You are on page 1of 3

Hasta el reciente episodio de Chipre, que añade un nuevo elemento de inestabilidad y que no sabemos cómo terminará, la euro área

parecía haber superado los riesgos de des integración. Gracias a los guns of august del señor Draghi del verano pasado parecía que la zona euro había superado la fase aguda de su crisis. Pero estamos instalados en una crisis crónica y duradera de débil crecimiento, paro y recesión en los países del Sur (Sur en el sentido amplio, porque también afecta a Fr ancia y al Reino Unido) y altos riesgos de fractura social. Aunque el euro parecía salvado, al menos antes del nuevo episodio de la crisis chipriota, lo que está en peligro es el propio proyecto europeo. Como se dice en Bruselas, hemos quizá salv ado el euro a costa de sacrificar Europa. La crisis ya no es financiera ni fisca l ni económica, es una crisis política. Las elecciones italianas y la situación de paro y recesión en España y Grecia muestran la fractura social y los riesgos para el euro siguen siendo altos. Mientras no se cree una verdadera solidaridad política (lo que implica crear un cierto grado d e mutualización de Deudas) y se recupere el crecimiento mediante políticas que estab ilicen el ciclo económico la unión monetaria no será creíble ni estable. Los pecados originales del euro son bien conocidos. La crisis los ha puesto de r elieve y no han sido corregidos. El primero fue intentar crear una moneda sin política, sometida solo a reglas pred eterminadas e inamovibles. Pero vivimos en un mundo estocástico y ninguna regla pu ede prever la magnitud de los choques a los que habrá que hacer frente. Al desaparecer el riesgo de cambio, y bajar los tipos de interés reales en algunos países, el euro ha permitido endeudamientos insostenibles que no se han utilizado para potenciar las inversiones productivas, sino la especulación inmobiliaria y l a hipertrofia bancaria. No se previeron políticas económicas de acompañamiento a la moneda común. Se definió con p recisión el papel del BCE, por lo que debía hacer y lo que no podía hacer. Pero se sup uso que por alguna virtud automática, o casi milagrosa, el euro haría converger las economías europeas. Lo contario se ha producido, los modelos económicos han divergid o, algunos países han desarrollado grandes excedentes comerciales, otros se han hu ndido en los déficits. Estos desequilibrios también existen dentro de un país. Pero las diferencias de estr uctura y competitividad se compensan con trasferencias políticamente aceptadas, co n más o menos dificultad, que mantienen la cohesión. Pero la zona euro no ha tenido ni políticas industriales a escala europea ni sistemas de trasferencia organizadas entre países. Se hubiera debido al menos articular las políticas macroeconómicas nacionales de for ma cooperativa, e impulsar el crecimiento a la escala de la zona euro mediante u na política de inversiones a largo plazo. Pero el presupuesto comunitario se ha qu edado reducido, o incluso disminuido en el 1 % del PIB. Las políticas nacionales adoptadas desde el final de los años 90 del siglo pasado ha n aumentado las divergencias. España ha favorecido su burbuja inmobiliaria mediant e legislaciones urbanistas laxistas e incentivos fiscales. Como teníamos superávit f iscal nadie advirtió que el modelo era insostenible. Pero no todos los problemas s on fiscales como cree el diagnostico, equivocado, de la crisis. Grecia era un pr oblema fiscal. España e Irlanda no lo eran. Por eso una terapia basada en la reduc ción drástica y rápida del déficit, considerado la causa de todos los males, actuando a contracorriente del ciclo económico, no ha hecho sino agravar la crisis. Alemania ha aumentado su competitividad a la exportación, no solo por la moderación salarial, la innovación y la calidad tecnológica, sino también bajando las cargas soci

ales y aumentando el Iva. Hay que buscar maneras de impulsar la demanda al tiempo que se manti ene una trayectoria creíble de estabilización fiscal (relajar las reglas de cofinanc iación de los proyectos europeos. Hay que romper el tabú de que las políticas de demanda son intrínsecam ente malas. Si no se restaura rápidamente el crecimiento no hay esperanza para la estabilidad de la eurozona. argumentando en el Parlamento Europeo. . con un tipo de sociedades todavía más bajo. o excluir las inversiones del déficit público para a umentar la calidad del ajuste fiscal). Irlanda. Si además no se puede recurrir a utilizar el tipo de cambio para aumentar la demanda externa. La falta de una mínima política común en materia de fiscalidad esta haciendo estragos y creando problemas sistémicos de efecto retardado. Excesiva austeridad y deflación. donde la situación es realmente explosiva. con su tipo bajo de s ociedades. Las opiniones públicas están a punto de volverse definitivamente anti europeas. Las reformas estructurales son contractiv as en el corto plazo. creando una nue va amenaza de desestabilización para la eurozona. discrepancias y retrasos en actuar (que se sigue n manifestando de forma increíblemente torpe en el caso de Chipre) han hecho que l a crisis EN Europa se haya convertido en una crisis DE Europa. con el tiempo acaban siendo desestabilizantes. crecimientos n egativos y sequia de crédito harán imposibles aplicar las reformas necesarias para r estaurar la competitividad de los países del Sur. con elevados niveles de desempleo. se genera un ciclo vicioso recesivo como está oc urriendo en España. irl andés por cierto. drena recursos fiscales a los demás. como la falt instancia. Un reequilibrio de la eurozona basado solo en ajustes deflacionistas en el Sur sin una contribución expansionista en los países excedentarios del norte no es socialme nte posible. los ajustes de competitividad internos de la eurozona exigirán niveles de devalu ación interna en el Sur que serán económicamente contraproductivos y política y socialmen te imposibles. cuando la crisis ya había e xplotado. el papel limitado del BCE. incluso sin necesidad de desplazam iento de actividad gracias al profit shifting . porque aumentan la incertidumbre y disminuyen la renta. Tampoco hemos querido tener una política de cambio. la falta de me y de ayuda a un Estado en dificultad que se han teni la tormenta. Pero todas las contradicciones. Para que tengan éxito tienen que acompañarse de políticas de e xpansión de la demanda. El sistema financiero no ha sido regulado de acuerdo con lo que implica una zona monetaria supranacional. Ahora resulta que Chipre practica u n dumping fiscal peor que el irlandés. Pero el mayor problema del euro es el intento de resolver la crisis exclusivamen te mediante políticas de austeridad y de devaluación interna en los países del Sur. lo que reduce la demanda. una política no cooperativa que equivale a una devaluación competitiva en el interior de la zona euro . que no había que regular el sistema financiero. No voy a insistir sobre otros a de un prestamista de última canismos de gestión de crisis do que improvisar en medio de defectos del euro de sobra conocidos. Si los países excedentarios siguen aplicando políticas restrictivas y los crecimientos salariales de los años 2000 201 0. ¿Hasta cuándo vamos a mantener la ficción de que es posible una zona euro integrada mo netaria y económicamente con estas enormes distorsiones fiscales? No solo son inju stas. Los i mpuestos que no pagaban las empresas y los beneficios deslocalizados acaban teni endo que ser pagados de forma brusca por las cuentas corrientes. Los europeos nos hemos creído el dogma de que los mercad os asignan óptimamente los recursos. Todo el mundo la tiene y el Pr esidente Hollande la ha reclamado recientemente en Estrasburgo . Todavía me acuerdo del Comisario Mc Greevy.

Josep Borrell .