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EL COMERCIO

JUEVES 4 DE ABRIL DEL 2013

Gideon Rachman Columnista principal de asuntos internacionales

Corea del Norte prueba los límites del mundo MAD
ILUSTRACIÓN: CLAUDIA GASTALDO

El tema con MAD (del inglés ‘Mutually Assured Destruction’) es que requiere que ambas partes del conflicto estén cuerdas. Desde el inicio de la era nuclear, la doctrina de la mutua destrucción asegurada o MAD, ha permitido mantener la paz. El cálculo de que, en última instancia, ningún liderazgo político racional arriesgaría millones de muertes en su propia nación, ha hecho al mundo atravesar momentos peligrosos –desde la crisis de los misiles en Cuba hasta la caída del Muro de Berlín–. El aspecto más alarmante de la crisis actual con una Corea del Norte con armas nucleares es que el régimen allí podría ser una de esas raras aberraciones, a las que no se le aplica la lógica normal de la disuasión nuclear. De vez en cuando, durante la Guerra Fría, había una sugerencia de que algún líder político podría estar preparado para pensar en lo supuestamente impensable. A finales de 1950, Mao Tse Tung conmocionó incluso a los endurecidos ex estalinistas de la Unión Soviética, cuando, en un viaje a Moscú, sugirió que la guerra nuclear podría no ser tan mala después de todo, diciendo a sus sorprendidos anfitriones: “Si lo peor llegase a lo peor y la mitad de la humanidad muriese, quedaría la otra mitad. El imperialismo sería destruido y todo el mundo se convertiría en socialista”. En muchos aspectos, Corea del Norte ha repetido algunas de las peores características de la China maoísta: el aislamiento del mundo exterior, los campamentos de trabajo forzado, el culto a la personalidad y la disposición a tolerar la hambruna masiva en el país. Esto último es particularmente

escalofriante, si uno recuerda que se supone que la disuasión nuclear depende de una falta de voluntad para aceptar la muerte de millones de sus compatriotas. Todavía existe una tendencia desafortunada en Occidente de tratar a Corea del Norte como una broma. Internet está lleno de “hilarantes” imágenes arregladas con Photoshop del joven y regordete líder de Corea del Norte, Kim Jong-un. En realidad, el régimen de Pyongyang no tiene nada de gracioso. Es una pesadilla totalitaria que ha arruinado la vida de millones de personas –y que ahora amenaza abiertamente al mundo exterior con armas nucleares–. Tratar de adivinar lo que los norcoreanos están pensando realmente es una tarea difícil, pero es crucial. A veces se ha sugerido que su liderazgo puede entender al mundo exterior mejor de lo que a veces se presume. Una vez pregunté a un alto diplomático chino que tenía trato frecuente con Kim Jong-il, el padre del actual líder, si el dictador de Corea del Norte tenía algún conocimiento real del Occidente. “Por supuesto”, fue la respuesta, “se pasa toda la noche en Internet”. Había alguna esperanza de que su hijo abriera una ventana todavía más grande hacia el mundo exterior. Su tiempo en una escuela suiza de protocolo debe haber tenido algún impacto, ¿no? En la actualidad, sin embargo, el joven Kim está llevando la postura nuclear de Corea del Norte hacia nuevos y aun más peligrosos niveles. En los últimos días su gobierno ha dicho que ahora se encuentra en un estado de guerra con Corea del Sur y ha hablado de lanzar ataques nucleares sobre Estados Unidos. Las respuestas de Estados Unidos y de Corea del Sur han sido

tomadas del clásico manual de estrategias de MAD. Mediante el envío de bombarderos con capacidad nuclear sobre Corea del Sur en un recorrido de prueba, los estadounidenses están respondiendo como aconsejarían los teóricos de la disuasión nuclear: “No se perturben. No muestren debilidad. La otra parte dará marcha atrás, en lugar de ponerse en riesgo de una aniquilación nuclear”. Seúl también ha dicho que sus fuerzas militares responderían inmediatamente a cualquier provocación, sin considerar mayores implicancias políticas. El peligro es que dichas políti-

cas asumen la existencia de un adversario racional. De hecho, los principales expertos estadounidenses en Corea del Norte, como el ex embajador Chris Hill, siguen sosteniendo que Corea del Norte no tiene ninguna intención real de provocar un conflicto con Estados Unidos. El verdadero peligro, dicen, es que un liderazgo inexperto en Pyongyang provoque un conflicto por accidente. Incluso entonces, el supuesto es que cualquier intercambio de disparos probablemente sea breve –y no llegue a nada que involucre un ataque con armas nucleares–. Eso es probablemente correcto.

Pero la inquietante realidad es que no podemos estar seguros. Si existe un régimen en cualquier lugar que podría desafiar la lógica normal de la disuasión nuclear, ese es el de Corea del Norte. Eso sugiere que la actual política de Estados Unidos y Corea del Sur –basada en una firmeza imperturbable y una negativa a ceder el paso al “chantaje nuclear”– puede necesitar ser reajustada. La tarea más importante ahora es centrarse en calmar la situación inmediata. Esto puede exigir menos, y no más, ejercicios militares entre Estados Unidos y Corea del Sur. A largo plazo, la mejor esperanza para la paz en la península coreana debe ser un cambio interno en el Norte. Por debajo de la superficie, Corea del Norte está cambiando. Ahora hay mucho más comercio con el mundo exterior que el que había hace una década. Desde el 2005, las dos Coreas han operado una zona industrial conjunta dentro del Norte, que emplea a más de 50.000 norcoreanos que trabajan para las empresas del Sur. El pequeño comercio a través de la frontera China ha prosperado y el espacio para la riqueza personal y la libertad se ha ampliado un poco a medida que los bienes y las noticias del mundo exterior han penetrado en el país. Dados estos cambios económicos, el énfasis actual de China sobre la necesidad de comercio y diálogo con Corea del Norte podría ser algo más que la débil evasión que a menudo se retrata en el Occidente. Si los líderes de Corea del Norte pueden ser disuadidos a salir de su búnker nuclear –y alentados a participar comercialmente con el mundo exterior– las perspectivas de un cambio pacífico mejorarán enormemente.
Traducido por: SANDRA CAPCHA H.

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