¿Sinchi o Sincha?

Miercoles, 27 de agosto de 2003 | 12:00 am

Por JAVIER DIEZ CANSECO (*).El despacho era grande, muy grande. Tenía, en un recodo, un escritorio -de significativas proporciones- que ocupaba el ministro, al frente, una larga mesa de reuniones a cierta distancia, y a la derecha de la puerta, unos muebles de cuero que asemejaban una salita. Georgina Gamboa, con menos de 18 años, nunca había entrado al despacho de un ministro. Tampoco había estado antes en Lima, ni en el Congreso, ni había subido a un ascensor. Sí había conocido la cárcel, por varios meses, y antes, la improvisada dependencia policial -ubicada en el Municipio Provincial de Vilcashuamán- a donde la llevaron detenida, junto a su mamá mientras quedaron solos en la choza sus hermanos menores. Los policías se las llevaron al no encontrar a su padre, que era a quien en realidad buscaban.

Esa noche, en el municipio, madre e hija fueron violadas por no menos de 9 efectivos de los denominados Sinchis, destacamentos antisubversivos de la Policía. Ambas quedaron embarazadas y siguieron presas. Georgina salió libre luego de varios meses. Y vino a Lima, con avanzada preñez. Cuando llegó a mi oficina escuché atentamente su doloroso relato y conversamos sobre las alternativas, incluyendo la posibilidad de entregar a la criatura por nacer en adopción. Pero había que resolver la atención del parto y para ello me propuso el diputado ayacuchano César Galindo Moreano (AP) ir a buscar al ministro del Interior a efectos de hacerle la denuncia y reclamar la atención. Con él y Georgina fuimos al ministerio. En el despacho, el ministro -un oficial general en retiro de las FFAA- escuchó atentamente nuestro relato, sentados en un extremo de la larga mesa. Ella lo miraba en silencio. Al terminar, el ministro se volteó y, sonriente, le espetó: "Dime, hija, ¿qué nombre le vas a poner a tu hijo? Si es hombre le pondrás Sinche y si es mujer, ¿Sincha?". Imposible explicar en palabras la sensación de indignación, vergüenza y dolor que este incidente nos produjo.

Baste decir que abandonamos la sala después de colocar a la referida autoridad en su lugar. Georgina dio a luz. Su hija se llama Rebeca, no Sincha. Fue criada con amor y no con odio. Creció junto a su madre, que no la entregó en adopción, y lloró a su lado cuando ella presentó su testimonio en una Audiencia Pública de la CVR. Sus 22 años son un monumento a un pueblo que ha resistido al racismo, desprecio y a la indiferencia. Un pueblo de un gran corazón que tiene derecho a conocer la verdad, por encima de la campaña de quienes predican por la impunidad "en resguardo a la moral de nuestras fuerzas del orden". Muchos esperan el cuerpo de sus seres queridos desaparecidos, otros demandan se haga justicia a quienes impusieron el terror de uno y otro bando. Algunos simplemente se preguntan quién fue su padre y viven con la fuerza de saber que su madre los sacó adelante por encima del dolor, de la vergüenza y de la violencia, que no pudieron doblegar el amor y la reconciliación con la vida. Este es el gran reto de verdad, justicia y paz que puede contribuir a construir la Comisión de la Verdad desde este 28 de agosto. (*) Congresista del Partido Democrático Descentralista.

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