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GEORGE

M. FOSTER

ANTROPOLOGÍ A APLICAD A

FOND O

DE CULTUR A

MÉXIC O

ECONÓMICA

Primera

edición

en

inglés,

1969

Primera

edición

en

español,

1974

ANA

ZACURY

 

Titulo

original:

Applied

Anthropology

 

©

1969 Little,

Brown

and

Company,

 

Boston

 

D .

R .

©

1974

FONDO

DE CULTURA

ECONÓMICA

Av. de

la Universidad,

975; México

12,

D . F .

Impreso

en

México

 

GG0124

PREFACIO

CUAND O los antropólogos emplean sus conceptos teóricos, conocimientos fácticos y metodología de investigación en programas destinados a resolver problemast sociales, económicos y tecnológicos con- temporáneos, están ocupándose de antropología aplicada. Ésta es una subdisciplina especializada dentro del amplio campo de la antropología, en el cual los intereses tradicionales han sido teóricos más que prácticos y en el que se dedica mucho tiempo y esfuerzo a la enseñanza universitaria y a la inves- tigación de base académica. Los problemas prác- ticos a los que han dedicado su atención los an- tropólogos han variado con los años. Durante la primera parte de este siglo la administración de los pueblos dependientes era_el jprincipal interés de la antropología aplicada¿Al.finalizar el sistema colonial, después de la segunda Guerra Mundial, el interés de la antropología aplicada se ha trans- ferido a los problemas sociales y culturales que van aparejados con el cambio tecnológico y la moder- nización, tanto en los países industrializados como en los que están en vías de desarrolloj Hoy día los antropólogos aplicados se interesan principalmente po r los procesos de cambi o social y cultural , en es- pecial en cuanto se refieren a las mejoras planifi- cadas en campos tales como agricultura, servicios médicos y de salud, sistemas educativos, programas de asistencia social, desarrollo comunitario y otros similares.

Los autores de libros sobre antropología apli-

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PREFACI O

cada han enfocado este tema desde diversos pun-

tos de vista. Algunos han descrito y analizado casos de cambio técnico y social en los que han parti- cipado los antropólogos como especialistas en re- laciones humanas. Este enfoque se há usado con éxito en cantidad de libros que utilizan la técnica del estudio de casos, entre los cuales se cuentan los de Spicer, Human Problems in Technological Change (1952); Paul, Health, Culture and Com- munity (1955), y Barnett, Anthropology in Ad- ministraron (1956). Otros se han concentrado en el cambio social y económico, tal como han sido estudiados por los antropólogos que se de- dican a problemas de desarrollo y moderniza- ción. Este punto de vista se encuentra bien do- cumentado en volúmenes tales como Erasmus, Man Takes Control (1961); Foster, Traditional Cultures and the Impact of Technological Change (1962); Goodenough, Cooperation in Change (1963), y Arensberg y Niehoff, Technical Cooperation and Cultural Reality (1963). Y otros autores como Spindler, Education and Culture (1963); Batten, The Human Factor in Community Work (1965),

y Read, Culture, Health and Disease (1966) han

ejemplificado problemas y métodos al centrarse en campos específicos.

En este libro enfoco el tema desde un punto

de vista hasta ahora poco tratado en antropología:

el de la relación básica entre la ciencia teórica y la

aplicada. Dentro de este contexto, se considera

la antropología como un caso especial de una clase

general de fenómenos. Parto de la base de que la antropología aplicada se ocupa en gran medida

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del cambio social y cultural que se presenta en el desarrollo y modernización del mundo contempo- ráneo. El capítulo I incluye ejemplos de algunos de estos problemas de cambio de que se ocupa la investigación aplicada, así como varios resúmenes de estudios de casos en que los antropólogos des- empeñan papeles importantes al facilitar el cambio. En el capítulo I I abordo el problema de la defini-

ción de la antropología aplicada y describo un modelo que relaciona las actividades científicas y las orientadas hacia la acción, con las personas que intervienen en las diversas etapas de la secuencia que, en la tarea científica, va del descubrimiento

a la utilización. Opino que lo que hace "aplica-

da" a la antropología no es la investigación misma, ni el adiestramiento especial del antropólogo, sino más bien el tipo de relación que éste mantiene con

una organización innovadora. Cuando esta orga-

nización determina el área general de investigación,

la auspicia, posee derechos de propiedad sobre los

resultados de las investigaciones y los emplea para operaciones y planificación, el antropólogo estará realizando un trabajo aplicado. En el capítulo II I se plantea esta pregunta:

"¿Qué es lo que, en la ciencia de la antropología, es pertinente a la búsqueda de soluciones a los problemas contemporáneos de cambio social?" Opi- no que la respuesta no es tanto una teoría general que pueda ser "aplicada" a problemas prácticos, como una metodología de investigación notable- mente flexible y adaptable, de naturaleza explora- toria, que aumente la probabilid?' 1 de descubrir los problemas sociales y culturales significativos en

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programas de cambio dirigido. Se examinan amplia- mente esta metodología y, en especial, los supues- tos en que se basa. Los capítulos I V a V I destacan y examinan los tres principales objetivos hacia los que se dirige esta metodologíade investigación en el trabajo aplicado: el grupo-objeto o cliente, que es el punto de interés para una organización in- novadora; la estructura y valores de la organiza- ción innovadora misma y el contexto en el cual estos dos "sistemas" se unen. Igual que en otros terrenos científicos, el tipo de trabajo que desarrolla un antropólogo tiene mucho que ver con su status profesional. La antro- pología aplicada goza de menos prestigio que la antropología de orientación teórica. En el capítu- lo VI I analizo las razones de esta relativa carencia de status, y opino que a esta situación contribuye una frecuente interpretación errónea de las rela- ciones entre la investigación teórica y aplicada en ciencias sociales. El capítulo VII I se ocupa del pro- blema de los vínculos administrativos entre los an- tropólogos y el personal operativo: planificadores, administradores y técnicos expertos en programas de cambio dirigido; vínculos que frecuentemente se han caracterizado por su falta de armonía, sin que la relación resultase totalmente satisfactoria para ninguno de los grupos. Las causas de esta relativa insatisfacción se deben, según creo, a las diferentes metas y formas de gratificación del yo que caracterizan a ambos grupos. En antropología, como en la sociedad en su con- junto, sólo se logra entender el presente si se lo compara con el pasado. La historia de la antropo-

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logia aplicada data de más de medio siglo y el conocimiento de esta historia nos ayuda a enten- der su campo tal como es actualmente, la evalua- ción que de ella hacen los profesionales, los in- convenientes con que tropieza en sus tareas, y su potencialidad para el futuro. En el capítulo I X se esbozan los orígenes del desarrollo de la antropo- logía aplicada. Nuestra Antropología aplicada sólo se ocupa del trabajo de los antropólogos sociales, haciendo a un lado varios subcampos importantes de la cien- cia. Se omite la arqueología aplicada del tipo de la que se empleó para reconstruir Williamsburg en Virginia y Fort Ross en California, o la antro-

pología física aplicada, o la lingüística aplicada (que ha producido notables mejoras en los métodos de enseñanza de lenguas extranjeras). De una ma- nera menos justificada, no se toma en cuenta la antropología aplicada a la industria. Me parece que este campo altamente especializado se examina me-

jor

como

u n tema

separado.

Los datos e ideas de esta Antropología aplicada tienen untripl e origen: más de una generación de investigación de los procesos de cambio social y cul- tural; quince años de experiencia con estudiantes graduados y posgraduados de cursos de antropolo- gía aplicada, especialmente de salud pública y des- arrollo de la comunidad, y desempeño como con- sultor, consejero y evaluador de programas de des- arrollo técnico en muchos lugares del mundo. He llevado a cabo investigaciones en México y España, particularmente en la aldea campesina de mestizos liispano-parlantes de Tzintzuntzan, Michoacán, en

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México, que he estudiado desde 1944 y de la que presento muchos ejemplos (Foster, 1948, 1967a). Como catedrático de Salud Pública impartí du- rante varios años un seminario de antropología y salud para posgraduados en la Escuela de Salud

Pública de la Universidad de California, en Ber- keley. Desde 1958 cada año u n grupo interdisci- plinario de profesores universitarios, contratados por la Agencia para el Desarrollo Internacional, ha impartido a especialistas extranjeros y norte-

americanos u

mestre sobre desarrollo de la comunidad. He des- empeñado un papel activo en estos seminarios, en los que han intervenido participantes de más de treinta países. Además, cada otoño imparto u n curso de estudios superiores llamado "Antropolo- gía en la vida moderna". Estas diversas experien- cias didácticas han sido muy valiosas para confi- gurar m i manera de pensar acerca del papel del antropólogo en la vida contemporánea. En 1951 y 1952, al trabajar para el Instituto Smithsoniano, mis colegas antropólogos y yo par, ticipamos en una amplia evaluación del primer decenio de los programas norteamericanos bilate- rales cooperativos de salud en América Latina, in- vestigación auspiciada por el Instituto para Asuntos Interamericanos y el Servicio de Salud Pública de los Estados Unidos de Norteamérica. El programa de ayuda exterior norteamericano, actualmente lla- mado Agencia para el Desarrollo Internacional, me envió como consultor para el desarrollo de comu- nidades a la India, Pakistán y Filipinas en 1955, en 1957 a Afganistán, en 1961 y 1962 a Rodesia del

n seminari o co n duració n cíe u n se-

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Norte (hoy Zambia) y en 1965 a Nepal. La Orga- nización de los Estados Americanos me envió a desempeñar tareas semejantes, a corto plazo, a Mé- xico y Bolivia en 1963 y 1964. En 1952 actué como consejero de la delegación norteamericana ante la Quinta Asamblea Mundial de la Salud en Gine- bra y en 1966 participé en el Tercer Congreso Mundial de Educación Médica llevado a cabo en Nueva Delhi. Estas fructíferas experiencias fueron posibles gra-

cias a las siguientes personas: Louis Miniclier, Bar- bara Doyle, Dr. John Cool, Dr. Flenry Van Zile Hyde y Dr. Gabriel Ospina. Deseo hacer público

mi

agradecimiento a estos amigos, así como a todas

las

personas, miembros de misiones norteamerica-

nas y originarios de los países en los que he tra-

bajado, con los que durante el transcurso de estas labores forjé una estrecha amistad. Dwight Heat, Margaret Lantis y Kalervo Oberg leyeron el primer esbozo de este libro e hicieron muchas valiosas sugerencias que fueron incorporadas a la versión final. Me siento especialmente en deuda con Susan Currier por su cuidadoso análisis del manuscrito

y por sus atinados consejos acerca de contenido y

estilo, y también con su esposo, Richard, cuyas ob- servaciones me ayudaron mucho en l o referente

a la organización.

GEORG E

M .

FOSTE R