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Introducción y agradecimientos:

La verdad, nunca me he considerado poeta, escritor ni nada por el estilo. No recuerdo haber destacado nunca por ser especialmente bueno en algo y tampoco lo he intentado demasiado, pero son muchos los años que me he pasado leyendo, los años que me he pasado escribiendo, los años que me he pasado viviendo... El último año ha estado cargado de diversas situaciones que me han hecho escribir más que nunca y aquí he recopilado algunos de esos textos, inspirados por situaciones, sentimientos o símplemente por conversaciones. Me habría gustado hacer algo más largo, más serio, pero de entre todo lo escrito, sobre todo lo más antiguo había demasiado que no me convencía, otros textos los he reescrito o les he hecho pequeños cambios que los han mejorado bastante, aún así, reconozco que algunas de las cosas publicadas en este recopilatorio no son tan buenas como me gustaría, pero por una razón u otra, quiero que estén ahí. Quiero dar las gracias a diversas personas, a Maia por su ayuda con la corrección, a Joni por darme un título para este libro, a Eris, Jeo, Niva y Alfred por todo lo que me han tenido que aguantar estos últimos meses y a Ami, ya que no podría existir este libro de no ser por ella.

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Historias
Confesión.
Se le acababa el tiempo, era ahora o nunca y no podía perder la oportunidad que había estado esperando todo el día. — Hay algo que quiero decirte. —Dice al fin y, mirando fijamente a sus ojos, continúa. — Yo... esto... — No era la primera vez que diría esas palabras, pero sí la primera que lo haría completamente convencido y mirando a los ojos — Joder, pues es verdad eso de que es más difícil decir "Te quiero" a los ojos. - "Ole tus huevos, te has lucido." Piensa. —¿Qué? —Responde ella. — Pues eso, te quiero. Eres lo mejor que me ha pasado en la vida, la única persona que me importa de verdad. —La cara de la chica cambia poco a poco para ir formando una expresión de "Por favor, no sigas", pero ya era tarde, había empezado y no pararía hasta soltarlo todo- Todo este tiempo te lo he dicho, pero no era capaz de aceptar lo que sentía por ti, te quiero mucho más de lo que te imaginas y... y... —Por mucho que lo intentaba no conseguía decir todo lo que sentía por dentro, lo intentaba, pero intentaban salir demasiadas palabras a la vez y no era capaz — A la mierda, res non verba —Y antes de que pudiese reaccionar, puso una mano en su cintura y la otra en su cabeza y la besó como si no hubiese mañana. En ese momento el tiempo se paró para él, podrían haber pasado unos segundos o unas horas, le daba igual, no quería que se acabase ese momento, pero la llegada del autobús le sacó de aquella intemporal situación, no le quedó más remedio que separar sus labios y, apoyando la frente contra la suya pudo apreciar como su cara se iba tornando de un color rojizo. — Estabas preciosa con ese vestido y el pelo suelto, poco más y no consigo contenerme. -El rubor va a más. — No deberías haberlo hecho... —Responde sin ser capaz de levantar la cabeza para mirarle. — Lo sé, pero necesitaba hacerlo.
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— No, lo de contenerte. —Y sus labios volvieron a juntarse.

Muestras de amor.
Todo había pasado muy deprisa, parecía un sueño, pero abrió los ojos y ahí estaba, durmiendo a su lado vestida sólo con una camiseta suya. Estaba preciosa y no quería despertarla, pero no pudo evitarlo, levantó lentamente la camiseta y empezó a recorrer su lomo con los labios, dando suaves besos a su paso. Al llegar al cuello se detuvo y vio que ella sonreía. Poco a poco sus ojos se fueron abriendo, hipnotizándole, si había algo más bonito que esos ojos, él lo desconocía y aunque así fuese, jamás le gustaría tanto como perderse en ellos. Pero un beso le sacó de su ensimismamiento. Cuando sus labios se separaron, la abrazó. Era real, todo, no podía creerlo, cuando se declaró jamás imaginó que obtendría un sí por respuesta. Volvió a mirarla a los ojos y la besó intensamente. — Te quiero. —Le dijo ella. — Me gustaría poder devolverte esas palabras, pero me temo que no expresan ni un poco de lo que siento por ti. —Ella se ruboriza. —Y mientras me des esta oportunidad, te lo demostraré, no necesito palabras para decirte cuanto te amo. —Y tras un beso en sus labios, otro en el cuello, otro en el pecho... fue bajando para decir con actos lo que era incapaz de expresar con palabras.

Preciosa.
¿Cuánto tiempo había pasado ya? Daba igual. "Esto debe ser la felicidad" pensaba mientras acariciaba su rojo pelo. El parque estaba en silencio salvo por el piar de algún pájaro y el sonido del viento al golpear las copas de los árboles. Estaban sentados bajo la sombra de uno de ellos, él con la espalda en el árbol mientras ella apoyaba la cabeza en su regazo. — Me encanta tu pelo, es precioso. —Dijo, consiguiendo que un color rojizo se apoderase de sus mejillas. Aunque ya llevaban un tiempo juntos, seguía ruborizándose por cosas así, y a él le encantaba.— Aunque no está a la altura de tus ojos... o tu sonrisa. —El rubor aumentó, nada podía alegrarle más que saber que todo aquello que decía, todo verdad, la hacía feliz.— Pero aunque todo ello junto te hace perfecta, el ser como eres, el ser quien eres es lo que me hace quererte tanto.
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Ella se levantó y antes de que reaccionase, se sentó sobre él y selló sus labios con un beso. — Estás ciego, ni de lejos soy perfecta. — Sí a mis ojos. —Volvió a ruborizarse y le besó de nuevo, esta vez, mordiendo su lengua de forma juguetona. — Si sigues diciendo esas cosas tendré que mantener tu boca ocupada. -Dijo con una sonrisa. — Me temo que en ese caso vas a tener mucho trabajo. —Y devolviendo la sonrisa, con un rápido movimiento la tumbó en el suelo y se puso encima, mirando fijamente a sus ojos. — Pero te ayudaré a hacerlo. —Y la besó hasta dejarla sin aliento. Al separar sus labios una sonrisa invadía ambos rostros.Esa es la sonrisa que tanto me gusta. — Idiota... —Dijo ella entre dientes, sonriendo y desviando su preciosa cara con un color ya cercano al de su pelo.

Separación.
El tiempo que pasaba lejos de ella se le hacía eterno, pero cuando supo que se pasarían una larga temporada alejados por tal cantidad de kilómetros algo se le murió por dentro. Ni podía ni quería evitarlo, pues sabía que lo iba a pasar bien, pero le destrozaba la idea de estar tan lejos. No quería que el tiempo siguiese avanzando, pero el tráfico del aeropuerto no iba a detenerse tan sólo con su deseo. Se acercaban a los detectores y al momento de despedirse, poco antes de llegar, se pararon y miraron fijamente. — Te quiero. —Dijo ella. — Yo también te quiero —respondió. Intentó mantener una sonrisa en sus labios, pero era incapaz así que, para que no se diese cuenta la besó con pasión. — Voy a echarte mucho de menos, se me va a hacer eterna la espera... — Y yo a ti... Pero sólo son unas semanas, cuando quieras darte cuenta habré vuelto —y tras escuchar sus palabras, volvió a besarla como si fuese la última vez, pues por lo menos en un tiempo, así sería.
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No hubo más palabras, sólo miradas y caricias hasta que llegó el inevitable momento de separarse. Tras pasar por los detectores se fue alejando poco a poco mientras miraba de vez en cuando hacia él, que seguía inmóvil y con una sonrisa, hasta que al doblar la esquina se perdieron de vista. Entonces él sacó sus gafas de sol, no las necesitaba, pero no quería que nadie viese cómo brotaban de manera irrefrenable las lágrimas de sus ojos.

Recuperación.
— Felicidades, hoy es tu último día. — Levantó la cabeza y esbozó lo que parecía una sonrisa a modo de agradecimiento. Había pasado una semana, pero a sus ojos cada día parecía un año, se le hacían interminables, las horas de tratamiento, luchar contra sus pensamientos... Todo ello para buscar la raíz de sus problemas y así poder volver con ella, pero cada día se despertaba peor, al abrir los ojos y ver aquel techo recordaba por qué estaba ahí. — La he perdido... —Empezó a decir en un susurro, hablando solo— No va a volver. Aún no sabía cómo había podido pasar todo, pero ella se había ido de su vida y todo por culpa de un trauma pasado que le hacía obsesionarse por miedo a perder a quien más quiere... Y por ese miedo la había perdido, la había asustado y sacado de su vida. — Pero se acabó, no puedo volver a obsesionarme, no ahora que he encontrado la solución —siguió diciendo—. No voy a dejar de quererla, pero no puede ser el centro de mi vida. Por fin había tomado las riendas de su vida, aunque eso no cambiaba el hecho de que quería que ella formase parte de la misma. — Pero la he perdido, no tengo como demostrar que he cambiado... Y no creo que sirva de nada. —Por mucho que su vida avanzase, no dejaba de echarla de menos, lo que provocaba algunos bajones. — Ya es la hora —le dijeron. Había acabado, era hora de empezar de nuevo.— ¿Quieres que llamemos a alguien para que te recoja?

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— No gracias, me iré por mi cuenta. —Le apetecía dar un paseo, aunque fuese en metro. Recogió sus cosas, no había mucho, algo de ropa, un libro, sólo llevó una mochila así que tampoco tenía intención de ir muy cargado. Se despidió, dio las gracias a quienes le ayudaron y al salir por la puerta la vio. Al principio creía que se lo estaba imaginando, pero era real, era ella. — Me dijeron que salías hoy —dijo sin poder mirarle directamente, pero levantó la cabeza y le miró a los ojos.— Te quiero. Dejó caer la mochila, no dijo ni una sola palabra, pasó las manos acariciando su cara para apartar el pelo suelto que le caía y la besó.

Fantasmas.
Ya habían pasado, ¿cuánto? Siete meses... Siete largos meses, poco tiempo para sus veinte años, pero se le habían hecho más largos que la última década. Todo había acabado y desde entonces un inmenso vacío era lo único que sentía; intentó llenarlo, pero sólo había una forma y parecía imposible, al fin y al cabo, los muertos no resucitan, aunque eso no impedía que los fantasmas le atormentasen. Las cosas acabaron muy mal y él, destrozado, pues a quien tanto había llegado a amar se había ido, probablemente para siempre. Al principio se encerró, no quería saber nada del mundo, casi no comía, pero lo poco que conseguía digerir no tardaba mucho en deshacer su camino. Adelgazó más de lo que podía imaginar y al cabo de varios meses intentó empezar una nueva vida, pero su recuerdo seguía presente. Escribió numerosos textos de todo tipo; sabía perfectamente que de nada servirían, pero necesitaba canalizar todo lo que sentía y convirtió dicha escritura en su vía de escape. Empezó a asumir su pérdida, pero de vez en cuando su fantasma volvía; al principio le dolió, pero descubrió que esas fugaces apariciones llenaban un poco ese vacío que sentía por dentro, aunque no duraba mucho. No quería volver a verlas, pero a la vez, las deseaba... Aunque lo que de verdad deseaba era que volviese, volver a abrazarla y sin miedo decir esas dos palabras que habían quedado selladas desde entonces: "te quiero". Siguieron pasando los días, las semanas y los meses y no volvió a haber apariciones, hasta que un día, volvió y con un susurro antes de desaparecer lo dijo, "te echo de menos"...
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No pudo creer sus palabras. Pasó horas dándole vueltas y al mismo aire que le susurró las palabras pidió pruebas, pues la echaba muchísimo de menos, pero la herida era profunda y en sus escritos estaba de sobra reflejado lo que sentía. Silencio... Eso obtuvo, hasta que el fantasma apareció a su espalda, abrazándole mientras apoyaba la cabeza contra él para decir de nuevo esas dos palabras que quedaron selladas, se dio la vuelta y esta vez no desapareció, la abrazó entre lágrimas y no fueron necesarias más palabras para llenar aquel vacío. Sólo dos. "Te quiero".

Volar libre.
Deseaba volar. El sueño era siempre igual. Como en la realidad, su vida se había desmoronado, todos a los que quería se había alejado de ella, todos sus esfuerzos para ser feliz fracasaban. Entonces se veía en una casa, las llamas la rodeaban aunque no intentaba escapar, hasta que se fundía con ellas pero no ardía. Unas alas de fuego aparecían en su espalda y poco a poco adoptaba la forma de un ave, la forma de un fénix, hasta que finalmente salía volando dejando tras de sí una estela de fuego. Normalmente se despertaba y tras ver que sólo sería un día más, sin ánimos ni esperanza en el futuro, se levantaba y llevaba a cabo su rutina habitual, pero aquel día fue diferente. Pensó que estaría bien salir volando como en sus sueños y esa idea le animaba. Resurgir de las cenizas de su vida, de los escombros de su casa, como un fénix. Empezó a rociar los muebles de su casa con gasolina y con total tranquilidad prendió una cerilla que tiró sobre el sofá, iniciando así un incendio que en breve ya le rodeaba. Todo era como en su sueño hasta que empezó a sentir los lengüetazos de las llamas, el calor del fuego que la rodeaba... No estaba saliendo como en el sueño, intentó huir pero ya era demasiado tarde, su ropa se prendió y empezó a arder entre gritos. De su cuerpo no salieron alas ni cambió de forma. Al cabo de un rato los agónicos gritos, junto a su vida, acabaron... Y entonces voló libre, para siempre.

Palabras desde el exilio.
Pese a alejarse de todo cuanto tenía, de todo lo que le rodeaba, era incapaz de alejarse de sus pensamientos, de lo que sentía, de lo que quería. Podía recorrer
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el mundo entero y ni de esa forma conseguiría olvidar, pues la amaba y daba igual cuanto caminase o la dirección que tomase, daba igual cuántos kilómetros pusiera de por medio, no conseguía olvidar lo que sentía por ella. Se dispuso a escribir una carta, otra de muchas que nunca verían su destino, pero sólo salían palabras de desesperación hablando de cosas imposibles, y cada vez quedaba menos tinta. De nuevo en pie se dispuso a seguir caminando, aferrándose a los recuerdos de aquella época en la que era feliz, aquella época en la que se sintió especial para esa persona a la que tanto amaba, en lugar de huir de ellos.

Cae.
Fue duro al principio, pero ahora todo daba igual. Ya no sabía distinguir arriba de abajo, izquierda o derecha. Llevaba un rato cayendo y sólo veía oscuridad, mirase donde mirase, no veía nada más que una inmensa oscuridad rodeándole. Creía que sus últimos pensamientos serían un recordatorio de toda su vida, amigos, familia... Pero se equivocó, no había ninguna diferencia respecto a cualquier otra noche, en la que era incapaz de pensar en otra cosa que en aquella a quien había perdido... A quien tanto amaba. Pero esta vez era diferente, eran sus últimos pensamientos y se aferró más que nunca a aquellos buenos recuerdos. Cerró los ojos y siguió cayendo, dejando que la oscuridad le engullese.

La historia de la chica que cumplió su sueño de convertirse en beluga y provocó el fin de la humanidad sin querer.
Érase una vez una joven chica que desde pequeña admiraba a las belugas y soñaba con convertirse en una. Todos los días iba a un pequeño cabo que había entre su escuela y su casa y se sentaba a soñar despierta con el día en el que pudiese ver una beluga con sus propios ojos, deseando convertirse en una y nadar en libertad junto a otras belugas. Pero los años pasaban y la esperanza se fue desvaneciendo, aún así, la joven chica, que ya había pasado la adolescencia, seguía yendo al pequeño cabo a soñar despierta. Un día, un chico de una edad aproximada a la de la joven, pasó cerca del cabo y se enamoró de aquella joven de rubios cabellos que ondeaban al viento, pero era demasiado tímido para decirle nada, así que empezó a pasar por el cabo todos los días a la misma hora esperando
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encontrarse con ella y poder prepararse para algún día decirle cuánto le gustaba. A las pocas semanas, la joven se dio cuenta de la presencia de aquel chico y con ello, empezó a interesarse por él. Pese a que la joven era guapa, siempre fue muy callada y reservada, por lo que los pocos chicos que se interesaban por ella la acababan olvidando e ignorando tarde o temprano, por lo que la idea de gustarle a alguien hacía que se ruborizase. Pese a ello, seguía con su rutina y soñando despierta con convertirse alguna vez en beluga, nadar mar adentro y olvidarse de todos sus problemas hasta que una tarde, al salir del cabo para volver a su casa chocó con el chico, lo que provocó que al darse cuenta de quién era, bajase la cabeza ruborizada. Él no sabía qué hacer o decir, pero quizá esa fuese su única oportunidad así que la abrazó con fuerza. Pasaron varios minutos abrazados hasta que la soltó, en ese momento, ella le dio un beso y salió corriendo. Al día siguiente se volvieron a encontrar y casi sin ser capaces de levantar la mirada de los pies del otro, empezaron a hablar. Fueron los meses más felices de sus vidas, descubrieron que tenían muchas cosas en común y pasaban todas las tardes sentados en el cabo cogidos de la mano hablando de sus sueños, imaginando formas en las nubes (que podían ser desde una alpaca hasta un león e incluso figuras ajenas a animales) o simplemente, mirándose a los ojos durante horas. Pero un día, cuando se disponían a marcharse, la chica resbaló y cayó y quedando inconsciente al golpearse contra el agua creyó ver una beluga que dijo que podía concederle un deseo, “ser como tú”, pensó ella. Al caer la joven, el chico fue corriendo a la playa cercana y se lanzó al agua para nadar tan rápido como pudo hasta el cabo, pero al llegar sólo pudo ver, o al menos eso creía, a dos belugas alejarse en la distancia, ni rastro de la joven. Tras más de una semana de incansable búsqueda, seguía sin haber señales de la joven y la dieron por muerta. El chico dejó de salir de casa y, por recomendación de varios psicólogos, adoptó dos gatitos que le hicieran compañía, pero la tristeza y la soledad le consumieron y murió a las pocas semanas. Los gatitos, al no tener de qué alimentarse, empezaron a comer del cuerpo de su dueño, lo que les hizo volverse más agresivos y violentos, con el tiempo comenzaron a cazar a otros humanos, haciendo que los demás animales siguiesen su ejemplo hasta que finalmente todos los animales domésticos empezaron a comer humanos hasta extinguirlos.

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Versos
Alma en pena.
Muchos por su lado pasaron Pero la gran mayoría le abandonaron Sin darse cuenta, solo se quedó Y sólo a su alma gemela buscó Aquello fue lo que le destruyó A una persona le presentaron Sucedió algo que jamás imaginó Sin darse cuenta, se enamoró Y su existencia para siempre cambió. Los sentimientos al chico abrumaron Pues sus continuas desapariciones, le desesperaron Y una carta comenzó a escribir Sin saber que su final iba a decidir Apenas la conocía, pero él lo sabía Si con ella estar no podía, de dolor moriría Sus sentimientos plasmó, su corazón no mentía Jamás imaginó, que su amor le mataría La chica en silencio le rechazó Pero él no pudo aceptarlo Quería de sus labios escucharlo Y ella a él ignoró Ninguna culpa ella tenía Pues sus sentimientos no correspondía Y el chico, incapaz de aceptarlo Emprendió un viaje sin retorno, un viaje muy largo... Sólo quería amar y ser correspondido Pero sus sentimientos no fueron bien recibidos Buscaba su alma gemela Y se convirtió en un alma en pena Un alma que entre dos mundos vaga Un alma descorazonada
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Un alma a la que el amor llevó a la tumba Un alma a la que el dolor perturba.

Camina un caballero.
Sin nadie por quien luchar ni un horizonte que alcanzar, camina un caballero con pesar, sin otra cosa hacer que pensar y, aunque sólo por dentro, llorar. Llorar y lamentar que por mucho intentar no logró más que fallar. Sin éxito se esfuerza en avanzar, pero aún tras mucho caminar sólo consigue tropezar y darse cuenta de que solo no quiere estar.

Carta sin enviar.
Empiezo a escribir pero no sé lo que escribo, y me digo, que cuanto más lo pienso, más lo esquivo, el hablar contigo. No puedo decir que por ti siento lo que por otras he sentido, lo reconozco, mas lo poco que conozco junto a los rasgos de tu rostro y el hecho de que palidezco por miedo a que seas más de lo que merezco, hacen que vea que hacia el fondo me arrastra la marea por la mera idea de perder lo que aún no he tenido, la oportunidad de estar contigo. Mas si eso no puedo, me conformaré con ser tu amigo, quien sostenga el testigo cuando otros se hayan ido, desaparecido, pero en cualquier caso, quiero que cuentes conmigo, conocerte más de lo que hasta ahora he podido, descubrir si mi capacidad de amar ha sobrevivido o se ha perdido y es mi soledad la que me hace querer estar contigo. Y una vez empiezo a escribir ya sé qué decir, mas esta misiva jamás vas a recibir, pues yo, en mi impotencia, soy incapaz de decidir si me debo o no rendir, si mi búsqueda del amor debo seguir o por ti puedo concluir.

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De oscuridad me rodeo.
De oscuridad me rodeo y escribo cual reo, aunque mi prisión sea un corazón del que escapar no puedo, o no intento, pues tan atrapado estoy que salida no veo y cuenta me doy de que lo que realmente quiero es conquistar este terreno, inexplorado. Pues me has enamorado, de ti colgado he quedado y me he prendado. Del olor de tu perfume, aunque aún no lo he probado, del sonido de tu voz pese a que aún no la he escuchado, de que se me acelere el corazón aunque sólo en ti he pensado, el mismo que me has robado.

Dormir y olvidarme del mundo.
Quiero dormir y olvidarme del mundo... Quiero dormir y olvidarme del mundo y aunque sólo sea durante un segundo, tener la certeza de que lograré sacar de mi cabeza todo el dolor que me pesa. Quiero dormir y olvidarme del mundo y aunque sólo sea durante un segundo, saber que al despertar todo va a mejorar. Quiero dormir y olvidarme del mundo y aunque sólo sea durante un segundo, dejarme guiar de nuevo por la sinrazón que implica hacer caso al corazón. Quiero dormir y olvidarme del mundo y aunque sólo sea durante un segundo, mirar a los ojos de esa persona que tanto me gusta y decir que si no hablo es porque la idea de cagarla me asusta. Quiero dormir y olvidarme del mundo...

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Ecos.
Ecos de un hombre desesperado Que sufrió por amor no correspondido Ni una lágrima ha derramado Hasta las ganas de vivir ha perdido. Sólo una cosa buscaba Amar y ser correspondido Pero cuanto más se acercaba Su corazón acababa más herido. En dos ocasiones aquel hombre amó En ambas extraviado anduvo Pero hacia guerras perdidas embarcó Pues amor hacia él jamás hubo. De su primera batalla se recuperó Aunque de forma inesperada Pues nunca imaginó Que había otra a quien aún más amaba. En ella encontró su luz Un faro que le guiaba No previó que sería su ataúd Que la noche se acercaba. A su luz se aferró Su mayor temor era perderla Pero su temor en realidad se tornó La luz dio paso a una oscuridad eterna. Por la oscuridad su alma, condenada a vagar Mientras su cuerpo en reposo yace Ahora sólo espera no despertar De aquel sueño que tan feliz le hace.

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Fluye.
Fluye como el viento este sentimiento, quizá sólo es un presentimiento, pero es lo que siento y lo que siento es que te amo. Ya te lo diga con un piano o con estos versos mientas cojo tu mano, te amo. Y no hay tempestad que se lo lleve, este sentimiento perdurará llueva o nieve y puede no te llegue, que a la tumba me lo lleve, pero quiero que, como estos versos, mis sentimientos, escritos queden.

Luz y oscuridad.
Esta es la historia de un hombre que sólo una cosa quería Dio todo por esa causa, pero aún así temía Pues aunque todo lo que en su mano estaba hacía Luchaba y luchaba por una meta que jamás conseguiría. La oscuridad de joven a él rodeó Durante largo tiempo su mente poseyó Hasta que de ella un día se libró Pues la "luz" a su corazón llegó. A la oscuridad gracia no le hacía Y perjuró que un día volvería Un tiempo la luz le cegaría Sin ver lo que en su sombra crecía. Un día la luz se desvaneció Entonces, la oscuridad arreció Muchas batallas en su mente libró Pero ningún bando el control tomó. El hombre quería volver a sentir aquella luz Pero la oscuridad sobre él cayó cual alud En peligro se encontraba su salud Y de desesperación construyó un ataúd. En su mente con la oscuridad discutía "Ven, ven", ella le decía Pero el hombre se negaba, rehuía Pues sólo volver a sentir la luz quería.

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"Jamás a ti volveré" "Es inevitable, el control tendré" "Volverá, estoy seguro, lo sé" "No lo hará, entonces el poder tomaré" Pero la luz no volvía... Oscuridad crecía... Desesperación nacía... Tristeza le invadía... El final sin escribir se encuentra Pues oscuridad aumenta Pero su mente el caos frecuenta Y el poder nadie ostenta.

Me gustaría.
Me gustaría volver a decirte “te quiero” a los ojos, admirar cada uno de tus sonrojos, tus labios besar y olvidar, olvidar todo lo sucedido, todo lo vivido y volver a empezar. Por una nueva vida luchar y que toda la desesperación pueda por fin terminar, pues una vez te pueda abrazar no te pienso soltar y te veré llorar, me verás llorar… Pero contigo cada sonrisa será esa brisa que limpiará el pasado al que una vez estuve atado, del que fui esclavo, pues podré dar por sentado que siempre estarás a mi lado.

No soy poeta.
No soy poeta ni lo pretendo Sólo intento En rimas, decirte lo que siento Y no te miento cuando digo Que lucharía contra viento y marea Haciendo que esta rima rea, pueda ser libre Llegando a ti, mi amor, e imagines Que esta vida puede ser de otro color Si nos libramos de todo aquello que nos pesa Y nos quedamos solos, los dos.

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¿Por qué escribo?
¿Por qué escribo? Para desahogarme, normalmente digo, mas quizá el motivo sea mantener vivo todo aquello que sentía contigo. Para recordar que por ti una vez viví... Y también morí. Que te quería y lo que sea daría por volver a aquel día en el que todo acabaría y evitarlo, cambiarlo, haría lo que fuera por lograrlo, por despertar y no tener que olvidar la vida que acabo de soñar, tan maravillosa, tan perfecta. Pero alcanzarla no será una línea recta pues tu ausencia hace mi vida tortuosa, haciendo que sólo quiera una cosa, volver a ver esa sonrisa que en mi imaginación me acosa.

Por ti.
Las palabras se las lleva el viento, intento, con ellas decirte lo que siento, que muero por dentro sólo de pensar en que conmigo nunca estarás. Que jamás a mi lado te sentarás, que nunca me animarás o me besarás, en labios o mejilla, como una dulce chiquilla por la que mi vida daría. Beso al que respondería con que a tu lado siempre estaría, que por ti lucharía. Cualquier infierno recorrería y jamás abandonaría en mi persistencia, pues no hay penitencia, suficiente, para aliviar el dolor de perderte, para mí que quererte es lo más importante, que tan solo con verte, tan radiante, iluminas mi día cual sol naciente. Pero las palabras se las lleva el viento, así que olvida este intento de decirte lo que siento y dame la oportunidad de demostrarte mi realidad, que lo que siento por ti no cambia, ni cambiará, aunque otra persona entre en mi vida, tu recuerdo persistirá, sólo dime "ven" y por ti, mi corazón todo dará, todo dejará.

Quiero.
Quiero verte, abrazarte, besarte, la mano darte y recordarte que jamás pienso abandonarte, que no puedo olvidarte ni dejar de amarte, que quiero que pasen las horas sin dejar de mirarte, pues no hay mayor obra de arte que esa sonrisa que quiero robarte.

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Te quiero.
Verte sonreír es mi mayor pasión Sólo con eso, se me acelera el corazón Pues no encuentro mayor emoción Que disfrutar de esa sensación Al conocerte no pude imaginar Que tanto te llegaría a amar Y aunque mi promesa quiero cumplir Lo que siento por ti he de escribir Te conocí de forma interesada Pero ni de lejos imaginaba Que ver tu sonrisa Me haría cada día levantar la persiana Pero en mi búsqueda de tu felicidad Mis sentimientos he de controlar Mas conmigo ten piedad Si no te puedo dejar de abrazar Estos versos no te llegarán O eso espero Pero en ellos plasmo Lo que sé, que te quiero

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Reflexiones
Ciclo.
Lo intentas todo y nada funciona, todo sigue igual, nada cambia en un ciclo que no parece tener fin. Entonces llega un día en el que crees que puedes vivir con toda esa soledad, que ya no importa si nadie está a tu lado, total, en los momentos en los que más necesitabas compañía no había nadie ahí. Pero sabes que no es así, que puedes engañarte tanto como quieras pero tarde o temprano necesitarás apoyo, amistad, cariño y no habrá nadie, como siempre, dejando el ciclo abierto, perdiendo la esperanza y las ganas de hacer que cambie.

Dos palabras.
Toda la desesperación y todo el dolor quedan mitigados con tan sólo escuchar de tu boca el sonido de esas dos palabras. Palabras que pueden ser dichas en muchos idiomas, de muchas formas, palabras que con el tiempo pueden caer en el olvido. También hay formas de fundamentar esas palabras, no hace falta ni decirlas si día a día pueden ser demostradas... Pero da igual cuanto lo diga o lo demuestre, parece insuficiente y supongo que nunca me devolverás esas palabras con las que olvidar, aunque sólo sea un instante, todo lo que sufrí por escucharlas.

El final.
La muerte es una realidad, un hecho. Negarla o tenerle miedo es inútil pues tarde o temprano llegará. Desearla estúpido, porque lo hará cuando llegue el momento. Buscarla ridículo, porque vendrá sola. La cuestión es si cuando llegue habrá valido la pena la espera.

Ícaro.
Como Ícaro, intenté llegar al paraíso volando con alas de cera sin preocuparme de que el sol pudiese derretirlas. No me di cuenta de que estabas fuera de mi alcance hasta que caí en un mar de desesperación.

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Probar el cielo.
El mayor problema de probar el cielo es que olvidamos que vivimos en un infierno y que con un simple parpadeo volveremos a la dolorosa realidad.

Vuelta a la oscuridad.
Cuando se pasa mucho tiempo a oscuras, una luz excesiva puede hacer mucho daño, haciendo que uno se pregunte si realmente es buena idea salir o por el contrario, volver a la oscuridad: Con una gran angustia lucha por sobrevivir, por salir. Cada vez con menos fuerza, cada vez con menos ganas. La oscuridad se cierne sobre él y ya no se preocupa, ya no le importa. Poco a poco vuelve a encerrarse en su mundo, un mundo donde la soledad sigue presente. Convive con la oscuridad, sin intentar enfrentarse a ella, sin molestarse por nada, sin molestarse por nadie.

Textos dedicados
Me gustaría que estuvieses aquí.
Me gustaría que estuvieses aquí, reírnos del frío en su cara fundiéndonos en un abrazo, con mis dedos recorriendo tu espalda desnuda mientras mis labios acarician con suavidad y calor tu cuello dejando una estela de besos a su paso... Me gustaría que estuvieses aquí.

Nada más.
No necesitaba a nada ni a nadie más, sólo a ella, tal y como era. La imagen más bonita que han visto mis ojos, preciosa, perfecta... Y a esa imagen le acompañaba el hecho de ser ella, su personalidad, su forma de ser. Ella era todo cuanto necesitaba para ser feliz y se ha ido para siempre.

Nunca.
Infinitas son las horas que querría pasar acariciando tu rojo pelo...
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La eternidad es el tiempo que dedicaría a perderme en tus ojos marrones... Pero nunca pasará, pues nunca fuiste mía y aún así te perdí y aunque mi cuerpo siga en pie, ese día morí. Nunca volverá aquella época en la que sonreía cada vez que pensaba en ti o veía tu foto. En la que era feliz sólo por tener la oportunidad de ser el causante de esa sonrisa por la que vendería mi alma. Aquella época en la que podía abrazarte, en la que madrugaba sólo por darte los buenos días y recordarte cuánto te quería. No volverá aquel tiempo en el que te llamaba princesa y habría hecho lo que fuese por hacer que te sintieses como tal. Ya sólo quiero dormir y nunca despertar del sueño en el que estás conmigo, pues puedo vivir sin ti, pero al sufrimiento de haberte perdido no le puedo llamar vida. Te fuiste y contigo te llevaste una gran parte de mi que luego desechaste y no soy capaz de recuperar. Sólo tienes que decir una palabra, "vuelve" y estaré ahí para cumplir aquella promesa que te hice de nunca abandonarte. Pero nunca dirás esa palabra. Nunca podré pasar una infinidad de horas acariciando tu pelo. Nunca podré pasar la eternidad pedido en tus ojos...

Recuerdos.
No recuerdo tu voz, ni el tacto de tu piel, ni el calor de tus abrazos... No recuerdo la ropa que llevabas la última vez que te vi, aunque nunca olvidaré tus ojos. No recuerdo todas nuestras conversaciones, pero atesoro cada momento contigo. Y aunque no he olvidado tu apariencia, los recuerdos sólo son fotos viejas que jamás reflejarán los cambios posteriores y llegará un día en el que serán insuficientes, imprecisos... Pero sé que si te veo te reconoceré, porque da igual que no recuerde tu cara, que tu pelo haya cambiado, que los años te hayan hecho diferente, porque recuerdo perfectamente lo que sentía al verte, recuerdo lo contento que estaba cuando hablaba contigo y la inmensa felicidad que me producía cada abrazo del que no quería soltarte. Y da igual que el tiempo borre todos esos recuerdos, porque no necesito recordar para saber que te amo.

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