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Tierra de nadie o, peor , tierra de todos, la República Democrática del Congo lleva una década sumergida en una vorágine de enfrentamientos que han dejado más muertos que cualquie r otro conflicto desde la Segunda Guerra Mundial. Témoris Greco analiza los últimos acontecimientos, que encienden una luz de esperanza en ese infierno africano.
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Por Témo ris grecko

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Hasta hace unas semanas, el hombre más tutpoderoso de Kivu del Norte era el general tut si Laurent Nkunda. En los últimos meses de 2008 sus fuerzas rebeldes, pertenecientes al llamado Congreso Nacional para la Defensa del Pueblo, se extendieron en la zona y la tomaron bajo su dominio, hicieron huir a las tropas del gobierno congolés, así como a decenas de miles de personas aterrorizadas. Asimismo, estuvieron a punto de tomar la ciudad de Goma, de alto valor estratégico para la región. Aliado de Ruanda, Nkunda justificaba sus acciones con la persecución de los hutus genocidas en la rdc. El 22 de enero de 2009, como una verdadera sorpresa, el ejército ruandés lo atrajo con engaños, lo capturó y lo apresó. Sin embargo, su destino es incierto pues el gobierno congolés reclama su extradición, hasta ahora no concedida por Ruanda. El acuerdo fue que a cambio de la captura de Nkunda, la rdc permitría a las tropas ruandesas ingresar al país. Durante un mes, hasta el 24 de febrero pasado, se dio un evento inusual: soldados ruandeses y congoleses persiguieron juntos a las bandas armadas hutus a las que, según el ministro ruandés de Exteriores “debilitaron seriamente”. Las guerras de la rdc, que se han sucedido entre breves periodos de calma relativa desde 1997, han provocado una cifra de muertos mucho mayor a la de cualquier otro conflicto desde la Segunda Guerra Mundial. La ONU estima que mueren 45,000 personas al mes. Las masacres, los abusos de derechos humanos y, en particular, una infame agresión sistemática contra mujeres y niños, han sido perpetrados por todos los ejércitos y grupos enfrentados, incluidos el gobierno, los hutus y el propio Nkunda. La aparente desaparición del ejército informal de Nkunda y la posibilidad de que el de los hutus también desaparezca, despertó la sensación de que por primera vez hay una es-

s nes de muerto iete milloCongo (RDC). Son s l planeta, con o, ca el sangrienta de ública Democrátil esd de ese país afric,an a más tá en la Rep a zon obstante es Ituri, en e te 7, es desde 199cias de Kivu del Norte e flicto. La principal, noguerra étnica n e las provin ndan las causas de coe importada la infam,000 miembros abu les fu genocidio de 800 donde l Norte e Ituri tremistas. ó el que a Kivu de 1994, que provocdos a manos de hutuspex an. d de Ruandatue i y hutus moderala RDC, y los civiles la ag ibu ts utus pelean en de la tr yh Ahora, tutsis
peranza real de estabilizar la zona y de acabar con las guerras. “Todo el mundo quiere la paz”, dice Samantha Newport, directora de comunicación del African Conservation Fund (una importante agencia de protección de la fauna) y del Parque Nacional Virunga (hábitat de la mayoría de los últimos gorilas de montaña y destacado escenario de los enfrentamientos). “¡Todos!”, insiste esta periodista, quien tras ser corresponsal de importantes medios como The Economist y The Financial Times, además de consultora de riesgo en África para grandes empresas británicas, se dedicó a la lucha ambientalista. No es tan fácil, sin embargo. La acción congolesa-ruandesa abrió un nuevo periodo de combates con un telón de fondo incierto. ¿Se podrá concretar el sueño pacificador en el este de la rdc?

La guerra caótica
Cuando uno piensa en los señores de la guerra africanos, se imagina a brutos analfabetas incapaces de entender nada más que el lenguaje de la violencia. Laurent Nkunda rompe el estereotipo. Delgado, de rasgos finos, sonrisa afable y mirada tranquila detrás de delgadas gafas de arillo que le dan un aire académico, este militar terminó la carrera de psicología y se presenta como pastor cristiano. Cuando Newport lo conoció en febrero de 2007 se quedó sorprendida: “Me pareció inteligente, articulado… carismático”, me dijo en aquel momento la ambientalista. “Realmente un personaje”. Ella y su jefe, Emmanuel de Merode, se habían arriesgado a viajar hasta el campamento de Nkunda para negociar con él. No había alternativa porque, en los hechos, el Parque Nacional Virunga estaba bajo su control, no bajo el del gobierno, y la fauna salvaje a la que servía de refugio había quedado desprotegida cuando los guardaparques fueron expulsados a punta de balas. En especial, ahí habita una de las últimas poblaciones de gorilas de montaña, una especie en peligro de extinción, y alguien había matado varios ejemplares deliberadamente. Nkunda estaba “furioso por la cobertura de prensa que iniciamos”, compartió Newport; ella y De Merode habían denunciado las muer-

tes de gorilas en medios occidentales. Y de pronto el líder los tenía frente a él, indefensos, rodeados por sus hombres. Sin embargo, una de las peculiaridades de Nkunda es ser un tipo consciente del valor de las relaciones públicas y deseoso de mejorar su imagen en el extranjero. Aunque podía haberse desecho de sus visitantes ahí mismo, o simplemente obligado a marcharse, creyó que le sería más útil llegar a un acuerdo que le sirviera para mostrarse conciliador y sensible. Empleando un discurso salpicado de referencias a los personajes que dice admirar (Abraham Lincoln, Martin Luther King, Mahatma Gandhi y Patrice Lumumba, un líder nacionalista congolés), se comprometió a no tocar a los gorilas. Al principio, respetó el acuerdo e incluso se benefició: gente ligada a él organizó expediciones para el avistamiento de gorilas, por las que pagaron turistas desprevenidos. Pero desde enero de 2008, los milicianos de Nkunda empezaron a atacar los campamentos de los guardaparques, mataron y secuestraron a algunos, y expulsaron a los demás. Era parte de una ofensiva que condujo a que, para fines de año, su grupo se hubiera consolidado como el dominante en la región. Además, Ruanda parecía a punto de acudir en su apoyo. Aunque el conflicto en la rdc es muy complejo y tiene muchas causas, el catalizador fue el genocidio de hutus extremistas contra tutsis y hutus moderados en Ruanda en 1994. En aquel momento, las añejas rivalidades entre ambas etnias (agudizadas por la manipulación de las autoridades durante la colonia francesa) explotaron y el gobierno hutu decidió eliminar a todos los tutsis. Tras ser derrotados, los genocidas escaparon a la rdc, donde fueron protegidos por un sangriento dictador, Mobutu Sese Seko.

Incómodos, los nuevos gobernantes tutsis de Ruanda apoyaron en 1997 una rebelión de Laurent-Desire Kabila, quien barrió con el ejército de Mobutu y tomó el poder. Kabila, no obstante, incumplió con su compromiso de eliminar a los hutus y el problema creció. Así, para 1998 ya estaban interviniendo en Congo tropas de cinco países africanos: Ruanda y Uganda atacaban a Kabila, quien a su vez fue respaldado por Angola, Zimbabwe y Namibia. Un factor clave en todo esto son los abundantes recursos naturales de la rdc, un país rico en oro, uranio, coltan, diamantes, cobre, zinc y maderas preciosas. Y quien tenía el control militar de alguna de las zonas ricas en materias primas, explotaba las minas para su beneficio (con frecuencia usando a los nativos como esclavos). En 2001, Kabila fue asesinado y reemplazado por su hijo Joseph, quien consiguió llegar a un acuerdo de retirada. La ONU envió una misión de cascos azules con 17,000 efectivos, la mayor en la historia. Pero en 2002, el conflicto se reactivó en forma de guerra de baja intensidad, con altas, bajas y pactos rotos, además de las primeras elecciones multipartidistas en 2006, desde la independencia de 1960, que ganó Kabila hijo. En esta región selvática del este de la rdc, donde además está en marcha un peligroso proceso de deforestación, el escenario siguió siendo terrible: numerosos grupos y bandas armadas actuaban caóticamente. En Ituri, el Ejército de Resistencia del Señor (una guerrilla de Uganda liderada por un tipo que dice ser la reencarnación de Cristo) realizaba incursiones. En Kivu Norte, Nkunda ganaba poder mientras justificaba sus abusos con el argumento de enfrentar a los hutus.

Un arma devastadora
Las estimaciones de la onu indican que 1,500 personas mueren a diario en la rdc. Un 20% de los recién nacidos no llegará a cumplir cinco años. Dos terceras partes de la población (45 millones de habitantes) están desnutridas. Hay estimaciones que calculan el número de heridos y mutilados en alrededor de diez millones; más de 100,000 personas viven en campos de refugiados; y cinco millones de niños no pudieron recibir educación alguna en el año 2000. Por donde se le quiera ver, los indicadores son espantosos. “La economía está destruida sin remedio porque ya nadie quiere hacer nada”, explica Newport. “¿Para qué construir una casa o montar una tienda si en cualquier momento vendrá alguien a destrozarla y matarte?” Lo más dramático, no obstante, es una de las mayores ofensivas de la historia contra las mujeres. La violación de la mujer se ha convertido en un arma de guerra que no cuesta ni se desgasta, no necesita municiones ni hace falta entrenar a quienes la emplean: a la mujer se le rompe el espíritu, se le humilla frente a su familia y comunidad (la costumbre local no es consolar a la violada, sino expulsarla), se la incapacita para cumplir con sus tareas esenciales y así, se rompe el tejido fundamental de la sociedad. El terror mantiene a las mujeres en casa, temerosas de ir a trabajar los campos, conseguir agua y leña, llevar a los niños al médico. De aldea en aldea, las alertas se difunden, el miedo desestabiliza a las comunidades y determina sus movimientos, ya que saben que no hay autoridad que las proteja. El médico Denis Mukwe-

Gente en busca de refugio tras la llegada de tropas de Ruanda. El general Laurent Nkunda tras un ejercicio militar en Kivu del Norte. Un grupo de defensa formado por civiles. Partidarios de Joseph Kabila en un mítin previo a las elecciones del 2006.

Tropas del ejército de la rdc instalan artillería en la afueras de la ciudad de Goma. Los gorilas del Parque Nacional Virunga aún peligran. Cascos azules patrullan Kivu del Norte.

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Terror Terror Terror erro

argelia: Las actividades terroristas del grupo Al Qaeda en el Magreb Islámico y sus antecesores han dejado casi 200,000 muertos desde 1992. Además, tras acusar al presidente Bouteflika de manipular el proceso hacia las elecciones del 9 de abril, la oposición anunció su decisión de boicotearlas.

burundi: En 2006 Hutus y tutsis terminaron la guerra civil en marcha desde 1994. Se estima que alrededor de 300,000 personas fueron víctimas de ella. r.d. del congo: Desde 1997, sus conflictos han dejado 7 millones de muertos.

chad: Recientemente el país se ha enriquecido con petróleo, pero el dictador Idriss Déby enfrenta varias rebeliones, incursiones desde Sudán y una crisis humanitaria con 1,400,000 desplazados, de los que 200,000 son de la vecina Darfur.

sur de somalia: Estado Fallido desde 1991. Etiopía está por completar su retirada tras intervenir para desplazar a los extremistas musulmanes, cuya fuerza es tal que elnuevo presidente, Sharif Sheikh Ahmed, se comprometió a imponer la sharia (ley islámica) para restarles base social. Foco terrorista para Al Qaeda.

norTe de somalia: Desde bases en Puntland y el sur de Somalia, piratas impusieron el terror en las aguas cercanas, especialmente en el corredor del Mar Rojo, afectando el comercio internacional, por lo que navíos de guerra de India, China y potencias occidentales realizan un esfuerzo conjunto para combatirlos.

eTioPía-eriTrea: Eritrea se independizó de Etiopía tras un largo conflicto bélico. Sin embargo, persisten disputas territoriales que podrían conducir a una nueva guerra.

sahara occidenTal: Tras haberlo ocupado en 1975, Marruecos se las ha arreglado para sabotear los esfuerzos pacificadores de la ONU. El independentista Frente Polisario actúa desde su base en Tinduf, Argelia.

Puntland Somaliland Territorio en disputa Tierras Tuareg

uganda, norTe del congo, sur de sudán y esTe de la reP. cenTroafricana: El Ejército de Resistencia del Señor ugandés, famoso por secuestrar niños para convertirlos en soldados y por sus tácticas brutales, sostiene desde diciembre una campaña terrorista como respuesta a una operación en su contra lanzada conjuntamente por los gobiernos de Uganda, Sudán y la RDC. Se estima que esto ha obligado a huir a 150,000 personas. cosTa de marfil: Desde 2002, el país está dividido a la mitad por facciones enfrentadas del ejército marfileño.

sudáfrica: Es la economía más importante del África Subsahariana. Hasta ahora, su democracia ha sabido sortear los conflictos.

Estados fallidos Territorios ocupados Dictaduras o gobiernos autoritarios Democracias en peligro Recientemente pacificados Democracias funcionales

Focos terroristas o criminales Conflictos de origen étnico o religioso Conflictos latentes Recursos naturales Grupos desplazados

Zimbabwe: El gobierno de Robert Mugabe ha convertido un país relativamente próspero en un desastre mayúsculo donde el hambre y las epidemias se extienden, mientras la moneda se devalúa hasta niveles ridículos. La represión gubernamental provocó un número impreciso de muertes que se eleva a los varios cientos, según la prensa extranjera. Un acuerdo reciente para compartir el poder con la oposición parece frágil.

ruanda: A pesar de sus reiteradas intervenciones militares en la RDC en persecución de las milicias hutus, el gobierno ruandés intenta atraer capitales para hacer florecer la economía. nigeria: La riqueza petrolera ha favorecido golpes militares y corrupción. En las zonas de extracción los habitantes se han rebelado afectando la producción. madagascar: La represión gubernamental provocó un centenar de muertos entre manifestantes que reclamaban un fraude electoral, en febrero de 2009.

guinea ecuaTorial: La dictadura de Teodoro Obiang, que se sostiene con las rentas que le entregan las petroleras que explotan sus grandes yacimientos, es una de las más brutales de África. Los disidentes internos son asesinados o encarcelados de inmediato, pero los hidrocarburos han animado tanto a mercenarios blancos sudafricanos como a supuestos insurgentes negros nigerianos a intentar golpes de Estado, el más reciente el 16 de febrero.

guinea-bissau: El control que el ejército corrupto ejerce sobre el país (que además se ha convertido en base para el tráfico de drogas hacia Europa), tuvo una expresión dramática a principios de marzo de 2009, cuando el presidente fue asesinado por soldados que lo acusaron de haber matado al jefe militar principal.

liberia y sierra leona: Se han estabilizado después de que diversos grupos criminales armados se enfrentaron en una disputa por el control de la producción de diamantes, lo que provocó la caída de esos gobiernos afectando también a Guinea.

kenia: El conflicto electoral que provocó alrededor de 700 muertes y 260,000 desplazados en 2008 cedió el paso a un frágil acuerdo de coalición entre los rivales. mali y níger: Los tuaregs han protagonizado varias rebeliones en reclamo de sus derechos culturales.

sudán: El gobierno central de predominancia árabe ha llevado a cabo guerras contra grupos separatistas negros. En el sur del país, un acuerdo de paz vigente desde 2005 prevé la celebración de un referéndum para decidir sobre la secesión de la zona en 2012, aunque se siguen registrando enfrentamientos esporádicos. Desde 2004, el conflicto en Darfur ha provocado más de 300,000 muertes y dos millones de desplazados. Un acuerdo preliminar entre un grupo rebelde de Darfur y el gobierno, firmado en febrero, podría facilitar la paz. El presidente Omar al-Bashir, sin embargo, reaccionó con amenazas ante la apertura de un proceso en su contra por crímenes contra la humanidad en la Corte Penal Internacional, que de hecho ordenó su arresto.

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ge, un heroico ginecólogo congolés especializado en atender a estas víctimas, me lo describió así: “Primero, las mujeres son violadas frente a sus niños, sus esposos y vecinos. Segundo, las violaciones son cometidas por muchos hombres al mismo tiempo. Tercero, no sólo se viola a las mujeres, sino que sus vaginas son mutiladas con pistolas y palos. Estas situaciones muestran que el sexo es usado como un arma barata. Cuando la violación es cometida frente a tu familia, destruye a todos. He conocido a hombres que vieron cuando su mujer era violada: ya no son estables mentalmente. Los niños quedan en condiciones todavía peores. Por lo general, la mujer que sufre tanta violencia ya no puede criar niños. Es claro que estas violaciones no son cometidas para satisfacer deseos sexuales sino para destruir el alma. La familia y la comunidad quedan rotas”. Es un arma que no sólo sirve para atacar al enemigo, arrebatarle las tierras, obligarlo a huir: también rompe los delicados hilos que mantienen a la gente unida en la derrota, empuja a sus miembros a perder el sentido de identidad y a dispersarse, elimina al grupo humano. Y esto genera un círculo vicioso: los desterrados son tantos que se juntan y regresan a cometer las mismas barbaries de las que fueron víctimas. Junto con las mujeres, los niños son los más vulnerables. “Tantos años de guerra han destruido por completo cualquier estructura gubernamental de protección a la infancia”, explica Emma Fanning, resSólo en el otoño de 2007 más de 400 mujeres al mes fueron víctimas de violencia sexual. Desplazados en el campamento Magunga. El Dr. Denis Mukwege realiza una ronda por el hospital.

ponsable de la organización británica Save the Children en la rdc. “Las comunidades sólo están tratando de sobrevivir y no están en condiciones de cuidar a sus niños, que quedan expuestos a cualquier cosa”. Lo más grave es el uso de niños como soldados por parte de todas las fuerzas en conflicto, y que a principios de la década afectó a 30,000 infantes. La presión internacional ha llevado a los ejércitos de Ruanda y de la rdc a comprometerse a eliminar esta práctica, pero los grupos irregulares la mantienen. Los principales perpetradores de todos estos abusos han sido los genocidas hutus, que actúan bajo el nombre de Fuerzas Democráticas para la Liberación de Ruanda. Testimonios de víctimas indican que los violadores les dijeron: “¿Sabes?, nosotros morimos en Ruanda en 1994, así que no nos importa lo que hacemos”. John Holmes, subsecretario para Asuntos Humanitarios de la onu, ha declarado: “Esta gente que tuvo que ver con el genocidio fue destruida psicológicamente por sus propios actos”. Sin embargo, todos los grupos y ejércitos en conflicto tienen acusaciones de ataques sistemáticos contra mujeres, incluidas las tropas gubernamentales. De esto sólo se salvan los cascos azules de la onu. No porque nadie de los suyos haya violado a alguien, pero al menos nadie dice que sea parte de una táctica formal.

Espiral de masacres
El 28 de octubre de 2008, las tropas del gobierno congolés, mal entrenadas, mal pagadas, sin equipo ni motivación, huyeron de las aldeas de Kiwanja y Rutshuru, en Kivu Norte, ante el avance de los milicianos de Nkunda. En su huida, violaron a las mujeres, saquearon las casas de los habitantes e incluso forzaron a algunos a marcharse con ellos para cargar lo robado.

Los que quedaron tenían dos alternativas: seguir al descontrolado ejército en su retirada o esperar a ver con qué actitud llegaban los rebeldes. Los hombres de Nkunda tomaron las poblaciones sin disparar un tiro. De inmediato, ordenaron a la gente que quemara dos campos que albergaban a 30,000 refugiados para expulsarlos, con el argumento de que ya era seguro para ellos regresar a sus casas. Días después, el 4 de noviembre, un grupo de mai-mai (grupos paramilitares sin filiación política) atacó Kiwanja. Aunque fueron rápidamente repelidos por los guerrilleros de Nkunda, se dio la orden de que los aldeanos se marcharan. Muchos de ellos se quedaron, por miedo o porque estaban demasiado viejos o heridos para irse. La gente de Nkunda recorrió casa por casa, supuestamente en busca de enemigos mai-mai. Los testigos dicen que a los hombres jóvenes les pedían dinero, y los que no tenían, eran asesinados “por ser mai-mai”. Mataron a alrededor de 150 personas en dos días. A un kilómetro de distancia, una compañía de cascos azules, limitada en hombres y equipo, y carente de información, no intervino. La masacre se publicó en la prensa mundial el 11 de diciembre. El mismo día, un panel de expertos entregó a la onu un informe que demostraba que Ruanda financiaba a Nkunda y que, para combatir a este último, el gobierno de la rdc se apoyaba en los genocidas hutus. La aspiración de Paul Kagame, el presidente ruandés, de atraer capitales para convertir a su país en la “Suiza de África”, se puso en peligro al comprobarse sus lazos con los perpetradores de la matanza. “El arresto de Nkunda tomó a todos por sorpresa”, dice Samantha Newport desde Virunga, pocos días después del 23 de enero, cuando el ejército de Ruanda captu-

ró con engaños a su hasta entonces aliado. “En octubre y noviembre era el rey del este de la rdc”, continuó la ambientalista, “pese a lo cual debes recordar que la rdc es volátil, impredecible y para muchos, incomprensible. Las lealtades y las alianzas son débiles y cambian constantemente”. Una parte del grupo guerrillero de Nkunda ha aceptado desmovilizarse e integrarse al ejército del gobierno, ya que, insiste Newport, “todos quieren paz. La gente quiere construir una casa, sembrar, educar a sus niños. Nadie quiere seguir teniendo que huir a un campo de refugiados cada tantas semanas o meses. Así que, si el arresto de Nkunda trae paz, que así sea, es lo que la gente piensa”. Fanning confirma que su organización ha recibido menos reportes de agresiones contra infantes, lo cual es “directamente proporcional a la disminución de conflictos en el área”, pero se resiste a hacer una evaluación más profunda: “Todo cambia muy rápido, las cosas siguen siendo inestables y tenemos que ser precavidos”. La misma actitud tomó Madnodje Mounoubai, vocero de monuc (Misión de las Naciones Unidas en el Congo). “Por lo general, cuando dos naciones dialogan dejan de recurrir a la guerra para resolver sus diferencias”, dice el portavoz de la colaboración entre Ruanda y la rdc. “Hay señales de esperanza para que más de un millón de personas desplazadas de Kivu regresen a sus hogares. Pero está en proceso y estamos observando”. Tampoco pudo afirmar que los cascos azules impedirían una masacre como la de Kiwanja, ya que sus 17,000 hombres están “extendidos hasta el límite. Noventa y dos por ciento de nuestras fuerzas están desplegadas en Kivu e Ituri. También debemos apoyar al gobierno (congolés) en el norte contra el Ejér-

Pesadillas de iTur
La República Democrática del Congo es un típico engendro colonialista, un país unido no por la voluntad de los pueblos que lo integran, sino por formar parte de lo que conquistó el rey Leopoldo II de Bélgica, quien instaló allí el régimen más sangriento del continente. En ese territorio de 2.3 millones de kilómetros cuadrados conviven personas que hablan 203 lenguas distintas y muchos de ellos son enemigos desde siempre. Los conflictos abundan, desde el ámbito nacional (las elecciones de 2007, consideradas exitosas, eventualmente llevaron a la expulsión del país del candidato perdedor y al exterminio de sus partidarios) hasta el regional, donde las provincias de Kivu e Ituri son un extremo del caos del país. Kivu del Norte es el más delicado, ya que involucra a Ruanda, un país minúsculo capaz de desestabilizar a su gigantesco vecino. Por su parte, en Ituri se da una de las peores crisis humanitarias del mundo. Tradicionalmente, en Ituri hay disputas entre dos tribus de pastores, los lendus (representados por el Frente Nacionalista e Integracionista) y los hemas (que formaron la Unión de Patriotas Congoleses), que han causado 50,000 muertos desde los años 70. En principio, el conflicto era por tierras, pero se agravó, primero, por la preferencia de los colonialistas belgas hacia los hemas y, después, por el genocidio en Ruanda, porque ambos grupos se identificaron con los bandos enfrentados: los lendus con los hutus y los hemas con los tutsis. Esta guerra ha cesado y reiniciado varias veces en las últimas décadas, aunque ahora los cascos azules de la monuc (Misión de la ONU en el Congo) han anunciado su decisión de desarmar a las milicias tribales. Este problema ha quedado opacado por una intervención “divina”: el Ejército de Resistencia del Señor, una guerrilla de Uganda comandada por un hombre que se dice la reencarnación de Jesucristo, Joseph Kony, ha extendido sus operaciones por las zonas selváticas de Ituri, por el sur de Sudán e incluso la República Centroafricana. Todos estos países han unido esfuerzos para perseguir a este grupo, uno de los más salvajes de África (por ejemplo, para reclutar niños soldados y aislarlos de sus comunidades, los obligan a matar a sus familiares y vecinos), pero sus actividades han continuado. A finales de diciembre pasado, a manera de celebración navideña, metieron a los habitantes de tres aldeas dentro de iglesias católicas donde los asesinaron y destazaron. Hubo algo menos de 400 muertos.

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cito de Resistencia del Señor. Notarás por qué pedimos otras 3,000 tropas”. Muchos de los problemas persistirán por mucho tiempo, como la violencia contra las mujeres. Newport asegura: “Es endémica, se requiere más que el fin de las hostilidades para mejorar el destino de la mujer en la rdc. Para ellas y los niños, es uno de los peores lugares del mundo”. Los enfrentamientos aún no terminan y no es seguro que lo hagan. A los gobiernos de Ruanda y la rdc les urgía sacar a las tropas ruandesas, en el pasado invasoras y odiadas por la población. Aunque declararon haber cumplido sus metas, ya el 24 de febrero organismos humanitarios afirmaron que los ejércitos hutus habían retornado a varias de sus bases. Existen más grupos en armas, tribus y paramilitares mai-mai, además del fanático Ejército de Resistencia del Señor, cuyos ataques cerca de la frontera con Sudán provocaron casi 900 muertos, 165 niños secuestrados (para convertirlos en soldados) y el desplazamiento de 140,000 personas. Además, aún hay descontento entre los guerrilleros de Nkunda: aunque sin disparos, buena parte de ellos se resiste a la desmovilización. Y el grupo que sí está de acuerdo en pacificarse tiene a un líder, Jean Bosco Ntaganda, que genera dudas: durante la masacre de Kiwanja, el comandante no fue Nkunda, sino su entonces lugarteniente, Ntaganda. Es su modo normal de actuar: la Corte Penal Internacional, que lo acusa por crímenes contra la humanidad, exige su arresto. Aparentemente, parte del acuerdo entre Ruanda y Congo es darle impunidad. Pero mientras continúe la guerra, Ntganda y gente parecida de todos los bandos seguirán alimentando la espiral de masacres.
Reclutar niños que se conviertan en soldados es una práctica común. Militares de la rdc rumbo al frente, en las afueras de Goma. Un soldado carga municiones hacia el este del país.

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