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Revista Iberoamericana de Estudios Revista Ibero-americana de Asia Oriental rediao2009/2 2011/4 de Estudos da Ásia Oriental rediao

ISSN: 1888-6566

CONSEJO EDITORIAL
Isabel Cervera, Mario Esteban, Taciana Fisac, Pilar González España, Ana María Goy, Andreas Janousch, Lin Yue, Gladys Nieto, Kayoko Takagi. ESTA EDICIÓN ESTÁ A CARGO DE MARIO ESTEBAN RODRÍGUEZ

ASISTENCIA EDITORIAL
León Llodra y Teresa Hermida (maquetación) Germán Molero (corrección). Centro de Estudios de Asia Oriental, Universidad Autónoma de Madrid, C/ Francisco Tomás y Valiente, 3, 28049 Madrid. Tlf.: 91 497 46 95 Email: secretaria.rediao@gmail.com, revista@rediao.org,

CONSEJO ASESOR
Flora Botton: Centro de Estudios de Asia y África, El Colegio de México, México Jean-Pierre Cabestan: Centre National de la Recherche Scientifique, Francia Francesca Dal Lago: Universiteit Leiden, Países Bajos Emilio García Montiel: Centro de Estudios de Asia y África, El Colegio de México James Heisig: Nanzan University, Japón Shuhei Hosokawa: International Research Center for Japanese Studies, Japón Kimio Kase: Instituto de Estudios Superiores de la Empresa, Universidad de Navarra Regina Lamas: Bristol University, Reino Unido Ôtaky Mikio: Bunsei University of Art, Japón Madalena Natsuko Hashimoto Cordaro: Centro de Estudios Japoneses, Universidad de Sao Paulo, Brasil Manel Ollé: Universidad Pompeu Fabra, España Gonzalo Sebastián Paz: The Elliot School of International Affairs, George Washington University, Estados Unidos Toshihiro Takagaki: Tokyo University of Foreign Studies, Japón Kanzuei Tokado: Kanda University of International Studies, Japón Alicia Relinque: Universidad de Granada, España www.rediao.org Depósito legal: M-12224-2011 Impresión: Solana e Hijos, A. G. (Madrid)

DOI 10.3994/RIEAO 2010.01.011 Revista Iberoamericana de Estudios de Asia Oriental (2011) 4:

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GARCÍA RODRÍGUEZ, AMAURY, EL CONTROL DE LA ESTAMPA ERÓTICA JAPONESA SHUNGA, MÉXICO D. F.: EL COLEGIO DE MÉXICO, 2010, 336 pp., ISBN: 978-607-462-228-7
Las palabras clave que encierra el título de este nuevo estudio del profesor Amaury García nos permiten adentrarnos en diferentes contextos de la cultura visual del período Edo o Tokugawa (1603-1868). Si bien elige como caso de estudio la estampa erótica –shunga–, el autor nos remite en su recorrido a cuestiones de índole muy diversa, como aquellas relacionadas con la metodología de la disciplina de la historia del arte y su aplicación al estudio de la cultura visual en Japón, que conforman sin duda el punto de partida de la presente investigación. El autor, gran conocedor del período de estudio y del contexto en el que se realizó la producción de estampas y otras imágenes, no olvida la necesidad de comenzar con una definición de términos y conceptos, como herramientas básicas para adentrarse en el estudio del tema –erotismo– y el objeto –imágenes–. El lector no debe esperar un trabajo sobre el erotismo como manifestación visual, la sexualidad o la

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pornografía, de los que ya se han ocupado otros autores, como veremos, sino como dice el propio autor, “lidiar con dos temas básicos en nuestra condición humana: el sexo y la libertad de expresión”. A partir de ahí se conceptualizan el erotismo y la pornografía como formas culturales de la sexualidad que cada cultura codifica, literaria y visualmente, de modos diversos. No es esta la cuestión a debate, sino analizar el contexto en que se crearon, cómo eran denominadas, qué términos se usaban para definir si acaso los límites y conocer su adecuado uso. Para ello se realiza un exhaustivo recorrido por la etimología histórica, la interpretación, en las fuentes contemporáneas –literarias, documentales–, de dichos términos y la precaución que el investigador debe mantener a la hora de elegir un vocablo u otro. Lo que de un modo genérico se conoce como shunga o imágenes de primavera –siguiendo el término y acepción procedentes del chino– abre un archivo lingüístico de múltiples registros, que el profesor García aborda con gran rigor y exactitud. Desde aquellos que definen cuestiones técnicas –makura-e-, warai-e, ehon–, conceptos como lo sexual –sei, nuere-tsuya e iro–, lo erótico –erochikku–, lo pornográfico –porunogurafi– y lo obsceno –waisetsu–, que van siendo desgranados por el autor, tanto en su sentido etimológico como en las justificaciones de los diferentes usos (atendiendo a las fuentes literarias), hasta aquellos que son importados de otras lenguas, al calor del contacto con el léxico euro-americano. Es extraordinariamente importante –y así lo señala el autor al ocuparse de esto en su primer capítulo – conocer la denominación de los términos con el fin, no de quedarse en una corrección lingüística, sino de adentrarse en

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los significados mutantes que eludan cualquier posibilidad de esencialismo a la hora de abordar el estudio. En este sentido, cuando se refiere a imágenes shunga debemos saber si son solo las de explícito contenido sexual, o el erotismo puede entenderse de un modo mucho más amplio. Es precisamente a partir de esta cuestión terminológica cuando se nos abren los primeros interrogantes: ¿por qué si su término correcto es makura-e ha primado la denominación de shunga? El propio autor no contesta la pregunta, pero utiliza el interrogante para abrirnos a otra cuestión: si shunga se determina como género dentro de la producción de estampas a fines del siglo XIX y comienzos del XX, asistimos desde la década de los 90 del siglo XX a un nuevo uso de los términos makura-e o warai-e. Sin duda la razón de estos cambios está directamente relacionada con los estudios de historia del arte en Japón y su renovación metodológica, que enmarca el análisis de las estampas eróticas en nuevas coordenadas. En 1994 se celebró en Kioto una importante conferencia sobre estudios japoneses (“Nihon Kenkyu Kyoto Kaigi”), de carácter interdisciplinar, donde se atendieron diversas sesiones sobre aspectos relacionados con el shunga, reflejo de la eclosión de estos trabajos, anteriormente mencionada. En esos momentos significó destapar el velo oculto de la pornografía por la presión de la cultura visual contemporánea –en especial la fotografía–, que promovió que se aboliera la censura existente hasta entonces hacia las imágenes, donde los genitales y otras partes del cuerpo se ocultaban mediante recursos gráficos. Si el reflejo más directo del fin de la censura se pudo ver en la cultura urbana contemporánea, las estampas shunga de siglos anteriores conocieron una reedición inusitada,

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y con ello el interés del medio académico por su estudio 1. En este trabajo se recoge el estado de la cuestión en relación al tema, tanto en Japón como fuera del archipiélago, con una bibliografía actualizada y un reconocimiento a los trabajos anteriores en las citas, con las que el autor define, contrapone o avanza sus propias investigaciones. En este sentido, no se puede dejar de mencionar el importante trabajo publicado por Timon Screech (1999), Sex and the Floating World: Erotic Images in Japan 1700-1820, que abre nuevas líneas de investigación y procedimientos de orden metodológico en la aproximación a nuevas interpretaciones de las imágenes shunga. Screech supera el análisis estético y el mero formalismo para interpretarlas en el contexto social en el que emergen y para el que se crean, y en sus circuitos icónicos, sin abandonar desde luego la reubicación del shunga en la tradición de la estampa japonesa. En el entramado que va creando, destaca la interpretación de estimulación sexual que tuvieron las imágenes, algo evidentemente indudable, pero no se limita a esa explicación. Otros autores en lengua inglesa, como Joshua Mostow, John Carpenter y David Pollack, entre otros, han ampliado la visión y la interpretación del shunga y otras imágenes 2. Así, Mostow parte del estudio de la literatura vernácula y, a partir de ella y las relaciones entre texto e imágenes, abre la interpretación a cuestiones de género más global, para alterar el sentido polisémico de las representaciones textuales y visuales. Por el contrario, Pollack enfoca más su análisis del shunga a su cualidad de bien de consumo, desdibujando el tradicional estudio basado en la consideración de producción de alto y bajo nivel. Son estas algunas de las innovaciones metodológicas que el autor recoge

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en su investigación para, sin obviar ninguna de ellas, aportar una nueva interpretación en torno al control político, social y económico de las imágenes. Precisamente, el autor insiste en que no se trata de trabajar con pinturas sino con imágenes, donde se incluye la estampa, el libro ilustrado y cualquier otro soporte, abriendo de este modo las relaciones entre cultura impresa y cultura visual. Para conducir el estudio hacia este objetivo, el profesor Amaury García se aproxima, desde un análisis lingüístico e histórico, a centrar las definiciones y buscar los términos más adecuados para referirse a su objeto de estudio, como hemos mencionado. Puesto que su interés radica en establecer los tipos de control, la censura que hubieran sufrido estas imágenes y todos los agentes que se relacionan con su creación, realización, distribución y comercialización, necesita conocer los límites de dicho control, el significado de la transgresión, sus causas y desarrollos. Es conocida la presencia de los llamados “sellos de inspección”, que presentan muchas de las imágenes de las estampas japonesas, relacionados con los permisos de publicación, es decir, con estar dentro de las normas del decoro, que cada época define y limita de distintos modos. Así, se señalan prohibiciones tales como la de representar a los gobernantes, hechos de actualidad, o la de incluir nombres reales de mujeres; además del control sobre los calendarios y, desde luego, como analiza el autor, mantenimiento del decoro físico. Como en otras tradiciones culturales, los procesos de censura se combatían con la ironía y la metáfora histórica, con la alusión y lo elusivo, por lo que era frecuente que autores de

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la categoría y reconocimiento de Kitagawa Utamaro (c.1753-1806) se sirvieran de narraciones históricas como crítica a los gobernantes, o de retratos femeninos de indudable erotismo. El aliado fundamental de los artistas y del comercio de las estampas fue, sin duda alguna, su propio soporte, ligado al libro, a la impresión y, por tanto, a una difusión que se podía escapar más del control de las autoridades. En ese sentido, el papel del libro, la cultura impresa y su estudio han aportado importantes novedades al análisis de los diferentes circuitos icónicos que traspasan no solo los centros urbanos japoneses, sino que llegan al continente (China y Corea), e incluso a Europa y América en fechas tempranas del siglo XVIII y, desde luego, en el XIX. De este modo, el autor abre una nueva línea de investigación que propone explorar, en principio, en México. Pero, sin duda, el modelo visual de lo transgresor lo constituye el makura-e, y el profesor Amaury García aborda esta cuestión a través del estudio de la movilidad social que comportan las estampas, los mecanismos de distribución y la gran variedad temática y de contenidos que ha podido observar en las obras en las que basa su estudio. ¿Qué tipos de controles existían y cómo se lograban evitar en la producción de makura-e? Para contestar a estas cuestiones el autor establece, a partir de una interesante recopilación de edictos, los criterios de prohibición, la creación de circuitos de distribución y comercialización ilegales, la ausencia en muchos de ellos de autoría y de casa editorial, los límites difusos que permiten seguir creando una gran producción de imágenes shunga. En este sentido, lo transgresor puede manifestarse a través de la representación explícita de lo sexual; sin embargo, el

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significado no debe limitarse a la estimulación sexual que implican sino, en muchos casos, como afirma el autor, a lo transgresor que alude a comportamientos de clase y de género. La sátira, la ironía, la exageración anatómica, los diferentes tamaños de los soportes, abren un gran abanico para la distribución, para la captación de nuevos clientes, que no se limitan ni por clase ni por género. Los daimyos y los chonin adquirían, encargaban y disfrutaban de estas estampas, superando barreras sociales. Del mismo modo, la cuestión de género queda cada vez más desdibujada en cuanto a contraposición hombre/mujer como segmentos de público. Sin duda esta es otra de las cuestiones pertinentes de este estudio, al presentar la idea de un público no exclusivamente masculino y, si fuera este, no para la práctica del “homoerotismo”, sino para disfrute femenino, en parejas e incluso como uso didáctico y, desde luego, como divertimento de unos y otros. El estudio sobre las imágenes shunga aporta, en este caso, una nueva interpretación, basada en el conocimiento de las fuentes literarias, documentales y artísticas, que permite establecer líneas de trabajo que se abren a futuras investigaciones, quizá alguna de ellas más concreta en el tiempo que los casi tres siglos que este estudio pretende abordar. En suma, el trabajo del profesor Amaury García atestigua sus diferentes intereses y la integración de los mismos en un caso de estudio como el que presenta. Las nuevas metodologías de la historia del arte, que el autor conoce y maneja, permiten ofrecer al lector en lengua española una incorporación en las corrientes principales de investigación,

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donde ya no cabe la distinción, inexplicable por otra parte, entre el llamado arte oriental frente al arte occidental, reservando para este último la renovación metodológica y manteniendo el concepto de “oriental” ligado a un imaginario inmóvil y formalista, inexistente en el medio académico internacional. Una vez más, El Colegio de México ofrece una publicación de gran interés científico y de enorme acierto en cuanto a la actualidad metodológica, de la que siempre ha sido y es pionero en los estudios sobre Asia Oriental en lengua española. ISABEL CERVERA Universidad Autónoma de Madrid

MORAGA REYES, JORGE, CHINOS EN ASTURIAS. LA RECIPROCIDAD EN EL IMPERIO DEL CÁLCULO, GIJÓN: FUNDACIÓN MUNICIPAL DE CULTURA, EDUCACIÓN Y UNIVERSIDAD POPULAR DEL AYUNTAMIENTO DE GIJÓN, 2010, 229 pp., ISBN: 978-84-96906-26-6
A mediados de los años 80 del siglo pasado el fenómeno inmigratorio en España se identificaba como una novedad, a raíz de los cambios acaecidos en la balanza migratoria, otrora vinculada a la expulsión de mano de obra. En la actualidad, y tras más de dos décadas de recepción de flujos migratorios, España ha consolidado la incorporación de los extranjeros a la