del aseo de un cargo de conciencia inmortal. Miró al vigilante y sintió ahogarse de pavor. pasaban por encuentros sublimes y desembocaba en vilezas sexuales nunca llevadas al cine porno. era verdad. siendo justos.

En la oficina buscaba desmentir la experiencia onírica y su existencia comprobada en la realidad.114 Giró hacia La Trece y los pensamientos no le permitían oír la maquinaria en actividad. Ella marcaba y el teléfono timbraba y timbraba y Octavio pensaba que los colegas inexistentes habían decidido regresarle la llamada del día de su cumpleaños y los teléfonos podían ser rastreados si él les contestaba. La escena se acentuó a las once y decidió dedicar los cuarenta y cinco minutos del almuerzo para contarle las obsesiones al examante y salió a encerrarse en una cabina pública. sentían hundirse en el pavimento. Para demostrarle a la ciencia psicológica los equívocos del inconsciente buscaba en la empresa a un hombre igual al de los sueños. ella seguía viendo el protagonista del sueño. Era necesario subir a La Séptima. La cabeza se le ensanchó y. no percibía ningún obstáculo ni malestar. Los ojos. Caminaba pensando en el sueño y. Buscando el pájaro indiscreto dirigió la cabeza hacia el Parque y la mirada tropezó en el poste y la vengativa realidad no le concedió el derecho a morir. aunque las volutas caían de los cielos de Park & Diversión. se deslizó hacia el paradero de La Trece y. pero ni siquiera coincidían en la forma de la sombra. Después de infinitos reproches. alma y muslos. El anciano debía estar en la notaría firmándole el traspaso de los bienes a la esposa que le había prometido las riquezas de sus ocho anteriores maridos. sentía llamas. temblaba. roja. La hora de almuerzo a Gina Teresa se le fue marcando sin haber . a cambio de pelo. quiso desahogarse describiéndole a Octavio Palacios lo difícil que se estaba tornando el ambiente en la empresa después de ella haber pedido el permiso de dos horas para llevarle los 45 diarios de la imprenta pirata donde los había mando a imprimir. la barba y la mano firme recibiendo las monedas y el tono de gracias madrecita lo confirmaban como el hombre de las aventuras en sábanas de aire. El sol se detuvo a iluminar la escena y con nervios. Sin otra opción. Decidió parar un taxi y todos pasaban ocupados. Un canto de pájaro perforó el frío de la seis de la mañana y Gina recordó la idílica frase del sueño. de repente quedó inmóvil.

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tenido la dicha de transmitir una palabra. En la tarde no pudo mover un dedo y el recuerdo se ensañó contra ella y despierta soñaba lo mismo del sueño. De regreso, en el taxi decidió jamás volver a pasar por el poste. Entró dispersando las preciosidades ubicadas con estética delicadeza en la sala y se desmayó en el sofá y Octavio confirmó por enésima vez lo sabido. El embarazo multiplicaba la concupiscencia y los movimientos de Gina, durante el sueño, eran fruto de su falta de disciplina en el lecho nupcial y, consciente de tan grave culpa, le colocó un mantel blanco a la pequeña mesa de vidrio. En silencio sirvió una rica ensalada y unas tajadas de pan de soya. Levantó a Gina Teresa, la llevó a la mesa y ella le dio un beso y, sacando fuerzas, se empeñó en traer agua del botellón. La comida debía ser suave para dormir tranquilos. Sirvió dos vasos y recordó la noche en que la inquilina de Bulgaria se detuvo en la recepción a repetirle, a quien fuera entrando y saliendo, que el agua del edificio no era apta para el consumo de gente como nosotros. Prendió las dos lámparas. La fatiga de sus análisis durante el día le impedía escrutar el semblante de Octavio e, intentando olvidar la desagradable experiencia durante la hora de almuerzo, corrió una línea la cortina y vio la punta del poste, casa y universo del hombre del sueño. La cerró de un golpe y, al girar, Octavio Palacios le vio la cintura menos obesa y le dijo, y ella le explicó: –La bebé absorbe el doble de alimentos y, si sigue ese ritmo, antes de los nueves meses, seré una mujer de cuerpo normal. Le siguió contando intimidades. El médico de Crear encontraba rarezas en las ecografías de 170 dimensiones y, según los pronósticos, a medida que avanzara el embarazo ella se pondría más delgada y la ropa nueva la debería comprar de menos tallas. A Octavio le pareció regio; ya no la acusarían de llevar trillizos cuando sólo esperaba una niña y el señor Farfán la podría ascender. Ella aprovechó la actitud comprensiva de él y decidió describirle la infamia en el

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trabajo; pero Octavio Palacios cogió el control y empezó a padecer el suplicio de los infiernos buscando algo sensato en los 220 canales. No dejaba de disparar señales y de repente lo sorprendió la presentadora de Noticias Uno. La periodista le mostró el inicio de los senos y Octavio imaginó la ternura de los brasieres y sintió correspondidas sus esperanzas y ella le sonrió. Las miradas se volvieron a rozar, sin embargo, la periodista creyó prudente disimular el intercambio de emociones y se concentró en el noticiero. –¡Urgente! –exclamó–. El exministro Jaime Alberto Zabaraín está construyendo en las playas de Cartagena un parqueadero de 30 millones de euros donde alojará los autos de los clientes del Hotel Very Good. La ministra del Medio Ambiente sugirió sellarlo; pero el jefe de planeación ordenó continuar la construcción y el alcalde le ofreció el respaldo irrestricto. Mientras se resuelve la polémica entre la entidad distrital y la nacional, el ministro terminará la obra. La unidad investigativa de Noticias Uno puede afirmar que la querella fue impulsada por los abogados del doctor Zabaraín con fin de ganarle a la nación una multimillonaria demanda por daños y perjuicios. –¿Serán los mismos del park? –preguntó Gina. –No creo –Octavio le respondió–; las familias de bien de la Costa son distintas a las del interior. –Pero en negocios de influencia en el progreso de la nación todos son de la misma sangre, ¿verdad? –El fue Ministro de Justicia del gobierno anterior y el presidente pertenecía al otro partido – Octavio empezó a explicar–. Y el país es provinciano y la riqueza y el poder se parcelan milímetro a milímetro entre los gobernantes de turno. Si las familias en el poder fueran civilizadas, se podría dar esa fusión exigida por la globalización.

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–Qué va –Gina le contradijo–. Todos ellos son columna vertebral del partido de los ganadores. Los miembros de ese partido son… –Pluralistas, claro. –De derecha, de izquierda, de centro, ecologistas, y… –Los oídos de las paredes no duermen –a señas, Octavio la alertó. –Estás enfermo de lucidez –ella reaccionó–. Has espiado a los del park y vas a cometer algún error y la mala conciencia te despertó anoche y te dejó como un resorte congelado en esa silla y soñaste un sartal de chismes eres inepto para soñar la verdad. –Severa, continuó–. Eres cobarde conmigo, cómo será ante a ellos. Te aclaro, Octavio, yo no soy parte de tus paranoias y no quiero verme involucrada, ¿por qué no arrendamos aunque sea una pieza lejos de aquí? Me basta el trabajo, tus pesadillas y el lento adelgazamiento, ¡no más! Octavio quiso calmarla; pero Gina estaba rabiosa: –Cómo no vas a ser un egoísta con esa familia y esa niñez –y, como si la estuviese mirando el señor de las cuatro loterías al mes, concluyó–: ¡Deja a esa gente gozar los frutos de la suerte, no seas tan resentido! Octavio Palacios se transformó en un tímido trapo extendido en un esqueleto de plástico. Se debía defender la honra y los bienes de los personajes de presunta identidad, sobre todo cuando se estaba a solas; pero el giro furioso en favor de ellos era aún más sospechoso y las paredes podían sincerarse cuando debieran rendir cuentas. –Al mediodía salió la misma noticia –para disimular el temor volvió a tomar el hilo de la charla–. Los analistas de los noticieros aseguraron que la obra se hará para demostrar que no hay dinero de negocios de alto riesgo ni tráfico de milagros y, desde luego, para obtener la millonaria indemnización. –¿Pararán la obra? –serenándose ella preguntó.

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–¿La de Cartagena o la de aquí? –La de aquí es la que te afecta, profesorcito –dijo Gina–. Pero si tuviéramos un Ferrari lo veríamos desde la otra punta de la envidia, ¿no te parece, egoísto? –No entiendo. –Nuestra meta sería un garaje y tu envidia sería menor. –En la vejez las experiencias no sirven para aprender a pensar –dijo Octavio. –Habíamos podido comprar un Chevrolet enanito y hoy no tendríamos deudas y viviríamos en otro lugar y dejaríamos en paz a los vecinos y –La egoísta eres tú –afirmó Octavio–, ¿no piensas que en Cartagena afecta los espíritus atrapados en las murallas e incluso a gente? La mutua recriminación les recordó la sicóloga y el uno dejó deslizar las palabras del otro y, en un acto simbólico, las patearon al tiempo. –¿De qué hablábamos? –en tono elegante dijo ella–. Ah, de Charles, ¿verdad qué en algo misterioso el perrito se parece a mí? La mirada de Octavio Palacios la envolvió en una mortaja. El giro hacia un tema ajeno al que venían tratando, infundía sospechas aún más comprometedoras. Ella le entendió y le dijo: –Estoy sin cabeza ni pies –trató de ver tamaña deformación en los vidrios de la ventana polvorienta y, tampoco, vio su alma–. La construcción desplazará a los ambulantes de la playa – dijo a punto de romper en llanto. La posibilidad de infringir, en la vida privada, el respeto debido a los personajes de presunta identidad, los consumió en el pavor. Se sintieron perseguidos, difamados y sin opción y, sólo entonces, mirándose a los ojos, se reconocieron una pareja de imprudentes unidos para mentirse dormidos y agredirse despiertos sin el temor a separarse de manera fácil. Gina Teresa sintió incendiarse dentro del pijama y recordó que el lazo familiar se fortalece gracias a las intimas

pero Alejandra Villa le contó que Abel Merani se la había descrito con detalles de un exuberante narrador oral. oh Dios! Pero le agradeció al televisor haberle permitido olvidar el feliz amorío en sábanas de aire que. corregido y aliviado.119 perversiones y con disimulo dejó ver una línea las copas del brasier. le venía transformando las luminosas ventanas en una ventana invidente. tal vez alcanzaban a ver la desnudez del hombro rodeado de un cabello listo a volar. Unos escoltas se . Se desconsoló. en el curso del día se le había convertido en una pesadilla. a raíz del matrimonio con ella. porque había usado las gafas de nonagenario y unos binóculos de detective de última generación. ¡Y el castigo en la oficina de gente exclusiva. pero sería en otra ocasión. gracias a los artilugios de la realidad. De la limosina había salido un pie y el estilo del zapato le reveló a una actriz. Octavio Palacios no vio la inolvidable embarrada. ojalá todo fuera menos desagradable si se volviera libretista. Esperó ver los contornos del cuerpo entero. Ahora su vida estaba pendiente de un futuro nada amable con la maravilla que. noche tras día. El desgraciado del poste jamás dejaría de ser ñero y Octavio Palacios ni siquiera había servido para el embarazo. pero permaneció sentada y protegida con el vidrio polarizado de la puerta entre abierta. Octavio Palacios dirigió una mirada impotente a los diarios vacíos y la colección de afiches que decoraban la biblioteca y ella sepultó la súbita emoción. Los asistentes de los ingenieros salieron a admirar la visita y algunos obreros entornaban los ojos hacía la limosina. Octavio Palacios pensó reanimarla contándole su pasado. El había visto la escena en la máxima intensidad.

Compartiendo una ensalada en la frutería del Edificio Nimajai. Alejandra lo veía tan emocionado que ni siquiera se podía sonrojar cuando volvía a repetir el caset. Adivinar la identidad de la visitante en un país de modelos era tan difícil como encontrar una luz fantasmal entre los millones de luces de Bogotá. y todos acariciaban las armas. La enigmática movía el pie y proyectaba el aura de una divinidad de moda. Octavio Palacios la escuchaba y le admiraba la capacidad para entender la psiquis de un anciano al borde de la locura infantil. En cambio su sensualidad se ajustaba a las miradas viriles de todas las razas de los cinco continentes. el sobretodo estaba en el espaldar de la silla y las transparencias de la diva eran las responsables de la exaltación general. decidió estudiar las oleadas de admiración de quienes podían contemplar parte de su silueta. Pero el magnetismo que había dejado en el ambiente el pie los puso temerosos y Octavio Palacios se cuidó de salud citando el verso de un modernista: Las bellas sólo aman a los verdugos. Pero su naturaleza estaba hecha sólo para satisfacer a un afortunado que se podía ganar cuatro loterías al mes. . centró aún más la mirada y. con fuerte voz temblorosa. le buscó el ángulo óptimo a los binóculos. Según el brillo del zapato. El pensionado Abel Merani se arregló las gafas. Los obreros se miraban en tono bajo y el pensionado dedujo que. mucho antes de haber abandonado el Chile natal.120 paseaban alrededor de las motos. Por ella los enfermos decidían aplazar la muerte y frívolos de cuna arriesgaban la vida por verla pasar. ante la imposibilidad de ver nada distinto al movimiento del pie calzado en la maravilla. volvía a describir el estímulo que lo había regresado a momentos estelares de hombría que no conocía desde los soberbios veinte años. El anciano había perdido la noción de sí mismo y días después. otros permanecían en las camionetas. en realidad. llevaba sobretodo de piel y lo debía tener abierto o abotonado en un solo ojal. Los gustos eran exclusivos y las firmas a su servicio le importaban hasta el agua del sanitario y los grifos debían ser de oro como iban a ser los del penthouse de Park & Diversión.

desplegó los ojos y con énfasis repitió: siglo XIX. amén de la importancia artística e . como dirigiéndose a un auditorio de un siglo atrás. Tampoco había dejado de tener la mentalidad abierta de la mujer con un excedente de diez puntos de inteligencia. Los clientes dirigieron el oído hacia la procedencia de las palabras y Octavio quedó tranquilo. chispazos de humor en radio y televisión. Los pordioseros de oficio la respetaban y los mendigos de alma buscaban conquistarla con títulos o comodidades. La mano bajo la quijada de Alejandra descontroló el sistema nervioso de Octavio Palacios.121 Palpó el diario limpió de principio a fin y. iba a misa o a oculto sin dejar de tener motivos para seguir siendo atea. Alejandra Villa compartía el archivo como si estuviera promoviendo a su favor un homicidio y ya había encontrado una amenaza en el correo electrónico después de una visita a la Curaduría. mañana y tarde. Buscando permanecer despierto empezó a padecer la sed de un moribundo enamorado de la juventud de un cuerpo inmoral. Ello le permitía llegarle a anormales y desconocidos. periódicos. pero no había logrado establecer un divorcio objetivo entre unos y otros y cuando los imprudentes le sugerían que los dueños debían ser de suerte excepcional se ponía a temblar y desviaba la charla a los asuntos transcendentales del ateísmo y la fe. Desde los inicios de la construcción. de nuestra efervescente actualidad. recitó datos desconocidos del autor y su importancia en la tradición estética de la sensibilidad latinoamericana. En un futuro interrogatorio nadie le podría reclamar sus referencias veladas a realidades. en la cual intentó argumentar porqué en 40 años no habían permitido nada distinto a revivir la mansión de un valor arquitectónico e histórico. tan evidentes como oscuras. Movió la cabeza. y sus argumentos eran tan serios que concluía que las doctrinas opuestas tenían distintos intereses pero el mismo fin: burlarse de Dios. videos de noticieros. Y Alejandra no proyectaba una energía intrínseca de momento. Esta mujer llevaba un archivo de construcciones semejantes a Park & Diversión: revistas.

Un voceador de periódico apareció en la puerta y los clientes de la frutería desplegaron los ojos. También leía bastante. ocupaba de nuevo primera página. Quiso entender los comportamientos de la mujer y sintió miedo de llegar a la conclusión a que han llegado los estudiosos del alma femenina de todos los tiempos: es un misterio. Ella recordó lo aprendido en las iglesias y. al fin. encontró la frase para poner en duda la perversa inclinación de la belleza. aunque no era lectora profesional. es verdad. Una mujer con estas cualidades y osadías podía anidarse en los párpados de un hombre. Octavio Palacios le respondió–. cuyos destierros y portazos le habían impedido desarrollar las capacidades ejerciendo el papel de profesor en una institución educativa de la realidad. –Se restregó los ojos–. El tradicional corazón de las universitarias. Pero las bellezas del presente le gusta exhibir sus encantos en la podredumbre. Los contratistas de la encuesta buscaban dejar impreso en la memoria el gusto masculino de las chicas privilegiadas del país. El pelo suelto de Alejandra le hizo llevar la mirada a la calle y la agresiva realidad vino a salvarlo de los agravios de la belleza. En voz baja Octavio Palacios leyó el título. Y la analista de la encuesta ilustraba el hecho citando épocas gloriosas de países dirigidas por hombres de sensibilidad patriota y decía que por eso a las jóvenes les parecía tan atractivos los hombres de paso militar. Continuó proyectando el espíritu contemplativo y Octavio pasó de la somnolencia a la angustia. Esta verdad periodística se limitaba a exaltar la agresividad institucional como poderoso afrodisíaco. –Si es de origen divino la belleza no conspira ni se humilla –con una lucidez extraña. pero no lograba seducir a mentes de ideas tan elevadas como las de Alejandra y resultaba inútil para establecer una relación con lo sucedido durante la majestuosa embarrada. Alejandra Villa unificó todas las manifestaciones de la belleza en una sola y Octavio pensó en Gina y quedó frío. el subtítulo y el párrafo anzuelo. Un pie tan bien calzado sólo podía elegir a un hombre muy poderoso y por fuera de la legalidad.122 intelectual de quienes la habían habitado. en El Tiempo. .

¿cambiará cuando terminen? –Han envilecido la naturaleza de la casa –profundizó Octavio Palacios–.123 pero respetado y protegido por las autoridades legítimamente constituidas. –¿El de la suerte se irá a Estados Unidos como diplomático o como extraditable? –en susurros. Arrepentida de la pregunta. al fin y al cabo los autos son cucarachas mecánicas. La atención la fijaré en las flores y no en los muros. ahora. –La estructura de cara a los edificios es terrible –dijo Alejandra–. Y de todo lo existente en el universo. la casa es lo único bello por dentro y por fuera. Dentro de poco la ingenua belleza de mis plantas avergonzará la opulencia del concreto –concluyó. Siguieron relatando. La semana pasada fui al Parque y en lo alto encontré una caca magnífica para las rosas. conocida en la aldea global como la República de las Leyes debido a la impudicia con que castiga a los inocentes y la felicidad con que absuelve a la rica gama de delincuentes. Mezclé la caca con las sobras de la fruta y el té y le agregué unos gramos de fertilizante. los diseñadores. lo visto desde alturas superiores a los quince pisos. La vegetación de la cordillera es realmente bella y desde mi ventana jamás la volveré a ver –melancólico dijo Octavio–. . regla de naturaleza obvia en nuestra nación. al respecto. apoyados en las argucias de juristas de prestigio internacional. Las vigas y plataformas de concreto habían sido terminadas y. Alejandra Villa preguntó. en voz alta. casi en silencio. –Un parqueadero de por sí es horrible –dijo Alejandra–. arquitectos e ingenieros empezaban a poner en la realidad aquello que la falta de ética les había aconsejado no poner en los planos presentados a Curaduría. –Para disminuir la agresividad de la mole voy a consentir mis matas. Alejandra pidió un jugo de maracuyá y en el vaivén de clientes Octavio buscaba detectives de Park & Diversión.

Octavio comprendió porqué el pensionado Abel Merani había dicho que. Transeúntes y autos se enfrentaban y rehuían para cederle paso a la imponente escolta de una limosina. nunca había visto un obrero tan contento e importante como los del día de la majestuosa embarrada. Octavio se alargó y las ruedas chirriaban y las camionetas se balanceaban y los obreros saltaban y. en su centenaria experiencia de arquitecto. –Lo mismo le dijo una sicóloga a mi esposa y le aconsejó que me ordenará a adaptarme a ellos hasta convertirlos en parte de mi vida. reafirmó el tono. se palpaban el rostro lleno de puntos de barro revuelto con sobras de la mezcla que expelían las máquinas de concreto. la mujer del maravilloso zapato. Te avisaré tan pronto lo creamos oportuno. Octavio forzó los lentes esperando ver por algún agujero. pero la limosina giró y fue pasando lo que ya era la gigante entrada. las mujeres se enamoraban de sus espaldas y por eso jamás se había dado cuenta. cabizbajo. –Nadie ha visto un muro encantado – para evitar quedarse dormido. Dos motos se atravesaron en el cruce de La Trece con 39 y el odio de los agredidos se reflejó en los vidrios de la caravana.124 –Pero la belleza puede estar en todas partes. –Pero hay muros necesarios. sonriendo. él caminaba recordando que. La repetición del . pasos adelante volteó a mirar a Octavio y. abertura o espejo. cuyos portones aún no se habían instalado y hoy deben recordar secretos dignos de ser investigados por la Corte Internacional. –¿No eres viudo? –dijo Alejandra–. de joven. Sólo entonces. ¿listos? Salieron de la frutería. En la esquina de Tequenusa las violaciones a las normas de transito liberaron a Octavio de la somnolencia que le había dejado Alejandra. Ah. la reunión donde Nana debemos aplazarla otra vez. Alejandra se dirigió a fortalecer el ateísmo en alguna iglesia y.

pero cuando giraba en la esquina volteaba la cabeza. veía el poste. ¿qué seríamos en vidas pasadas? Le era imposible no mirar el poste. La . Respiraba como narcotizado. Gina Teresa quitó la llave y la extraña bolsa de leche confirmaba que uno de los dos estaba loco. Muchos días de insomnio lo arrullaban. pero las hermanaba la sutil concepción acerca de la belleza. A cada paso calculaba las ventajas de vivir en otro lugar. La pobreza era antiestética y la mendicidad repulsiva. Y pasaron las cuatro y las cinco y las seis. y desde la memoria lo veía con la misma nitidez que lo veía en el sueño. escuchaba un canto de pájaro y se estremecía. vaya a saberse si de miedo o de sueño. El perro le buscó los pies y se recostó con la dulzura de un bebé. llegaría Gina y lo levantaría de una oreja. ¿estaré dormido? Se levantó sin poder ubicarse en el apartamento ni en la somnolencia. pero en el mundo de la competencia dormir en el día era un hábito insano y le agradecía a la construcción impedirle pegar los ojos. pero la férrea voluntad y el ruido le ayudaban a no quedarse dormido. En mentalidad Alejandra difería con Gina. Si el sueño lo vencía. Las cuotas vencidas de la promoción los obligaba a consumir leche en polvo y medidas tajadas de pan integral. Y lo contrario no podía ser. Se acostó en el sofá a fundir una mujer con la otra y a lentos besos le parecía despojar del brasier los senos de una actriz. Apoyado en la inercia de la sombra logró llegar al apartamento. De ida y venida eludía la ruta. En la entrada se cruzó con dos residentes mejor vestidas que la jefa y la rapidez no le permitió verles la cara y sino habría reconocido a la doctora Judy Peláez. se estremeció y a paso largó dejó atrás el tenderete. Y Gina Teresa se bajó de la buseta un paradero antes y compró una bolsa de leche en Mercafácil. ¿por qué sueño con ese miserable volando en sábanas de aire?.125 acto lo regresó a la imagen de Alejandra y cerrando los ojos. Sacó la llave de la cartera y Octavio escuchó el tintín y le causó asombro haber distinguido el sonido con el terrible ruido de las máquinas.

Comenzó a mirar a los albañiles y a esconderse en el rancho. Y la seguridad de quedar en ridículo. repetía la frase del santo para poder darse el lujo de ser solidario con algunos pobres. buscando un vaso.126 vergüenza de haber sido sorprendido en el sofá le impedía responderle. –¿Y entonces por qué te finges ateo y prevenido con los… –Ellos no eran de suerte excepcional –Octavio la cortó–. si contaba las sucesivas desdichas. decidió que la respuesta acerca de la niñez a Octavio siempre le quedaría inconclusa. le dijo que esa era su casa y. Gina Teresa no encontraba cómo aplazar el desahogo de la atormentada conciencia y. refiriéndose al rancho. La señora le tomó la mano y la niña no opuso resistencia. incluso el señor decía. –Nos salvaron –afirmativo. Según mi madre. La señora se despidió y la niña le sonrió y la sonrisa le impidió a la señora ir a la oficina y continuó mimando a mi hermana. mi hermana quitó la mirada de la lejanía y empezó a hablar. Octavio había cometido alguna imprudencia despierto y no dormido como ella. Suspiró. Gina Teresa observó el hermetismo del apartamento y. Ella pasó a la cocina y Octavio vio la marca de la leche y proyectó el resto de los días en el manicomio. sin duda. dijo Octavio. todo rico es ladrón o heredero de ladrón. –Pero esos señores Aguilé los trataron bien. le dijo. Repetía la escena como un animalito curioso. la señora duró una hora acariciando la mano de mi hermana. Lo ánimo a sincerarse. En esa época la señora ya trabajaba y les decían doctores y no fingían serlo. quizá en el campo. maternal. Octavio permaneció en silencio e intentaba ignorar la existencia de la leche. . “No me digas”. “¿Verdad?” Mi hermana mayor llevaba meses sin hablar y los médicos de la Hortúa se declararon incapaces de encontrar la causa. Le seguía hablando y. en ese instante. tenía a Gina Teresa al borde declararse culpable de su inocencia. ¿no? –abriendo la bolsa de leche. Un día la señora le regaló una muñeca y la niña la rehusó. “¿Practicaría yoga para tener tanta paciencia?” Le hablaba y ella permanecía con la mirada fija en la lejanía. y.

corrió al baño y se puso a temblar. no se veía el sol ni las estrellas. “¡Ajá!” Nunca se ha vuelto a saber de la familia Aguilé. pero al pasar el último sorbo descubrió la fealdad de la mezcla de leches y. durante 40 años. Le contó a la señora las alegrías y desgracias calladas durante su corta vida y después ella le preguntó a mis padres si lo de los campos en Boyacá era verdad y ellos le contaron los pormenores del destierro. Cada tintín de palustres y punteros le iban dando el golpe final a los infinitos que. era verdad. .127 “¡Increíble!” Desde entonces nadie la ha podido callar e inventa lo imposible en la mente de un mitómano. ni en empresas. Ofendida se propuso a ocultar las aventuras oníricas. avergonzada. A cambio de azúcar. Octavio miró hacia afuera y. Las frases. Octavio movía los labios y la imaginación de ella volaba de una esperanza a una pesadilla. se les ve. el apellido ni siquiera aparece en el directorio. El estómago le ardía y empezó a tomase el menjurje. ni en la farándula. fundada en 1928. El domingo 23 del mes aciago madrugaron a arrebatar la luz de las ventanas. Agrandó los ojos y levantó la voz: –¡Era mejor que el Park Way! El refinado castigo en la oficina de gente exclusiva y la persistencia de las imágenes del sueño le impedían a Gina Teresa concentrarse. a la leche le había agregado leche en polvo. como desapareció la Sabana. podía ser un cuestionario subliminal a su intimidad. La congestión la llevó a pensar en sentido inverso. Pero en torno a ellos la construcción no se venía expandiendo sola. el tren y la hermosa Avenida Caracas. la Voz de la Víctor. “¿Desaparecieron?” Sí. desde hacia días. que no le escuchaba a Octavio Palacios. Ladrillo a ladrillo iba tomando forma un muro inexistente en los planos oficiales y clandestinos. ni en política.

Respiró profundo. la segunda. una adaptación subliminal. Entrecerró la puerta y. Octavio le hacía masajes a la mano de Charles Chan y. cantarina. El calló y ella le dijo. en su conjunto. La esposa se había apropiado de su aversión ascendente a los muros. como en sueños. la mujer tenía óptima capacidad de adaptación. al contacto con el neón y el humo de los autos. Los dos recordaron las causas del aplazamiento de la infamia. Octavio Palacios suspiró. volteó a mirar los afiches de la biblioteca y volvió a suspirar. le agradecía a la doctora Judy Peláez haberlo salvado de los escobazos y se preguntaba por qué Alejandra y Judy se encontraban en la . ya a salvo de ser amputada. los muros formarían una gran concha y la interioridad sería pintada con colores matizados en laboratorio que. desenvolvió los afiches y admiró la inteligencia de la sicóloga. Las terrazas también serían garajes y.128 habían partido de las ventanas. le preguntó a Octavio si quería saber la infamia de R & R. produciría un nítido arco iris. Y este viernes debía proseguir la terapia mientras ella renovaba la decoración de una parte de la sala. a la vez. ahora no te pares a encender la televisión. como una escolar juiciosa. El exterior del abusivo muro dejaba un párpado de cemento alrededor de cada ladrillo y las columnetas de refuerzo acaban de perfeccionar la fealdad. y se preguntó. en la noche llegaba optimista y le pedía a Octavio que se encerrará en la alcoba y le hiciera masajes a la mano de Charles Chan. llamó a la línea al cliente y la sicóloga de Colsanitas le había aconsejado hacer una catarsis y. ¿será pertinente que Octavio se vista de mujer? Los espléndidos colores le hacían silbar la canción de una película y. más que el pobre. La primera vez las noticias y. De todas las criaturas existentes en la tierra. y la obsesiva no era ella. Gina Teresa le había dado crédito a la científica de la mente y como la expulsión de la universidad imaginaria los había llevado a cambiar los roles. el menjurje de leches. los vejámenes se debían contar con optimismo y serenidad. se puso a preparar trozos de cinta de enmascarar. bastante congestionada con las preciosidades que había comprado para adaptarse a los rigores del lujo.

–¿No te importo? –le reclamó Gina. a partir de la construcción. en los ascensores y jamás compartían una palabra y las miradas indiscretas. La linda . internet. cinco celulares y dos satelitales y sobre el escritorio le colocaban periódicos de París y Nueva York. Whisky. estimulantes de uso restringido a altos ejecutivos. eran colombianas e iban a California y. de la una a la otra. No le programaban ningún trabajo. jamones serranos. querida –saliendo de la nebulosa.129 recepción. Los superiores pasaban a rendirle sus respetos e. inclinando la cabeza. llevas tiempos intentando contarme. champaña. le anunciaba que tan pronto hubiera cupo. en la puerta de alguna iglesia. Si la desaparición del embarazo no la salvaba. Y a los dos meses la habían trasladado para allí. el permiso de dos horas se la llevaría de la tierra. El almuerzo se lo llevaban del más caro de los restaurantes de la cocina internacional y ella nunca se había atrevido a levantar la cuchara porque en San Victorino no habían encontrado cucharas similares a las de la vajilla de R & R. le dijo Octavio–. La oficina se surtía cada semana. golosinas exclusivas de Miss Universo. Las flores las cambiaban todas las tardes. ávidos esperaban encontrar labios dignos de degustarlos. Si señor. la empresa las importaba. quesos franceses. Los espejos permitían ver en el fondo una hermosa cama. en la plazoleta. todo el personal estaba a su servicio e incluso el gerente le decía Su Majestad. vinos. se ofrecían a sus ojos. eran escasas si tropezaban en la calle y. pero como ella no había logrado un aprendizaje previo. le preguntaban si deseaba algo más. pensando en la gente castigada. Una sicóloga la alentaba a seguir disfrutando y dos veces a la semana un recreacionista llegaba a hacerla reír. revistas del jet set. ¿qué te lo impide? Era algo definitivo. Tenía acceso a dos computadores. un memorando la esperaba en el escritorio. pero tampoco podía dejar de oler y mirar las delicias. –Perdón. la mandarían a disfrutar en la oficina reservada a la gente exquisita. Cuando había regresado de dejarle los 45 diarios.

De una mirada Octavio Palacios apreció el cambio de paisaje de su hábitat. ella acabó de relatar la desgracia y. Pero los juristas le decían a Merani que . Tembló como un condenado a cadena perpetua. se preguntó. lo invitó a ver la sorpresa. optimista. ¡Qué sería de Gina Teresa si su cargo era de los últimos y el embarazo le impedía mostrar los avances del adelgazamiento? –Pero por qué lo hiciste –en voz muy baja le censuró–. –¿Cómo te parece? –exclamó feliz. ¿todos mis infinitos terminarán en una pared?.130 señorita de la gerencia cada quince minutos le ofrecía tinto y. haciéndole cosquillas. El martes la sombra del muro continuaba extendiendo los tentáculos y Octavio deseó que el pensionado Abel Merani lograra conseguir un abogado. pasó a la alcoba. sonriendo le decía. ¡Oh. le sumó el lujo impuesto como castigo a Gina. inhumanas atenciones! Octavio Palacios recordó lo que le había sucedido a las personas que habían cometido faltas similares a pedir permiso. levantó las cobijas. De para atrás. se acostó y. si a ella se le llenaban los ojos de clemente sed. Los muros levantados a lo largo de la historia tenían en común dividir a los hombres y ofender el espíritu de la humanidad. le agradecía a la sicóloga la medicina visual. El último que celebré con alegría me disfracé de Cervantes porque… A pesar de la ofensa de Octavio. Gina Teresa sonrió. o TU MERCED decidirá. Gina había sustituido los libros de tres dimensiones y los catálogos de las colecciones de literatura clásica por la Muralla China. sonriendo. Otra le ofrecía postre de flores. se desmadejó en la cama y a la bárbara decoración de la biblioteca. el Muro de Berlín y el Muro Ariel Sharon. ¿o té de la reina Isabel o aromática del santo papa?. Después de cierta edad uno odia los malditos cumpleaños. Octavio dejó a Charles Chan en el dormitorio y a paso lento avanzó a la sala y en la puerta quedó sin sangre.

–Sin temerle a la amenaza de atrás y al abismo de adelante –Octavio declamaba la variación de un verso viejo–. Los famosos muros de la infamia ya superaban la dimensión del decorado y servían para que gente humillada reconociera que su padecimiento era infinitas veces menor que el de otros hombres. lo diseñaba la inteligencia sumisa a los faltos de escrúpulos. a través de los tristes vidrios. Pues los funcionarios escuchaban a Merani y lo enviaban a otro lugar o. Y la reflexión se apoderó de su sangre y terminó llevándolo al clímax del egoísmo. arquitectos e ingenieros de moral tan curva como las uñas de una rata? ¿A qué encuentro de intelectuales le importaba la desolación del pensionado de la izquierda que salía a fumarse la pipa añorando la brisa de la cordillera y estaba a punto de suicidarse como ya lo había hecho otros ancianos? ¿Qué ONG se ocuparía de una flor asesinada por falta de sol? El muro erguido frente a las ventanas se encubaba en la fuente de lo corruptible. Y. había partido a Europa padecer las impiedades del exilio. en verdad. lo levantaba la fuerza de la obediencia. Y ese requisito era imposible. Siguió reflexionando en sentido inverso a los postulados de la ciencia psicológica y. pero la ira le hacía imaginar peritos midiendo la contaminación. le decían. Octavio lo sabía. escuchaba el indolente trabajo de los albañiles. la sombra y la velocidad de los vientos. salta el muro y comienza a volar –concluyó sin dejar de mirar los históricos muros en los estantes de la biblioteca. a los dos días. había dejado de insistir desde cuando la abogada del edificio Americano les había sugerido pensar en la Acción de Tutela alegando los derechos del niño y. le arruinaba el futuro y le llenaba de buitres la conciencia? ¿Qué asamblea de religiones enderezaría la ética de abogados. ¿Qué organismo internacional se interesaría por el muro que le enceguecía los sentidos. método eficaz de alcanzar el paraíso no viviendo el infierno de los demás. cerciórate antes de venir a hacernos perder tiempo. simplemente. lo .131 podrían llevar el caso una vez él encontrara donde poner la querella.

pasó de largo la iglesia de Santa Ana y desembocó en Colsubsidio. y era alérgico a la belleza ¡y como un mutante de horror se expandía en el alma! Y a ello se sumaba la decadencia de las plantas. soy Ana Angarita. Una Toyota de vidrios polarizados hizo el amague de atropellarlo y Octavio seguía divagando en los efectos metafísicos de los muros. tartamudeando de sed. No te sorprendas. No advertía la colmena de clínicas. desesperado. lento. regresó de la galaxia de sombras. pero ojo con salirte de las diez cuadras demarcadas a tus pasos. el de un Mercedes le gritó.132 permitía la audacia burocrática. Vio el esperpento guiando el futuro y. Sigue derecho. atropellaba a un anciano. Delante del Ministerio del Medio Ambiente unos autos se detenían. despierte hijueputa y voló a la Plaza de Bolívar a dejar en el congreso al patrón que acaba de justificar en la torre blanca de RCN su participación involuntaria en negocios de alto riesgo. Movió la cabeza como el minutero suelto de un reloj a merced del viento y. su nariz rozó la nariz a un doble suyo. y él seguía sordo. ruidos y muros y. Siguió avanzando en dirección al reflejo de los autos y el inmenso vació de la Plaza del Concejo le apestó un golpe en el rostro. –¿Para dónde vas? –le dijo una anciana–. querido. El humo de las avenidas jugaba en el aire y se combinaba con las sombras de los muros de la ciudad entera y Octavio aspiraba y sentía la mente como una bomba enorme en la imaginación de un niño. Y la belleza . salió sin interesarle la suerte de Charles Chan a punto de orinarse debajo de la cama. Si lo hubiese visto alguien de las gentes sencillas donde nació habrían dicho. ciego. En los andenes pisaba a un niño. señor!. lo defendía el servilismo profesional. Atravesando el almacén sentía ahogarse en los motivos preciosistas que irradiaba un remolino de futuros desperdicios. se dirigió a Jardines Pomponela. las damas exclamaban. la mano amable de otros le cedían el paso. limpiándose los ojos. ¡ay. don Octavio está recogiendo sus pasos.

Pomponela viene diversificando los servicios y en La 53 pusimos el primer punto de venta. Son más bellas y de fácil mantenimiento. Las volvía a mirar e iba recobrando el aplomo. muy bonitas. Octavio compró trece plantas de sombra. La espina dorsal le sonó como las fracturas de una . Expuso el motivo de la visita y el agrónomo abrió un catálogo y se lo puso en los ojos y el sintió multiplicar la inteligencia de sus lentes. junto con las vueltas. pero la mayoría son de mal agüero y el viento las puede tirar sobre la cabeza de algún residente. olvidó el inseparable punto de apoyo: el diario vacío. y el administrador salió. pero se ajustan a todos los presupuestos. saludó a Octavio y le dijo. –Estas soportan muy bien la oscuridad –le dijo. Se quedó quieto observando cómo se iban abriendo los pétalos de la flor de un helecho cruzado con gladiolo. –Si la contaminación les impide adaptarse –el agrónomo continuó–. Sin reparar en gastos ni en discusiones posteriores. Como un milagro las matas permanecían serenas y Octavio las imaginaba inmunes al ultraje. Octavio se deslumbró con las fotografías y pasó a mirarlas en el vivero y la belleza viva lo acabó de enloquecer. Verdes y floridas las plantas insinuaban un jardín aéreo. Las de China no son las mejores. Las señoras de clase las llaman flores light y las aman. Hay de varias nacionalidades. las embarcó en un taxicamioneta y. puedes ir pensando en plantas de celuloide.133 volvió a aconsejarle mal. Una a una fue colocando las nuevas plantas donde las otras habían perecido pidiendo una gota luz y detestando el exceso de contaminaciones que producía Park & Diversión. Desde el patio la señora del aseo le dijo que tenía una mano prodigiosa y él se miró la mano y la vio de una vejez desagradable. Octavio Palacios escondió la cabeza y el aroma de las flores le anunció un presagio desalentador.

¿se cumpliría la esperanza de Gina Teresa de verlo volar? Ante la arrogancia de los albañiles. la asistente vivía pendiente de recibir órdenes de arquitectos e ingenieros para transmitírsela. cuya responsabilidad respondía a los designios de la ambición ajena.134 línea de hielo en la mano de un niño. donde muy pronto recibiría el título en la admirable facultad de . Octavio se enfureció. Las plantas ornamentales. Tomó un diario de la biblioteca y anheló desahogarse a través de las ventanas. Se imaginó retando a alguien superior a un obrero. pasaban inadvertidas. a los maestros. como ejército a la defensiva. lo veía con audífonos sobre los tapones e incluso alcanzaba a oír la música clásica cuando él le subía el volumen a la grabadora y coincidía con unos de esos raros silencios que ocurren durante la construcción de las fortalezas. como podían pensar los envidiosos e inmorales de la sociedad. se arregló la corbata. Reflexionó. se estremeció. en consecuencia. En una de las discusiones anteriores había recibido el abre bocas del regaño de Gina y. mirándose en el espejo. Lo veía consumiéndose en el apartamento sitiado y en sus jóvenes venas sentía dilatarse un nudo de hormigas e imaginaba las peroratas de los moralistas de La Javeriana. Pensando desahogarse se colocó la mejor combinación de saco y pantalón y. cubiertas de polvo y estropeadas con las esquirlas de mezcla que se le escapaba a las poderosas máquinas. lo animó a seguir enalteciendo la insensatez. revoleteaba sobre herramientas y materiales y. veía a Octavio Palacios e intentaba portarse como si fuera una criatura natural. no debía cometer el error de reclamarles el abuso e impedirles disfrutar en augusta paz la riqueza obtenida gracias a las artes de una suerte excepcional y no al tráfico de milagros. reduciendo a cada palustrada el espacio de su existencia. Pasaba por alto a los obreros. Pero la falta de un interlocutor. Desde la primera semana. a veces. a gritos bajos. Lo veía consintiendo las matas moribundas.

. tan sensual como imperativa. les preguntó por qué arrebataban la luz ajena y les señaló el muro en el límite de la terraza.135 Arquitectura y Diseño. Sobre el manto de la seguridad se levantaba el templo de las injusticias. Tres árboles del Río Arzobispo habían sido cortados y. sintió las catástrofes de la seguridad actual y visualizó las artimañas de la seguridad por venir. el inquisidor postdivino predicaba la eliminación del otro y el odio se elevaba a la categoría de Dios. Desplegó los ojos y reconoció a la asistente y con la confusión de un timorato quinceañero. exclamó: –¡Por seguridad! Octavio Palacios quedó como un títere de gelatina en una silla eléctrica. los pies. Octavio Palacios se dirigía a donde las obsesiones lo arrastraban y. Un súbito amor a la muerte aceleró a Octavio. Se acabó de paralizar. atropelló una bromelia y los jóvenes se quedaron con la boca abierta observando cómo la mano envejecida intentaba agarrar una que escapaba de los bordes del alero. o elogio del entorno y. ofensa. en compañía del jefe de personal. la sacerdotisa de la libertad bendecía las armas y el filósofo de la imagen fabricaba los errores. El antiguo temor de Alejandra Villa se había cumplido. la asistente apareció levantando la mirada hacia línea de matas recién cambiadas. ni pondría. En medio de las plantas se veía gracioso con la cabeza a punto de desprendérsele del cuerpo. Hubo una oleada de rubor y silencio. el abuso remplazaba los códigos. según el archivo del personal de construcción. ella olvidó el deber de permanecer en silencio ante cualquier queja. El jefe de personal no pudo esquivar la presencia del imprudente y miró a la joven. El presunto dueño era invisible por razones de seguridad. abrió la ventana. Octavio Palacios duró unos segundos en cerciorarse que la matera había rebotado en una cabeza como una goma de venganzas. Y en un desliz de femenina irresponsabilidad. Recordó las desapariciones ocurridas bajo pasados estatutos de seguridad. pero donde nunca ella había puesto.

la seguridad venía a encarcelar el alma. ¡Dios mío. lo aplaudían los gobernantes de países satélites y lo repetía el humilde guardián de la esquina envuelto en un uniforme basto y con los ojos tapados con el quepis cuya insignia. Y en este caso. La palabra seguridad. Sólo significaba seguridad. no escritas en la historia. y no iba a ser tan sosa de perder la oportunidad de ganar experiencia en un mundo competitivo. tampoco podían moverse. ¿A quiénes irían a interrogar abajo. el brazo de una grúa había caído un alcaparro florido de la plazoleta. –Pero los testaferros no somos nosotros. Seguridad decía el presidente del poderoso imperio. y la falsa estudiante de arquitectura imaginó lo que el imprudente no podía decir y lo delataba el temblor de la piel. saben el significado oculto de seguridad. no tenía matices. de obediencia óptima. conscientes de haber cometido un error. aquí.136 sin culpa. Las sombras de la rata eterna pugnaban en la garganta de Octavio Palacios y le impedían retroceder a la habitación cerrando de paso la ventana. Pensó Octavio Palacios. La seguridad privada superaba la violencia de los estados y nadie sabía los horrores de la seguridad clandestina. olores. La boca le temblaba como las hojas de una libreta descuadernada a merced del viento. ¿Cómo los inocentes podían salvarse de la seguridad? La seguridad tenía secretos y organismos internacionales la seguían desde la distancia. decía VIGILANCIA PRIVADA. a qué horas había llegado un vecino tan íntimo de la seguridad que debía protegerse de la gente inerme? El jefe de personal y la asistente iniciaban la carrera de personas respetables y no tenían ninguna visión distinta a satisfacer los apetitos y. Tembló. en letras brillantes. ni colores. Y las páginas. Ella era audaz. eso sería . único misterio que le quedaba a un hombre dedicado a pasar los días pensando qué anotar en 61 diarios cuando no había podido hacer nada con la vida. en los sótanos ilegítimos? ¿En el Piso XII quiénes respirarían el misterio perpetuo? No dejaba huellas cuando aplicaba los códigos subrepticios y en el país entero sólo estaban seguros los promotores de la autofagia social.

se habían prestado para la ofensa y. –Puede ser –sonrió el Fiscal y. Octavio Palacios no entendía la encrucijada de los . ¿Acaso era inmoral vivir bien ejerciendo una profesión admirable?. Ellos no debían saber nada. En una entrevista le preguntaron al Fiscal General si eso en Colombia sería posible. como si ella fuera el alma de todos los arquitectos. –O sea… –¿Y tú pretendes que yo demuestre que un hombre rico no es de suerte? –lo calló el Fiscal. pues no se podía poner en evidencia la existencia de Park & Diversión. Los humoristas de los medios también ignoraban el avance de la fortaleza ocupándose de construcciones similares en distintas ciudades del efervescente país. no debía saberla los superiores. eran culpables. El fin respetable de figuras de itinerario nauseabundo. desde luego. agregó–: pero no es delito porque la ley no ha previsto semejante inmoralidad. Sin embargo. Tampoco le interesaban las miradas de unos ventaneros. le había escuchado a un ingeniero y. y ello se lograba declarando inexistentes a todas las personas de alrededor. En Cúcuta. La asistente y el jefe de personal carecían de fuerzas para retirarse y. Si habían sido ofendidos por un vecino disidente de la costumbre e irrespetuoso de las arbitrariedades del verdugo. ¡mis papás nunca hicieron el esfuerzo de enviarme siquiera al Sena!. el dueño de un parqueadero de cien millones de euros le compraba las loterías a los ganadores. se encogió de hombros. los maldijo y se vio entrando y saliendo de la Javeriana.137 una grave falta de ética y un desprecio tácito a sus deseos de ascender. ni responder ni escuchar. la ofensa recibida de Octavio Palacios. como si el temor les hubiese unificado los cerebros. donde el cinismo de sus jefes le habían hecho fijar las ilusiones. Los millones estaban por venir. enseñaba que el dinero mal habido le proporciona dignidad a los indignos. recordaban que no podían detenerse en naderías cuando la asistencia de las figuras del país a la inauguración le darían legitimidad a Park & Diversión y le pondría un sello infranqueable a cualquier intento de queja. sereno.

. quinta propietaria de los apartamentos afectados en irse a pagar arriendo. En el sofá colocó el archivo y del bolso arawak sacó un paquete de galletas de San Marcos. bajando y subiendo un tono. Octavio regresó de para atrás y. lo llenó de agua y roció las matas. vigilancia y aseo corrían a ayudarla casi con la misma gratitud que lo exigía la presencia de la doctora Judy Peláez. disminuida en su artificiosa voluptuosidad. Si un supersticioso las hubiese visto. ¡tú cómo eres de linda conmigo! Desde hacia quince minutos ella estaba preparada y le ofreció una aromática hindú. Eran misteriosamente bellas. exclamó.138 jóvenes y les pidió el favor que le comunicaran a los jefes la inconformidad con el último de los muros. Se pusieron a esperar a los otros dos y resultaron reconociendo los prodigios del mundo virtual y Nana era una experta gracias a que había repetido el curso de computadores en el SENA y. el jefe de personal y la asistente. Quietos en el mismo lugar. –No –le dijeron con la cabeza. desde entonces. tomó el vaso de la licuadora. donde nadie crítica la vanidad. con la cabeza seguían diciendo: –¡No! Alejandra Villa saludó de beso a Nana de Aguirre. floridas y orgullosas. se lo entregó a Nana y le agradeció la solidaridad y Nana miró la marca y. habría dicho que se estaban preparando para festejar la travesía de un muerto hacia el infinito espacio. tembloroso.

Sin moverse observaba la cuadra entera de la cara norte del Ministerio del Medio Ambiente. El rechoncho de Plaza 39. yo soy doctora en sistemas y el otro quiso responderle. consciente de ser un celador de la patria. avanzó hacia el occidente 22 pasos y se presentó en la portería del Edificio Canciller. en cada piso. señor. A los 15 minutos vio la oportunidad. Allí había funcionado la embajada de Estados Unidos y Octavio se estremeció. El ascensor carecía de espejos y Octavio se asustó de no ver una cara humana en esa prisión hermética en rápido ascenso y. Pensando en la rebeldía del animal se dirigió hacia el sur con pasos de sombra amenazada. moraban los fantasmas de los desaparecidos durante la Defensa de la Soberanía interior promovida. Miró los cinco pisos de Col–Médica. El vigilante tenía el nombre de los invitados. En ese bunker. pero el aliento del hombre alcanzó a enturbiar el aire y. Se recostó a tomar fuerzas en las paredes iluminadas del pasillo. desde Washington. Cruzó el décimo. pero ninguno se atrevió a expresar en voz alta las aspiraciones insatisfechas. Octavio aceleró y el aletear de las ramas de un alcaparro le permitió respirar. escondió medio rostro en el quepis y. lo devoraba un vértigo primitivo y en el noveno buscaba las alarmas. y Nana de Aguirre quiso decirle. Nana era detallista y le pareció un hombre mayor. yo soy profesor. se abrieron las puertas y Octavio alcanzó a salir. recubierto de muros de hormigón y rejas de acero. sorprendido de su olfato de ave docta en malos olores. en Colombia. ¡amargado! Octavio jamás habría descubierto el destino de la ofensa. marcó el penthouse y le dijo a Octavio. cuyo vestido de paño ni estaba de moda ni le quedaba bien a una cara . es el número cuatro. le respondió el adiós al habitante del poste y en la esquina se quedó como un fantasma vestido de paño gris. con el tono de un general le gritó. Alejandra los presentó sin exponer la biografía de ninguno de los dos. lo hizo seguir.139 Octavio Palacios se aplicó la dosis del desodorante de Gina y salió del 206 después de haber sido incapaz de sacar a Charles Chan de debajo de la cama.

La sonrisa amable del uno intuyó la tristeza en el alma del otro. padre de sombras ociosas. después de haber cortado los árboles. permiso. pero mucho menos espectaculares que las preciosidades que Gina había comprado para adaptarse a los rigores del lujo. La sala estaba llena de artesanías de mediano valor. Sonó el timbre y Alejandra le pidió el favor y Octavio avanzó a la puerta y ella revisó el sofá y el archivo no le permitía sentarse a otra persona. cocacola y cigarrillos ocupaban el comedor. ella se encerraba en la alcoba a buscar una amistad. usaba un perfume poco viril. en cuyo centro había una canastilla de provocativas frutas de celuloide. agua. se veía como una boca sin dientes. como si quisiera inmunizarlos de confidencias venideras. Delante del pensionado Abel Merani . pasabocas. A punto de quedarse dormido. Las sobrias afirmaciones eran fruto de los avances de la construcción y los movimientos en su defensa sin nadie haber podido quejarse legalmente todavía. Si deseaba una bebida caliente podía pasar a la cocina limpia como el clorox. dijo. además. cómplice de perros limosneros y punto de mira de pájaros inoportunos. ¡como la de un bebé! Alejandra aprovechó la aclaración y le agradeció a la grúa haber caído el alcaparro de la plazoleta. Mientras ellos discutían la imposibilidad de poner la queja. Octavio preguntó si Abel Merani estaría dando vueltas antes de atreverse a entrar y Alejandra se palpó los oídos.140 de intelectual y. Al cabo de cinco minutos. Alejandra había elegido el sofá y a la izquierda había acomodado el archivo y Nana le ofreció a Octavio el sillón de la derecha. Y utensilios de desecho. La gratitud con la anfitriona les impedía empezar las onces. Mencionaron las dos curvas paralelas de verde frondoso a lo largo del rió y el puente de luz de calle a calle. pero no el gasto de imaginación. Los infantiles reclamos del esposo a media noche la obligaban a refugiarse en las avanzadas opciones de amor que la diosa internet le ofrece a los desamparados del calor humano y la sensualidad.

de una vez. La esquina occidental de Park & Diversión repelió la mirada y los tres echaron de menos las elegantes palmeras de San Sebastián y los árboles del Río Arzobispo. le podría relatar la dicha de vivir cuando el objeto más pateado sobre la tierra se tornaba en un milagro y le permitía al anciano encontrar el estimulo para recobrar la potencia perdida décadas atrás. cómo les parece! Alejandra estiró los pies y lució unos tenis bastante discretos y Abel Merani se quitó las gafas. un naipe. Octavio comprendió que jamás volvería a ver a los aviones navegando como peces aéreos. si el archivo se colocaba sobre el tapete. optimista. el I Ichin. tres monedas y un resumen de los descubrimientos que había logrado gracias a su experiencia científica en la búsqueda de las verdades superiores a la verdad. en el momento justo. desde la presidencia. él podía sentarse junto a Alejandra y. colocó una fotocopia diminuta de su diploma de arquitecto. telefonearon y la directora de Planeación cedió a reestratificar . Todo se teñía de melancolía. pero las puertas de los tribunales estaban cerradas desde cuando habían puesto en la mira las ruinas del Patrimonio Histórico y. inspeccionó el sofá y.141 asomaron los planos y. contó que los había obtenido gracias a la persuasión de cuarenta mil pesos: –¡Por un décimo del salario mínimo. Corrió a una esquina de la mesa la fotografía del grado de Nana en el Sena. enmarcada en plata. La vista de la ciudad había sido eliminada y del Parque Nacional ni siquiera se veía el recuerdo. y. Era asunto de práctica. Dirigió una mirada de homicida reprimido al archivo y Alejandra los invitó a las ventanas del penthouse. y la experiencia de una vida estirada hasta los cien no debía pasar en vano. Esa mínima prueba demostraba cómo la fortaleza se había apropiado de los espacios libres e inundado de suplicios a los apartamentos vecinos. Y el cielo de los eternos tiempos se podía contemplar en el cenit levantado la cara hacia el trono de Dios.

desde esa altura. giró con la decadencia de la última vuelta de un trompo y se ubicó en la silla izquierda. Octavio dijo. Octavio sonrió como un mascara triste. y retiró el diario de debajo de las posaderas del pensionado. Esa había sido una de las razones para haber precipitado el matrimonio con Gina Teresa. Regresaban a tomar asiento y un golpe en el vidrio los puso alerta. subterráneos debajo de los subterráneos. Tomó los planos e indiferente a los cuidados irritantes de Alejandra. con las manos. Sintieron vergüenza de patria y lamentaron lo poco que ellos podían ofrecer para evitar el lento naufragio del País. el país venía Tan en Libre Caída que el ave nacional ya era una mosca. como si debiera seguir el ritmo de unas cuerdas empedernidas. perdón. dio dos pasos. Alejandra vio estrellarse una paloma. Abel Merani desplegó las alas del esoterismo científico y los otros dos levantaron la cara y afinaron los oídos. El pie izquierdo de Alejandra estaba a punto de dormirse y lo estiró y. –Se están construyendo cuartos invisibles tras falsas paredes –dijo duro–. le daba monótonas vueltas. El pensionado Abel Merani envió las intimidades a la cesta de confidencias. Abel una sombra inmaterial y Octavio un murciélago. Abrieron las ventanas y. a raíz de la habilidad del gobierno en las negociaciones del Tratado de Libre Comercio. . ubicada en la trastienda de la razón. recordaron que.142 el sector y lo bajaron de cinco a tres y ya no tuvieron la absurda norma que les impedía incrustar sitios de diversión y parqueaderos elevados en las ventanas de enormes edificios habitacionales. Abel Merani se acomodó las gafas de nonagenario y concentró la mirada en las vibraciones de sus objetos exhibidos en la mesa. con asombro. Los tres se concentraron en el punto palpitante y. Odiando el semblante casto del tenis. eligió la silla de la esquina derecha. en la terraza del primer piso veían palpitar un cuerpecillo y en voz alta el pensionado anheló unos binóculos. Las investigaciones del pensionado se dirigieron a épocas antepasadas.

143 A la sombra de las plataformas. ¡nos dejarán la catástrofe y se llevarán los tesoros! El ambiente del penthouse número 4 era acogedor y a Octavio Palacios le atormentaba la tranquilidad de los contertulios y en un vaso desechable sirvió cocacola y. antes de probarla. Albañiles. El temor subió otra línea en el termómetro de la desconfianza de Octavio Palacios y se preguntó si los cómplices del presunto habrían instalado cámaras secretas mientras la doctora Nana pasaba las horas en internet vengando las golpizas del esposo–bebé. –En las actividades clandestinas. Ojos sobornables habían visto sacar urnas metálicas protegidas con armas de tecnología de punta. sintió deseos de ser eterno y. se preguntó Octavio y terminó de afinar los sentidos. Las posteriores afirmaciones de Abel Merani repicaron en los oídos de Octavio Palacios como una píldora explosiva. sonrió. –¿Recuerdan la salida de las volquetas llenas de tierra y el olor a reliquias precolombinas? – preguntó Merani. desaparecerían como un suspiro en el aire. pues debajo de las ruinas del Patrimonio Nacional existía un templo indígena. Merani desenrolló los planos y continuó. los socavones se ramificarán en forma de telaraña. La expansión de las maravillas no… –¿Y cómo lo podemos saber? –le preguntó Octavio. es una tradición desaparecer las pistas –serio. ¡en la especie humana lo único inmortal eran las células cancerígenas! Con efervescencia de mentes inclinadas en favor de las fantasías fatales. los otros dos siguieron vislumbrando nuevas desgracias. brujos y técnicos. y Chile y Argentina la aprendieron de la democracia de… . Sintieron caer los altos edificios. ¿Junto al transmisor dejarían algún estimulante que les anima la imaginación?. luego. Y la delincuencia colombiana lo aprendió de las dictaduras de Chile y Argentina. respondió Abel Merani–. los sótanos de Park & Diversión serán el epicentro y. sepultado por los caciques que querían salvarlo de los dioses venideros y no de la invasión de 1492. expertos en guacas venían haciendo su propio estudio de suelos. a partir de allí.

ensayan aparatos e iluminan socavones con distintas intensidades de oscuridad. –Alejandra continúo–. –¡No puede ser! –A las dos de la mañana él ha visto entrar personajes con trajes de la Edad Media. ¡Perdón.144 Alejandra Villa interrumpió el recuento histórico y acabó de turbar las perplejas neuronas de Octavio Palacios: –Además. riegan agua bendita. sí. si no crees en don Abel. se acomodó de rodillas y se puso a hojear los recortes sin desordenarlos ni atreverse a elegir uno. –Desde cuando llegué de Chile –aclaró Abel Merani–. adiviné el robo de las elecciones al primer Pastrana. César. cómo fue ese triunfo de la democracia? –Octavio. –Y sobornan tan bien que ni siquiera los intuyen los parapsicólogos de los organismos secretos de seguridad. Octavio Palacios se dirigió al archivo. el que vive en el poste. Esos vigilantes también desaparecerán. –No creo que hagan excavaciones cabalísticas debajo de una zona residencial y frente al club y una estación de policía –Octavio lo puso en duda. antes de elecciones. en la noche los vigilantes le señalan los perros y el infeliz coge las limosnas del día y corre a traerles aguardiente y marihuana. Hablan de nanotecnología –dijo Alejandra y agregó–: De las profundidades de El Prado vio extraer un pedazo de crucifijo y la cabeza de una serpiente de oro. he adivinado los fracasos de los presidentes y por eso. –Precisamente por ello –dijo Abel Merani. me llaman de la radio y la televisión –se removió en la silla–. . Después de haber muerto. cree en el periódico. Llevan sondas invisibles y lámparas de energía espiritual. Hacen ritos paganos.

Alejandra Villa había acudido al levantamiento y en un acto de extravagancia sentimental había llevado a los sobrevivientes a la Registraduría de Teusaquillo y ellos. ¡en el club más seguro del país! –Los investigadores jamás hallan el delito en lo evidente –reafirmó Merani. La incredulidad también era del país entero y hasta los indiferentes se preguntaban cómo se iba a arriesgar a vivir en el Club de la Policía. ahora. y cazarecompensas internacionales lo buscaban en los escondites del mundo. y se salvó de morir ahogado hace cinco años gracias a que estaba detenido en la inspección – Alejandra seguía contando–. incluso. propietarios e inquilinos. y llegó a dormir en el puente de mi edad y ya puede ser mi abuelo. ¿pero sabes de qué estoy hablando? Octavio Palacios estaba a punto de dormirse y quedó en plena lucidez e. ahora.145 –¿No viste donde la DEA capturó al socio del don de los señores? –le preguntó Abel Merani–. –Volvamos a la realidad –sugirió Abel Merani. describían la kalidat de socia que les había permitido tener la cédula. –Estoy temiendo por César. había sorprendido a 14 individuos bajo el puente de La Séptima y nadie había podido identificar a seis niños y una pareja de ancianos localizados en distintos puntos del Río Arzobispo. Y el don allí recibía modelos e inversionistas. en 112 años. frente a la construcción. preciso. Y en contra de autoridades. . Desde entonces vive de poste en poste y. El pensionado Abel Merani olvidó la irritante discreción de los tenis y sus cordones bobalicones y rememoró ese hecho trágico y de importancia para la historia no contada del sector. el sufrimiento perfecciona los estragos que no puede la displicencia de las Judys. me cuenta los acontecimientos ocultos bajo la luminosidad de los reflectores. debió reacomodarse los lentes de contacto. Un 12 de noviembre la peor borrasca.

y Octavio tembló como si la doctora Nana de Aguirre fuera una cómplice de los detectives de Park & Diversión y no la súbita . sino habían volado a los países de origen después de haber dejado demandas contra el Distrito y las instituciones que habían requerido sus servicios. Es una versión refinada del desplazamiento rural traspasado a las ciudades. Víctimas de la dignidad. Los avisos de SE SUBASTA en las últimas ventanas era la reacción a un volante que había aparecido explicando los efectos cancerígenos en los pisos altos. Alejandra. simplemente examinaron las desventajas de los propietarios que debían continuar en los edificios. se dirigió a Alejandra. Endureció un brazo y con el puño cerrado. En cambio. los rentistas dejarían de recibir el canon de arrendamiento mientras terminaba la construcción y. el ruido musical. Alejandra leyó. –¿Eso ocurrirá en el parqueadero de 100 millones de euros de Cali. ¿el volante puede ser una publicidad de los asesores del presunto? Y en voz alta afirmó: –Buscan una desbandada para comprar a precio de limosna la manzana entera –continuó Alejandra–. en el movimiento de las estrías de la frente. ¡uy. luego. Octavio Palacios cometió la ligereza de pensar un punto de vista menos optimista y. o en el de aquí? La puerta de la alcoba del penthouse número 4 se abrió y la arrendataria asomó sonrosada. lo vieras. la radiación de las antenas satelitales y los reflejos de la cubierta de Park & Diversión. pues recibirían humo. Enumerando aquello que el pensionado no había descubierto con las ciencias extrafísicas. gases. e inquieta y ágil. los propietarios decentes se habían ido a pagar arriendo y los extranjeros. qué espíritu! Abel y Alejandra miraron a Octavio. no sólo habían abandonado el sector. dijo. arrendarían los apartamentos envilecidos a estudiantes ricos de provincia y profesionales de visión global y con menos salario que pretensiones.146 Continuaron examinado experiencias ligadas a ellos. Abel y Octavio no quisieron cuestionar la veracidad del estudio científico. Y ante la imposibilidad de regalar mi herencia seré parte de esa pesadilla.

Entiende perfectamente el inglés. preocupó a Octavio Palacios y decidió salir si alguien se lo llevaba muerto. en la obra era la responsable de la seguridad del presunto de las cuatro lotería al mes. hablándole de la necesidad de regularle el estrés a Charles.147 enamorada de la imagen musculosa de un cibernauta que. Acabó de martirizase. Las amadas ventanas le producían desconfianza y las culpó de su imprudencia. –Debo irme –se afanó Octavio Palacios–. . Permanecía con las cortinas cerradas. en sueños. ¿no lo sabían? –les dijo orgulloso–. le atravesaba la piel y en el alma le ardía como un cataclismo de estrellas infectadas. lo iba reafirmando en sus convicciones. ¿podré resistirme a salir después de muerto? El fruto de su insensatez no paraba de evolucionar y venía de afuera. Y la presión de Gina Teresa. Metiendo un dedo en el ojal del saco maldijo la alucinación que indujo a los primitivos a inventarle semejante orificio a las casas. Y mi esposa ha puesto todas las esperanzas en él. se tornaban cómplices de los enemigos y la fragilidad dejaba pasar una bala tal como dejaban pasar el ruido. ¡Nuestro perro es el primer autodidacta virtual! La demora de una amenaza con fecha determinada por haber incitado a la asistente a pronunciar la palabra seguridad. Si esa joven no era estudiante de la Javeriana. no podía ser la asistente de los ingenieros. tembló. Los vidrios fueron otro error de los inventores de las épocas prehistóricas. Se tomó la cabeza y se preguntó. la podría defender de las violentas pataletas del esposo–bebé. Charles debe estar debajo de la cama muerto de hambre y estrés.

doctor César. doctor. Lo vio meses adelante en la carátula de una revista dedicada a la autora de su rehabilitación. pero no puedo desautorizarme ni seguir manteniendo la farsa. Ceremoniosos entraban y salían e iban al Parque y en las reuniones sociales de R & R . vas hacer del perro un desadaptado. digo una cosa y entiendes otras. Para no dejar escapar la imagen hundió el rostro en la almohada. le dijo Octavio–. sí. no entiendes que estás obrando como un subescalador? –Mis palabras. por qué tú no puedes ser un profesor. sonrió como la bella durmiente. sí. La comida y la cama de Octavio las merecía el pordiosero. ¡estoy hasta aquí! –Mis palabras son como las de Dios –Octavio la enfrentó–. Lo posesionaría en el 206 y el asombro de los criticones terminaría cuando vigilancia y aseo aprendieran a decirle. ¡son metáforas de Dios! –¡Sino vivimos como los demás. –Pero si ellos se dicen doctores –Gina le contradijo–.148 –Querida –arqueando los ojos. imbécil! La discusión se repetía en el desayuno y se prolongaban en el insomnio y Gina Teresa pensó revolucionar el mundo realizando el detestable sueño de cada noche. ¿podré cambiar este inútil? Sus labios se preparaban como los de la bella durmiente. El resultado de la promoción de la Clínica se anticipó en contra de un embarazo real y en favor de un cuerpo tan bello que debía escribirse en la espalda ¡prohibido tocar! Se vio con César de la mano y con Charles Chan dormido en la mitad de los senos sin brasier. Giraba en la cama y en el fondo de la inconsciencia se decía. Vio a César abandonando el poste de la luz. si fuera un hombre sin principios lo haría por nuestro bien. ya no son palabras. claro. ya que fuiste incapaz de ser libretista –lo miró duro–. deja de ser problemático. No. –¿Por qué. oh ese timbre de voz esa barba su familia debía ser de clase oh esos ojos el porte y sin barba debe ser divino y vestido de profesor debe superar la elegancia del gerente y no se le ha caído un pelo ¡es de raza! Lejos de El Prado conformarían una familia a la medida de las pantallas de televisión. hay que estar en armonía. señor.

se liberaban del peso de tanta moral y en regiones lejanas de la tierra disfrutaban pasiones inéditas en los cuerpos entrelazados. Se levantaron tarde y se despidieron con la dulzura que se expresaron la primera noche que durmieron en El Prado. El sosiego los alejó de los diarios rigores y no se volvió a pronunciar la palabra salida. en cada comida César tomaba vino rojo y ella vino blanco. No se volvió a mencionar la palabra salida. Gina compendiaba el calor de la hija de Jesús. abrazó a Octavio y él fingió rechazarla. sonrió. el castigo en la oficina de gente exclusiva y los sorpresivos resultados de la Clínica. –Perdóname. Llegaron a olvidar la construcción. Gina le recomendaba a Octavio ejercicios estáticos. ¿En alguna vida pasada seríamos amantes? Los residentes le admiraban la personalidad y por fin descubrirían cuánta estima ella le había tenido a ese profesorcito de mierda. –¡Puedes ensayar a sentarlo en la taza! –le dijo. Sintió un beso de César en los labios e iba a levantarse a poner en marcha la heroica decisión. Y mirándolo como una muñeca regañada. arrepentida de las artes amorosas de su inconsciencia. Notó el gasto raro de su desodorante de aroma casi neutro y se lo cambió por un perfume exquisito al olfato de damas dispuestas a satisfacer las perversiones de los hombres de auténtica intelectualidad. trotar en cuatro patas alrededor de las paredes y jugar a las escondidas con Charles. La diminuta vinera de San Victorino se transformó en una vinera de dos temperaturas y. querido –mimosa le dijo.149 las compañeras le admiraban el duro. pasaban a whiskies maduros y. pero un relámpago de la insensata cordura la ubicó en el día a día y. Se saludaban de beso y la cuchara del uno le llevaba a la boca del otro la esencia de la manzana. la indiferencia es dignidad y la apariencia oro. La suave respiración les impedía oír el rabioso diálogo de sus almas vacías. la subescaladora sería yo. agregó–: si los sueños no fueran chismes. y la simpatía de Octavio le servía a . de pronto. la dulzura de la madre del Diablo y el sacrificio de la amante de Dios.

y la melancolía y la comprensión triunfaron sobre los principios y tomó la llave y uno de los diarios. Con disimuló inclinó la mirada hacia el brillo seductor de los zapatos. Parecía la publicidad viva de un paraíso geriátrico. En la oficina de gente exclusiva la atormentada Gina Teresa tuvo un presentimiento y le envió un mensaje mental a Charles. En la recepción un hombre de una elegancia insólita en el sector. Reflexionó. Octavio le miró las manos a Judy Peláez y deseó convertirla en profesora de Charles Chan. cambió la dirección de la mirada y la aseadora y el vigilante se pelearon por abrirle a la doctora. pues el pensionado no sólo vestía el traje monumental. contento de saberse victorioso. La sinceridad era mutua y podían padecer el rompimiento súbito que sorprende a los matrimonios ungidos por la felicidad del amor auténtico. El se llenó de melancolía. Era Abel Merani y Octavio Palacios seguía estupefacto. Octavio se prometió vencer los escrúpulos y darle los baños de aire a Charles Chan. atento. El temor a tanta placidez lo obligaba a salir. el perro iba cantando. escuchaba a Judy Peláez. blanca y el milagro de la ciencia le había eliminado de la piel la huella de las pasiones insatisfechas. Las gafas eran . pero también se entendían a distancia. Se ajustó la cartera a la delicia de caderas. Tras ella salió el hombre y la elegancia no dejaba entrever si era nacional o extranjero. Sin mirar a Octavio Palacios. y la salida contradecía sus principios. Judy Peláez exaltó las capacidades del perro. Bajaban la escalera y. De súbito en el 206 el perro comenzó a seguir a Octavio con la correa en el hocico. Preocupado. y él se proclamó indefenso sin ella. le dijo: –Nadie me conoce. Se asustaron. Era una mujer esbelta. sonriendo. El hombre volteó la cara y. y entró en crisis. Ella se reconoció inconclusa sin él. en inglés. Estaba prisionero de él y de la palabra dada a Gina. sino se había dejado la barba y se veía 20 años menos viejo. donde ciertos hijos pueden pagar la felicidad de no perder un segundo visitando a ancianos improductivos y caprichosos como bebés.150 Gina de guía en las pesadillas y le limpiaba el corazón de las malas fantasías.

El fallo sería expedito y a favor de los edificios perjudicados. mañana y tarde. el personal de servicio sonrió. en momentos difíciles de sobrellevar. Abel Merani no pudo evitar fingirse sereno. quemaron. proyectó sus obsesiones en el alma de los vecinos y se le vino a la mente un recurso. El encierro de semanas y la solidaridad de Gina tenían Octavio Palacios en transito de imprudente a virtuoso y. sin pizca de nervios. Judy Peláez trató de esconder los zapatos. pues en la búsqueda eterna del equilibrio. Los copropietarios debían multiplicar la confianza en él. Era un signo de confianza en la justicia colombiana y manos espirituales e inspiración divina le darían un sello de trascendencia universal. que les permitiría triunfar en la primera queja. sobre todo. pero todavía era imposible adivinar las causas que motivarían una competencia de máximas tan inconexas como extrañas. demolieron. la justicia no se inclinaba en favor de la venganza y el odio. ignorando los zapatos. se encontraba allí dejándole al Consejo de Administración un documento en el que detallaba el método eficaz con que los afectados venían perdiendo todo intento de queja. otros. y la responsabilidad de él se aproximaba al punto óptimo en la medida en que Park & Diversión llegaba a su fin. agrandó los ojos y. y. agregó: –Es la ventaja de tener una justicia con tradición.151 de última generación y proyectaban una alegría contagiosa. no por extemporáneo menos eficaz. rara vez coincidía con la doctora. Y. E. visitaba El Prado y. aunque permanecía horas. Pondrían la denuncia en el Palacio de Justicia que. . décadas atrás. esa facultad esquiva en la mayoría de las criaturas. unos. Pero el pensionado leyó un mensaje distinto en el semblante de Octavio. asaltaron. otros. Desde aquella magistral erección. lo animó a concederle propiedades animadas a los objetos. Octavio agrandó los ojos y Charles Chan ladró. En silencio se preguntó si los zapatos de elevada autoestima tenían las virtudes de un talismán. ahora.

pero asomó Alejandra Villa y Octavio sintió un sueño inaplazable y el elegante empezó a admirar la exótica falda en tu bello cuerpo de tan inmensa juventud. ¡cómo quedó de oscuro y me regresé de Noruega buscando una gota de sol! Judy se valió de esa carencia sin importancia económica para el desarrollo y empezó a hablar con la seguridad de saberse una figura obedecida dentro y fuera de El Prado. y la religión le permitió mirarse a sí misma en relación con la naturaleza y el más allá. pues. El sol y el aire para todos. eran los errores de Dios. la amiguita de los guardaespaldas de la embajada de los Estados Unidos. Alejandra se propuso no decir una palabra. Miraron el cielo reducido a la mínima expresión y una rubia pasó diciendo. pero apenas lo saludó. la sonrisa antiestética de los miserables la tenían insatisfecha y no podía seguir callando: –Cuando llegué a vivir aquí. –¡Pero si a nadie se le ha ocurrido patentar el sol. la había decepcionado en la juventud y. ¡perdón!. este era un sector impecable y en el apartamento que tomaré el próximo 30 de diciembre vivía la madre de monseñor Trujillo y en el siguiente la masajista. las manos de Judy habían sido las responsables de la angustia de su madre y las delicias de su padre. pero lo poseyó . junto con el hombre para unos pocos.152 –Lógico –le respondió Octavio–. Y terminaremos nuestra angustia y el recelo con las instituciones. ella. El pensionado intentaba mantenerse en las coordenadas del pudor hablándole incoherencias a Alejandra. Alejandra reconoció el tono del pensionado y entendió que debía admirarle enésimas veces la barba rejuvenecedora. ahora. según. 30 años atrás. qué puede valer! Sin alterar el hilo del discurso resultó hablando de religión. adelantó un pie y se sintió a salvo en los ingenuos zapatos de amarrar. en el sentido trascendental de la palabra. La admiración del perplejo auditorio la obligó a poner como ejemplo su experiencia. El hombre. Las confesiones habrían alcanzado una sinceridad de clínica de reposo.

con la inocencia del prisionero de la vanidad. ignoraban el agujero negro que nadie les disputaba después de la muerte ni antes de renacer. El líder disfrutaba la resurrección de los ímpetus de la adolescencia y dinámico y vital se dirigió a Octavio Palacios. nada les pertenecía de la diversidad de espacios. todo nos llega tarde hasta la muerte. Se sentían el punto magnético del país y el cerebro de los bogotanos y. Había perdido los mejores 80 años de la vida sin haber descubierto el estimulo a su potencial masculino y. obraban con la testarudez del primer hombre. se volteó hacía la pared. vehemente y decidido. Todos los seres eran inquilinos de un pedazo de lugar y. Se le nublaron los ojos y. ¿Por qué no se van a dormir a otro lugar de la calle. Pensaba Octavio y. desde la concepción. Y prendió las alarmas–: Simplemente buscan picarnos a lengua para llevarles información a los del park por unas desgraciadas monedas–. ajeno a la voluntad. Judy Peláez volteó el cuerpo.153 esa inhumana venganza que visita a los viejos y. –Si se quejan los pordioseros. él le había confesado a Gina Teresa la imposibilidad de vivir en otro paraíso distinto al apartamento 206. la agraciada entereza de un zapato se lo venía a confirmar por segunda ocasión. sin poder controlar lo sucedido. en esencia. pero les gusta envilecer este sector! Octavio la escuchaba e iba entendiendo por qué. . y. ahora en los últimos escalones de la breve existencia. salvo el tormento. ¿cómo no nos vamos a quejar nosotros? –preguntó. propietarios de un vacío infinito. fijó la mirada en los zapatos de tacón alto y de punta huidiza como la indiferencia sensual de la nariz deseada. negocios e instituciones del sector y. –Mi admirado lector –dijo buscando distraer la atención de los demás–. Pasaban los años y las aspiraciones de cada uno quedaban supeditadas a la apariencia de lo terrenal: arribistas y subescaladores se sentían menos desgraciados defendiendo la posesión como el fuerte de la prehistoria debió defender la caverna.

se propuso intervenir. pero desde que vi asomar el pie en aquella limosina me basta imaginar… Octavio lo vio señalar el zapato con la inclinación de la boca y anheló que la aridez de las pupilas le rompieran los lentes de contacto para no ver la escena en su impúdica perfección. casi en el oído le aclaró–: ¡Siempre está mirando el tabú que invita e impide llegar a la felicidad! Por primera vez Octavio Palacios accedió a la posibilidad de quedar con la mente en blanco. Judy Peláez no podía ser indiferente a la reacción del líder y ocultó la culpa de los zapatos llamando a Charles Chan en inglés y el perro hacía piruetas como un niño ángel en un jardín de insensatos. Sin embargo. en voz baja. ¿no entendiste el sentido del verso? Para Octavio. El anciano aprovechó la escena de empatía de la doctora y el animal e invitó a Octavio a los ascensores. en la primera ocasión. Alargó el cuello y a media voz le preguntó. . le había confesado a Alejandra Villa las ventajas que le brindaba al espíritu una tardía virilidad. temiendo a los baratos oídos de la vigilancia. dejando atrás el tono seductor. así resultara hablando las ambivalencias que sólo puede expresar la lengua enamorada de un dormido. –Son pordioseros elitistas. y se dirigió a Judy Peláez. menos en el culto a la muerte. los enlaces del líder habían descubierto algún atentado contra los vecinos imprudentes y. Abel lo había puesto alerta con el memorable verso de tantos poetas tremendistas de nuestro país a la saga en todo. escapó de la imagen de Alejandra y de la alegría voluptuosa del viejo. La discreta pregunta le acabó de remover los sustos incubados a partir del primer destierro y quedó como la radiografía de un fantasma en exilio perpetuo. El anciano sonrió y con la ingenuidad que.154 buscando quedar a salvo del sueño instantáneo. le dijo: –Antes tomaba viagra para amarme en solitario. –El zapato de mujer puede dar felicidad porque es el objeto elegido –le dijo y. entonces –dijo Octavio.

el perro movió el centímetro de cola y levantó el labio de arriba y. el pordiosero consiguió el perro y a toda hora vive dándole órdenes… Ante el asombro del auditorio. La capturaron llevándole bazuco a un vigilante del park. . pero vio el busto de la doctora Judy y sus preocupaciones pasaron del objeto de las pasiones del anciano a las virtudes de los brasieres ¡y la culpa le impidió dar otro paso! Nadie podía leer el código silencioso de los rostros sorprendidos. Se le vio un destello en los lentes de contacto. y no era para menos. Judy Peláez desplegó los ojos azules y envolvió un ramo de pelo en la mano salpicada de puntos color miel. Pero. gracias a la inmovilidad. Y como no tenía a quien mandar. –Trazó una línea mixta en el aire–. le preguntó. al no poder desaparecer sus zapatos. él pudo advertirlo. Judy Peláez se vio en la obligación de darle una respuesta tardía a Octavio. por primera vez se sentía alguien en el universo y aprovechó el apoyo del encanto de animal para detallarles una anécdota. Temía ver morir al viejo en una pose obscena y pronunciando palabras de escandaloso amor. que le había inventado Gina. si hubiese estado Gina. No obtuvo respuesta y su mente fue incapaz de seguir inventando soluciones simultáneas y pensó llamar a una ambulancia. Desde la expulsión del trabajo. Se dirigió al teléfono de la portería. –El poder también se lo quieren apropiar los pordioseros –pudo respirar–.155 –¿Los pordioseros pueden ser clasistas y ejercer relaciones de poder entre sí? –buscando no cambiar los recuerdos por el sueño. con un ritmo elegantemente extranjero. La magnífica relación que acaba de establecer el perro le permitió a los vigilantes y a la señora del aseo mirar a Octavio Palacios como si fuera un ser normal y. A la mujer del todopoderoso del poste se la llevaron detenida. El personal de servicio la observó y ella volvió a encariñar a Charles Chan y. le habría visto una nueva sonrisa.

pero no te la puedo recibir. como si fuese a impartir una lección mil veces repetida a los atentos alumnos de la universidad que jamás lo había llamado a la entrevista y le había herido de muerte las aspiraciones de convertirse en un maestro vitalicio. los dos vigilantes se dirigieron a la gran entrada de Park & Diversión prometiendo vengarse. ¡Charles! El perro salió de la espalda de una matera. ni siquiera vemos los titulares. y la prudencia debía ser un privilegio del .156 Se acomodó la corbata. el pensionado Abel Merani quiso estimular a Octavio Palacios a seguir revelando su desconocida habilidad verbal. Antes no te desaparecieron. A Judy Peláez le pareció una necedad hablar de situaciones que dejaban a los residentes de El Prado entre espada y espada y retomó el hilo de las máximas: ¡El arribismo de los miserables avergüenza la dignidad como el sol detiene el progreso! Octavio era el último que había llegado y desconocía los ideales de los residentes del sector. y con la boca abierta las esposas trataban saltarle a las muñecas temblorosas y él sólo acertó a decir. déjala en el piso y cuida el diario. le ofreció una flor marchita de alcaparro y Octavio le dijo. sin dejar de mirar El Prado. Miró de frente. tienes que escuchar noticias. Charles Chan. estaba en la plazoleta. se irguió y todos concentraron la atención en sus hombros fortalecidos con la vitalidad enérgica de las hombreras del saco de botones cruzados. con el diario en la mano y la vigilancia de Park & Diversión lo requirió. la coordinación de ideas y el tono. Con toda la obediencia de este mundo Charles Chan se sentó sobre el diario y empezó a ladrarle a los tenebrosos perros y. solo. –A la hora de los noticieros hay un programa que le gusta a Charles y para no verlo deprimirse –explicó Octavio–. –Amigo –le dijo–. gracias. La tarde del último domingo del mes aciago. El les preguntó la razón y como respuesta dejaron ver las pistolas. Sorprendido con el manejo del detalle. okey.

doctora. siguió citando máximas tan inconexas como extrañas. Si ella podía repetir máximas y máximas. usted acaba de restablecer mi fe en Dios y la humanidad. ahora. en los vidrios de la portería las imágenes revelaban el espíritu del asombro. –Tú eres el de ese jardín –exclamó–. siguió enalteciendo la voz persuasiva de la novicia que se propone a conquistar fieles para su nueva iglesia. . La doctora Judy Peláez miró hacía arriba. Octavio le iba a decir. cómo están de bonitas las maticas. Gina Teresa le decía lo mismo. como si fuera una adolescente incomprendida por los múltiples corazones del hombre. –Prodigiosas. o caían en el mundo insonoro de los sueños. animosa. el imperceptible desplazamiento. de acuerdo su entonación. pero el perro lo salvó de cometer una nueva imprudencia. nadie lo duda. –Don Palacios –buscando mantenerlo despierto. Judy se movió en el mismo lugar y. pero de sus labios no salía ninguna palabra.157 advenedizo. sus palabras tenían el poder de las parábolas y debía seguir dirigiendo la charla. Sonrientes alargaban el oído y. ¡Charles. de verdad –repitió Judy Peláez –“No tanto como las tuyas” –con la mirada le dijo Alejandra Villa. Octavio Palacios sintió caer los lentes de contacto. le dijo la señora del aseo–. Tienes una mano prodigiosa. cómo cultivas la belleza en el esmok y la oscuridad. Feliz de saberse despierto. la llevó a otra dimensión y. Judy Peláez no había podido ocultar los zapatos y. le era imposible esconder las manos y. mientras deseaba verlo volar. Arrastrando la correa eludía transeúntes y autos y entre más le decían. Todos recobraron el alma. Octavio trató de impedir que Alejandra se anidara bajo sus párpados y decidió fijar sus puntos de vista manera magistral y clara.

César pisó la correa de Charles Chan y le gritó a su canchoso. recostado en el poste. ¡calla. Octavio Palacios salió con el impulso de un disparo. también. ¡Por favor. Si Octavio Palacios hubiese conocido los sueños de Gina. entraban líneas inexistentes y las respuesta de los usuarios ya era conocida: los osados respondían. se habría cambiado por César. se oían ondas cósmicas. se acarició la calva y quedó fuera de órbita. estás equivocado. El teléfono timbró y el oído de Octavio Palacios vio saltar los edificios. se veía imponente. Volvió en sí y desplegó los ojos. chito! Con los ojos del hombre que. César no había olvidado el lenguaje familiar de la infancia y conservaba cierto porte de hombre de ciudad y. –Profe. sí. Octavio le dio dos monedas de 500 y continuó hacia el Parque. Las llamadas se cortaban. vio a Octavio mermar la carrera. ¿cómo estás? –le dijo y quitó el pie calzado en las necesidades de la humanidad doliente. En su larga trayectoria en la calle. más corría en dirección al Parque y. –Gracias. va a ser arrojado del desamparo. sin decirles adiós. Los entendidos acudían a metáforas. Y la percepción no podía ser distinta. le dijo el pordiosero–. pero humillada y perseguida.158 espera!. los tímidos movían la cabeza como si el . profe –con voz profunda. salúdame a tu esposa! –concluyó. que le sirve de casa y universo. no. En silencio tuteó y escuchó que en el edificio le decían doctor Palacios. Le miró el fértil cabello.

la voz continuó–: no olvides. pero temió prolongar la serie de imprudencias. El timbre gemía como una alarma enferma y la angustia le hizo levantar el auricular e iba a gritar la peor grosería de la historia. También quedaba en el rompecabezas de clínicas privadas. La última llamada la había hecho meses atrás y . Mirando entre cortinas el avance esplendoroso de Park & Diversión. es de parte de tu esposa. Pero la falta de comunicación reproducía el mal genio e iba estimulando la perdida de la humana dignidad. –¿Puedo llevar a nuestra masco? –No es ilegal la presencia de perros –comprensiva.159 interlocutor lo estuviese viendo. no. escuchando las recomendaciones. ¿Qué habría sucedido? El uso del celular en R & R estaba prohibido y pensó llamarla al fijo. si. Era una joven e invitaba a Octavio Palacios a la antigua sede de Crear. pero las compañías. cuya fama se extiende fuera de las fronteras nacionales debido a la perseguida especialidad de liberar a las mujeres alérgicas a los embarazos. sufrió un espasmo. Octavio no pudo quitarse del oído la bocina y. y quien estaba en la otra punta de la línea le era imposible no seguir insistiendo. –Puedes visitarla en la sala de relax 512 –ante el silencio de Octavio. qué pena. Recordó la delgadez progresiva de la embarazada y tembló de pies a cabeza. se tapaban los oídos o salían del apartamento. Octavio Palacios decidió no contestar. No pocos deseaban que se acabará la construcción sin importarle los derechos vulnerados y ese profundo deseo de no convertirse en presa de los promotores de la autofagia social. según el cuchicheo en las porterías. pero escuchó: –Profesor. si la timbradera se prolongaba. dijo la voz–. No pocas de estas grutas multiplican las ganancias con la compraventa de bebés. nadie usaba el celular. y la mayoría no contestaba y. Avenida Caracas 32B–48. El último mes los teléfonos de El Prado registraron el cargo fijo y. entonces.

bajó pisando brasas. le dio unas explicaciones mentirosas al vigilante y el guardián de la tranquilidad ni siquiera levantó la mirada del libro de anotaciones. En la noche Octavio le describió la deferencia de la jefa y Gina empezó a sonreír. El reloj de la iglesia de Santa Ana dio las 12 en punto y estaba dos cuadras hacía el occidente. al norte. en la casa de estilo inglés. Le desagradó la gelatina de pregoneros. Nadie había aparecido en la reunión y las cobijas las había enviado el viejo amante de Gina por correo. Doña Gina. Gina se limpió los ojos y dijo optimismo.160 la jefa le había dicho. está rechazando un té y ni siquiera le pasa a dios. las Torres Azules y. la estación de transmilenio y más allá. En la tienda naturistas de la esquina de La Caracas con 33 se detuvo y se sintió desubicado en medio de los infinitos que entraban y salían de las puertas asustadas. clientas avergonzadas y comerciantes de niños camuflados en vendedores de biblias y monjas de caridad. optimismo. las llaves y el afán le impidió humectar los lentes de color inteligente. al sur. una serie de clínicas y un caos de negocios. –¿No sirvió de nada las imitaciones que compramos en San Victorino? Ella miró todas las preciosidades y Octavio continuó. la ubicó frente a la puerta y abrigó a Charles. llegó a callar los motores con las carcajadas y terminó limpiándose las lágrimas. recordó el ridículo del Shower. en silencio. Y esa misma noche grabó unas dulzuras en inglés y Octavio las ponía en la grabadora y le prestaba los audífonos a Charles Chan durante las horas en que el intenso trabajo de las máquinas lo enloquecían. Al oriente. A cambio de los fríos peldaños. el hermoso parqueadero de Marco Antonio. te llamé porque Charles se moría de la cabeza y ladraba junto al teléfono y no tuve otra opción. El ruido lo hizo empujar la cuna al pasillo. pero Su Majestad. perdóname. Sin darse cuenta lo fue arrastrando la . Tomó uno de los diarios. Lo miró y el perrito no se distinguía de las estampas de las cobijas y. Y borró la esperanza de volver a llamar a la empresa cuando Gina le describió los tormentos que le causaba el lujo en la oficina de gente exclusiva. Se estremeció.

allá. a mis 61 años me puede ser útil aprender la violencia legítima del estado. continuó envejeciendo. Después de 35 minutos logró acceder al quinto piso y los solemnes colores de salas y pasillos lo ayudaron a tranquilizar. ¡qué vergüenza con los habitantes de otros mundos! La mujer le vio el rubor y. ahora. Si los chistes tropicales eran burdos a los oídos extranjeros. –Si te entiendo. y un humano. ¡perdón! –reaccionó Octavio–. En la recepción una joven de voz semimetálica. Yo no soy de este mundo. Se estremeció cuando en la puerta de un viejo edificio vio la placa Av. Recordó a Gina y sus advertencias.161 fachada inocente de la antigua sede de Crear. tú no eres nada. la . mientras le hablaba. –¿Carnet de trabajo? –En la reforma educativa y laboral fui despedido de la universidad. de pronto ni existes. Mientras Octavio la miraba envejecer. El hecho cierto lo pasó de la vergüenza a las esferas de la física y la matemáticas. Caracas 32B–48. –¿Tanto he envejecido a partir de la construcción? –No sé porque jamás te había visto ni te veo ni te veré. –¿Pase? –continuó el cuestionario. –¿Libreta militar? –¿El temperamento de los niños. Nunca se deja la cédula. le explicó. pero de ovni. podría vivir cien millones de años o un instante. –Pero revelas mil. resultaba lo mismo. exige experiencia militar?. la imaginó originaria de un lugar donde el tiempo corría a la velocidad de Dios. Cuando la vio de cincuenta años. o semicósmica. La afirmación de la mujer revolvió la interioridad de Octavio Palacios. en ese caso. Hizo cálculos. –Jamás he aspirado a ser chofer. sonriendo. o mejor sí. –Tampoco tengo carnet de ultratumba. le pidió el documento que el recepcionista le había retenido en la entrada general.

donde vas. merece otro pergamino. Le ordenó ubicarse de frente y. el mundo es vuestro y todos los infinitos! El embarazo para él era una debilidad que . Faltando cinco para la una llegó a una sala aromatizada y pulcra como el lugar de un crimen religioso después de una limpieza espiritual. desde luego. hizo el amague de amputarles los pies. La imaginación de Octavio voló. Le tomó los datos de vivienda. llevas enredada la mala suerte –concluyó y. imagínate. inclinando hacía mí la cabeza. maternal. Un especialista de un carisma tan inmaterial vino a verme y la energía de sus movimientos me alivió. Si el adelgazamiento era un éxito. pero le entendí que mi embarazo podía ser una virtud de la psiquis –trató de no mirarlo–. el embarazo se perdería y. bajo las sábanas. ¡en R & R no hay nadie más importante que TU MERCED! Las contracciones me obligaron a salir y en la puerta apareció el gerente e. Tal vez estaba dormida. Ahora sí nada de golosinas en la calle y cero harinas en la empresa. y por ello no puedo afirmar si fue claro o confuso. ella triunfaría y él fracasaría. En una cama de hadas vio a la esposa y a ningún bebé. recordó a Ana Angarita. me dijo. –No sé qué ha ocurrido –Gina empezó a explicarle–. tipo de sangre y le hizo poner la huella. le dijo. Encorvada como una coma le indicó otra puerta y lo despidió y Octavio Palacios ya no la vio y. A las siete y diez sentí un dolor aquí y llamé a mi jefa y ella me dijo. le aplicó unas gotas en los lentes de contacto y le tomó una fotografía de cuerpo entero. –Sí. Esperemos a ver. Octavio se empequeñeció y ella continúo: –Analizó el peso y las medidas desde el día que iniciamos el tratamiento y no le resultó nada distinto a una obesidad en disminución constante. ¡majestad.162 anciana le hablaba de las ventajas de ser pacientes de Crear. –Y tú ¿bien? –deseando que la balanza se inclinara a su favor. Se van a cumplir tus bromas. asustado.

Me pasaron a una camilla y en seguida entré en un sueño profundo. Ya llamé al viejo. –Y a escondidas de la devoradora de pensionados. –De todas maneras no permiten visitas largas y debo dormir –entrecerrando los ojos. No haber tenido otro. –¿Cuándo sales? –Mañana. me decía. tu ideología era engordar y engordar. ¿Te vas a la liposucción? En el taxi me sentía saliendo del mundo y en la Clínica pensé encontrarme en los cielos. dirás. oh Dios. nada distinto puede pensar un infantil de ese temperamento. pero no me ofendas recordándome lo sana que fui. no he podido leer media línea y menos pensar cómo voy a escribir la carta y el material que se borró aquella madrugada es . antes del mediodía –volteó la cara hacia la pared–.163 me impedía dar el máximo en el trabajo y. –¿A tu amante? –Lógico. vamos bien Gina. yo ni siquiera podía parpadear. ese vejete ni después de muerto dejará de ser un niño. El tampoco podía creer que fuera a tener un hijo y menos en complicidad contigo. le dijo Gina–. antes de haberme pasado a la oficina de gente exclusiva. sentía el cuerpo flotando en una atmósfera inmaterial. En urgencias otras embarazadas me cedieron el turno. y se puso bravo –ella le decía en tono confidencial–. es maravilloso ser atendida por la imagen de un extra –Ahora mismo voy a sacar una cita –Octavio le confesó–. –Fue el único. ¿no te dije que era una ilusión? –Entonces debo irme. ¿no? –Sí. Estoy deseosa de otro viaje a las regiones superiores. vendrá a decirme. pero últimamente te he visto juiciosa. –Mojigata.

Ya se me ocurrió el título y será Derecho al Vacío. –Me aburre el afán de la sicóloga. esos especialistas son unos enviados. ¿cómo se explica que el único afectado con la construcción seas tú? –¿No te has preguntado por qué tuviste la niña antes de los nueve meses? –Pero uno debe adaptarse. Son flexibles. luego. no me hicieron nada material ni me aplicaron anestesia! Tal vez en sueños la enfermera me habló de extraterrestres que eligen a mujeres especiales. los yogas ¡ay. Los sicólogos.164 imposible recuperarlo –Suspiró–. toman el bebé y se lo llevaban. las embarazan y. me mandará a clausurar las ventanas. cómo vibra música celestial en mi vientre. como los enfermos. Octavio Palacios carecía de genio para descifrar el mensaje oculto en la maraña de ideas. les agradecen. son diferentes. Pero es en Colsanitas no lo olvides. pero técnico. ¿para qué llevarse adultos a los mundos superiores? El encarte que se pegaron con Cristo en el más allá fue duro. entonces nadie podría dormir durante los bombardeos –Gina decidió ubicarlo en su lugar–. Y claramente la enfermera me explicó que en Bogotá los extraterrestres eligen esta sede. que no tienen el simple seguro. Pueden hacerlo entre el quinto y el decimocuarto mes. Sólo entonces estaré felizmente adaptado a mi entorno. Algo parecido a lo que pasó con Cristo. o siento la ausencia de algo. avanzado y a tiempo. los tapones no dejan pasar la música clásica mientras multiplican las profundidades del ruido. Pon la mente en blanco. seguramente quieren llevar una muestra humana para averiguar por qué somos tan inocentes. cuando creen conveniente les provocaban una especie de parto. –Ojalá te remitan a psicología. . –No seas prevenido. Y si le comentó la falta de luz natural. –Me posee la felicidad –Gina continuó–. pero no sé si en el cuerpo o en el alma. Es un vacío interior delicioso como… –Imagínate las mujeres que no tienen el privilegio de venir aquí.

como todo viejo. un jornalero llamado Eugenio. pero el girar de la viga se lo impedía. provocan las clínicas de naturaleza clandestina. Al siguiente día la comadrona apareció arrastrándose en el rancho. . humano alguno pusiera los pies en esa parcela. le robaría el recién nacido. el miedo insuperable le hizo disparar la escopeta y la lechuza empezó a chillar y a dar aletazos cada vez más bajos. en poco tiempo. Dos días después un huracán se llevó el rancho y la viga más grande giraba como una hélice. luego. algo así como en el fin del mundo. Una anciana era la partera y en las noches de luna se convertía en lechuza. Estudiaba la calma de Gina Teresa y evitaba preguntarle dónde se encontraba la niña. La bisnieta de la vieja esperaba el primer hijo y una noche de luna llena. Mi padre debía cuidar una construcción de tres pisos frente al Campín y el resto de la familia regresamos a Boyacá a servirles a los usurpadores de nuestras parcelas. iba el esposo. con una escopeta al hombro y un ave comenzó a dar vueltas y se le quitaba el sombrero. jamás. también fue un alumbramiento extraordinario. producía aullidos de muerte y algunos vecinos fueron a verla y tenía en el cuerpo las municiones.165 Octavio Palacios le decía sin dejar de imaginar las fantasías que. los campesinos también la acusaban de la desaparición de los niños y decían que con el alma de ellos se alimentaba y por eso podía volar. En una punta veían a una vieja y en otra a una lechuza y la una quería fundirse en la otra. quiso sugerir sus sospechas hablando de imaginerías remotas: –Cuando nació mi hermano. pues ella le podía responder preguntándole acerca de las culpas en las vidas pasadas. En el alto. No resistió y. él alma de bebés es una gran energía. en Bogotá. La mente de Octavio Palacios combinaba las virtudes del médico de maneras inmateriales. los científicos puedan pasar a otra dimensión. vieron pasar la viga. quizá con ese combustible. el doce y último. las confidencias de la enfermera de mentalidad extraterrestre y las opiniones encontradas respecto al embarazo. Los campesinos se arrodillaban a llorar y rezar. Eugenio contó y todos juraron transmitirles a nietos y tataranietos la infamia para que.

166 separando eternamente. A otras en las clínicas les desaparecen los bebés. en susurros. en Bogotá. La visita ha terminado. –Los inmateriales también dejan huella y due… La puerta se abrió. pero nadie apareció. Octavio imaginó el origen de la extraordinaria voz y salió de afán. se me pareció a una versión futurista de la vieja partera –O sea que si ha evolucionado el país –Gina le interrumpió. le dijo. soy Universal e Intemporal y ya debo irme de este mundo. Anheló derramar la última lágrima. y esa enfermera. Aún siento ese dolor. –No creo –dijo Octavio–. Descendiendo la espiral de pisos y pasillos empezó a llorar con la intensidad de un niño que está. he leído que hay partos naturales sin dolor. Avanzaba en el andén y un vendedor de biblias. La señora bruja se fue. solo. las mujeres marginales ni siquiera consiguen una bruja y deben dar a luz bajo puentes o en chozas de cartón. si ella. Aquí. ¿bebés. pero una anciana le golpeó el hombro y le acabó de exaltar el ánimo. a Octavio le salieron alas en los pies. –Pero el dolor del parto es eterno e igual en todas las mujeres. en lugar de hundirse en el pavimento. se ven planear naves misteriosas. en un laberinto fantasmal y no comprende el misterio. Se salvó porque las tías lo cogieron mientras la vieja le cortaba el cordón umbilical y lo pasaron a la cocina a lavarlo en platón de agua tibia. a la vieja y al ave. por eso me sorprende mi tranquilidad. Esa comadrona recibió a mi último hermano y mi madre gritaba y yo me puse a llorar pensando que la vieja se iba a llevar el bebé para cocinar su alma en el gran caldero. lugar sombrío en que se escuchan sonidos desconocidos y. bebés? y. han crecido árboles infanticidas. Nadie volvió a mencionar la vieja y donde existió el rancho. a cambio de lechuzas. En . –Señor. –Ha cambiado de ropaje –le aclaró Octavio Palacios–.

El mundo y el más allá eran una unidad cadenciosa e invulnerable. La inercia lo llevaba a lo largo de La Trece y en la Avenida 39 el aire lo hizo girar hacia el Parque Nacional. enlazaba a los objetos y a las criaturas visibles e invisibles. Se dirigió al tenderete y. La limpieza de la ciudad superaba la pulcritud de un reflejo. Sereno y puro se encontró frente a Park & Diversión. Escuchó una nota de piano. Los chiquillos de jardín dejaban caminar a las mamás. El huracán de cornetas era un canto de sirenas y la agresividad de las multitudes lo arrullaban. En los vidrios de la torre blanca de RCN se vio como el profesor que Gina inventó cuando descubrió la autoestima de cristal bruñido de los habitantes del sector. y vestían prendas de calidad. Avanzando bajo la llovizna acabó de entrar en la nebulosa de la tranquilidad. como un imán. Las avenidas marchaban en cámara lenta. . El respeto. todos los hombres tenían el mismo peso y la misma estatura. –¿La gorda? –sin ocultar la envidia gritó un ayudante de cocina. Sin importar el oficio. creo. –Ella. El ruido de maquinas y obreros lo dejó en la cúspide de la placidez.167 dirección a La Caracas se fue deslizando como aire en el aire. respetuoso con la integración armónica de lo existente e inexistente. preguntó a la señora. lo acabaron de elevar. Las angustias de los pasajeros. Dejó atrás la gama de desordenes y en su conciencia los remordimientos empezaron a producir un efecto inverso a su significado. en la Estación Profamilia. los vendedores ambulantes ofrecían mercaderías a señas y taxis y buses no llevaban rancheras ni vallenatos. Octavio regresó de la suprema armonía. La llovizna hería los rostros y él levantó la cara y en la cordillera vio la escala prodigiosa del arco iris bebiendo luz de los gigantes árboles recién bañados con la sonrisa de Dios. Se quedaba quieto con fin de cederle paso a los transeúntes.

En bolsas de plástico metía gaseosa. el día estaba bravo y con esa puta llovizna no se podía echar la tarde a la mierda atendiendo a viejos maricones de hipocresías baratas. puede seguir antes que se duerma como le pasó la vez que el pulgoso siguió a la orgullosa esa. –¡Uy.168 Llamaron al bulto de colesterol y para sobreponerse a la violencia de la construcción. pero como profesor de alma satisfecha era incapaz de prestarle atención a las criaturas educadas en la vulgaridad. La sorprendente gratitud empequeñeció a la señora. si el paquete de onces no tuviera peso. Al fin recordó el lejano episodio y se sintió culpable de haberlo despertado. La llovizna rodaba en su cara como las sutilezas de un brasier. El ultraje le infundía ánimo a sus músculos tensos como un año sin sal. se balanceaba como una paloma en convalecencia. Sonrió. iba olvidando las rutas de la tranquilidad. La buscaba para agradecerle la gentileza que había tenido la vez que había puesto el pie sobre la correa de Charles Chan. Octavio Palacios le volvió a agradecer y. esa remaldita llovizna pica como dientes de bruja! Octavio la saludó. La vergüenza brotó en el rostro del imprudente y el instinto maternal poseyó a la mujer y. –No se preocupe. a cada paso. ella habría volado como un globo de helio. En la plazoleta escuchó un coro de carcajadas en el fondo del tenderete. pero esta vez le vio las pupilas recién bañadas tras los lentes azulosos y pensó mal de Octavio y quiso correr a terminar de empacar las onces de los obreros. mogolla y salchichón. mijo –cariñosa le dijo–. la señora rugió: –¡No jodan! ¡Ya voy! A los pocos segundos apareció y. a medida que se alejaba. .

. al lado de la matera. El espectáculo era un milagrito de El Milagroso. Una cosa reextraña paraba en la entrada y abría una tapa igualita a dos platones puestos boca con boca.169 La señora del aseo limpió las huellas de los residentes que salían a enmugrar la calle e iba a barrer la plazoleta. pero. pero debió quedarse recostada en la escoba. A zancadas iguales regresó. siguió al apartamento. la puerta se cerró y la ambulancia partió respirando un humo tan bonito como el arco iris. la bola parecía una bomba de piñata. Creyó volar vuelta añicos. Regresó y la bomba ya estaba a un dedito de estallar. Eso si. El aire se nubló y ella se pudo separar de la escoba. Esos reflejos tan lindos no le permitía ni moverse y mucho menos le iba a dejar gritar este silencio no es de yo. A la altura del Nacional la vio tomar distintas formas y colarse entre los autos y ella se le llamearon los ojos y la ambulancia desapareció en la humareda de unos buses. había caído la grúa. Ella volteó a mirar y en el Parkt estaban sembrando gigantes palmas y maticas de flores vivas como ojitos de ángel. Con el cuidado de una máquina inteligente la puso al lado de la matera del alcaparro que. ¿Será un señuelo? Ansiosa de convertirse en la segunda heroica de Bogotá. La ambulancia dejó la sombra en la calle. se elevó sobre el Parque. ante los ojos de ella y los de la Santa de Chiquinquirá. No conoció a la señora Gina ni podía conocerla. al fin. estoy drogada!. Y si hubiera querido decir. Bajó una estatua. se transformó en doña Gina Teresa. se acercó con pasos de pájarito y. más delgada y bonita como si hubiera mandado a arreglar el cuerpito. la rareza se fue transformando y. y subía y subía y se perdió en el copete de la última antena del pico largo de las emes de la cordillera. Corrió a llamar la poli y la alegría de verse en la tele recibiendo la reconpemsa que le permitiría dejar el oficito de barrer no la dejó marcar. y una mano repalida con guante de medicina le alcanzó una bola tan pequeñita como una naranja grandísima. como si acabara de llegar de darse una vuelta. no habría podido porque doña Gina la saludó y. ¡oh Dios santo. sin culpa.

–Si le paramos bolas a semejante barbaridad –Gina Teresa le contestó–. estaba seguro de haber visitado a Gina Teresa en la antigua sede de Crear y en el bolsillo tenía la ficha de entrada. Bajo la sombra polvorienta miró la línea de matas y. Desmenuzando la imaginería de la aseadora. Octavio Palacios. en realidad. buscando alivio. nos pueden decir que estamos fuera de las fronteras. parecían que estuvieran a punto de ensuciar un sendero del más allá. ¿pero cómo callar a la palurda?. El perro hizo una pirueta humanoide. ¡Pero la cédula! Tembló. A los 61 años y sin ninguna identidad La Intemporal ya lo invitaba a volar.170 Ocurrencia tan descabellada hirió a Gina Teresa en lo profundo del alma. pensaba Octavio y se limpiaba la baba del animal. Sintió pasos diminutos en el vientre y. Octavio dejó de cuestionar la actitud del animal y volvió a poner el tema. Pensó con la libertad de sentirse aislado de la irrealidad y se preguntó si el adelgazamiento de ella implicaba la eliminación definitiva del embarazo. se elevó en el aire. ¿con qué argumentos desmentirla si no recordaba nada desde el viernes en la mañana cuando salió de la oficina de gente exclusiva? El último recuerdo vivo en la levedad de su memoria era la inclinación del gerente y la velocidad de un auto amarillo. ¡También me está expulsando del mundo!. a mí nunca me ha gustado este sector. ¿Cómo había salido sin recibir la cédula en la puerta principal? El diario y el esfero si los había recibido en la recepción del quinto piso después de haber dejado la huella del índice derecho y la fotografía del iris izquierdo. pero un deseo irracional de contradecirle a Gina le impidió marcarles a sus inexistentes números. Regálale a esa bruja . Octavio Palacios intentó apoyarse en los inexistentes colegas de universidad. le dirigió un cariño a Charles Chan. preciosidades llenas de polvo se desplazaban de un lugar a otro. afirmó las patas en el vientre del anciano y le mordió la cara. A lo largo del 206 vino una sesión de golpes suaves. en cambio. e idas y venidas se repetían en silencio.

por fin estamos de acuerdo. Y si aparece la doctora del Sena la eludiré con la dignidad de Judy Peláez. pregunta. ¿no ves cómo quedó mi cuerpo? –se paró como una reina–. ascenderme. Gina le prestó atención. por dos razones la catalogarían mal –con tono magistral. –Pero… –Al señor Farfán le parecerá fenomenal. –Y aquí. Nana de Aguirre debió irse a pagar arriendo porque nunca la he vuelto a ver. ella es muy obediente y nos comprenderá. Anoche soñé que un adivino leía mi colita y me pegaba un aviso que decía. a propósito.171 una escoba o un escapulario y le pides que nos guarde el secreto si a la justicia se le ocurre adelantar una investigación. Y a su edad querrá conservar el prestigio de –Dime una. –Aquí a nadie le interesa a nadie –se encogió de hombros–. sino por el embarazo. –Si cuenta lo que vio. le diré que me hice la liposucción. ¿todavía no te has dado cuenta? Y como venía adelgazando creerán en los prodigios de los cirujanos. Complacida. prohibido tocar. –¿Y lo que todavía debemos del tratamiento? –Me jarta tu tacañería. . De pronto no me envió a la oficina de gente exclusiva por el permiso. y. la presentación es lo principal –aligeró la lengua–. incluso puede suspender el castigo y renovarme el contrato. Y tenemos una ventaja. como mi viejo amante. –¿Cómo le iba a contar semejante locura a un imprudente como yo? –Claro –optimista dijo Gina–. ¡por qué no se me ocurrió antes! –se golpeó la frente. dijo Octavio–. –¿Pero y tu embarazo? –Si algún indiscreto. –Eso estoy pensando –corroboró Octavio–.

seguro Octavio. –Ya. deja de mirar ese muro. Si me quitan el lujo como castigo. agregó–: Tú me lo dijiste el día que –Pero era una niña y. cállate –ordenó Gina–. le dejaré la leche en la nevera. si los dos se ponen pataletudos. pero mi perrito ya se parece a los dos y no sólo a mí. nos adaptaremos. fingiendo asuntos de trabajo. refinancio la deuda y compramos una perrita. ojalá… –O sea que tuvimos… –Si no puedes ser el profesor que nos propusimos. Desapareció antes de nacer. en la vejez no se puede tener un hijo por curiosidad –le dijo y. si la compramos recién nacida yo le daré seno. a Charles se le terminaron los celos del embarazo y. les hablaré. no sé. La parejita te acompañará a la ventana. según tu sicóloga. te concentras en mí y yo recibiré tus vibraciones y. El Medio Ambiente hizo un estudio y en un apartamento hay más contaminación que en la Avenida Boyacá. me verán. mandaré a mejorar la pantallas del computador y me verán en tres dimensiones. olvídate. y sabes qué?. les dedicaré unos minutos. ¡ah. hay solución. la mujer se adapta más. es injusto criar en este tiempo. dijo Octavio–. ¡Viejo estéril. –Pero… –Los errores se cometen a los 20. no distinguen la presencia virtual de la real. y a raíz de la prepotencia del espanto de concreto. los carros último modelo producen cero contaminación y suenan como un violín. como dicen los cizañeros. ¡los ensañamos a hacer el popó en la taza!. haciendo memorias. me identificaba con el héroe de la mitología que tuvo hijos para que vengaran su –Octavio –agrandando los ojos. cuántas estupideces cometiste en las vidas pasadas! –terminó enfurecida . no sólo el parqueadero contamina.172 –Pero yo había puesto mis esperanzas en la niña –desconsolado. ella le reclamó–. los perros y los bebés. como hombre humillado.

apareció la aseadora. El conductor escuchó a Octavio como si estuviera recibiendo la orden de un ser de otro mundo.173 Timbró el citófono y. En La Séptima el trío miraba adelante y atrás. Pasando el poste. –Razón para seguir luchando en contra de Park & Diversión –Alejandra agregó. por favor. –El frente es lo contrario a la espalda y no se porqué ellos dicen que es el capricho arquitectónico de un nuevo rico –dijo el vigilante. Voltearon el cuerpo y en la sangre sintieron dilatarse una red de signos. a la antigua sede de Crear. a derecha e izquierda. En 15 minutos. La aseadora y el vigilante lo vieron atravesar La Séptima e integrarse a Alejandra Villa y a Abel Merani. pero Octavio sentía las vibraciones de una mirada de espías y le dijo adiós. él le explicó. Octavio paró a uno y le dijo. Octavio tomó el citófono y Gina lo animaba a señas y. después de pedirle el favor. Octavio Palacios escuchó los golpes de una mano mágica y miró la puerta. dile que te acompañe a Crear y de una vez disipamos las sospechas. consciente de ello. –Paso por Abel –ella le dijo–. Alejandra se sintió feliz de poder servirle al vecino en el momento de convertirse en padre. Con el corazón a punto de estallar se quedaron mirando los jardines recién plantados en los andenes de Park & Diversión. como si fuera el niño de un cuento de hadas. –¿Nos encontramos en el paradero del Parque? –le sugirió Octavio. Pensando amputarle la lengua a la aseadora. es una Clínica bajo el cuidado de gente tan amorosa con las pacientes como despistada con los visitantes. El vigilante salió a tomar sol en la plazoleta y. . saliendo del garaje. El citófono volvió a repicar y contestó Gina y Alejandra Villa preguntaba si era verdad lo de la plazoleta. En el tapete de la entrada vio una imagen y cerró los ojos para no dejarla escapar. Gina Teresa tapó la bocina y le dijo a Octavio. Los taxistas conocen los lugares en que jamás se atreve la autoridad y. César quiso prevenir a Octavio de algo grave.

en seguida. como si nada extraño hubiese sucedido–. dio dos vueltas sobre la colmena de clínicas y. ¿me está insinuando que soy cómplice de alguien que ha violado todas las leyes de la humanidad? Hubo un chasquido de reflejos y el semáforo cambió y las calzadas de La Caracas y la cosa transparente comenzó a delirar como una ambulancia. La sorpresa les lanzó hacia atrás la cabeza y el colectivo ya era una cosa transparente y redonda. casi roza la cúspide de la iglesia Santa Ana. asustado. El colectivo hizo un giro prohibido. pero apareció un colectivo e incrédulos le preguntaron si iba prestando servicio y el conductor asintió. Octavio Palacios advirtió que había violado las leyes de la naturaleza y las normas de transito aéreo y terrestre y. bordeó la torre blanca de RCN. sino lo usa a su antojo –dijo Abel Merani. aprovechando el semáforo de La 34. A pie habrían llegado. descendió en La Caracas con 33. –¿La red del presunto nos está siguiendo? Octavio permanecía en la nebulosa de la duda y Alejandra y Abel Merani seguían enumerando los sufrimientos. quedaron fríos. señor a la Caracas con 32B! Consciente de jamás llegar a dicha Clínica el audaz soltó la risa y arrancó. Sería declarado patrimonio del futuro. se preguntó. –Ese material no sólo es inmune al tiempo. Pasó sobre la esquina del Ministerio del Medio Ambiente. Los tres se bajaron y un taxi se ofreció a recogerlos y. al reconocer al taxista. Las máquinas pulidoras producían una gama de ruidos que llegaba al fondo de los huesos e irradiaban un polvo más delgado que la luz. La admiraban y no advertían que se iban elevando. Pero el rigor del mal comenzaría a partir de la inauguración y el torreón era tan fuerte que saldría ileso del próximo diluvio. Al comienzo planeaba sobre los autos y. De acuerdo al paso de los siglos efectúa combinaciones con .174 –¡Sí. tomó La 39 y la fachada del gigante sitio de diversión les arrebató la mirada. superó la mitad de los edificios y había pocas cabezas alargadas en las ventanas. Sonrieron. mermó altura en Profamilia.

y la lluvia y el sol los ayuda a solidificar. ¡olvidé pagar! Los tres quedaron inmóviles. Vieron una rata persiguiendo a un gato desubicado. Por La Caracas estaba prohibido el paso de colectivos y avanzar de para atrás. pues si se legalizaban. Octavio repasaba la dirección en el papel y exclamó.175 los elementos dispersos en el aire. . –¿Vamos en sentido opuesto? –preguntó Alejandra. Ensimismados avanzaron a la mitad de la cuadra. Octavio le dio el valor de los pasajes a un pregonero y el pregonero corrió. se subió a la cosa redonda y transparente que comenzaba a elevarse. en distintas direcciones. –El número 32B–48 es aquí –dijo Octavio Palacios y en la mano izquierda apretó el diario. ¡Afectará a nuestra descendencia! El uno leyó en el rostro del otro sus particulares concepciones sobre la procreación y soltaron la carcajada. Octavio no veía la antigua sede de Crear y Abel y Alejandra vieron pasar la luz a través del controlador de la cosa que avanzaba un metro y retrocedía dos. la contaminación es lo único que le puede impedir la eternidad. La vergüenza de no encontrar la dirección les impedía referirse al vuelo súbito. No se veían usuarias asustadas ni comerciantes de bebés. el fanatismo tendría una base sólida en que apoyarse para no cometer equívocos en el momento de incendiarlas. Las clínicas conformaban una colmena de manzanas y manzanas y preferían liberar a las mujeres del incómodo embarazo en la clandestinidad. Y ahí sólo había las huellas de un parqueadero lleno de objetos que tiraban las mujeres cuando salían arrepentidas de la decisión que habían tomado. La hierba menos alta alcanzaba la estatura de un recién nacido y estaba cubierta de moscas y. Es un proceso de endurecimiento insostenible. los rastreros atravesaban la maleza.

pero lo mismo es. También él la había visto…. llamen a La Intemporal. Ante los ojos largos de Octavio Palacios. –Sonrió con su vejez intemporal–. –¡Oh! –continuó el pensionado–. Guiados por Abel Merani entraron a la tienda y los dependientes aseguraron que ellos habían tomado el local un año atrás. Temiendo un sutil pacto de amor entre muertos o resucitados. Octavio Adelgazó la mirada y esa cara la había visto en la procesión de espectros cuando el brazo de la grúa saltó en pedazos. No puede uno cumplir mil años cada día. dijo emocionada–. De niño… –Soy Ana Angarita y estos necios me llaman La Intemporal. erguida en la fuerza de un largo bastón. el dueño.176 –Pero frente a la estación y en medio de este negocio y esa residencia ayer estaba la Clínica –se reafirmó Octavio–. En esa tienda naturista me orienté y desde ahí vi la iglesia de Santa Ana y… A Alejandra Villa le sobraban 10 puntos de inteligencia y sugirió acudir a los vecinos. querido. la había visto en el rostro de la mujer que envejecía mientras le pedía los requisitos que le concedía el derecho a visitar a Gina. en la Clínica Crear. no eres tú. En la tienda nada se movía y en las avenidas los automotores se habían detenido. Alejandra Villa no podía decir palabra. Una centenaria. asomó destejiendo las sombras del zaguán. –Todos los viejos nos parecemos. –En especial quienes han muerto y han regresado a llevarse a los seres amados. –Pareces chilena –le dijo Abel Merani–. Alejandra Villa dijo: . Se puso a temblar. dijo duro. la necesitan. te vi en la Alcaldía Local cuando reclamaba… –Vives pendiente de mí a toda hora y en todas partes. doña. volviste del cielo? –apenas vio Abel Merani. –¡Hola. Ah. Un muchacho corrió hacia el fondo de la casona de estilo inglés y gritó.

Ahí había existido la Clínica durante cuatro siglos. pero pensaron salvarla de la crisis de la apertura económica y le cambiaron el vetusto nombre por el deslumbrante Clínica Crear. La recuperación se aproximaba al nivel óptimo. pero con tecnología de punta y personal preparado en el exterior la competencia le había arrebatado la clientela. –Perdón. están equivocados de tiempo –dijo y escondiéndose en las sombras del zaguán. –Es solo por curiosidad –le dijo Alejandra. Interrumpió el recuento e. Buscando serenarse contó la historia. en cualquier calle. el pico y placa. fue una equivocación –dijeron y se dirigieron a La 34. pero la prohibición de residencias. . imperativa. volvieron a agradecerle. –Suspiró–.177 –Perdón… Hizo la pregunta y doña Ana Angarita abrió los ojos como los despliega una adolescente sorprendida. Y el parqueadero era una verdadera iglesia de generar ganancias. concluyó–: Ya nos veremos saliendo del primer infinito y lo comprobarán. sin duda. se dirigió a Abel Merani: –Y todavía me niegas que en alguna vida pasada no nos conocimos. el examen de alcoholemia y la eliminación de los subsidios a la gasolina. habían acelerado el cierre definitivo. Hicieron estudios de mercadeo y un parqueadero era la solución. por su héroe de televisión. ¿De qué mundo vienes y qué broma traes? –Todas –le respondió Abel Merani y bajando el tono agregó–: menos la última –Y es la única que espero desde cuando perdí mi… Le agradecieron a doña Ana la información e. intentado ocultar la necedad a que los había conducido Octavio Palacios. –Pero no están equivocados de lugar.

y en las ventanas de los pisos altos palpitaba el reflejo azul de la cubierta y resultaba menos agradable que las burbujas de las alcantarillas. En cambio. Hojeando la copia Octavio sonrió. Disminuido en su vigor de líder nato. consciente de sus poderes. Un comercial promocionaba a Park & Diversión para el Premio Nacional de Arquitectura y. A las paredes las enaltecían cuadros de cinco pintores de Europa y uno colombiano. imprimió el mensaje y. ¡cómo no hablar de edificios beneficiados? Lelo en la espalda del parqueadero confirmó el destino de su vejez y empezó a compendiar las experiencias adquiridas desde el día que lo arrojaron del sitio de nacimiento. Alrededor de cada ladrillo el pañete seco desafiaba la vista como dientes de perro rabioso. Expertos en electrónica decoraron la cara de Park & Diversión y los avisos luminosos excluían a los mortales de lenguaje previsible y sexo obvio. El pensionado Abel Merani se asomó a la ventana de su apartamento en San Sebastián y retrocedió como si una mano le fuera arrebatar el . Desde las pantallas de televisión la aureola de los invitados iluminaba el devenir del país y.178 De un portal anónimo le llegó a Abel Merani un programa y la lista de invitados a la inauguración. El muro protegía las dos espaldas de Park & Diversión y en la madrugada le habían puesto unas concertinas de luminosas púas e insinuaba el odio de una fortaleza del mal. temió caer en uno de los remolinos que forman los irresponsables aguaceros de Bogotá. el andén era de mármol de Carrara y los jardines y palmeras invitaban a conocer los tesoros escondidos. el interior superaba el lujo del mejor palacio de Japón trasladado a donde ayer había existido un patrimonio nacional y anteayer un templo indígena. pensando en las bromas de Ana Angarita. vistas las imágenes desde distintas perspectivas. lo repartió entre quienes lo seguían acompañando en busca de justicia sin haber podido poner la primera queja todavía. Como en túneles de aire los ascensores polarizados subían y bajaban preparándose para servir a los autos venideros.

perdón. El presidente y los ministros pasarían revista a todo el edificio e ignorarían el misterioso Piso XII. la enigmática mujer del zapato les ofrecería una sorpresa de altura internacional.179 último recuerdo de los ojos. el teléfono del 206 timbraba por segunda vez. respetuosos de las libertades ajenas. desde cuando los vecinos habían acordado inutilizar el servicio. cerraba las cortinas para evitar el sol y ahora las corrió buscando la paz del paisaje y el infinito del cielo y. Se acercó a la mesa y. amigo –le dijo Abel Merani. las autoridades no le permitía a nadie . –Adivina. a la una de la madrugada. se pondría a prueba la sensibilidad auditiva de los vecinos: durante quince minutos las alarmas de los autos se alternarían con intervalos de un minuto de silencio cada tres. Abel seguía hablando: –¿Leíste el programa? La inauguración de Park & Diversión sería el viernes y la fiesta se prolongaría hasta el lunes de puente. el aire se venía endureciendo y la escasa luz permanecía como un manto a punto de pudrirse. De los parqueaderos hacia arriba. optimista. descolgó. Ido del mundo. En el penthouse de 1002 metros el presidente de una compañía de aviación abriría el primer grifo de oro y. de despedida. Era una joven costumbre en las fiestas privadas de relevancia nacional y. Los tres días de fiesta. –No. Permanecerían 10 minutos en cada piso y en la piscina del Séptimo Cielo verían un espectáculo digno de ellos. Octavio Palacios. Vaciló y le marcó a Octavio Palacios y. yo no soy yo. antes. frente a las ventanas. cada piso tendría dos orquestas y se alternarían de uno a otro cada dos horas. y durante los tres días serían sustituidas según lo exigiera el gusto de los invitados. yo –Vino a visitarme Ana Angarita y cariñosa me pide que la llame La Intemporal.

a ultranza. Una máscara de Park & Diversión apareció bombardeando las moscas y el aroma del veneno se combinaba con el polvo y. sugerir un cambio en las tradiciones en formación. había invadido espíritus y fronteras y. Y esa limpieza.180 inmiscuirse en los gustos personales y. ¿en mi apartamento permanecerá inmóvil la sombra eterna? El avance de la construcción. . menos. Acercó la oreja al auricular: –Te paso a La Intemporal –le dijo Abel Merani–. El perro del inquilino del poste bregaba a subirse tras el amo y un joven policía le dio un puntapié y el canchoso aulló y un grito tumultuoso intentó salvarlo de las 25 mil libras de presión de las quijadas de uno de los perros de Park & Diversión. esta Ana y su humor –sonrieron los tres. Nadie fue capaz de dominarlo y Yair pasó el poste y él canchoso calló. sin moverse del 206. Estiró la cabeza y filas de vendedores ambulantes y pordioseros subían a camiones sin placas. En la plazoleta alcanzó a ver coronas y coronas de moscas. emborrachaba las mismas columnas de hormigón y Octavio Palacios sentía hundirse en remolinos turbulentos. Octavio les vio las manos encadenadas y pasó saliva. como un hongo atómico. en círculos invisibles se elevaban hacia el cielo. Las moscas se esparcían y Octavio cerró la ventana. “Yair. –Mira la calle. Imaginando el desperdicio del sol afuera. él había aparecido viviendo en el centro del espanto y la sordidez. La exclamación del teléfono llevó a Octavio a alargar la cabeza por las ventanas de la cocina y añoró la escala prodigiosa de los colores opacos de la cordillera. quiere darte unos consejos. le gritaba el vigilante y el perro lo arrastraba hacia el camión. Se pellizcó una oreja. El teléfono susurró el eco de una voz oculta en la voz de Abel Marani. día a día. La ausencia de los desamparados le permitiría a Bogotá elevarse otro centímetro de la realidad. se preguntó. Yair”.

semiabiertos. cerró los ojos. Siguió la búsqueda en la ropa íntima y un brasier se iba acercando a su mano. ¡ni siquiera en mi propio cuerpo sé leer el menos esquivo de los instintos! En el teléfono hubo una intercepción y Octavio Palacios sintió el frío de la ausencia suya. Abrió los cajones de la ropa de Gina.181 A lo largo y ancho del apartamento. La madera de los cajones no le impidió ver la biblioteca decorada con el famoso Muro de Berlín y otros muros de la infamia. Midió su capacidad de resistencia y. lo impulsaba a embarcarse en el vuelo que la criatura humana . nada. vacilaban sin atreverse a obrar. Miraba el brasier y. –¿Por qué nunca aprendí a leer los muros? –se preguntó Octavio–. sin irse él. pero una voz de mujer se sobrepuso a la confusión de sonidos y. Octavio iba y venía como de niño lo había hecho en las piezas vacías de la casa del primer barrio cerrado de Bogotá. –¿Qué hacer? Buscó en los armarios. Una pañoleta tapaba tanta contaminación como una red de agujeros. volvía a mirarlo. pero las vibraciones de la concertina lo llevaron hacia el muro y vio unas alas ensartadas en las púas. –¿Por qué no lo hice?. Se puso un pañuelo en la nariz. claramente. ¡habría sido un excelente profesor! Envidió las habilidades de Abel Merani y la fortuna con que había encontrado los estímulos a la voluptuosidad en la prenda más pateada de la tierra. donde los padres habían sido cuidanderos. dijo: –¿Y? Octavio se sonrojó y se consideró analfabeta integral. menos. carente de misterio. Maravillado. Siempre había evitado líos y. como si fuera la única posibilidad que existía para respirar aire puro. si qué dolían los desamparos que comenzó a padecer a partir del primer destierro. Los labios le temblaban. un espanto. en el recuerdo. una media. ahora.

Miró su cuerpo y ya no valía la pena ensayar otra versión de la vida distinta a vivir huyendo. y en 60 no había aprendido la máxima de Gina: la indiferencia es dignidad y la apariencia oro. Regresó en la memoria y el día anterior las palabras habían cedido y. la finada madre. habían escrito de mil maneras la carta. ¿qué hice? Veinte. ¿A falta de pordioseros. Cinco años atrás. en su último instante. El encantamiento apenas le permitía recordar la primera huida. el colegio. alrededor de él. ¿no? De la apariencia de vivir le quedaba una pregunta y cerró los ojos. ¡ha. lo animaba con distintos ritmos de las palmas. no te vas a negar. Observó llenas de polvo las preciosidades que habían comprado para no ser unos inexpertos en el severo mundo de los lujos. en una sentada. El vértigo lo puso a bailar en distintos planos y. la escuela! Recordó las vacunas y una espada de venganzas atravesó el apartamento y en sus arrugas rodó una lágrima de horror infantil. él se vería antiéstico? En su vientre diminutos roedores arañaban como si estuvieran jugando en un laberinto de concreto. frente a la falta de misterio de un espanto construido para esconder la riqueza y perfeccionar la maldad. para encontrarse. empezaron la encantadora danza. que en su día no recibió Cristo. Treinta. ¿por qué la naturaleza permite la adolescencia? ¡Oh. –Abel quiere invitarte a volar –le dijo La Intemporal–. Quiso ser una sombra e intentó elevarse en contra de la dureza del aire. Quién pudiera recorrer los instantes en forma descendente sin tener que llegar al mismo punto. ¿lo mismo? Diez. falta de voluntad para el suicidio! Cincuenta. Era inútil revivirlas. Retrocedió un año. ¿así es cuando la mente se dedica a repetir? Siguió retrocediendo. en la Calle 53 compraría plantas de . ¿la juventud vale la pena? Cuarenta. pero una frase humana ya no encontraba un buzón en Bogotá. lelo. Si decidía aplazar la decisión definitiva. Maldijo la vida y el tiempo. humanas costumbres. se veía naufragando en un torbellino de reflejos y. y había sobrevivido a las piedras. Abrió la ventana de la sala y las plantas estaban a punto de fallecer.182 nunca desea tomar. pero espirales armoniosas y reflejos serenos.

La señora del aseo corrió a la administración. pero eran inmunes a la pulcritud de la maravilla. pero el perro saltó a la cuna e. ridiculizaban la vida y ultrajaban la belleza. El teléfono ya no hablaba. Empezó a perder peso y. sus pies de carne y hueso. feliz. adelante. y adiós le contestó la mano de mismo Octavio. más allá. iban bajando la escalera. siguió descontando infinitos. Vio a Ana Angarita y. –Membranas de mosca –lelo en el ultraje. –Baja con la copa de un sostén en la nariz –dijo en susurros. pero en 61 años no había aprendido a encogerse de hombros. jamás concebida. Y avanzaba y avanzaba tras las huellas de Abel y la niña cuando. y no percibía la piel. según Gina Teresa. Moviendo de izquierda a derecha la cabeza despedía de beso a las moribundas. sino las finas telas que jamás había logrado quitar con el lento correr de los labios. El desespero mecía las membranas de la rareza electrocutada en las púas. Un soplo lo ayudaba a alejarse del teléfono. cuya limpieza se repetía minuto tras hora. las vueltas de la concertina brillaban como los ojos del odio. cada vez. Deseó liberarse de las fantasías de las mentes crédulas. Pasó por la izquierda de Ana y. a lo largo del muro. Optimista avanzaba en los hilos de luz envilecida por la imponencia del Park & Diversión. Mirando lo que dejaba atrás fue atravesando el vidrio de la ventana menos polvorienta. . Con la mano dibujó en el aire un signo semejante al último adiós. Octavio se palpaba la mordedura de la cara. y. Le puso la clase de inglés a Charles Chan. tarareó Octavio–. suspiraba. a la hija. o alas de rata.183 celuloide. sentía menos fuerzas. a Abel Merani y. inconsciente. y hora tras día. La mente se le llenó de alas y decidió encerrarse en las ruinas de su paraíso. Y los ultrajes de la construcción tampoco lo habían preparado para entender los burdos fenómenos que le iban reduciendo el espacio de su existencia.

Miraba la puerta de los ascensores y apretaba en la mano las últimas noticias que completarían su archivo. una anciana encantadora le había dicho: –Abel no te puede atender. Se le cayó la fotocopia de los invitados a la inauguración y. El desconcierto que había dejado la salida de Octavio Palacios se intensificaba segundo a segundo y el personal de servicio no buscaba nada distinto a liberarse de aquella rareza que nadie había visto en los 40 años de El Prado. A los quince minutos Alejandra fingía bajar a tomarse un refresco y en el ascensor recordó que la cafetería de El Prado había sido clausurada cuando empezaron a construir Park & Diversión. Hubo un ruido distinto a los ruidos que día y noche se repitieron durante los perversos meses de la construcción. ¡Los esperan en la primera vuelta del infinito! Sólo entonces Alejandra Villa recordó a Ana Angarita y el significado de las frases cuando dijo y estos maliciosos me llaman La Intemporal. se negaba a aceptar lo evidente. Para no perder tiempo en el ascensor. el vigilante tomó la escalera y ahogado llegó al piso 17 y le comunicó a Alejandra Villa. no se alargue. Intentando dominar los ojos. señor. levantó las páginas como si no tuviesen el peso de ninguna letra. La recepción olía a aguas aburridas. está en el teléfono organizando viaje con un amigo. sin dejar de trabajar. Gina está en gerencia firmando un descenso de importancia para su carrera en la empresa y no puede contestar. la jefa repetía. Apoyada en un largo bastón. La señora del aseo no podía describir la copa del . El fatigado vigilante pudo hablar.184 El administrador llamó a la señora Gina Teresa Arboleda y. estudiando el semblante del auditorio en los vidrios de la portería. y Alejandra le pidió el favor que le avisara en San Sebastián a Abel Merani. Vigilancia y aseo volvieron a quitarse la palabra.

Bastaba un pedazo de brasier en la nariz de un espíritu para dañarle el futuro y el pasado a un hombre. y el vigilante y el administrador agregaban las mismas palabras. Quizá desconocían el alma del imprudente y. Era imponente y como trofeo en las mandíbulas brillaba la muerte del perro del inquilino del poste de la luz. Alejandra puso en duda el relato y sus preciosistas detalles.185 sostén en la cara del imprudente. nadie podría callarlo. ¿qué haremos si empiezan a vigilar de puertas para adentro? . movimientos y aullidos. A los transeúntes. a falta de una tradición seria en las artes del humor. aprovechaban la ida para hacer un chiste con su vida. en ausencia de Gina y Octavio. y los unos ponían de testigos a los otros. –Ya tumbaron el alcaparro –al fin pudo decir Alejandra–. los transmitían a sus amos. Las provocaciones de las mascotas eran responsabilidad de los amos y. ¡Bastaba un pedazo de brasier en la nariz de un espíritu para poner en ridículo la desaparición del hombre en que había habitado! Alejandra sentía que perdía el equilibrio y le era difícil pensar una palabra y en la cuna Charles Chan empezó a ladrar con la persistencia de un bebé abandonado. en con signos. Eran ingeniosos e implacables. que subían y bajaban del Parque Nacional. El huérfano multiplicó los aullidos y un perro asomó arrastrando a un vigilante de Park & Diversión vestido con la elegancia de un ministro. Habían sido adiestrados en escuelas judíoamericanas. los dejaban pasar sin olerlos. Se asustaron. Cuando empezaron a confundir el orden de las frases. descifraban los pensamientos del sospechoso y. pero a los vecinos los delataban y perseguían.

en fuente Times New Roman 12 puntos. en español. digitada a doble espacio. La obra deberá firmarse con seudónimo y el número del documento de identidad. Dicho sobre permanecerá cerrado hasta que se conozca el fallo del jurado. 77 En un (1) sobre aparte y cerrado incluir: el formulario de participación firmado y copia ampliada del documento de identidad. con las páginas numeradas y debidamente anilladas. por correo certificado o entregarse personalmente en horas y días hábiles en la siguiente dirección: Ministerio de Cultura Programa Nacional de Estímulos . Las tres (3) copias de la obra y el sobre cerrado. deberán marcarse y enviarse en un solo paquete.186 Presentación de la obra Los participantes deberán cumplir los siguientes requisitos: Enviar tres (3) copias de la novela de una extensión mínima de cien (100) páginas. en papel tamaño carta impreso por una sola cara.

todos somos miserables de alma y sólo nos determina la única responsable.187 Premio Nacional de Literatura a Novela Inédita 2008 Calle 8 No.C. me permitieron Y. 8 . Víctor López Rache (se pasan imprime 080612) A Mi maestro Germán Villate. el hábito de la apariencia ya no existe. y en ausencia de la apariencia. Sus clases. . continuó–: Pero cuando el poder termina. en Economía.26 Bogotá D. sencilla y justa – –¡El arribismo de los miserables avergüenza la dignidad como el sol detiene el progreso! – ella volvió a exclamar. ante el silencio.

se lo entregó a Nana y le agradeció la solidaridad y Nana miró la marca y. bajando y subiendo un tono. dijo Octavio–. no se podían liberar del vulgar espectáculo de los habitantes de la calle y los desplazados que se disputaban el semáforo. pero como era imposible manejar con los ojos cerrados. –En cambio –entre dormido. Se pusieron a esperar a los otros dos y resultaron reconociendo los prodigios del mundo virtual y Nana era una experta gracias a que había repetido el curso de computadores en el SENA y. Octavio Palacios se aplicó la dosis del desodorante de Gina y salió del 206 después de haber sido incapaz de sacar a Charles Chan de debajo de la cama. Charles me manda a mí. ¡tú cómo eres de linda conmigo! Desde hacia quince minutos ella estaba preparada y le ofreció una aromática hindú. –¡Salvo los que han nacido para obedecerle hasta los animales! Alejandra Villa saludó de beso a Nana de Aguirre. En el sofá colocó el archivo y del bolso arawak sacó un paquete de galletas de San Marcos. desde entonces.188 Miró hacia el Parque y en La séptima las dos calzadas parecían relámpagos sucesivos y si las señales de transito los dejaban inmóviles. Vigilancia y aseo volvieron a ver a Octavio con el mismo desdeño de los primeros días. exclamó. quinta propietaria de los apartamentos afectados en irse a pagar arriendo. vigilancia y aseo corrían a ayudarla casi con la misma gratitud que lo exigía la presencia de la doctora Judy Peláez. Pensando en la rebeldía del animal . cerraban los vidrios de las lanchas.

en Colombia. yo soy profesor. En ese bunker. El vigilante tenía el nombre de los invitados. Cruzó el décimo. moraban los fantasmas de los desaparecidos durante la Defensa de la Soberanía interior promovida. El ascensor carecía de espejos y Octavio se asustó de no ver una cara humana en esa prisión hermética en rápido ascenso y. lo hizo seguir. La sonrisa amable del uno intuyó la tristeza en el alma del otro. Allí había funcionado la embajada de Estados Unidos y Octavio se estremeció. yo soy doctora en sistemas y el otro quiso responderle. escondió medio rostro en el quepis y. desde Washington. avanzó hacia el occidente 22 pasos y se presentó en la portería del Edificio Canciller. Alejandra los presentó sin exponer la biografía de ninguno de los dos. pero ninguno se atrevió a expresar en voz alta las aspiraciones insatisfechas. Miró los cinco pisos de Col–Médica. usaba un perfume poco viril. Sin moverse observaba la cuadra entera de la cara norte del Ministerio del Medio Ambiente. señor. marcó el penthouse y le dijo a Octavio. El rechoncho de Plaza 39. y Nana de Aguirre quiso decirle. le respondió el adiós al habitante del poste y en la esquina se quedó como un fantasma vestido de paño gris. pero el aliento del hombre alcanzó a enturbiar el aire y. . Se recostó a tomar fuerzas en las paredes iluminadas del pasillo. cuyo vestido de paño ni estaba de moda ni le quedaba bien a una cara de intelectual y. lo devoraba un vértigo primitivo y en el noveno buscaba las alarmas. con el tono de un general le gritó. en cada piso. además. Nana era detallista y le pareció un hombre mayor. es el número cuatro. sorprendido de su olfato de ave docta en malos olores.189 se dirigió hacia el sur con pasos de sombra amenazada. consciente de ser un celador de la patria. Octavio aceleró y el aletear de las ramas de un alcaparro le permitió respirar. recubierto de muros de hormigón y rejas de acero. se abrieron las puertas y Octavio alcanzó a salir. ¡amargado! Octavio jamás habría descubierto el destino de la ofensa. A los 15 minutos vio la oportunidad.

después de haber cortado los árboles. padre de sombras ociosas. pero mucho menos espectaculares que las preciosidades que Gina había comprado para adaptarse a los rigores del lujo. Al cabo de cinco minutos. dijo. Los infantiles reclamos del esposo a media noche la obligaban a refugiarse en las avanzadas opciones de amor que la diosa internet le ofrece a los desamparados del calor humano y la sensualidad. se veía como una boca sin dientes. permiso. de una vez. en cuyo centro había una canastilla de esplendidas frutas de celuloide. Las sobrias afirmaciones eran fruto de los avances de la construcción y los movimientos en su defensa sin nadie haber podido quejarse legalmente todavía. Delante del pensionado Abel Merani asomaron los planos y. Si deseaba una bebida caliente podía pasar a la cocina limpia como el clorox. ¡como la de un bebé! Alejandra aprovechó la aclaración y le agradeció a la grúa haber caído el alcaparro de la plazoleta. Sonó el timbre y Alejandra le pidió el favor y Octavio avanzó a la puerta y ella revisó el sofá y el archivo no le permitía sentarse a otra persona. agua. ella se encerraba en la alcoba a buscar una amistad. contó que los había obtenido gracias a la persuasión de cuarenta mil pesos: . pasabocas. A punto de quedarse dormido. Mencionaron las dos curvas paralelas de verde frondoso a lo largo del rió y el puente de luz de calle a calle. Mientras ellos discutían la imposibilidad de poner la queja. La sala estaba llena de artesanías de mediano valor. cocacola y cigarrillos ocupaban el comedor. cómplice de perros limosneros y punto de mira de pájaros inoportunos.190 Alejandra había elegido el sofá y a la izquierda había acomodado el archivo y Nana le ofreció a Octavio el sillón de la derecha. La gratitud con la anfitriona les impedía empezar las onces. Octavio preguntó si Abel Merani estaría dando vueltas antes de atreverse a entrar y Alejandra se palpó los oídos. pero no el gasto de imaginación. como si quisiera inmunizarlos de confidencias venideras. Y utensilios de desecho.

él podía sentarse junto a Alejandra y. La esquina occidental de Park & Diversión repelió la mirada y los tres echaron de menos las elegantes palmeras de San Sebastián y los árboles del Río Arzobispo. inspeccionó el sofá y. tres monedas y un resumen de los descubrimientos que había logrado gracias a su experiencia científica en la búsqueda de las verdades superiores a la verdad.191 –¡Por un décimo del salario mínimo. Corrió a una esquina de la mesa la fotografía del grado de Nana en el Sena. y. un naipe. y la experiencia de una vida estirada hasta los cien no debía pasar en vano. optimista. Octavio comprendió que jamás volvería a ver a los aviones navegando como peces aéreos. Era asunto de práctica. Todo se teñía de melancolía. desde la presidencia. Y el cielo de los eternos tiempos se podía contemplar en el cenit levantado la cara hacia el trono de Dios. en el momento justo. Esa mínima prueba demostraba cómo la fortaleza se había apropiado de los espacios libres e inundado de suplicios a los apartamentos vecinos. Dirigió una mirada de homicida reprimido al archivo y Alejandra los invitó a las ventanas del penthouse. si el archivo se colocaba sobre el tapete. el I Ichin. . le podría relatar la dicha de vivir cuando el objeto más pateado sobre la tierra se tornaba en un milagro y le permitía al anciano encontrar el estimulo para recobrar la potencia perdida décadas atrás. pero las puertas de los tribunales estaban cerradas desde cuando habían puesto en la mira las ruinas del Patrimonio Histórico y. La vista de la ciudad había sido eliminada y del Parque Nacional ni siquiera se veía el recuerdo. enmarcada en plata. colocó una fotocopia diminuta de su diploma de arquitecto. cómo les parece! Alejandra estiró los pies y lució unos tenis bastante discretos y Abel Merani se quitó las gafas. telefonearon y la directora de Planeación cedió a reestratificar el sector y lo bajaron de cinco a tres y ya no tuvieron la absurda norma que les impedía incrustar sitios de diversión y parqueaderos elevados en las ventanas de enormes edificios habitacionales.

el país venía Tan en Libre Caída que el ave nacional ya era una mosca. Octavio dijo. perdón. giró con la decadencia de la última vuelta de un trompo y se ubicó en la silla izquierda. con las manos. recordaron que. Abrieron las ventanas y. Sintieron vergüenza de patria y lamentaron lo poco que ellos podían ofrecer para evitar el lento naufragio del País. desde esa altura. Abel una sombra inmaterial y Octavio un murciélago. –Se están construyendo cuartos invisibles tras falsas paredes –dijo duro–. Odiando el semblante casto del tenis. El pensionado Abel Merani envió las intimidades a la cesta de confidencias. a raíz de la habilidad del gobierno en las negociaciones del Tratado de Libre Comercio. Las investigaciones del pensionado se dirigieron a épocas antepasadas. Alejandra vio estrellarse una paloma. con asombro. y retiró el diario de debajo de las posaderas del pensionado. Abel Merani desplegó las alas del esoterismo científico y los otros dos levantaron la cara y afinaron los oídos. dio dos pasos. eligió la silla de la esquina derecha. El pie izquierdo de Alejandra estaba a punto de dormirse y lo estiró y. le daba monótonas vueltas.192 Regresaban a tomar asiento y un golpe en el vidrio los puso alerta. subterráneos debajo de los subterráneos. como si debiera seguir el ritmo de unas cuerdas empedernidas. . Tomó los planos e indiferente a los cuidados irritantes de Alejandra. Abel Merani se acomodó las gafas de nonagenario y concentró la mirada en las vibraciones de sus objetos exhibidos en la mesa. Esa había sido una de las razones para haber precipitado el matrimonio con Gina Teresa. en la terraza del primer piso veían palpitar un cuerpecillo y en voz alta el pensionado anheló unos binóculos. Octavio sonrió como un mascara triste. ubicada en la trastienda de la razón. Los tres se concentraron en el punto palpitante y.

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A la sombra de las plataformas, expertos en guacas venían haciendo su propio estudio de suelos; pues debajo de las ruinas del Patrimonio Nacional existía un templo indígena, sepultado por los caciques que querían salvarlo de los dioses venideros y no de la invasión de 1492. –¿Recuerdan la salida de las volquetas llenas de tierra y el olor a reliquias precolombinas? – preguntó Merani. El temor subió otra línea en el termómetro de la desconfianza de Octavio Palacios y se preguntó si los cómplices del presunto habrían instalados cámaras secretas mientras la doctora Nana pasaba las horas en internet vengando las golpizas del esposo–bebé. Merani desenrolló los planos y continuó, los sótanos de Park & Diversión serán el epicentro y, a partir de allí, los socavones se ramificarán en forma de telaraña. Sintieron caer los altos edificios, ¡nos dejarán la catástrofe y se llevarán los tesoros! El ambiente del penthouse número 4 era acogedor y a Octavio Palacios le atormentaba la tranquilidad de Alejandra y Abel y sirvió un vaso de cocacola y, antes de probarla, sintió deseos de ser eterno y, sonrió, ¡en la especie humana lo único inmortal eran las células cancerígenas! Con efervescencia de mentes inclinadas en favor de las fantasías fatales, los otros dos siguieron vislumbrando nuevas desgracias. ¿Junto al transmisor dejarían algún estimulante que les anima la imaginación?, se preguntó Octavio y terminó de afinar los sentidos. Ojos sobornables habían visto sacar urnas metálicas protegidas con armas de tecnología de punta. Las posteriores afirmaciones de Abel Merani repicaron en los oídos de Octavio Palacios como una píldora explosiva. Albañiles, brujos y técnicos, luego, desaparecerían como un suspiro en el aire. La expansión de las maravillas no… –¿Y cómo lo podemos saber? –le preguntó Octavio –En las actividades clandestinas, es una tradición desaparecer las pistas –serio, respondió Abel Merani–. Y la delincuencia colombiana lo aprendió de las dictaduras de Chile y Argentina, y Chile y Argentina la aprendieron de la democracia de…

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Alejandra Villa interrumpió el recuento histórico del pensionado y acabó de turbar las perplejas neuronas de Octavio Palacios: –Además, César, sí, el que vive en el poste, en la noche los vigilantes le señalan los perros y el infeliz coge las limosnas del día y corre a traerles aguardiente y marihuana. –¡No puede ser! –A las dos de la mañana él ha visto entrar personajes con trajes de la Edad Media. Llevan máquinas diminutas y lámparas de energía espiritual. Hablan de nanotecnología. –¿En serio? –De las profundidades de El Prado vio extraer un pedazo de crucifijo y la cabeza de una serpiente de oro. –¿Dónde irán los socavones? –Y sobornan tan bien que ni siquiera los intuyen los parapsicólogos de los organismos secretos de seguridad. –¿Cómo? –Hacen ritos paganos, riegan agua bendita, ensayan aparatos e iluminan socavones con distintas intensidades de oscuridad. Esos vigilantes también desaparecerán. –¡Imposible! –Estoy temiendo por César, y llegó a dormir en el puente de mi edad y ya puede ser mi abuelo; el sufrimiento perfecciona los estragos que no puede la displicencia de la sociedad, y se salvó de morir ahogado hace cinco años gracias a que estaba detenido en la inspección – Alejandra seguía contando–. Desde entonces vive de poste en poste y, ahora, me cuenta los acontecimientos ocultos bajo la luminosidad de los reflectores. El pensionado Abel Merani olvidó la irritante discreción de los tenis y sus cordones bobalicones y rememoró ese hecho trágico y de importancia para la historia no contada del

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sector. Un 12 de noviembre la peor borrasca, en 112 años, había sorprendido a 14 individuos bajo el puente de La Séptima y nadie había podido identificar a seis niños y una pareja de ancianos localizados en distintos puntos del Río Arzobispo. Y en contra de autoridades, propietarios e inquilinos, Alejandra Villa había acudido al levantamiento y en un acto de extravagancia sentimental había llevado a los sobrevivientes a la Registraduría y ellos, ahora, describían la kalidat de socia que les había permitido tener la cédula. –No creo que hagan excavaciones cabalísticas debajo de una zona residencial y frente al club y una estación de policía –Octavio lo puso en duda. –Precisamente por ello –afirmó Merani–. Los investigadores jamás hallan el delito en lo evidente. –Es una ficción inspirada en… –Desde cuando llegué de Chile –aclaró Abel Merani–, he adivinado los fracasos de los presidentes y por eso, antes de elecciones, me llaman de la radio y la televisión –se removió en la silla–. Después de haber muerto, adiviné el robo de las elecciones al primer Pastrana. ¡Perdón, cómo fue ese triunfo de la democracia? –Octavio, si no crees en don Abel, cree en el periódico. Octavio Palacios se dirigió al archivo, se acomodó de rodillas y se puso a hojear los recortes sin desordenarlos ni atreverse a elegir uno. –¿No viste donde la DEA capturó al don de los señores? –le preguntó Abel Merani–, ¿pero sabes de qué estoy hablando? Dicen que es el socio del señor de las cuatro loterías al mes. Octavio Palacios estaba a punto de dormirse y quedó en plena lucidez e, incluso, debió reacomodarse los lentes de contacto. –Infórmate de las ocurrencias del sector donde vives.

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–A la hora de las noticias hay un programa que le gusta a Charles y para no verlo deprimirse –explicó Octavio. –¡Octavio, increíble! La incredulidad era del país entero y hasta los indiferentes se preguntaban cómo se iba a arriesgar a vivir en el Club de la Policía, preciso, frente a la construcción, ¡en el club más seguro del país! Allí recibía modelos e inversionistas, y cazarecompensas internacionales lo buscaban en los escondites del mundo. –Nunca los expertos hallan nada en lo evidente –volvió a insistir Abel Merani–. Pero volvamos a la realidad. Octavio tomó un recorte de la sección cultural del periódico y se concentró en la noticia. En Cali empezaban a construir un Parqueadero blindado de 100 millones de euros en los terrenos de una casa que había pertenecido al autor de María. Allí guardarían autos usados por actores, modelos clásicos, y motos de manubrios de oro de los socios de un Club, réplica exacta de la Casa Blanca, cuyo propietario sigue siendo un verdadero misterio. –¿En qué dimensión de la suerte andará? Continuaron examinado experiencias ligadas a ellos. Víctimas de la dignidad, los propietarios decentes se habían ido a pagar arriendo y los extranjeros, no sólo habían abandonado el sector, sino habían volado a los países de origen después de haber dejado demandas contra el Distrito y las instituciones que habían requerido sus servicios. Los avisos de SE SUBASTA en las últimas ventanas era la reacción a un volante que había aparecido explicando los efectos cancerígenos en los pisos altos; pues recibirían humo, gases, el ruido musical, la radiación de las antenas satelitales y los reflejos de la cubierta de Park & Diversión. Alejandra, Abel y Octavio no quisieron cuestionar la veracidad del estudio científico; simplemente examinaron las desventajas de los propietarios que debían continuar en los

qué espíritu! Abel y Alejandra miraron a Octavio. se dirigió a Alejandra. Y mi esposa ha puesto todas las esperanzas en él. –Debo irme –se afanó Octavio Palacios–. arrendarían los apartamentos envilecidos a estudiantes ricos de provincia y profesionales de visión global y con menos salario que pretensiones. Alejandra en voz alta leyó el código de su silencio. Octavio Palacios cometió la ligereza de pensar un punto de vista menos optimista y. dijo. luego. Es una versión refinada del desplazamiento rural traspasado a las ciudades. ¡uy. la podría defender de las violentas pataletas del esposo–bebé. pero en todos los demás. lo vieras. –¿El volante puede ser una publicidad de los asesores del presunto? –preguntó.197 edificios. La puerta de la alcoba del penthouse número 4 se abrió y la arrendataria asomó sonrosada. ¿no lo sabían? –les dijo orgulloso–. Entiende perfectamente el inglés. ¡Nuestro perro es el primer autodidacta virtual! . Charles debe estar debajo de la cama muerto de hambre y estrés. –¡Claro! –Buscan una desbandada para comprar a precio de limosna la manzana entera –continuó Alejandra–. los rentistas dejarían de recibir el canon de arrendamiento mientras terminaba la construcción y. Y ante la imposibilidad de regalar mi herencia seré parte de esa pesadilla. En cambio. Endureció un brazo y con el puño cerrado. e inquieta y ágil. en sueños. Enumerando aquello que el pensionado no había descubierto con las ciencias extrafísicas. en el movimiento de las estrías de la frente. –¡Ajá! –¿Eso ocurrirá en el Parqueadero de Cali o en el de aquí? –No lo sé –dijo Octavio–. sí estoy seguro. y Octavio tembló como si la doctora Nana de Aguirre fuera una cómplice de los detectives de Park & Diversión y no la súbita enamorada de la imagen musculosa de un cibernauta que.

hablándole de la necesidad de regularle el estrés a Charles. se tornaban cómplices de los enemigos y la fragilidad dejaba pasar una bala tal como dejaban pasar el ruido. Acabó de martirizase. imbécil! . Los vidrios fueron otro error de los inventores de las épocas prehistóricas. no podía ser la asistente de los ingenieros. –Pero si ellos se dicen doctores –Gina le contradijo–. le dijo Octavio–. lo iba reafirmando en sus convicciones. vas hacer del perro un desadaptado. –¿Por qué. señor. Y la presión de Gina Teresa.198 La demora de una amenaza con fecha determinada por haber incitado a la asistente a pronunciar la palabra seguridad. ¡son metáforas de Dios! –¡Sino vivimos como los demás. si fuera un hombre sin principios lo haría por nuestro bien. Se tomó la cabeza y se preguntó. en la obra era la responsable de la seguridad del presunto de las cuatro lotería al mes. no entiendes que estás obrando como un subescalador? –Mis palabras. pero no puedo desautorizarme ni seguir manteniendo la farsa. ya no son palabras. ya que fuiste incapaz de ser libretista –lo miró duro–. Permanecía con las cortinas cerradas. deja de ser problemático. –Querida –arqueando los ojos. tembló. hay que estar en armonía. Si esa joven no era estudiante de la Javeriana. por qué tú no puedes ser un profesor. ¿podré resistirme a salir después de muerto? El fruto de su insensatez no paraba de evolucionar y venía de afuera. digo una cosa y entiendes otras. ¡estoy hasta aquí! –Mis palabras son como las de Dios –Octavio la enfrentó–. Metiendo un dedo en el ojal del saco maldijo la alucinación que indujo a los primitivos a inventarle semejante orificio a las casas. preocupó a Octavio Palacios y decidió salir si alguien se lo llevaba muerto. Las amadas ventanas le producían desconfianza y las culpó de su imprudencia. le atravesaba la piel y en el alma le ardía como un cataclismo de estrellas infectadas.

La comida y la cama de Octavio las merecía el pordiosero. No. El resultado de la promoción de la Clínica se anticipó en contra de un embarazo real y en favor de un cuerpo tan bello que debía escribirse en la espalda ¡prohibido tocar! Se vio con César de la mano y con Charles Chan dormido en la mitad de los senos sin brasier. Para no dejar escapar la imagen hundió el rostro en la almohada.199 La discusión se repetía en el desayuno y se prolongaban en el insomnio y Gina Teresa pensó revolucionar el mundo realizando el detestable sueño de cada noche. doctor César. ¿podré cambiar este inútil? Sus labios se preparaban como los de la bella durmiente. en cada comida César tomaba vino rojo y ella vino blanco. claro. Vio a César abandonando el poste de la luz. oh ese timbre de voz esa barba su familia debía ser de clase oh esos ojos el porte y sin barba debe ser divino y vestido de profesor debe superar la elegancia del gerente y no se le ha caído un pelo ¡es de raza! Lejos de El Prado conformarían una familia a la medida de las pantallas de televisión. ¿En alguna vida pasada seríamos amantes? Los residentes le admiraban la personalidad y por fin descubrirían cuánta estima ella le había tenido a ese profesorcito de mierda. Lo vio meses adelante en la carátula de una revista dedicada a la autora de su rehabilitación. sonrió como la bella durmiente. pero un relámpago de la insensata cordura la ubicó en el día a día y. sonrió. abrazó a Octavio y él fingió rechazarla. arrepentida de las artes amorosas de su inconsciencia. Giraba en la cama y en el fondo de la inconsciencia se decía. sí. La diminuta vinera de San Victorino se transformó en una vinera de dos temperaturas y. la indiferencia es dignidad y la apariencia oro. Sintió un beso de César en los labios e iba a levantarse a poner en marcha la heroica decisión. Ceremoniosos entraban y salían e iban al Parque y en las reuniones sociales de R & R las compañeras le admiraban el duro. sí. doctor. Lo posesionaría en el 206 y el asombro de los criticones terminaría cuando vigilancia y aseo aprendieran a decirle. de pronto. se liberaban del peso de tanta moral y en regiones lejanas de la tierra disfrutaban pasiones inéditas en los cuerpos entrelazados. pasaban a whisky maduros y. .

pero también se entendían a distancia. y entró en crisis.200 –Perdóname. Gina compendiaba el calor de la hija de Jesús. Se saludaban de beso y la cuchara del uno le llevaba a la boca del otro la esencia de la manzana. No se volvió a mencionar la palabra salida. El sosiego los alejó de los diarios rigores y no se volvió a pronunciar la palabra salida. El temor a tanta placidez lo obligaba a salir. Gina le recomendaba a Octavio ejercicios estáticos. Octavio se prometió vencer los escrúpulos y darle los baños de aire a Charles Chan. Notó el gasto raro de su desodorante de aroma casi neutro y se lo cambió por un perfume exquisito al olfato de damas dispuestas a satisfacer las perversiones de los hombres de auténtica intelectualidad. En la oficina de gente exclusiva la atormentada Gina Teresa tuvo un presentimiento y le envió un mensaje mental a Charles. Y mirándolo como una muñeca regañada. querido –mimosa le dijo. Se asustaron. y la simpatía de Octavio le servía a Gina de guía en las pesadillas y le limpiaba el corazón de las malas fantasías. Reflexionó. Llegaron a olvidar la construcción. La suave respiración les impedía oír el rabioso diálogo de sus almas vacías. trotar en cuatro patas alrededor de las paredes y jugar a las escondidas con Charles Chan. Estaba prisionero de él y de la palabra dada a Gina. el castigo en la oficina de gente exclusiva y los sorpresivos resultados de la Clínica. la subescaladora sería yo. la dulzura de la madre del Diablo y el sacrificio de la amante de Dios. Se levantaron tarde y se despidieron con la dulzura que se expresaron la primera noche que durmieron en El Prado. Ella se reconoció inconclusa sin él. De súbito en el 206 el perro . y él se proclamó indefenso sin ella. Preocupado. –¡Puedes ensayar a sentarlo en la taza! –le dijo. La sinceridad era mutua y podían padecer el rompimiento súbito que sorprende a los matrimonios ungidos por la felicidad del amor auténtico. agregó–: si los sueños no fueran chismes. y la salida contradecía sus principios.

blanca y el milagro de la ciencia le había eliminado de la piel la huella de las pasiones insatisfechas. ahora. antes de convertirse en templo de adoración. cuya sede quedaba en el Teatro Trevi. ella había renunciado a la las misas del Sagrado Corazón y había ido a redimirse a Adonai es Solidaridad. Bajaba la escalera y contento de saberse victorioso el perro iba cantando. de importancia incalculable en la formación espiritual de generaciones de bogotanos gracias a que. y el saludo de los demás lo tomaba como un ultraje. Fingiendo irse. ella permanecía junto al pensionado Abel Merani. Era una mujer esbelta. sus ojos nonagenarios le acariciaban el pelo y su alma buscaba los zapatos con la pasión de un adolescente. se lo teñía de negro y lo llevaba abajo de los hombros. . pues el único hombre digno de sus ideales se había dejado morir cuando se sometía al masaje amoroso que ella le había exigido para darle el sí del matrimonio. proyectaba las más apreciadas películas de cine rojo. Así lo certificó en la sala de espera la doctora Judy Peláez. y la melancolía y la comprensión triunfaron sobre los principios y tomó la llave y uno de los diarios. pero nunca había producido el milagro de esta vez. y a los residentes de clase y a los extranjeros les respondía el saludo. en secreto. El antiguo pelo rubio se le había vuelto blanco y. como una mujer superior a la clásica. Se movía y se vestía con la elegancia de una joven formal. los mismos doctores le decían doctora. Sus elogios le dilataban los oídos. a ella le satisfacía el halago de las miradas denunciadas por la iglesia y las feministas como agresoras de la dignidad de la mujer. El se llenó de melancolía. A causa de los pordioseros. quien la había detenido en la entrada. La calle se alteraba a su paso y. Desde hacía 33 años vivía sola. Ella brillaba en las multitudes. El se encontraba allí dejándole al Consejo de Administración un documento en el que detallaba el método eficaz con que los afectados venían perdiendo todo intento de queja.201 comenzó a seguir a Octavio con la correa en el hocico. la primera semana de la construcción.

Y una vez firmaba el contrato y recibía las llaves veía el apartamento como nuevo y se animaba y terminaba cambiando todo lo que había visto. pero siempre en El Prado. vestido y usado. pero lo poseyó esa inhumana venganza que visita a los viejos y.202 El pensionado intentaba mantenerse en las coordenadas del pudor. Había perdido los mejores 80 años de la vida sin haber descubierto el estimulo a su potencial masculino y. si recordamos las motivaciones de su soltería. le recordaba al personal brindarle especial atención sino querían ser despedidos a causa de algún memorando escrito por la mano de ella. y 18 de 89. sin poder controlar lo sucedido. había dicho que cuando acabara de recorrerlos todos. ajeno a la voluntad. se moría lamentando lo poco capaz que era la naturaleza para haberle dado un esposo y. su plato favorito consistía en deleitarse no viendo un día más a ese menso e incapaz de entregar el recibo de los servicios con estilo. Las fotografías anteriores a los veinte era lo único viejo en el cofre de los recuerdos. afortunadamente sus clientes venían de décadas atrás y en los diciembres ellos sabían agradecer los poderes insondables de esas manitas y no se tornaban tacaños. se volteó hacía la escalera fingiendo ladrarle al perro que descendía feliz arrastrando a Octavio Palacios. De los 92 apartamentos de El Prado. La doctora Judy Peláez cada 30 de diciembre tomaba un nuevo apartamento con fin de cambiar las fantasías que había consentido durante el año. 59 estaban dedicados a la renta. 41 pequeños. de 48 metros. Con el correr del tiempo. el eterno Consejo de Administración entendió las razones de la exquisitez de la doctora. terminó con la mirada en los zapatos de tacón alto y de punta serena como la indiferencia sensual de la nariz deseada. en chanza. Consideró un honor entrar y salir a la sombra de ella y. A ella todavía le faltaban 26 por recorrer y un día. ahora en los últimos escalones de la breve existencia. Se le nublaron los ojos y. no es difícil deducir que ni con la muerte un hombre podía aspirar a pasar el examen con ella. cada seis meses. la agraciada entereza de un zapato se lo venía a confirmar por segunda ocasión. .

en la primera ocasión. en voz baja.203 El líder disfrutaba la resurrección de los ímpetus de la adolescencia y dinámico y vital se dirigió a Octavio Palacios. dejando atrás el tono seductor. Abel lo había puesto alerta con el memorable verso de tantos poetas tremendistas de nuestro país a la saga en todo. ––El zapato de mujer puede dar felicidad porque es el objeto elegido –le dijo y. temiendo a los baratos oídos de la vigilancia. Cuando regresó de esa aspiración mística pensó llamar a una ambulancia. pero desde que vi asomar el pie en aquella limosina me basta imaginar… Octavio lo vio señalar el zapato con la inclinación de la boca y anheló que la aridez de las pupilas le rompieran los lentes de contacto para no ver la escena en su impúdica perfección. los enlaces del líder habían descubierto algún atentado contra los vecinos imprudentes y. le dijo: –Antes tomaba viagra para amarme en solitario. –Mi admirado lector –dijo buscando llamar la atención de los demás–. casi en el oído le aclaró–: ¡Siempre está mirando el tabú que invita e impide llegar a la felicidad! Por primera vez Octavio Palacios accedió a la posibilidad de quedar con la mente en blanco. El anciano sonrió y con la ingenuidad que. ¿no me entendiste? Para Octavio. Alargó el cuello y a media voz le preguntó. todo nos llega tarde hasta la muerte. le había confesado a Alejandra Villa las ventajas que le brindaba al espíritu una tardía virilidad. El líder aprovechó la escena de empatía de la doctora y el animal e invitó a Octavio a los ascensores. La discreta pregunta le acabó de remover los sustos incubados a partir del primer destierro y quedó como la radiografía de un fantasma en exilio perpetuo. Temía ver morir al . menos en el culto a la muerte. La soltera no pudo ser indiferente a la reacción del anciano y ocultó la culpa de los zapatos llamando a Charles Chan en inglés y el perro hacía piruetas como un niño exaltado por la maestra.

por primera vez se sentía alguien en el universo y aprovechó el apoyo del encantador animal para detallarles una anécdota. pero vio el busto de la doctora Judy y sus preocupaciones pasaron del objeto de las pasiones del anciano a las virtudes seductoras de los brasieres ¡y la culpa le impidió dar otro paso! La magnífica relación que acaba de establecer el perro le permitió a los vigilantes y a la señora del aseo mirar a Octavio Palacios como si fuera un ser normal y. gracias a la inmovilidad. en ese instante. que le había inventado Gina. El perro le obedeció con todo el encanto de un genio educado en las artes de la sumisión. Se la ofreció a Octavio y él le dijo. gracias. El les preguntó la razón y como respuesta le gritaron. estaba analizando la escena e hizo poner firme a sus hombres. Charles. Se le vio un destello en los lentes de contacto. Se acomodó la corbata. un hombre cabal y de ideas. se irguió y todos concentraron la atención en sus hombros fortalecidos con la vitalidad enérgica de las hombreras del saco de botones cruzados. como si fuese a impartir una lección mil veces repetida a los atentos alumnos de la universidad que jamás lo había llamado a la entrevista y le había herido de muerte las aspiraciones de convertirse en un maestro vitalicio. pero no te la puedo recibir. con el diario en la mano y la policía lo requirió. Desde la expulsión del trabajo. y no era para menos. Miró de frente. déjala en el piso y cuida el diario. llegó el capitán. y el perro salió de la espalda del monumento del general Olaya Herrera con una flor en el hocico y. ¡junta las manos. solo. o no amas la libertad! Ya le habían puesto las esposas y él dijo. okey. . Charles Chan.204 viejo en una pose obscena y pronunciando palabras de escandaloso amor. El capitán. Se dirigió al teléfono de la portería. Un día estaba en el Parque. él pudo advertirlo.

Un perro que se sienta con tanto estilo sobre un libro. besó la bandera. a cinco niños. Sorprendido con la fluidez. violó a una imagen sagrada. el perro movió el centímetro de cola y levantó el labio de arriba y la dentadura era la sonrisa de la última estrella de la pornografía masculina. su dueño no puede ser un conspirador. El personal de servicio la observó y ella volvió a encariñar a Charles Chan y.205 –Dejen ir al civil –les ordenó–. Antes no te enjuiciaron. ¡La autoridad debe obrar con la inteligencia que impone el estatuto de seguridad! Judy Peláez desplegó los ojos azules y envolvió un ramo de pelo en la mano salpicada de puntos color miel. con un ritmo elegantemente extranjero. le prendió fuego a la rectoría e hirió de un disparo a un pájaro indiscreto. –¿Por qué? –¿No sabes lo de ejército multinacional que luchó por llevar a Irak la prosperidad? –Ni idea. –Amigo –le dijo–. el acto excepcional había sido un problema de intelectualidad. porque las editoriales sólo las leen los adictos a los libros. decapitó una flor. la coordinación de ideas y el tono. salió haciendo la V y. fue a pasar revista a la antigua escuela y le disgustó la maestra que lo había apasionado en la adolescencia y de una avanzada dio de baja a la fea. Y preocupado por nuestra prosperidad. en compañía de un perro de la vigilancia. así lo delaten los libros. se sentó a la sombra de un árbol a leer un editorial sobre la necesidad de defender la paz. el presidente quiso prevenir un acto semejante bajo los cielos patrios. el pensionado Abel Merani quiso estimular a Octavio Palacios a seguir revelando su desconocida habilidad verbal. consultó a los . a dos madres de alumnas indisciplinadas. –¡Pues gracias a uno de ellos aquí ha cambiado la ley! Hubo un silencio solemne y el pensionado continuó: –Un sobreviviente de estos valientes de la paz. tienes que escuchar noticias. de regresó. Para los investigadores. Fue noticia mundial.

¿qué dije?. el pensionado aprobaba. Yo ando solo desde hace años porque reunirnos más de dos es una evidente conspiración contra la seguridad del estado. Judy se movió en el mismo lugar y. Y en países proclives a vivir en armonía dentro del concierto de las naciones. desde luego. Ella reflexionaba. pero por qué no me entienden! –se expresó como una adolescente incomprendida. dejaba a sus habitantes entre espada y espada. El era el último que había llegado y desconocía la solvencia mental de los residentes del sector. Judy Peláez le pareció una necedad hablar de las leyes que dejaban a los ciudadanos sin opción y. Por fortuna. la falta de autoridad institucionalizada fue una vergüenza a lo largo de nuestra historia. Nada era fortuito. la globalización del verdadero Dios obliga a la justicia a prevenir los actos excepcionales. –¡Pero qué vamos a hacer! –recobrando su natural nerviosismo. –¡Adonai. . selvas y desiertos. decretó que todo solitario que lleve en la mano un libro debe ser detenido. bueno. Sus reflexiones dejaron la jurisprudencia y. como si debiera defender un punto de vista incomprendido por los múltiples corazones del hombre. dijo Octavio–. Adonai. –Ilustre lector –Merani intentó aclararle–.206 asesores de imagen y. Un hecho insólito ocurrido en una escuela repicaba en capitales. tú vives en el tiempo y confundes las pesadillas. se adelantó. profunda. soltó una máxima y el auditorio multiplicó la perplejidad. ahora. y la prudencia debía ser un privilegio del advenedizo. dijo Octavio. la llevó a otra dimensión. enseguida. removía tradiciones y cambiaba Constituciones. ustedes son inteligentes y me entienden –dijo y continúo–: La Constitución ya fue abolida y. aseo y vigilancia agrandaban los ojos y Octavio Palacios callaba. el movimiento. –Pero el hombre de la actualidad es primitivo en su afán de sobrevivir y nada más – confundido.

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La falta de ideas cohibió al pensionado y no podía establecer un enlace entre ella y ellos; y, con la cara desencajada, Octavio Palacios intentaba descifrar la máxima tan inconexa como extraña. Nadie respiraba. Judy calló y la señora del aseo y la vigilancia se tornaron sabios y le sonrieron a la doctora, y Judy Peláez comprendió: en El Prado sus silencios se celebraban y obedecían sin necesidad de explicarlos. –¡El arribismo de los miserables avergüenza la dignidad como el sol detiene el progreso! – ella volvió a exclamar. Todos recobraron el alma. Si ella podía repetir la máxima, sus palabras tenían el poder de las parábolas y debía seguir dirigiendo la charla. Sonrientes alargaban el oído y, de acuerdo su entonación, en los vidrios de la portería las imágenes revelaban el espíritu del asombro. Octavio le iba a decir, nadie lo duda, doctora, usted acaba de restablecer mi fe en Dios y la humanidad; pero el perro lo salvó de cometer una nueva imprudencia. Arrastrando la correa eludía transeúntes y autos y entre más le decían, ¡Charles, espera!, más corría en dirección al Parque y, sin decir adiós, Octavio Palacios salió con el impulso de un disparo. César pisó la correa de Charles Chan y le gritó a su canchoso, ¡calla, chito! Con los ojos del hombre que, también, va a ser arrojado del desamparo, que le sirve de casa y universo, vio a Octavio mermar la carrera. –Profe, ¿cómo estás? –le dijo y quitó el pie calzado en las necesidades de la humanidad doliente. Si Octavio Palacios hubiese conocido los sueños de Gina, se habría cambiado por César. Le miró el fértil cabello, se acarició la calva y quedó fuera de órbita. En silencio tuteó y escuchó que en el edificio le decían doctor Palacios. Volvió en sí y desplegó los ojos. En su larga trayectoria en la calle, César no había olvidado el lenguaje familiar de la infancia y conservaba

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cierto porte de hombre de ciudad y, recostado en el poste, se veía imponente. Octavio le dio dos monedas de 500 y continuó hacia el Parque. –Gracias, profe –con voz profunda, pero humillada y perseguida, le dijo el pordiosero–. ¡Por favor, salúdame a tu esposa! –concluyó.

El teléfono timbró y el oído de Octavio Palacios vio saltar los edificios . Y la percepción no podía ser distinta. Las llamadas se cortaban, se oían ondas cósmicas, entraban líneas inexistentes y las respuesta de los usuarios ya era conocida: los osados respondían, no, sí, estás equivocado. Los entendidos acudían a metáforas; los tímidos movían la cabeza como si el interlocutor lo estuviese viendo; y la mayoría no contestaba y, si la timbradera se prolongaba, se tapaban los oídos o salían del apartamento. El último mes los teléfonos de El Prado registraron el cargo fijo y, según el cuchicheo en las porterías, nadie usaba el celular. Pero la falta de comunicación reproducía el mal genio e iba estimulando la perdida de la humana dignidad. No pocos deseaban que se acabará la construcción sin importarle los derechos vulnerados y ese profundo deseo de no convertirse en presa de los promotores de la autofagia social. Mirando entre cortinas el avance esplendoroso de Park & Diversión, Octavio Palacios decidió no contestar, y quien estaba en la otra punta de la línea le era imposible no seguir insistiendo. El timbre gemía como una alarma enferma y la angustia le hizo levantar el auricular e iba a gritar la peor grosería de la historia; pero escuchó: –Profesor, qué pena, es de parte de tu esposa. Era una joven e invitaba a Octavio Palacios a la antigua sede de Crear. Octavio no pudo quitarse del oído la bocina y, escuchando las recomendaciones, sufrió un espasmo. Quedaba en el rompecabezas de clínicas privadas, cuya fama se extiende fuera de las fronteras nacionales

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debido a la perseguida especialidad de liberar a las mujeres alérgicas a los embarazos. No pocas de estas grutas multiplican las ganancias con la compraventa de bebés. Recordó la delgadez progresiva de la embarazada y tembló de pies a cabeza. –Puedes visitarla en la sala de relax 512 –ante el silencio de Octavio, la voz continuó–: no olvides, Avenida Caracas 32B–48. –¿Puedo llevar a nuestra masco? –No es ilegal la presencia de perros –comprensiva, dijo la voz–, pero las compañías, si, entonces, no. ¿Qué habría sucedido? El uso del celular en R & R estaba prohibido y pensó llamarla al fijo; pero temió prolongar la serie de imprudencias. La última llamada la había hecho meses atrás y la jefa le había dicho, perdóname, pero Su Majestad, Doña Gina, está rechazando un té y ni siquiera le pasa a dios. En la noche Octavio le describió la deferencia de la jefa y Gina empezó a sonreír, llegó a callar los motores con las carcajadas y terminó limpiándose las lágrimas. –¿No sirvió de nada las imitaciones que compramos en San Victorino? Ella miró todas las preciosidades y Octavio continuó, te llamé porque Charles se moría de la cabeza y ladraba junto al teléfono y no tuve otra opción. Gina se limpió los ojos y dijo optimismo, optimismo. Y esa misma noche grabó unas dulzuras en inglés y Octavio las ponía en la grabadora y le prestaba los audífonos a Charles Chan durante las horas en que el intenso trabajo de las máquinas lo enloquecían. Y borró la esperanza de volver a llamar a la empresa cuando Gina le describió los tormentos que le causaba el lujo en la oficina de gente exclusiva. Tomó uno de los diarios, las llaves y el afán le impidió humectar los lentes de color inteligente. El ruido lo hizo empujar la cuna al pasillo, la ubicó frente a la puerta y abrigó a Charles. Lo miró y el perrito no se distinguía de las estampas de las cobijas y, en silencio, recordó el ridículo del Shower. Nadie había aparecido en la reunión y las cobijas las había enviado el viejo amante

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de Gina por correo. A cambio de los fríos peldaños, bajó pisando brasas, le dio unas explicaciones mentirosas al vigilante y el guardián de la tranquilidad ni siquiera levantó la mirada del libro de anotaciones. En la tienda naturistas de la esquina de La Caracas con 33 se detuvo y se sintió desubicado en medio de infinitos que entraban y salían de las puertas asustadas. El reloj de la iglesia de Santa Ana dio las 12 en punto y estaba dos cuadras hacía el occidente. Al oriente, la estación de transmilenio y más allá, en la casa de estilo inglés, el hermoso Parqueadero de Marco Antonio; al sur, las Torres Azules y, al norte, una serie de clínicas y un caos de negocios. Le desagradó la gelatina de pregoneros, clientas avergonzadas y comerciantes de niños camuflados en vendedores de biblias y monjas de caridad. Se estremeció. Sin darse cuenta lo fue arrastrando la fachada inocente de la antigua sede de Crear. Se estremeció cuando en la puerta de un viejo edificio vio la placa Av. Caracas 32B–48. Después de 35 minutos logró acceder al quinto piso y los solemnes colores de salas y pasillos lo ayudaron a tranquilizar. En la recepción una joven de voz semimetálica, o semicósmica, le pidió el documento que el recepcionista le había retenido en la entrada general. Nunca se deja la cédula, le explicó. –¿Pase? –continuó el cuestionario. –Jamás he aspirado a ser chofer, o mejor sí, pero de ovni. –¿Carnet de trabajo? –En la reforma educativa y laboral fui despedido de la universidad. –¿Libreta militar? –¿El temperamento de los niños, ahora, exige experiencia militar?, ¡perdón! –reaccionó Octavio–, a mis 61 años me puede ser útil aprender la violencia legítima del estado. –Pero revelas mil. –¿Tanto he envejecido a partir de la construcción?

mientras le hablaba. tipo de sangre y le hizo poner la huella. En una cama de hadas vio a la esposa y a ningún bebé. ¡qué vergüenza con los habitantes de otros mundos! La mujer le vio el rubor y. continuó envejeciendo. y por ello no puedo afirmar si fue claro o confuso. le aplicó unas gotas en los lentes de contacto y le tomó una fotografía de cuerpo entero. resultaba lo mismo.211 –No sé porque jamás te había visto ni te veo ni te veré. Faltando cinco para la una llegó a una sala aromatizada y pulcra como el lugar de un crimen religioso después de una limpieza espiritual. Yo no soy de este mundo. en ese caso. tú no eres nada. llevas enredada la mala suerte –concluyó y. de pronto ni existes. hizo el amague de amputarles los pies. Si los chistes tropicales eran burdos a los oídos extranjeros. bajo las sábanas. –No sé qué ha ocurrido –Gina empezó a explicarle–. Octavio se empequeñeció y ella continúo: . maternal. allá. la anciana le hablaba de las ventajas de ser pacientes de Crear. –Tampoco tengo carnet de ultratumba. Mientras Octavio la miraba envejecer. la imaginó originaria de un lugar donde el tiempo corría a la velocidad de Dios. Hizo cálculos. recordó a Ana Angarita. asustado. podría vivir cien millones de años o un instante. –Si te entiendo. Tal vez estaba dormida. Un especialista de un carisma tan inmaterial vino a verme y la energía de sus movimientos me alivió. Encorvada como una coma le indicó otra puerta y lo despidió y Octavio Palacios ya no la vio y. Se van a cumplir tus bromas. El hecho cierto lo pasó de la vergüenza a las esferas de la física y la matemáticas. Recordó a Gina y sus advertencias. Cuando la vio de cincuenta años. La afirmación de la mujer revolvió la interioridad de Octavio Palacios. Le tomó los datos de vivienda. Le ordenó ubicarse de frente y. pero le entendí que mi embarazo podía ser una virtud de la psiquis –trató de no mirarlo–. sonriendo. donde vas. y un humano.

A las siete y diez sentí un dolor aquí y llamé a mi jefa y ella me dijo. nada distinto puede pensar un infantil de ese temperamento. Si el adelgazamiento era un éxito. antes del mediodía –volteó la cara hacia la pared–. sentía el cuerpo flotando en una atmósfera inmaterial. –Sí. merece otro pergamino.212 –Estudió el peso y las medidas desde el día que iniciamos el tratamiento y no le resultó nada distinto una obesidad normal. el mundo es vuestro y todos los infinitos! El embarazo para él era una debilidad que me impedía dar el máximo en el trabajo y. ella triunfaría y él fracasaría. Esperemos a ver. ese vejete ni después de muerto dejará de ser un niño. ¿Te vas a la liposucción? En el taxi me sentía saliendo del mundo y en la Clínica pensé encontrarme en los cielos. ¡en R & R no hay nadie más importante que TU MERCED! Las contracciones me obligaron a salir y en la puerta apareció el gerente e. –¿Cuándo sales? –Mañana. inclinando hacía mí la cabeza. pero últimamente te he visto juiciosa. ¡majestad. La imaginación de Octavio voló. . tu ideología era engordar y engordar. –Fue el único. yo ni siquiera podía parpadear. el embarazo se perdería y. oh Dios. me dijo. vamos bien Gina. imagínate. –¿A tu amante? –Lógico. le dijo. desde luego. ¿no? –Sí. Me pasaron a una camilla y en seguida entré en un sueño profundo. pero no me ofendas recordándome lo sana que fui. –Y tú ¿bien? –deseando que la balanza se inclinara a su favor. antes de haberme pasado a la oficina de gente exclusiva. y se puso bravo –ella le decía en tono confidencial–. No haber tenido otro. El tampoco podía creer que fuera a tener un hijo y menos en complicidad contigo. me decía. En urgencias otras embarazadas me cedieron el turno. Ya llamé al viejo. Ahora sí nada de golosinas en la calle y cero harinas en la empresa.

toman el bebé y se lo llevaban. Pon la mente en blanco. Ya se me ocurrió el título y será Derecho al Vacío. cómo vibra música celestial en mi vientre. esos especialistas son unos enviados. Pero es en Colsanitas no lo olvides. las embarazan y. me mandará a clausurar las ventanas. los tapones no dejan pasar la música clásica mientras multiplican las profundidades del ruido. –Y vendrá a decirme. ¿para qué llevarse adultos a los mundos superiores? El encarte que se pegaron con Cristo en el más allá fue duro. es maravilloso ser atendida por la imagen de un extra –Ahora mismo voy a sacar una cita –Octavio le confesó–. les agradecen. no he podido leer media línea y menos pensar cómo voy a escribir la carta y el material que se borró aquella madrugada es imposible recuperarlo –Suspiró–. –No seas prevenido. Estoy deseosa de otro viaje a las regiones superiores. dirás. avanzado y a tiempo. son diferentes. –De todas maneras no permiten visitas largas y debo dormir –entrecerrando los ojos. Sólo entonces estaré felizmente adaptado a mi entorno. no me hicieron nada material ni me aplicaron anestesia! Tal vez en sueños la enfermera me habló de extraterrestres que eligen a mujeres especiales. ¿cómo se explica que el único afectado con la construcción seas tú? –¿No te has preguntado por qué tuviste la niña antes de los nueve meses? –Pero uno debe adaptarse. entonces nadie podría dormir durante los bombardeos –Gina decidió ubicarlo en su lugar–. cuando creen conveniente les provocaban una especie de parto. luego. –Ojalá te remitan a psicología. –Me aburre el afán de la sicóloga.213 –Mojigata. ¿no te dije que era una ilusión? –Entonces debo irme. le dijo Gina–. Los sicólogos. Pueden hacerlo entre el quinto y el . los yogas ¡ay. pero técnico. Algo parecido a lo que pasó con Cristo. como los enfermos. Y si le comentó la falta de luz natural.

214 decimocuarto mes. seguramente quieren llevar una muestra humana para averiguar por qué somos tan inocentes. La bisnieta de la vieja esperaba el primer hijo y una noche de luna llena. con una escopeta al hombro y un ave comenzó a dar vueltas y se le quitaba el sombrero. quiso sugerir sus sospechas hablando de imaginerías remotas: –Cuando nació mi hermano. un jornalero llamado Eugenio. pues ella le podía responder preguntándole acerca de las culpas en las vidas pasadas. La mente de Octavio Palacios combinaba las virtudes del médico de maneras inmateriales. o siento la ausencia de algo. los científicos puedan pasar a otra dimensión. el doce y último. Mi padre debía cuidar una construcción de tres pisos frente al Campín y el resto de la familia regresamos a Boyacá a servirles a los usurpadores de nuestras parcelas. los campesinos también la acusaban de la desaparición de los niños y decían que con el alma de ellos se alimentaba y por eso podía volar. le robaría el recién nacido. quizá con ese combustible. Y claramente la enfermera me explicó que en Bogotá los extraterrestres eligen esta sede. pero no sé si en el cuerpo o en el alma. Son flexibles. Una anciana era la partera y en las noches de luna se convertía en lechuza. las confidencias de la enfermera de mentalidad extraterrestre y las opiniones encontradas respecto al embarazo. él alma de bebés es una gran energía. Octavio Palacios le decía sin dejar de imaginar las fantasías que. como todo viejo. Octavio Palacios carecía de genio para descifrar el mensaje oculto en la maraña de ideas. No resistió y. Es un vacío interior delicioso como –Imagínate las mujeres que no tienen el privilegio de venir aquí. iba el esposo. luego. –Me posee la felicidad –Gina continuó–. Estudiaba la calma de Gina Teresa y evitaba preguntarle dónde se encontraba la niña. en poco tiempo. también fue un alumbramiento extraordinario. el . provocan las clínicas de naturaleza clandestina. que no tienen el simple seguro. en Bogotá.

vieron pasar la viga. lugar sombrío en que se escuchan sonidos desconocidos y. si ella. Aquí. a la vieja y al ave. –Los inmateriales también dejan huella y due… . en Bogotá. Dos días después un huracán se llevó el rancho y la viga más grande giraba como una hélice. algo así como en el fin del mundo. pero el girar de la viga se lo impedía. –Pero el dolor del parto es eterno e igual en todas las mujeres. –No creo –dijo Octavio–. Eugenio contó y todos juraron transmitirles a nietos y tataranietos la infamia para que. se me pareció a una versión futurista de la vieja partera –O sea que si ha evolucionado el país –Gina le interrumpió. A otras en las clínicas les desaparecen los bebés. Se salvó porque las tías lo cogieron mientras la vieja le cortaba el cordón umbilical y lo pasaron a la cocina a lavarlo en platón de agua tibia. he leído que hay partos naturales sin dolor. Los campesinos se arrodillaban a llorar y rezar.215 miedo insuperable le hizo disparar la escopeta y la lechuza empezó a chillar y a dar aletazos cada vez más bajos. jamás. separando eternamente. humano alguno pusiera los pies en esa parcela. Esa comadrona recibió a mi último hermano y mi madre gritaba y yo me puse a llorar pensando que la vieja se iba a llevar el bebé para cocinar su alma en el gran caldero. La señora bruja se fue. las mujeres marginales ni siquiera consiguen una bruja y deben dar a luz bajo puentes o en chozas de cartón. Nadie volvió a mencionar la vieja y donde existió el rancho. se ven planear naves misteriosas. a cambio de lechuzas. Al siguiente día la comadrona apareció arrastrándose en el rancho. Aún siento ese dolor. producía aullidos de muerte y algunos vecinos fueron a verla y tenía en el cuerpo las municiones. En el alto. han crecido árboles infanticidas. En una punta veían a una vieja y en otra a una lechuza y la una quería fundirse en la otra. –Ha cambiado de ropaje –le aclaró Octavio Palacios–. por eso me sorprende mi tranquilidad. y esa enfermera.

Las angustias de los pasajeros. El huracán de cornetas era un canto de sirenas y la agresividad de las multitudes lo arrullaban. pero una anciana le golpeó el hombro y le acabó de exaltar el ánimo. En los vidrios de la torre blanca de RCN se vio como el profesor que Gina inventó cuando descubrió la autoestima de cristal bruñido de los habitantes del sector. Dejó atrás la gama de desordenes y en su conciencia los remordimientos empezaron a producir un efecto inverso a su significado. en susurros. Avanzando bajo la llovizna acabó de entrar en la nebulosa de la tranquilidad. pero nadie apareció. Se quedaba quieto con fin de cederle paso a los transeúntes. El ruido de maquinas y . solo. bebés? y. le dijo. La limpieza de la ciudad superaba la pulcritud de un reflejo. Un vendedor de biblias. Anheló derramar la última lágrima. –Señor. lo acabaron de elevar. La visita ha terminado. en la Estación Profamilia. soy Universal e Intemporal y ya debo irme de este mundo. Octavio imagino el origen de la extraordinaria voz y salió de afán. ¿bebés. Sereno y puro se encontró frente a Park & Diversión. Las avenidas marchaban en cámara lenta. Escuchó una nota de piano. en un laberinto fantasmal y no comprende el misterio.216 La puerta se abrió. los vendedores ambulantes ofrecían mercaderías a señas y taxis y buses no llevaban rancheras ni vallenatos. La inercia lo llevaba a lo largo de La Trece y en la Avenida 39 el aire lo hizo girar hacia el Parque Nacional. En dirección a La Caracas se fue deslizando como aire en el aire. a Octavio le salieron alas en los pies. Los chiquillos de jardín dejaban caminar a las mamás. La llovizna hería los rostros y él levantó la cara y en la cordillera vio la escala prodigiosa del arco iris bebiendo luz de los gigantes árboles recién bañados con las lágrimas de Dios. Descendiendo la espiral de pisos y pasillos empezó a llorar con la intensidad de un niño que está. en lugar de hundirse en el pavimento.

iba recobrando las rutas de la tranquilidad. Octavio Palacios le volvió a agradecer y. si el paquete de onces no tuviera peso. ¡no jodan. ella. –No se preocupe. ¿La gorda?. sin ocultar la envidia gritó un ayudante de cocina. Llamaron al bulto de colesterol y para sobreponerse a la violencia de la construcción. y vestían prendas de calidad. a cada paso. La vergüenza brotó en el rostro del imprudente y el instinto maternal poseyó a la mujer y. En bolsas de plástico metía gaseosa. creo. pero esta vez le vio las pupilas recién bañadas tras los lentes azulosos y pensó mal de Octavio y quiso correr a terminar de empacar las onces de los obreros. a medida que se alejaba. Octavio regresó de la suprema armonía. respetuoso con la integración de lo existente e inexistente. ella habría volado como un globo de helio. como un imán. todos los hombres tenían el mismo peso y la misma estatura. En la plazoleta escuchó un coro de carcajadas en el fondo del tenderete. Sin importar el oficio. ya voy! A los pocos segundos apareció y. La sorprendente gratitud empequeñeció a la señora. mogolla y salchichón. ¡uy. enlazaba a los objetos y a las criaturas visibles e invisibles. preguntó a la señora. La buscaba para agradecerle la gentileza que había tenido la vez que había puesto el pie sobre la correa de Charles Chan. puede seguir antes que se duerma como le pasó la vez que el pulgoso siguió a la orgullosa esa. El mundo y el más allá eran una unidad cadenciosa e invulnerable. el día estaba bravo y con esa puta llovizna no se podía echar la tarde a la mierda atendiendo a maricones de hipocresías baratas. la señora rugió. se balanceaba como una paloma en convalecencia. pero como profesor de alma satisfecha era incapaz de prestarle atención a las criaturas educadas en la . mijo –cariñosa le dijo–. El respeto.217 obreros lo dejó en la cúspide de la placidez. Se dirigió al tenderete y. esa remaldita llovizna pica como dientes de bruja! Octavio la saludó. Al fin recordó el lejano episodio y se sintió culpable de haberlo despertado.

Con disimuló inclinó la mirada hacia el brillo seductor de los zapatos. Judy Peláez ajustó la cartera a la delicia de caderas. vacío. Las gafas eran de última generación y proyectaban una alegría contagiosa. escuchaba a Judy Peláez. sonriendo. Sonrió. aunque permanecía horas. Sin mirar a Octavio Palacios la señorita Judy Peláez preguntó a Charles Chan y de nuevo Octavio quedó suspendido en las alas de la felicidad. Los .218 vulgaridad. rara vez coincidía con la doctora. cambió la dirección de la mirada y la aseadora y el vigilante se pelearon por abrirle a la doctora la puerta. donde ciertos hijos pueden pagar la felicidad de no perder un segundo visitando a ancianos improductivos y caprichosos como bebés. sobre todo. atento. Venía a informarse y a informar. –Vengo de un lugar donde no permiten las compañías –contó–. Tras ella salió el hombre y la elegancia no dejaba entrever si era nacional o extranjero. en momentos difíciles de sobrellevar. En la recepción un hombre de una elegancia insólita en el sector. sino se había dejado la barba y se veía 20 años menos viejo. Le miró las manos y deseó convertirla en profesora de Charles Chan. me debe estar esperando frente a abuelito televisor. Parecía la publicidad viva de un paraíso geriátrico. Octavio Palacios sospechó que en la Clínica no le habían entregado la cédula e iba a revisar los papeles y le dio pena hojear el diario pulcro. le dijo: –Nadie me conoce. La llovizna rodaba en su cara como las sutilezas de un brasier. Judy Peláez estaba ansiosa de seguir expresando sus puntos de vista y movió las manos y Octavio recordó que ella hablaba un inglés perfecto gracias a que el tacto le había permitido aprenderlo en la piel de funcionarios de la embajada de Estados Unidos y Ecopetrol. visitaba El Prado y. Desde aquella magistral erección. El hombre volteó la cara y. Era Abel Merani y Octavio Palacios seguía estupefacto. mañana y tarde. pues el pensionado no sólo vestía el traje monumental. El ultraje le infundía ánimo a sus músculos tensos como un año sin sal.

La fantasmal experiencia en Crear y la burla del tenderete tenían a Octavio Palacios en transito de imprudente a virtuoso y. otros. lo animó a concederle propiedades animadas a los objetos. Y terminaremos nuestra angustia y el recelo con las instituciones.219 copropietarios debían multiplicar la confianza en él. proyectó sus obsesiones en el alma de los vecinos y se le vino a la mente un recurso. –¡Pero si a nadie se le ha ocurrido patentar el sol. Miraron el cielo reducido a la mínima expresión y una rubia pasó diciendo. décadas atrás. unos. asaltaron. y. no por extemporáneo menos eficaz. ¡cómo quedó de oscuro y me regresé de Noruega buscando una gota de sol! Judy se valió de esa carencia sin importancia económica para el desarrollo y empezó a hablar con la seguridad de saberse una figura obedecida dentro y fuera de El Prado. quemaron. Pero el pensionado leyó un mensaje distinto en el semblante de Octavio. la justicia no se inclinaba en favor de la venganza y el odio. sin pizca de nervios. En silencio se preguntó si los zapatos de elevada autoestima tenían las virtudes de un talismán. y la responsabilidad de él se aproximaba al punto óptimo en la medida en que Park & Diversión llegaba a su fin. otros. esa facultad esquiva en la mayoría de las criaturas. Era un signo de confianza en la justicia colombiana y manos espirituales e inspiración divina le darían un sello de trascendencia universal. que les permitiría triunfar en la primera queja. qué puede valer! –exclamó. Ante la aprobación de aseo y vigilancia continuó describiendo la ausencia de valor del llamado astro rey. E. pues en la búsqueda eterna del equilibrio. agregó: –Es la ventaja de tener una justicia con tradición. demolieron. Pondrían la denuncia en el Palacio de Justicia que. agrandó los ojos y. –Lógico –le respondió Octavio–. Su fatua universalidad era un estorbo porque detenía el progreso e impedía . El fallo sería expedito y a favor de los edificios perjudicados. ignorando los zapatos.

ahora. adaptando a las necesidades del . Sin alterar el hilo del discurso resultó hablando de religión. en la puerta de alguna iglesia. pero apenas lo saludó. en el sentido trascendental de la palabra. y la religión le permitió mirarse a sí misma en relación con la naturaleza y el más allá. ¡perdón!. Alejandra reconoció el tono del pensionado y entendió que debía admirarle enésimas veces la barba rejuvenecedora.220 que aparecieran grandes empresas dispuestas a comercializar los sustitutos de tan vulgar energía. la sonrisa antiestética de los miserables la tenían insatisfecha y no podía seguir callando: –Cuando llegué a vivir aquí. adelantó un pie y se sintió a salvo en los ingenuos zapatos de amarrar. las dos se encontraban en la recepción. a partir de la construcción. la había decepcionado en la juventud y. ella. La admiración del perplejo auditorio la obligó a poner como ejemplo su experiencia. eran escasas si tropezaban en la calle y. en los ascensores y jamás compartían una palabra y las miradas indiscretas. El hombre. las manos de Judy habían sido las responsables de la angustia de su madre y las delicias de su padre. en la plazoleta. pero asomó Alejandra Villa y el elegante empezó a admirar la exótica falda en tu bello cuerpo de tan inmensa juventud. Alejandra se propuso no decir una palabra. Y aseveró que todavía faltaba una revolución para que hombres de inspiración divina empezarán a venderlo y comprarlo como ocurría con el agua y la tierra. eran los errores de Dios. de la una a la otra. Judy Peláez logró ocultar el recelo y. este era un sector impecable y en el apartamento que tomaré el próximo 30 de diciembre vivía la madre de monseñor Trujillo y en el siguiente la masajista. la amiguita colombiana del cónsul de los Estados Unidos. junto con el hombre para unos pocos. Las confesiones habrían alcanzado una sinceridad de consultorio. Desde entonces. según. como si el declive de la vida le hubiese dado la oportunidad para convertir el esquivo amor en persistente lujuria. 30 años atrás. pues. sintió una fortaleza de alma y continuó. El sol y el aire para todos. No se sintió entendida e ilustró sus impresiones.

pues tenía motivos de fondo para premiar a los pordioseros con la apatía. En la miseria de la tierra ya están viviendo la comodidad eterna. –Has acertado –aprobó Judy Peláez–. así resultara hablando las incoherencias que sólo puede expresar la lengua enamorada de un dormido: –Son pordioseros elitistas. cerraban los vidrios de las lanchas. Por qué no se van a dormir a otro lugar de la calle. .221 momento. –La rigidez del auditorio aumentó y ella exclamó–: cómo serían de odiosos si nacieran en pesebres y no en chozas y hospitales de misericordia. en el antiguo Trevi. –Pero los pesebres son peor que las chozas –como en un sueño. las parábolas que. dijo Octavio Palacios. pero los pordioseros comenzaron a decirme. Octavio se propuso intervenir. –No es justo –Judy Peláez siguió adelante–. No era una simple aversión. no se podían liberar del vulgar espectáculo de los habitantes de la calle y los desplazados que se disputaban el semáforo. había predicado el pastor de Adonai es Solidaridad durante el culto de la mañana. ágil y amena. entonces. continúo expresando la verdadera filosofía de la vida y de Dios. doctora. –Si se quejan los pordioseros –Judy Peláez aclaró–. el ruido de la obra no nos deja dormir. Dormida y despierta suponía que los responsables del park buscaban saber las opiniones de los vecinos y los enviaban a recoger información. Primero iba a misa al Sagrado Corazón. pero les gusta envilecer en este sector. –¡No son las bellezas que se ven en los hipercentros y en las iglesias? Exclamó la fervorosa inquilina y. ese arribismo de alma me aburre. pero como era imposible manejar con los ojos cerrados. Miró hacia el Parque y en La séptima las dos calzadas parecían relámpagos sucesivos y si las señales de transito los dejaban inmóviles. más hacia el centro. ¿cómo no nos vamos a quejar nosotros? Buscando quedar a salvo del sueño instantáneo que le producía Alejandra.

salvo el tormento. Se sentían el punto magnético del país y el cerebro de los bogotanos y. negocios e instituciones del sector y. La inquilina apretaba las manos y seguía enalteciendo la voz persuasiva de la novicia que se propone a conquistar fieles para su nueva iglesia. Todos los seres eran inquilinos de un pedazo de lugar y. arribistas y subescaladores. – Con una sonrisa aseo y vigilancia le agradecieron los elogios a la doctora–. propietarios de un vacío infinito. desde la concepción. Pero la actitud desdeñosa de Alejandra la animó a reafirmar su importancia en El Prado y. por qué. se sentían menos desgraciados defendiendo la posesión como el fuerte de la prehistoria debió defender la caverna. nada les pertenecía de la diversidad de espacios. –Y los acabó de sorprender–. Pasaban los años y las aspiraciones de cada uno quedaban supeditadas a la apariencia de lo terrenal: ricos y miserables. y. en esencia.…. vehemente y decidido. él le había confesado a Gina Teresa la imposibilidad de vivir en otro paraíso distinto al apartamento 206. Por eso me cambié a Adonai. ignoraban el agujero negro que nadie les disputaba después de la muerte ni antes de renacer. obraban con la testarudez del primer hombre. allí van fieles de plata y carecen de la arrogancia de saberse todopoderosos en el más allá. –Se dan el lujo de degradarse en la tierra porque la vida eterna es de su exclusividad. Adonai. con la inocencia del prisionero de la vanidad. O enséñales la modestia de tantos ricos que viven en el sur. hubiese querido regresar a sus 20 años cuando Alejandra era una niña y nada comprendía. ¿cuándo los han visto tomar un masaje? Los labios de Alejandra alcanzaron a sonreír y Octavio Palacios entendió el significado de la sonrisa y la doctora Judy. escondió las manitas.222 –Adonai. miró a Alejandra y. continuó: . advirtió los resultados de su equivocación. nada es una vida humana frente a la eternidad. ¿no? Octavio escuchaba e iba entendiendo por qué. cantarina.

ojalá la extraditen y la condenen a cinco cadenas de muerte y tres penas perpetuas. ¡Son antiestéticos y se odian entre sí! El elegante apartaba la mirada de los bobalicones cordones de aquellos zapatos y los detenía en los hipnotizantes reflejos de unos de tacón alto: –En el verdadero norte no hay pordioseros ni vendedores ambulantes –Judy continuaba elevando la voz–. la policía los desplazan hacia donde deben estar. el hábito de la apariencia termina. La sorprendieron vendiendo bazuco a un celador del park. El pordiosero quedó solo. Judy Peláez no entendió el mensaje enrevesado de Octavio y distorsionó el sentido de la pregunta. Ella es amiga de . Adonai. A la mujer del todopoderoso del poste se la llevaron detenida. por qué no despareces esa escoria? –¿Después serán pordioseros de la salvación? –preguntó Octavio. –¿Pordioseros de la salvación? ¿A caso otra alma puede aspirar a la eternidad? Eso es un pleonasmo. sencilla y justa. –El poder también se lo quieren apropiar los pordioseros –Judy Peláez volvió a tomar la palabra–. consiguió el perro y a toda hora vive dándole órdenes. ante el silencio intempestivo de ella. señor. eso sí sería un escarmiento eficaz –agrandó los ojos–. y en ausencia de la apariencia. Las parábolas de Judy Peláez acababan de descifrar los nudos de las religiones y Octavio Palacios enrojeció. quiso halagarla–: Pero cuando el poder termina. y sin tener a quien mandar. todos somos miserables de alma y sólo nos determina la única responsable. –El silencio fue contundente y ella trazó en el aire una línea mixta–. ¡Oh. –¿Los pordioseros pueden ser clasistas y ejercer relaciones de poder entre sí? –preguntó y.223 –Los diferentes sectores de miserables nunca se integran ni siquiera para vanagloriarse de la felicidad que tienen apartada en el más allá.

–Dividir al hombre de sí mismo y del espíri… –Siendo imparciales –la doctora levantó la voz–. –No entiendo. Octavio se restregó los ojos y feliz de saberse despierto. Vigilancia y aseo volvieron a ver a Octavio con el mismo desdeño de los primeros días. Octavio se pellizcó y comprobó que continuaba lejos de la somnolencia y. ¡los he visto desde la ventana! Mandar no termina con la muerte… –En cambio –confesó Octavio–. morir es dejarle el mundo a sus anchas –concluyó. es injusto con lo que ha hecho la buena suerte y las religiones. el presunto de la suerte ni siquiera se ofende con las flores. –Tú eres el de ese jardín –exclamó–. . –¡Salvo los que han nacido para obedecerle hasta los animales! –la masajista exclamó. atento al semblante de la doctora Judy Peláez. cómo cultivas la belleza en el esmok y la oscuridad. de verdad. a pesar de la cercanía de Alejandra. doctora. así habló: –No creo. los pordioseros sino pueden darse el lujo de ser solidarios como nuestras da –Don Palacios –le dijo la señora del aseo–. –Prodigiosas. Tienes una mano prodigiosa. sabiendo que sólo Abel Merani y la silenciosa Alejandra lo entenderían. mientras deseaba verlo volar. Charles me manda a mí.224 ese desechable y lo puede confirmar. cómo están de bonitas las maticas. dijo: –Morir no es una protesta de valientes. La doctora Judy Peláez miró hacía arriba. Gina Teresa le decía lo mismo. Octavio Palacios sintió caer los lentes de contacto.

Y los dos admiraron las reliquias precolombinas made in China y las imitaciones de los mejores pintores del mundo los obligaba a extender los comentarios. Prefiero la modestia de los ricos. pero en la puerta los pordioseros comenzaron a decirme que el ruido de la obra no los dejaba dormir. se asemejan a esos profesores que no ganan nada y se portan. En la miseria de la tierra ya están viviendo la comodidad eterna. los ricos gozan mientras están en la tierra y nada de ínfulas ulteriores y eternas. mirando de reojo. dijo Alejandra Villa. me molesta la pedante esperanza de la pobrería. claro. –No es justo –la doctora Judy seguía adelante–. despidió a los demás y. Recordaron El Guernica y La Gioconda. pero esos palurdos son soberbios porque se saben felices por una eternidad que debía pertenecerle únicamente a los naturales promotores de Dios –intuyó la admiración del entrono y continuó– . comen y ríen como si recibieran cien . –Es una naturaleza light –dijo Octavio. cómo serían de odiosos si nacieran en pesebres y no en chozas y hospitales de misericordia.225 –“No tanto como las tuyas” –sin mostrar rencor. Hicieron memorias y las cuadras y cuadras de La Cincuentaitres proyectaba el ambiente de una galaxia encantada. Primero iba a misa a Sagrado Corazón. ese arribismo de alma de los miserables me aburre. pasó al ascensor.

Dormida y despierta suponía que los responsables del park buscaban saber las opiniones de los vecinos y los enviaban a recoger información. más hacia el centro. nada les . arribistas y subescaladores. dijo Octavio Palacios. obraban con la testarudez del primer hombre. así resultara hablando las barbaridades que sólo puede elaborar la lengua de un dormido: –Son pordioseros elitistas. ¿cómo no nos vamos a quejar nosotros? Buscando quedar a salvo del sueño instantáneo que le producía Alejandra. ágil y amena. y. Se sentían el punto magnético del país y el cerebro de los bogotanos y. –¡No son las bellezas que se ven en los hipercentros y en las iglesias? Exclamó la fervorosa inquilina y. –Si se quejan los pordioseros –la doctora aclaró–. salvo el tormento. entonces. propietarios de un vacío infinito. No era una simple aversión. Pasaban los días prisioneros de la vanidad y las aspiraciones de cada uno quedaban supeditadas a la apariencia de lo evidente: ricos y miserables. Por qué no se van a dormir a otro lugar de la calle.226 loterías al día. pues tenía motivos de fondo para premiar a los pordioseros con la apatía. desde la concepción. Todos los seres eran inquilinos de un pedazo de lugar y. vehemente y decidido. se sentían menos desgraciados defendiendo la posición social como el fuerte de la prehistoria debió defender la caverna. pero les gusta dormir en este sector –marcó un círculo con la mano estirada–. en esencia. nada es una vida humana frente a la eternidad. él le había confesado a Gina Teresa la imposibilidad de vivir en otro paraíso distinto al apartamento 206. Por eso me cambié a Adonai. Octavio escuchaba e iba entendiendo por qué. Debían aprender la modestia de tantos ricos que viven en el sur. –Has acertado –aprobó la doctora–. continúo expresando la verdadera filosofía de la vida. Octavio se propuso intervenir. allí van fieles de plata y carecen de la arrogancia de saberse ricos en el más allá. ¿no? –Pero los pesebres son peor que las chozas –como en un sueño.

Ríen sin puntuación y no les interesa el buen estilo y todos los actos de esos cochinos son antiestéticos. sin darse cuenta. la doctora continuaba elevando la voz. ¿cuándo los han visto tomar un masaje? Los labios de Alejandra alcanzaron a sonreír y Octavio Palacios entendió el significado de la sonrisa y la doctora Judy Peláez escondió las manitas. Y son groseros. oh esa piel! Cuando van o . Los diferentes sectores de miserables nunca se integran ni siquiera para vanagloriarse de la felicidad que tienen apartada en el más allá. ¿cómo no van a atormentar a esa gente de clase. negocios e instituciones del sector y. Pero la actitud rencorosa de Alejandra la animó a reafirmar su importancia en El Prado y. como si tuvieran el alma inconclusa y jamás la pudieran llenar. Los de aquí critican la risa sin dientes de aquellos y aquellos critican los malos modales de los de allí y los de allí detestan la jerga de los de allá. –Los pordioseros de acá detestan a los del centro y los del centro odian a los del sur. La inquilina apretaba las manos y seguía enalteciendo la voz persuasiva de la novicia que se propone a conquistar fieles para su nueva iglesia. nada aprenden de la gente de bien. soberbios. la policía los desplazan hacia donde deben estar. cantarina. El elegante apartaba la mirada de los bobalicones cordones de aquellos zapatos y los detenía en los hipnotizantes reflejos de unos de tacón alto y. Ah. hubiese querido desaparecer.227 pertenecía de la diversidad de espacios. lo peor. les molesta vestirse bien. sucios. Y para qué reflexionar. ser decentes y bien hablados. Se dan el lujo de degradarse en la tierra porque la vida eterna es de su exclusividad. Y entre si se odian. sencilla y justa: alias la muerte. en el verdadero norte no hay pordioseros ni vendedores ambulantes. miró a Alejandra y. continuó. mientras llegaba a acogerlos –a unos antes y otros después. si el hábito de vivir en el centro de las apariencias les aliviaba la miseria del alma. en lo único que se parecen es en comer y comer. ignoraban el vacío que nadie les disputaba ni antes de nacer ni después de muertos. pero sin demasiada demora– la única responsable. Esos desechables nos produce nauseas a nosotros.

Imagínense. El pordiosero quedó solo. señor. en los semáforos se liberan del olor cerrando los vidrios de las lanchas. –¡Salvo los que han nacido para obedecerle hasta los animales! –la masajista exclamó. ¡lo he visto desde la ventana! Mandar es de la –En cambio –confesó Octavio–. Se les regala un vaso de agua. por qué no despareces esa escoria? –¿Después serán pordioseros de la salvación? –preguntó Octavio. ojalá la extraditen y la condenen a cinco cadenas de muerte y tres penas perpetuas. ella es amiga de ese desechable y lo puede confirmar. Charles me manda a mí. de su presencia nauseabunda no pueden huir. pero no se bañan enseguida la boca con agua cristal. ¡son sucios!. la regresó a su punto de vista–. a la mujer se la llevaron detenida –trazó una línea recta en el aire–. y sin ningún pudor se atreven a limosnear. la sorprendieron vendiendo bazuco a un celador del park.228 vienen de las oficinas en el centro. Las parábolas de la masajista Judy Peláez acababan de descifrar los nudos de todas las religiones y Octavio Palacios enrojeció. ¡oh. Vigilancia y aseo volvieron a ver a Octavio con el mismo desdeño de los primeros días. –En verdad los pordioseros pueden ser clasistas y unos ejercen sobre otros el poder – conciliador. pero como no pueden manejar con los ojos cerrados. en su esencia. Adonai. el que vive en el poste. consiguió un perro y a toda hora vive dándole órdenes. La doctora Judy no entendió que la pregunta se refería a la calamidad de alma de la gente que le facilitaba el trabajo a sus manitas de oro y continuó: –¿Pordioseros de la salvación? ¿A caso otra alma puede aspirar a la eternidad? Eso es un pleonasmo. se la toman de un golpe. eso sí sería un escarmiento eficaz –agrandó los ojos–. . y como no tiene a quien mandar. todos somos miserables y la única que nos reconoce es la intem –Claro. César. Pero cuando el poder termina.

es injusto con lo que ha hecho la buena suerte y las religiones. –Tú eres el de ese jardín –exclamó–. dijo Alejandra Villa. despidió a los demás y. mientras le ponía los pies en el aburrido camino del más allá. así habló: –No creo. morir es dejarle el mundo a sus anchas –concluyó. cómo cultivas la belleza en esmok y la oscuridad. Tienes una mano prodigiosa. sabiendo que sólo Abel Merani y la silenciosa Alejandra lo entenderían. mirando de reojo. atento al semblante de la doctora Judy Peláez. dijo: –Morir no es una protesta de valientes. doctora. –Dividir al hombre de sí mismo y del espíri –Siendo imparciales –la doctora levantó la voz–. La doctora Judy Peláez miró hacía arriba. el presunto de la suerte ni siquiera se ofende con las flores.229 Octavio se restregó los ojos y feliz de saberse despierto todavía a pesar de la cercanía de Alejandra. . los pordioseros sino pueden darse el lujo de ser solidarios como nuestras da –Don Palacios –le dijo la señora del aseo–. Octavio Palacios sintió caer los lentes de contacto. cómo están de bonitas las maticas. Octavio se pellizcó y comprobó que continuaba lejos de la somnolencia y. Gina Teresa le decía lo mismo. –No entiendo. –Prodigiosas. –“No tanto como las tuyas” –sin mostrar rencor. pasó al ascensor. de verdad.

¿me está insinuando que soy cómplice de alguien que ha violado todas las leyes de la humanidad? Hubo un chasquido de reflejos y la sirena dejó de delirar. Alejandra pensó en el puesto de revistas y en las construcciones majestuosas del resto del país. tomó La 39 y en voz alta ellos admiraron la fachada del gigante sitio de diversión. Park & Diversión se salvaría de la Acción de Tutela alegando los derechos del niño. de pronto la silla aparece. Consciente de jamás llegar a dicha Clínica el audaz soltó la risa y arrancó. La ambulancia hizo un retorno prohibido en La 17. Octavio se preguntó. si el hábito de vivir en las apariencias les aliviaba la miseria del alma. por . pero sin demasiada demora– la única responsable. Las señales desaparecieron y la ambulancia se negó a detenerse en el paradero de Profamilia y siguió hacia el occidente como si la Calle 34 fuera de ella. Si te limitas a mencionar una silla. Pasó en rojo los semáforos de La Trece con 39. evocas un concepto vago. El colectivo hizo un giro prohibido. A pie habrían llegado. La sirena le ayudó a tomar la ciclovía. En la esquina sur del conglomerado de Ecopetrol. pero apareció un colectivo e incrédulos le preguntaron si iba prestando servicio y el conductor asintió. sencilla y justa: alias la muerte Coleridge: "La literatura exige la voluntaria suspensión de la incredulidad". Abel y Alejandra se habían ubicado en la misma silla.230 Y para qué reflexionar. La rapidez les redujo el tiempo y les amplió la imaginación y dos cuadras más allá de La Caracas violó otra vez las normas y. mientras llegaba a acogerlos –a unos antes y otros después. asustado. en el paradero los usuarios le hicieron el pare y el conductor quitó los avisos. Naipaul: "Escribir es como practicar la prestidigitación. Hubo un trancón y activó la sirena de una ambulancia y los demás automotores trataban de abrirle paso. giró en la iglesia de Santa Ana y. avanzó hacia el sur. siguió hacia el sur. se vuelve visible". aumentó la velocidad y en La 36 bajó de nuevo a la calle. Si la hija de Octavio no aparecía. Si dices que está manchada de azafrán.

intimidan a los rivales y alertan a los otros sobre peligros inminentes. Los tres se bajaron y un taxi se ofreció a recogerlos y. Con esta técnica pretenden entender el comportamiento el comportamiento de estos seres vivos. q Investigadores usan animales electrónicos para observar animales de carne y hueso en su ambiente natural y no en laboratorios. La ardilla.231 La 33. regresó a La Caracas. no de bellotas. cómo se cortejan. . en la mitad de las Clínicas camufladas en tiendas naturistas. Rocky ayude a descifrar las formas que tienen esos animales de comunicarse. sus códigos sociales y su instinto de supervivencia. Esos estudios pueden ayudar a comprender cómo funcionan los animales en grupo. al reconocer al taxista. Era un día de primavera ordinario en el Hampshire College. hizo una advertencia y espantó a otra que se acercaba a una comida no muy distante. como un personaje de una tira cómica. Sarah Partan. Rocky es uno de numerosos animales electrónicos que usan los investigadores para observar animales en su ambiente natural. llamada "Rocky". La ardilla. Sin frenar de un todo. controlado por investigadores que lo manejan a varios metros de distancia usando una computadora y binoculares. abrió la puerta. profesora adjunta de comportamiento animal. es un animal electrónico que se abre camino entre un grupo de roedores. con su piel grisácea y su cola bamboleándose de un lado para el otro. espera que al poder observar tan de cerca a las ardillas en su ambiente natural. no en laboratorios. excepto que el roedor que alejó al otro se alimenta de amperios.

donde no pueden ser detectadas. Partan y sus estudiantes fabricaron a Rocky hace algunos años. gestos y señales de otros que nosotros no percibimos". El uso de animales electrónicos para infiltrar grupos de animales reales es tan nuevo que pocas compañías producen esos aparatos o los venden a los científicos. "Tanto animales como seres humanos son afectados por comportamientos. Las investigaciones pueden ayudar a explicar comportamientos instintivos similares en los humanos. expresó Partan. La profesora está mejorando constantemente las capacidades del animal. pequeños motores y otros materiales. por ejemplo. Muchos científicos simplemente modifican animales de juguete o arman ellos mismos sus aparatos. cuando enseñaba en la Universidad del Sur de la Florida. incorporando nueva tecnología. usando pieles falsas. .232 En Indiana. En California. una diminuta cámara de video instalada en una gallina falsa filma el comportamiento de otros animales mientras es cortejada por machos inusualmente promiscuos. como hicieron Partan y sus alumnos. según los científicos. Cucarachas falsas bañadas en feromonas (sustancias que atraen a miembros del otro sexo de la misma especie) intentan sacar a otras cucarachas de su refugio en la oscuridad. una lagartija falsa tiene actitudes machistas mediante las cuales los investigadores evalúan cómo intimidan a otros animales y cómo hacen para atraer a otras lagartijas.

adquiridos en una biblioteca con sonidos de animales de la Universidad de Cornell. Diminutos parlantes emiten sonidos grabados por Partan.233 Los movimientos de Rocky son controlados por programas de computadoras básicos. Si bien el comportamiento animal es estudiado desde hace años. todavía hay muchas cosas que no se saben sobre sus reacciones instintivas. y Andrew Fulmer. de 20 años. "Suspendió la búsqueda de comida para ponerse en estado de alerta". Sonidos muy similares pueden tener mensajes diametralmente opuestos y mientras uno puede . "Queremos que respondan al comportamiento del animal electrónico". suspendiendo la búsqueda de comida para ver si había alguna amenaza. La hicieron emitir una serie de sonidos grabados. las otras ardillas respondieron sacudiendo sus propias colas. Una de las cosas que se trata de determinar es si las ardillas responden más a los sonidos. En los experimentos más exitosos. Maya Gounard. declaró Partan. de 19. que alertan a otras ardillas de ciertos peligros. trepándose a un árbol o haciendo otras cosas que revelaban que había comprendido la señal de que enfrentaban un peligro. apuntando hacia una ardilla que se detuvo abruptamente y comenzó a observar a su alrededor tras escuchar un chillido de Rocky. los movimientos de Rocky o a una combinación de ambos. Partan y dos estudiantes. sacaron a Rocky y la colocaron entre varias ardillas verdaderas. acompañados por movimientos de la cola. dijo la profesora. En una tarde reciente.

"Ya sea con ardillas en el bosque o con seres humanos en un centro comercial. donde se puede controlar el medio ambiente pero difícilmente se logre hacer reaccionar tanto a un animal". "Desde hace años se discute qué es más relevante. una lagartija electrónica fabricada por la investigadora de la Universidad de Indiana Emilia Martins hace movimientos que generan respuestas de los animales verdaderos. si hacer investigaciones en el terreno natural de los animales o en laboratorios. amenazados o excitados. hay ciertos principios de comportamiento básicos en todas las especies". los reales se sienten provocados. Investigadores de la Universidad Libre de Bruselas descubrieron que cucarachas falsas rociadas con feromonas eran tan aceptadas por los animales reales que estos últimos estaban dispuestos a salir de la oscuridad para ir con ellas. Dependiendo del comportamiento del animal falso. "La posibilidad de disponer de estos aparatos en el terreno natural del animal lleva las investigaciones a otro nivel". el otro puede ser un insulto. expresó Greg Demas. señaló Demas. incluso a su imaginación . esquiva. En otros experimentos.234 ser un elogio. profesor asociado de biología en la Universidad de Indiana.

235 ¡en la piel ajena tan insondables eran las suaves manos de Judy Peláez! El paraíso del imprudente (se pasan imprime 080507) El vuelo del imprudente la levedad / oscuridad / fuga / inmovilidad / moviles EL VUELO DEL Víctor López Rache El brasier (Viene peq 080411) .

Hizo un gesto de desagrado y pisó duro el mármol. Hicieron cuentas y la oferta les resultaba cara. En un espejo del fondo vio a su imagen cubriendo a tres mujeres y decidió apurar el tratamiento en la Clínica Crear. leyeron avisos. Era un centro nada esencial e incluso tenía en el primer piso un Carrefour semejante a los demás Carrefour de Bogotá. pero normales. La timidez no se debía imponer a los ideales y eligieron visitar el Santafé. Llegaron al siguiente nivel y el optimismo apenas les alcanzó para entrar en dos almacenes que descontaban hasta el 50 por ciento. ojearon precios y en las distintas vitrinas exhibían lo mismo de Chapinero. Miraba la entrada del Santafé y los autos eran nuevos. Escalaron pisos. A pesar de las afrentas silenciosas padecidas en Santa Bárbara. Eran tres porque las cabezas enmarcadas en hermosas cabelleras superaban la de ella. iban optimistas. La esquina derecha del cuarto piso estaba vacía y Gina se pudo expresar. Se sentían más que lso intrusos. Gina adelgazaba el paso y trataba de adivinar las reacciones sucedidas a sus espaldas. tal vez por los impuestos. Buscaron la manera de pagar un solo transporte. un poco más caro. recorrieron pasillos. Los dependientes se acomodaban a la mañana y. . ellos paseaban serenos. sino existiesen miradas indiscretas. En San Andresito había un almacén de 8 niveles y el mármol del piso era más fino y sonoro y el Parqueadero estaba en la terraza y no en sótanos tenebrosos.236 Las vitrinas proyectaban una imagen distorsionada de sus cuerpos.

antes que seguir manteniendo el estatus haciendo masajes. a adultos mayores. Comenzaron a caminar en sentido occidente y l La 53 era la suprema galería de las imitaciones. – ¿Todas esas vanidades serán el Dios Mugre? ¡No más. mendigo –Sólo un profesor visionario puede inventarse un Dios. A las cinco de la tarde estaban de regreso.. deja ese maldito Dios! –Pero todo es basura y debe tener su Dios. pero no lo vi y hace años leí que había un monumento al Dios Mugre. . he visto el Dios Mugre. en especial. Les costó trabajo abrir la puerta y el apartamento exhaló un olor a encierro poco fino.237 –¿En Transmilenio hay descuento para la tercera edad? De milagro tomaron un articulado directo y se bajaron en la estación de La Caracas con 53. . .

tu verdad. quiero tu sinceridad. profesionales y albañiles. venía a convertir al esposo en un escritor de intrigas. voluptuosa joven dejaba impresa una imagen que resultaba imposible no recordarla como una sonrisa en el centro del desastre y la soberbia.238 no podía olvidar el embarazo psicológico se apoderaba de las regiones inéditas de su imaginación La amalgama de burócratas. en el clímax amargo de la construcción. Pues hay mucho artistas que prefieren condenar su obra a muerte con el elogio de los aduladores. que salvarla con las revelaciones de la crítica. .

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