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BREVE HISTORIA DE REBELIONES

INDÍGENAS EN CHIAPAS
SCHEREZADA LÓPEZ MARROQUÍN*

EL TERRITORIO QUE ACTUALMENTE OCUPA EL ESTADO DE CHIAPAS, LEJOS DE SER UNA PROVINCIA PACÍFICA, HA SIDO ESCENARIO DE REBELIONES INDÍGENAS DURANTE LOS SIGLOS XVI, XVIII, XIX Y XX.
Rebelión en el siglo XVI

La primera manifestación de rebeldía indígena tuvo lugar entre los años de 1532 a 1534. No se sabe con certeza los motivos del levantamiento, pero muy probablemente fue a raíz de los exorbitantes impuestos y el exceso de trabajo que los españoles exigían a los nativos. Baltasar Guerra de la Vega fue nombrado “teniente gobernador” con la misión de acabar con el movimiento y someter a los indígenas al régimen español. Los indígenas de la etnia chiapaneca (que dieron pie al nombre del estado), para hacer frente a los españoles, salieron de su ciudad “Chiapa” y se hicieron fuertes en un antiguo centro ceremonial dentro del Cañón del Sumidero, a orillas del río Chiapa; no pudieron mantener su posición y después de varias derrotas fueron desalojados sucesivamente de las posiciones en las que se iban fortificando en su retirada, inter-

nándose cada vez más profundamente en el Cañón. Hubo un punto en donde ya no fue posible la retirada y muchos de los chiapanecas que intentaban huir, perdieron el equilibrio y cayeron al torrente. Esta versión, tomada del testimonio de Baltasar Guerra,

desmiente la leyenda propagada por Antonio Herrera y Antonio de Ramesal que hablan de un suicidio colectivo de los chiapanecas que se negaron a caer en manos de los conquistadores en 1524, es decir, diez años antes de lo informado por el teniente gobernador.

* Etnóloga becada de CIESAS.

“La espina”, Raúl Anguiano.
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En 1533 volvieron a levantarse los sobrevivientes, encabezados por Sanguiene, pero en esta ocasión no participaron todos los chiapanecas, muchos de ellos permanecieron sumisos al gobierno español y fueron obligados a luchar contra sus hermanos. La lucha siguió la misma tónica de la anterior, con retiradas después del desalojo de cada una de sus fortificaciones. Las fuentes indígenas hablan de que algunos de los sitiados se lanzaron al vacío; en cambio, las fuentes españolas lo niegan y hablan simplemente de rendición. Sanguiene y sus principales colaboradores fueron ejecutados en la plaza de Chiapa. Después de esto los chiapanecas ayudaron a los españoles en calidad de “indios amigos” en las campañas contra los rebeldes lacandones en 1559 y 1586.
Rebelión en el siglo XVIII

La presencia de la mujer ha sido un elemento de suma importancia en las rebeliones de los pueblos indígenas de Chiapas.

En 1712, en un pueblo tzeltal de los Altos de Chiapas llamado Cancuc, una muchacha llamada María Candelaria aseguró haber sido testigo de la aparición de la Virgen. La Iglesia católica se negó a legitimar tal aparición y ordenó la destrucción de la capilla donde supuestamente había ocurrido el hecho. En esa región los indígenas aseguraban que ya antes habían ocurrido otras apariciones o hechos milagrosos, los cuales habían sido reprimidos tanto por las autoridades eclesiásticas como por las civiles. El rencor acumulado contra los españoles por no permitir variaciones locales al culto católico provocaron que la Virgen aparecida adquiriera un carácter indígena, pues a través de María Candelaria prometió protección a los indios oprimidos.

Sebastián Gómez de la Gloria encabezó la revuelta, cuando logró enardecer a los habitantes de 28 pueblos cercanos, logrando reunir a más de 6,000 indios combatientes. Sebastián designó nuevos sacerdotes escogiéndolos entre los tzeltales, tzotiles y choles que sabían leer y escribir; él estaba facultado para ungir nuevos vicarios porque había subido al cielo y San Pedro lo había autorizado. En el aspecto religioso, el culto se basaba en la veneración a la Virgen de Cancuc, por lo demás, continuaba vigente el ritual de la Iglesia católica, al menos en lo general. En el terreno militar, los indígenas se convirtieron en soldados de la Virgen, empeñados en una lucha de exterminio contra los españoles y los mestizos; según parece también contra los negros y los mulatos. Cambiaron el nombre de Cancuc por el de Ciudad Real o Nueva España, mientras que a la antes llamada Ciudad Real, que es la actual San Cristóbal de las Casas, fue denominada Nueva Jerusalem. La guerra duró cuatro meses, que fue lo que tardaron en llegar las tropas españolas enviadas por las audiencias de Guatemala y de Tabasco. La derrota de los levantados fue rápida debido a dos factores: 1) La superioridad en cuanto al número y armamento de los adversarios, y 2) Las divisiones que por motivos religiosos se habían suscitado entre los rebeldes.
Rebelión en el siglo XIX

En 1867, en el paraje de Tzajaljemel de San Juan Chamula, una pastora llamada Agustina Gómez Checheb encontró unas piedras parlantes caídas del cielo. Muy pronto encontró apoyo en Pedro

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Díaz Cuscat, quien elaboró imágenes de terracería para complementar el milagro. El culto a estas piedras oraculares y a las imágenes se extendió rápidamente por todo el territorio de los Altos de Chiapas, que había sido el escenario de la rebelión anterior, hasta el grado que fue necesario implementar una organización eclesiástica paralela a la católica. Buscaron tener un Mesías propio y crucificaron al niño Domingo Gómez Checheb, hermano de Agustina. Este hecho fue lo que provocó la intervención de la fuerza pública, tratando de castigar este crimen; entonces estalló la rebelión. El centro de la organización era el mercado de intercambio mercantil simple; las operaciones eran a base de trueque, no circulaba moneda para evitar la acumulación y la explotación a los indígenas. Sostenían el lema: “que el hombre blanco se coma su dinero y nosotros nuestros productos”. El objetivo de este mercado era ser el primer brote de una sociedad igualitaria que se extendería poco a poco, eliminando la contaminación del dinero, considerado como la herencia de la opresión de los españoles. El dinero era llamado en la lengua indígena tak’in que significa excremento solar. La eliminación del dinero obedeció a la idea de que la acumulación del mismo era el origen de la desigualdad y la explotación. En el aspecto agrario reclamaban la devolución de las tierras de las que los pueblos habían sido despojados por los hacendados, apoyados en la ley de terrenos baldíos entonces vigente, y que, gracias a la corrupción reinante, fueron declarados como tales las tierras comunales de los indígenas a favor de los finqueros y hacendados. Al estallar la rebelión fueron ejecutados varios finqueros que no lograron escapar a tiempo, lo que provocó que se intensificara el uso de la fuerza pública para reprimir el movimiento. La lucha de los indígenas no era solamente contra los blancos, sino también contra los mestizos a quienes llamaban ladinos, la base aprehendidos. Los esposos Hernández llegaron entonces y fueron aceptados en calidad de apóstoles, tomaron a su cargo las operaciones, organizaron batallones indígenas, otorgaron grados militares y dirigieron la campaña. Hubo una emboscada en la que perdió la vida el párroco visitador de San Juan Chamula en castigo por haber entrado a territorio rebelde. Hernández estaba a punto de entrar a San Cristóbal de las Casas para empezar el degüello de ladinos cuando, inesperadamente, por causas desconocidas, firmó un acuerdo de paz ofreciéndose él, su esposa y su principal discípulo como rehenes a cambio de los santos Cuscat y Agustina, que eran personas sagradas. La guarnición de la plaza rompió el pacto y fusiló a los rehenes dejando a los rebeldes sin su líder militar. Estos mártires son venerados actualmente personificándolos en San Mateo y San Bartolomé. La ausencia de Hernández debilitó el movimiento; Díaz Cuscat trató de libertarlo antes de la ejecución, pero no lo consiguió y sucesivas derrotas lo obligaron a rendirse.
Rebelión en el siglo XX

El dinero era llamado en la lengua indígena tak’in que significa excremento solar. La eliminación del dinero obedeció a la idea de que la acumulación del mismo era el origen de la desigualdad y la explotación.
de este odio no era el mestizaje biológico, el nombre de ladino era aplicado a los mestizos o aun a indios que servían a los blancos y era gente de explotación o de engaño. El movimiento adquirió una influencia con tendencia anarquista cuando contó con la asesoría de Ignacio Hernández Galindo y su esposa Luisa Quevedo. En 1869 Pedro Díaz Cuscat y Agustina Gómez Checheb fueron

Fundado en 1983, el Ejército Zapatista de Liberación Nacional comenzó el 1° de enero de 1994 una lucha abierta que continúa actualmente. En la Primera Declaración de la Selva Lacandona, justificaba su movimiento armado en el artículo 39 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, que dice en forma clara e inobjetable que la soberanía nacional reside esencial y ori27

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ginariamente en el pueblo, por lo tanto, el pueblo tiene todo el tiempo el derecho de alterar o modificar su forma de gobierno. La fase armada del movimiento tenía por objeto levantar en armas a todo el pueblo, no sólo a los indígenas, y llegar a tomar la ciudad de México, pero esta fase de guerra abierta se detuvo el 12 de enero de 1994. Desde el mes de febrero se iniciaron las pláticas con el gobierno en la catedral de San Cristóbal Las Casas, pero esas conversaciones no prosperaron. La Segunda Declaración de la Selva Lacandona, fechada en junio, abre más la posibilidad de diálogo, fijando como objetivo la implementación de un nuevo Congreso Constituyente para dar forma a una nueva Carta Magna. Desde el 9 de abril de 1995 se llevaron a cabo los acuerdos de San Miguel, en los que fueron sentadas las bases para el diálogo de San Andrés. Finalmente, el 22 de octubre fue abierta la primera mesa de trabajo sobre los derechos y cultura indígenas. Durante este diálogo, los zapatistas mostraron con toda claridad que no estaban dispuestos a entablar tratos privados con el gobierno, invitaron a una comunicación abierta con la participación de la sociedad civil. Después de varios meses de negociación, se conforma el documento que expresa los acuerdos de San Andrés. El documento en sí consta de tres partes, de las cuales las dos primeras se refieren a asuntos de nivel nacional, ya que las demandas nunca fueron concebidas para circunscribirse en un estado o una región; pero la tercera parte se refiere a las aplicaciones específicas del estado de Chiapas.
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El movimiento zapatista, a diferencia de rebeliones anteriores de la zona, tiene un carácter nacional.

En primer lugar, es importante recalcar que el movimiento zapatista tiene un carácter nacional, la problemática señalada a través de sus demandas no se refiere a una región del país, sino a la nación entera. Esto queda plasmado por medio de las declaraciones publicadas y en el nombre mismo del movimiento también, pues su objetivo es la liberación nacional. El gobierno se ha negado a reconocer el carácter nacional de la insurrección, pretendiendo circunscribirla al estado de Chiapas, dándole un carácter estatal, a diferencia de las rebeliones señaladas anteriormente. El actor político en este movimiento no es un partido, sino la sociedad civil que reclama sus derechos; el objetivo del movimiento no es, como en la mayoría de las revoluciones, alcanzar el poder, sino forzar a quien ejerce el gobierno, quien quiera que sea, a cumplir con la voluntad del pueblo, respetando sus derechos y acatando sus demandas. En todos los movimientos sociales que registra la historia de

nuestro país, la población indígena ha sido señalada como parte importante de los objetivos de cada movimiento, es decir, que ha jugado el papel de referido. En el presente movimiento se han colocado del otro lado de la mesa, o sea que ahora son ellos los que señalan objetivos, los que hacen demandas, es decir, establecen la referencia, son el factor referente. <

Bibliografía Jan De Vos, “La batalla del Sumidero”, en Historia de la rebelión de los chiapanecas 1524-1534, México, CNCA, INI, 1990. Yvon Levot, El sueño zapatista, México, Ed. Plaza y Zaned, 1997. Antonio García de León, “Resistencia y utopía”, en Memorial de agravios y crónica de revueltas y profecías acaecidas en la provincia de Chiapas, durante los últimos 500 años de su historia, Ediciones Era, México. Arturo Warman y Arturo Argueta (coords.), “Movimientos indígenas”, en Contemporáneos en México, México, Porrúa, 1993. Juan Pohlenz Córdoba, Dependencia y desarrollo capitalista en la sierra de Chiapas, México, UNAM, 1994. Los Acuerdos de San Andrés, 1996, México, Juan Pablos Editor, 1996. Manuel Vázquez Montalbán, Marcos, el Sr. de los espejos, México, Ed. Grijalbo, 1999.