WICIONES ORBE

RICARDO

BOIZAED

En la
ma

joven generación periodística, la plu
se

de Ricardo Boizard

distingue y cautiva

por la vibración de su estilo nervioso y conci
so.

Los temas
su

políticos le

han

apasionado

des

de

primera Juventud. Hace muchos años pu
un

blicó

folleto intitulado "Hacia el
una

ideal po
era

lítico de
un

juventud". Aquel libro
medio del combale
y

como una

llamado

en

cívico:

exposición sincera
que, más

honrada de los propósitos
la formación de la

tarde, inspirarían

Falance NacinaL Boizard ha sido, puede decir
se,

el precursor

ideológico
el

de aquel movimien escritor

to. Años
prensas
so
ma

después,
su

joven

dio

a

las

segunda obra,

"El dramático proce

de

Anabalón".

Admirable

síntesis,

en

for

de humano alegato, de todas las inciden
a

cias

que

dio origen el desaparecimiento

del

malogrado profesor de Valparaíso. La obra de Boizard, fulgurante de argumentos irrebatibles,

obligó

a

las autoridades
es

a

reabrir el proceso.

Su tercer libro
to y de la

"Voces de la calle, del pulpi
de figuras contem

política", galería

poránea^ conjunto de

siluetas de
y

parlamenta

rlos, agitadores callejeros
que

oradores sagrados,
reservas

la crítica
y

aplaudió

sin

por

el di
poco

bujo exacto

bello de los caracteres. En
se

tiempo, aquella obra

agotaba completamen-

librería

<^sj
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ES

PROPIEDAD:

■DITOftiAL

"OBBE",
LAB AUTORHB

SOCIEDAD

COMERCIAL CHtLBNA, NO SH
IDEAS

OPINIONES,
DB J,09

O

TBORlAI

QUB

MAlil-

LIBROS

QUB SDIXA.

RICARDO

BOIZARD

HISTORIA

DE

UNA DERROTA
(25
DE

OCTUBRE

DE

1938)

.* CHILE

r-

EDITORIAL

''ORBE"

Santiago

de

Chile

1941

A D

o n

RAFAEL LUIS GUMUCIO,
CON

IRREDUCTIBLE ADHESIÓN

PROLOGO

Las
escritas

páginas

que van

a

continuación han sido
e

para gentes más

amplias

imparciales

que

las que, con ciertas excepciones, actúan en la po lítica diaria. Tienen un objetivo preciso y es apar tar cada día más a esas gentes del encasillamiento pueril, presentando ante sus ojos, lo más humana mente posible, las debilidades y contradicciones de una época condenada a muerte, al mismo tiempo que abriendo para el porvenir una brecha de en tendimiento. Si un grupo de hombres no se propone des pertar en las almas la repugnancia por lo actual y modelar, aunque sea imperfectamente, la prime ra célula del mañana, continuarán nuestras masas, engañadas por el espejismo, tras de caudillos ines crupulosos y pintorescos, que por comodidad es piritual siguen y siguen ensayando unos métodos
que
es

producen aplausos, pero no realidades. Aquí se vera, por ejemplo, hasta qué punto

no

verdad que las derechas y las izquierdas, al tra vés de sus dirigentes y aun de sus programas, ten
gan la

diferencia

que aparentan y por la cual

pre-

tenden los politiqueros que los hombres continúen despedazándose. En general, unas y otras perma necen bregando en el mismo estrecho riachuelo del capitalismo liberal y si a veces se apartan y parecen distanciarse, no es porque vayan al mar de las solu ciones totales y humanas, sino porque simplemente el accidente separó dos brazos del mismo río para unirlos después. Izquierdas y derechas son, en el fondo, la con jugación de un mismo verbo inhumano y brutal.
se trata de dominar y destruir a la parte contraria. Los unos van desde el individua lismo egolátrico hasta el fascismo asesino. Los otros cultivan la anarquía y se estrellan con la dictadura de clases. Una palabra de comprensión y cordia lidad, una cosa que enlace los dos bandos y que recuerde que por encima del problema de las ideas está el problema de los hombres, y que más alto que morder, es amar, eso resulta casi una blasfe mia en el estadio abominable de nuestras luchas.

Por ambos lados

Una

cosa

sí.
se

Hasta ahora los que

sienten

semejante festín,

que
un

es

el verdadero

repelidos por festín de los

antropófagos

en

ojos a la realidad y nitiva inacción. El apoliticismo es la expresión mo derna de tal estado de ánimo. Este libro pretende poner armas en las manos de los apolíticos, y decirles que ante el imperativo fatal de la destrucción, hay que darse a la
pero no para lanzar a unos grupos contra otros por motivos fútiles, sino para terminar por ahora
tarea,

mundo civilizado, cierran los se entregan a la simple y defi

con

a la los dirigentes de todos, cuya ambtción es postre el signo verdadero de nuestras reyertas. es que Podrá este libro ser iconoclasta. Pero han destruido tantas cosas ya los ídolos modernos so sagradas de la civilización, han puesto sus pies bre tantas creaciones del viejo humanismo, que destruir esos ídolos no resulta ser iconoclasta, sino convertirse en una espe que resulta precisamente

cie de gigantesco albañil que vaya destruyendo los adornos barrocos de la cultura y deje a la vista del porvenir la desnuda armazón de piedra. Lean, pues, estas páginas las almas llenas de

pesimismo y amargor. Léanlas aquellos a quienes ningún bando, ninguna combinación, ningún par tido logró dar respuesta a sus urgentes inquietudes

espirituales.
No encontrarán
tura

aquí la solución

ni la estruc

jurídica de lo que va a venir, porque antes que los huesos está la carne y antes que la carne, la
sangre, y más allá todavía la vida
con sus oscuras

.

posibilidades.
Solamente díganse en silencio, después de ha ber meditado con profundidad y después de ha berse levantado desde estos hechos superficiales aun
que

trágicos

a

las últimas consideraciones genera

que la verdadera misión del hombre de actuar y de optar por un camino,

les,

joven,

antes

es- abrirse la herida del pesimismo, no para estallar en los sollo zos románticos de Musset, sino para inyectar en su

sangre la vitamina del

porvenir.

21

DE

MAYO

DE

1938

En las postrimerías del Gobierno de Alessandri' había ocurrido un fenómeno singular en lo que se refiere a las derechas. Los personajes que con mayor crudeza se oponían en 1933 al apoyo del gobierno constitucional; los que mantenían vivo el rencor del año 20; los que con tardío doctrinar i sino habían levantado la candidatura conservadora de Rodrí guez de la Sotta para cerrar una puerta al enten dimiento civilista, estaban hoy situados junto a Alessandri en un plano de franca incondicionalidad. Ni las peligrosas intemperancias del Primer Mandatario con sus enemigos; ni los prudentes con sejos de los espíritus imparciales; ni los plebiscitos electorales que acusaban un franco descontento en ej país; nada lograba mitigar su adhesión. Los veremos votando en el Parlamento inicia tivas que jamás hubieran permitido en otras horas;

los
de
mo

veremos
sana

quebrantando sus más puros conceptos administración; los veremos danzando co polichinelas en la cuerda inflacionista tendida

12

Ricardo Boizard

por

Ross; los

veremos

defendiendo apaleos
una

y deten

ciones arbitrarias.

En

palabra, el

que

hubiese

mirado los acontecimientos desde un plano en que se borrara el accidente de las denominaciones par tidistas, hubiese creído que los hombres modestos que el año 20 aplaudían a Alessandri en sus dema sías, tomaban hoy careta de aristócratas para hacer

lo mismo.
es

La única diferencia

entre

ayer y

hoy

que los aplausos que partían ayer de los subur bios y de las organizaciones obreras, venían hoy de los salones y del Club de la Unión. Los que mirábamos con espíritu de justicia y de verdad aquellos lamentables acontecimientos comprendíamos que la gran potencialidad de Ales sandri para gobernar al país iba a ser de nuevo des virtuada por las camarillas serviles. Naturalmente, un hombre que gobierna con todos los hilos en su mano no es capaz de percibir las reacciones profundas que sus actos van crean do. Dentro de su limitada posibilidad, con sólo mandar tiene bastante y son los hombres que le rodean y son los partidos que le apoyan los llama dos a mostrarle el verdadero aspecto de la opinión
en torno

suyo.

Si los dirigentes de la derecha hubieran tenido sensibilidad para captar las reacciones nacionales y el valor suficiente como para hacerlas presente al Primer Mandatario, éste habría meditado con se guridad. No se habría sentido dueño absoluto de la situación y las crisis políticas las habría afron-

Historia

de una

Derrota

1$

tado,

no

nes, sino
cursos

dando rienda suelta a sus instintivas pasio extrayendo de su singular talento esos re que sólo él sabía crear cuando lo estrecha

ban las circunstancias.
En lugar de aconsejarlo, sin embargo, lo alen taban. En lugar de detenerlo, lo aplaudían. Y cuando sus actos vejatorios llegaban al tapete de las discusiones parlamentarias, ellos, que no habían tenido valor para recomendarle cordura al Presi dente, pretendían exigirle serenidad a la oposición.

No nos olvidaremos fácilmente de la primera manifestación incontrolada de que dio pruebas el

Gobierno y que es, pudiéramos decir, el punto de partida en el plano inclinado que siguió después.
Nos referimos al 21 de Era
un mara

Mayo de 1938. día lluvioso. Cuando llegué a la Cá asistir a la para inauguración del período or dinario de sesiones, encontré una atmósfera extra ña. AÍ entrar al hall de los diputados, Carlos Muller y Gabriel González me abordan con las si
guientes palabras: Justiniano Sotomayor y Fernando Maira han sido apaleados por la policía. Sigo adelante, hacia el Salón de Honor y veo venir a Jorge González von Marees con el rostro pálido. Detrás de él, los periodistas y numerosos

diputados de izquierda.

14

Ricardo Boizard

Como era de esperar, había sido éste el inicia dor de los incidentes. Su actitud, desde los primeros días del Gobier
no
nos

Constitucional,

encaminada

a

producir

trastor

para cosechar a río revuelto, no había tenido hasta entonces un relieve que la hiciera temible, La ciudadanía miraba en sus arrebatos un comple
mento

de la

propaganda ibañista

y nadie

aceptaba

volver a los días de la Dictadura. Fué necesaria la exacerbación de las pasiones y la prepotencia del
rossísmo
con sus

arrogantes

exigencias

para que el

caudillo nacista encajara en la corriente de la opo sición y fuera utilizado por ésta como uno de sus
más eficaces instrumentos.

Jorge González era un aporte inestimable pa izquierda ante la emergencia del rossísmo. Su ligereza para acusar al enemigo, su claro talento, su valerosa decisión y al mismo tiempo, una página limpia como no la tenían muchos de los caudillos populares, iban haciéndolo crecer en la misma me
ra

la

dida en que crecía también la furia incontrolada del Primer Mandatario. Días antes de la apertura del Congreso, los di rigentes de izquierda solicitaron del Presidente una audiencia para tratar sobre garantías electorales a

favor de su candidato presidencial. Alessandri no quiso recibir a los que llamara "banda de gitanos"
en ron

un

discurso reciente.
como

Naturalmente,

se

sintie
pres

éstos irritados y

desgraciadamente

para

su

tigio, reaccionaron

banda de gitanos. El día

Historia

de una

Derrota

15

de la apertura del Congreso almorzaron juntos, be bieron más de lo necesario y resolvieron asistir a la sesión inaugural para retirarse después violenta mente a la llegada del Presidente. Por muy vandálico que parezca este procedi miento, que incuestionablemente desprestigia al país ante la representación diplomática, no se crea,
sin embargo, que se quiso adoptar por el solo efecto de la bebida. Era, como todas las cosas de los se dicentes izquierdistas, una idea copiada de las de rechas. En efecto. Los parlamentarios derechistas de 1924 pretendieron hacer lo mismo frente a Ales sandri. No se atrevieron en aquella ocasión, pero su iniciativa siguió rodando, y lo que la banda ele
gante de gitanos no pudo hacer por buen gusto o cobardía, lo hizo catorce años después la otra ban da, la de los gitanos metidos a gente. Como quiera que sea, ese día llegaron los iz quierdistas con la consigna de retirarse. Venían alegres y vaUentes. Tomaron asiento en los viejos sillones de cuero del Salón de Honor, Los diplo
. .

máticos les miraban
punto,
con

con

curiosidad y hasta cierto

prudencia. Había tanta distancia entre sus brillantes casacas o engominadas pecheras y esos diputados del pueblo, como la que pudiera haber hoy entre lo que esos dirigentes son y lo que
fueron.

Llegó Alessandri,
dar lectura
a su

acaso por la vigésima vez, a mensaje. Venía detrás Salas Ro-

16

Ricardo Boizard

su Ministro del Interior. Lo recibió como Pre sidente del Senado don Miguel Cruchaga, su ex Mi nistro de Relaciones. Las galerías tributaron un

mo,

aplauso

seco,

aplauso

de ajenies de

investigaciones.

Todos tomaron asiento y Gabriel González pi dió inusitadamente la palabra. Don Miguel, con su casi benevolencia continental, miró paternal mente al jefe de la izquierda, pero no le dio la pa labra. En ese momento, los diputados de oposición, acompañados de los nacistas, que por primera vez se hacían solidarios de la democracia, como una pro testa y de acuerdo con resoluciones previas, comen zaron a abandonar la sala.
No fué éste, sin embargo, un acto silencioso prudente. Durante el éxodo de la representación izquierdista se produjeron choques y recriminacio nes recíprocas entre parlamentarios de ambos ban dos. Se culpaban los unos a los otros, y natural mente, el más sereno no era, sin duda, el jefe nay

cista.
De la investigación posterior nunca fluyó la verdad, pero es el hecho que alguien insultó, empujó pegó quizás al señor González von Marees, y éste, en un momento, premeditado o no, de indignación, disparó un tiro de su revolver.
o

Un tiro en ese ambiente de sobresaltos y de amenazas produjo el efecto de una bomba en ciu dad abierta. El General Amagada, que se encon traba cerca de González, le arrebató el arma y lo detuvo. Alguien lo lanzó al suelo. Una masa irri-

historia de una derrota

í7

tada lo pisoteó con crueldad y para evitar el cuasilinchámiento de su detestable enemigo, el brazo fuerte de Eduardo Alessandri intervino. Apartó a los agresores, puso una barrera entre el público y su víctima, y condujo noblemente a González a un
sitio seguro.
Mientras
esto

quierdistas
cados de
a un

que ya

terrible

sucedía, los parlamentarios iz llegaban al pórtico se vieron abo pugilato con la policía. En ese
no

momento, que naturalmente

fué de serenidad ni

plena conciencia para nadie, unos agentes de in vestigaciones o carabineros detuvieron al diputado radical Justiniano Sotomayor. ¿Por qué lo detuvieron? Quien conozca la ve hemencia de Sotomayor no se haría esta pregunta. Seguramente el joven precursor del frentismo, al escuchar un disparo" se dio cuenta que ya comen
zaba para él
ese

momento

histórico que anda bus

hurgar aún en los más vul gares episodios de nuestra política. Ha querido, sin duda, luchar con alguien, y el carabinero, menos histórico pero con un palo en la mano, le ha cor tado la inspiración. Ese palo y ese carabinero no habrían herido a Justiniano Sotomayor si una voluntad serena y
no cesa

cando y que

de

respetuosa hubiera estado instalada en esos días en el Ministerio del Interior. Se encontraba en el Mi

nisterio, sin embargo,

un

flemático y frío, pero de Ministro Salas Romo.

hombre aparentemente profundas pasiones: el

18

Ricardo Boizard

La consigna del Ministro a los carabineros ha bía sido ese día tener mano dura con los izquier distas. Mano dura, en un parlamentario, significa decir verdades con entereza; en un Ministro, sig nifica cumplir implacablemente la ley; en un ca

rabinero significa apalear

por

cualquier

motivo.

Los carabineros cumplieron la consigna mi nisterial. Cuando Fernando Maira vio caer a Justiniano

hizo valer la calidad

Sotomayor, increpó violentamente a sus atacantes, parlamentaria de éste, pero
nada fué eficaz. Por el contrario, su intervención significó solamente que la mano dura que aplas taba a Sotomayor se ejercitara también con el im

prudente diputado. Se le cogió violentamente,
y de
nuevo se
a

se te arrojó al suelo le levantó de allí para sacarlo del reen

¡

cinto

viva fuerza,

compañía de

su

colega.
'

fué una peregrinación vergonzosa por las calles, en medio de golpes y bofetadas, propina das violentamente por la autoridad, por la "mano dura", sin consideración a la dignidad humana ni

Aquello

a

la

dignidad parlamentaria.
Maira y

^

Sotomayor,
cosa

a

pesar de la presenta

ción de

sus

carnets,

equivocación vulgares delincuentes, y en un gesto de compasión, incomprensible en semejantes verdugos, son arroja dos más allá de la Comisaría y de la ley, casi en la
antesala del Cementerio:
en

que aparta toda idea de respecto al fuero, son tratados como

la Asistencia Pública.

Historia

de una

Derrota

19

que es tragedia, fué conducido forma de saínete por el Ministro del Interior. O sea. No se le dio ni el castigo que el delito de la autoridad imponía ni la consideración que exigen las desgracias. En una nota del Director de Carabineros di rigida a la Cámara de Diputados con motivo de la investigación de los hechos, éste informa que los diputados Maira y Sotomayor no fueron detenidos,

Todo esto,
en

después

sino

simplemente defendidos de la muchedumbre. Se imponía de lleno un razonamiento. Si la propia autoridad declaraba que no eran delincuen tes sino víctimas, ¿por qué se les condujo a la Co misaría y se dejó constancia de su detención? Es que el Gobierno pensaba en esas horas que su poder llegaba, incluso más allá de la razón y de la lógica. Los carabineros actuaban salvaguardiados por el Ministro del Interior y no les importaba explicar bien las cosas sino simplemente salir del
paso,

La única explicación aceptable hubiera sido su confesión Usa y llana de que actuaban al margen de toda ley, como instrumentos de una pasión des encadenada desde arriba, como sicarios de un amo que no golpea por sí mismo, pero que tolera, de
sea

y

ordena que

se

golpee.

20

Ricardo Boizard

colocados
no

Algunos diputados comprendimos que, aun en posición política favorable al gobier aun instigados por la derecha a guardar silen era necesario cio, investigar y sobre todo, detener al Ejecutivo en sus demasías. Cualquiera que fuese el resultado de la prepotencia gubernativa a favor de las derechas, éstas a la postre caerían envueltas, no sólo bajo el peso de los errores que deliberada mente se cometían, sino también de aquellos que la impunidad va creando, aun en contra de los pro
y

pios
y

amos.

Visité al día siguiente a nuestros colegas Maira Sotomayor. Estaban en la Asistencia Pública de la calle Chacabuco y sus alcobas parecían una

asamblea deliberante.
sumía y
sar

La fiebre todavía les

con

sus cabezas vendadas apenas dejaban pa el brillo de la indignación. Tenían sus cuerpos lacerados por los golpes.

Justiniano Sotomayor, especialmente, de naturaleza más débil, parecía estar más afectado.
Debo confesar que al salir de la Asistencia Pú blica y seguramente por la impresión recibida, no
me

di

cuenta

que

a

partir de

ese

momento, iba
tan

a

comenzar a

da,
de cia

nuestro

bifurcarse de una manera camino del de la derecha.

profun

Me fui
vencer no
a

una vez con

con la decisión inquebrantable de acabar las complacencias. Creí poder con la Derecha de que su mayor convenien era mantener a Salas Romo en el Gobierno.

Creí

poderla

convencer

aún

más,

en

la parte cris-

Historia de

una

Derrota

21

tiana que constituía el Partido Conservador, que
no

trara

sin

podíamos mirar con indiferencia el que se arras impunemente por las calles a dos adversarios, duda, pero que tenían, como nosotros, el mis mo derecho a vivir bajo el amparo de las leyes chi
las víctimas.

lenas.

Algunos diputados de la Derecha visitaron a Quedaron impresionados como yo.

Pero el fariseísmo que ya comenzaba a imponerse en ese campo, no permitió que tal impresión per

durara.
da
Los diputados que después reconocimos tien bajo la organización independiente de la Falan ge, procuramos, sin embargo, dar los pasos nece
votar

sarios para que el Partido Conservador acordara la acusación que, como era de esperar, pre

sentó la No

izquierda
nos en

contra una

Salas Romo.
cuestión

movía mi

contrario,

caso

particular,

personal. Por el mantenía yo con

el Ministro del Interior una franca y sincera amis tad. Hombre de gran talento y de claros concep tos, era un verdadero placer oírlo disertar sobre

cualquier problema.
respecto
a

Serio, cáustico, vivo, tenía
un

original y es quizás el política como un problema subjetivo de lealtad, y junto a Alessan dri no era propiamente el Ministro que se coloca
cosa

cada

punto de vista

personalísimo.
mayor de
sus

Pero

una

virtud suya

defectos.

Mira la

por encima de todas las cosas, aun de sus afectos íntimos. No. El recordaba las heridas del pasado

22

Ricardo Boizard

y trataba de
te a

y le

vengarlas. Miraba complacientemen los amigos, perseguía con tesón a los enemigos agradaba saborear, sin duda, en las tardes de ajedrez con el Presidente, esos sinsabores creados a los ibañistas y esos favores hechos desde el poder a los que antes sufrieron por la libertad.
En pocas
un no

hombre magnífico y

palabras, podríamos decir que era un agudo gobernante, pero

había logrado separar en su fuero íntimo las ten dencias del uno y las austeras obligaciones del otro. Entre los carabineros tenía gente suya; en la

Cámara, enemigos irreconciliables. Las derechas para él no eran el orden, sino su defensa en la pe lea. Las izquierdas no eran un postulado social, sino determinada persona a quien batir.
Conociendo el gran afecto que yo sentía por

él,

estimó necesario hablar

conmigo

y asi lo hizo

presente a un amigo común. Quería convencerme de lo imposible. Fuimos un día con varios dirigentes de la Fa lange a conversar con el Ministro sobre su acusa ción. Yo tenía mi decisión tomada y no me pilló

de sorpresa ni el talento ni la simpatía

con

que

nos

pretendía envolver. Pensaba

que nuestro
se nos

idealismo

era de pasta romántica y que podía llevar al error alfombrándonos el camino. Todo fué inú til, pero los muchachos que nos acompañaban, ¡ pesar de su convicción contraria a Salas Romo, sa lieron con el placer de haber conocido a un hombre

de

primera categoría.

Historia

de una

Derrota

23

Con Manuel Garretón, Manuel José Irarrázabal y Alberto Bahamondes, continuamos las gestio nes para inclinar al Partido Conservador en contra de Salas Romo. Vano intento. Algunos de los mis mos que en 1933 criticaban a los que, en defensa del

régimen constitucional, apoyaban
se

a

Alessandri,

horrorizaban ante la sola idea de lastimarlo. Sacaban a colación para defender sus errores los mismos argumentos que esgrimían ayer para des quiciar su autoridad. Una acusación contra Salas Romo socavaría el orden social, daría fuerza a las izquierdas, impondría la revolución en el país,

hoy

¡Cosa curiosa!
otros una

Cierta gente tiene

entre nos

gobernante
Hay
se

revolución entre manos para derrocar al que la perjudica y una revolución fan
asustar

tasmal para

Y aunque el de
es

al pobre diablo a quien oprime. de los buenos y un caos de los malos. unos y otros es lo mismo, nadie acuerda que el verdadero espíritu del orden no
un caos

el que

pretende imponer

en

el

poder

a

los hom

bres que lo preconizan, sino defender, el régimen que lo conserva.
Nos
mo

contra

todos,
co

parecía

en

aquel

momento, contrarios

éramos a la candidatura Ross, que defendíamos más al candidato de las derechas rectificando al

gobierno,
mente

que los mismos que

no

siempre gratuita
realidad la favor
ver

lo ensalzaban.
en

Fuera de que defendíamos

dadera concepción

portaliana
a

que el
nuestro

Portales abandonaba, existía

Partido de en el

24

Ricardo Boizard

peor de los
tra
un

casos un

motivo utilitario que,

a

falta
con

del otro, debió poner

a la derecha en guardia porvenir amenazante. Esa aceptación de la arbitrariedad y el

atro

pello, iba
vica que

a preparar los ánimos no a una lucha cí se ventilara en las urnas, sino a una re vuelta de la calle. Las cosas necesariamente se agra varían y los opositores de hoy, todavía dispersos poí

carecer
en
un

de unidad constructiva,

se

irían

juntando

solo haz para defender lo común. tiempo nos dio la razón, pero en aquellos días no teníamos sino la justicia a nuestro lado. Y la sola justicia, en esos casos, no basta.
El

escandaloso

Recuerdo yo los preliminares de nuestro voto en contra del Ministro Salas Romo. El Presidente del Partido Conservador de esos días, don Horacio Walker, estaba enfermo, pero los temores por nuestra actitud llegaron hasta su

lecho para
se

obligarlo
a

a

actuar.
casa

Nos invitó

Sus argumentos, aunque brillantes, los conocíamos difícil que una ya. No nos impresionaron. Es muy ciones legales. Se había cometido la más tremenda de las arbitrariedades que se registra en los últimos tíem-

prolongó

hasta

una larga mañana que después de las dos de la tarde. su

herida sangrante

pueda ser

enfundada

en

interpreta

Historia

de una

Derrota

25

pos. Había sido

atropellada la dignidad humana y la dignidad parlamentaria. El Ministro no sólo no pro metía castigar, sino que se asilaba en una tinteri llada siniestra que consistía en adoptar él la res ponsabilidad plena para cubrir a los delincuentes ante la Justicia y cubrir con la mayoría derechista su propia responsabilidad ante el Congreso. O sea. Se pretendía decir ante el país que arrastrar por las calles a dos parlamentarios, abo fetearlos cruelmente y en seguida detenerlos sin causa justificada, es algo que se puede hacer en un mundo civilizado y en un régimen constitucional.
Los que hace poco tiempo protestaron porque Las turbas, al salir del Congreso, bajo el Gobierno de Frente Popular, habían amenazado a dos dipu tados derechistas, deberían mirar adentro en su con

ciencia y pensar que nosotros,

en

aquella ocasión,

estábamos defendiendo en verdad, tanto a éstos que amenazó la turba como a esos otros a quienes apa leó el Gobierno.
No negaremos que la
nosotros
en

presión ejercida sobre
contra

la tarde de la votación
nos

Salas

doblegaba. Reu nidos como nos encontrábamos los diputados fa langistas en una sala del Congreso, veíamos entrar a cada momento a personas compungidas y deses peradas. ¿Es posible, nos decían, que ustedes nos quieran entregar a estos desalmados de la izquier da? ¿Es posible que pretendan socavar el régimen
Romo,

por ciertos momentos

26

Ricardo Boizard

y escandalizar al

bierno ha
Don

país haciéndolo creer que este go atropellado la ley? Miguel Cruchaga, con su bonhomía de siempre, llegó también como mensajero. Cuando
buscó la paz en el Chaco seguramente estaba me nos dudoso que en esta misión desagradable y cruel. Pelear a veces contra la izquierda es cuestión de gritar más y de obedecer a un buen gusto que
instintivamente
nos

propio
contra

punto de

guía. Pero pelear, desde su vista, contra la derecha, pelear

¡

sutiles y las palabras insinúan- 1 tes, pelear contra lo respetable y lo querido, es in dudablemente la más difícil posición para pelear. Y fué así como trascurrió toda esa tarde, al término de la cual Manuel Garretón, Manuel José Irarrázabal y yo, entramos resueltamente en la Sala los
resortes

y votamos contra Salas Romo.

El Ministro fué absuelto por

un

voto

de
y

ma

yoría.
Las
caras

que

nos

rodeaban
me

eran

ásperas
con

de

safiantes.
Yo tomé mi sombrero y ciencia tranquila, pero con una terrible escurrí

la

con

inquietud

ese día en adelante se ini Chile la lucha social, no bajo el imperio de ciaba la ley, sino simplemente de la fuerza.

por el

porvenir. Desde

en

Triunfaría,
sino

no

el que tuviera mayor

justicia,

simplemente

mayor

poder.

Historia

de una

Derrota

27

Me encontré en la puerta del Congreso con don Rafael Luis Gumucio, y el viejo leader parla mentario me dijo, mirando hacia atrás:

Esto, ya

no

existe

.

.

.

POSICIONES ELECTORALES

Contrariando a las aguas, que se desplazan a los puntos más bajos, las pasiones politicas toman altura y van buscando las figuras más altas para concentrar sus ataques. Los errores de la mayoría derechista de la Cámara caían en Alessandri; los de éste y de aquella caían en Ross. El propio Salas Romo, que con su ironía desa fiante lograba exacerbar a la izquierda más de lo necesario, no iba más allá de provocar escaramu zas boxeriles en el Congreso, cuya falta de serie dad, a la postre, se sumaba al patrimonio de Rcss. El estilo con que operaba Salas Romo no era para acumular sobre él n¡ fuertes odios ni urgen tes venganzas. Se sabía que actuaba con la noble pasión de defender el orden constitucional a todo trance. Se conocía su lealtad inquebrantable con el Presidente, y sobre todo, cuando hacía su gra cia, la gente se divertía demasiado con su fresca dialéctica como para querer borrar del escenario a
errores

tan

fecunda

personalidad. Agradaba muchísimo
a

de personas:

este hombre los fanáticos y miopes

a

dos clases

partidarios

30

Ricardo Boizard

de Ross
tro.

y

a

los

enemigos ocultos del
en

gran Minis

Los primeros creían

la eficacia de lo arbi

trario y los

segundos veían que el Gobierno mismo estaba fabricando la impopularidad de su candi
dato.

de Salas Romo
gereza

siempre una alta idea del talento no puedo creer que por pura li semejante error. Me inclino a pensar que sus planes, por lo menos en ],i subconciencia, no se dirigían al mismo punto elec toral que procuraban alcanzar sus enemigos de en
y

He tenido

,

haya

sido víctima de

tonces.

La verdad es que Salas Romo no fué nunca en el Ministerio buen amigo de Ross. Tuvo siempre diferencias con él y aun más, antes del período elec toral había sido Ross el causante de su renuncia
como

'

Ministro.
corte

La

de Ross (me refiero

a

la más inteli

gente) le miraba
que ahora
mente
no

entonces con desconfianza, y aun podía sino aplaudirle, permanente expresaba su temor de que impopularizara

al candidato. Y yo pienso: ¿no era ésta quizás, la verdadera finalidad de Salas Romo? En cierta ocasión en que los rossistas le atacaron hasta obtener su salida del

Ministerio,
Los

en

ese

tiempo

por

fútiles

razones, yo

le oí decir que

algún dia tomaría su revancha. apaleos, los empastelamientos, las órdenes

arbitrarias y excesivas para defender la candidatura de Ross, ¿no eran una revancha del más apasio-

Historia

de una

Derrota

31

nado y al mismo tiempo del más sutil de los polí ticos chilenos que yo haya conocido? El favor ex cesivo, en ciertos momentos, se convierte en el más tremendo de los sabotajes. Y esta hipótesis no sólo se justifica por la pa
sión. Puede haber intervenido también en la volun tad de Salas Romo un pensamiento que ya andaba

gestándose

en

los círculos de

entonces.

No

era

conveniente para el país ni Aguirre demagogia detrás; ni Ibáñez, con la

Cerda, con la Dictadura; ni Ross, con la Derecha. Frente a los grandes proble mas que se veían venir y a la transición de regí menes en que el mundo entraba, nadie responde ría mejor a la necesidad nacional que el propio Ales sandri. En esta forma, la agríedad de la lucha y el exacerbamiento de las pasiones podían ser fu nestos para el candidato Ross, pero facilísimos ca
minos para una reelección. La derecha podría doblegarse por temor a !a izquierda. Y la izquierda se doblegaría, sin duda,
por temor
a

Ross.

En

una

palabra:

la

especulación

del miedo.

Sea

como

quiera, sin embargo, el Ministerio
un nuevo

Salas Romo iba creando cada día
blema al candidato oficial.
era

pro

Algunos lo veían, pero ya esa candidatura no Constituía casi un hecho político solamente.

32

Ricardo Boizaed

un

fenómeno comercial.
se

Cantidades inusitadas de

dinero
tivas rías

repartían

opulentas

a los agentes electorales. Comi recorrían el país abriendo secreta

montadas casi
su

Ciertos

ban

como Oficinas de corretaje. políticos a todas luces arruinados mejora situación de la noche a la mañana y se de
a

dicaban
vender

pregonar

a

Ross

como

si

se

tratara

de

una

pomada maravillosa.
un concurso

el lema de la para candidatura y se pagaron dos premios de $ í.OOO al mejor autor: uno, el más ingenioso, y otro, al de buenas relaciones. El autor del más ingenioso lema fué el periodista Puga, ex enemigo de Ross en la Revista Tocrear

Se abrió

paze.

Fué

tan

y comercial y
aun

perfecta la organización burocrática; organizada en torno a la candidatura ¡
tantos

de Ross; tenía

mecanismos administrativo»
a

,

secretos; había tantos intereses amarrados

ninguna consideración podría ya romper la ni desquiciarla. Era un negocio, y. así como no ella,
que
se

cierran ciertas fábricas por la cesantía que pro
un nuevo

ducen, así también abandonar al candidato habría
sido
una

motivo de

Esta

misma

desocupación en el país, organización, sin embargo, era

diabólica máquina contra Ross. La gente pobre y de valer que lo hubiera apoyado no podía hacerlo en medio de una tan tremenda sinfonía de monedas. Y la gente pobre y sin pretensión lo apoyaba solamente con la condición de ser pagada.

i

Historia

de una

Derrota

33

Aun más. No
.

se monta una

máquina

tan

per

fecta para una candidatura de opinión, en que todo lo hace el entusiasmo y la colaboración espon tánea." No se organiza una fábrica para producir lentejas. Se hace todo eso cuando hay que trasformar la odiosidad en simpatía, cuando es preci so hacer un amigo del adversario: no un amigo, un servidor. De ese modo, se hizo más palpable ante el país la impopularidad de Ross. Su propios partidarios reconocían que aquella candidatura no era un cuerpo fuerte. Había que hacerlo vivir con

inyecciones.
Mucha gente experta de la derecha veía las
sas con co

nosotros ni de don Rafael Luis Gumucio, que ninguna simpatía teníamos por la candidatura Ross. Hablemos de sus partidarios. Ellos veían la dificultad de triunfar. Ellos hubie ran querido conversar de otros nombres. Hubie ran deseado buscar en algún político sereno la ecua ción de armonía que se encuentra siempre en nues tro pueblo cuando dos corrientes llegan a la exa

claridad. No hablemos de

cerbada pasión. El propio Presidente de la

las

cosas

desde

un

República miraba plano infinitamente más real que

los impetuosos rossistas. Recuerdo una tarde en que fui a verlo, tor turado como me encontraba por la intransigencia la de Derecha. Lo encontré solo en el hermoso hall

construido
HÍMTOlA,— 2

por

Ross,

como

complemento del

co-

34

Ricardo Boizard

medor familiar. Una amplia me separaba de Alessandri en
en

mesa

baja de caoba
>
'

aquella conversación que yo quise exponerle las profundas razones que me movían a separarme de su política. Le hablé de la inconveniencia de someterse a la miopía rossista. Le dije que los mismos que ayer
se

el país,
que

oponían a apoyarle por considerarle funesto para hoy le aplaudían con la sola condición de se prestara a sus propósitos. Le insinué la ne

cesidad de

poner el peso de su influencia a favor de una solución. Me escuchó tranquilamente y creo que con

simpatía. Después de

un

rato,

me

dijo:

°

fiere

Estimo que usted exagera en lo que se re- í la animadversión contra Ross. Este ha sido Es al mismo tiempo un hombre J un gran Ministro. constructivo y capaz. Sin embargo, no estoy le- 1 usted que Gustavo Ross es un como de creer jos candidato difícil. Yo he hablado mucho sobre esto. Aun más. He recomendado la candidatura de Emilio Bello. Pero Ud. comprende, la Moneda de
a

j

j
|

be

ser

imparcial.
más
en

El "no
una
vez

quiero,

no debo ni puedo" surgía allí los labios de Alessandri. Pero yo

conocía ya ef contenido de tales

palabras.
la

La Mo

neda
cosa

imparcial significaba
clara,
y
es

en

esos

momentos una

que

Alessandri, bajo

presión del
su can

rossísmo, acariciaba, sin embargo, la idea de
didato de transacción.

Historia

de una

Derrota

35

Salí con la convicción de que la Moneda nú sería capaz de destruir ya lo que a su costa se ha bía formado. La Moneda puede disolver una manifestación,
pero
no un

negocio.

Con todo esto, sin veía
con

claridad
y
a
su

El candidato

ciada

a

golpes

embargo, la izquierda no posición en la lucha. elegido en una convención ini terminada con lágrimas, lograba
su

calentar apenas
munistas por
por

los radicales, muy poco
a

a

los
y

co

reconocido anti-frentismo
los socialistas.

sólo
sin

oportunismo

Hombre

grandes odios pero con pequeños rencores; sin gran des ideales, pero con tenaces iniciativas; había es tado sirviendo a su país desde las sectas masónicas
y lo miraba todo al través de
tan oscura

y ya des

valorizada
No

cueva.

principios de sus hábitos de moderación al servicio de Alessandri, porque lo mo derado y lo democrático no eran la esencia de su personalidad. Estuvo con el uno y con el otro por
destinación masónica.
No
un creo

digamos que traicionó sus mocráticos al servicio de Ibáñez ní

yo tampoco que

con esto

haya hecho

daño exagerado al país. La masonería fué, en los viejos tiempos, una institución de lucha reli giosa. Socavó la instrucción y se quedó allí, como el ratón en la despensa, mordiendo el queso y en-

36

Ricardo Boizard

venenándonos la comida. Pero
en

llegó

un

momento'
ser

que

se

envenenó
no

a

sí misma y casi

dejó de

perjudicial.
Ahora de
socorros

pasaba de constituir
en

una

sociedad

mutuos

que

el

secreto

y la

fórmula
masones

reemplazaban al ideal. Nada hacían los en contra' de la sociedad burguesa porque

pertene

cían a ella y porque ya su comida estaba Nada propiciaban de novedoso y de fuerte

país.
cas,

A lo sumo,

intrigaban

en

cían zancadillas Con

oficiaban de celestinas en a los profanos.
un

en ella. ante el las oficinas públi el presupuesto y ha

todo, había sido el candidato de las
hombre de derecha
Se le miraba
con en

iz

quierdas
de la
co

el buen sentido

palabra.

simpatía, en el Ban

de Chile. Tomaba parte en las tertulias del Salón Colorado. Tenía terror a los comunistas y fué a la
postre
a su terror

y

no

su

simpatía

10

que le

obligó

acariciarlos.

Sin las torpezas de la Derecha, habría sido di fícil para Gabriel González y sus acólitos hacer dr este hombre un candidato popular. Lo que no había logrado, sin embargo, la vida del viejo político, lo hicieron en unas cuan tas semanas los amigos y los enemigos embozados de Ross. Fué el asalto a la Revista Topaze, fué el fué el empastelasaqueo de la Oficina de Rossetti, míento de "La Opinión", fué el apaleo de Maira aristocrática y la cuadrilla fué de Sotomayor, y propiciaba a Ross, los que inflaron
entera

repudiada

que

Historia

de una

Derrota

37

con

artificial humareda
masón.
un

a

este

hombre bueno,

ca

zurro y

Hicieron de él lo
menos,

candidato

popular,

o

por

semi-popular,

Y mientras el incorregible viajero comenzaba ya sus andanzas por los pequeños pueblos en cam paña electoral, mientras buscaba unos pocos votos en Requinoa, en Toltén, en Cochamó y Rari-Ruca,
la lluvia de
en no menos

votos que vino después se la organizaron Santiago los bravos dirigentes izquierdistas y sus

bravos colaboradores de la Derecha.

un

falangistas, en aquellos días, divorciados Derecha, celebrábamos concentra ciones para contrariar al dinero en su empecinado propósito. Y, naturalmente, viajábamos en los ca rros de tercera y podíamos oler el tufo popular y sentir sus reacciones. Todo aquel que viajaba con
Los
poco de la

Mu un canasto era Partidario de Aguirre Cerda. chachitos imberbes recorrían los carros y entona ban cantos alusivos a la contienda. El Pirata, figu raba, naturalmente, en sitio de honor en esos cantos, Pero dijimos hace un momento que la izquier da no veía con claridad su posición, porque le fal taba o parecía faltarle un elemento que, por dis tintas razones que en los tiempos de la Dictadura, comenzaba ya a ser mirado como decisivo en la con tienda. Nos referimos al Ejército,

38

Ricardo Boizard

No se trataba ya de cuartelazos ni de revo luciones armadas. El Ejército tenía un papel dis creto en la política, pero era un papel. Natural mente, sí el dinero de Ross funcionaba en las elec ciones con la complacencia de los militares, que daría desequilibrada la balanza para los izquierdista
tas, pues mientras éstos pagaran
suma
una determinada ¡ ! por el voto, Ross podía pagar el doble. Si, por el contrario, el Ejército reprimía el co hecho, las cosas cambiarían de aspecto. Se podría i votar con libertad y no habría dudas que el pueblo■] se

inclinaría libremente a favor del candidato de la oposición. Pues bien, el complemento necesario del triun fo de la izquierda era Ibáñez, no por la opinión- I

\

civil
y sin
rante

que éste

pudiera arrastrar, bastante reducida I influencia, sino por la actuación prepondeque se esperaba de los militares en la con
'
,

tienda.
Lo lógico, lo conveniente, lo natural y razopara el más corriente de los criterios favorable al pensamiento derechista hubiera si do no tocar a Ibáñez ni zaherirlo. La empresa comercial, sin embargo, sobre

nable
eos

políti-j

la cual descansaba el rossismo, no encontraba que aquella solución fuese tan conveniente para su man tenimiento como para Ross y como su punto de vista era mantener la candidatura aunque se per diera el candidato, trató de disminuir a Ibáñez pa ra destruir en él, no a un contendor, sino a una pa-

Historia

de una

Derrota

39

tanca que a la postre levantaría datura en la Derecha.

una

nueva

candí-

Ibáñez había sido sólo proclamado por los nacistas y por un grupo de sus amigos personales. Procuraba formar una organización política, pero en Chile, país netamente tradicionalista y con iner cia espiritual, es muy difícil desarraigar a los elec tores de su vieja tienda. Esa candidatura estaba destinada a fundirse en la izquierda o a precipitar a la Derecha a un cambio en su cerrada posición. Se destacaban figuras de primer orden como posibles candidatos. La Falange había presentado una quina formada por Jorge Matte, Guillermo Edvyards, Francisco Garcés Gana, Máximo Valdés Fontecilla y Pedro N. Montenegro. Cualquiera de esos nombres habría sido una desembocadura de las fuer zas de Ibáñez, y sobre todo, de lo que Ibáñez sig
nificaba. Pero se trataba, no de abrir paso a una candi datura de derechas o de realización nacional con amplios mirajes hacia el pueblo y con política cons tructiva, sino de imponer a una persona contra to dos y sobre todo. No se trataba ni de la derecha ni del pais. Se

trataba simplemente de Ross. Más adelante se verá hasta qué punto tenían consistencia nuestras posibilidades de transacción. Por ahora, sólo destacaremos que el rossismo ofi cial y aun el rossismo personalista parecían ocu pados en la labor de arrojar a Ibáñez hacia la iz-

40

Ricardo Boizard

1
i

quierda, de desprestigiarle sin objeto y de destruir todo aquello que se opusiera, no a la idea, -no a la forma espiritual de un pensamiento determinado, sino a la persona de un especulador largo tiempo alejado del país. No les interesaba, desgraciadamente, a estos hombres, ni la fisonomía política de Ross ni sus
ideas naturalmente avanzadas. No recordaban
los
torvos

ya

odios ni las viejas desconfianzas. en los tiempos en que los rossistas ardientes le miraban mal, me dijo el señor Ross que le era imposible casi desarrollar su labor con esa gente. Se quejaba de su falta de visión, de su incomprensión económica, de su egoísmo cerra do. Eran los días de los grandes impuestos, del chiffre d'affaires y de la corporación de ventas. En una ocasión, comentando conmigo el crecimiento de la Milicia Republicana, creí entenderle que miraba en eso una herramienta para defenderse de la
A mí mismo,

;

reacción.

¿Qué provocó el cambio? ¿Qué cosa juntó la ese hombre con tan amplias dispo a sus semejantes y la de esa gente ,, chata, menuda y calculista que le acompañaba hoy? ; Sólo de una manera puede explicarse este fe nómeno, y porque de esa manera se explica es por que el movimiento espiritual de la Falange, aun ad- ;' mirando muchas cosas grandes hechas por Ross, no podía estar con el rossismo.
mentalidad de
siciones de servir

historia

de una

Derrota

41

El rossísmo surgió cuando el audaz aventure había en el Ministro de Hacienda puso fren los ojos abismados de sus secuaces dos cosas que a éstos los dominan y los gobiernan: el garrote y el dinero. Se le hizo un día un reportaje sobre diversas cuestiones generales y él dijo que había que tratar al nativo en nuestro país bajo el látigo de los ne greros. Ese látigo, que escandalizó a la izquierda,
ro

que

te a

que

no

miento

podía menos de poner rubor en el movi juvenil de la Derecha, tuvo un bello sentido
Les gusta el

para nuestros eternos encomenderos.

Látigo. Acarician el látigo y saben de su eficacia. Latigazos en carne humana hicieron surgir los grandes cafetales del Brasil. Latigazos abrieron he ridas y (.aminos en el África. Largos látigos presi
dieron la esperanza de los buscadores de tesoro, y por el látigo vino la comida, la buena casa, el or
den y la comodidad,

Sólo

una

cosa

en

el mundo

no se

hizo por el

Fué en los tiempos oscuros de la Edad Me dia en que brillaron rutilantes luces de civilización. Hubo unas multitudes que sin látigo crearon ca tedrales y todavía éstas duran y es allí donde al gunos hombres de Derecha todavía encuentran per dón para sus miserables codicias.

látigo.

que él, premunido de tan glo podía detener a los izquierdistas protestas? ¿Quién mejor que él podía vigi lar por la buena digestión de una buena gente con

¿Quién mejor

rioso instrumento,
sus

en

42

Ricardo Boizard

buenas tierras y mejores frutos? ¿Quién mejor que

él,

por

fin, podía acallar
en

con su

dura

voz esos sen a

timientos humanitarios que ya comenzaban

vis

lumbrarse
tor

la derecha,
a

especialmente

en ese

doc

Cruz

Coke,

tragar y

digerir

y

quien después han tenido que que en ese tiempo provocaba
en su

verdaderos concilios admonítorios

contra?

Pero el rossismo tuvo algo más satánico y tre mendo que eso. No sólo era la gente que queríalátigo para detener a la chusma. Era también la gente que se sentía deslumbrada con el dinero. Un hombre como Ross, a quien la Derecha re-J pudiara y por cuyo pasado de especulación se es candalizaran algunos en los primeros tiempos, ha bía llegado de su último viaje botando, dilapidando el dinero.
Su gran

palacio

en

la Alameda de las Delicias

brillaba

habían llenado de músicas la cabeza. Una mesa abierta a comensales de los más variados tonos. La rigurosa etiqueta dentro de la complaciente aceptación. Billetes para arrendar un teatro. Billetes para la banda popular. Billetes pa
res
ra

pisos

ante el sol. Difícil era no resbalar por los buenos lico y más difícil aun, cuando ya los
:

los discursos y

para

los
en

aplausos.
la
casa

¿Almuerzas hoy

de Ross?
que
se

Era la pregunta de buen

tono

dirigían

los grandes sibaritas y los candidatos al sibaritismo. Todo en el potentado era de contornos áureos.

Historia de una derrota

43

Su llavín de
un

oro

girando
en

en torno

al dedo las

con

gran anillo de

oro.

Mujeres
Oro
en

el oro Londres y
con

el pecho y
en

en

manos.

oro

París.

Eso,
fanatizó
No

eso a se

reconcilió

a

la Derecha

con

Ross. Eso
es

cierta gente: el

látigo

y el

oro.

podía piritualidad cristiana,
postre nismo.
no era

incrustar lo más noble de la

lo que llevaba
en eso

en

sí las más
a

bellas ilusiones del porvenir,
sino
una

otro, que

la

forma
se

rezagada

del paga
que-

Se
Y

perdería Ross,
aun se

pero

salvaría

una cosa

valía más

que Ross mismo.

ha salvado.

ROSS

Antes de avanzar,
mento en

es

preciso detenerse

un mo

contemplación imparcial de sonaje singularísimo que casi ha logrado por corto tiempo el nombre y la fama
sandri.

la

este

per

oscurecer

de Ales

La primera vez que le vi fué en la Comisión de Hacienda de la Cámara de Diputados, a raíz de la disolución de la Cosach y de su proyecto de reor

ganización salitrera. Gente conspicua de la Derecha le desprestigia
ba
en

exceso.

Decía de él que su pasado tortuoso le impedía dirigir las finanzas del país. Era casi una afrenta que el Presidente Alessandri hubiera colocado en la más importante de sus Secretarías de Estado a
tan

estas cosas.

sospechoso especulador. No es la pasión la que a mi me hace recordar Era, sin duda, la pasión la que obliga ba en ese tiempo a la Derecha a juzgar a Ross de
esa manera.

Miraba

yo

en esos

-profunda simpatía

momentos, sin embargo, al Gobierno que restauraba

con en-

Ricardo Boizard

tre nosotros

; régimen legal. Habíamos vivido ir Dictadura. Cayó la Dictadura, y i fué derrocado Montero, Presidente Constitucional, j Dávila por Manche. por Grove, Grove por Divila,

el

gunos años

en

Era suficiente.
tu Siguiendo la irónica frase de Genaro Prieto, servil con el sentido de que habia que ser, incluso, nor la el Gobierno que restaurara las libertades y

|

j

a malidad, estábamos algunos dispuestos lo todo para conseguir ese fin. Y nuestra epideíP con semejantes hablillas.) mis apenas era rozada

perdonarj
,

rumores.

a ll Pues bien, cuando el ex Ministro entro sim Sala de la Comisión de Hacienda, me pareció sus radiante y ojilla pático y firme. Tenía la cara miraban a los diputados con mal disimulada sobet, uní bia. Seguramente se habia formado de nosotros

idea lamentable.
Aun prevalecía en el país Perseguidos por la Dictadura,

la institución de los
y Carlos Vicuña

se'

sentó junto de
sus

a

Ross para

asesorar a su

colega
creo

de per
otro
en, era

secución. No lo recuerdo bien,
asiduos colaboradores
en

pero

que

la Cámara

esos

tiempos Gabriel González.
Un

trante
se

en el camino al especu ción de ponerle piedrecillas el proyecto salitrero lador de marras. Le parecía difícil de comprender y hacía toda clase

convertiría

quizás de todos, que, por supuesto, después!, en su admirador, iba con la inten

diputado

I de la Derecha, el más recatci-1

bastante

Historia

de una

Derrota

47

de preguntas y objeciones. En nistro Ross, con su habitual

un

momento, el Mi

impaciencia, le dijo
no me ocu

textualmente :

—Señor, hace muchos
po de otra
cosa

años que yo que
que
no

que de la industria salitrera.

No
pa

puedo discutir
La

con

usted,

sabe ni
astuto

una

labra sobre ella.

primera bofetada

el

Ministro

había lanzado en el rostro de la democracia, se re cibía como un triste augurio, en el carrillo de b Derecha. El era así. Tenía grandes proyectos y no acep taba discusión. A lo sumo, en los momentos más críticos de sus batallas parlamentarias, lanzaba mo nosílabos al espacio y sus delgados labios se con
traían después. La idea central de su política era, ante todo, regularizar la economía fiscal para mantener tran quilos a los empleados y bien pagados a los mili
tares.

Una vez producido el orden y la confianza, ordeñaría al productor. Con ese dinero, extraído de las más variadas maneras, pensaba hacer obras públicas en beneficio popular y acaso para dejar en el cemento una huella imperecedera de su ac ción. O
sea. con

Primero, el orden;

fianza;

denamiento. Y Para él la

con el orden, la con la confianza y la tranquilidad, el or con eso, la justicia y la fama. justicia no era este concepto total

48

Ricardo Boizard

^1
a

de

nuestra

civilización cristiana: dar

cada cual

lo

corresponde, pero no según sus solas ne cesidades materiales, sino cuidando también el ins tinto de la libertad. Justicia para él era sólo darle habitación, comida, sol, aire y salud al obrera Eso
mismo desea Hitler y buscó Lenin, con diferencia*; de método, por supuesto; Si todo eso se obtiene eiv una cárcel, bajo la tremenda vigilancia de la po
no importa. Si eso se obtiene con la negación ; de todos los derechos, no importa. ¿Qué son los derechos sino un instrumento inútil en manos de los tontos? ¿Derecho para hacer preguntas maja deras, como el diputado liberal? ¿Derecho para op tar entre lo bueno y lo malo, entre la pobreza y la, abundancia? ¿Derecho para elegir libremente al1 eso en un mun que nos gobierna? ¿Y para qué todo

que le

licía,

do rebozante de felicidad, con comida en abundan-i cia y habitaciones lujosas? Si no de una manera tan absoluta y extrema, se había por lo menos en un molde muy parecido vaciado la mentalidad de Ross. Cuando le habla a veces difi el en dificultades Parlamento, ban de cultades impertinentes y politiqueras, el ex Minis los cabellos por tro no se mesaba, naturalmente, absoluta escasez, pero hacía girar su llavín en tor
no

al dedo.
Cada argumento que
se

le hacía

en

privado
No
con

era

contestado de lleno
como un
en

y sin vacilación.

testaba
nia

hombre, sino como un fusil. Te la punta de la lengua todas las cifras esen-

Historia

de una

Derrota

40

ciales de un problema. Conocía de antemano to das las soluciones. Había pensado ya en todos los obstáculos. No sé si los datos que lanzaba como catapulta eran exactos. En todo caso, la audacia y seguridad con que los afirmaba reemplazaban a la exactitud. Seguramente a veces no lo eran, pero eso no dismi nuía en absoluto su conocimiento del problema. Da
lo mismo, por ejemplo, millones o diez millones ro en todo caso el que se titud presta una fuerza
que en un y medio de

país haya diez habitantes, pe
cifra
con exac

afirme

una

definitiva al argumento.

Los industriales y comerciantes que le visita ban salían encantados del personaje. Les había da do una lección sobre su propio negocio. Cuando al guien le planteaba el problema creado a una industria determinada y presentaba obstáculos para mejorar los salarios, él contestaba secamente que si el indus trial no resolvía ese problema, más valía que liqui

dara el

negocio.

Muchas

veces me

he

preguntado

por

qué,

pre

sentando Ross un pensamiento tan ajustado al ma terialismo de la izquierda, no se convirtió en su vo
cero

y

en

taculizaron
tiene

cambio los dirigentes de izquierda le obs su acción en lugar de alentarla. Sólo

esto una

explicación.

HliTOBlA.

i

50

Ricardo Boizard

Hasta
taba

ese

momento,

la izquierda del país
es

es

representada

y dominada por el Partido Ra

dical. Y el Partido Radical

materialista, pero no avanzado. Ross preconizaba, en verdad, una ideo logía materialista infinitamente más avanzada que la del Partido Radical. El Partido Radical, por la inercia espiritual del país a la cual nos hemos re
ferido hace
de
un

momento, que el
y
aun

aparece avanzado.

La

gente todavía
guna novedad.

cree

Gallo, de Bilbao

pensamiento de Matta y de Mac-Iver, tiene al
no es

Y resulta que
que
trata

así.
es una co con

Prácticamente, el Partido Radical
lectividad reaccionaria
mira

reservas

tti

¡ problema gremial, que tiguar el problema de la tierra, que dice unas cuan-J tas cosas vagas del imperialismo y que, a la postre* asustado de perderlo todo en esa revolución que, sin comprenderla, azusa, busca un alero bajo la bien pagada burocracia. Naturalmente, a los señores González, Alfoñ* ] so, Aguirre Cerda, Figueroa, Moller, verdaderos aristócratas provincianos de Serena, Pocuro o Con cepción, les ha parecido demasiado audaz ese hom bre bajo, semi-calvo, con ojos brillantes y juveniles,
o amor-

de desconocer

que trataba ardorosamente de levantar las finanzas

del país a costa de los ricos para mejorar las con diciones de los pobres. Y como ellos eran los ver daderos intermediarios entre el eminente personaje a la calle diciendo que un Rosa y la calle, salieron Santa María, nacido en Valparaíso y radicado en

Historia

de una

derrota

51

París,
cífico.

no

podía
.

ser

sino

un

Pirata: el Pirata del Pa

Majaderos Ellos, dueños de la izquierda
. .

en esos

días,

pu

dieron hacer de Ross un formidable conductor de realizaciones sociales. No les gustó, sin embargo, por sus monumentales proyectos, bastante menos inge nuos que la campaña de la chilenidad, pero más complejos y difíciles. No les gustó porque no daba
la
ro mano

y porque hacía

girar el llavín. Especial
empresas
revo

mente no

les

gustó

porque veían demasiado segu

que

un

hombre así desarrollaría
a

lucionarias.

dejaron entregado los otros materialistas. Estos lo pusieron hosco, lo encerraron en sus cabalas siniestras. Le hablaron más del látigo que de la solución social. Como él era un extranjero radicado en París carecía de los elementos suficien
Lo
tes para moverse en
un

que verdaderamente la solución del

pueblo desconocido. Creyó látigo se ajus

taba más al país que la solución de la justicia. Cuando llegó, venía distinto. Yo sé que bus caba él una manera de comunicarse con la masa.
Buscaba afanosamente a los radicales para que le sirvieran de intermediarios.
Y como éstos no supieron, y quizás sieron prestarse para semejantes propósitos,
no en

qui lugar

de
-en

aprovechar
en

realizador

hombre tan formidablemente beneficio del pueblo, lo convirtieron
a un

enemigo.

L
OH:.

/^

(gcwu:;,

1

52

Ricardo Boizard

La cabala, la tertulia, el corrillo de amigos y correligionarios, en los dos bandos, se juntaba para perder al país. El extranjero fué encerrado entie las cuatro paredes de unos señores antipáticos y ma jaderos. Fué tapiado y negada para él toda comu

nicación

con

el mundo.

A mi me tocó el placer de tener con este hom bre dos principales conversaciones que demuestran de qué manera lo cambiaron los políticos en su». ambiciones pequeñas y de círculo. Venía recién llegando al Ministerio y eran lod tiempos en que buscaba soluciones sociales. Quería comunicarse con la juventud, aunque la juventud no tenía en esos tiempos suficiente personería pc-j lítica como para pesar. Se comunicaba con los

dicales y les planteaba sus proyectos. Es verdad que miraba con cierto desprecio las soluciones de

ra-j

mocráticas,
Se
sus

pero

quería
masa.

con

sinceridad levantar á]

nivel de la gran
día hacerse

quejaba de

que

no

lo

comprendieran.
a

Po

tanto en un

país dispuesto

luchar por

reivindicaciones. Había que someter el capital extranjero a la soberanía nacional. Había que traer

capitales europeos para defenderse de la hegemonía yanke. Había que reconquistar para el país la in dustria salitrera y la energía eléctrica.

Historia de

una

Derrota

53

Su llavín girando era un signo en la mano de inacabable laboriosidad. Después de los acontecimientos políticos que lo separaron de los radicales y en que éstos lo perdieron para el pueblo; después de su viaje por Eu ropa en calidad de Ministro;, después de las decla raciones del látigo, tan necesario para algunos diri gentes y tan mal usado contra la masa; tuve la opor tunidad de estar con él por última vez en una en
trevista que
merece
narrarse con

lujo de detalles.

ya del Ross del

La Falange, naturalmente, se había separado látigo. No podíamos acompañar al materialismo de la Derecha, como no acompa ñaríamos después al materialismo de la izquierda. Sin embargo, el Presidente de la República

creía
se nos

doblegarnos
invitó
a

con

su

simpatía
en

y

una a

mañana

almorzar

la Moneda
y
a

Manuel
sim

Carretón, Bernardo Leighton
Creíamos
nosotros que se
con

mí.
una

trataba de

ple
me

entrevista

Alessandri. A mí personalmente
cierta

producía

esto

preocupación.

Habían

ocurrido

sucesos amargos y difíciles. Había yo pro testado públicamente por el atropello a la libertad

de prensa con motivo de la incineración de Topaze. Habíamos votado en contra de Salas Romo por el apaleo de Maira y Sotomayor. Aun más, Bernar do había renunciado su cargo de Ministro por los

Ükb

■1

54

Ricardo Boizard

esa renuncia tuvo ante el país fuerte y viril condenación. Quise, pues, afrontar rápidamente la situación y llegué más temprano que de costumbre. Encon tré al Presidente con Waldo Palma en el hall. Aquel se dirigió afectuosamente a mí con las siguiente;

mismos motivos y

el efecto de

una

palabras:

Usted
su

no

me

visita.

Es mi

enemigo.
contra

No, Presidente, le contesté. Por el

rio,

soy

temente

amigo y tengo que defenderlo constan de los rossistas. cuando dicen que todo lo
se

bueno que
Ross, Yo

ha hecho

en

este

Gobierno
es

digo

que no, y afirmo que

se debe a usted quien

lo ha hecho. El Presidente
puesta
una

comprendió y tuvo para mi r«*¡ paternal sonrisa. mi Claro, amigo, que no todo era la recons trucción económica del país. Había, también, que ocuparse de la reconstrucción política. Pero en lo primero, naturalmente, Ross ha hecho bastante, g Siguió después una conversación trivial, bas
tante

que
re

difícil y penosa. De esas conversaciones en no falta tema, sino en que precisamente se quie eludir el tema que sobra. Comenzaron a llegar

los

otros invitados y de improviso, vimos aparecer la cortina del corredor al candidato a la Pre sidencia de la República, don Gustavo Ross y al personaje de todas las solemnidades, don Miguel
tras

Cruchaga.

Historia

de una

Derrota

55

No sé si Ross conocía la trampa. En todo

caso

pareció extrañado.
chachos
Dentro del

Su orgullo no le permitía situación embarazosa de andar cazando a unos

esta
mu

insignificantes

con
a

propósito electoral.
mi
me

comedor,

tocó

sentarme

precisamente frente al candidato. Hablamos de Europa. Contó cosas interesantes, eso sí que de una
manera como un

Tenía

monosilábica. La conversación se extendía elástico y se volvía a encojer. a mi lado a don Miguel Cruchaga y don
a

Miguel,
En

pesar de

su

ca, deseaba afrontar

larga experiencia diplomáti luego la cuestión y veía que
dado, colocando
sus

ya los postres asomaban.
un

momento

brazos
Ga-

en torno a

mi

espalda

y haciendo lo mismo

con

rretón, exclamó: Bueno, mis amigos, ustedes naturalmente

van a

acompañar

a nuestro

candidato. natural

Ross

comprendió

que el

tallado a tiempo. Y bió de conversación.

con su

petardo no había es agilidad, cam

Una cosa espesa y desagradable invadió la sala. Alessandri, con su inimitable olfato político, se son no sabemos si por causa del candidato, de nos rió, otros o de don Miguel.

Ross, entre tanto, buscaba una manera de de jar a salvo su vanidad. En un momento determi nado, habló de la campaña. Dijo que el triunfo
no

le merecía dudas. Se manifestó maravillado de

la

recepción

a

su

llegada

de Europa.

Maravillado,

56

Ricardo Boizard

no tanto, porque a punto seguido para desafiarnos y como para afirmar,

pero

aquello,

que nada le
otro
con

Por

dijo como después de importaba nuestra adhesión: lado, una manifestación en Chile
bandas y
unas cuantas

se

hace

cuatro

botellas

de

cerveza.

Entonces fué Alessandri el que cambió la con versación. Veía la impresión que esas palabras iban a dejar en nosotros. Y sobre todo, sabía que trece...;
años antes, había

pasado

un

hombre por la princi
un

pal
tre

arteria de la ciudad
con

como

emperador

ro

mano

el corazón distribuido en partículas en millares de compatriotas. Y en ese episodio, por lo menos, nadie ha sabido
cerveza.

que tuviera intervención la

La verdad es que en aquellos tiempos el señor del látigo nada tenía ya que ver con el Ministro de las realizaciones. Ahora daba la impresión del hombre agriado, reconcentrado en su propia con

cha

y

blegar

dispuesto a ganar una elección, más para do a los nativos que para ofrecer soluciones. Carente de toda flexibilidad y aun desconoce
resortes

dor de los propios
gua, que él

sutiles de

nuestra

len

cias

a

los

procuraba hablar lo menos posible gra monosílabos, no pudo comunicarse con
a

el

pueblo ni encontró los intermediarios. Reorganizó la industria salitrera, llegando

una

solución mucho más avanzada que la de loa

Historia de una Derrota

57

anteriores
pas
e

gobiernos. Recuperó

en

parte las pam

hizo marchar las Oficinas. Se dijo que nego con los bonos priors y que sacrificaba a los pequeños salitreros en beneficio de los grandes. La verdad es que movía el salitre. ciaba
Se valió de
en una

romper el contrato

superchería, si se quiere, para eléctrico, y gracias a eso intro
día al

la industria una cuña chilena, que nadie dujo sino él hubiera sido capaz de introducir. El re
presentante norteamericano
en

llegó

un

país
es

avión para

conocer

de

cerca

los propósitos de
tuvo que

te

lobo que aparecía

en

Los Andes y

fir

convenio que, después, ha servido para que enemigos levanten cátedra de nacionalismo y distribuyan prebendas. Se dijo entonces que el con venio no fué sino un negociado escandaloso. La verdad es que el convenio recuperó una parte de la industria para el país, Había consolidado la deuda externa, precisa mente en el momento en que nadie pagaba para pagar lo mínimo y para dejar restablecido el cré dito del país. Ideó la más ingeniosa de las fórmu las y el más inteligente de los métodos. Se dijo que había estado jugando a la baja coi. los bonos chi
mar un

sus

lenos

en

el mercado mundial.
se

Se habló de

su

socio
que

López

que

enriquecía

en

París, La verdad
una manera

es

aquello fué

para nosotros

el interés de nuestros nuestras industrias.

de vincular acreedores al florecimiento de

/m
58

Ricardo Boizard

¿Qué hacer, pues, ante tal emergencia? ¿Qué hacer ante un país cuyas propias corrientes avan zadas obstaculizan el avance y escarnecen a sus ser
vidores?

responde lo que respondemos nos empeñados en responder por e incomprensiones. Un chileno responde que hay que luchar por la dig nificación del pueblo, por la dignificación de la propia izquierda, por la expulsión de sus dirigen tes voraces, y después, en los brazos de ese mismo pueblo, corregir y triunfar. Pero un hombre nacido en Valparaíso y con sangre internacional, un jugador en las Bolsas de
otros, lo que estamos

Un chileno

encima de mil dificultades

Londres y Nueva York,
un

con

residencia

en

París,

¡

turista
y

apresurado
talento
a

que ha venido

mente

con

resolver

displiscente- ; nuestros problemas,
es

reacciona
rosa

como él, y que la de otros.

aun su

reacción

más gene

quieren el bien en la liber tad, lo tendrán en la Dictadura. Primero venga, la cerveza y detrás de la cerveza, el i látigo.
no

Pues bien.

Si

La

la

masa

era tanto

masa tiene una cierta intuición, y lo quei decía cuando expresaba su odio a Ross, noJ el que Ross fuese ladrón, como sus ridícu-l

los detractores afirmaban. No. Lo que le impre-2 sionaba es que no fuese chileno, es que no tuviese sus bienes en Chile, es que se cumpliese en él aque lla frase sutil del Evangelio: "Donde está tu te soro, allí está tu corazón".

NUESTRA PALABRA SOLITARIA

La

Derechas

oposición de la Falange al candidato de las no estaba fundada, sin embargo, exclusi
transitorias
una
o

vamente en razones

circunstanciales.

Ella tenía
rante
merosos

su

raíz

en

larga

etapa anterior, du

la cual surgieron para fracasar
movimientos
se

y método de lucha

después, nu juveniles cuyo doctrinarismo apartaba cada día más de!

camino de la Derecha. En el seno del Partido Conservador se han pro ducido siempre, por lo demás, disensiones profun das ante cada género de ideas y de problemas. Fue ron las primeras quizás las que dieron nacimiento
a

los viejos montinos,

cuyo concepto anacrónico

del

Estado se estrelló contra el esplritualismo cristia no, el que no temió darse la mano con los liberales jacobinos para salvar el principio de la libertad

amenazada.
La

égida individualista

libertad, sin embargo, practicada bajo la y manchesteriana, tan exaltada
tan

por la elocuencia de Mac-Iver y

difamada des-

Ricardo Boizard

1
esperaban.
masas

pues

por

sus

discípulos,

no

dio los frutos que los
pau■

hijos

de la civilización cristiana

La industrialización fué creando

pérrimas

y

explotadas.
en

El fruto del
pocas
manos.

trabajo fui
Sobrevinie

acumulándose

unas

ron crisis de producción y de consumo que arro jaban de tiempo en tiempo a la ciudad una ola de desocupados. Y los cristianos, que por servir la li

bertad de la idea se habían sumido en una confusa" idea de la libertad, permanecieron en la política chilena como simples moluscos del liberalismo, co- \ mo resortes pegadizos y falsos, como sucursal de un negocio, en que la responsabilidad la llevaba el
cristianismo y la utilidad toda
entera

el liberalismo

jacobino.
Ya en la tienda política del social-cristianismo 1 tenían eco las viejas enunciaciones de la solida- 3 ridad y de la justicia. Si alguien levantaba su voz para recordar las enseñanzas de Roma, ese alguien i recibía un aplauso complaciente s¡ se contentaba» con la rebeldía verba!, o bien un definitivo ostra cismo si, desentendiéndose de la política transitoria, i " pretendía efectivamente rectificar el camino. Entre tanto, las masas, cuyo cristianismo inte
no

rior

otros,

dar la
en

jamás ha sido borrado totalmente entre nos esperaban que la solución que ya no podía 1 Enciclopedia, la diera ti Evangelio. El Evangelio, sin embargo, est.iba manejado ' la política por mano ajena.

Historia

de una

Derrota

61

Esas nismo
con sus

manos

no

abrían' el camino

2

un

cristia

social, a una resurrección de la Edad Media viejos gremios profesionales, a una enuncia ción de la igualdad humana sobre la base del sa crificio y del renunciamiento. Lo abrian, en cam bio, el más oscuro capitalismo liberal, a la ciega ex plotación y a la resignación aconsejada por el egoís
mo

de Tartufo Los que tuvieron hambre
. . .

en

los

campos deso

lados; los que vivieron cansancio en la pampa salo bre; los que tiritaron de frío bajo sus harapos li vianos y aun, los que se sintieron plantados en la vida como un hongo sin raíz; todo esos fueron per diendo lentamente la remembranza milenaria, ol vidaron la leyenda de la caridad, dieron la espalda al campanario y se dedicaron a chamar, a implorar de rodillas, a hurgar en los siglos y en la historia una solución que se pareciera al cristianismo, pero que no fuera ya un barco pirata protegido por la
bandera cristiana.
Con Recabarren, con Cruz, con los primeros agitadores de la pampa y del carbón aparecieron algunos hombres que se atrevían a repu diar el capitalismo y que comenzaban a hablar de cosas viejas, pero ya olvidadas; hablaban de solida ridad, de justicia, de lucha a la explotación, a la
usura

por fin

y a la guerra. Cuando los primeros españoles llegaron a Mé nativos creyeron que se trataba del Dios los xico, sacrificado por el imperialismo azteca y tuvieron

62

Ricardo Boizard

en la cruz. Así también, cuando los pri comunistas llegaron a la vieja patria cris las masas creyeron que se trataba de uno; tiana, redentores bíblicos cuya voz había sido acallada por la apostasía capitalista.

esperanza
meros

Y

es

así cómo sucedió que la

primera palabra
no

surgida
sus

entre nosotros contra

las consecuencias ds

los ensayos
tianos de

anti-religiosos
se

y

jacobinos,

la dijeron
con

enemigos naturales, fe, cuyo ideal

no

la enunciaron los cris

había confundido

la

das por el
que

Enciclopedia. Tuvieron que venir gentes agrieta trabajo y ennegrecidas por la mina para
se levantara por fin contra el liberalismo condenación histórica y encendida. una

Naturalmente, aquella cosa, de consistencia brutal, fué avanzando pujantemente en el proleta-

'

*

riado chileno. Mientras más cristiano ha sido un '} pueblo, más fácil es aprovechar su irdor para en caminarlo por una senda equivocada, siempre que se coloquen, como indicadores en el camino, laí palabras cristianas de la justicia, de la solidaridad, ! de la pobreza y del sacrificio.
Nosotros preguntamos: ¿es que los cristiano* sinceros y tenaces que luchan abnegadamente en

los patronatos, en las Conferencias de San Vicente de Paúl, en los círculos obreros, no se han dado cuenta jamás de este fenómeno que superó sus es fuerzos y que fué a buscar el remedio contra el capitalismo, no sólo en las buenas obras casuística)

!

i

Historia

de una

Derrota

'61

e

individuales,
Y sí
se

mos

sino también del edificio social?

en

los cimientos mis

han dado cuenta, y si ven a la vez que el verdadero remedio para un hombre espiritual no sin puede ser, duda, el materialismo comunista, sino
la resurrección cristiana, ¿cómo han podido que darse pegados en una tentativa fallida, cual es la doctrina liberal del Partido Conservador, y no han

pensado que el problema nuestro es infinitamente más profundo y su solución requiere el plantea miento de una cosa tan sólida ante el pueblo, tan histórica, tan fuerte y tan audaz como la Interna
cional Comunista?

¿Es
robustas
veces

que la vieja concepciones

doctrina medioeval, con sus humanas y sus intentos mil

rectificados de poner la justicia por encima de la libertad y la libertad por encima del poder, tiene menos derecho a ser seguida, en el corazón de las muchedumbres, que el Evangelio de Marx?

¿Es que la crucificción de Cristo es menos sólida, menos generosa, menos inesperada, menos dramática que la parálisis de Lenin? ¿Es que el desprecio cristiano por las mercedes terrenales es menos fecundo que la agitación de las masas? ¿Es que la condenación medioeval contra la usura es menos imperativa que la lucha contra las clases priviligiadas? ¿Es que la colectividad a base de renunciación es menos vigorosa que la co
munidad
a

base de dictadura?

-

64

Ricardo Boizard

Nada de
tura

eso

es

así.

Pero lo que

hay
la

es

que,

por haberse incrustado los cristianos

en

estruc

liberal, por haber chupado de su sabia con es candalosa avidez, por haber envenenado su espíri tu en la fuente filosófica del egoísmo retardatario, no han sido capaces de despertar a la verdad como lo hicieron las masas excitadas por la explotación, i
Y lo que no hizo el amor de los cristianos re sucitado en la historia, lo hizo el odio, el despecho la y baja pasión, incubado todo esto por el capita lismo y rebelado en contra de él. Lo que hay es que los cristianos en su función

política,

y

guiados

por

las exigencias oportunistas,

han alimentado más la virtud de la resignación que la del amor por la justicia, han preferido la blanda transacción al heroismo exigente, Han pensado más en la paz que en el amor }
...

comunistas, entre tanto, se levantan airael capitalismo burgués. Viven persegui como los primeros cristianos. Viven en renun ciamiento como las primeras comunidades. Son hermanos por encima de las patrias como los pri meros cruzados. Mueren por su fe como los pri meros mártires. Ponen, en una palabra, al servicio del materialismo, esa gran fuerza que hasta ayer sólo estuvo al servicio del espíritu en las primeras
dos dos
contra

Los

*

almas civilizadoras.

Historia de una Derrota

65

esta

¿Puede vivir mucho tiempo una juventud con espina en el corazón? Los he visto yo cómo sufren y cómo luchan.

Mientras los

diputados de todos los partidos gana ban una renta de $ 2.000 y lloraban miserias para acumular nuevos sueldos, los diputados comunistas retiraban sólo $ 800 mensuales para sus gastos. El resto lo consumía el partido. He conocido íntimamente a algunos de ellos y he visto cómo llevan una vida proletaria y difí cil, en medio de la estrechez del hogar y de las aflic ciones diarias. Una vez me encontré en un tran vía con el senador Laffertte y éste se ruborizó al confesarme que vivía en una casa más o menos có moda y limpia. Esa casa, sin embargo, habría sido mala para un escribiente del Senado. El propio Chamudez, a quien el Partido Co
munista lanzó el cargo de vivir

holgadamente

y

de habituarse a comodidades burguesas, a penas si tenía para pagar un modesto departamento en el centro, y éste fué acaso el más grande delito que

justificó su expulsión. Cristianos, digo yo:
noceréis". Y ellos
en

"Por

sus

hechos los

co

general no lucran, ni comercian, ni gozan de privilegio alguno. Le han robado ya al cristianismo, no sólo la grandeza humana de su jus ticia, no sólo la universalidad de su lucha, sino tam
esa cosa formidable que había sido hasta ayer fuerza y nuestra gloria: el ponerse al ser vicio de los hombres renunciándose a sí mismos.

bién

nuestra

HMMBlA.— s

66

Ricardo Boizard

Ah, el problema
rece

es

más

grave de
o

lo

que pa

abandonamos to propiedades, los títulos, los negocios y salvamos la civilización para el esplri tualismo cristiano, o los comunistas, valiéndose de las armas cristianas, echarán abajo este orden cons truido sobre la fe. No serán eficaces contra ellos ni los sicarios de un día que mañana caerán vencidos por la admiración, ni las leyes ni los golpes de autoridad. Ya lo sabemos eso por la experiencia de los siglos. ¿Qué pudieron los Césares contra los esclavos de las catacumbas? Sólo serán eficaces contra ellos unos hombrea que salgan de la oscura cavidad de su propia alma, que venzan los prejuicios acumulados por el tiem po, que renuncien al bienestar de la cultura para
y
no

tiene sino

un

dilema:

dos los egoísmos, las

defender la cultura sola sin sus agregados, y que se pongan al frente de las masas para resucitar en i ellas el espíritu, despedazado por la revolución burguesa y aventado por la Dictadura proletaria.
'

]

Esas

consideraciones,
nuestras
una

entre

otras, vivían todos

los días den

en

almas.
,

elección con dinero, imponer el orley, combatir la protesta justa con un carcelazo, ¿puede eso apasionar el espíritu de loa que han podido medir en sus dimensiones exacta! el peligro, sin engañarse por el deseo optimista o por el opio de la digestión satisfecha?
Ganar
con una

HISTORIA DE UNA DERROTA

67

Cuando todavía el

gión astral viques y la

y

llegaban

gran guerra

problema flotaba en la re los primeros libros bolche capitalista de 1914 no ha
un

bía lanzado aún hasta
sin
es

nosotros su

cuando las crisis encontraban

oleaje pestilente; pueblo sufrido y

instinto, unos dirigentes inertes y sin inquietud, natural que los cristianos no vieran el peligro
se

ni

apresuraran

a

afrontarlo.
crisis de

Pero
1931.

nuestra

generación conoció la

Llegamos como propagandistas del orden a las playas de Tocopilla y un barrio llamado Manchuria, presentaba al turista la carne la cerada del proletariado cesante. Eramos nosotros los mensajeros del orden y
siniestras
La

«líos do

nuestras

víctimas.

¿Cómo se puede echar Evangelio en ese mun impenetrable donde no existe necesidad de la verdad y donde se pide, se implora, se exige y se
amenaza

por

un

hueso y por
en

un

pan?

Yo lo he visto.

Iquique al Obispo Labbé en su peregrinación por los albergues. La cos El tra de la pobreza impedía el paso de la luz.
Yo he

acompañado

Obispo
y,
cosa

caminaba dulcemente

entre

los espectros,
porque
con

curiosa,

esos

espectros lo
en

amaban,
ese

distribuía leche, además de parábolas.
Se trata, pues, de luchar
tra

campo

el comunismo, contra lo que esos hombres han creído que es el remedio a su mal. Se trata de lu-

1

68

Ricardo Boizard

char
una

contra la apariencia de un remedio, contra superstición, contra el talismán del proleta

riado.

Vengan a decirme que las sesiones frías y ju rídicas del Directorio General Conservador estáo construidas para romper la corteza de ese mundo, Vengan a decirme que los argumentos ponderado* y excesivamente farisaicos del capitalismo sirven para bañar, alimentar, educar y pacificar a ese pue blo. Vengan otros a obligarme a disparar contra él sin que las balas, rebotando en los duros huesos,
se

'

vuelvan

contra

mi conciencia.
a

Vengan
guera.

aún

decirme
aun

que

los

coqueteos
X

masónicos entibian y

apagan la terrible ho y

Necios, farsantes, presumidos
En la
sementera

del comunismo

no

politiqueros. '4, puede caer

sino una cosa que sea tan vigorosa y humana como él, más humana y vigorosa que él; que sea tan'l grande como el dolor, tan fuerte como el odio. ¡ Y lo único que allí puede crecer y quitarle campo es el viejo, el grande, el primitivo cristianismo so

cial.
La lucha de clismo.

hoy

no

es

el

parche

en

el
otra

cata

Es la historia de toria.

un

mundo

contra

hú- j

J

EL

NACI3MO

que

En la acumulación de los antecedentes de lo ha llamado "el triunfo popular" del 2> de Octubre, no puede faltar, sin duda, un examen de la fuerza organizada, dirigida y desviada después por el inquietante jefe nacista, Jorge González. Los orígenes del nacismo chileno hay que bus carlos en los días caóticos del 4 de Junio, en que el pueblo recién organizado por un pensamiento serio bajo el partido socialista, no lograba todavía salir de la horda demagógica ni contrarrestar la
se

fronda militar.
Gente venida del viejo ibañismo
ro

despótico

pe
ex

constructivo, del romántico alessandrismo anár
pero nacionalista y pero
en aun

quico
trema

de la reacción

valerosa,
torno
a

al caos audaz.

se estaba aglutinando frente cualquiera forma novedosa y

Con

una

cial",

comenzaron
a

página hebdomedaria en "El Imparlos discípulos de González von
recor-

Marees

hablar de nacionalismo hermético;

70

Ricardo Boizard

daron los luminosos días de la vieja patria;
se

unos

el recuerdo de Portales y la memoria de Prat. Aun habían sido algunos, que perseguidos a su vez por la Asociación de Perseguidos por la Dictadura en los días de Montero, estaban prestos a cubrirse con un idealismo que abría sus grandes alas hacia el por venir y que, apartándose de la concepción del cuar telazo, se alejaba también de la especulación del ci
sentían gozosos
ante otros

enfervorizados

con

vilismo.
Una dosis de combatividad, a la vez que un grado de fascismo, prudentemente amalgamados,

habrían seguramente dado fisonomía de fuerza f ~¡
de vitalidad al
gro
no

partido

que nacia. y

La estridencia

excesiva, la pasión exagerada

el desmedido

peli

cuadran bien con la flema bovina de nues-1 tra raza. Estaba mal construido, sin González, para dar tales notas en nuestra apagada sinfonía nacional. Hombre de temperamento fuerte y apasionado, iba caminando a saltos en el es cenario estrecho del país, y naturalmente, esos sal tos lo ponían a veces fuera del escenario. Los hombres maduros y realistas que lo acom- 1 pañaban perdieron su fe en él o temieron llegar hasta las últimas consecuencias. Estas consecuencias, eran, por lo demás, bas- 1

embargo»!
'

tante
en

ingratas

y penosas.

Los nacistas

disparaban- 1
'

la vía pública, provocaban la furia comunista y los comunistas disparaban también. De todos los partidos se puede uno salir por renuncia o por ex-

Á

Historia de

una

Derrota

71

pulsión.
se

Del nacismo, ya salía por asesinato.
Por muy graves que

con

excesiva

frecuencia,

los problemas en Chi le, no son, afortunadamente, todavía tan trágicos como en Europa y nuestros políticos saben que no es preciso morir a cada paso para que esos pro blemas se resuelvan. Un país en que las revoluciones terminan, co mo en tiempos de Dávüa, con una simple retirada del Presidente a su casa particular y los duelos se
sean

resuelven, como entre Opazo y Rossetti, con un desayuno de amanecida, un país así no se presta para constituir un partido a base de héroes. Y por lo demás, si los héroes consiguen librarse de las ba las, no se libran en todo caso de la triunfante macuquería.
Otra consecuencia grave tenía el nacismo para los hombres maduros y era la que resultaba de sus campañas de difamación. Usando la vieja táctica de Maquiavelo, los nacistas no tropezaban en los A veces, por a un enemigo. casualidad, conseguían dar con un gestor. Gene esto se puede Y descaminados. andaban ralmente, también hacer en un país extenso, donde millones y millones de habitantes disuelven los errores como

hechos para enlodar

disolvería el océano una mancha de tinta. Pero en Chile la gente se conoce bien y las cosas se saben si algún y los escándalos andan de boca en boca y

culpable queda impune, ninguno
cho tiempo oculto.

permanece

mu

Se sabe también

quiénes

son

72

Ricardo Boizard

los que no roban ni mienten ni engañan. Resulta, pues, demasiado patente un error cometido, y ese
error

generalmente
simpatizante

recae en o

de

un

de

un

parientes de un amigo, correligionario.

De ahí por qué González fué perdiendo en su camino a mucha gente de primer orden y de no poca influencia. Era gente de buen criterio que no quería morir ni hacerse cómplice de difamación, ni enredarse en procesos inútiles y engorrosos. Le fué quedando un partido de muchachos

-

{
.'

inexpertos, entusiastas, bravos, pero total y absociegos. Era gente fanatizada, no sólo por él, sino tam bién por el tiempo, y más aun, por la vida misma. Hitler y Mussolini, con sus triunfos, han tomado
lutamente

4

,

bajo
otra

su

mo otra

comando una parte de la juventud, así co la cogió Lenin, y otra Godoy, Joe Louis y también Douglas Fairbancks o José Mojica.

;~

Estos jóvenes, verdaderos moluscos espirituales que viven pegados a sus ídolos, naturalmente se dan en todas las latitudes y su heroísmo es una especie de secreción sublime de la humanidad. Aprovechar esa fuerza es ¡dudablemente uña política; pero el triunfo consiste, no en conseguir acción de una fuerza que fatalmente actúa, sino en dirigirla a nuestros fines. Y decimos que González von Marees, a pesar de su gran claridad mental y aun con el retazo de

jj
j J

j

j
\

partido

que le quedó, llegó al fracaso, porque muchachos sirvieron a la postre lo que jamás

sus
su

Historia

de una

Derrota

73

conciencia ni su credo hubieran osado servir. Prác ticamente, González organizó una juventud para alimentar la revolución burguesa y anacrónica del 25 de Octubre, contra la cual se levantaba en ver dad toda su filosofía inicial. O sea. Batió el huevo del heroísmo, le echó sal, lo revolvió y un viejo politiquero se lo comió.
* *

La bala disparada por González von Marees, el 21 de Mayo de 1938 le originó un proceso re tumbante y espectacular. Fueron a verle a la pri sión los más destacados dirigentes de la izquierda. Comunistas anti-fascistas y democráticos electora

les ponían al Fuhrer criollo en los cuernos de la luna. Se hacían solidarios de su actitud y aparecían la masa compartiendo un pedazo de la fama policial del jefe naci. Este, desde la prisión, acaso convencido de que podría después aprovechar a su favor la corriente frentista que le ensalzaba, hizo una declaración a la prensa que es, quizás, la mayor audacia que un político haya cometido en nuestro país. Dijo tranquilamente y con el mayor despar pajo: "No tenemos absolutamente ninguna concoante
"

mitancia

con

"

espiritual

ni

los llamados fascistas europeos, ní mucho menos material. Nuestro

71
74

Ricardo Boizard-

"

movimiento
mente con

tampoco

se

identifica

"

ideológica-

el fascismo."

O sea, la media vuelta completa y definitiva. Ellos habían tenido tanta concomitancia con
en 1933, el Jefe nacista se dirigía palabras a la Milicia Republicana: "El movimiento nacional-socialista auspicia fundamentalmente el reemplazo del actual Estado nacista o fascista." Habían confundido en tal forma su ideología j con los movimientos similares de Europa, que en < 1937, frente a la Revolución Española, exclamaba | el Jefe nacista: con estas
"

el fascismo que

"

"A
" "

esas

mismas derechas que

hoy

pugnan por

a cualquier precio al nacismo, les recordamos el caos de la España de Gil Robles, donde también el movimiento fascista (como en Chile), "debió sufrir la hostilidad enconada de los Partidos de Derecha. Sin embargo, hoy vemos en aquel país a los perseguidores de ayer asilarse en la fe fascista como en la única fuerza capaz de

aplastar

;

"

"

"

"

"

imponerse sobre la barbarie roja desencadenada
en

;

"

la Madre Patria."

¿Para qué seguir?
Era
se

tan

incurría,

era tan ese

parece que

tre nosotros

la contradicción en que desatentada la táctica, que nos se acabó para siempre en el fascismo, y, por lo menos, bajo la
monstruosa

mismo día

consigna de Jorge González,
levante
otra
vez.

es

muy difícil que

se

.]

Historia

de una

Derrota

75-

Lo que'no de aparecer mientos.
en

quiere decir
von

que la potente per

sonalidad de González

argún

Marees vaya a dejar sitio de futuros aconteci

Muerto el fascismo o no, la verdad caudillo de la calle Huérfanos continuó
turas, cada día más

es

que el
aven

sus

espeluznantes,
una a

a

través de

to

da la
en

jornada
se

electoral. En
no

llón de habitantes,
que

incurra,
por
a

ciudad de un mi pesar de las contradicciones es difícil que una colectivi
aun

dad sobreviva
sea

algún tiempo,

cuando

no

a un grupo de mucha las novelas policiales. Y sobre todo, no es difícil que sobreviva cuan do la alimentan desde afuera los humos de una cam

sino para llenarle la vida

chos aficionados

paña presidencial.

Jorge González, indudablemente,

no

buscaba

el triunfo frentista. Su finalidad era. servir la can didatura de Ibáñez. Sería él su Ministro del Inte
rior y lo
go, pero

manejaría

a

su

amaño.

Ibáñez miraba con ojos desconfiados este jue Era el momento en no con malos ojos. que cada uno pensaba comerse al amigo y, natu ralmente, procuraba engordarlo para el sacrificio.

González

von

Marees

coqueteaba

con

Aguirre

Cerda. Este con los nacistas y con Ibáñez. Ibáñez González Vicon los radicales y los comunistas.

76

Ricardo Boizard

déla

con

los comunistas y

con

Ibáñez." Sucedía allí

en los "Viajes Morrocotudos" de Pérez Zúñiga, en que el explorador invitado a comer por los antropófagos no sabía si terminaría el festín en ca lidad de visitante o de potaje. Los radicales, con su candidato frentista, no se sentían bien. Juan Antonio Ríos, que ya no tra bajaba para Ibáñez sino para él, encontraba las co sas

lo que

no se

cada dia peor. Consideraba que los militares calentaban con el candidato y llegaría el mo
de la votación sin

mento

ninguna garantía

pata

los opositores. Habría sido mejor, quizás, cambiar le por un hombre que atrajera las fuerzas ibañistas, que hubiera tenido amistad con Ibáñez y hasta que hubiera creado, en cierta forma, un Congreso termal en la Dictadura. La buena táctica le acon

sejaba no decir más, pero hubiese agregado que el candidato necesitaba ser un hombre de pantalones, y los pantalones, desde tiempo atrás, no los usaba sino él en el Partido. Aguúrre Cerda viajaba. Se producían los he chos más tremendos. Gabriel González abofeteaba a Salas Romo en la Cámara y caía vendido sobre la
roja alfombra.
cían que No importa. Los telegramas de Aguirre Cerda pasaba por Ruca-Pequén, Se disolvían sindicatos obreros. Aguirre Cerda
a

llegaba
porta.

Curepto.
No im
y pasa-

Una

huelga ferroviaria en perspectiva. Aguirre Cerda seguía a Vichuqitén

¿a

por Hualañé.

Historia

de una

Derrota

77

la

Enérgfca. protesta de la asamblea radical por expulsión de un empleado. En ese momento Aguirre Cerda iba llegando a Curicó.
Los huasos de quecura, los boteros de

Camarico, los viñateros de CobTomé, le ofrecían sendas

manifestaciones
Pero
en

populares.

rriente ibañista

Santiago sabían que si Ibáñez o la co no los apoyaba, el cohecho resol

vería la elección.

mente por

ibañistas, encabezado brillante Ricardo Latcham y alentado por seme a organizar lo que du rante poco tiempo subsistió bajo el nombre de Alianza Popular Libertadora. En realidad, aquello no tenía otro objeto que hacer aparecer a Ibáñez sostenido por otra cosa que no fuese sólo el inci
jante
panorama, comenzó

Un grupo de

piente nacismo,
Ricardo A. Latcham había puesto su dialéc adjetivación al servicio de tal movimiento sintético y se comenzaba ya a hablar del Genetal de la Victoria, como también a decir que mientras
tica y

Aguirre Cerda visitaba los pueblecitos, Ibáñez
corría los cuarteles.

re

Tomaba cuerpo también una leyenda que con el tiempo resultó verdadera. Se hablaba de un se ñor Ariosto Herrera acaudillando a los militares.

"*!%
Ricardo Boizard

Jorge González, naturalmente, fb podía de jar de sentir apetito ante tal rumor. Veía que por el camino normal iba a llegar un momento en que la candidatura frentista quedaría perdida en los andurriales del sur. No parecía lo suficientemente fuerte la posi ción de un hombre que pretende luchar contra un pirata desde los andenes del ferrocarril. Sin un cambio de la situación, sin un hecho que violentara las cosas y sacara a la izquierda del pantano, triun
faría Ross y los

antropófagos

terminarían por

ser

devorados en conjunto. Sólo así se explica que el
comitancia
o no con su

parado la bomba de arreglada para caer sobre Aguirre, pero que ] la fuerza del destino cayó precisamente sobre 1
cabeza de Ibáñez,

jefe nacista, en con candidato Ibáñez, haya pre Septiembre, perfectamente

EL

5

DE

SEPTIEMBRE

Alguien
la
causa

ha dicho que el

5 de

Septiembre

es

precisa de la victoria frentista. Es esta la verdad, pero el í de Septiembre no es una callampa
solitaria. Es la resultante

indispensable
es

nómenos anteriores;,

de numerosos fe la enfermedad largamente

Producida ésta, no había sino cortarla, pues sus consecuencias hu biesen derrumbado toda la vida más o menos cons titucional del país.

preparada

por

unos

y por otros.

En
se

efecto, Ibáñez

y el nacismo fueron incon

cientemente utilizados por las fuerzas

políticas

que

disputaban el poder.
Un día el Gobierno

presentaba al Ibañismo como responsable de todas las fechorías imagina bles y, por cierto, le devolvía beligerancia. Otro día la oposición amenazaba con Ibáñez, confesaba claramente sus concomitancias con él,
buscaba alianza
que estos,
con

los elementos dictatoriales y,

naturalmente, aceptaba las soluciones de violencia

implícitamente,- pudieran ofrecer.

80

Ricardo Boizard

Los que confesaban

su

fe democrática

con

los

labios, los que abominaban de la violencia en los discursos, parecían unánimemente resueltos a usar de la violencia para defender la democracia, o lo que ellos llamaban la democracia; para defender, en verdad, un interés o una ambición bajo la fal
sa

máscara.

En cierta ocasión, Juan Antonio Ríos en la un libro sobre la cabeza del Minis del Interior. Quiso la casualidad que ese libro fuera precisamente la Constitución Política del Es tado. El enemigo del civilismo y la democracia Ha bía dado un símbolo a los hipócritas de la constitucionalidad. Desde ese día la Constitución Política se uti lizaba, ya no para defender los derechos o para im poner la autoridad, sino para lanzarla con todo K^ peso sobre el adversario. Nadie de la oposición protestaba por sus con
Cámara lanzó
tro

comitancias con los dictadores. Nadie, sólo nosotros, en el gobierno, protestábamos por los abusos de la

autoridad.
Era grave, sin duda, que la de violencia. Pero más grave aun
nos

la violencia

atropelladora

y arbitraria

Gobierno. Un Gobierno debe ser indudablemente fuerte, y si siempre lo acompaña la ley, es más fuer
te

oposición usara parecía que surgiera del

todavía.

Cuando Alessandri, desentendiéndose del
dicto de la

vere no

justicia,

incineró la Revista

Topaze,

Historia de una Derrota

81

robusteció su autoridad, sino, por el contrario, la debilitó ante el país. Desde el alto sitio oficial de su Gobierno, bajó a la arena candente. Dio segu
ramente
un

pero

desde

ese

rudo día

blica el que
ñistas y

se

golpe transitorio a sus enemigos, promulgó como ley de la Repú podía usar de la violencia y los ¡ba

nacístas, que hasta ese momento habían usado de ella subrepticiamente y temerosos, en traron al comercio humano de la política, tuvie ron públicamente voz y voto y sacaron del fondo de su escondido baúl para el uso de todos una pro hibida llave ganzúa: la violencia. Comenzaba a imponerse en la política una co sa que ya no es la ley reguladora y justa, sino e! instinto; el instinto con todas sus brutalidades y salvajismo, con sus demasías grotescas y pueriles. González von Marees injuriaba en las asam bleas públicas al Presidente, calumniaba a sus Mi nistros y partidarios. La izquierda miraba su in
'

terés inmediato y

aplaudía con frenes!. Alessandri incineraba Topaze. La Derecha sa boreaba el bocado y presentía que, por ese cami no, la fuerza sin ninguna limitación estaría al ser
vicio de sus propósitos electorales. La Alianza Popular Libertadora

homenaje

a

Ibáñez. La
sus

prensa y sumaba

Salas Romo
rio y tomaba la

preparaba un izquierda proporcionaba su aplausos. atropellaba el fuero parlamenta responsabilidad del apaleo de dos

diputados.
HfSTOíli.
— i-

La Derecha comentaba gozosamente ln

Ricardo Boizard

legalidad al Ministro. Después de los vergonzosos sucesos del 21 de Mayo, las izquierdas, ya lanzadas por el camino
situación y daba patente de

franco de la revuelta y sin
cias que
so

prever las

consecuen

pudiera algún día provocarles el monstruo desatino, llegaban a la Cámara acaudilladas por

González von Marees y éste declaraba solemne que en lo sucesivo marcharían unidos de mocráticos y nacístas, bajo lo que él llamó gráfi camente "el signo de la pistola". Me imagino yo que en esos días turbios y demenciales de 1938, el espíritu democrático de que
mente tanto
se

alardeaba por

izquierdas

y

derechas

no

existía ya sino en unos pocos corazones, cuya voz cada día se sentía más apagada por los acontecí'
no miraba ya en democracia su salvación. Franco estaba a lai de Madrid a los rossistas les comían las puertas y manos por hacer otro tanto con su capital. Hala al Ejército, financiaban toda clase de pro- 4 gaban yectos de armamentismo y procuraban estrechar cada día mayores lazos con el Cuerpo de Carabi

mientos. Gran parte de la Derecha

la

'

neros.

La
en su
en su

ala

ala

Izquierda, por su lado, estaba dominada, moderada, por el ibañismo dictatorial y
extrema por

el comunismo antidemocrá
a

tico.

No
mo

puedo

yo olvidar

Gabriel González có

hablaba de la simpatía de

Ibáñez,

con

qué

ter-

Historia de

una

Derrota

83

nura se

sus

tinterazos
su

para

expresaba de los comunistas y, después de en el hemiciclo, cómo buscaba paz espíritu conturbado en la compañía aba
von

cial de González barca.

Marees y de Contreras Latan
en

¿Creía
sus

en

realidad Gabriel González que

democráticos

ilusiones
no

amigos iban a seguirle muy lejos republicanas? Tengo la impresión
menos

de

que, si

lo creía, por lo

veía la utilidad

de aparentarlo, y además, pensaba, como en mu chas ocasiones me lo confesó, que los comunistas chilenos eran distintos de los rusos y que los nacistas de Jorge González no se inspiraban en los or ganizadores de putchs. De lo que
eso es
se

deduce claramente que nada de
cosa

verdad,
son

sino que solamente los radicales chi
que los radicales de todo

lenos

la misma

el mundo.
su inde cisión y de su ambición a todo trance. Vivían," so bre todo, la desorientación de las decadencias his tóricas. Partidarios de la democracia, por lo me nos al través de la ecuación programática, el ve

Vivían ellos la

trágica amalgama de

neno

dictatorial

se

les metía por todos los

poros y

conseguía generalmente dominarlos. Juan Antonio Ríos, radical, era un leader ibañista. Justiniano So tomayor, radical, era célula comunista. Y hasta había lo que se llamaba "los radicales Pilóla", fran
ca

y decididamente rossistas.

"

1
Ricardo Boizard

Gabriel González tenía que
las latitudes de la

política

trina trascendental. Tenía que

moverse en todas inmediata y de la doc juntar en un solo

haz, bajo el aparente signo democrático,

a tan con

tradictorias personas. Y como resultaba más senci llo unificar a los hombres en torno a un interés, que a las ideas en torno a la unidad ya despedan?J da por el tiempo, consiguió lo primero, pero no \m
los radicales Aguirre Cerda, pero cada poncho su respectivo puñal.

segundo. Todos
a

se

juntaron

en torno

uno

llevaba bajo eiH
coa
'

Mientras los radicales civilistas pretendían
cosas a una

blicana, los

solución democrática y repupor mejor decir, la inmensa ;j mayoría, trabajaban en llevar las aguas a a la nacista, la comunista, la ¡bañista, 0| dictadura, en último término, a la rossista, dando la razón a los elementos dictatoriales de la sus excesos con ducir las
otros,
o

alguo*|
i i

derecha.
Don Rafael Luís Gumucio,
en

esos

días,

co-

la situación y constataba queJ todos, a una voz, parecían resueltos a destruir democracia. Las izquierdas buscaban la revolució* porque las derechas querían dictadura. Y fuerte! elementos de la derecha buscaban dictadura pO" que las izquierdas amenazaban con revolución

mentaba

con nosotros

llj

Hemos hablado del í de
tuvo

Septiembre

en

lo

de

golpe revolucionario.

qol

Pero debemos

agre-]

Historia

de una

Derrota

85

gar que

en

lo que

las

cosas

estaban

terrible masacre que mo de perfidia.

a la represión se refiere, también preparadas para que sucediera !a dejó sumido al país en un abis

Muchas veces he pensado que la sola aprobación de la acusación contra Salas Romo el 21 de Mayo de 1938 nos habría librado de esa represión criminal.

con crueldad ante la oposición. Significó también que había un sutil procedimien to jurídico para liberar de toda culpa al carabinera cuando procede. Y ese era el instaurado tan ma ravillosamente por la mente abogadil de la derecha en el más farisaico de los procesos públicos que se hayan ventilado en el país. Ya lo dijimos en páginas anteriores. El delito cometido por un jefe de carabineros no es tal, si ha obedecido órdenes de sus superio

taba y aplaudía su se debía proceder

¡Qué significó para el carabinero aquel episodio? Significó simplemente que el gobierno acep manera de actuar. Significó que

Caso de que éstas órdenes provengan del Mi nistro del Interior, o de cualquiera autoridad con responsabilidad ante el Congreso, basta con que es ta autoridad tome la responsabilidad del caso para borrar la culpa del jefe delincuente.
res.

Y basta con que el Congreso apruebe un voto político a favor del Ministro para que toda huella de responsabilidad desaparezca, para que no haya delito, para que la culpa se disuelva y para que la

86

Ricardo Boizard

sangre cruelmente

derramada

no

tenga nadie
se

en

la

tierra

a

Nunca los

quien clamar. hechos históricos

producen

aisla

damente y sjn un punto de referencia anterior. To da cosa grande, todo acontecimiento macizo que marca lindes en los pueblos tuvo siempre una cuesta más baja por donde subieron las pasiones hasta Hegar a la cumbre.
El 21 de Mayo de 193 8 es la primera etapa del 5 de Septiembre. No son, sin duda, las mismas personas las que actúan; no son tampoco las mismas circunstancias, pero el hecho central de la crueldad es el mismo y quienes la practicaron sabían ya que bajo aqud gobierno se podía ser cruel sin sanción alguna. Aun

más, aquellos hombres simples
el cruel.
ron

y llanos que actua
se

S

de

Septiembre

creyeron que

debía ser?

Proyectemos
hechos.
El

estas

consideraciones sobre lo)

Domingo

4 de

larga
mara,

etapa de

rumores

que González

Septiembre, después de un) y de misteriosos trajines en

von Marees no aparecía por la Cá la Alianza Popular Libertadora celebró un mitin para conmemorar el aniversario de la revo

lución militar de 1924.

Historia de una Derrota

87

Fué

presidido

por

Ibáñez, Latcham,

Gonzá

lez

Marees, Tobías Barros, etc. Un mitin ¡bañista era desde luego una novedad en el país. Nadie creía que el ibañismo pudiera salir de pronto a la palestra por simples objetivos de propaganda y se pensaba que de allí a la Mo neda no habría sino la distancia que toleraran los miHtares comprometidos. Tobías Barros acaudillaba de afuera a los de adentro. Aparecía éste en la política como un mi litar vestido de civil y sus actuaciones se entendían como representativas de una parte de la voluntad militar. Había para tener cuidado y curiosidad en esos
von

momentos.

Un grupo de amigos, que nos reuníamos ese mismo día en un gran almuerzo estudiantil de la Universidad Católica, fuimos a divisar desde lejos el desfile para tomarle el pulso a la ya famosa y

discutida Alianza Popular.
Una

larga columna
Una
a

Avenida Matta.
riosos veía pasar
se

no

de gente avanzaba por la menor cantidad de cu

los ¡bañistas y nacistas, como si hubiera tratado de gente recién salida de un soca

No estaban todavía en el Frente Popular y un conjunto abi garrado de gente que ni carecía de cuello ni lo llevaba almidonado. Gente intermedia, casi pudié ramos decir la provincia volcada en la capital,

vón.

abominaban de la derecha. Era

88

Ricardo Boizard

En todo caso, ción de Cousiño Eso
no esa

gente,

manifestación nos encontrábamos con grupos de espec tadores y todos coincidían en la misma apreciación.
era

cualquiera que fuese la condi aquello constituía una fuerte popular. En las avenidas del Parque
mitin monstruo, pero sí
con

quizás
se

un

un

grave síntoma.

El mitin
tes.

desarrolló

discursos

amenazan

Se habló de revolución y de fuerza. Se habló, incluso, de la participación del Ejército. Pero b tibia tarde primaveral terminó sin que se hubiera producido otro hecho grave que la ceguera de unos
cuantos

hombres de la derecha
a

empecinados

en ne

la Alianza Popular. Los diarios oficiales, al día siguiente, infor maron que un pequeño grupo de manifestantes ha bía tratado de impresionar con su fuerza sin lo

garle importancia

grarlo.
rios y para el

¡Qué tranquilidad país!

para

los lectores de

esos

dia

las doce y media de ese Agustinas al llegar Morandé, alto empleado de la Caía de Ahorros, cuyo nombre en este momento no re cuerdo, me dice que acaban de asaltar el edificio
a

Iba yo caminando cuando

día, precisamente
a

por la calle
un

del Seguro Obligatorio

y que

un

:ido asesinado por los asaltantes.

carabinero había

Historia

de una

Derrota

80

Hasta

ese

momento

se

creía que los móviles más espeso,
se

del asalto

el robo. Un tumulto, cada
eran

vez

formaba

las puertas del Seguro Obrero. Avanzo hacia la calle Moneda y veo venir un muchacho en manos de dos carabineros. Seguí en di pálido rección a El Diario Ilustrado para conocer mayores
en torno a

detalles

y para asistir

a

la reunión vespertina de

redactores,
numerosas

pero ya en la esquina me encontré con personas enteradas en parte de la situa

ción.
Se trata de un asalto nacista y seguramente vienen detrás los multares. Tropa de carabineros había sitiado ya la Caja y parece que pretendía descerrajar las puertas ce rradas por los asaltantes. Después de largos minutos de silencio y de espectación sonaron disparos en el interior del edifi

cio. Una muchedumbre venida de no sé dónde pre cisamente a la hora en que todos van a almorzar

estaba juntándose

cerca

de la Moneda y los

cara

bineros optaron por desalojar los sitios de mayot importancia estratégica. A medida que los cara bineros actuaban fuimos avanzando los curiosos y
,

desde

lejos

mirábamos el
una

teatro

de los
que

sucesos

sin

comprender
rriendo.
para
nas

palabra de lo

estaba

ocu

de noticias

Cerca de las dos de la tarde llegué a mi casa tranquilizar a los míos. Las calles estaban lle y de agitación. Una multitud in-

90

Ricardo Boizard

quieta corría por todos lados y de vez en cuando escuchaban a lo lejos los característicos y secos estampidos de las carabinas.
se

El teléfono zumbaba a cada momento. De to das partes daban o pedían noticias. Entretanto, frente a nosotros y sobre los te chos se divisaba a lo lejos algo inmóvil y negruzco de donde partían los inquietantes disparos: lo que se llamó la Torre de la Sangre.

Después de almuerzo y dejando todo prepa rado para cualquiera emergencia revolucionaria, sa lí en dirección a la Cámara, donde la sesión debía
iniciarse
a

las 4,

como

Con el

objeto

de costumbre. de pasar previamente por la

casa

de don Rafael Luis Gumucio, seguí por la calle Ri-

quelme
tré de que tan
su

para continuar por

Compañía.

Me

encon-

\

improviso ignorante

con

como

automóvil para

indagar noticias. Continúame*

Ladislao Errázuriz Pereira, yo de los sucesos, detuvo- '|
J

juntos en lo mismo, pero la verdad es que a esa hora no había en todas partes sino la más turbia incertidumbre.
Nos fuimos a la Cámara. Al entrar, me se y fui directamente a nuestra sala de trabajo, donde me encontré con el diputado ra dical ¡bañista de ese tiempo, mi querido dofl

]

paré de Ladislao

Emiliano Bustos.

amigo

:

Historia

de una

Derrota

91

Habían

días,
como

que

llegado tan allá las pasiones en esos un hombre tranquilo, serio y ecuánime Emiliano Bustos, me recibió con las textuales
que
un

palabras

siguen:
Estas
son

—Vea usted.

Organiza

complot

para

las gracias del León. justificar la interven Ibáñez.

ción electoral y para anular
muy seductor que fuese
unas

a

Inmediatamente le rebatí diciéndole que, por
cuantas

no parecía que personas, incluso el carabinero asesi

Alessandri,

nado, aceptaran morir pedí que meditara y
acontecimientos.

para servir que

su

capricho.

Le

esperáramos juntos los

A las cuatro y cuarto de la tarde

supimos algo

de lo

que había

sucedido.
nacistas habían

organizado un pustch. Se habían apoderado de la Caja de Seguro Obligatorio y de la Universidad, parapetándose allí hasta que los dominó la policía.
cuantos

Unos

Se hablaba de muchos muertos entre amotina dos y carabineros. Nadie conocía detalles precisos,, se sabía sí que ya la revuelta estaba sofocada. A la sesión llegaban diputados de todos los co lores políticos, incluso ibañistas y nacistas. Venían tan ignorantes como nosotros de todo. Eso se veía a primera vista y de ahí por qué el complot, en el primer momento, aparecía con caracteres ex traordinarios de misterio. Se sabía desde luego que no era Alessandri el organizador de su propio asalto, como lo pensó de buena fe Emiliano Bustos; y. que no era tampoco
pero

©2

Ricardo Boizard

el Frente

Popular el asaltante,

como

gunos que confiaban más de lo necesario

lo creían al en la va

de
en

lentía frentista. Nadie a esa hora sabía nada de la masacre ni sus horrendos pormenores. Todos parecían reac
a una

cionar

voz,

espantados

por las

consecuencias,

de los organizadores del pustch. Les re pugnaba el acto a las derechas por estar dirigida contra el Gobierno. Les repugnaba a las izquierdas porque con ello se justificaría la intervención. Y
contra

parecía repugnarles también
su

a

los íbañistas, porque
en una

candidato

figuraba

envuelto

aventura

pueril.
Todos, sin embargo, ese día, estaban ya pen sando en la mejor manera de sacar partido del pustch y casi llegaron a un acuerdo para no hablar nada
de él en la sesión. El acuerdo se desbarató porque nosotros,
a

quienes sólo interesaba el mantenimiento del or den legal y la defensa de las instituciones, creímos .necesario decir que desde luego condenábamos el
atentado.
Manuel Garretón habló en la Cámara a las y media de la tarde del í de Septiembre en defensa del régimen constitucional y don Humber
cuatro

to

Mardones
con

ingenuamente preguntó
para

per

cumplía

el compromiso del silencio.

qué

no se

res

qué el silencio? ¡Ah, los cuervos de la política veían cadáve y había que pensar con tranquilidad en la ma
de devorárselos!

Silencio. ¿Y

nera

Historia

de una

Derrota

93-

Comí de la

esa

noche

en

la

casa

de Gumucio y
esa una

aun

que hacía varios que el

meses

que
en

estábamos

Moneda, régimen atravesaba

creímos que

apartados oportunidad, en
crisis cuyos de al Presi

por

talles desconocíamos, había

que visitar

dente.
Fuimos a la Moneda y divisamos la mesa pre sidencial llena de comensales. Naturalmente, la lar ga familia del Presidente estaba allí reunids en el momento del peligro.
Vimos al General

Novoa,

a

Waldo Palma, Sa

las Romo, el General Amagada y varios más. Ales sandri estaba esa noche verdaderamente locuaz. Después de un día en que todos los disparos y los peligros gravitaron sobre él y sobre los suyos, ese hombre permanecía sereno y hasta rejuvenecido. Hablaba de que si los nacistas hubieran lle gado hasta su casa les habría recibido a balazos, y sólo muerto, le hubieran podido coger. Lo que de
cía
no era una exageración. Durante todo ese día dirigiendo la sofocación del conato y en ciertos momentos se le vio a cielo razo sin temor a los proyectiles ni al peligro. Los que después han pretendido suponer que este hombre valeroso y firme de esa noche tuvo la iniciativa de dar la orden fría y premeditada de matar a los prisioneros habrían necesitado sólo ver le así para desvanecer toda sospecha. Era un hom-

estuvo

94

Ricardo Boizard

bre después de la acción contra fuerzas desencade nadas y no después del crimen. El crimen lo hubiera tenido envuelto en una penumbra de silencio; le hubiera impedido comer con sus hijos y sus nietos, unos muchachitos que vagaban curiosamente entre la concurrencia agi tando sus bucles rubios. Habría estado recluido ensu cuarto, en el escritorio, en cualquier sitio aislaJo, o en todo caso, lejos de allí. El hombre que yo vi esa noche no ha dado la orden que se dio esa tarde. Si yo hubiera conocido a esa hora los detalles de la masacre, que sólo fui escudriñando mucho íj después, seguramente habría descubierto al autor. Quién ha ordenado fríamente la muerte de gente i indefensa, quien la ha visto caer y retorcerse en la agonía, debe tener algo en el rostro, una huella en los ojos, cualquiera cosa torva y fría, pero en todo 1 caso no esa abierta y sincera voluntad de defenderse.
,

,]

,

No negaremos que Alessandri

esa

ba de sentir
sistía
en

noche deja
'
,

una

que Ibáñez

licia.

dilecta satisfacción. Y ésta conhabía sido atrapado por la poen

—Lo tengo, lo tengo ya

maba

con

fruición.
nos

mis manos, excla
re

Fernando Alessandri

dio detalles de la

friega.
Su versión era la misma de los primero» días: la versión oficial. Cuando los muchachos

estaban

Historia

de una

Derrota

95

rendidos, alguien disparó
éstos

contra

los carabineros y

se

defendieron.
muertos entre

¿Cuántos

los amotinados?

preguntamos

con

curiosidad.

cisamente la que resultó
con

nos dio una cifra espantable, que no es pre después. Nadie sabía nada seguridad en esa noche. carabineros muertos? ¿Cuántos

Se

Se nos habló del carabinero Salazar. Eso ya lo sabíamos. Pero ¿quiénes más? Se pidieron listas. Aparecían heridos, pero no
muertos.

¡Cosa curiosa!
con

Salimos
pasar frente

don Rafael Luis de la Moneda. Al

a la Caja de Seguro Obligatorio, unos grandes furgones cargaban a los muertos. Aquello era lóbrego y triste. Don Rafael Luis hizo un ges to de repugnancia. Después de largo silencio, le hice notar la cu

riosa circunstancia de que no hubiesen muerto ca rabineros en la refriega. Gumucio estaba tan lejos de imaginar siquiera la masacre; había tanta distancia entre su espíritu y la vaga enunciación de esa sospecha, que inmedia
tamente

me

contestó:

Es que

ocultan, sin duda, el número de
para no alarmar. én silencio. Había
en

ca

rabineros
unos

muertos

Seguimos
letreros
eran

las

paredes

amenazantes.

Eran alusiones al Go

bierno,

vaticinios odiosos.

96

Ricardo Boizard

me advertía que era mucho tiempo esa situación en ambos bandos se que política habían colocado, yo continuaba obsesionado por el de los muertos. problema ¿Y si fuera verdad la versión de que no hay ningún carabinero muerto en el combate? Ah, me dijo vivamente don R.afael Luis. Eso

Mientras don Rafael Luis
mantener

imposible aguda de

tirantez

,

no

sería
La

combate, sino masacre. palabra "masacre" venía

a

nuestra mente

con

excesiva facilidad.

Detrás de cada considera

i

ción to,

ción

nos asaltaba. Era aquello como una adivina en la noche, bajo la tristeza del presentimienbajo la angustia de una desconfianza mortífi-

cante.

i

Al día siguiente, la prensa de izquierda fué censurada en todo lo que se refería a los hechos del Seguro Obrero. Sólo en "La Hora" se publicaron

algunas
so creer

versiones extrañas y
era
. .

sugestivas.
Era
tan monstruo

Pero
.

tan

difícil

creer.

diarios, la gente murmuraba. Lo! prisioneros de la Universidad, una vez rendidos, ha
bían sido llevados donde
tos con
sus

A falta de

ellos.

Sólo

compañeros y

muer

¡Qué
ras

peso,

cuatro salieron con vida. qué mortificación la de esas ho

de incertidumbre!

Historia de una Derrota

97

Los muchachos de la Falange, muchos de los cuales habían conocido en la Universidad a los amo

tinados,
mos

nos

proporcionaban detalles

que tratába

de aminorar.

Rossetti, tomando la defensa de los ibañistas, pintó en la Cámara un cuadro horripilante que más atribuíamos a su imaginación dantesca que a
la realidad. Recordó que Ibáñez habia renuncia do después de la muerte de Pinto Riesco. Ahora, sin embargo, se había masacrado a 63 muchachos.
No podía ser, y sin embargo, las circunstan cias y los pormenores acusaban.

^ Tan sincera había sido hasta ese día la credu lidad de los hombres más cercanos a Alessandri; tan desconocedores eran ellos de los detalles de la

represión, que el 7 de Septiembre, Eduardo Moore pronunció en la Cámara un discurso violentísimo
contra

los amotinados y
en

sus

instigadores.

A los pocos días volvió
sas

que flotaban

a hablar y ya las co el ambiente dulcificaban su

tono.

Jorge González von Marees confesó de plano delito, en una carta patética, y se entregó a la justicia.
su ese

Sí, nos decíamos nosotros, el hecho central es delito. El hecho central es el atentado contra

el

régimen constitucional. Pero,

en

las

calles,

en

HlsToaü.— 1

98

Ricardo Boizard

los

salones,

en

los comentarios íntimos.
a

.

.

¿y

esos

muertos?

Después,
con con ese

empellones,

a

pesar de la censura,

la fuerza de las verdades incontrarrestables, grito inaudible que la sangre tiene y que sube de las raíces de la tierra a nuestra pro pia sangre, se fué conociendo, se fué imponiendo la verdad, la más atroz y desconsoladora verdad que hayamos conocido los hombres que, por servir a un gobierno con lealtad, nos olvidábamos de una tremenda lealtad con las víctimas. ¡Cuánto endurece la política y cuánto en
acaso

gaña!
con certeza

Declaro firmemente que si hubiera conocido todos los detalles que en esos días pre

nos obligaban a desconfiar, nues tras intemperancias con la derecha, nuestras in comprensiones por su actitud y nuestros obstácu los a su propósito represivo, habrían sido mil veces mayores que lo que fueron y habríamos quizás eiperímentado en ese instante una evolución trágica,

sentíamos y que

He aquí la verdad. .■) Por orden de Jorge von Marees, quien fragua- 'i ba una conspiración militar de la cual sus subordinados darían el primer paso, el J de Septiembre j a mediodía dos grupos de nacistas entraron arma'

Historia de una Derrota

99

dos

a

la Universidad de Chile y

a

la Caja de Se
dos
o tres

guro

Obligatorio.
Los de la Universidad
encontraron a

empleados, como1 también al rector don Juvenal Hernández, a quienes dejaron detenidos en sus res pectivas Oficinas. En seguida cerraron las puer
tas y se

parapetaron

en

el edificio.

Los de la Caja de Seguro Obligatorio fueron detenidos por el carabinero Salazar, a quien mata ron de un tiro en la puerta del edificio, cerrándola después con llave. Empleadas y empleados que aun no salían de su trabajo fueron llevados como rehe nes al último piso, y allí los amotinados organiza ron el cuartel general de las operaciones. Tan pre

parado estaba todo, que allí montaron un receptor especial que de tiempo en tiempo trasmitía lar ór denes del Jefe, instalado en la ya famosa radio
Pitón.
Un doble tubo con escalera y ascensor comu nica los doce pisos de la Caja y a los amotinados les fué fácil impedir la llegada de los carabineros hasta el sexto piso, donde se corta el ascensor prin cipal para continuar en otro sitio hacia arriba.

Los carabineros, entre tanto, habían entrado ya a los primeros pisos del edificio, donde llegaban las bombas que al través del tubo del ascensor lan zaban los amotinados desde arriba. El Coronel González Cífuentes ron sus hom bres alcanzaron el
sexto

piso,

pero de allí

no

pu-

100

Ricardo Boizard

seguir hacia arriba. La posición adoptada era casi inexpugnable. Grupos de carabineros disparaban a las venta nas superiores desde la plaza de cemento, y uno de estos disparos alcanzó al joven Gallmeier, único na
por los nacistas

dieron

cista que murió combatiendo y a quien la bala atra vesó la parte superior del cráneo. En la Universidad estaban sucediendo otros hechos a esas mismas horas. Tropa del Ejército dis

paró un cañonazo contra la vieja y pesada principal, y por el boquerón abierto, entró

puerta fuerza

de carabineros al mando del mayor Guerrero. Los amotinados, al ver que el Ejército con cu
yo apoyo contaban
se

volvía

contra

ellos,

compren
..»

dieron la necesidad de rendirse y fué así como *alieron conducidos por los carabineros de dos en dos hasta la calle. Allí se les allanó con fiereza. Tres de ellos fueron golpeados a pesar de las garantías ofreci das. Se les volvió a poner en fila y se les obligó a seguir por la Alameda hasta la calle Morandé y en trar por esa calle en dirección a la Prefectura del

J
j
i

j

Tránsito.
En el momento en que pasaba la miserable ca ravana frente a la casa particular del Presidente, salía de allí el General Amagada, quien, al verla, preguntó con su habitual dureza:

'{

¿Quiénes son y dónde van éstos? Se le hizo presente que eran los rendidos de la Universidad. Un sobreviviente de la masacre, el na—

i

Historia

de una

Derrota

IOí

cista Montes, ha declarado después que el General Amagada murmuró al saberlo:
que liquidarlos fotografías que se les tomó en el camino, acusan la terrible depresión de aquellos muchachos. Van con los brazos en alto, temerosos y pensativos. Sus pobres ropas se agitan con el vien to frío de esa tarde y sus espaldas rozan la punta
— . . .

A

éstos, hay

Numerosas

de las carabinas
to y

con

helada intuición.

Seguro, un muchacho al rubio mira hacia arriba a sus compañeros que combaten. Es la última vez que mirará hacia arri ba, es el último día de mirar, de querer y de tener esperanzas. Otro, de la cara huesuda y enjuta, na da mira ni desea ya. Van algunos como despavo ridos ante lo imprevisto. Piensan en la prisión, en la muerte quizás. En la crueldad humana, no
Frente al edificio del

piensan.
Al

llegar al
en

edificio de la Línea Aérea Nacio
con

nal,

o

sea,

Agustinas

Morandé,

un

emisario

los detiene y trasmite la orden de volver atrás. Au

tomáticamente, la columna gira. Los fotógrafos persiguen a los muchachos hasta la puerta de la Caja de Seguro. Los últimos fogonazos recogen to davía entero lo que van a despedazar adentro. Se les empuja para que vayan de prisa. Una lleva sangre en el rostro y parece desmayarse. Otro mira con impavidez. A todos, inexorablemente, se
los
va

tragando

la puerta.

102

Ricardo Boizard

a
a

obligar

Pero ¿no estaban rendidos? Aun así, se les v« a combatir o a parecer combatiendo. Vtft'i servir de emisario y de parapeto,
se

que que

El mayor Guerrero les ofreció seguridad para rindieran. Pero más que un mayor es un
y más que un coronel, un general, y general, quién sabe. ¿Había que dictar

coronel,
un

más
una

de la República para garantizar esas vidas? No es hora ya de discutir. Son las tres y hay que terminar a las cuatro. Llegan al segundo piso, al tercero, al cuarto. En el sexto piso, está "com batiendo" el coronel González Cifuentes, y al ver llegar a los amotinados de la Universidad, no sabe qué hacer con ellos. Mientras llegan las órdenes los encierra. Quedan allí bajo la vigilancia de sus verdugos y ya con la esperanza perdida. ¿Qué más esperar si existe de antemano la seguridad de la muerte?

ley

■]
1

¿A quién clamar

si

una

fuerza desconocida y

ca-

nallesca se ha puesto en esa hora en el sitio de k*— Tribunales de Justicia, en el sitio de la ley, para

fusilar

en

¿NO habría sido mejor combatir hasta la muerte? ¿Por qué creer que rendirse es entregarse a la buena fe del enemigo? ¿Y cómo no creerlo cuando el enemigo es un soldado de la patria y desconfiar de
misma?
ese

lación?

única instancia y sin proceso y sin ape

j

'

1
"

soldado sería traicionar

a

la

patria
peor

Ah, los instantes vividos dentro de esa pieza, deben haber sido el principio de una musrre

Historia de

una

Derrota

103

que la otra
zas, de
nes

muerte. Muerte de todas las esperan las más hermosas ilusiones, de las concepcio gallardas que se crean al calor de la juventud

y

del. patriotismo.
Pero
no.

Es posible que ahora venga el cum de lo prometido. Golpean en la puerta. El coronel González llama al joven Yuric, el de la mirada perdida en el cielo. Es un muchacho alto y rubio. A pesar del raido abrigo, tiene frío. Se le ha elegido para que vaya de emisario. El mucha cho avanza prestamente, casi sin voluntad. Pen semos que tuvo valor, pero ahora le asalta el mie do. Ha visto tantas cosas en tan pocas horas. Sube las escalinatas de piedra. En cada recodo una ventana le hiere con el viento frío. Ese viento silba y quema. Sus compañeros están en el último piso y desde abajo les grita:

plimiento

El

No disparen, que soy Yuric, Ellos le esperan con ansiedad. ¿A qué viene? todavía crédulo y optimista, les aconseja que se rindan para salvar la vida propia y la de todos. Los militares no están con ellos y en la plaza apuntan hacia arriba. Si pasan las cuatro y los carabineros no han logrado desalojar el edi ficio, los militares dispararán sus ametralladoras.

pobre Yuric,

¿Para qué resistir?
Si los de arriba hubieran conocido los verda deros propósitos de sus enemigos, habrían contes tado fríamente:

¿Y

para

qué rendirse?'

J

104

Ricardo Boizard

en su

Pero la ventaja del malvado es que va tan allí maldad, que la imaginación no lo sigue. Y

he aquí que el pobre Yuric, después de dos viajes entre los altos pisos para comunicarse con sus com

pañeros

y traer la

contestación, consigue

conven

cerlos. Hay que rendirse, Hay que bajar. Y los de arriba comienzan a bajar. Bajan junto al emisario, junto a Yuric. Llevan sus brazos ia¡ alto. Son desarmados y después, en un momento de- M terminado, sin que nadie sepa por qué, sin que se j haya podido desenfrenar hasta hoy quién dio la.orden y qué maldito chacal se introdujo en el cuer- ■ po de un hombre para darla, esos rendidos y deshe-'fl chos combatientes, que habían sido despojados de sus esperanzas y de sus armas, fueron diseminados

,

-

¡

escaleras, fueron asesinados a quema-ropa, despedazados sin ninguna consideración de piedad. ¡Pobre Yuric! Allí quedó también él, con los ojos hacia arriba, como en la fotografía de la prenfueron
sa,

por las

jfl
!

-1

junto

a sus

compañeros de los cuales había sido
'

victimario sin saberlo.

Hay más. Los rendidos de la Universidad estan vivos. Hay que "liquidarlos" también. Y los hacen salir y les disparan a lo largo de las escaleras
y los
matan
con

,
.:

las

armas

con

los caballos han logrado

que

se

sacrifica

a

,

que

dejan

de servir.
Los

Son las seis de la tarde.
ya reducir
a

"combatientes"
no

los rendidos, pero

han

J

Historia

de una

Derrota

105

logrado
Y

dada de

terminarlos de matar. La orden ha sido manera definitiva: liquidarlos. resulta escandaloso que el público si ga imponiéndose de los disparos, hay que liquidar los con arma blanca, con la culata de los fusiles y con la punta de los sables.
como

Comienza
ya
no se trata

aquí

un

segundo "combate",

en

que

de reducir a los rendidos. Ahora se Uno de ellos, trata de reducir a los agonizantes. Pedro Molleda, muchacho chileno y difícil de mo rir, con la vida pegada al cuerpo como' las raíces en

la tierra, pretende reanimar
en

a

sus

compañeros,

y

el

momento en que

lo rematan, exclama:
porque
esta san

"No

importa, compañeros,
a

gre salvará

Chile."

¡Pobre Molleda!
tarde ya y no todos han muerto. Se siente ruido en la escalera y los asesinos se detie nen. Alguien sube. Es un diputado en visita. Raúl Marín Balmaceda quiso conocer el teatro de la ba talla. Su ingenuidad al pensar en "batallas" le ha bría valido la muerte algo más temprano. Pero si gue piadosamente mirando y en realidad, aquello parece una batalla. (Los de la Universidad pare
Pero
es

cían rendidos. Los carabineros
tres.
vos.

parecían soldados).

De pronto, alguien se mueve. No es uno. Son Raúl Marín avanza y descubre que están vi

fué mayor
mataba.

Afortunadamente su piedad por esos hombres que su lealtad hacia el régimen que las
Y

bajó apresuradamente

para que

se

se-

Ricardo Boizard

cara

a

mente
-

los moribundos de allí. Obtuvo inmediata. la orden. Estos se levantaron de entre los
y

muertos

salieron, gracias
tres

a

él, de la Torre de la
nos

S

Sangre. ¡Salvó
otros

el

21

de

vidas, y pensar que si vota con Mayo habría salvado las 63. .!
.

tarde sangrienta. Cuando salió el Diputado existía todavía un vivo. Había visto rematar a sus Premacabra discusión entre dos carabinerobarle el reloj, estaban decididos > cortarle la mano. Antes que se la cortaran llegó el relevo. Venía un carabinero de buen corazón y pudo entenderse con él. Este anunció lo ocu
una

lo sabía Raúl Marín y todos los chi lenos debemos agradecerle su actuación de aquella
no

Pero

?

senció

companeros.

1
'

ros, que, para

rría

que

a sus

Marín,
Gracias

superiores. Después de la visita de Raúl
no se

ya
a

podía seguir rematando

eso,

se

libró.

gente.

Era el nacista Montes.

Los días
en

que

la Cámara

vida

parlamenta™. Existía,
en

sucedieron a estos hechos fueron qu,2ás los más dolorosos de nuestra
sin En

plot,
von

que la parte má, temible
s,no

duda,

„„

gran

com

no era

Marees,
en

Ibáñez.

Gonzáta
pre-

misma

que ocurrieron los

efecto,

la mañana

hechos habíase

Historia

de una

Derrota

107

sentado Ibáñez a la Escuela de Caballería y allí los oficiales le detuvieron. ¿Se podía dudar de la relación que existía en tre el General de la Victoria y el Jefe nacista?
Si existía
un

complot ¿cómo negarle
armas

a un

go

bierno constituido las se defienda?
Las
tros no

necesarias para que
masacre.

izquierdas hablaban de la vislumbrábamos,
con era

Noso
y
aun

conocíamos aún los terribles

hechos,

que los

cha

para cooperar

insuficiente la sospe nuestro voto en el derroca

miento del Gobierno. El día en que se discutieron las facultades ex traordinarias en la Cámara, con motivo del com plot, una espesa atmósfera de tragedia volaba so bre nosotros. La inmensa cúpula de vidrio que co rona la Sala de Diputados parecía roja de sangre, y de las tribunas y galerías llegaba como el vaho de un contenido llanto. Mujeres de luto nos miraban desde las tribunas de damas y frente a nosotros una abigarrada muchedumbre se apretujaba temblo
rosa.

La verdad es que en aquella cesión, arriba se sabía más que abajo de la masacre. Arriba esta ban los padres, los hermanos, las hermanas de las víctimas. Nosotros éramos oficialmente los enemi gos de las víctimas. En los primeros días las derechas llegaron amenazantes y soberbias. Después, a medida que se conocían los hechos, fueron recobrando la cal-

••*

^

108

Ricardo Boizard

ma.

los diarios.

A pesar de la censura aparecían artículos en Las fotografías hablaban por sí solas,

Y sin embargo, había que condenar el atentado y dar al Gobierno las armas para defenderse. Esas crueldades en una Dictadura habrían si do infinitamente más terribles y más irremediable! \ que en el juego abierto de la democracia.

Este, sin embargo,
vence, pero
no mueve.

es un

argumento que

con

abajo nosotros sólo teníamos argu mentos, arriba, los parientes de las víctimas tenían el pueblo y las lágrimas. La derecha me pidió a mi que defendiera e*™ día las facultades extraordinarias, conocedora co- ¿
Mientras
mo era

de

nuestra
era

decidida convicción democrática,
momento

Aun cuando
ra

quizás el

más difícil pa

j

defender a un gobierno y yo el diputado menos convencido para hacerlo, era también el único mo mento en que, acaso, tendría nuestra voz una ver dadera eficacia.
Comencé
otra
con

estas

palabras,

que,

dichas

m

ocasión, habrían parecido excesivas
"Yo
no un
.

y

ridiculas: a

con

puedo negar que entro en este debate sabor de lágrimas y de sangre en los la"!

bios.

."

]

El auditorio escuchó con respeto y aun con cierta emoción. Desarrollé todos mis argumentos con tranqui lidad y, a pesar de que sostuve con calor la necesi dad de apoyar las facultades extraordinarias, se me

Historia de una Derrota

ioíj

dejó
guna

terminar

en

el más
en

religioso silencio,

sin

nin

de mí temperamen to, yo ese día no ataqué ni critiqué. Había que marchar con cuidado para no resbalar en la sangre.
contra

interrupción. Naturalmente,

La Cámara discutió dos días
nuos

seguidos

y conti

izquierda,

las facultades extraordinarias. Los oradores de en su mayoría, hablaban con frenesí. Ha blaban demasiado de la "terrible masacre", de que "la sangre caería sobre el Gobierno" y da mil tru culencias más. Todo eso, naturalmente, se tomaba con beneficio de inventario. Los que queríamos escuchar la verdad, oíamos sólo acusaciones apoca

lípticas
Un

y

contar los voz de Pedro monótono y su ade mán carece de vitalidad. Es lo que se llama un buen orador que no se hace escuchar. Después he leído el magnífico discurso. En esos días no había tiem

repetidas. orador, sin embargo, pretendió

hechos. Fué Pedro Alfonso. Pero la
Alfonso
es

apagada,

su acento

po para leer.

Más que los

oradores,

era

la intuición la que

hablaba

a nuestra conciencia, y cada tarde parecía que de la negruzca chimenea del Seguro saliera el

humo de la crueldad

.

.

.

lio

Ricardo Boizard

se aprobaron las facultades con nues después de incidentes que daremos a co el próximo capítulo, los diputados de la Falange no podíamos borrar aún el pensamiento de las víctimas masacradas. Nos parecía que en una civilización cristiana que se precia de tal no se puede matar alevosamente. sin que se despierte una tempestad que con la ex-*

Cuando

tros

votos,

nocer en

píación destruya el mal.

Especialmente, Manuel José Irarrázabal participaba sus aprensiones.
Un

me

hubiéramos puesto de acuerdo, hicimos sendas declaraciones a "El Imparcial", en el sentido de que aquella masacre debía ser castigada, investigándosela a fondo y sin con

día,

como

si

nos

templación.
Al dia

siguiente

en

la mañana, recibí

un

tele
'

fonazo de la Moneda. Uno de los más talentoso» ministros conservadores estaba en el fono:

Ricardo,

me

dijo, ¿cómo
esas

es

posible
en

que ha

yan

hecho ustedes

declaraciones
son

"El Imten

parcial"? Ministro, le contesté,
dientes

declaraciones

a conocer

la verdad.

Estoy de

esas cosas

el Ganeral Arriagada

acuerdo, pero usted comprende que inquietan a los militares. Hoy ha venido1!
a

¿No quiere

que

se

Perdóneme, Ricardo,
atacarlos.

la Moneda para protestar. conozca la verdad? es que ellos se han sa

crificado
demos

por mantener el orden

público

y

no

po

nosotros

Historia de

una

Derrota

II 1

Vea usted

a la Moneda, a Alessandri. Lo verá cómo está depri mido con la situación. A él mismo le han hecho efecto los detalles conocidos. Acuérdese que es un caballero como todos, influenciable y! sentimental.

Por

¿Y las víctimas, Ministro? favor, amigo mío, venga

Cualquiera
dado
a

cosa

puede obligarlo

en

un

momento

hacer un disparate. Me parece a mi que el mayor echarle tierra a esta cuestión.
La conversación terminó.

disparate

es

Aquello
ma.

era

más grave

aun

que la

masacre

mis

Lo

constatamos en
en

tiempos de la
un

incineración
una

de

Topaze,

que Alessandri cometió

locura

y el Partido Liberal tomó

acuerdo

aplaudién

dolo.

los sucesos del Mayo, que la reacción de la derecha no fué la natural de condenar al Ministro, sino la tor cida de justificarlo.
constatamos en

También lo
en

21 de

Ahora
una

se en

revista

iba más lejos. No se trataba ya de que el daño material sólo afectaba al

propiedad. No se trataba de lesiones a personas ni de atropellos a dignidades. Ahora se tra taba de algo más valioso, de la vida misma de unos
derecho de

hombres a quienes se asesinó fríamente. Se trataba de castigar la negación del más humano de los de rechos, de un derecho que mi profesor don Roberto Peragallo, en las clases de la Universidad Católica,
llamaba derecho natural de
ten

que

a uno

"no le

qui

la vida".

Ricardo Boizard

La esencia de la sociedad, su finalidad 11mediata, fué defender y amparar ese derecho. Aho ra, a veinte siglos de civilización, a diez años de universidad, con el libro de Fernández Concha en la mano, sabía yo por la boca de un discípulo de
ese

-1
1

libro que las protestas de los militares valían

más que todas las filosofías. Ah, no. Piensen en esto los que se escandali zaron después de nuestra actitud. Esa sola conver sación era un signo de la posición inmoral en que se encontraba la derecha. Para no molestar a los

militares y carabineros, que darían el verdadero triunfo el 2 S de Octubre; para que no se sintieran irritados o descontentos; para que nada temieran por la vergüenza del Seguro Obrero, había que
callar.
Los

dos

por

unos

principios espirituales iban a ser defendí» mercenarios que pedían carnaza.

j

políticos y cadáveres

El 6 de Septiembre la situación política y elec toral había cambiado enteramente. Desde luego, desaparecía de la escena un candidato temible pa
los rossistas y los frentistas: Ibáñez. Este iba a sometido a proceso y aunque saliera libre, nun ca sucederían las cosas antes del 25 de Octubre. Antes que se conocieran los detalles de la ma sacre, los aguirristas, especialmente en el lado radi cal, cayeron en la más absoluta de las desorienta ciones. El Gobierno se robustecía porque, a la vez que justificaba un período largo de facultades ex traordinarias, echaba sobre la oposición el despres
ra

ser

tigio del pustch. Gabriel González, comprendiendo los peligros,
comenzó a hablar de una candidatura de transac ción. Se levantó de su tumba nuestra quina y co menzó a tratarse de la posibilidad de Jorge Matte. Un día Gabriel González hizo francamente la proposición. Lo puse en contacto con don Rafael Luis Gumucio y sólo faltaba el acuerdo de la De recha para entrar a un nuevo terreno político, al
HI STClfí.•

y*-*
114

Ricardo Boizard

del entendimiento de los partidos democráticos en contra de un solo frente dictatorial. La Derecha, en esos días, estaba ilusionada con las posibilidades del pustch. Veía venir el codicia do período de facultades extraordinarias, en que su candidato podría tranquilamente viajar por el país sin temor a contra-manifestaciones. Veía la. impo sibilidad de actuar para la izquierda y, por consiguíente, un triunfo fácil. Las primeras gestiones que se realizaron para conversar siquiera sobre la materia fracasaron de

,-f*

plano.
A todo esto, comenzaban
a

conocerse

detalle!
,

y los frentistas vieron que sus solos j daban ya consistencia a la candidatura '-a de Aguirre y posibilidades imprevistas de triunfo. Era cuestión de administrar los cadáveres y, a basf -«i de ellos, buscar entendimiento con los ibañistas. M

de la

masacre

contornos

J
.

terminada la crisis rede una manera ver- J daderamente maestra. Todos los días aparecían fotografías de los muertos. Una vez la carta de ?J un pariente, otra la de una madre. Quienes des pués, con el halago del poder, propiciarían la am nistía completa y el olvido de todo, vociferaban en tonces por un castigo ejemplar y por un sumario público. Su espíritu de justicia no era de tipo sen timental, sino simplemente electorero. La celda de González von Marees se veía lle na de políticos. Olvidaban ellos que una parte d*
vez

"La Hora", una presiva, comenzó la

tarea

J

Historia de una Derrota

1 15

culpa le correspondía,

sin duda, al jefe nacista por haber lanzado a la muerte a sus adeptos. Olvidaban de éste no era de carácter repu que el propósito blicano, sino dictatorial. ¿Qué importa eso, sin em bargo, cuando se han perdido todas las nociones de la moral y de los principios, cuando por un lado se entrega carnaza al asesino y por el otro, se abo mina del fascismo y se busca, sin embargo, su com

plicidad?
Hay que hacer justicia, sin embargo. Lo que los frentistas buscaban en la celda de González no adhesión. Era simplemente la administración de los cadáveres.
era su

Nosotros

comprendíamos

que ya las

cosas

iban
en

entrando,
un

por la fuerza de los

acontecimientos,

francamente revolucionario. Ya no se rían las urnas las que designarían el 25 de Octu bre al Presidente. Sería la revuelta o la dictadura. SÍ se permitía al gobierno continuar con su personal de siempre y especialmente, con la fiso nomía ya simbólica de Salas Romo, nadie podría decir hasta qué punto llegarían las cosas. Y aun más, era casi seguro afirmar que eso no acabaría
terreno

bien.
to

mo,

Con ese convencimiento, y ya cansados de tan insistir sin resultado ante la ceguera del rossis nos acercamos al Presidente del Partido Con don Horacio Walker,
para decirle que

servador

votaríamos las facultades extraordina rias mientras no saliera Salas Romo del Ministerio.
nosotros no

^^
i 16

Ricardo Boizard

Horacio Walker
nuestra

se

manifestó de acuerdo
que sinceramente
era

con

opinión. Yo

creo

asi.

El había resultado un rossista disciplinario sin ser lo en realidad. Su rectitud le impedía caer en las
contradicciones de la

tido allí.
na

cios y hasta

derecha, pero ya estaba me Tradiciones, ejemplos superiores, prejui-ry un concepto exagerado de la disciplnii
a un carro

le ataban
Nos

cuyo término fatal
con

estaba^
ve

ya vislumbrándose.

pareció
y
en

que miraba

simpatía el ul
en

timátum,

de la el Presidente y que éste se comprometía a cambiar la) a Salas Romo el mismo día en se aprobaran que facultades.
tarían las facultades

la tarde anterior al día me llamó a los

que se

pasillos

Cámara para decirme que había conversado

cen

Yo le
— —

pregunté:

mi palabra de ho yo le aseguro que el Partido Conservad»» K re tira del Gobierno en ese caso. Me pareció suficiente la garantía y llamé a mis colegas a una sala reservada. Discutimos
nor

¡Y si no cumple? Ah, no, respondió. Bajo

largo
la
que

rato.

Algunos manifestaron
Les

su

desacuerdo

poir"

aíliíj

garantía.

no se votaran

Insistían en parecía débil. las facultades. Creo que Manuel
contraer

Garretón estaba en ese predicamento. Hubo mayoría, sin embargo, para

el

compromiso

y

nos

fuimos

a

minación de que yo hiciera

la deter públicamente una decon

la Sala

A

Historia

de una

Derrota

117

clarado» de que votábamos bajo la solemne con dición de ampliarse el Ministerio de parte del Go bierno. Cuando nos correspondió dar el voto, yo dije textualmente: "A nombre de los diputados señores Alberto "Bahamondes, Fernando Duran, Guillermo Echeníque, Manuel Garretón, Manuel J. Irarrázabal, Pablo Larraín y en el mío propio, debo decir que votaremos a favor las facultades extraordinarias " y la ampliación de su plazo en virtud de-un corapromiso de honor con personas que nos merecen
" " " "

"plena
" "
"

fe de que

estas

facultades sólo

se

empleacom-

rán para los fines exclusivos de detener el

plot revolucionario que ha estallado en el país, y que a la vez el gobierno adoptará una posición que no pueda ser tachada de parcial ni de inter ventora, ampliando la base de confianza y de opinión con que cuenta." "Del cumplimiento de esta promesa de honor, nos hacemos solemnemente responsables ante el "país." Hubo en la tarde de ese día un aflojamiento de la tirantez política. Se pensó en la posibilidad de un Ministerio Nacional que trajera, a la vez, una variación de las posiciones. Algunos ministros anun ciaron su propósito de renunciar y todo hacía penBar en el cumplimiento de la promesa contraída. Había una clase de rossismo, sin embargo, muy
"

"

"

distinta del rossismo de Horacio Walker. Era
te

gen
con

que

pretendía

triunfar

a

troche y moche,

■m

118

Ricardo Boizard

seguridad absoluta de cohecho, con encerronas de electores bajo vigilancia de carabineros, con deten ciones injustas y arbitrarias. Era gente que quería verdaderamente plantear en el país el principio de
una

revolución armada.
Esa gente miró
con

escándalo

nuestra

propo

sición.
za con

Dijo

aun

que nosotros

procedíamos
nuestro

en

alian-

:

propósito í Popular y que era sólo enterrar la candidatura Ross. ¡Quién sabe hacer nosotros sí tenían razón, pues queríamos po-;
sible da. "El Mercurio" publicó un editorial sobre la ninguna necesidad de cambiar el Ministerio y aun sobre los peligros. Las cosas iban mal. El Lunes por la mañana recibi un telefonazo del Ministerio del Interior. Era Salas Romo.
Nuestra amistad
en
no se

el Frente

una

Comenzaron

elección democrática! a llegar los políticos

a

la Mone

persona de Salas Romo. De

había quebrado con la ahí que conversamos

forma cordial. Usted habla
— —

con Salas Romo, mi amigo. ¡Cuánto gusto de saludarle, don Luchol

¿Qué

se

le ofrece?
en

Quería saber

qué consiste la condición
las facultades
extra

sobre la cual ustedes ordinarias.

votaron

Simplemente, le dije,
cartera.

en

que usted renuncia

ra a

su

Historia de una Derrota

1 19

jo
te
ce

ese

Me lo suponía; pero dígame ¿quién contra compromiso con ustedes? El compromiso se contrajo con el Presiden de la República por una persona que nos mere
— —

plena fe. ¿Podría
— —

saberse el nombre de

esa

persona?

Necesito
esa

previamente

tener su

consentimien

to.

Fui
y le

mañana

donde don Horacio Watker

autorización para dar a Salas Romo su nombre. Me la dio ampliamente y me agregó aun que el compromiso emanaba directamente del Pre

pedí

sidente de la
versar

República.
el

Me trasladé al Ministerio del Interior para con con Salas Romo sin pérdida de tiempo. Es

te me

recibió cordialmente y al darle

yo

nom

bre de la persona con quien habíamos tratado, se manifestó extrañado de que el Presidente de la Re pública no le hubiera dicho una sola palabra.

Quiere decir,

me

agregó,

que están nego

ciando conmigo a mis espaldas. No me parece leal. Me voy inmediatamente a la Presidencia a averi guar las cosas, pero le advierto que hoy mismo pre
sentaré mi renuncia porque,
en

todo

caso, yo apre

cio

su

amistad y no quiero dejar mal a mis amigos. Pasando por encima de la ironía de estas pa
que
a

labras, cuya contestación me tragué, le dije mi juicio debía él renunciar no sólo por mi
motivo de

amis

tad, que en ese caso nada valía, sino porque su per manencia en el Ministerio continuaría siendo un

perturbación

en

el

país.

120

Ricardo Boizard

Nuestro desacuerdo sobre la "cosa juzgada" y podíamos hablar

política
con

era

ya

claridad sin

enojarnos.
Yo me retiré del Ministerio con la convicción un hombre de honor de que Salas Romo aban donaría su cartera esa misma tarde. Había de por medio un compromiso d& Presidente de la Repú blica con don Horacio Walker, un compromiso de Walker con nosotros y ahora, un compromiso for de

mal de Salas Romo. Esa tarde renunció el Ministerio, pero la acep tación de la renuncia estuvo tramitándose por va rios días. La directiva del Partido Conservador, entre tanto, tuvo a bien hacer una declaración extraña
el sentido de que no existía ningún compromi del Partido para producir la crisis. Nosotros re afirmamos públicamente nuestra posición y la di rectiva del Partido, ante la reiteración tenaz, guar dó silencio. Los ministros conservadores, sin embargo, de
en so

clararon terminantemente que no reasumirían. Ten go entendido que Ramón Gutiérrez, espíritu sutil y sensible, no quería pasearse en bandeja el 18 de
ante un pueblo ceñudo y amenazante. Las festividades patrias fueron pretexto para retardar la solución. Todo se arreglaría después. Entretanto, las fiestas se desarrollaron en me dio de una lúgubre vigilancia. Como en el año que precedió al derrocamiento de Balmaceda, el cami-

Septiembre

Historia de

una

Derrota

121

no :■

de la Moneda

a

la Catedral fué

limpiado

de

cu-

riosos. Nadie

a esa hora por lis ca lles centrales. Todas las ventanas y puertas de los edificios que dan a esas calles fueron clausuradas. Para llegar a la Catedral tuve necesidad esa mañana de hacer presente mi calidad de diputada en la boca de la calle Ahumada por Alameda, don de un amenazante cordón impedía todo acceso. El carabinero llamó a un sargento, el sargento a un oficial y si afortunadamente este último no me re conoce, me habría sido difícil llegar a tiempo al

podía transitar

L.

Té-Deum.
A lo

largo

lo civil
nuevos

se

de las calles había tropa. Ni un so divisaba a dos cuadras a la redonda. Los

cascos del Ejército parecían tapar los ojos los soldados y yo avanzaba en un mundo sordo, mudo y ciego. Todas las fiestas se desarrollaron así. Los rosistas, por fin, habían cumplido su sueño dorado. En tre el gobierno y el pueblo, una apretada selva de a

cascos.

ron

Al día siguiente de las fiestas patrias volvie los cubileteos. Había una vaga voluntad de
pero los que

cumplir,

yes ni por el

pueblo,
a

no tenían respeto por las le ni por las vidas de sus seme

jantes, ¿iban

tenerlo por
que

nosotros,

unos a

empe

dernidos comunizantes

no se

daban

la razón?

122

Ricardo Boizard

Había
y se buscó

que mantener
una

las formas, sin

embargo,

solución florentina. Como el compromiso de la salida de Salas Ro mo lo había contraído el Presidente solamente con don Horacio Walker, era incompleto, porque los Partidos de Gobierno eran tres y en ese caso la exi gencia no partía sino de uno. Como estaba de por medio la palabra del se ñor Walker de que el Partido se retiraría del Go

bierno, éste,
ro

en realidad, retiró a sus Ministros, pe hizo la declaración de que continuaría prestan- !■ su

do
a

entusiasta

cooperación.
¡

Y como el Presidente de la República rogaba Salas Romo que se quedara, éste no tenia más que someterse a la voluntad de su Jefe. Y Salas Romo se quedó.
tra

se comenzaron

Y las facultades, como un escarnio para nues buena fe por última vez burlada en la derecha, a aplicar en la más violenta de las

formas.

Como un signo pintoresco de aquellos días, vale la pena exponer la conversación sostenida en tre el intendente de Santiago y Juan B. Rossetti, cuyo diario había sido clausurado por plazo inde finido.

'

Vengo, señor, dijo Rossetti,

a

solicitar ga
ver \

rantías para que mi diario, que nada tiene que con el complot, continúe publicándose.

Historia

de una

Derrota

12S

Según y conforme, contestó el Intendente. Por otro lado, la ley de facultades extraor dinarias no se ha dictado aun y ustedes la aplican sin derecho alguno. El que manda, manda, contestó el Inten dente. En esos días, el que mandaba, mandaba. Eso era el fondo de la cuestión. Nada de discutir si el complot alcanzaba a gran parte de la oposición o a una mínima fracción de ella. Nada de discriminar ni de hacer alegatos es
— — —

tériles. Se trataba exclusivamente de aprovechar los cadáveres al máximum y de sacar de su sacrificio, si se pudiera, un triunfo que difícilmente se ob

tendría
Los

en

las

urnas.

jaban

de los diarios de la oposición tar deslizarse un en que pudiera ataque tarjaban las naturales réplicas que se daban por la prensa de la oposición a los ataques oficiales. El que manda, manda. Y la verdad es que el que- en esos días man daba no estaba aconsejado por la prudencia y ni aun por su propio interés. La única posibilidad de triunfo de la derecha consistía en mantener la di
censores

todo
a

aquello

Ross. Aun
*

visión de

sus

opositores.

La

posibilidad

consistía

en

expectativas de Ibáñez en contraposición a las de Aguirre Cerda. Con la a los ibañistas, con las medi exagerada persecución
que continuaran vivas las

das absurdas que

se

tomaban

en

su

contra,

con

la

124

Ricardo Boizard

amenaza
con

formidable
en

que
su

se

levantaba

ante

ellos y
gen
otro
se

la anulación de

trabajo electoral,
no

esa

te

buscó asilo

la unidad porque
a

tenía

camino que convirtieron
ron
vor

seguir. Poco
en

poco y

lentamente

tan

frentistas sin serlo y desequilibra la balanza cargándose con todo su peso a fade Aguirre. ¡Ah, pienso yo, el favor exagerado a veces et funesto para ciertos políticos como el encona-

'.

do ataque!
* *

^
'i
1

Pero
que
se nos

recha, confieso

después de la burla malvada y torpe de había hecho objeto por parte de la De yo que ya no tenía ninguna espe

\

ranza en el corazón. Veía con claridad que la izquierda, gracias a los acontecimientos últimos, triunfaría en las ur en los cuarteles o en la calle, y su triunfo no nas, iba a ser sino la ganancia de unos cuantos politM radicales queros que se valían de la ingenuidad del pueblo y del heroísmo de sus aliados para trepar. Veía yo que la nueva etapa iba a tener la misma marca de lo que se estaba deshaciendo: el concepto materialista de la oportunidad y de la ganancia I todo trance; la afirmación demagógica de cosas que no se quieren cumplir; y el mantenimiento de un régimen bastardo fundado en el capitalismo libe ral, que los liberales propiciaron en el siglo pasado

Historia de una Derrota

125

con la interesada simpatía de los radicales y que los radicales de hoy propiciarían con la ingenua sim patía socialista. Entretanto, el país continuaría debilitándose en la pobreza y la anarquía, cosas estas últimas que

sirven para que el comunismo incansable continúe laborando hacia el porvenir.

Cuando perdimos ya toda esperanza de solu con el sano ejercicio de la justicia los problemas políticos, no nos quedaba si no contemplar con pavor el choque inevitable de las dos corrientes creadas por el capitalismo bajo
cionar por la buena y

te

el acicate de la lucha de clases. Pelearían los ricos contra los pobres, igualmen injustos y materialistas los unos y los otros. Ca da uno jugaría con malas cartas. Los unos pon drían al servicio de su causa el dinero y la fuerza; los otros, el odio, la amenaza y la parte de fuerza

que les

correspondía. Impotentes para crear

con nuestro

esfuerzo

un

motivo más elevado de lucha, destruido» nuestros intentos de formar en la derecha una trinchera de la justicia cristiana y generosa en lugar de hacer de ella una fortaleza del capitalismo, desesperan
zados de encontrar en la izquierda una enuncia ción nacional y no demagógica, teníamos que acep tar un dilema que nos parecía trágico: los ricOs o

los

pobres. Me alejé

durante

esos

lai asambleas. Conversaba

con

días de la Cámara y de don Rafael Luis Gu-

126

Ricardo Boizard

mucio, el único hombre de la derecha que com prendía nuestras inquietudes. Le decía yo: No puede ser. En esta encrucijada, natural mente, se opta por los pobres. Pero desgraciada mente, los pobres van guiados por mentirosos após

toles que a la postre no son sino instrumentos de los ricos, de unos ricos con menos energía que los de la derecha, porque mientras éstos afrontaban la revolución de frente, los otros la socavaban por

!

debajo ¿Qué hacer?
Eso mismo

y sin valor.

preguntaría

yo

en

estas

páginas

a

las almas puras, infinitamente más sabias y vigoro sas que nosotros, a esas almas que nunca se mezcla
ron en

la

camino

política y equivocado.
en

que

siguen

por la inercia

un

el verdadero problema. Salgan un instante de su vida sin mancha y comparen con su vida esta cosa terrible de ver que unos hombres masacrados sin piedad, sin justicia, aun sin confe sión, sólo son recibidos por la sociedad busguesa co mo un pasto para la satisfacción de sus propios ape titos.
La Derecha, que se confiesa espiritual, no tie los resortes necesarios para imponer su concen de la vida sobre la necesidad de defender sus ne gocios. La izquierda hace rodeos y componendas con los cadáveres. A las almas puras les pregunto yo: ¿Es una locura pensar que un mundo así no puede ser servido por los corazones cristianos, a me
ne

Piensen ellos

to

J

Historia

de una

Derrota

127

nos

que

se

quiera perder hasta la última huella de

en el término sangriento de la aven tura? Es perdonable que el temor haya llegado un día al tremendo paroxismo de la crueldad. Es perL dqnable aun que el mismo que desencadenó la gue rra se sienta un día desorientado por el miedo. Pe

la civilización

ro

yo

digo:

¿y

después?

¿No hubo un día siguiente y muchos días pa las conciencias torturadas por el remordimien to y para aquellos que con su silencio se hacían cómplices de tales conciencias?
ra

¿Cómo nadie confesó de plano la crueldad? ¡Cómo nadie tuvo el sincero deseo de castigarla y
-

lo declaró desde arriba? ¿Qué cosa detenía el cum plimiento de un instinto cristiano que en las raí ces del pueblo está esperando siempre que las co
sas se

resuelvan según su fe? Mi silencio de esos días me obligó a descubrirlo. Ah, es que la sociedad burguesa tiene ya tan
que

tos

reses

que defender, tantas montañas de inte dejar a salvo, tantas propiedades, tantos dineros que cuidar, que ya se le ha olvidado que to

bienes

do

eso

fué creado para el hombre y
. .

no

el hombre

para
en

eso.

ca,

hora de tristeza y de desolación, no los caminos solitarios ni en los bosques de Áfri ni en la estepa dd Polo, sino en el mismo co En
una

razón de

una

ciudad cristiana, ocurrieron
con

tiales y los hombres las miraron

cosas bes frivolidad.

b.

w*
128

Ricardo Boizard

Si alguien hubiera robado todo el dinero de las cajas del Seguro Obrero, si hubiera saqueado sus almacenes e incendiado el edificio, ¡qué escándalo
y

qué sanción!

Nadie habría dicho: Prudencia.;. Nadie habría pedido silencio. Nadie habría exclamado desde la Moneda: "No investigue usted". Ahora, sin embargo, unos hombres desalmados y brutales habían abierto las carnes de otros hombres. Habían despedazado su envoltura corpórea, y con la punta de los sables habían robado de aden tro de las carnes hasta el último suspiro, hasta la última queja de decenas de vidas. Pidieron socorro y confesión. Nada importa.- El tesoro fué arrancado y conducido después, como en los tiempos de los cuarenta ladrones, a las cuevas del capitalismo. No. La derecha y Ross. La cueva y sus palabras simbólicas, nunca más.
Nunca más.

-

'.

;*j

i

'

-

i

?j
!

El

rumor

del

Mundo

El viento que da
no

soplaba

en

las velas de la izquier

sólo venía del interior, sino también, en fuertes rachas, de un mundo exterior convulsio
nado por las más
%:

|-

agudas depresiones. Europa occidental, ante la amenaza del comunismo, había reaccionado, sin duda, en forma más inteligente que la derecha chilena, pero no por eso de un modo inofensivo. Las grandes masas que pasaron de las trincheras a la paz después de la priLa
guerra, conservaban el socialismo en el cora pero el uniforme militar, que en los duros días de combate se pegaba en los cuerpos, después, en los días de paz, se pegó en las almas.
mera

,

zón,

L
fe

Y como la revolución proletaria estaba en mar cha y no había manera de detenerla, una especie de socialismo militar, distribuidor pero disciplina do; deseoso de producir la igualación, pero en ar monía con la tradición nacionalista; nacido para conjugar lo viejo con lo nuevo y para crear un mundo acerado en qué vaciar a la humanidad futura;
HiffTOI

^
Ricardo Boizard

había tomado el
Mussolini y
mo

poder

en

Italia

en

Alemania

bajo el fascismo de bajo el nacional-socialis
son en

de Hitler.

Las dictaduras nacista y fascista pes mortales que el comunismo sufrió

dos gol dos pun tos neurálgicos de la cultura europea. Fueron ba rridas sus organizaciones obreras; fueron persegui dos o desterrados sus dirigentes; fué aniquilado de raíz todo vínculo con la Tercera Internacional da»
Moscú. Esto

trajo consecuencias imprevistas en el desarrollo de la revolución mundial. Una provino de las grandes masas descentradas que salieron a vagar al mundo y otra del método solapado y sibilino que adoptó el comunismo en su bajo la experiencia perimentados.
nueva

j

jg
:

etapa,

ya de los

golpes ex-

Hemos dicho que el fascismo tenía, sin duda, ym origen comunizante, pero que la disciplina mi- j litar y el patriotismo transformaron la mente del * proletariado y buscaron, en los países donde triunfó, unas cuantas derivaciones o sustitutos a la fuer- m za dinámica de la revolución social. Uno de esos sustitutos fué, sin duda, la lucha ™ racial que se desencadenó en Alemania. El nacista sumido en su organización de clase y sin la posibíibi- 1 lidad de perseguir, como hubiera sido su deseo,
un
. ,

1

i*;
*"'

Historia

de una

Derrota

131

txplótador burgués, necesitaba una fuente en qué vaciar los viejos odios creados por la injusticia ca pitalista. Hitler, que es una especie de genial trans formador de energía revolucionaria, supo descubrir esa fuente y todo el odio acumulado por los largos siglos de opresión, toda la furia apocalíptica engen
ros,

drada por el comunismo en el corazón de los obre toda la presión multitudinaria y sangrienta que

el bolchevismo había
y los

descargado contra los zares mujics, todo eso, en un momento de necesi destapado y lanzado de lleno contra los judíos. ¡Cuántas veces me ha tocado conocer de cer
dad vital, fué

rumor

ca a las víctimas del hitlerismo y lanzar desde el fondo de mi conciencia civilizada ese impotente de venganza que naturalmente sopla en el

judío y que no sabemos mañana a qué tra nos volverá a conducir! Pero ¿qué hacerle cuando esas persecuciones han sido el sustituto que encontró el nacismo para la lucha social? Condolido de las desgracias de esa gente, ven-ciendo la natural desconfianza que todo cristiano gedias
siente por el judío, he visitado numerosas veces su hogar social de la calle Serrano y he podido impo nerme cara a cara de la espantosa realidad. Un muchacho imberbe me contaba, con los

alma del

el mundo. Tuvo que salir de Alemania
en

ojos atónitos

y

humedecidos,

su

peregrinación

por

y alcanzar

frontera de Holanda. Con el alpocas horas la

132

Ricardo boizard

contraída por el miedo, con unos pocos dineros en la mano, tenía que huir como un pe para librarse. En la espalda jibada por el can sancio, además del saco, iba la raza. Otro hablaba de un padre encarcelado en los campos de concentración, o de una madre masa crada por la soldadesca. Todos, en fin, han traído en su pecho la Hue lla del gran dolor, una cosa que se difunde y que ma, algo que se alarga, con sus tentáculos invisi bles, y que parece tomar del cuello a la sociedad ca pitalista, al fascismo hipócrita o declarado y dejar metida en el caos la semilla de un mundo nuevo y £
ma

apretados

rro

_

mejor.
Los
sus

a

comunistas, como es lógico, explotaban wM en cada país este argumento viviente con-'l tra el fascismo y algunos de sus agentes, especian"-. 1 zados en el ramo, tenían la misión exclusiva de cul- 1
anchas
tivar la cuestión judía y de provocar las naturales y humanas protestas.
Por cierto que los
en

cada

caao^l

j

comunistas, eminentemente
tanto en socorrer a

dialécticos,
timas En

no

pensaban

las víc-

como en
esos

exagerar la

maldad del victimario.

días actuaba entre nosotros un poeta que los comunistas cultivan y que más de alguna conexión tiene con ellos. Era Pablo Neruda, que se 1

instaló en Santiago para dedicarse con preferencia j a la lucha contra el fascismo. Neruda vivía con algunos bohemios extran jeros, entre los cuales, por ejemplo, creo haber di-

Historia de .una Derrota

133

$, Visado al poeta argentino González Tuñón, radi
■"

cado en Chile desde entonces, polemista de monólogo, boxeador con la sombra y comunista por aña didura. La obsesión principal de aquella gente era la cuestión judía. Mantenían polémicas terribles con los alemanes. Recibían anónimos amenazantes y contestaban con asambleas a favor de los judíos y a veces con colectas para "los niños españoles". Neruda ponía todo su ardor en la noble causa.

-.■

Organizó una magnífica velada^ universitaria homenaje a Freud. Propició la entrega de libros judíos alemanes a la Biblioteca Nacional. Llenó d Caupolicán para protestar de la persecución en una asamblea en que el pueblo, por naturaleza compasivo, defendía al judío de la dictadura nacista al mismo tiempo que calentaba la hoguera de su pro pia revolución. Los judíos servían en Alemania a los nacistas para descargar el odio colectivo de las masas.

J

en

de

En Chile servían decer el odio social. Y seguramente
en

a

los comunistas para

enar

los dos

países

eran

víctimas

propiciatorias.

Pero no sólo los judíos traían al país el fer de la revolución social. Comenzaban tam bién a llegar, algunos como emisarios oficiales y
mento

134

Ricardo Boizard

quizás como finos adivinadores del desastre, los ardorosos mensajeros de la revolución española.
otros

Estos traían a Chile una tragedia totalmente^ desproporcionada a nuestra historia y aun a nues tros hábitos de pasividad. No hablaban ya como nuestros políticos de desfiles o de asambleas de pro testa. No hablaban ni aun de apaleos y masacres, Hablaban de aviones y de bombas explosivas. n
Ese
tono

paulatina revolución viejos odios.

aumentaba la violencia de nuestra y aceleraba el motor de los

Dijimos
nacismo
o

que el otro

fascismo

entre nosotros

fenómeno creado por ¿ mífué el nuevo mí-

5 a

todo con que los comunistas comenzaban su lucha en el Occidente. Ese método se llamó, en Francia,
en

España,

en

Chile,

Frente

La raíz comunista del Frente

Popular. Popular

.

ya

no

la J

discute nadie.
Los

los encargados de dar las bas documentales.
tre nosotros

propios socialistas españoles han sido en mejores prue-

.

Pero más convincente que la

prueba

documen- 1
.

la constatación evidente de que a la postre una > como la del Frente Popular, totalmente confusa y dirigida al ya previsto fracaso, no podía I ser otra cosa que una creación de aquellos cuya únies

tal

política

:

J

Historia de una Derrota
t
ca

135

posibilidad
para lanzar

inmediata
sus

es
, .

preparar el río revuel

to

redes

.

Los comunistas habían abandonado ya la sis leniniana
ra. en

te

revolución exclusivamente

el sentido de que es preciso hacer la a base de la cíase obre

Se habían encontrado en el Occidente con so ciedades menos diferenciadas que la monarquía za rista. Vieron funcionar en Inglaterra un régimen de si se quiere, pero con amplia apariencía de libertad. Presenciaron en Francia el fenóme no de la pequeña burguesía y se dieron cuenta que esa fuerza era necesario agregarla al carro de la revolución o entregarla al fascismo,

^

explotación
.

S

'

:¿

l\

Efr
1

Optaron por lo primero y crearon una nueva dialéctica para sus luchas occidentales. No habla ban ya de la dictadura del proletariado sino del rohustecimiento de la democracia; no hablaban de la distribución lisa y llana de la tierra sino simple mente del problema agrario; no hablaban de la guerra contra el burgués sino de la lucha contra el im

perialismo.
Iban más lejos aun en su afán de mimetismo y constituían en los verdaderos patriotas de cada con país, dejando lo más oculta posible su ardorosa
se

cepción internacional
metimiento
a

y

negando
eran

a

cada paso

su so

Moscú.
no

Sus diarios ya

el órgano de la Inter

nacional Comunista sino el órgano del Partido Co munista, adherido a la Internacional.

136
I
:

Ricardo Boizard

Toda
dicales
o

a las burguesías simplemente descontentas del estado

esta treta para cazar

ra

ac

tual,

tuvo

un

mente

reaccionarías y

efecto maravilloso. Estas, naturalapegadas a lo viejo, pero al

fl

\

mismo tiempo temerosas de enemistarse con la ma sa, sentían un verdadero alivio al saber que los co-^1 munistas las aceptaban en el festín
y que

podrían pasar al porvenir con sus vidas y sus bienes, aun cuando este pasaje se produjera bajo el sígno inquietante del trapo rojo. No puedo olvidar yo, por ejemplo, un discur so encendido de patriotismo pronunciado en la Cá mara de Diputados a fines de 1937 por el diputado í comunista José Vega. El último modelo de la propaganda bolchevi-; es que que tenía buenos amortiguadores y la verdad casi no se sentían las brutales asperezas. Querían"^
los comunistas
un

revolucÍonariq|H

país democrático
y
una

y

libre,

una

industria floreciente. Se J mantendrían las utilidades del comercio y solamen-,M te los grandes especuladores sufrirían un poco (no (>, mucho, por supuesto) con la maternal revolución. ■,.—i Había que defender el concepto de patria y luchar j contra el imperialismo extranjero recuperando pa"i¡ ra el país toda su fuente de riqueza. j

propiedad respetada

Era

aquello

un

programa que

llegaba,

con ma-

i

ravillosa elasticidad, hasta los lindes del Partido Li beral. M Gabriel González escuchaba al camarada con una gran sonrisa confiada y alegre. Los radical** i
b

1

Historia

de una

Derrota

137

aplaudían
día ya
su

entusiastas y

no

programa de paz y de
A la Rusia

se puede decir que en aquel lo pensaron más. El Frente Popular, con justicia, estaba hecho y

remachado.

bolchevique
Frente

era

difícil y

peligro
por los
se

so entrar.

Pero
rusos era

a este

Popular organizado
Sus
a

facilísimo introducirse.

puertas

hospitalariamente cualquier burgués y ni siquiera existía en la entrada el espeluznante letre ro: "Proletarios del mundo, unios".

abrían

gentes
sa en

;Es tan ciega la ambición política o los diri izquierdistas del país tenían demasiada pri

llegar,

para pasar por todos
esa una

los obstáculos

a'

cambio de alcanzar la Moneda?
Puede
ser

explicación del
y
es

fenómeno
co

frentista,
mo son

pero

hay

otra
no

que, reaccionarios

los radicales,

saben nada de la

ideología

comunista ni comprenden su Han creído o no en su sinceridad, pero han imaginado que en el camino los comunistas vende

flexible dialéctica.

rían su patrimonio por puestos públicos o grangerías oficiales. No conocen al hambriento y mesiánico lobo de la estepa. Este
un
no es un

asambleísta cualquiera ni
se

cias y

abogadillo revoltoso gobernaciones,

que

calma

con

intenden

138

Ricardo Boizard

del globo y de la heráldica las torturas de Sibería, las complejas esperanzas de Gengís Khan, d misticismo supraterrenal de Dostoiewsky, la reso lución fría, directa, insobornable, de Lenin. Los socialistas, más en contacto con la reali- j dad bolchevique, miraban desconfiados el terrible juego. Pero no gobernaban todavía plenamente a -:? las masas n¡ tenían influencia decisiva en la bur- 1 guesía. Se colaron a regañadientes en el Frente Po- J pular, aunque les parecía imposible conjugar su ver dad con ese evangelio moderado y confuso, cuyas palabras a la postre sumirían a la masa obrera en
una

Viene de

lejana región

"

historia. Tiene

en su

""

|

|

la definitiva desorientación.

Más ocupados de la revolución chilena que Je la revolución mundial y moscovita, temían la des- j orientación porque es ella a la postre el verdadero j enemigo de la clase obrera. Hagamos justicia a un hombre entre toda ellos. César Godoy, desde el socialismo, anatemati zaba toda fórmula de entendimiento a base del frentismo.
sin

j

de

Exagerado, impulsivo, fanático, su gesto, embargo, fué durante muchos días un penacho implacable tosudez. Era un anarquista quila!,

con claridad que el frenrismo sería un triunfo inmediato de los radicales, y una marcha en el movimiento obrero. Seguramente Schnacke veía lo mismo, aun cuando su ojo apreciaba también la dimensión po-

pero veía

atrás

¡

'

F
*.'
Historia de una Derrota 139

>e

V

'■

lítíca y se daba cuenta que era inútil resistir ya las consecuencias de la habilidosa táctica. El radicalis mo unido con el comunismo tenía que apretar a los socialistas como en un sandwich y no había más remedio que facilitar el embutido. Así fué creciendo el Frente Popular y desvian do el curso de la revolución chilena hacia la maso nería voraz y por ese camino, hacia el comunismo en acecho. Ninguna de las fuerzas que se parecen al comunismo, ninguno de los hombres que pretendían
crear

paUativos
una

a

la

revolución, fueron
en

|,

dominar
la
si

voluntad metida ya

capaces de el corazón de que

izquierda como aquella espada del caballero se la dejan, lo mata y si se lasacan, muere.

Lo QUE

SE

JUGABA

En medio de

tan

de

tan

irremediables

querellas había

trágicos acontecimientos y un país con

fondo cuya solución se buscaba des pués de veinte años de titubeos, de tentativas y de fracasos. Alessandri había despertado el año 20 la con ciencia popular. Esta había tomado consistencia al través de los años, había sido interpretada por unos y por otros. Había sido engañada por los políticos o acallada por los militares. Pero esta conciencia

problemas de

permanecía vigilante
vez

y

procuraba

encontrar una

justicia y de la verdad. al fondo de los problemas espiritua Sin les, cuya enunciación parcial esbozábamos en capi tulo aparte y desarrollaremos algún día con exten sión, hay que convenir que en lo económico y so cial los partidos históricos no sabían ya qué hacer
más el camino de la
entrar con sus

programas.
por

Superados algunos
comidos
otros

los acontecimientos,
o

car

por los años

simplemente

expre-

F"

Historia

de una

Derrota

141

sión todos ellos de una modulación jecida, les faltaba flexibilidad para

política enve comprender la época, les faltaba generosidad para renunciar a sus prerrogativas y sobre todo, les faltaba entender en toda su extensión la gravedad del mal. Nuestro país, entre todos los de América, pre sentaba dos épocas distintas y marcadas en su his toria. La primera fué la que pudiéramos llamar de índole agraria. Las altas clases, poseedoras de los mejores valles de nuestra zona central, habían te nido mano dura con los nativos, pero habían abier to caminos y canales, habían extendido vías ferro viarias a lo largo del país, habían creado una mari na mercante y todo aquello sin desangrar el valor de la moneda ni enajenar la riqueza nacional. Sobrios y virtuosas, tuvieron quizás el torvo ceño de los viejos vascos, pero sus principios es pirituales les hicieron constituir un país con la más férrea organización republicana, con las más abier tas posibilidades a la industria y con una hermo sa expectativa de liberación en el porvenir. Verdad es que el régimen capitalista imperan te fraguaba ya en el seno de aquella clase un ger men de codida y de decadencia. Estaba forjando
desnivel excesivo entre las fortunas de unos y Estaba creando las grandes masas prole tarias a impulsos del desarrollo industrial. Estaba desorganizando las familias con su funesto régi individual de la rique men civil de distribución lo menos el esfuerzo de la colectiviza.
un

de

otros.

Pero, por

L

142

Ricardo Boizard

dad chilena

era

íntegramente aprovechado

por el '■■

país y no se conocían aun los agiotistas internacionales ni los gestores a sueldo del extranjero. Después de la guerra del Pacífico, en que le cupo al país disponer de la rica pampa salitrera, los sobrios pelucones tuvieron que ceder su sitio a otros hombres y a otros métodos gubernativos. Ha bía terminado la etapa agraria, en que dominaban los dueños de la tierra con sus métodos duros, pero constructivos. Empezaba la etapa del imperia lismo, en que gobernarían los abogados con ideas de libertad, pero con el arma sutil y peligrosa de la interpretación legal.

-^ ] j

'

Los hombres que impensadamente derrocaron J( Balmaceda por su pasión nacionalista más que por '* arrebatos dictatoriales, cambiaron de improviso J la fisonomía del país. Comenzaron a conocerse las 1 grandes rentas, los lujosos coches y las brillantes li- M breas. Comenzó la costumbre de salir fuera del '1 país y visitar un mundo más hermoso y en que los pesos chilenos, robustecidos por 50 años ¡ de organización, compraban levitas en París y adusa sus

agradable,«j|

tos hongos en Londres. Surgían a la superficie los gestores, que eran ■m algo así como los tubos comunicantes entre el ca- J pítal extranjero y la nación. ¿Para qué crear manufacturas o mejorar 1*3 9 condiciones de labranza o proporcionar viviendas fl

al nativo, cuando las fortunas que

se

pierden, HjH

Historia de

una

Derrota

143

recuperan
no con

tro

en coimas o se compensan por el Gobier opulentas comisiones al extranjero? Era cuestión de mantener mucho tiempo el ce del poder y de asegurarse con ello las más es

pléndidas
Las
V

condiciones de vida.

chilenos decrecían

energías chilenas se perdían, los capitales y la moneda, lentamente, iba
su

£v
<i.

perdiendo
Más

valor.
Los terratenientes

aun.

dispendiosos

co-

'k- nocieron

un nuevo sistema de gastar y fué el tiédito hipotecario. Un hijo que necesitaba viajar o el ajuar de un matrimonio encontraban siempre a un cajero que a cambio de monedas, cercenaba e! derecho chileno de la propiedad.

El capital extranjero, entretanto, ante la im¡v potencia del capital nacional o de la energía nacio nal para explotar sus riquezas, aprovechaba a sus anchas de tan inconciente y desusado jolgorio. Hun día sus garras en la pampa y en las montañas co brizas. Buscaba concesiones y grangerías. Contro laba el alto comercio y creaba monopolios. Es así cómo, por la voluptuosidad y gregarismo de las altas clases dirigentes corrompidas, estaba su pro perdiendo el país la posibilidad de extraer de pio cobre y su propio salitre, la prerrogativa aun el derecho legítimo sus y cambiar

|

productos

de la venta libre. El pueblo comenzaba a hablar. Pero resulta al través de una secta maue hablaba solamente como la tan burguesa y tan corrompida

Snica,

i

Ricardo Boizard

vieja sociedad. Esta secta masónica, aparentemente enemiga de la burguesía, no hacía sino imitarla en el estilo, pues controlaba una educación que a b postre le daba al país bachilleres en lugar de ope rarios, abogados en lugar de ingenieros. Por último, su corrupción la hermanó con los corrompidos que atacaba y buscó refugio en el Presupuesto en que desgraciadamente para el país no iba sino a con
tinuar dañando los intereses populares y abultan do hasta el infinito la burocracia.

Todas las luchas tienen
que resultó de todo
car, ante sangrar al
eso

diosa de las altas clases

un reajuste final, y-VM es que la política dispen corrompidas tuvo que bus

el ataque,

un

socio de

sus

aventuras,

uní

especie de cómplice que le ayudara a robar y a de país en cuarenta años de disipación y entreguismo. Ese cómplice fué el Partido Radical, que incapaz de recibir coimas y desposeído de la tierra, descubrió en el Presupuesto un cubilete subalter

para recoger los mendrugos del capitalismo, Es así cómo durante largos años la política c cional no fué sino el concertamiento encadenado a las altas clases con los radicales para empobrecer a
no

país.
Unos, los
ban
nuestras astutos abogados y gestores, entrega industrias extractivas al capital extran

jero sin ninguna compensación. Otros, los dueños de la zona central, dilapidaban sus entradas afuera y
no reemplazaban el arado por el tractor ni procu raban transformar la materia por medio de la in-

,

I

Historia de una Derrota

145

~-

dustria manufacturera. Los últimos inflaban el Pre supuesto con las entradas del salitre primero y con los impuestos después para constituir en la Administración Pública una verdadera clase privilegiada de

f¿f
,

funcionarios.
Y as!
como

habían
y
en

dueños de la tierra

gobernado primero los seguida los gestores, así tam

bién aquellos últimos moluscos de la economía na cional esperaban su turno y se entregaban a cualquie
ra aventura a

cambio de incrementar

su

negocio.

i-

Todo eso, naturalmente, repercutía en la mo neda. Todo se hacía a costa de la precaria industria nacional, de las emisiones fiscales o de mil manio bras parecidas. Y si algunos incautos, como los pri meros demócratas, interpretadores en su tiempo del instinto nacional, levantaban imprudentemente la
ametrallados por la policía y silenciados El pueblo, que veía salir el montañas, el trigo de sus campos, el sus pampas y los escuálidos y pobres aho~ rros de las Cajas para convertirse en papel, estaba condenado a comer cada día menos, para preparar se, como el caballo de don Quijote, a la vigilia defi
voz,
eran

por las

leyes represivas.
sus

cobre de salitre de

B

nitiva.

fe

fe. si precisamente su negocio presupuestario estaba E, contraproposición con el negocio del pueblo?

¿O1^ *e importaba
le

a

la masonería

esa

tragedia
en

I

Una

cosa

importaba
renta

sí y

era

conquistar el
con

poder

para
a
1

mejorar la

y para codearse

loe

'[,

señores
BlBKHtlA.

su

misma altura.

Ricardo Boizard

El año 20 los radicales creyeron madura la opor
tu ni dad a

y

se

disfrazaron de

pueblo

para

acompaña!

Alessandri. Les gustaba mucho ese conjunto de oficinas que crearían las leyes sociales. Les agrada ba inmensamente azusar a los profesores primarios en sus peticiones de aumento, para conseguir, a su vez, nuevas grangerías a los secundarios. Hablabande justicia y de mil otras cosas que les parecían com plemento de su política logrera, y colocados ya en los altos sitios bajo el auxilio de los buenos sueldos, no titubearon una vez más en imitar a la alta bur guesía disparando en San Gregorio contra los obre
ros

1
,

¿

de la pampa.
Y
no

titubearon tampoco

en

pasarse al otro

lado y precipitar la caída de

su

avanzado de 1924 cuando otros tarles una parte de la ración. Partidarios románticos de la
sin

propio gobierno pretendían arreba

der

libertad, vivieron, embargo, en maridaje con Ibáñez, para defen posiciones burocráticas. Enemigos aparentes de la solución capitalista,
a

exaltaron

Montero para mejorar la presa.

partidarios de Ross cuando éste finan ciaba los presupuestos y aumentaba los sueldos. Su abandono al Ministro coincidió con la llegada de
Fueron

los
o

períodos
Cada

de

pobreza.
de
sus

una

cooperaciones
nuestro

a

los

de

sus

campañas de oposición puede
en

gobiernos perfecta

mente
ro.

barómetro financie Radicales fuera del gobierno significa sobriedad
conocerse

Historia de una Derrota

147

;■'
*

economía, reajuste de sueldos y descanso para el contribuyente. Radicales en el Gobierno significa despilfarro presupuestario, fuertes impuestos y acu
y

mulaciones de

rentas.

Después de las truculencias radicales del año 24, el ideal popular abandonó definitivamente su
esperanza en tan voraces como inconstantes ami gos. Pretendió asirse a Ibáñez, representante en esos

días de la
es

juventud militar, pero la Dictadura no precisamente el sistema más adecuado para co rregir los males profundos de una economía y de un país. El silencio en que desarrolla sus actos la ha
desconocer los puntos de vista de los humildes
y

ce

í
?

generalmente

favorece las insinuaciones intencio

(De
7?

nadas de los fuertes. Una protesta, aunque a veces se levante de mala fe, corrige más que el amigo que otorga y que generalmente lo hace por negocio. ahí por qué a la altura de 1938 el pueblo había buscado la interpretación de su instinto en

partidos más íntimamente populares que el radica lismo, más ocupados de las cuestiones obreras que & del Presupuesto, aunque desgraciadamente todavía
de raíz materialista.

f
;

{

Estos, llegando a veces a exageraciones puenles, trataban de encauzar a las masas en un plano
decididamente
grama

i
'

popular,'
y
tras

burguesía radical
3urión dd

sin concomitancias con la la realización de un pro
revo-

constructivo.

r.

El Partido Comunista, sin embargo, cuya

f

porvenir ocupaba

más

sus

afanes

que las

148
l

Ricardo Boizard
:
__

conquistas inmediatas, lugar de dirigir a las masas, las llenaba de desorientación y las debilitaba en su camino. Miembro efectivo de la Tercera Internacio nal de Moscú, iba siguiendo las curvas permanentes que le trazaba d maquiavelismo ruso. Unas veces los comunistas aparecían partidarios de la política pu ramente obrera, sin alianzas con la burguesía, y. otras veces ensalzaban a la burguesía y se ponían en su propio plano. Primero fueron los exaltado: apóstoles de la dictadura del proletariado y después se convirtieron en los más feroces demócratas. Lo que más adelante no les impediría luchar contra las democracias y más adelante aun, unirse a las demo cracias para exterminar el fascismo. El único partido que, dentro de una línea semidictatorial si se quiere, pero con alcance nacio nal, pretendía sinceramente interpretar las necesi dades del pueblo enunciando una política rectilí
en era en esos días el Partido Socialista. ¿Qué quería el Partido Socialista? Saliéndose del terreno doctrinario y sólo refi riéndose a la cuestión inmediata, ese Partido que ría en verdad lo que ya buscaban otras fuerzas en embrión, y ¿por qué no decirlo? lo único que por ahora y frente al problema de Chile, nos parecía

nea,

a todos indispensable. El país, desangrado por, el capitalismo extran jero, empobrecido por los dueños de la tierra, cu ahorros yos compraron lujos y dispendios en lugar de levantar el nivel del campo y de apoderarse de

Historia de

una

Derrota

149

las industrias extractivas, debía comenzar a luchar en un solo frente nacional contra estas cosas. De bían utilizarse los impuestos, más que en pagar fun cionarios inútiles o en debilitar la moneda, en re cuperar las fuentes de riqueza nacional usurpadas, en formar la industria manufacturera y en distri buir la tierra. El lema demagógico adoptado por el Frente

Popular, "pan,
una

techo y

abrigo"

no se

era,

en

verdad,
ver

síntesis de la revolución que

buscaba. Su

dadera síntesis pudiera haber sido: "Cobre, Fábri cas y Tierras". Si los politiqueros habían logrado de nuevo confundir las cosas y enturbiarlas; si los comunis
tas,
con su

política universal,

habían

conseguido

dar forma entre nosotros al frentísmo importado; si los radicales, a cambio de asegurarse el poder pa ra hoy, dejaban abierta^ la incógnita del potvenir; si todos, con singular maestría, ponían sólo su vis ta en lo accidental frente al impulso de un ideal
vamente, buscaba
es que el pueblo, instinti el triunfo del Frente Popular el sólo triunfo del socialismo y en su imaginación encajaba mejor la figura de Grove que la de Agui

trascendente; la verdad
en

rre

Cerda.

léctica de la síntesis
a

Actuaba, además, el pueblo, por la ley dia y la antítesis, poniendo frente
no a un

Ross

rre

conservadores rrespondiente de los liberales y socialistas. los radicales, sino a los proletarios

Cerda, sino

correspondiente de Ross como Agui a Grove o a Schnacke; no a un co
como

150

Ricardo Boizard

Hay

que

reconocer

que

el impulso multitudi

nario del 2S de Octubre no tenía matiz aguirrista ni radical. SÍ se votó por Aguirre fué porque 1»

contingencias políticas, las leyes dd equilibrio, las macuquerías de círculo, encerraron d pueblo es ese nombre, y sobre todo, porque en aqud día, además de la satisfacción del instinto nacional, lo que

*

el

pueblo buscaba, era la revancha por los muertos, El pueblo no votaba por Aguirre en vista del programa frentista ni de la persona de Aguirre, No
atacaba tampoco al candidato de las derechas por ideas. Si se compara el programa de Ross con no presenta sino diferencias circuns tanciales, a veces estas diferencias más favorables ', al pueblo en Ross que en el candidato popular. No se luchaba en esos momentos por progra mas más o menos avanzados. Se luchaba por metodos decisivos. Se luchaba por hacer o no hacer, des- ; pues de veinte años de oscuras tentativas, una veri dadera revolución legal. A pesar de las afirmaciones de unidad con que delic su los cubrir pretendían pequeños burgueses tuoso pasado, al verdadero pueblo le interesaba triun far, no para instalar a los radicales en el poder, sino para imponer después a los suyos de cualquier i modo; de la misma manera que atacaba a Ross, no
sus

el de Aguirre,

,

<

ideas parecidas a las frentistas, sino en su cas- 1 ; en sus amigos, en sus ascendientes hasta la cuargeneración, en su sangre de especulador y comer ciante, en su entroncamiento con latifundistas y
en sus ta

y

ta

gestores.

Historia

de una

Derrota

151

El

pueblo,

|
m

inmensamente más cadores algunos de

sueldos, iba
cir:
"

a

aquel día del 25 de Octubre, grande que sus dirigentes, busprebendas, de situaciones y de presentarse en posición histórica a de
pues,

"

B
>

"

"

"

,-

í'

"

¡jí

"

vieja burguesía, la que exportó el trigo y el salitre, la que entregó el cobre y sus derivados, la que me cargó con impuestos, la que desvalorizó la moneda, la que ametralló a mis hermanos en la Coruña y en San Gregorio, la de las emisiones y los estados de sitio, la que mata d pueblo en los hospitales y en las cárcdes, debe caer. Si hoy voto por un burgués, es solamente para que
"La

"me sirva de

i [:
i

Lo que esa gente se jugaba, pues, no era el pan, el techo y el abrigo. Se jugaba la historia. Lo que quería no era cambiar el cáncer ojigárquico por la peste masónica. Lo que pretendía
era

peldaño."

salvarse.

i-

}

El 25

de

Octubre

Después de cumplir con mis deberes electora les, fui a la casa de don Rafael Luis Gumucío pa
ra

comentar

junto

a

la radio los acontecimientos

del día.
Aun convencidos de las

trágicas consecuencias

i

el triunfo de Ross y lo mirábamos como el ahorcado puede contemplar la hogüera que encendieron a sus pies. Si se corta la cuer da, no va a morir en la horca, pero sí en las llamas.

ulteriores,

creíamos

en

i

j
!

a las mesas, pude constatar una tranquilidad. El pueblo ya no gritaba ni cohecho. Este se ejercía tranquiladel protestaba

En mi visita

absoluta
mente

,j
■:

y

con

el visto bueno de la autoridad. Eri las

de gente, se entregaba a tubos con el voto del candidato adentro para que, abiertos en el pupitre, emitieran un ruido que por sí solo controlaba al elector. Las empanadas estaban en todas partes ofreciendo su jugo te y su olor. Los agentes, alegres y confiad* s, no tenían ya ni siquiera el trabajo de buscar carneros. ros.
secretarías de Ross, llenas
veces unos

«

m
,

i
3

J

Historia de

una

Derrota

i 53

Los

carneros

llegaban dócilmente

y

se

dejaban

tras

quilar.
tranquiliza doras; uno que otro incidente sin importancia, pe ro en general, una elección pacífica.
Como
nocerse a las seis de la tarde los primeros datos. comenzaron a co

Las radios comunicaban noticias

Venían de

los del
En

norte

Como era de esperar, favorecieron al candidato frentista.
norte a sur.

Valparaíso éste obtuvo un triunfo mayor que el previsto. Las comunas rurales conseguían a pe nas equilibrar la situación de Ross con la de su con

tendor. Santiago daba cifras espeluznantes para la derecha. Dentro de la ciudad, el triunfo de Agui rre era completo y fuera de ella, relativamente in ferior. O'Higgins y Colchagua quedaban todavía como grandes tablas de salvación en el ya presen tido naufragio. Las comunas rurales arrojaban efec tivamente grandes diferencias a favor de Ross, pe ro venían luego las ciudades y desbarataban lo con

seguido.
A las siete de la tarde, con menos de la mitad de las cifras, ya se veía claro para los conocedores del mapa electoral, el triunfo del candidato fren tista. En todo caso se veía que si Ross aventajaba a Aguirre sería por tan pequeña cantidad de votos no iba a ser suficiente para que esa débil victoria

llevarle
me

a

la Moneda.
a

Me volví

mi

casa a en

las 8- y

después de

comer,
co-

acosté, colocando

mi velador la radio. La

154

Ricardo Boizard

necté

con

la trasmisora de "El Mercurio" que,

a

pesar de

su

apasionado rossismo,

era

más

suscepti

ble de cambiar en caso de derrota. El speaker, que durante el día trasmitía gozoso las espectativas del triunfo, estaba ya más calmado y discreto. Daba cifras a medida que las recibía. Rectificaba algu
nas

cuando
Me

era

necesario y

se

expresaba

casi

con

de la candidatura popular. pareció todo eso de md augurio para Ross, Hice sumas con las cifras recibidas. Esperé que se me completara el cuadro. Vacilé un rato y de pron to, el agudo speaker, poseído de un verdadero fre nesí popular, casi con odio de clases, exclamó: —El Presidente Electo, don Pedro Aguirre Cer da, va a dirigiros la palabra.
ternura

Una vocecita

ronca

y

tranquilizadora

se escu

chó. Era como para dormir en paz, pues prometía como todos trabajar por el bienestar de la patria,: por las clases necesitadas y por el respeto a los derechos ciudadanos. La verdad es que aquel discurso pronunciado por el candidato frentista desde "El Mercurio" era bastante más moderado que el editorial de esa pren sa al día siguiente.

i
j

Las calles estaban llenas de ruidos y algazara. Verdejo tiene uft solo derecho cada cierto tiem po y es gritar. Hay ciertos días en que se le deja

Historia

de una

Derrota

155

gritar
era,

a

pasto, celebrar el comienzo de

una

nuevr.

sacar

banderas

a

las calles y sentirse
ante

como

due

ño de la situación.

Gritó y sacó banderas
sandri

el triunfo de Ales

en 1920. Se aprobaron leyes sociales y eco nómicas. Se reformó la Constitución del Estado. Pero la rotura de sus pantalones creció. Volvió a gritar en 1925 cuando la vuelta de la civilidad le ofrecía pan y liberación. Pero sus

pantalones
se.

remendados continuaban deshilacliándo

Ya

un poco en 1931 a la caída de Ibáñez. no tenía pantalones. Volvió a gritar en 1932 cuando Gróve le ofreció el paraíso. Eran ya sus ha rapos una bandera revolucionaria y además de per der los pantalones, perdió el trabajo. Pero Verdejo es duro para gritar y no se des engaña nunca. Cree que por lo menos una vez va a gritar para siempre. Y esa noche anduvo por las cdles hasta las más avanzadas horas. Y anduvo con plata porque se había vendido a Ross, había recibi do el tubito de Ross, había comido las empanadas

Gritó

de Ross y había votado por Aguirre.

te

Al día siguiente, el Gobierno confesó secamen el triunfo frentista. Resultaba éste estrechísimo,
un

pero suficiente para parecer dinero y ante tanto poder.

triunfo

ante tanto

Ricardo Boizard

La

derecha, imprudentemente, declaró

había terminado el proceso electord

que y que éste

noso

lamente quedaría finiquitado el día en que el Tri bunal Calificador se pronunciara sobre numerosos hechos que viciaban el acto. Yo recibí esa tarde a un periodista de Ercilla 1 en mi casa y le manisfesté sin ambajes que dudar "¡ del triunfo de Aguirre Cerda era una majadería. Si se alegaba el vicio de la violencia ejercitado en al gunas partes por los electores contra el cohecho, los frentistas alegarían a su vez el cohecho misrrw¡^_ Con lo cual ambos vicios quedaban compensados. La sociedad comercial en liquidación, como era de esperar, no se quedó tranquila con mis de¡j claraciones y las comentó con aspereza. No dudo j ', que los rossistas derrotados tenían derecho a eso y a mucho más. Se les podía tolerar que se quejaran,

^

■■<

-i

que buscaran
encontraran

cíatorias

culpables de sus propios errores y que los falangistas las víctimas propide la derrota. Lo que no se les podía toen

-^
i V

lerar es que continuaran torpemente poniendo ban derillas al toro y provocando a un pueblo que has ta allí había dado muestras evidentes de serenidad y de cordura. He sabido que Ross recibió en la noche de la elección la noticia con tanta dignidad como la que tuvo el pueblo al derrotarle. Estaba más acostumbrado a perder que sus amigos y es posible que cuan do llegaban a su mesa los mezquinos datos, haya te nido esa misma sonrisa apretada de los corredores

j
i

1

Historia de

una

Derrota

157

de bolsa cuando
nes

en

la pizarra aparecen

sus

accio

depreciadas.

Algunos derechistas,
en

sin

embargo,

insistieron

lo dd proceso electoral. Consideraban absurdo entregar el poder teniéndolo en las manos y aun pensaban, obsesionados con lo de España, que era preferible resistir desde arriba que atacar después con las armas desde abajo,

Alessandri,

que,

en

este

caso, supo mantener

la tradición republicana del país, se vio asediado por los requetés chilenos y tuvo que rechazar toda cla se de consejos descabellados.
Un día aparecieron
que venían
en

los diarios dos

cartas

como caídas del cielo, aun cuando hu biera sido mejor no haberlas provocado. Era una del General Novoa y otra del General Arriagada. Ambos exponían al Presidente la necesidad de de clarar de una vez por todas el triunfo del degido y

no en

seguir insistiendo,
la

del para la. tranquilidad

país,

peligrosa idea del "proceso electoral". Pero los bravos derechistas no daban ni
como en

pedían
cer-

^cuartel,
f

las novelas de Pacheco. Ni la

teza
un

honrada del triunfo, ni la contemplación de
tran

y pueblo extraordinariamente respetuoso de Aguirre Cer quilo, ni las declaraciones pacíficas ser derrota da les convencieron que era preferible

dos

una

sola

vez.

h

Ricardo Boizard

Querían
No
en
se

una

segunda derrota

y los militares
5

les dieron la oportunidad de sufrirla.
convencieron.
en

Pretendían ellos insistir

posición heroica, dejar planteadav^H al país una cuestión que con el tiempo tuviera imA portancia y pudiera provocar disturbios. Y, ante j las cartas de los Generales, declararon que, privados

algo,

caer

sus derechos por la intervención de la fuerza, renunciaban a continuar el "proceso electoral mientras el país no volviera a la normalidad jurí dica.

de

;

¿Qué quería ¿Quería otra
sión y de fuerza?
ción
con

esa

masacre, otro

gente? período de repre ¿Quería revolución? ¿Y revolu
se

qué?
cosas

Las revoluciones

el Ejército. Las dos
y
c»ntra

hacen con el pueblo o con estaban contra la derecha
en

Ross.

¿Quería atrincherarse
y levantar allí

el Club de la Unión
-fl
*

una bandera de protesta contra totodos? A falta de armas y municiones, ¿iba a lanzar contra el pueblo las bolas de billar o los cómodos sillones del salón verde?

do y

contra

\
J

¿Qué Rochefoucauld trasnochado estaba mandando allí sin que nadie fuera capaz de volverle a la razón? La verdad es que estas cosas quedarán en el misterio por los siglos de los siglos.

¡j

j

Historia de

una

Derrota

159

:ejemplo;

Ha sido siempre corriente en el país la gente piensa de prestado. Los liberales chilenos, por a principios del siglo XLX, no concebían una conquista por la libertad sin proceder como girondinos, porque se alimentaban de la revolu que

ción francesa y

es de allí de donde sacaban las pren das para aparecer vestidos a la usanza de Rolland o de Vergniaud. Las izquierdas- chilenas, obsesiona das por la revolución soviética, generalmente siguen

el inadecuado

padrón

y por imitar

a

Kerensky

o a

Lenin,

se

desentienden de la realidad chilena.

Las derechas de 1938 estaban dominadas por la Revolución Española. Naturalmente, reacciona

ban

ante

lo

nuestro como

si

se

tratara

del Frente

? Popular español. Esperaban desórdenes

en las ca incendios de conventos, asesinatos de políticos. Más de alguien se ha sentido defraudado con la tranquilidad y ha pensado que aquello no era si

lles,

pasajera táctica. ¿Cómo entregarle, pues, el poder, a gente tan mdvada, tan criminal e incendiaria? Sobre todo, Jes preocupaba muchísimo la re ciente llegada al país de los embajadores españoles a la trasmisión dd mando. Especialmente miraban
no una

con

bre terrible

ojos desconfiados a Indalecio Prieto, un hom con barriga de burgués, con cara de

r

carnicero y elocuencia de Danton. Le perdonaban la barriga y la cara, pero no la elocuencia. Aquella noche en que Indalecio Prieto pronun ció un discurs» en el Estadio ante treinta mil per-

1
160

Ricardo Boizard

que le aplaudían, la derecha creyó que a la vuelta de la concurrencia a su casa no iban a que
sonas

dar

iglesias

en

el camino.
es a

La yerdad

que ni los frentistas quemar

chilenos
guerra.

es-

.

taban decididos
venían
su
a

iglesias

ni los
su

españoles ]
.!

conseguir candelabros

para

Los chilenos se habían sentido asustados con triunfo y buscaban todos los medios de hacer- ^ selo perdonar. Sabían también que una parte de los electores católicos había mirado desconfiada-^

mente a

Ross.

su

españoles, por su parte, poco seguros de estabilidad, aconsejaban prudencia y pedían ayu
Los

da.

Llegaba tan allá en los salones la aprensión re ligiosa y los infundados temores de las señoras, que éstas habrían perdonado ciertamente al pobre dia blo que quemara una iglesia, pero no perdonaban | a los que pretendían negar las impiedades del Frente. La Iglesia Católica, sin embargo, estaba más enterada de estas cosas que los políticos y sus se ñoras. Y precisamente en los días en que hablaban las derechas de la falta de normalidad, Monseñor Caro envió su bendición al Presidente electo, lo que no significa que la Iglesia celebre la superchería frentista, sino simplemente que su misión alcanza
a

todos.
Pues bien. Roma, en lugar de excomulgarlo, los pocos meses, lo nombró Arzobispo.

a

historia de

una

Derrota

101

Miradas las cosas con serenidad, el triunfo de Aguirre Cerda era, hasta derto punto, en lo polí tico, un desahogo para el pueblo; en lo social, un

mal trago para la aristocracia; y en lo económico, ninguna amenaza formal para el capitalismo, pe ro sí una nueva amenaza terrible contra el Presu
puesto. Los frentistas

chilenos, dirigidos

por los radi
con

cales,

no

distribuirían la tierra ni acabarían
nuevas

el

derecho de la propiedad. Crearían

oficinas, viajarían sin descanso, gastarían sin medida y de jarían que los comunistas trabajaran hasta que el
Dolsillo del radicdismo estuviese lleno.

Los días anteriores a la asunción del mando transcurrían monótonos y cargados de tristeza. To do el edificio político derechista se desmoronaba. Los grandes sueldos, las rentas fabulosas, las bue
nas mesas

oficiales

y.

los mejores vinos estaban

re

servados para unos insolentes agitadores que de la noche a la mañana se instalarían en el poder. Las cosas hechas en seis años, sin embargo, no habían sido tan malas ni tan contrarias al interés nacional como se decía en las postrimerías del Go bierno de Alessandri por los enemigos de Ross. Dentro de la fórmula capitalista, y salvo su elementos des para absorber a ciertos

incapacidad
plazados

y constructivos del

ibañismo, Alessandri

'

1

Ricardo Boizard;

en

llegado muy
rales. Desde

los primeros años de su tercer Gobierno había: allá en la defensa de los intereses
gene

luego, restableció con firmeza el orden constitucional. Volvió a los viejos cauces de la nor malidad y tuvo la suficiente energía como para arrancar al país, a despecho de las conspiraciones,
del
caos en

...

que

se

encontraba.

Los presupuestos def mandados producían una constante alteración política y económica. Los foncionarios, inseguros de sus rentas, estaban más al

!
'

servido de las intrigas conspirativas que del país, Las reparticiones públicas no cumplían sus objetivos y se buscaba para mantenerlas unos cuantos recursos ficticios a los cuales no acompañaba nin

!

gún esfuerzo productor. El país, recien salido de la postración salitrey sin divisas con qué atender sus más premiosas necesidades, experimentó una fuerte reacción y a su impulso crecieron rápidamente industrias hasta
ra

*

ayer desconocidas.

Las Oficinas Salitreras volvieron

a

funcionar

y encontraron allí trabajo remunerador los miles de cesantes que en los puertos nortinos languide cían el año 32, en promiscuidad vergonzosa y ba

jo la más horrenda de las miserias,
terna y
ron

Ya hemos dicho que el pago de la deuda ex la derogación del Contrato Eléctrico fuesoluciones felices y convenientes. Gracias a elle

--"*■

Historia de

una

Derrota

163

recuperó el país el crédito perdido su energía industrial.
Es verdad que
tos
una za.
un

y la fuente de

recargó el
iníladón

costo

sistema leonino de impues de la vida y dio al presupuesta
con nuestra

desproporcionada
se

rique

Es verdad que nada
estuvo

diciones de los

campesinos
y

bajador

hizo por mejorar las con y que la defensa del tra expuesta, como también lo está hoy,

a constantes

tropiezos

persecuciones.

Es verdad que en las postrimerías de su Go bierno una casta cerrada y reaccionaria cercó al Presidente hasta separarlo total y absolutamente del

pueblo.
Pero ya lo hemos dicho. Dentro de la fórmu la capitalista en que todavía vivimos y en que con tinuará desarrollándose la política del Frente Po pular bajo la égida del radicalismo, ese gobierno en
su aspecto esencial fué quizás el más fructífero y constructivo de los que la burguesía le ha dado al

país

en

los últimos años.

Antes que Alessandri abandonara la Casa Pre

sidencial,
rante

le había los tiempos vigorosos del 34. una noche a las 11 P. M. Muchos mue bles habían desaparecido ya. Pero no sólo los mué-

dejar de visitarle
en

a pesar de la distancia que los dos últimos años, creí que por última vez, asi

me

no era
como

separó du posible

visitado

Llegué

164

Ricardo Boizard

bles habían
caras

desaparecido.
antes

Extrañé también muchas

resultaban familiares. En buenas había dlí junto al Presidente sino sus cuentas, hijos y creo que Waldo Palma. A su lado estaba tam bién el gran perro del tercer período, el que, según decían, ladraba a la gente de mal talante, acostum brado como estaba esos seis años a mirar cuellos al midonados y zapatos lustrosos. En todo caso, el aristocrático perro estaba allí haciendo honor a los
que
no

de
se

su raza.

En el
mera

momento
a

preparaba
noche
a

en que yo llegaba, Alessandri abandonar la Moneda. Era la pri que alojaría en la calle Central y me

invitó
tas

conocer

Cuando

palabras

como un

su departamento. bajábamos en el ascensor, reproche:

me

dijo

es

Ya

ve

usted. Getulio Vargas

se

quedó.

Yo

me

voy.

Salimos juntos. Me invitó a su lado en el au tomóvil presidencial y le acompañé a su nueva re sidencia. O sea. Me tocó el placer de dejar al Pre sidente Constitucional de Chile que terminaba en 1938 su período, en el lugar que le correspondía por disposición de la ley.
No

puedo

negar que

me

llo,

cierta íntima satisfacción porque

invadió cierto orgu a pesar de to

das las alternativas y conflictos, a pesar de todos los temores y amenazas, el Primer Mandatario de
la

República

iba

a

cumplir

con

su

deber.

Historia

de una

Derrota

165

Quise pagar de algún modo esa ñosa de Alessandri después de tantas
habían

acogida
cosas

cari
nos

que

separado. Y,

por

primera

vez,

al cabo de

seis años de haberle sacado el cuerpo a las ceremo nias oficiales y a las comisiones de reja o de pórti co en la apertura del Congreso, fui a pedir que se

designara en una de ellas. Bajo el peso tremen impopularidad que nosotros habríamos evi nos escucha, quería yo recibir al Presidente y acompañarle hasta que dejara de serlo.
me

do de la

tado si Alessandri

Moneda,

Me fué muy fácil encontrar hueco en la co misión de reja. Eran muchos los contertulios de la pero la Moneda no es lo mismo que la ca lle abierta en que el pueblo vocifera y en que se trata de desafiar su furor. El 24 de Diciembre a las 3 de la tarde estaba
yo instalado
con

mis

otros

colegas junto

a

la reja

del salón de honor del Congreso, mientras un po pulacho frenético y amenazante esperaba. Es necesario haber visto aquello desde ese si tio para conocer la entereza de Alessandri en su ac titud. Pudo haber buscado un pretexto para no ve nir. Pudo aun escapar a las injurias y llegar por otra puerta. Pero esa actitud no cuadra con su espíri tu batallador y prefirió desafiar la tempestad. Profundamente enemigo de los dos años últi acusador de su mos de su Gobierno; recalcitrante extraña actitud ante los hechos del Seguro Obre-

166

Ricardo Boizard

declaro que ese gesto me pareció en cierto modo reivindkador de lo pasado. Con mirada es toica, con altivez y paciencia, recibió las injurias así como había redbido los viejos aplausos. Un ruido ensordecedor se dejó sentir cuando se acercaba la carroza dd Presidente. Daba la impre sión de que el populacho amenazaba con algo más que silbarle. Unos puños se levantaban en la mul titud y ésta giraba como un reptil para estrecharla Se detuvo la carroza frente a la reja y recuer do que Raúl Marín, noblemente, corrió a recibir al Primer Mandatario. Yo, entretanto, le estreché la mano al bajar y le abrí camino. Una muchedumbre nos envolvió y Alessandri fué avanzando serenamente hasta su puesto. Presencié de cerca todos los detalles de la ce
ro, yo

remonia.
En el momento en que Aguirre Cerda entra ba aclamado por tribunas y galerías, Alessandri mi raba sonriente el espectáculo y medía, por cierto, como pocos, el valor de esos aplausos. Cuando Aguirre Cerda llegó a la mesa de ho nor traía unos guantes blancos en la mano y ya los agitaba ante la multitud en un gesto indeciso de conservar la prenda o de cerrar el puño. Durante todo d trayecto posterior, hizo lo mismo. Eso, naturdmente, daba satisfacción a la iz quierda y tranquilizaba a la derecha. Los izquier distas veían a su Presidente con el amenazante pu-

Historia de una derrota

167

ño cerrado. Los derechistas veían

en sus manos una

de salón. de Alessandri se tendió dignamente para saludar a su sucesor. Este la estrechó con apa rente cordialidad y una vez que se colocó la ban da de tres colores con el dorado broche de O'Hi[: ggins, que ya era casi la única reserva de oro que ÍL nos iba quedando, se abrazó cortésmente con el ex fc' Presidente de la República. La banda se veía un poco larga en el pequeño talle de S. E. Pero aun así, le daba una fisonomía especid y quedaba éste entregado a la muchedum bre, ya no como el simple viajero de los andurriaK les del sur, sino como el elevado penacho de una de-

elegante indumentaria
La
mano

mocracia

en

camino.

i
f
r

la Sala

parlamentarios de la derecha salieron de acompañando a Alessandri, donde con un ligero lunch despedirían para siempre de la políLos
tica y del
cosas

Congreso

a

ese

[

había

\
f
í |

y ruidosas
masa so

pasado en medio tempestades.

hombre que por ambas de vientos contrarios

Más allá de las

ventanas

estaba el
sus

pueblo,

una

ondulante que olvidaba
nuevo amor.

odios para dar pa-

d

fun Se dice de Napoleón que su inteligencia la cual cionaba con la rapidez de una estantería en un problema para abrir el de de el se cerraba cajón
otro.

£

en su Esta masa tenía esa misma costumbre la caja de sus corazón. Cerraba automáticamente odios y abría la de la esperanza.

í

Pág.

Prólogo
21 de

7
de 1938 11

Mayo

Posiciones electorales Ross Nuestra

23
45

palabra

solitaria

59
69

El Nacismo
El 5 de

,

Septiembre

79
113

Políticos y cadáveres
El rumor del mundo

129
140

Lo que

se

jugaba

El 25 de Octubre

,52

n ¿>&

^

1

Hoy día,

en

este

libro, fruto de largas medi
en

taciones, Ricardo Boizard enfoca,

amplio

y

curioso panorama, lo que él llama la "Historia de
sus una

derrota". Toda
7

una

época nacional,

con

grandezas
sus

miserias y las contradicciones

de

hombres

representativos,

pasa por estas

páginas, palpitantes de actualidad: los últimos
meses caso

de la administración

Alessandri, el fra

del candidato de las Derechas, los prime del Frente Popular. T
en

ros pasos

el fondo de

todo
que

esto, el drama patético de
busca
su

una

juventud

destino y señala llenas de

una

orientación.

Son

páginas

vida, de verdad, hasta
con

diríamos de fe. A través de ellas, y

abso

luta franqueza, discurre el poeta, el político, el

periodista, grande
cosas. vocar

animador

de hombres
a

y

de

Es

un

libro destinado, sin duda,

pro
un

contradictorios

comentarios,
La "Historia

pero

de

Interés apasionante.
rrota"

de

una

de los

colocará

a

Ricardo

Boizard

entre

mejores cronistas políticos de nuestro país.

?

impreso

~„

en en

Chile

^"'re

-

Printed
m
O
c

in

Chile
__»
.

Precio
i

$18.—
E^S
-

/ 1
i

T C E R V A N

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