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I
Anthony Giddens
Un nlundo uesbocado
Los deeros de lél gJobaJización en nuestras vidas
¡VII" '" II/l I)C(;o<lo (rClcir¡1 <le transición histórica en el
,{ " ,' (o/nl,i"s <file /lOS O(CCfO/J /JO se reduccn (l lino
. / / UI/i 11'11/ 'Jlu/II!, ',¡/lO <II/e, sr. <'.X:IJ.<::!.!!.I<:'!.!..f!!::.<tc'
<: lodos portes.

l i0; .;' ocupa del cambio global y de sus efectos en
\, ,;; /:, "'¡ cb,: muestra un mundo desboc.)do, fuera de
. ..' ntrol. que introduce nuevas formas de riesgo e
·::i ':. J", bre pero que, al tiempo, incorpora cambios muy
'IU(: li!Jerando " lil mujer, extendiendo lil
',,',:; ,,'../ '." ; I ( ¡1\ Y (fe il n d o Il \1 eVi:> rle¡ u eza, 1\ ntho ny GIdden s
" /i ,,11 J •• "', I /) '. l , " 11\ 1 ) 1 (j.'. ¡¡ 1i) 1" r () ti e c In (U ,\ P a s ¡o na n t e s
<. ,1 F! H 1.1 ! () s - C; lo b ,¡J in\ ció n; ni e s 9 o; Tr a d i ció tl ; Fa rn IIi él;
[)cr1locr'1CI,,- C)UO (onsrlluyol1unnnportnclón {undnrnontnl
" llnl('I1 ,<O d,'b.1le qUé exl51e hoy en torno ala 910billlzilclón
y
" IVII/}(!/ .",'I('/!IOS capaces de ser los 011105 de l1u€sfra historia,
(Jera p(1,.!emo s y dehl'(Tl05 encontrar maneras de controlar
'/CiIl,I,,) ./r.n/lr.:ftll/lllllld" dt:l/,()(odu, "
Lo tercera vía de Anthony Giddens ha sido un libro iníiuyente
'/ 1'01,;1111(0, Sin dudil, UIl mundo desbocado gonornril tllmblén
tl:1 vivo 1i'ltlrllulnnto dohntOi.
97B·968·19·0791\·5
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1.
GLOBALIZACIÓN
",r
¿.
U na amiga mía estudia la vida rural de África central.
Hace unos años hizo su primera visita a una zona remo­
ta donde iba a efectuar su trabajo de campo. El día que
llegó la invitaron a una casa local para pasar la velada.
Esperaba averiguar algo sobre los entretenimientos tra­
dicionales de esta comunidad aislada. En vez de ello, se
encontró con un pase de Instinto básho en video. La pelí­
mOillf: 31Z0 , ;-¡o había ni llegado a los cines l
ele .c.. 0.Dcl Oíes.
A:"lé-:.:dot2\s C0; -;::::O és(?¡ reveia;-¡ algo sobre nuestro mun­
0.0. "'Iuo son NOé:s sólo westió;:¡ de que la gen­
te añada parafernalia moderna -'-videos, aparatos de
ordenadores personales. etc.- a sus vidas.
Vivimos en un mundo de transformaciones que afectan
o
para mal nos vém-os' propuiSaclos a un orden global que
nadie comprende del todo, pero que hace que todos sin­
tamos sus efectos.
Puede que globalización no sea una palabra particu­
larmente atractiva o elegante. Pero absolutamente na­
die que quiera entender nuestras perspectivas en este
19
t !,'J 1\1\1.'11 111 IIL,,\I\(H :,d)()
I
fll1 de siglo pucde ignorarla. mucho para hablar en
el cx tr;l! lje ro. No hay lIll solo país en el que la globali7.a­
ción no es té siendo exhaustivamente di scutida. En Fran­
cia la palabra es mondialisation. En España yAmérica Lati­
na, g{o{m!ización. Los alemanes dicen Globalisierung.
Lt difusión global elel tér mino testimonia las mismas
ICIl<! (' 11 Ci;1S ;\ Lt s Cjlle se refi ere. Todo gl1rú ele los nego­
1
cios ILlh\;t de el/o. Ningún discurso político está comple­
LO si/) ulla rcfuencia a él. A finales de los años ochenta,
sin embargo, la palabra apenas se utilizaba, ni en la lite­
ratura académica ni en el lenguaje cotidiano. Ha pasado
0'2 ningún lugar a estar casi en todas partes.
Dada su repe ntina popularidad, no debería sorpren­
¿C::-: 03 -:-luC el signifi cado del conceptO no esté siempre
;) ' jlIC se haya d ese ll cadenado una re<lcción intc­
!cc{\LiI (Olltr<t <:1. 1.,1 gloh,t1iz<tci ó n ticne ,1l go que ver
.,
J
'(¡ II 1;, d e ' III C (Ido.'; en Ull Inismo

11III Il( lo -pero ¿de Cjll<: f'orm,1s CX<lctamente? ¿Es la idea

Ic;\llllCI1!C v:l!ida?-. Diferentes pensadores han adop­
t lado, postur;;¡S :ompleramcl] rq opuest,assobre g12: ali­
¡,\(IOIl en los surg;CiOS en los ultlmos a"C' s. h.\gu-
Jl US rc.;ls Lc11 ella e11 bluque. Los llamo los escépticos.
Sq';\'11l los escépticos. {oda la palabrería sobre la glo­
1",11"(1 ¡,"" " , . ' l"c '(1:, C· II (.";". ,.' 11 IIH'r:1 p:d:lhr('Tí;¡. SC:1I1
cuales sean sus beneficios, sus desafíos y tormentos, la
economí<l globali7.ada no es especialmente diferente de
I:t <jI\(' ell periodos anteriores. El mundo funcio­
Ila de t'orlllil parecida a cumo lo ha hecho du­
rante muchos aii.os.
La mayoría de los países, afirman los escépticos, ga­
nan sólo una pequeña parte de su renta con el comer­
cio exterior. Además, buena parte del intercambio eco­
¡
20
nómico se da entre regiones, en lugar de ser verdadera­
mente mundial. Los países de la Unión Europea, por
ejemplo, comercian principalmente entre ellos. Lo mis­
mo se puede decir de los otros grandes bloques comer­
ciales, como la costa pacífica de Asia o Norteamérica.
Otros toman una postura muy diferente. Los deno­
minaré radicales:--'Los radicales afirman que no sólo la
gl obalización es muy real, sino qtl e sus consecuencias
pueden verse en todas partes . El mercado global, dicen,
está mucho más desarrollado incluso que en los años se­
senta y setenta, y es ajeno a las fronteras nacionales. Los
Estados han perdido gran parte de la soberanía que tu­
vieron, y los políticos mucha de su capacidad para in­
Ouir en los acol1 tecimien tos. No es sorprenden te que
nadie respete ya a los líderes políticos, o que nadie ten­
ga mucho interés en lo que tienen que decir. La era del
ha terminado. Los Estados , como dice el
escritor financiero japonés Kenichi_Ohmae, se han con­
vertido en meras "ficciones". Autores como Ohmae ven
las dificultades económicas de la crisis asiática de 1998
como ejemplo de la realidad de la globalización, aun­
que vista desde su lado destructivo.
Los escépticos tienden a situarse en la izquierda polí­
lica, especialmen te en la vieja izquierda. Pues si todo esto
es, esencialmente, un mito, los gobiernos pueden conl
trolar todavía la vida económica y el Estado del bienes-i
tar permanecer intacto. La idea de globalizaci ón, según
los escépticos, es una ideología propagada por librecam­
bistas que quieren desmantelar los sistemas de bienes­
tar y recortar los gastos estatales. Lo ocurrido es, como
mucho, una vuelta a lo que el mundo era hace un siglo,
A finales del siglo XlX había ya una economía mundial
21
1
:i
I
t'·
\ J:-. .\\I J.\III I 111-.'\\' i
aDiert;\, con un gran volumen de comercio, incluido el
u-;íJico de capitales.
y bien , ¿quién tiene razón e n este debate? Creo que
los radicales. El nivel de comercio mundial es hoy mucho
mayor de lo que ha sido jamás y abarca un espectro mu­
cho más amplio de bienes y servi cios. Pero la mayor dife­
rencia est,"i en el ni vel ele flujos financieros y de capit.,:tlcs.
/\jmt;\d:l corno eSI;'l;1I dinero e]cctrónico -dinero que
. '1 d " l i d di "
eXiste so o como . 19l1os <rn 0 1' ena ores--, a economla
mundial de hoy n o tiene paralelo en épocas anteriores,
En la nueva eco nomía electrónica glObal gestores de
fondos, bancos, empresas, al igual que millones de in- I
verso res individuales, pueden transferir cantidades e nor­
mes de capital de un lado del mundo a otro con el bo­
I Ó II de UII ratúl1 . Alllacerlo pueden desestabilizar lo que
podían parecer económí as sóli das y a prueba de bom­
ba, corno suced ió en Asia.
El volurtlen de económicas mundiales
se rllid e 110rrnalrncIltc en dólares estado unide nses. Pi\r(l
la mayoría de la gente un millón de dólares es mucho
dinero. Medido como de bilJel C!l de cien dólares,
abullaría 50 centímetros. Cien millones de dólares lIe­
F('arbn más alto 'lu ce la catcc!r:ll de .<);\11 P;\hlo de: Lon­
,\lr.1. M III,IIII("lc., rl e 11l<:dlri;1l1 casi kilóme­
tros, 20 veces m ás que el mOnte Everest.
Sin embargo, se maneja mU,cho más de mil millones
de d()larcs roda rifa en 1m Il1lll1clialcs de capi­
SlgllHkl1 \Il\ -:.':e
2f10:' .. ,por a U:-:1 .pasaci 0
. -" d' d' .
j<: '0. Q. vaJor -el que pOdamos ZC:ii\cr c :::;,
L\C'S bo;.siHos o Duestras (üentas b<l.,ncao: A85 Gól.m.bi:,:
f):.:ctu2.ciones de estos mercados.
,\:·cn ION\' GIIlI IE"S
Por tanto, no vacilaría en decir que la globalización,
tal como· la experimentamos, es en muchos aspec tos no
sólo nueva, sino revolucionaria. Pero no creo que ni los
escépticos ni los radicales hayan comprendido adecua­
damente qué es o cuáles son sus implicaciones para no­
sotros. Ambos ,grupos consideran el fenómeno casi ex­
clusivamente en términos económicos. Es un error. La
globalización es política, tecnoltgica y cultural, además
de económi ca. Se h a visto influida, sobre todo, por cam­
bios en los sistemas de comunicación, que datan única­
mente de finales de los años sesenta.
A mediados del siglo XIX un retratista de Massachusetts, /
Samuel Morse, transmitió el primer mensaje - "¿qué ha
fraguado Dios?"- por telégrafo eléctrico. Al hacerlo
inició una nueva fase en historia del mundo. Nunca
antes se había enviado un mensaje sin que alguien fuera
a algún sitio a llevarlo. y, con todQ, la llegada de las co­
municaciones por satélite marca una ruptura igual de
dramática con el pasado. Hasta 1969 no se lanzó el pri­
mer satélite comercial. Hoy hay más de doscientos saté­
lites parecidos sobrevolando la Tierra y cada uno porta
una inmensa cantidad de información. Por primera vez
e n la historia es posible la comunicación instantánea
de una esquina del mundo a otra. Ou'os Lipos de comu­
nicaci ón electrónica, cada vez más incorporados a la
transmisión por satélite, también se han acelerado en los
últimos años. Hasta finales de los años cincuenta no exis­
IJan cabks espedlicamcl\lc transatlúnticos o transpací­
Los contenía,l1 menos canales fe
,,-,0'S aCL].;'-:;,.¡Co> , ccogen mas de un mlllon.
jEj 1 de febrero de 1999, unos ciento cincuen ta años
después de que Morse inventara su sis,tema de puntos y

23
rayas, su c() oigo d esapareció finalme nte de la escena
ITlunc!i ;1 1. Dejó de utili zarse como medio de comunica­
ción Ill dl í Lilllél. En su lug<lr ha aparecido un sistema que
\llili za Lecnología satélite, mediante el que cualquier bar­
co el! ;Ipuros puede ser localizado inmediatamente. La
rnayor i;:¡ de los países se prepararon para la transición
con I iClllpO. Lo,; [r;ll1CCSCS, por c.;j e rnplo, (lbandonaron
("\ ctldi g() MOlSC ('11 Sll S :\gll :\S (c lrito ri ;\!cs e ll 1997; se
di , ,!", 111 de' 1¡:\j :1 , '() Il 111) :¡¡1<l1 ' 1)( 1 g: tl , ¡ : "A es
llll CSLr o ÚILilllO gri LO (\lILCS del silencio eLe rno".
La comun icación electrónica instantánea no es sólo
u na forma de transmitir noticias o más rá­
pioaIn e ll te. Su exisLencia altera la textura misma de n ues­
'v' idd:5, se2-:-:::.CS .:"icos o pcbrcs. Algo Ila
¡,l. 0 (;11("; ;', ¡n¡CSlí;l u(pci'icnci ,\ cotid iana c lI(lndo PL¡C­
(j':''' ' ' Il IJ :: h :Hl<\gt: n (k Nchon M«:(-:::k: :.?
r " "'-:-
. . . .
l(l es 'JlZ':::'. . J'
IJI 'id:\d el\ sí Illi slll :l CS, ell gr'''l mcdiela, proelll cLO ele nue­
V;\ S LC CllOlogí:I S de Li CO IllllI\icaci ó ll. El :dcance de LI s t:e c­
Illcd i:'\l.ir:1S crece COIl cada ol;¡ d e innovación. Le
cn, [!) [[lflre n[a ;11't (J .' :\ 1;\ !',ldi o conscg-uir una (ludicncia
de SU millones en ESLados Unidos. La l ' ,:sma cantidad de
h('I\lt' \lli\i/.:1I1:\ q\lillCC ;\tl!) S
, k J I 1 j f', ,le '.1 t Jr : 1J ). 1 1 r 1. i ,; J : 1 (' \ I J J d e l ¡; 1( \ () J jJ e r JiU 11 : ti. 1J i Ci c ­

ron falta sólo cuatro a110s, desde que se hizo accesible,

p:l r ;l q ue r, Omill o nes d e CS("c! o\ :nidc nscs US(lran Inter­
¡l (' l ("( ) j ) .
_ ) Lo; lll\ Cl lor PCI\ S, II quc J:¡ glo[);d il.<l ció n sólo concier­
ne ;¡ los grandes sistem;ls, como el orcle n financiero mun­
¡: cli;JJ. L(I S- 1.-:; I':> <1b:;::.c:6n no tiene que ver SÓ
1
.0 con lo ,":,'..' C
hay "ahí fue ra ", remoto y alejado del individuo. Es t2.m­

i

I
?/t
bién un fenómeno de "aquí dentro", que influye eq los
aspectos y personales de nuestras vidas . El deba­
te sobre valores familiares q.ue se desarrolla en muchos
países puede parecer muy apartado de las influencias
globalizadoras. No lo está. Los sistemas familiares tradi­
cionales están transformándose, o cn tensión , cn mu­
chas zonas del rrrfmdo, sobre todo al exigir lo.s mujeres
una mayor igualdad. Nunca ha h"bido una sociedad, al
menos ent.re b s regi sLradas en la hi sLoria, e n la cual las'
mujeres hayan sido ni siquiera aproximadamente igua­
les a los hombres. Ésta es una revolución verdaderamen­
te global en la vida diaria, cuyas consecuencias se están
sintiendo en todo el mundo, en ámbitos que van desde
el tra bajo a la política.
La globalización es, pues, una serie compleja de p ro­
cesos., '! n o uno sólo. Operan, ademas, de manera con­
0 <iDlicéL\C2. La mayoría de la gente cree que
la glooalización simplemente poder o influen­
ci,1 de las comu nidades locales y países a la arena mun­
dial. Y ést(l es, desde luego, una de sus co.n secuencias.
Las naciones pierde n algo del poder cc'onómico que
llegaron a tener. Pero también tiene el efectO conrrario.
La globalización no sólo presiona hacia arriba, sino
1;\mbi¿"11 h:lci;\ crcallclo 11\\(' \ ';\$ presi o nes pa..ra la
;lULOnomía local. El sociólogo norteamericano Daniel
Belllo describe muy bien cuando dice que la nación se
h ace no sólo demasiado pequeña para soluci o nar los
graneles problemas. sino lambi én demasiado grande para
arreglar los pequcúos.
La globalización es la razón del resurgimiento de
• : ::: n. tidades culturales locales en diferentes partes del
:¡; mndo. Si uno se pregunta, por ejemplo, por qué los es­
25
cocescs quieren más autonomía en el Reino Unido, o
por qué hay un fuerte movimiento separatista en Que­
Ilec, la respuesla no se ya a encontrar sólo en su histori a
cultural. Los nacionalismos locales brotan como res­
pue'i ta;\ lenuenci;1s glo\)a1i'l.adoras, a medida que el peso
de los [ stados--nación más antiguos disminuye.
La globalización tambi én presiona lateralmente. Crea
1IIIey: ¡, J() I}:!.'i cco nt)llli c l.'i y c IJlulr<llcs dentro y a través
dc l J:lí'iC'.'i, ,'iO Il Ilollg Kong, el I10rLe de Ilalia '/
Silicon ValJcy, en California. O la región de Barcelona.
El área que rodea Barcelona en el norte de España se
adentra en Francia. Cataluña, donde está Barcelona, está
sólidamente integrada en la Unión Europea. Es parte
de España, pero también mira hacia fuera.
Estos cambios se yen impulsados por una serie de fac­
tores, algunos estructurales, otros más específicos e his­
lóricos. Los flujos económicos ciertamente, entre
hs rUCI 'Z<IS motrices e l sistema financi e­
I

ro rnul1di;Il-. No son, sin embargo, rllCrt,(\S de le\ natura­
lu:'" 1, L\1.' .: ; !" :nodcl"d<l:<¡:('¡' ¡" tec no)cg( é\ j ' la d;,;'c;:·:'.2n
cq lrural , así corno por las decisiones ele los gobiernos d e
'\
lil)( I';\lI/.;\I y dcs, cgul,\l sus CUJl1üll1ías ll <lciollalcs.
I1
I1 El cohp'o de l con1\l1li SnlO soviét.ico ha consolidado
" , 01 1\ ,·,\·"1,,, \"'11 . 111 1'1 '.1'111 1( , ' 111 >11 .,I) (lIlfll ·I "I \'I' di' 1)1,[­
y" [ucr,\. No luc Ull colapso casual. La globali­
l.:\Ción explic;1 por ClUt: ycómo encontró su (111 el comu­
nismo soviérico. La an!ig-ua Unión Soviética y los países
dI' F.\I\·()PI\ elel <' 1;11\ ('()llIp:\r;¡\)lcs;\ Occidcllr c en
UL\JlLO;\ niveles de l:i' CC illli c lllO haSL;\ , 111,1S O menos, co­
mienzos de los años setenta. Después ele ese momento
se quedaron atrás rápidamente . El comuni smo soviéti­
co, co n su énfasis en la empresa estatal y la industria
').(;
1\ ,'rI ¡I ONY vlUUF...
pesada, no podía competir en la economía electrónica
mundial. ,El control ideológico y cultural en el que se
basaba la autoridad política comunista no podía sobre­
vivir en una era de medios de comunicación globales.
Los regímenes soviético y de Europa del Este eran in­
capaces de evitar la recepción de emisiones de radio y
,.f
televisión occidentales. La televisión jugó un papel di­
recto en las revoluciones de que se' han llamado,
con razón, las primeras "revoluciones tel evisivas". Las
protestas callejeras que tenían lugar en un pais eran ob­
servadas, por audiencias televisivas de otros, y mucho
público se lanzaba entonces a las calles.
, La globalización, por supuesto, no está evolucionan­
do equitativamente, y de ninguna manera es totalmente
benigna en sus consecuencias. Muchas personas que vl­
ven fuera de Europa y Norteamérica la consideran, y leS
desagrada, una occidentalización --o incluso america­
nización, ya que Estados Unidos es ahora la única super­
pOlencií1, con una posición económica, culruraJ y militar
dominante en el orden mundial-o Muchas de las ex­
presiones culturales más visibles de la globalización son
estadounidenses: Coca-Cola, McDonald 's, la CNN.
La mayoría ele las empresas multinacionales gigantes
1:lIllh16 1\ il\st.tI"d;¡s CIl EE UU. YI¡¡s que no, vienen
de los países ricos, no de las zonas más pobres del mun­
do. Una visión pesimista de la globalización la tendna
mryormente por un asunto del norte industrial, en el
q"c 1<1" en desarrollo del sur tienen poco o
ningún peso. La yería destrozando culturas locales, am­
pliando las desigualdades mundiales y empeorando la
suerte de los marginados. La globalización, razonan al­
gunos, crea un mundo de ganadores yperdedores, W10S
27
I
pocos en el GlInino hacia la prosperidad, la m?'
I
yona condenada a una vida de mise 'ia ydesesperación.
En efecto, las estadísticas son angustiosas. La porción
ele re nta global de la quinta parte más pobre de la pe
blaci (m mundial se ha reducido del 2,3 por 100 al 1,4
por 100 en Lrc 1989 y 1998. La proporción que se ll eva J?
o; uin 1; 1 parle mis ricl, en cambio, ha aumentado. Ex
.J\ pi c. \ "l lh.' : lil:lri,IILI p:,ísc.'i liellCII IllCllor rcnra pe
r
(. .• ..
PI!;I <:1 1 rc;t1c s que :\ fin: l lcs ele los a¡-IOS setenta.
En muchos )Jaíses poco desarrollados las normas de se­
gv. n d;:;..J y medio ambientc son escasas o prácticamente
incxi.\ :( :ILC" ¡\lg1111"S c mprcs<ls transnacionales vender
.'. ; .. .. í:t.'i 'lUC')UIl Icslrillgid<ls o pfoilibic.Lts el1 los paí­
s,: .) inci",lri<1ks -medicinas de poca calidad, pestióda.s
() COI) un ,tiLO contcnido en nico­
I in :l y ,tI<¡1111 f:'III--. LIl Illg:\1 d e lIl .. 1 ,dele;l global, ,t1guien
p(¡dl í ;\ d eur, <: ,')\." P ,I !¡; CC In:l ') el '),lqueo global.
JUfllO al riesgo con el que est.:í. relaciona­
do, 1:\ crcciclHc C!cSigll:\Id<tcl es el ml1yor problema que
: 11'1\)11[ : 1 !;l socicd;ld Illlllldi : t!. No v;ddr{l, siil embargo,
,1 los ricos. fllndalllenl;\1 para mi
el hechu 0e que 1;1 glob,tli/"(lci(Jll hoyes
sólo en parte occidentalización. Por supuesto que las na­
, j.,,,, ., "" ¡,I " I\I"I" 'I , )' "1\ !('·llIT:,II().'1 inrll!.": ;· :;::'.'",
Lienell !()(LlVí<t 11I;\)/O¡- influencia sobre los nego­
cios mundiales que Jos Estados más pobres. Pero la glo­
halil<lción se escf¡ descentrando cada vez más -no se
( ' 0\( ' 1;( ' 1\11':1 h:\¡,) el «)\\I¡"()! de 11II grllpo de naciones, y tnC­
;\\'11\ de L\s f!,¡";1I1d e s Sus se sien­
tcn en los occidentales tanto como en el resto,
Esto es cierto del sistema fin<J.ncicro mundial y de los
cambios que afectan a la naturalcz2. misma del poder.
.;
;J
I

,:1
22,
J
M-rnONY
Lo que podría llamarse colonización inversa es cada vez
más común y significa que países no occidentales influ­
yen en pautas de Occidente. Los ejemplos abundan:
la latinización de Los Ángeles, la emergencia de un
sector globalmente orientado de alta tecnología en In­
dia o la venta deyrogramas de televisión brasileños a
Portugal.
.J
¿Es la globalización una fuerza que promueve el bien
común? La pregunta no puede contestarse de manera
simple, dada la complejidad del fenómeno. La gente
que lo pregunta, y que culpa a la globalización de agra­
var las desigualdades mundiales, suele tener en men te
la globalización económica y, dentro de ella, el libre co­
::nercio. Bien, es seguramente obvio que el libre comer­
ciq no es una ganancia absoluta. Especialmente en lo
que concierne a los países menos desarrollados. Abrir
un país, o regiones dentro de él, comercio pue­
de minar una economía local de subsistencia. Un área
que se hace dependiente de unos pocos productos ven­
didos en mercados mundiales es muy vulnerable a las al­
teraciones de los precios y al cambio tecnológico.
El comercio necesita siempre un marco de institu­
ciones, (\1 igual que otr(\S formas de oesarrol10 económi­
co, Los mercados no pueden ser creados con medios
puramente económicos, y el grado en que una econo­
mía cualquiera debiera ser expuesta al mercado mundial
debe depender de un conjunto de criterios, Oponerse,
Sill t:llIbal'go, ;¡ la globali:t.aci ó n económica )' optar por
el proteccionismo económico sena una táctica igual­
mente errónea para naciones ricas y pobres. El protec­
cionismo puede ser una estrategia necesaria en algunos
momentos y países. En mi opinión, por ejemplo, Malai­
29
I
hi l.o bien ell imroducil' controles en 1998 para con­
te nCl el chor ro el e capiules que salía del país. Pero for­
111; tS co nti n uadas el e pro Le ccioni smo no ayudar:H1
al desarroll o de los países pobres, y entre los ricos con­
cl ucirí; t (t bJoc¡ues cOJ1l erci"les enfrentados.
Lo;) c!eb(\ leS sobre la globaliz(\ción que mencioné al
co mi e ll zo se h(\ n con ce ntrado principalmente en sus
para e l Vst;tdO-l1 étción . ¿Son Jos Estados­
II:wíc')I I, y jl o r lídcIC,') p()lítico,') ll ;tcio!l;t!es,l.Oda­
ví;t puc!c !' osos o son C1c! a vez rn:ts irrclevantcs para las
fu erzas que modelan el mundo? Los Estados-nación son,
ocsclc Juego, aún poderosos, y los líderes políticos ti e­
11 ( ' ]1 ,lo) gr;ln rapel ql ](', jllg::\r en el mundo. Pero al mis­
[:10 Li e[::Jpo el Estado-naci ón se está transformando ante
nuestros ojos. La política económica naci onal no puede
,'i cr tall enc,v. como aIltes. M{t s imporLanLe es que las na­
ci on es h;¡n rc:pcnsar sus identidades ahora que las
IO!'lll;l.'i lll;tS ;t11liguéls de geopolítica se vuelven obsole­
/\llnque éste es un punto conflictivo, yo diría que
lr;ls el lil1 de l a guerr;t Crí ;t muchas naciones no LÍenen
enemi gos, ¿Quiénes son los enemigos de Gran Bretaña,
Frlll\lli\ U l.\n\1JII? La guCt'ra en Kosovo no a
una nación con otra, Fue un conflicto entre un naciona­
! ¡ q \11 rl I { , rr ¡t () ri1t1 lll1 t ¡ (' I1 ; H !() Y \ 1 \1 iII l (' l' "e 11 ei n\1 i tn o t1 \\ e­
vu, IllUVldu pUl' Lt /.. UI1C.s etict.s.
Las nZ1ciones afrontan hoy riesgos y peligros en lugar
de enemigos, un cambi o enorme en su propia naturale­
l .;t. Sc')!() <1e Lt n¡¡CiÓ11 :-; (' pi Ic dcIl k\ccr C,'i tos comentarios.
UUllclcq\licr:1 que Il\ir ClllOS IVCIltOS instilu c iones que
parecen iguales que siemp1re desde fuera, y llevan los
mismos nombres, pero que por dentro son bastante di­
ferentes. Seguimos hablando de la nación, la familia, el
l' :lO
I
trabajo, la tradición, la naturaleza, como si todos fueran
iguales que en el pasado. No lo son. La concha exterior
permanece, pero por dentro han cambiado -y esto
está ocurriendo no sólo en Estados Unidos, Gran Bre­
taña o Francia, sino prácticamente en todas partes-o
Son lo que llamo instituciones concha. Son instituciones
",/
que se han vuelto inadecuadas para las tareas que están
llamadas a cumplir. ,¿
A medida que los cambios que he descrito en este ca­
pítulo toman cuerpo, crean algo que no ha ex.istido an­
tes: una sociedad cosmopolita mundial. Somos la prime­
ra generación que vive en esta sociedad, cuyos contornos
sólo podemos ahora adivinar. Está trastornando n\les­
tros modos de vida, independientemente de dónde nos
encontremos. No es -al menos por. el momento- un
orden mundial dirigido por una voluntad humana colec­
tiva. Más bien está emergiendo de una manera anárqui­
ca, casual, estimulado por una mezcla-de influencias.
No está asentada ni asegurada, sino llena de inquie­
tudes, además de marcada por divisiones profundas.
Muchos de nosotros nos sentimos atenazados por fuer­
zas sobre las que no tenernos poder alguno. ¿Podemos
volver a imponer nuestra voluntad sobre ellas? Creo que
I.':1 impotencia Cjl1e experimentamos no es señal de
deficiencias personales sino que refleja las deficiencias
de nuestras instituciones. Necesitamos reconstruir las
que tenemos o crear otras nuevas. Pues la globalización
hoy no es accesoria en nuestras vidas. Es un giro en las
propias circunstancias de nuestra vida. Es la manera en
la que vivimos ahora.
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