Los costos del civismo Carlos Meléndez Al momento de ir a cumplir con el “derecho y deber” del voto, algo más

que el civismo de los ciudadanos está en juego. Los individuos consideran, entre otras cosas, los costos y beneficios potenciales de cumplir con el sufragio. ¿Por qué perder un día (sobre todo si es soleado y playero) si puedo pagar 74 soles? ¿O es que acaso un voto va a hacer la diferencia? Ese parece haber sido el criterio que siguió un grupo electores de las clases más acomodadas en el último proceso revocatorio, quienes consideraron que valía la pena pagar la multa por inasistencia. De acuerdo con los datos de la ONPE al 92.34% de mesas contabilizadas, el ausentismo promedio en Lima fue de 17%. En distritos como Miraflores y San Isidro, este porcentaje se elevó al 25 y 27%, respectivamente, mientras que en otros como San Juan de Lurigancho y Villa El Salvador, la proporción estuvo por debajo del promedio provincial: 16 y 13% respectivamente. El nivel de ausentismo podría ser mayor inclusive en las elecciones complementarias de fin de año, porque concitan menos interés, no será una “batalla por Lima” y existe menos información sobre el carácter de esta consulta. ¿Qué hacer para promover el “civismo” entre los limeños más allá de campañas educativas coyunturales y spots emotivos? Las autoridades estatales (y electorales en particular) deben buscar disminuir los costos que asume un ciudadano el día de la elección, principalmente los relacionados con el tiempo. Votar en Lima puede resultar una tarea engorrosa y desalentadora. ¿Se ha preguntado Usted por qué no vota en el colegio de la esquina de su casa? Aunque haya actualizado su dirección, en distritos tan grandes como San Juan de Lurigancho o Comas, desplazarse para ir a votar puede tomar varias horas ante un tráfico que colapsa impunemente. ¿Qué puede hacer el Reniec para cambiar el sistema de ubigeos de las mesas electorales? ¿Qué puede hacer el Ministerio del Interior para brindar ese día seguridad y una ciudad ordenada? La calidad de la información y hasta el diseño de la cédula –menester de la ONPE y el JNE-- intervienen en el cumplimiento del deber. La campaña reciente ha dejado en claro que el elector limeño busca informarse para definir sus preferencias. El problema es que no tiene los medios adecuados para hacerlo. Depende mucho de “escándalos” mediáticos para identificar, por ejemplo, a los regidores que rechaza. Por otro lado, la cédula también debe concebirse como un instrumento de información, con un diseño más amigable que permita identificar la agrupación política a la que pertenecen -en el caso mencionado- las autoridades en consulta. Cualquier política que involucre participación ciudadana (como el servicio militar, por ejemplo) debe trascender la sensibilidad patriotera. El civismo también depende de los incentivos que se brinden para hacer del acto de participación una tarea atractiva a las mayorías. Recordemos que a más ausentismo, más crisis de representación. Valdría la

pena ponerse en los pies de un elector promedio al momento de pensar reformas electorales. Publicado en El Comercio, el 2 de abril del 2013.