BARÓMETRO DEMOCRÁTICO No. 73. MARZO 2013.

Managua, Nicaragua

Hay que dar la batalla
El reciente Acuerdo Administrativo 00052013 emitido por el ente regulador de las telecomunicaciones en el país (Telcor), ha causado revuelo entre la empresa privada, abogados constitucionalistas, organizaciones que defienden los derechos humanos y ciudadanía en general. Publicado el pasado 22 de marzo, en La Gaceta, Diario Oficial, manda a los operadores de servicios de telecomunicaciones a someter a la aprobación de la autoridad reguladora el nombramiento de sus directores y/o gerentes generales, de informática y de seguridad. Sin duda es una ley que atenta contra el espectro radial y televisivo, de proveedores de internet y de compañías de telefonía. El abogado constitucionalista y colaborador de Hagamos Democracia, Dr. Gabriel Álvarez, valora que la medida de Telcor es una violación a los ciudadanos que usan los servicios de estas empresas de telecomunicaciones, al régimen jurídico de la gestión privada de las empresas, al principio de la libertad de contratación, al ejercicio del derecho al trabajo para suscribir convenios colectivos y contratos individuales. El Consejo Superior de la Empresa Privada (COSEP), la Cámara de Comercio Americana-Nicaragüense (AmCham), la Cámara Empresarial MexicanaNicaragüense (CAMEXNIC) y la Asociación de Internet de Nicaragua (AIN),

consideran al unísono que esta medida viola al menos once disposiciones de la Constitución de Nicaragua, la Ley General de Telecomunicaciones y el Código del Trabajo. Por consiguiente, mientras estudian presentar un recurso de revisión, solicitaron al gobierno rectificar esta abusiva e inverosímil decisión política. El director ejecutivo de Telcor, Orlando Castillo, defendió el acuerdo administrativo argumentando que el interés primordial del gobierno es garantizar la seguridad pública y la lucha contra el crimen organizado y el narcotráfico. Pero Telcor, avalado por el presidente de facto Daniel Ortega, se equivoca tajante y arbitrariamente. Porque en verdad afecta una relación hasta ahora bien habida con la empresa privada; porque transgrede, otra vez, normas constitucionales poniéndose por encima de las mismas; porque ese tipo de acciones enraízan un sistema socio-político de corte totalitario. Sin embargo, la ristra de tropelías de Ortega y su gobierno ilegal, que son la causa de la zozobra de la ley en Nicaragua, también refleja los síntomas de una sociedad pasiva ante los controles gubernativos sobre el ciudadano, de una sociedad indefensa ante la exclusión política, de una sociedad que compromete su futuro ante al embate populista. En 1970 había unas 35 o 40 democracias electorales en el mundo; para el año 2012 ese número ha aumentado progresivamente arriba de 120. Eso es lo que Samuel Huntington ha llamado la tercera ola de la democratización. Pero Nicaragua en esto va contracorriente, no

se encuentra entre las democracias del mundo, sino a la zaga del mundo. Nuestro futuro como nación depende de sumar esfuerzos dando batalla a las disposiciones anti-democráticas del orteguismo.