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Insensibles a la prevención vial JIMMY ESCOBAR G.

Bogotá Aunque el 66% y el 73% de los bogotanos recuerdan por su carga dramática algún mensaje publicitario sobre seguridad vial, que les ha llegado a través de la radio, la prensa o la televisión, sólo un 31% lo asimila y lo aplica en las calles. Lo anterior indica que los bogotanos no asimilan las estadísticas ni las normas promovidas por las campañas publicitarias. Esto pone en tela de juicio la efectividad de la publicidad en esta materia. Así lo señala un estudio conocido por El Espectador y realizado por la Fundación Colombiana de Peatones (FCP). El peatón es el mismo en Lima, Quito, Caracas, La Paz, Bogotá o México: indisciplinado, rebelde y desafiante en calles y avenidas y, lo que es peor, no entiende o no quiere entender ni con mensajes fuertes que su desempeño como transeúnte en vías de alta circulación no es apropiado. Para el caso de Bogotá, las personas menos sensibles al estímulo de la publicidad sobre seguridad vial tienen este perfil: pasajeros, adultos, de estrato tres, con educación primaria o secundaria. Sin embargo, en términos generales la percepción de los bogotanos no varía demasiado según el estrato, género o nivel educativo, por lo que el comportamiento es similar al perfil del ciudadano menos obediente. El documento evalúa el impacto de la publicidad en peatones y conductores. De acuerdo con un análisis individual, el resultado de cada uno de los mensajes publicitarios emitidos en los últimos 48 meses arroja un resultado preocupante, pues el máximo logro en captación es el 9%. No obstante, según la FCP hay un mayor nivel de conciencia entre los bogotanos en la actualidad que en otros tiempos. “El problema es que no hay acatamiento de las normas, tampoco existe un pie de fuerza suficiente en las calles, hay poca señalización y la que hay no es la más adecuada”, dice Gustavo Calderón Herrera, investigador y director de la FCP. ¡La tengo viva! Salvo en el caso de los conductores y en donde se ha involucrado el alcohol, los resultados en materia de captación de los mensajes

preventivos han sido más positivos. Sin embargo, en materia de efectividad o grado de aplicación los frutos no son muchos, por lo menos en la capital del país. Los reportes de la Policía Metropolitana de Tránsito dan cuenta de que cada fin de semana se inmovilizan entre 120 y 150 vehículos, porque su conductor va embriagado. A juicio del director de la FCP, antes que invertir grandes recursos en publicidad es necesario investigar. “Se invierte a la loca, se diseñan campañas y cuando se va a evaluar no se tiene contra qué comparar o las expectativas no se colman”. La raíz del fenómeno no es sólo un asunto cultural, tiene múltiples causas. Una de ellas, según Calderón Herrera, tiene su origen en las condiciones económicas y sociales del entorno, las cuales propician las malas o buenas conductas. “Entre más desarrollados los pueblos, mejor caminan sus habitantes”, afirma el directivo. Los expertos de la FCP concluyen su trabajo con una sugerencia a las autoridades del orden nacional y distrital sobre el tema de la prevención vial. “Conviene estudiar, entonces, la distribución de los recursos asignados a este tipo de campañas de acuerdo con el tamaño de la población objetivo en cada condición del usuario”. El informe agrega en sus conclusiones que dependiendo de la condición del usuario, bien sea conductor, peatón, ciclista o motociclista, debe existir una medición muy precisa y en concordancia con el índice de accidentalidad registrado en cada categoría. Ante esta situación se destaca la necesidad de aumentar sensiblemente el pie de fuerza de la Policía Metropolitana y en particular la destinada al Tránsito.

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http://www.elespectador.com/2002/20020515/joven-es/nota2.htm Miércoles 14 de mayo de 2002 Transmilenio: 42 accidentes en sólo cuatro meses Nicolás Cuéllar Ramírez y Eliana Castellanos Díaz Los últimos dos accidentes que en menos de una semana se han presentado en Transmilenio ponen en duda la seguridad del sistema y la responsabilidad que sobre estos hechos han tenido conductores y peatones. El primero de estos ocurrió el jueves 2 de mayo en la calle 22 con avenida Caracas un bus de Transmilenio con fallas mecánicas estaba estacionado al lado derecho de la vía. Una mujer, que según los testigos del accidente, no cruzó por la cebra sino por detrás de este vehículo ocasionó que otro de los buses que venía por el carril izquierdo frenara y chocara contra el articulado para no atropellarla. En esa misma intersección, el miércoles 8 de mayo, en horas de la tarde, tres buses de Transmilenio colisionaron por la imprudencia de un vehículo particular que hizo un giro prohibido a la izquierda y que además cruzó el semáforo en rojo. Estos dos hechos se suman a los 42 accidentes automovilísticos que en los primeros cuatros meses han involucrado buses articulados. Aunque el gerente de Transmilenio, Édgar Enrique Sandoval, asegura que el sistema es muy seguro para los bogotanos y que los choques no son culpa de los operadores de los buses sino de causas externas como la imprudencia de los peatones y de los conductores de servicio público y particular, usuarios y expertos consultados por El Espectador afirman que la responsabilidad también recae sobre este sistema de transporte. Y es que estos accidentes no son sólo asunto de latas y carrocerías que se dañan y se cambian, sino de vidas que corren peligro como consecuencia de los choques. Por ejemplo, el pasado 8 de abril un bus urbano de la empresa Universal de Transportes que circulaba por la calle 51 sur con avenida Caracas pasó el semáforo en amarillo y chocó con un bus articulado. En este accidente resultaron quince personas heridas, de las cuales siete fueron remitidas a los Cami de El Tunal y Tunjuelito. Lo mismo pasó el 31 de diciembre del año pasado cuando un conductor de un bus público chocó con un transmilenio dejando un saldo de dos personas muertas. Ante estos problemas, el urbanista Ricardo Montezuma afirma que uno de los inconvenientes es que se empieza a desprestigiar el sistema que se convirtió en los últimos años en el orgullo de los bogotanos.

Asegura que los choques se presentan por fallas internas y externas como el tramo angosto del carril mixto que hay entre la calle 51 sur con avenida Caracas y el portal de Usme, los problemas en la semaforización y señalización, la imprudencia de los peatones que se atraviesan la autopista o la Caracas y la falta de respeto de las normas por parte de conductores públicos y particulares. En ese mismo sentido, Darío Fernando Ruiz afirma, en foro abierto en elespectador.com, que las personas cruzan las vías por los sitios menos pensados, los buses hacen caso omiso de las señales de peligro, los vehículos particulares quieren ganar segundos irrespetando las normas y que la única solución es educación y prevención. El ingeniero civil y director ejecutivo de la Fundación Colombiana de Peatones, Gustavo Calderón Herrera, sostiene que no se puede culpar sólo al peatón, sino que es necesario investigar aspectos como la negligencia, la distracción, la impericia, el incumplimiento de normas e imprudencia de los conductores de Transmilenio y de los particulares. Responsables de los accidentes Édgar Enrique Sandoval sostiene que siempre se van a presentar accidentes automovilístico y que actualmente se tienen previstos de cuatro a cinco choques por semana. “Mientras no tengamos exclusividad en las vías y los vehículos sean operados por seres humanos se seguirán presentando choques”. Usuarios del sistema aseguran, sin embargo, que los operadores de los articulados son demasiado imprudentes y que exceden la velocidad establecida. Sobre este particular, los directivos de la empresa dicen que esto no es posible porque los buses están diseñados para no pasar de los 60 kilómetros por hora y que el centro de control detectaría cualquier anomalía. El origen de los accidentes para el concejal Pedro Rodríguez Tobo radica en que sólo se ha administrado en las troncales desconociendo que Transmilenio forma parte del sistema de transporte de la ciudad. “Falta coordinación interinstitucional entre la Secretaría de Tránsito y Transporte (STT) y la Empresa TransMilenio, S. A. La autoridad única de transporte que es la STT no hace valer las normas, ni controla los buses articulados”. Rodríguez también critica la tarea de la Administración distrital, porque en su concepto, se debió diseñar una estrategia de cultura ciudadana para enseñar a peatones y conductores a respetar las señales y conocer el sistema de transporte masivo. “Los ciudadanos se pasan el semáforo en rojo una vez al mes, no cruzan por la cebra y giran a la izquierda para coger el carril de vehículos particulares en la Caracas, desconociendo que está prohibido porque es el paso seguro para quienes salen o ingresan a las estaciones de Transmilenio. Por eso se requiere la cultura ciudadana”.

En eso coincide una de las usuarias del sistema, María Teresa Sárate, quien afirma que a la hora de culpar a alguien, las responsabilidades son compartidas. “Por un lado, los vehículos particulares no están respetando las señales de tránsito y, además, los conductores de Transmilenio se confían mucho al tener una vía exclusiva para sus buses”, argumenta. Por su parte, Ruth Díaz Castillo, una usuaria del sistema afirma en el foro que por la indisciplina de peatones e imprudencia de conductores, el sistema está diseñado para funcionar a una velocidad promedio pero el tránsito de otros por carriles contiguos y en especial en los giros y semáforos no ha logrado una articulación y prudencia necesaria que permita evitar accidentes. Por esa razón, Sandoval no descarta la posibilidad de tomar medidas en el asunto y disminuir el límite máximo de velocidad de los articulados. Así mismo, los expertos recomiendan mejorar las fallas en semaforización, diferenciar la velocidad de los articulados en días de lluvia y verano, verificar que el Centro de Control funcione adecuadamente, implementar la educación vial, combinada con cultura para peatones y conductores. Participe en el foro sobre accidentalidad en TransMilenio en elespectador.com.