Razones que la razón no entiende

Luis Miguel Saravia c. Educador Lima – Perú

1. Escenario de referencia. Tensiones políticas y también desilusión en días de recogimiento religioso. Una nota periodística da cuenta que una ley sobre el Servicio Militar Voluntario que fue dada hace como tres años y que por deficiencias en su Reglamento se vuelve Servicio Militar Obligatorio, pero con una excepción, quienes pueden pagar US. 700 dólares o mil ochocientos soles, pueden ser eximidos. La razón que se da es que no se ha logrado cubrir la demanda de soldados para el ejército. La marina y la aviación si tienen cubiertas sus vacantes. Esta medida resulta contradictoria pues el gobierno ha puesto como objetivo principal la inclusión. Las tensiones que hemos apreciado y las opiniones no abordan el tema de fondo que ocasiona estas dudas: el cambio en la estructura del Estado y de manera concreta el rol de los institutos armados en una democracia, en el respeto a los derechos humanos, en la valoración de la interculturalidad y diversidad. Urge un cambio sustantivo y nuevos enfoques en donde no exista este “pisarse la cola” cada vez que se quiere hacer cambios en concordancia con los tiempos que nos toca vivir. Una sociedad democrática donde cada persona e institución tienen sus objetivos, misión, visión y metas en concordancia con los procesos que se vienen desarrollando y el proyecto de vida de cada cual, demanda instituciones renovadas, despojadas de sentimientos y valoraciones que tuvieron significado en alguna época. No puede seguir sustentándose que el servicio militar es la panacea para formar a la juventud en cuanto valores, disciplina, perspectivas de vida. No puede seguir afirmando que es válido cuando en la sociedad existen responsabilidades que se deben asumir en la familia, la escuela, las instituciones de la sociedad. Desconocer esto significa que las organizaciones no van de acuerdo a las demandas de los tiempos, sino por el contrario tratan de validar hoy en el siglo XXI que todo tiempo pasado fue mejor. No lo dudamos, pero es necesario aggiornarlo, no podemos seguir refugiándonos en valores y sentimientos, honorables, pero que hoy significan poco para los jóvenes. Nuestras filias y fobias que han surgido en esta época no pueden ser el eje de decisiones sin rumbo que no tienen asidero sino en percepciones del mundo que no concuerdan con ambiciones, sentimientos y aspiraciones de una juventud que tiene valores, pero no oportunidades para poderse realizar como personas, como profesionales.

2. El tema central La concepción que se tiene hoy de lo que es formación militar debería revisarse. Se confunde instrucción y educación militar. Esto debería invitar a una revisión y replanteamiento de lo que es la formación militar toda. ¿Cómo repensar la formación militar en una democracia? Hay que hacerlo para no repetir costumbres en la formación militar dejando de lado lo principal: la democracia. En cada nivel y rango debería haber claridad en el diseño de la formación, la instrucción, la función y en responsabilidades que cumplir. Eso pasa por dejar de tener ciertos privilegios en los rangos superiores que los ha llevado, por costumbre a contar con “soldados mayordomos”, “soldados choferes” “soldados para limpiar carros”, “soldados recaderos” etc. ¿Qué lleva a aquel comportamiento? Rezagos ancestrales de una época que fue y que ya no es. Época con otros valores, objetivos institucionales donde la persona que no valía como tal, era para todo servicio. Total se decía (¿se dice?) son campesinos andinos, son nativos de la selva, etc. Era y es la concepción que aún subyace en algunos mandos militares ¿Por qué esa diferenciación? Este remanente legado por instituciones que no se han renovado en su pensamiento y comportamiento ciudadano, democrático, tienden a chocar con la sociedad democrática del presente. Un cambio de mentalidad, de percepción y valoración de la realidad de nuestros fuerzas armadas pasa por hacer una revisión de las relaciones cívicomilitares, que constituyen la madre del cordero en este lío de si el servicio militar que deben cumplir los jóvenes peruanos es voluntario u obligatorio. Mentalidad, posiciones, ubicación en un estrato social diferente al que se tuvo, beneficios no sólo crematísticos sino materiales. Si apostamos por la democracia, la equidad, la integración, el respeto a la diversidad, la inclusión y otros valores donde la persona y su desarrollo es el eje, es necesario sintonizar con el tiempo en que se vive. Pero las instituciones formadoras de militares son inherentemente conservadoras bajo el manto de la seguridad nacional, de enfoques exitosos que nunca obtienen resultados prometidos. Las fuerzas armadas en una democracia deberían ser diferentes a las de un régimen autoritario. Deberían romper con roles domésticos, a diferencia de las fuerzas armadas de otros continentes que responden a democracias fuertes, tradicionales. Se trata de que las instituciones militares deberían revisar su instrucción y enfoque educativo en función no sólo de la defensa nacional, de la seguridad nacional, sino también del desarrollo humano, del respeto a los derechos de la persona, el desarrollo del país. Valorar la utilidad de la democracia en obtener la victoria en los conflictos modernos, la efectividad del funcionamiento democrático para prevenir desórdenes, violencias, insurrecciones, actos terroristas, y en suma sostener y respaldar la vida constitucional, el funcionamiento de un Estado democrático, el respeto a las minorías y a la interculturalidad. Si no se forma a la nueva generación de militares desde nuevos enfoques educativos y formativos que concuerden con los procesos que se viven en el

país tendremos propuestas como la ley del SMV que se torna en SMO simple y llanamente porque se le trata como un problema de cupos y no de acompañar el desarrollo en democracia en un país intercultural, y democrático, que tiene la riqueza de su diversidad bionatural y cultural. De no ser así se la mide por la ley de la oferta y la demanda. Todo se arregla si el joven tiene el dinero para no asumirla. Es ese el mensaje que queda y que subyace en la ley y procedimientos que respaldan decisiones. Sin duda es un tema para el debate la formación y educación militar para quienes tienen vocación. Para los ciudadanos que optan por otras profesiones debería considerarse una información militar básica acorde con el desarrollo de las personas. Una nueva manera de presentar el tema de esta práctica básica que conlleva modos y formas de interactuar y que tiene que ver con lo actitudinal y procedimental así como con la reforma de la estructura organizacional de las instituciones de formación (los cuarteles) de manera que se eduque y forme para el desempeño ciudadano y para el desempeño profesional especializado. Poco han ayudado las palabras que espetó el Presidente Humala sobre el tema del SMV “Hay políticos que quieren dañar el servicio militar. El pueblo tiene que decirles que sí quiere el servicio militar para poner orden, tener valores, para tener gente trabajadora, gente que salga justamente cuando hay emergencia y ayude a nuestras familias” (Humala, por colimba a la peruana. Pág.12. 30.03.13). Y agregó otro día “Estamos fortaleciendo el servicio militar, para que nuestros jóvenes tengan la oportunidad de una calificación y no estén en las pandillas, en otros lugares que no tienen que estar” “¿De dónde va a salir la gente para ayudar a las familias? Tiene que salir de las Fuerzas Armadas. Por eso, necesitamos una Fuerza Armada como la que teníamos, una Fuerza Armada en la que los cuarteles estén llenos de gente, y no vacíos como hoy día”. Esa concepción la consideramos poco ciudadana y democrática. Estamos en otra época y por ello los jóvenes se merecen una educación y formación de acuerdo a sus capacidades y no para un cometido en casos de emergencia y para “llenar cuarteles” que para eso no han nacido. Se confunde instrucción con educación y eso es grave. Falta mucho por hacer, pero las autoridades tienen que cambiar de mentalidad y no creer que tienen respuestas para todo o que una receta se puede aplicar sin análisis, sin estudio. Tratemos de hacer algo bueno y contribuyamos de esa manera al fortalecimiento de la democracia. Entonces sí habrán razones que vale la pena comprender y apoyar. (06.04.13)