LOS HERMANOS DE JESÚS DE NAZARET

Moisés Agreda Fuchs

Esta nota, es producto de una cordial conversación con un amigo, “cristiano evangélico”, quien hasta entonces, no tenía claridad sobre el tema. También es producto de lo aprendido desde niño en el Instituto de Estudios Bíblicos, que dirigió mi abuelo Don José Antonio Agreda y Garrido Mesa, o como él prefería ser llamado: Jesús María Agreda Mesa (Don Chucho); quién fuese Pastor, después de tirar los hábitos sacerdotales al Río Cabriales, producto de una seria diferencia con el Obispo de Valencia a principios del siglo pasado. El abuelo construyó todos los Templos Evangélicos de Carabobo y Cojedes, entre 1930 y 1962. Predicó hasta los ciento cinco (105) años de edad, cuando una prostatitis lo obligó a retirarse. Murio en la Paz del señor a los 108 años. Siempre crecí, hablando de los hermanos de Jesús, cuando el tema era planteado con el abuelo. Los hermanos de Jesús de Nazaret* son mencionados en algunos pasajes del Nuevo Testamento, y, especialmente, en los evangelios (en concreto, 2 veces en el Evangelio de Mateo, 2 en el Evangelio de Marcos, 1 en el Evangelio de Lucas y 2 en el Evangelio de Juan).

Dado que la existencia de hermanos carnales de Jesús de Nazaret entra en contradicción con el dogma de la virginidad perpetua de la Virgen María, que mantienen católicos y ortodoxos, existe un debate entre filólogos e investigadores bíblicos de diferentes confesiones cristianas sobre cómo deben ser interpretados los textos que hacen referencia a los hermanos de Jesús. El debate está muy condicionado por las diferentes creencias religiosas de los participantes. Desde el punto de vista estrictamente histórico, no hay razón alguna para suponer que Jesús no tuvo hermanos, tal y como se relata en los evangelios. Desde el punto de vista confesional, las iglesias protestantes defienden que estos hermanos de Jesús son hijos de María; los ortodoxos han sostenido tradicionalmente que se trata de hijos de un matrimonio anterior de José, y los católicos y anglicanos que son en realidad primos de Jesús, posiblemente hijos de una hermana de María, que a veces se identifica como María de Cleofás. Menciones en el Nuevo Testamento: En Marcos 3:31-35 se dice lo siguiente “Entre tanto, llegaron sus hermanos y su madre y, quedándose afuera, enviaron a llamarlo. Entonces la gente que estaba sentada alrededor de él le dijo: «Tu madre y tus hermanos están afuera y te buscan.» Él les respondió diciendo: «¿Quiénes son mi madre y mis hermanos?» Y mirando a los que estaban sentados alrededor de él, dijo: «Aquí están mi madre y mis hermanos, porque todo aquel que hace la voluntad de Dios, ese es mi hermano, mi hermana y mi madre.»

En Marcos 6:3, cuando Jesús se encuentra en Nazaret, la muchedumbre se maravilla al oírle predicar en la sinagoga, ya que se trata de su antiguo convecino, y se preguntan: «¿No es este el carpintero, hijo de María, hermano de Santiago, de José, de Judas y de Simón? ¿No están también aquí con nosotros sus hermanas?» Y se escandalizaban de él. El mismo pasaje aparece también en Mateo 13:55-56, donde se mencionan los mismos nombres de los hermanos de Jesús. En cambio, en el pasaje correspondiente del Evangelio de Lucas (Lucas 4:22) se omite la referencia a la madre y los hermanos de Jesús, quien es citado solo como "hijo de José". En el Evangelio de Juan, mayoritariamente considerado más tardío que los sinópticos, hay también pasajes que hacen referencia a la existencia de hermanos de Jesús: En Juan 2:12, se relata que Jesús fue de Caná a Cafarnaúm "con su madre, sus hermanos y sus discípulos".  En Juan 7:3-10, durante la fiesta de los tabernáculos, Jesús es increpado por sus hermanos: Y le dijeron sus hermanos: «Sal de aquí, y vete a Judea, para que también tus discípulos vean las obras que haces, porque ninguno que procura darse a conocer hace algo en secreto. Si estas cosas haces, manifiéstate al mundo.» Ni aun sus hermanos creían en él. Entonces Jesús les dijo: «Mi tiempo aún no ha llegado, pero vuestro tiempo siempre está preparado. No puede el mundo odiaros a vosotros; pero a mí me odia, porque yo testifico de él, que sus obras son malas. Subid vosotros a la fiesta; yo no subo todavía a esa fiesta, porque mi tiempo aún no se ha cumplido.» Y habiéndoles dicho esto se quedó en Galilea.

Los hermanos de Jesús son también mencionados, además de en los evangelios, en otros libros del Nuevo Testamento:

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En los Hechos de los Apóstoles (Hechos 1:14) se dice que los apóstoles "perseveraban unánimes en oración y ruego, con las mujeres, y con María la madre de Jesús, y con sus hermanos". En la Primera Epístola a los Corintios, Pablo de Tarso habla de los "hermanos del Señor" (1 Corintios 9:5). En la Epístola a los Gálatas, también obra de Pablo de Tarso, se menciona a Santiago, "el hermano del Señor" (Gálatas 1:19).

La interpretación considerada más plausible desde el punto de vista filológico e histórico, es decir, que los hermanos de Jesús citados en el Nuevo Testamento son hijos de José y de María y, por lo tanto, hermanos carnales, biológicos, de Jesús, resulta inaceptable para los católicos y ortodoxos. Por una parte, no aceptan que Jesús fuese hijo biológico de José, ya que atribuyen su concepción a la obra del Espíritu Santo, según los relatos de Mateo 1:1-2:23 y Lucas 1:1-2:52. Por otro, desde el siglo II la corriente mayoritaria de la tradición cristiana afirma la virginidad perpetua de la madre de Jesús, en la actualidad dogma de fe para católicos y ortodoxos. Por ese motivo han surgido interpretaciones alternativas de los textos evangélicos. Hijos de José y María Una de las primeras interpretaciones que se dio a las referencias de "hermanos de Jesús", los considera hijos del matrimonio formado por sus padres, José y María. Según esta interpretación, después del nacimiento de Jesús, concebido por

obra del Espíritu Santo como se relata en Mateo 1:1-2:23 y Lucas 1:1-2:52, ambos esposos habrían mantenido relaciones conyugales y tenido varios hijos. Jesús sería, entonces, el hermano mayor. Esta posición fue defendida ya por Tertuliano en el siglo II, especialmente en Adversus Marcionem ("Contra Marción"). En esta obra, Tertuliano busca refutar el docetismo, doctrina que niega la verdadera humanidad de Jesús, y uno de los argumentos que emplea es el de las relaciones de consanguinidad entre Jesús y sus hermanos. Más adelante, en el siglo IV, esta misma idea fue defendida por otro teólogo, Helvidio, que fue refutado por Jerónimo de Estridón. Esta posición es en la actualidad la dominante entre los cristianos protestantes, después del desarrollo de la teología liberal (Lutero y otros muchos de los iniciadores de la Reforma) La referencia a los hermanos de Jesús sólo puede causar sorpresa en aquellos que no han leído nunca el texto completo de los Evangelios. En estos textos abundan las referencias a los hermanos de Jesús, e incluso llega a darse el nombre de los mismos. Como señala el Evangelio de Marcos (6, 3 ss) y el de Mateo (13, 54-55), los hermanos se llamaban Santiago, José, Simón y Judas y habría al menos dos hermanas de las que no se dan los nombres. Sabemos también por el Nuevo Testamento que esos hermanos no creían en Jesús inicialmente (Juan 7, 5) y que incluso en un primer momento, en compañía

de María, intentaron disuadirle de su ministerio (Mateo 12, 46 ss). Esa incredulidad de los hermanos de Jesús seguramente explica que en la cruz encomendara el cuidado de su madre al discípulo amado. Sin embargo, también consta que se produjo un cambio al poco de la muerte, ya que en Pentecostés tanto María como los hermanos de Jesús ya formaban parte de la comunidad judeo-cristiana de Jerusalén (Hechos 1, 14). No sabemos con total certeza a qué obedeció la transformación, pero todo parece señalar que pudo deberse a la convicción de que Jesús había resucitado. De hecho, Pablo, escribiendo un par de décadas después, señalaba que entre las personas que vieron a Jesús resucitado se encontraba Santiago (I Corintios 15, 7). Cabe pues pensar que esa circunstancia provocó un cambio radical en él y, muy posiblemente, también en los otros hermanos. El papel que tendrían en los años siguientes en el seno de la comunidad cristiana varió, pero no cabe duda de que Santiago fue el más importante. En torno a década y media después de la crucifixión, Santiago era con Pedro y Juan una de las "columnas" de la comunidad judeo-cristiana de Jerusalén según informa el propio Pablo escribiendo a los gálatas (Gálatas 2, 9). La marcha a actividades misioneras de Pedro y Juan, dejó a Santiago como dirigente indiscutible de la comunidad jerosilimitana, de tal manera que en torno al año 49 se celebró bajo su presidencia un concilio que abrió definitivamente las puertas de la nueva fe a los no-judíos. El acontecimiento,

narrado en el capítulo 15 del libro de los Hechos de los apóstoles, tiene una enorme relevancia, ya que muestra cómo, a diferencia de lo que se afirma tantas veces, la conversión del cristianismo en una religión universal no derivó de Pablo sino de los dirigentes judeo-cristianos, muy especialmente Santiago y también Pedro. Sólo con el paso del tiempo, Pablo se convertiría en el principal defensor de esa tesis y, sobre todo, en su transmisor en Europa. Algunos años después de esas fechas, debió escribir Santiago la epístola que lleva su nombre y que figura en el Nuevo Testamento. En ella se refleja con claridad la dificultad que pasaba la comunidad de Jerusalén durante la década de los cincuenta y la preocupación de Santiago por el hecho de que la doctrina de la justificación por la fe enseñada por Pablo en algunos de sus grandes escritos, como las epístolas a los Gálatas (1, 15-21; etc) o a los Romanos (3, 21-30; 4, 1-6; 5, 1, etc), no derivara en un antinomianismo. Santiago sostenía – como Pedro lo había hecho en el concilio de Jerusalén (Hechos 15, 8-12)– que la justificación no podía venir por las obras, sino por la fe en Jesús, pero insistía en que semejante justificación debía quedar de manifiesto en obras tangibles. En otras palabras, desarrollaba el mismo argumento que algún tiempo después Pablo señalaría en su epístola a los Efesios (2, 8-10): la salvación era por la fe, pero de ello debía desprenderse con posterioridad una vida de obediencia no para obtener la salvación, sino porque ya se tenía la salvación.

Esta identidad de visión explica que las relaciones con Pablo no quedaran nubladas por este escrito –algo que hubiera sucedido, sin duda, si Santiago hubiera negado la tesis de la justificación por la fe– como también se desprende del encuentro que ambos tuvieron en Jerusalén poco antes de la detención del apóstol de los gentiles (Hechos 21). Santiago continuaba siendo un fiel seguidor de la Torah mosaica a la vez que un conocido cristiano y la unión de ambas circunstancias le había permitido ganar para la fe de su hermano a millares de judíos. Los testimonios neotestamentarios sobre Santiago concluyen en ese punto –un argumento muy poderoso a la hora de datar la redacción de los Hechos de los apóstoles antes del 62 d. de C.– pero no los extra-bíblicos. Por el historiador judío Flavio Josefo sabemos, por ejemplo, que fue linchado en el 62 d. de C. por una turba de integristas judíos y curiosamente este historiador lo menciona como "Santiago, el hermano de Jesús, el llamado mesías". Del resto de hermanos de Jesús poco sabemos. Hegesipo transmite la noticia de que las hermanas se llamaban Salomé y Susana, y el Nuevo Testamento contiene una epístola de Judas que, posiblemente, se deba al hermano de Jesús del mismo nombre, ya que en ella se presenta como "hermano de Santiago". Tal y como informa Eusebio de Cesárea en su Historia eclesiástica, en la época de Domiciano se procedió a la detención de otro de los hermanos de Jesús por temor a que, siendo de ascendencia davídica, pudiera sublevarse contra

Roma. Tras interrogarlo, las autoridades romanas llegaron a la conclusión de que era inofensivo y lo pusieron en libertad. Finalmente, ha de señalarse que el último familiar de Jesús que conocemos, un tal Conón, hijo de un hermano, fue martirizado a inicios del siglo II y su tumba se encuentra en Nazaret dentro del recinto de la basílica de la Anunciación y bajo los cuidados actuales de la Custodia de Tierra Santa encomendada desde hace siglos a los franciscanos. Por lo tanto, de todo lo anterior se desprende que cualquiera que conozca el Nuevo Testamento –no digamos ya si además ha leído a Josefo o a Eusebio de Cesárea– la mención de los hermanos de Jesús no reviste ninguna novedad. *Fuente: “El sendero de la Verdad y la Vida” de JMAM. 1948.

Con especial afecto para mi hermano: Richard Jesús Gil

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