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Detrás de sus espaldas

Detrás de sus espaldas
Vuelves a mí porque el asesino siempre vuelve al lugar del crimen
Oscar Hahn

DETRÁS DE SUS ESPALDAS
NOVELA

Pamela Beroíza Artiaga.

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Detrás de sus espaldas

Detrás de sus espaldas

Dando vueltas por su oficina como un león enjaulado, Enrique Sandoval pensaba con insistencia en la pregunta que le había hecho su mujer el último fin de semana. A esas alturas era evidente que la respuesta que debió darle a Francisca tuvo que haber sido la primera de las alternativas. ¿Cómo llegó a inclinarse entonces por la tercera?, era la incógnita que lo venía acosando hacía varios días. La noche del sábado estaba resultando perfecta. La temperatura ambiente era moderada, las ventanas permanecían abiertas para que ingresara la suave brisa y todas las luces de la casa estaban encendidas, como era de su agrado. Además, Francisca se notaba dispuesta a complacerlo. Se había puesto un vestido que para su gusto la volvía irresistible, y había preparado una comida exquisita. Esas eran señales de que, por lo menos esa noche, las cosas andaban bien. Por otro lado Rebeca y Diego, los amigos invitados por Francisca, eran personas agradables. Con ellos se podía conversar de cualquier tema hasta bien entrada la madrugada. ¿Qué más se podía pedir? Todo parecía indicar que la de aquella noche resultaría una magnífica velada, regada de vinos bien catalogados, quesos exquisitos, música suave y un ambiente distendido. Sin embargo, cerca de la una de la mañana, cuando los niños ya dormían, Rebeca propuso que jugaran a algo. La respuesta de Francisca a la sugerencia fue automática, y de un salto partió a buscar Soluciones Extremas, el nuevo juego que había sacado al mercado, hacía un par de semanas, la empresa para la que trabajaba Enrique. Rebeca y Diego se mostraron complacidos cuando Francisca, apartando las cosas de la mesa para hacer lugar a las cartas, les explicó que las reglas de Soluciones Extremas eran básicamente las mismas del famoso Escrúpulos. Eso si, el nuevo juego tenía mucho más preguntas, y aún más controvertidas. A Enrique la idea no le pareció del todo atractiva. Su reticencia con ese juego venía de haber observado la dinámica

que se producía en los Focus Group que la empresa había realizado con anterioridad al lanzamiento, en los cuales, sin excepción, el juego terminó en discusiones fuertes y sin ningún sentido. Y por otro lado, a él nunca le había gustado someterse a preguntas basadas en supuestos. Sin embargo, pensó que no podía arruinarles la noche a los que lo acompañaban, y si quería que Francisca no se molestara con él por aguafiestas, debía dejar de lado los prejuicios. En ese instante debí haber parado de beber, pensó Enrique en la enésima vuelta alrededor de su escritorio. Con unas copas de más se volvía permisivo. Pero no lo hizo. Más bien lo contrario: descorchó otras dos botellas de vino, y con pulso de cirujano, escanció su contenido en las copas de los demás. El resultado fue que jugaron animadamente, matizando las respuestas ingeniosas con carcajadas contenidas para no despertar a los niños, pero brindando a destajo porque lo estaban pasando de maravillas. Y cuando parecía que la noche iba a ser perfecta, Francisca tomó la carta, y luego de leerla y de llevarse las manos a la cara, con fingido estupor le hizo la pregunta: -Enrique…si existiera la posibilidad de que, una vez muerto, pudieras tomar la decisión de volver a vivir, lo harías a) Sin ningún cambio. b) De forma totalmente distinta. c) No lo harías. ¿Cuál es la alternativa que eliges? La primera reacción de Enrique fue de sorpresa. Esa carta no pertenecía al juego. El conocía a la perfección todas las preguntas; las había estudiado, y había descartado las que por su crudeza o cuestiones culturales, pudieran afectar la futura comercialización del juego. Debía de ser un error. O alguien la puso sin consultarle. Pero por arte de magia no pudo haber llegado. Para asegurarse de que Francisca no le estaba tomando el pelo le pidió la carta. Al leerla comenzó a sentirse extraño, como fuera de lugar. Por un instante se sintió ajeno al mundo, y su ánimo se vio afectado por una profunda tristeza.

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Inexplicables fueron los deseos de llorar que tuvo, y en una centésima de segundo el recuerdo de Patricia junto con el dolor que sintió por ella en el pasado, lo sobrecogieron. Era evidente que algo fuera de lo normal estaba sucediendo, pero Enrique no podía explicárselo. Es más, súbitamente sintió que una voz le hablaba desde su espalda, y como si de un reflejo condicionado se tratara, para comprobar la veracidad de tan absurdo hecho, se dio la vuelta con tal violencia que terminó asustando a los demás. -¿Tanto te asusta la pregunta?- lo interpeló con un matiz de sorna Rebeca. Enrique, después de volver a acomodarse en el sillón, no la tomó en cuenta. Sus pensamientos fluían en otras direcciones. Por ejemplo: muchas veces había oído hablar que en las vidas de muchas personas existía lo que podría llamarse un antes y un después. Es decir, ciertos hechos o amores hacían que de pronto la vida de alguien ya no fuese la misma, cambiara de forma radical, y el que esa persona había sido, ya no existía más. Pero eso no les sucedía a las personas como él. Lo de los grandes cambios era para personas con una sensibilidad especial. Y de eso Enrique estaba seguro que no poseía ni la más mínima pizca. Sin embargo, al tratar de sacar el habla, sintió que, junto con la inevitable sensación de que en adelante ocurrirían hechos inesperados, al igual que las serpientes, él comenzaba a cambiar de piel. ¿Qué sucede?, preguntó Francisca. Ella estaba segura que Enrique se inclinaría por la primera alternativa. Pero cuando vio que a él no le resultaba fácil responder, se asustó, y pasando a llevar las reglas del juego, quiso hacerlo en su lugar: -Es la A, yo sé que es la A-gritó. Pero Enrique no se percataba de lo que sucedía a su alrededor. Sumido en la más absoluta concentración, no apartaba la mirada de la copa de vino que tenía en su mano. Parecía estar hipnotizado, o profundamente conmovido, como si desde el fondo del vino, que él agitaba continuamente con movimientos suaves, emergieran los irresistibles ojos de una serpiente, o las imágenes premonitorias de una bola de cristal.

Cuando volvió a tener conciencia de si mismo y de que otros lo acompañaban, Enrique se percató de que la espera estaba resultando incómoda. ¿Cuánto tiempo había pasado desde que Francisca había leído la carta? No lo tenía claro. Aún se sentía mareado y como un extraño en la vida, pero a pesar de llegar a concluir que eran los vapores del vino lo que lo tenían aletargado, bebió otro poco. ¿Por qué no respondía de una vez?, se preguntaba. No requería demasiado esfuerzo decir un par de palabras. Nadie esperaba que él hiciera una justificación filosófica de su respuesta. Y en última instancia, podía decir una mentira. Pero sentía que debía responder con la verdad. Ese era el principal problema. -Está bien-dijo de una buena vez, notando el alivio en los rostros de los demás-. La verdad es que no sé por qué, debe ser que estoy un poco borracho, pero lo cierto es que escojo la alternativa C; no viviría nuevamente. Sus invitados rieron, aunque un poco sorprendidos. Para cuando llegó la hora de votar le creyeron. En tanto Francisca, visiblemente molesta, se negó a aceptar que la respuesta de su marido fuera verdadera, y a pesar de que Rebeca y Diego, para aminorar la evidente tensión, le insistieron que sólo se trataba de un juego, argumentó que el Enrique que ella conocía jamás hubiera respondido de esa forma. En todo momento Enrique guardó silencio ¿De qué forma le explicaba a su mujer que parecía ser que ya no era el que había sido? ¿Y cómo se explicaba eso a él mismo? No quiso asustarla con aquellos problemas, y decidió poner fin a la polémica fingiendo un repentino cansancio. Rebeca y Diego, buenos entendedores, se despidieron al rato y prometieron que la próxima reunión sería en su departamento. ¿Por qué respondiste de esa forma?, fue lo único que le dijo Francisca antes de irse a la cama. Luego lloró por largas horas, revolviéndose en las sábanas y levantándose de vez en cuando en busca de un vaso de agua. En la mañana la situación no mejoró. Francisca se despertó de un humor espantoso. Lo miraba con los ojos

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continuó: -Pero no puedes llegar a creer que un juego sea tan importante. Prometo no volver a hacerte daño-dijo haciendo la señal de promesa de los Boy Scout. pensó Enrique un tanto cansado. Luego de un momento para asimilar lo que sería esa conversación. Finalmente. pero Francisca no bajó 7 8 . el último domingo había sido definitivamente el peor. Hizo lo imposible por impedir que se enterara que de vez en cuando se acostaba con otras. Enrique esperaba compartir amistosamente con ella.fue una estúpida respuesta a un estúpido juego. Aquel día. Enrique no sabía qué hacer. Preguntó a sus subordinados. Nunca iba a entenderla. No tenías que contestar la verdad. después de repetirse una centena de veces que no iba a ser fácil. Que todo lo nuestro no es más que algo pasajero… Me da la impresión de que tú estás conmigo sólo porque te tocó así nomás. Y en medio de esos mudos reproches y la molesta sensación de sentirse culpable sin saber la falta. Tú eras un amante de la vida. -¡Pero si pudieras no vivirías nuevamente conmigo. No quise decir lo que dije. Ay Francisca. No había duda de que la quería. y sin decirle nada se dio media vuelta y partió al baño. Se revisaron las partidas que estaban por salir al mercado. tú te resignaste a estar conmigo porque el destino lo quiso así. -Mira Francisca-continuó-. Pero de todos ellos. pero entenderla… resultaba imposible. Sentado en su escritorio. todo por tu egoísmo!-gritó fuera de sí Francisca luego de levantarse de la cama-.A ti no te importa nada que no seas tú. pero en un segundo de serenidad decidió no complicarse. a veces hasta lograba amarla. cansado ya de tanta vuelta inútil por la oficina. ¡por eso lloro! ¿Por qué respondiste de esa forma? Tú no eres así.Detrás de sus espaldas Detrás de sus espaldas hinchados y llenos de rabia. se dijo resignado. Eso me quedó muy claro anoche. sólo tenías que no hacerme daño…-concluyó cruzando los brazos. es sólo eso. Pagó un aborto para no complicarla con un tercer hijo y lograr que desarrollara su carrera profesional. salvo para cuestiones prácticas que se relacionaban con sus hijos. lo siento…de verdad. Me preocupa que estés así. Enrique repasaba minuciosamente los últimos días. Fue una salida de madre… lo hice para dármelas de malo. En el fondo da lo mismo quien yo sea. ¿y ahora le decía que le había hecho daño con su declaración de que no volvería a vivir? ¿Qué comedia era la que estaba viviendo? Enrique estuvo apunto de salir ofuscado de ahí y almorzar fuera de casa. En ocasiones había que ceder para evitar más problemas. Enrique estuvo de mal humor toda esa semana. nadie supo responderle. -¿Si?-preguntó ella fingiéndose sorprendida-. luego se sonó con un pañuelo con el que también secó un par de lágrimas. era cierto. -No te creo-contestó ella secamente. ¿Qué era eso por Dios? ¿A tanto podía llegar la confusión en la cabeza de Francisca? ¿Qué había sucedido con su mujer en los últimos diez años? ¡Hacerle daño! Si es lo que siempre evitó. Enrique quedó un tanto aturdido. a la gente de la imprenta. pero si hubiese sido otra a ti te hubiera dado igual. pero luego se olvidó del asunto y lo tomó como una mala broma del destino. Pero resulta que con tu respuesta me quedó claro que para ti nosotros no importamos ni una mierda. intentó lograr un acercamiento: -¿Qué pasa Francisca?-le preguntó apesadumbrado-. tú no me quieres. No creo estar hablando en chino: Tú no vivirías de nuevo. Trató de ponerse en el lugar de ella. -Te insisto-logró articular Enrique con resignación. Francisca no le dirigió la palabra. No tienes la menor idea del romanticismo en una relación. no tendríamos hijos. un juego-recalcó con firmeza. Ella lo miró. pero en ningún momento sintió que daba con la razón que explicara el caprichoso comportamiento de su mujer. y en ninguna aparecía la carta. contarle alguna anécdota o la última noticia relacionada con algún viejo amigo visto por casualidad en la calle. Trató de complacerla siempre. Habían sido días nefastos. Aquí no hay nada oculto. Nunca pudo averiguar de donde había salido la carta.

pensaba. no fue extraño que sus hijos notaran que algo raro sucedía entre ellos. negociando pequeños espacios de libertad que les permitieran a ambos vivir una vida sin sobresaltos y sin dramas. y eso le dolió. cuando él se atrevió a preguntarle por qué su mamá había llorado un día entero: “Las preguntas son para el colegio hijo. Sin embargo. No hicieron preguntas. mostrando enojo y desgano hasta para jugar con sus hijos. Con todo aquel espectáculo. Ideal para los ociosos que terminaban engendrando vicios de toda laya por no saber ocupar su tiempo en labores productivas. por lo tanto lo que uno quisiera no importaba. eso te lo prometo”. y que los demás no tenían por qué saber lo que a él le sucedía. Su padre le había dicho alguna vez. en la casa no se pregunta. Tu mamá va a estar bien. También había dejado de lado a sus amantes. aunque si lo hubieran hecho no habrían recibido respuesta. que a la larga era lo único que contaba en la vida. no venía al caso. no había sentido el menor deseo de acostarse con ellas ni de que lo mimaran con adulaciones hipócritas. se dijo que ese era problema de ella. Y con la gran imaginación que tenía se inventaba historias absurdas. ¿Pero qué sucedía cuando era uno mismo el que se pedía explicaciones? Era la primera vez en casi cuarenta años que le sucedía tal cosa. Habían ido a un parque de diversiones y Enrique trató de hacerse el payaso con ella para cambiar su ánimo. Enrique no acostumbra a vivir en el mundo de las preguntas. Lo importante era que seguían juntos hasta ese momento. y que en sus planes no cabía la posibilidad de cambiar la situación. Incluso cuando se enteró que su madre lloraba porque su padre tenía otra mujer. Por lo tanto nunca se esforzó por tener explicación para sus actos. Pero eso Francisca no lo tenía claro. Por eso no entendía cómo habían logrado estar tanto tiempo juntos. su matrimonio se había mantenido en los cánones normales del dar y aflojar. pensó Enrique una vez más. pensó después de un momento. y se mantuvo con los brazos cruzados todo el tiempo. Enrique sabía que era difícil. de la misma forma educaría a Sebastián y Adriana. Fue como un día de invierno en el corazón antártico. Enrique no era partidario de involucrar a sus hijos en las disputas matrimoniales. Y no obstante. ¿Pero en realidad importaba eso?. un tanto exasperado con la situación. Uno vivía y ya estaba. todo se mantuvo en el congelador. que incumbía sólo al que la vivía. ¿Cómo puedo convencerla de que no es así?-se preguntó nuevamente en voz alta. pero sobre todo lo asustó. “¿Debiera gustarle a uno vivir?”. Había dejado de lado reuniones importantes porque no estaba concentrado en producir dinero. pensaba. Como si fuera un filósofo o algo parecido.se preguntó en voz alta. Enrique seguía empantanado en un asunto que para él no debería tener la menor importancia. y todo porque ahora era un tipo que se hacía preguntas. puesto que esa comunicación que los entendidos decían fundamental para que las parejas lograran una convivencia exitosa no la encontraba en ninguna parte. Ella pensaba que todo era posible. Desde ese día Enrique asumió que la vida era una cuestión particular. Y sin embargo. ya casi el mediodía del viernes. Estar al lado de Francisca ese día era para morirse de pena. sin embargo. y ellos los resuelven. por lo general algún desconocido. se las pedía. el domingo había sentido que Francisca ya no le quería. Así como a él lo habían educado. y 9 10 . A nadie le preguntaban si quería venir aquí. Ni menos para darlas si es que alguien. dejando que la inercia y la costumbre fueran tapando los conflictos hasta hacerlos aceptables.Detrás de sus espaldas Detrás de sus espaldas las defensas en ningún momento. si eso era o no amor. Los mayores tienen sus asuntos. porque significaba que ella en cualquier momento podía pasar de las amenazas a los hechos. él carácter tozudo de Francisca nunca había ayudado a la resolución de sus conflictos. Pero aunque para él resultaba incómodo admitirlo. y le atribuía a él intenciones ocultas y egoístas. Ese era un mundo para los vagos. Ahora. haciendo concesiones. Era demasiado para una semana. puesto que su concepción de la educación era más bien autoritaria.

y poco apto para ver lo que. pero fue inútil. Enrique no era amigo de los espejos. no era para él. Esa mujer (“Patrimonio de la Humanidad”. Francisca había sido hecha a mano. pero su propio gusto no lo convencía. era importante en una mujer: su forma de ser. Fue tan grande el impacto. El sabía que después de mostrarle sus perfectos dientes tendría que hablarle a aquella mujer. Pero cuando quiso hacerlo no encontró a nadie. apareció Francisca a su lado. y con una sonrisa amable. El estaba conforme con lo que creía ser: un hombre alto. Estuvo largo rato tratando de elegir una corbata. alérgico al deporte. Dicha franqueza en lugar de admiración le trajo variados reproches. y con la cual trataba de hacerse el gracioso fingiendo un ahorcamiento. y si los funestos vaticinios que le hacían (vas a quedarte solo. -¿Le traigo un vaso de agua?-le ofreció contrariada 11 12 . por lo que decidió pedir ayuda a las dependientas de la tienda. y pensó que finalmente tendría que tomar la decisión él. Lo que nunca estuvo en sus planes. No se preocupaba por tener un buen corte de pelo. con una corbata de seda en la mano. Carraspeó un poco. y la orden para hablar se había extraviado en algún lugar entre el cerebro y su boca. el que se enamora de los envoltorios nunca prueba el chocolate) resultaban ciertos. El nerviosismo de Enrique se fue haciendo evidente. quedó fascinado por su belleza. “Diosa del Olimpo”) debía llevarse una buena impresión de él.le preguntó a Alberto antes de tomar su abrigo y salir de la oficina. Y cuando se dijo. o de cultivar una imagen. Francisca mostró preocupación. sólo atinaba a decir que él había nacido así y que tenía que respetarse tal como era. Luego comenzó a sonreír con calma. aún sin conocerla.Detrás de sus espaldas Detrás de sus espaldas cumplir finalmente con la promesa. según la opinión generalizada. Sus padres eran los mejores artesanos del mundo y su nacimiento había sido un regalo de Dios para todos quienes sabían apreciar la belleza en una mujer. a él le importaba sentirse bien consigo mismo. observó después. más bien huesudo y desabrido. Francisca tenía casi su misma altura. Su pelo trigueño. A medida que trataba de explicarle sin palabras a Francisca que no podía hablar y que la corbata que tenía en las manos. lo tenía sin cuidado. A él le gustaban sólo las bonitas. se preguntó qué le diría él si le comentaba todo ese asunto. -¿La corbata es para usted?-insistió amablemente ella. su voz le fallara. Profunda y cálida. de irse a vivir a otro lado. De acuerdo a la percepción de Enrique. -¿Puedo ayudarlo señor? Lo primero que le agradó fue que no tuvo que bajar demasiado la vista para ver quien le hablaba. y cuando le preguntaban por las razones no sabía responder. largas piernas y enorme sonrisa durante semanas. Para quienes lo conocían no era extraño oír a Enrique hablar de mujeres hermosas. Lo que sí era motivo de orgullo para él era su voz. con todo el riesgo que aquello implicaba. Siempre que llegaba a algún lugar y comenzaba a hablar había miradas que lo buscaban con interés. su rostro fue enrojeciendo. con ella había logrado atraer el interés femenino hacia su persona. pero algo dentro de él estaba funcionando mal. siempre había sido igual. la primera vez que la vio. sus grandes ojos color café. y eso que no llevaba puesto zapatos con taco. Desde la primera vez que Enrique vio a Francisca. cuando ambos se acercaban a los 25 años. En medio de estos pensamientos fue que recibió la llamada telefónica de su amigo Alberto. narcisista. que estuvo alabando sus preciosas manos. tratando de hacer fluir las palabras. puesto que fue tachado de superficial. tantas veces postergada. Tampoco le importaba mucho su forma física a la hora de enfrentar a una mujer. -¿Podemos juntarnos a conversar un rato?. su rostro de finos ángulos: era una mujer espectacular. Enrique había entrado a comprar un regalo para un amigo en la tienda de ropa formal en la que trabajaba Francisca. Pero Enrique nunca escuchó a los demás. Enrique lentamente fue enderezando los hombros. sin embargo. y aunque le molestó pensarlo. que la decisión ya estaba tomada. fue que cuando quiso hablarle a Francisca.

Un mes más tarde. Yo sólo te contesté la verdad-se justificó. pero lo anterior. quería irse con calma.Detrás de sus espaldas Detrás de sus espaldas Enrique asintió. Y me vas a disculpar. pero hasta llegué a pensar que había estado en presencia de un fantasma o algo así. -¿Puedo ayudarlo señor? Lentamente Enrique se dio la vuelta y con la mejor sonrisa que tuvo enfrentó a Francisca. -Sí-dijo asintiendo y disculpándose a la vez. en el que ambos no hicieron otra cosa que balancearse en sus pies y mirarse sin saber qué decir. había terminado una larga relación y no se sentía preparada 13 14 . con libreta y lápiz a mano para poder comunicarse ante la eventualidad de quedarse nuevamente sin voz. -El mío es Francisca-dijo ella dándole la mano-. de eso estaba seguro aún sin habérselo propuesto a Francisca. pidiéndoles que les muestren todo tipo de ropa sólo para matar el tiempo. Entró con pánico. o pudo pensar también que era uno de esos odiosos tipos que van a las tiendas sólo a mirar y a importunar a los dependientes. lo hizo sentirse seguro. Pasados unos meses comenzaron a hacer oficial que estaban juntos. pero al contrario de lo que él había pensado en todo ese tiempo. Esto último Enrique lo soslayó.-Luego le mostró la libreta y el lápiz-. dejaba de ser necesaria. Me dejaste preocupada. Hubo un silencio largo. También pudo ver que en la mirada de Francisca se notaba que su voz le había agradado-. Lo que pasa es que…la verdad… nunca me habían dicho algo tan lindo. En ese momento Enrique recordó todas las veces que su padre le dijo que la verdad siempre resultaba positiva. Ella lo reconoció. pero esperó a que Francisca se perdiera de vista para salir corriendo de aquel lugar. sonrió al verlo. Automáticamente se dio vuelta. y la esperó de espaldas. -Puedo decirte muchas mentiras-dijo Enrique envalentonado. -Tú me preguntaste-dijo Enrique tratando de volver a retomar la conversación-. -No. Francisca fue un poco reticente al principio. Poco tiempo atrás. es que me quedé tan impresionado al verte que no pude hablarte. Mi nombre es Enrique-dijo estirando la mano. ¿Cómo pudo ser tan estúpido? ¡Qué vergüenza más grande la que había pasado! Y lo peor de todo era que en algún momento tendría que volver a aquel lugar. Sencillamente no se lo iba a perdonar nunca si no se acercaba a ella. Yo soy… el hombre más rápido de la tierra: 100 metros en 8 segundos. Por favor tutéame. Pero la verdad. por más dolorosa o extravagante que fuera. que nunca. -No. -¿Pero qué le pasó la otra vez? -Que te pasó la otra vez-recalcó Enrique-. que había dejado preocupada a Francisca. totalmente angustiado ante la posibilidad de que Francisca lo mirase con sospecha: ella pudo haber imaginado que él era un ladrón primerizo que al sentirse descubierto huyó despavorido. Minutos después. Como al entrar no la vio. -¿Usted es…? Enrique se sintió orgulloso al comprobar que ella no lo había olvidado. porque demostraba que a ella le importaba. le confesó a Enrique. Francisca lo miró con incomodidad. y por primera vez le creyó. Enrique apareció por la tienda. aunque parezca ridícula. y cuando vuelvo ya no estabas. no es eso-dijo Francisca. ¿Cómo lo iba a hacer? El no podía perder la oportunidad de conocer a esa mujer. se recriminaba mientras recuperaba el aliento. Allí estuvo unos minutos hasta que vio venir a Francisca. que tiempo más tarde le confesaría a Enrique que sus palabras más que molesta la habían dejado “un poco atontada”. Mentalmente agradeció a su viejo porque por haber dicho la verdad tenía asegurada una salida con aquella mujer. sentado en un banco de una plaza. sin miedo a parecer cursi o grotesco-. ¿Ves? Esta vez vine preparado por si acaso. ¿Qué te pasó la otra vez Enrique? Pensé que te morías aquí mismo. -Perdona-dijo Enrique un poco avergonzado-No quise molestarte. Enrique se fue al sector de las corbatas. si está bien-dijo Francisca sobándole el brazo-.

porque no le importaba. se informaba de un helicóptero que había capotado en el cerro San Cristóbal dejando tres muertos. Decidió apagar el televisor y luego se acercó a ella y la abrazó hasta que se quedó dormida. Además del entusiasmo propio de quien está recién comenzando en una empresa y tiene que demostrar que es útil. Es tan corto el amor y tan largo el olvido. salvo cuando estaba prisionero en el trabajo o en algún otro lugar. Enrique comprendió que era mejor no seguir haciendo preguntas. pero no lograba entender aún el motivo que le provocaba tristeza a Francisca. -Sí. Pero luego cedió ante la sutil presión de Enrique. pero repentinamente dio un salto de la cama y se fue rápido al baño. -La mujer…la mujer que iba en el helicóptero…yo la conocía. -¿Dónde…de dónde la conocías?-preguntó con otro susurro. Miraba con ternura a Francisca. escuchar las historias que ella tenía que contarle. Francisca se quedó callada. La nota terminó y el noticiero se fue a comerciales con la conductora anunciando el próximo bloque deportivo. De pronto se percató que en el último tiempo no hacía otra cosa que pensar en ella. estar con Francisca lo animaba a seguir adelante cuando las jornadas de trabajo excedían los tiempos normales y tenía que quedarse rumiando la rabia de saber que no le iban a pagar horas extraordinarias. ¿Qué pasó? -¿Viste?-dijo ella apuntando el televisor. Pero esas palabras ya no tenían validez para él. el piloto y dos personas más. ¡Por fin había logrado sacarla de su cabeza! Lo que por mucho tiempo había deseado con toda el alma se había cumplido. Francisca no podía hablar. Enrique se acercó rápidamente a ella en medio de urgentes preguntas para saber qué le sucedía. una pareja. cuidándola como si fuera su ángel de la guarda. y comenzó a llorar nuevamente. ¡Patricia!. -¿Qué pasó mi amor?-susurró Enrique. El vértigo de la nueva relación hizo que el tiempo pasara demasiado rápido para Enrique. y el tiempo que restaba para salir de ahí y estar con Francisca se hacía eterno. 15 16 . El entusiasmo propio de los buenos tiempos que vivía. Enrique recordó cómo le había dolido en algún tiempo el certero verso de Neruda. En la pantalla estaba el noticiero nocturno de Televisión Nacional. Enrique se levantaba contento a trabajar en las mañanas.Detrás de sus espaldas Detrás de sus espaldas para formalizar con él. dijo como un loco cuando se dio cuenta que llevaba días sin pensar en ella. con la luz apagada y en medio de lágrimas. lo que significaba que se estaba enamorando nuevamente. el conocer a los que rodeaban a Francisca. cuando de hecho eran más que eso. Le pidió a Enrique un vaso de agua. No era extraño. pero aún no podía identificarse con el dolor de Francisca como para sentirlo propio. que argumentaba sentirse incómodo de presentarla a todo el mundo como una amiga. Ya llegaría el momento en que Francisca le contara todo. Enrique se sentía enamorado. Al rato Enrique trataba de conciliar el sueño. pero en la pieza se encontró con Francisca que. -Aquí está-dijo él unos segundos después-. miraba horrorizada el televisor. Sin embargo. a pedirle desesperada que se callara y escuchara. Enrique observaba en silencio las imágenes en donde voluntarios retiraban los restos del helicóptero y otros recogían partes de la virgen del cerro que también había resultado dañada. hizo el mejor esfuerzo por tratar de ponerse en su lugar y entenderla. Todo en su vida parecía mejorar. sin éxito. Y esa oportunidad él no la iba a desperdiciar. se dijo. Ella no atinó a nada más que a indicarle el televisor. todavía sollozando. Pero lo que lo tenía realmente alborozado era que había logrado estar un día sin pensar en Patricia. Entró sin hacer ruido para no despertarla. Se dio cuenta una noche que llegó tarde al departamento que ocupaba Francisca junto a su amiga Rebeca. pero no entiendo qué te sucede. todo esto provocó que él no tomara en cuenta el calendario o el reloj.

Pero cuando no se lo perdonaba. Sin embargo. Conversaron animadamente un par de tragos. Y cuando lo hizo. después de haber besado en la frente a Francisca y de prometerle estar de vuelta a primera hora la mañana siguiente. en su rostro se notaba que disfrutaba del descanso. las carnadas que le puso esa noche a aquella mujer para que terminara en la cama con él. en las inmediaciones del Parque Forestal. Pensaba que su mujer ya no lo quería. Ella seguía durmiendo. y le pedía a Francisca que lo entendiera. la 17 18 . Y por lo que había oído. momentos antes de rendirse al sueño. Un año más tarde se casaron en ceremonias sobrias. Enrique volvió a la pieza y se acostó junto a Francisca. o quizá por una amante.Detrás de sus espaldas Detrás de sus espaldas Ahora estaba fuera de sí. puesto que Alberto no estaba en Santiago. él pagaría los tragos que se sirvieran. El lo hacía todo para que ellos. y más recatada. bajándose el vestido hasta las rodillas. Enrique se justificaba a sí mismo diciéndose que él no lo había buscado. Comenzó a trabajar más horas. la culpa le hacía ver todos los mínimos detalles. Enrique quería celebrar. Le prometió que no había hecho caso de todo lo que ella le había dicho. puesto que en ese momento Francisca se pensaba francamente gorda y fea. Las veces que se lo perdonaba. Enrique trataba de justificar su comportamiento alegando que no podía dejar de lado el trabajo. El alcohol lo había desinhibido. los gestos premeditados. Sembrar para después cosechar. En un arranque de emotividad quiso ir a despertar a Francisca y contárselo todo. con pocos invitados y celebraciones austeras. A Enrique en esos momentos no le importaba nada. Enrique se quedó un buen rato mirándola antes de cerrar los ojos para dormirse. él estaba empeñado en hacer una carrera que más adelante daría sus frutos. que junto con el ascenso del cual había sido objeto eran por fin remuneradas. Pero luego la cordura le aconsejó ser más reservado con el hecho y celebrarlo íntimamente. lo felicitó y se despidió. hasta que Enrique le contó que andaba celebrando el nacimiento de su primer hijo. semana después de la cual volvieron con la promesa de trabajar duro para poder tener una casa lo antes posible. Enrique la retuvo. pero a la larga no le pareció una buena idea. Después de haber brindado con un vaso de cerveza en la cocina. y si bien pensaba que en un par de horas tenía que estar de vuelta en la clínica. Había salido sin rumbo fijo de la clínica. ese era su más preciado sueño. Estuvo a punto de llamar a compañeros de trabajo o antiguos amigos de la universidad. pero no tenía con quién. Por tal razón esa misma noche estuvo con otra mujer. En ese momento la mujer puso paños fríos a todas las insinuaciones que le había hecho. Se presentó (Enrique nunca retuvo el nombre) y tomó asiento junto a él. y le pidió como un favor especial que se quedara junto a él hasta que cerraran el bar. Las discusiones comenzaron cuando ella le reprochó que la tuviera abandonada por el trabajo. pensó que él quería casarse con Francisca. enfatizaba esto tocándole el vientre a Francisca. pero tenía una cara que le provocaba los más obscenos sentimientos. Finalmente recaló en un oscuro bar cercano al Museo de Bellas Artes. De allí salieron abrazados luego de haberse prodigado tiernos gestos. Enrique asumió entonces el peso de ser el exclusivo proveedor de la incipiente familia. y por problemas de salud tuvo que dejar su trabajo en la tienda de ropa. Cuando Sebastián nació Enrique ya no estaba contento con su matrimonio. y con la promesa de tomarse la última copa de vino llegaron al departamento de ella. Enrique recordó con cinismo que en la universidad a las mujeres como aquella las llamaban come-hombres. y no sabía cómo celebrar el hecho. Después de todo a Francisca podía no caerle bien que él le hablara de Patricia. eran difíciles de disuadir cuando su objetivo estaba en la mira. tuvieran todas las comodidades posibles. y el tiempo para estar con Francisca disminuyó. había que ponerse en todas las situaciones. La luna de miel fue en Isla de Pascua. El no tenía opción en ese momento de elegir entre la calidad de vida o la familia. Ella fue la que se acercó a su mesa. al poco tiempo Francisca quedó embarazada. La mujer no era más hermosa que Francisca. Cuando iba en el segundo whisky levantó la vista del vaso porque sintió que lo estaban observando.

-¡Pero va a morir!-dijo. A pesar de que cada día tenía más responsabilidades en su trabajo. Por último. se imaginó diciendo un par de veces. Enrique la miró asombrado. puesto que ella usaba el dispositivo intrauterino y entre ellos no había acercamiento salvo en contadas excepciones. y con el más terrible dolor de cabeza de su vida. porque Francisca no le hizo ningún tipo de escándalo. Es decir. porque él nunca había querido celebrar a un hijo suyo en uno de esos boliches. Pero no fue necesario. -¿Y no te pasa nada? ¿No piensas? -Es que no lo quiero tener-dijo después de pedirle a Sebastián que fuera con sus amigos a la sala de juegos. pero desde la puerta de la habitación vio que ella dormía profundamente. ¿a la hora después?. y que Francisca lo había convencido a regañadientes de hacer la fiesta en ese lugar. Y desde ese momento se dio permiso sin ningún tipo de cortapisas para tener amantes. Un año más tarde Francisca le dio la noticia de un nuevo embarazo. “De verdad que me abdujeron mi amor”. tenía plena conciencia de que había tenido sexo con la mujer. Antes de salir de aquel sitio. Enrique recibió la noticia con sorpresa y alegría. Enrique se las arregló para no perder de vista el crecimiento de sus hijos. Finalmente tomó unos anteojos que encontró y que parecían ser de hombre. Ahorraba para ellos. Tanta que por un momento le hizo olvidar que estaban en un restaurante de comida rápida. puesto que ya no se trataba de una criatura que no tenía nada que ver con él. eran ellas las dueñas de su cuerpo y lo que hacían con él era su responsabilidad. ¿había valido la pena? En silencio. Cuando Enrique se levantó. Francisca le dijo que estaba embarazada por tercera vez. Aquella vez Enrique no tuvo deseos de celebrar. Con la displicente actitud de su mujer. el cuarto cumpleaños de Sebastián. pero tampoco escatimaba en gastos a la hora de agasajarlos para navidad o cuando estaban de cumpleaños. Antes de salir del departamento pensó en la posibilidad de despedirse de la mujer. pero no tenía otra opción. mucho mejor que lo confundieran con un travesti a que alguien lo reconociera en ese estado. Y si no lo eran. esta vez era su hijo el que no iba a nacer. y por lo demás ya tenía una amante estable con la que iba a juntarse al día siguiente. Pero volvió a sentirse mal humorado cuando Francisca le dijo que no quería tener a ese hijo. una media con la cual desfigurar sus facciones. Enrique confirmó una vez más que a ella él no le importaba. fue al baño y se dio una rápida ducha. ropa arrugada y manchada con vino. pero no recordaba ningún detalle del acto en sí: ¿había usado un condón?.Detrás de sus espaldas Detrás de sus espaldas urgencia por tener sexo con aquella mujer fue más fuerte que los cuestionamientos morales que en algún momento se hizo. no recordaba absolutamente nada. al que nunca más volvería. con la resaca disminuida y con la urgencia de encontrar una excusa creíble. lo que Enrique calificó de estado milagroso. los niños fueron su motivación más importante. Trabajo e hijos eran su lema. fue por un vaso de jugo a la cocina. Si le preguntaban cual era su posición al respecto decía que no la tenía. Enrique nunca antes en su vida había pensado en la posibilidad del aborto. 19 20 . Despertó a las cinco de la tarde. pensó. un precioso espectáculo. Sintió vergüenza de salir así a la calle. camino a la puerta. Lo bebió de una vez mientras pensaba como combatir el pútrido aliento que lo delataba a un par de metros a la redonda. comenzó a buscar algo con qué taparse el rostro: un gorro. Enrique rápidamente detuvo un taxi y se fue a su casa. Adriana nació sin contratiempos. -¿Te das cuenta de lo que me estás diciendo? -Si-dijo Francisca mientras trataba de calmar a un par de niños que querían pasar por sobre ella para alcanzar a Sebastián. En una de esas celebraciones. que era difícil para él pronunciarse al respecto porque creía que era un asunto que les incumbía a las mujeres. Desesperado. precisamente porque con Francisca todo estaba congelado. como los llamaba despectivamente. En esos primeros años. ojos inyectados en sangre. por lo que no se tomó la molestia de despertarla. se dio una mirada en el gran espejo que la mujer tenía en el living: un desastre de cara.

Yo soy un profesional. Por eso se paró innumerable cantidad de veces a mirar por las ventanas. Excepto para él. los recuerdos de aquella tarde volvían para atormentarlo. lo que Francisca necesitaba saber era si la iba a acompañar en todo el asunto o la iba a dejar sola. Nada mejoró desde esos días con Francisca. y los casos como el de tu mujer se solucionan rápido. el Río Mapocho y su caudal furioso que bajaba hacia el mar. En una oportunidad. Media hora más tarde Francisca salió acompañada de una enfermera que la traía tomada del brazo. Francisca nunca le hizo el menor comentario al respecto. El Estadio Nacional y sus torres de iluminación. llegó incluso a arrojar con inusitada violencia el control remoto en contra de la pantalla del televisor. dormitando. que esperaba con impaciencia a que Francisca saliera pronto de la sala a la que el doctor la había llevado hacía más de una hora. vas a tener que amarrarte por un tiempo el aparato. Vas a ver que va a quedar como nueva. no podía dejar de pensar en que algo malo podía suceder en la sala de operaciones. no estaba en sus planes. y tener un hijo en ese momento. esto no va a durar más de media hora. En la empresa comenzó a ser reconocido su trabajo y se aferró a ese éxito para lograr vivir de una manera satisfactoria. que Enrique asumiera su responsabilidad por haberle insistido en que estudiara. Cada vez que en la televisión había noticias de clausuras de clínicas abortivas. llegando él a altas horas de la madrugada y ella 21 22 . El alejamiento de ambos fue haciéndose cada vez más ostensible. El viaje de vuelta a casa fue silencioso y eterno. ahora ella quería disfrutar de una vida profesional que le permitiera crecer.Este no es un tema para publicarlo. o se pasaba algún aviso publicitario pro vida. cuando estaba comenzando a trabajar como fotógrafa free lance en una revista de modas. las líneas del metro que iban por sobre las avenidas o los soportes de las gigantografías publicitarias. gracias a la lluvia que había limpiado el aire. le había dicho el pulcro cirujano mientras se colocaba unos guantes. teniendo clara conciencia de que esa era su labor en el mundo. Enrique podía ver Santiago con una claridad poco acostumbrada para una tarde de invierno. pero nunca miró a Enrique a los ojos. Sin embargo. Enrique se dedicó a hacer dinero.Detrás de sus espaldas Detrás de sus espaldas -¿Quieres bajar el tono de voz?-le contestó imperativa Francisca. Francisca mantuvo su posición horas más tarde. había finalizado el hombre con una sonrisa desvergonzada. estando en el departamento de una de sus amantes. “No te preocupes. apretándole el brazo-. Aunque si la dejaba sola existía la posibilidad de que ella no volviera a vivir junto a él… Desde el décimo piso del edificio ubicado a los pies del Parque Metropolitano. porque no pueden tener relaciones sexuales por lo menos durante un mes. Enrique no sabía si hacerle preguntas a Francisca. Es algo privado. ¿Estamos de acuerdo?”. A pesar de no haber escuchado otro ruido que el de la música envasada que salía desde algún rincón inescrutable de aquel lugar. No se veía mal. Eso sí. haciendo para todos un poco más amable la existencia en Santiago. lo que provocó una discusión que terminó con Enrique saliendo a medio vestir del departamento bajo la amenaza de ser acusado a carabineros de intento de violación si no se alejaba rápido de aquel lugar. Los grandes accidentes y construcciones de la ciudad podían apreciarse tan claros como los hitos más pequeños. rompiéndola. el tema no quedó sepultado para Enrique. y ella permaneció en todo momento con los ojos cerrados y la cabeza apoyada en el asiento. en medio del cumpleaños de Sebastián! -Está bien. y él decidió respetar el silencio de su mujer. Finalmente Enrique nunca se enteró de lo que sucedió dentro de la sala de operaciones. La Torre Entel. Pero Enrique estuvo preocupado en todo momento. para no seguir pensando en desenlaces horribles. en la casa vamos a hablar entonces. argumentando que ella quería desarrollarse profesionalmente. El no tenía injerencia en esa decisión. -¡Pero si tú me lo estás diciendo aquí. pues bien.

en Francisca el capricho. con todo lo grandes escritores que pudiesen haber sido. Y puedo cocinar algo que a ti te guste. dependiendo de lo que quiera mostrar al espectador. Y por el contrario. la inocente Penélope no hubiese rechazado a tanto pretendiente con el ridículo argumento de cumplir con el deber de tejer una manta a su suegro. que los pobres pensaban que el feminismo era una reacción en contra de ellos. y tomando en cuenta que esas ocasiones no eran habituales. Horas más tarde Enrique pretextaba un repentino viaje de negocios con la mujer que había acordado salir el sábado. Cuando por casualidad se encontraban en el dormitorio. matiza su personalidad de acuerdo a la mezcla 23 24 . Así de simple. Francisca pensaba que eran tantos los mitos que los hombres tenían con respecto a las mujeres. si Penélope hubiese sido un ser real. la mujer de Ulises. Pero Francisca se creía menos ingenua. Además procuró solucionar todo problema que pudiera arruinarle tan auspicioso fin de semana. no se hizo muchas preguntas al respecto. Al igual que a la mujer que se le canta en la opera Rigoletto. Si Francisca pudiese contarle a alguien lo que de verdad piensa acerca de sí misma. prestándole sólo el mínimo de atención a la vida de su marido. lograron dar una imagen fiel de lo que era una mujer. era tan irreal la mujer que habitaba el imaginario masculino. Francisca pensaba que si la historia escrita por Homero hubiese tratado sobre seres verdaderos (en lugar de seres inventados por una imaginación idealista que buscaba dar lecciones de moral al pueblo). ¿Quieres quedarte mañana? Pensé que nos podía hacer bien. -No es eso-le respondió ella en forma sumisa-Me gustaría que estuvieras aquí porque invité a la Rebeca y Diego a comer con nosotros. La última vez que Francisca le había prometido una comida resultó ser una noche inolvidable para él. Y ella.Detrás de sus espaldas Detrás de sus espaldas haciendo caso omiso. Reconocía ciertas semejanzas entre sus historias. ¡Un hombre escribiendo acerca de lo que era una mujer! ¡Qué chiste más malo! ¡Que estupidez más grande! ¿Ana Karenina? ¿Madame Bovary? Francisca pensaba que ni Tolstoi ni Flaubert. De esta forma llegaron a la mañana del viernes. Sólo atinaron a esbozar insulsas caricaturas que los críticos (para variar hombres) habían canonizado para hacer sentir seguros a sus pares ante la inseguridad que la mujer siempre ha provocado en ellos. le diría que é mobile qual piùma al vento. y se prometió estar de buen ánimo para que la noche del día siguiente terminara como aquella de antología que. 2 Francisca había oído hablar de Penélope. son sus tres colores básicos. la volubilidad y la inconsecuencia también forman parte de su ADN. cuando un sorprendido Enrique escuchó que Francisca le preguntaba si tenía planes para la noche del sábado. ella tenía muy claro eso que dice la sabiduría popular: amor de lejos es amor de pendejos. al poco tiempo de haber partido el héroe a sus guerras lo habría cambiado por otro hombre. con una maratón sexual que pocos en la vida podían ufanarse de haber tenido. se miraban de una manera extraña pero no se decían nada. por la lejanía. Hace tiempo que no los veo y me pareció buena idea invitarlos.preocúpate de que alguien cuide a los niños. ya no recordaba cuando había sido. y si no llegaron a pasar las noches en dormitorios separados fue por una cuestión de mantener las apariencias frente a sus hijos. Es más. en lugar de dedicarse a destejer esa manta por las noches con la esperanza de dar tiempo al pobre de Ulises para que de una vez por todas volviera a sus brazos y dejara atrás tanta penuria. -Si vas a salir con tus amigas-le respondió malhumorado a su mujer. Pero no podía esperarse otra cosa si se pensaba que esa historia había sido escrita por un hombre.

-Yo no sé cómo es que puedes hacerte tonta a ti misma. el mismo cosquilleo ansioso de siempre le revolvió el estómago. te quiero mucho. Llega en dos semanas. Es increíble la capacidad que tienes para cegarte cuando este huevón aparece. Por lo tanto. Francisca nunca llegaba a imaginárselo. Su cara se dibujaba en las nubes. pero finalmente su correo electrónico fue abierto.K . -En dos semanas. Espero que no te enojes por eso. -Ya amiga. Quiero dormir entre tus piernas. en una plaza cercana. Días antes de la comida con Rebeca y Diego. él nunca dice en donde está. no te pongas pesada. puesto que de las malas noticias uno siempre se enteraba rápidamente. El estómago se le subió a la garganta como lava que sale de un volcán. Francisca cerró su correo y fue a pagar. Sólo atinó a responder con un lacónico O. Llamó a Rebeca. ella no soportaría el dolor. -Chao. llámame cuando bajes de las nubes. -Pues debiera importarte. “Yo no le pongo título a las cosas. se viene la buena vida!-gritó con fuerza Francisca. pero sabía que si se daba la oportunidad de pensar que algo malo le sucedía a Ricardo. -A mi sólo me interesa que vuelva. El dependiente le dijo que eran quinientos pesos. El correo aún no abría. me escribió. Lo que haga cuando no está conmigo me tiene sin cuidado.Detrás de sus espaldas Detrás de sus espaldas que le convenga hacer en el momento. Fue a sentarse en un banco debajo de la sombra de un árbol. -¿Y en dónde anda ahora? -No lo sé. sus dedos automáticamente escribieron la dirección de su correo electrónico secreto. Estuvo a punto de llamar al dependiente para que revisara el computador. ¿Y si nuevamente Ricardo no había escrito? ¡Hacía más de seis meses que no tenía noticias de él! ¿Le habrá pasado algo? No lo creía posible. Tú sabes como es él. es un trato. Como siempre. en vuelo por confirmar. en un lugar no especificado en los mapas. Ricardo había escrito. -Ya bueno. Sobre todo cuando recibe correos electrónicos de Ricardo (Ulises) en los que le informa que ya tiene fecha de llegada desde Europa. Sácate la venda… -Ay. Ricardo estaba de vuelta.¿Ricardo? ¿Te llamó? -No. Su voz se oía en los bocinazos de las avenidas. el viernes quince. Ya sentía su presencia en las calles. tú sabes como es Ricardo. Tomó asiento frente al computador número 9. en el viento de la ciudad. Con impaciencia comenzó a cruzar y descruzar las piernas. y en cuanto la página estuvo abierta. del que sólo tenían conocimiento ella y Ricardo. Sólo quería contarle a alguien la buena noticia. Mientras esperaba a que su correo fuera abierto. Ricardo” El corazón de Francisca latió con fuerza. Digitó la dirección del servidor. 25 26 . toda la vida se llamaba Ricardo. le había dicho alguna vez Ricardo. pero ella le dejó un billete de mil y salió sin esperar el vuelto. Francisca leyó el mensaje: “Desde la vieja y querida Europa. Espérame como siempre: linda y bien perfumada. no me gusta”. Dicen que ojos que no ven. -No es que me enoje. amiga. perfectamente puede (fingir) ser Penélope. . ¿te parece que hablemos después mejor? -Bueno. quién sonrió con amabilidad al verla. Francisca entraba apresuradamente en un ciber café. corazón que no siente. en el apartado que especifica el asunto no había palabra alguna. No es de los trigos muy limpios. Buscó el teléfono celular en su cartera. Saludó al dependiente. sólo pienso que tú te mereces alguien mejor. -¿Cuándo?-preguntó Rebeca sin saber de qué le estaban hablando. preparo regreso al continente americano. Pero eso a mí me importa poco. -¡Amiga. Llego en dos semanas. y pensó que el tipo ése daría cualquier cosa por acostarse con ella. Había un nuevo mensaje. en alguna parte de Europa.

lo cual no era una suposición errada. En esas ocasiones la que tenía que salir de la casa era ella. Francisca sospechaba que su marido podía tener alguna amante. mucho antes de jugar Soluciones Extremas.Detrás de sus espaldas Detrás de sus espaldas Apenas cortó la llamada. -Necesito que me ayudes amiga-Francisca encendió un cigarrillo. o la de éste último con la de la nana. por lo que no sólo debía provocar conflictos con Enrique. Otra cosa era. Había días en que se mostraba dócil y no le hacía caso. si había contradicciones. Y si Sebastián y Adriana preguntaban por su padre. así se aseguraba el cuidado de los niños ante la eventualidad de que Enrique también se diera a la fuga. Por eso Francisca tenía mucho cuidado en no provocar sentimientos de culpa en Enrique. Para crear mentiras había que estar con la mente fría. Sabía que si tocaba ese resorte tendría garantizados días de persecución agobiante. Era insoportable la manera en que la acosaba para conseguir que ella lo tomara en cuenta. recreando con el pensamiento los irresistibles días que se le venían. Se le notaba nerviosa. Pero cuando volvía de su exilio voluntario. Pero Enrique no era tan previsible. Y ese estado no era el adecuado para pensar en mentiras. “¿No te acuerdas lo que me dijiste el otro día?” “¿Y la carita que me pusiste cuando fuimos al supermercado?” “Hubieses visto de qué manera te crecieron los colmillos cuando miraste a la ordinaria que te atendió en el mall” Todo le servía a la hora de crear inconvenientes. Y no era fácil encontrar una excusa creíble para provocar un problema. ella les decía que andaba de viaje por negocios. Francisca tomó del brazo a Rebeca y la llevó a conversar a la cocina mientras sus maridos se entretenían con un partido de fútbol. Tenía que justificar las ausencias que le significarían juntarse con Ricardo. Necesitaba imperiosamente tomar distancia de él. cuando Enrique mordía el anzuelo de la provocación. Pero no importaba. No siempre reaccionaba a las provocaciones de ella. Simplemente la dejaba sola por un par de horas. sino que en ese momento. Pero no por inexperiencia. Estaba disfrutando de la felicidad. y luego volvía con un chocolate u otra cosa para hacer el amor y no la guerra. que no siempre la versión de sus padres concordaba con la de Enrique. sin embargo. sino que debía mentirles a otras personas para que la ayudaran en su propósito. La noche del sábado. En esas oportunidades montaba en cólera y era capaz de desaparecer de la casa por días. como si fuera una niña malcriada. ¿Para qué? Ella había conseguido lo que quería: unos días de descanso en los que se dedicaba a salir de compras con amigas. ¿Cuántas historias había inventado para que Enrique la dejara sola por unos días? Si se daba el trabajo de buscar en sus recuerdos. ella se sentía en el paraíso. si estaba de ánimo. A la nana le inventaba viajes relámpago a la cordillera en busca de fotos. su cabeza estaba pendiente de todo lo que hiciera o dijera Enrique para en el momento preciso utilizarlo en su contra. O simplemente inventaba que una amiga (también inventada) se estaba muriendo en el sur. o simplemente. nunca le preguntaba en donde se había quedado. Francisca comenzó a pensar cómo lo haría para disgustarse con Enrique. ir a la peluquería. Esos eran los días que más detestaba Francisca. sintiendo que la vida era tan suave como un algodón de azúcar. Francisca descubría que con los dedos de las manos y los pies no le alcanzaba para contar las ocasiones en que había fingido controversias o había manipulado situaciones que no merecían ser fruto de conflicto con Enrique. Eran tantas las mentiras que decía. El panorama variaba cuando aparecía Ricardo. A sus padres les decía que se iba a Punta de Tralca en retiro espiritual. viendo como la ciudad seguía su frenético movimiento. sentada en la plaza. Francisca se reía al pensar que poseía una mente retorcida. Su personalidad no correspondía al típico hombre que anda a la defensiva por la vida. 27 28 . Como un satélite espía que silenciosamente recaba información. ella las arreglaba con otra mentira y solucionaba el problema. la calculadora en la mano y los pies en la tierra. iba con sus hijos a comer chatarra. cuando el tiro le salía por la culata y Enrique se convertía en algo peor que el cargante y fétido Pepe Le Puf.

Pero estaban equivocados: a pesar de que Enrique le pagó completamente la carrera. Eres tú la que no quieres desilusionarte de ese maricón. si los matrimonios fueran así te aseguro que no habría leyes de divorcio. Por favor… no seas ingenua. Si seguía así Enrique y Diego se darían cuenta de que había problemas en la cocina. Pero los pisco sour que se había tomado intensificaban su locuacidad. ¡Así cualquiera es feliz! ¿Tú ya te olvidaste de lo que este huevón te hacía cuando fueron pololos? ¿Te olvidaste que nunca fue a saludarte a tus cumpleaños? ¿Te olvidaste que siempre ibas a todos lados sola. pero la verdad es que cada día te superas.. Lo que pasa es que no he podido agarrarme con Enrique… !No se me ha ocurrido nada! Y tú sabes que Ricardo llega el próximo viernes. Luego bebió pisco sour de su copa. Al decir esto Francisca se cruzó de brazos y le dio la espalda a Rebeca. No sé qué hacer. me da lata que te lo caguís con ese huevón del Ricardo. Enrique no me ha dado ningún motivo para hacerle un escándalo. Por su parte Rebeca pensaba que había sido demasiado dura con Francisca. Y si quieres que te diga. Además que te he dicho un millón de veces que ese huevón te tiene para el hueveo. Otra cosa es que no quieras verlas..” ¿Por qué sigues con todo este jueguito? ¿Qué le ves a ese huevón que no has podido dejarlo de una vez por todas? Francisca sabía que nunca debía ensalzar frente a una amiga las virtudes de un amante. Tú sabes que si pienso que la estás cagando te lo digo. pero no tengo nada en su contra. Siempre vas a vivir de promesas… ¡Pero si nunca ha cumplido lo que te ha prometido! ¿Cómo puedes seguir creyéndole? -Yo…estoy enamorada de él. al igual que Enrique y la gran mayoría de las personas que conocían a Francisca. -Lo que pasa es que ando súper poco creativa… -Pero si yo de fotos no sé nada… Rebeca. -Es que estar junto a él es maravilloso… -¡Pero obvio que es maravilloso si lo ves una o a lo más dos veces en el año! Puta. Francisca nunca la estudió. No es santo de mi devoción. Además. Puta la huevá… yo no sé como sigo siendo tu amiga… Mira. No me ha molestado. Ni siquiera presentándole pruebas contundentes. me ha consentido. Vas a terminar cagada con todo este cuento. Yo no podría soportarlo así nuevamente…pegado a mí como si fuera una lapa. pensaba que su amiga era fotógrafa. ¿Te imaginas? Que lata sería. si hasta parece que estuviera enamorado nuevamente de mí. La mentira fue tan efectiva (diploma de titulación falsificado de por medio) que Francisca la seguía manteniendo. Decidió moderarse.Detrás de sus espaldas Detrás de sus espaldas -¿Qué te pasa?-Rebeca miró a Francisca con aire de reproche. -No…. El ya ha hecho bastantes cosas como para desilusionar a medio mundo. no es eso amiga-dijo Francisca-. Rebeca no sabía lo que ella sentía. Y no quiero decirte después que “te lo advertí. 29 30 . No me quedo callada aprobándote todo sólo por el hecho de que seamos amigas. ¿No eras tú la que decía que no quería llegar a vieja y estar sola? Yo te aseguro que con este huevón nunca vas a tener algo de verdad. Rebeca sabía que si una persona no quiere darse cuenta de su situación no lo hará nunca. -Francisca. amiga-continuó-. y aprovechó ese tiempo que le quedaba libre para salir por las noches sin tener que darle ninguna explicación a su marido mientras este se quedaba cuidando a los niños. y que aun cuando parecía no molestarte en verdad te dolía mucho ver a otras minas con sus pololos? ¿Y tú? ¿Qué pasó contigo? ¿No tienes memoria Francisca? -Es que él todavía no me desilusiona… -¡Y dale con que va a llover! Rebeca se dio cuenta de que su tono de voz era demasiado alto. con las fotos no tengo problema. no fuera a ser que esta también se interesara por él. Si apenas lo soporto porque tenemos dos hijos… -¿Y tú quieres que yo te de una idea para pelearte con él? Yo pensaba que estabas un poquitito loca. Yo soy así. a mí el Enrique me cae bien. No sentía deseos de seguir escuchándola. ¿Pero podía ser de otra forma? ¿Podía estar ciega Francisca después de tanto tiempo? Sin embargo. las ilusiones nunca han sido reales.

Cuando su marido se estaba divirtiendo cambiaba favorablemente. Cuando Francisca volvió al lado de su marido. pero de todas formas tomó asiento junto a su marido. Con un movimiento de su mano Enrique la invitó a sentarse a su lado. no la irritó como otras veces que le hicieran ese tipo de pregunta. Podemos tener diferencias. Adriana. Hay veces en las que me sobrepaso. Y para serte sincera. era la emoción de sentir un verdadero gesto de amor la que la dominaba. hay días en que me canso de escuchar la misma historia. 31 32 . arropó bien a Adriana y la besó en la frente. Sin duda estaba planeando algo. Como estos se negaron les acercó una bandeja con quesos y salami. Francisca miró a Rebeca con un imperceptible gesto de sorpresa. le pidió que le contara un cuento. y de cómo estos últimos habían llegado a tenerle pavor a los roedores. Francisca acostó a Adriana y le pidió que cerrara los ojos. Simplemente dejaría que las cosas fluyeran. Salió del dormitorio sin hacer el menor ruido. Enrique parecía estar pasándola bien. Entre susurros que se fueron haciendo cada vez más inaudibles. -Pero luego te vienes aquí conmigo-le dijo volviendo a golpear suavemente el sillón Francisca le sonrió. Se acomodó junto a ella y comenzó a acariciarle la cabeza. Algo no le calzaba en la actitud de su amiga. Pero eso no significa que vas a dejar de ser mi amiga. A mí me gustaría que fueras feliz en tu vida… -¿Entonces vas a ayudarme? Francisca fingió estar acongojada. Era extraño en ellos. Pero lo hago porque pienso que te mereces otras oportunidades. Cerca de la medianoche los niños le dijeron que tenían sueño. -¿Cómo lo están pasando?-interpeló Enrique a Diego y Rebeca.Detrás de sus espaldas Detrás de sus espaldas Hubo un silencio largo. Adriana no alcanzó a conocer el final de la historia. sobre todo cuando en la casa había invitados. ya están descansando-contestó con un suspiro. Él sabía perfectamente que ella no dejaba sus tareas maternales a medias: Primero se era madre y después todo lo demás. en cambio. Francisca sintió un leve escalofrío. Cuando Enrique la besaba en la frente podía obtener lo que quisiera de ella. Diego le preguntó a Enrique cómo iban los negocios en la empresa. -Bien-respondieron al unísono. Y esa favorable disposición de su ánimo lo hacía una persona agradable para ella. Cuando Francisca la notó profundamente dormida. Enrique la abrazó y le besó la frente. Llevas más de quince años en lo mismo. Rebeca se acercó a Francisca y la volteó para que la mirara a los ojos. Francisca decidió no complicarse más de la cuenta. pero lo que siento por ti está fuera de discusión. Incluso parecía tornarse más atractivo. Francisca ofreció a sus invitados llenarles las copas. detuvo su narración. Rebeca miraba a Francisca con cierta perspicacia. Sin embargo. -¿Los niños ya están durmiendo mi amor? Francisca pensó que la pregunta que le hacía Enrique estaba de más. Lamentablemente no había celebraciones todos los días del año. -¿Quieres que te sirva más vino? Enrique asintió. Sebastián le dio las buenas noches y se metió rápidamente en su cama. Francisca cuidaba de no hacer explícita aquella entrega. -Sí. Pero Francisca no puso reparos y los acompañó a sus dormitorios. -¿Sabes una cosa amiga? A mí no me corresponde señalarte el camino que supuestamente te llevaría a la felicidad. Si había algo que le gustaba de su marido era aquel gesto de cariño. De lo contrario Enrique podía llegar a convertirse en un manipulador a la altura de ella. amiga-le dijo Rebeca saliendo de la cocina con una bandeja de tapaditos en la mano. le contó a su hija una improvisada historia acerca de ratones y elefantes. No era el Enrique de siempre. Sin embargo. Aunque un poco frustrada por no poder darle un final a su invención. En esos momentos Francisca olvidaba por completo que Enrique contaba con una abultada billetera. -No me subestimes.

Sin embargo. probablemente Francisca se removía en el sillón porque no estaba acostumbrada a que otra persona fuera el centro de atención. Confiaba en que su amiga sabía lo que hacía. le sucedió un par de veces. Como resbaladizo pez su mano se soltó de la de Enrique sin que éste se percatara. solía escuchar con atención las conversaciones de los adultos. Pero lejos de los motivos que Enrique le atribuía a su manifiesta ansiedad.Detrás de sus espaldas Detrás de sus espaldas Enrique tomó de la mano a Francisca y comenzó a hablar de lo bien que le iba en su vida laboral. Y era más. -¿Sí?-respondió Enrique un tanto turbado porque había perdido el hilo de su discurso. luego existo. sino que los escucharan. la verdad es que para Francisca el último escalón en la vida de su marido era la juguetería. -¿Oye Enrique…? Francisca volvió de inmediato a poner atención a la conversación al escuchar la voz de Rebeca. Los seres humanos tienen posibilidades. Él la conocía a la perfección como para saber que no le gustaba quedar relegada a un segundo plano. otros toman algunas: Enrique las había agotado. de esta forma se evitaba el insufrible egocentrismo de su marido. no tenía éxito. Cuando Francisca era pequeña. algunos las desechan. no preocuparse por haber dejado temas inconclusos. -¿Cuál es el último juguete que van a sacar al mercado? Francisca pensó que esa era una pésima pregunta si se trataba de que Enrique no siguiera con su discurso. Cambiar la dirección de esa conversación para que no fuera un monólogo aburrido sino un diálogo algo más participativo era lo que la tenía ansiosa. pero esta le devolvió un guiño de complicidad que la tranquilizó. -Lo último que sacamos es un juego de salón que se llama Soluciones Extremas. eran personas agradables ellos. pero siempre sucedía que cuando estas se ponían interesantes. Si nadie lo atajaba. Y además Diego y su mujer parecían interesados en lo que él les contaba. Enrique podía estar horas hablando acerca de su trabajo. y los adultos seguían hablando de otro tema. súbitamente se dio cuenta que la habitual repulsión que sentía por su marido volvía a dominarla. que terminaran la historia que habían estado contando. No había otra cosa que él pudiera hacer sencillamente porque ya no sabía hacer otra cosa para ganarse la vida. algo o alguien las interrumpía en el momento menos adecuado. Por su cabeza pasaban raudos miles de recuerdos que le hacían reafirmar que la vida de Enrique giraba exclusivamente en torno a su trabajo en la juguetería. Esa era la única explicación posible para lograr comprenderlo: la valoración que Enrique hacía de su persona y del sentido que podía tener la vida para él dependía de manera absoluta de la existencia de su trabajo en la juguetería. sin exagerar se atrevía a pensar que en algún lugar de sus genes Enrique tenía escrita la frase: Juguetes. que por fin interrumpía al aburrido de su marido. para saciar su curiosidad. es algo parecido a otros juegos… 33 34 . De hecho. Francisca miró a sus invitados y vio en sus caras la imagen de la buena educación: sin duda ellos escuchaban a Enrique por compromiso y no por interés. y así aprendió que a los adultos no les importaba para nada lo que hablaban. Sin ese empleo Enrique acabaría suicidándose o siendo un vagabundo porque. Como ella era una niña. Francisca sabía lo que se les venía por delante. sin precipitarse. Lo importante era tener la atención de los otros. Francisca trataba de pensar en otras cosas. porque en el acto sus padres le hubieran dicho que ella nada tenía que hacer escuchando conversaciones de adultos. Le hizo a Rebeca un gesto de agotamiento. y eso irremediablemente lo obligaría a bajar. Por lo tanto estaba en la cima. Y como si hubiera despertado de un encantamiento. a pesar de que él insistiera en que tenía la capacidad de comenzar de cero si es que se lo proponía. Eran buenos oyentes. se prestaban para buenas conversaciones. algo que él definitivamente nunca sería. Enrique se percató del estado de su mujer. pero hizo un esfuerzo por no darle demasiada importancia. no podía sugerirles a los más grandes. Por lo tanto Francisca sabía que para interrumpir el discurso de Enrique tenía que hacerlo sutilmente.

según sus palabras. ¿cómo manipular la situación de tal manera que Enrique respondiera lo que. En el fondo poco le importaba que estuvieran jugando. “Vamos. Francisca se fijó en sus amigos. Sin embargo. Que se las arreglara como pudiera si es que tenía algún enredo en la cabeza. porque ella comenzaba desde ese mismo instante a prepararse para recibir a Ricardo. un perfecto modelo del “amante de la vida”. A medida que el juego transcurría Francisca se percató que la reticencia de Enrique se había transformado en algo parecido a la resignación. no era una elección para un hombre como él? Francisca en un segundo había imaginado todo lo que haría si su marido respondía como ella lo deseaba. Ella no era la psicóloga de nadie y no estaba dispuesta a ahondar en la vida interior de su marido. Enrique respondía que no viviría nuevamente. De inmediato se percató que esa era la pregunta que podía solucionarle todos los problemas… Siempre y cuando. para quién. y afloró en el momento en que tomó la carta con la proverbial pregunta y la leyó para sí. de la que se enteró por un comentario posterior que le hizo Rebeca. de seguro. Por un momento pensó que Enrique estaba sufriendo un paro cardíaco. como acostumbraba a cantar cuando se duchaba: “Sólo se vive una vez”. Francisca interiormente agradecía la buena ocurrencia de Rebeca. Fue entonces cuando Francisca. Enrique aún no podía esbozar palabra alguna. olvidando sus intereses. Enrique no pudo hacer explícita su renuencia porque Francisca se le adelantó argumentando que la idea de su amiga era fantástica. un regalo que había que agradecer y disfrutar porque. Parecía estar en estado de shock. Enrique parecía reaccionar. ya estaba un poco borracho. El resto. A él también se le había puesto pálido el rostro. tú puedes hacerlo”. Enrique se inclinara por la tercera alternativa. La respuesta la había sorprendido. y que aún no había dado con la excusa perfecta para alejarse de Enrique. Estaba jugando casi por compromiso. Su corazón estaba por desbocarse y su mente era una máquina fuera de control que trataba de encontrar una apresurada solución. trató de ayudarlo respondiendo ella la pregunta. momentos después. pero luego se calmó al notar que el color volvía al rostro de su marido. parecían decir sus miradas. Y parecía venir saliendo de un encuentro con algo peor que el mismo demonio. Y además. pero lo hacía de buena gana. Pero a pesar de la leve mejoría en la coloración de su rostro. Cuando Francisca leyó la pregunta en voz alta lo único que esperaba era una especie de milagro. la preocupación por la tarea pendiente estaba latente. Pero para su sorpresa. 3 35 36 . Incluso había olvidado que el próximo viernes llegaba Ricardo. Pero al ver la reacción que tuvo Enrique al escuchar la pregunta. Incluso se animó a descorchar otras botellas de vino y constantemente ofrecía comida a Rebeca y Diego.Detrás de sus espaldas Detrás de sus espaldas -¿Cómo cuales? -El Escrúpulos y otros. Por lo tanto ella y sus amigos lo incentivaron a que contestara con la misma ternura con que un padre espera recibir en sus brazos al hijo que recién comienza a caminar. -Ah. Volvía a estar contenta. y estos parecían percatarse de lo mismo. su mente se detuvo y su corazón desaceleró de tal forma que en su rostro se impuso una palidez fantasmal. y sin la más mínima treta de su parte. claro estaba. Enrique no contestaba. era problema de él. ¿y tienes alguno por ahí para que juguemos? Podría ser entretenido. Pero. esto de vivir se trataba de un milagro. pero ya tenía una gran excusa para pelearse con él nuevamente. lo que significaba que se iría directo a la cama y no la molestaría con peticiones sexuales. lo mejor de todo era que Enrique había parado con su cantinela. El problema era que se trataba de Enrique. Sabía a la perfección el guión que representaría y las expresiones que ocuparía en tal caso.

Tiró la colilla al suelo y la apagó. Por otro lado los codazos que recibía. detrás de un kiosco de diarios. Cuando. como si estuviera memorizando una importante lección. por querer repetir lo que había sido fallido. unos eternos diez minutos. el deseo tan pueril de querer mejorar un borrador incorregible: la vida. Dos horas más tarde vio salir a Enrique en un auto desde el estacionamiento subterráneo del edificio. en última instancia. casi como una autómata. Una vez allí Patricia se preparó una taza de té y. Patricia se apostó a una distancia prudente. Al imaginar a estas personas. Era tal la cantidad de gente que a esas horas circulaba por Providencia. En este deambular casi insomne el cigarrillo que tenía en la mano se le consumió por completo. Enrique entró en un edificio de oficinas. Pero en el momento en que decidió hacerlo. después de tanto tiempo. la curiosidad seguía aumentando en su interior. Patricia anotó en una libreta la dirección y le pidió al taxista que dejara de mirar con tanta curiosidad lo que hacía y que la llevara a su casa en el acto. El ardor de la quemada la hizo reaccionar. sino que había sido construido en función de facilitar la mirada de los transeúntes para comprobar que los que estaban allí realmente trabajaban. ¿En dónde habían quedado todas las justificaciones que en determinado momento se había 37 38 . Curiosamente se le venían a la memoria solo buenos recuerdos. sintió algo extraño dentro de sí. Allí compró una revista y comenzó a abanicarse con ella. los pisotones que ella daba como respuesta. El concepto del bumerang perdido era su metáfora favorita: le desgracia de los otros le parecía divertida. y las malas palabras que algunos le prodigaron ya la tenían harta. Patricia conocía infinidad de casos en que desgarrados seres humanos hacían todo lo posible por recuperar a personas que habían perdido. caminó sin apuro por los pasillos de su casa.Detrás de sus espaldas Detrás de sus espaldas Todo vuelve. ¿Por qué cuando ella creía estar viviendo la mejor etapa de su vida aparecía Enrique? Y lo que más la intranquilizaba: ¿por qué un hombre que ella había rechazado con tanto convencimiento le provocaba sentimientos que ella había creído desaparecidos en su vida? Patricia volvió al sillón recordando los momentos que había vivido con Enrique. Contrariamente a lo que había creído cuando volvía a casa. que a Patricia se le hacía imposible seguir el ritmo de Enrique. En todos ellos el denominador común era el ansia desesperada por volver atrás. Luego de una larga y tediosa carrera llegaron a la que parecía ser la casa de él. ¿Era que en realidad todo debía repetirse? La persecución iba para los diez minutos. Rápidamente detuvo un taxi y lo hizo seguir el auto de Enrique. se preguntó mientras trataba de apaciguar el ardor en sus dedos con saliva. Estuvo a punto de desistir. bebió un poco de té y encendió un cigarrillo. todo se repite. Patricia se repetía que nunca pensó que alguna vez iba a sentir la necesidad de saber de la vida de Enrique. Patricia disfrutaba pensando que en la vida de muchas personas había circunstancias irrepetibles. repitiendo en voz baja las palabras de la libreta. ¿Por qué ahora?. A Patricia le pareció que aquel edificio no había sido pensado para privilegiar la intimidad de quienes allí trabajaban. Sorprendida de sí misma al verse dando apresurados pasos para no perderlo de vista entre la multitud que repletaba las veredas de Providencia. repasó lo ocurrido horas antes. recreaba sus rostros con expresión de sorpresa. Quiso pasar por alto esa inexplicable sensación. ¿Enrique viviría solo en esa casa? ¿Estaría casado? ¿Tendría hijos? Un tanto molesta por no poder pensar en otras cuestiones. similar a la perplejidad de quien arroja un bumerang y se encuentra con que este nunca volvió a sus manos. Agradeciendo el que ya no tenía que andar corriendo. Sin pensarlo demasiado. releía insistentemente la dirección anotada. pero la curiosidad fue más fuerte y comenzó a seguirlo. Patricia volvió a ver a Enrique. Patricia se levantó del sillón y. Pero había excepciones. La moderna construcción estaba cubierta de vidrio. sentada en su cómodo sillón de cuero rojo.

Pensó con ironía en las diferencias que hacían los pequeños detalles: un recuerdo que no ocupaba más de cinco segundos en su mente. De pronto Enrique se le acercó y con voz seductora le dijo: -Hola. y aunque nunca tuvo una mala palabra para él. Esa era la diferencia fundamental entre ella y los otros: ella sabía a la perfección que su vida era la que tenía que ser. Los buenos momentos con Enrique seguían acosándola. Y finalmente lo logró. Patricia lo quedó mirando perpleja y él levantó una ceja con actitud soberbia. Y cada vez que se lo decía Patricia sabía que él no estaba mintiendo. ¿Había sido ese gesto el que la había hecho reír tanto o lo absurdo del diálogo? Con el recuerdo de aquella escena Patricia comenzó a reír. hecho estaba. no se interesaba por nada de lo que él le dijera. y no soportaba vivir de esa forma. Patricia había abandonado a Enrique porque sintió que él no tenía la más mínima capacidad para proyectarse con ella. lo trató con indiferencia en las oportunidades en que él quiso acercarse a ella. Una ráfaga de miedo la remeció. hasta que llegó el momento en que le dijo que no quería seguir con él. quizás la historia hubiera sido distinta. pero que tenía una fuerza emotiva maravillosa. Las carcajadas eran las mismas de aquella tarde en la piscina. -Yo soy Patricia. pero ella también intuía que llegado el momento Enrique no iba a ser capaz de cumplir tan plácidamente con su palabra. ella lentamente fue guardando un resentimiento hacia Enrique. pero eso sucedió justamente porque los demás no creían en sí mismos al momento de enfrentar dificultades. Seguía siendo curioso. Desde ese día nada había sido capaz de hacerla cambiar de opinión. La relación que ella había calificado terminantemente como un error en su vida ahora se le aparecía como algo positivo. Y aunque él le repitiera siempre después de tan desafortunada declaración que la quería mucho. pero que luego se le unió en las carcajadas. Ella estaba nadando junto a él en la piscina de la casa. En especial una tarde que tuvieron en una casa de Algarrobo y en la que compartían un asado con los amigos de Enrique. lo escuchaba a medias. No pude haber cambiado tanto. Esa fue la razón más importante: estar con un hombre así la hacía sentirse utilizada única y exclusivamente para tener sexo. Ella no estaba acostumbrada a reevaluar sus decisiones. -Cuando tengas ganas de ser mamá yo me voy a hacer a un lado para que tú cumplas con tu deseo-le había dicho Enrique en más de una oportunidad. De eso no había duda. Nada de arrepentimientos posteriores.Detrás de sus espaldas Detrás de sus espaldas dado para terminar su relación con él? ¿En donde estaba ese profundo desagrado que había sentido por él las últimas veces que lo vio? No podía ser que todo aquello que tanta fuerza le dio al tomar la decisión de dejar a Enrique se esfumara. pero Patricia pensaba que si Enrique hubiera apelado a ese recuerdo a la hora de tratar de convencerla de seguir con él. Evitaba mirarlo a los ojos. así que se 39 40 . ella se sintió feliz. Patricia se alejó de Enrique sin misericordia. se dijo pensativa. hacía todo lo que estaba a su alcance para que de una vez por todas Enrique se diera cuenta de que no había oportunidad de volver a rehacer una historia común. ¿No había sido demasiado intransigente cuando lo dejó? Patricia estaba impacientándose con tanto cuestionamiento. Habían pasado más de diez años en que no había tenido noticias de Enrique. comenzó a odiarlo sin percatarse. Y cuando recordó que en aquella lejana tarde Enrique la miró sorprendido. no podía detenerse. Su manera de pensar se basaba en que lo hecho. ¿cómo estás? Soy Enrique. la hacía tomar conciencia por primera vez en su vida de que la posibilidad de haber seguido con Enrique pudo haber sido cierta. En su vida pudo haber ayudado a muchos a solucionar sus problemas. ¿qué haces? Enrique ensayó su mejor cara de galán y le dijo: -Yo…soy autista. Ella no se había equivocado porque ella no se equivocaba nunca. ¿Entonces por qué esa insistente necesidad por saber de él? Patricia encendió otro cigarrillo. Patricia le siguió el juego.

Enrique siempre ha tenido buen gusto. Le pidió. Y entre los muchos que a lo largo de su vida había visto. Horas más tarde lo vio salir apurado. No tenía hobbies. Esclavizado por su propia cuenta. no iba de compras…no hacía nada más que no fuera trabajar. Patricia se estacionó a unos metros de distancia. ella salió a la calle. Después de bajarse del auto Enrique se dirigió hacia un carro que vendía golosinas. Patricia se jactaba de tener una memoria privilegiada. se dijo. pensó Patricia un tanto turbada. Sin reparar que el cigarrillo que tenía en las manos todavía no había sido consumido. La niña bajó del auto junto a Enrique. conocía el cargo que desempeñaba y sus números telefónicos. Lo vio llegar muy temprano en la mañana. pero había sido un beso de pareja. Pero no estaba del todo satisfecha. un trabajólico para quién la empresa lo era todo. Aún le faltaba por conocer la vida familiar de Enrique. Ahora venía la parte interesante. Todo detalle era relevante a la hora de saber en qué se había convertido Enrique. El beso que se dieron no fue para nada romántico. Saludó afectuosamente al dueño y le compró unas manzanas confitadas. Cuando él salió del restaurante. y no tenía que dar explicaciones a nadie. Patricia se felicitaba por su eficacia investigativa. estaba nuevamente en las afueras del edificio en donde trabajaba Enrique. El timbre que anunciaba el final de las clases sonó estrepitoso. el de la mujer de Enrique le parecía conocido. También averiguó que en el trabajo Enrique era un empleado eficiente. En alguna parte la había visto antes. Enrique se detuvo frente a la entrada de un colegio. no practicaba deportes. él llegaba de los primeros y se iba de los últimos. se dijo a sí misma Patricia. En todas las oportunidades en que Patricia lo siguió hasta su casa. pero la mujer que salió a abrir la puerta de la casa era sin duda hermosa. Enrique se dedicaba escaso tiempo a sí mismo. Ya conocía el camino de regreso. Caminaron hacia el auto. Patricia fue en busca del garzón que lo había atendido. Patricia aguzó la vista. Luego caminaron para entrar a la casa sin tomarse de las manos. De pronto Enrique abrió los brazos y recibió a dos niños que vinieron corriendo hacia él. lo tiró a la calle y encendió otro. Patricia quería ver qué grado de complicidad había en el saludo entre Enrique y la mujer. Sabía que trabajaba en el décimo piso del edificio. saludó de un beso a su madre y corrió detrás de su hermano. sobre todo cuando se trataba de rostros. Una parejita. que le contara cuales habían sido los platos que él había ordenado. Cuando cerraba la puerta de la reja. Patricia se dijo que probablemente. y manejaba su propio auto. Le resultaba más barato que los taxis. Lo siguió hasta que se aseguró que Enrique iba a almorzar. Fue el niño el que salió primero del auto cuando llegaron a la casa y corrió a tocar el timbre. y encendió un cigarrillo. el niño saltando y la niña concentrada en su manzana. A Patricia le pareció el perfecto ejemplo del más idiota de los seres humanos. Después de un momento de reflexión en el que no logró recordar en donde había visto antes a esa mujer. ¡Entonces sí tenía hijos!. Patricia había dejado a un lado la fobia que tenía a colocarse detrás de un volante. Era de los que miraban con cierto malestar a quienes se retiraban a las horas estipuladas en los contratos. de 41 42 . después de indicarle que entrara en la casa. Patricia no acostumbraba a fijarse en la belleza de otras mujeres. nunca nadie lo recibió en la puerta. Sin embargo. Los niños saludaron con un beso a su padre y él le entregó a cada uno su manzana. sin admitir que se sentía orgullosa de haber estado alguna vez a su lado. Días después Patricia conocía a la perfección la rutina laboral de Enrique. después de más de dos meses de seguimiento obsesivo. previa entrega de un billete de diez mil pesos. Pero una tarde hubo un cambio en la ruta que Enrique tomaba habitualmente para volver a casa. la mujer dio una larga mirada hacia la calle y Patricia pudo observarla detenidamente.Detrás de sus espaldas Detrás de sus espaldas dejaría de estar pensando en tonterías e iría a lavarse los dientes para después dormir y olvidarse de todo. A esas alturas. media hora después de haber llegado. La mujer recibió al niño cálidamente y. en gran medida porque lo que hacía para ganarse la vida era observar rostros y poner manos a la obra. al otro día. Patricia los siguió sin prisas.

Aquella tarde salió de su casa. En cambio los hijos de Enrique le parecieron encantadores. para ella superficial.Detrás de sus espaldas Detrás de sus espaldas acuerdo a lo hermosa que era. Por lo que pudo averiguar. Adriana no se destacaba por sus cualidades intelectuales dentro del colegio. Patricia pensó en la posibilidad de derribarlos. No se levantaba. -¿Pero cómo vas a hacer eso?-exclamaron ambos con estupor. enojados con ella. echó un vistazo al exterior y con decisión tomó una escoba y barrió las húmedas hojas que cubrían su patio. Hacía tres años. echaron a la suerte quién de los dos cometería semejante asesinato de imagen. Con el transcurso del tiempo Enrique se le fue revelando como un hombre bastante predecible. Se fue directo a la peluquería. -¿Qué te habías hecho amorosa?-la interpelaron Ramón y José. Patricia pensaba que algo de defensa gremial había en sus juicios. siendo menor que Sebastián por alrededor de dos años. pero que había dejado porque no sentía deseos de cambiar la radio. Ramón. aquella mujer fuera una modelo a la que debió haber visto en una fotografía de alguna revista. cuando recién había cumplido los 37 años. solía ser muy conversadora. Fue el más viejo de los dos. Ni hablar de salir a la calle. Tampoco se parecía físicamente a Enrique. Tenía rutinas para todo. sus estilistas de siempre. después de finalizada su última relación. pensó alguna vez. Al principio enfrentó un periodo de crisis que devino en un duelo profundo. comía lo mismo. durante aquella inestable época se recluyó mucho más en sí misma. concluyó que los hijos simplemente no estaban en su destino. lo que llevó al cínico pensamiento de Patricia a discurrir acerca de la posible no paternidad de él. y concluyó que Enrique no tenía genes dominantes. Patricia ya no pensaba en la maternidad como imperativo en su vida. el que tuvo que hacerlo. En una de esas le pasaron gato por liebre. y con esto el sufrimiento fue amainando. Ramón y José. tapándose la cara con las manos-. arrendaba películas sólo los viernes. alimentándose de comida preparada que pedía por teléfono. Siempre iba a los mismos lugares. tenía muchos amigos y le gustaba ayudarlos cuando tenían algún problema. Sebastián tenía cerca de diez años. pero también reconocía que la vida misma se encargaba finalmente de confirmar sus apreciaciones: las mujeres siempre eran más atinadas en toda circunstancia y eso las hacía tener una edad emocional superior. pero después cambió esa apreciación. pero luego se apiadó de ellos y pagó a un jardinero para que los podara. y compraba el diario los fines de semana para ir a leerlo siempre a la misma plaza mientras sus hijos jugaban. era el mejor alumno de su curso en matemáticas y le gustaba mucho jugar al fútbol. Enrique hubiera resultado muy poco atractivo para las hembras de su especie. Si hubiese sido algún otro tipo de animal. Sebastián se parecía físicamente más a su madre que a Enrique. y ante la atónita mirada de ellos les pidió que la raparan. parecía mucho más madura que él. Pasó todo un invierno encerrada. Minutos después se fue del lugar tarareando una canción que destetaba. Patricia no les respondió. Si en su vida normalmente era introvertida. Algunos de los añosos árboles que habitaban en su jardín parecían no haber resistido bien el paso del invierno. y después de observarlo detenidamente Patricia concluyó que su desarrollo era normal: a pesar de la cercana pubertad el niño seguía actuando como tal. no se quedaba tranquila hasta que obtenía respuestas satisfactorias a sus inquietudes. pero era una niña de excepcionales habilidades sociales. Un día se levantó y abrió todas las cortinas y puertas de su casa. Pocos meses atrás. Patricia lentamente fue aceptando su situación. no interesándose aún por la música o las niñas. Patricia no aceptó. Lloró durante días a oscuras en su habitación. En cambio Adriana. y como consecuencia Patricia apostaba a que habría quedado relegado sin haber podido perpetuar su estirpe. Patricia no dejaba de sonreír mientras 43 44 . pero apenas dormía. pasión que para su mala suerte su padre no fomentaba porque nunca le habían gustado los deportes. nosotros te podemos dejar hermosa si aceptas nuestras sugerencias. No seas bárbara.

Pero no tenía tiempo para dedicarse a pensar cuando había sido. ¿suerte?. La información que había logrado reunir era la suficiente. y no estaba dispuesta a ocupar más en Francisca porque no le veía ningún sentido y porque los plazos que se había dado para llevar a cabo su investigación ya se estaban cumpliendo. retomó su existencia. ¿cómo podía acallar los cada vez más insistentes pensamientos acerca de una eventual maternidad junto a él? ¿Por qué razón Enrique había querido ser padre con Francisca y no con ella? Cada vez que veía a Enrique junto a sus hijos sentía envidia de él porque había logrado formar una familia. Sin dolor y más fuerte que antes. Ella había visto a Francisca en otra ocasión. que de seguro había guardado resentimientos hacia 45 46 . Si todo seguía resultando de acuerdo a lo esperado. El sábado Patricia iría a la plaza en donde él siempre estaba los fines de semana. Cuando encontró a Enrique en las calles de Providencia. era probable que Enrique no hiciera ningún esfuerzo por acercarse a ella. tal posibilidad era un hecho consumado. El caótico espectáculo de bocinas y gritos aturdió a Enrique. Buscaba y buscaba en su interior pero no lograba dar con algún recuerdo específico.Detrás de sus espaldas Detrás de sus espaldas veía en el espejo caer su largo pelo. Se miraba las manos y las imaginaba en Sebastián o Adriana. Por suerte. Con la idea fija de que estaba siendo víctima de un seguimiento. veía también las caras de los niños. Sin embargo. cada vez que aparecía Francisca. Por lo mismo. Ya estaba preparada para enfrentarlo. Cinco meses después de habérselo encontrado en Providencia. Esa vez Patricia no pudo dormir en toda la noche. Así que todo había resultado como lo había planeado. y además Enrique parecía enamorado de ella. Fea-le repetía y le sacaba la lengua. la de poder empezar una vida sin cargas pasadas. nunca fue descubierta. y ella se sentía feliz. Durante todo el periodo de seguimiento. Iría vestida de negro. Trató de ver la patente del auto. pero la oscuridad de la calle en donde estaba se lo impidió. Y también quería a Enrique junto a ella. Pero después de haberlo seguido tanto tiempo. Patricia se sentía vulnerable cuando vestía de otro color. no te quiero volver a ver más por aquí. Enrique la vería en unos días. Patricia pensó que había llegado la hora de presentarse frente a Enrique. No podía ser tan estúpida cuando ya la primera parte de su tarea estaba concluyendo. Llevaría migas de pan para alimentar a las palomas…Y esperaría. Se instalaría allí muy temprano. se repetía constantemente Patricia. En una de ellas él detuvo su auto en una esquina e inesperadamente se bajó. Ya bastante le había dedicado a Enrique. Debía de andarse con cuidado. Con esa facultad. No. siguió su camino completamente repuesta. se preguntaba con ironía. Todo iba a arruinarse. Era tan predecible el pobre. Ella se puso nerviosa. Patricia se tomaba la cabeza porque no podía recordar en donde la había visto. Pero ahora ella quería tener hijos. Y la conmovía profundamente imaginarse el parecido que podrían haber llegado a tener con ella los niños si hubieran sido sus hijos. Pero lo que más le hacía gracia era la cara de Ramón mientras llevaba a cabo su tarea: -Fea. Francisca. Y además estaba cansada de esconderse. cada vez que se miraba al espejo Patricia se veía a sí misma como un recién nacido. Varias fueron las oportunidades en que Enrique estuvo a punto de descubrirla. decidió apretar el acelerador y salió disparada del lugar avanzando en contra el tránsito. La tensión del momento le provocó fuertes dolores en la espalda. Después de tan radical cambio. ya tenía la certeza de que no la había visto de forma casual en alguna revista. Cuando veía su rostro reflejado en el espejo. se recriminaba. Patricia se preciaba de ser una mujer realista. caminó resuelto los cincuenta metros que lo separaban del auto de Patricia. Entonces la idea de que los hijos de Enrique también fueran suyos la obsesionó. estaba perdida. Ese había sido su color desde siempre. pensaba Patricia. a esas alturas de su vida la posibilidad de ser madre biológica le parecía absurda. fea-le decía con una mueca de desagrado. cómo la detestaba. Pero en un segundo de atrevimiento y lucidez.Vas a quedar horrible. El problema estaba en que los niños ya tenían a su madre. y fue vislumbrando la posibilidad de una vida solitaria como una alternativa conveniente.

rió estrepitosamente y arrojó la almohada lejos de sí. cualquier pequeño estímulo era capaz de dejar la más profunda huella en cualquier persona. La ventaja era que ahora sabía que Francisca estaba en sus manos. Su vanidad le decía que no quería que Enrique la viera con ojeras en la mañana. pero algo dentro de sí le hizo sonar una tecla. Patricia se tapó la cabeza con la almohada. de esa forma le daría a entender que era ella la que dominaba la situación. Lo triste era que siempre pensaba que él era el culpable de ese rechazo. ¡Cómo le hubiese gustado ser una de esas personas con memoria prodigiosa! Qué simple me hubiera resultado todo en ese caso. un hombre. advirtiéndole que estaba a punto de dilucidar cuando había visto a Francisca por primera vez. Su eficaz y mortal manera… 47 48 . ¡Francisca. pensó. una melodía. en eso no había cambiado. Francisca. El lugar ideal para vivir sin duda transcurría en un eterno presente. Sin embargo. Pasadas las dos de la mañana del día sábado Patricia luchaba por conciliar el sueño. ¿En dónde mierda te vi? ¿De dónde mierda apareciste? Patricia siguió pensando obsesivamente. Había estado a punto de dormirse en un momento de la noche. Hasta que cerca de las cinco de la mañana por fin todo estuvo en orden. Enrique. Por supuesto que había sido otra persona. Y cuando recordó el momento exacto en que había visto por primera vez a Francisca el corazón se le desató furioso y dejó escapar su alegría: -Jajajaja. murmuró. Siempre le había molestado (porque nunca le había sucedido) cuando en alguna conversación se encontraba con una persona que le decía que no podía recordar una palabra y que por lo tanto detenía el fluir del diálogo hasta no dar con ella. También revisó sus álbumes de fotos. Si existía un paraíso. lo importante era que mantendría la misma postura de sus últimos encuentros. Ahora tenía claro que había errado el camino cuando trataba de recordar el momento exacto. Por lo menos una decena de veces había repasado su historia personal. todo hubiera sido más fácil. Pero eso a ella no le importaba. Y en lugar de encarar las situaciones se recluía en su interior. incluso recurrió a una regresión. perra maldita! Era ella a la que tenía que sacar del camino para recuperar a Enrique y quedarse con sus hijos. De todas formas no le hablaría. rápidamente desechó sus teorías porque lo que en ese momento la ocupaba era el pasado. Pero los celos que sentía por ella le impidieron hacer una investigación seria. como siempre. un gesto. Francisca. Era un cobarde. Patricia se repetía el nombre como una suerte de mantra que la iba a conectar con su más profunda memoria. De esta forma la vida de un prodigio memorioso debía de ser un infierno. Entonces. fumando a oscuras. Pero después de un rato pensó que la memoria también podía ser aterradora. Francisca. siempre había sido una persona susceptible. Si se hubiera dado antes la tarea de averiguar algo acerca de la vida pasada de Francisca. Patricia maldecía el estar tan obsesionada con Francisca. en él no había recuerdos. detrás de su aparente pragmatismo. un olor. porque ahora ella estaba en esa situación y comprendía perfectamente que no iba a detenerse hasta situar a Francisca en alguna parte de su vida. Se había enfocado exclusivamente en Francisca y eso la había cegado. Patricia sabía que cualquier indicio de rechazo lo pondría mal. Sin duda le había faltado empatía para con esas personas. el que se la había puesto frente a los ojos. pero todos sus esfuerzos habían resultado infructuosos. Los recuerdos podían llegar a ser como cartuchos de dinamita olvidados cuyas mechas ante cualquier descuido podían encenderse para hacer detonar heridas que se creían cicatrizadas. ¿En qué había fallado entonces? Patricia analizó fríamente sus procedimientos. concluyó. Pero no podía parar de pensar en Francisca. o apenas cruzaría un par de palabras con él. con la firme determinación de resolver el asunto esa misma noche. haría las cosas a su manera. Una palabra.Detrás de sus espaldas Detrás de sus espaldas ella por la forma cómo lo había tratado en el pasado.

Es mi problema si me gustó o no.Detrás de sus espaldas Detrás de sus espaldas Todo vuelve. el perdedor capaz de perdonar todos los caprichos. ninguna de las mujeres que había estado con él había conocido al Ricardo que se arrodillaba por amor y que imploraba por una nueva oportunidad. -En realidad. Ricardo conoció a Rebeca en una fiesta. Los presentó un amigo en común. Pero si a Ricardo le hubieran dicho que Rebeca se interesaba por él habría intentado seducirla esa misma noche. -Y eso significa que el huevón te gustó-sentenció Rebeca. Conversaron por un rato pero ninguno de los dos sintió una profunda atracción por el otro. Yo te conozco. -Era como raro él… 49 50 . como si se tratara de una verdad divina. -Ya déjame tranquila. Fue Rebeca quien se lo presentó a Francisca una tarde en que por casualidad se lo encontraron en un mall. y sé que te encantan los tipos raros. -¿Viste como te miraba el huevón?-le comentó a Francisca cuando Ricardo no estaba con ellas. De lo contrario uno pasaba a ser el dominado. la que lo había hecho sufrir abandonándolo por otro. La excepción a esta regla era la primera y única mujer de la que se había enamorado. Tu misma me dijiste que lo veías de vez en cuando y que no era tu amigo. -Sí. Pero desde ahí en adelante. Además quizás ni siquiera lo vuelva a ver en mi vida. Todo se repite. Ricardo creía que esa era la única forma de relacionarse sentimentalmente con ellas. Y por supuesto Francisca no escapaba a esta regla. -No sé… -Mmmm. el que se enamora y luego sufre. sóplame este ojo huevona. Ser “maldito” con las mujeres le había dado tan buen resultado que. 4 Para Ricardo las mujeres eran como las zapatillas Power: se portaban bien cuando las trataba mal. se dijo contenta porque una vez más el destino estaba de su lado. Yo no me meto en tus cosas. era raro él-respondió Francisca. pero admite que el huevón te gustó. No.

Al verla. Meses más tarde coincidieron una noche en un bar. Debajo de la mesa movía las piernas y se frotaba las manos esperando ansiosamente que Rebeca apareciera para salvarla de aquel tipo que con sus preguntas ya se demostraba absolutamente predecible… Ricardo sabía que su cara no debía reflejar en aquel momento el vivo interés que sentía por Francisca. a esas alturas de la vida él ya se había hecho merecedor de unos cuantos premios Oscar por sus inolvidables actuaciones ante varias mujeres. Ricardo se frotó las manos de igual forma como si se fuera a servir un apetitoso plato. pero no podía hacer nada por ocultarlo. 51 52 . -No. Había que ser educada ante todo. -No. Ricardo se preciaba de ser un gran actor. Y en ese momento. “…Y además cursi”. Dentro de la categoría de los raros cabían todas las deformaciones posibles. Francisca estaba sola en una mesa. se felicitaba por haber esperado a que el destino lo reuniera con ella. No sé…a veces uno le hace caso a la vocecita que lleva dentrodijo Ricardo apuntándose la sien. Dejó que las cosas fluyeran. -Pucha. Estaba demasiado exquisita esa mina como para dejarla escapar sin darle una mascadita. Estaba sobreexcitado. un hombre que le gustaba. Francisca lo sabía muy bien. y no había nada más que hacer al respecto. Tenía la certeza de que si las cosas iban a funcionar. gracias. había que saber mentirles. reaccionando a la defensiva puesto que la cercanía que Ricardo había querido demostrar con su saludo la ponía nerviosa.Detrás de sus espaldas Detrás de sus espaldas ¿Qué podía entenderse como “raro” en la mente de Francisca? Como bien lo sabía Rebeca. a ella le gustaban raros. No se preocupó de buscar a Francisca ni de averiguar su número telefónico. ya que en ese momento Rebeca había ido al baño. De esa forma todo lo que sucediera se daría a su favor. siempre le sucedía lo mismo cuando comprobaba que lo que había pensado con anterioridad se hacía realidad. no vivo por acá…-respondió Francisca. Pero lo tenía muy asumido: a ella le gustaban de esa forma. Algo lo hacía destacar por sobre los otros hombres. No había que precipitar las cosas. -¡Ricardo! La presencia de Rebeca vino a distender el ambiente que se había creado entre Francisca y Ricardo. andaba vagando y algo me dijo que entrara aquí. ya viene. muy por el contrario. Según su criterio. ¿Les puedo invitar algo? Para ser maldito con las mujeres.-le dijo Francisca. no. Sabía que si quería lograr su objetivo debía aplicar la primera regla de un maldito de tomo y lomo: ser indiferente con ella. -Rebeca está en el baño. en cualquier momento podía encontrarse con alguna clase de psicópata y enamorarse de él. pensó Francisca. ¿Vives por acá? Francisca no quería responder. Sufrió la tentación de invitarla a salir de inmediato. -¿Qué casualidad no? Venir a encontrarnos aquí. Se acercó a la mesa de Francisca y la saludó calurosamente. para nada-mintió Francisca. Pero además la definición que hacía Francisca de este tipo de hombres se debía a que su intuición le decía que no era un ser común y corriente. como si fueran viejos conocidos. Lo primero que pensó Ricardo al ver a Francisca era que quería acostarse con ella. con espinillas o lampiños. -¿Con quién andas? -Solo. a pesar de tener la boca seca producto del nerviosismo y de que Francisca no le respondiera. incluso las patológicas. y esto podía ser desde una capacidad de apreciar la vida desde un punto de vista poco convencional hasta ser un mentiroso de antología. había que ejercer el poder del magnetismo personal. -Pues entonces siéntate con nosotras. flacos. Ni Marlon Brando se comparaba con él a la hora de una gran puesta en escena. Había personas a las que les gustaban gordos. Si no te molesta amiga. pero contó hasta diez y se mordió la lengua. los acontecimientos se ordenarían por sí solos hasta lograr reunirlos a ambos.

Ricardo parecía ser el hombre especial que ella había estado esperando siempre. un ramo de flores. Ricardo no se cuestionaba el ser un mentiroso. él era capaz de saber lo que ella quería sin tener que preguntárselo. En el fondo ella pedía. que uno de sus peores defectos era la mala memoria. La primera vez. había elegido el otro camino. ¿Qué es un cumpleaños? En el transcurso de los años que vendrían Francisca se repetiría la misma pregunta. con la mujer que lo había dejado. Cuando Francisca hablaba. Ella no acostumbraba a invitar a nadie para ese día. Al fin y al cabo. el primero que viviría junto a Ricardo como su pareja. Y recordar de manera precisa todas esas conversaciones era lo que hacía Ricardo cuando se proponía hacer algo para dejarla contenta. una mañana de lunes. todos los mínimos detalles que hacían al hombre subir aún más en el pedestal que la mujer lo tenía. pero todo lo que Ricardo hacía por ella no era nada más que el resultado de escucharla con atención cuando ella le hablaba. dormir abrazados después de hacer el amor. El hace que me olvide de mí misma. el vidente. El que ellos tuvieran una relación no fue “oficial” hasta que Rebeca se encontró en la cocina de su departamento con Ricardo. por mínimo que fuera. Por eso. sin percatarse. un desayuno servido en la cama. no escapaba al común de las mujeres. le decía a Rebeca. cuando ya estuvieran viejos. En ese momento Francisca le dijo a su amiga que estaba pololeando con él. Ese hombre que la acompañaría el resto de su vida. Para él Francisca era bastante obvia en sus gustos. El mago. Lo que no sabía Francisca. pero de todas formas terminó por insinuarle a Francisca. Eso la tenía fascinada. y la sorprendía haciéndolo realidad como los genios de las botellas. eran leídos entre líneas por Ricardo cuando escuchaba a Francisca. Era tal el encanto que le producía ver a Ricardo en frente de ella escuchándola como si fuera un oráculo. lo que quería. Lo que hacía que el supuesto “don” que Ricardo poseía no fuera más que el positivo aprovechamiento de las circunstancias. cuando ella creía que no hacía otra cosa que hablar trivialidades. se repetía. no era más que un apostador que jugaba todo lo que tenía sin riesgo. los cumpleaños no eran importantes. de manera inteligente. había actuado de buena fe. Y cada vez se respondería con más autoridad que no era una fecha importante. se adelantaba a cualquier deseo. y con el que llegaría a caminar por las calles en las tardes de otoño.Detrás de sus espaldas Detrás de sus espaldas La noche del encuentro en el bar mintió moderadamente. O donde fuera. Francisca no se percataba. O en la cocina. Una cena a la luz de las velas. pero el que no la iba a ver ni la llamaba para saludarla no recibía ningún reproche de su parte. porque no recuerda lo que le duele y se adapta rápidamente a lo que le sucede. que siempre perdía el hilo de la conversación. quien terminaba siempre por regañarla puesto que eran escasas las oportunidades en que Francisca recordaba lo que conversaba con Ricardo. Eso era todo. no se escuchaba a sí misma. Parecía que Ricardo leía sus pensamientos. El que la recordaba era bienvenido en su departamento. quién finalmente se quedó sola con él porque Rebeca se sintió mal y se fue al departamento en el que ambas vivían. Y también un lugar en su cama. era que Ricardo poseía una habilidad superior cuando se trataba de escuchar a las personas. Pero por sobre todo estaba la increíble capacidad que tenía Ricardo para adivinarla. De esta forma siempre tendría una excusa perfecta para cuando se le olvidara alguna de las mentiras que había dicho. Y parecía cierto que el hombre inteligente era el que tenía mala memoria. 53 54 . Francisca aceptó seguir viendo a Ricardo. diciendo la verdad y actuando correctamente y no le había resultado. Poco a poco el desagradable hombre que en un primer momento pensó nunca le caería bien fue ganándose su confianza. recurriendo a él para que le recordara cual era el punto de partida de su largo discurso. tomados de la mano como si tuvieran nuevamente veinte años. Todo fue bien hasta que llegó el cumpleaños de Francisca. porque poseía los datos precisos para no perder.

Ricardo sabía que ése era un punto fundamental. Mejórate. El veía a Francisca lucir orgullosa su argolla en la mano derecha. Y no pide nada a cambio. ¿Por qué le llamarán “ponerse las ilusiones” a la celebración del compromiso? Ricardo se hacía esta pregunta cuando estaba de ánimo para pensar en el asunto. Una madre no le hace caso a un hijo cuando este le dice “no te preocupes por mí” Una madre complace. Pero él había utilizado toda su capacidad persuasiva para que Francisca se conmoviera. Pero tenía que llegar el momento en que las cosas comenzaran a cambiar. ¿me entiendes? -Sí. porque había despertado en ella el instinto maternal. a fin de cuentas todas esas promesas no eran más que palabras que se iban rápido con el viento. -Chao. Venía con el culo apretado. en cambio. Una madre lo antepone todo para tener a su hijo como mejor puede. pero todo hacía suponer (a Francisca) que las cosas se irían dando para concretar el compromiso en corto plazo. y en consecuencia. perfectamente pude haberme cagado en la calle. Al año de relación se comprometieron en matrimonio. pero cuando venía en la micro me vino el dolor. -Bueno. Ricardo se complacía porque nuevamente le habían creído una mentira. Por eso le decía mamita a Francisca. un besito. Lo había hecho. Ricardo sabía que no había nada más seductor para una mujer que ganar su oído con promesas. No puedo estar cinco minutos sin ir al baño. y de esa forma lo perdonara. y para lograr eso. iba a pasar a la casa a ducharme para después irme a tu casa. Te quiero. -Pucha mi amor. prometer y prometer. No cumplir. sin embargo.Detrás de sus espaldas Detrás de sus espaldas Ricardo le había prometido a Francisca estar en la celebración de ese primer cumpleaños. Ricardo se felicitó por ser tan inteligente. No te preocupes por mí. Después me llamas para contarme como sigues. ¿qué comiste? -Un completo en la calle. Y además. Qué mierda todo esto… -Pucha. pobrecito. no hay problema. la mala memoria ayudaba a olvidarlas. para lograr que no lo quisiera como hombre primero. -Yo también te quiero. Prometer para él era parte del espectáculo que debía brindar todo “maldito”. Con esa actitud Ricardo lograría que en Francisca despertara el natural deseo de no sentirse ignorada. Andaba apurado. ¡Qué madre encuentra que su hijo es un ser abyecto! Para una madre un hijo nunca miente. Había que prometer. jamás roba. Además ya me he tomado como cinco pastillas de carbón y no pasa nada. El no había querido ir a ver a Francisca porque pensaba que la había tratado muy bien en el tiempo que llevaban juntos. reconforta y apoya. haría cualquier cosa para que él reparara en su existencia. -¿Y no puedes venirte y acá te preparo algo para que tomes? -No mamita. pero estaba cagado de hambre. sabiendo que no iría. La noche del cumpleaños de Francisca la llamó por teléfono y le dijo que lamentablemente no podría ir a visitarla porque una diarrea fulminante lo tenía en el baño cada cinco minutos. complaciéndola y cediendo siempre en las situaciones que exigían de un acuerdo mutuo. Pero 55 56 . nada mejor que una velada indiferencia. yo me iría a cuidarte pero acá hay gente que me vino a ver y no puedo dejarlos solos. en serio. No fijaron una fecha. Ni con un tapón en el culo se me pasa. Apenas pude llegar a la casa caminando. Al colgar el teléfono. un beso. Logrando de esta forma que el control de la relación recayera en sus manos. La excusa del dolor de estómago era tan antigua como increíble. Y por otro lado. sino como un hijo. -Pero si tú sabes que en la calle venden pura basura. Y pásalo bien. lo que ciertamente agradó a Ricardo. Se había comportado como un verdadero caballero con ella. era el remedio para mantener un cierto equilibrio en la relación. se merece todo incluso antes de sus propias necesidades. -Si. Francisca tendría que comenzar a sentir que lo necesitaba.

Si él está contigo es una forma de demostrar respeto el que no se le olviden las cosas que son importantes para ambos. perdiéndose entre el tráfico endemoniado de la Alameda. Sin embargo. la ilusión de un futuro compartido. -Sabes mi amor. -¿Quién te dijo semejante estupidez? -Eso no importa. ¿o no es cierto que cuando no estás conmigo no lo usas? Ricardo fingió indignación. No quiero escucharte más. -¿Así que te encontraste con Rebeca el otro día en el centro?-quiso encarar Francisca a Ricardo pocos días después. y no tengo porqué estar de acuerdo contigo. De esta forma lo tenía al alcance por si la casualidad lo hacía encontrarse con ella. lo importante era que. Había. A mí me tinca que él es “como” turbio para sus cosas. Pero evitó darle demasiada importancia.Él es “como” despistado. ¿Pero cuál era la ilusión que fuera real en este mundo? Cuando no estaba con Francisca. Además no me interesa lo que él haga o no cuando no está conmigo. ¿Es verdad o no? -¡Por supuesto que no!-una lágrima recorrió presurosamente su cara. y desde ese punto de vista el asunto adquiría sentido. Francisca no habló más del asunto. Esto último fue lo que precisamente pensó Rebeca al encontrarse con Ricardo una tarde en el centro de Santiago. -Perfecto.Detrás de sus espaldas Detrás de sus espaldas para él no significaba nada. ya te pusiste a la defensiva de nuevo. Francisca la vio. Lo siento… Soy tú amiga. La versión que tuvo Francisca fue que el anillo de Ricardo se le había soltado y momentos antes de que él se bajara de una micro se había caído a la calle. Lo colgaba de una cadena que usaba en el cuello. Ayer tuve un día agotador… -No te creo. ¿o no? -Puede ser. Tiene una memoria pésima. No sentí el teléfono. Es problema tuyo. yo no me lo saco. Tenía que comenzar a actuar. -Ahí tienes pues. Lo había perdido jugando póker. te lo digo en serio. -Pero se le puede haber olvidado. Había que esperar un poco más. El es como despistado. para el resto del mundo femenino. eso estaba claro. Solo faltaban los grandes focos iluminándole la cara. Ricardo se sacaba el anillo. -No andaba con el anillo Francisca. 57 58 . de esta forma. Pero no estaba ahí. pero él no me ha desilusionado todavía. -¿Cuándo mi amor? Sabes que he andado con la cabeza llena de tantas cosas que la verdad no me acuerdo-respondió naturalmente Ricardo. ¿A ti se te olvida ponerte el anillo? -No. -Incluso le pedí a un obrero que había cerca que me prestara un chuzo para abrir una alcantarilla en donde creí verlo caer. Y no me gusta que me digan cosas que no me gustan. Aunque para él no estaba claro si lo había cambiado por cocaína o lo había apostado. Francisca quería creerle. Los recuerdos que tenía de la noche anterior eran poco claros. La argolla significaba que él supuestamente se proyectaba con Francisca. pero no podía. -Ah. Sin embargo una noche. Nunca se acuerda donde deja las cosas. él seguía siendo un soltero sin compromiso. -¿Dónde estuviste anoche? Te llamé a tu casa y no me contestaste. A lo sumo una extensión del plazo para tenerla junto a él sin que ella pusiera en duda sus sentimientos. estaba tan cansado que me quedé dormido. Pero las cosas todavía no iban tan mal como para utilizar ese recurso. Sabía que si lloraba conmovería el corazón de Francisca. . efectivamente Ricardo apareció sin el anillo. él es “como” raro. Ricardo estaba frente al comienzo de un exhaustivo interrogatorio. Y no te creo que el anillo se te haya caído. Pero para mí las personas que están de acuerdo con el “ojos que no ven corazón que no siente” se quieren bastante poco. Para mí que se te perdió cuando te lo sacaste.

Si todo resulta bien. -No te preocupes. De esas que solo se oyen cuando alguien es completamente feliz. A ella los ojos le brillaron como a una niña pobre recibiendo una muñeca que no se esperaba en navidad. Francisca. Fue mala suerte. -Por supuesto que lo voy a llevar. -Tengo que irme a vivir fuera de Santiago por el trabajole soltó sin introducción Ricardo. Francisca. Pero el ámbito que podían abarcar esos negocios era tan desconocido como amplio para ella. ¿no crees? -Claro. En los años que llevaban juntos Ricardo había sido incapaz de decirle con exactitud de qué forma se ganaba la vida. Sin embargo. Francisca esperó pacientemente a Ricardo. ya que nunca tenía dinero. Es más. Entonces se había equivocado al tratarlo de forma tan despiadada. -Yo tampoco. -Está bien.-dijo. -Te prometo que esta vez el anillo va pegado con la gotita en mi dedo. un año más tarde. A veces yo también me atraso. Por el momento. ¿Me perdonas? Ricardo la miró intensamente. se preguntaba cuál era ese trabajo. pero yo no te voy a dejar sola. Por favor. como pudo. Eran las seis y media cuando Ricardo llegó. -Es natural. -Pero Francisca. -Me voy a Puerto Montt. Ricardo se mostró compasivo. Se sentía bien. -Si Ricardo. por eso se me cayó…Lo único que espero es que no dudes más de mí. Escúchame mi amor. Es verdad que me sentí mal. Te lo juro que se me cayó. es lo único que te pido. mientras tú no tengas un anillo yo tampoco usaré uno. se lanzó hacia él y lo abrazó. pero Ricardo la cayó poniéndole un dedo en la boca. A pedido de ella se juntaron en el cerro Santa Lucía. No era conveniente a sus propósitos. no te hagas problemas con eso. Iba a decir algo más. -Disculpa la demora. Ahora ¿puedes irte? Tengo cosas que hacer. Trató de calmarla para que pudiera hablar.Detrás de sus espaldas Detrás de sus espaldas -Pues yo no sé…-le dijo a Ricardo con rabia en la mirada-. Y yo misma me voy a encargar de ponerle la gotita al tuyo. Ricardo podía ser traficante de animales o productor musical. no quiero que esto quede hasta aquí. Sin embargo. Es algo que no voy a hacer más. me equivoqué al dudar de ti. no me puedes hacer esto. ¿Me das un abrazo? -Y hartos besos también te voy a dar. “Mis negocios” acostumbraba a llamarlos él. Todo ese tiempo. Habían acordado reunirse a las cinco. Así nunca más se te cae. Francisca no se mostró sorprendida como lo esperaba Ricardo. ¿Aceptas llevarlo tú también? Francisca lanzó una hermosa carcajada. Luego ambos se pusieron mutuamente los anillos. confía en mí. Luego. -Entonces trata de que la buena te acompañe. no podía caer en la soberbia. Se los mostró a Francisca. pero también es cierto que yo fui descuidado con el anillo. Toma-le tendió el anillo de compromiso a Ricardo-. Ricardo comprendió al instante que la disputa la había ganado él. Y no tenía esperanza en que alguna vez él le fuera a devolver algo. del bolsillo de su chaqueta sacó una cajita con un par de anillos nuevos. sin previo aviso. -Está bien. voy a ahorrar lo suficiente como para volver a Santiago lo antes posible y me instalaré aquí con 59 60 . Ella no veía en él asomo alguno de maldad. ahí si que me matas. -Pero te noto triste. Se puso a llorar desconsoladamente. No hablaron durante una semana. A los pies del Castillo Hidalgo. lo que finalmente poco importaba. Salió del departamento de Francisca con rostro compungido. Probablemente lo que le contó que había sucedido con el anillo era verdad. -¿Tú lo harás conmigo también? Francisca asintió.Ya sabes. Ricardo no quiso seguir discutiendo. Francisca se cuestionó el haber sido demasiado dura con él. esbozó la primera frase: -Es que me siento horrible por haberte tratado tan mal. Francisca ya había perdido la cuenta de las veces en que le había prestado. porque si lo haces. Ricardo no podía ser tan mentiroso. Estaba arrepentida. pero ¿sabes?.

¿Y es necesario? -Absolutamente. Desde hacía tiempo se venía cuestionando la posibilidad de casarse con Ricardo. entiéndeme. de esa forma te compadecerá y creerá que te quiere aún más. lo tengo claro y te lo agradezco. Una vez más le abría las puertas del cielo para disfrutar. Ricardo se fue a Puerto Montt sin boleto de vuelta. Para ella todo se había enfriado. y que sin duda se haría más fuerte a medida que el tiempo pasara. Prometió a Francisca devolverle el dinero que le había prestado para comprar el pasaje en cuanto pudiera. Ricardo conocía bien a Francisca. aunque se consideraba una mujer enamorada. -¿Cuándo te vas? -La próxima semana. En el bus iba relajado porque no tenía preocupaciones mayores.Detrás de sus espaldas Detrás de sus espaldas camas y petacas… y por supuesto que nos vamos a casar cuando vuelva. Ella pensaba exactamente de esa forma. Sin embargo. Sin duda el de arriba lo tenía bien considerado. Había hecho bien en ahorrarlo. La tercera ley del maldito era clara: pídele dinero a tu mujer aunque no lo necesites. Es importante para mí lograr mi independencia económica. al poco tiempo Francisca iba a conocer a Enrique. -Sí. No era que no lo amara. ya había entablado conversación con una hermosa mujer que también tenía por destino Puerto Montt. voy a tratar de hacerlo. -Gracias mi amor. Y mientras tanto Francisca en Santiago aprendería a extrañarlo. sabía que iba a contar con tu apoyo. 61 62 . pero podía deberse a un natural apaciguamiento del amor. y por lo tanto nunca miraba a otros hombres. -Tú sabes que te puedes ir a vivir conmigo si lo quieresdijo Francisca tratando de no presionarlo. Francisca asintió sin convencimiento. Ese amor que por cosas del destino tendría que superar la dura prueba de la distancia. sino que la idea del matrimonio ya no la entusiasmaba como antes. Y por otro lado. pero necesito lograr estabilizarme por mis propios méritos. ¿Qué había sucedido? Concretamente no lo sabía. y además tenía los bolsillos llenos del dinero que Francisca le había prestado durante todo ese tiempo. -Está bien. Y también le aseguró que la llamaría constantemente. Es como un reto. Por favor. Ya no se divertía pensando en el vestido de novia o confeccionando una posible lista de invitados. lo soñaría todas las noches y su existencia giraría en torno a ese inconmensurable amor que sentía por él.

Enrique se sobó las manos como lo hacen las moscas cuando se imaginó todas las posibilidades que se le abrían para molestarlo una vez dentro de la sala de clases: arrojarle el borrador impregnado de tiza. Para empezar. -Pensé que te habías retirado-le dijo con una sonrisa amistosa. ponerle un alfiler en la silla. y se transformó en un ferviente seguidor del rock pesado. Pero un acontecimiento inesperado vino a cambiar todos los planes de Enrique: por una disposición del profesor jefe tuvo que sentarse en el mismo banco que Alberto. No obstante. sacarlo de sus casillas de una buena vez. Pero rápidamente se olvidó del gigantón y encontró otro conejillo de indias con el cual entretenerse. usando un jopo al estilo de los años sesenta. esta característica de su personalidad le jugaba en contra. Cuando Alberto desapareció del liceo. “Y prepárate”. puesto que el único interés de Enrique era provocarlo. En el transcurso de los años que compartieron en el mismo curso Alberto se le reveló a Enrique como un ser complejo y contradictorio. -Sí. los alevosos escupitajos arrojados desde el tercer piso mientras él conversaba con alguna compañera o los certeros pelotazos que le llegaban cuando menos se lo esperaba. siguiendo todos sus movimientos en busca de la oportunidad para hacerlo enfurecer. -Tuve hepatitis-le dijo Roberto estrechándole la mano-. a Enrique le parecía curioso que ese gigantón (con los años Enrique lo alcanzaría en estatura pero nunca en envergadura física) que usaba un peinado anticuado no lo matara cada vez que tenía oportunidad de hacerlo. o dibujarle en el cuaderno los enormes sexos eyaculando en los que se había especializado durante el verano anterior. escuchando ese tipo de música en clases y llevando poleras de Iron Maiden o Slayer debajo de la camisa blanca del uniforme. Como resultado de esta cercanía terminaron conociéndose y trabando amistad. cuando llegó al curso dejó de usar gomina.Detrás de sus espaldas Detrás de sus espaldas 5 Enrique y Alberto se conocieron en el liceo. y para lograrlo siempre estaba alerta. Por lo mismo para Enrique no fue tan fácil seguir con su hostigamiento puesto que no era lo mismo molestar a un completo desconocido que a alguien a quien se le comenzaba a tener afecto. luego de molestarlo junto con otros compañeros porque Alberto se peinaba con gomina. Enrique decidió entonces ir a darle la bienvenida a Alberto. muy rápido como para darle alcance cuando Enrique arrancaba de él en los recreos. Alberto no era rencoroso. Incluido en todas las listas negras y amenazado por los más connotados matones cada fin de año. cuando le llegó el rumor desde atrás en la fila que Alberto había aparecido nuevamente y que se había formado junto a ellos. Y veo que vamos a ser compañeros. por eso olvidaba todas las ofensas. quien se enorgullecía de ser uno de los estudiantes más odiados del liceo. Lo curioso para Enrique era que en cualquier instante Alberto podía detener la cinta que estaba escuchando y cambiarla por una con los melancólicos 63 64 . Enrique tuvo un pequeño trance de arrepentimiento porque pensó que había sido su culpa. Lo primero que supo Alberto del que posteriormente sería su amigo fue que Enrique corría rápido. La sorpresa la tuvo Enrique el primer día de clases del año siguiente. Fueron muchas las ocasiones en que Alberto lo tuvo a su alcance. pero nunca lo hizo volar de una patada en el culo como se lo prometía cada vez que lo perseguía por los patios. Alberto era la entretención de Enrique. se dijo para sí Enrique mientras volvía a tomar su posición habitual en la fila. -¡Métete la gomina en el culo!-era lo más suave que Enrique y sus cómplices le gritaban a Alberto mientras zigzagueaban por los pasillos del liceo para cansarlo y hacerlo desistir de la persecución.

La misión de Enrique era la de estar al lado de Alberto. y aunque no comprendió en nada la obra de su compañero. hasta que en el último consejo de curso que presidió dejó constancia en el pizarrón que desde ese momento comenzaba con sus votos de ascetismo para desatar la revolución cósmica de la nueva era. es tal la intensidad de sus solos con el saxo alto que te puede reventar el estómago con una nota aguda. los cuales animaba Alberto. Lo seguía donde fuera: en las protestas por el alza del pase escolar era su escudero y lo prevenía de los furiosos chorros que los carros lanza aguas vomitaban cuando las protestas se transformaban en infernales batallas contra el orden establecido. Las manzanas caen. Dejó de hablar con la mayoría de las personas y se lo vio vagando por los pasillos del liceo recitando en voz alta largos párrafos de libros de autores desconocidos. y disfrutar de esos aburridos vejestorios como si fueran algo sublime. las ciencias ocultas y el esoterismo. Tocando el saxo tenor o el barítono su libertad es suprema. el sonido de su trompeta es de una perfección glacial. siempre consideró un privilegio leer esos papeles garrapateados con la letra gruesa y desordenadamente rabiosa de su amigo. En un comienzo estas herméticas respuestas desconcertaron a Enrique. Alberto también era poeta. un señor que al oírlo sabes que tiene todo absolutamente controlado. Escribía complejas odas dedicadas al ocio o la desventura. -¿Qué mierda es eso?-le preguntaba Enrique cada vez que veía a su amigo postrado en cama. Fue así como Alberto decidió renunciar un día a todos los tipos de presidencia que ostentaba en el liceo pretextando obligaciones de mayor trascendencia. los que blandía como las tablas de la ley cuando los alumnos de cursos menores se acercaban para reírse de él. Alberto siempre lograba escapársele de las manos. No se puede participar de ella sin autodestruirse. las que luego quemaba porque su exigente conciencia literaria las consideraba indignas de ser vistas por algún otro ser humano. Y John Coltrane es el delirio en su máxima expresión. las oficiaba de productor general y manager.Detrás de sus espaldas Detrás de sus espaldas nocturnos de Chopin. tienes el cielo condensado en un minuto. y de un momento a otro lo desautorizaba o tomaba decisiones sin aceptar ningún tipo de reparos. Además Alberto enloquecía con el jazz. en los festivales musicales que realizaba el centro de alumnos. y del cariño innegable que Enrique le tenía. no dejando que nadie se acercara a su amigo sin antes haber hablado con él. Enrique consideraba a Alberto como el hermano mayor que nunca tuvo. en las elecciones de presidente de curso era su jefe de campaña. Lo primero es lo primero. Todos estos extraños comportamientos fueron la antesala de su renuncia total a los asuntos mundanos. -Con Bird…-trataba Alberto de darle nociones a Enrique-también conocido como Charlie Parker. Enrique trató de disuadirlo. y esperando una respuesta satisfactoria que lograra conciliar el aparente estado de purificación con las parrandas interminables a las que se sometía Roberto como si de una autoflagelación se tratara. como la casa de superman en el ártico. prestándole improvisadas asesorías comunicacionales y estratégicas. Enrique alcanzó a leer algún soneto revelado por su amigo al calor de unas cuantas cervezas. De esta forma Alberto se alejó de los círculos donde se tomaban las decisiones y se recluyó en un ostracismo inexpugnable. Pero a pesar de esta cercanía. las sonatas de Beethoven o El Titán de Mahler. El cielo no es azul y en el principio todo fue denso. Pero a medida que el tiempo transcurrió y fueron dejando de lado las obligaciones escolares para comenzar a pensar en una profesión. Puede que si te atreves a escucharlo quedes como esos tipos que no logran volver nunca de sus viajes en LSD. 65 66 . Miles Davis es como el Bach del jazz. casi en estado de coma por haber bebido tanto la noche anterior. y lo bautizó como “El Picasso” sin tener la más mínima idea de lo equivocado que estaba. Alberto terminó con las ambigüedades y le confesó a Enrique que su destino estaba en la parasicología. Así como es arriba es abajo. y la cumplía con ferocidad. -La revolución cósmica de la nueva era es “El Estado Máximo”. pero recibió como respuesta un irrefutable “el poder es destructivo y corrompe las almas” por parte de su amigo.

Enrique lo miró desconcertado. o sintiendo que hay una pregunta que siempre ha quedado sin respuesta. pero si tu problema es que te sientes mal por el escándalo que te hizo tu mujer. porque te obliga a pensar. y segundo porque es absolutamente válido que no quieras repetir una experiencia.Detrás de sus espaldas Detrás de sus espaldas -Te vas a morir de hambre-le decía temeroso Enrique. -Francisca…-dijo como disculpándose. Enrique pudo ver una vez más en la cara de Alberto la mueca de desagrado que le producía escuchar el nombre de ella. A pesar de que ya no estaban cerca producto de las obligaciones universitarias de Enrique. -Dígale que pase-le dijo Alberto a su secretaria. o de sus lecturas interpretativas del Demian de Herman Hesse. pero no lo reconocían de manera explícita. Ambos sabían que cuando se juntaban era para resolver algo. y parece tener mucha fuerza. y luego que los ímpetus adolescentes lo abandonaron desistió de la fundación de su propia religión y junto a otra gente creó un Instituto de Estudios Parasicológicos gracias a los aportes económicos que gobiernos extranjeros reservaban para gastos de ONG. ¿cómo mierda te lo explico? -Como mejor puedas. El tenso juego del tira y afloja era uno de los rasgos característicos de su amistad. “¿Qué es la vida?” “!La más tremenda pregunta que un ser humano se puede hacer es esa-continuó Alberto. ¿Qué es la vida? Y si te la repites. -Lamentablemente no voy a ser el único en este mundocontestaba Alberto con tristeza. estás equivocado.. Cuando yo me he hecho la pregunta siempre he terminado cansado. Está más que claro aquí dentro-Enrique se apuntó la cabeza. Viene de adentro. Sin interrupciones contó a Alberto la historia del juego. y pensar nunca ha ido de la mano con pasarlo bien. buscaban desesperadamente respuestas. El asunto va más allá. su respuesta. Alberto estaba sentado en su oficina cuando le avisaron que Enrique estaba esperándolo. ¿Qué es la vida? ¿Qué es la vida? Todos los libros que se han escrito en este mundo no hacen más que ocultar detrás de una montonera de palabras innecesarias esta terrible pregunta. como si fuera el padre de su amigo y Alberto le hubiera dicho que quería dedicarse a las artes o alguna otra profesión sin futuro económico. el llanto de Francisca. -Elige-dijo Alberto. de sus auditorios cada vez más poblados de gente joven que.Y no es fácil. Con el paso del tiempo Enrique comenzó a ver en Alberto a un hombre que algún día alcanzaría la sabiduría. Finalmente Alberto se radicó en Santiago. Muy pocos son los que terminan la vida con ganas de repetirla. Es lo normal. en este caso la de vivir. Imagínate lo absurda 67 68 . -Si eso lo sé. -Pero todo el problema no es más que una huevada-dijo Alberto riéndose a carcajadas-. -Perdiste. y de todos los esporádicos trabajos que desempeñaba para ganarse a veces la estadía en alguna posada de un pueblo perdido. Tú hablas. Primero porque te manipuló y te hizo sentir culpable. -No es precisamente por ella…pero tiene que ver. su silencio castigador.. Son como el agua y el aceite. -Pero yo nunca había sido tan pesimista. Alberto lanzó una moneda al aire. -Ahora lo estás siendo porque en alguna parte de ti estás pensando. Luego de saludarse efusivamente estuvieron callados por más de quince minutos. salió sello. Alberto tampoco quería preguntarle.-Pero parece que no me escuchaste bien todo lo que te dije. Si te pegas en un dedo con un martillo. -Cara.. siempre había unos minutos en los cuales se reunían y Alberto le contaba de sus aventuras en El Valle del Elqui. Todo por una posibilidad. como él. Enrique no sabía como decirle a Alberto la razón de su visita. cada vez se va haciendo más grande y terrible. Enrique se rascó la cabeza en señal de incomodidad. ¿quieres hacerlo nuevamente? Yo te garantizo que si hacemos una encuesta a nivel mundial más de la mitad de la población piensa como tú.

Yo era un operario a cargo de la máquina de la “vida o el silencio”. -¿Y tiene respuesta? -Yo creo que si alguien llega a obtener la respuesta esto se acaba. Nuestras limitaciones son tan tremendas que a mi me indignan. En realidad sólo estaba entusiasmado escuchándome: pontificaba desde mi púlpito imaginario. En otras oportunidades el ciclo no se completa. trabajar y morir. Yo era el encargado de preguntarles a las almas que llegaban si querían volver a vivir o si bien preferían el “silencio eterno”. -Bueno…la verdad es que el tipo ese fue sabio. a nuestro entendimiento. en realidad estoy complicado. si venimos aquí por azar. En cuanto a mí. así se llamaba. y hay quines nacen y mueren. al peo. Me sonaba bonito lo que estaba diciendo. después de ese túnel. cuando el tipo obtiene la respuesta comienza a expandirse por lo tremendo de ella y luego explota desencadenando una reacción destructora inconmensurable. un estado de eterno descanso en donde las almas ni siquiera soñaban. Fue en un sueño. ¿Has pensado en la nada alguna vez? -No. y cuando te vayas de aquí no te voy a dar una galletita para que te sientas mejor. Nadie puede vivir sin ningún sentido. Todo lo que puedo decirte es que lo que ha logrado la humanidad como especie es muy poco. El que se la hace pierde la inocencia. -¿Y la nada? -No nos compliquemos con asuntos que no nos interesan. Mi función era la de pagarle una patada en el culo a los que venían llegando del túnel de la luz. Yo no tuve filosofía contigo. A fin de cuentas nadie sabe nada de nada. -Y están en su derecho. Eso es lo que ha hecho la humanidad a lo largo de toda su existencia: inventarse posibles razones que sirvan para no pensar que esto no es más que una estafa. ¿Para qué complicarse? Pero si llegan a hacérsela una vez. ese que los que han vivido experiencias cercanas a la muerte dicen haber visto. El que ha leído eres tú. sino toda especie de vida. no solo seres humanos. el de la apología? -¿Sócrates? -¡Ese mismo! -¿Sólo sé que nada sé? -¡Eso! Yo no sé nada de estas huevadas. Picasso dijo: si no existe Dios. Sus últimos segundos serían como los de una estrella que llega a su fin. No se vuelve atrás. todo lo que puedo haber leído no me hace mejor que tú…como ves sigo siendo un ser humano con fantasmas y cargas que me tienen estancado en un fangal del cual no he podido salir… Y por último. Pero me parece que yo antes sentí una sensación que puede acercarse a lo que te está pasando. Pues bien.Detrás de sus espaldas Detrás de sus espaldas que es la vida.” -Pero hay quienes la aman incondicionalmente. si nacemos porque sí. ¡Yo no sé nada! ¿Cómo decía este huevón…el que tomó cicuta. Ese es el curso normal de la mayor parte de las vidas. hay que inventarlo. es su opción. “No sé…-continuó.” “Nacer. pero si hubieras estado conmigo en esa clase hubieses visto lo patético que puedo llegar a ser en algunas áreas de la vida. en el que se escuchan dulces voces. se llegaba en mi sueño a la máquina de la que te hablo. Yo me lo imagino al tipo que obtiene la respuesta como una gran bomba que haría estallar el universo. es decir. Y chao todo… Alberto dejó unos segundos que sus pensamientos se ordenaran. por eso vine a verte. esto no es más que una estafa. Imagínate lo injusta que es con quienes la realizan. -¿Y adonde querías llegar entonces? -No sé…estoy medio perdido en esto. crecer. 69 70 . pero no era importante llegar a ese punto.¿Te fijas que en el fondo preguntarse qué es la vida no es más que preguntarse por la utilidad de ella? Si no sirve para nada. Esta pregunta es la manzana de Adán mi amigo. me parece. yo no doy para tanto-dijo riéndose EnriqueAcuérdate que soy limitadito para estas huevadas. una opción positiva desde mi manera de ver. Todo lo que se ha logrado en siglos de pensamiento son sólo aproximaciones a una Gran Verdad que está vedada. están cagados. Nadie puede vivir sabiendo que la nada es real. no soy un oráculo. Su imagen de la destrucción del universo lo tenía un poco mareado.

Seguían prefiriendo el silencio eterno. un activista de la causa. No se cuestionaban las órdenes. dale nomás. Pero sigue escuchando. -¿Y qué pasó? -Sucedió que el número de almas que elegían el silencio eterno comenzó a superar por paliza a los que elegían vivir nuevamente. que es donde yo trabajaba. y una vez que habían elegido. La gente que muere de manera horrible debiera llegar a ese estado-dijo Enrique. Además. se las cumplía. yo les pedía que se colocaran delante de la puerta acantilado. ¿quién no ha soñado huevadas en su vida? ¿Lanzas la primera piedra? -Ya. pero sin palabras. pendiente del relato. Todavía no sé adonde me quieres llevar. y les pegaba una patada memorable en el culo para que se lanzaran al abismo que habían elegido. Es una vieja historia. Probablemente a todos se nos pregunte. Ya la cosa comenzaba a ponerse dudosa. era la del libre albedrío. ¿A ti te preguntó alguien si querías vivir? No. -Inefable. existían reglas: ya sabes que Einstein dijo que Dios no juega a los dados. ¿Qué sucedió? Llegaron órdenes superiores que señalaban que había que “comenzar a sugerir” a las almas que optaran por la posibilidad de volver a vivir. -Que bienvenida más dulce. Abandoné el trabajo y me convertí en un revolucionario. la primera. Siguiendo con el sueño. Tú llegaste aquí y listo. -Me estás hueveando-dijo Enrique. La verdad es que yo no sé explicarme a mí mismo las cosas que me pasan. lo importante es que tú ahora estás sintiendo que no es dignificante para el ser humano que no pueda elegir si quiere la vida o no. en mi sueño surgió un líder. una de esas reglas. Debía cumplir órdenes. Pues bien. -Pero si es lo lógico. Los débiles se rebelan contra el abuso de poder. Entonces las instrucciones se hicieron cada vez más imperativas. pero yo conocía el funcionamiento del cielo a la perfección. las almas comenzaron a hacer sentir la indignación que las embargaba por que no podían hacer lo que querían. En el cielo. pero ¿no sería más honesto que lo supiéramos? Yo no comprendo porqué uno no tiene memoria salvo hasta los dos o tres años. yo les preguntaba por su decisión. como en todas partes. ¿Qué maravilloso no? -Suena bastante bien. Y sabía que para que esa regla se pasara a llevar algo no estaba funcionando muy bien… “¿Y qué crees que las almas escogían?-continuó Alberto después de un corto silencio-. ¿Hay moraleja en todo esto? -Ríete nomás huevón. Cabe la posibilidad de que no nos acordemos de esa parte. -¿Y en dónde supuestamente tú sentiste algo parecido a lo que yo siento en este momento? -En mi sueño yo sentí indignación porque no se permitía escoger. No necesito contarte el final del sueño. Finalmente se llegó a prohibir la posibilidad del silencio eterno. -¿Y cuál es la razón para corregirme. la más absoluta. ¿No crees? -Puede ser. -Totalmente de acuerdo. una especie de entrada a un hoyo negro. No me preguntes cómo. Pero puede ser que yo haya sentido lo que tú me has explicado. las almas llegaban.Detrás de sus espaldas Detrás de sus espaldas sólo tenían la dulce conciencia de estar descansando en paz. que las almas llegadas del túnel comentaban era de exclusiva confianza del de arriba. si me entendiste? 71 72 . Las reglas no las hacía yo. Y como siempre. sólo como un sentimiento que no se puede explicar. -¿Qué significa esa huevada? -Que no se puede explicar con palabras. La apreciaríamos más. Pero como te decía. el que comenzó a agitar las aguas para que se oyera el clamor de las pobres almas. Pero era un simple funcionario.” -¿Y qué pasó contigo? -Yo no estuve nunca de acuerdo con que se prohibiera la posibilidad de elegir. Cuando las almas se enteraron que no podían optar por esa alternativa. yo sólo era un operario en la cadena del orden divino. -A mi no me juzgues. Y tampoco sé porqué llegué a ocupar ese puesto. Creo que si supiéramos que hemos tomado la decisión de vivir seríamos más responsables de la vida que llevamos. Yo decidí seguirlo. si has vivido con las antenas paradas en este mundo ya sabes lo que ocurrió. El cielo era como estar en la milicia. comenzó la rebelión en el cielo.

73 74 . se terminan. la pregunta queda sin respuesta. -Pero los sentimientos no se controlan. de ver la situación con perspectiva. -Puede ser. como tú digas. -¿Has escuchado el álbum S&M de Metallica? El que hicieron con la sinfónica de San Francisco-le dijo a Enrique. Pero su renuncia a la búsqueda no había sido radical. Pero Hetfield se tiene guardada la verdadera pregunta. Tú ya no amas a tu primera polola. Alberto se dijo que sus pensamientos seguían provocándole curiosidad. ¿Cómo se siente estar vivo? Es lo que nos hemos estado preguntando toda la tarde. ¿Qué fue lo que hiciste? De una u otra forma tu persona fue recibiendo información que te hizo comprender que el destino tenía la razón. aunque fuera de una forma poco sistemática. Es así. los seres humanos. Todavía le animaba la sensación de ir más allá en la búsqueda de respuestas. ¿Cómo lo sientes tú? Enrique hizo pfffff con su boca. todos responden eufóricos que sí. eso. quería saber más.Detrás de sus espaldas Detrás de sus espaldas -Escúchame. Cuando Enrique volvió de la cocina. Como siempre. tratando de dar a luz la verdad. Alberto se había declarado un buscador de la verdad. se abría a la posibilidad de especular. con el paso del tiempo se había desilusionado. la que introduce el apoteósico final del tema: How does it feel to be alive motherfuckers?! Luego todos se vuelven locos. James Hetfield le lanza una gran pregunta al público: Are you alive? Con el frenesí que se vive en ese momento. Observando las argollas que hacía con el humo. llegar más lejos. Sin embargo. tuviéramos más información acerca de lo que es esta experiencia existencial. Fito Páez dice en al Lado del Camino que vivir atormentado de sentido es la parte más pesada… En ese momento se produjo un nuevo silencio. Estoy de acuerdo en que somos imperfectos. Sin embargo. había dejado de creer en quimeras. lo que a él lo motivaba era investigar. como en esa ocasión junto a Enrique. ¿cómo se llamaba? Patricia.” “Por eso me indigna no saber si esto tiene algún sentido. Eso es lo que nos hace mejorar. Nada más lejos de los gustos musicales de Enrique que el rock. sé lo que sufriste cuando esa relación se terminó. no obedece a simple pedantería. En la adolescencia. -No. no dejar que las cosas se estancaran. Te dio la posibilidad de pensar. en palabras que te darían un cierto orden mental. pero para superarse uno siempre necesita de mayor información. Como te conozco. si tú manejaras el significado de las palabras. es la verdadera música de las esferas. pero que no te explicas. pero algunos son perecibles. Esa verdad inalcanzable y por lo mismo seductora para un espíritu ingenuo como el suyo. pero encendió un cigarrillo. y aunque no fuera muy provechoso. el último tema del álbum. Alberto estaba silbando. y el sentimiento que profesabas fue perdiendo fuerza hasta desaparecer… “En fin. aunque de pronto sin percatarse incurriera en sofismas patéticos. el público grita y los músicos dejan la cagada con su interpretación. Enrique se levantó y fue a la cocina del instituto a buscar una taza de té. tu pensamiento podría traducir el sentimiento que te agobia. de ordenar. ¿A qué viene la pregunta? -En Battery. indudablemente. -Seguro. Pues bien. como un bufido de toro enfurecido. Un ingeniero tiene más información en cuanto a números que la que tiene un historiador. siempre que la oportunidad se presentaba. romper marcas. ¿Pero a quién le hago el reclamo? -A la FIFA. Yo creo que el ser humano se merece más de lo que tiene. Si lo piensas bien verás que estudiar no es más que obtener información y aplicarla en distintos ámbitos. Alberto no quiso que su amigo le sirviera una. lo que quiero decir es que si nosotros. -No son tarros huevón. Pero el tiempo hizo lo suyo. sabes que los tarros nunca me han gustado. provocar movimiento en su mente. de practicar la vieja mayeutica de Sócrates. y se había vuelto un escéptico. Un cirujano maneja información que un mecánico de autos no. esto sería mejor. -Bueno.

las otras son sólo capillas. Ensayo y error mi amigo. Da lo mismo que tú hayas sido un ángel del cielo con ella. también puedes sentir miedo por algo. es lo más normal en los tiempos que corren. Cupido no existe. Es todo una cuestión de azar. La vida tiene sus huevadas buenas. “Nadie la pasa todo el tiempo mal. Su rechazo me hace mal. tenemos la suerte de no haber sufrido demasiado.Detrás de sus espaldas Detrás de sus espaldas -La verdad es que siento que no me gusta. ¡pero de verdad! Me lo merezco. creer que todo puede mejorar es lo que te ayuda a vivir. porque nos sobra tiempo para pensar huevadas. pero yo no lo creo. Sin embargo había respetado siempre su decisión de compartir la vida con ella. Ya lo dijo Buda: La causa del sufrimiento son las construcciones mentales”. le he dado muchas huevadas. ¿olvidaste todo lo que pasaste con ella antes de casarte? ¿Confías en ella? ¿Nunca has pensado en la posibilidad de que ella tenga amantes. cosa que no es cierta. Es como si tuviera la esperanza de comenzar de nuevo con ella. puedes estar deprimido. -Ya. cuando ando de buenas. Nunca hemos pasado hambre. es que lo que más me ha turbado todos estos días ha sido la actitud de ella. Comenzaste hablándome de tu señora. Perdóname que te lo diga. ¿Puede ser tan injusta esta huevada? -Amigo mío la vida no tiene nada de romántica. me siento un paria sin lealtad por nada. ¿pero es eso importante? Quiero decir.Yo quiero que ella alguna vez me ame. nunca hemos sentido frío. si la mujer no te ama a la primera no lo hará nunca. Antes ni siquiera lo pensaba. -¡¿Yo deprimido?! ¡Esa huevada es de minas! -Bueno. A mí por ejemplo. nos ahogamos en un vaso de agua. Son mis pequeños minutos de felicidad y los vivo lo más intensamente que puedo. Y no sé porqué no me gusta la vida. según mi parecer. Se supone que uno debe apreciar la vida ¿no es cierto? -Es la postura más sana. Tener esperanzas. -¿O sea que estoy puro hueveando con todo esto?-dijo Enrique. me da por agradecerle a la vida un buen plato de comida. Sabes perfectamente que soy un cobarde. Francisca… Enrique sabía que Alberto no la soportaba. -Yo no entiendo como puedes guardar cariño por ella. Y a ti. la inseguridad también te caga la cabeza. Me siento como un traidor. -La verdad es que tu capacidad para hacerte huevón a ti mismo es insuperable. no había manera de hacerlo. ¿Pero hasta qué punto habían compartido realmente todos esos años en común? Era difícil precisarlo. Sufrimos de huevones. Eliges bien o mal. ¿No estarías mejor solo? Enrique miró con enojo a su amigo. Me provoca tristeza el sentir de esa forma. o de que siga viendo al huevón que estuvo antes que ti con ella? -Ella me juró que lo había borrado de su cabeza. y me siento mal por eso. he estado con ella siempre. -¿Y qué hay de tus amantes? -Francisca sigue siendo la Catedral. -¡Pero entonces ándate con otra mujer! -¡Es que no es esa la solución!-Enrique parecía estar fuera de sí. ¿Y ese miedo que sentía al pensar que Francisca podía abandonarlo? ¿Seguía enamorado de ella? -La verdad Alberto. la elección se te dio fallida. Es decir. -No le pidas peras al olmo. o escuchar a toda raja Fade to Black en vivo o Spideman por los Ramones. pero hasta el momento no has dicho nada más. pero hay algo que aún me hace creer en él. no vivimos en la calle. -Es la madre de mis hijos. así es la cosa. -Es una de las posibilidades. hice mi vida para que calzara con la de ella. Pero también puede ser que tu situación actual sea la manifestación de algo que yo ni tú podemos apreciar con claridad. y que los cobardes no nos atrevemos a estar solos. Y si miramos nuestras vidas. No sé…es algo que no se puede entender solo por la razón. ya dijiste que estabas triste. te aseguro que no son las peores. Es cierto que nuestro matrimonio no es el mejor ni tampoco creo que estemos enamorados el uno del otro. lo inventaron para echarle la culpa a alguien cuando queda la cagada y todo se acaba. 75 76 .

está bien-dijo en tono conciliador. -Entonces no te vas a tirar de un décimo piso. Francisca anda en el norte tomando unas fotos. Gracias por escucharme. Varias veces se había preguntado por qué la mayor parte de las personas se tomaban tan a pecho la defensa del amor como un hecho ajeno a la voluntad.-¿Qué vas a hacer? -Por eso no te preocupes. Y también te quiero ofrecer disculpas por haberme alterado. Menos a una que no parece querer que lo hagan… A Enrique le molestó el comentario de Alberto. pero abrió los brazos para estrechar a su amigo. -¡Contéstame de una vez!-insistió Enrique. No tengo la menor idea de cómo conquistar a una mujer. no andas tan lejos de mi propia percepcióncomentó Roberto riéndose. -Bueno. De pronto Enrique se levantó de su silla y fue a abrazar a Alberto. ya sé perfectamente lo que tengo que hacer. ¿Qué perdían si aceptaban esa “posibilidad”? ¿La inocencia? ¿El romanticismo? ¿La belleza? ¿La magia? Finalmente decidió contestar con una pregunta: -¿Cuándo uno sabe que está enamorado? -¡Ves! ¡Yo sabía que estabas hablando sin conocimiento de causa!-Enrique comenzó a golpearse con el puño el corazón. -Tibio. 77 78 . súbitamente se sintió mejor.Detrás de sus espaldas Detrás de sus espaldas -¿Te estoy entendiendo mal. -¿Y ahora qué te pasa? -Nada…es que estaba pensando que hace un momento parecíamos minas hablando del amor…Quiero decir que es natural sentirlo. ¿Qué harás con respecto a lo que te pasa? -Te repito: yo quiero que ella me ame de verdad. para que fraguara de la mejor forma las respuestas a sus interrogantes. estaba bien. Y tampoco sé si estoy en lo cierto cuando opino que uno elige a quién amar. Porque eso era lo que provocaba la afirmación: discusiones apasionadas en las que generalmente Alberto terminaba siendo declarado un demente. -Como estoy ahora si lo hago lo más probable es que termine volando. ¿Alguna vez te enamoraste?-lo encaró ¿Qué podía contestarle a Enrique? Si le decía que no. si le decía que sí. No quería preguntarle qué estaba pensando. Roberto vio en la expresión de Enrique la misma consternación que había visto en otras personas con las que había conversado anteriormente del tema: parecía ser que la posibilidad de elegir enamorarse de alguien era más terrible que pregonar una herejía.-Cuando uno está enamorado se sabe aquí. pero para mí no es como normal hablar de estas cosas. Había que dejarlo tranquilo. ¿Qué era eso? ¿Romeo en los tiempos de Al Qaeda? Alberto hizo un ademán con sus manos para que Enrique se detuviera. no era como para querer repetirlo. A Alberto le parecía desmesurada y previsible la reacción de Enrique. Enrique se levantó furioso de su silla. tibio. -Tú estás absolutamente loco. Te lo doy. o es que tú crees que uno elige enamorarse de las personas?-preguntó Enrique. Lo que aquí en este momento importa eres tú. No era muy difícil ponerse en ambos casos dada la experiencia que había tenido en anteriores discusiones. entonces Enrique le diría que no estuvo enamorado de verdad. él le diría que no tenía derecho a hablar del amor.-Yo no sé si alguna vez me he enamorado. Sin embargo. Alberto lo miraba con curiosidad. No era que no quisiera vivir nuevamente. -Déjame adivinar: yo era un ser humano de mierda. -Está bien. no era que no le gustara la vida. Enrique soltó una carcajada. más amargo que un limón y con el alma podrida. Tengo el fin de semana para pensarlo bien. claro. Estuve a punto de decirte un montón de huevadas que no correspondían. Este se sorprendió ante la inesperada muestra de cariño. y una sonrisa se dibujó tímida en su cara: sin esperarlo llegó a concluir que su problema había sido plantear mal el problema. -Pues yo no tengo nada que decirte al respecto. Si Enrique no quería hablar más. Y vivir de esa forma. sino que se sentía frustrado al pensar que Francisca no lo amaba.

era difícil diferenciar. Podía ser la úlcera. -En realidad. Pero bueno. Francisca pensó que era atractivo. Entre estos pensamientos. Pero ya lo había sido en otras ocasiones. De seguro estaría mejor con otro. por eso corría cuando él la llamaba. ¿Cambiaría alguna vez? Francisca creía que aún era posible. Bien vestido. el colon o la gastritis. dicen que a los locos hay que dejarlos ser. Agitando una revista. los zapatos le brillaban y no parecía tener un anillo en la mano izquierda. 6 En el momento que Enrique salía de la oficina de Alberto. Ricardo no podía ser tan mala clase. -Que sería del mundo sin nosotros los locos-le dijo Alberto antes de que Enrique se fuera. de pronto se percató que a un par de metros en frente de ella había un hombre que la miraba fijamente. “Pero va a tener que darme una buena explicación este maldito”. Por un instante pensó en la cantidad de hombres que ella podría haber tenido de no haber estado con Ricardo. Para colmo el imbécil no le había dicho desde qué parte de Europa venía. En todo caso el que más habló aquí fui yo. Buscó un lugar para sentarse sin perder de vista la salida de los pasajeros. y Ricardo aún no aparecía. ¿Entonces por qué no lo hacía? ¿Por qué no se acercaba al tipo y le hablaba? Cada vez que salía a la calle había 79 80 . se repetía insistentemente. ¿La dejaría esperando nuevamente? ¿Cuántas veces lo había hecho? Sintió un malestar en el estómago. De su cartera sacó una pastilla y fue a un restaurante para tomarse un agua mineral. Francisca completaba más de dos horas mirando hacia la puerta de salida para los pasajeros de los vuelos internacionales. pensaba. chileno como ellos. que venía desde Europa a visitar el país después de un años lejos. combatía el calor que reinaba en Santiago. y en lo estúpida que había sido todos esos años. Un hombre con el cual ella se pasearía orgullosa tomada de la mano. por lo que ya llevaba varios bochornos al preguntarle a distintas personas si ellos no habían conocido en el vuelo a un tal Ricardo Plaza. Francisca no sabía qué pensar.Detrás de sus espaldas Detrás de sus espaldas -Cuando quieras.

Fue en ese momento en que el hombre se levantó de su asiento y caminó hacia ella. que aún no se había alejado de ahí. -Sí. girando alrededor de ella. aparte de la de clase. Si ellos supieran que una de las cosas que más le agradaba en la vida eran las obscenidades provenientes de una boca con alcurnia. Francisca era capaz de desvestirse en plena vía pública si un hombre vestido de traje Armani se lo pedía. Y de algo más por supuesto. Comenzó a subirse las mangas de la camisa para golpear al hombre. comenzó a sentirse avergonzada con las miradas de la gente que había en ese momento en el aeropuerto. Ricardo vio que había mucha gente a su alrededor. Y yo el muy huevón la vengo a ver desde lejos… Francisca comenzó a llorar. Eran tan cobardes. y eran capaces de decírselo por que no tenían nada que perder. no me hagas un escándalo. la apuntaba con su dedo-. En cambio los otros. como espantando moscas. tácitamente. Decidió quitarse los anteojos de sol para establecer contacto visual directo. -¿Quién es este huevón que camina hacia ti como un galán de teleserie venezolana? La voz de Ricardo retumbó en el oído de Francisca. con la mirada llena de ira. -¡Qué! ¿Te avergüenza que la gente sepa que eres una puta? Se los grito a todos para que veas: ¡Ella es una puta!Ricardo. Este se vio sorprendido por la violencia inusitada con que era recibido. El hombre. Francisca vio que le sonreía. El hombre seguía con los ojos fijos en ella. ¿Qué diferencia había. Ri. Y así. y ambos rieron. Francisca perdió. déjate de llorar y toma tus cosas que nos vamos! 81 82 . -¡Ya. comenzaron a jugar a las quemaditas de ojos. La idea era comenzar a coquetearle sin miramientos. más que sentirse ofendida por lo que dijo Ricardo. -¡Cállate maraca! ¡Estabas puteando con este huevón y no te da vergüenza! -Pero Ricardo. Los sollozos de Francisca lo envalentonaron aún más. Pero los que a ella le parecían agradables nunca se acercaban. En cambio los otros. -¡Ri.Detrás de sus espaldas Detrás de sus espaldas hombres que la miraban con evidente intención de salir con ella. quiso ayudarla y le ofreció un pañuelo. La gente murmuraba. ¿me oíste? ¡Ándate de aquí antes de que te saque la cresta!-E hizo un ademán con el brazo. -No tienes nada que hacer aquí-gritó Ricardo-. pero a lo lejos divisó una pareja de carabineros que se acercaba a paso rápido. Ricardo empujó a Francisca. Ricardo!-Francisca se le lanzó a los brazos esperando que el hombre que venía hacia ella se percatara de la situación y declinara acercarse a ellos. a ver si el tipo se animaba a acercarse a ella. -¡Ricardo!-Francisca. dando a entender que ellos eran una pareja. Pero nadie se atrevía a enfrentar a Ricardo. siempre le decían obscenidades. esperando que el otro pestañeara primero. Me caga tres veces a la semana. los más ordinarios. -¡Se te ofrece algo mierda!-increpó Ricardo al hombre. se sintió más fuerte. los sofisticados. en ése tipo de hombres y los que a ella le gustaban? La respuesta era evidente: a los rotos Francisca no los asustaba. -¿No te dije que te fueras huevón? ¿O te crees Jesucristo defendiendo a las maracas? -Pero hombre no tienes derecho a tratarla así. -Ándate huevón antes de que te haga mierda a combosamenazó Ricardo. Pero el hombre no comprendió. Ella se dio vuelta y lo vio molesto. sí. y la muy maraca te estaba calentando la sopa…Suele hacerlo cuando está aburrida. El hombre retrocedió. por favor. -Pero entonces…-el hombre los apuntó a ambos con el índice. No lo podía resistir. Ellos la querían en su cama. y en lugar de asustarse. esta es mi mujer. Las palabras sucias mezcladas con una dosis de alto status la desarmaban. Le miraba descaradamente la pierna que se asomaba por el tajo de la falda que llevaba puesta. guardaban las apariencias.

¿me oíste?-Ricardo recordó la escena de El último Boy Scout. Lastimada en su orgullo. pierda cuidado que me portaré bien. siempre con agua cayendo o viajando por los ríos en pos del océano. Paco de mierda. Ella lo siguió como un perro fiel a su amo pordiosero. de reojo. No te estoy hueveando. Estaba dolida. -Trate de no ser tan apasionado en sus discusiones. dañada en su autoimagen de mujer independiente e indómita. -Eso espero. le quitó el pañuelo a Francisca y se lo arrojó al hombre. El teniente alejó a la gente que observaba con un lacónico: “vamos circulando”. -¿Ve mi teniente? Ningún problema. pensó. el paisaje que ofrecía la ruta cinco norte le parecía insoportable. pero no le respondió. -¿Y por qué llora la señorita? ¿Está usted bien? Francisca asintió. no es asunto mío. Estuvo a punto de decirle mi cabo. ¿Nos podemos retirar? Tuve un vuelo largo. -Nada mi teniente. y estoy cansado. Una vez verificados los antecedentes el oficial le devolvió el carnet a Ricardo y lo dejó retirarse. o pueblos que terminarían siendo fantasmas. Entrégueme su carnet de identidad. No quería hablar porque si lo hacía se pondría a llorar nuevamente. que rabiaban por los parlantes. -¿Dónde me llevas? Fueron las primeras palabras de Francisca en cincuenta kilómetros. Al percatarse de que Ricardo no le hablaría. Una simple diferencia de opiniones. Ricardo se percató que el carabinero que lo interpeló era un oficial. -¿Qué sucede aquí?-preguntó el uniformado. Y para la otra no voy a ser tan benevolente. Francisca se recluyó en sí misma. o cualquier cosa que rindiera culto a la muerte. Mire que nos podemos encontrar en donde usted menos se lo espere. Ricardo miró a Francisca. tan apto para guardar por cientos de años miles de momias. en parte porque no lo recordaba.Detrás de sus espaldas Detrás de sus espaldas Francisca se limpió la nariz con el pañuelo que le había prestado el hombre. Francisca no se sentía bien. El carabinero lo escrutó con la mirada de pies a cabeza. me gustaría chequear sus antecedentes. pero además porque los carabineros ya habían llegado a poner orden. -¿Y usted señor-el teniente se dirigió al hombre-tiene algo que decir? -No vale la pena teniente. El verde sureño le parecía más acogedor que el eterno desierto nortino. yo soy igual de malo que… No alcanzó a decir el nombre del personaje de la película. con sus vistas más variadas y repletas de vida. ¿Cuántas veces le había hecho el mismo escándalo? 83 84 . y en cambio seguiría con su atención puesta en las canciones de los apestosos Queen. -Espere un momento señor. exigiendo rápida respuesta. El señor-Ricardo apuntó al hombre-ya se iba. te pasaste para ser caballero huevón…si te veo cerca de ella te mato. prefirió castigarla con el silencio: dejarla sola a Francisca con sus pensamientos era peor que insultarla. Sabía que no podía decirle con palabras todo lo que pensaba al teniente. -Ahí tienes tu mierda. Nunca le había gustado viajar por aquella carretera tan desoladora. en la que Bruce Willis le dice a un matón que si lo vuelve a tocar lo mata-. Ricardo sacó a relucir una sonrisa que lo hacía ver como un hombre confiable. Pero se lo dijo con la mirada. lo hace para puro huevearme. -Vamos-le dijo imperativo. usted me entiende. con animales pastando y agua. Ricardo sonrió. Ricardo. luego de tomar sus maletas. Ricardo lo miró satisfecho. Los infinitos cerros llenos de cactus no le subían el ánimo. Ricardo le entregó a regañadientes la cédula al oficial. Ricardo la miró también por primera vez. no sabía porqué razón había permitido una vez más que Ricardo la insultara. Ella prefería el sur. -Está bien mi teniente.

poco tiempo antes del matrimonio. en todos esos años se había paseado por el mundo con él… Respirando profundo y con un poco más de alegría. y que probablemente se iban a ver en una reunión de amigos que tenían en común. Dados los comentarios positivos que recibía del entorno de Francisca acerca de la relación entre ambos (“Qué bueno que estés con ella”. pero tampoco era tan desagradable como para que él se percatara de lo incorrecto que era todo aquello. y delante de sus hijos! ¿Era así como él la amaba? Ella podía permitir que en la intimidad él la llamara puta. y que la tratara como se merecía. Francisca había aceptado casarse con Enrique aun cuando no había olvidado a Ricardo. ¿Qué había de malo en vestirse para mostrar y no para tapar su cuerpo? En el mercado de los cuerpos que era la vida los hombres siempre las habían preferido como ella. sabía que su cuerpo era bien valorado por ellos. y si bien pensaba que Enrique no la llenaba por completo. pero antes ya lo había hecho en el cine. ¡en la misma casa en que vivía con Enrique. porque había indicios de que él no la aceptaba como realmente era. ¿No era acaso una prueba irrefutable del valor que él le otorgaba a ella? Porque ¿podía hacer él ese gesto si realmente pensaba que era una puta? Una súbita compasión por Ricardo le inundó el alma. Para él Ricardo no era una amenaza porque Francisca se había encargado de asegurarle que se sentía bien con él. sino porque quería estar con alguien que se proyectara seriamente con ella. Sin embargo ella. y que se quedaría a su lado. pero no le daba mayor importancia. y comenzó a salir con Enrique no como resultado de un frío cálculo. por temor. -Hablé con mi tío. ¿Era eso pensar como una puta? Francisca miró la mano que Ricardo llevaba en el volante: allí estaba puesto una vez más el anillo del compromiso que nunca concretaron. Francisca sólo aprovechó la oportunidad que él mismo Ricardo le dio al irse a vivir fuera de Santiago. y además le parecía que con aquel apodo Francisca establecía una distancia definitiva entre ella y Ricardo. en restoranes. y sin presión de su parte. A la memoria se le vino el recuerdo de los días previos a su casamiento. el sentía que la relación con ella no corría peligro. nunca fue muy amable con él. y si se quedaban con otras era porque simplemente no había en el mundo suficientes bellezas para todos. A Enrique le parecía peyorativo aquel apelativo. Ricardo mantuvo una distancia prudente pero no definitiva con Francisca: algo natural si se considera que ella nunca fue capaz de decirle cara a cara que no quería seguir con él (¡nunca más!). pero parecía ser que Ricardo no sabía que los límites eran necesarios para que lo de ellos funcionara. Enrique sabía de la existencia de Ricardo en la vida pasada de Francisca. nunca fue capaz de hacerlo. Ella tomó la noticia con tranquilidad. Cuando Ricardo la llamaba por teléfono para preguntarle como estaba. le dijo a Ricardo que si era así. Constantemente hacía comparaciones de ambos.Detrás de sus espaldas Detrás de sus espaldas Hoy había sido en el aeropuerto. le diría que la dejara de llamar. ella no tenía problema. y que la insultara cuando discutían porque ella no quería comer pizza sino comida china. “El otro huevón era como las pelotas”). En una de esas oportunidades. una maraca por la que no valía la pena dar nada? A ella le gustaba que los hombres la miraran. Por lo tanto no se hacía mayor problema en que Ricardo llamara de vez en cuando a Francisca porque creía que ella en algún momento. porque demostraba así que Ricardo no era más que una anécdota de su pasado. Francisca se refería a Ricardo cuando hablaba con Enrique con el mote de mi tío. se dijo que no había que dejar de lado ese último detalle. En el fondo le gustaba que ella lo llamara de esa forma. y que no tenía la más 85 86 . la balanza se inclinaba levemente a favor de Enrique sólo porque él era su presente. ¿Era ella en realidad una puta. Ricardo le comentó a Francisca que iba a venir a Santiago. Durante todo el tiempo de su pololeo con Enrique. pero él no era el abogado del tipo. Él nunca se lo había quitado.

87 88 . ya le tengo que aguantar que no me haga regalos para el día de los enamorados porque dice que es una invención del comercio para vender. felicitó a Diego por su cumpleaños y le entregó un regalo. Rebeca lo miró con cara de asesina y Francisca sólo sonrió levemente. que ahora que cambió de opinión con respecto a la paternidad.Detrás de sus espaldas Detrás de sus espaldas mínima posibilidad de provocarle algún cuestionamiento: mi tío venía a ser lo mismo que para mí él está muerto. y va a casarse conmigo. El sol de la primavera hacía ver a todo el mundo alegre. . Rebeca se separó del grupo que estaba alrededor de la parrilla. La tarde estaba preciosa. lo que pasa es que yo lo quiero a mi lado. Al percatarse que Francisca llegaba sola. de esos que son capaces de darle la mano y abrazar a la ex pareja de su mujer… Yo no podría hacer lo mismo con sus ex. -Mejor me voy a hacer el asado-dijo Diego con cara de asustado-.¿No. así no te sientes tan sola. ¿No te molestaría. pero a veces me carga que Enrique sea tan despreocupado: si yo fuera él no me dejaría sola en este momento. El viento soplaba a ratos con fuerza. Mentira: Francisca sospechaba que Ricardo estaba enterado que ella iba a casarse. y que cuando yo tuviera el deseo de ser madre él se iba a hacer a un lado para que yo cumpliera mi deseo con otro hombre…Es decir. -¿Y qué quería? -Nada. O porque es demasiado confiado. si él llegara y me dice que se va a ver con una de ellas yo le hago un escándalo. -Qué pena. ¿Quieren un choripan? Ambas aceptaron. En ese momento Diego se acercó a ellas y la conversación no continuó. por un hombre moderno. pero yo creo que no quiso venir.-Diego soltó una carcajada porque pensó que su broma había sido buena. y le revolvía el pelo a Francisca. O sea. tengo que hacerme a la idea de que para el día de la madre no me va a regalar nada porque ese día es otra de las invenciones del comercio… Y ahora me deja sola cuando sabe que puede aparecer Ricardo ¿te fijas que así de esa forma no puedo sentirme apoyada? -Pucha amiga. Pienso que lo hizo un poco para probarme. le habían hecho reír de tal forma que parecía estar anestesiada. incluida la de uno de los amigos de Diego que. -Bueno. Se acercaron a una mesa y Rebeca le sirvió bebida a Francisca. para nada.Ese no ha dado ni señales de vida. -¿Y porqué no quiso venir? -No sé…no sé si es por suerte o no. pero Enrique no es de esos que piensan que su mujer tiene que estar donde sus ojos la vean. pero va a venir Ricardo. -Pero que confíe en ti no es malo. ya le tengo que aguantar que no me acompañe cuando quiero ir a comprar ropa porque dice que me demoro mucho. el pololo de la Rebeca. Pero para mí que él quiere pasar por un hombre que todo lo entiende. Francisca se levantó. lo de siempre. saber como estaba… Y decirme que probablemente íbamos a coincidir en el cumpleaños de Diego. -¿Y Enrique? -Me dijo que se sentía mal. Además el tipo sabe que vas a casarte ¿cierto? -Sí. Se sentía un poco mejor. Y las conversaciones que había tenido con otras personas. al principio le tuve que aguantar que me dijera que él nunca iba a ser padre. si no viene mejor. -Es de mi parte y de Enrique. -Si no es eso. Él sabe que probablemente va a venir Ricardo. cierto? . El cumpleaños de Diego fue celebrado con un asado en el Parque Intercomunal de La Reina. él no pudo venir porque se sentía mal. que lata que te sientas de esa forma. ella no se lo confirmó. pero como él nunca se lo preguntó. Había tomado un par de pisco sour que le habían hecho ver la vida con un poco más de optimismo. absolutamente borracho le había jurado amor eterno.

-¿Quieres?-para salir del silencio Ricardo le ofreció de beber a Francisca. le daba a entender que le esperara. Aunque podía preguntarle a Ricardo por su familia. Estaba destrozada. -¿Cómo has estado? La voz de Ricardo no había cambiado. pero no permitió que Ricardo posara sus labios en su mejilla. que parecía una persona que recién estaba aprendiendo a hacerlo: Sus pasos eran erráticos y dolorosos como los de un rehabilitado que abandona la silla de ruedas en que lo postró un accidente. ¿Cómo te ha ido? -Bien. pero fingía despreocupación y de la diminuta cartera que traía sacó una lima y comenzó a pasársela por las uñas. le parecía demasiado aburrido hacerlo. Francisca no sabía qué hablar. la prosperidad y el amor. es sólo en la mejilla. Francisca sentía la fuerte mirada sobre ella. Quiso hablar. Con un movimiento rápido hizo que el beso fuera sólo de sonido. Francisca se levantó como pudo. bien. ¿puedo darte un beso? Francisca lo miró desconcertada. Francisca sintió que el estómago se le revolvía. Ella seguía sentada mirando hacia cualquier parte. no me quejo. y recordó la vez en que él despertó riéndose una mañana y le contó que había soñado que la llevaba tomada de la mano y que de pronto. Cuando llegó al lado de Ricardo intentó hablar. Francisca pensó que con esa respuesta Ricardo desistiría de hablar con ella. Lentamente se dio vuelta y con una sonrisa de cortesía saludó a Ricardo. Y compasión por Ricardo. Tanto le costaba. para saludarte como es debido. es cosa tuya. -Gracias. pero no fue capaz de pedirle a Ricardo que la soltara. Se quedaron en silencio. ¿Qué era eso? Ella no podía sentir de esa forma. Era ridículo pensarlo así. Sin preguntarle Ricardo le tomó la mano. pero él la detuvo y la invitó a caminar juntos por el parque. Con toda la fuerza de voluntad que tenía se agachó y tomó una pequeña piedra. Oye. prometiéndose que se mantendría tan calmada que Ricardo la notaría distante. Pensó en Enrique. Él no se acercó de inmediato a saludarla. La suerte estaba echada… Culpa era lo que sentía. y parecía irse derrotado. puesto que las voces de los adultos no cambian. Allí estaba el anillo. y Ricardo estaba de pie. Él se dio vuelta y vio como Francisca. vio que también Ricardo la tenía firmemente tomada de la mano. ambos abrazados y brindando por la amistad. Francisca pudo ver de reojo que Ricardo se acercaba. con un ademán de sus manos. Ricardo siguió caminando. -No gracias. Ella iba a casarse con Enrique. Y por un instante así pareció. al mirar hacia el lado de ella. no me gusta la cerveza. Francisca asintió. ya no podía dar pie atrás. pero quizás ese primer pensamiento quería significar otra cosa que ella aún no descubría. Mientras luchaba para que una de ellas quedara pareja. No sabía si podía dar un solo paso. levantó su mano derecha y moviendo el meñique le dijo: -Mira.Detrás de sus espaldas Detrás de sus espaldas De pronto Rebeca le pidió que la acompañara al baño. Se la arrojó a Ricardo y le dio en la espalda. pero no le quitó los ojos de encima. jugando a rayar el suelo con una vara. -¿Por qué siento que estás a la defensiva? -No sé. ¡Los tres caminaban juntos! 89 90 . pero se le había olvidado como hacerlo. Cuando volvieron Ricardo reía junto a Diego. Cruzó las piernas y fingió poner atención en unos niños que a la distancia corrían escandalosamente tras una pelota. porque Ricardo comenzó a alejarse lentamente. -Estás linda-dijo él con la actitud de un pavo real macho cortejando a la hembra. Francisca comenzó a caminar lentamente. Las piernas apenas la sostenían. Francisca se puso tensa. pero inesperadamente él se dio la vuelta y con la mirada más triste que ella había visto en su vida. -Tranquila. Internamente se ordenó calmarse y para eso decidió quedarse en la mesa. Francisca lo observó.

Yo sin ti no vivo. ella anulaba su casamiento. eso sí que no sucedería.Detrás de sus espaldas Detrás de sus espaldas Al preguntarle en el sueño qué era lo que significaba eso. lejos de la vista de los que estaban en la celebración. Sin embargo.. De todas maneras yo ya sabía que te casabas. “Diego de mierda”. y la verdad es que nuevamente no sabría responder porqué lo hacía. ella se sentía caminando con ambos. 91 92 . Ella nunca entendió cómo Enrique podía tomarse tan a la ligera ese tipo de cosas. no es el que tú me diste-dijo luego de un rato. Había creído en eso de que un clavo saca a otro clavo. como una niña avergonzada cuando la descubren en una travesura. incluso dejarte libre para que te alejes…porque te amo. Y ella no se atrevía a pensar que él aún la seguía amando como antes. Si en ese momento Ricardo se lo pedía. y la cara que pusiste. Francisca pudo soltarle la mano a Ricardo. Sólo se limitó a dar unos pasos. -¿Qué te importa? Luego. Ricardo sonrió. siempre estaba diciéndole qué hacer.no es el que te di yo ¿no es cierto? Ella abrió su mano y se quedó observando el anillo con la cabeza gacha. me pareció tan graciosa que por eso desperté riéndome. la vida no significaba nada para mí…pero después que tú llegaste a mi vida todo cambió…fuiste mi escalera al cielo…gracias a ti descubrí que el paraíso estaba en la tierra… Francisca lo detuvo. antes de ti yo no era nada. no la valoraba como era. A Francisca esas palabras le dolieron durante semanas. no es asunto mío. al igual que en el sueño. ella no se merecía ser querida por nadie de esa forma porque no era una buena mujer. -Me imagino que ése-dijo Ricardo apuntando el anillo que llevaba Francisca. Francisca no supo qué responderle a Enrique. -¿Y cuando te casas? Francisca puso sus manos detrás de la espalda. había una pregunta que quería hacer y que no se atrevía: ¿Por qué andas con el anillo? Ricardo no había hecho mención alguna del motivo. soy un fantasma que transita sin rumbo por la vida. no tenía su pelo. no le decía que la amaba. De seguro si la viera ahora no se reiría. “¿Por qué no me lo pides? ¿Por qué no me pides que no me case con él?”. pero fui yo el que perdió la oportunidad de quedarme contigo…porque fui un huevón…porque no supe como hacerte feliz. Y ahora tenía que afrontar las consecuencias de su tozudez. Pero no iba a llorar. porque no se lo merecía. Se detuvieron bajo un árbol.no me pone muy contento. Francisca lo escuchaba emocionada. pensó Francisca. Porque aunque no estaba presente. y desde la distancia le dijo: -Espero que seas feliz. -No. Ya no podía más. pensaba Francisca. Pero Ricardo no adivinó sus pensamientos. -¿Sabes?-Ricardo se acercó a ella-Yo sin ti no valgo nada. -Y en realidad-continuó Ricardo. Falta poco..porque… La pausa que hizo Ricardo era para recordar las frases más rebuscadas que había oído alguna vez en las teleseries. La mirada de Francisca era elocuente. Si tú no estas a mi lado nadie lo estará nunca… Es que yo por ti soy capaz de hacer cualquier cosa. Este se alejó un poco de ella y la miró de arriba abajo. y esto es lo más grande que me ha pasado en la vida…Francisca. No tenía su voz. sólo que la quería… ¿Qué mierda hacía junto a él? ¿Qué la había llevado a cometer ese error? ¿Por qué no se había quedado sola una vez que Ricardo se había ido al sur? Rebeca se lo había advertido: “No es bueno que comiences algo apenas sales de una relación” Pero ella no la había escuchado. -En realidad. nunca le había llevado desayuno a la cama. le señaló él. más examinándola que apreciándola. Su garganta estaba apretada. Enrique no se comparaba en nada a Ricardo.

el momento preciso. -¿Estás hablando solo huevón? -Estoy alentándome para tirar la red compadre. 93 94 .¿Qué es esa huevada? ¿Una cruz? -No. pero no las compro…Ellas vienen solitas. Mensaje recibido por la mujer y a cobrar. y tienes que aceptar que la perdiste. -Estai huevón. Y se equivocaba porque siempre había formas de cagarle la cabeza a una mujer. No quiso voltearse para mirarla de frente. En el techo se movían unas aspas que de nada servían. Es el anillo de mi compromiso con la Francisca. ¿Por qué no te la juegas? Imagínatela: ¡cómo debe gritar la cristiana! Diego volvió con dos cervezas heladas. Bebió de un trago lo que le quedaba en el vaso y lo dejó con un fuerte golpe en la mesa. Pero no podía levantarse y dejar la chaqueta de Diego ahí tirada. Su certeza venía de la experiencia. Podré ser maricón con ellas. Nunca había que mostrar un interés evidente por una mujer: eso era perder toda chance con ella. La mujer se apoyó en la barra. Sabrina… -¿Por qué no le pides una horita?-le insinuó Diego mientras llenaba los vasos de ambos. -Por último mirarle el culo era entretenido-dijo. Tenía ganas de ir al baño y jalar lo que le quedaba en la billetera. podré tratarlas como las huevas. el juego de reflejos se repetía hasta el infinito. -¿Con quién? Ricardo le hizo un gesto para que Diego mirara hacia el espejo. Volvió a la mujer. A esa mina yo la he visto antes en el barrio Brasil. -Mira ese culo huevón-se dijo mascullando. Esperaba a que Diego volviera pronto. Diego estaba equivocado. Mientras tanto en el espejo había aparecido una mujer impresionante. Ricardo lo miró con cara de incredulidad. Ricardo miraba tranquilamente su vaso de cerveza. El bar estaba cerrado. puesto que el humo de los muchos cigarrillos encendidos no hacía más tolerable el aire que se respiraba. Él no pensaba así por teorías. -Oh.Es INFARTANTE. -¿Y cómo sabes tanto? -Me cuentan los amigos poh compadre. Pequitas. Eran cerca de las cinco de la mañana. Se quedó pensando en lo que le habían dicho. Masticaba chicle para disimular el movimiento de sus mandíbulas. No lo iba a saber él. La cagó. y ojalá con otro par de cervezas. Comenzó a morderse los labios y a golpear la mesa con las yemas de los dedos. sí huevón. Zingara. Cobra cincuenta lucas la hora. La mina se va a casar con otro. Trinity. Diego puso cara de pena. Es un monumento…Y podría ser tuya. la palabra justa. Todo no era más que tácticas y estrategia: el lugar adecuado. no podía estar más errado en su juicio. En el espejo pudo ver que la mujer salía acompañada del bar. -Yo debería ser un gurú del marketing por la chucha-se dijo mientras se miraba en el espejo que cubría la pared a su lado. Ricardo metió su mano dentro de la camisa a la altura de su pecho y comenzó a jugar con el anillo. Yo nunca he pagado para acostarme con una mujer. Brindó con su reflejo. Ella también tenía un espejo en el frente.Detrás de sus espaldas Detrás de sus espaldas 7 -Estás cagado-le dijo Diego a Ricardo cuando se levantaba para ir al baño-. Conocía de memoria los nombres de sus preferidas: Bonnie. Estaba impaciente. Es maraca compadre. Sabía que a Diego le gustaban las putas. Así era el marketing del amor.Ya no tienes nada que hacer. pero la cantidad de gente en su interior hacía que no se pudiera caminar sin dificultades. quería otro trago. La cagó la mujer exquisita. Ricardo dejó de mirarla por un instante. Morgana.

a su hombre. -Pero yo ya te dije que no podías hacer nada. Él no estaba a la par de ella. No sé. hay una huevada que yo no entiendo. No la “veía”. -Pues bien: yo alguna vez tuve una amiga. Me molesta no ser importante. ¿Dame un cigarro? Ricardo le pasó la cajetilla. -¿Y fuego tienes? -¿Querís que te lo fume también? -Pasa para acá huevón porfiado-Diego le quitó el encendedor de las manos. -Puta el huevón pesado. “Mi amiga era una mujer inteligentísima-continuó Ricardo después de beber un trago de cerveza-.Yo te lo dije. un día leyó en el diario un aviso que garantizaba que le traerían de vuelta.” 95 96 . Pero a nadie le gusta que lo dejen de querer. y que por eso la había dejado” “Finalmente. y después de hacer terapias y cuanta cosa le recetaron para superar su pena de amor. ella se enamoró de un patán. Todos piensan que ese tipo de mujeres es la que quieren. pero la verdad es que a los hombres nos asustan las mujeres inteligentes. Se obsesionó con el cuento de que él no era capaz de “verla”. Ahora.” “Me comentó la idea. como si fuera a dictar una clase magistral. Por lo tanto no sabía apreciarla. como el perro arrepentido del chavo. y no se va a echar para atrás. En fin…Como suele suceder. no sé-se burló Diego imitando la voz de una mujer. Uno puede no querer. Sabes cuál es mi cartita bajo la manga: magia negra. -Yo no estaría tan seguro. Y además era muy linda. como todos. -Tú no te puedes imaginar la cantidad de gente que prueba con esos métodos. La mina ya decidió. -Quiero decir que en el amor todos queremos ganar. Fíjate bien cuando conozcas un caso de mujer que prefiere a un huevón que no vale la pena por sobre otro que sirva para algo. -Puta pero pareces mina así. Yo en ese tiempo todavía no era tan maldito. me dio lo mismo porque quería descansar un poco. Eso le sucedió a ella. pero que te dejen de lado es otra cosa. pero los inteligentes siempre se creen superiores al resto. fue así. siempre. y me pidió que la acompañara. pero si no me equivoco te dio lo mismo. O de hombres que se quedan con mujeres locas dejando de lado a la centrada que lo quería. ¿Tú estás enamorado de ella o no? -No -¿Entonces qué tanto le das vueltas al tema? Te creo si hubieses quedado cagado. Nunca fue capaz de aceptarlo.Detrás de sus espaldas Detrás de sus espaldas -¿Vas a seguir? A ver. -Cuenta poh huevón. y tengo la seguridad de que puedo hacer algo. mi amiga no era una mujer simple. Ricardo se puso cómodo. En el amor mi amigo también existe la pichicata. Y para eso todo vale. La mina era brillante en cualquier cosa. Diego le pidió que continuara. Conozco casos que han resultado. -Sí. Si a veces las minas no son tan ilógicas como parecen. -¿Qué? -No sé. El resto es paja. todavía no estoy seguro.” “Resumiendo: él la dejó. encendió un cigarrillo y adoptó un aire de catedrático. Hombres y mujeres. El doping es un tema que no incumbe sólo a los deportistas… -Déjate de rodeos por favor. porque aunque parezca raro y te haya dicho tantas veces que los hombres y las mujeres no pueden ser amigos. Me molesta perder mi espacio. Puede haber trampa en el asunto. Y ella sabía que el tipo era así. cuenta. pregúntale a ella si no me crees. Mientras andabas en el baño estuve pensando. Ricardo hizo un gesto con las cejas para averiguar si se había dado a entender. y con eso está todo bien. La Francisca la conoció. -¿Qué? ¿Me estás hueveando? ¿Crees en esas huevadas? -Sí. Yo no sé. Así que no la acompañé porque me dio miedo. también tenía sus cosas. si hubieses llorado por último cuando se puso a pololear con el otro huevón. y me pareció que meterse en esos asuntos era jugar con fuego. Y ella se fue a la mierda. No me mires así.

-Yaaaa. esta mina nunca se cuestionó lo que había hecho. mi amiga era la mujer. -¿Y qué pasó con los tortolitos? -Compadre. pero no lo hubiera podido probar nunca. Y no te creo. Realmente se amaron… el tiempo que estuvieron juntos lo pasaron la raja. mostrando satisfacción.Detrás de sus espaldas Detrás de sus espaldas “Bueno. Ricardo cruzó sus manos detrás de la nuca. “¿Pero sabes qué? Yo no necesito de esas huevadas para que la Francisca esté a mi lado. me acabas de pedir que me acercara a tu lado. Aprovechó de servir más cerveza y de encender otro cigarrillo. Diego lo miró molesto mientras volvía a sentarse. por eso cuando le pagó a la mujer no lo hizo muy convencida. ¿Así de simple? ¿Qué le hizo la tal Madame Dolores al huevón? ¿Qué hizo con la foto? -No sé compadre. si formaban tan bonita pareja y todas esas justificaciones al peo. Pero quizás esta mina me mintió. ¿Recuerdas el helicóptero que hace unos años cayó en el cerro San Cristóbal? -Ahhh-dijo Diego sorprendido. ¿te estás volviendo mariconcito? -Pero huevón. La mujer le pidió una foto del tipo y le dijo que en un día él la buscaría. Y el compadre también se veía feliz. y que todo lo que hacemos lo pagamos aquí. Se sintió estúpido. ella me dijo que la mujer había mirado la foto y había dicho un montón de palabras raras. -No te creo huevón.” -¿Cuál? Ricardo movió su dedo índice como si con eso le estuviera pidiendo a Diego que se acercara a él. qué pasa? -Nada. Pero de ahí a creerte el genio de la botella hay un gran trecho. Dime tú de qué forma. Está bien que te quieras mucho y todo ese cuento que te cuentas a ti mismo. ellos murieron…en un accidente. estábamos hablando de otra cosa. Diego lo detestó al verlo tan arrogante. comiendo de mi mano. -No lo puedo creer compadre. 97 98 . -Muy simple amigo: yo estoy seguro de que moviendo un dedo tengo a la Francisca aquí. ¿Y tú piensas recuperar a la Francisca de esa forma? ¿Nunca se te ocurrió pensar que en la muerte de tu amiga pudo haber estado involucrada de una u otra forma la tal Madame Dolores? No sé. -No entiendo qué querías demostrar. -No. mi amiga fue a una primera cita. y le comentó a Madame Dolores su caso.el helicóptero que casi destruye la virgen. -No mi amigo. yo no te he llamado. Diego estaba estupefacto. ¿Murieron las tres personas que iban en el helicóptero cierto? -Sí. Cuando ellos murieron todos se preguntaban por qué había pasado. yo he oído que para que las cosas estas funcionen los involucrados no deben decir nada acerca del procedimiento. se dedicó a recomendar los servicios de la mujer esa. incluso pensó que se había ido de la ciudad.” “Pero al otro día el huevón llegó a su casa. Cuando le dije a mi amiga que me contara lo que había pasado. Iba con su amorcito. Mientras te hablaba pensé que había otra forma. lo que acabo de hacer es probarte que mi dedo tiene fuerza.” Diego miró a Ricardo con un gesto de incredulidad. Diego se levantó de su lado de la mesa y se acercó. eso es lo que pasa. -O sea que la brujería no duró para siempre. -Sí. -¿Qué. por el contrario. -Tú estás borracho huevón. pensé que tenías que decirme algo en voz baja. He oído decir que ése tipo de “trabajos” a veces se pagan con la vida. Si me acuerdo. pensó que estaba botando la plata. Ricardo rió estrepitosamente. Diego lo miró francamente asustado. Ricardo hizo una pausa efectista. pero yo en mi interior me decía que en la vida todo tiene precio. había caído en ese juego de igual forma que lo hacía cuando niño en el colegio. y que al final había escupido en la foto y la había quemado. Mi amiga no sabía nada de él hacía prácticamente un año.

conocedor de gente importante en la aduana. -Ah. El taxista lo miró sin entender. había decidido estar con ella (por primera vez) en el día de su cumpleaños. voy a buscar a mi amante. El viernes quince Ricardo se sentía un poco deprimido. Era extraño. ¿Qué le diría a Francisca para justificar el atraso? Seguramente ella a esa hora ya lo estaba esperando en el aeropuerto. Tenía que armarse de paciencia. lo hizo. Quería hacerla feliz. yo pensé que iba en busines. y no le hacía ver con optimismo los días que vendrían. o en primera. A pesar de lo que me hayan dicho muchas mujeres. Además no había podido conciliar el sueño. era capaz de preocuparse y destruirse los nervios por nada. Tú pones el lugar y la fecha. Para empezar el bus que lo había traído desde Puerto Montt llegó a Santiago con una hora de retraso. yo no hago magia. no. Y sin embargo. No era usual en él caer en ese estado de ánimo. Hasta ese momento Ricardo había disfrutado sacando de las casillas a su amigo. no saldría por ahí. al sentirse un poco nerviosa por su atraso. La verdad es que no se estaba tomando en serio su discurso. cruzó la Alameda y se subió a un taxi. -Eso no es problema…A propósito. no viajo en esa clase-dijo finalmente Ricardo tratando de calmarse. 99 100 . De todas formas no perdía nada. -Ah. una comida no era un mal incentivo. -Acepto. Le dejó muy claro que él la encontraría a ella. Pero con seguridad. Te pago una comida en donde quieras si lo que me dices lo realizas. Busines Clas. voy en busca del bendito placer-dijo pensando que en realidad eso era lo que había buscado siempre. Quería que fuese un fin de semana especial para ellos. -Al aeropuerto-respondió Ricardo rogando para que el taxista no le hablara. pero entendía que todos los días no podían ser iguales. Así era Francisca. La última vez que se contactaron por internet él le había recalcado que no lo esperara a la salida de los vuelos internacionales. Voy en económica. “No huevón. Voy a hacer un asado en el Parque Intercomunal. -Busines poh. -No. Va a ir la Francisca. No tenía ganas de conversar con nadie. Está cerca. te hago una apuesta. -¿Y viaja en busines? ¿Busines? ¿De qué le estaban hablando? -Perdón-dijo Ricardo-. pero tienes un obstáculo grande: va a ir con su futuro marido. -¿A dónde va señor?-le dijo el taxista mirándolo por el retrovisor. Ricardo salió del terminal de buses de Santiago.Detrás de sus espaldas Detrás de sus espaldas -No es eso. -¿Viaje de placer o negocios?-el taxista definitivamente quería conversar. Ricardo no pudo contener la carcajada. El lo había preparado todo sin dejar de lado ningún detalle. a la que le dije que venía llegando desde Europa” Ricardo se acomodó en el asiento y respiró profundo. Pero a la luz de los acontecimientos. ¿Se había levantado con el pie izquierdo? Así parecía. ella ya estaría preguntando en policía internacional por él. ¿cómo es ese huevón? Háblame de él. pero no tenía ninguna expectativa de su encuentro con Francisca. Diego se negaba a creer -Mira huevón. y esto lo hacía ponerse de mal humor y no le permitía pensar con claridad. Andar tantos años arriba de un auto a uno lo hace desarrollar la habilidad del conocimiento instantáneo. -Mi cumpleaños.No le entiendo. ¿Qué hacía? ¿Ponía cara de simpatía y lo alentaba a que prosiguiera con su discurso? Aunque no tenía muchas ganas. -De placer. porque él. por la pinta suya ¿sabe? Yo soy especialista en conocer a la gente de una mirada. no podía disfrutar al pensar en la idea. y el hombre ya lo había hecho reír. Si lo veo lo creo. Un sentimiento que no podía entender lo dominaba. y sé tratarla para que me complazcan. Es sólo que conozco a mi gente. Pero tengo que estar presente.

-Gracias.Uno tiene que adaptarse para sobrevivir. Ricardo miró el taxímetro y de su billetera sacó un billete de cinco mil pesos. era demasiada la gente que circulaba en esos momentos. Ricardo sintió un escalofrío. Francisca perfectamente pudo haberse 101 102 . -Bueno. Y recuerde que uno es humano también. El taxista se negó. Lo había divertido el taxista. pero yo no soy muy letrado ¿sabe? Necesito a alguien que pueda hacerlo por mí. por eso le hablo de la intuición. al verlo preocupado. El taxi partió. Ricardo tomó las maletas y como felino agazapado avanzó hasta colocarse detrás de un enorme pilar de concreto. -Y tenga cuidado porque parece ser que usted no ha sido de los trigos limpios. Por último la luquita le sirve para comprarse algo en el Tuti Fri. Y para probarlo le preguntó: -¿Y cómo soy yo? El taxista lo miró detenidamente por el retrovisor. Ricardo pensó que era una conclusión obvia dadas las ojeras que tenía. o como se mueven. No hay problema. pero la verdad es que a mí me ha salvado la vida. Déjeme ver. Sobre todo en las noches. Pórtese bien para que el viaje que va a hacer sea placentero. dejó de mirarlo de manera fija y le sonrió. porque parece medio mariconcito uno hablando de esas cosas. No se podía tomar en serio a alguien que viajaba en busines y compraba en el Tuti Fri. -No señor. por lo que le veo en los ojos. -Es de familia ¿sabe? Yo vengo del sur. pero fue en vano. Ella conocía a las personas por la mirada. como dijo el Darwin. Yo le cuento y él lo hace. cuando no puedo ver los ojos de la gente. Ya estaban llegando al aeropuerto. -¿Y cómo hace para saber a quien lleva? -Yo lo hago con mi intuición. pero no encontró nada. ahí donde venden las cosas más baratas. Varias veces he dejado de tomar pasajeros porque no me dan buena espina ¿sabe? Y ha resultado que después he visto las noticias y precisamente esos tipos que no he tomado han matado a colegas. Por eso en las noches. Hoy salí a trabajar temprano porque anoche no pude salir. olvidando la sensación de precariedad que le había provocado el escalofrío. uno se puede equivocar. -Pero no se preocupe amigo. -Usted señor. porque yo casi siempre trabajo en la noche. Pero también me enseñó a conocer a la gente por la manera en que se paran. -¿Y cómo desarrolló usted esa cualidad del conocimiento instantáneo?-preguntó Ricardo realmente interesado en la conversación. No podría explicarle como sé cuando alguien quiere hacerme daño. no durmió bien anoche. yo cobro lo justo. pero quédese con el vuelto. funciona…Hasta he pensado en escribir un libro. Ande con cuidado. El taxista. -No. -Tenga señor. Usted se ríe. cuando me hacen parar veo cómo lo hacen. y mi abuela era machi. -¿No tiene sencillo amigo? Ricardo hurgó en su billetera. si parece que por acá tengo una luquita. Y algo me enseñó. Con la mirada comenzó a buscar a Francisca. -Ah sí-Ricardo se rió nuevamente. Ricardo le entregó el billete. No olvide que todo lo que hacemos lo pagamos acá. Se lo juro. Después anduvo deambulando de un extremo al otro del aeropuerto. Fue a la salida de los pasajeros y leyó atentamente los carteles con nombres que algunas personas ponían por sobres sus cabezas. pero de que el método funciona. Son cuatro mil pesos. Y para andar manejando un taxi hay que saber a quien llevar y a quien no. Cada día tiene su afán. Desde ahí buscó a Francisca. yo sabía que tenía vuelto. -¿En dónde? -En el Tuti fri pues. Pero pensaba que lo de conocer a la gente con una mirada era una invención exagerada. Ricardo parecía impacientarse.Detrás de sus espaldas Detrás de sus espaldas -Si pues-continuó el taxista. que tenga buen viaje-dijo el taxista.

Comenzó a caminar torpemente entre las mesas del restaurante.Detrás de sus espaldas Detrás de sus espaldas aburrido y dejado en su lugar a alguien que lo recibiera. estoy detrás de ti” “Schopenhauer. de pronto vio que Francisca levantaba su vaso de agua y hacía un gesto de brindis con un tipo que tenía en frente. No le gustaba pensar que él no tenía fuerza mental. Este pensamiento le hirió el orgullo. Quiso que ese día jamás hubiera existido. No quiso acercarse a Francisca porque quiso jugar a ejercitar su Schopenhauer. Luego comenzó a llamarla mentalmente. ya llegué. El hombre que iba hacia ella tampoco notó que Ricardo se acercaba a ella. Francisca no se percató de lo que ocurría a sus espaldas. Tuvo que pasar cerca de una hora para dar con Francisca. Al cabo de unos minutos se sintió molesto al comprobar que su idea no daba resultado. y la parte que más le había gustado de la película era esa en que el protagonista decía que con repetir mentalmente la palabra Schopenhauer uno podía ejercer su voluntad a distancia. me debe la bebida!-le dijo la mujer que lo había atendido. Schopenhauer”. Sobre todo porque si las cosas pasaban del simple coqueteo él tendría una excusa para armar un escándalo y así el tema de su retraso pasaba desapercibido. Su mujer estaba coqueteando abiertamente con un desconocido. Dejó pasar unos minutos más sin intentar jugar al mentalista. Ella estaba de espaldas a él. Ricardo se sentó en una mesa a unos metros de distancia y pidió una bebida. sentada en una mesa bebiéndose un vaso de agua. Cuando vio que el tipo se levantaba de su mesa y comenzaba a caminar hacia Francisca. Pensó que todo había resultado mal producto del pésimo día en que estaba. -¡Señor. sacó de su billetera mil pesos y los arrojó al aire. Se sirvió el resto de bebida. Y para corroborarlo. se levantó. Pues él quería que Francisca lo sintiera sin que la llamara. maldiciendo en su fuero interno su mal día. un tanto turbado. Otras veces había podido hacerlo. “Mírame. Ricardo. dejando las maletas abandonadas. Cuando le trajeron la bebida se sirvió un vaso y se lo bebió por completo. El recordaba siempre la “Vida es Bella”. Pero decidió esperar antes de actuar. Pero en ninguno de los carteles aparecía escrito su nombre. “Menos mal que dice estar enamorada de mí” Ricardo sintió furia. mírame. incluso Francisca le había dicho que ella era capaz de sentirlo antes de verlo. se puso sigilosamente detrás de Francisca y arrodillándose para quedar a la altura de sus oídos le dijo: -¿Quién es este huevón que camina hacia ti como galán de teleserie venezolana? 103 104 . Fue entonces que Ricardo.

Su mirada. Tenía el pelo más corto que la última vez que la había visto. Francisca nunca encendía su celular. Adriana se percató de la mirada. o bien siempre andaba con la batería descargada. -No. Y además les digo que voy a enviarle una carta al viejito pascuero para que autorice que de la juguetería en donde tú trabajas les envíen juguetes a todos ellos…Y quiero que esa palomita le lleve un mensaje a mi mami. Enrique se había enamorado de Patricia como cualquier hombre se enamora. hacía diez años. Lo sobrecogió la bondad de su hija. Seguía usando el riguroso negro que la caracterizaba. De pronto su hijo comenzó a correr hacia ellos. Lo de ellos fue corto e intenso. que jugaba con otros niños en la plaza de juegos. cada día más parecidos a los de Francisca.Detrás de sus espaldas Detrás de sus espaldas 8 Enrique observaba con devoción a Adriana mientras ella embadurnaba sus papas fritas en ketchup. Sudando copiosamente y con la respiración entrecortada Sebastián le contó a Enrique que la mujer le había preguntado si él era su padre. para tener en la mira a Sebastián. -¿Dónde está mi mamá? Era la quinta vez que se lo preguntaba. pero. -Pero hija ¿de dónde sacas esas ideas? -Yo papi tengo una palomita mensajera que todas las mañanas me va a ver al patio del colegio. pensó Enrique. si yo ya la vi. Lo que no había cambiado en ella. -Papá ¿dónde está mi mami?-insistió Adriana hablando con la boca llena. Ella le pareció conocida. sola. -No. Si quieres le puedes enviar un mensaje de texto a su celular. pero se había quedado prendado de los gestos de su hija. -¿Quién es ella papi?-preguntaron al unísono los niños. ¿Qué le respondía? El no sabía en qué parte estaba Francisca. que ella necesitaba saber el lugar exacto en donde estaba su madre para hacerle llegar un mensaje con una paloma mensajera. solo daba datos generales de su ubicación. era idéntica a la de la última vez que Enrique la vio: seguía transmitiéndole esa sensación de incomodidad por tenerlo frente a ella. yo quiero que mi palomita mensajera le lleve un mensaje. a veinte metros de distancia. por una extraña razón ahora le sentaba mejor que antes. Había dejado de lado su pasatiempo favorito del sábado por la tarde. Enrique la miró con aire de reproche. Enrique la observó cuidadosamente: estaba sentada en un banco. -Hija. “Quiero estar sola” A Enrique le costó comprender esa razón (nunca la creyó). sobre todo cuando ellos no se llevaban mal. Enrique vio que a unos veinte metros de distancia Sebastián conversaba con una mujer que lanzaba comida a unas palomas. a la defensiva. pensó Enrique. Y no había que descartar la posibilidad de que haya partido al sur. Está allá donde anda jugando Sebastián-Adriana apuntó donde estaba jugando su hermano. Para ubicarla habría que instalarle sin que se percatara un censor GPS. era la forma de mirarlo: de soslayo. sin embargo. ella nunca le rebelaba las coordenadas de sus viajes. “Pero vamos a ver si lo lee”. Se sintió orgulloso de ella. Y ese día tu mamá va a estar en la casa. pero Adriana le respondía que el norte era muy grande. y le doy miguitas de pan y ella me lleva los mensajes para los niños del mundo que están sufriendo. ella está en el norte. Hasta que un día ella no había querido seguir con él y lo había dejado. Enrique la miró sorprendido. ese le llegará en donde sea que esté. pero vas a ver a tu paloma el lunes. Enrique le había dicho que estaba tomando fotografías en el norte. Le limpió la boca con una servilleta. -Hijita. y ninguno 105 106 . leer el diario. -¿Quién es ella papá? -¿Te dijo como se llama? -Patricia. no atreviéndose a buscar sus ojos.

el amor era algo inmutable y perfecto. Su conclusión fue que Patricia nunca lo quiso de verdad. antes que a tu madre yo he querido a otras mujeres. se olvidaba de ellos y hacía otras cosas. a la hora de terminar una relación. Les producía urticaria el sólo hecho de recordar como ese hombre las había tocado o besado. porque finalmente Patricia no era de su propiedad y tampoco lo quiso traicionar. Adriana lo miró un poco desconcertada. y notoriamente incómoda por la cercanía de Enrique. sólo sintió por él una especie de cariño que ni siquiera alcanzó para mantener la amistad que le prometió como premio de consuelo cuando se fue de su lado. -Nosotros… ¿nunca más como pareja?-le preguntó él una noche en un bar. al fin y al cabo uno termina acostumbrándose a la soledad que vuelve a tomar su lugar en la vida. Lo dijo sin pensarlo. Pero lo que en definitiva fue más doloroso para él no fue la separación. sino el haber quedado con la sensación de que para ella él había sido un error: eso lo desmoralizó y lo hizo sentir desechable. Trató de inspirarse. -Ella es una persona que quise mucho. y si por casualidad lo veían en la calle lo evitaban escapando o tapándose la cara con la cartera para pasar desapercibidas. y había cumplido porque nunca lo buscó. Y cuando ellas no querían más a un hombre no querían que él las viera. Con Adriana había que andar con cuidado debido a su increíble sensibilidad. Y le resultó grato hablar en pasado. ¿Pero Patricia podía ser tan soberbia como para asegurar tajantemente lo que haría o dejaría de hacer en el futuro? Aunque el haber vivido casi veinticinco años podía haberle otorgado un cierto grado de prudencia. Pero sobre todo porque esa soledad que Patricia había argüido como causa de su alejamiento. lo había sido. para su padre no existía otra mujer que Francisca. si no obtenía inmediata respuesta a sus requerimientos. Y al comprender el alcance de la aseveración de su padre se puso triste. lo hacían absolutamente convencidas de su decisión. sino precisamente para estar nuevamente acompañada: Es decir “quiero estar sola… porque quiero estar con otro sin tener problemas con mi conciencia”. Válido. -¿Y porqué no se acercan y conversan? ¿Mi mamá se puede enojar? Enrique soltó una carcajada. no era precisamente para tener espacio en su vida y tratar de reordenarla o buscarse a sí misma. Para ella. se las imaginara o las hablara. ella siempre quería llegar al final. como para todo niño. Y no te pongas triste porque es algo natural. que exigían de respuestas que en determinados momentos él no se creía capaz de darle. casi como un reflejo. pero la decisión de Patricia había sido inapelable.Detrás de sus espaldas Detrás de sus espaldas de los dos era un enfermo que le hiciera la vida imposible al otro. ¿Cómo alguien que estuvo tan cerca pudo haber quedado tan lejos? ¿En qué momento Patricia se vistió con las inexpugnables armaduras del rechazo? Enrique no la dejó irse a la primera. 107 108 . -¿Quién es ella papito? Adriana lo trajo de vuelta tirándole de la manga. -¿Y esa señora fue una de ellas? -Si. por lo tanto en su imaginación. Sus preguntas eran tan inocentes. Cuanto hubiera dado él en los momentos más tristes por tener la certeza que algún día en el futuro iba a poder decir con tanta naturalidad y sin ningún problema algo semejante. La buscó en variadas oportunidades para tratar de convencerla a volver con él. En cambio Adrianita. -Nunca más-le respondió ella con los brazos cruzados. El no era precisamente un niño curioso y tenaz. ¿Ya?-le tomó la cara entre sus manos. pero al mismo tiempo tan esenciales. era una niña con una memoria impresionante. -Sí hijita. Desde entonces supo que las mujeres como Patricia. Con la cabeza gacha y la voz apenas perceptible le dijo a Enrique: -¿Entonces tú has querido a otras mujeres? Enrique respiró profundo. Sebastián ya se había ido nuevamente a correr tras las palomas.

Enrique sintió la necesidad de seguir hablando. Y si tú la quieres a ella. ¿Ella no te perdonó? -No lo sé. A veces también a las personas no les gusta que las quieran. Quizás le molestaba que la quisieran. -Pero papá… Adriana parecía darse por vencida. -¿Y tú crees que la vida es corta? -No sé. Somos complicados los adultos hija. Pero ¿sabes? A veces uno hace daño sin quererlo. pero el que me lo demostrara con sus actitudes tan implacables me venció. -¿Por qué? Enrique comenzó a incomodarse. Hubo un largo silencio en el que Adriana pareció meditar. Y eso duele (más que la cresta. pero yo te creo. pensó). di que sí. -¿Y por qué? -Porque si ella hubiera querido conversar conmigo se habría acercado hace bastante tiempo. A mí me gusta hablar con las personas que quiero. Ella no quiere hablar conmigo. como a ti te gusta. Cuando grande lo vas a entender. “Lo que me espera cuando tenga quince años”. Dejémosla tranquila. si ya habló con Sebastián. -En la tele los que se quieren están juntos para siempre. Tampoco sé porque tomó esa actitud. Pude resistir el que no me quisiera. -Hija. Con una mano le acarició la cabeza a su hija. Por que se perdonan. No creo que a tu mamá le importe demasiado-dijo con dolor. No le gustaba pensar que su padre le estaba mintiendo. -No. pensó Enrique. -Porque ella no quiere hablar conmigo.-Adriana tomó de la mano a Enrique y trató de levantarlo del banco-. -¿Entonces tú no te acercas más a ella porque te hace mal? Enrique la miró enternecido. pero eso es en las telenovelas.-Mi palomita viene cuando yo la llamo. -Es distinto hijita. tú no la conoces a ella. Vamos. escúchame un poco. Lo que te digo no es mentira. Adriana lo miró enojada. quizás porque nunca antes pudo contarle a alguien acerca del amargo gusto que le habían dejado los últimos encuentros con Patricia. -Mira mi amor. -¿Por qué? No podía responder porque no. Aunque le hubiese gustado. Parece simple. Quizás ella está triste porque la dejaste de lado. Sin embargo. -Me costó entenderlo. O simplemente la persona que tienes al lado no es capaz de decirte que tú la estás dañando. No es fácil querer hija. no iba a funcionar. -¡Pero papá!-Adriana no iba a renunciar. -Entonces vamos a hablar con ella. Sería feo que no se hablaran más en la vida. -Pero como que no. -¿Hijita porqué no vas a jugar con tu hermano? -¿Por qué?-Adriana se puso los brazos en la cinturaCuando tú me haces preguntas yo siempre te respondo. Además siempre cuando hay algo entretenido tú te pones fome. -¿Y qué le dirías? -Lo que tú me dices: que no vale la pena enojarse con los otros cuando la vida es tan corta. tranquilízate. ¿Cómo resumir años en dos palabras? ¿Cómo explicarle a una niña los abismos que se interponen entre dos personas? -No hijita. -¿Tú le hiciste daño papá? -Pienso que no.Detrás de sus espaldas Detrás de sus espaldas -No mi amor. -¿Y si yo voy a hablar con ella? Enrique sonrió. yo también la quiero. Y no sabes como es. Yo te aseguro que en estos momentos lo que menos quiere es que me acerque a ella. y con la verdad. 109 110 . Las últimas veces que yo traté de acercarme a ella lo único que recibí fueron gestos de rechazo o indiferencia. No vamos a ir a hablar con ella. eso es lo que siempre quiso. pero fue así. Así que siéntate y busca a tu palomita.

por lo tanto. Todo era culpa de Alberto. Patricia le había dicho que era linda. En su pieza. Sin embargo. con sus ideas extravagantes acerca de todo. Enrique tuvo ganas de preguntarle: ¿Sólo eso? ¿Son lindos? Pero recordó que la única vez que le había escrito una carta. Caminaron lentamente. Diez años podían cambiarle el físico. pero lo de adentro parecía seguir siendo lo mismo. Adriana corrió hacia Patricia. Y volvió a sentir la sensación de tristeza que lo había sobrecogido cuando había pensado de esa manera. -Si-respondió por educación. Enrique pensaba con un vaso de whisky en la mano. En el auto Enrique miró a Adriana a través del retrovisor. Vio que Adriana algo le dijo a Patricia. ¿Acaso temía algo? Era lógico de su parte. Un whisky más tarde se dio por vencido. Luego miró hacia donde estaba su auto: para llegar a él tendrían que pasar cerca de Patricia. era una hora prudente. al mirarla. Cuando le dijo a Adriana que se iban ella lo miró entre desilusionada y frustrada. Y ambas 111 112 . él hubiera tomado lo que le había sucedido como algo intrascendente. Cuando estuvieron cara a cara Enrique notó que la tensión no era la misma de antaño. Enrique miró su reloj. ¿Pero a esas alturas? Patricia seguía siendo la misma. parecía mantener su postura de no acercamiento. para darle tiempo a que se fuera ella primero. o podía ser una de las piezas de la periferia. -Tus hijos son lindos-dijo ella. Momentos después Sebastián volvió donde ellos y le dijo a Enrique que quería irse a la casa. -Hija. ¿Qué había querido decirle la vida con ese casual encuentro con Patricia? Al darse cuenta de lo que estaba pensando encendió un cigarrillo y se golpeó la cabeza. Cuando estaban a un par de metros de ella. al principio. -¿Y ella qué te dijo? -Algo muy raro -¿Qué? -Que todo se repite. Enrique miraba a Patricia.Detrás de sus espaldas Detrás de sus espaldas Enrique asintió. Y cuando él le dijo ¿sólo eso? ¿es linda?. de esas que van al medio de la imagen y revelan el detalle necesario para comprenderla. -Hola-le dijo él. Alberto. corrompía al que tenía cerca. Patricia solo movió la cabeza y esbozó lo que con buena voluntad pudo ser una sonrisa. de esas que solo tienen la misión de completarlo. pensar que él aún estaba enamorado de ella. pasarlo mal nuevamente. sino por una cuestión práctica: para saber la ubicación de una pieza en el rompecabezas hay que haber visto el total antes o tener bien avanzado el armado al cual se ha llegado después de un largo trabajo. Ella parecía mirar hacia otra parte. pero luego se dijo que era ridículo. después del quiebre. Enrique pensó en traerla de vuelta con un grito. y se marchó. Pensó en esperar un poco más antes de irse. Largo rato estuvo dándole vueltas a la idea. Si no lo hubiera escuchado tantas veces decir que la vida habla en un lenguaje que pocos comprenden. ¿qué le dijiste a Patricia? -Que alguna vez tú la quisiste mucho. ese nunca había sido su juego. con el televisor encendido pero mudo. optó por quitarle el matiz de seriedad a su pensamiento y recurrió a su deformación profesional: ¿Qué parte del juego era esta? Mejor aún: ¿qué pieza del rompecabezas había sido el día de hoy? Podía ser una fundamental. Era cierto eso de que la manzana podrida contagia a las otras. Nunca le pareció justo morirse pensando que lo único que Patricia guardaba para él era una mueca de desagrado. que las casualidades no existen. pero se dio cuenta de que era inútil. y tantas otras tonterías. ella lo había mirado con cara de aburrimiento y le había dicho: ¿Para qué vamos a entrar en detalles? No quiso. Sin embargo. Los niños corrieron hacia el auto. Pero ya estaba contaminado: Alberto y sus ideas lo llevaban a leer entre líneas a la vida. Pero no lo hizo por falta de rigurosidad. No quería recordarla de esa forma.

comenzó a pensar en lo que haría para celebrarla. ¡Ya estaba harto de preguntas! En el último tiempo no había hecho otra cosa que cuestionarse todo. pero luego se dijo que nunca había necesitado de ellos para elaborar sus ideas: le bastaba con su memoria. Por el contrario. Enrique se sentó en la cama con los pies cruzados. Se fue hacia el principio. Si lo hubiera tenido presente no le habría permitido irse al norte a tomar sus famosas fotografías. O si lo pensaba mejor. ¿Podía conocer él de antemano toda su vida? Y por otro lado: ¿no era acaso la vida un constante caos en el cual era muy difícil entender el por qué de las cosas? Abandonar las conjeturas relativas a esos temas inexplicables lo sacó del sopor en que estaba cayendo. sin importar si eso se llamaba amor. la primera vez que durmieron juntos. porque para reconquistar había que perder algo. ¡y el cumpleaños!. ¿Tanta era la distancia que había entre ellos como para no tener presente en la memoria una fecha tan importante? Sin elaborar demasiado la idea. reconquistar no era la palabra precisa. Enrique apagó definitivamente el televisor y se acomodó en la cama con los brazos detrás de la cabeza. ¿Y por qué habían seguido juntos? Por que algo de cariño debía existir entre ellos. Y por lo demás no tenía importancia alguna. pero hasta el momento le había sido fiel. se iba a hacer partícipe de sus conflictos. ¿cuál sería su respuesta? ¿Ella se haría todas esas preguntas? Al recordar nuevamente lo que le sucedió en la tarde se puso contento. Tratando de calmarse tomó un trago de whisky. Contrario a su deseo anterior. Cuando la pronunció en voz alta una sensación de triunfo lo embargó. haciendo la posición del loto. que uno se podía enamorar en el camino si se hacían las cosas bien. ¡¿Cómo había podido olvidarlo?! Se golpeó repetidamente la cabeza con una de sus manos. el santo. La palabra mágica era. porque haber visto a Patricia no le trajo el amargo deseo de volver atrás. De vuelta en la cama comenzó a anotar las fechas importantes. Lo que él quería era estar bien con su mujer. No podía ser. Se tapó la cabeza con la almohada y se dijo que nunca más sucedería aquello. se iba a comportar mejor con ella y la trataría como siempre se lo había merecido. Y apelando a su condición de hombre pragmático y a la nueva actitud que había adoptado para el reencantamiento de su mujer. esas a las que él nunca había dado importancia: el día en que se conocieron.Detrás de sus espaldas Detrás de sus espaldas posibilidades en el rompecabezas de su vida no estaban claras. Comenzó a buscar recuerdos. ¿Qué había funcionado mal entre él y su mujer? Todo. La iba a escuchar. Iba a cambiar. el día de la madre. 113 114 . el día de los enamorados. Comenzó a recriminarse. Y no le había servido para nada. junto a ella. Con alguna excusa la habría convencido de quedarse. Recordó que siempre llevaba uno en su billetera. le hizo bien porque reafirmó la decisión que había tomado cuando la conversación con Alberto: ahora él estaba absolutamente convencido de que quería reconquistar a Francisca. El ahora quería hacer las cosas bien. Enrique recordó a su viejo cuando le decía que el amor era cosa de costumbre. Lo tomó y con sorpresa verificó que al día siguiente era el cumpleaños de Francisca. “reencantar”. Su viejo siempre le había dado buenos consejos. ¿Dónde estaría en ese momento Francisca? ¿Qué estaría haciendo? Si él le preguntara su opinión acerca de la relación que tenían. qué sentía él por ella? Se ofuscó al darse cuenta de que no podía sacarse de la cabeza esta pregunta. no la iba a dejar sola con los niños. mejoraría hasta donde él pudiera. ¿Qué debía hacer? Sintió deseos de tomar papel y lápiz para anotar. Enrique se dijo que él no estaba enamorado de Francisca. ¿Pero entonces. la cual podía ser intrincada. Quería que Francisca lo admirara y para eso él tenía que ser admirable. como si con un gol suyo se hubiera ganado el campeonato del mundo en el último minuto. De otra forma no se explicaba el haber dejado pasar semejante detalle. pero tampoco la había perdido. Frenéticamente buscó un calendario. costumbre o lo que fuera. Reencantar era su eureka! Sintiéndose eufórico. entonces. Y que él supiera las cosas con su mujer no iban viento en popa. se levantó y fue a buscar lápiz y papel. el aniversario de matrimonio.

a medida que avanzaba por la inmensa playa de Morrillos. y porque Ricardo había querido ir a caminar en busca de una supuesta cueva al final de la playa. Infructuosamente revolvió sus ropas y buscó en los cajones de las cómodas. Francisca tuvo que dormirse con la garganta apretada. -¿Aló?-por el tono de voz que ella tenía Enrique pensó que las cosas podrían resultar bien. Pero su deseo no se estaba cumpliendo porque ella no podía llegar a Santiago completamente bronceada. Y sin embargo. Ricardo seguía extraño. ¿ella lo ayudaría? A él no le gustaba pedir favores. con él nunca había tenido una relación cercana. Todo pareció quedar resuelto. 9 Sentada debajo de un quitasol Francisca trataba de reconocer la figura de Ricardo que. Incluso un par de lágrimas habían aparecido en sus ojos al prometerle que nunca más la trataría de esa forma. Dejando de lado todas sus aprensiones buscó entre las cosas de Francisca esperando encontrar alguna agenda en donde estuviera anotado el número de Rebeca. cuando ella se metió debajo de las sábanas. Y ella sintió una enorme satisfacción al percatarse de que esa había sido una de las 115 116 . Llevaba ropa interior que nunca antes había usado. No podía llamarse amistad. Ricardo estaba durmiendo. iba perdiendo forma hasta quedar convertido en un punto. tratando de apaciguar las ganas de llorar. pero no hubo respuesta. Poco le había hablado desde el día anterior y en la cabaña que estaban ocupando se había dedicado a dormir y a pensar. Pero había que ser práctico. con el cuerpo entregado a sus maravillosos rayos y con las manos de Ricardo recorriéndola lentamente. cubriendo toda su piel con bronceador. alguien que conociera los gustos de una mujer y que le aconsejara para agasajarla de buena forma.Detrás de sus espaldas Detrás de sus espaldas ¿Una cena íntima preparada por él? ¿Un lindo regalo? ¿O un restaurante de lujo? ¿Era suficiente? Llamó por teléfono a Alberto. Hasta que descolgaron. Desistió cuando recordó que su amigo nunca había sido muy ocurrente para esas cosas. A pesar de que habían hablado poco. Pensando de manera obsesiva. ¿Qué le estaba sucediendo? Ella se había preparado con dedicación antes de irse a la cama. A ella le habría gustado estar en ese momento debajo del sol. Ella le había ofrecido disculpas y él había hecho lo propio reconociendo que se había extralimitado con los insultos. tanto así que no se percató de que se estaba comiendo las uñas por primera vez después de diez años. Volvió a su habitación y marcó. Se lo anotó en la palma de la mano. pero que ella no todas las veces le concedía. ¿Cómo la ubicaba? Ella era amiga de Francisca. Para Francisca lo que estaba sucediendo más se acercaba a un retiro espiritual que a un fin de semana como los que acostumbraban a tener. Enrique llegó a la conclusión de que la persona adecuada era Rebeca. Fue a la cocina y allí estaba anotado el número de Rebeca. Esperó unos segundos. El tono de marcar se le hacía eterno. Insistió un par de veces. Entonces pensó que necesitaba de alguien creativo. incluso le había prometido una noche especial con todos los juegos que Ricardo siempre le pedía. Finalmente recordó que Francisca había puesto pegada en la puerta del refrigerador una lista con números de teléfonos importantes a los cuales sus hijos pudieran llamar en caso de emergencia. Y lo otro que la tenía preocupada era que la noche anterior él no había querido hacerlo con ella. Además. Ricardo le había dicho que lo del aeropuerto y su supuesto coqueteo con el extraño no tenían mayor importancia. Sinceramente no entendía la actitud de Ricardo. sino cercanía relativa dada las circunstancias. Le resultaba incómodo pensar que con eso él quedaba debiendo algo. poco a poco.

Francisca pensó que esa tarde podía ser mejor. Francisca dejó caer su cabeza hacia atrás y soltó un suspiro de entrega. Francisca se felicitó por haber tomado una buena decisión al dejarlo solo en la playa. Cuando terminaron de almorzar. necesitaba de palabras tiernas que la hicieran humedecer. Luego se vistieron y salieron en busca de un lugar en la calle en el cual hacer el amor. los pies dentro del agua y la vista perdida en el horizonte. al despertar ella se percató que él ya no estaba en la cama. Ricardo apareció con el rostro distendido. Francisca lo vio venir desde la cabaña. Comieron en silencio. Después de un rato le pareció demasiado arriesgado hacerlo. pero Ricardo parecía cansado y le pidió que se fueran a la cama. ¿Y si ella lo obligaba a tomarla? Podía volver en ese momento a la cabaña y simplemente subirse arriba de él. dado su peculiar estado de ánimo. Miró a su alrededor y se percató que a un kilómetro a la redonda no rondaba un alma. Cuando él llegó a su lado pareció sorprenderse de lo turgentes y hermosos que eran los pechos de Francisca. necesitaba el fragor de las embestidas y el cariño del reposo.Detrás de sus espaldas Detrás de sus espaldas pocas veces que habían solucionado un problema conversando. Francisca salió de la cabaña con un par de cosas en sus manos y se fue a la playa. Aunque sabía que a Ricardo le agradaban ese tipo de iniciativas. Siempre en el recuerdo. Diligentemente arregló la mesa y sirvió el almuerzo. con las piernas entrelazadas por sus brazos. pero distendidos. Indignada. sin decir ninguna palabra. cuando la fatiga la tenía sumida en las náuseas. Hacía más de tres meses que no tenía una relación sexual. luego de aquellos segundos de expectación. Y luego. Sin embargo. ella se esforzó y preparó lo mejor que pudo una tortilla de papas. pero ella necesitaba de un cuerpo encima. Para provocar a Ricardo decidió quitarse la parte superior del bikini. O podía sacarlo del sueño con una felación. Y sintió la frustración de saber que su deseo no sería satisfecho. Después de una ducha y un café se dedicó a preparar el almuerzo. decidió postergarlas porque no estaba segura de la reacción que él tendría. Cerca de las tres de la tarde. Ricardo estaba en la orilla. Francisca recordó aquella vez en que comieron juntos. Sentada en la playa. Ella se alegró. Por la similitud de la atmósfera. Era la primera vez en todos esos años que Ricardo la despreciaba de tal forma. 117 118 . a la luz de las velas y completamente desnudos. Constantemente se cruzaban miradas que parecían ser invitaciones a la intimidad. Por primera vez comprendía lo que podía sentirse al verse rechazado. En el último tiempo no había hecho nada más que masturbarse un par de veces. Ella sólo llevaba una cadena alrededor de su cuello y Ricardo se había puesto un sombrero de copas. A Enrique ya no lo soportaba cerca. Y lo peor de todo era que ella tenía verdaderas ganas de acostarse con él. el plato favorito de Ricardo. Había sido una noche inolvidable. Francisca decidió dejarlo tranquilo. Buscó por toda la cabaña pero no lo encontró. Por un rato pensó que estaba preparando el desayuno y que lo llevaría a la cama para tomarlo juntos. A pesar de todas las incomodidades propias de una casa en la playa. se acercó lentamente a uno de ellos y con los dientes apretó con delicadeza el rosado pezón. Recordó su cara de frustración cuando ella le decía que no tenía ganas. Su estado de ánimo parecía haber cambiado. pero al no escuchar ruidos decidió levantarse. y las veces que él se acercaba con intenciones de tocarla ella sentía una repelencia fuera de toda medida. Francisca pensó que la actitud de Ricardo podía ser una venganza por todas las veces que ella había hecho lo mismo con él. Todo lo que ella había querido parecía cumplirse. Ricardo solía ser un hombre de urgencias matinales. Ella lo necesitaba. Ricardo se levantó nuevamente y le dijo que se iba a caminar hasta el final de la playa. Francisca pensó que en la mañana todo sería diferente. Fue al balcón y desde ahí observó la playa. Le acarició la cabeza a contrapelo. y no en la cama como Ricardo acostumbraba a hacerlo. se acercó a Ricardo y se sentó en sus piernas. pero nuevamente Ricardo fue a dormir. Sin embargo.

Y entonces el bebé comenzó a llorar. Francisca 119 120 . En realidad no entendía qué podía estar sucediéndole. Francisca acalló entonces sus lamentos y decidió conversarle al bebé para intentar calmarlo. Las contracciones (o patadas malintencionadas que daba el bebé) arreciaron hasta hacerse insoportables. pero las cuerdas que las tenían sujetas no cedieron. Paciencia era lo que ella necesitaba. El bebé que llevaba dentro parecía querer hacerla sufrir. El doctor musitaba palabras ininteligibles. El doctor apuntaba a su entrepierna mientras una y otra vez se deleitaba con el sonido del taladro en funcionamiento. El doctor la miraba con un odio infinito. Como pudo acomodó su cabeza para observar. Pero este ya no estaba. Era lo menos que se merecía por ese comportamiento. Sintió que iba a morir. Francisca ya no aguantaba. Y gritó desesperada por incontables minutos. El era constante. Momentos después el doctor. que había desaparecido por una puerta desconocida. Ella dudó. Nunca nadie apareció en la sala.Detrás de sus espaldas Detrás de sus espaldas ¡Ni siquiera le había pedido que la acompañara! Con la torpeza propia de quien se viste con rabia. Va a salir. pero sus extremidades habían sido amarradas por el doctor. Seguía sólo con la cabeza asomada entre sus piernas. Pero le molestaba no saber qué hacer para mejorar la situación. Pero contrariamente a su habitual conducta. Francisca sintió horror. Y por lo demás no podía botar tantos años a la basura por un incidente puntual. y su extraversión lo hacía parecer un hombre seguro de sí mismo. pero resultó que no le dolió en lo más mínimo. Francisca sintió alivio. Respiró profundo y se relajó sobre la camilla. En el sueño oyó su grito. Luego el doctor le pidió que se tendiera en la camilla y que abriera las piernas. Francisca ya no podía aguantar. Ella quería salir de ahí. Se revolvió tanto en la camilla como sobre la toalla. Si Ricardo se hubiese comportado siempre de la misma forma ella hubiera sabido como tratarlo. dejó caer su cuerpo sobre la toalla y sus ojos se fueron cerrando hasta que. Trató de juntar sus piernas con desesperación. En el sueño se vio entrando en la sala de operaciones tomada de la mano del doctor. Nada se lograba igualar a lo que estaba ocurriendo en ese momento. Francisca volvió a colocarse la parte superior del bikini. y nuevamente pensó que el bebé quería matarla de dolor. Luego oyó la explosión de la bolsa y sintió que un espeso líquido le bañaba los muslos. El grito que dio fue tan terrible que logró romper la cinta que tenía en la boca. Por un momento sintió alivio porque el dolor había desaparecido. Sintió que en cualquier momento se desmayaba. se quedó dormida. y con los brazos alzados parecía invocar poderes sobrenaturales. pensó frenéticamente Francisca. Francisca optó por tomárselo con calma. Con frialdad él le solicitó que se desvistiera. con mucha rabia. En vano buscó en sus recuerdos algún incidente parecido. ¿Cuál era el juego que pretendía jugar Ricardo? Tuvo deseos de abandonarlo y volver a Santiago. Pero un segundo después el dolor volvió a aparecer incrementándose a límites irracionales. Y las lágrimas le bañaron el rostro hasta que Francisca pudo ver claramente que el rostro del bebé era el de Ricardo. Abrió los ojos y miró hacia el doctor. La escena le parecía propia de un rito desconocido. Es más. volvía con un taladro en sus manos. Pero la tregua fue pasajera. A Francisca le pareció extraño que no hubiera nadie más dentro de la sala. Cuando recibió el pinchazo de la anestesia sintió un profundo dolor. y con la broca del taladro partida. ¡Quiere salir para matarme! Y después de este último pensamiento. Y que hubiera música. Mientras lo veía alejarse a la distancia. Como pudo Francisca se movió en la camilla y vio que el doctor estaba tirado cerca de la pared de enfrente con el cráneo destrozado. Pensó que de un momento a otro Enrique entraría a la sala y la liberaría. Pero de pronto comenzó a sentir fuertes contracciones. sus estados de ánimo no variaban demasiado. Hasta que finalmente lo llevó con decisión hasta su vagina. El dolor era inmenso. Francisca cerró los ojos en el sueño. El movimiento en su vientre se volvió un terremoto. pero finalmente hizo lo que le habían ordenado. Y de pronto sintió la súbita dilatación entre sus piernas. se diría que Ricardo poseía atenuantes de buena conducta. Y ya no podía gritar pidiendo ayuda a Enrique porque su boca había sido tapada con cinta. de entre sus piernas vio asomarse la cabeza de un bebé ensangrentado que la miraba con pena.

él quisiera acercarse a ella. siguiendo sus pasos por la cabaña. Francisca podía sentir la mirada de Ricardo. Simplemente no le atraía la idea. Su secreto era como una enfermedad inconfesable. Ricardo ya no aparecía ni siquiera como un diminuto punto a la distancia. Ricardo parecía entumecido. Y sin que ella pudiera controlarse. Lo miró detenidamente. Francisca fue capaz de desenrollar su miembros y ponerse de pie. Su pena era enorme. Lo último que vio en el sueño fue que su vientre se hinchaba y que de un momento a otro explotaría. por su parte. Las personas que sabían del aborto no eran más de cinco. ¿No era así en todo tipo de situaciones? Mientras ella se tomaba un café vio entrar por la puerta a Ricardo. Solo cuando el viento comenzó a soplar con fuerza. pero ahí arriba solo había pureza. también sintió rabia porque ella no quería pensar en ese asunto. ¿De qué manera hubiera reaccionado Ricardo si se hubiera enterado que ella estaba embarazada de él? Lo más probable era que la hubiese dejado. Camino a la cabaña Francisca se preguntó si no sería posible sacarlo del hermetismo pagándole con la misma moneda. Francisca veía como humedecían la arena para luego perderse entre las diminutas piedrecillas. entró en llanto. desde las olas. Afuera el viento era incesante. y la más mínima provocación la haría reaccionar de la peor forma. Acto seguido Francisca sintió nuevamente dolor y vio como el bebé lentamente volvía a introducirse a la fuerza en su cuerpo. Francisca tomó uno y se levantó. pero sus gritos no sirvieron de nada. que poco a poco fue adoptando la posición fetal hasta quedar convertida en un ovillo. Quizás si lo ignoraba él acusara el golpe. 121 122 . de otra manera no hubiera podido vivir una vida normal. eso no te lo perdono. y luego le pidió al bebé que terminara de salir de su cuerpo. Estuvieron en silencio. y eso no lo voy a permitir. Hacía rato que la noche había caído inclemente. Probablemente de esa forma. Luego de estirar su cuerpo miró al cielo en busca de alguna distracción que la sacara del estado en que se encontraba. apelando al desprecio. Como pudo se quitó la arena que tenía en la cara ¿Y si Ricardo se enteró? ¿Si lo averiguó y no ha querido decirle nada? Pero era imposible. los gritos de unas voces infantiles salían desde los cerros. -Hola-le dijo a Francisca con apenas un murmullo. El frío la hizo desistir de esperar a Ricardo. Las lágrimas le caían a raudales. El bebé con la cara de Ricardo la miraba con más pena. “Eres culpable. enroscada en sí misma. Qué horrible era no poder contarle a nadie. y no había obtenido una respuesta positiva. Pero el niño la miró inclemente durante mucho tiempo.Detrás de sus espaldas Detrás de sus espaldas gritó nuevamente desesperada. pero no quería levantar su cabeza. pregonaba sus radicales ideas acerca de la libertad que uno perdía al ser padre de una manera que a ella le parecía cercana al fanatismo. Ella no le respondió. pero ya no le quedaban. hasta que nuevamente le habló con la voz de Ricardo: tú quieres matarme. Y ante el rechazo de la mayoría a su opción. Francisca buscó pañuelos desechables en su bolso de playa. Ricardo se acercó a la cocina y tomó la tetera. Buscó los cigarrillos en la mesa. Y era tal la indefensión que sentía. ni siquiera podía verse la luna o alguna nube solitaria. El bebé la miró y le dijo: Eres tú la que quieres matarme. sentía que todo el universo la observaba y la apuntaba con un dedo acusador. Francisca le pidió perdón entre lágrimas. Ella había hecho todo lo posible en esos días por entablar una conversación. se lo había prohibido terminantemente. no de Enrique. su vergüenza como un cáncer terminal. Francisca rogó al cielo para que todo eso terminara de una vez. Él le había dicho siempre que por ningún motivo quería ser padre. Secó sus ojos y luego se sonó. Todo era horrible. minutos más tarde. eres culpable”. Y nadie más que ella sabía que el hijo había sido de Ricardo. Ricardo arrastró con su mano por sobre la mesa una cajetilla. Estaba que explotaba. se esparcían con la brisa. Francisca despertó sobresaltada. Y sumada a la tristeza. Ella. Luego se sirvió una taza de té y fue a sentarse en la mesa.

es extraño. un tontito sin remedio que conversa con amigos imaginarios. De pronto. En todo caso yo fui el que eligió venir hasta acá. sino porque si Ricardo se hubiese enterado no habría podido resistirlo. -¿Qué te sucede?-Francisca se acercó a él y le acarició el rostro suavemente. La sensación de precariedad que él le había producido hacía unos minutos se había esfumado. Pero parece que el aire marino no me hace bien. “Eres tú la que se tiene que desilusionar de él” Francisca se entristeció al comprobar que lentamente iba comprendiendo las palabras de Rebeca.Detrás de sus espaldas Detrás de sus espaldas ¿Qué cumpleaños se supone que tendría? Si hubiera sabido que la iba a pasar tan mal no habría venido. lo sé…” Ricardo hizo una pausa agachando la cabeza. siempre me hace bien volver al país. Incluso cuando te encontré en el aeropuerto. como si hubiese venido llegando desde un mundo completamente distinto. -¿Pero qué pasó? ¿Por qué no me cuentas? Yo puedo ayudarte. En última instancia era su fantasía. Y en ese momento pensó que haberle ocultado lo del aborto de su hijo había sido lo mejor. gritando de dolor al comprobar que la tela se le había pegado al cuerpo y que al quitarla enormes extensiones de piel se desprendían de sus brazos y pecho. Y no le gustaba pensar que un incidente tan mínimo como que él no quisiera hablar le revelara una verdad tan impactante: ese ser mínimo que tenía en frente de ella había sido siempre igual. Francisca asintió. “Si no hablas luego soy capaz de hacerlo”. y a ella poco le importaba que todo lo que sucediera no fuese real. “Pero ayer me sentí así. Me hace pensar y tú sabes que a mi no me gusta mucho hacerlo. Y al igual que la tarde anterior. En sus ojos se veía el desconcierto. A Francisca le parecía una persona con problemas mentales. Y también lo vio desesperado tratando de quitarse la camisa. Seguía ensimismado. Me pone triste. Es más. mi mala memoria. con el asunto del tipo ese que te coqueteó. -No sé. Pensé que se me iba a pasar cuando llegara a Chile. cuando recordó los días previos a su matrimonio. pensó Francisca mientras bebía de la taza que sostenía con ambas manos. y la viviría de acuerdo a sus normas. En esos momentos comenzaba a ver al Ricardo real. sintió enormes deseos de arrojarle el café en la cara a Ricardo. Y sintiéndolo cerca. Preparé todo antes de venirme para que resultara perfecto. Y tú sabes que yo no soy así. cuando tomé el bus… -¿El bus?-Francisca lo miró desconcertada. pero no me he portado bien contigo. Francisca lo abrazó fuerte. pero no por haber logrado con eso que él no se fuera de su lado. -Perdón. Él la miró un poco asustado. con la incipiente barba de él raspándole la cara. ayer. Francisca se sirvió otro café y volvió a la mesa. La ilusión volvía a acompañarla. con la mirada perdida en detalles irrelevantes de la cabaña. sorbiendo a ratos el té que ya se le había enfriado. mientras revolvía la taza. y nuevamente ella pensó que podía confiar en él aun cuando se portara de una manera extraña. una vez más sintió que ella no podía ser tan despiadada con Ricardo. Ricardo la miró y respiró profundo. pensé que sería lindo que celebráramos tu cumpleaños acá. Lentamente Francisca estiró su mano y tomó la de Ricardo. no al que se había fabricado en su imaginación durante tantos años. Quise decir el avión. siempre me he reído de los que dicen sufrir depresiones porque para mí no son más que una debilidad de carácter. la fragilidad que demostraba era su esencia. Pero Ricardo parecía haber perdido todo su don de adivinación. En su imaginación pudo ver la cara de horror de él al sentir que la piel de su rostro se le arrugaba producto de las quemaduras. se me olvidó todo. 123 124 . Yo soy más de acción. ya sabes. -¿Me creerías si te digo que aún no lo sé? Tengo miedo de que algo suceda. me sentí deprimido. sintió una enorme compasión por Ricardo. Cuando tomé el avión sentí una sensación extraña.

Detrás de sus espaldas

Detrás de sus espaldas

-Han sido días difíciles-Francisca le tomó el rostro a Ricardo-. Quizás yo también no me he portado bien contigo. No sé…También he sentido ganas de tratarte mal. Toda la tarde había pensado en preguntarte qué mierda te pasaba, pero me asustaba el no poder hacerlo de buena forma. “He estado apunto de salir a la carretera y tomar un bus a Santiago, pero después me he peguntado, ¿qué voy a hacer allá? Están mis hijos, por supuesto, pero también está mi tío…Francisca hizo una mueca de desagrado- Y tú sabes que ya no lo soporto. Es como si el pobre fuera una especie de bicho asqueroso. No puedo estar cerca de él porque me produce náuseas. Si el sólo hecho de pensar que tengo que dormir todas las noches con él me descoloca. Y yo ya no dejo que me toque. Y también evito que me vea. A veces, en las noches, lo sorprendo cuando está corriendo lentamente las sábanas para mirarme, y tengo que aguantarme las ganas de pegarle con lo que tenga a mano, porque es tal la furia que siento que pienso que hasta podría matarlo” Ricardo levantó las cejas en señal de sorpresa. -Es cierto-continuó Francisca-Ya no lo soporto…yo lo único que quiero es estar contigo, pero tú estás tan lejos… Francisca acercó su rostro al pecho de Ricardo, y desde ahí, bajando lentamente hasta sus piernas, preguntó con voz en tono suplicante: -¿Algún día vas a volver a Chile? Ricardo la miró desde las alturas, moviendo la cabeza como si estuviera tratando con una niña que pide más chocolates cuando le han repetido que ya ha sido suficiente. -Tú sabes mi amor que es difícil para mí volver de un día para otro. Son muchas las cosas que tendría que dejar por volver. La vida allá es distinta. Se vive mejor, el trabajo es más estable. Europa es lo más cercano al paraíso que se puede encontrar en la tierra. Además, he hecho amistades. Acá en Chile no me siento como en casa. Sólo cuando estoy contigo me siento acogido. Francisca le golpeó la pierna. -Mmm, ¿no será que alguna europea te está esperando allá?

Ricardo se sorprendió al escucharla. Era la primera vez en todos esos años que Francisca hacía alusión a otra mujer en su vida. -Pero como se te ocurre-dijo con toda naturalidad-Las europeas no se comparan contigo, mi latina hermosa. Francisca se incorporó. Lo miró directamente a los ojos. Ricardo pareció vacilar, pero aceptó el reto y le mantuvo la mirada. -En todo caso no me importa si allá tienes otra. Lo que hagas cuando no estás conmigo no me interesa. Además tú siempre… Francisca iba a decir tú siempre vas a volver a mi lado, pero una súbita prudencia la hizo callarse. -¿Yo siempre qué? Ricardo la animó para que continuara. -No, nada, iba a decir algo sin importancia. -¿Algo como qué? -Era una tontera, en serio. ¿Cómo te sientes ahora? Podríamos ir a la playa, ¿no te parece? -¿Con el viento que hay? Hace mucho frío. Casi me muero congelado cuando volvía a la cabaña. Francisca tomó de los hombros a Ricardo y lo zamarreó suavemente. -Ya pero no seas fome, hazlo por mí. Nos abrigamos bien y salimos a celebrar mi cumpleaños a la orilla del mar. Llevamos la champaña que trajimos y brindamos después de las doce-Francisca miró su reloj-Vamos, no seas malo. Ya falta poco para que sea medianoche. Ricardo estaba cansado. Lo único que quería era irse a dormir. Sin embargo, pensó que no era una buena idea decírselo a Francisca. Si la contradecía podía despertar el demonio que llevaba dentro y con seguridad todo el asunto terminaría en una escena. Y él no estaba de ánimo para eso. -Bueno-dijo finalmente-¿Pero no te molesta que lleve el termo para tomar café? -No y lleva cigarros que a mi se me acabaron. Pero apúrate sí.

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Al rato salieron de la cabaña. En la playa la marea había subido tanto que hacía difícil encontrar un lugar que no estuviera húmedo. Francisca le dijo a Ricardo que se subieran a una pequeña roca que encontraron. Desde allí observaron el reflejo de la luna en el agua. -Cuéntame de la cueva, ¿la encontraste? Ricardo asintió. -Pero dime algo. ¿Era grande? -Sí, era enorme. Estuve allí toda la tarde. No sé, me quedé impresionado por lo que la naturaleza podía hacer por sí sola. En Europa no he conocido lugares como ese. Es precioso. Y en las noches, con la subida de la marea, se inunda por completo. Dicen que allí habita el espíritu de un pirata que murió ahogado porque se quedó dormido. Francisca se asustó. -¿Quién dice eso? Que tétrico. -Un lugareño que me encontré cuando estaba dentro de la cueva. Me contó también que los Changos solían venir a la cueva y que la utilizaban como cementerio para los nonatos. Francisca no pudo seguir mirando a Ricardo. Se imaginó después del aborto, con los restos de su hijo en una bolsa, caminando en una noche de tormenta hacia la cueva para enterrarlo allí. Pero cuando llegaba la estaba esperando Ricardo con un cuchillo en la mano, apuntándole al corazón y con el rostro empapado por las lágrimas. -Para, para-le dijo sollozando-No sigas con esas cosas que me asustan. Ricardo se sorprendió, y abrazó a Francisca. -Pobre mi amor. Pero si son sólo historias que cuenta la gente. No sabemos si es verdad. No te asustes, conmigo no te va a pasar nada. -Si sé. Pero por favor cuéntame cosas lindas. Háblame de cuando eras niño y jugabas con tus amigos, cosas así. Ricardo miró su reloj. -Te voy a decir algo mejor: feliz cumpleaños mi amor. Dicho esto Ricardo comenzó a tararear Birthday de los Beatles y a bailar desordenadamente encima de la roca.

Francisca, cuyo ánimo estaba por los suelos producto de las imágenes que habían circulado por su cabeza hacía unos momentos, comenzó a reír al ver el espectáculo que estaba dando Ricardo. Cuando las carcajadas de ambos disminuyeron, se abrazaron por un largo momento. Luego Ricardo la besó tiernamente. Francisca se sentía bien. Tenía deseos de celebrar como si ese fuera su último cumpleaños. Quiso descorchar la botella de champaña, pero no pudo. Con un poco más de paciencia Ricardo logró enviar el corcho hacia el mar y bebió un trago de la botella. Francisca hizo lo propio y luego comenzó a agitar la botella para rociar con champaña a Ricardo. Se produjo una pequeña lucha por conseguir el dominio de la botella, pero esta finalmente terminó escapándoseles de las manos y se quebró al dar con la roca. Ambos se miraron espantados, como si fueran unos niños a los cuales jugando se les hubiera roto un valioso jarrón de una antigua dinastía china. -Por lo menos nos queda el café-dijo Francisca para salvar la situación. Ricardo asintió. Francisca encendió un cigarrillo y le pidió a Ricardo que la abrazara. El le hizo caso y juntos se dedicaron a observar el reflejo de la luna en el agua. Francisca sintió deseos de que aquel espectáculo fuera eterno. Pensó que si por alguna eventualidad el mundo explotara en ese momento, desapareciendo para siempre toda especie de vida, ella hubiese muerto feliz. Minutos más tarde se percataron que la marea alta ya estaba alcanzando la roca en la que ellos estaban parados. Las olas poco a poco golpeaban con más fuerza la piedra y el rocío del mar les humedecía el rostro. Francisca podía sentir el sabor salado del agua en sus labios. Hacía mucho frío, pero ella no quería abandonar aquel lugar. Cerró los ojos y se imaginó saboreando la crema de una gran torta salada. La sensación era la misma que se produce un poco antes de vomitar, pero ella la disfrutaba. Incluso el atisbo de náusea que alcanzó a sentir le pareció placentero.

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Cuando abrió los ojos nuevamente, Francisca se deslizó rauda por la roca y se metió en el agua riendo como una niña de diez años que acaba de conocer el litoral. Con sus manos tomaba la espuma del mar, y ante la mirada atónita de Ricardo, la iba depositando en la taza que venía con el termo. -¡Ven, acompáñame mi amor! ¡Estoy juntando espuma para mi gran torta salada!-gritaba desaforada. Ricardo la miraba compasivamente, y le pidió en varias ocasiones que se saliera del agua, pero ella rehusó hacerlo. Ni siquiera la amenaza de contraer un fuerte resfrío fue capaz de disuadirla. Y continuó jugando con la espuma por varios minutos, recogiendo grandes cantidades que al segundo se le deshacían en las manos, pero volviendo a la carga con la misma intensidad que la primera vez hasta lograr su objetivo de llenar la taza. -¡Es para mi gran torta salada mi amor!-repitió una docena de veces antes de que Ricardo se la llevara a la fuerza a la cabaña.

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Raro, como si un completo desconocido le hubiera dicho que la quería mucho. Esa fue la impresión que tuvo Rebeca al recibir el llamado de Enrique la noche anterior. Ella nunca había pensado que un hombre como él sería capaz de acercársele en busca de ayuda. Era más, tenía la firme creencia de que Enrique la detestaba. Y aun cuando aquello fuera un prejuicio, porque nunca se había atrevido a preguntarle derechamente si lo que ella pensaba era cierto, esa idea preconcebida la hacía sospechar de las verdaderas intenciones de Enrique. Cuando hablaron a ella le pareció notar un dejo de desesperación en su voz. Como si Enrique se hubiera enterado de todo lo que sucedía a sus espaldas. Él le pidió discreción y le habló de una sorpresa que quería darle a Francisca por su cumpleaños. A ella la necesitaba para que le diera algunos consejos, lo acompañara a comprar, y para que le contara cosas que él creía ignorar acerca de Francisca. -Qué extraño que tú me pidas esto-replicó Rebeca mientras Diego la miraba con curiosidad desde el otro lado de la cama-A mí me parece que tú la conoces muy bien a ella. -Puede ser-contestó Enrique con la voz pastosa producto de su cuarto whisky-Pero a lo que me refiero es que hay detalles que pueden ser importantes y que yo desconozco. -¿Cómo cuales? -No sé, pienso que Francisca te ha debido contar cosas de ella, o nuestras, que podrían ayudarme a ser mejor con ella. ¿Qué le estaba sucediendo a Enrique? ¿A dónde quería llegar? Rebeca no estaba segura de poder hablar francamente con él. Si lo pensaba bien, ella nunca podría ser transparente con él sin traicionar a Francisca. Y por otro lado su amiga no hacía otra cosa que hablar pestes de él. Ciertamente Rebeca pensaba que Francisca era exagerada al emitir juicios de su marido, un poco por querer menospreciarlo por sentir que era un obstáculo para su felicidad con Ricardo, y otro tanto porque

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Detrás de sus espaldas Detrás de sus espaldas era natural que una mujer nunca le contara a otra maravillas del hombre que tenía al lado. Pero luego me di cuenta que. Mira. Es decir. Diego asintió y repitió el gesto de su mujer. Pero ya estaba hecho. Debía medir sus palabras. o se había decidido a actuar como un agente de servicio secreto que la quería utilizar para dar con el paradero de su víctima. -Algo por el estilo. en realidad. Ella lo miró con desagrado. Diego la apuró para que le contara lo que había hablado con Enrique. Le costaba encontrar las palabras adecuadas para comenzar. Tú sabes que nuestro matrimonio con la Francisca no es de los mejores. tenía miedo de perder a la Francisca. y colocándose él índice en la cien lo movió como si estuviera apretándose un tornillo. desde el sábado pasado. -Está bien. y para serte sincero yo no he sido el mejor marido… -¿Por qué lo dices? -Porque creo que nunca la he apoyado lo suficiente. pero ¿me podrías explicar cual es tú propósito? -Básicamente…-Enrique dudó si ser sincero. ¿Puedo contar contigo para mañana? Rebeca se comprometió con él. Primero anduve mal porque pensé que no tenía ganas de vivir. la he dejado sola…y además la he cagado con otras… Enrique se sorprendió al oírse decir esto último. ¿Tú quieres que te cuente las cosas que hablamos con la Francisca? Enrique carraspeó al otro lado del teléfono. -¿Puedes explicarte un poco más? Es decir. Pero luego ocurre que la vida comienza a adquirir movimiento nuevamente y lo absurdo es que cuando las cosas comienzan a cambiar uno las quiere dejar como están. Era amiga de su mujer. Rebeca miró a Diego con incredulidad mientras él le hacía gestos para que le revelara con quien estaba conversando. me gustaría que me dijeras las cosas que ella echa de menos en mí. me han ocurrido muchas cosas. -Pobre huevón-fue lo que dijo cuando Rebeca finalizó su relato. Quiero ser feliz con ella de una buena vez. ¿Le contaba todo desde el principio? Él no quería aburrirla con una charla interminable. Por eso quiero que tú me ayudes para prepararle una sorpresa a la Francisca. pero algo debe haber pasado para que estés deseando mejorar con Francisca. pero creía necesario que Rebeca supiera todo. Moviendo la boca pero sin emitir sonidos le dio a entender que era Enrique. y aguzar su entendimiento para leer entre líneas el discurso de Enrique. ¿Tendría que mentir piadosamente? -No te estoy entendiendo. Cuando colgó el teléfono se levantó de la cama y fue a buscar un vaso de pisco sour. La sofisticación en las palabras de Enrique le hacía pensar que. es que yo no soy un angelito caído del cielo. ¿Te gustaría que la gente pensara eso de ti? 131 132 . o estaba demasiado borracho. Quiero que este cumpleaños sea inolvidable para ella. -¿No puedes ser un poco más humano? A ti también te puede pasar alguna vez lo mismo. quizás siempre he sentido esto y es primera vez que me atrevo a reconocerlo. Algo por el estilo me ha sucedido a mí. pero un sorbo de whisky lo ayudó a soltarse. He cometido muchos errores. en esta última semana. ¿Desde cuando era tan abierto? ¿Pretendía acaso lavar sus culpas confesándose con Rebeca? ¿No era mejor buscar a un cura? Rebeca no era su amiga. Tú eres su mejor amiga. Entonces uno desea fervientemente que le sucedan cosas para salir de ese pantano. ¿Te has fijado que la vida de cada uno pasa por períodos en que no parece suceder nada? En esas etapas todo parece estar estancado y uno cree que la vida se le ha acabado. entiendo tu propósito.Básicamente reencantar a mi mujer. -Perdona que sea un poco entrometida. Desde esa perspectiva lo que había dicho podría resultarle perjudicial. Necesitaba un trago para pensar con claridad. ¿Manejar información importante para mis propósitos? A Rebeca le parecía irritante el tenor de la conversación. No me preguntes como llegué a esa conclusión. ¿Andan mal ustedes? Enrique se detuvo a pensar. supongo que por lo tanto eres su confidente. Pienso que podrías manejar información importante para mis propósitos. -La verdad-continuó-. pero creo que es hora de enmendarlos.

lo que él quería era sexo. podía jugar un papel similar al de Judas en la pequeña historia de su amiga y Enrique. o llevarlo de vuelta a la orilla con advertencias veladas acerca del fracaso que su propósito le acarrearía. Rebeca se dio vuelta hacia su lado de la cama. Luego venía la reacción. Al preguntarle por los niños. A la mañana siguiente Rebeca se levantó con un poco de tristeza. la de los manotazos del que sin remedio se va a ahogar. con todo el dolor que aquello implicaba. aunque la historia oficial decía una cosa. era sábado. que. Rebeca pensó en Judas y en la traición que había cambiado el rumbo de la historia occidental. y no le permitía disfrutar del hermoso día que se perfilaba en la ciudad. Neil Armstrong. Parece ser un buen tipo. Porque llegó en segundo lugar. Por lo tanto ella pensaba que si le abría los ojos a Enrique. -Eres denigrante-le dijo mientras Diego se reía a carcajadas debajo del cojín. está bien. Y la Francisca en algún momento se va a dar cuenta de eso. Para ella no era absurdo pensar que a Judas lo hayan embaucado con promesas de salvación para su maestro si él lo entregaba a sus captores. Cuando se encontraron fueron de inmediato a tomarse una bebida. ¿tú recuerdas a algún segundo famoso en la historia? No los hay. 133 134 . pero sigue siendo un pobre huevón. En el caso de Enrique parecía ser que se encontraba en esa etapa. Bebió un trago del vaso y. Edmund Hillary. -¿Y Diego? -Se fue a visitar a sus padres en Batuco. -Está bien. El comentario de Diego le pareció violento. Mientras manejaba su auto rumbo al centro comercial en donde acordó juntarse con Enrique. Y pensó. ¿Pero hasta cuando? Rebeca conocía muy bien a Francisca. y por lo que sé no la pasa mal… Rebeca se indignó. Enrique se veía contento. -Me cae bien él. por lo tanto sabía que las aspiraciones de Enrique eran desmedidas.Detrás de sus espaldas Detrás de sus espaldas -Pero si es la cruel realidad-dijo Diego alzando la voz-. se puso a pensar. -Así que vamos a estar tranquilos-dijo sonriendo Enrique. con un poco de horror producto de sus convicciones cristianas. a ella le parecía que. el que primero clavó la bandera fue Ricardo Plaza… Rebeca le tiró un cojín en la cara. La mujer del tipo está en este preciso momento acostándose con otro. yo tampoco tengo apuro. abusivo. lo haría sin demostrarle que lo hacía porque sentía lástima de él. Diego no tenía ganas de discutir. -Yo no estaría tan segura-respondió encolerizada-tu amiguito se puede creer el rey del mundo. Entonces tenía dos opciones: dejarlo seguir con su idea y que sus pulmones se llenaran de agua. Y en la vida de Francisca. Ese maldito de Ricardo no tenía escrúpulos en contarle a Diego lo que hacía con su amiga en la cama. -Está bien. Teniendo claro que Francisca no se comparaba con Jesús. Ya lo quiero ver yo cuando ella lo mande a la mierda. pero sigo pensando que Enrique no tiene futuro con lo que va a intentar. traicionando de paso a Francisca. Hace tiempo que perdió su oportunidad…en realidad nunca la tuvo. a Rebeca le pareció que había dormido bien producto de la jovialidad que demostraba. A pesar de que presumía que la noche anterior se había aturdido con whisky. Y ella era el providencial flotador que lo mantendría respirando. Todos ellos llegaron primero. ¿Qué pasaba con la gente cuando ya no la querían? Lo primero era reconocerlo. dado el curso de los acontecimientos. Enrique le respondió que los había dejado con sus padres y que se los llevarían de vuelta en la tarde. no había que descartar la posibilidad de que Judas hubiese cometido la traición por compasión y no por dinero. Rebeca pensaba que la compasión era un sentimiento menospreciado por gran parte de quienes eran objeto de ella. en la mayoría de los casos desesperada. tú ganas. haciendo caso omiso de los cariñosos pedidos de Diego. La indecisión de la noche anterior aún la acosaba. Ser compadecido por otro suponía reconocer que en frente de uno había alguien que se ha percatado del sufrimiento propio. Cristóbal Colón.

Rebeca quiso profundizar algo más. en la época en que comenzaba a salir con Enrique. Francisca le dice que pretende escaparse con él. y por otro lado aplacando la culpa que sentía. No parecía haber en él señales de estar preparando un gran golpe. ¿Cuándo se iba a decidir a hablar claramente? -Sí-respondió esperando cualquier cosa. Solo en ese momento le pareció que la vida de Francisca se estabilizaría. -¿Y ustedes se conocieron con Diego por intermedio de él? ¿Cómo se llamaba? -Ricardo. Tiempo después. dijo que sí quería recibir como esposo a Enrique. -¿El no era amigo del tipo ese que fue pololo de la Francisca? A Rebeca se le erizaron los pelos de los brazos. mirando con verdadera unción al cura que ofició la ceremonia. se dijo que al parecer la pregunta que le había hecho Enrique había sido para romper el hielo que supuestamente había entre ellos. Pero ahora se ven muy poco. Su volubilidad no tenía medida. Ricardo no vive en Chile. y con la absoluta certeza de que no abriría la boca para mencionar el tema. evitando de esta forma los cuestionamientos que se le podían hacer. -¿Y así de fácil das vuelta la página? -Es que no resultó-dijo Francisca encogiéndose de hombros. Aquella vez Rebeca pensó en que podía ser válido que las cosas entre dos personas no resultaran. Rebeca pensó en lo curioso que le resultaba a ella el ponerse en el lugar de su amiga para tratar de agasajarla: no había nada más difícil en el mundo que darle en el gusto a Francisca. y con un poco más de calma. Pero finalmente la vio llegar a la iglesia con una sonrisa que parecía la de una plebeya que desposa a un heredero al trono. Ricardo. Y después se hicieron amigos. Luego. Poco después fueron a comprar. No había nada más que pensar en la vida que había llevado los últimos años. -Eso. convenció a Enrique de comprar unas cuantas para iluminar la ocasión. pareció decir Francisca finalmente. y a pesar de la reticencia que en primera instancia manifestó (¡Francisca odia las velas!). Diego conoció a Ricardo cuando la Francisca pololeó con él. El también me ha hecho buenos comentarios acerca de ti. Ese día Rebeca no estuvo tranquila hasta que Francisca. y con el vestido de novia más hermoso que ella había visto en su vida. La ambigüedad de los comentarios de Enrique la hacía ponerse nerviosa. Rebeca recordó cuando Francisca. Enrique bebió de su vaso. dejando de lado todo lo que había logrado. cuando Rebeca se dio por vencida de advertirle a Francisca que no era conveniente que tomara una decisión tan importante como la de casarse cuando aún no había cerrado definitivamente el contacto emocional que mantenía con Ricardo. porque en el fondo ella sabía que si las cosas no funcionaban no era por una cuestión del destino. no quería que siguieran funcionando. por uno u otro motivo. Enrique le había contado a Rebeca la idea que tenía en mente: una gran cena que él mismo prepararía y un precioso par de anillos que renovarían simbólicamente el compromiso de su matrimonio. no pasaron dos meses desde la celebración cuando Francisca le declaró que ella estaba profundamente 135 136 . Despejada definitivamente la duda acerca de si Enrique se había enterado de la subrepticia relación de Francisca y Ricardo. Las cosas no resultaron porque así son las cosas.Detrás de sus espaldas Detrás de sus espaldas -Sí. pero Francisca se ciñó estrictamente a su lacónica declaración. Sin embargo. Rebeca lo observaba cuidadosamente. sino porque siempre había alguien que. le había contado que su relación con Ricardo no tenía ningún futuro debido a la distancia que entre ellos había. Esa fue la simple respuesta que le dio Francisca. -Ah. -No. pero le pareció que el matiz que empleó su amiga al hacer la afirmación había sido el de una conveniente resignación. Ella le aconsejó menos ostentación de la que él pretendía.

-Es curioso. Yo siempre la vi como una amiga. Primero que todo Rebeca trató de imaginarse lo que Enrique estaba pensando para haberle dicho eso. era su problema. 137 138 . todo lo que tengo lo merezco. -Salud-le dijo-Por que todo resulte bien de aquí en adelante. Luego subió al segundo piso y dejó en las camas de sus hijos la ropa que les había comprado para recibir a Francisca. pensó Rebeca para sus adentros. sintió admiración por la paciencia que le había tenido a Francisca durante todo ese tiempo. a lo mejor es mentira que trabaja en eso-dijo en tono de broma Enrique.. -Salud-dijo Rebeca estrellando su vaso con el de él. Puede ser la inseguridad que dicen todo artista tiene con respecto a su obra. Y aun cuando pensó que Enrique era un tonto por querer a su amiga de una forma tan ingenua. Sus personalidades no eran comunes y sus estados de ánimo en la mayoría de los casos eran inestables. A ella le parecía demasiado soberbio andar pregonando por el mundo esa idea. aunque no lo creas. y pensó que le hubiera gustado haber conocido un poco más a Enrique. ni más ni menos. -Perdona que no te lo haya ofrecido antes. ¿A ti te muestra sus trabajos? -No. “Si tú lo dices”. porque si tenía que ser honesta. Mientras iban hacia el auto con las manos repletas de bolsas. Había que tener paciencia para soportarlos con sus personalidades caprichosas y sus arrebatos de mal humor. hizo el esfuerzo para no parecer mal educada. -¿Lo dices porque estás contento con lo que has logrado? Enrique echó a andar el auto con suficiencia. pensé que me lo merecía. ¿pero casi siempre llega en la noche no? -Sí. sin motivo aparente Enrique le dijo a Rebeca: -Yo creo que uno tiene lo que se merece. Enrique se echó a reír. -No te preocupes. pero yo nunca he visto las fotografías que hace Francisca. A ella no le hubiera gustado que Diego hubiera sido un artista. así que siempre toma el último vuelo a Santiago cuando viaja. y desde ese punto de vista perdía el todo que ella es como persona. como si eso demostrara que él tenía un absoluto control de las cosas. Miró a Enrique: -Creo que tienes razón. Lo prefería simple y predecible como era. dice que le gusta tomar fotografías en el ocaso. Y pensándolo de esa forma le pareció comprenderla un poco más. Creo que. -Sí-dijo después de haber doblado en una esquina-. No quiso decirle a Enrique que su opinión era discutible.le dijo-. Y aunque la tarea de averiguarle el pensamiento ya la estaba cansando. Luego pensó que no era una mala idea tomarse un trago. A Rebeca nunca se le había ocurrido ver a Francisca como una artista. Al llegar a la casa Enrique llamó por teléfono a sus padres para avisarles que ya estaba de vuelta y que podían llevarle a los niños. Fue al bar y se sirvió un whisky con agua. Camino a casa. y menos aún si esta quiere a otro. -Yo tampoco he hablado con ella. pero si él creía en ella. -Francisca no ha avisado a qué hora llega. Después aclaró: Fuera de broma. ella reconocía que no era fácil tener que lidiar con una mujer en una relación.Detrás de sus espaldas Detrás de sus espaldas enamorada de Ricardo y que no dejaría de verlo aun cuando él estuviera lejos. cuando un semáforo en rojo los detuvo en una esquina. comprendo mejor a la Francisca. -Pero no generalizas. Cuando bajó Rebeca estaba sentada en un sillón y se tomaba un trago. ¿cierto? ¿O crees que eso es como una ley universal? -Todo el mundo tiene lo que se merece. Ahora. Los artistas eran por lo general personas difíciles de comprender. Rebeca miró a Enrique y le pareció ver en él el mismo entusiasmo que se tiene cuando uno es adolescente y quiere conquistar a una mujer.le dijo a Rebeca. para bien o para mal. Se sentó frente a Rebeca. pero me imagino que lo hará cerca de las nueve-dijo Enrique mirando su reloj. me parece que tiene cierto pudor en mostrar su trabajo.

se 139 140 . pero no quiso complicarse más con el tema. del continente que le pidieran. Rebeca la miró enternecida. sin embargo supo apreciar la dedicación que él había puesto en ese detalle. Esos instantes Enrique los dedicó a preparar la comida. pensó. Le pareció que Adriana iba a ser una gran mujer si se mantenía tan cándida. -Es una cuestión de hormonas-dijo finalmente-. Los padres de Enrique los dejaron prometiendo que el fin de semana próximo estarían nuevamente con ellos. Rebeca bajó detrás de ellos y por un instante se dedicó a admirarlos como si fueran sus propios hijos. Adriana se veía preciosa y Sebastián parecía un caballero. -Ella es preciosa-dijo Rebeca sin que se le notara la molestia-. La decoración completa estaba preparada cuando Enrique estuvo de vuelta. Rebeca se alegró. Adriana era la más entusiasmada con la ambientación del lugar. -Tienes razón. disfruto con el espectáculo de sus expresiones llenas de envidia y pienso que me detestan porque soy el favorecido por Dios o quien sea que me la regaló. Rebeca quedó asombrada al verlo. Enrique se quedó callado un momento. En todo caso no creo estar junto a ella solo porque es una mujer hermosa. Cuando se puso a pensar en lo que haría se había complicado. Ella aceptó y le dijo que ellos se dedicarían a decorar la mesa y a colocar las velas por los distintos rincones del comedor. incluso viniendo de un fin de semana con Ricardo. ¿Pero no crees que no merece que tú la veas como un objeto para lucir? Enrique se avergonzó. Sin embargo. El no se consideraba un buen cocinero. Si tuvieras más testosterona me entenderías perfectamente. Ella es como las mareas: sube y baja de acuerdo a la luna. fue al otro baño a ducharse. Enrique le pidió si podía quedarse cuidándolos mientras él se daba una ducha. Es cierto que vivir junto a ella no ha sido el paraíso.Detrás de sus espaldas Detrás de sus espaldas -La Francisca es especial-dijo Enrique enternecido-. A Rebeca la explicación no le pareció del todo satisfactoria. Por su parte Sebastián. “Este tipo es un narciso de primera”. pensó Rebeca y se imaginó la cara de incredulidad de Diego si hubiera estado allí escuchando. -¿Y de donde sacaste esa idea?-le preguntó Rebeca. Algo simple que con platos bien decorados podía ser una linda sorpresa para su mujer. Ensaladas y pavo a la plancha. con las ensaladas era un maestro. Yo siempre he pensado que me gané el premio mayor con ella. -Es que una vez en una revista vi la fotografía de una señora que trabajaba en decoraciones y ella me pareció linda: cuando grande quiero ser como ella. Enrique le ofreció otro trago. arroz con bistec. Cerca de las nueve de la noche los niños bajaron inmaculados desde el segundo piso. Los niños llegaron cuando la conversación entre ellos parecía decaer. físicamente hablando. quien al tener más edad quería parecer independiente. Pero eso la hace difícil de igualar. me gusta ver la mirada de los otros hombres cuando se cruzan con nosotros. Se veía tan diestra en todo lo que hacía que incluso aceptó sus sugerencias en cuanto a la distribución de los platos en la mesa. puré con huevos. Por un momento se dedicó a jugar con los hielos del vaso. pero uno no es perfecto. Prácticamente sabía preparar solo platos de supervivencia: tallarines. En un principio le pareció que ponerse esmoquin era exagerado. Trató de aclarar su garganta con un poco de whisky. Constantemente le decía a Rebeca que cuando fuera grande ella quería trabajar decorando casas porque le gustaba vivir en lugares bonitos y alegres. haciéndolos girar violentamente para derretirlos. Y por otro lado me siento orgulloso de andar con ella por la calle. porque le resultaba incómodo estar con Enrique sin saber qué decirle. En cambio Sebastián parecía más torpe en la manipulación de las cosas. Hasta llegó a pensar que Francisca. Se ofreció a bañar a Adriana y la niña saltó de alegría. Conocía la preparación de distintos tipos. pero ella rehusó. pero siento que he tenido la oportunidad de estar junto a una gran persona. pero lograba superar sus dificultades con una cuota extra de tenacidad.

acudas a mí-le dijo. Este preguntó qué sucedía y sintió una oleada de calor que le subió por el pecho y lo sofocó. Pero al contrario de la reacción natural de escapar. Quiero pedirte un último favor. Nada extraordinario había sucedido. Antes de despedirla en la puerta. y las dudas que provocaría en Francisca esa declaración la llevarían a hacerle infinidad de preguntas. -Nada. cuando se despidió de él. me gustaría que nos tomaras una fotografía a los tres sentados en la mesa. Espero que todo resulte bien-dijo Rebeca y se fue con la imagen de la fotografía fija en la memoria. Sólo falta la festejada. -Espero que si algún día necesitas de ayuda. se sentía en tierra de nadie. después de darse una ducha. Para él no era fácil explicarle a Francisca lo que le había sucedido. como nunca antes en su vida. ¿Quién podía decir con soltura que sentía la profunda necesidad de cambiar? Es más: ¿quién era capaz de contarle a alguien que quería sentirse una buena persona? Decirlo implicaba aceptar que antes había actuado de mala forma. Cuando estuvo en la cueva del pirata.Detrás de sus espaldas Detrás de sus espaldas emocionaría al verlo vestido especialmente para recibirla. Cuando se percató de que eso era precisamente lo que estaba haciendo. Enrique le agradeció la generosidad que había tenido. Enrique le preguntó. concluyó. abriendo los brazos y sonriendo. Sin embargo ese día. Rebeca se alejó un poco para tener más perspectiva. hizo un recorrido mental por los últimos días. no te preocupes-le dijo Rebeca mientras le enderezaba la humita. Ricardo vio que su amigo lo miraba de forma extraña: 141 142 . por lo tanto siempre que partía lo hacía con tranquilidad. se había metido en la cama y le había pedido que le hiciera cariño. le dijo que estaba bien. El interrogatorio sería feroz. Cuestionarse moralmente era para él algo absolutamente extraño. Rebeca aceptó y cuando los tres estuvieron en sus puestos apretó el obturador. como siempre. En Puerto Montt sus asuntos. Sus silencios y las largas caminatas que había dado por la playa de Morrillos obedecían a un impulso desesperado por encontrar el verdadero motivo por el cual se había desatado en él un examen de conciencia ajeno a su voluntad. se encerró en un mutismo asfixiante. y a él no le quedaría más alternativa que confesar toda su verdad… ¿Estaba preparado para eso? Ricardo. -Ya debe estar por llegar-dijo Rebeca cuando comenzó a despedirse de los niños. y simulando ser una pintora que con su mano toma las medidas a un modelo. 11 La noche anterior Ricardo no pudo hablar con Francisca. Ella. sintió un pánico indescriptible. qué le parecía. Ricardo confiaba a cabalidad en él. -Entonces estamos todos listos-dijo Enrique pasándose las manos por el traje-. -Pero hay un detalle-dijo acercándose a Enrique. Se durmió al rato hablando de su torta salada y lo dejó a él solo con sus pensamientos. saliendo de él mismo. -Espera un poco por favor Rebeca. Aunque suene ridículo. Él jamás había sentido la necesidad de mirarse hacia dentro. -Que bueno que me lo digas. Y probablemente el que reciba el mejor regalo de cumpleaños sea él. No sé porque pero quiero que el ensayo general quede registrado. quedaron a cargo de un amigo.

en cambio el mundo y la vida consistía en hechos. Ricardo se golpeó la cabeza al percatarse de lo estúpido que había sido. Si aquello era el aviso de un próximo terremoto. ¿Le había sucedido algo terrible en esos días? No. pensó. La mañana del domingo. él quería estar en lo más alto del cerro para que el inminente Tsunami posterior no lo alcanzara. Camino a la cabaña pensó que nadie en el mundo estaba libre de culpas. Sentía que su vida volvía a los cauces normales. si uno quería ser premiado. él no estaba de acuerdo con sus palabras. Se durmió con una extraña sensación en el estómago. y así sucesivamente. se dijo. Ricardo se levantó temprano y le llevó el desayuno a la cama a Francisca. Podía decirse que él había actuado contra la corriente. le vinieron dolores estomacales que lo tuvieron dentro del baño por una hora. Su ánimo estaba intacto. no había que querer. no había que desear los premios. Debe ser el sándwich que me comí. Y por otro lado. Sin embargo. no sé. Francisca lo recibió con una sonrisa mientras se desperezaba. los hechos eran incuestionables: si uno quería que lo quisieran. Pero las constantes paradas del bus en provincia y el ajetreo de la gente que subía y bajaba constantemente no le permitieron un adecuado descanso. él no tenía enemigos que le quisieran hacer daño. “Cuídate hombre” “Cuídate hombre” “Cuídate hombre” Ricardo miró a su amigo y le dijo que no se preocupara por él. Por la mañana. Y rumiando sus ideas más de lo que a él le habría gustado llegó a la conclusión de que su ánimo se había visto afectado nada más que por palabras. al percatarse de que el bus iba a llegar con retraso a Santiago. Fue en ese instante en que pensó que el que tiene que cuidarse es porque está en peligro. Para Ricardo su vida no había sido nada más que la prueba fehaciente de que para sobrevivir había que adaptarse. las palabras no valían nunca por sí solas. Los cuestionamientos habían cesado y se prometió no volver a pisar los terrenos pantanosos por los cuales había andado en los últimos días. ¿Qué era una palabra en comparación con un hecho? Nada. -Nada. pese a haberse dormido de madrugada producto de sus disquisiciones. Esta premisa del sentido común no tenía refutación. le dijo que él no había sido de los trigos limpios. Necesitaba tener una certeza para calmar la serie de temblores que le estaban removiendo sus creencias. Su natural alegría volvió a él y la ansiedad por encontrarse prontamente con Francisca lo dominaba. estos últimos eran lo que realmente importaban. Juntos tomaron de la misma taza el café con 143 144 .Detrás de sus espaldas Detrás de sus espaldas -¿Qué pasa compadre?-le dijo Ricardo. Los golpes del auxiliar que le avisaban de la llegada al terminal terminaron con sus especulaciones. y que eso le había dado resultado. pero anímicamente más repuesto porque en dos segundos decidió no tomar demasiado en serio a sus pensamientos. Claro que luego se subió al taxi y el peculiar conductor. Se bajó del bus con el estómago resentido y el cuerpo cansado. pero las últimas palabras quedaron dando vueltas en su cabeza y resonaron como un eco que rebotaba dentro de él infinitamente. las justificaciones que él se daba no lograban aminorar el sentimiento de incertidumbre que lo corroía. Ricardo recordó estas palabras cuando ya estaba oscuro y en la cueva del pirata la marea había comenzado a subir peligrosamente. La verdad es que no sé por qué pero… cuídate hombre. La lista era interminable. Era simple. el que quisiera podía tomarlas y tergiversarlas hasta hacerles perder su valor original. Y una de las reglas de la adaptación consistía en actuar de acuerdo a lo que su abuelo siempre le había dicho: el mundo es al revés. Si lo que el taxista había querido decirle era que había actuado mal. En el bus que lo llevaba a Santiago logró concentrarse en lo que le esperaba. ¿Era eso lo que le había querido decir su amigo? ¿Pero si sabía algo porqué no había sido más explícito? Ricardo creía que la confianza entre ellos era suficiente como para que su amigo no anduviera con rodeos. con su chapucero método de la mirada profunda. ¿Debía andar con miedo entonces? No.

Con claridad recordó las palabras que le escuchó arriba de un bus a una mujer en uno de sus tantos viajes: “Los hombres viven convencidos de que ellos nos dominan. Por primera vez en su vida tenía el anhelo de la seguridad. hasta que sus mentes quedaron en blanco. Ricardo reaccionó queriendo tomarla por todos lados. De pronto pensó que todo el quebradero de cabeza que 145 146 . En el anestésico estado en que se encontraba. porque no le gustaba llamar al sexo de otra forma que no fuese aquella. hasta que los jadeos fueron disminuyendo. Sin pensarlo demasiado. y en el fragor se tomaron de las manos y se miraron como nunca antes lo habían hecho. y aceleró aún más sus movimientos. pero que al final terminaba transformándose para ella en la piedra que rompe la calma de las aguas. tan vacío de momentos compartidos. sin hablar.” Si a él le hubiesen preguntado en ese momento qué era lo que sentía. Entonces Francisca quiso pausar el ritmo. oliendo con devoción todos los recovecos de su cuerpo. pero por otra parte también se asustó. pero vio que Ricardo también estaba en la misma situación. a Ricardo le pareció que era posible una vida junto a Francisca. desviviéndose por un poco más de aire. y en ese momento le pareció maravillosa la posibilidad de llegar juntos en el mismo grito. somos capaces de romperles los esquemas y en un dos por tres los tenemos comiendo en nuestras manos. significaba que él había abandonado su acostumbrado rol del macho al que le pertenecía por derecho propio la iniciativa. porque si Francisca le había hecho el amor. Así cada uno se hizo de un espacio en la cama. de pronto sintió que era la primera vez que le habían hecho el amor. Y divagando por el limbo de la despreocupación. en cualquier momento. la cabeza reposando en los pechos de ella. hasta que todo fue de una sincronía celestial. subiendo y bajando con brutalidad. hasta que sin previo aviso. hubiera respondido fragilidad. y en el último segundo cerraron los ojos y se abandonaron a la infinita totalidad del placer. a comer una rica torta salada. el caos y el nuevo comienzo. Ella aceptó el reto con osadía. Ricardo llegó a las entrañas de Francisca. Poco les importó que las cortinas estuvieran abiertas. hasta que apareció la sensación de la exquisita cosquilla. y se imaginó cabalgando con furia por las arenas de Morrillos. Pero al dejar la bandeja a un lado de la cama ambos se miraron con intención. nunca recibiendo una palabra de aliento las pocas veces que su ánimo había estado bajo. Era extraño. pensando en las infinitas posibilidades que la ternura proporcionaba al que la quería aceptar. montando con ferocidad suicida. y eso le había gustado. se burlaba Ricardo. y se quedaron tranquilos. porque el placer que sentía era tan inmenso como divino. Habían acordado que apenas hubieran terminado se irían a la playa. A la realidad volvieron exhaustos. y al cual quiere regalarle su perpetuación mediante la constitución de una familia. Y así se mantuvo. En contra de todas las reglas de su “maldita” filosofía. Su conciencia flotaba en un estado de placidez inigualable. En pocos segundos recordó toda su vida. Primero se molestó. siempre felicitándose él mismo por sus logros. y los suspiros parecieron uno solo. y sintió pánico al verse tan solo.Detrás de sus espaldas Detrás de sus espaldas leche. y ella le entregó cada porción de su piel como si quisiera que Ricardo los marcara con un hierro ardiente. pero parecía que su vida era plena. Ricardo descorrió las cortinas y la vista del mar era tentadora. le pidió a Francisca que lo abrazara. le parecía sensiblero. En ese momento las alarmas de su cabeza comenzaron su histérico ulular. pero no saben que nosotras. Luego Francisca apoyó la cabeza en el pecho de Ricardo. Y se quedó quieto. sacudiendo con sus ondas expansivas hasta el más alejado rincón de su conciencia. que en su caso siempre se insinuaba tímidamente al principio. pero con la seguridad de que llegaría a completar ese viaje maravilloso que paulatinamente la arrastraba hacia los dominios de la gran explosión. estaba comenzando a ceder. Francisca se abalanzó sobre él y lo cubrió con la perfección de su cuerpo. El día afuera estaba soleado. dominando con dificultades al potro salvaje. El deseo propio de un hombre que quiere estar bien con el mundo. Ricardo estaba maravillado. ¿Estaba volviéndose viejo? A Ricardo le pareció que era mejor definir su estado como un deseo. Así jugaron desenfrenadamente.

-¿Entonces aceptas?-le dijo Ricardo. -Hola-dijo ella fingiendo un mohín. Alguna vez había oído a Alberto decir con su insoportable pedantería que el cambio era lo único constante. ¿pero me traes un poco de agua? Tengo mucha sed. A pesar de que cuando manejaba rápido se volvía irascible. sino el comienzo de la vida que siempre debió haber tenido. a diferencia de otras oportunidades en donde lo realmente importante para él era adelantar autos. Francisca lo veía distinto. Por otra parte. a pesar del tortuoso recorrido. llevar a cabo ese proyecto sólo confirmaba una realidad inobjetable: ella había nacido para estar con Ricardo. A Francisca le parecía curioso que el paisaje de la misma carretera que dos días atrás. pero también había leído que todo cambiaba para seguir igual. Una vez más Ricardo leía su mente. y a ella le pareció que él estuvo a punto de arrodillarse como cuando los hombres. Ella no tenía ninguna objeción que hacer a la idea. Lentamente comenzó a moverse. en décadas pasadas. a ciento cincuenta kilómetros por hora. -¿Y por qué todo esto ahora? ¿Cuál es la razón? -Quiero tener una familia. Y las conclusiones que había sacado. -¿Y por qué Puerto Montt?-preguntó ella con más curiosidad que sorpresa. Ricardo le pediría a Francisca que se fuesen juntos. Ricardo se veía contento. Pero no quiso hacerlo ahí en la cabaña. Francisca sabía que aceptaría. Iba apurado. Francisca no lograba explicarse lo que estaba sucediendo. ¿Le estaba hablando en serio? ¿Y qué sería de su vida en Europa? Eso no importaba. el destino) le habían enviado a dos personas para que le provocaran incertidumbre y de esta forma obligarlo a ver dentro de él. pero. -El sur siempre me ha gustado. Y tengo algunos amigos que podrían ayudarnos para instalarnos allá. rescatando cada detalle como único e irrepetible. Le gustaba ver en los ojos de Ricardo la zozobra que provoca el tener que esperar por una anhelada respuesta. le había resultado insufrible. Francisca había quedado pasmada. Ella reaccionó lentamente. Ahora lo veía todo hermoso. -¿Vamos a la playa? -Bueno. Dios. señalizaba para adelantar con anticipación. en otras palabras. -Hola-le dijo Ricardo con ternura. -Es natural-dijo Ricardo yendo hacia la cocina. pelear con el que iba al lado o pregonar con verdadera saña el repertorio de groserías más repugnantes. y de paso la convencía de que los imposibles no existían en la vida. Sin embargo. si ella estaba dispuesta él dejaba de lado todo. viendo la realidad con todos sus matices y disfrutando de los aromas que el raudo paso del auto le traía. Y si pensaba detenidamente. ahora se notaba que quería llegar a su destino en paz y a salvo. hubiera cambiado para ella de manera radical. El viento que entraba por la ventana del auto le azotaba el pelo sin misericordia. De alguna parte (el azar. cuando comenzaba el viaje. pedían matrimonio. lo satisfacían. y con suavidad besó en las mejillas a Francisca para despertarla. Aún sin saber las razones por las que Ricardo le había hecho tal propuesta. El sur de Chile era maravilloso para vivir. esta vez. ella quiso hacerlo esperar. no tocaba la bocina ni le prendía las luces a los que iban adelante para que le dieran el paso. pero ella disfrutaba de esos cachetazos que el aire le daba en el rostro porque le confirmaban que lo que estaba ocurriendo no era un sueño. la propuesta que le había hecho Ricardo confirmaba ambas sentencias. suspirando profundo y desperezándose como si fuera una niña. Tomaba las curvas de una manera menos osada. ni siquiera en su más íntimo rincón albergaba la esperanza de lograr algo semejante: pero algo había cambiado. todo seguía igual. -Vivamos juntos en Puerto Montt-le había soltado de sopetón en la playa de Morrillos.Detrás de sus espaldas Detrás de sus espaldas había tenido hasta la noche anterior le había servido. y con un par de llamados arreglaría sus asuntos y se vendría definitivamente a Chile. 147 148 . Ella jamás había pensado en la posibilidad de irse a vivir con Ricardo.

Ella nunca lo había visto tan feliz. Francisca se creía una sirena. Nunca había sido tan fácil para ella armar una maleta. durante un tiempo corto. y en los que ella había nacido desde el fondo del mar para perpetuarse en las tierras australes. Con tranquilidad le puso los brazos al cuello a Ricardo y lo besó tiernamente. Francisca rió un buen rato con todas las ocurrencias de Ricardo. Tú y la soledad me parecían una misma cosa…Perdona que te lo diga así. Tendremos una cabaña con cocina a leña. Y como no le gustaban las maletas a medio llenar. tan descarnadamente. se cubrieron con toallas para no helarse con el viento que se había levantado. ¡Nos vamos a vivir al sur! Ricardo la miró con alegría. pero el afán por ocultar el verdadero motivo de sus lágrimas la llevaron a exagerar. Dentro de por lo menos media hora estaría oscuro en la carretera. Ricardo le propuso ir a bañarse. Siempre pensé que tú eras un hombre extraño. a pesar de parecer un hombre pragmático. A Francisca el rostro de Ricardo le indicaba que sus palabras le habían dolido. No nos va a faltar nada. Con el mar como escenario. tomó un par de cosas de la cabaña y se las llevó como recuerdo de ese fin de semana. en algunas oportunidades no podía controlar sus emociones. Ricardo le propuso caminar por la playa. Ellos ya habían sido una familia. taladrando sus cabezas. -No me hagas el abrazo del oso-reclamó ella. Ella hubiera dado toda la vida porque ese momento fuera eterno. -Es que…no me lo esperaba. y mañana por la mañana estaremos en Puerto Montt. Si Ricardo supiera… Los ojos se le llenaron de lágrimas y la boca se le secó. se quitaron toda la ropa que traían y se metieron al agua desnudos. dejando en evidencia que podía sufrir como cualquier persona. y en vista de que no había nadie a la redonda. ¿Te parece? Vamos a ser felices. capeando las pequeñas olas o simplemente zambulléndose en las tranquilas aguas del norte. poderosa y madre del mundo. y porque todos los momentos que venían fuesen bellos como los que estaba viviendo. todos los mares le pertenecían y Ricardo era su marino cautivo. No tuvo problemas en guardar todo lo que había llevado. ella se sentía invencible. incluso te imaginé terminando como un ermitaño de esos que se van a vivir a las carreteras porque nunca creí que fueras a estar preparado para comprometerte con alguien. ahora nos va a quedar al lado. pero habían sido tres personas que se querían. y ella se sintió apenada porque no era exactamente lo que pensaba de él. -¿Tanto te emociona?-dijo Ricardo al verla compungida. disfrutaremos de fines de semanas completos metidos en la cama escuchando la lluvia caer. te lo aseguro. no sufras por tonteras-le dijo Francisca para sacarlo de su tristeza-. comeremos mariscos todos los días. Sintió deseos de decirle a Ricardo que ella lo había arruinado todo. incluso le sobró espacio. Una vez fuera del agua. por lo menos eso lograba tranquilizarla parcialmente. El sol estaba por sobre ellos. Dio un grito y la abrazó con tanta fuerza que a Francisca le dolió la espalda. lo que aquí importa es que yo acepto tu propuesta. iluminando por compromiso una ciudad que ya no lo requería. Y Ricardo. pero Francisca no quiso y le pidió que se fueran a la cabaña a ordenar las cosas para comenzar el viaje. 149 150 .Detrás de sus espaldas Detrás de sus espaldas Una punzada de indescriptible dolor le cerró el pecho a Francisca. Se quedaron en silencio. Chapotearon alegres. viajaremos toda la noche. y podremos recorrer todos esos maravillosos lugares que hay cerca… ¡incluso podemos ir a la antártica!. pero tanto te conozco que para mí el hecho de que dieras este paso algún día me parecía imposible. Cada vez que viera esos ceniceros y máscaras se le vendrían a la memoria esos días extraños pero definitivos. El sol se ocultaba detrás de la cordillera de la costa y sus últimos rayos se escapaban hacia el cielo. -Ya. Y sintió un poco de alivio al pensar que la vida le ofrecía una nueva oportunidad para enmendar el error que había cometido años atrás. días en los que su futuro cambió de una forma favorable. nos vamos ahora mismorepetía él con entusiasmo-Tomaremos las cosas de la cabaña. y el calor los estaba sofocando. -Nos vamos ahora mismo.

Viajando por ella podían observarse distintas realidades. no es nada. al notar que el hecho de haber abierto las ventanas no cambiaba en nada el ambiente dentro del auto. Y poco a poco. fue repasando con disciplina las esquinas y la gente que había en ellas. Cuando ya salían de la ciudad. Haz algo. Bruscamente se dio vuelta para mirar el asiento trasero pero no encontró nada. Sólo sentí algo extraño. que era realmente fétido. Del olor olvídate. obedeciendo a Ricardo. Ella había asumido que no importaba si lo creía o no. 151 152 . Quizás era la última vez que veía a toda esa gente. la Panamericana no era tan horrible como siempre lo había pensado. No sabía como explicárselo. -¡Esta mierda parece una carroza!-gritó. como una suerte de presencia funesta que quería llevárselos del mundo. Y después de todo. Al instante le tendió una botella de agua mineral que él rechazó bajo el pretexto de no querer parar para ir al baño. Desde ella podían verse el Parque O´higgins y la cúpula de su estadio techado. pero de pronto le pareció que alguien más iba con ellos en la parte trasera del auto. -Nada. prende un cigarro y vas a ver como se va. Estos tipos del rent a car tienen como reemplazar un auto. Además hasta lo puedo comprar si quiero. que lo harían en Curicó o Talca. que a esas horas ya estaba prácticamente a oscuras. Ella detestaba regresar de los viajes en auto precisamente por eso: porque en el auto uno iba lenta pero consistentemente notando los cambios que significaban abandonar la provincia para encontrarse con la devastación de la urbe. a regañadientes le hizo caso a Ricardo y buscó cigarrillos en su cartera. A Francisca no le gustó que su despedida de Santiago fuese con el olor de los muertos. fue molestándose de una manera irracional con Ricardo. Con una llamada se soluciona todo. Esa carretera era como un museo. -Quédate tranquila-dijo él en tono conciliador-Ya estamos saliendo de Santiago. Y para probarlo Ricardo le había dicho que no pararían en Santiago. la disuadió. una línea del metro. en las que los protagonistas tienen que cruzar las líneas del estado para ser libres o para que no los persigan más. Y aunque ella seguía sintiendo algo extraño. No va a pasar nada.Detrás de sus espaldas Detrás de sus espaldas Iban entrando a Santiago. Nosotros ya estamos a punto de cruzar nuestra línea del estado…Te apuesto que cuando crucemos esa frontera te vas a sentir mejor. Ella sentía miedo. Él respondió afirmativamente y también cerró la ventana de su lado. que iba ensimismado en sus propios pensamientos-. pero el miedo a quedarse a detenida a mitad de la carretera. El olor la tenía crispada. La cuidad se había construido alrededor de esa carretera y se mostraba sin pudor al viajero. El olor violento de las coronas de flores que se exhibían en la pérgola contigua la descompuso. asustando a Ricardo. -¿Y el auto? ¿Qué vamos a hacer con él?-preguntó ella un poco asustada de que los acusaran de robo y les arruinaran la fiesta. como ella nombraba al aroma de las coronas de caridad. Esto es como esas películas norteamericanas de fuga. -¿No lo sientes tú?-le preguntó con una mueca a Ricardo. -¿Qué pasa?-preguntó Ricardo al notar que Francisca miraba nerviosa para atrás. y le advirtió que no perdiera detalles de la ciudad que dejaban porque en mucho tiempo no la volvería a ver. abrieron nuevamente las ventanas para que el olor de las flores se fuera. Francisca cerró la ventana del auto después de haber pasado por el cementerio. no aguanto más esta asquerosidad. un estadio de fútbol y el cementerio metropolitano. Sin embargo. Francisca vio que el rostro de Ricardo palideció. -No te preocupes. habiendo dejado atrás el Cerro Chena. Francisca ya no se preguntaba por la decisión de Ricardo. A Francisca entrar por la carretera a Santiago nunca le había entusiasmado. Francisca quiso pedirle a Ricardo que detuviera el auto. En el viaje desde Morrillos se habían demorado tres horas cuando el normal era cerca de cinco. lo capital era que lo harían de una buena vez. La espalda y el cuello de Francisca eran un tronco de gruesos nudos musculares.

Ahora tenía que pensar en adornar la historia para que a Francisca no le pareciese sospechoso su acabado conocimiento de la ruta. Estábamos entrando a la ciudad. se decidía a adelantar. y esa noche estaba especialmente negra. al no verte venir. Ricardo no se sentía dentro (o fuera) de Santiago hasta que no cruzaba una pasarela peatonal que había cerca del desvío hacia Calera de Tango. Fue mi amigo el que reparó en el detalle y me lo hizo saber…Suena un poco extraño. Ella asintió un poco nerviosa. Lo único que quería era llegar a la ciudad y parar en un servicentro para buscar ayuda. Francisca lo miraba aterrada.Detrás de sus espaldas Detrás de sus espaldas Francisca no entendió lo que quiso decir Ricardo con eso de la frontera y las líneas del estado. Pobrecita. pero le pareció demasiado rebuscado. las luces siguieron funcionando mal hasta que. -Si mal no recuerdo. Su entusiasmo entonces se acrecentó. Y para que el tiempo no se les hiciera eterno. Luego falló el sistema eléctrico y constantemente se nos apagaban todas las luces del auto. no sé como explicarlo. En sus viajes él había designado arbitrariamente un lugar como portal de la ciudad. a las mil maravillas. Luego lanzó la colilla del cigarrillo por la ventana y se quedó de brazos cruzados esperando traspasar cuanto antes el fronterizo paso peatonal. ¿Hay algún límite aquí cerca? Ricardo pensó en argumentar lo de una frontera sicológica que ella inconscientemente se ponía por el hecho de dejar todo e irse con él. Puede que exagere. pensó Ricardo. y pensó que quizás en alguna otra vida él había sido escritor o algo por el estilo. pero esa noche yo pensé que íbamos a morir. Ricardo fingió que aguzaba la vista. algo así como una voz perentoria. Pfff-suspiró-lo único que quería era llegar a Santiago. Eso sí. -Hace tiempo-comenzó-. pero si no me equivoco estamos a un par de minutos de llegar a ella. La carretera ha cambiado desde aquella vez. Pero una orden interior. Francisca creyó todo. Ricardo vio a la distancia. quiso acelerar a fondo. Desde ese momento el auto anduvo. el claro dibujo de la pasarela. a pesar de la rueda pinchada que venía desecha. 153 154 . Primero pinchamos una rueda en pleno viaje. -Yo ya estaba cansado con el viaje-continuó-. “Yo no noté que el cambio se produjo después de haber cruzado la pasarela. tuvimos un viaje bastante catastrófico. No había luna y más encima estaba nublado. comenzó a haber más luz en el ambiente. cuando la carretera era una calle con dos pistas de sentido contrario. Encendió y apagó rápidamente las luces altas para mostrarle la estructura a Francisca. Puede ser que ya la hayan derribado. Además la oscuridad nunca me ha gustado. -Parece que allá la veo-dijo Francisca apuntando con su mano. Ricardo miró a Francisca y notó que ella le estaba creyendo todo lo que decía. y la luminosidad que irradia Santiago se expande hacia sus bordes logrando que la oscuridad más absoluta vaya dando paso a una penumbra que en ese momento me alivió… Pues bien. lo obligó a seguir a la velocidad que traía. una noche que venía del sur con un amigo. lentamente. -¿Puedes explicarme cual es nuestra frontera? No entendí bien. Te imaginarás que en esos tiempos. Mientras fumaba pensó que era curioso que él tuviera puntos de referencia en una carretera que no cruzaba hacía años. cruzamos esa pasarela peatonal. su imaginación a veces lo sorprendía. yo te estoy hablando de años atrás. y en el auto no había repuesto. Sintió deseos de exagerar. incluso encendió las luces altas para observar mejor el camino. quedarse de pronto sin luces era sinónimo de choque frontal con quien. -¿Y donde estaba esa pasarela?-le preguntó a Ricardo. estamos cerca. Francisca estaba en lo cierto. -Y resultó que de pronto. como los corredores de largas distancias que en los últimos metros apresuran la marcha para llegar primeros a la meta. gracias a la luna llena que los acompañaba esa noche. pero desde ese momento para mí esa pasarela fue como una frontera entre la vida y la muerte. Ricardo puso su mano en la pierna de ella para intentar calmarla. Por eso digo que hay una frontera.

pero ella no respondía. De nada servía que él dejara de pisar el acelerador para disminuirla. o un rito tribal africano. En un último esfuerzo por tratar de mantener la calma. Ricardo se vio entrando en la oscura casa de Madame Dolores. Y de pronto pudo ver con toda claridad que unos ojos brillantes lo observaban debajo de ese rostro cubierto por una capucha. pero su mirada parecía perdida. La piedra viene directo a nosotros. Pestañeó reiteradamente para ver con más claridad. Al principio le pareció que era su imaginación la que le estaba engañando. hasta que Francisca volvió a tomar posición en el asiento. Ahora págame. llorando desconsoladamente. Soy yo. Ricardo la miró desconcertado. Repasó cada una de las palabras con las cuales le explicó que quería traer de vuelta a su lado a Francisca. La mirada de Madame Dolores era tan fuerte que él no pudo sostenerla. Se sintió como un imputado que está esperando sentencia sin esperanza de que esta sea absolutoria. dijo ella. y pudo ver como ella se daba vuelta lanzando manotazos hacia la parte trasera del auto. “Usted no ha sido de los trigos limpios” La voz del hombre del taxi fue como el tiro de gracia. La velocidad que Ricardo llevaba se mantuvo constante. Finalmente él asintió. no comentes con nadie nuestro trato. el auto se controlaba por sí mismo. como si allí estuviera el mismísimo demonio. no tiene nada de raro que alguien esté cruzando por la pasarela. Me estoy volviendo loco. Parecía un soldado alemán saludando a Hitler. y espérala. Comenzó a temblar. saliendo de la pasarela. le dijo. “Cuídese compadre” La petición de su amigo. Pero la figura seguía allí. venida a la memoria no como un inocente recuerdo. más aún cuando vio que la persona de la pasarela dejaba caer algo desde su mano. con el recuerdo de las palabras del taxista quedó sumido en la más absoluta incertidumbre. pensó. pensó. Miró a Francisca para comprobar si ella estaba viendo lo mismo que él. Francisca parecía seguir en su trance. No quiso preocuparla entonces con sus apreciaciones. Nunca había sentido tanto miedo. En el fondo. Si con la advertencia de su amigo había quedado tambaleando. Entonces Francisca volverá a ti. porque pensó que no podía preocuparse de tantas cosas al mismo tiempo. Las manos le sudaban y la respiración se le aceleró. Francisca se quedará contigo hasta que la muerte los separe… Ricardo regresó a la realidad con el grito desesperado de Francisca. Con un movimiento brusco Ricardo la zamarreó. ¿No recuerdas que tu amigo Diego te dijo alguna vez que los trabajos que yo hacía se pagaban con la vida? ¿No recuerdas a tu amiga muerta en el helicóptero? Ricardo no quería creer lo que oía. la dejó hacer sin decirle ninguna palabra. Ricardo no quiso preguntarle qué le sucedía. Esta seguía moviéndose de manera ridícula. como si ejecutara una danza macabra. ¿A qué venía todo esto ahora? Ricardo encendió definitivamente las luces altas para lograr ver detenidamente a la persona de la pasarela. Rápidamente su memoria hizo un recorrido buscando la parte de su vida en donde todo había quedado definitivamente sellado. Las imágenes se le vinieron a la cabeza como un alud de barro y piedras. como si quisiera llamar su atención. sino como una advertencia. que volvía violentamente de su ensueño. pensó horrorizado. Ella le repitió la pregunta. Y a medida que se iban acercando a la pasarela se hacía más evidente que era una persona la que se movía extrañamente allá arriba. como si estuviera soñando despierta. Madame Dolores tomó la foto que él le entregó y la observó durante largos minutos sin decirle palabra alguna. Su última acción fue mirar por el retrovisor: lo que tanto asustaba a Francisca era Madame Dolores. preocupó a Ricardo. Pues bien. le dijo ella tajante. ahora vengo a cobrarte la deuda pendiente por el trabajo realizado hace tanto tiempo y también 155 156 . Pero desde atrás Madame Dolores negó con la cabeza. A unos cien metros del paso peatonal Ricardo vio que la persona que estaba arriba detuvo su baile y se quedó quieta. y tuvo la más completa certeza de que hasta ahí llegaba su vida. con una de sus manos alzadas.Detrás de sus espaldas Detrás de sus espaldas Un segundo más tarde Ricardo vio que algo se movía arriba de la pasarela. Después le preguntó si él realmente creía posible que ella pudiera cumplir con su deseo.

riéndose de él. Hubo oportunidades en las que se regocijó con el sufrimiento que ella tuvo en sus últimos instantes. en cambio. No hay sospechosos. 157 158 . de esa forma podía repasar los últimos momentos de Francisca. Se está investigando la situación.Detrás de sus espaldas Detrás de sus espaldas aprovecho de despacharme a esta perra que me está incomodando hace tiempo. cuando el día estaba nublado o no había dormido bien producto de las pesadillas. y era en esos momentos cuando la figura de Francisca se transformaba en algo parecido a un ángel guardián que vino al mundo para enseñarle algunas lecciones de vida. pero hubo otras en que lloró desconsoladamente por no haber estado ahí para socorrerla. y posteriormente salió de la pista para terminar volcándose en los terrenos aledaños a la carretera.” Enrique había recortado la breve crónica del diario y la había guardado en alguna parte. causándole la muerte de manera instantánea. pensaba que todo lo sucedido tendría que servirle de algún modo. Transcurrido más de seis desde el accidente. engañándolo. y transformando la historia de su existencia en una farsa detestable. mientras era asistida en el hospital. Y lo peor de todo era que los sentimientos encontrados seguían haciendo inestable su ánimo. En su momento la leyó repetidas veces. Por momentos le volvían los temblores al cuerpo. todo el mundo era una mierda.gritó él tomando con fuerza el volante y cerrando los ojos porque la piedra se le venía encima. la inapetencia era su compañera habitual y apenas lograba levantarse algunas mañanas para irse a trabajar. en otras oportunidades. y su suerte era la peor de todas al haberse encontrado en el camino con la mentirosa de Francisca. producto de las numerosas lesiones que el accidente le provocó. La mujer que acompañaba al conductor salió despedida por el aire. -¡Nooooooo!. En ocasiones. 12 “La piedra rompió el parabrisas y dio en el rostro del conductor. Enrique aún no se sentía recuperado. la mujer que le había cagado la vida. falleciendo una hora más tarde. cuando se levantaba optimista. colisionó a otros dos automóviles. El vehículo perdió el control.

Quiso botar de un impulso todo lo que había encima. como tantos otros. No quería despertar a los niños. caminando lentamente. Enrique comenzó a atar cabos. Todas las historias que Francisca le contó acerca de Ricardo pasaron rápidamente por su cabeza. Enrique bebió hasta sentir que su cuerpo no resistía más. Abrió y no alcanzó a decir nada cuando sus padres ya lo tenían abrazado y le daban las condolencias. No costaba nada. Cuando sonaron los golpes en la puerta. pero algo dentro de él le decía que no podía ser tan sinvergüenza. pero hasta ese momento no había sentido ganas de llorar. Después de que recibió el llamado de carabineros informándole de lo ocurrido. Había que ir a buscar el cuerpo a la morgue. no pusieron reparos y se fueron alegres a sus dormitorios. Lo único que le importaba en ese momento era la posibilidad de dar un salto en el tiempo. Alberto le preguntó cómo se había enterado. Francisca no merecía sus lágrimas. de decirle lo puta que había sido. y el rompecabezas fue armándose en su imaginación. -¿No iba sola? 159 160 . Quería gritar. y automáticamente estar en los próximos años. ¿Cuánto tiempo? ¿Cuántas veces en que él la creyó a su lado ella estuvo pensando en el otro? Enrique miró la decorada mesa y sintió pena por él. Pero fueron sólo las ganas. Se quedó a oscuras. cuando ya todo hubiera pasado y los recuerdos fueran haciéndose cada vez más débiles. y yo el pobre huevón pensando en que podía reencantarla. Quería morirse. Él les dijo que podían comerse el postre y todas las cosas ricas que encontraran en la cocina si se iban a la cama en el acto. ¿para quién era el castigo? ¿Ella había actuado mal en su vida? Enrique sentía la irresistible tentación de enjuiciarla. Enrique reaccionó. sin imprimirle demasiado dramatismo a la situación porque no quería que sintieran compasión por él. su osadía al decirle que el riesgo lo correría igual. se dijo con amargura. Quería salir de allí. Se levantó del sillón y apagó todas las velas que habían encendido. De ahí en adelante todo no fue más que pragmatismo. rápido y sin retención por la mente de Enrique la noche del accidente. Cuando quedó solo Enrique se tomó la cabeza como un energúmeno. cuando conoció a Francisca. Ellos protestaron. pero el ruido que haría lo disuadió. Sus padres se quedaron cuidando el sueño de los niños. Primero me preguntaron si yo la conocía y si conocía al huevón que la acompañaba. Enrique las contestaba de manera automática. Al menos ellos tendrían una noche más de paz. sin embargo buscaba con desesperación el momento en donde pudo haberse decidido todo. ¿Cómo no me di cuenta antes?. él había dispuesto decirles la verdad en la mañana. Enrique le pidió a Alberto que lo acompañara en la realización de aquellas tareas. en esas situaciones. Las llamadas comenzaron a sucederse una tras otra. cerrar los ojos. reflexionando. las advertencias que le hizo para que no se involucrara con ella. Se dio cuenta de que si seguía así se volvería loco.Detrás de sus espaldas Detrás de sus espaldas “El cornudo siempre es el último en enterarse” Este pensamiento cruzó. se recriminó. argumentando que tenían hambre. Como un alcohólico en abstención que no pudo con las ganas. Era curioso. lo mal que lo había dejado. prolijamente fue recordando todo desde el principio. traspasar el delgado umbral que existía entre la sanidad y la enfermedad. Sabía que era inútil. velarlo y sepultarlo. Camino al Instituto Médico Legal. Se tiró de los pelos y fue a sentarse al sillón del living después de haberse servido un copón de shop lleno de whisky. ¿Había sido una falla de él? Tratando de dar con aquellos detalles que a la postre desataron la catástrofe. hasta que definitivamente perdieran importancia. -¿Así de fríos los huevones? -No. Era todo tan evidente. ante tan tentadora oferta. Francisca estaba muerta. porque nunca tendría la oportunidad de encararla. Adriana y Sebastián. -Me llamaron los pacos y me dijeron que la Francisca estaba muerta. Pero no podía hacerlo. les dijo a los niños que se fueran a dormir porque la mamá no llegaría esa noche. En esos momentos la odiaba.

un poco avergonzado. Créeme que me gustaría estar desconsolado. no eres un pan de dios. Alberto vio que Enrique no lo escuchaba. Se iban escapando. Será mucha testosterona. no sé. El funcionario se dirigió a una de ellas y descorrió la sábana. o tengo el gen de la perpetuación muy dominante. las llamadas que nunca respondió. se me ocurre que tienes que demandar al Estado. El paco que me habló me dijo que habían encontrado unas marcas extrañas en la pasarela de donde habían lanzado la piedra. Era sexo. No es posible. El cuerpo lleva ahí un par de horas. -¡Puta es la vida de ellos! Yo no puedo vivir sin sexo. esperando el momento en que su amigo quisiera hablar nuevamente. Entraron y preguntaron donde tenían que ir para reconocer el cuerpo de Francisca. -¿Cómo te sientes?-dijo al final. Les indicaron un pasillo por el cual tenían que caminar. ¿Cómo se supone que debo sentirme? Durante más de diez años estuvieron cagándome. pero que no había detenidos. Enrique y el funcionario atravesaron una pesada puerta de metal. Nuevamente Enrique lo miró como queriendo golpearlo. Parecían unas letras. 161 162 . pero todavía no tienen claro si son signos de sectas satánicas o algo por el estilo. ¿Podía decir algo que ayudara en esos momentos? -Iban saliendo de Santiago-continuó Enrique-.Se cree desarrollado. Encima de dos camillas había sendos cuerpos tapados con sábanas blancas. Era cerca de medianoche cuando llegaron al Instituto Médico Legal. debemos tener un chip que nos hace ser tan huevones…No sé.Detrás de sus espaldas Detrás de sus espaldas -No. Enrique no lo miró amablemente. Alberto se quedó en silencio. pero nunca estuve enamorado de otra. No cabe la más mínima posibilidad de que se rehabiliten. pero dejarme sin cama es lo peor que puede sucederme. -¿Y pillaron al maricón que hizo eso? -No. ¿Tú aguantarías un año sin sexo? -Hay seres humanos que viven sin sexo toda su vida. Se dedicó a manejar. así de simple. Además lo hacía porque la que era mi mujer no me dejaba tocarla. -Es lo que menos me importa en este momento-dijo. -Todo fue una mierda-dijo minutos después Enrique-. Yo no sé como la idea de Dios sigue teniendo tanta vigencia. -Vengo a reconocer el cuerpo de Francisca Munizagadijo Enrique. Un funcionario con rostro inexpresivo los recibió detrás de un escritorio. Me dijo que estaban investigando. El auto se volcó y la Francisca salió volando. estoy seguro de eso. pero no puedo hacerlo… -¿Pero cómo estás tan seguro?-arremetió Alberto ante el silencio de su amigo. Se levantó de su asiento y le pidió que lo acompañara. Alberto no quiso entonces seguir ahondando en el asunto. -Sí. El accidente ocurrió a las afueras de San Bernardo. Y se dio cuenta que no le había hecho la pregunta más importante. Todas las escapadas. -Era. el desprecio que sentía por mí… -Pero tú también estabas con otras mujeres. Iba con el hijo de puta del Ricardo Plaza. por último para guardar las apariencias. Hubo años completos en los que no me dejó acercarme a ella. Alguien lanzó una piedra que les hizo mierda el parabrisas. -No hay que ser un genio-dijo con sorna-para pensar que ellos nunca dejaron de verse. y resulta que cualquier loco hijo de puta puede pararse en una pasarela y decidir que tu vida se acaba porque se le paró el culo. -Menos mal que llegó. -¿Usted es su marido?-preguntó el funcionario con voz de rutina. -¿Y a usted le parece que se puede escapar? El funcionario miró a Enrique con molestia. A todos esos huevones hay que matarlos ya. ¿y yo debo sentir dolor porque ella está muerta? No puedo. Alberto se quedó esperando. -Este país de mierda…-soltó indignado Alberto.

En el rostro de ella. También pudo notar las marcas del bronceado. Quiso agarrar el cadáver y voltearlo a patadas. Alberto se acercó a ella y le dijo que fuera con calma. -Es la mujer de Ricardo-le dijo a Enrique en voz baja mientras se alejaban de la mujer-. -Ricardo. Luego desapareció detrás de la puerta junto al funcionario. pero con mi mamá nos vinimos hace un año a Santiago. Fue una ayudita para que no se le arrugue el cutis. -Dígame. Entonces hizo acopio de todo de toda su furia y respiró profundo.Detrás de sus espaldas Detrás de sus espaldas -¿Es su mujer?-preguntó siguiendo el procedimiento habitual. -Ya está-insistió el funcionario. ¿Pero qué hacía ella en aquel lugar con un niño? Alberto parecía complicado dándole algún tipo de explicación. -¿Quedó hecho mierda? -Sí. porque la verdad es que él no tenía la más mínima idea de cómo lo iba a hacer con sus hijos. El estómago estaba morado completamente y sus extremidades estaban agarrotadas. En la sala de espera Enrique vio que Alberto conversaba con una mujer. No es un grato espectáculo. tomó mucho sol el fin de semana. dando en el centro de lo que había sido el rostro de Ricardo. -El pobre tipo está irreconocible-le dijo con una mueca de asco a Alberto-. -¿Cuántos años tienes?-preguntó Enrique. Miró a la mujer y al niño. El funcionario comenzó a caminar para salir de ahí. pero Enrique le pidió que esperara. Dice que no pudo dejarlo en la casa porque no tiene quien se lo cuide. Dile que no le aconsejo que le mire el rostro. Rápidamente tapó el cuerpo. El niño se veía tranquilo. pero el grito desgarrador de la mujer lo dejó boquiabierto. -Era. -Eso no importa-dijo Enrique-. Ella miró a Enrique y le dio las gracias. -¿El que está ahí es el que la acompañaba? El funcionario asintió. -¿Cómo te llamas?-le preguntó Alberto al niño. El niño se asustó y echó a correr hacia donde estaba su madre. Quiso preguntarle cómo le habían dado la noticia. El funcionario se encogió de hombros. -Diez. -¿Y qué tenemos que ver nosotros? -Me pide que se lo cuide mientras ella pasa a reconocer el cuerpo. Al ver a Enrique se acercó a él dejando a la mujer pendiente de una respuesta. -Quiero que usted levante esa sábana. Enrique asintió a ciegas y como una bomba de racimo un escupitajo salió de su boca. cuando vivíamos en Puerto Montt. no es posible reconocerlo a simple vista. Enrique sintió odio. como se llamaba mi papá. Enrique se acercó lentamente al cuerpo y cerró los ojos. Enrique pudo observar las heridas en el cuerpo de Francisca. -Era mi mujer-le dijo al funcionario conminándolo a que tapara el cuerpo. -No se lo recomiendo-dijo el funcionario haciendo una mueca-. -De todas maneras quiero pedirle un favor. Enrique iba a seguir preguntando. El funcionario quedó atónito. pero Alberto lo 163 164 . Y el hecho de que hablara en pasado del que había sido su padre con tanta naturalidad sorprendió a Enrique. Sin embargo no podía abrir los ojos. -¿Y veías siempre a tu papá? -Sí. Enrique lanzó un suspiro de agotamiento. -Ya está. parecía haber quedado grabada una suerte de estado intermedio entre la calma y el horror. sin embargo.Te aseguro que a la mujer la sacan de ahí dentro dopada. y mientras Enrique se encaminaba hacia la salida le reconvino argumentando que su acción estaba en contra de las normas del código de sanidad. El niño es el hijo de ambos. que lo reconozca por otra parte del cuerpo. -Quiero verlo.

A pesar del cansancio. muy alegres. Después volvió con Enrique. En sus manos llevaban jeringas y al parecer iban a inyectar a la mujer. Los pasos de su hijo eran espaciados pero contundentes. adecuado para él. Todavía se oían las réplicas de ese primer grito cuando llegaron corriendo otros funcionarios y entraron a la sala donde estaban los cuerpos. Enrique había decidido esperar a que ambos estuvieran despiertos para contarles de la muerte de su madre. Estuvo toda la noche pensando la manera. se acercó a él y le hizo cariño.Detrás de sus espaldas Detrás de sus espaldas detuvo tomándolo en brazos y trató de calmarlo. No se preocupó en ir a advertirle. -Menos mal. El corazón de Enrique se aceleró cuando oyó la voz de Adriana en el segundo piso. ¿Hacía cuanto tiempo que no había hecho aquello? Los puso de vuelta en el piso y les pidió que se sentaran a la mesa para tomar el desayuno. La madre de Enrique. pero no sabía como enfrentarse a ese sentimiento escasamente conocido. Primero fueron sus padres los que bajaron. Enrique se levantó y los tomó en brazos a ambos. pero sabía que no podría hacerlo. -Espérame un poco. No recordaba haber estado antes tan nervioso. Se dio cuenta de que el peso de ellos ya lo sobrepasaba. que fue directo a los brazos de su madre. -¿Podemos irnos ahora? -Sí. La mujer se sentó y quedó en silencio. Quería que se alimentaran bien porque no sabía si después iban a querer comer algo. Sebastián era como la alarma de un reloj: siempre comenzaba a funcionar a la misma hora. demasiado precipitado. Enrique estaba cansado. Los niños bajaron corriendo. Cuando terminaron el desayuno. su mente se puso en estado de alerta. “La mamá se fue en un largo viaje”. Quería dormir. pero me dijo que en camino venían unos familiares. “Su madre está muerta”. la mentira clásica. ¿Horas más tarde? ¿Cinco minutos después de haberse dormido? El primer ruido que sintió Enrique provenía de la habitación de Sebastián cuando la claridad del día ya iluminaba la casa. Los niños abrieron los ojos como si fueran a contarles algo maravilloso. Sebastián por su parte miraba con recelo a Enrique. Después todo se volvió silencio. Enrique aceptó a regañadientes. El conocía a la perfección el efecto inapetente que tenía la angustia. Alberto lo dejó en su casa con la promesa de volver a primera hora en la mañana. pero al ver el rostro de Enrique se dieron cuenta de que sucedía algo extraño. las molestias en la espalda y el ardor en los ojos. al verlo tan demacrado. “La mamá murió”. Adriana quiso hacer alguna pregunta que fue respondida con monosílabos por su abuelo. frío. Voy a ver cómo está ella. quizá una de las más difíciles que tendría que enfrentar en la vida. Enrique carraspeó para aclararse la garganta y le pidió a sus hijos que le prestaran atención. Adriana en cambio era feliz cuando la dejaban dormir un poco más de lo normal. sin embargo. pero nunca dio con las palabras adecuadas para hacer de la noticia algo soportable para ellos. porque descartaba el lazo con ella. Enrique miró al techo y concluyó que Sebastián no se había levantado para ir al baño y volver a la cama. No está muy bien. Alberto se acercó a la mujer y le dijo un par de cosas. que no se vistiera para ir al colegio porque la noche anterior les había pedido a sus padres que le dijeran a ambos que al otro día no irían a clases. Ambos salieron de la morgue con el ánimo por el suelo. Enrique se preguntó cómo finalmente ella había reconocido el cuerpo. ¿Por una marca en alguna parte? ¿Por las manos? Alberto dejó en libertad al niño. Había llegado la hora. Su padre lo saludó y se fue a la cocina a preparar el desayuno. Alberto había logrado calmar al niño cuando la mujer salió con la mirada perdida de la sala. 165 166 . y para esos primeros días no esperaba otra cosa para sus hijos. pero poco compasivo. -Salgamos de aquí-le dijo Enrique a Alberto. para nada ideal. El niño intuía una mala noticia. Se sentaron y todos comieron prácticamente sin decir palabra. En sus ojos todavía podía verse el horror de ese primer momento de desesperación.

Enrique y los niños recibieron a los asistentes a la entrada de la iglesia. tampoco es tan cruel la broma del destino. hasta que oyeron que el llanto de su padre cesaba. porque le parecía que era demasiado irónico que el mismo sitio donde él se había sentido feliz quedara marcado con el estigma de la muerte. y pudo mirar a sus hijos y abrazarlos hasta que el llanto de ellos se aplacó. como si estuvieran en medio del más terrible de los bombardeos y ese abrazo los hiciera inmunes al daño. no es fácil para mí esto hijos. siempre… “En los próximos días no vamos a estar contentos. donde enterrarían a su madre. Enrique se sentía agradecido de tal actitud porque fueron ellos los que le pidieron estar presentes en todo lo que concernía a la despedida de su madre. Enrique no conocía a gran parte de los asistentes. -No es fácil-continuó Enrique después de haber tomado un vaso de agua-. el sitio del velorio. Sucedió algo que ya es inevitable. Sin embargo. hace mal cuando no dejamos libre los que nos duele…” La madre de Enrique comenzó a llorar. El cortejo fúnebre partiría al mediodía. Antes de bajar la mirada porque la pena que sintió en ese momento lo sobrepasó. pero yo necesito que ustedes estén junto a mí. Adriana en cambio preguntó si se podían comprar pasajes para ir a visitar a su madre en el cielo. pero sólo porque se les hacía incómodo presentar sus condolencias a quienes supuestamente se debiera resguardar de tales circunstancias.Detrás de sus espaldas Detrás de sus espaldas -Hijos-partió vacilante Enrique-. Adriana y Sebastián. sirvieron para consolarlo. comprendiendo que el ritmo de comprensión era distinto en cada uno de ellos. dejando que la angustia lo dominara. Además. a quién la angustia le cerró la garganta. Los niños se pusieron nerviosos. y a pesar de que en un primer momento él fue reacio a la idea de velar a Francisca en ese lugar. hizo lo posible para no defraudar a Adriana. o si era posible pedirle al viejito pascuero que le regalara otra vida a Francisca. Al cementerio llegó mucha gente. Sebastián quiso saber el lugar de la muerte. o dolientes 167 168 . El martes llegaron temprano a la iglesia de los sacramentinos. pensó cuando recordó que Christopher Reeve. en el momento en que él se derrumbó se fundieron en un fuerte abrazo. Pero antes que todo quiero que tengan claro que yo voy a estar con ustedes. Después vinieron las preguntas. una vez que estuvieron apartados de Adriana. Enrique pudo ver en los ojos de sus hijos el más grande de los desamparos. Permanecieron así sin decirse ninguna palabra. Ustedes ya saben que no es lo mejor quedarse con cosas guardadas. La misa no fue todo lo hermosa que Enrique hubiera querido. y se quedaron quietos. había quedado paralítico en la vida real. en parte porque el cura no había hilado bien su discurso y además la acústica de la iglesia complicaba el buen entendimiento de las palabras. y le prometió hacer gestiones con las más altas autoridades del ártico para que le comunicaran su petición al viejito pascuero. Su marido la abrazó fuerte y luego le entregó una servilleta para que secara sus lágrimas. Enrique y Francisca se habían casado allí. pero tengo que decirles que la mamá… la mamá ya no está viva…Murió ayer en un accidente en la carretera mientras volvía a Santiago. le contaron sus padres días más tarde. se acercaron a ella sin dejar de mirar a Enrique. y al ver que su abuela sufría. Enrique. A muchos les pareció fuera de lugar el que los niños estuvieran presentes en la entrada del templo. le pidió a Sebastián que respetara las ideas de su hermanita y que la acompañara en todo lo que ella le pidiera. muchos de ellos curiosos. la mayoría con anteojos oscuros y vistiendo de negro a pesar del fuerte sol que cubría sin piedad la ciudad. y por primera vez el llanto lo venció. la premura y la falta de otros lugares para tal necesidad lo disuadieron. Enrique nunca supo cuanto tiempo estuvo llorando. Va a ser lo mejor que nos contemos lo que pasa en nuestro interior. estaba con energías nuevamente para encarar lo que se venía. y que me digan todo lo que sienten. Y por otro lado. pero esos momentos en los que estuvo completamente solo. Cuando recibió la servilleta de manos de su madre ya se sentía mejor. el Superman de las películas. después de una misa por el descanso del alma de Francisca.

Sabía que era su turno para hablar. les dijo. y si pudiera haberlo hecho lo habría sacado a patadas del cementerio para que su fuera al entierro de “su amigo”. Enrique no atinaba a hacer nada. pero ella no captó el mensaje.Detrás de sus espaldas Detrás de sus espaldas ocasionales atraídos por la desgraciada circunstancia de la pedrada en la carretera. pero temía que toda la rabia que sentía lo dominara. Pueden estar seguros de eso” Rebeca hizo otra pausa. Antes se había acercado lentamente al ataúd y había permanecido abrazada a él por largos minutos. dijo con el rostro desencajado por la impotencia. La voy a extrañar. nadie ni siquiera puede acercarse al dolor que en estos momentos siento…Me van a disculpar los que aquí están presentes. llorando y repitiendo: “Te lo dije. y eso lo había hecho desconfiar hasta de las condolencias que ella le había dado. continuó Rebeca. Diego la siguió dando empujones a la muchedumbre que se amontonaba automáticamente luego del paso de Rebeca. ya que no era la primera vez que ocurría un hecho similar. Enrique no sabía qué hacer. te amo y te deseo lo mejor en donde quiera que estés” Dicho esto Rebeca salió corriendo del lugar. “Su mamita ahora está descansando. y sé lo mucho que ella los amaba” Claro. había querido manifestar su dolor acudiendo en masa al funeral de Francisca. Sebastián estaba más tranquilo. Algunos pidieron la palabra para declarar abiertamente que las autoridades del país no estaban cumpliendo con la labor que la ciudadanía les encomendaba. te lo dije”. Aquellos dos habían sido unos traidores con él siempre. otros pregonaron el valor de la familia y de la fe. Por fin Rebeca se levantó y tratando de secarse las lágrimas y sostenerse en pie. y también estuvo quien. pero en cualquier momento se desplomaba. a pesar de lo emotivo que había sido Diego a la hora de darle el pésame. 169 170 . pero tengo muchas fotografías y horas de grabaciones que me la van a traer de vuelta cuando lo necesite…Les repito. exacerbada por la indignación y la sensación de inseguridad que la prensa destacaba en sus titulares e informativos. La que se va para siempre fue mi confidente y mi apoyo. pensó Enrique. mirándolos desde allá arriba y protegiéndolos. “Yo conocí a la mamá hace mucho tiempo. yo voy a estar a su lado” Adriana se puso a llorar y se aferró a las piernas de Enrique. Enrique miró a Rebeca tratando de darle a entender que sus palabras estaban haciendo sufrir a los niños. y la sensibilidad ciudadana. pero la verdad es que estoy hecha mierda…” Rebeca hizo una pausa para tomar aire. si obligarla a levantarse o esperarla hasta que se decidiera a hablar. Rebeca fue la penúltima en hablar. La multitud guardaba un profundo silencio. sentía repulsión de verlo. créanme que voy a estar con ustedes toda la vida…” Enrique pensó que no lo iba a permitir. por eso se iba fugando con el otro maricón. En realidad a esas alturas no sabía cómo tratarla. No importa lo que me cueste. y no se merecían el menor respeto de su parte. estoy hecha mierda y no sé qué hacer para dejar de sentirme así…Francisca. Hubo también variados oradores. con grandes aspavientos. alguien le tendió una botella de agua. Un fuerte apretón de Sebastián en su pierna lo volvió a la realidad. Nunca los va a abandonar. instando a que los “rapaces de la prensa amarilla” fueran respetuosos con el duelo de los niños y dejaran de filmarlos y tomarles fotografías. porque estaba seguro de que ella sabía todo acerca de Francisca y Ricardo. “Y voy a acompañarlos. “Mis niños. Enrique. Para qué hablar de Diego. pidió comprensión y cuidado al dolor de Adriana y Sebastián. habló: “Nadie sabe. y después de beber se dedicó a mirar con detenimiento a Adriana y Sebastián. voy a acompañarlos en todas sus cosas como si yo fuera su madre. y luego se dirigió a toda la gente: “La que está aquí fue mi amiga.

Detrás de sus espaldas

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-Dime hijo. -Si no puedes hablar, yo lo hago papá. Un murmullo de admiración salió del gentío. Enrique sintió que se le doblaban las rodillas y que el cuerpo le pesaba más de lo normal. Sebastián lo había dejado estupefacto. Por unos segundos pensó que le iba a ser tan difícil salir de ese estado, que casi le dice a su hijo que siguiera adelante. Pero las miradas de sus padres lo hicieron recuperarse, y llevando a sus hijos tomados de la mano, se adelantó y comenzó a hablar: “Quiero dar las gracias a todos los que hoy han venido aquí a despedir a Francisca. Sé que muchos de ustedes no la conocieron, y que están conmocionados con la forma cómo murió. Esperemos que los responsables sean encontrados lo antes posible y que paguen con la máxima de las sanciones…” Enrique hizo una pausa para tomar agua. “La verdad es que me sucede algo extraño en este momento: estoy pensando que los muertos, no importando las condiciones cómo hayan vivido sus vidas, adquieren un aura especial; es decir, se les perdona todo lo que hicieron porque los pobrecitos no pueden defenderse de las acusaciones que nosotros, los miserables que seguimos en vida, les hacemos.” Un murmullo de desaprobación recorrió la multitud. Enrique estaba denostando a la santa que ellos venían a despedir. “Por respeto a mis hijos yo no voy a hablar lo que realmente pienso, continuó Enrique, sólo les quiero decir que la que aquí vinimos a despedir fue un ser humano como cualquiera de nosotros, con una muerte horrible…espero que el tiempo me ayude a perdonarla, lamentablemente hoy estoy lleno de resentimientos hacia ella…y no puedo hacer nada en contra de eso…espero que la paz que yo no tengo la acompañe en donde quiera que esté.” Sin mediar pausa Enrique dio la orden para que comenzaran a bajar el féretro. Gritos de dolor se oyeron por todos lados, llantos comenzaron a brotar desde todos los rincones. Esto ayudó para que las palabras que había pronunciado Enrique no fueran debidamente procesadas por la mayoría de la gente. Sin embargo, los efectos que produjeron

en los que supieron descifrar las claves no se hicieron esperar. La prensa comenzó a especular con un crimen por encargo, tesis descartada posteriormente por la policía y el juez que llevaba el caso. Rebeca no se le lanzó encima para golpearlo porque había quedado enredada entre la muchedumbre. Los padres y otros familiares de Francisca, siempre a la distancia, lo miraron con cara de reproche. Alberto fue el único que se acercó a él y le dijo que entendía su dolor. Pero fueron sus hijos los que quedaron más intrigados con sus palabras. ¿Estaba enojado él con la mamá? ¿Qué es un resentimiento papi? Enrique no les respondió, pero les prometió que cuando estuvieran solos les aclararía todas las dudas. Momentos después el ataúd había tocado fondo. Mucha gente se acercó para lanzarle flores. Algunos, como pudieron le robaron un puñado de tierra al verde prado del cementerio y también lo lanzaron. Enrique recibió nuevamente las condolencias de muchos que ya se retiraban. Y lentamente el cementerio fue quedando vacío. La muerte de Francisca poco a poco fue perdiendo importancia para la gente. Las visitas a la casa de Enrique fueron haciéndose cada vez más esporádicas. Los niños notaron que todos esos señores y señoras que no conocían y que habían aparecido repentinamente, desaparecieron de un día para otro. Con la calma y el silencio de vuelta, Enrique creyó que iba a poder pensar con más tranquilidad. Sin embargo, con un día en casa tuvo suficiente para darse cuenta de que si seguía dándole vueltas al asunto de los últimos días de Francisca, iba a volverse loco. Por lo tanto no se tomó los días que en la empresa le habían dado y volvió al trabajo como un demente, dedicándole toda la concentración que disponía, porque sabía que el mejor remedio para el dolor consistía en mantener la mente ocupada en otras cosas, de esa forma la pena decantaría hasta volverse soportable. Con los niños no tuvo problemas. La primera semana partieron con los abuelos de viaje al extranjero. Volvieron contentos y con nuevos bríos. Luego se reinsertaron en el colegio, recibiendo toda la ayuda de los orientadores y

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psicólogos, y encontrando en sus compañeros el cariño necesario para sentir que jugando era posible estar bien. Sin embargo, a pesar de toda la voluntad que Enrique ponía en el asunto, siempre había momentos de soledad en los que no podía evitar los recuerdos. Podía ser en la noche, cuando no conciliaba el sueño y se revolvía desesperado en las sábanas; o también en una calle en pleno día, cuando se cruzaba con una mujer muy parecida a Francisca; o simplemente con una canción que sonaba en la radio. En esos momentos la angustia lo desolaba, porque lo único que él quería era olvidar todo, y se daba cuenta de que no podía. Cuanto hubiera dado Enrique por formatear su mente, dejando sólo la información disponible para recordar que había sufrido un gran dolor, pero sin nombres, sin rostros, sin olores o palabras, nada que sirviera para relacionar a personas ese gran dolor. Y también estaba presente en su mente el fantasma de Ricardo, quizá el tema que más lo sacaba de quicio. Enrique guardaba un odio inconmensurable por aquél “fiambre”. Tenía conciencia de la exageración, pero el sólo hecho de oír el nombre lo descomponía, dejándolo de un humor intolerable. Nunca lo iba a perdonar. En ocasiones, cuando pensaba bien de Francisca, llegó incluso a justificarla fantaseando con que Ricardo la había raptado a punta de pistola, queriendo llevársela para siempre (lo que por cierto hizo). Y para contrarrestar la ira, Enrique recordaba el minuto en que lo escupió, quizás la única vez en que se sentía superior con respecto a Ricardo. Pero Ricardo parecía inmortal. Surgía insistentemente en su cabeza, recordándole una y otra vez que finalmente él se había quedado con Francisca. Ni siquiera uno de los reportajes oportunistas que se publicaron en los suplementos dominicales, en el cual, además de poner en evidencia que Ricardo en vida había sido un reconocido estafador internacional, se agregaba que tenía juicios pendientes por violencia en contra de varias mujeres por todo el país, lograron apaciguar el ánimo de Enrique. Por el contrario, después de haber terminado de leer el reportaje surgieron en él más dudas. ¿Si él hubiera tratado

mal a Francisca, es decir, si la hubiera golpeado o sometido a reiterada violencia sicológica, ella lo hubiera querido? ¿Por qué había mujeres a las que parecía gustarles que las basurearan? ¿Por qué el desprecio era más seductor que el cariño en esos casos? Muchas preguntas pudo respondérselas, pero hubo otras que quedaron sin contestación. Luego el tiempo hizo lo suyo. Enrique lentamente fue abandonando la obsesión por Francisca y todo lo relacionado con ella. Admitió que tenía que hacer un duelo, quizás no por la pérdida de ella, sino para recuperar su identidad, y lo llevó a cabo lo mejor que pudo, aceptando que había días en los que todo parecía volver atrás y que el infierno de los temblores, la angustia, la inapetencia y el insomnio volvían a repetirse, pero con la seguridad de que cada nueva crisis disminuía en intensidad, lo que le daba ánimos para seguir adelante. Hasta que una noche se dijo que lo que a él le sucedía era como padecer de una enfermedad crónica, los recuerdos nunca iban a desaparecer, iban a estar dentro de él como un virus difícil de vencer, pero él los podía mantener a raya si aprendía a vivir con ellos. Cuando reconoció esto pudo vivir más tranquilo. Un año después del accidente, la causa por la muerte de Francisca y Ricardo fue cerrada sin haber encontrado culpables. Enrique no tuvo sentimientos especiales al respecto. Los resultados de las investigaciones siempre lo tuvieron sin cuidado. Para él la justicia no existía, era una invención más de los hombres para mantener la ilusión de que algo controlaban en el inmenso caos en el que vivían. Y si tenía que creer en algo, lo hacía en la justicia natural, la de la causa y el efecto, aquella que todo lo trae de vuelta, la que no condena a años de cárcel, pero que puede ser mucho más devastadora para quien recibe su castigo. Por esos días Alberto volvía de Buenos Aires. Había asistido al XI congreso de Fenómenos Paranormales. En él habían participado personas de todo el mundo, y Alberto había concurrido para sondear, además de la posibilidad de conseguir

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un nuevo financiamiento para su instituto, las nuevas teorías en los distintos campos de la parasicología. Enrique fue a buscarlo al aeropuerto. Se detuvieron en el centro de Santiago para refrescarse en un bar porque el calor de aquel día era insoportable. -Así que vienes lleno de nuevas ideas-comentó Enrique después de beber un largo trago de cerveza. -Sí. No te puedes imaginar todo lo que se avanza de un año a otro. Hasta el año pasado la reunión de Buenos Aires era vista como un circo en el que unos cuantos locos de remate se juntaban a contarse unos a otros sus alucinaciones. Sin embargo, este año hasta hubo gente que se atrevió a patrocinarla. Todo esto producto del caso en el que una vidente logró encontrar a una influyente familia, los Ferrara, que había sido secuestrada hacía seis meses. La policía argentina había sido incapaz de dar con el paradero de ellos, pero vino esta “brujita” y les dio la localización exacta de los secuestrados. Incluso les dijo como y cuando rescatarlos, porque había visto que los plagiadores los dejaban solos a determinada hora del día. -¿Y eso fue probado? -Mira, en un principio la policía argentina negó más que Pedro con los romanos su conexión con la Cuggiotta, la brujita de la que te hablo, pero tú sabes como son los argentinos, insoportables si creen que los están engañando, así que finalmente se reconoció que por la “intervención de métodos poco tradicionales” se logró dar con los Ferrara. -¿Y todo eso sirvió para que a la reunión le creciera el pelo? -Bueno, eso ayudó mucho, pero también los resultados de las investigaciones que se presentaron sirvieron para que la cosa se tomara más en serio. -Pero dame casos, cuenta lo que viste, ¿o sigues pensando que todo tu cuento es sólo para iniciados? -No, estoy un poco más abierto a dejar que el conocimiento fluya. -Entonces cuenta.

-Hay varias cosas que me impactaron, por ejemplo el hecho de que unos investigadores italianos hayan descubierto que se puede trabajar con el aura para prevenir las enfermedades invernales como las gripes y otras. También estuvo impactante un documental brasileño en el que se mostraban los efectos de la telekinesis en una familia de indios amazónicos. Enrique escuchó una larga lista de casos que a Alberto le parecieron interesantes de nombrar. Luego la conversación varió de un tema a otro. Alberto le preguntó por la condición de los niños, su rendimiento escolar, su estado de ánimo. Enrique le comentó que estaban bien y que poco a poco, por lo menos explícitamente, Francisca dejaba de ser un tema para ellos. El bar comenzó a repletarse de personas. Hombres y mujeres que terminaban su jornada laboral iban a divertirse con un par de tragos junto a sus colegas. Alberto y Enrique siguieron conversando animadamente. Hacía tiempo que no se veían, y como buenos amigos tenían mucho que conversar. -El caso de la Francisca fue cerrado-dijo Enrique en un momento. -¿Y? -Sin culpables. Alberto miró a Enrique como queriendo decirle “ya lo suponía”. Luego dio un suspiro y moviendo la cabeza negativamente comentó: -Qué quieres que te diga, yo me lo esperaba. ¿Cuándo fue esto? -Mientras estabas en Buenos Aires. -Para mí siempre fue dudoso todo. La verdad es que no tengo idea de quién pudo haberlo hecho, pero no creo que haya sido una acción concertada en busca de venganza o algo así; aún cuando el estafador de Ricardo haya tenido deudas pendientes con algunos peces gordos, no lo creo. Para mí él que lo hizo era un loco, un pobre huevón con baja autoestima, o algo por el estilo. Por otra parte, yo conozco al juez que llevaba la investigación, no me preguntes porqué razón, pero el

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pero fallé en el último momento. Con un poco de vergüenza entré a la sala y en medio de la oscuridad fui caminando hasta llegar a las primeras butacas. -Como yo también te conozco. que otra vez será-dijo imitando la voz de Leonardo Favio. No se podía esperar otra cosa de él. Hay algo que no me quieres decir. pero me quedé sentado en la butaca porque estaba cómoda. -Mira. Pero me quedé hasta que terminó el gringo. Enrique lo miró intrigado. no voy a entrar en detalles porque las minitas de allá atrás se están aburriendo sin nosotros y yo eso no lo voy a permitir. Enrique lo miró un poco intrigado. sé que a lo mejor lo que te voy a contar no te interesa. -A ti te puedo decir la verdad: no me interesó en lo más mínimo. Enrique se sintió un poco incómodo por la situación. -Mira-comenzó Alberto después de haber respirado hondo-. pero no me acosté con ninguna. el tema me resultaba interesante. Con la poca luz que había no pude leer el programa. Enrique sonrió ante la imitación de Alberto. Conseguí algunos correos electrónicos y salí a comer con una argentina de esas que te mueres. e incluso puede llegar a molestarte porque pese al paso del tiempo voy a estar rompiendo un pacto contigo. -Pues bien-continuó Alberto. Tomé asiento y me dediqué a escuchar a un norteamericano que en un pésimo español hablaba de los alcances de la telepatía entre los hermanos gemelos. pero el hombre no tenía encanto. Se acabó. observó que Alberto ya no le prestaba atención. sino porque se había vuelto tímido para esos asuntos. Alberto guardó silencio para escrutar el rostro de Enrique. Como no tenía nada más que hacer me quedé. Con un gesto de su cabeza lo animó a continuar. sino que miraba por sobre él. Y a propósito de mujeres el asunto es el siguiente: estaba un poco aburrido en medio de las horas muertas que todo congreso tiene. -¿Qué tal?-le preguntó Alberto con evidente picardía. Como no vio ninguna reacción le preguntó: -¿Y a ti que te pareció? Enrique se demoró en responder. La voz dijo: “Destacada por sus trabajos en las más variadas áreas de la parasicología nuestra próxima conferenciante ha recorrido el 177 178 . Entonces de pronto me di cuenta que en una sala se estaban dictando unas conferencias que yo no tenía idea que se darían. Enrique se dio vuelta y comprendió: detrás de él habían dos hermosas mujeres que parecían responder animadamente a las miradas de Alberto. Bien bien no me fue. bien-respondió Enrique en voz baja para que las mujeres no notaran que hablaban de ellas. pero después se iluminó. A pesar del esfuerzo que hizo. El tipo hablaba y hablaba. Quizá no estoy bien. De pronto una voz anunció la última conferencia de la tarde. Poco me faltó para que la que invité a comer se quedara en mi hotel. como si en ese momento fuera transparente. ¿Qué pasó? Alberto asintió. Y para que el entusiasmo de su amigo se aplacara le preguntó: -¿Y en Buenos Aires cómo te fue con las “brujitas”? En un primer momento el rostro de Alberto no mostró ninguna emoción. Yo pensé que después de eso no había nada más. y no porque le molestara que su amigo no lo escuchara. -Bien. En la mirada de Alberto se veía que tenía algo más que decirle. Pero bueno. Francisca está muerta. Lo único que me interesa es rehacer mi vida con mis hijos y trabajar para que ellos estén bien. -Es mejor para mí y para los niños que esta cuestión se acabe pronto-continuó Enrique-. pero me da lo mismo lo que piensen los demás. Y de pronto un argentino que estaba a mi lado me pidió permiso para pasar no sin antes ofrecerme el programa de las charlas y decirme en buen porteño que el grongui ese no calentaba ni a su mujer viste.Detrás de sus espaldas Detrás de sus espaldas tipo es un inepto que nunca ha resuelto nada bien en su vida. No tenía nada que hacer y me dediqué a dar vueltas por el lugar. -Yo te conozco hombre-dijo Enrique-. Alberto asintió. Yo no quiero que este asunto se transforme en un tema de por vida. en sus recuerdos no encontró ningún pacto con Alberto. Mientras Enrique pensaba en las últimas palabras que había dicho.

-A estas alturas da lo mismo. Todo se podía esperar de Patricia. O a lo mejor no. Una vez te prometí nunca más hablar de Patricia porque a ti no te gustaba. La seguí entonces hasta detrás del escenario pero no la encontré. yo diría que ya estaba en las últimas semanas. A eso me refería cuando hablé de romper un pacto. Los pocos que estábamos ahí aplaudimos. Quizá algún día lo sepa”. por supuesto. Hubo un silencio.¿Quién crees tú que era? -¡No sé! -Patricia. Dije su nombre y ella se dio vuelta sorprendida. “Traté de que me explicara aquello-continuó Albertopero ella se hizo la desentendida y salió rápidamente del lugar. ese último esfuerzo no fue necesario. qué absurdo. Pero después se dijo que a lo mejor las desarrolló después de haberlo dejado. Sin embargo. pero no pensé que tanto en realidad. Sus teorías para mí no eran nada nuevo. y agucé la vista para reconocer a la mujer.. -Veo que no te molesta hablar del tema. Qué mujer más extraña. Nunca se le hubiese ocurrido pensar que ella tenía esas inquietudes. Le dije que era Alberto. Enrique miró incrédulo a Alberto. Pero lentamente comencé a reconocer la voz de Madame Dolores. -Está bien-dijo Alberto. por lo menos debió elegir un mejor nombre. Desapareció como por arte de magia. Hoy nos va a hablar de los flujos de la energía negativa y de cómo contrarrestarlos. Tú sabes que yo no creo en las casualidades. bebió un largo trago de cerveza. Patricia. y cuando dejaba la tarima le hablé. Simplemente la perdí. Y comencé a escucharla. dejó de lado su timidez y fue sentarse con ellos. Lentamente. Tu ex polola. o ella no apareció más por el recinto. concluyó. y con el único ánimo de molestar a su amigo. -A mí tampoco me llamó la atención en un primer momento-continuó-. y lo apuró con una sarta de insultos. Enrique miró a Alberto sin entender nada. Y de inmediato me soltó: -Dile a Enrique que ya no lo necesito.Detrás de sus espaldas Detrás de sus espaldas mundo entero presentando sus trabajos. En medio de la oscuridad de la sala pude fijarme que estaba embarazada. porque antes de llegar al borde de la tarima yo ya sabía quien era esa mujer… Alberto vio que Enrique estaba completamente inmerso en el relato. Las coincidencias ¿Y qué hiciste?-preguntó intrigado. incluso que ya haya estado trabajando en esas áreas cuando estaban juntos. La última vez que la había visto fue el sábado anterior a la muerte de Francisca. al ver a una compatriota. Y al oír que su amigo las convencía de quedarse a tomar un trago con ellos. Y después no pude encontrarla en ninguna parte.Mira tú-dijo finalmente Enrique-. Enrique se quedó pensando en el recado que le había enviado Patricia. Siempre aparecía en momentos inesperados. pensó. quien se levantó apresuradamente de la mesa cuando vio que las mujeres con las que estaba intercambiando miradas se iban. esperé a que terminara su conferencia. tu amigo. Yo sabía que en alguna parte la había escuchado. Enrique no soportó la espera.” Enrique miró interrogativamente a Alberto. lo sacó de sus meditaciones. Y ahora aparecía inesperadamente en Buenos Aires. por favor recibamos calidamente a Madame Dolores. Luego me interesé. Ella viene de Chile. pero el súbito salto de Alberto. y llamarse Madame Dolores. Yo sabía que esa mujer era extraña. 179 180 . -Bueno. . cuenta qué hiciste. pero la oscuridad era tan envolvente que tuve que pararme y acercarme para lograr verla mejor. -¿Patricia? ¿Qué Patricia? -Patricia Quiroga. Pregunté a distintas personas pero nadie pudo darme señales de ella. y todavía estoy pensando porqué razón me encontré con ella en Buenos Aires.

En Buenos Aires no se sentía incómoda. Había que darle tiempo al pobre Enrique. que en primera instancia era de un mes. mirándolo con una sonrisa fingida. los billetes de dos mil pesos. Ella hubiera querido recibir la noticia con alegría. reclamada por unos clientes. El bar estaba repleto. Ya antes de comenzado el show se le habían acercado un par de hombres a la mesa que ocupaba. A pesar de no ser la primera vez que la visitaba. como era conocida en Argentina. El viaje a Argentina puso paños fríos a sus ansias. y los plazos de su permanencia. A ella le pareció fantástica la oportunidad de alejarse de Santiago. decidió bajar al bar del hotel. ninguna mujer se atrevió. Echaba de menos la cordillera. para espantar los demonios de la añoranza por la patria. Su sonrisa hubiera cautivado a cualquier mujer. la capital de Argentina siempre se le presentaba renovada y fascinante. Patricia hizo sus maletas y voló a Buenos Aires. Pero aunque la buena racha profesional la tenía entusiasmada. vio que otro hombre se acercaba.Detrás de sus espaldas Detrás de sus espaldas Epílogo Con la misma expresión de incredulidad de quién arroja un bumerang que no vuelve a sus manos. Sin embargo. -Hola-dijo con voz de seductor. le hubiera dicho más de algún porteño. Los primeros días en Buenos Aires le resultaron maravillosos. Dolores. y sobre todo de Enrique. colocándose la mano en la frente a manera de visera. Ella no quería que su nueva aparición a él le pareciera premeditada. A ella le agradaba sentirse apreciada. a los dos meses fue presa de la maldita nostalgia. vestía bien. observó a su público. Maslíah guardó silencio y.yo no. ¿qué más querés?” Y ella lo hubiera corroborado. Patricia se había enterado que ese día se presentaba Leo Maslíah. No supo qué responder. Pero el espejo que tenía en frente. 181 182 . Por lo mismo cuando. pero de todas formas extrañaba Chile. caminaba erguido. Patricia había sido amable con ellos pero no aceptó sus invitaciones ni mucho menos que la acompañaran. No había nada más en el mundo que Patricia detestara tanto. Miró hacia todos lados tratando de aparentar aplomo. y pensó que el uruguayo bien podía hacerla olvidar sus penas con su hilarante rutina. Sin embargo. poco a poco fue encontrando nuevos clientes. Tenía prestancia. pero lo que esa noche buscaba no era precisamente compañía masculina. pero sintiéndose humillado.¿Usted sería tan amable? Necesito una voz femenina para que este cuento resulte. El hombre quedó petrificado. Maslíah pidió una voluntaria para que le ayudara en la lectura de uno de sus cuentos. Estaba segura que si se quedaba en Chile la ansiedad por concretar rápidamente su plan para abordarlo la hubiera traicionado. menos una extranjera. Simplemente no podía creerlo. en medio del espectáculo de Maslíah. Luego se retiró caminando tan tranquilo como llegó. fueron extendiéndose. creyendo que harían el ridículo ante tal situación. lanzar un grito. Sintió que todo el mundo la observaba. ¿y vos? -No-le dijo Patricia aburrida. Y por otro lado el trabajo abundaba en aquella ciudad. soltar un par de lágrimas. en el baño de su habitación de hotel en Buenos Aires. sólo le devolvía el triste reflejo de su rostro. el Bife de Chorizo. Pero las otras eran sus boludeces.Me llamo Facundo. “Acá tenés el Río de La Plata. como nunca le gustó que la tildaran de cobarde. Para su gusto el hombre no era mal parecido. se impacientó. -Señorita-dijo apuntando a Patricia. Pocos días después de la muerte de Francisca y Ricardo. y a ella le hacía mal tenerlas lejos. Patricia vio el resultado del test de embarazo que minutos antes se había hecho. ¿Quiere? Patricia dudó. el escuchar a alguien decir ¿cachai?. el mote con huesillos. Maradona. pensaba. A punto de finalizar su espectáculo. “Puras boludeces”. Una noche. haber saltado.

Maslíah le agradeció la colaboración y. ¿Tú cómo te llamas? Si Aníbal le hubiera hecho la pregunta como se la había hecho Facundo. pero por la resaca que sintió a la mañana siguiente. Minutos después se miraba en el espejo. su labor fue satisfactoria. ella le habría respondido como lo hizo con el argentino. No le quedaba más salida que responder de buena forma. Se fue a la cama con él para terminar aquello que había comenzado con retozos sobre la alfombra. A continuación Maslíah pasó a explicarle de qué se trataba todo el asunto y comenzó la lectura de su historia. Para asegurarse a la mañana siguiente fue al doctor. Náuseas. mareos. y de pronto el bar estaba cerrando. recriminándose. Patricia salió de aquella casa con la promesa de nunca más volver a verlo. Aníbal dormía profundamente. no es cierto? -No. soy chilena. desgano. Tres semanas después pensó que. Cerró la puerta del baño y siguió las instrucciones que leyó en el envoltorio. -Así que eres chilena-dijo. Patricia se tomó la cabeza. La conversación con Aníbal fue grata. ¿Qué sucedió aquella noche que la situación se escapó de su control? ¿Tal era su nostalgia que el hecho de ver a un compatriota hizo que automáticamente bajara sus defensas? Patricia no se dio cuenta cuando Aníbal ya estaba sentado a su lado. Pero Aníbal había sido más específico. molesta porque la habían sacado abruptamente de sus ensoñaciones. se rieron mucho. y que hubiera sido un más que grato recuerdo si hubiera tomado las precauciones necesarias. aun cuando nunca había sido regular con su periodo. Después de terminado el espectáculo. -Un gran aplauso para ella entonces que viene del otro lado de la cordillera y no tiene reparos en ayudarme a ganar dinero. la envió a su mesa. -¿Cuál es su nombre? -Patricia. Cuando al mediodía despertó. por lo que pudo apreciar. Patricia se sintió agradecida por los aplausos. Maslíah la hizo tomar asiento en una silla cercana a él y le entregó unos papeles. -Patricia. ella se conocía muy bien para saber que lo que estaba sucediendo era sin duda irregular. Patricia se sentía contenta. triste. Días más tarde salía de la consulta con la noticia confirmada. aquella noche debió haber bebido más de la cuenta. y en medio de los aplausos de los asistentes se levantó de la mesa y se dirigió al escenario. Patricia lo miró por educación. y compró el test de embarazo. Un asistente se encargó de acomodarle a su altura el micrófono y Patricia aguardó las indicaciones del uruguayo. Maslíah hizo un gesto de sorpresa al oír el acento de Patricia. Volvió a su habitación un poco ahogada. Salió del hotel. -Sí. después del cual se iría a dormir. la boca abierta y las palmas hacia arriba. caminó unas cuadras en medio del húmedo calor de Buenos Aires. La sacó del hotel sin resistencia de su parte y la llevó hasta su casa en Palermo. Patricia hizo lo mejor que pudo para ser buena comparsa y. -¿Usted no es ni argentina ni uruguaya. a pesar de algunas descoordinaciones con el uruguayo. positivo”. tanto que se animó a pedir otro margarita. 183 184 . -Por lo que oigo tú también-respondió sin ánimo de recibir respuesta. prometiéndole consumo gratuito por el resto de la noche. y no había sangre. sin defensas. Luego se vistió sin hacer ruido. Ella se rió con su participación de la misma manera en que lo hizo el público. no recuerda haber pedido más tragos. Aníbal la engatusó con sus modales y labia. Pensaba en distintas cosas cuando apareció otro hombre en su mesa. Mi nombre es Aníbal.Detrás de sus espaldas Detrás de sus espaldas aceptó el reto. repitiéndose a manera de reproche: “positivo. las luces del escenario se apagaron y el bar volvió a las penumbras. que pasó por la cocina en donde torpemente se desvistieron.

Pero Patricia tuvo que admitir que el destino ésta vez no se ajustaba a lo que había planeado. Nadie más la acompañó en el ascensor. pero en ese preciso instante sintió un brusco movimiento en su estómago. pinchando ese indeseado globo y reventándolo. Y después nada. Una tarde. Tenía el dinero. dijo. Sin embargo. Gustosa iba a dar el primer paso para dirigirse a la oficina. lo harías…” La carta de Soluciones Extremas. o si saltaba. y de pensar que todo aquello se trataba de una ironía demasiado cruel. Nada faltaba. Buscó en su cartera el papel en donde había anotado el número. siempre frente al espejo. y se asustó un poco porque el eco de su exclamación se repartió por las frías paredes. con la peregrina idea de que si daba unos pasos más. porque de algo estaba segura: Enrique no la iba a aceptar de vuelta a su lado cargando un hijo que no fuera de él. ¡Cómo no lo había pensado antes! Ella tenía amigos que podían sacarla del aprieto en algo menos de una hora. pero su problema se solucionaba si cambiaba de elección. Entrada la noche vagabundeaba por la Recoleta. dijo. Era la 903. una vez muerto. Y pensó: si doy unos cuantos pasos puedo acabar con todo. ¡Acá está!. parada frente a Enrique. y de pronto dio con algo que por su textura parecía ser una tarjeta. se sobresaltó. y el zumbido de mi cuerpo al salir despedida por los aires. ¡Qué felicidad la que le esperaba! A la mañana salió del hotel sin prisa. Lo último que oiría serían las bocinas de los autos. ¿Cuál era la oficina a la que debía llegar? Patricia salió del ascensor y se encontró con un oscuro pasillo. el chirrido de los neumáticos. Pero ella no tenía alternativa.Detrás de sus espaldas Detrás de sus espaldas Caminó por horas. cuando su estómago comenzaba a abultarse. Patricia todavía no aceptaba del todo su embarazo. Los números que marcaban los pisos comenzaron a alternarse. se imagino de vuelta en Chile. la criatura que llevaba dentro podría llegar a caer. pero no cargaba con un hijo no deseado. pero constantemente se repetía que todo iba a salir bien. tenía la disposición. hizo un picadillo con la carta y lanzó los trozos al aire. felices ambos de estar juntos nuevamente. Antes de dormirse esa noche. Cuando se miraba de frente y perfil. Se sentó en uno de los bancos de la plaza Vicente López y lloró desconsoladamente. ¡Por supuesto que viviría de otra forma! ¡Si hubiera sabido lo que se vendría no se habría ido a la cama con el primer chileno que se le cruzó! Y sus esfuerzos por recuperar a Enrique no habrían resultado inútiles. Caminaba nerviosa. tentando con sus manos para encontrar una pared en la que 185 186 . Era la primera vez que algo no le resultaba de acuerdo a sus expectativas. el crujir de mis huesos. Llegó al edificio de Parque Patricios en donde estaba la clínica abortiva. Tenía que subir hasta el noveno piso. Pero se pasó la tarde en aquella esquina sin moverse de su posición. sin rumbo. Patricia hizo unas llamadas y programó el día siguiente en función del aborto. llamándola mamá. Llegó a la 9 de Julio y Santa Fe. aquel joven taciturno del Chevrolet podía querer a alguien y no ser correspondido. La sacó del fondo de la cartera y para su sorpresa leyó: “Si existiera la posibilidad de que. Patricia miraba los rostros de las personas y se imaginaba que todos los destinos eran mejores que el de ella. muchos los autos para decidirse contra cual lanzarse. Eran muchas las pistas para lograr contarlas. pudieras tomar la decisión de volver a vivir. En una esquina detuvo un taxi. Con los ojos cerrados y las mandíbulas apretadas dio unos pasos hacia atrás. Patricia tuvo miedo. En esa esquina se detuvo a mirar el intenso tráfico de la avenida. ¿Y por qué no había destruido aquella? Después de leer las alternativas. con Adriana y Sebastián diciéndole que la querían. desnuda frente al espejo. con el embarazo en el olvido. Cuando ya no le quedaban pañuelos desechables para sonarse hurgó en su cartera. se imaginaba con una aguja en las manos. ¿Cuántas había mandado a hacer? Lo había olvidado por completo. Aquella mujer rubia que manejaba con nerviosismo su Fiat Palio podía sentirse deprimida. Hizo acopio de valor para lanzarse en la próxima luz verde. meses después.

deben haber sido los nervios.Detrás de sus espaldas Detrás de sus espaldas apoyarse. Pero ella no. porque no era capaz de seguir siendo la misma. Mientras bajaba lloró una vez más. Patricia se sentía estupendamente. porque ya no tenía el valor de hacer lo que se había propuesto. una mujer desconocida. ¡Voy a ser madre por la mierda!. Patricia decidió quedarse para siempre en Argentina. Patricia no pudo moverse más. aunque estuvo a punto de llamarlo Enrique. para que. porque en definitiva tenía que despedirse de la idea de estar con Enrique y sus hijos. Luego de unos momentos dio con el botón del ascensor. sintiendo en su espalda el frío concreto. me estoy imaginando cosas inexistentes. de alguna forma. Si de ella hubiera dependido habría extendido su embarazo por un año más. Tal era su estado anímico cuando recibió la invitación para el XI Congreso de Fenómenos Paranormales de Buenos Aires. Con ocho meses y medio de embarazo había mujeres que no podían hacer nada. Pero cumplido el plazo no pudo dar otro paso porque nuevamente sintió un golpe en su estómago. Estar embarazada la hacía sentir poderosa. Le puso por nombre Gustavo. Se dio un plazo de un minuto para continuar su camino. Y algo más: nunca más iba a responder cuando alguien la llamara Dolores. Si iba a tratar de vivir una nueva vida tenía que dejar atrás su pasado. Sin abrir nunca los ojos tanteó la pared. una mujer que había sucumbido ante el poder de otro ser. Por primera vez en su vida Patricia no se sentía dueña de la vida de otro ser humano. Lo pulsó y un cálido sonido le indicó que el cubículo venía por ella. se dijo. Cuando la puerta se abrió se lanzó bruscamente hacia adentro. Allí se quedó quieta. 187 188 . presa del miedo y el asombro. No. Se preparó concienzudamente para que su presentación fuera recordada. En esa condición se sentía capaz de lograr cualquier cosa. Trató de clamarse respirando profundo un par de veces. desconsolada. Lo que vio reflejado en los espejos fue la imagen de una mujer desprotegida. Antes de entrar a pronunciar su conferencia sobre los flujos de energía negativa solo tenía una duda: ¿volvía a Chile una vez que su hijo naciera? Sopesó con frialdad los pros y los contras. Se quedaban en cama y pedían constantemente ser mimadas. Al salir del ascensor por primera vez pasó tiernamente la mano por su estómago. ¿Cómo podía ser que semejante situación no hubiera significado nada para ella sino hasta que su propio hijo reclamó su atención? ¿Qué importancia podían tener todos sus estúpidos planes en ese momento? Antes de llegar al primer piso Patricia secó sus lágrimas. algo volviera a repetirse. El hijo de Patricia nació en el hospital municipal de Avellaneda. con energía de sobra para emprender cualquier empresa. Por eso fue que le dijo a Alberto que ya no necesitaba a Enrique. Pero sólo dio con la respuesta cuando vio a Alberto en aquel lugar. gritó.